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martes, 3 de diciembre de 2019

#hemeroteca #lesbianismo #testimonios | Fui una lesbiana adolescente durante el final del franquismo

Imagen: Vice / María Giralt
Fui una lesbiana adolescente durante el final del franquismo.
Mi primer amor, Rosa, me dejó porque quería ser 'normal'. Nos habíamos enamorado a los 14 años.
Ana Iris Simón | Vice, 2019-12-03
https://www.vice.com/es/article/8xwzqz/fui-una-lesbiana-adolescente-durante-el-final-del-franquismo

María Giralt es directora de Gayles.tv y fue la promotora de la primera asociación de lesbianas dentro de una asociación gay —el Front d'Alliberament Gai de Catalunya— de nuestro país. Participó en la primera manifestación por los derechos LGTBI de nuestro país, celebrada en junio del 77, y desde entonces no ha dejado de militar en el feminismo y en el movimiento LGTBI. Estos son algunos de sus recuerdos sobre cómo fue ser una adolescente lesbiana durante el franquismo, reconstruidos a través de una entrevista con ella.

Nací en Barcelona, en el barrio de Gràcia. La primera vez que abrí los ojos fue el 22 de agosto de 1958 (yo lo llamo el año de la mejor cosecha porque a la par que yo llegaron al mundo Madonna, Prince y Michael Jackson) y fue en mi casa, pues por aquel entonces aún no se solía dar a luz en los hospitales. La dictadura franquista llevaba ya casi 20 años instaurada en España.

En Gràcia fui a un colegio de monjas francesas y pasé allí desde párvulos hasta cuarto de bachillerato. Íbamos de uniforme y era una escuela exclusivamente femenina. También íbamos a misa e hicimos la confirmación, como casi todas las niñas en la España de la época. Aún conservo los libros de texto de entonces y de cuando en cuando los miro y veo en ellos toda aquella propaganda de la Falange, de las JONS y del Movimiento que nos hacían pasar por lecciones. La historia para mí pasó de los Reyes Católicos a Franco directamente. Cuando fui más mayor tuve que investigar por mi cuenta qué había ocurrido en ese lapso de tiempo, pero si hubiera sido por aquellos libros nunca lo habría descubierto.

La primera vez que me enamoré de una mujer fue en 1972, con 14 años. A Franco le quedaban tres años de vida. Fue de una compañera de la escuela y amiga, Rosa. Nos enamoramos perdidamente y vivimos ese amor en la total clandestinidad, sin contárselo absolutamente a nadie. No es que tuviéramos poca información sobre la homosexualidad: es que no teníamos ninguna. Lo máximo a lo que podíamos aspirar era a consultar algún ejemplar de la enciclopedia sobre sexualidad que tenían nuestros padres escondida. La definición de homosexualidad que había en ella era absolutamente aberrante, así que era mejor ni mirarla.

Pero Rosa y yo llevábamos bien la clandestinidad y el secreto. Intuíamos que lo que hacíamos —querernos— estaba mal visto pero no sentíamos demasiados remordimientos: nuestro amor pasaba por encima de todo ello. Una tarde, mi hermana, ocho años mayor que yo, me sentó en mi cama, en la habitación que compartíamos, y me preguntó si "entre Rosa y yo había algo". Entonces yo me hice la sueca y me pasé los diez minutos siguientes diciéndole que no la entendía, que a qué se refería con si "teníamos algo", que "algo de qué". Me dio por perdida.

Aquella no fue la última vez que alguien intentaría averiguar mi orientación sexual sin referirse directamente a ella, sin decir las palabras "homosexual" o "lesbiana" porque asustaban. Daban miedo. De hecho, nunca les he dicho a mis padres que sea lesbiana, ni entonces ni ahora: con la edad he acabado pensando que hice y hago bien, que tampoco los adolescentes heterosexuales verbalizan su orientación.

Cuando pasé al instituto, "al Montserrat", que seguía siendo exclusivamente femenino, Rosa y yo nos empezamos a distanciar. Un día me dejó porque quería "ser normal". Empezó a salir con Josep, un chico de nuestro grupo de amigos. Para mí fue una tragedia y en respuesta comencé una relación con el mejor amigo de Josep para así poder seguir estando cerca de Rosa. Fue aún peor, claro. Un fiasco.

Años más tarde me enteré por mi hermana de que, en aquellos años, mi madre fue a pedirle consejo al cura de mi parroquia. Le dijo que tenía una amiga con la que parecía que tenía relaciones y el párroco le respondió que la culpa era de la otra niña y que nos separaran. Que nos alejaran. Como éramos vecinas, la madre de Rosa también fue a la misma parroquia, a exponerle al mismo cura que su hija tenía una relación demasiado cercana conmigo. En este caso, él le respondió que la culpable era yo y que me alejara de mí.

Después del amigo del novio de Rosa salí con otros chicos, pero me aburrían. Me hacían sentir que tenía que encajar en un rol con el que no me sentía cómoda. Mi vida cambió cuando entré a la Universidad de Barcelona a estudiar psicología. Tenía aún 17 años y un día vi en uno de los pasillos una gran pancarta que me cambiaría para siempre. Decía: "Hoy, presentación en el Paraninfo del Front d'Alliberament Gai de Catalunya". Pasé por delante varias veces para saber dónde y a qué hora era el acto sin que los que estaban a mi alrededor se dieran cuenta de que estaba interesada en ello, como para disimular.

Cuando llegó el día me presenté allí. La sala estaba muy llena, había cientos de personas. Me puse arriba, al final del todo, y cuando acabó la charla me acerqué a la mesa de los ponentes, miembros del Front, y les pregunté si había chicas. Me dijeron que no, pero me pasaron una lista de 30 nombres con sus correspondientes apellidos y números de teléfono, escrita a máquina y copiada con papel carbón. Eran las chicas que habían acudido a ellos en busca de información e interesadas en la asociación. En los días posteriores las empecé a llamar una por una, a escondidas, desde casa de mis padres. Logré que diez de ellas me hicieran caso y las reuní un sábado a mediodía en Plaza Catalunya, en lo que entonces era el Cine Catalunya y ahora es una FNAC.

Llegué tarde, como siempre, y fue muy bonito compartir experiencias y contarnos las unas a las otras que, efectivamente, éramos lesbianas. Aquella tarde, café en mano, nació el primer colectivo de lesbianas español dentro de una organización gay. Antes de esto me enteré a posteriori, Empar Pineda había montado un colectivo de lesbianas independiente, de orientación feminista. Hicimos un manifiesto tras un gran trabajo teórico y lo presentamos en el Cine Niza en el 77, muerto ya el dictador. Pero solo duramos un año dentro del FAGC: ellos eran 100, nosotras apenas diez y allí también había partidos políticos, la Liga Comunista Revolucionaria, el Movimiento Comunista, alguna gente del PSUC... y se oían discursos muy lacanianos que rozaban lo misógino con los que no nos sentíamos representadas. Yo llegué a oír argumentos que hablaban del lesbianismo como envidia y añoranza del pene. Nos pasamos, entonces, al feminismo radical.

Pero antes, estando aún integradas en el Front d'Alliberament Gai tuvo lugar en Barcelona la famosa manifestación del 28 de junio del 77. Fue en las Ramblas y asistieron unas 4000 personas. Aquella fue la primera vez que salimos a la calle a cara descubierta, en una protesta contra la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, que consideraba que las personas homosexuales éramos delincuentes. Asociaciones feministas, partidos políticos, sindicatos, estudiantes y asociaciones de vecinos, que en aquel momento tuvieron mucho peso social, gritamos "detrás de las persianas hay lesbianas, detrás de los balcones hay maricones". Tras otra manifestación similar en Madrid, en el 78, sacaron a los homosexuales de aquella ley.

Pero el activismo y la vida en comunidad se daba más allá de las manifestaciones y eventos más relacionados con el activismo. En Barcelona había, por ejemplo, más bares de lesbianas que ahora, quizá porque ahora puedes ir a cualquier bar y en principio no pasa absolutamente nada. Aunque siempre hay problemas, ahora son distintos.

En los últimos 70 había tres o cuatro bares de lesbianas que abrían cada día en Barcelona, ahora hay uno que abre tres días a la semana. Una de mis mejores experiencias durante aquellos años fue trabajar en uno de ellos: el Daniel's. Era un pub elegantísimo de estilo inglés, decorado en madera y con espejos y terciopelo granate que estaba en la parte alta de la ciudad. Su licencia era de club privado y su apertura fue posible porque su dueña, Daniela, que era una gran relaciones públicas, era además hija de un hombre muy bien relacionado en la Falange y el Movimiento. Nos dejaban en paz por eso y de hecho había tardes en las que incluso el Comisario de San Gervasio se pasaba por allí a echar una copa, discreta y tranquilamente.

Por lo general no podían acceder hombres. Para entrar tenías que llamar al timbre y entonces se encendía una luz roja. La puerta tenía una cadena y éramos las que estábamos dentro y mirábamos por la mirilla quienes decidíamos quién entraba y quién no. A veces se intentaban colar parejas heterosexuales: la chica se ponía delante y el hombre se escondía. Alguna que otra trifulca con banquetas volando por la calle tuvimos. También, en aquellos años, eran frecuentes las agresiones verbales por la calle, que a veces llegaban a las manos, porque éramos peleonas y valientes: con una de mis parejas de entonces llegamos incluso a denunciar a dos hombres que se bajaron del coche para pegarnos cuando nos llamaron tortilleras y les respondimos.

El ambiente del Daniel's era el de una gran familia: por la tarde venían niñas que acababan sus clases, amas de casa, y por la noche podían aparecer modelos, vedettes del Molino que habían acabado su función, artistas, alguna prostituta... Había una, Connie, que era guapísima. Se dedicaba a la prostitución y sus clientes siempre eran hombres, pero era lesbiana.

Otro lugar muy importante entonces para mí fue Formentera. Poca gente lo sabe pero si Ibiza era la isla de los gais, Formentera era la nuestra. Aún no había italianos ni apenas hoteles, tan solo pensiones, y sí aguas turquesas y parajes vírgenes. La primera vez que fui fue acompañada de 10 mujeres de Madrid y Barcelona y pasamos un tiempo maravilloso. Íbamos a las casas de los lugareños, en medio de la nada, y nos abrían las puertas, cantábamos rondallas mallorquinas... fue una experiencia maravillosa, como estar en la isla de Lesbos, que repetí, que repetimos durante muchos veranos.

Aquellos años fueron tiernos y convulsos, era un momento de conquista de derechos, nos manifestábamos junto a las feministas, porque también lo éramos, para reclamar el aborto libre y gratuito. Pero la lucha estaba en cada calle, en cada esquina y desde entonces, siempre me he movido de una manera u otra en la reivindicación y el activismo.

Hace un par de años encontré en Facebook a Rosa, mi primer amor, que me dejó porque quería ser "normal". La reconocí al instante. Hablamos, me dijo incluso que si quería podíamos vernos. Pero preferí y prefiero no hacerlo, para seguir conservando su imagen adolescente como el reflejo de aquellos años en los que queríamos ir a dar la vuelta al mundo en una Volkswagen y en los que no imaginaba aún ni cuánto tendríamos que lugar ni cuánto cambiaría todo después.

martes, 27 de junio de 2017

#hemeroteca #lesbiansimo #memoria | Ser lesbiana en 1977

Imagen: El Periódico / Colocación de la bandera arcoíris en el Ayuntamiento de Barcelona
Ser lesbiana en 1977.
Dos de las protagonistas de la primera manifestación homosexual en la ciudad reivindican el papel del feminismo en su lucha. Coinciden en el mucho trabajo que queda por hacer, pese a las victorias legislativas logradas tras batallar durante cuatro décadas.
Helena López | El Periódico, 2017-06-27
http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/ser-lesbiana-en-barcelona-en-1977-dia-orgullo-gay-6131824

Una de las grandes fotos, en blanco y negro, muestra un elegante, apasionado y, quién sabe, quizá algo teatralizado beso entre dos hombres, de pie, en el centro de una cafetería. Se tomó en 1977 y hoy sirve, sobre todo, de 'photocall' para las decenas de turistas que, cada hora, la usan de fondo para sus 'selfis', muchos sin reparar en el significado de la imagen. Otros sí, por supuesto, e incluso imitan su gesto. Ese era uno de los riesgos de colocar la muestra en tan céntrico lugar de la turistificada Barcelona, la plaza Reial, pero era donde debía a estar. A un paso de la Rambla, lugar en el que se vivió el episodio que recuerda la instalación 'Molt amor per fer', obra de Ricard Martínez. La exposición, que conmemora el 40º aniversario, el pasado lunes, de la primera manifestación LGTBI en la ciudad, es el primero de una serie de actos organizados por el Ayuntamiento de Barcelona junto a entidades y colectivos de la ciudad durante todo el año, que incluye una web de testimonios de la mítica manifestación.

Dos de las personas que participaron en la marcha y que además de en la citada web han brindado también su testimonio en un documental sobre las cuatro décadas de lucha del colectivo, que se presentará también en el marco del aniversario, son Maria Giralt y Empar Pineda. Ambas coinciden en que aquella manifestación significó un punto de inflexión: no estaban solas y había llegado el momento de salir a la calle. Coinciden también en la necesidad, aún hoy, de reivindicar el papel de las lesbianas, como mujeres, siempre a la sombra de los hombres, también de los gais, y el papel, a su vez, del feminismo, en esa lucha. "Pese a que, sobre el papel, la igualdad hoy es real, no hay que bajar la guardia. Por un lado porque las leyes pueden cambiar, y hay que defenderlas, y por el otro, porque, por mucho que digan las leyes, seguimos viviendo en una sociedad machista y patriarcal", resume Giralt.

Diagnóstico compartido
Pineda comparte el diagnóstico e insiste en la necesidad de trabajar desde los colegios. "Pese a que somos muchos los que llevamos décadas luchando y hemos sumado muchas victorias, los niños y niñas gais, lesbianas y trans siguen sufriendo acoso escolar en las escuelas", insisten.

Para trabajar en esa línea, el ayuntamiento ha anunciado este martes la creación de un Centro Municipal de Recursos LGTBI, el primero de España, que gestionarán entidades del colectivo. Se trata de un espacio de 1.200 metros cuadrados destinados a servicios especializados de atención directa al colectivo, que prevén inaugurar el próximo verano.

#hemeroteca #lesbianismo | Maria Giralt: "Subíamos la Rambla gritando: 'Detrás de las ventanas hay lesbianas'"

Ímagen: El Periódico / Maria Giralt
"Subíamos la Rambla gritando: 'Detrás de las ventanas hay lesbianas'".
Maria Giralt fue una de las cuatro mil personas que participaron en la primera manifestación LGTBI en Barcelona en junio de 1977. Tenía 18 años y fue una de las impulsoras de la primera coordinadora de lesbianas de la ciudad, reivindicando un feminismo radical.
Helena López | El Periódico, 2017-06-27
http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/subiamos-rambla-gritando-detras-las-ventanas-hay-lesbianas-6131050

En el paraninfo de la facultad de Psicología de la Universitat de Barcelona, una pancarta enorme -Maria la recuerda así, muy grande- anunciaba la presentación del Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC). Ella tenía 18 años y se había matriculado en Psicología para ver si le daban "alguna pauta". Se paseó arriba y abajo por delante de aquel cartel varias veces. No quería pararse justo enfrente para que no pareciera que le interesaba. Pero le interesaba, por supuesto que le interesaba. Y pasó por delante todas las veces que necesitó hasta tener claros el lugar y la hora de la presentación, que era en aquel lugar y a aquella hora, así que entró. "Si no hubiera sido por esa casualidad, seguramente no estaría aquí, ahora", recuerda, 40 años después, Maria Giralt, directora general de Gayles TV.

Ese aquí y ahora es la plaza Reial, este lunes, día en que se cumplían cuatro décadas de aquel 26 de junio de 1977 en el que más de 4.000 personas recorrieron con orgullo -no es ningún chascarrillo, es el sentir con el que lo hicieron- la Rambla, en la primera manifestación LGTBI de la ciudad, una manifestación convocada todavía al margen de la ley, pese a celebrarse casi dos años después de la muerte del dictador.

Al terminar la presentación, Maria se acercó a la mesa y preguntó a los ponentes, hombres, si tenían algún grupo de mujeres. Le respondieron que lo sentían, pero que no, aunque le abrieron una ventana. Le dieron una hoja mecanografiada en papel carbón con 30 nombres y 30 números de teléfono. Eran mujeres que, de una forma u otra, habían contactado con ellos. Maria se marchó a casa sujetando fuerte aquel papel entre las manos y empezó a llamar. ¿Qué podía perder? De las 30, logró que 10 le hicieran caso. Quedaron frente al Cine Catalunya -donde ahora está la FNAC- un sábado. Entraron en el bar Núria -que, como casi todo, entonces no era como ahora-, y allí y así nació el primer colectivo de lesbianas dentro de una organización gay.

Explosión de libertad
Aquella cita en el Núria, también en la Rambla, días antes de la manifestación, en la que por supuesto también participaron, supuso para Maria, y obviamente no solo para Maria, un punto de inflexión. "Ya no estaba sola. Éramos muchas. Aquello fue una explosión de libertad. Subíamos la Rambla gritando 'detrás de las ventanas, hay lesbianas'; 'detrás de los balcones, hay maricones'", rememora Giralt, quien odia la expresión "normalizar" desde que a los 17 la novia que, sin ponerle nombre, tuvo desde los 14, la dejó porque "quería ser normal".

Lo importante de aquella protesta -que la ciudad recuerda estos días en la exposición fotográfica 'Molt amor per fer'- es que la gente perdió el miedo. "El miedo lleva a la inacción y en aquel momento la gente decidió actuar. Ver, en la calle, a más de 4.000 personas gritando contra la ley de peligrosidad social y por el derecho al propio cuerpo nos sorprendió a muchos. Nos sirvió para decir, queremos esto. Queremos ir por la calle y ser como somos. Vivir con libertad", explica la mujer. Además, poco después, el gobierno sacó la homosexualidad de la ley de peligrosidad social. "Algo tendría que ver en ello que fuéramos tantos en la calle", añade esta pionera del activismo por los derechos de las mujeres.

Con el tiempo, poco, esta coordinadora -gran parte de ella- nacida en el Núria abandonó el FAGC y se acercó al feminismo radical. "Nos encontramos dentro del FAGC con una misoginia latente y patente por parte de algunos de sus miembros con la que se hacía difícil convivir. Ellos eran 100 y nosotras, 10. Éramos la minoría de la minoría. Nos peleábamos por cosas como el diseño los carteles de las fiestas que organizábamos, que no nos representaban. Pedíamos que dejaran de ser tan falócratas. Para ellos todo eran falos y nosotras entendíamos el falo como la representación del poder", ejemplifica Giralt, quien reivindica el papel histórico del feminismo en la lucha por la liberación sexual.

lunes, 26 de junio de 2017

#hemeroteca #memoria | Cuarenta años de Orgullo: lo que ha cambiado y lo que no desde 1977

Imagen: La Vanguardia / Maria Giralt
Cuarenta años de Orgullo: lo que ha cambiado y lo que no desde 1977.
Hablamos con Maria Giralt, activista y asistente del primer Orgullo Gay de España.
Pere Solà Gimferrer | La Vanguardia, 2017-06-26
http://www.lavanguardia.com/vivo/lgtb/20170626/423704466682/cuarenta-anos-primera-manifestacion-orgullo-gay-espana-1977-entrevista-maria-giralt.html

Era un 26 de junio como hoy cuando Maria salió de casa de sus padres en Gràcia y se fue paseando hasta la Rambla de Canaletes de Barcelona donde la esperaban sus amigas y otras 4.000 personas. Hablamos del Orgullo de 1977 y esas personas eran las que estaban dispuestas a manifestarse por los derechos de la comunidad de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales en unos tiempos donde todavía era ilegal amar y ser libremente.

La manifestación había sido convocada por el Front d’Alliberament Gai de Catalunya con el objetivo de convertir el fin del franquismo y el inicio de la transición como una oportunidad para descriminalizar el colectivo LGTB, que todavía podían ser detenidos y encarcelados con la ley de peligrosidad social aprobada por el régimen franquista en 1970 y que era la continuación homófoba de la ley de vagos y maleantes de 1933.

“Detrás de las ventanas, también hay lesbianas. Detrás de los balcones, hay maricones”, recuerda Maria Giralt, activista y directora de la televisión online Gayles TV, que gritaban durante esa primera manifestación LGTB en España que hoy celebra su 40 aniversario. De ese día destaca sobre todo que era un acto de carácter transversal, que brillaba por la solidaridad de los distintos movimientos sociales que intentaban hacerse escuchar en esos tiempos de cambio.

“Había gente de los sindicatos, de partidos políticos recientemente legalizados como el PSUC, del movimiento anarquista, del feminista y personas que se iban uniendo en la calle”, explica Giralt en la terraza de un bar del Eixample Dret donde nos encontramos con ella. El Front d’Alliberament había apoyado concentraciones de otros movimientos y, cuando era el turno de defender homosexuales, bisexuales y transexuales, estos respondieron.

En un momento como el actual donde el concepto de la interseccionalidad se está poniendo otra vez sobre la mesa, la necesidad de las minorías de unirse y luchar conjuntamente por sus derechos, esa manifestación puede servir de ejemplo de esta solidaridad. Esto explica que, por ejemplo, se cantase “Llibertat, Autonomía i Estatut d’Autonomia” o cánticos relacionados con el derecho al propio cuerpo, adoptados del feminismo.

En casa de Maria ni tan siquiera sabían que era lesbiana. Ella tampoco lo tenía demasiado claro hasta ese mismo mes de junio. Desde los 14 había salido con una chica de su clase llamada Rosa, de la que estaba enamorada, pero no tenía el acceso a la información de hoy en día y ni sabía lo que significaba ser lesbiana: “Sólo tenías acceso a las enciclopedias antiguas que todas las familias tenían en casa. Fue una liberación entrar en el activismo. Pasé de la soledad absoluta a sentirme acompañada”.

Había sabido de la manifestación, de hecho, porque el FAGC había hecho una presentación en la facultad de psicología de la Universitat de Barcelona cuando ella cursaba primero de carrera. Pasó por allí delante unas cuantas veces como quien no quiere la cosa (”no quería que nadie supiera que era lesbiana”) y, cuando vio que la sala estaba llena, al final del acto preguntó si había también mujeres en la organización.

“Me dieron un papel mecanografiado con papel carbón, una copia, con nombres de mujeres y teléfonos. Me fui a casa y empecé a llamarlas. Algunas me enviaron al carajo y otras casi tuve que pintarles el piso para que me hicieran caso. Pero al final quedamos diez en el Bar Núria cerca de la plaza Catalunya y creamos el primer colectivo de lesbianas dentro de una organización LGTB, y al cabo de unos días ya estábamos en la manifestación”.

Esa manifestación incluso salió en los medios de comunicación. En La Vanguardia, por ejemplo, se informó sobre el número de asistentes y los disturbios acontecidos al final del acto, cuando hubo una carga policial, cinco heridos y un detenido, Oriol Martí, militante de OCE. Pero lo importante es que en enero de 1979 desaparecían varios artículos de la ley de peligrosidad social, incluyendo aquel que contemplaba como criminales “los actos de homosexualidad”. Durante el franquismo hasta 5.000 personas habían sido encarceladas por su orientación sexual o su transexualidad.

En aquel primer Día del Orgullo ni podía imaginarse cómo cambiarían los derechos de los homosexuales, bisexuales y transexuales en esos cuarenta años. En 1986 dejaría de ser un delito contra el honor en el ejército español, en 1998 Catalunya aprobaría la primera Ley de Parejas que contemplaba las homosexuales (les seguirían Madrid, Illes Balears, Asturias y Andalucía).

En 2001 el parlamento legisló que debían borrarse las fichas policiales de aquellas personas detenidas por ser homosexuales. El 3 de julio de 2005 el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó el matrimonio de personas del mismo sexo con el apoyo de todos los partidos excepto el Partido Popular y Unió Democràtica de Catalunya. Y en octubre de 2014 se aprobó en el Parlament de Catalunya una ley contra la homofobia, la bifobia y la transfobia.

“Hemos avanzado muy rápido en cuanto a leyes en el Estado Español pero la sociedad no ha evolucionado de la misma manera”, resume Giralt. Se refiere al bullying que todavía sufren los adolescentes en el instituto y en la sociedad por el hecho de ser homosexuales, bisexuales o transexuales, que todavía uno puede recibir una paliza por la calle por cogerse de la mano o besarse con una persona del mismo sexo, el 85% de paro entre los miembros del colectivo transexual o la cantidad de personas que están dentro del armario en sus respectivos empleos.

“Más del 50% de las personas LGTBI no han salido del armario en el trabajo, hay personas que incluso pierden sus 15 de vacaciones para no tener que decir que se han casado con alguien del mismo sexo”, lamenta la activista, que participa en el Informe Aequalis. Este proyecto analiza las prácticas de diversidad LGTB de las empresas para ver si de forma deliberada contribuyen en la igualdad, tanto dentro de la propia empresa como en sus políticas de comunicación externas.

“Tenemos que vigilar para no retroceder”, advierte Giralt a todos los que piensen que todo esté hecho. Escenas como las protagonizadas por el obispo de Solsona que relacionó la homosexualidad con la ausencia de una figura paterna en la cultura occidental o el profesor del instituto Samuel Gili y Gaya de Lleida que dijo a sus alumnos que tener relaciones con una persona del mismo sexo es “antinatural, es como un cojo o un tuerto, inexplicable” son escenas que no se pueden repetir.

miércoles, 14 de junio de 2017

#hemeroteca #memoria | Conmemoran los 40 años de la primera manifestación LGTBI en Barcelona

Imagen: Google Imágenes / Barcelona, 1977-06-26, fotografía de Colita
Conmemoran los 40 años de la primera manifestación LGTBI en Barcelona.
EFE | El Periódico, 2017-06-14

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/conmemoran-los-anos-primera-manifestacion-lgtbi-barcelona-6105969

El colectivo LGTBI, con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona, conmemora mañana los 40 años de la primera manifestación LGTBI de España que organizó en 1977 el Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC) en contra de la "Ley de peligrosidad social" que se derogó en 1979.

El presidente del Observatorio contra la Homofobia y portavoz del FAGC Eugeni Rodríguez ha explicado que el acto de mañana quiere "recordar y reivindicar la memoria histórica", a la vez que repasar sus logros a lo largo de estos 40 años.

El acto contará con los parlamentos de la concejal de feminismos y LGTBI del Ayuntamiento, Laura Pérez, la activista Maria Giralt que asistió a la manifestación del 77, el fundador del FAGC, Armand de Fluvià, y el portavoz del FAGC, Fran Sánchez.

El actual presidente del FAGC, Pau Gálvez, será el encargado de cerrar el acto que también contará con la presencia del primer homosexual español que pidió casarse en el año 1987, Richar Teixidor.

El acto se celebrará en la Rambla Santa Mònica, el mismo lugar en el que comenzó la manifestación el 26 de junio de 1977 que movilizó a homosexuales, transexuales, muchos jóvenes libertarios, sindicalistas y solidarios que se sumaron a la causa.

En total se manifestaron unas 4.000 personas que fueron dispersadas por las fuerzas públicas de seguridad ya que en ese momento, no solo el FAGC era ilegal, sino que también los homosexuales eran detenidos en virtud de la ley en vigor.

Con motivo del aniversario, el último pleno municipal aprobó una declaración de reconocimiento de la primera movilización del Orgullo que reitera el compromiso del consistorio de trabajar para la absoluta normalización social del colectivo LGTBI.

El consistorio también ha previsto la instalación de una placa conmemorativa y ha organizado distintas actividades para recordar "un hito en la lucha por la libertad sexual", en palabras de Laura Pérez.