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martes, 24 de octubre de 2023

#hemeroteca #queer #locura | Lola del Gallego: “Puedo ser lesbiana o bisexual para el Estado, pero en mi práctica desbordar las categorías”

El Salto / Lola del Gallego //

Lola del Gallego: “Puedo ser lesbiana o bisexual para el Estado, pero en mi práctica desbordar las categorías”

En su libro ‘Resistencias locas y resistencias queer’, Lola del Gallego ofrece un ladrillo para construir un hogar loco-cuir, dos luchas con mucho en común.
Deva Mar Escobedo | El Salto, 2023-10-24
https://www.elsaltodiario.com/movimientos-sociales/lola-gallego-lesbiana-bisexual-desbordar-categorias-psiquiatr%C3%ADa-antipsiquiatr%C3%ADa-despatologizaci%C3%B3n

60 páginas escritas desde la necesidad y desde el impulso de que lo que nace en la academia no se quede en un cajón. ‘Resistencias locas y resistencias queer. Un encuentro en la subjetividad para la práctica política’ (Imperdible, 2021) es eso.

Lola del Gallego concibió este texto originalmente como Trabajo de Fin de Grado para la carrera de Filosofía Política y Economía. Quería hablar de lo que le atravesaba en ese momento: “movidas de salud mental” y su identificación como bollera. Así que habla de lo loco y de lo queer. Este último término así, con la grafía anglosajona, para que no se pierda su origen como insulto.

Este es un libro repleto de conceptos filosóficos, de referencias a Foucault y a Butler, que aspira a acercar a esas personas que, como ella, necesitan cierto corpus teórico para orientar su práctica política. Una práctica basada en la alianza que del Gallego llama “loco-queer”.

P. Suelo utilizar como equivalentes “cuir” y “LGTBIAQ+”, pero por tu libro me da la impresión de que tal vez lo estoy haciendo mal.
 

Hay diferentes maneras de interpretar esas palabras. Yo lo he utilizado de forma diferenciada en el texto porque, en este trabajo, identifico lo LGTBIAQ+ con una interpretación de que las identidades son estables y homogéneas, ligadas a una esencia.

En contraposición, lo queer explica que todo lo que vivimos como identitario, al ser una construcción, no tiene por qué ser estable a lo largo de nuestras vidas. Me parece una manera más flexible para reconocerme hoy como persona no binaria, haberme estado leyendo como bollera en el pasado y quizá leerme mañana diferente sin haberme equivocado en ningún momento.

P. Un poco en contra del ‘born this way’, ¿no?
 

Sí, justo eso [ríe]. En contra del ‘born this way’ [nacer así] y del ‘die this way’ [morir así].

P. Pero, a la hora de legislar para igualar derechos, hay que definir y delimitar. ¿Cómo se puede hacer eso con la etiqueta cuir, que huye de la definición estanca? 

Lo queer no tiene por qué ser el nombre con el que todes nos llamemos, sino más bien una práctica política. Dentro de ello, cada une se puede entender dentro de categorías como lesbiana o trans. Y hacer uso de estas palabras, que son las que nos codifican legalmente.

Precisamente, lo interesante de lo queer es que desborda las etiquetas. Quiero decir, yo puedo ser lesbiana o bisexual a ojos del Estado para que me codifique así en sus políticas, pero en mi práctica puedo desbordar esas categorías.

P. ¿Sería, entonces, lo cuir un subtipo de lo LGTBIAQ+? 

Sí y no. Hay personas que consideran su identidad como queer y punto. Y hay quienes se leen ahí pero también toman otras palabras como gay, marica, bollera, trans o travesti.

Lo interesante de lo queer es eso: que valida como subjetividades antinormativas legítimas cosas que en lo LGTBIAQ+ a veces no entra. Por ejemplo, ser marica o bollera más allá de la orientación y hacerlo identidad.

P. Entrecomillas “salud mental” y hablas de locura. ¿Por qué es esto y cómo podemos nombrar o nombrarnos loques siendo un término tan profano y esquivo? 

Cuando hablamos de una persona loca o nos reconocemos como loques, a veces tiene que ver con que nuestra salud mental está resentida en ese momento. Pero también podría ser que mi funcionamiento emocional o social no encaja con la norma y con cómo se espera que nos comportemos.

Una persona loca es la que se entiende como tal. Veo paralelismos con las reivindicaciones LGTBIAQ+: reclamar orgullo por algo que supuestamente debería ser vergonzoso.

P. Hablas de la psiquiatría como la contracara de la cárcel. ¿Cómo llega la norma donde no llega la Ley? 

La práctica psiquiátrica complementa a la cárcel porque reconduce o expulsa a quienes no cumplen con una figura modelo de comportamiento, pero no lo hacen porque sean delincuentes.

En este caso, es por ser personas antinormativas, que van contra la norma social. Quien asoma un poquito las patas del tiesto, como diríamos en Asturias.

P. Por lo que escribes, diría que aquí ves paralelismos con lo cuir. 

La psiquiatría, junto con otras ramas de la medicina, son las disciplinas que crean las etiquetas que después hemos utilizado para nombrarnos, como homosexual, bisexual o transexual.

Los nombres de las identidades queer nacen como enfermedad mental. Distanciarnos de eso pasa por oponerse a la patologización, pero debemos tener una mirada crítica hacia los diagnósticos en general, no solo a los relacionados con nuestra orientación o identidad

Entonces, los términos con los que calificamos las identidades queer nacen como enfermedad mental. Distanciarnos de esa condición de enfermes mentales pasa por oponerse a la patologización, pero no se suele hacer desde un lugar crítico con todo tipo de categorización como trastorno, sino solo con la que tiene que ver con nuestra orientación e identidad de género.

Debemos tener una mirada crítica hacia los diagnósticos en general y hacia la psiquiatría como disciplina que patologiza cosas que no tienen que ver con lo enfermo, sino con lo inmoral o lo antinormativo.

P. En el siglo XIX se empieza a hablar de una degeneración que las personas consideradas desviadas transmitirían a su descendencia. ¿Crees que siguen esta estela actos como Meloni impidiendo la filiación a madres bibolleras no gestantes o declaraciones de Vox contra la adopción por parte de parejas del mismo género?
 

Sí, aunque no tiene que ver tanto con un sesgo biologicista sino con expulsarnos de la viabilidad social, blindar valores conservadores, evitar nuestra visibilidad y que accedamos a vidas más inteligibles.

P. ¿“Vidas inteligibles”?
Es un concepto de Judith Butler que explica que lo antinormativo no se entiende por parte de la sociedad. No lo puedo comprender ni apresar por mi lenguaje o mi esquema de comprensión de la realidad.

Hay muches teóriques, entre elles yo, que piensan que esto puede ser algo positivo. Te permite no entrar en los juegos del Estado y del neoliberalismo. Aunque también tiene una contracara: ponernos más fácilmente en peligro, no tener garantizados nuestros derechos o no poder participar de situaciones sociales como la familia o la maternidad o paternidad.

P. Veo muy clara la parte negativa, pero no tanto la positiva... 

Hay puntos de fuga muy interesantes. Por ejemplo, no acceder a la familia nuclear porque no lo deseas, y vivir de otra manera con tus amigues o amantes.

Es cierto que tiene un punto de resistencia y que sí o sí debe tener una dimensión comunitaria, porque, si no, solamente te precariza y te hace vulnerable. Pero, cuando se tejen redes, se pueden generar grandes comunidades en resistencia contra la manera de organizar la vida de los Estados neoliberales.

P. Esto de la comunidad me recuerda al prólogo de Itxi Guerra, que dice que este libro es un ladrillo para construir un hogar loco-cuir. ¿Cómo se crea? 

¡Qué difícil! Es muy importante juntarse, encontrarse, escuchar voces que no sean la nuestra, pero que tengan puntos de alianza.

Para mí, esto pasa por tratar de sostener la vida en la ciudad de Madrid de manera conjunta con mis otras cuatro compis de casa, con mi red de vecines, con mis compañeres de militancia… Son lugares donde yo puedo existir y ser inteligible, pero dentro de unas lógicas queer donde yo puedo ser neurodivergente, loca, etc., sin exponerme a violencias.

P. Pensaba que me ibas a dar una respuesta más hacia lo individual y tenía apuntado aquí “volviendo a lo colectivo”, pero nunca sales de ahí. Lo borro. Ahora, dices que quieres sacar de la academia este libro, originalmente un TFG, para armar a las luchas. 

Los movimientos sociales se arman en su práctica muchísimo más que por llegar a libros. Este librillo no sería nada sin mirar a los movimientos sociales y no quisiera yo iluminar a nadie porque esto viene de que me iluminen a mí.

Ahora bien, a mí me sirvió hacer esta intersección entre lo loco y lo queer porque no encontraba recursos teóricos sobre ella. Yo soy una persona muy teórica, a la que le sirve bastante entenderse a través de lo discursivo. Entonces, para mí esto siempre fue una herramienta de lucha para estar después en la práctica militante.

La teoría tiene una parte muy práctica. Entonces, pensé que la existencia de este libro podría servir a otres para entenderse o para enfocar su práctica.

P. Sobre el tema principal del libro: la alianza loco-cuir: ¿cómo incluimos lo cuir en lo loco y lo loco en lo cuir?

Lo queer en lo loco está más presente. Se tiene muy en cuenta de qué manera cualquier violencia estructural repercute en la posible psiquiatrización de la peña y en el sufrimiento. Además, los orgullos locos van ya de por sí en contra de la normalización, y eso es algo muy queer.

En el lado queer, es importante estar atentes a la patologización en general. Ver a les loques no como peña necesariamente psiquiatrizable o que se pueda explicar a través de la etiqueta que les hayan dado.

Sobre todo, poner la mirada en las luchas locas que enuncian esto mejor que yo, que son quienes están produciendo ese discurso y orientando esa práctica. Estar al tanto de lo que dicen les compis loques y las pautas que van dando. Andar al loro.

jueves, 1 de junio de 2023

#libros #queer #locura | Resistencias locas y resistencias queer : un encuentro en la subjetividad para la práctica política

Resistencias locas y resistencias queer : un encuentro en la subjetividad para la práctica política / Lola del Gallego Noval.
Madrid : Imperdible, 2023 [06-01].
64 p.

/ ES / Libros / ENS / Disidencia sexual / Locura / Queer / Psiquiatría

📘 Ed. Impresa: ISBN 9788409509003 / 5,00 €
📝 Cita APA-7: Gallego Noval, Lola del (2023). Resistencias locas y resistencias queer : un encuentro en la subjetividad para la práctica política. Imperdible.

La construcción desviada de nuestra subjetividad tiene consecuencias sociopolíticas. El objetivo de esta pulguita es retratar alianzas teóricas entre las afiliaciones subjetivo-políticas queer y loke, recorriendo cada concepto y buscando en sus cartografías los puntos comunes. Aquí se defiende la alianza política interseccional entre los movimientos queer y loke. Se introduce la constitución en la locura de las disidencias sexo-genérico-sexuales, se señala el lado sistémico-estructural de las experiencias que conocemos como “enfermedad mental” y su función dentro del saber-poder psiquiátrico. Se explora la abyección como territorio conocido para les queer y para les lokes. Y se sugiere que la locura puede significar en sí misma una forma de disidencia con respecto de la norma sexo-género-sexualidad.

martes, 16 de enero de 2018

#hemeroteca #literatura #virginiawoolf | A pesar de todo, Virginia Woolf

A pesar de todo, Virginia Woolf.
Una biografía, un tomo de sus diarios y un volumen de cartas permiten volver a una autora que no distinguía entre escritura e intimidad.
Nora Catelli | El País, 2018-01-16
https://elpais.com/cultura/2018/01/16/babelia/1516115141_483917.html

Olvidemos la cantidad de ediciones en castellano, fragmentarias o no, de los diarios y la correspondencia de Woolf. Olvidemos que ‘Orlando’, traducido por Jorge Luis Borges, fue una de las fuentes de varias líneas de la célebre enumeración del ‘aleph’ visual de ‘El aleph’: como en la actualidad los lectores de Borges y los de Woolf pertenecen a galaxias distintas, pocas veces se advierte ese delicioso “préstamo”, como hubiesen dicho los filólogos. Olvidemos otras traductoras o editoras episódicas y egregias, que a Woolf le irritaban: detestó a Marguerite Yourcenar y fue insularmente imperial con Victoria Ocampo.

Olvidemos las oleadas de las diversas posturas críticas que acompañaron su fama: sucesivamente fue convencional; después, vanguardista; más tarde, lírica; casi siempre, estrecha de miras sociales o demasiado inglesa; a partir de los años ochenta del siglo XX se la confinó en un palacio enorme y casi siempre sentimental: el de los estudios culturales y el de la diferencia. Aunque en este último espacio se pierdan en parte sus dotes literarias y su deslumbrante captación de la historia, no podemos olvidar, sin embargo, que fue la autora indiscutible de uno de los tres panfletos supremos de la liberación de las mujeres: el primero, el de Mary Wollstonecraft (‘Vindicación de los derechos de la mujer’; 1792); el segundo pertenece a Woolf (‘Un cuarto propio’; 1929); el tercero fue ‘El segundo sexo’, de Simone de Beauvoir (1949). El primero se escribió durante una revolución; los otros dos son textos de las posguerras del siglo XX.

Los tres panfletos, además, fueron posibles por el advenimiento del cristianismo, la única de las tres religiones monoteístas que creó (alumbraron, permitieron, forjaron) un pliegue por el que se deslizó el cuerpo de la mujer primero y después, mucho después, también su entera condición humana. Hay otra -muy incómoda- condición que hizo posible la liberación de las mujeres; y Woolf la percibió: que aquella es impensable fuera del capitalismo. En ese sentido, ‘Orlando’ podría interpretarse también como la inquietante advertencia de que la mujer, como sujeto social y político, surge atada a dos poderosos señores: cristianismo y reino de la mercancía. En efecto, en 1928 Orlando se transforma en reguladora máxima del mercado: va a grandes almacenes, conduce un coche, ­espera a su marido.

Porque alberga todas esas vertientes y no resuelve ninguna, hoy podemos leer a Woolf como una intelectual en el sentido más amplio del término y en todos sus géneros: como alguien que no retrocede ante ningún peligro y no distingue entre escritura e intimidad. Al contrario, desafía la intimidad en la escritura, a la que concibe siempre, en sus cartas y diarios, como un arrojarse al espacio de los otros, tanto ante el de los lectores como al de la sociabilidad familiar, casi tan exigente y feroz, en su caso, como la del campo literario.

En una de las extraordinarias cartas a su tardía amiga Ethel Smyth (una de las pocas compositoras de la época, que le llevaba 20 años y que era una aristócrata omnipotentemente lesbiana) formuló la más perfecta y desafiante poética de ese arrojo suyo, clarividente y peculiarísimo. Lo vinculó con sus extensos brotes psicóticos, que se encuentran pautados en la clásica y sutil biografía de Lyndall Gordon y que ella enlaza con los mecanismos de su producción literaria. Dijo Woolf: “Puedo asegurarte que, como experiencia, la locura es aterradora y nada despreciable. En su lava sigo encontrando la mayoría de las cosas sobre las que escribo. Sale de una enteramente formada, terminada, no en gotitas, como sucede con la cordura” (1930, en la traducción de la argentina Susana Constante de ‘Cartas a mujeres’; 1993).

En 1930, cuando anotó estas líneas, Woolf ya había pasado por al menos tres de los más prolongados episodios de demencia que jalonaron su vida: Gordon sigue esa serie, sin hacer clínica ni interpretación, y la usa para desarrollar su trabajo sobre tres pilares. El primero es la génesis de la figura de una escritora y la relación con el ritmo de sus lecturas, pautada por su padre, Leslie Stephen. El segundo es un hallazgo de Gordon: las variaciones genéricas que Woolf trabajó en sus ensayos y novelas surgen del género que con más éxito practicó su padre a partir de 1885: el ‘Dictionary of National Biography’, uno de los monumentos ideológicos de la época victoriana imperial. Observa Gordon: “La biografía fue el punto de partida” de la literatura de su hija porque había sido el punto de llegada de su padre, Leslie Stephen. El tercer pilar es la labor crítica: Gordon no es sólo una biógrafa, sino una guía utilísima para acceder incluso a algunas de las claves de la Woolf más oscura e inclasificable, la de ‘Las olas’ (1931).

Junto con Gordon y con la correspondencia con Lytton Strachey ha aparecido otra traducción, sin duda excelente, porque es de Olivia de Miguel, de los diarios de 1915-1919, que corresponden a la misma época del intercambio con Strachey. El prólogo de Inés Martín Rodrigo es una enternecedora acumulación de ingenuidades o errores, como afirmar que “es la primera vez que se nos ofrece una versión fidedigna e inequívoca de Virginia Woolf”. Hay traducciones también muy estimables anteriores de Justo Navarro y de Laura Freixas en Grijalbo. Y lo fidedigno y lo inequívoco son, precisamente, lo que Woolf, en su genialidad, nunca entrega. Si se logra, como en el caso de Kafka, hacer la edición completa de los diarios (seis o siete volúmenes según las ediciones) y la de la correspondencia (que posee la extensión ­similar), se podrá acceder, junto con las obras, a uno de los monumentos de la literatura moderna, de su deslumbrante originalidad y de su inagotable y arriesgada inteligencia.

‘Virginia Woolf. Vida de una escritora’. Lyndall Gordon. Traducción de Jaime Zulaika. Gatopardo, 2017. 456 páginas. 22,95 euros.‘El diario de Virginia Woolf (Vol. I / 1915-1919)’. Virginia Woolf. Traducción de Olivia de Miguel. Tres Hermanas, 2017. 613 páginas. 26 euros.‘600 libros desde que te conocí (correspondencia)’. Virginia Woolf- Lytton Strachey. Traducción de Socorro Jiménez. Jus, 2017. 143 páginas. 14,50 euros. ‘Virginia Woolf, las olas’. Jesús Marchamalo, con ilustraciones de Antonio Santos.Nórdica, 2017. 64 páginas. 9,95 euros.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

#libros #poblacionmigrante #saludmental | La locura en los inmigrantes negroafricanos en Almería

La locura en los inmigrantes negroafricanos en Almería / Pedro Luis Ibáñez Allera.
Almería : Universidad de Almería, 2017 [11-22].
247 p.
Colección: Ciencias de la Salud ; 2.
ISBN 9788416642649 / / 16 €

/ ES / ENS
/ Almería (Provincia ) / Andalucía / Antropología social / Locura / Población migrante / Población negroafricana / Psicología / Psiquiatría / Salud mental

La provincia de Almería, al igual modo que ha sucedido en el resto de España, en las últimas décadas se ha constituido en un lugar de atracción para inmigrantes de todo el mundo. Entre ellos se encuentran aquellos originarios de los países negroafricanos, que vienen buscando su nicho laboral dentro de la agricultura intensiva de los invernaderos del poniente almeriense. Generalmente son jóvenes varones, en edad laboral, que no han tenido en sus países de origen antecedentes significativos en su salud psicofísica.

Este libro aborda la aparición de diferentes alteraciones mentales y conductuales en estas personas quienes, tras llevar unos siete años viviendo en España, en sus vidas presentan por primera vez este tipo de sintomatología. Estas alteraciones vienen a suponer una dificultad sobrevenida, a las que ya tienen dentro de sus procesos migratorios y adaptativos a un nuevo lugar.

Se da cuenta de las características socioestructurales que tienen los negroafricanos que se van a ver afectados por la locura, de las dificultades que presentan los profesionales de salud mental biomédica para abordar esta problemática singular y se establece una novedosa clasificación antropológica de la locura de los inmigrantes negroafricanos, la cual viene a contrastarse con la que sobre ella da la biomedicina.

viernes, 11 de agosto de 2017

#hemeroteca #mujeres #historia | La locura española de Leonora Carrington

Imagen: El País / Leonora Carrington en 2007
La locura española de Leonora Carrington.
La artista y escritora surrealista cruzó los Pirineos para ayudar a su amante judío Max Ernst y acabó en 1940, atada de pies y manos, en un psiquiátrico en Santander.
Javier Martín-Domínguez | El País, 2017-08-11
https://elpais.com/cultura/2017/08/10/actualidad/1502356957_260944.html

El intento de conseguir un salvoconducto para Max Ernst, confinado en un campo de concentración en Francia, llevó a su amante Leonora Carrington a entrar en España recién acabada la guerra civil. En lugar de conseguir liberarlo, fue ella la que acabó encerrada en un sanatorio psiquiátrico de Santander, dirigido por el doctor Luis Morales. De aquella peripecia, más surrealista que la filosofía de sus propios protagonistas, quedó un relato tan real como alucinante escrito por la propia Carrington, que pretendía ser una mera catarsis y acabó publicado como ‘Memorias de abajo’. Un texto fundamental en la historia del surrealismo.

Ahora que celebramos el centenario de la artista británica finalmente afincada en México se reconstruye su desvío español, tanto mental como geográfico, en un curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en el mismo Santander y en breve en el Hay festival de Segovia.

Leonora y Max Ernst se habían conocido en el restaurante Barcelona de la londinense Beak Street, con Man Ray, Lee Miller y los Eluard. Fueron amantes en Paris, donde André Breton la adoptó como “una de los suyos”, y se fueron a una casita de campo donde ambos produjeron una importante obra, incluido el autorretrato de ella ‘La posada del caballo del alba’. El avance nazi sobre Francia destruyó el idilio amoroso y artístico que Carrington y el pintor alemán desarrollaron en la localidad francesa de Saint Martin d'Ardeche. Tras ser arrestado él por segunda vez, una atribulada Carrington viaja en coche a España, vía Andorra, para buscar en Madrid una salida para Ernst.

En las entrevistas que mantuvimos hace una década en su casa de México, Carrington reconocía haber estado afectada por lo que llamaba un “síndrome de guerra”, perturbada, físicamente disminuida, mentalmente debilitada. Pero fueron sus salidas de tono político en el Madrid del año cuarenta lo que llevo a las autoridades españolas, con el cónsul británico y con la aquiescencia de su potentado padre a encerrarla primero en un convento y después a trasladarla en coche al norte. Le administran tres veces luminal y una inyección en la espina dorsal: anestesia sistémica. Han vencido su resistencia. La entregan, como un cadáver, al psiquiátrico del doctor Morales, una casa jardín en Valdecilla. Su destino no buscado. Es atada de pies y manos. Medicada con cardiazol, equivalente al electrochoque. Una caída al abismo. Una locura forzada.

Medio año duró su encierro español, un episodio del que se negaba a hablar, “porque aún me produce mucho dolor”, según me confesó cuando ya había cumplido los 90. Fue el doctor Pierre Maville quien le aconsejó escribir sobre su cruda experiencia. “No sé cuánto tiempo permanecí atada y desnuda. Yací varios días y noches sobre mis propios excrementos, orina y sudor, torturada por los mosquitos, cuyas picaduras me pusieron un cuerpo horrible: creí que eran los espíritus de todos los españoles aplastados, que me echaban en cara mi internamiento, mi falta de inteligencia y mi sumisión. La magnitud de mi remordimiento hacía soportables sus ataques. No me molestaba demasiado la suciedad”. Terminó manejando la sórdida situación con una inteligencia prodigiosa, convirtiendo el escenario de su encierro en una especie de mapa prodigioso, con sus símbolos y constelaciones que le permitían buscar la salida a su caída en el hondo pozo de la locura.

El de Carrington puede inscribirse entre los casos de mujeres sometidas por haber ejercido su libertad sin límite. Gracias a la escritura —una maldición que salva, en palabras de Clarice Lispector— Carrington exorcizó sus males. En la clínica leyó a Unamuno, hizo horóscopos diarios para el doctor Morales, que acabo prendado de su inteligencia. Con una señorita de compañía abandonó Santander en tren rumbo a Lisboa, con parada en Ávila. “Era Nochevieja. Hacia un frío intenso. Paramos en Ávila, donde nació Santa Teresa. Había un tren largo con muchos vagones cargados de ovejas que balaban de frío. Era espantoso. Los españoles pueden ser atroces con los animales. Recordaré aquella ovejas sufriendo hasta el día que me muera. Era como el infierno.”

Más lúcida de lo que aparentaba, Carrington dio esquinazo a su protectora y en Lisboa se fue en busca del periodista y poeta mexicano Renato Leduc, que hacía funciones de secretario de embajada. Se casaron y dejó de estar a merced de la voluntad de su padre, o de Max Ernst, que también acabó saliendo de Marsella hacia el exilio vía Lisboa, de la mano de la millonaria Peggy Guggenheim. Tras un tiempo con el grupo surrealista reunido en Nueva York, la pareja marcha a México. Pese a su divorcio Carrington se quedará allí —en el país del surrealismo natural según su protector, André Breton— hasta el fin de sus días. Incluida hoy en el grupo de mujeres artistas surrealistas de Latinoamérica, su pintura está entre las más cotizadas, y sus relatos mantienen la frescura y las sorpresas de textos adobados por un profundo surrealismo.

En su casa de la colonia Roma, acabó rodeada de españoles, incluido el médico que asistió sus partos, José Horna, y su mujer la fotógrafa Katy, más su inseparable compañera en el arte y la vida, la ilustradora y pintora Remedios Varo. También trató a Luis Buñuel que la cita en sus memorias. “Un día, cuando llegamos a casa de un tal Mr. Reiss donde nos reuníamos regularmente, Leonora se levantó de súbito, entró en el baño y se dio una ducha completamente vestida. Después, chorreando, regreso a la sala, se sentó en una butaca y me miro fijamente. 'Eres un hombre apuesto', me dijo en español tomándome del brazo. 'Te pareces enormemente a mi guardián', del psiquiátrico de Santander". El desvío español en su viaje vital marcó para siempre el destino de la última surrealista.

La hechicera hechizada cumple 100
Cuando se definió en 1945 como “un viejo topo que nada bajo los cementerios”, la pintora y escritora Leonora Carrington aún no había cumplido los treinta. Su vida ya daba entonces para varias novelas. De hecho, además de sus cuentos y ficciones, ya había publicado sus ‘Memorias de abajo’ un par de años antes. La artista viviría hasta los 94. Pero a Carrington, la rebelde hija de un magnate textil de Lancashire, que fue expulsada de varios internados antes de empezar a estudiar pintura en Florencia y en Londres, siempre le gustó la penumbra. Puede que así pueda explicarse que haya permanecido en buena medida oculta, en la sombra, dentro del mundo anglosajón. Un primer destello reciente llegó en 2015 con la exposición de su obra en la Tate Liverpool, pero ha sido al cumplirse el centenario de su nacimiento, este año, cuando su magnética figura ha recibido un nuevo impulso. Si Elena Poniatowska rindió homenaje a la historia de su buena amiga en ‘Leonora’ en 2011, ahora ha sido una sobrina lejana, Joanna Moorehead quien ha indagado en la atribulada vida y rico imaginario de la artista en la biografía ‘The surreal Life of Leonora Carrington’. Moorehead, que descubrió de forma azarosa en 2006 el parentesco y corrió a conocer a Carrington a México, hace hincapié tanto en el idilio de la artista con Max Ernst como en su paso por Nueva York, antes de instalarse definitivamente en México, primero con Renato Leduc y más adelante con el húngaro Chiki Weisz, padre de sus dos hijos.

En los años ochenta dejó la escritura, pero un nuevo volumen reúne la más amplia selección de sus cuentos hasta hoy, prologados por la novelista Sheila Heti. Otra novedad editorial en el mercado anglosajón es una nueva antología de textos académicos. ‘Leonora Carrington and the International Avant-garde’ analiza a la polifacética “hechicera hechizada” —como fue definida por Octavio Paz—, y trata de desentrañar los significados de su rico y fantástico mundo desde nuevos prismas. En el libro, también se incluyen los recuerdos de la A a la Z que de la pintora tiene la novelista Chloë Aridji. La surrealista incluida por André Breton en ‘Antología del humor negro’ (1940), ya escribió que “si la vieja dama no puede ir a la Laponia, entonces la Laponia debe venir a la vieja dama”. Cámbiese el lugar geográfico por Reino Unido y todo tiene sentido.

viernes, 4 de agosto de 2017

#hemeroteca #mujeres #literatura | La losa y la pluma: escritoras frente a la locura


Imagen: El Mundo / Leonora Carrington
La losa y la pluma: escritoras frente a la locura.
Con la participación de Marta Sanz, Olvido García Valdés o José Sanchis Sinisterra, un curso de verano de la Universidad Menéndez Pelayo reflexiona la próxima semana, a partir de textos autobiográficos y en clave de género, sobre el impacto de la locura (real o impuesta) en la construcción de la identidad de autoras como Leonora Carrington, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik o Virginia Woolf.
Fernando Díaz de Quijano | El Cultural, El Mundo, 2017-08-04
http://www.elcultural.com/noticias/letras/La-losa-y-la-pluma-escritoras-frente-a-la-locura/11070

Se ha contado millones de veces: Virginia Woolf se llenó el abrigo de piedras y se sumergió en el río que pasaba junto a su casa. Sylvia Plath metió la cabeza en el horno y abrió la espita del gas. Dicen ahora los expertos que ambas tenían trastorno bipolar. Alejandra Pizarnik se tragó 50 pastillas de barbitúricos y a ella le adjudican hoy trastorno límite de la personalidad. Puede sonar frívolo o morboso, pero la locura y las tendencias suicidas nos fascinan, especialmente en los casos de personas de excepcional valía literaria o artística, porque sus obras dan testimonio de ese monstruoso universo desconocido para la mayoría.

El surrealista Max Ernst quedó magnetizado por Leonora Carrington, a quien veía como alguien que había logrado traspasar la frontera de la locura y regresar con noticias del otro lado. Antes de emigrar a México, la artista de origen británico fue recluida contra su voluntad en un centro psiquiátrico de Santander, como tantas otras mujeres excepcionales. Muchas sufrían auténticas patologías psiquiátricas. En otros casos, como en el de Carrington, resulta muy complicado poner nombre a la mezcla de angustia e inestabilidad emocional que invadía sus mentes y sus cuerpos, a ese colapso nervioso impulsado por la presión social, las imposiciones familiares o el horror de la guerra.

Otro caso similar fue el de Teresa Wilms Montt, escritora chilena que tuvo una vida llena de sobresaltos. Intentó quitarse la vida por primera vez cuando su esposo consiguió internarla en un convento al descubrir su infidelidad. Acabó consumando su suicidio algunos años después, por la profunda depresión que le causó reencontrarse con sus hijas en París y perderlas de nuevo al poco tiempo.

Las cinco autoras mencionadas y bastantes más serán objeto de estudio y debate la semana que viene precisamente en Santander, en un curso de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo titulado '¿Una maldición que salva? Escritoras y locura' y dirigido por Carmen Valcárcel y Elisa Martín Ortega. El seminario concebido por estas dos profesoras de la Universidad Autónoma de Madrid, que utilizará como material de análisis todo tipo de textos autobiográficos -memorias, cartas, diarios o autoficción- se nutre del proyecto de investigación que ambas llevan a cabo sobre la materia. Se abordará la locura como "una etiqueta externa, impuesta desde fuera", sin considerar relevante si las autoras realmente padecían o no una enfermedad mental, explica Martín Ortega.

"En muchos casos la escritura se convierte en el ámbito de expresión de una imaginación sin límites, un escudo contra la dictadura moral y el conformismo. Nos interesa incidir en expresiones literarias que gravitan en torno al yo y a partir de las cuales sus autoras intentan crear una nueva identidad propia, no definida desde fuera por los parámetros sociales y culturales", señala Valcárcel.

El curso reúne a investigadores, psiquiatras, filólogos y creadores, entre ellos la escritora Marta Sanz, la poeta Olvido García Valdés, la escritora y psicoanalista Lola López Mondéjar, el cineasta Javier Martín-Domínguez (autor del documental 'Leonora Carrington. El juego surrealista') y el dramaturgo José Sanchis Sinisterra, que clausurará el curso con una dramatización basada en Memorias de Abajo, donde Carrington narró su estancia en el psiquiátrico de Santander.

En clave de género
La conexión entre literatura y locura se trató hace tres años en otro curso de verano de la UIMP, en el que participaron escritores como Gustavo Martín Garzo, Juan José Millás y Ricardo Menéndez Salmón, pero en este caso se ha apostado por un enfoque de género. "Se ha escrito mucho últimamente sobre creación y locura y se han celebrado muchos cursos en torno a esta cuestión porque es muy interesante, pero este tipo de experiencias límite en mujeres no ha recibido la misma atención que en el caso de los hombres, y el propio concepto de locura tampoco se ha aplicado de la misma forma a ambos géneros", opina Martín Ortega. "Ante un diagnóstico psiquiátrico, el estigma social y la pérdida de autonomía era mayor en las mujeres que en los hombres", señala la codirectora del curso.

Marta Sanz reconoce su fascinación por las figuras de Woolf, Plath y Pizarnik: "Me da la impresión de que sus suicidios, más allá de la patología mental, tienen mucho que ver con la presión y la dificultad de vivir su diferencia -su inteligencia- como desventaja en un contexto patriarcal", opina. La escritora madrileña contribuirá a quitarle a las afecciones mentales ese halo sublime que les otorgó el romanticismo. El punto de partida de su charla será su último y autobiográfico libro 'Clavícula', una suerte de diario del dolor físico -reflejo de otras dolencias emocionales, públicas y privadas, individuales y colectivas-, que la autora pretende aliviar a través del ejercicio de la escritura. "En este libro confluyen algunos de los asuntos que se van a tratar a lo largo del curso: el nudo que se establece entre enfermedad, explotación, peso cultural, creatividad y mujeres".

A Sanz le interesa especialmente "la relación entre el cuerpo y el texto" en la literatura escrita por mujeres. "La literatura como encarnizamiento es una idea terrible y magnífica de Marguerite Duras. Los textos se rompen sintáctica, genérica, lingüísticamente porque esa fractura estilística es una forma ideológica que aspira a reflejar el dolor del cuerpo concreto de una mujer que escribe: una mujer en la que muchas mujeres pueden reconocerse. Y muchos hombres progresistas y sensibles, también", opina.

¿De qué nos salva la literatura?
La pregunta que da título al curso -¿Una maldición que salva?- procede de un verso de Clarice Lispector, una autora que no se suicidó ni tuvo enfermedades mentales reconocidas, pero que indagó insistentemente en el dolor emocional. Al verso se le añade aquí un interrogante porque el curso pone en entredicho esa afirmación. Es cierto que en algunos casos la escritura fue una salvación literal. Las directoras del curso ponen como ejemplo a la escritora neozelandesa Janet Frame, que iba a ser sometida a una lobotomía que se canceló al concedérsele un importante premio literario. En otros casos, la salvación nunca llegó. No llegó para Woolf, no llegó para Plath, no llegó para Pizarnik.

Tampoco llegó la salvación para la escritora y pintora alemana Unica Zürn, que se tiró por la ventana de su apartamento de París; ni para la artista cubana Ana Mendieta, que se quitó la vida de la misma manera, aunque ella no padecía esquizofrenia como la primera. Como recuerda la poeta Olvido García Valdés, las dos creadoras han recibido mucha menos atención mediática y académica que sus parejas, el fotógrafo surrealista Hans Bellmer y el poeta y escultor minimalista Carl Andre.

García Valdés, Premio Nacional de Poesía en 2006, hablará en el curso de Zürn, de Mendieta, de Lispector y de Leopoldo María Panero. La poeta ha incluido a Panero a pesar de ser un hombre porque "es nuestro poeta loco más insigne" y al mismo tiempo tenía "una lucidez extraordinaria para escribir de todos estos asuntos". De hecho, García Valdés editó en los años noventa, junto a Miguel Casado, un libro que recogía todos los artículos del autor sobre literatura, locura y su conexión con otros ámbitos de la existencia, titulado ‘Y la luz no es nuestra’, que más tarde reeditó Huerga y Fierro. "Leopoldo María Panero decía que la locura no es una enfermedad, sino el mayor de los aplastamientos sociales, y que los que la padecen no son locos sino enloquecidos, ya que la locura es una reacción normal ante acciones de jaque mate familiar y social", señala García Valdés. Para Valcárcel, en el caso de todas estas escritoras el aplastamiento que conduce a la marginalidad lo provoca una losa triple: el sambenito de la locura, el oficio de la literatura y el hecho de ser mujer.