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miércoles, 6 de junio de 2018

#hemeroteca #cine #moda #testimonios | Alexander McQueen, el dolor como un objeto de lujo

Imagen: El País / Fotograma de 'MacQueen'
Alexander McQueen, el dolor como un objeto de lujo.
Un documental retrata la atormentad vida del diseñador de moda.
Elsa Fernández-Santos | El País, 2018-06-06
https://elpais.com/cultura/2018/06/06/actualidad/1528302858_443958.html

En ‘El hilo invisible’, la perturbadora historia de amor que el cineasta estadounidense Paul Thomas Anderson ha situado en el hierático corazón de un diseñador de alta costura inspirado en el español Cristóbal Balenciaga, el meticuloso costurero deja crípticos mensajes en el forro de sus fabulosas creaciones. Un gesto secreto que no responde a la fantasía del guionista de turno. Como aprendemos en ‘McQueen’, la película de Ian Bonhôte y Peter Ettedgui que se estrena este viernes y que bucea en la figura y la obra del malparado ‘enfant terrible’ de la moda, lo de dejar mensajitos ocultos (y no siempre poéticos) en el forro de los trajes es una costumbre gremial bastante extendida. Según la leyenda urbana, McQueen lo hacía cuando era aprendiz de sastre en Savile Row con los trajes del príncipe Carlos. Y el diseñador italiano Romeo Gigli confirma que cuando el chico era su becario, y después de haberle mandado repetir tres veces una chaqueta, se encontró oculto en el forro de la prenda un “Que te jodan, Romeo”.

Desde su suicido el 11 de febrero de 2010, un día antes del funeral de su madre, Joyce, la figura de Lee Alexander McQueen ha devenido en leyenda. El gordito hijo de un taxista del East End londinense dotado de un talento indescifrable para la técnica costurera, que se pagó sus primeras telas con el subsidio del paro, alteró con su torturada fantasía el orden establecido en los remilgados salones de la moda parisinos. Detrás de su compatriota John Galliano, McQueen modernizó un lenguaje varado en otro tiempo. Dos británicos jóvenes, marginales, fiesteros y excesivos, conquistaban el corazón de la meca del hilo. Hasta ahí el cuento de hadas.

‘McQueen’ (la película) no le planta demasiada cara a los inevitables clichés de este relato y, echando mano de la iconografía que el propio diseñador imprimió a su obra (oscura, dramática y salvaje) recorre su trayectoria (la profesional más que la vital) divida en cinco capítulos que corresponden a cinco de sus grandes desfiles: de ‘Jack The Ripper Stalks His Victims’ (1992) a ‘Plato’s Atlantis’ (2009). La película ahonda más en el ensueño gótico y teatral de su trabajo que en la rutina autodestructiva del diseñador. Se evita el morbo para poner el acento en la “visión”, que amplificada por la pantalla de cine resulta especialmente hermosa. La película (en la que abunda un interesante material casero) menciona, sin más, las drogas, el sexo duro, la obsesión con estar delgado y, ya con una máscara nueva, reescribir su identidad.

Presión profesional
Se insiste en una industria que alimenta los egos, en la enorme presión profesional que padeció desde su llegada en 1996 a Givenchy, las paranoias, la inseguridad o la deslealtad que mostró hacia algunos de sus íntimos colaboradores. Las voces de algunos miembros de su familia, su hermana y su sobrino, de cómplices y amigos (el más interesante de todos, el español Sebastián Pons), o de Detmar Blow, el marido de la que fue su descubridora y mentora, la también suicida Isabella Blow, abandonada por Alexander McQueen cuando firmó su contrato con Givenchy, ilustran los preámbulos de la combustión final.

La calavera dorada que ilustra el cartel de la película, de la que brotan sinuosas naturalezas, también se evoca dentro de los 111 minutos de metraje. El pomposo piano de Michael Nyman subraya la metáfora del fértil espectro con el que asociamos el mundo de McQueen: pájaros, escamas, naturalezas muertas, sangre y dolor, siempre mucho dolor. McQueen decía: “Si te vas de mi desfile sin emocionarte no he hecho bien mi trabajo. No quiero que sea como una comida de domingo. Quiero que salgas sintiendo rechazo o euforia, que sea una emoción”. Una emoción de oro, como apunta el diseñador estadounidense Tom Ford, que haciendo gala de su expeditiva audacia texana, define a su colega con pocas palabras: “Lee es poético y comercial al mismo tiempo. Es práctico”.

La tradición, la violencia y el último desfile
Según declara Sebastián Pons en ‘McQueen’, el diseñador le llegó a anunciar su deseo de suicidarse al final de su último desfile, ante todo ese mundo cuyas miradas tanto le asfixiaban. Solo cumplió a medias su promesa, optó por ahorcarse en su domicilio después de un banquete de drogas. La violencia fue siempre parte del sello de McQueen. Forjado en el Londres noctámbulo de los 90, el diseñador emergió en la misma trinchera que artistas tan viscerales y descarnados como Tracy Emin. Aunque en su caso, la tradición (expresada mediante la taxidermia o los tartanes) también tuvo peso. En su ‘show’ final, ‘Plato’s Atlantis’, para muchos el más revolucionario de su carrera, su universo alcanzó un planeta donde lo bello y lo monstruoso se fundieron al fin en uno.

Y TAMBIÉN…
A subasta parte del legado de Alexander McQueen.

Shaun Leane, amigo íntimo del fallecido diseñador y el creador de las joyas de sus desfiles, vende las piezas que idearon juntos.
María Contreras | El País, 2017-12-04
https://elpais.com/elpais/2017/12/01/gente/1512134457_925486.html
McQueen, drama en la pasarela.
El diseñador británico, de 40 años, fue hallado muerto ayer en su casa de Londres.
Walter Oppenheimer | El País, 2010-02-12
https://elpais.com/diario/2010/02/12/cultura/1265929203_850215.html

martes, 19 de mayo de 2015

#hemeroteca #testimonios | El dramático pasado de Alexander McQueen, revelado por su hermana

Imagen: El País
El dramático pasado de Alexander McQueen, revelado por su hermana
Janet cuenta cómo su marido abusó sexualmente del diseñador siendo niño
Barbara Celis | El País, 2015-05-19
http://elpais.com/elpais/2015/05/19/estilo/1432045243_172626.html

El genio británico de la moda, Alexander McQueen, quien terminó voluntariamente con su vida en febrero de 2010 a los 40 años, sufrió abusos sexuales de pequeño a manos de su cuñado. Con frialdad y contundencia pero sin obviar el sentimiento de culpa, así lo ha desvelado su hermana Janet, 15 años mayor que McQueen, en el diario The Times. “Cuando me lo dijo fue un shock. Todavía lo es. ¿Cómo es posible que yo no me diera cuenta? El día que me lo contó fue durísimo. Imagínate, vivir durante tantos años y un día descubrir algo tan horrible como eso. Al principio no te lo puedes creer. Claro que me siento culpable. ¿Quién no se sentiría así?”.

En una entrevista con un tono muy confesional, Janet ha explicado que cuatro años antes de suicidarse su hermano le dijo que su primer marido abusó de él en repetidas ocasiones desde que cumplió nueve años en adelante. Aquel hombre, que también abusaba de Janet y la pegaba con tal violencia que le provocó dos abortos, quizás sea la razón por la McQueen decidió hacer ropa “que haga que las mujeres que la llevan asusten a la gente”, según él mismo explicó en más de una ocasión. “No quiero sonar pretenciosa pero es muy posible que la razón sea precisamente que los abusos le inspiraran en ese sentido. Él era muy joven cuando vio que a mí me pegaba mi marido y cuánto mas joven eres más te impactan las cosas que vives. Yo era una especie de referencia para Lee [así le llamaban en su familia] porque era la mayor [de seis hermanos] aunque obviamente he resultado ser la más débil por todo lo que ocurrió pero Lee, lo que tuvo que sufrir…”, ha relatado entre lágrimas esta mujer de 60 años.

En la entrevista Janet McQueen también asegura que quizás su hermano podría haberse salvado de sí mismo si su familia hubiera sabido la gravedad de la adicción a las drogas que sufría y, sobre todo, si alguien les hubiera dicho que había intentado suicidarse antes varias veces, algo que según Janet nadie de su entorno familiar conocía. “Si hubiéramos sabido lo grave que era el tema no habríamos dejado piedra sin mover. Todos nosotros hablábamos con él sobre las drogas pero era un hombre de casi 40 años. Daba igual lo que nosotros dijéramos. Pero creo que ellos le fallaron”. Al decir ellos Jane se niega a dar nombres concretos pero sugiere que había otra gente que sí conocía el estado de su salud mental y sí sabía que ya había habido otros intentos de terminar con su vida. “Nosotros no”, subraya.

McQueen se ahorcó en su casa londinense un día antes del funeral de su madre. Su muerte fue un terremoto no sólo para su familia sino para toda la industria de la moda, que convirtió su funeral, con más de 1.500 personas reunidas en la catedral londinense de San Pablo, en toda una oda a un creador atípico que desde sus orígenes humildes consiguió construirse un nombre que le sobrevivirá muchos años y que de momento defiende Sarah Burton, la mujer que vistió a la duquesa de Cambridge en su boda con un vestido que llevaba precisamente la firma de McQueen. La actual directora creativa de la marca es una de las personas a las que la hermana del diseñador más alaba en la entrevista. “Sarah trabajó con Lee durante 14 años y es una mujer maravillosa. Sólo tengo buenas palabras para ella” algo que sin embargo, no puede decir del resto del entorno de la marca, donde ella misma se define como “el enemigo número uno de todos ellos”.

Estos días Londres continúa celebrando a este artista a través de la exposición "Savage Beauty", en el Victoria & Albert Museum, y también a través de una obra de teatro que se estrenó la semana pasada titulada simplemente McQueen y en la que se explora la vida del artista. Según Janet, la obra escrita por James Philips “captura la personalidad y la vulnerabilidad de Lee. Estoy segura de que la gente saldrá del teatro pensando que era un genio pero también conociendo su lado más delicado. Toda la familia está muy agradecida y emocionada por este tributo tan cariñoso”.

DOCUMENTACIÓN
La caída de los dioses de la moda

Dos estudios indagan en las tormentosas biografías de Alexander McQueen y John Galliano. Cambiaron la alta costura pero su caótica vida marcó sus carreras.
Elsa Fernández-Santos | El País, 2015-02-14
http://elpais.com/elpais/2015/02/13/estilo/1423833651_318187.html
Alexander McQueen consumió cocaína, tranquilizantes y somníferos antes de suicidarse
La investigación de la muerte del diseñador británico demuestra que fue él mismo quien terminó con su vida
El País, 2010-04-28
http://elpais.com/elpais/2010/04/28/actualidad/1272437331_850215.html
El testamento de McQueen
La semana de la moda de París presenta el desfile póstumo del diseñador británico
Eugenia de la Torriente | El País, 2010-03-11
http://elpais.com/diario/2010/03/11/tendencias/1268262001_850215.html
Londres no olvida el mito vulnerable de McQueen
El mundo de la moda recuerda al diseñador en la catedral de San Pablo
Patricia Tubella | El País, 2010-09-21
http://elpais.com/diario/2010/09/21/agenda/1285020001_850215.html
Alexander McQueen regresa a casa
Una exposición en el Victoria & Albert, la más grande que el museo ha dedicado nunca al mundo de la moda, rinde homenaje al diseñador londinense fallecido hace cinco años
Pablo Guimón | 2015-03-13
http://elpais.com/elpais/2015/03/12/estilo/1426180918_212868.html

sábado, 14 de febrero de 2015

#hemeroteca #moda | La caída de los dioses de la moda

La caída de los dioses de la moda
Dos estudios indagan en las tormentosas biografías de Alexander McQueen y John Galliano. Cambiaron la alta costura pero su caótica vida marcó sus carreras.
Elsa Fernández-Santos | El País, 2015-02-14
http://elpais.com/elpais/2015/02/13/estilo/1423833651_318187.html

Sería imposible entender los opacos entresijos del mundo de la moda actual sin detenerse en la ascensión y hundimiento de John Galliano y Alexander McQueen, los dos hombres que a caballo entre dos siglos revolucionaron la alta costura para acabar —empujados por la autodestrucción, un ritmo de trabajo frenético y el pánico al fracaso— en la peor cuneta del imperio del lujo. “Gods and kings: the rise and fall of Alexander McQueen and John Galliano” (Penguin Press), de la periodista Dana Thomas, se ha publicado esta semana en EE UU y Reino Unido reconstruyendo en paralelo el camino hacia el olimpo de la costura de dos introvertidos chicos de la periferia londinense. El libro transita por las rutas más conocidas de sus biografías pero también por las más sombrías. Plagado de drogas, sexo, traiciones, inseguridades y éxitos mal digeridos, en apenas 400 páginas y dos décadas el sueño de aquellos muchachos acabó en pesadilla.

McQueen se ahorcó la madrugada del 11 de febrero de 2010 dejando un escenario de horror en su casa de Londres. Después de una noche bebiendo y vagando solo por locales nocturnos, con un cóctel de cocaína y tranquilizantes en el cuerpo, intentó sin éxito cortarse las venas con varios cuchillos de cocina. A sus 40 años, decidió que la única manera segura de acabar con sus fantasmas era colgarse de su armario. El funeral de su madre, Joyce, era al día siguiente. Para muchos la muerte de Joyce no fue la causa última del suicidio sino la razón que liberó a McQueen de la insoportable carga de su vida. Apenas un año después, Galliano, enfermo de ansiedad y alcohol, acabó arrojado de Dior y del sistema después de un penoso episodio antisemita en un restaurante de París. Era la puntilla a una incontrolada deriva personal. “Ambos arrastraban sus propios demonios pero también creo que pagaron un precio enorme por el cambio que vivió en aquellos años el negocio de la moda”, asegura Dana Thomas desde Nueva York.

Thomas —corresponsal de cultura y moda de Newsweek en París y colaboradora de The New York Times— defiende el fondo de una investigación de cuatro años. “Para mí ellos son la metáfora perfecta de cómo el mundo de moda mutó de una locura romántica y creativa a un mundo de poderosas multinacionales globales. Después de la caída de McQueen y Galliano todo cambió y los creadores de la alta costura se volvieron más temerosos, más cautos, más pragmáticos: renunciaron a cambiar el mundo, y aprendieron a no llevarse el trabajo a casa”.

Para el crítico británico Colin McDowell, que le ha dedicado un extensa reseña en “The business of fashion”, el libro logrará hacer ruido y dinero pero duda del relato sesgado de algunas de sus fuentes, examantes, ayudantes resentidos, aves nocturnas y colegas de juergas y adicciones. Además, acusa a la escritora de no demostrar la misma empatía por Galliano que por McQueen. “No es cierto. Aunque es inevitable ser más amable con los muertos. Aún hoy es imposible hablar de McQueen sin que broten lágrimas. Galliano, sigue ahí, con un regreso prometedor en Maison Margiela. En él hay luz y esperanza. Tiene un ángel sobre los hombros”.

Galliano había llegado a Londres con siete años, después de pasar su católica infancia en Gibraltar, paradójicamente en el barrio judío del peñón. McQueen era el pequeño de los seis hijos de un taxista. Ya adolescentes, y empujados por sus respectivas madres, encontraron un antídoto a su hostil entorno en la costura. McQueen como ayudante en el taller de una de las míticas sastrerías de Savile Row, Anderson & Sheppard, y Galliano como estudiante en St. Martins School of Arts, por cuyas aulas también acabaría pasado McQueen. Galliano, el bohemio, el romántico, el afrancesado, sorprendía con su trabajo de graduación, Les incroyables (1984). McQueen, el atormentado, el oscuro, el callejero, lo hacía con el suyo, Jack el Destripador acecha a sus víctimas (1992).

La publicación del texto de Thomas coincide con una biografía de Andrew Wilson, “Alexander McQueen: blood beneath the skin” (Simon & Schuster), que saldrá a la venta a finales de febrero y que se sumará a la catarsis emocional que promete ser la inauguración, el 14 de marzo, de Savage beauty en el museo Victoria & Albert de Londres. La exposición viaja desde el Costume Institute del Metropolitan neoyorquino a la ciudad que le vio nacer y caer. Será imposible no recordar entonces sus dramáticas palabras antes de uno de sus primeros desfiles: “No quiero fiestas. No quiero celebrar nada. Prefiero que la gente se vaya de mis desfiles vomitando. Quiero reacciones extremas. Infartos. Ambulancias”.

En realidad, Wilson, que ha tenido acceso preferente a la familia de McQueen, describe un panorama aún más sórdido. Masoquista y cruel, con serios problemas de autoestima, cuanto más dinero y fama acumulaba mayor era su ansiedad. El enorme ritmo de trabajo que adoptó al sustituir en 1996 a Galliano en Givenchy lo compensaba con drogas y una sexualidad compulsiva. Con el éxito, se volvió violento, anárquico e impredecible. Su hermana Janet, 15 años mayor que él, asegura que le confesó que había sido violado de niño por el marido de ella. Esta supuesta revelación podría, según el autor, explicar su oscura sexualidad.

En 2007, en pleno apogeo de sus carreras, dos tragedias sacudían sus vidas. Isabella Blow, la aristócrata, mecenas y editora de moda que descubrió y protegió a McQueen, se suicidaba en su casa de Londres. Y Steven Robinson, el que fuera mano derecha y eterno amigo de Galliano, se encerraba en su apartamento de París con siete gramos de cocaína hasta reventar su corazón. Dior tapó el escándalo. Quedaban pocas semanas para celebrar en Versalles el 60 º aniversario de la casa y Galliano, devastado, tenía que seguir trabajando. El funeral de Blow fue una puesta en escena orquestada desde la tumba. McQueen le cortó un mechón de pelo para hacerse un amuleto de estilo victoriano. Su afición a los espiritistas se multiplicó desde entonces. Definitivamente atrapado entre la vida y la muerte, se despeñaba mientras su talento alzaba el vuelo como nunca. Para Dana Thomas, el paisaje que quedó después de los años gloriosos de Galliano y McQueen se volvió desolador: “El consumo ha ganado la partida a la imaginación. Ya no hay sitio ni para la poesía, ni para el teatro. Ni para la angustia. Solo para el negocio”.