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sábado, 24 de agosto de 2019

#hemeroteca #lgtbifobia | “Gay panic”, la estrategia legal de EEUU que excusa el asesinato de personas LGTBIQ+

Imagen: Google Imágenes
“Gay panic”, la estrategia legal de EEUU que excusa el asesinato de personas LGTBIQ+.
42 Estados permiten usar defensas legales que afirman que la orientación sexual y/o la identidad de género de la víctima causaron las acciones.
Carolina Álvarez Albalá | El Independiente, 2019-08-24
https://www.elindependiente.com/sociedad/2019/08/24/gay-panic-estrategia-legal-eeuu-excusa-asesinato-personas-lgtbiq/

Las llamadas defensas de “gay panic” y “trans panic” son estrategias legales que, según la Asociación de Abogados de los Estados Unidos , “buscan excusar parcial o completamente crímenes como el asesinato y la violación alegando que la orientación sexual o identidad de género de la víctima es la causante de la reacción violenta del acusado “. La investigación realizada por el Instituto Williams muestra que “ningún estado reconoce las defensas de pánico gay y trans como defensas independientes bajo sus respectivos códigos penales”, pero los acusados ​​han usado defensas de pánico junto con otras estrategias de defensa para intentar reducir la gravedad de sus cargos o sentencias.

A la hora de recurrir a la defensa, el autor afirma que la orientación sexual o la identidad de género de su víctima no solo explica, sino que excusa, su pérdida de autocontrol y la violación posterior. Al absolver total o parcialmente a los autores de crímenes contra víctimas LGTBIQ+, esta defensa implica que las vidas LGTBIQ+ valen menos que otras, tal y como denuncia Movement Advancement Project.

Uno de los casos más famosos que empleó la defensa “gay panic” fue el de Matthew Shepard. En 1998, Matthew Shepard, un estudiante universitario de 21 años, fue golpeado hasta la muerte por dos hombres. Los hombres intentaron usar la defensa “gay panic” para excusar sus acciones. A pesar de la protesta pública generalizada, la defensa todavía se está utilizando a día de hoy.

A continuación, puede verse el mapa de Estados Unidos con los estados en los que no se prohíbe el uso de defensas legales que afirman que la orientación sexual y / o la identidad de género de la víctima contribuyeron a las acciones del acusado (en amarillo) y en los que sí se prohíbe el uso de defensas legales alegando que la orientación sexual y / o la identidad de género de la víctima contribuyeron a las acciones del acusado (las llamadas defensas “gay / trans panic”) (en verde).

Imagen: El Independiente / 'Gay panic' y 'Trans panic' en Estados Unidos
Tradicionalmente, la defensa del “gay panic” y “trans panic” se ha utilizado de tres maneras para mitigar un caso de asesinato a homicidio u homicidio justificado.

1. Defensa de locura o capacidad disminuida: el acusado alega que una proposición sexual de la víctima, debido a su orientación sexual o identidad de género, desencadenó una crisis nerviosa en el acusado, causando un “pánico” homosexual o transgénero. Esta defensa se basa en un término psicológico obsoleto, trastorno de “gay panic”, que fue desacreditado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría y retirado del DSM en 1973. Lamentablemente, a pesar de que el campo médico ha evolucionado con nuestra sociedad cada vez más justa, el campo legal aún tiene que ponerse al día.

2. Defensa de la provocación: La defensa de la provocación permite al acusado argumentar que la proposición de la víctima, a veces denominada “avance sexual no violento”, fue suficientemente “provocativa” para inducir al acusado a matar a la víctima. Los demandados que afirman un avance “provocativo” estigmatizan el comportamiento que, por sí solo, no es ilegal ni dañino, sino que solo se considera “provocativo” cuando proviene de un individuo LGTBIQ+.

3. Defensa de la autodefensa: los acusados ​​afirman que creían que la víctima, debido a su orientación sexual o identidad / expresión de género, estaba a punto de causarle daños corporales graves. Esta defensa es ofensiva y dañina porque argumenta que el género o la identidad sexual de una persona los convierte en una amenaza mayor para la seguridad. Además, el “panic” entre homosexuales y trans a menudo se emplea para justificar la violencia cuando el comportamiento de la víctima no cumple con el estándar de daños corporales graves, o el acusado utilizó una mayor cantidad de fuerza que la razonablemente necesaria para evitar el peligro, como usar armas El atacante estaba desarmado.

¿Por qué es un problema LGTBIQ+?
Las defensas de “panic” se utilizan únicamente para justificar crímenes violentos contra personas LGTBIQ+. Mientras que otros grupos minoritarios son, sin duda, también víctimas de crímenes de odio, hay pocos casos, si es que hay alguno, en los que un acusado afirma que la revelación de la raza, religión u otra identificación minoritaria de alguien los provocó a la violencia. Por el contrario, la defensa del “gay panic” y “trans panic” con frecuencia recurre a estigmas únicos sobre las personas LGTBIQ+, la sexualidad y el género para justificar la horrible violencia contra las personas gay y trans.

La defensa del “gay panic” y “trans panic” ha sido utilizada para absolver a docenas de asesinos de sus crímenes. De hecho, en abril de 2018 se utilizó una defensa “gay panic” para mitigar un cargo de homicidio por homicidio por negligencia criminal. Incluso en los casos en que se ordena a los jurados que no escuchen la defensa del “gay panic” y “trans panic”, el sesgo homófobo implícito de escuchar a la defensa puede influir en la decisión del jurado. Por ejemplo, en los casos en que los perpetradores no son absueltos como resultado de una defensa de “pánico” homosexual y trans, el jurado aún puede llegar a un punto muerto porque no puede sacudir la homofobia inherente de la defensa. Cuando se trata de decidir el derecho a la vida de un individuo LGBTQI+, un jurado colgado y una sentencia mitigada tienen el mismo efecto.

miércoles, 5 de junio de 2019

#hemeroteca #homofobia | El viaje al amor de la mujer que creció en una familia odiada en EE UU

Imagen: El País / Megan Phelps-Roper (d) con su madre Shirley
El viaje al amor de la mujer que creció en una familia odiada en EE UU.
Megan Phelps Roper pasó su juventud sembrando aversión junto a su clan, miembros de la Iglesia Baptista de Westboro. Hasta que un día todo cambió. Su historia está a punto de convertirse en película.
Guillermo Alonso | El País, Icon, 2019-06-05
https://elpais.com/elpais/2019/05/23/icon/1558622946_478702.html

Cuando Fred Phelps falleció en marzo de 2014 por causas naturales, el semanario Time publicó uno de los obituarios más 'punk' de su historia. “Fred Phelps, un capullo colosal, falleció el pasado jueves en Topeka, Kansas, con 84 años. [...] Por lo general un hombre tan antipático y despreciable no causaría mucho revuelo al morir. Pero Phelps iba más allá del gruñón de jardín por algo importante: tenía sed de fama y talento para conseguirla”.

¿Qué hizo Phelps para figurar en la historia como un auténtico indeseable? En 1955 fundó la Iglesia Baptista de Westboro, aunque su congregación ha sido repetidamente condenada por los baptistas. La organización, que sigue hoy en activo, tiene como principal inspiración el Levítico, uno de los libros del Antiguo Testamento. Contiene versículos como el siguiente: “Alguien que se acuesta con un hombre como si se acostara con una mujer, se condenará a muerte a los dos, y serán responsables de su propia muerte, pues cometieron un acto infame”.

Nada extraño en que un tipo nacido en la América profunda fuese un homófobo en 1955. Lo curioso es que a medida que los tiempos fueron cambiando, Phelps no lo hizo. Su idea caló profundamente en su congregación, que se fue extendiendo y acogiendo a algunos parroquianos y, sobre todo, a su propia familia: tuvo 13 hijos y 54 nietos. Aunque unos pocos no quisieran seguir su doctrina y se alejasen de él, así cualquiera llena una capilla.

En 1991, el comportamiento que Phelps, su familia y sus pocos seguidores consideraban aberrante se les plantó casi en el patio de atrás: descubrieron que un parque de Topeka se había convertido en un lugar de cruising, o sea, un sitio en el que hombres homosexuales buscan sexo de forma clandestina. Phelps acudió al Ayuntamiento a quejarse y escribió varias cartas a la prensa, sin que surtiese efecto. Así que decidió tomárselo como algo personal y comenzó a acudir todos los fines de semana con su familia al parque portando pancartas de contenido homofóbo.

La regularidad pasó de semanal a diaria y decidieron ir a más en su denuncia de la homosexualidad. Empezaron a elegir nuevos objetivos con motivos de lo más peregrino: un restaurante del pueblo porque una de sus camareras era lesbiana o una tienda de una marca sueca de aspiradoras porque poco antes, en el país escandinavo, un cura había sido condenado tras un discurso homófobo. Ganaron cierta notoriedad en el estado de Kansas al convertirse en piquetes, alborotadores y ‘bullies’ profesionales.

¿No tenían otra cosa que hacer? La respuesta larga es que eran muchos y se financiaban gracias a las ganancias de la propia familia (muchos eran abogados) y a casos que ganaban en los tribunales defendiendo su propia actividad (la primera enmienda de la constitución de EE UU permite la práctica libre de cualquier religión y ampara la libertad de expresión). La respuesta corta es: no, los Phelps no tenían nada que hacer excepto tocar las narices.

Pero si ya eran conocidos en su ciudad y en el estado de Kansas, su comportamiento de odio ganó fama (o infamia) internacional tras el asesinato de Matthew Shepard.

Matthew Shepard, estudiante abiertamente gay de 21 años, acudió el 6 de octubre de 1998 a un bar de Laramie, Wyoming, y allí conoció a dos hombres de su misma edad con los que entabló conversación y que se ofrecieron a llevarlo a casa. De camino lo golpearon de forma sádica repetidas veces y lo dejaron atado a una cerca. Tras 18 horas agonizando y expuesto al frío, fue encontrado por un ciclista y trasladado a un hospital. Sus padres tuvieron que reconocerlo por el color de sus ojos y su aparato dental, ya que su rostro estaba hinchado e irreconocible. Falleció cinco días después, sin saber que pasaría a la historia por dar nombre a una ley para la prevención de los delitos de odio. En su funeral, celebrado en plena conmoción nacional el 16 de octubre de 1998 en Casper, Wyoming, aparecieron familiares, vecinos y figuras políticas. Y también los Phelps.

“Matthew Shepard arde en el infierno”, se leía en sus pancartas. También: “Dios odia a los maricones”. También: “Ni una lágrima por un maricón”. El asesinato de Matthew Shepard, que conmocionó a Estados Unidos y lo convirtió en un símbolo de la reivindicación LGTB que ha protagonizado documentales e inspirado libros y películas, puso a la Iglesia batista de Westboro sobre el mapa.

La operación empezó a repetirse en funerales de víctimas del sida y también en los grandes funerales de Estado. La pequeña pero gritona congregación daba “gracias a Dios” por los atentados del 11 de septiembre o por los muertos de Afganistán e Iraq y aparecía en sus funerales a molestar. La familia Phelps consultaba la web del Departamento de Defensa a diario para enterarse de la muerte de soldados estadounidenses y acudir como piquetes a sus entierros. Esto último enfadó al país hasta tal punto que los Phelps se encontraron con su propia medicina: los Patriot Guard Riders (“Jinetes guardianes de la patria”) empezaron a perseguir a los Phelps por todo el país, a tapar sus pancartas con grandes banderas estadounidenses y a acelerar ruidosamente el embrague de sus motos para que no se oyesen sus cánticos.

¿Las motivaciones de los Phelps? Estados Unidos permitía la homosexualidad y por lo tanto sus ciudadanos, gobernantes y soldados se merecían todo lo malo que les ocurriese. Aparecieron en el funeral de Krystle Campbell, una de las víctimas del bombardeo de la maratón de Boston en 2013, en el funeral de Elizabeth Edwards, esposa del senador y candidato a la vicepresidencia John Edwards; y llegaron a anunciar su intención de acudir a los funerales de los niños muertos en la matanza de la escuela Sandy Hook, pero la condena unánime de la opinión pública y la actuación de Anonymous, que ‘hackeó’ su web, lo evitó.

De los 13 hijos de Phelps, nueve eran miembros activos de su congregación y participaban en sus actividades de boicot, junto a sus parejas y a sus propios hijos. O sea, tres generaciones de familia y algunos añadidos políticos perturbando funerales. Los otros cuatro hijos se fueron y cortaron el contacto. Pero ¿cómo se crea un fanático? Todos los niños que nacían en la familia Phelps eran educados desde pequeños en el odio. Era (todavía es) habitual verlos en los actos de boicot sujetando pancartas con mensajes racistas y homófobos desde niños, con carteles que a veces tenían su mismo tamaño. Era habitual que usasen palabras como “fag” (maricón) o “dyke” (bollera) si se les acercaba un reportero. "¡Nación de maricones! ¡Soldados maricones!", grita el pequeño Noah Phelps en este vídeo perteneciente a un documental de la BBC sobre la familia.

Era habitual también que en el colegio no tuviesen amigos y fuesen, a su vez, objetivo de odio por parte de otros niños. Era imposible, al final, no ver a estos pequeños a los que Fred Phelps amaba como a unas víctimas al mismo nivel que aquellos a los que Fred Phelps odiaba.

Una de estas niñas fue Megan Phelps-Roper, hija de Shirley Phelps y nieta de Fred. Durante 27 años, Megan acompañó a su familia y sujetó pancartas en actos por todo el país. La primera, con solo cinco años, no supo ni qué significaba. Se la había dado su madre y decía: "Los gais merecen la muerte". El 6 de febrero de 2013 publicó una carta en la plataforma de bitácoras Medium que cayó como una bomba sobre la Iglesia Baptista de Westboro: Megan, junto a su hermana Grace, se apartaba para siempre de ese camino.

La carta decía: “En una ciudad de un Estado de un país vive un grupo de gente que cree que son el centro del universo, que saben lo que es el bien y el mal y ellos son el bien. [...] Esa fue mi educación. Hasta hace muy poquito, esto es lo que yo viví, respiré, estudié, creí, prediqué en alto y a diario durante casi 27 años. Nunca pensé que eso cambiaría. Nunca quise que cambiase. Y un día, de repente, cambió. Y me marché”.

A continuación escribió "perdón" a todos aquellos a los que había ofendido con sus actos y dejó claro que aún amaba a su familia, pero ahora ellos las consideran unas traidoras: "Nos han apartado para siempre de sus vidas”.

Megan no era un miembro cualquiera de la familia, no era solo una nieta más de los 54 que tenía Fred Phelps. Megan fue la responsable de ayudar a la organización de —si es que esta palabra cabe aquí— ‘modernizarse’ y adaptarse a los tiempos, pero solo en el sentido tecnológico: su cuenta personal fue la que llevó su discurso de odio a las redes sociales en el año 2009. Que un miembro de aquella familia que el mundo percibía como una pandilla de tarados tuviese un perfil oficial en Twitter atrajo, como era natural, a todo tipo de curiosos y pronto sus seguidores se contaban por miles, en su mayoría más por pitorreo que por devoción. Megan escribía mensajes como el siguiente, publicado en el Día Internacional contra el Sida: “'¡Gracias a Dios por el sida! Nunca lamentarás la rebelión que lanzó Su ira sobre ti en este flagelo incurable, ¡así que espera a que vaya a más y a peor!”.

Cuando iba a la escuela, Megan comía sola, no acudía a los bailes y, por supuesto, nunca tuvo un novio en la adolescencia. Eso sí, en el enorme conjunto de casas donde vivían los diferentes miembros de la familia Phelps tenían un gran patio con un trampolín, tobogán y piscina. La vida de Megan podía ser casta y dura, pero también acomodada. En esa misma piscina, también con 13 años, su abuelo Fred la bautizó y la convirtió en miembro de la Iglesia Baptista de Westboro.

Megan llegó a acostumbrarse a que en su casa se recibiese con alegría y jolgorio cualquier tragedia, desde los atentados del 11 de septiembre a la muerte de una celebridad. Todas ellas eran señal de que Dios estaba condenando al país y a sus ídolos de barro por convertirse en las nuevas Sodoma y Gomorra. En un extenso artículo de la revista ‘New Yorker’ relata la primera vez que sus creencias y sus sentimientos cortocircuitaron: fue en 2009, cuando se murió la actriz Brittanny Murphy.

Los Phelps lo celebraron e incluso comenzaron los preparativos para ir a boicotear su funeral en Los Ángeles (finalmente no lo hicieron). Lo que sí hicieron fue pedir a Megan que publicase un mensaje en Twitter expresando alegría por su muerte. Megan no fue capaz de hacerlo: le gustaba Brittanny Murphy y adoraba su película 'Clueless' ('Fuera de onda').

A partir de ahí, Megan rebajó su agresividad en Twitter. Los mensajes de la Iglesia Baptista de Westboro empezaron a mezclarse con referencias a la cultura pop y a estar llenos de emoticonos alegres. No podía ser: ¿la misma familia que en funerales de Estado expandía odio e ignorancia se expresaba en redes con imágenes de flores y referencias a películas famosas y bebidas refrescantes? Por si esto fuera poco, durante un boicoteo contra un festival judío (los judíos eran, junto a los homosexuales, sus objetivos favoritos) Megan reconoció entre la muchedumbre a David, el editor de una célebre web de actualidad judía llamada 'Jewlicious' que solía comentar sus publicaciones en Twitter y que, aunque estaba en sus antípodas ideológicas y vitales (¡era judío!), era siempre educado en sus discusiones. Él le llevó un postre típico de Jerusalén. Ella lo recogió con una mano: en la otra llevaba un cartel que decía: "Dios odia a los judíos".

Comenzaron a charlar por conversación privada en Twitter. Él desmontaba todas las parrafadas bíblicas que Megan soltaba como una autómata para responder a cualquier cosa al explicarle, por ejemplo, que muchas tenían un significado diferente en hebreo. Pronto aquella relación que había nacido de la confrontación se convirtió para Megan en algo parecido a su primer amor, aunque para ella el amor con cualquiera que no perteneciese a la Iglesia Baptista de Westboro estaba prohibido.

Por si esto fuera poco, un cambio de poder en la congregación (por primera vez miembros que no eran de la familia Phelps empezaban a llevar las riendas y establecieron códigos de vestuario y comportamiento mucho más duros y estrictos para las mujeres) arrinconaban y anulaban a Megan. La semilla estaba plantada para que la joven empezase a cuestionar todas las ideas que aquella secta llamada los Phelps habían metido en su cabeza.

A finales de 2012 las hermanas Megan y Grace decidieron marcharse. Su familia lamentó su decisión, pero no les impidió irse. Ni siquiera su abuelo, el odiado Fred Phelps. Durante los primeros meses vivieron en hoteles, en casas de otros familiares que habían dejado también la iglesia o de una familia judía que las acogió gracias a la intervención de David. El vuelco de sus vidas había sido extraordinario: si seis meses antes soltaban odio antisemita por las redes y en funerales, ahora eran las invitadas de honor en la casa de una familia judía. Si durante toda su vida habían sujetado pancartas que decían "Dios odia a los maricones", a finales de 2012 terminaron bailando sobre el escenario de un local de travestis en Montreal.

En febrero de 2013 Megan reunió el valor para hacer pública su separación de la familia. Desde entonces da charlas motivacionales (una de la famosa plataforma TED acumula casi doce millones de visualizaciones) y ha escrito sus memorias, ‘Unfollow’, que serán publicadas en octubre y cuyos derechos han sido ya adquiridos para convertirse en película. El ácido novelista británico Nick Hornby (‘Alta fidelidad’) se encargará del guion y la actriz Reese Witherspoon será la productora. En tiempos de la ultraderecha asomando la pata, el viaje de Megan desde el odio al amor es probablemente el único libro que deberíamos leer este año.

David no fue el único con el que Megan entabló una relación de amistad por Twitter mientras aún era parte activa de la Iglesia Baptista de Westboro. También lo hizo con un hombre noruego llamado Chad Fjelland, con el que tuvo salvajes discusiones ‘online’ que terminaban en insultos. Hoy, convertido en su marido y padre de su hija, las discusiones son en cualquier caso domésticas y suaves. Porque Megan asegura que Westboro le enseñó a estar calmada ante cualquier desencuentro. Durante sus 27 años siendo parte una familia que vivía de sembrar el odio ya pronunció más palabrotas y las gritó más alto que cualquiera que viva cien.

jueves, 25 de abril de 2019

#hemeroteca #racismo #crimenesdeodio | Texas ejecuta a un supremacista blanco por el linchamiento de un negro

Imagen: El País / JohnWilliam King (c), tras ser condenado en 1999
Texas ejecuta a un supremacista blanco por el linchamiento de un negro.
John William King murió por inyección letal por asesinar a James Byrd en 1998 tras encadenarlo y arrastrarlo con una camioneta.
Yolanda Monge | El País, 2019-04-25
https://elpais.com/internacional/2019/04/24/estados_unidos/1556121589_457665.html

Ocho minutos después de las siete de la tarde hora de Texas (las dos de la mañana en la España peninsular), John William King moría por inyección letal en el penal de Huntsville. Según el funcionario de prisiones Jeremy Desel, King mantuvo los ojos cerrados y contestó con un no al alcaide cuando le preguntó si quería pronunciar unas últimas palabras antes de que una dosis letal de barbitúricos inyectados en sus venas acabara con su vida.

La ejecución de King, el hombre que orquestó uno de los crímenes raciales más brutales de los últimos tiempos, no ha logrado llevar paz a algunos miembros de la familia de James Byrd, cuya hermana declaró que no sentía ningún "alivio". Clara Byrd Taylor definió la ejecución como "un simple castigo".

La historia se remonta a hace más de 20 años. El cráneo de James Byrd estaba prácticamente intacto a pesar de que su cuerpo fue arrastrado durante casi cinco kilómetros atado con una cadena por los pies a una camioneta. Según los forenses, Byrd trató de protegerse la cabeza con las manos durante su ajusticiamiento y las pruebas forenses indicaron que forzó moverse de lado a lado mientras se golpeaba con la carretera para evitar el dolor. Las descripciones de las heridas que sufrió este hombre negro de 49 años cortan el aliento y no pertenecen a la época de la esclavitud, la segregación o los linchamientos del Ku Klux Klan.

Su sufrimiento solo paró cuando su cuerpo ya mutilado chocó contra una alcantarilla y se partió en dos. Los despojos de Byrd fueron abandonados por John William King, 23 años, Lawrence Russell Brewer, 31, y Shawn Berry, 23, a las afueras de una iglesia negra, donde fueron encontrados en la mañana del domingo, 7 de junio de 1998 cuando los feligreses se dirigían a la homilía.

James Byrd
fue masacrado en Jasper (Texas) por tres hombres blancos cuando faltaban dos años para acabar el siglo XX por el simple hecho de ser negro y su muerte (junto con la de un joven de Wyoming [Matthew Shepard] torturado y golpeado hasta la muerte por ser gay) marcó un punto de inflexión, al firmarse una ley que lleva el nombre de ambos que endureció las penas contra los crímenes de odio.

John William King, uno de los tres hombres condenado por el asesinato de Byrd en 1998, ha sido ejecutado por inyección letal. En 2011, moría a manos del Estado otro participante del crimen, Lawrence Brewer. El tercer hombre, Shawn Berry, cumple cadena perpetua, ya que según la fiscalía se sumó al linchamiento por “la mera excitación” pero no compartía las creencias supremacistas de Brewer y King.

Estableciendo que todos los asesinatos son brutales, la crueldad y la violencia del crimen de Byrd conmocionaron a Estados Unidos. Dennis Rodman, estrella de la NBA, pagó por el funeral de Byrd, que era padre de tres hijos. Se hicieron numerosos documentales, canciones e incluso un poema. Parte de la familia de Byrd ha declarado en numerosas ocasiones que preferirían que King pasara el resto de su vida en prisión a que sea ejecutado. “No se puede luchar el crimen con más crimen”, declaró su hijo Ross Byrd a la agencia Reuters la noche de 2011 en que fue ejecutado Brewer.

Cuando King fue atado a la camilla para aplicarle la inyección letal, dos de las hermanas de Byrd estaban al otro lado del cristal contemplando su agonía. Louvon Byrd Harris, una de las hermanas, declaró antes de la ejecución que por fin se haría justicia. “Le trataron como a un animal, eran una amenaza para la sociedad”, declaró esta mujer al diario The Washington Post. King será el tercer preso en Texas (y el cuarto en Estados Unidos contando con una ejecución en Alabama en febrero) ejecutado este año, según datos del Centro de Información sobre la Pena de Muerte (DPIC, siglas en inglés).

Tras conocer su sentencia en 1999, King escribió una carta a Brewer, ambos reconocidos supremacistas blancos, en la que le decía que pasara lo que pasara, ya habían “hecho historia”. “Muerte antes que deshonor”, escribió King, para continuar redactando el saludo nazi: “”Sieg Heil!”.

Según datos que proporciona la revista Newsweek en un extenso artículo sobre el linchamiento de Byrd y la ejecución prevista para este miércoles de King, las estadísticas sugieren que los crímenes contra la población afroamericana se han reducido considerablemente en las dos últimas décadas. Según datos del FBI, en 1999 hubo 3.679 negros víctimas de crímenes de odio, un 67% del total, la mayor proporción de cualquier otro subgrupo.

Los números más recientes son de 2017, y aportan 2.458 víctimas negras de crímenes de odio (un 48,5% del total). Entre 1999 y 2017, el número de personas negras que sufrieron crímenes de odio cayó un 33%. Pero a pesar de que la fotografía de los datos parecía estar mejorando, según la organización que trata estos temas, Southern Poverty Law Center (SPLC), las estadísticas parecen que empeoran desde que Donald Trump está en el poder. Durante las dos Administraciones de Barack Obama, el número de víctimas negras por violencia racial cayó cerca de un 25%. Pero en los tres años desde que Trump anunció su candidatura en 2015 y el final de su primer año en la presidencia en 2017, ese número ha vuelto a crecer.

viernes, 5 de abril de 2019

#hemeroteca #homofobia | Garrard Conley: “Sobreviví a un centro de conversión gay: esas terapias te llevan al suicidio”

Imagen: El País / Garrard Conley y Lucas Hedge
“Sobreviví a un centro de conversión gay: esas terapias te llevan al suicidio”.
Entrevista a Garrard Conley, hijo de un pastor baptista que ingresó en un centro de conversión en 2004. Su experiencia, narrada en su autobiografía 'Boy Erased' (Dos Bigotes) se estrena hoy en las salas españolas con Nicole Kidman y Russell Crowe como coprotagonistas.
Noelia Ramírez | SModa, El País, 2019-04-05
https://smoda.elpais.com/placeres/sobrevivi-a-un-centro-de-conversion-gay-esos-programas-te-llevan-al-suicidio/

“Sé gay o sé nuestro hijo”. El ultimátum vital de Garrard Conley (1985, Arkansas) llegó en 2004. Tenía 19 años, nunca le había contado a nadie que era gay y se topó frente al rechazo de su familia después de que su violador lo sacase del armario en contra de su voluntad en el primer año de carrera. Su agresor decidió que lo mejor que podía hacer para “silenciarlo” era desvelar su identidad sexual a sus padres. Conley, hijo de un pastor baptista muy querido en su comunidad y al que admiraba profundamente –se quemó el rostro al socorrer a un desconocido al que su coche le había dejado tirado en una carretera–, se ve obligado a ingresar voluntariamente en un centro de conversión gay LIA (Love in Action) en Memphis. Una entidad de carácter cristiano y contraria a toda actividad del mundo secular que hacía terapias para “curar la homosexualidad”: se prohibía vestir de colores –las chicas se tenían que depilar dos veces por semana y los hombres ir siempre pulcramente afeitados y sin patillas o camisetas interiores–, ir a centros comerciales, tener móvil en las instalaciones, leer cualquier libro no cristiano o practicar el yoga. También aprobaban (o no) los trabajos ‘externos’ de los conversos.

Bajo “las austeras paredes blancas que creaban un ambiente apropiado para una sala de espera en la que esperábamos el perdón de Dios”, Conley se encontró con hombres casados, profesores “avergonzados por rumores” en su puesto de trabajo o adolescentes como él, a los que su familia había puesto en la misma tesitura de seguir bajo su techo o renegar de sus raíces. Siguiendo la premisa de que su homosexualidad se podía curar, el adolescente siguió una terapia similar a la de Alcohólicos Anónimos (el sistema de curación se establecía en 12 pasos, el primero era “reconocer que estás equivocado”), pero decidió abandonar el programa unas semanas después con el apoyo de su madre. Escribió unas memorias narrando su experiencia (‘Boy Erased’, ‘Identidad Borrada’, recién traducida al castellano por Dos Bigotes), historia que se estrena hoy en cines españoles con Nicole Kidman y Russell Crowe como padres y Lucas Hedges adaptando su experiencia a la gran pantalla.

P. Más de 7.000 personas han sido ‘tratadas’ en terapia de conversión. ¿Por qué no deja de crecer esta cifra?

R. Creo que existen muchas, muchísimas comunidades que todavía creen que las personas LGTBQ tienen que curarse. He visitado muchos de esos sitios en mis charlas, y no ha cambiado mucho en todos estos años.

P. Saliste del armario en contra de tu voluntad, tu agresor sexual se lo contó a tus padres, ¿cómo recuerdas aquel episodio?
R. Que te saquen del armario sin que tú lo quieras es una de las peores cosas que le puede pasar a una persona. En mi caso, esa experiencia terrible estaba marcada por el factor de que quién lo hizo fue mi violador, para poder silenciarme. Rememorar aquellas vivencias en el libro fue increíblemente difícil, especialmente porque estaba lidiando con dos tipos de traumas.

P. “Sé gay o sé nuestro hijo” es un ultimátum durísimo de asumir, ¿has podido sanear tu relación con tus padres?

R. Sí, mi madre me ha pedido perdón cada día de su vida desde que me sacó de la terapia de conversión. De hecho, ella ha estado en el set de rodaje de la película muchísimas veces, y habló en persona y por email con Nicole Kidman sobre su personaje. Cuando la película se estrenó, ella fue muy aplaudida en la sala. Con mi padre, que todavía ejerce de pastor baptista en Arkansas, es más complicado. Mientras él ahora entiende que la terapia de conversión es una idea terrible, sigue sin convencerse de que la homosexualidad es algo que no se elige. Seguimos discutiendo sobre este tema un poco, pero nos queremos y hablamos por teléfono de vez en cuando.

P. ¿Qué te motivó a escribir el libro?

R. Esperé diez años antes de escribir ‘Boy Erased’. Me avergonzaba mucho de mi experiencia en terapia de conversión, me sentía estúpido por haber aceptado ir en primer lugar. Decidí escribirlo después de superar algunos de los síntomas que experimenté por la terapia de conversión gay (un profundo sentimiento de culpa, por ejemplo) y porque necesitaba dar voz a las experiencias de otros. Elegí el título porque de la forma más elemental se me pidió cambiar, o borrar, quién era como persona; pero también hay otro significado en el título, porque de muchas maneras el chico que fui durante mi tiempo en terapia de conversión ya no existe, lo borré para poder hacer espacio a la nueva identidad que hoy poseo como activista progresista y escritor.

P. En el libro describes tu admiración hacia tu padre desde que eras un niño. ¿Ha cambiado en algún sentido? ¿Cómo han evolucionado tus sentimientos hacia él?
R. Nos hemos acercado según pasaban los años. Hemos tenido contratiempos, sí, pero he empezado a verle de forma completa con todas sus complicaciones. El dirige un cocina/servicio de asistencia lejos de la iglesia para sin techo y suele asistir a gente en hospitales. Hace mucho por la comunidad, y solo estamos en desacuerdo en pocas cosas. Es muy difícil odiar a alguien así.

P. Hay una parte en el libro en la que para él resulta más difícil asumir que fueses gay que el hecho de que te hubiesen violado. R. Sí. Deberías recordar que yo crecí en la época en la que mataron a Matthew Shepard. Matthew fue golpeado hasta morir, atado a un poste (casi crucificado) y esa era la imagen que se tenía de las personas gay. Además, mis padres habían visto muchas historias negativas sobre hombres contrayendo el Sida, así que ellos creían realmente que moriría si seguía a mis sentimientos.

P. La terapia de conversión en LIA era similar a la de Alcohólicos Anónimos, con 12 pasos para ‘rehabilitarse’. Tu sexualidad se trataba como una especie de adicción. ¿Cómo se ha de frenar este tipo de centros?
R. El mensaje de que los gays se pueden curar es muy antiguo y es muy peligroso. Love in Action, donde acudí a terapia de conversión, desarrolló un modelo que trataba la ‘cura’ como un tipo de adicción que se podía superar. No importa el formato en el que venga esta supuesta cura, es increíblemente perjudicial porque está basado en afirmaciones insustanciales y falsa ciencia. Intenta borrar una parte de la identidad de una persona que no se puede borrar, y eso genera una presión increíble por convertirte en alguien falso. Las mentiras e humillación que acompañan este proceso suelen llevar al suicidio, y esto, de hecho, estas ideas han liderado muchos suicidios. Este es el motivo por el que nos llamamos ‘supervivientes’. Hemos sobrevivido a algo que claramente podría habernos matado.

P. Un año después de que abandonases LIA, la organización de Memphis y el programa al que acudiste fue cuestionado nacionalmente y un reportaje muy polémico se publicó en ‘The New York Times’. ¿Cómo te afectó ese ciclo de noticias?
R. Intenté ignorar mucho esas informaciones, para mí era increíblemente difícil ver a LIA en el debate público. Durante aquellos años todavía recibía mails de LIA diciéndome que estaba cometiendo un error con mi vida y que necesitaba volver a terapia, así que no me entusiasmaba verles en la CNN.

P. En el libro cuentas lo duro que fue crecer en un lugar donde las películas, la televisión y la cultura se cerraba a la sexualidad (“la mayoría de películas en las que aparecía un gay acababa muerto de Sida”). ¿Cómo está moldeando el cinturón bíblico a EEUU?
R. Bien, ahora la gente tiene un acceso a una mejor representación, no solo en televisión y el cine, sino gracias a la cultura de internet. Cuando era más joven, si tecleabas ‘gay’ te llevaba a muchísimos resultados, la mayoría negativos o pornográficos. No creo que ese acceso a una mejor representación determine que acabes aceptándote del todo, especialmente si estás en una comunidad en la que la fe puede dictar el sentido personal de ti mismo en mayor medida. Recuerdo pensar que cualquier representación LGTBQ era como un cuento de hadas, algo en lo que nunca podría participar.

P. Desde aquí parece que esa cultura represora que rodea al cinturón bíblico ha ganado muchísimo poder desde la llegada del presidente Trump y especialmente con Mike Pence como vicepresidente. ¿Cómo lidias con eso? R. Con el hecho de que me he convertido en un activista y de dejar claro a la gente que sepa que Mike Pence, en el pasado, dio su apoyo a las terapias de conversión gay. También intento contextualizar este nivel de discriminación junto a otros países que también luchan por la aceptación de los derechos LGTBQ. Mi marido es de Pakistán, y como sabes los derechos LGTBQ allí están totalmente bajo amenaza, así que tenemos que hacer un gran trabajo a escala global.

P. ¿Cómo reaccionaste cuando viste la película por primera vez?
R. Me emocionó mucho verme a mí retratado en otra persona. Lucas Hedges hace un trabajo increíble mostrando las ‘microemociones’ que yo sentí durante mi estancia en Love in Action. La verdad es que no pude aguantar mucho tiempo viéndola. Así que sí, no creo que la vuelva a ver pronto.

P. ¿Has recibido muchos mensajes o reacciones de gente que pasó por lo mismo que tú tras el estreno de ‘Boy Erased’?

R. Sí, he recibido cientos de mensajes. Si te soy honesto, puede ser abrumador porque algunas son historias muy similares a la mía y otras son mucho peor que lo que yo viví. Existe gente que fue a terapia de conversión durante muchos años y que todavía siguen fuertemente dañados por ella.

P. Es bastante significativo comprobar que el ‘ex gay’ líder que te ‘trató’ en el centro, John Smid, ahora reniega de LIA y se ha casado con un hombre. ¿Sigues tratando con él?
Sí, lo hice poco antes de acabar mi libro para así poder tomar perspectiva de mi experiencia en LIA. También lo entrevisté para mi podcast, ‘UnErased: la historia de la terapia de conversión en América’. Vino al estreno de la película y nos ayuda continuamente con materiales.

P. ¿Tus padres han visto la película?
R. Mi padre asegura que todavía no la ha visto, y no tengo ninguna razón para ponerlo en duda. Mi madre me acompañó al festival de Toronto, cuando se estrenó por primera vez y ella fue honrada con una ovación de 1.600 personas. Fue genial compartir ese momento con ella.

P. ¿Ves a tus padres bien retratados en la película con Nicole Kidman y Russell Crowe?
R. Sí, absolutamente, sí. Es raro. Aunque el papel de Nicole se relajó unos cuantos grados porque mi madre es Dolly Parton al máximo nivel.

P. Después de todos estos años, ¿cómo es tu relación con la fe y el cristianismo?
R. Complicada, como la mayoría de cosas. Ahora me gusta vivir en una escala de grises y no verlo todo blanco o negro. No me siento cómodo entrando a una iglesia. Una de las cosas más tristes de las terapias de conversión que están asociadas a la religión es que usan a Dios como un arma contra la gente queer, cuando de hecho no hay nada incompatible entre ser cristiano (u otra religión) y la identidad LGTBQ.

P. ¿Y con Arkansas?
R. ¡También es complicado! Me encanta volver a casa a visitar a mi comunidad, les aprecio muchísimo. Conozco a unos pocos activistas queer trabajando en Arkansas para que las cosas mejoren notablemente.

P. ¿Cómo ha transformado este episodio de tu vida en tu carrera como escritor?
R. Bien, me ha dado un tema del que hablar, estar involucrado en temas sobre religión y sexualidad. Es maravilloso para un escritor encontrar un tema que le fascine. No suscribo la idea de “lo que no te mata te hace más fuerte”, porque a veces el abuso puede matarte. Sin embargo, no creo que haya que gastar material, así que siempre es provechoso mirar hacia atrás y encontrar aquello que todavía te molesta de tu experiencia, pero será allí, seguramente, donde encuentres el material con más provecho.

sábado, 27 de octubre de 2018

#hemeroteca #homofobia | Enterrado 20 años después de su asesinato Matthew Shepard, símbolo de los derechos gais

Imagen: El País / Gene Rbinson traslada las cenizas de Matthew Shepard, seguido por sus xadres
Enterrado 20 años después de su asesinato Matthew Shepard, símbolo de los derechos gais.
Muerto en Wyoming en 1998 por una brutal paliza, fue víctima de uno de los crímenes de odio más brutales de la historia de EE UU. Sus cenizas han sido sepultadas en la catedral de Washington.
Antonia Laborde | El País, 2018-10-27
https://elpais.com/internacional/2018/10/26/actualidad/1540557484_537062.html

Hay un bulto colgado en una cerca de madera en medio de una parcela. Es una noche helada en Laramie, un pueblo de 30.000 habitantes de la conservadora Wyoming. La oscuridad desaparece pero el bulto sigue ahí. 18 horas más tarde un ciclista descubre que lo que él creía que era un espantapájaros, en realidad era un hombre. Matthew Shepard, de 21 años, 1,58 metros de altura y apenas 48 kilos agonizaba atado a valla. Una herida en el cráneo teñía sus cabellos rubios y bañaba su rostro de sangre. Dos jóvenes le habían dado una paliza con el mango de una pistola por ser homosexual. Unos días después, un 12 de octubre de 1998, Shepard murió en el hospital. A dos décadas del fallecimiento que se transformó en un símbolo de la lucha por los derechos de los gais en Estados Unidos, la familia enterró este viernes sus cenizas en la Catedral Nacional de Washington, en una ceremonia con centenares de personas.

Russell Arthur Henderson y Aaron James McKinney, ambos de 21 años, fueron los que le arrebataron la vida a Shepard. Los jóvenes se encontraron con el estudiante de primer año de ciencias políticas en un bar. Se hicieron pasar por homosexuales y lo engañaron para que se fuera con ellos hasta su camioneta. En un erial le robaron, lo golpearon y escaparon. Horas después, los homófobos se vieron envueltos en otro altercado a donde llegó la policía. Los asesinos salieron corriendo y abandonaron su coche donde estaba la pistola ensangrentada. Las pistas derivaron en un juicio donde ambos recibieron una condena de doble cadena perpetua. Si no se hubieran declarado culpables el castigo hubiese sido la pena de muerte.

En medio del caos emocional, los padres de Shepard no sabían qué hacer con los restos de su hijo. Las protestas de grupos anti-homosexuales a la salida del funeral en la Iglesia Bautista de Westboro los había traumatizado. Temían dejar el cuerpo en un sitio que podía ser profanado así que lo incineraron y conservaron las cenizas en casa. En un momento pensaron esparcirlas sobre las montañas y llanuras del pueblo, pero el hijo menor se opuso, quería tener un lugar donde visitar a su hermano.

Apenas unos meses después de la tragedia, la familia creó la fundación Matthew Shepard, dedicada a financiar programas educativos y orientar a una comunidad en línea de adolescentes que discuten temas de orientación sexual y género. Un religioso ha estado muy vinculado a la fundación: Gene Robinson, que en 2003 fue ordenado primer obispo abiertamente gay en la Iglesia Episcopal. Fue él quien habló con el decano de la Catedral Nacional de Washington para evaluar la posibilidad de que Shepard fuera enterrado ahí, junto a figuras como el expresidente Woodrow Wilson, la escritora sordociega Helen Keller y cerca de 200 personalidades más, consideradas un ejemplo para la sociedad.

Robinson presidió la ceremonia de este viernes junto a la obispo episcopal de Washington, Mariann Edgar Budde. Para los padres de Shepard tiene mucho sentido que su hijo termine el recorrido terrenal en ese templo gótico. De niño fue acólito en la iglesia episcopal local y de joven se unió a la comunidad que compartía su fe en la universidad. Los religiosos esperan que la catedral se vuelva un punto de peregrinación para la comunidad LGTB ahora que uno de sus iconos descansa ahí. Aunque las cenizas estarán guardadas en una zona privada, los administradores están pensando colocar una placa.

Shepard termina su viaje interrumpido, pero su legado trasciende. El que se considera uno de los peores crímenes de odio contra los homosexuales en Estados Unidos cambió muchas cosas, entre ellas, la ley. En 2009 el expresidente Barack Obama firmó la “Ley para la prevención de los delitos de odio Matthew Shepard y James Byrd, Jr.”, donde se amplió la normativa federal de 1969 al incluir los crímenes motivados por género, orientación sexual, identidad de género o discapacidad de las víctimas. Pero a pesar de los avances, los padres de Matthew están preocupados. En una entrevista al Washington Post la madre del joven alertó de los niveles de intolerancia que se están viendo en la era Donald Trump y lamentó que “va a tomar muchos años superar lo que ha sido destruido en los últimos dos".

martes, 18 de octubre de 2016

#hemeroteca #homofobia | “La homofobia se origina en la religión pero se disemina en los medios de comunicación”

Imagen: Factum / Dennis y Judy Shepard
“La homofobia se origina en la religión pero se disemina en los medios de comunicación”.
Élmer L. Menjívar | Factum, 2016-10-18
http://revistafactum.com/la-homofobia-se-origina-en-la-religion-pero-se-disemina-en-los-medios-de-comunicacion/

En Estados Unidos, la Ley Matthew Shepard and James Byrd, promulgada por el presidente Barack Obama en 2009, representa la lucha de los padres de una víctima del odio y la homofobia. Conversamos con ellos durante su breve visita a El Salvador: sobre su historia y la de su hijo, y también sobre las circunstancias que hacen necesaria una ley como la que ahora lleva el nombre del joven de 21 años asesinado en 1998.

Wyoming es el estado 44 de los Estados Unidos. Es también el menos poblado, apenas sobrepasa el medio millón de habitantes. Tiene una economía basada en la minería y en la agricultura. Es uno de los pocos estados con predominancia católica. Solo cuenta con ocho colegios estatales y una universidad. Es un estado árido y rocoso. Es uno de los únicos cuatro estados en que la mayoría de sus pobladores se declaran conservadores, según una encuesta electoral de la Gallup. En este estado, el 7 de octubre de 1998, cerca de la ciudad de Laramie, atado a una cerca en campo abierto fue encontrado Matt Shepard, un joven homosexual de 21 años. Shepard había sido torturado y vapuleado, y cuando lo encontraron 18 horas después del ataque había entrado en coma y nunca recobró la conciencia. Murió el 12 de octubre, cinco días después.

A Shepard lo torturaron y vapulearon dos jóvenes de su misma edad, Russell Arthur Henderson y Aaron James McKinney, que fueron capturados, enjuiciados y condenados a dos cadenas perpetuas cada uno. Henderson se declaró culpable y dio todos los detalles del crimen para evitar la pena de muerte vigente en Wyoming. McKinney no reconoció la culpabilidad pese a toda la evidencia y la fiscalía pedía para él la pena de muerte, pero una de las partes solicitó una negociación para que no recibiera la pena capital. Por la vida de uno de los asesinos de Matt Shepard intercedieron Judy Shepard y Dennis Shepard, los padres de la víctima. “No queríamos más muerte”, dice Dennis, convencido de que a su hijo también lo mató el odio, no solo Henderson y McKinney.

Los Shepard estuvieron en El Salvador la semana pasada, tuvieron como anfitriones a la Embajada de Estados Unidos, en representación de Departamento de Estado que ha llevado a los Shepard a 23 países para que cuenten la historia de su hijo y la suya, la de su lucha por conseguir la igualdad de derechos sin que importe la orientación sexual o la identidad de género. Ha sido una lucha larga y lenta que 11 años después consiguió la victoria más publicitada, la enmienda a la Ley federal contra crímenes de odio para incluir las causas de orientación sexual y raza que desde el 28 de octubre de 2009 se llama Ley Matthew Shepard and James Byrd (un afroamericano asesinado en 1998 por supremacistas blancos), y está firmada por Barack Obama, el presidente que consiguió coronar la lucha de los Shepard después de que Bill Clinton fracasara en su intento y que George W. Bush anunció que vetaría la enmienda si el senado la aprobaba.

La Fundación Matt Shepard ha sido el centro de operaciones de estos padres que decidieron no solo no olvidar, sino luchar todos los días para que esto no siguiera ocurriendo. El año del crimen de su hijo hubo otros 33 casos de asesinatos por odio en los Estados Unidos, y durante estos 18 años los crímenes de odio contra las poblaciones LGBTI han sido la más alta proporción en las estadísticas del FBI. La escena más reciente es la masacre en la discoteca Pulse, de Orlando.

En El Salvador lograron reunirse con asociaciones que defienden los derechos de las poblaciones LGBTI, dieron charlas en dos colegios y una universidad, y mostraron el documental Matt Shepard Is a Friend of Mine (2014) o en español Matt Shepard es amigo mío, que se puede ver en Netflix, y que relata la historia contada por los padres y amigos del joven que ahora nombra una ley estadounidense. También se reunieron con algunos políticos y con personal del poder judicial y de la Policía Nacional Civil. A pesar del alto perfil y lo trascendental de su labor, durante su visita solo hubo dos solicitudes de entrevistas por parte de medios de comunicación, una de El Faro Radio y esta que ahora lee en Revista Factum.

Antes del ataque y la muerte de su hijo ¿qué tanto sabían de la situación de los derechos de las comunidades LGBT?

Dennis Shepard (DS): No sabíamos nada, lo único que sabíamos era que Matt era nuestro hijo. Después de su muerte fue que empezamos a educarnos más sobre esos temas y la falta de igualdad dentro de la comunidad gay. Tuvimos mucha suerte de involucrarnos con Human Right Campaign y con otras organizaciones que habían estado en esa lucha durante muchos años. Judy fue la que se educó en esos temas mientras yo tuve que regresarme a Arabia Saudita a trabajar, eso le dio a ella las municiones para seguir con la lucha.

En el documental se ve que ustedes tomaron muy bien la noticia cuando Matt les dijo que era gay y lo apoyaron siempre, y eso no es lo que se espera de alguien que vive en una comunidad ultra conservadora y religiosa como Wyoming ¿por qué su reacción fue diferente?

Judy Shepard (JS): Tienes razón, creo que solamente nosotros éramos así. Yo fui a la universidad y tuve ahí mucho amigos gay, y tuve mis sospechas de que Matt era gay desde temprana edad, así que yo estaba preparada para esta noticia. Y no somos una familia demasiado religiosa, lo cual puede ser el motivo por el que mucha gente rechaza a sus familiares y amigos gay. Matt para nosotros fue lo más importante, simplemente, no nos importaba que dijeran otros sobre ese punto, solo nos importaba estar ahí para Matt.

¿Cuál ha sido la oposición más fuerte que han enfrentado en la lucha por la igualdad de derechos para la comunidad LGBT?

JS: Más que nada han sido los grupos religiosos, la religión, a veces no era necesariamente una iglesia como institución, sino gente que había aprendido a ser homofóbica en la iglesia, y que quizás sus padres le habían enseñado que debían ser homofóbicos como parte de su cultura. Realmente la oposición más fuerte es más que nada la religión, todas las denominaciones religiosas, no una específica, aunque hoy en día hay algunas que han hecho un esfuerzo por entender la realidad y sí reconocen la igualdad de derechos.

¿Está la religión en el origen de la oposición a la igualdad de derechos que reflejan la mayoría de los políticos, estados, medios de comunicación y otras instancias de poder?

JS: Eso diría yo, y aunque no sean miembros activos de la iglesia ahí aprendieron sus prejuicios, y un político piensa que está defendiendo a sus votantes al ir en contra de la igualdad de derechos cuando en realidad muchos de sus votantes pueden ser de la comunidad LGBTI. La homofobia se forma sobre la base de las enseñanzas religiosas.

DS: Y no solamente sobre la base de la religión, también tiene que ver bastante con los medios de comunicación porque tiene que ver con lo que la gente aprende en la televisión, en las noticias, en las películas, incluso en la escuela; es algo que se origina en la religión pero que se disemina en los medios de comunicación: ellos son los que alientan esos pensamiento y refuerzan la idea de que la homofobia es buena.

JS: La ignorancia sigue siendo nuestro peor enemigo. La gente ignorante cuando escucha todas esas mentiras y estereotipos cree que es la verdad y no investigan para nada por sí mismos de qué se trata todo eso, y dicen que no conocen gente gay, y claro que conocen gente gay, todos conocemos a alguien gay, pero no les gusta admitir que gente que quieren sea gay, les avergüenza por ignorancia.

Los medios de comunicación y algunos personajes públicos suelen asociar abuso infantil y homosexualidad como argumento contra los derechos de la comunidad LGBTI ¿creen que hay alguna relación?

DS: Los homófobos están igualando la homosexualidad con el abuso infantil, y no es así. Miren a la iglesia católica donde hay muchos ejemplos donde varios curas son heterosexuales y abusaron de jóvenes dentro de sus parroquias.

JS: El abuso infantil no tiene que ver con la sexualidad, tiene que ver con el poder y la impunidad.

Casi al cierre del documental que vimos aparece un sacerdote con un mensaje muy inusual de parte de un funcionario eclesial, y aunque recurre a la misericordia, reconoce la igualdad de derechos ¿creen ustedes que es posible establecer un diálogo racional con las iglesias?

JS: Ese sacerdote, a final de los 90, era una excepción, de hecho, la iglesia lo castigó a él por sus declaraciones y su activismo después de lo que le sucedió a Matt. Hoy en día, 18 años después, hay mucho individuos progresistas en las parroquias y tratan de abordar el tema de los gay en su iglesia, pero igual hay miembros de la iglesia que no permiten abrir el diálogo, pero siempre habrá individuos en todas las iglesias para ayudarnos en nuestra causa.

DS: Últimamente, en la iglesia católica están tratando de no excluir de manera tan tajante porque están perdiendo a la gente joven que no quiere ser parte de la iglesia católica y no regresan porque esta iglesia ha permanecido congelada en el tiempo, es muy rígida y no permite el libre pensamiento, ni permite que existen diferencias entre los jóvenes y se van a iglesias que son más acogedoras.

¿Cuál fue la estrategia que ustedes siguieron para conseguir una ley federal contra la violencia por odio teniendo en contra poderes fácticos como las iglesias y muchos políticos?

JS: Yo creo que las cosas empezaron a cambiar cuando la gente empezó a contar sus historias, de cómo es ser gay en Estados Unidos. Cuando políticos, líderes comunitarios, personas en Hollywood y de la industria musical, empresarios y otros personajes influyentes se declaran gay y contaban su historia, eso hizo que la gente viera que mucha gente nace gay y que no se escoge ser gay, uno es quien uno es, y eso no lo hace una amenaza para nadie. Mirar a todos esta gente famosa y exitosa que es gay empezó a cambiar la forma en que se ve a las personas LGBTI. Empezar a contar estas historias es una forma de cambiar a la gente, cuando se dan cuenta de que un colega al que admiran es gay dicen “ah, esto es ser gay”, y ven que no son esos estereotipos que le enseñan, ni representan el peligro que dicen, conocen a la persona real. Ese es un uno de los mensajes reales.

Ustedes consiguieron que el presidente Obama promulgara una ley contra los crímenes de odio para todo Estados Unidos 11 años después de la muerte de su hijo ¿cuáles fueron los momentos más desesperantes para ustedes en todo este tiempo?

JS: Una de las cosas es que la violencia seguía sucediendo, y aunque el país, y la gente, estaba cambiando, los políticos se rehusaban a cambiar y eso era muy frustrante porque ya no escuchaban a la gente que los había elegido. Pero también durante ese tiempo de espera la cultura popular, la literatura, la música, el cine empezaron a hablar de la comunidad gay de forma positiva. Hay una organización que monitorea los medios de comunicación y empezó a dar información a los periodistas para que escribieran de forma justa sobre esos temas y ya no hacerlo de forma estereotipada, entonces la forma en que los mensajes eran transmitidos también cambió. Muchas cosas sucedieron en todos esos años que hizo que la realidad fuera más real frente a los ojos de todos los demás.

¿Hubo algún cambio positivo en su entorno inmediato, en su ciudad, en su Estado, a partir de la lucha que iniciaron?

DS: Sí hemos visto un cambio en Wyoming, un cambio muy pequeño, porque es el estado más conservador en todos los Estados Unidos, de hecho allí hay mucha gente que quiere que nosotros nos vayamos porque los periódicos siguen hablando sobre nosotros y ya muchos están cansados de ver y escuchar lo que estamos haciendo desde hace 18 años, ya están cansados de escuchar la historia de Matt, pero actualmente ya hay eventos del orgullo gay que se publican y se discuten, hay bodas que se celebran, sí ha habido cambios. Judy cuenta que a veces en el supermercado una abuela o una mamá le decía susurrando al oído “están haciendo un buen trabajo”, pero ahora públicamente le dan un gran abrazo y le dicen “gracias por lo que están haciendo” sin preocuparse porque alguien los está viendo, y todo eso ha significado mucho para nosotros por toda la lucha que hemos hechos. Por su puesto, hay 49 estados que son mucho más acogedores.

JS: No ayuda que Wyoming sea una comunidad sumamente pequeña, solamente hay medio millón de personas en el estado, y al comparar las ciudades con las de otros estados es obvio que no tienen tanta diversidad y es difícil hablar del respeto por personas distintas en un estado donde no hay tanta diversidad, o donde no se visibiliza por lo conservadora que es la comunidad.

DS: A mí me sorprendió el hecho de que cuando Matt murió era temporada de fútbol americano, y eso es muy importante en Wyoming, y en el desfile de ese año el equipo de la Universidad llevaban pines y banner en memoria de Matt, incluso cuando salieron a jugar llevaban un sticker en sus cascos. Eso nunca hubiera pasado en los tiempos en los que yo iba a la Universidad. Eso nos complació tanto como graduados de esa universidad, lo mucho que habían abierto sus corazones y sus mentes a la comunidad gay, que yo jamás podré expresar qué tanto aprecio a los estudiantes y a la administración de la universidad para dejar que eso sucediera.

JS: Creo que todo esto sucedió porque el presidente de la universidad era un gran líder y él empezó a tratar de ayudar, porque entendía que estaba sucediendo, veía las noticias y también sabía que la nación lo estaba observando. Los deportes hoy en día también tienen en su entorno organizaciones gay que trabajan para aumentar la aceptación y detener la homofobia, principalmente el lenguaje que se les escucha a los atletas en el campo, y así están tratando de trabajar para que haya más aceptación en todos lados. Ha habido estos pequeños cambios, no sé si todo por el caso de Matt, pero nos complace mucho que se den.

Ustedes utilizaron a la prensa de todo el país para que el caso de Matt no se quedara aislado, ¿cómo consiguieron que su historia en particular captara la atención de medios mundiales como el Washington Post y televisoras importantes?

JS: Nosotros nos hemos preguntado eso varias veces. No entendemos del todo por qué tantas personas se identificaron con la historia de Matt, fue algo poco común porque el nivel de violencia fue extremo y la ubicación fue icónica. Hubo 33 crímenes por odio en ese año, sin embargo, esta es la historia que persiste y no sé decirle por qué. Quizá porque Matt era el hijo de todos, el niño de todos, el amigo de todos, el chico rubio, inteligente, hablaba cinco idiomas, era pequeño en tamaño, era inocente…

DS: Todos reconocían algo dentro de sí mismos, dentro de su familia, o en sus vecinos, podían decir “ese es Matt, me recuerda a mi hermana, a mi hermano, a mi vecino”. Aún en la escuela la gente lo acogía en vida, e hicieron lo mismo después, había algo en su personalidad que hizo que todos se sintieran terribles con su muerte.

¿Cómo evaluarían ustedes el papel de la prensa actualmente? ¿Creen que los crímenes de odio contra la comunidad LGBTI tienen la atención adecuada y un tratamiento justo?

JS: No, los medios estadounidenses se han convertido en amarillistas, no son noticias de verdad, y solamente van a contar una historia si es una historia de extrema violencia o si es una historia de celebridades, o algo que haga que la gente la consuma. En mi opinión este ciclo de 24 horas de noticias constantes en las redes sociales ha destruido el periodismo. Ahora, por ejemplo, los periódicos grandes como el Washington Post o el New York Times en este periodo de elecciones han sido bastante decepcionantes, los periodistas hoy en día ya no se toman el tiempo de hacer sus propias investigaciones, solo se dedican a publicar lo que ya leyeron en otro lado y que la gente está consumiendo masivamente aunque no sea la verdad. Ahora mismo el periodismo no se encuentra bien posicionado.

¿Cuántos países han visitado como activistas?

Este es el número 23.

¿A quiénes buscan para llevarles el mensaje?

Con la ayuda del Departamento de Estado hemos podido reunirnos con varias ONG, varias escuelas, bachilleratos, universidades, funcionarios de gobierno, y con algún presidente, miembros de congresos y asambleas. Dependemos de las embajadas, ellos organizan nuestras reuniones, porque nosotros sabemos muy poco de los países, no conocemos a las personas y la situación particular. La embajada nos ayuda a reunirnos con las personas correctas y también buscamos a personas que no están de acuerdo con nosotros, pero que ellos quieran reunirse con nosotros ya es cosa aparte. Es cierto que a veces le “predicamos al coro”, pero el coro tiene que practicar su canción también.

¿Creen que hay más apertura para promover una ley contra crímenes de odio que una ley para el matrimonio igualitario?

DS: Yo no creo que sea un tema distinto, todo tiene que ver con la igualdad de derechos para los ciudadanos de nuestros países, ya sea en Estados Unidos, en Rusia, en Jamaica o en El Salvador. Promovemos derechos iguales para todos todos, porque cómo es que yo tenga más derechos que usted aunque los dos nacimos en el mismo país, ambos pagamos impuestos, ambos aportamos nuestro trabajo, entonces, ¿por qué yo tengo privilegios que usted no tiene? Otra cosa que nosotros decimos es que no hay derechos gay, no existe tal cosa, es igualdad de derechos lo que estamos tratando de transmitir, asegurarse de que haya oportunidades iguales para todos, probabilidades iguales de tener éxito o fracasar, de tener un trabajo, de tener un puesto público, que todos tengamos las mismas oportunidades, que no sean oportunidades especiales.

Luego de haber conseguido la promulgación de la Ley contra los crímenes de odio, ¿cual es su siguiente meta?

JS: La ley contra crímenes de odio en Estados Unidos no es eficiente, ya que carece de un plan más ambicioso, hay falta de educación, falta de financiamiento para esa educación sobre la igualdad de derechos…

DS: También sucede que la gente no reporta crímenes de odio porque no confía en la policía, o no pueden declararse como homosexuales porque en 39 estados aún pueden despedir a una persona por ser gay… Ya se pueden casar, pero si usted y yo nos casamos ahora y en una horas yo voy a mi empresa a pedir que se incluya a mi esposo homosexual en mi seguro médico, ya en cuatro horas me han despedido en varios estados. Es decir, existen algunos derechos, pero aún no existe la igualdad plena de derechos en todos los estados.

JS: Es muy difícil conseguir que la igualdad de derechos se aplique en todos los estados. Pero la Ley contra crímenes de odio aún necesita que se ajuste un poco, esa es nuestra meta como fundación a largo y mediano plazo. Mientras, vamos a países a contar la historia de Matt y la nuestra como una historia de esperanza de que las cosas sí pueden cambiar, que toma mucho tiempo, pero nuestra historia ayuda al menos a no cometer errores con la gente que uno quiere.

DS: Tenemos dos metas como fundación, una meta es cerrar la fundación porque esperamos que un día ya no sea necesaria. Y número dos, es que no tengamos que seguir diciendo que es especial que una persona se declare gay, que no sea un ceremonia, que sea parte de la comunicación cotidiana.

¿Qué otra cosa le corresponde hacer al Estado, que no sean solo leyes, para garantizar la igualdad de derechos para toda la ciudadanía?

JS: Esa un pregunta muy difícil… La única forma en que se realiza un cambio social es por medio del ejemplo, entonces, si empezaran a designar personas de la comunidad gay para cargos políticos, o promover a gente gay con las capacidades adecuadas en las empresas, a empezar a ver a la comunidad gay como una parte de la comunidad como cualquiera, integrada y funcional, no como un subgrupo.

DS: Que, por ejemplo, una empresa que contrata solo a los mejores, no le importe si es gay o no, así como cada vez importa menos que sea blanco o afroamericano, hombre o mujer, cristiano o musulmán… Eso solamente pasa cuando el Estado se muestra fuerte en ese tema. Pero si un país se rehúsa a eso, entonces es un país fracasado, porque fracasan las empresas, fracasa el país que necesita el talento de todos los mejores, y hay mucho talento en la comunidad gay como en todas las demás.

jueves, 13 de octubre de 2016

#hemeroteca #homofobia | El crimen de Matt Shepard impulsó reconocer los delitos de odio en Estados Unidos

Imagen: 20 Minutos / Matt Shepard
El crimen de Matt Shepard impulsó reconocer los delitos de odio en Estados Unidos.
1 de cada 10 | 20 Minutos, 2016-10-13

http://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2016/10/13/matt-shepard/

Matthew Shepard, fue atacado cerca de Laramie (Wyoming, USA). Cuatro días después, y a consecuencia de las torturas a las que le sometieron y las lesiones craneales que estas le produjeron, falleció. Ahora hace de aquello 18 años.

El asesinato de aquel jovencísimo estudiante de 22 años tuvo un fortísimo impacto en Estados Unidos. Aquel crimen de odio por motivos de su orientación sexual (Matthew era homosexual) no estaba recogido en ninguna ley. Aún así, los autores de aquel asesinato (Russell Arthur Henderson y Aaron James McKinney) fueron declarados culpables y condenados a cadena perpetua sin posibilidad de obtener la libertad condicional.

Dos años antes de que aquella fatídica fecha, en 1996, Matt había vivido una experiencia terrible en un viaje de estudios a Marruecos donde le atacaron y violaron. Aquello le dejó profundamente marcado, deprimido y vulnerable. Precisamente, sus asesinos, a quienes conoció en un bar, se aprovecharon de esta situación, se ganaron su confianza confesando su homosexualidad. Y con este engaño fue llevado a un descampado donde le golpearon en la cabeza, le ataron, azotaron y torturaron cruelmente para terminar robándole todo y abandonarlo en la cerca donde le había atado. Fue encontrado 18 horas después por un ciclista que llegó a pensar que era un espantapájaros. Seguía vivo pero había estaba en coma. Nada se pudo hacer para salvar su vida. La cerca a la que fue atado y abandonado moribundo se convirtió en un santuario improvisado para los visitantes donde se dejaban notas, flores y otros recuerdos. Sin embargo, con el tiempo, su dueño decidió retirarla.

Al ensañamiento de los asesinos, la juventud de todos y los motivos de aquello, se sumo la controversia que se vivió por la reacción homófoba de un pastor de una Iglesia Baptista que organizó una manifestación durante el funeral del chico así como durante las sesiones del juicio a sus asesinos. Manifestaciones en las que exhibieron pancartas donde se proclamaban frases como ‘Matt Shepard se pudre en el infierno’, ‘El Sida mata a los putos’ y ‘Dios odia a los maricas’. Una de las amigas de Matthew organizó, precisamente los días del juicio, una contra-manifestación donde se produjeron altercados que acabaron en detenciones.

El impacto que tanto los hechos como las reacciones a estos provocaron impulsaron las peticiones de un cambio legal que recogiera los delitos de odio. Sin embargo, esta modificación no se logró hasta más de una década después. Cada vez que se presentaba un proyecto de ley que reconociera la orientación sexual como motivo de odio, éste se encontraba con la oposición más férrea del ala conservadora del Partido Republicano. Hasta el propio presidente George W. Bush se comprometió a frenar cualquier propuesta de estas características que llegara a sus manos. La 'Ley Matthew Shepard' fue definitivamente aprobada por el Senado por 68 votos a favor y 29 en contra, bajo el mandato de Barack Obama. Todo este tiempo, los padres de Matthew Shepard, Judy y Dennis, han luchado incansablemente por el reconocimiento legal de la orientación sexual como motivo de odio.

Aún a fecha de hoy hay quienes ponen todo su empeño en desmitificar la historia de Matthew Shepard cuestionando el motivo de aquel crimen. El odio de algunos parece que no tiene fondo ni corazón. Qué útil sería esa cantidad de energía para arrimar el hombro en la defensa de todas las vidas humanas independientemente de si son homosexuales, bisexuales o trans.

En este tiempo, la historia de Matthew Shepard ha dado lugar a varias películas y documentales ('The Laramie Project', 'The Matthew Shepard Story', 'Anatomy of a Hate Crime' y 'Laramie Inside Out'. Todos muy recomendables pero quizá es el último, de hace dos años, el más especial. ‘Matt Shepard is a Friend of Mine’ está dirigido por una amiga del Matthew Shepard (Michelle Josue) y ha sido posible gracias a la recogida de fondos de amigos, familia y simpatizantes de esta causa. Con este documental tratan de seguir sensibilizando sobre una realidad injusta que sigue dándose en todos los lugares del mundo.

Sin duda, hoy era un buen día para recordar la historia de Matt Shepard, para honrar a sus padres que tanto han luchado por su memoria y un cambio legal que nos beneficia a todos. A pesar de quienes se opusieron y oponen, aquel horrible crimen sirvió para cambiar la historia. Gracias.