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domingo, 1 de diciembre de 2019

#hemeroteca #persecucionespoliticas #lgtbifobia | Rusos de Putin : postales de una era de orgullo nacional y poder implacable

Rusos de Putin : postales de una era de orgullo nacional y poder implacable / Hinde Pomeraniec.
Buenos Aires : Ariel, 2019 [12-01].
288 p.
ISBN 9789878318066

/ ES / ENS
/ Crónicas / LGTBIfobia / Persecuciones políticas / Poscomunismo / Represión / Rusia / Vladimir Putin

Después de la caída de la Unión Soviética y la debacle económica con Boris Yeltsin, Vladimir Putin se afianzó como un actor político imprescindible en el panorama ruso, dispuesto a continuar la apertura económica y permitir el enriquecimiento de una corrupta élite empresaria, a condición de que no se interpusiera en su fulgurante ascenso político. También dio rienda suelta al expansionismo, origen de dos de las guerras más sangrientas (y menos conocidas) del último tiempo: Chechenia y el Donbass.

El mundo fue testigo del nacimiento de un nuevo tipo de líder. Antes que Donald Trump, antes que Jair Bolsonaro, Putin inauguró una manera irreverente, soez, casi impropia de manejarse ante la prensa (y el mundo). Desde que Putin ascendió a lo más alto del poder de su país, tuvieron lugar tragedias que pusieron a Rusia en el centro de las noticias de política internacional: el hundimiento del submarino Kursk, las masacres del teatro de Moscú y la escuela de Beslán, los asesinatos de la periodista Anna Politkovskaya y el exespía Aleksandr Litvinenko. Fueron también los años de la disolución del modo de vida comunista y el impactante surgimiento de un puñado de oligarcas rusos, figuras intermedias entre el Estado y las mafias; de la multiplicación de crímenes contra todo aquel dispuesto a expresar su disenso. También, de la criminalización de la diversidad sexual.

‘Rusos de Putin’ es un viaje a las profundidades de un país vasto y complejo, que de la mano de este político carismático recuperó su orgullo nacional. Con el aguzado mirar de una investigadora privada, Hinde Pomeraniec visitó Moscú, San Petersburgo, Londres, buscando las razones detrás del ascenso rutilante de un ignoto espía que se convirtió en el líder que Occidente impugna. Gracias a los oficios de intérpretes, habló con testigos directos, recorrió los lugares y observó cada detalle de la nueva Rusia. El resultado es esta crónica apasionante y desprejuiciada, donde conviven la compasión y el temor, el drama y la farsa en una prosa personalísima. Un libro para entender la convulsionada historia y actualidad de un país del tamaño de un continente.

sábado, 30 de noviembre de 2019

#hemeroteca #homofobia #testimonios | Una ley feroz, represión y prejuicios históricos: cómo es ser gay en la Rusia de Putin

Imagen: Infobae / Activismo LGTBI en San Petersburgo, Rusia
Una ley feroz, represión y prejuicios históricos: cómo es ser gay en la Rusia de Putin.
Adelanto de “Rusos de Putin” (Ariel), un libro de crónicas que busca entender la trama detrás del líder que ejerce hace veinte años un poder implacable. Lo que sigue es un fragmento dedicado a uno de los temas más sensibles: las prohibiciones que afectan las actividades y la vida privada de la comunidad LGTB+.
Hinde Pomeraniec | Infobae, 2019-11-30
https://www.infobae.com/america/cultura-america/2019/11/30/orgullo-y-prejuicio-una-ley-feroz-y-la-amenaza-pederasta-una-mirada-a-la-vida-gay-en-rusia/

Moscú, junio de 2019

“¿Orgullo? Pero ¿orgullo de qué?”

Galina se enfurece y agita las manos en un gesto hacia el cielo mientras me responde. Aunque habla castellano muy bien, se pone nerviosa y es como si le faltaran las palabras. Acabo de preguntarle qué piensa de que el alcalde de Moscú le niegue cada año a la comunidad LGBT+ el permiso para celebrar en la ciudad la Marcha del Orgullo Gay que se festeja en otras ciudades del mundo y rara, como encendida, me contesta otra cosa. Me explica que los rusos no tienen ningún problema con los homosexuales y que en su país cada uno puede hacer en su casa y en su habitación lo que quiera. Que lo único que buscan evitar es que los chicos sean abusados por pedófilos. Me pregunta si para mí es natural que los homosexuales sientan orgullo de serlo. Y si no tengo miedo de que un maestro pervierta a mi hijo. Por último, dice que no entiende por qué se genera tanto escándalo en el mundo alrededor de este tema, cuando en Rusia la homosexualidad no está prohibida y cada uno puede tener la vida privada que quiera. Pero hacer una marcha por este tema y mostrarse orgulloso, ¡por favor!

Me asombra su reacción –Galina es una persona de pensamiento amplio y sofisticado en muchos sentidos– pero lo que más me sorprende es que es la misma respuesta que recibí de un amigo ruso diplomático cuando lo visité en su oficina del Ministerio de Exteriores. Él también, después de mostrarse por única vez perturbado durante nuestra charla, dijo, al borde de la indignación: “¿Qué orgullo? ¿Ahora resulta que es un orgullo ser gay?”.

El diplomático se calmó enseguida y forzó una sonrisa. Buscaba explicarme algo que seguramente yo no “entendía”: la asociación entre homosexualidad y pedofilia. Y, si yo no la entendía, insistió, era porque en Occidente perdimos toda conciencia de los peligros de eso que llamamos “libertad sexual”. “Las mujeres de nuestros diplomáticos en los países nórdicos se vuelven a Rusia con los chicos. No quieren que ellos crezcan ahí ni que vayan allá a la escuela. Es mucha confusión para los niños lo que les explican ya desde el jardín de infantes sobre los géneros. ¡Los géneros! ¡Como si hubiera más de dos! Para nosotros, los rusos, la familia es muy importante. Muy. Pero así como nosotros respetamos lo que piensan los demás, de ninguna manera podemos permitir que otros destruyan lo que pensamos nosotros.”

(...)

Galina y el diplomático son personas de entre 55 y 60 años, restos del estructurado “Homo sovieticus” que sigue sin extinguirse pero que va a hacerlo en cuanto la memoria de lo que fue la URSS desaparezca de las experiencias personales. No es casual que los temas de género y de represión de la homosexualidad sean unas de las grandes preocupaciones de los más jóvenes. Para ellos, que a través de Internet se conectan con pares de todo el mundo y que, además, se comunican con los turistas mucho más que sus padres, y consiguen así tener relatos de primera mano de cómo se vive fuera de Rusia, la Unión Soviética queda casi tan lejos en la memoria como la Segunda Guerra Mundial.

“Le recuerdo que en Rusia ser gay no es un crimen, algo que todavía ocurre en un tercio del mundo”, le respondió Putin a una periodista tiempo atrás cuando lo consultó por estos temas. En efecto, la homosexualidad dejó de estar penada por ley en Rusia en 1993, aunque hasta 1999 fue considerada un “trastorno mental”. Pese a las respuestas que Putin le da a la prensa extranjera cada vez que lo consulta (“En Rusia tratamos a los miembros de la comunidad LGBT+ de forma ecuánime, de modo imparcial”), desde 2013 existe una legislación, conocida como la Ley de Propaganda Homosexual, que con el supuesto propósito de preservar a los niños, limita toda expresión de diversidad sexual en público.

La fuerza que tomó la Iglesia ortodoxa a partir de la llegada de Putin al poder se evidencia también en este tipo de manifestaciones. De hecho, fue también en 2013, es decir, al comienzo del regreso de Putin como presidente, cuando se endurecieron las penas “contra quienes ofendan los sentimientos religiosos”, en lo que fue una clara reacción legislativa a la actuación de las Pussy Riot en la Catedral del Salvador, cuando se presentaron por sorpresa dos semanas antes de las elecciones presidenciales de 2012 y cantaron “Punk Prayer”, una canción en la que suplicaban a la virgen que “expulsase a Putin”. Las activistas feministas habían decidido confrontar al mismo tiempo con la Iglesia y con Putin; hasta que se decidió a indultarlas, intimidaba provocativamente a los periodistas cuando les exigía que, al formular sus preguntas, dijeran el nombre del grupo en ruso. La respuesta era siempre el silencio incómodo: nadie se animaba a decir “vagina”.

“Dejemos que una persona crezca y madure y que después decida quién es. Dejen a los niños en paz.” El presidente Putin insiste en la defensa de la infancia de un supuesto peligro y no pierde la oportunidad de cuestionar a los países occidentales que “han inventado cinco o seis géneros”. La asociación entre pedofilia y homosexualidad no es nueva entre los rusos. La idea prejuiciosa del “contagio” de la homosexualidad es un clásico y la acusación de “pederasta” era una de las más potentes entre las utilizadas para desactivar a disidentes en tiempos soviéticos. Aunque todo el mundo en Rusia sabe que hay actores, políticos y figuras públicas homosexuales, los chistes de mal gusto y estereotipados que hace años ya no se ven ni se escuchan en gran parte del mundo siguen siendo celebrados. El propio Putin llegó a decir durante una entrevista que no iría a una ducha colectiva con un homosexual “para no provocarlo”. Y terminó su “broma” diciendo: “No se olvide de que soy maestro de yudo”.

La polémica Ley de Propaganda prohíbe lo que llama la “promoción de relaciones no tradicionales”, por lo que se levanta una suerte de trama de ficción ante los más pequeños, la de que viven en una sociedad y una cultura enteramente heterosexual. La legislación permite sancionar a quienes difundan información “que pueda herir física o psicológicamente a un menor” a través de la formación de “orientaciones sexuales no tradicionales”, o a quienes presenten como “atractivas las relaciones sexuales no tradicionales”, así como a aquellos que se dediquen a difundir “la idea tergiversada de que las orientaciones sexuales tradicionales y no tradicionales tienen igual valor social” y a quienes “impongan información sobre las relaciones sexuales no tradicionales que provoque el interés por esas relaciones”. Los castigos por transgredir la ley incluyen multas, suspensiones y prisión.

La polémica ley se aprobó en junio de 2013 con cuatrocientos treinta y seis votos de los cuatrocientos cincuenta totales y fue producto de un elaborado trabajo de lobby parlamentario por parte de sectores reaccionarios e influyentes que sembraron el terror asociando la homosexualidad con los cultos satánicos y abonaron toda clase de prejuicios. En los años previos se había ido generando una tormenta perfecta con el tema y muchos medios de prensa populares contribuyeron a la demonización de la diversidad sexual y a la psicosis que ya tenía un nombre: la “amenaza pederasta”. Cuando se promulgó la ley, una encuesta del Centro Levada dio un resultado catastrófico para las libertades individuales. Un 73% de los consultados se manifestó “absolutamente de acuerdo” con la medida.

A partir de esta ley, no sólo se prohibió la adopción por parte de personas del mismo sexo sino también la adopción por parte de personas solteras que provengan de países en los cuales el matrimonio homosexual es legal. Bajo el paraguas de esta ley también se habilitó la posibilidad de quitarles los hijos biológicos a parejas del mismo sexo, incluso a aquellas que hasta el momento de la promulgación de la ley llevaran adelante un modelo de familia sin problemas. La comunidad LGBT+ lo señaló desde un comienzo: se trata de una legislación profundamente represiva que reduce a los homosexuales a ciudadanos de segunda, que atenta contra toda libre expresión del arte y de la cultura, y que, aunque lo niegue, también se inmiscuye en la vida privada de las personas.

A partir de la promulgación de la nueva ley, todo libro que pueda contener algo que vaya contra la norma debe ir enfundado en una bolsa de plástico que impida leer su contenido. Todos los programas de televisión, publicidades, películas, obras de teatro y producciones artísticas deben adecuarse a la ley para no ser sancionados. Las editoriales y los productores se autocensuran: nadie quiere quedar expuesto ni puede darse el lujo de pagar cifras demenciales por transgredir la legislación. Lo más complejo es que en realidad nadie sabe qué puede ser tomado como promoción de la homosexualidad, por lo que la paranoia invade la industria cultural, la comunidad educativa y los vínculos entre los grandes y los chicos, más allá de si existe algún grado de parentesco.

(...)

Tanto la comunidad LGBT+ como los expertos aseguran que la ley legalizó la estigmatización y la homofobia. En los hechos, si ya para el momento de la promulgación de la norma había pequeños grupos ultraviolentos racistas y homófobos que atacaban en las sombras, la ley les dio amparo para que episodios de esta naturaleza proliferaran tanto en las redes sociales, con escraches virtuales, como en la vida real, con agrupaciones que salieron “a la caza” de homosexuales para someterlos a toda clase de violencias, torturas y degradaciones, que además son filmadas y difundidas. Algunos de estos episodios terminaron en muertes. En agosto de 2019, una militante lesbiana fue asesinada en San Petersburgo luego de recibir durante varias semanas amenazas por parte de Pila, uno de estos grupos. En 2017 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos resolvió que la ley viola los derechos de libertad de expresión y no discriminación garantizados en el Convenio Europeo de Derechos Humanos, y que la norma es perjudicial para niños y niñas.

Según Igor Kotchetkov, de la ONG Red LGBT+ Rusa, cerca del 15% de las personas LGBT+ (alrededor de una de cada seis) son atacadas físicamente cada año debido a su orientación sexual o identidad de género porque se los considera una “amenaza a los valores rusos”. En una entrevista con The Guardian, Kotchetkov señaló además que la gran mayoría de los ataques no son denunciados porque las víctimas no creen que la policía vaya a proteger sus derechos y que, por el contrario, suelen calificar esos ataques como un delito menor.

En el último tiempo, sin embargo, algo podría estar cambiando, al menos en la percepción de las nuevas generaciones. Cuando la ley se promulgó, un sondeo del Centro Levada concluyó que para un 37% de los rusos la homosexualidad era “una enfermedad a tratar” y otro 18% consideraba que debía ser perseguida. Para el 15% de los rusos, ser gay o lesbiana era “resultado de la seducción dentro de la familia, en la calle o en una institución”, mientras que para el 26% era “resultado de una mala crianza o un mal hábito”. En julio de 2019, la misma encuestadora halló en una consulta de la que participaron mil seiscientas veinticinco personas de todo el país que, para el 47% de los rusos, los miembros de la comunidad LGBT+ deben tener los mismos derechos que el resto de las personas. Entre los más jóvenes, la cifra subía de manera considerable.

***

“Afortunadamente hace tiempo que no pasa nada de eso”, dice Nikita, un joven periodista homosexual que conoce la vida de la comunidad LGBT+ en Moscú. “Eso” es la violencia de los grupos homofóbicos. Nikita me cuenta que hasta hace unos años ir a tomar unos tragos a alguno de los clubes gay de la ciudad era una actividad de alto riesgo y no porque la policía pudiera detenerlos sino por los grupos que se dedicaban a atacar con violencia extrema a gais y lesbianas, pero que ahora, al menos en Moscú, parecen están más tranquilos. No puedo evitar pensar en cómo el mal puede relativizarse siempre: si antes los molían a golpes, que ahora algunos los miren mal en la calle o que los agredan de palabra cuando descubren su condición puede incluso ser considerado un progreso.

Ya había tenido la misma sensación un par de noches atrás, cuando Nikita y María, que trabajan para un diario español, me invitaron a ir con ellos al restaurante kosher Jerusalem, ubicado en el quinto piso de la sinagoga de la calle Bolshaya Bronnaya. Los había invitado Oleg, un médico judío de más de 80 años que sobrevivió de niño a una masacre nazi en un pueblo de Ucrania en la que mataron a toda su familia. El lugar tiene una vista única hacia las terrazas y los techos de una zona antigua y hermosa de la ciudad. Haciendo las veces de anfitrión, Oleg pidió sopa de calabaza y dorado a la parrilla con verduras para todos. Cuando, después de brindar, le pregunté si actualmente hay antisemitismo en Rusia, me dijo sin dudarlo que no. Lo hizo a través de un clásico gesto de desdén con la mano y de un argumento, en cierto sentido convincente, que Nikita tradujo para mí: “En 1937 ejecutaron al rabino de este templo aquí mismo. Eso era antisemitismo. Durante el comunismo, aunque yo cumplía todos los requisitos para ser director del hospital en el que trabajaba, no podía acceder al cargo porque era judío. Eso era antisemitismo”.

Carmen es española, vive en Moscú desde hace más de veinticinco años y trabaja como intérprete y traductora. Un gran amigo argentino en común que vivió aquí nos puso en contacto. Luego de varios mensajes por Facebook acordamos vernos y ella propuso pasarme a buscar por la puerta de mi hotel. Apenas asomo la nariz a la calle veo que llueve bastante y, aunque tuve la prudencia de agarrar un paraguas, mi vestuario no es el adecuado para este clima. A Carmen, en cambio se la ve radiante y protegida por sus botas. “Me dijo Ricardo que querías conocer algo de la vida nocturna gay en la ciudad. Si quieres, vamos. A mí también me da curiosidad.”

(...)

Salimos del Kvartira 44 y cruzamos en diagonal al Mayak, uno de los lugares favoritos de la intelligentsia soviética, según me cuenta Carmen, un sitio informal históricamente frecuentado por periodistas, escritores y artistas, y en donde la bebida circula con intensidad como los rumores y la información reservada. Cuando aún estamos ahí sentadas terminando una copa, Carmen toma su celular y pide un taxi –en Moscú, las aplicaciones resuelven absolutamente todo– porque ya es hora de ir a Monoclub, un boliche gay del que escuché hablar por primera vez en mi charla con Nikita.

El viaje dura poco, son apenas unas cuadras hasta llegar a la puerta del local ubicado en el bulevar Pokrovsky, en una zona bastante céntrica. Al igual que en los otros lugares a los que fuimos, se accede por una escalera. Mientras vamos subiendo, nos cruzamos tres veces con chicos jóvenes y amables que nos advierten: “Chicas, saben que están por entrar a un club gay, ¿verdad?”.

La música suena a un volumen lo suficiente alto como para tener que alzar la voz y acercarme a Carmen en una intimidad necesaria si pretendemos conversar y, sobre todo, entender qué está diciendo el otro. El espacio es amplio y moderno, todo parece estar a la vista, incluso la zona de los toilets.

La barra está en el medio; hay cola para pedir los tragos. La gente circula y mira, circula y mira. Hay un clima de excitación alegre; un poco más allá, advierto que hay otro espacio, también grande, en donde se ve mucha gente bailando y escuchando música en vivo. Una drag queen viene desde el salón de baile a la barra. Si la alegría parece estar de este lado, donde se producen a cada rato encuentros entre grandes abrazos y gestos amorosos, ahí donde se baila parece estar la euforia.

Carmen y yo nos ubicamos en una mesa para cuatro al lado de enormes ventanales. Aún no habíamos decidido si seguiríamos con el pinot grigio o si cambiaríamos de bebida cuando aparecieron Andrei y Andrei.

“¿Les molesta si nos sentamos con ustedes?” Quien pregunta es Andrei grande, que nos escuchó hablar en español y nos habla en inglés. Sonríe mucho, parece disfrutar la situación. Andrei chico parece más joven, es más bajo, rubio y claramente más tímido. Andrei grande tiene el cabello oscuro y los pómulos muy marcados. Sus ojos son claros y se le hacen arruguitas cuando sonríe; es muy inquieto. Se sienta por un momento pero se levanta enseguida y vuelve con whisky con Coca-Cola para los cuatro.

Andrei chico parece algo incómodo, pero el grande está entusiasmado y habla por los dos. Ambos nacieron en Jakasia, una de las veintiún repúblicas de la Federación Rusa, en el corazón de la estepa siberiana, nos cuenta. (Cuando más tarde consulte Internet, sabré que Jakasia es uno de los lugares favoritos de Putin para ir de pesca.)

Andrei grande habla mucho; Andrei chico se limita a asentir, a reír chiquito y a comentar cada tanto algo en ruso, algo que por supuesto no consigo entender y que Carmen me traduce. El más grande está viviendo en Moscú hace unos meses, el más pequeño vino de visita por el fin de semana y están contentos de volver a verse, dice el mayor, mientras busca un beso en la boca de su amigo. Hace años que él salió del clóset ante su familia, aunque debió esperar a que murieran sus padres para hablar; no se animó a hacerlo antes. En la familia de Andrei chico, en cambio, aún no saben que es homosexual y, por el modo de vida del lugar en el que vive y por el tipo de sociedad que lo rodea, no parece estar cerca el momento del sinceramiento. Eso lo entristece.

Los chicos siguen acercando tragos un rato más y nos invitan a seguir la charla al aire libre. Ahí nomás, a unos metros de donde estamos, una puerta conduce a una terraza angosta que pega una vuelta y asoma a un pulmón de manzana. Para salir nos exigen dejar los vasos de vidrio y tomar otros de plástico blanco que están sobre un gran estante apoyado contra la pared. Todo está pensado para evitar escándalos y accidentes. Una vez afuera, aunque hay poca luz alcanzo a ver que hay algunas chicas; parecen amigas de los chicos gais y, al menos por su ropa y por el modo en que se comportan entre ellas, no parecen lesbianas.

Esta mañana, durante la caminata subterránea en la combinación del metro vi a una pareja de jóvenes lesbianas. Altas y robustas, vestidas con pantalones y camisas sueltas, el cabello muy corto, cortísimo. Me provocó sorpresa; fue inesperado verlas de la mano. Me dio mucha pena pensar que eran valientes por eso, por animarse a un gesto de cariño que en gran parte del mundo pasa desapercibido pero que en Rusia puede ser tomado como una provocación.

A los dos Andrei les despierta curiosidad saber qué hacemos Carmen y yo ahí, y nos lo preguntan una y otra vez. Hay mesas y sillas en la terraza pasillo. Estamos sentados los cuatro y comenzamos a mostrarnos fotos de nuestras redes sociales, carta de presentación del presente. Andrei grande toma mi celular, se busca en Instagram y, sin decirme nada, nos pone en contacto y me devuelve el teléfono con una sonrisa. Los dos Andrei y Carmen fuman. Por primera vez en muchos años no me molesto con el humo ni con el olor a tabaco. Es raro lo que me pasa porque, en general, desde que dejé el cigarrillo me resulta perturbador estar con gente que fuma. Por un lado, me molesta; por otro, a veces sueño que fumo, que doy una calada honda y contengo el aire para después dejar salir el humo. Me doy cuenta de que es el movimiento de las manos lo que más extraño, esa coreografía sensual de la adicción. Es mi mano derecha sosteniendo el pucho y la izquierda apurando el fuego. Tres de mis dedos hurgando en el paquete para sacar el próximo pucho; el ida y vuelta de la mano a la boca hasta la presión final sobre el cenicero. Y es también la conversación íntima; el pucho encendido con la brasa de otro pucho, las horas estudiando de noche o en charlas con mis amigas, las risas atoradas por la tos del tabaco o las lágrimas humedeciendo el papel del cigarrillo…

Cuando le preguntamos a qué se dedica, Andrei grande bromea con su ocupación. Dice que es arquitecto, luego dice que es decorador, más tarde que trabaja en una fábrica de cohetes y que no puede contarnos mucho: secretos de Estado. Lo dice mientras ríe y le brillan los ojos muy celestes. Su dicción ya no es la misma que hasta hace un rato y me cuesta entender su inglés. Andrei chico es empleado administrativo en una mina de carbón o de diamantes, no logro entender más, no recuerdo más; seguimos tomando whisky con Coca-Cola y, no sé si porque Carmen y yo somos las diferentes en este lugar de “diferentes”, se nos acercan muchos chicos jóvenes todo el tiempo. Todos terminan hablando con mi nueva amiga: ellos de pie, ella en su silla, como una especie de gurú maternal.

En un aparte, Carmen me cuenta que uno de los chicos, que salió de un orfanato hace muy poco, acaba de contarle una historia digna de Dickens: que le dijo que a los 18 años ya nadie se hace cargo de los huérfanos, que los mandan a la calle con lo puesto y ya. Otro le muestra una foto de su nueva conquista: en la imagen se ve a un chico afroestadounidense con una sonrisa preciosa. El que le muestra la foto le cuenta que su madre acaba de morir y que, aunque él tiene un buen sueldo, está preocupado porque tiene que pagar grandes deudas que dejó ella. Esta noche me persigue la literatura rusa y no puedo evitar pensar en las deudas de mi propia madre, las que pagué siempre y las que seguí pagando aún varios meses después de su muerte.

Hay una especie de alegría emocionada en todos esos chicos que hablan y hablan. Hay felicidad y excitación en los Andrei que se toman las manos y se acarician en público, aunque ese “en público” sea uno de los pocos espacios de la ciudad en donde les está permitido hacerlo sin riesgos. Hay algo de la transgresión que me inquieta y me seduce a la vez: me emociona la libertad atrevida de todos ellos burlando por unas horas lo prohibido.

Le pido a Carmen que me convide un cigarrillo: vuelvo a fumar en Moscú después de veinte años de haber dejado de hacerlo.

jueves, 14 de noviembre de 2019

#hemeroteca #iglesia #ideologiadeodio | ¿Por qué la Iglesia polaca ignora ostensiblemente al Papa Francisco?

Imagen: El País
¿Por qué la Iglesia polaca ignora ostensiblemente al Papa Francisco?
Durante el comunismo, la Iglesia polaca apoyaba a quienes luchaban por la libertad. En la Polonia de hoy, apoya indiscriminadamente la deriva autoritaria del Gobierno.
Bartosz T. Wieliński | El País, 2019-11-14
https://elpais.com/elpais/2019/11/13/opinion/1573664325_805517.html

"El peligro viene de Occidente", afirmó recientemente el arzobispo de Cracovia Marek Jędraszewski, un jerarca ultraconservador que apoya abiertamente a Ley y Justicia (PiS en sus siglas polacas), el partido nacional-conservador que gobierna Polonia desde otoño de 2015. Por su parte, el Occidente contra el que alertaba era la Unión Europea, la cual sufre el cáncer de la corrupción moral según el clero polaco. A raíz de las marchas del orgullo LGBT que recorren Berlín o Londres, la legalización del matrimonio homosexual más la libertad para adoptar niños, la inclusión de los estudios de género en las universidades, la fecundación in vitro... buena parte de la alta jerarquía de la Iglesia polaca considera que Occidente le ha dado la espalda a Dios y se encamina hacia su destrucción. En consecuencia, la Iglesia polaca estaría haciendo todo lo posible para no consentir que esta "enfermedad" se propague en Polonia.

Sí, garantizar el derecho a la diversidad sexual se considera una enfermedad en Polonia. El arzobispo Jędraszewski habló incluso de la "plaga del arcoíris", a la que comparó con el bolchevismo. En Occidente, un obispo que se atreviera a hacer una declaración tan humillante con el prójimo perdería toda autoridad moral para desempeñar su función. No así en Polonia, donde el poder nacional conservador se solidariza con él.

La Iglesia polaca prácticamente no se pronunció cuando, durante la crisis migratoria de 2015, el PiS instigó a la población contra los refugiados sirios. De hecho, su líder Jarosław Kaczyński recurrió a la retórica nazi cuando afirmó que los refugiados solo podían traer "parásitos y gérmenes" a Polonia, negándose a aceptar a ningún sirio.

La Iglesia guardó silencio cuando el PiS destruyó los medios de comunicación públicos y la independencia del poder judicial, pero es que tampoco reaccionaba mientras los políticos de este partido sembraban constantemente el odio. El hecho de que esta campaña acarreara consecuencias trágicas —tras varios meses de acoso a cargo de los medios afines al poder, fue asesinado el alcalde de Gdańsk, Paweł Adamowicz— tampoco hizo mella a los clérigos... Quizás fuese porque el PiS agradeció este respaldo destinando millones de eslotis a la Iglesia. Cuando toda una serie de escándalos pedófilos sacudieron a la Iglesia polaca, las autoridades se ocuparon de impedir que se depurasen responsabilidades. A diferencia de lo acaecido en Irlanda, no se designó ninguna comisión independiente, sino que la investigación a los sacerdotes que habían abusado de menores ha sido silenciada.

Este año, tanto el partido en el poder como la Iglesia instigan al unísono contra los homosexuales. Sostienen que así defienden a los niños y a las familias polacas de la degeneración moral. En la campaña previa a las elecciones parlamentarias del pasado mes de octubre, la Iglesia se convirtió en la plataforma de una propaganda electoral del PiS más o menos explícita. En concreto, Kaczyński afirmó que “fuera de la Iglesia solo cabe el nihilismo”.

Durante el período comunista, la Iglesia polaca protegía a los disidentes que luchaban por la libertad, movilizaba a las personas y les insuflaba esperanzas. Sin su apoyo, sin la autoridad del Papa polaco Juan Pablo II, no se habría podido derribar el Telón de Acero en Europa.

Y sin embargo, la Iglesia actualmente camina de la mano con aquellos que quieren limitar las libertades por las que luchamos en 1989, para instaurar un régimen neoliberal, pero autoritario. En ese sentido, nuestra Iglesia empieza a asemejarse a la ortodoxa rusa, que apoya fervorosamente el poder, alertando a sus fieles de la supuesta corrupción que entraña Occidente.

Bartosz T. Wieliński es director adjunto del diario ‘Gazeta Wyborcza’.

viernes, 12 de julio de 2019

#hemeroteca #sexismo | Portugal acaba con la discriminación en el divorcio entre mujeres y hombres

Imagen. El País / Lisboa
Portugal acaba con la discriminación en el divorcio entre mujeres y hombres.
Desde 1966, las portuguesas tenían que esperar 300 días para volver a casarse y ellos solo, 180.
Javier Martín del Barrio | El País, 2019-07-12
https://elpais.com/sociedad/2019/07/12/actualidad/1562944412_806176.html

Si nada lo impide, el Parlamento portugués aprobara en su última sesión de la legislatura el fin de la discriminación de género para poder volver a casarse.

Desde 1966 el Código Civil hacía una distinción para que el hombre y la mujer que habían disuelto su matrimonio pudieran volver a casarse. El hombre tenía que esperar 180 días y la mujer, 300. La diferencia se justificaba por la presunción de paternidad –concepto jurídico que atribuye automáticamente al marido la paternidad del bebé–. De hecho, la mujer podía casarse en el mismo plazo que el hombre si presentaba un informe médico atestiguando que no estaba embarazada.

En un parecer enviado al Parlamento por la anterior fiscal general del Estado –en el largo trámite parlamentario ha habido relevo en el cargo–, Joana Marques Vidal señala que “actualmente existen mecanismos médicos legales que permiten la asignación rigurosa de la paternidad”. Para la jurista, “el plazo internupcial es discriminatorio y como tal injustificado e inadmisible”.

Desde hace dos años, el Partido Socialista más el Bloco de Esquerda intentaban modificar la ley, pero a la iniciativa no se sumaba el Partido Comunista (PC), fundamental para que la reforma siguiera adelante. También se oponían los grupos de centroderecha, Partido Social Demócrata (PSD) y Partido Popular (CDS). Finalmente, se ha llegado a un consenso con PC y el PSD y en el último pleno de la legislatura, el día 19, se pondrá fin a la discriminación de la mujer en este capítulo.

Para llegar al consenso de todos los partidos, excepto CDS, se han eliminado los plazos. Cualquiera de los dos miembros del matrimonio podrá volver a casarse un minuto después de haber firmado los papeles del divorcio. Es la solución inicial que había ofrecido el único diputado del PAN (Personas Animales Naturaleza), pues el Bloco proponía igualar el plazo en 180 días mientras que el PS lo igualaba en los 30.

Pese a la opinión de la exfiscal Marques Vidal, se mantiene en el texto la presunción de paternidad por exigencia del PC y así ampliar el consenso de la reforma del Código Civil, que puede entrar ya en vigor en septiembre.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

#hemeroteca #cine #homosexualidad | 'Soldiers. Story from Ferentari', amor gay en la Rumanía más marginal

Imagen: El Diario Vasco / Presentación de 'Soldiers' en Zinemaldia 65
'Soldiers. Story from Ferentari', amor gay en la Rumanía más marginal.
Ivana Mladenovic compite con esta cinta en la Sección Oficial de la 65 edición del Festival de San Sebastián.
EFE | El Diario Vasco, 2017-09-27
http://www.diariovasco.com/culturas/zinemaldia/peliculas/soldiers-story-from-20170927170058-nt.html

La directora Ivana Mladenovic compite en la Sección Oficial de la 65 edición del Festival de San Sebastián con la película 'Soldatii. Poveste din Ferentari' ('Soldiers. Story from Ferentari'), una coproducción entre Rumanía, Serbia y Bélgica que indaga en los prejuicios romanís sobre la homosexualidad a través del amor, según ha señalado este miércoles 27 de septiembre en rueda de prensa.

La historia se detiene en Adi (Adrian Schiop), un joven antropólogo a quien su novia ha abandonado recientemente, que se muda a Ferentari, el barrio más pobre de Bucarest, con la intención de escribir un estudio sobre el manele, la música pop de la comunidad romaní. Allí conoce a Alberto (Vasile Pavel-Digudai), un exconvicto con quien inicia una relación en la que entra en juego el amor, el poder y la necesidad.

Adrian Schiop no solo es el actor protagonista de la cinta, sino también el guionista de esta historia con raíces "autobiográficas", tal y como ha desvelado él mismo a los medios. De hecho, está basada en un libro que escribió hace tiempo para liberarse, según ha confesado, en el que, al igual que en la película, se observan los "procesos de concienciación del personaje".

"Soy rumano y allí normalmente la gente oculta su orientación sexual. En cierto modo quería mostrar la homosexualidad dentro de la comunidad romaní", ha señalado el actor y guionista, que, al igual que el personaje al que da vida, también ocultó su sexualidad con una novia.

Una de las sorpresas de esta película es Vasile Pavel-Digudai, que interpreta al exconvicto con quien Adi comienza una relación, y para quien este es su primer proyecto cinematográfico. "Ha sido divertido y difícil, ha habido momentos de todo tipo, más complicados y más fáciles", ha dicho.

«Historias de amor»
La directora ha subrayado que esta es una "historia de amor" y no una película que refleja la vida en este gueto, donde Mladenovic pasó mucho tiempo. "Se acostumbraron a vernos, pero no hubo incidentes", ha puntualizado la cineasta en referencia a este barrio marginal de la capital rumana. En este sentido, Schiop ha matizado que las redes mafiosas fueron destruidas entre 2007 y 2010.

Preguntados acerca de la forma del barrio durante el régimen de Ceaucescu, el guionista y protagonista del filme ha indicado que en aquel momento, Ferentari era un "barrio de clase obrera" y los problemas empezaron durante la década de los años 90, con la llegada del capitalismo. "Perdieron sus trabajos y ni siquiera podían salir del país porque la frontera estaba cerrada", ha explicado.

En este sentido, ha señalado que la nostalgia de aquellos años no solo reside entre los mayores que vivieron el régimen comunista, sino entre los jóvenes que han escuchado las historias. "El comunismo les parece un paraíso", ha señalado.

Los productores de esta película creen que habrá "rechazo" a la cinta no solo por la temática homosexual, sino por la "pobreza" que muestra. Sin embargo, han defendido que no refleja la "parte horrible del país", como imagina que observarán algunos, sino la "poesía y la vida propia" de un rincón de Bucarest que no se encuentra en los "barrios ricos", donde consideran que "falta vida".

martes, 18 de abril de 2017

#hemeroteca #homofobia | La persecución de gais en Chechenia y la expansión de la cultura machista de Moscú

Imagen: El País
La persecución de gais en Chechenia y la expansión de la cultura machista de Moscú.
El hostigamiento a homosexuales no es un residuo de una sociedad tradicional de corte medieval, sino el último capítulo de los abusos que sufren los ciudadanos de la Federación Rusa.
Pilar Bonet | El País, 2017-04-18
http://internacional.elpais.com/internacional/2017/04/18/actualidad/1492511300_510497.html

En las sociedades tradicionales del Norte del Cáucaso se mantienen aún, con diversos grados de arraigo, costumbres arcaicas que sobrevivieron a las campañas de la Unión Soviética contra los “vestigios del modo de vida tribal”. Alguno de esos “vestigios”, como las venganzas trasmitidas de generación en generación, los raptos de novias, las bodas forzadas o el cruel castigo de la “deshonra” familiar, todavía se dan en las comunidades autóctonas del sur de Rusia. Según los usos ancestrales, el varón cabeza de familia tenía potestad, por ejemplo, para juzgar a una hija o una hermana por su “comportamiento ligero” (como relaciones sexuales extramatrimoniales) o a un hijo o hija de orientación sexual no reconocida. Los “castigos” para salvar el “honor” de la estirpe se ejecutaban en secreto en la familia, que mataba a la (el) culpable de la deshonra y mantenía sobre ello un silencio sepulcral. El poder soviético, si llegaba a descubrir los crímenes, los perseguía en el marco del Código Penal. Lo mismo pueden (y deben) hacer hoy las autoridades rusas.

Por ocurrir fuera del entorno familiar arcaico, la persecución de gais en Chechenia, tal como denunciaron distintas fuentes en las últimas semanas, no puede considerarse como residuo de una sociedad tradicional de corte medieval, sino más bien como el último capítulo de los abusos que sufren los ciudadanos de la Federación Rusa (con independencia de su orientación sexual) a manos de quienes ejercen el poder en aquella república del Cáucaso y lo hacen, de forma arbitraria y a menudo en contra de la ley de la Federación Rusa, según explican dos fuentes chechenas.

”En el pasado perseguían a los muchachos para obligarles a confesar que eran radicales islámicos, en parte para mejorar las estadísticas policiales y ascender en la jerarquía y en parte para conseguir un rescate de sus familiares por liberarlos. Ahora, que los radicales islámicos se fueron a luchar a Siria, los órganos policiales siguen haciendo lo mismo y apresan a jóvenes acusándoles de ser homosexuales, algo que la sociedad local considera una vergüenza y un tabú”, manifestaban las fuentes antes mencionadas.

Como ejemplo, contaban el caso de un joven de 19 años, Vaja (nombre ficticio), y tres amigos suyos, detenidos hace unos meses cuando jugaban con ordenadores en un local en Grozni. Ninguno de ellos era homosexual, pero fueron torturados para que confesaran serlo, afirman los interlocutores. Vaja fue liberado gracias a las influencias de su familia, que no está dispuesta a denunciar el caso por miedo a sus dirigentes y a la opinión pública local. “La gente calla porque vivió los horrores de la guerra —la suma de las arbitrariedades de los representantes de Moscú y de los dirigentes locales que temporalmente aplicaron la ley islámica— y teme el retorno de aquella época, pero mientras tanto se ha creado un régimen que se inmiscuye en la vida del ciudadano, que entra en su casa y le impone su voluntad”, afirmaban las fuentes, que recordaban cómo hace unos años los milicianos, acompañados de mulás (sacerdotes islámicos), allanaban la morada de las chicas que les gustaban y las obligaban a contraer matrimonio, el cual era registrado de inmediato por el mulá acompañante.

Hubo bandas que se dedicaron a “cazar” mujeres con la cabeza descubierta para obligarlas a ponerse el pañuelo y la normativa vigente hasta hoy en la Universidad de Grozni impone falda larga y pañuelo a las estudiantes, recuerdan las fuentes consultadas. También evocaban a las mujeres que aparecieron muertas en los alrededores de la capital chechenia en 2008 “castigadas” aparentemente por su “vida disoluta”. Todos estos sucesos responden, según los interlocutores, a la selección negativa que ha encumbrado al poder a gente inculta, pero prepotente y codiciosa.

Esta élite juega a su antojo con tres conceptos: la 'sharia' (ley islámica), el 'adat' (conjunto de usos tradicionales) y la legislación de la Federación Rusa. Con la ambigüedad del marco legal jugaban también los dignatarios islámicos que el pasado fin de semana se reunieron en la mezquita de Grozni para condenar a los periodistas de Nóvaya Gazeta por sus informaciones supuestamente difamatorias sobre la persecución e internamiento de gais en Chechenia. La actitud de los mulás, que niegan la existencia misma de homosexuales en la República, es equiparable a una “bendición de la venganza” según Leonid Nikitinski, periodista experto en temas jurídicos.

El comité de investigación de la Federación Rusa ha abierto un expediente para comprobar si los dignatarios islámicos chechenos amenazaron de forma delictiva a los periodistas. No obstante, sorprende la tolerancia y la pasividad de las autoridades centrales rusas ante las reinterpretaciones de los “vestigios del pasado” en clave del régimen de Ramzán Kadírov, presidente de la República de Chechenia y hoy máximo representante del poder laico del Estado en Chechenia.

Para explicarlo, las fuentes consultadas hacen hincapié en tres puntos. El primero es la influencia de la cultura de corte “macho” y “militarista” que se difunde desde Moscú, con la imagen de Vladímir Putin como divisa, y que encuentra terreno abonado en los pueblos de origen guerrero del Cáucaso. En segundo lugar, el encauzamiento de la proyección internacional de Chechenia hacia las relaciones con Estados del Golfo, que en cierto modo se han convertido en un modelo nuevo de autorrealización para la élite local en sustitución de la independencia. Para finalizar, el ambiente de corrupción y otros fenómenos negativos que se dan en la Federación rusa y en Chechenia en grado acentuado. Este último punto lleva a los interlocutores a afirmar que Chechenia no es un caso aislado, sino un grado extremo de cuanto sucede en otros lugares del país.

Lucha por los derechos humanos
Svetlana Gánnushkina, directora del comité Ayuda Ciudadana, una entidad moscovita que socorre a refugiados y desplazados, afirma que “de forma episódica acuden a nosotros personas de orientación sexual no tradicional”. El primer caso que la veterana activista por los derechos humanos recuerda ocurrió hace unos cinco años, y su protagonista fue un muchacho checheno que hizo prácticas como voluntario en el comité. Cuando el chico tuvo confianza enseñó los mensajes que le enviaban su hermano y sus padres. “Le decían que volviera inmediatamente, que era un monstruo y un error de la naturaleza y eso que el chico ni siquiera tenía una pareja, solo que sus familiares entendían que tenía una orientación diferente y le exigían que se casara o se suicidara y limpiara la afrenta familiar”, cuenta Gánnushkina.

Historias semejantes se repitieron después con otras tres personas que Gánnushkina ayudó a trasladar a lugar seguro. Un caso reciente inquieta a la activista: una chica chechena perseguida que “desapareció” tras dirigirse hacia la Plaza Roja de Moscú, “pensando que allí nadie se atrevería a tocarla”.

“Desde octubre de 2016 he tenido que ayudar a cuatro personas perseguidas por su orientación sexual; dos de ellas están en países seguros y a los otros dos les he perdido la pista”, comenta la activista, cuyas exhortaciones a no matar a quienes tienen otra orientación sexual han encontrado reacciones preocupantes en Facebook, incluida la comprensión para el asesinato de gais. “Amigos, colegas y gente próxima con quienes nunca tuve diferencias sobre la violencia que se ejercía en Chechenia durante muchos años, consideran ahora que los debates sobre una nueva oleada de violencia son una ofensa para el pueblo checheno, porque se trata de un grupo cuya existencia se niega”, escribe Gánnushkina. “Estas personas existen, existen en todas partes y existen en Chechenia, y eso no la convierte en Sodoma y Gomorra”, sentencia.

jueves, 6 de abril de 2017

#hemeroteca #homofobia | El 'Putin travesti', prohibido por ley en Rusia

Imagen: El Diario
El 'Putin travesti', prohibido por ley en Rusia.
El Ministerio de Justicia ruso ha prohibido utilizar imágenes del mandatario maquillado porque da a entender "una supuesta orientación no convencional del presidente". Los colectivos LGTBI han convertido al Putin travestido en un símbolo de las protestas contra la legislación homófoba del Gobierno.
Elena Cresci | El Diario, 2017-04-06
http://www.eldiario.es/theguardian/Putin-gusta-maquillen-luchar-homofobia_0_630287748.html

Rusia ha prohibido una imagen de Vladimir Putin completamente maquillado. La fotografía aparece en una lista del Ministerio de Justicia ruso de materiales "extremistas" prohibidos. La lista en cuestión tiene hasta 4.074 registros. El número 4.071 señala que el póster, que muestra a Putin con los ojos y los labios pintados, da a entender "una supuesta orientación sexual no convencional del presidente de la Federación rusa".

No está del todo claro a qué imagen se refiere el ministerio, pero se cree que puede ser similar a alguna de las utilizadas en los carteles durante las protestas contra la legislación homófoba rusa. Resulta que hay un montón de imágenes de Putin travestido.

Hacer montajes en los que aparece Putin maquillado se ha convertido en algo muy común desde que Rusia aprobó en 2013 una ley que veta la "propaganda" gay.

Según el ‘Moscú Times’, el origen de la prohibición tiene lugar en el fallo de un tribunal en mayo de 2016. Un hombre llamado A.V. Tsvetkov subió una imagen, junto a otras, que retrataba a Putin y al primer ministro, Dmitry Medvedev, con uniformes nazis. Los documentos judiciales también aseguran que compartió imágenes racistas. El tribunal prohibió una docena de imágenes que esta persona había subido a Internet entre junio de 2013 y octubre de 2014. Además de esto, su perfil Vkontakte fue eliminado.

Una búsqueda rápida en las webs de los medios rusos muestra que algunos internautas están compartiendo imágenes parecidas de Putin a pesar de la prohibición. En Twitter, los usuarios están haciendo exactamente lo mismo.

El secretario de prensa del Kremlin, Dmitry Peskov, le dijo a la agencia estatal Tass que no había visto la foto. Afirmó también que Putin hacía "caso omiso a ese tipo de vulgaridades". "Nuestra legislación tiene, por así decirlo, cierto código para defender el honor y la dignidad de los ciudadanos, y esto incluye a nuestro presidente. Los ciudadanos deben regirse por estas normas, así que desafortunadamente, no puedo decir nada más".

A principios de esta semana, Putin defendió la censura en Internet que lleva a cabo China. "La cruel libertad en Internet ya no existe en ningún sitio".

viernes, 4 de noviembre de 2016

#hemeroteca #fundamentalismos | Vladímir inaugura a Vladímir

Imagen: El País / Dmitri Medvédev, Vladímir Putin y el patriarca Kirill
Vladímir inaugura a Vladímir.
Putin descubre el gran monumento a su homónimo medieval en el marco del reemplazo generalizado de referencias simbólicas comunistas.
Pilar Bonet | El País, 2016-11-04
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/04/actualidad/1478252858_660762.html

Vladímir, el príncipe medieval, que es figura de referencia en Rusia y en Ucrania, ya tiene su monumento en Moscú. Y el encargado de inaugurarlo este viernes, día de la “Unidad Popular de Rusia”, ha sido su homónimo, el presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, en compañía de los máximos dirigentes del Estado y también del patriarca de la Iglesia Ortodoxa, Cirilo.

En el siglo XIX, Kiev, que por entonces era una ciudad del Imperio Ruso, erigió su propio monumento a Vladímir, en las riberas del Dnieper. Sin embargo, en Moscú no había hasta ahora ninguna estatua individual del estadista que introdujo el cristianismo en la “Staraia Rus” (la Rusia medieval) a fines del siglo X. Al inaugurar el monumento, Putin destacó el papel centralizador del príncipe y manifestó que el “deber común” de los rusos hoy es “enfrentarse a los desafíos y amenazas modernas”, apoyándose en las “invaluables tradiciones de unidad y acuerdo y avanzar, asegurando la continuidad de nuestra historia milenaria”.

Natalia Solzhenitsina, la viuda del escritor Alexandr Solzhenitsin, que tomó la palabra en el evento, puso un cierto contrapunto al discurso oficial. Solzhenitsina se refirió a las grandes conmociones del siglo XX, tales como la guerra civil, la colectivización y el gulag, y afirmó que el siglo XXI tampoco promete ser tranquilo. Aludiendo al ejemplo de Vladímir (un pagano disoluto antes de su arrepentimiento y conversión, según la leyenda), la viuda del premio Nobel de Literatura que fue enviado al gulag por el régimen estalinista, dijo que “ debemos respetar nuestra historia y estar orgullosos de nuestros héroes”, pero también tener “la honestidad y el valor de condenar el mal y no justificarlo ni esconderlo debajo de la alfombra”, porque de ese modo “no lograremos limpiar nuestra casa”. Entre las “grandes divergencias” de la sociedad rusa, afirmó, está “la valoración del pasado”, dijo.

El homenaje ruso a Vladímir se inscribe en el conjunto de decisiones, tomadas a distintos niveles de la administración, que tratan de reemplazar (o diluir) el sistema de referencias simbólicas de la época comunista (1917-1991), por otras más vetustas, relacionadas en parte con el “mundo ruso” y el cristianismo ortodoxo. Vladímir se convirtió a la fe de Bizancio, supuestamente en 988, en Hersonés, en las cercanías de Sebastopol, en la península de Crimea.

Vladímir Putin llegó al poder en Rusia en 2000 y uno de los cambios ideológicos propiciados bajo su mandato ha afectado a la fiesta nacional, que desde 2005 se celebra el 4 de noviembre en conmemoración de la sublevación popular de 1612 contra el zar impostor Dmitri, y los polacos y lituanos que lo defendían. El acontecimiento propició la llegada al trono del zar Mijaíl Romanov (coronado en 1613) y marcó el fin de la llamada “época de las revueltas” que sucedió a la muerte del zar Ivan IV el terrible.

Inicialmente, el Día de la Unidad Popular fue aprovechado por grupos nacionalistas marginales, algunos de ellos con rasgos xenófobos. Sin embargo, a partir de la anexión de Crimea por Rusia en 2014, la fiesta arraigó y se ha convertido en una afirmación de fuerza y orgullo de Rusia frente al extranjero. Con el tiempo, la jornada ha incorporado tradiciones de la fiesta del 7 de Noviembre, entre ellas la costumbre de organizar una gran manifestación, en la que desfilan partidos y asociaciones varias, organizadas en columnas, por el centro de Moscú.

La inauguración del monumento a Vladímir ha sido precedida de una activa polémica. El proyecto inicial, que data de 2015, tenía una altura de 25 metros y debería haber sido instalado junto a la Universidad. Sin embargo, ante las protestas de la opinión pública y las advertencias de los expertos sobre la inestabilidad de aquel terreno, la estatua tuvo que ser reducida a 17,5 metros y su emplazamiento trasladado a las inmediaciones del Kremlin, que es patrimonio de la Humanidad. Por esta razón, la estatua, que ahora se alza junto a una de las puertas de salida del recinto amurallado y muy cerca de la biblioteca Estatal (antes biblioteca Lenin) ha tenido que adaptarse también a las recomendaciones de la UNESCO. El autor de la obra, el escultor Salavat Sherbakov, es también el artífice del monumento a los militares rusos que aseguraron la anexión de Crimea, inaugurado el verano pasado en Simferópol.

Las autoridades y los responsables de los programas de educación quieren fomentar la idea de continuidad de la historia rusa, un afán con el que se alimenta ideológicamente la política actual de Moscú. Sin embargo la deseada narrativa conciliadora y optimista choca a menudo con las contradicciones de la historia real. Uno de los grandes desafíos con los que se enfrentarán las autoridades rusas en 2017 es el centenario de la Revolución de Octubre de 1917. En el clima de propaganda que tiñe los acontecimientos históricos hoy, el Consejo de Seguridad de Rusia se ha planteado la necesidad de crear un grupo de trabajo para evitar la “tergiversación” del evento y la Iglesia Ortodoxa Rusa toma posiciones de forma preventiva, entre otras cosas con una gran exposición que se inaugura este viernes.

Mientras tanto, el culto al pasado presoviético se mantiene con diversos métodos. Nuevas estatuas rinden homenaje a lo viejo. Así por ejemplo en la ciudad de Oreol, el 14 de octubre fue inaugurado un monumento a Ivan IV, el Terrible, el primero que se erige en Rusia a este personaje del siglo XVI, cuyas virtudes como estadista, a tenor de las encuestas, superan a sus deméritos, tales como el asesinato de su hijo y crueles represiones. Un segundo monumento a Iván el Terrible está planeado en la ciudad de Alexandrov, en la provincia Vladímir.

Además, grupos de defensores de la fe cristiana se dedican hoy con creciente ahínco a defender la memoria histórica de Rusia, tal como ellos la entienden, y para ello utilizan la legislación destinada a proteger los sentimientos de los fieles, promulgada tras el espectáculo rock del grupo Pussy Riot en la catedral de Cristo el Salvador de Moscú. El celo aparece a menudo exagerado e incluso ridículo, como en el caso de la interpelación a la fiscalía realizada por la diputada de la Duma Estatal, Natalia Poklónskaia, que en nombre del grupo “La Cruz Zarista”, está tratando de impedir el estreno de la película “Matilda” sobre las relaciones sentimentales del zar Nicolás II con la bailarina Matilda Kschessinska (convertida por matrimonio en miembro de la casa de los Románov y muerta en la emigración en Paris). Poklónskaia, ciudadana de Ucrania en origen, ha sido fiscal en Crimea. Ni la ex fiscal ni los centenares de personas que protestan contra “Matilda” han visto la película, entre otras cosas porque no está terminada. Su director, Alexéi Uchitel, piensa estrenarla en marzo de 2017.

miércoles, 3 de febrero de 2016

#hemeroteca #homofobia | Un estudiante de erasmus español nos explica lo duro que es ser gay en Europa del este

Un estudiante de erasmus español nos explica lo duro que es ser gay en Europa del este.
Pablo Hernández Martín |Vice, 2016-02-03
http://www.vice.com/es/read/estudiante-erasmus-gay-europa-este-0201

La idea que se tiene, en general, sobre los gays y lesbianas en Europa es la de que están completamente integrados en la mecánica de la vida moderna y que solo los retrógrados más casposos se escandalizan al ver a dos individuos con idéntico aparato reproductor compartir saliva. Que los episodios puntuales de homofobia son cosas con las que solo los descerebrados se sienten identificados y que no representan la realidad de nuestro tiempo.

La realidad, sin embargo, es que actualmente la cultura occidental sigue llevando dentro toda una rica galaxia de prejuicios y conductas veladamente homófobas, cuando no hooligans de la familia tradicional y el modo de vida conservador que entienden que eso de "follar" solo puede darse entre un hombre y una mujer, en la posición del misionero y con el único fin de procrear.

Si en España ya sufrimos con los bochornosos episodios de "que hagan lo que quieran, pero en su casa" o el reciente incremento de agresiones a homosexuales que se están cometiendo en Madrid, la situación en los países ex-soviéticos de la Europa del Este resulta preocupante por lo interiorizada que está la homofobia en la conciencia colectiva de una parte de su población.

Rodrigo, estudiante de Arquitectura, ex-erasmus y gay estuvo el pasado año 2015 viviendo y viajando por Europa, en especial por la zona del este, y nos cuenta cómo fue pasar un año estudiando, viviendo y follando por estos países.

VICE: Para ubicarnos: ¿cuándo y durante cuánto tiempo estuviste de Erasmus?
Rodrigo: Fueron diez meses, desde septiembre de 2014 hasta finales de junio de 2015.

Tu periodo Erasmus fue en Letonia, pero te moviste por toda la zona, ¿no?
Sí, mi intercambio era con una universidad de Riga, pero aproveché para viajar un poco por los Bálticos, Suecia, Polonia y algún país más pero del oeste.

¿Y cómo era el ambiente en Letonia? ¿Había algo semejante a una comunidad gay normalizada, como puede haberlo aquí?
La verdad es que el ambiente era bastante opresivo, sobre todo para los nativos, entre los que había cierta comunidad pero de una forma totalmente oculta y subversiva. Un par de locales gays en la capital y punto, por lo que básicamente se conocían entre todos. A nivel de activismo, nada de nada, se limitaban a vivir sus vidas de la forma más silenciosa posible. El ambiente entre estudiantes extranjeros era distinto, mucho más relajado; éramos conscientes del estado de las cosas allí pero nos lo tomábamos como un tema de broma. O por lo menos yo y mis amigos, vaya.

En lo que se refiere a la mentalidad de los gays en sí, allí son más o menos igual de homófobos que aquí, con todo el tema de tener o no tener pluma, que se te note o no que eres gay, meterla o que te la metan a ti, etc. Aunque tengo que reconocer que allí encontré más gente con cierto nivel intelectual que la que encuentro aquí, pero me temo que eso es porque en España vivo en una ciudad muy pequeña.

En todo ese ambiente, ¿llegaste a conocer a alguna lesbiana? ¿Sabes si la situación era mejor, igual o peor para ellas?
No lo había pensado hasta ahora, pero la verdad es que no conocí absolutamente a ninguna lesbiana allí. Bueno, miento: conocí a una pero era española, así que no cuenta.

La comunidad lesbiana estaba totalmente muerta por lo que yo llegué a saber, aunque es cierto que en el desfile del EuroPride hubo bastantes. Supongo que estaban ahí pero su conciencia de grupo era inexistente, y además no había ningún local de ambiente "bollo" en el que pudieran reunirse como sí lo había para los chicos gays.

Lo que sí vi más de lo que se ve aquí es el típico besuqueo entre mujeres heterosexuales para calentar a hombres, ya sabes, por todo el tema del porno falso y tal. Bastante insultante.

¿Tuviste algún tipo de problema por tu condición sexual?
Sí, un par de veces, aunque nada serio. Una vez conocí a un chaval en uno de los garitos más típicos para salir por la noche, salimos a la calle básicamente a besarnos (porque yo me imaginaba que a alguien le molestaría que lo hiciéramos dentro) y los puertas no volvieron a dejarnos entrar. Es más, vino uno de ellos a echarnos de esa calle. Otro día me encontré a un colega mío con la camiseta hecha jirones porque le habían sacado a hostias de un bar por insinuarse a otro hombre. Aunque casi nunca se llegaba a la violencia, era más una hostilidad generalizada contra el afecto homosexual. Como si les diese escalofríos, les llenase de ira o algo así.

Viendo la situación, ¿te hizo falta mentir alguna vez para evitar problemas? ¿Conociste a alguien que lo hiciera o que tuviese algún tipo de doble vida?
Sí, una madrugada en un McDonalds, un tío me preguntó que si "me gustaban las pollas" y me puso cara de que me iba a moler todos los huesos sí decía que sí, así que tuve que mentir. Es la única vez en muchos años que he tenido que hacerlo y me supo la boca a veneno, la verdad. No suelo ser muy tolerante con la cobardía en este tema.

También estuve saliendo con un chico que me quitaba la cara si le intentaba besar en la mejilla yendo por la calle, cosas así. La gente vivía bastante asustada. En los bares ayudaba saber distinguir a la población de origen ruso de los de origen letón, porque los rusos tienen problemas muy serios tanto para aceptar la homosexualidad como para beber de manera responsable, así que según qué gente hubiese en el lugar sabías si tenías que esconderte o no. Muy penoso.

Supongo que el ambiente cambiaría bastante dependiendo del país, o incluso de la zona por donde estuvieses.
Dentro del país la verdad es que no mucho, es muy pequeño y el único intento de ambiente que había estaba en la capital únicamente, una capital de menos de un millón de personas. Así que o estabas en Riga o más te valía tener coche, supongo.

Visitando otros países sí que noté mucho la diferencia; para empezar me llevé la impresión de que Letonia es el que peor lleva el tema LGBT de los tres estados Bálticos, probablemente porque está más cerca de Rusia que los otros dos. Cuando viajé a Polonia no parecía que estuviesen muchísimo más liberados de puertas a fuera, pero sí que es cierto que los gays polacos tenían un pensamiento mucho más tolerante consigo mismos que más al este. Y más que en España, me parece a mí. También puede que tuviera suerte con la gente que conocí.

Estocolmo obviamente era el paraíso. Unos amigos me habían dicho que había muchos prejuicios pero no sé de dónde lo sacaron, porque había mucho ambiente y en plan bien, no en el plan malrollero de cuartos oscuros que había en Riga.

Por lo que me dijiste, usabas Grindr para follar y para conocer gente en general. ¿Cómo era en comparación con España? ¿Era fácil ligar de otra forma?
Por lo general era bastante parecido a usarlo en una ciudad mediana de España, la gente buscaba principalmente sexo y había bastantes hombres sin datos o una foto que les identificase lo más mínimo, o sea, permanecían dentro del armario. En Polonia el panorama era algo mejor y en Suecia la mayoría de la gente usaba Grindr más para conocer gente que para buscar un polvo rápido antes de que volviese la parienta; creo que eso dice bastante de su mentalidad.

Fuera de las redes sociales de folleteo, casi todos los gays letones se ocultaban, salvo cuando estaban en el Golden (el principal club gay de Riga). Ligar en cualquier otra situación era imposible salvo que te encontrases a alguien lo suficientemente borracho como para pasarse el miedo por el forro.

¿Y cuánta gente había por allí que usase las aplicaciones de follar en comparación con España? ¿Mucha o poca demanda de polvos ocasionales?
Había bastante menos gente y utilizan distintas aplicaciones. Cuando llegué allí sólo usaba una de origen español que se llama Wapo (sí, lo sé), pero a la vuelta usaba tres distintas. La que más se usaba allí era Planet Romeo, una red un poco más rollo TerraChat. Pero Grindr fue la que mejor funcionaba para mí porque era donde estaban todos los turistas y los estudiantes extranjeros. La gente me escribía bastante menos que aquí, y había más o menos la misma proporción de conversaciones que no llevaban a ninguna parte (la inmensa mayoría). Me sorprendió que allí, una vez quedabas, la gente era más amable. Te invitaban a una copa, un poco de charla, muchas veces al final ni siquiera acababa habiendo sexo; era un cambio agradable comparado con el agobio que siento aquí a veces. Creo que el hecho de ser extranjero tenía algo que ver, especialmente siendo español. Cuando se enteraban se me rifaban, por algún motivo.

De vez en cuando algún perfil sin ningún tipo de información me escribía en letón o en ruso proponiéndome quedar u ofreciéndome dinero a cambio de sexo pero sin mandarme ninguna foto por "discreción"; llegué a contestar a alguno (con ayuda de un amigo que habla ruso) a ver de qué iban y me dio una impresión bastante clara de que era gente que buscaba pegar palizas a maricones, lo cual no es muy atípico según me contaron los nativos. También había mucho empresario que iba allí por trabajo y buscaba sexo, gratis o pagando.

Otra cosa que me puso los pelos de punta es ver el resultado de la ausencia de educación sexual para gays: en todas partes hay gente que quiere follar exclusivamente a pelo, pero allí había una gran cantidad de gente así, y muchos seropositivos, etc. Se nota que no les machacan con el tema de las ETS igual que aquí.

Has dicho que el Europride fue este año 2015 en Riga, ¿te acercaste? ¿Cómo fue? ¿Buen ambiente o hubo tensión?
Sí, fue muy distinto de lo que se hace aquí por el Orgullo. Hubo toda una semana de actividades, charlas y proyecciones de películas (muchas de ellas de Almodóvar, siguiendo con la línea filohispánica). Todas las actividades se llevaron a cabo en el Kaņepes Kultūras centrs , un bar que hay en Riga que actúa como centro neurálgico de toda la cultura alternativa de la ciudad; quedó bastante claro que ningún organismo oficial se involucró en la organización de las actividades culturales ni cedió ningún espacio para ellas, siguiendo la línea de las declaraciones homófobas del vicealcalde de Riga. No sé cuánta afluencia habría a las charlas porque no acudí a ninguna, pero en el programa se veía que sólo había unas tres conferencias distintas que repitieron varias veces a lo largo de la semana.

El desfile también fue muy distinto; yo ya me lo esperaba después de que mi compañero de habitación, que era ucraniano, me contara que en Kiev la duración del desfile había sido limitada a diez minutos debido a la falta de seguridad y aún así había habido disturbios. También había visto que tan solo el 2,5% de la población Letona aprobaba la celebración. Cuando llegué con mis amigos al punto de salida, que era un parque, vimos que estaba vallado y que había voluntarios de la organización que estaban registrando las mochilas de la gente antes de entrar, así como grupos de gente manifestándose en contra del desfile con pancartas exclusivamente en ruso. El grupo principal se hacían llamar AntiglobÄlisti y por lo visto habían intentado tumbar la organización del Europride unas semanas antes ateniéndose a una irregularidad en los plazos de organización. Al empezar el recorrido vi que estaba totalmente acordonado por antidisturbios que contenían a los manifestantes de fuera y entonces fui totalmente consciente de cómo eran las cosas allí. Mucha peña abucheando desde fuera o incluso parándose por la calle para insultar a los que desfilábamos. Después del desfile leí que habían detenido a un hombre con un cóctel molotov preparado para nosotros.

Aunque es doloroso ver el odio y el miedo que la población tiene al colectivo LGBT en estos países, el desfile me resultó mucho más interesante que aquí, ya que tenía un tono mucho más reivindicativo y político y menos festivo. También era visible que el impacto es mucho mayor. Por ejemplo, cuando vi una asociación de policías gays suecos desfilando pensé que a alguien le iba a estallar el cerebro. Supongo que también ayudó que ese año fuera la capital europea del Orgullo, teniendo en cuenta que sólo cuatro años antes había habido más manifestantes en contra del desfile que gente desfilando.

Joder, lo del molotov pone los pelos de punta. Hablando de policías y antidisturbios, ¿en algún momento tuviste alguna situación incómoda o desagradable con algún miembro de las fuerzas de seguridad de alguno de estos países que estuviese relacionado con ser gay?
Sí, durante el desfile, por ejemplo. Por las caras con las que nos miraban, parecía que los antidisturbios que acordonaban el desfile tenían más ganas de unirse a los de fuera que de estar ahí protegiéndonos.

También hubo una vez que me metí en una pelea (sin homofobia de por medio) y cuando llegó la policía bastó con decirles que era gay y que me habían intentado pegar una paliza por ello para que dejaran de preguntar cosas y se fueran. Me vino bien en ese momento, pero la verdad es que es preocupante pensar que así es como responden las fuerzas del orden a este tipo de agresiones.

Supongo que al volver a España notaste el cambio.
Sí, muchísimo. Fue como volver al presente, sólo que ahora sé que en este aspecto vivimos más bien en el futuro. Volver a ver parejas no heterosexuales por la calle se me hizo especialmente chocante. Aunque también tuvo sus contras, aquí soy mucho menos especial y la gente no necesita esconderse en Grindr para hacer amigos que no les juzguen, así que personalmente podría decirse que he salido perdiendo. De todas formas es mucho más agradable vivir aquí.

¿Cómo dirías que se encuentra ahora mismo Europa en lo que respecta a la comprensión y aceptaciones de sexualidades distintas a la heterosexual?
No sé hasta qué punto sería justo hablar de Europa en general, pero supongo que la situación no es mala; después de todo hay ciudades en las que ser gay es casi una ventaja. Hay pocos países en los que corras un peligro real por ser homosexual, aunque en algunos el ambiente de opresión me resultó bastante enfurecedor. La diferencia de mentalidades entre el este y el oeste es abismal, cosa que en principio no debería de ser normal teniendo en cuenta lo mucho que nos intentan vender Europa como un ente magnánimo y futurista.

¿Y los Países del Este, más en concreto?
En mi opinión, se trata de un problema de falta de costumbre y de falta de apoyo de las instituciones, principalmente. No me parece casual que este rechazo total al colectivo LGBT y a la ideología de género en sí se dé en países de fuerte herencia soviética, ya que aún hay partes de la población que sienten una fuerte nostalgia por la sociedad y los valores de aquellos tiempos, entre los que está ese ideal de la familia tradicional, heteronormativa y de cerebro alienado que tanto gusta en el Este, por eso la lucha contra la libertad del colectivo LGBT se vende allí como una defensa de la familia y la pureza de los niños (para muestra, este vídeo "informativo" de un colectivo ultracatólico ucraniano ). Es un "haced lo que queráis, pero no volváis a mi hijo maricón con vuestros colorines y vuestras hormonas y vuestras muestras públicas de afecto". Estos sectores se niegan a todo lo que huela a cambio, y esto se ve potenciado por la total pasividad de los organismos (o en algunos casos, la represión, como en Rusia). Yo lo veo como una lucha entre dos mitades de la población: los que viven en el pasado (no necesariamente los mayores) y los que quieren que su sociedad avance. Los que quieren formar parte de Europa con todo lo que ello significa y los que esperan con angustia a que Rusia les reconquiste y les salve de la decadencia. Cada vez que alguien propone u organiza algo, los colectivos más retrógrados se tiran al suelo y patalean como un niño de tres años y así consiguen que no se haga nada.

Por otra parte, la situación es tan mala que los avances son más rápidos y visibles, lo que invita al optimismo. Y la gente es mucho menos pasota que aquí, sea cual sea su posición. Es fácil que te insulten por la calle si eres gay, pero también es fácil que un desconocido salga en tu defensa en ese caso. Esas cosas no pasan aquí, y la verdad es que son bastante esperanzadoras; creo que demuestra que un ambiente de tensión es mucho mejor caldo de cultivo para el cambio que la estabilidad que tanto apreciamos aquí en el oeste.

domingo, 20 de diciembre de 2015

#hemeroteca #homofobia #eslovenia | Eslovenia rechaza en referéndum el matrimonio homosexual

Imagen: El País
Eslovenia rechaza en referéndum el matrimonio homosexual.
Los eslovenos votan para evitar que entre en vigor la ley que permite a los gais casarse y adoptar.
María R. Sahuquillo | El País, 2015-12-20
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/12/20/actualidad/1450648264_614707.html

Los eslovenos han rechazado este domingo en referéndum los matrimonios entre personas del mismo sexo. Con un 63,36% de los votos ha ganado el ‘no’ a la ley que concede igualdad de derechos a las parejas del mismo sexo, incluídos el matrimonio y la adopción. La norma, que llevaba bloqueada desde su aprobación en marzo, ya no entrará en vigor.

El pequeño país balcánico, de dos millones de habitantes, se había convertido en en el primer país de Europa del Este y del antiguo bloque comunista en aprobar las bodas y la adopción para las parejas del mismo sexo. Pero ha ganado el no al matrimonio igualitario y la campaña de las organizaciones ultraconservadoras y católicas que desde el principio se opusieron a la norma. Encabezadas por la coalición de entidades Za Otroke gre! [¡Por los niños!], que han contado con el apoyo del Partido Democrático de Eslovenia (centroderecha), en la oposición y de la iglesia católica, han logrado bloquear la normativa definitivamente.

Era necesario que participara un 20% del electorado en el referéndum para que su resultado fuera válido y participó un 35,5%. En 2012, los eslovenos ya rechazaron en referéndum los matrimonios gais.

"El resultado es claro", ha declarado Ljudmila Novak, del partido conservador Nova Slovenija. "Eso nos permite proteger los derechos de los niños. Estamos de acuerdo en definir los derechos de los homosexuales siempre que se preserve la familia como el entorno esencial de los niños", ha dicho tras conocer el resultado del referéndum, informa France Presse.

"Ha triunfado un miedo que se ha creado artificialmente", lamentó por su parte la ministra de Trabajo, Martina Vuk. "El resultado es una muesra de que los derechos humanos no valen todavía para todos en Eslovenia", ha apostillado. La ley marca en Eslovenia que el Parlamento debe esperar al menos un año para aprobar una nueva legislación sobre el matrimonio igualitario.

En la Unión Europea, el matrimonio igualitario está permitido o en fase de aprobación en 13 países, en todos mediante la vía parlamentaria excepto en Irlanda que la adoptó mediante un referéndum.


Eslovenia vota en referéndum la aprobación de los matrimonios gais.
Organizaciones ultraconservadoras tratan de derogar la ley que permite estas uniones y que lleva bloqueada desde marzo.
María R. Sahuquillo | El País, 2015-12-20
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/12/19/actualidad/1450552553_138131.html

Eslovenia celebra este domingo un referéndum sobre los matrimonios entre personas del mismo sexo. La consulta, vinculante, determinará si se anula la ley que en marzo equiparó los derechos de las parejas homosexuales y las heterosexuales, incluidos el matrimonio y la adopción. La normativa ha estado bloqueada desde marzo por las distintas iniciativas que han tratado de derogarla. La última culmina mañana después de que organizaciones ultraconservadoras presentaran más de 80.000 firmas para someter la ley a referéndum —el doble de lo que estipula la ley—.

Con la reforma de su ley de matrimonio y familia, Eslovenia se convirtió en marzo en el primer país de Europa del Este y del antiguo bloque comunista en aprobar las bodas y la adopción para las parejas del mismo sexo, apunta Juris Lavrikovs, de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (ILGA). Un avance histórico para los derechos civiles al que en junio se sumó la aprobación en referéndum de las bodas gais en Irlanda. Eslovenia, un pequeño país de dos millones de habitantes y tradición católica, ya fue el primero de los miembros de la de la antigua Yugoslavia en despenalizar la homosexualidad, en 1977.

Desde que se abrieron los centros de votación hasta las 20h de la tarde del domingo, los eslovenos deben responder a la pregunta: "¿Está usted a favor de la entrada en vigor de la ley ley sobre enmiendas y complementos de la ley del matrimonio y familia, que el Parlamento aprobó el 3 de marzo de 2015?". Para ser anulada se necesita una una mayoría simple del 'no' y que en el referéndum participe al menos el 20% de los más de 1,7 millones de electores.

Los sondeos apuntan a un resultado muy igualado. Una encuesta reciente del diario Delo indica una pequeña ventaja del 'no' frente al 'sí': 47% frente a 45%. En 2012, los eslovenos ya rechazaron en referéndum los matrimonios gais.

La reforma que permite a las parejas homosexuales casarse y adoptar ha tenido la férrea oposición de las organizaciones conservadoras, encabezadas por la coalición de entidades Za Otroke gre! [¡Por los niños!], que han contado con el apoyo del Partido Democrático de Eslovenia (centroderecha), en la oposición y de la iglesia católica en su campaña contra la ley. Argumentan que la nueva ley vulnera los derechos de la familia tradicional y de los niños. Las organizaciones ultraconservadoras ya solicitaron someter la medida a referéndum en mazo, aunque el Parlamento lo rechazó con el argumento de que la medida protege los derechos fundamentales. Acudieron entonces al Tribunal Constitucional que ordenó que se celebrase el referéndum solicitado.

La Iglesia católica —con mucho poder en un país de importante tradición como es Eslovenia— se ha mantenido algo apartada en las últimas semanas de la campaña que pide el 'no', acosada por un escándalo en la financiación de una de sus diócesis.

Mientras el Gobierno del centrista Miro Cerar aprobó en Eslovenia el matrimonio igualitario, otros países de la región han modificado sus legislaciones precisamente para tratar de evitar que las parejas homosexuales tengan los mismos derechos, apunta Lavrikovs de ILGA. Así ha ocurrido en los últimos tiempos en Eslovaquia y Croacia, donde se ha definido el matrimonio como la unión entre hombre y mujer, una senda que también han recorrido Hungría, Polonia o Lituania. Por eso, dice, el resultado de Eslovenia sería importante no solo para ese país, también para toda la región.