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jueves, 31 de octubre de 2019

#hemeroteca #gestacionsubrogada | Ricky Martin (por fin) ha parido

Jwan Yosef y Ricky Martin
Ricky Martin (por fin) ha parido.
Diana López Varela · Periodista | Público, 2019-10-31
https://blogs.publico.es/otrasmiradas/24874/ricky-martin-por-fin-ha-parido/

‘Y, que estamos en el mes que se celebra la madre, les pido que hagamos conciencia sobre las mamás más vulnerables: aquellas que han sido vendidas como esposas, violadas, robadas de su libertad y convertidas en mamás. (...) Nadie debería ser explotado, nadie debería ser obligado a vivir con abuso, ni perder su derecho a vivir en libertad y a tomar sus propias decisiones. Estoy convencido de que cada niño o niña tiene el derecho a tener eso, una niñez o juventud libre y feliz.(...) Como activista por los derechos humanos quiero que estas niñas tengan la posibilidad de retomar el control de sus vidas y se conviertan en agentes de cambio para que puedan desarrollar su potencial con plenitud. La trata humana es una violación de los Derechos Humanos. No debería existir en este mundo, por esto les exhorto a que actuemos, que se unan y que nos ayuden a luchar para combatirlo y ponerle fin.’ Ricky Martin, como embajador de Buena Voluntad de UNICEF.

Ricky Martin y su marido Jwan Yosef acaban de ser papás. A través de una publicación en Instagram hemos podido saber que el paquete que encargaron hace unos meses ha llegado a su destino en tiempo y forma. Con una foto, un escueto mensaje («Nuestro hijo Renn Martin-Yosef ha nacido») y la etiqueta #elbebéhanacido, Martin daba la buena nueva a todos sus seguidores. O seguidoras. La gigantesca legión de mujeres fans que desde hace años sostienen su carrera profesional y sus ingresos multimillonarios para ser borradas, como de costumbre, de un plumazo.

En 2008 los titulares anunciaban la visita de Ricky Martin a las víctimas de prostitución en Camboya. El cantante se sacaba tiernas fotos en los centros que se dedican a acoger a las víctimas de prostitución infantil, justo el mismo año en que nacían por gestación subrogada sus dos primeros hijos, dos varones gemelos. Ricky Martin ha seguido unido a causas contra la trata a través de su fundación. Y ha seguido comprando niños.

Hace justo un año nacía la tercera hija de Ricky Martin. La primera que tuvo con su marido y también la primera mujer. Así nos contaba el cantante de 'María (tan caliente y fría)' su emocionada espera. «La niñita bonita de papá tiene que venir. Es curioso, porque la manera en que tenemos los bebés, me permite elegir el sexo. Así que la niña están de camino». Este año, el feliz papá, hacía un anuncio parecido de su cuarto hijo, el segundo con su pareja. «Estamos embarazados, ¡estamos esperando un bebé! ¡Me encantan las familias grandes!» Parafraseando al periodista Alberto Rey «Increíble el cuerpazo que conserva Ricky Martin incluso después de sus partos».

Un señor tan concienciado como Ricky Martin debería saber que la explotación reproductiva de las mujeres es igual de denigrante y traumática que la explotación sexual. Que la inseminación, el embarazo, el control y el despojamiento del hijo a la mujer, es igual de doloroso -física y emocionalmente- que las violaciones continuadas. Que «obligar a ser mamás» a las mujeres para después robarles sus hijos, es el vértice menos humano de la trata, y que muchas de las «madres subrogadas» viven igual de hacinadas que las víctimas de prostitución infantil. Y muchas, también son niñas. ¿Acaso no sabe Ricky Martin que las granjas de mujeres funcionan con un sistema de secuestro similar a los prostíbulos, en donde las chicas no pueden salir hasta que paguen su deuda con el hijo que prometieron dar en un contrato abusivo y surrealista? ¿Sabe Ricky Martin que, al igual que las mujeres prostituidas, las MVA (Madres de Vientres de Alquiler) no tienen derecho al arrepentimiento? Que, como las niñas víctimas de pederastia ¿las jóvenes gestantes se quedan solo una pequeña parte del dinero que los ricos pagan a las agencias para abusar de ellas? Por eso, del mismo modo que Ricky Martin visita prostíbulos, yo le animo a visitar las granjas de mujeres y de niñas embarazadas en Malasia, Brasil, Camboya, Vietnam o Ucrania en donde por 9.000 euros cientos de madres son esclavizadas por empresas de compra venta de seres humanos.

Pero en esta historia las víctimas no son solo las madres. Desde hace años, sabemos que el estado emocional de las mujeres durante el embarazo y el parto afecta de manera muy directa al desarrollo emocional de los bebés y que la violencia obstétrica (como partos no respetados o la imposibilidad de la madre y el bebé de estar juntos después del nacimiento) trae problemas serios a las criaturas. Me pregunto si esos «padres de intención» han reparado en cómo se sentirán esos niños el día de mañana, en cómo les afectará la separación de su madre, la violencia con la que fueron traídos a este mundo y la posible angustia ante la imposibilidad de conocer sus orígenes porque sus madres fueron borradas de la ecuación de sus vidas. Una angustia que muestran incluso muchas personas adoptadas como la autora de Palimpsesto, el cómic que relata la búsqueda de una mujer coreana que fue dada en adopción a unos padres noruegos en los años 70. Una angustia que el propio Comité de Bioética de España quiere reparar poniendo fin al anonimato de los donantes de esperma y óvulos.

Aunque Ricky Martin lo hizo bien. Aclaró en una entrevista que él no alquiló un vientre, sino que se lo «prestaron». Porque igual que en la prostitución, en la gestación subrogada hay niveles. Las que lo hacen obligadas y las que lo hacen porque quieren. Porque nada hay más reconfortante que poner nuestro útero, o nuestro coño, a disposición de las personas que quieren cumplir sus pajas físicas y emocionales. Como señala Nazanín Armanín en su artículo, «ninguna se convierte en MVA libremente: la pobreza es incompatible con la libertad«.

Diversas autoras feministas como la profesora Ana de Miguel, en su libro 'Neoliberalismo Sexual', nos interpelan sobre «el mito de la libre elección», justificación perversa de un orden patriarcal en donde las mujeres siguen siendo puestas al servicio del mercado y de los poderes masculinos. No existe libre elección si no hay igualdad real. Y no la habrá mientras las mujeres sigamos siendo más pobres, al tiempo que asumimos la responsabilidad de los hijos lanzados a este mundo. La mayor parte de las mujeres que «alquilan» sus vientres ya son madres de familias numerosas a las que no pueden alimentar. Este orden de cosas nos lleva a lo que Alicia Puleo llamó «patriarcado por consentimiento»: dejarse explotar -e incluso promoverlo como algo empoderador- esconde la subordinación machista a la que muchas mujeres se aferran para sobrevivir.

Borrándolas y borrándonos, Ricky Martin despoja a las mujeres de su humanidad y convierte la maternidad en un negocio que reduce a las madres a «seres gestantes». La megalomanía masculina a través de la acumulación de hijos genéticamente iguales encuentra en varones ricos y exitosos como Ricky Martin o Cristiano Ronaldo su máxima expresión. Ser padre es lo importante. Ellas, si existen, un complemento.

Querido Ricky, te felicito por tu parto. Espero que los puntos no te tiren mucho y que pases una buena cuarentena. Después del cuarto el suelo pélvico debe resentirse. Mientras, las feministas seguiremos cuidando a las ‘mamás más vulnerables’, queriendo que ‘todas las niñas tengan la posibilidad de retomar el control de sus vidas y se conviertan en agentes de cambio’ para nunca, nunca, tengan la necesidad de poner su cuerpo y su alma a disposición del patriarcado.

¿Qué historia le contarás entonces a la niña de tus ojos?

lunes, 19 de noviembre de 2018

#hemeroteca #pornografia #sexo | Prohibir el porno

Imagen: La Sexta / Fotograma de 'Salvados', 'La mala educación'
Prohibir el porno.
Diana López Varela · Periodista | Público, 2018-11-19

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/16669/prohibir-el-porno/

Voy a ser categórica. Necesitamos un debate político sobre el acceso a la pornografía en menores de edad y hay que hacerlo ya. Los adolescentes varones están construyendo su identidad sexual en torno a la violencia, el sadismo, el machismo y la falta de empatía del porno ‘mainstream’. Las chicas en el sometimiento (no solo el sexual, sino, en general, al hombre). En el último programa de Jordi Évole, ‘Sexo en Salvados’, las chicas educadas en feminismo nos hacían una llamada de socorro demoledora: no están disfrutando del sexo y, mucho peor, están sufriendo con el sexo. Las jóvenes se acercan a sus primeras relaciones sexuales convencidas de que sus compañeros les van a infringir dolor porque eso es lo que han aprendido del porno. Y eso es exactamente lo que hacen: humillarlas y dañarlas. La cultura de la violación empieza en sus pantallas.

El consumo de pornografía en adolescentes ha aumentado de manera exponencial en la última década. Si hace 15 años pillábamos a ráfagas la imagen del Plus codificado de madrugada en aquella televisión que compartíamos con toda la familia y los chicos tenían que conseguir a un adulto que les alquilase un VHS o robárselo a su padre para hacerse una paja en comunidad, la mayor parte de los niños acceden hoy solos al porno gratuito, ilimitado y sin filtros, a los 11 años de edad. A los 9, muchos ya han visto contenidos para adultos de manera accidental.

Hace unos días, en el XXIII Encuentro de Reflexión Feminista de Baeza, la profesora Carmen Ruíz Repullo nos alertaba sobre las fantasías de los menores de edad después de estudiar sus búsquedas en los principales portales de pornografía. El tema me dejó tan tocada que aún hoy no he podido digerirlo. La primera era “violar a mi madre” y la segunda “violar a mi hermana”. Ni siquiera piensan en la madre de José, no, no, los chicos fantasean con violar a sus propias madres. ¿Es esto lo que queremos? ¿Los estamos beneficiando en algo? Claro no, los últimos estudios refieren problemas frecuentes de eyaculación precoz y disfunción eréctil en varones jóvenes. Acostumbrados a pajearse con bukakes y penetraciones múltiples antes de hacerlo pensando en la persona que les gusta, se están convirtiendo en paralíticos sexuales. El porno les está negando la construcción de sus propias fantasías. ¿No será que el lobby proxeneta está encantando fabricando nuevos consumidores de prostitución? De algún lado tienen que salir los clientes, no por nada España ocupa el primer lugar en cuanto a consumo de prostitución en toda Europa y es el país europeo con más esclavas sexuales. Estos chicos, incapaces de conseguir placer con sus compañeras, asumen, desde la adolescencia, que tienen el derecho de pagar para violar, porque así es la sexualidad del hombre. Deberíamos preguntarnos por qué cada semana las principales plataformas de pornografía nos regalan cientos de videos sexuales. Los principales proveedores de internet están encantados con este abastecimiento masivo en el que nadie se atreve a meter la mano. El porno es el principal negocio online, el alimento de la red de redes. Los jóvenes, mucho más vulnerables a las adicciones, acabarán pagando por webcams y otros servicios Premium.

No sé en qué momento ni de qué manera, en los últimos 15/20 años, las mujeres hemos pasado de desear un sexo absolutamente mediatizado por el amor romántico a recibir otro aprendido de la pura violencia, porque la violencia sexual es, al final y al cabo, violencia. Si en mi generación, en general, les pedíamos cierto grado de compromiso para “dejarnos hacer”, en esta directamente lo que piden es que no les hagan daño físico. No quiero ni imaginarme cómo hubiese sido mi vida sexual –y emocional- si en mis primeras relaciones me hubiesen metido un puño en la boca, estrangulado, o me hubiesen dado una somanta de bofetadas como contaban las adolescentes que participan en el programa. De verdad, no lo quiero ni imaginar. En cualquier caso, las jóvenes siguen sin acceder al sexo en igualdad de condiciones, y la supuesta libertad sexual que tanto reivindicamos nosotras para que no nos llamasen putas por acostarnos con quien nos diese la gana, se ha convertido en libertad para que ellos agredan.

Vivimos en un país en que los menores de 16 y 17 años no pueden coger un coche, no pueden comprarse una cajetilla de tabaco, ni tomarse una copa de alcohol. Con menos de 13, ni siquiera pueden ver películas de terror en el cine. Sin embargo, pueden irse de putas (¿o creéis que les piden carnet?), consumir pornografía y someter a la violencia y al miedo a sus iguales. Pueden hacerse pajas día y noche viendo cómo otras mujeres reales son sometidas y humilladas, total, mientras se hacen pajas, tampoco molestan. Y por otro lado, tenemos a las chicas, adolescentes de 16 y 17 años a las que se les ha negado el derecho al aborto por ley pero en cambio, tienen la posibilidad de ser golpeadas, violadas y amenazadas con la difusión de sus imágenes íntimas sin que aquí pase nada. Todo bien.

Tenemos la tecnología suficiente para restringir el acceso al porno a través del reconocimiento facial, la huella o, simplemente, con el uso de tarjetas de crédito, algo que, en cualquier caso, solo podrían hacer los adultos. Creer que esto afectaría en algo a la intimidad de los adultos consumidores de pornografía es una soberana estupidez: cada vez que uno de nosotros visita una página porno nuestro proveedor y Google lo saben, por muy mucho que pongamos el modo incógnito o tapemos la cámara con el post it de “comprar papel higiénico”. El consumo excesivo de porno no es beneficioso a ninguna edad (la Asociación Médica estadounidense culpa al porno de la reducción de materia gris en varones y del creciente desinterés hacia el sexo en pareja), pero desde luego no es lo mismo ver ciertas imágenes a los 25, 30 ó 40 que a los 12 ó 15 cuando los cerebros aún están a medio hacer. No podemos hacer nada con lo que ocurre en la deep web, pero para eso está la Policía.

Incapaces de separar ficción de realidad, los chicos han olvidado que lo que tienen delante es una persona de carne y hueso con sus propios miedos, inseguridades y deseos. Estas chicas que están en absoluta inferioridad de condiciones, reconocen que ellos tienen el poder, y que no disfrutan con estas prácticas. Porque como decía una de ellas, está muy bien decir eso de “no es no” pero es el momento de que ellos asuman que antes de hacer, hay que preguntar, y antes de todo, respetar. El sexo, por muy guarro que sea, deja de tener sentido cuando se olvida la empatía.

jueves, 4 de mayo de 2017

#hemeroteca #libros #feminismo | ‘No es país para coños’, el libro que reclama una sociedad feminista a través del humor

Imagen: La Vanguardia / Diana López Varela
‘No es país para coños’, el libro que reclama una sociedad feminista a través del humor.
La escritora Diana López Varela defiende que la igualdad en España tiene que dejar de ser una utopía.
Guillermina Torresi | La Vanguardia, 2017-05-04
http://www.lavanguardia.com/de-moda/feminismo/20170504/422064847573/no-es-pais-para-conos-diana-lopez-varela-libro-feminismo.html

Es un hecho: la igualdad efectiva entre hombres y mujeres sigue siendo una utopía. Y el que no se lo crea puede leer el primer libro de Diana López Varela, ‘No es país para coños’ (Ediciones Península). En él, a través de un humor duro y directo, la autora nos hace viajar por los inconvenientes que tiene haber nacido mujer en un mundo donde el varón es el protagonista.

López Varela fue criada para “ser práctica y no meterse en líos” pero un día -y gracias a Gallardón- despertó y ahora el feminismo, además de “una bandera o una preocupación”, es también su trabajo. Su relato es cercano a autoras como Caitlin Moran o Lena Dunham. Cuando hablamos con ella nos asegura que la comedia nos ayuda a “sobrevivir en un mundo lleno de malvados, ignorantes déspotas y rubias despiadadas”.

¿Cómo te presentarías para aquellos que aún no te conocen?

Mujer, feminista, ecologista, periodista, guionista de cine, televisión y teatro, “escribidora” de cosas que me preocupan en medios de comunicación. Ansiosa e hipocondríaca. Amiga, hija, compañera… soy una amalgama de cosas, y no todas son buenas.

Tu despertar feminista fue en 2013 ¿Qué sucedió para que esto fuera así?

Escribía en mi blog Suspenso en Religión desde 2012 acerca de temas que me ocurrían o habían ocurrido como a cualquier otra chica de mi edad, sin ningún posicionamiento político. En 2013, gracias al ex ministro Gallardón y a su anteproyecto de Ley para penalizar y restringir el aborto en España, me volví política.

Me sentí absolutamente indignada y burlada como mujer, tuve miedo de perder los derechos con los que había nacido, y Mi Coño fue la respuesta. Después de publicar el artículo la gente empezó a llamarme feminista de manera esporádica. Investigué sobre el movimiento, me enamoré de todas aquellas mujeres valientes de la historia que lucharon por nuestros derechos, y decidí que nada mejor para honrarlas que seguir su camino.

¿Cómo es la vida a partir de este “despertar”?

Para mí es un orgullo que la gente me lea y comparta mis artículos, pero también es una responsabilidad, así que además de escribir sobre temas que me ocurren y preocupan, ahora intento dar claves feministas en mis reflexiones. Esto es: paso mucho tiempo leyendo e investigando acerca de las cosas sobre las que escribo. Para mí el feminismo ya no es sólo una bandera o una preocupación también es mi trabajo.

¿Qué aspectos de tu vida tuvieron que cambiar o cambiaron?

A nivel laboral supuso un impulso muy grande y me pude dedicar de lleno a lo que me gustaba. Llegaron oportunidades en cine y televisión, después la obra de teatro, el libro... Han sido años muy intensos en que no he dejado de trabajar ni un minuto y unos proyectos se fueron encadenando con otros. Cuando una se hace feminista se hace con todo, el feminismo es algo transversal e irreversible en mi vida. Ser consciente de todas las desigualdades y abusos que sufrimos las mujeres por el hecho de serlo me ha cambiado. Creo que soy más valiente, más fuerte, mejor persona y, desde luego, más feliz. Tampoco tengo abuela, claro.

¿Para ser feminista es necesario sufrir?

Ser feminista no te hace sufrir, nacer mujer sí. Ser feminista te defiende, te protege, te da argumentos contra el machismo y crea a tu alrededor una red de ayuda y comprensión llamada sororidad. Sufres porque eres más consciente, porque cada asesinato machista es un golpe durísimo, porque sabes que cobrar menos que un hombre o perder tu trabajo por tener hijos es una injusticia, pero el problema real está en todas las personas a las que no les importa. Escribo para que me escuchen.

‘No es país para coños’ es tu primer libro ¿Cómo surgió?

Primero hice una obra de teatro con el mismo nombre, que triunfaba en toda Galicia. Es la historia de tres chicas muy diferentes en la sala de espera del ginecólogo rajando sobre maternidad, aborto, sexo, ETS, amor o amistad en tono jocoso. Un día estaba en Barcelona con un amigo periodista y pasamos por delante de la editorial Planeta. Me dijo que tenía que publicar un libro en ese tono, que sería maravilloso. Le di la razón como a los locos y pasé del tema: como muchas chicas, no confiaba en mis posibilidades. Tiempo después, consiguió una reunión con los editores, me fui a Barcelona a conocerlos, y el resto consistió en encadenarme en tetas a la puerta mientras gritaba “Nosotras parimos, nosotras decidimos”. Un golpe de efecto.

El humor es uno de los hilos conductores de tu narración ¿Por qué?

Una vida sin humor no merece ser vivida. Soy de las que piensa que hasta de la tragedia se puede sacar un chiste y debemos aprovechar el efecto catártico de la comedia para sobrevivir en un mundo lleno de malvados, ignorantes déspotas y rubias despiadadas. O, como diría Chaplin “al final, todo es un gag”.

La ironía también está presente en todo el relato ¿Crees que algunos lectores pueden malentenderlo?

Creo que los que no lo entiendan deberían ir más a misa. Con lo del Espíritu Santo y la Virgen María empezó todo.

¿Qué lecturas te han ayudado en la composición de este libro?

Empecé por lo básico: Simone de Beauvoir, Kate Millet, Virginia Woolf, Marcela Lagarde, María Elena Simón, Robin Norwood. Después me lo pasé pipa con Rebecca Solnit, con Caitlin Moran, con Chimamanda Ngozi o Lena Dunham. Leí blogs, ensayos, estadísticas. Y también vi series, charlas TED y cualquier cosa que me pudiera interesar. Al final, en gran parte del libro, hablo de mí misma y creo que es lo más interesante, porque me han pasado las mismas cosas que a la mayoría de las mujeres españolas de mi generación.

¿Qué aspectos deben cambiar para que exista una sociedad feminista?

Tiene que cambiar la sociedad, en su conjunto y desde la base. Cuando las feministas hablamos de patriarcado nos referimos a una sociedad construida desde el androcentrismo, con el varón como protagonista principal de la Historia: en los centros de poder, en la cultura, en la política, y en la casa como suministrador de bienes y recursos a la familia. Con este panorama acaparador, a la mujer sólo le quedaba ser el objeto de deseo, la madre, la hija, la esposa, con un papel minoritario y relegado al varón en la vida pública.

Esto sigue siendo así en todos los países del mundo y el único camino para un cambio real pasa por educar en igualdad, incluir el feminismo y los estudios de género en los planes educativos, y descubrir a todas esas mujeres silenciadas por la Historia. Cambiar formas y patrones de comportamiento desde la base, suministrar educación emocional y sancionar y corregir comportamientos violentos y machistas desde la infancia.

lunes, 24 de octubre de 2016

#hemeroteca #libros #feminismo | Diana López Varela: «Las mujeres tenemos el gen de la culpabilidad instalado en nuestro cerebro»

Imagen: ABC / Diana López Varela
«Las mujeres tenemos el gen de la culpabilidad instalado en nuestro cerebro».
La periodista gallega Diana López Varela, con un ácido sentido del humor, se estrena en el mundo editorial para hablar sobre el acoso sexual, la pornovenganza y el feminismo.
Lucía M. Cabanelas | ABC, 2016-10-24
http://www.abc.es/sociedad/abci-mujeres-tenemos-culpabilidad-instalado-nuestro-cerebro-201610211402_noticia.html

Nació el mismo año que Lena Dunham (1986) pero a más de cinco mil kilómetros de distancia. A pesar de crecer en dos ciudades tan diferentes como Nueva York y Pontevedra, ambas se han hecho escuchar, con su tono, a veces, escatológico y haciendo autoparodia de lo que defienden. El humor es «una forma de llamar la atención, de decir "ey, las tías estamos aquí, y, aunque jodidas, también sabemos reírnos de nosotras mismas"», se explica la gallega Diana López Varela, que como la actriz y creadora de «Girls», habla sin tapujos, con una fe ciega en una causa, la del feminismo, que todavía da alergia a hombres y mujeres.

Con un lenguaje eléctrico y haciendo gala de un humor ácido, esta periodista deslenguada y de personalidad arrolladora se estrena en el mundo editorial con «No es país para coños. Sobre la necesidad de una sociedad feminista» (Península, Atalaya). Es un libro provocador desde la portada hasta la última página, y a veces malintencionado, que explica la situación de las mujeres España, donde hay una violación cada ocho horas.

En algo menos de 300 páginas, Diana López desgrana datos de encuestas sobre el acoso, la violencia de género y todo tipo de cuestiones que intercala con sus propias experiencias, revelando vivencias personales como los orgasmos fingidos o «dejar de beber y fumar» para complacer a un exnovio. «Hasta que los hombres entiendan que la lucha a favor de la igualdad nos concierne a todos, será imposible alcanzar una igualdad efectiva. Busquemos la cooperación y acabemos con la estupidez de la guerra de sexos», sentencia en una entrevista a ABC.

A su juicio, la palabra feminismo, tan presente en la actualidad, está denostada porque mentalmente se relaciona con el machismo. «Basta con acudir al diccionario para entender que el machismo es una actitud de prepotencia y maltrato de los hombres hacia las mujeres y el feminismo, igualdad. Una igualdad que pasa por darnos a las mujeres los mismos privilegios que han recaído históricamente sobre los hombres y por entender que como género, también tenemos nuestras especificidades».

A pesar de los avances en materia de igualdad, la gallega critica una sociedad que todavía sigue siendo patriarcal y en la que la posición de la mujer sigue subordinada a la del hombre, víctima de las perpetuas ideas tradicionales que las asocian al hogar y a la maternidad. «Las mujeres tenemos el gen de la culpabilidad instalado en nuestros cerebros. Tantos años de sirvientas dentro y fuera de casa nos han minado psicológicamente. Tenemos una presión social enorme desde niñas, nos educan para gustar y complacer. Vivimos en la vergüenza eterna, en el qué dirán», asegura a ABC.

Según la periodista, las mujeres son las víctimas directas de los cánones de belleza que rigen en la actualidad. Estos promueven que «podamos ser buenas profesionales, pero al mismo tiempo que tengamos la casa impecable, unos niños educados y felicísimos, el vientre plano y una melena brillante». Así, muchas mujeres caen en sus redes, buscando «la aprobación del sexo masculino», imitando imágenes sexualizadas, y compartiéndolas en redes sociales, «el territorio donde toda vileza, toda ruindad, tiene su asiento impune», como escribió Arturo Pérez-Reverte en su artículo para el 'XL Semanal' «Esas jóvenes hijas de puta». «Hay tanto desconocimiento que si esto fuese tan guay, muchas niñas no tendrían que estar trasladándose de instituto por el acoso en el mejor de los casos, o con grandes depresiones o quitándose de en medio en los peores», aclara la gallega.

Internet o acosar tras la pantalla
Esa profunda ignorancia, amplificada por una comunidad online con cada vez más peso en el día a día, hace que aumente un peligro, en algunos casos, todavía sin tipificar en los respectivos códigos penales. «Internet es el espejo de esta sociedad. El lugar en donde muchos que no se atrevían —afortunadamente— a violar o a acosar a niñas y mujeres tienen la oportunidad perfecta de hacerlo parapetados tras la pantalla».

Y, aunque nuestro país ya penaliza que se compartan fotos y vídeos de terceros sin su consentimiento, esto «no dejará de aumentar, porque internet es un estado sin leyes, un país sin fronteras, extremadamente difícil de controlar porque lo que se sube en España, puede estar replicándose en China en cuestión de segundos», advierte Diana López.

Aun con todas sus ventajas y la revolución en el paradigma de las relaciones humanas que ha supuesto, Internet se ha convertido en un foro amplificado para difundir contenidos íntimos que trascienden el ámbito privado, ya sea por rencor o por morbo, dando pie al acoso sexual, e incluso a la venganza. Sucedió con el «Celebgate», cuando se filtraron fotografías eróticas de estrellas de Hollywood, a las que habían hackeado sus cuentas de iCloud, o con la irrupción de páginas webs que incitan a la pornovenganza.

La pornovenganza
El también llamado 'revenge porn' se ha extendido especialmente en Estados Unidos, donde algunos propietarios de dominios web se definen a sí mismos como «arruinadores de vidas personales», y cuya única motivación es denigrar y difamar a mujeres cuyas fotografías sexualmente explícitas se replican en todo el mundo sin su consentimiento. Como justifican las autoridades, quedan impunes porque esas mujeres no son las propietarias de sus propias fotografías.

«Afortunadamente, como explico en el libro, en Estados Unidos ya le pusieron coto a la pornovenganza, y un señor (por llamarlo de alguna manera) que había creado un portal para compartir fotos de ex y humillarlas y acosarlas públicamente ha sido condenado a 18 años de cárcel», cuenta Diana.

En España Olvido Hormigos sufrió la difusión ilícita de un vídeo suyo de contenido erótico. El caso de la polémica exconcejala de Los Yébenes consiguió cambiar la legislación contra este tipo de delitos, contribuyendo a que, después de cierto vacío legal, se crease el artículo 197.7 que, como explica la periodista en su libro, «establece una base jurídica sólida para estos tipos de ciberacoso, los cuales carecían hasta entonces de una previsión específica».

Acciones que en muchos casos quedan impunes a nivel penal, pero arruinan la vida de la víctima, que se margina o, en el peor de los casos, se suicida, como sucedió hace apenas un mes con una joven en Italia. Recuerda Diana el vídeo de los jugadores del Éibar y sostiene que la única justificación para ella es que el que graba a alguien sin su consentimiento lo hace porque «se cree dueño de la otra persona. Por qué si no iban a distribuir su intimidad, su cuerpo, su vida... sin su permiso».

miércoles, 12 de octubre de 2016

#hemeroteca #feminismo | Entrevista a Diana López Varela: Por qué España no es país para coños

Imagen: El Confidencial / Diana López Varela, de blanco
Entrevista a Diana López Varela: Por qué España no es país para coños.
La guionista y bloguera publica un ensayo con un aluvión de datos y ejemplos sobre el machismo cotidiano.
Víctor Lenore | El Confidencial, 2016-10-12
http://www.elconfidencial.com/cultura/2016-10-12/por-que-espana-no-es-pais-para-conos_1273239/

Diana López Varela (Pontevedra, 1986) recuerda haber acudido a mítines de Zapatero "como quien va a ver a los Rolling Stones". En todo caso, no es militante del PSOE, sino que alaba y critica posturas de cada partido respecto a la igualdad de género. A pesar de su juventud, ‘No es país para coños’ (Península, 2016) es una buena introducción a los conflictos del feminismo actual. Destaca su voz directa, rigurosa, que cultiva el sentido del humor. “Los tres primeros días de la regla es como si Eduardo Manostijeras podase varios setos en mis ovarios”, explica.

También se hace eco de un experimento donde se preguntaba a niños y niñas de ocho años sobre las imágenes de hombres y mujeres en la publicidad. A ellas las describían como “enfermas”, “pobres”, “asustadas”, “tristes”, “muertas” o “borrachas”. A ellos como “superhéroes”, “espías”, “felices”, “jefes” o “empresarios”. El machismo nuestro de cada día. Su libro, cuajado de experiencias personales, no tiene desperdicio, ni renuncia a los comentarios sobre conflictos sociales y económicos ajenos al feminismo. Pueden seguirla en su popular blog 'Suspenso en religión'. Quizá estemos ante nuestra Caitlin Moran, nuestra Lena Dunham o una mezcla de las dos.

PREGUNTA. Explicas que empezaste a militar en el feminismo para oponerte a las políticas de género del Partido Popular.

R. Sí, supongo que tengo que darles las gracias. Sobre todo, por la ley aquella de nombre tan largo de Alberto Ruiz-Gallardón. Entonces escribí un post llamado “Mi coño” y comenzaron a llamarme feminista. Me di cuenta de que lo era y que eso conllevaba una responsabilidad.

P. También rechazas de plano las políticas de Nuñez Feijóo.

R. Sí, básicamente, son violencia obstétrica. Incluso en casos donde el aborto es ajeno a la voluntad de la madre, con todo el trauma que conlleva la interrupción del proceso, se las monta en un taxi y se las deposita en Madrid para abortar en una clínica privada. Las propias pacientes han denunciado que allí se realizan prácticas muy poco respetuosas con el cuerpo de la mujer. Las abandonan en un baño para que aborten como quien hace caca. Las dejan allí pariendo un feto muerto. Y lo siguen haciendo. Estas son las consecuencias de las políticas de externalización.

P. ¿Qué opinas del enfoque de género del PSOE? Zapatero tuvo mucho interés y dedicación, pero se le acusó de hacer política de titulares, sin dotar de suficientes medios económicos y policiales la protección contra la violencia machista.

R. Los programas de Zapatero son lo mejor que hemos vivido las mujeres desde que tengo uso de razón. Obviamente, se podían haber dedicado más medios, pero se hicieron muchos avances. Dieron al Instituto de la Mujer una categoría propia. Propusieron un Ley del aborto a la altura de los plazos que se estaban manejando en Europa. También legalizaron el matrimonio gay. Invirtieron mucho más dinero y esfuerzo que el PP en frenar la violencia machista. Eso hay que agradecérselo a Zapatero y a Bibiana Aído, ex ministra de Igualdad.

P. También se les acusó de instrumentalizar el feminismo. Como no se podían diferenciar del PP en materia económica, lo hicieron en aspectos sociales.

R. Yo espero que un partido que se llama socialista apoye siempre el feminismo, sea para instrumentalizarlo o no. Que hayan optado por el feminismo nunca me va a parecer negativo. ¿Política de titulares? Un titular también es una forma de llamar la atención sobre un problema. No soy votante socialista, ni siquiera les he votado en las últimas elecciones, pero es algo objetivo, indiscutible, que son quienes más han hecho en favor de la igualdad de género. Aunque fuese mercadotecnia pura, se avanzó mucho, incluso en el terreno escolar, donde se incluyó en la Educación para la ciudadanía. Por supuesto, con Zapatero también moríamos por violencia machista cada semana.

P. ¿Por qué hay mujeres entonces que votan al Partido Popular?


R. Es la pregunta de siempre: ¿por qué hay obreros que votan a la derecha? Mucha gente no está interesada en conflictos sociales, se centra en el día a día. La sociedad es conservadora en el voto. España pasa un momento económico tremendo y piensa "virgencita, qué me quede como estoy". Mientras no te toca a ti la violencia de género, no es algo que te interese tanto, ya que tienes otros conflictos urgentes que atender. Lo mismo te preocupa más el paro y la corrupción. Eso es triste, ya que España tiene una situación de género lamentable, con los mayores niveles de consumo de prostitución de Europa y tres violaciones al día. Resumiendo: falta conciencia de la desigualdad de género.

P. Ahora mismo se está teniendo el debate, al menos en la izquierda, sobre si es más útil el término “igualdad” o el término “feminismo”. Si nos basamos en datos del Centro de Investigaciones Sociológicas, parece más sensata la primera opción, ya que solo un uno por ciento de la población se identifica o encuentra connotaciones positivas en el término “feminismo”. ¿Cuál es tu postura?

R. Creo que hay que usar la palabra “feminismo” porque los hombres y las mujeres somos distintos. Debemos ser iguales en derechos y libertades, pero nosotras nos enfrentamos a procesos específicos como dar a luz, la lactancia y sus relaciones con la conciliación. Además, ellos no se tienen que enfrentar a la cosificación sexual que sufrimos. Hay que visibilizar a una parte de la sociedad que está sufriendo. Además somos el sesenta por ciento de las las licenciadas, pero ocupamos un porcentaje ridículo de los puestos de dirección. Quizá en unos años la palabra “feminismo” no sea necesaria, pero ahora estoy convencida de que sí.

P. Los afroamericanos consiguieron avances más con el concepto “derechos civiles” que con el "black power" (poder negro). Los partidos "de abajo" han llegado a más gente más hablando de “lucha contra la desigualdad” que de "comunismo" y "marxismo". ¿Tanto cuesta adaptarse a los términos que mejor recibe la mayoría de la población?

R. Cuanto más miedo da "feminismo", más me apetece utilizarlo. Es terrible que los hombres sean incapaces de aceptar cualquier corriente social que lleve un nombre alusivo a las mujeres. Si vas a Wikipedia, verás que el feminismo es la lucha por la igualdad. Pero "igualdad" me parece un término tramposo porque mucha gente te responde que "ya somos iguales". La Constitución española no dice que tú y yo seamos diferentes, pero la realidad social no nos trata igual. Por esa discriminación prefiero el término “feminismo”.

Sobre Podemos, lo de usar “lucha contra la desigualdad económica” en vez de “izquierda”, creo que ese partido tiene una paja mental constante sobre todo lo que dice. Es una comparación que no me gusta. Podemos ha sido demasiado laxo y demasiado flexible en el uso de los términos políticos. Dicho esto, yo puedo defender lo mismo usando “feminismo” que usando “igualdad”, pero creo que “feminismo” no debe desaparecer de momento. Para mí feminismo es un lema identitario que visibiliza una situación de desigualdad histórica de partida. No soy política, soy escritora, y creo en la pedagogía. En el libro explico que la palabra “feminismo” me daba reparo incluso a mí antes de informarme. Hay que escuchar a quien sufre. Si los gays quieren la palabra “matrimonio”, tienen derecho a obtenerla.

P. La diferencia es que estaba claro que los gays querían la opción del matrimonio, mientras que no tanto que las mayoría de las mujeres quieran la palabra "feminismo". Tú misma cuentas en el libro que el grueso de las manifestantes contra la ley Gallardón estaban fuera de la edad fértil o saliendo de ella. No hay relevo claro en la militancia.

R. Sabemos que las estadísticas a veces son engañosas. Otro motivo para usar la palabra “feminista” es reconocer el trabajo de estas pioneras que en los años setenta y ochenta lucharon y consiguieron el derecho al voto y la despenalización del aborto. Además, es un término que funciona, a mí me ha traído una base de lectores, a Caitlin Moran también, Barbijaputa es la twittera con más seguidores de España. A Lena Dunham y a Amelia Valcárcel les ha funcionado.

P. Bueno, también hay mucho superventas rockero con camiseta del Ché y mucho intelectual marxistas famoso, pero eso no hace la idea del “comunismo” más atractiva al gran público. Pero cambiemos de asunto. Denuncias algo que me parece crucial: la lamentable educación sexual en nuestro país.

R. En España, la educación sexual es el porno. Para la inmensa mayoría de chicos y cada vez para más chicas. Tenemos un acceso indiscriminado. El primer contacto con el porno llega a los doce, con un nivel muy bajo de madurez. No es edad para exponerse a prácticas tan bestias. Creo que es peligroso. Necesitamos educación sexual en casa. La actriz X Celia Blanco me decía, durante una entrevista, "pongámonos a ver porno con nuestros hijos". Lo encuentro un poco excesivo, yo no sería capaz, pero sí estoy dispuesta a contarles que el porno es adictivo, igual que la ludopatía. Los estudiosos dicen que el porno está causando estragos en la población juvenil, aumentando la disfunción eréctil y eyaculación precoz en chicos jóvenes, incluso desde los dieciocho o veinte años. Debería haber educación sexual en el colegio. Tenemos una situación donde los chicos siguen acosando a las chicas y sufrimos altos niveles de sexismo. Creo que en España se habla poco de sexo y mucho menos de sexo desde la perspectiva de las mujeres. En el libro confieso que he fingido orgasmos y no soy la única. Hay que explicar eso porque los hombres no son adivinos. El sexo es buen campo para empezar a hablar de feminismo porque nos interesa a todos.

P. Escribiste un artículo titulado “Dame porno y dime progre”, donde cuestionabas la figura de la actriz Amarna Miller, a la que Podemos ha dado mucha visibilidad.

R. Tengo una postura contraria a la de ella. Soy proabolicionista de la prostitución y más bien contraria al porno, ya que reproduce posturas de dominación machista. Además Miller no hace porno feminista, sino porno convencional. Pero si ella se considera feminista tengo que reconocer su libertad. Su postura es que no hace en pantalla nada que no haga en su vida privada, pero también reconoce que hay mujeres que trabajan en el porno por necesidad económica. Esto se confirma constantemente, por ejemplo en el célebre y sórdido “caso Torbe”. Las fronteras entre porno, prostitución y trata de blancas son difusas. Es un debate ético y político. Mucha mujeres se siente utilizadas y cosificadas por el porno. Por eso me cuesta reivindicarlo.

P. ¿No te chirría ser abolicionista cuando las asociaciones de prostitutas, por ejemplo Hetaira, defienden la regulación?

R. Quiero que las prostitutas tengan todos los derechos posibles. Pero el estado ideal sería que fuera imposible comprar a una mujer como se accede al consumo de cacahuetes. La prostitución es una de las bases de la discriminación sexual y España es el país de Europa con más puticlubs por metro cuadrado. Esto es una señal de lo mal que estamos. Mientras llega la abolición, defiendo que las prostitutas tengan las mejores condiciones legales, laborales y sanitarias. Detrás de la prostitución está la pobreza femenina. Ahí encontramos el caso de las migrantes sin papeles que se ven obligadas a ejercerla y no tienen derechos. Personalmente, me gusta la solución de los países nórdicos de penalizar al cliente.

P. ¿Se puede ser feminista y neoliberal?

R. No. Lo veo complicado. Dicho esto, prefiero que Beyoncé tenga un discurso feminista a que no lo tenga. El feminismo no puede ser una Biblia, pero encuentro difícil casar el discurso neoliberal con el feminista. Usan el juego de la oferta y la demanda económica para justificar la legitimidad de la prostitución. Olvidan que muchas mujeres carecen de libertad.

P. Soraya Sáenz de Santamaría defiende a veces un discurso feminista. Por ejemplo, pasó un día entero dando entrevistas donde denunciaba al gobierno de Syriza por no tener una sola mujer. ¿Eso es utilización?

R. El feminismo está de moda, afortunadamente. No me parece mal que Santamaría señale eso, pero también debería aplicarlo a las políticas sanitarias de su partido, por ejemplo. Prefiero que el PP esté lleno de mujeres a que solo hubiera hombres en puestos de poder.

viernes, 7 de octubre de 2016

#hemeroteca #lenguaje | Coño, esa palabra de moda

Imagen: El País / Amarna Miller en 'Patria'
Coño, esa palabra de moda.
No tengo nada en contra de esa expresión, la utilizo con bastante frecuencia, pero no como reclamo o para llamar la atención.
Elvira Lindo | El País, 2016-10-07
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/07/actualidad/1475841127_116915.html

Hubo un tiempo en el que algunas mujeres achacaban a los hombres la mala costumbre de pensar con la polla. Pensar con la polla era estar prisionero, pero a mucha honra, de los instintos más primarios. De un hombre que pensara con la polla una mujer no se podía fiar. Un hombre que pensaba con la polla no valoraría a una mujer en su conjunto, intelecto y físico, sino que sólo se detendría a valorar si una chica era lo suficientemente atractiva para esa parte del cuerpo con la que pensaba, la polla. Yo conocía a hombres así de transparentes, algunos incluso me hacían gracia por su evidente primitivismo, pero no eran mi tipo. Los había que sostenían que incluso aquellos varones que aparentaban más sofisticación intelectual, a la hora de la verdad, pensaban con esa parte concreta del cuerpo que señala, según la inclinación de su ángulo, lo que un hombre bien constituido piensa.

Fueron muchos años de escuchar aquello de “lo hago porque me sale de la punta de la polla”. Casi de manera inconsciente, algunas, yo creo que las más listas, encontramos a hombres que tenían un pensamiento más sofisticado y tanta capacidad como nosotras de pensar con la cabeza en unos momentos y de dejarse llevar por sus instintos cuando terciaba. De alguna manera, sabiendo elegir, demostramos que hay muchos hombres con los que una relación igualitaria es posible. Los hay. Los hemos tenido como pareja y los hemos criado. Hombres que no tienen ningún interés de mostrarse como especímenes dominados por instintos animales, hombres que no presumen de su potencial, que no piensan continuamente en términos de cacería.

Pero hay un tipo de feminismo ahora que no llego a entender, que tiende a ver a los hombres como a una masa compacta de hormonas, donde unos individuos no se diferencian de otros. Pareciera que estuvieran infectados por ese mal definido como heteropatriarcado del que no pueden escapar. Los pobres. Es ese tipo de feminismo que gusta hablar en plural siempre y afirma “nos matan”, “nos violan”, como convirtiendo a todas las mujeres en víctimas: tanto a las vivas como a las muertas, a las que han sufrido una violación como a las que se han tenido que enfrentar a un simple patoso. Porque hay patosos, sí, pero lo que hay que predicar es la defensa, no el victimismo. Desde los 19 años, como trabajadora me he topado con más de uno, pero he aprendido a pararles los pies, y es una victoria que tengo en el saco. No siempre me han sacado otros las castañas del fuego.

Y hay mujeres que han entendido que la igualdad está en pronunciar tantas veces la palabra “coño” como ellos lo hicieron con sus palabra fetiche, “polla”. Igual que los hombres reducían sus aspiraciones a lo que expresara una parte de su cuerpo, parece que ahora el coño ha tomado el relevo. Consideramos heteropatriarcal que un señor actúe como le sale de la polla, pero nos parece progresista y transgresor hablar de nuestro coño como significante de nuestra libertad. Una actriz porno, Amarna Miller, nos habla de porno feminista y nos explica lo atrasadísima que está España porque, al parecer, lo que cuenta en términos de liberación de la mujer es lo que se realiza con cierta parte del cuerpo. Leo que una joven feminista, Diana López Varela, publica ‘No es país para coños’, para mostrarnos de qué manera aún no hemos conseguido la igualdad: interesante, pero ¿por qué elegir un título reduccionista que vuelve a insistir en esa separación arcaica de las pollas a un lado y los coño a otro? El otro día, una artista plástica señaló que ella era nacionalista de su coño. Bravo.

No tengo nada en contra de esa palabra, coño, la utilizo con bastante frecuencia, pero no como reclamo o para llamar la atención. Debieran saber quienes la usan como si fuera transgresora, que un término audaz que se repite con excesiva frecuencia acaba siendo, simplemente, una vulgaridad, tanto como una película de destape de los setenta, tipo ‘El fontanero, su mujer y otras cosas de meter’, o aún peor, la demostración pueril de un papanatismo ideológico que en dos años suena ineficaz y viejuno.

Tenemos claro que la liberación está ligada al sexo, pero también a la interrupción del embarazo (véase Polonia), a la procreación (los niños no vienen de París, pero digo yo que habrá palabras más delicadas para expresar de dónde salen nuestros hijos), a la igualdad laboral tanto en puestos como en remuneraciones, al trato que se nos da, a la consideración social como iguales. Si siempre sentí algo de vergüenza ante ese lenguaje machorro, invasivo, ordinario, primario, entiendo que las cosas no se cambian usando el mismo estilo. Por mucho que esa palabra, coño, en la intimidad pueda sonar a deseo, a deseo con amor. O sin él.

jueves, 6 de octubre de 2016

#libros #feminismo | No es país para coños : sobre la necesidad de una sociedad feminista

No es país para coños : sobre la necesidad de una sociedad feminista / Diana López Varela.
Barcelona : Península, 2016 [10-06].
296 p.
ISBN 9788499425450 / 15,90 €

/ ES / ENS
/ Desigualdad de género / España / Feminismo / Mujeres / Patriarcado / Sociología

Desde que Eva se comiera la manzana prohibida hasta que empezó a pasearse en pelotas por los programas de televisión han pasado milenios, pero la igualdad efectiva entre hombres y mujeres sigue siendo una utopía.

A pesar de que el movimiento feminista ha conseguido avances fundamentales para el desarrollo de una sociedad justa, en España la legislación no protege lo suficiente a las mujeres y muchas leyes se construyen sobre la larga sombra del patriarcado. El cuerpo femenino se sigue sexualizando, cosificando y utilizando como reclamo publicitario. El amor romántico aparece dibujado, en libros y películas, como la máxima aspiración vital para la mujer, aquella que dará sentido a su vida. Mientras, los gobiernos de derechas tratan de penalizar el aborto y en la intimidad del hogar persisten el maltrato y los asesinatos.

Internet se ha convertido en caldo de cultivo de la misoginia y la tan publicitada «guerra de sexos» se juega ahora entre conceptos tan creativos como el de las «locas del coño» y las «feminazis». Temerosos de perder la supremacía masculina, famosos, políticos y líderes de todo tipo lanzan el mensaje de que el feminismo es peligroso y advierten de la llegada de una especie de dictadura de mujeres al borde de un ataque de nervios. Cuando la realidad que retrata Diana López Varela en este libro deja claro que una sociedad basada en el feminismo es más necesaria que nunca. Al menos si queremos que algún día este sea de verdad un país para coños.

#hemeroteca #libros #feminismo | Diana López Varela: “El patriarcado es como un grupo terrorista, somete a las víctimas a través del miedo y la violencia”

“El patriarcado es como un grupo terrorista, somete a las víctimas a través del miedo y la violencia”.
Hablamos con la autora del libro 'No es país para coños', un análisis sin pelos en la lengua acerca del significado de ser mujer en nuestro tiempo y de la (aún) utópica igualdad.
Clara Ferrero | El País, 2016-10-06
http://smoda.elpais.com/moda/actualidad/entrevista-diana-lopez-varela-libro-no-es-pais-para-conos/

“Si de verdad crees en la igualdad, necesitas el feminismo”. Se puede decir más alto pero no más claro. Diana López Varela (Pontevedra, 1986) desgrana en el provocador 'No es país para coños. Sobre la necesidad de una sociedad feminista' (Península, Atalaya) qué significa ser mujer en la España de nuestro tiempo y cómo la igualdad entre hombres y mujeres sigue siendo utópica. Alejada de un tono ensayístico tedioso, esta periodista y autora del blog Suspenso en religión, ahonda en las razones por las que todos, mujeres y hombres, necesitamos el feminismo.

La autora de la obra de teatro homónima que ha arrasado en Galicia y acaba de llegar a Madrid, tira de humor para analizar asuntos tan dispares como “la maternidad, el elefante en la habitación”, “la puta regla”, “el deporte femenino” o “si piensas feminista, follar mejor”. Sin complejos y con un lenguaje directo y deslenguado, López Varela mezcla datos de innumerables encuestas con vivencias en primera persona, como aquella vez que una conquista le llamó la atención por masturbarse mientras practicaban sexo o aquella mañana en la que la regla la sorprendió cuando dormía por primera vez con uno de sus ligues. Arrepentida de “dejar de beber y fumar” para complacer a uno de sus novios o de “mentir en el sexo” simulando orgasmos dignos de película porno y cabreada, muy cabreada, por las desigualdades laborales o la violencia machista, Diana compila en algo menos de 300 páginas una necesaria lectura. Aprovechando el lanzamiento de ‘No es país para coños’, charlamos con ella en un hotel de la capital horas antes de que su primer libro se ponga a la venta.

¿Por qué crees que es necesario este libro?

Porque como el mismo título dice este “no es un país para coños”. No es un país donde en la práctica las mujeres tengamos los mismos derechos que los hombres ni se nos trata o juzga igual. Es un país donde prácticamente se asesina una mujer cada semana, donde se viola a una chica cada siete horas y donde encima los violadores acusan a la víctima de haberles provocado. Es un país en el que es imposible conciliar la maternidad con la vida laboral porque seguimos siendo las grandes cuidadoras de todo este supuesto Estado de bienestar, no solo de nuestros hijos sino de nuestros padres y mayores. Además es un lugar en el que las chicas todavía tienen problemas para volver solas a sus casas después de salir de fiesta y en el que la sexualidad no es vista igual en hombres que en mujeres, por libres que nos creamos. Intento visibilizar todo esto sin caer en ensayos profundos y contando mis vivencias personales con un toque de humor.

Se percibe ese humor pero también mucho enfado. ¿Cuál fue el capítulo que más te cabreó tener que escribir?


Quizá el que hace referencia al tema laboral. Me enfada mucho porque soy una mujer trabajadora de 30 años y tengo amigas a las que sus jefes les han preguntado si tenían pensado tener hijos o no porque de eso dependía hacerse con el puesto. Creo que sería positivo que el trabajo se feminizase porque si las mujeres trabajásemos en puestos menos precarios, más horas y conciliándolo con la vida familiar aportaríamos más impuestos que, a su vez, repercutirían sobre el bien de todos. Y, por supuesto, también me cabreó mucho el de la violencia machista.

La portada de tu libro no es apta para leer en el metro y pasar desapercibida. ¿Crees que utilizar tacos o ser escatológica refuerza el mensaje o es una estrategia?

Es una provocación. Todo empezó cuando en 2013 escribí en mi blog el artículo titulado Mi coño acerca del aborto. No fue nada premeditado pero se leyó mucho y creo que fue porque el título llamó la atención. Como estrategia de marketing está bien y además define ese cabreo del que hablábamos pero con un toque de humor. Además, si los tíos dicen “por mis huevos”, ¿por qué nosotras no vamos a decir “por mi coño”?

Cuentas en el libro que has sufrido ciberacoso por dar tu opinión en tu blog ‘Suspenso en religión’ y que incluso te han mandado fotos de penes o te han amenazado. ¿Cuál era el perfil del acosador?

No puedo describir el perfil exacto porque he recibido tantos mensajes de este tipo que ha habido de todo pero creo que, desgraciadamente, la mayoría han sido hombres jóvenes. Por parte de mujeres he recibido críticas pero no acoso.

¿Crees que hubieses sido acosada del mismo modo si hubieses sido un hombre?


No. No creo que las mujeres le dijesen a un hombre “te voy a follar puta de mierda mataniños” o “te voy a violar”.

En materia de igualdad, ¿qué consideras que el gobierno debería abordar con más urgencia?

Urge mucho una ley transversal de igualdad en la educación. No hablo de que haya una asignatura específica sino que la igualdad sea transversal en todas las materias. El acoso en internet o la pornovenganza, a la orden del día en los adolescentes y jóvenes de nuestro país, no va a terminar si no se empieza por la educación.

El término feminismo ha sido tan maltratado por ciertos sectores que, a día de hoy, muchas personas en España siguen teniendo una especie de alergia por esta palabra. ¿Por qué debemos seguir defendiendo el término feminismo?

El feminismo da alergia porque se relaciona con un concepto muy negativo: el de machismo. Ni siquiera los machistas quieren que se les llame así porque saben que tiene unas connotaciones que no gustan a nadie. Pero el feminismo tiene que llamarse así y no ‘igualitarismo’ ni similares porque son las mujeres las que han sido maltratadas históricamente y están en una posición de desigualdad. Por esa regla de tres, también el racismo se podría llamar igualitarismo. Como explico en el libro, feminismo no es hembrismo ni misandria (odio a los hombres). Si sigue produciendo alergia, más que por la palabra, es porque al patriarcado no le gusta que las mujeres manden o quieran entrar en estructuras de poder.

Dices que el concepto de ‘sororidad’ (pretende aumentar la fraternidad entre mujeres para que, juntas consigan un mundo justo e igualitario) se te empieza a hacer “pesadito”. Hace unos días, la actriz porno Amarna Miller apelaba a la sororidad para quejarse públicamente de que las mujeres fuesen las más críticas con su participación en el spot ‘Patria’. ¿Qué opinas de todo esto?

No quiero criticar directamente a Amarna ni soy quién para juzgar su feminismo pero creo que no es muy coherente defender ciertas posturas en contra de la cosificación de la mujer y de la misoginia cuando se trabaja en el porno. Aún siendo yo muy favorable a la libertad sexual considero que cuando hay un intercambio de dinero de por medio, cuando el 90% de los consumidores de prostitución y pornografía son hombres y esta sigue un discurso machista y misógino, hay que ser críticos. Con respecto a la sororidad, creo que se ha convertido en una especie de religión en la que parece que una mujer no puede criticar a otra. Y esto le ha venido muy bien al machismo. Si una mujer critica a otra es una “envidiosa”, una “celosa”… los tíos critican a otros tíos, los socialistas a otros socialistas y los de Podemos a otros de Podemos porque es positivo. Pero parece que si eres feminista es lo peor que puedes hacer cuando menos feminista sería juzgar solo a los hombres. Yo he criticado a Amarna o a Cristina Pedroche porque creo que estoy en mi derecho (después de publicar ¿Para eso estudiaste?, un post en el que hablaba del polémico vestido de Pedroche en Nochevieja, la plataforma Blogger censuró su blog por las decenas de denuncias por parte de los usuarios). La sororidad es otra cosa: es querer que todas las mujeres tengan la misma libertad para opinar, las mismas posibilidades laborales e iguales derechos laborales.

Afirmas también que no te convence el concepto de ‘micromachismo’. ¿Por qué?

Sí, porque ‘micro’ parece que lo hace más endeble, más pequeñito. Y al final todo es machismo puro y duro. El acoso callejero es machismo; el laboral, también. Hablamos de ‘micromachismos’ para referirnos a cosas que no son tan graves como una violación, por ejemplo, pero las mujeres vivimos empachadas de esos ‘micromachismos’.

En el capítulo ‘No morimos, nos matan’, afirmas que “el patriarcado no difiere mucho de cualquier grupo terrorista: busca el sometimiento de las víctimas a través del miedo, las amenazas, la coacción, la violencia y el asesinato”. Habrá lectores que consideren exagerada o radical esta afirmación.

Para mí el patriarcado, en sus diversas formas, ha supuesto el sometimiento de una parte de la población –consciente o inconscientemente, por eso a mucha gente les puede herir los sentimientos– sobre la otra mitad de la población. En España la cantidad de violencia ejercida sobre las mujeres es tan endémica que no se puede tratar de otra manera que no sea terrorismo. No matan a las mujeres porque les hayan dejado por otro, por ejemplo, lo hacen por el hecho de serlo, porque tienen que estar sometidas al hombre. Y eso que dentro de lo que cabe, en Occidente y en España, vivimos la parte más afortunada. En otros lugares del mundo donde la ablación del clítoris es la norma o las mujeres no pueden entrar en los templos, la cosa está mucho peor. Por eso considero que el patriarcado es un sistema criminal.

Como explicas con varios ejemplos en tu libro, el feminismo está calando en el cine o en las series de televisión. ¿Cuál crees que el papel de la cultura en el fin del patriarcado?

Es fundamental. Me encanta que se hagan cosas ‘mainstream’ feministas. Es una pena que ‘Girls’ se llame así porque si se llamase ‘Boys’ la verían chicos y chicas. Pero como se llama ‘Girls’ se cataloga como “serie para chicas”. Es importante que series como ‘The good wife’, ‘Orange is the new black’ o ‘Transparent’ aborden estos temas o que actrices como Emma Watson les den visibilidad. También lo es que los personajes públicos masculinos se definan como feministas para que se deje de pensar que el feminismo es cosa de “esas locas del coño”. Pasó algo parecido con la homosexualidad.

Pero aún queda mucho por hacer.

Desde luego. Según la ONU, en el mundo Occidental, tardaremos 80 años en alcanzar una igualdad real. Va a tardar pero creo que afortunadamente el feminismo está de moda y eso es positivo.

Muchas cantantes o actrices famosas enseñan su cuerpo al tiempo que se identifican con el feminismo. ¿Qué opinas?

(Suspiro y risa nerviosa). Ese es un debate muy complicado. A mí personalmente no me parece muy coherente. Por ejemplo Beyoncé es muy poderosa y estoy convencida de que realmente hace con su cuerpo lo que quiere. Me parece bien que estas mujeres reivindiquen que son feministas pero hay que tener cuidado. En cualquier caso mucho peor que lo que se enseña o se deja de enseñar es el contenido de las letras y las historias que narran en sus videoclips. Si esa parte no es machista, no me parece mal.

¿Cuál crees que será –o debería ser– el gran próximo logro feminista?

Alcanzar puestos de poder. Las mujeres no llegamos al poder por culpa del patriarcado y porque incluso cuando podemos no nos atrevemos a mandar porque no estamos acostumbradas ni tenemos demasiadas referencias de mujeres poderosas. Me gustaría que se consiguiera que el 50% de las empresas del IBEX estuviesen dirigidas por mujeres, por ejemplo. Y, por supuesto, erradicar la violencia. Que los hombres dejen de pensar que las mujeres son suyas y que las pueden matar.

En un capítulo dedicado a hacer una crítica a aquellos que dicen que las mujeres que llegan a puestos de poder es porque “se la han chupado a algún hombre”, escribes lo siguiente: “Mientras los hombres no se levanten de sus sillas, nosotras tendremos que seguir agachadas chupándoles la polla. Y francamente, algunas ya estamos hartas y comenzamos a tener ganas de apretar los dientes”. ¿Crees que es necesaria la discriminación positiva?

Sí, totalmente. El mundo está hecho. La Transición y la Constitución española la firmaron únicamente hombres. No ha habido ninguna mujer que participase activamente en el proceso democrático constituyente. Obviamente, no se nos ha contemplado o al menos no desde nuestro punto de vista. ¿Cómo me pides que entre y ocupe órganos de poder si ya están ocupados por hombres? Además, la discriminación positiva está muy mal entendida. No es que una mujer mucho menos válida tenga que ocupar determinado puesto sino que en igualdad de condiciones, las mujeres válidas tengan las puertas abierta para entrar. Ya ni siquiera es por feminismo, sino por justicia universal: somos la mitad y nos corresponde.

Habrá hombres que consideren que quitarles sus puestos no es feminista.

Creo que para corregir la desigualdad hay que compensar con desigualdad positiva por el otro lado.

Afirmas que no quieres ser madre y que hay una gran censura en torno a la crítica de la maternidad. ¿Por qué socialmente se considera tan importante que una mujer tenga hijos?

Viene mucho de la religión y la figura mujer-madre-virgen pura. La mujer tradicionalmente ha estado apegada al hogar y lo fácil es asociar la maternidad a la mujer y tenerla pegada a la casa. La pregunta sería: ¿por qué no se le da tanta importancia a la paternidad? ¿por qué no es tan importante en la carrera de un hombre su paternidad? Porque aún recae todo sobre nosotras.

¿Qué papel tienen los hombres en el feminismo?

Tienen un papel muy importante. Creo que el feminismo lo tienen que abanderar las mujeres, que por primera vez tenemos que ser dueñas de nuestros destinos. No podemos volver a caer en el error en el que hemos caído históricamente de decirle a los hombres que se pongan a dirigir plataformas feministas o que se pongan a legislar sobre el cuerpo y la salud sexual y reproductiva de las mujeres. Es un movimiento que tenemos que liderar nosotras acompañadas por ellos. Creo que tienen que participar en las asociaciones y plataformas pero un hombre no puede presidirlas, tienen que entender que es nuestro turno. Y la lucha de sexos tiene que terminar.

¿Crees que en pleno siglo XXI las mujeres occidentales podemos decir que somos libres?

No. Por mucho que se hable de la libertad sexual, una mujer que se acuesta con tres tíos en una semana se sigue viendo socialmente como una puta, una mujer que no se depila sigue siendo tachada de macho y las lesbianas no tienen el glamour de los gays. La libertad es relativa: tengo 30 años y cuando salgo por la noche me voy del taxi con el móvil en una mano, las llaves en la otra y mirando a todos lados. Y eso que vivo en Pontevedra, no en el Bronx. Han abusado de amigas mías en mi ciudad a plena luz del día. No, desgraciadamente no somos libres.