lunes, 24 de octubre de 2016

#hemeroteca #libros #feminismo | Diana López Varela: «Las mujeres tenemos el gen de la culpabilidad instalado en nuestro cerebro»

Imagen: ABC / Diana López Varela
«Las mujeres tenemos el gen de la culpabilidad instalado en nuestro cerebro».
La periodista gallega Diana López Varela, con un ácido sentido del humor, se estrena en el mundo editorial para hablar sobre el acoso sexual, la pornovenganza y el feminismo.
Lucía M. Cabanelas | ABC, 2016-10-24
http://www.abc.es/sociedad/abci-mujeres-tenemos-culpabilidad-instalado-nuestro-cerebro-201610211402_noticia.html

Nació el mismo año que Lena Dunham (1986) pero a más de cinco mil kilómetros de distancia. A pesar de crecer en dos ciudades tan diferentes como Nueva York y Pontevedra, ambas se han hecho escuchar, con su tono, a veces, escatológico y haciendo autoparodia de lo que defienden. El humor es «una forma de llamar la atención, de decir "ey, las tías estamos aquí, y, aunque jodidas, también sabemos reírnos de nosotras mismas"», se explica la gallega Diana López Varela, que como la actriz y creadora de «Girls», habla sin tapujos, con una fe ciega en una causa, la del feminismo, que todavía da alergia a hombres y mujeres.

Con un lenguaje eléctrico y haciendo gala de un humor ácido, esta periodista deslenguada y de personalidad arrolladora se estrena en el mundo editorial con «No es país para coños. Sobre la necesidad de una sociedad feminista» (Península, Atalaya). Es un libro provocador desde la portada hasta la última página, y a veces malintencionado, que explica la situación de las mujeres España, donde hay una violación cada ocho horas.

En algo menos de 300 páginas, Diana López desgrana datos de encuestas sobre el acoso, la violencia de género y todo tipo de cuestiones que intercala con sus propias experiencias, revelando vivencias personales como los orgasmos fingidos o «dejar de beber y fumar» para complacer a un exnovio. «Hasta que los hombres entiendan que la lucha a favor de la igualdad nos concierne a todos, será imposible alcanzar una igualdad efectiva. Busquemos la cooperación y acabemos con la estupidez de la guerra de sexos», sentencia en una entrevista a ABC.

A su juicio, la palabra feminismo, tan presente en la actualidad, está denostada porque mentalmente se relaciona con el machismo. «Basta con acudir al diccionario para entender que el machismo es una actitud de prepotencia y maltrato de los hombres hacia las mujeres y el feminismo, igualdad. Una igualdad que pasa por darnos a las mujeres los mismos privilegios que han recaído históricamente sobre los hombres y por entender que como género, también tenemos nuestras especificidades».

A pesar de los avances en materia de igualdad, la gallega critica una sociedad que todavía sigue siendo patriarcal y en la que la posición de la mujer sigue subordinada a la del hombre, víctima de las perpetuas ideas tradicionales que las asocian al hogar y a la maternidad. «Las mujeres tenemos el gen de la culpabilidad instalado en nuestros cerebros. Tantos años de sirvientas dentro y fuera de casa nos han minado psicológicamente. Tenemos una presión social enorme desde niñas, nos educan para gustar y complacer. Vivimos en la vergüenza eterna, en el qué dirán», asegura a ABC.

Según la periodista, las mujeres son las víctimas directas de los cánones de belleza que rigen en la actualidad. Estos promueven que «podamos ser buenas profesionales, pero al mismo tiempo que tengamos la casa impecable, unos niños educados y felicísimos, el vientre plano y una melena brillante». Así, muchas mujeres caen en sus redes, buscando «la aprobación del sexo masculino», imitando imágenes sexualizadas, y compartiéndolas en redes sociales, «el territorio donde toda vileza, toda ruindad, tiene su asiento impune», como escribió Arturo Pérez-Reverte en su artículo para el 'XL Semanal' «Esas jóvenes hijas de puta». «Hay tanto desconocimiento que si esto fuese tan guay, muchas niñas no tendrían que estar trasladándose de instituto por el acoso en el mejor de los casos, o con grandes depresiones o quitándose de en medio en los peores», aclara la gallega.

Internet o acosar tras la pantalla
Esa profunda ignorancia, amplificada por una comunidad online con cada vez más peso en el día a día, hace que aumente un peligro, en algunos casos, todavía sin tipificar en los respectivos códigos penales. «Internet es el espejo de esta sociedad. El lugar en donde muchos que no se atrevían —afortunadamente— a violar o a acosar a niñas y mujeres tienen la oportunidad perfecta de hacerlo parapetados tras la pantalla».

Y, aunque nuestro país ya penaliza que se compartan fotos y vídeos de terceros sin su consentimiento, esto «no dejará de aumentar, porque internet es un estado sin leyes, un país sin fronteras, extremadamente difícil de controlar porque lo que se sube en España, puede estar replicándose en China en cuestión de segundos», advierte Diana López.

Aun con todas sus ventajas y la revolución en el paradigma de las relaciones humanas que ha supuesto, Internet se ha convertido en un foro amplificado para difundir contenidos íntimos que trascienden el ámbito privado, ya sea por rencor o por morbo, dando pie al acoso sexual, e incluso a la venganza. Sucedió con el «Celebgate», cuando se filtraron fotografías eróticas de estrellas de Hollywood, a las que habían hackeado sus cuentas de iCloud, o con la irrupción de páginas webs que incitan a la pornovenganza.

La pornovenganza
El también llamado 'revenge porn' se ha extendido especialmente en Estados Unidos, donde algunos propietarios de dominios web se definen a sí mismos como «arruinadores de vidas personales», y cuya única motivación es denigrar y difamar a mujeres cuyas fotografías sexualmente explícitas se replican en todo el mundo sin su consentimiento. Como justifican las autoridades, quedan impunes porque esas mujeres no son las propietarias de sus propias fotografías.

«Afortunadamente, como explico en el libro, en Estados Unidos ya le pusieron coto a la pornovenganza, y un señor (por llamarlo de alguna manera) que había creado un portal para compartir fotos de ex y humillarlas y acosarlas públicamente ha sido condenado a 18 años de cárcel», cuenta Diana.

En España Olvido Hormigos sufrió la difusión ilícita de un vídeo suyo de contenido erótico. El caso de la polémica exconcejala de Los Yébenes consiguió cambiar la legislación contra este tipo de delitos, contribuyendo a que, después de cierto vacío legal, se crease el artículo 197.7 que, como explica la periodista en su libro, «establece una base jurídica sólida para estos tipos de ciberacoso, los cuales carecían hasta entonces de una previsión específica».

Acciones que en muchos casos quedan impunes a nivel penal, pero arruinan la vida de la víctima, que se margina o, en el peor de los casos, se suicida, como sucedió hace apenas un mes con una joven en Italia. Recuerda Diana el vídeo de los jugadores del Éibar y sostiene que la única justificación para ella es que el que graba a alguien sin su consentimiento lo hace porque «se cree dueño de la otra persona. Por qué si no iban a distribuir su intimidad, su cuerpo, su vida... sin su permiso».

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