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miércoles, 21 de abril de 2021

#hemeroteca #transgenero | El lugar del mundo donde la gente reconoce 5 géneros

Imagen: BBC / Bissu

El lugar del mundo donde la gente reconoce 5 géneros.

Daniel Stables | BBC Travel, 2021-04-21

https://www.bbc.com/mundo/vert-tra-56761988 

La isla indonesia de Célebes se extiende como una estrella de mar borracha en el océano Pacífico occidental, sus cuatro patas esmeralda tocan los mares de Celebes, Molucca y Flores. En su extremo suroeste se encuentra la ciudad portuaria de Macasar, una población ahogada por una niebla tóxica que durante mucho tiempo fue un importante punto comercial y la puerta oriental de Indonesia al mundo. En un amanecer gris, me puse de pie en el paseo marítimo mientras veía las proas curvas de los tradicionales veleros prahu avanzar elegantemente hacia el caos del puerto de Paotere. Llegaban allí para descargar pepinos de mar, sepias y otras extrañas criaturas de las profundidades marinas.

Estas embarcaciones pertenecen al pueblo bugis, una sociedad de marineros notable por reconocer cinco géneros. "Los bugis tienen palabras para cinco géneros que representan cinco formas de estar en el mundo", explica Sharyn Graham Davies, antropóloga de la Universidad Monash en Melbourne, Australia. Los bugis son el grupo étnico más grande de la isla de Célebes. Se concentran en Makassar y el campo de cultivo de arroz al norte de la ciudad, pero su destreza como marineros y comerciantes consolidó la influencia de los bugis en Indonesia y el archipiélago malayo. También sembró miedo en los corazones de los colonizadores europeos, quienes los veían como piratas despiadados.

Un pueblo influyente
A pesar de que representan solo seis de los 270 millones de habitantes que tiene Indonesia, los bugis son extremadamente influyentes. Algunos ejemplos destacados incluyen a Jusuf Kalla, quien fue dos veces vicepresidente de Indonesia; y a Najib Razak, ex primer ministro de Malasia. "Los bugis se encuentran entre los grupos étnicos con más fuerza del archipiélago, política, económica y culturalmente", señala Sudirman Nasir, un bugis que trabaja en salud pública en el sur de la isla.

La antropóloga Sharyn Graham Davies explica que en la sociedad bugis, los géneros makkunrai y oroani corresponden a los conceptos de mujer cis y hombre cis en Occidente. Los calalai nacen con cuerpos femeninos pero asumen roles de género tradicionalmente masculinos; pueden llevar camisa y pantalones, fumar cigarrillos, llevar el pelo corto y realizar trabajos manuales. Por otro lado, los calabai nacen con cuerpos masculinos pero asumen roles de género femeninos, usan vestidos y maquillaje y se dejan crecer el cabello. "Muchos calabai trabajan en salones de belleza", asegura Neni, una calabai del pueblo de Segiri, al norte de Makassar. "También ayudamos a planificar bodas y actuamos en ceremonias".

El quinto género
Los calabai no se hacen pasar por mujeres, detalla Davies, sino que exhiben su propio conjunto de comportamientos femeninos que serían mal vistos en las mujeres makkunrai, como usar minifaldas, fumar y actuar de una manera más sexualizada exteriormente. Dentro de la sociedad bugis, las personas calabai y calalai pueden ser mal vistas en algunos sectores, pero son ampliamente toleradas, incluso se considera que juegan un papel importante en la sociedad. De manera general no son atacadas ni perseguidas por miembros de su propia comunidad.

El quinto género bugis es el bissu, que no se considera ni masculino ni femenino, sino que representa la totalidad del espectro del género. Los bissu, como los calabai y calalai, muestran su identidad a través de la vestimenta: a menudo usan flores, un símbolo tradicionalmente femenino, pero llevan la daga keris asociada con los hombres. Muchos bissu nacen intersexuales, pero el término tiene implicaciones más allá de la biología.

Si bien el género en los bugis a menudo se describe como un espectro, se considera que los bissu están por encima de esta clasificación: son seres espirituales que no están a medio camino entre el hombre y la mujer, sino que encarnan el poder de ambos a la vez. "Se dice que, en su descenso del cielo, los bissu no se separaron convirtiéndose en hombre o mujer, como la mayoría de la gente, sino que siguieron siendo una unidad sagrada de ambos", explica Davies. Como tales, son percibidos como intermediarios entre mundos y ocupan un papel similar al de los chamanes en la religión bugis.

Poseídos por los dioses
Una anciana serena y un pollo que cacareaba fueron mis compañeros de viaje cuando me fui de Makassar en un maltrecho bemo (minibús público) de color azul celeste. Mientras avanzábamos hacia el norte, fragmentos de piedra caliza kárstica, cubiertos de jungla, se elevaban hacia el cielo desde los arrozales circundantes. Era época de siembra y pasamos por un campo donde se empujaba un arado mecánico, precedido por un desfile ritual de bissu, reconocibles por sus túnicas rojas, doradas y verdes y sus tocados adornados con flores de colores.

Seguimos conduciendo. El sol de la tarde comenzó a brillar como carbón y los agricultores bugis proyectaban sombras encorvadas y alargadas, mientras se inclinaban para ocuparse de los campos de arroz. Cuando cayó la noche, llegamos a la ciudad de Segiri, donde seguí a una multitud de lugareños hasta una gran casa de madera.

Cinco bissu estaban reunidos en el centro de la habitación alrededor de una pila de arroz. El humo del incienso fragante se arremolinaba en la casi oscuridad, y el sonido de los tambores y los cánticos se aceleró a un punto febril mientras el bissu bailaba bruscamente hasta un estado de trance.

Al unísono, desenvainaron sus dagas keris y comenzaron a apuñalar las hojas onduladas en sus propias sienes, palmas, incluso en los párpados, aparentemente sin sentir ningún dolor o apenas sacando una gota de sangre. Someterse a este ritual, conocido como ma'giri', y salir ileso es considerado como una prueba de que los bissu han sido poseídos por los dioses y están listos para dar bendiciones.

El idioma de los cielos
Esta ceremonia, como el desfile en el campo de arroz, está orientada a asegurar una cosecha abundante; buena salud y embarazos exitosos son otros de los resultados que se esperan de una bendición bissu. "Convertirse en bissu es una llamada del alma", dice Eka, jefe de los bissu en Segiri. "Viajamos a una edad temprana para estudiar con un bissu mayor y aprender nuestro idioma secreto, Basa To Ri Langiq (la lengua de los cielos), que solo nosotros podemos entender".

Además de otorgar bendiciones, Eka oficia bodas. "Los bugis nos tratan muy bien", prosigue. "Tienen que hacerlo, porque supervisamos todas las costumbres de los bugis". Aunque sus rituales religiosos y su concepción del género están impregnados de ideas preislámicas, la mayoría de los bugis son musulmanes, muchos devotos. "Hubo interacciones complejas entre los valores bugis y la enseñanza islámica", explicó Nasir. "Esto llevó a formas de sincretismo islámico-bugis".

Luchan contra su propia sexualidad
Por ejemplo, como señala Davies, los bugis a menudo acuden a los bissu para bendecir un próximo peregrinaje a La Meca. Muchos calalai y calabai luchan contra su propia sexualidad y contra el sentido de sí mismos, explica la antropóloga. Creen que su estilo de vida -que puede incluir relaciones entre personas del mismo sexo- es pecaminoso según la creencia islámica, pero también que son como son porque fue prescrito por Allah.

Por la misma razón, no tienen el concepto de haber nacido en el cuerpo equivocado. Aunque algunas calabai pueden someterse a procedimientos cosméticos para lucir más femeninas, no se considerarán mujeres, como descubrió Davies en su trabajo de campo. El islam comenzó a ser predominante en Indonesia cerca del año 1400, pero durante siglos los locales reconciliaron su variada percepción del género con la nueva fe. "Los marinos europeos escribieron sobre sus reflexiones sobre la diversidad de género en el la isla de Célebes desde al menos el siglo XVI", cuenta Davies.

Igualdad social
En 1848, el colonialista británico James Brooke escribió en su diario: "La costumbre más extraña que he observado es que algunos hombres se visten como mujeres y algunas mujeres como hombres; no ocasionalmente, sino toda su vida, dedicándose a las ocupaciones y búsquedas de su sexo adoptado". Al visitar la isla de Célebes, Brooke se sorprendió aún más por la igualdad social que observó entre mujeres y hombres, un sentimiento compartido por su compañero imperialista Thomas Stanford Raffles.

Un tercer género conocido como waria (un acrónimo de wanita, que significa mujer, y pria, que significa hombre) ha sido reconocido durante mucho tiempo en las sociedades de Indonesia. Sin embargo, desde mediados del siglo XX, Indonesia en general se ha vuelto menos tolerante con las ideas no binarias de género, lo que ha provocado la persecución de los calabai y bissu en particular.

Torturados y asesinados en los 50
A partir de la década de 1950, comenzó una ola de ataques violentos contra la comunidad LGBTQ. "Cuando el movimiento de rebelión Darul Islam de Kahar Muzakkar quiso establecer un estado islámico en la década de 1950, los bissu fueron arrestados, torturados y obligados a arrepentirse", recuerda Nurhayatai Rahman Mattameng, filólogo del pueblo bugis. A algunos bissu les raparon la cabeza para avergonzarlos públicamente; algunos fueron asesinados. "Durante la era del Nuevo Orden bajo el presidente Suharto (1967-1998), hubo una iniciativa llamada Operación Arrepentimiento", añade Mattameng. "Todos los bissu se vieron obligados a renunciar al Latang, la religión ancestral de los bugis, y en su lugar eligieron una de las religiones oficialmente reconocidas en Indonesia".

En 2001, extremistas islámicos incendiaron la sede en Makassar de GAYa Celebes, una organización que aboga por los derechos de los homosexuales. En 2018, el ‘Jakarta Post’ informó que las mujeres transgénero estaban siendo detenidas y colocadas en centros de detención en la capital de Indonesia, como una medida "disuasiva" para las personas que se identificaban como waria.

"Los bissu, los calalai y los calabai están experimentando mucho estigma y discriminación, que lamentablemente está aumentando junto con la creciente asertividad del islam político", lamenta Nasir. "A nivel social, hay una fuerte tendencia hacia una mayor piedad y puritanismo, que podría compararse con la de los cristianos nacidos de nuevo en Occidente. El futuro de estas personas perseguidas no es muy prometedor".

"En peligro"
Eka está de acuerdo en que el futuro parece sombrío. "El número de profesores con conocimiento de costumbres bissu está disminuyendo. También está disminuyendo el interés de la gente en vivir como calabai", señala. "En el futuro, los bissu estarán en peligro de extinción". Sin embargo, no todo el mundo es tan pesimista sobre el futuro de esta cultura única. Hay ayuda disponible gracias a personas como Halilintar Lathief, una activista, artista y antropóloga bugis.

La organización de Lathief, Latar Nusa, lucha para revitalizar la cultura bissu y calabai preservando la literatura tradicional y empoderándolos para aprovechar los beneficios económicos de sus roles tradicionales al buscar trabajo remunerado como maquilladores de novias, planificadores de bodas y proveedores de catering y chamanes medicinales.

"Durante los primeros días, el trauma de la persecución que habían enfrentado significaba que nadie quería convertirse o pretender ser bissu", asegura Lathief. "Tenían miedo de ser arrestados o asesinados; algunos estaban avergonzados. Ahora, después de varios años, hay muchas más personas que se identifican como calabai y otras más que se enorgullecen de ser llamadas bissu".

miércoles, 6 de febrero de 2019

#hemeroteca #lgtbifobia | Los guerreros LGTB del sureste asiático

Imagen: El País / Mamá Yuli
Los guerreros LGTB del sureste asiático.
Indonesia, Malasia y Singapur son los países más homotransfóbicos de la región.
Paloma Almoguera | El País, 2019-02-06
https://elpais.com/sociedad/2018/12/17/actualidad/1545058943_033144.html

‘Mamá Yuli’, como la conocen sus allegados, es el hada madrina de las waria (personas transgénero en bahasa, un idioma indonesio). Madridista hasta la médula y católica devota, su vida está volcada en ayudar a su comunidad: hospeda a media docena en un salón de belleza a las afueras de la capital, Yakarta, y regenta un centro en el que acoge a casi un millar de las más ancianas, desahuciadas por sus familias. Espera ser también la primera waria en doctorarse en Derecho Constitucional de Indonesia. Logros monumentales en un país que las margina social y profesionalmente: “Hasta pagar un saco de arroz supone un problema”, lamenta.

Yulianus Rettoblaut –su nombre completo- se queja de que el Gobierno de Joko Widodo no presta la atención suficiente a la discriminación y violencia de la que son víctimas. El ostracismo que padecen en el país de mayoría musulmana, abocándolas muchas veces a la prostitución para conseguir un sustento, llegó a un punto crítico a comienzos de año. Entonces, el Parlamento empezó a debatir una reforma del Código Penal que en principio incluía la criminalización del sexo entre personas del mismo sexo. Yuli y centenares de colegas y activistas a favor de los derechos del colectivo LGBT se echaron a las calles durante semanas, y de momento el proceso está paralizado. “Los esfuerzos de la sociedad civil dieron algunos frutos. La ley continúa en el cajón”, apunta King Oey, activista de la organización Arus Pelangi.

Indonesia, Malasia, Brunéi y Singapur conforman el bloque más intolerante hacia las personas del colectivo LGBT de la ASEAN (la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, integrada por dichos países más Filipinas, Tailandia, Myanmar, Vietnam, Laos y Camboya). En el caso de Indonesia y Malasia, también de mayoría musulmana, la creciente influencia de grupos islamistas radicales en la política nacional ha sido determinante. Aunque en Indonesia solo la ultraconservadora provincia de Aceh (al norte de la isla de Sumatra) está regida por la ‘sharia’ (ley islámica) y penaliza abiertamente la homosexualidad, el temor a que la criminalización se extienda oficialmente al resto del país aumenta. Más aún ahora, a meses de los comicios de abril.

“Los islamistas aprovechan para impulsar sus agendas antes de las elecciones, cuando saben que los partidos les seguirán el juego en las peticiones que cuentan con apoyo popular, como la marginación de los LGBT. Joko Widodo no puede permitirse que (los islamistas) le tilden de blando”, analiza Oey. La islamización social y política mantiene a las minorías con el aliento contenido. El acoso es incesante: Oey afirma que solo un día, el 30 de septiembre pasado, más de una veintena de homosexuales fueron detenidos en una redada policial en una casa, disfrazada de operación antinarcóticos.

La vecina Malasia no vive un momento mejor. “La situación lleva un tiempo empeorando, pero lo alarmante ahora es la velocidad a la que lo está haciendo”, denuncia desde Kuala Lumpur Thilaga Sulathireh, fundadora de la ONG Justice For Sisters (“Justicia para las Hermanas”). Uno de los mayores exponentes de dicho retroceso ocurrió a comienzos de septiembre en el conservador Estado de Terengganu, al norte del país, donde por primera vez dos mujeres fueron azotadas en público por intentar mantener relaciones sexuales.

Malasia es, junto al sultanato de Brunéi –regido por la ‘sharia’– el país del sureste asiático con el paquete legislativo anti LGBT más censurador y abultado, fruto de su sistema judicial doble: mientras los tribunales islámicos dirimen las cuestiones familiares y religiosas de la población musulmana (más del 60%), las salas civiles tienen potestad sobre todos los ciudadanos. Así, además de leyes islámicas que criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo y el travestismo, sigue en vigor la sección 377 en su Código Penal, introducida durante la etapa colonial británica y que castiga el sexo homosexual con hasta 20 años de cárcel, latigazos o multas.

Pero hay también algunos rayos de esperanza. Precisamente la reciente derogación del citado artículo 377 en India ha abierto el debate en algunas excolonias británicas asiáticas que aún lo mantienen en vigor, como Malasia, Singapur y Myanmar. En Malasia, el primer ministro, Mahathir Mohamad, condenó los latigazos de Terengganu, pero subrayó que el país no puede aceptar el matrimonio igualitario. Las esperanzas de cambio están sobre todo depositadas en su designado sucesor, Anwar Ibrahim, condenado por sodomía dos veces, la primera a finales de los noventa a instancias de su entonces enemigo y ahora aliado, Mahathir.

El revulsivo indio también ha tenido eco en Singapur. Un grupo de activistas capitanea la campaña Ready to Repeal (“Listo para Derogarse”) para urgir al Gobierno que anule el 377. Algunas figuras públicas y periódicos oficiales como ‘The Straits Times’, muy controlado por el régimen de la isla como el resto de la prensa local, han dado muestras de apoyo a la revocación. “Es posible que ocurra en el corto o medio plazo, pero es difícil adivinar qué tiene en mente el Gobierno”, señala Leow Yangfa, director de la ONG Oogachaga. Preguntado al respecto el pasado año en una entrevista a la BBC, el primer ministro, Lee Hsien Loong, aseguró de forma inusualmente directa que el país no estaba aún listo para dar ese paso.

Mientras la política sigue su curso, activistas como Mamá Yuli tienen necesidades más perentorias que atender. La abogada, hija de maestros de la remota región de Papúa y precursora de todo tipo de ideas para integrar y dar visibilidad a su colectivo –entre otras un concurso de belleza–, manda un mensaje fulminante: “Mi problema de hoy es sencillo. No tengo ni comida ni medicinas que dar a mis viejas ‘warias’”.

Los países más abiertos del sureste asiático
Aunque no hay ningún país de la ASEAN que reconozca el matrimonio entre personas del mismo sexo, algunos han dado pasos significativos en la ampliación de derechos del colectivo. En 2015, Vietnam eliminó la cláusula de su ley de familia que prohibía a dos personas del mismo sexo casarse, si bien el estado aún no reconoce legalmente estos enlaces. En Filipinas, estas ceremonias no están criminalizadas, pero tampoco se les da el mismo reconocimiento legal que a las heterosexuales. Tanto este país como Tailandia, otro de los más abiertos, han incluido apéndices que prohíben la discriminación al LGBT en ciertas leyes. Camboya, donde la homosexualidad no es ilegal, incorporó en 2017 la inclusión del colectivo al debate político el año pasado. Y aunque Myanmar mantiene el artículo 377 y tiene leyes contra el travestismo en vigor, el pasado febrero dio un salto hacia delante al celebrar el primer festival LGBT con permiso del Gobierno en Rangún.

lunes, 2 de julio de 2018

#hemeroteca #vih #homofobia | La homofobia socava la lucha contra el VIH en Indonesia, denuncia HRW

Imagen: El Diario
La homofobia socava la lucha contra el VIH en Indonesia, denuncia HRW.
EFE | El Diario, 2018-07-02

https://www.eldiario.es/sociedad/homofobia-VIH-Indonesia-denuncia-HRW_0_788471633.html

El aumento de la retórica homófoba y el cierre de locales de ocio para homosexuales ha resultado en un menor acceso a pruebas y servicios médicos para detectar, prevenir y tratar el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y otras enfermedades, denunció hoy en Yakarta Human Rights Watch (HRW).

En un informe, la ONG advierte de que los discursos de políticos y figuras públicas indonesias desde 2016 han resultado en intervenciones de las autoridades contra el colectivo LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales).

Las operaciones policiales, en ocasiones llevadas a cabo junto a grupos islamistas, han contribuido a aumentar el estigma contra el VIH y han disuadido a personas en riesgo de contraer la enfermedad de utilizar servicios de prevención y tratamiento, según la organización.

"El Gobierno de Indonesia debería reconocer que su papel en los abusos contra las personas LGTB está comprometiendo seriamente la respuesta del país al VIH", dijo la investigadora de HRW para los derechos de este colectivo, Kyle Knight, en un comunicado.

El informe elaborado con entrevistas con víctimas, testigos, activistas y profesionales sanitarios revela que, pese a que el número de nuevas infecciones de VIH ha bajado en las últimas décadas, la tasa entre hombres homosexuales ha aumentado del 5 por ciento en 2007 al 25 por ciento en 2015, según datos de UNAIDS.

El año pasado, más de 300 personas fueron arrestadas en redadas en saunas, discotecas, salones de belleza, habitaciones de hotel y domicilios del archipiélago con el pretexto de la ley contra la pornografía por "su presunta orientación sexual", recordó HRW.

Las intervenciones de las autoridades, en las que se exhibieron preservativos como pruebas incriminatorias, supuso también el cierre de "puntos clave" de asesoramiento y prevención de VIH en los establecimientos, que eran considerados seguros por los asistentes.

El Parlamento indonesio debate en la actualidad la penalización del sexo entre homosexuales en el Código Penal.

lunes, 19 de marzo de 2018

#hemeroteca #homofobia | Indonesia es cada vez más peligroso para los homosexuales

Imagen: El País
Indonesia es cada vez más peligroso para los homosexuales.
El Parlamento debate una enmienda para criminalizar el sexo gay y prematrimonial. Algunas personas LGBT ya se han marchado.
Ana Salvá | Planeta Futuro, El País, 2018-03-19
https://elpais.com/elpais/2018/03/15/planeta_futuro/1521121862_549766.html

Zulfikar Fahd sigue con preocupación las noticias que emergen desde Indonesia, su país de origen, a pesar de que se encuentra a miles de kilómetros de distancia. El chico, de 30 años abiertamente gay, se marchó el pasado 28 de enero a Canadá en busca de asilo porque dice no sentirse seguro allí. Y como explica a este periódico en una batería de correos electrónicos una vez instalado en Toronto, no tiene previsto volver.

La situación es cada vez más delicada para la comunidad homosexual en Indonesia, donde se está debatiendo una enmienda al código penal para criminalizar el sexo gay y prematrimonial. El Gobierno pretende demostrar que criminalizar la homosexualidad servirá para proteger a las personas LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) contra los justicieros que actúan en su contra.

Según expresa en un artículo la organización Human Rights Watch, la idea del Gobierno es que si se criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo, los radicales dejarán de perseguirlos y los ataques contra la comunidad dejarán de aumentar. Pero la lógica no convence a la organización ni a muchos activistas, teniendo en cuenta que, en los últimos meses, el Gobierno (incluido el vicepresidente Jusuf Kalla) ha emitido declaraciones condenando la homosexualidad, la policía ha llevado a cabo campañas contra la comunidad LGBT y el Ministerio de Salud la ha tachado de “desorden mental”.

Indonesia es un país de mayoría musulmana moderada, aunque los últimos años ha aumentado el fundamentalismo. Zulfikar considera que su país es “peligrosamente homofóbo”. “Si regreso. puedo ser atacado físicamente o, incluso, asesinado a manos de los musulmanes conservadores que dominan la población, o condenado a prisión si el Parlamento finalmente criminaliza la homosexualidad”, explica Zulfikar. “En una de sus declaraciones [de los radicales] dijeron 'vuestra sangre es halal’. Esto significa que matar musulmanes LGTB está permitido en el Islam. Muchos barrios, incluido el mío, incluso colocaron pancartas que dicen que son anti LGBT”.

La homosexualidad está perseguida por la ley en una sola provincia de Indonesia, aunque el ataque social contra las personas LGTB se está llevando a cabo en todo el país. En Aceh rige una versión estricta de la ley islámica (sharia) y las relaciones sexuales entre homosexuales se pueden penalizar con castigos físicos. El pasado mes de mayo dos gais recibieron 85 azotes en una plaza pública. Fue la primera vez que se impuso un castigo de este tipo desde que entró en vigor hace tres años la última revisión de la sharia.

En el resto del país, esta clase de relaciones se penaliza a través de la ambigua redacción de su controvertida ley de pornografía. En octubre, por ejemplo, las autoridades arrestaron a 141 hombres durante una redada en un club gay de la capital, Yakarta, acusados de violar esta disposición que prohíbe la explotación sexual, el nudismo público y otras actividades sexuales. Más de 300 personas LGBT fueron arrestadas durante redadas policiales en 2017 según un comunicado de Naciones Unidas y los Parlamentarios de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) para los Derechos Humanos (APHR) sobre la reforma del Código Penal.

El sentimiento homófobo de la sociedad se ha hecho sentir en otras ocasiones. Organismos radicales musulmanes también pidieron boicotear la cadena de café Starbucks porque, supuestamente, el CEO había mostrado su apoyo al matrimonio gay. En una encuesta reciente, casi el 90% de los indonesios que entienden el significado del término LGBT (que fueron algo más de la mitad de los preguntados) considera que este colectivo es una amenaza para la comunidad y que su religión no permite las relaciones entre personas del mismo sexo. Indonesia cuenta también con una importante minoría de cristianos, hindúes y otros que siguen creencias autóctonas.

El pluralismo y libertad de Indonesia fue cuestionada cuando el todavía gobernador de Yakarta Basuki Tjahaja Purnama (conocido como Ahok), un político cristiano de origen chino, ingresara en prisión en 2017 tras ser condenado a dos años de cárcel por blasfemia, un juicio que se llevó a cabo después de manifestaciones masivas encabezadas por los islamistas.

El investigador de Human Rights Watch en Indonesia, Andreas Harsono, explica que los partidos islamistas con presencia en el Parlamento “ya inyectaron estos artículos en 2016 y 2017, cuando un grupo llamado Family Love Alliance (Alianza de amor familiar) presentó una petición similar a la Corte Constitucional en 2016”. Fue rechazada con los votos de cinco de los nueve magistrados del tribunal.

Los detractores de esta decisión han continuado presionando a los partidos y el presidente de la Asamblea Consultiva del Pueblo (Cámara Baja), Zulkifli Hasan, afirmó en enero que el Parlamento estaba debatiendo el matrimonio entre personas del mismo sexo. Zulkifli mencionó la existencia de “cinco partidos políticos que aprueban a los LGBT".

Aunque Zulkifli no facilitó ningún nombre, y se supo más adelante que su afirmación no era cierta, el debate sobre la criminalización de las personas homosexuales volvió a estar sobre la mesa. Uno de los miembros del Parlamento que representa a la provincia de Aceh llegó a sugerir la pena de muerte o prisión a las personas LGTB, mientras que otros parlamentarios mantienen la idea de ilegalizar los actos homosexuales.

Harsono explica que algunos legisladores que están trabajando en las revisiones del código penal han propuesto lo que consideran un compromiso entre los políticos islamistas que querían una criminalización general, y los políticos más seculares, que estaban en contra.

Como expresó hace unos días al diario Washington Post Ichsan Soelistio, un parlamentario del partido político más grande de Indonesia (el del presidente Joko Widodo “Jokowi”), y uno de los miembros que trabajan para actualizar el código penal: "[Hemos] aceptado una ley que permite enjuiciar al sexo fuera del matrimonio y el sexo homosexual, pero solo si uno de los compañeros sexuales o sus familiares denuncian el crimen a la policía "

El investigador dice que, hasta la fecha, “10 facciones en el Parlamento se han mostrado de acuerdo con este compromiso”. Pero independientemente del acuerdo al que se llegue, Zukfikar duda que los homosexuales dejen de ser perseguidos por la sociedad indonesia.

Es difícil saber el número de personas que han abandonado el país en busca de asilo, pero parece que otros homosexuales indonesios comparten su opinión. El pasado 12 de febrero, de hecho, tuvo lugar una protesta en el país para exigir la paralización de esta ley. Zukfikar dice que tras explicar en su blog su huida a Canadá, ha recibido algunos mensajes de indonesios que tienen la voluntad de seguir sus pasos. Algunos activistas consultados expresan además que conocen algunos casos similares al suyo.

Harsono explica que un gran número de personas LGTB de su entorno están atravesando momentos difíciles. “Muchos de ellos son personas que conozco, mis vecinos, mis amigos, mis antiguos alumnos, que viven en silencio o intentan mudarse al extranjero o dentro de las provincias más tolerantes de Indonesia como Papua”.

Hartoyo, un prominente activista gay de Indonesia, comparte la misma experiencia que Harsono: “He escuchado que algunos homosexuales se han marchado o buscan asilo porque no se sienten seguros en su propio país. Algunos han sido forzados a la clandestinidad, especialmente en Aceh”.

lunes, 29 de enero de 2018

#hemeroteca #transgénero | La escuela coránica que protege a los transgénero

Imagen: El País
La escuela coránica que protege a los transgénero.
Este centro en Yogjakarta, en la isla de Java, es refugio de la comunidad LGTBI en un momento en el que arrecian los ataques contra ella en Indonesia.
Riccardo Pareggiani | Planeta Futuro, El País, 3018-01-29
https://elpais.com/elpais/2018/01/26/planeta_futuro/1516979705_440118.html

En el centro de la isla de Java, la principal del archipiélago indonesio, se encuentra la bohemia ciudad universitaria de Yogjakarta. La joya de la corona de una intensa actividad cultural alternativa, rica en bares, cafés, clubs, con una mirada en los modelos occidentales de vida. En la ciudad vive Shinta Ratri, una señora transgénero de 54 años, muy elegante y educada, líder de la única escuela coránica en el mundo por y para lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT): la Pondok Pesantren Waria al Fatah.

Llegar a la escuela no es fácil. El edificio se encuentra escondido en un laberinto de callejuelas en un distrito remoto de la ciudad, cercano a la zona de los antiguos mercados. Ratri fundó este centro en su vieja casa con el fin de crear un lugar donde los ‘waria’, pudiesen rezar juntos, sin permanecer aisladas en sus casas. ‘Waria’ es una palabra que combina los términos indonesios ‘wanita’ (mujer) y ‘pria’ (hombre), y se usa para definir a los transgénero. Esta comunidad ha perseguido desde hace más de una década el reconocimiento formal como tercer género además de la paridad a nivel religioso, en un ambiente cada vez más conflictivo.

El intento de Ratri es el de abatir aquel precepto religioso, dejando atrás el binarismo de género, que exige tanto a hombres como a mujeres que recen separados en la mezquitas, en los lugares y momentos de culto. “Hemos sufrido varios ataques armados intimidatorios, que buscaban que cerrásemos la asociación, operados por parte de las falanges más intransigentes del Front Pembela Islam y del Front Jihad Islam, los movimientos islamistas radicales que operan en la Región de Java. Lo más importante para todas nosotras y nosotros es demostrar que el islam acepta a las personas transgénero y que es una religión para toda la humanidad”, admite Ratri.

En la misma escuela se efectúan diferentes actividades sociales con el fin de enlazar las relaciones entre la comunidad LGBT y la sociedad civil: comidas, cenas, fiestas tradicionales como el ‘Eid al Adah’... Cualquiera del vecindario es bienvenido. Lo que une a todos en la escuela es el culto del Corán, que se estudia rigurosamente bajo la supervisión de Ratri. “Desde que tenía 10 años, lo que me interesaba no era jugar con los chicos, sino estar con las niñas, vestir como ellas, compartir sus necesidades. Nunca temí repercusiones en mi vida social o familiar”, explica, “No soy transgénero por simple elección, este es mi destino”, concluye.

Ratri forma parte de una familia de ocho hermanos y hermanas que han sabido aceptar su condición desde temprana edad. Muestra orgullosa fotos antiguas de la escuela que hoy dirige. En ellas aparecen miembros de su familia participando en las actividades del centro. “Mi condición es totalmente aceptada, por esto me siento muy afortunada; no todos los 'waria' son aceptados por sus seres queridos. Las personas transgénero no son, generalmente, objeto de esclavitud sexual en Indonesia, pero siguen viviendo en una circunstancia de extrema marginalización, analfabetismo y exclusión social”, asegura.

No todos cuentan lo mismo. “Mi vida no ha sido tan fácil como la de Ratri. Mi familia primero y en el trabajo después nunca fui aceptada, la Waria al-Fatah es ahora mi familia, mi vida, mi trabajo”, señala Dewi, otro miembro de la escuela que desde hace más de cinco años reside allí de forma permanente.

La asociación de Ratri no solo promueve que sus miembros logren la plena inclusión en la sociedad, sino que también les enseña a prevenir infecciones sexuales, les proporciona una pequeña ayuda económica y educación espiritual, pilar fundamental para la plena inclusión en la comunidad de Indonesia. “Un enorme problema de la comunidad LGBT en este país es que los afectados puedan permitirse el tratamiento contra la transmisión del VIH-sida. Que lo consigan es uno de los principales objetivos de la asociación”, apunta Ratri. "El tratamiento es muy duro y muy caro, y el Gobierno no provee ninguna subvención”.

La comunidad transgénero en Indonesia es bastante numerosa, no existen cifras exactas, pues nunca se ha realizado un censo oficial. Según Ratri, que acoge a personas desde todo el país, solo en la ciudad de Yogyakarta hay 372 personas transgénero; y en toda la isla de Java, más de un millón. En los últimos años, el número de radicales religiosos se ha incrementado de forma evidente. En febrero de 2014, una ley nacional supuso un punto de inflexión al permitir al gobierno regional de la isla de Sumatra la reintroducción de la sharia. En 2016 y principios de 2017, los ataques organizados por grupos islamistas y las numerosas detenciones hechas en el marco de operaciones policiales contra la comunidad LGBT (uno de ellos llevó frente al tribunal de Jakarta, en solo un día, más de 140 personas) han alarmado la capital.

La homosexualidad no es ilegal en Indonesia, sin embargo, dada la creciente influencia de los grupos islamistas en el Gobierno nacional, a menudo los miembros de la comunidad LGBT son perseguidos y condenados por crímenes relacionados con la pornografía, blasfemia y sodomía. Muchas veces las condenas tienen un carácter vejatorio y son aplicadas en forma de violencia física como la flagelación pública.

Según Human Rights Watch, hasta 2015, la comunidad LGBT vivió en Indonesia en un ambiente de tolerancia, pero en los primeros meses del 2016, el reemplazo de cargos políticos regionales y la intensificación de la propaganda islamista del grupo ‘Front Jihad Islam’, muy activo en las zonas conservadoras de Java y Sumatra, ha producido una evidentemente involución en materia de derechos civiles.

A principios de 2016, Ryamizard Ryacudu, ministro de Defensa de Indonesia, describió el movimiento LGBT como una “forma de guerra moderna útil para socavar, debilitar, la credibilidad de Indonesia”. El mismo año el vicepresidente, Jusuf Kalla, ha presionado al PNUD (el programa de Naciones Unidas por el Desarrollo) para que el fondo que dedica al cese de las hostilidades y la discriminación hacia la comunidad LGBT, fuese suspendido.

Según la opinión del activista de los Derechos Humanos, Juli Susanto, miembro de Inset, una organización que opera en la isla de Lombok, que se dedica a la protección de los derechos de la comunidad transgénero, sostiene que muchos problemas amenazan aún la vida de los LGBT en las áreas más remotas del país. “En las islas del norte y Sumatra, los problemas están ligados a la resistente, y siempre más vigorosa, fuerza de los grupos radicales; aquí en el sur, Bali, Lombok, en las islas de las especias, la gran falta de control sanitario y educativo tiene su origen en la dificultad de comunicación con el centro de Indonesia”, apunta.

Juli sigue detectando una condición marginal de los transgénero: “Es difícil identificar a personas que necesitan ayuda porque son ellas mismas las que son reacias al revelar su estado públicamente” . Para sustituir la ausencia de programa social por parte de las instituciones, la ONG de Juli Susanto proporciona programas de educación sexual y controles sanitarios para evitar la difusión de VIH-sida. Un pequeño grano de arena en medio de una situación difícil para esta comunidad.

martes, 6 de junio de 2017

#hemeroteca #homofobia | Una pareja gay es azotada en Indonesia como castigo por practicar sexo

Imagen: El País
Una pareja gay es azotada en Indonesia como castigo por practicar sexo.
La condena imponía una sanción de 85 golpes con una vara a cada uno de ellos, pese a que la fiscalía había pedido una rebaja de la pena tras su estancia en prisión.
El País, 2017-06-06
http://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/01/mundo_global/1496326327_281718.html

Es la primera vez que una pareja homosexual se ve sometida a un castigo público en la historia reciente de Indonesia. Los jóvenes, de 20 y 23 años, fueron azotados con una vara 85 veces cada uno el pasado 23 de mayo, mientras una muchedumbre grababa el acontecimiento con sus teléfonos móviles enfrente de una mezquita en Banda Aceh, la capital de la provincia del mismo nombre, según publicó la BBC. El delito que cometieron fue mantener relaciones sexuales (catalogado como sodomía) en una región en la que este tipo de actos están prohibidos al violarse la legislación establecida por la ‘sharia’ o ley islámica. Amnistía Internacional ha reprobado esta práctica y la ha considerado como “un trato degradante, cruel e inhumano”, que podría equipararse a la tortura bajo el amparo de las leyes internacionales.

Los agentes entraron en el apartamento donde residía la pareja (cuyos nombres no han trascendido) y los grabaron en el interior de su habitación para, acto seguido, mostrar las imágenes de sus cuerpos desnudos en las redes sociales. Durante la flagelación pública los ejecutores que perpetraron el castigo corporal iban vestidos con un traje marrón que les cubría todo su cuerpo, de la cabeza a los pies. Los vídeos de la ceremonia muestran cómo el público jalea a los verdugos mientras los condenados, con la cabeza gacha y las manos juntas delante del cuerpo, reciben los latigazos. La fiscalía intentó rebajar la pena a los dos hombres por haber permanecido dos meses en prisión, sin éxito. El abogado de la acusación recomendó bajar la pena a 80 latigazos (y nos los 100 estipulados) porque ambos habían admitido su culpa.

La provincia de Aceh aprobó en 2014 una ley por la cual se condenaba con esta práctica a toda persona que practicara sexo con otra del mismo género. Desde principios de siglo, Indonesia ha otorgado a la región una mayor autonomía para aplicar la ley islámica, ejecutada por un tribunal específico. El castigo físico ya se utilizaba para delitos como el adulterio o por consumir alcohol. El reglamento también autoriza a que ciudadanos anónimos identifiquen públicamente a cualquier persona sospechosa de infringir las normas.

Pese a que en cualquier otro lugar de Indonesia el sexo entre personas homosexuales no es ilegal, 141 hombres fueron arrestados en una redada policial en el interior de una sauna gay de la capital del país (Yakarta), el pasado 21 de mayo. Las imágenes de los arrestados, sin ropa, se publicaron en los medios de comunicación desvelando al mismo tiempo sus identidades. Los hechos fueron calificados por las autoridades como “errores de procedimiento”.

Amnistía Internacional ha recordado al gobierno indonesio que se suscribió en 1998 a la Carta de las Naciones Unidas en contra de la Tortura. En ella se recoge que “todo individuo tiene derecho a una asistencia letrada y a no asumir una presunta culpabilidad”. En Asia, aún existen países con una legislación más propia de siglos pasados en materia de reconocimiento de igualdad de derechos hacia personas que declaren abiertamente su homosexualidad.

Estados como Pakistán, Afganistán e Irán aplican la pena de muerte. Otros, como en India o Bangladés, las condenas varían entre los 14 años de cárcel hasta la aplicación de la cadena perpetua, según datos publicados por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (ILGA). Taiwán, en cambio, acaba de reconocer el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo.

El recrudecimiento de la homofobia se hace cada vez más patente desde los organismos de poder indonesios. Es el caso de las autoridades policiales del Estado de Java Occidental, que han anunciado la creación de una “fuerza operativa” para investigar la actividad del colectivo LGTB al que califican de “gente que sufre una enfermedad del cuerpo y el alma", añadiendo que "no deberían ser aceptados por la sociedad”. Hoy en día, Indonesia es el país musulmán más poblado del mundo.

miércoles, 25 de enero de 2017

#hemeroteca #violenciasexual | La castración química contra la violación

Imagen: El País / Yakarta, mayo 2016
La castración química contra la violación.
Indonesia aprueba este polémico castigo tras el asalto sexual en grupo a una joven de 14 años, que murió. Muchos activistas se oponen.
Ana Salvá | El País, 2017-01-25
http://elpais.com/elpais/2017/01/20/planeta_futuro/1484921967_974452.html

Yueyue caminaba hacia su escuela el pasado mes de abril cuando fue raptada y violada por 14 atacantes ebrios, en la isla indonesia de Sumatra. Al menos ocho de ellos eran menores. El cuerpo sin vida de la colegiala, de 14 años, fue encontrado unos días más tarde por los aldeanos en una plantación de caucho, con signos de violencia y las manos atadas.

La noticia estaba condenada a pasar inadvertida, como tantas violaciones en el país asiático, pero activistas locales alzaron la voz y las redes sociales comenzaron a arder señalando al Gobierno por su negligencia para frenar el abuso de niños. La organización pro infancia ECPAT asegura que estas agresiones se han multiplicado por 2,5 en los últimos cuatro años.

La ola de indignación no amainó ni siquiera tras el juicio celebrado el pasado 29 de septiembre, en el que el líder de la banda fue condenado a la pena de muerte, otros once participantes a penas de entre 10 y 20 años de prisión y uno a realizar un programa de rehabilitación durante un año (el atacante restante consiguió huir y eludir la acción judicial). “Todos merecen la muerte”, dijo tras la sentencia Yana, la madre de la víctima, recogiendo el sentir de una parte importante de la sociedad indonesia.

La movilización social a favor de mayores castigos, que incluyó protestas callejeras y una gran cobertura mediática, había puesto al Gobierno en un aprieto y finalmente el Ejecutivo se vio forzado a tratar de calmar los ánimos con una nueva legislación. En adelante, los jueces podrán ordenar la castración química de los violadores y condenar a la pena de muerte a los pedófilos. La decisión llega cuando Indonesia lleva años recibiendo fuertes críticas por la aplicación de la pena capital a condenados por delitos de drogas.

La castración química, efectiva desde el pasado 9 de noviembre, se aplicará a los convictos de delitos sexuales. Y la pena de muerte, a los violadores de menores cuando la víctima haya muerto o sufrido lesiones mentales y físicas severas. La legislación endurece las leyes anteriores, que limitaban el castigo a los 14 años de cárcel independientemente de la edad de la víctima.

Indonesia es el primer país del Sudeste asiático en introducir un castigo que elimina el impulso sexual mediante un tratamiento farmacológico u hormonal. La castración química se aplica desde hace años en lugares como Corea del Sur, Rusia, Moldavia, Estonia, Polonia y nueve de los estados de Estados Unidos, mientras que en España se realiza de forma voluntaria para evitar que los internos vuelvan a delinquir cuando abandonan la cárcel.

Abdul Malik Haramain, miembro de uno de los partidos de la coalición gobernante, ha defendido que la castración tiene “un efecto disuasorio” e “impide que se repitan” los delitos sexuales. Insiste en que no es una violación de los derechos humanos por el hecho de que los delincuentes pasarán por un proceso legal antes de dictarse este castigo. La nueva disposición ha recibido elogios por parte de algunos sectores de la población, pero los activistas que trabajan en la prevención del problema dicen que “no es la solución” para erradicar la pedofilia.

Saman Zia-Zarifi, director regional para Asia y Pacífico de la Comisión Internacional de Juristas (ICJ por sus siglas en inglés) considera que cualquier impacto sobre la reincidencia “variará mucho entre los que voluntariamente persiguen las reacciones basadas en la droga y los que forzosamente son sometidos a ella". Hartoyo, un prominente activista indonesio, cree que esta regulación equivale a un "acto de venganza" porque el Gobierno "ha entrado en pánico”. La Asociación Médica del país se niega a llevarla a cabo porque cree que viola la ética profesional y porque “no hay pruebas científicas” que la avalen. Pero el presidente indonesio Joko Widodo ha dicho que si el cuerpo médico se opone a ejecutar estas sentencias, recurrirán a los médicos militares.

Ningún otro intento por frenar la pedofilia parece haber tenido efecto. Según ECPAT, en 2011 entre un total de 2.176 casos denunciados a la Comisión para la Protección de los Niños Indonesios, 329 de ellos fueron casos de abuso sexual, violación y explotación sexual comercial. En 2014 de un total de 5.066 casos reportados, 1.217 fueron de abuso sexual, lo que demuestra que no ha hecho más que ir en aumento. Los crímenes reportados se produjeron principalmente en casa o por parte de los maestros en las escuelas estatales o los internados islámicos, las personas supuestamente encargadas de proteger a estos menores.

El número de casos sin embargo podría ser mucho mayor porque muchos de los supervivientes no denuncian a las autoridades. La justicia no es tan firme cuando los casos no desatan la indignación colectiva como ha sucedido con Yueyue, señala el investigador de ECPAT Indonesia Deden Ramadani. El estigma hacia los supervivientes hace que los familiares de algunos menores prefieran mediar con sus violadores a través de los corruptos agentes para evitar hacer frente a los “prolongados procedimientos legales”.

jueves, 25 de febrero de 2016

#hemeroteca #homofobia | Los gays de Indonesia, víctimas de represión y ataques masivos

Imagen: El Universo
Los gays de Indonesia, víctimas de represión y ataques masivos.
AFP | El Universo, 2016-02-25

http://www.eluniverso.com/noticias/2016/02/25/nota/5426793/gays-indonesia-victimas-represion-ataques-masivos

La pequeña comunidad homosexual de la conservadora Indonesia, país de amplia mayoría musulmana, sufre una súbita e inesperada campaña de represión, con batidas antigay o ataques ministeriales o religiosos.

El mes pasado, el ministro de Educación superior, Mohamad Nasir, había denunciado el apoyo psicológico propuesto a los estudiantes homosexuales por una universidad. Ello generó un duro debate y inició, según los militantes de derechos homosexuales, una campaña de represión.

La comunidad gay representa una "amenaza" y para combatirla hay que utilizar "técnicas de guerra moderna" insistió esta semana el ministro de Defensa Ryamizard Ryacudu.

"Es peligroso pues no se puede ver quienes son nuestros enemigos. Pues todo el mundo ha padecido un lavado de cerebro" favorable a los gays, aseguró el ministro al sitio de informaciones Tempo.

El gobierno ha cerrado varios sitios LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero), prohibido emisiones televisadas y pedido la supresión de los emoticones específicos -como los que representan a hombres de la mano, o con la bandera arcoiris- en las aplicaciones de mensajería instantánea.

El consejo de los Ulemas de Indonesia, la más alta instancia del Islam, pide la criminalización de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Ya no serán solo "desviadas" sino inconstitucionales, aseguró. Según la prensa, los parlamentarios reflexionan sobre una ley al respecto.

Tema tabú
La homosexualidad es un tema tabú en Indonesia, país musulmán más poblado del mundo.

Hubo en el pasado ataques físicos y verbales contra los homosexuales. Pero la homosexualidad es legal en la mayoría del territorio, salvo en la muy conservadora provincia de Aceh, y los gays viven generalmente tranquilos.

Las causas de la controversia actual no son fáciles de determinar, pero se producen después de presiones de jefes religiosos y conservadores para reforzar la moral pública, con medidas contra la prostitución, la droga y el alcohol.

Los más conservadores temen que la comunidad LGBT busque avances considerados como inmorales y contrarios a la cultura indonesia, como el matrimonio homosexual.

Los que trabajan con la comunidad LGBT aseguran por su lado que hay un aumento de abusos y de acoso a través de internet.

Batidas antigay
El Frente de defensores islámicos, un grupo radical, llevó a cabo batidas en pensiones de la ciudad de Bandung en busca de parejas del mismo sexo. En Yogyakarta, extremistas se congregaron ante una escuela islámica reputada por acoger a alumnos transgénero, antes de descubrir que éstos ya habían abandonado el lugar.

"Es cada vez peor. Se ha convertido en algo peligroso para nosotros", dice a la AFP Ryan Korbarri, secretario general de la Asociación de defensa de los gays, Arus Pelangi.

Esta campaña choca a los defensores de los derechos humanos en el extranjero.

El presidente indonesia Joko Widodo debe "condenar urgentemente esta retórica anti-LGBT de las autoridades antes de que abra la vía a nuevos abusos" comentó la ONG Human Rights Watch.

El presidente permanece en silencio pero muchos miembros del colectivo gay confían en él.

En efecto, las promesas de Jokowi, como es llamado en Indonesia, de luchar contra los abusos y defender a las minorías le han valido el apoyo de la casi totalidad de la comunidad LGBT, explica Teguh Iman, de Suara Kita, otra organización de defensa de los derechos homosexuales.

viernes, 21 de agosto de 2015

#hemeroteca #vih | Seropositivos en Indonesia: criminalizados y marginados

Imagen: El País
Seropositivos en Indonesia: criminalizados y marginados.
Políticas locales que restringen acceso a antirretrovirales y el rechazo religioso a los métodos anticonceptivos condenan a los seropositivos al ostracismo.
Ángel L. Martínez Cantera | Planeta Futuro, El País, 2015-08-21
http://elpais.com/elpais/2015/08/20/planeta_futuro/1440086343_921650.html

Las sandalias de Maya aguardan junto a un par de zapatos masculinos a los pies de la escalera del salón de masajes; que no es tal. Las callejuelas se inundan de clientes aquejados de dolores lumbares; que no son tales. En el barrio rojo de Yakarta todo es evidente y nada se manifiesta como lo que es. Más de 1.000 prostitutas, muchas infectadas de VIH, malviven y trabajan en los angostos recodos del centro de la capital de Indonesia. “Yo no sabía nada de ‘esto’ antes. Usaba condones dependiendo de las preferencias de los clientes”, dice Maya sin contar. “Muchos imam [líderes religiosos musulmanes] buscan nuestros servicios, para luego criticarnos durante los sermones en las mezquitas”, apunta esta seropositiva de 42 años calzándose; sus sandalias y su dosis diaria de hipocresía.

Mientras el resto del planeta celebra la reducción de la epidemia del SIDA, Indonesia es el único país del sudeste asiático en el que los niveles de contagio no han disminuido. El cuarto país más poblado del mundo ha sufrido el avance incontrolado del virus en la última década; afectando a casi 700.000 personas; sobre todo prostitutas, drogadictos y miembros de la comunidad LGBTI (gay, lesbiana, bixesual, transexual e intersexual). “Datos recientes sugieren que el crecimiento de la epidemia puede estar ralentizándose. Indicios esperanzadores, aunque es pronto para confirmarlos”, puntualiza David Bridger, asesor político de la Agencia de Naciones Unidas para el SIDA (UNAIDS) en Indonesia. Pese a las previsiones, el actual impacto del virus en el archipiélago asiático es devastador. En Papúa Occidental, por ejemplo, se han detectado 5.000 infecciones de SIDA.

En Papúa y las islas menos desarrolladas del este de Indonesia, la incidencia del virus está condicionada a las pobres infraestructuras y al difícil acceso a servicios básicos. Pero en el caso de las provincias más prósperas, los esfuerzos por reducir la expansión del SIDA se ven mermados por las políticas locales y los prejuicios religiosos del país con mayor población musulmana del mundo. “Gobiernos locales establecen medidas para cerrar lokalisasis [distritos de prostitución]. Esto contradice las políticas nacionales de sanidad pública para la prevención de la transmisión sexual del VIH, basadas en reforzar el acceso de las prostitutas a servicios de salud”, explica el propio Bridger en referencia al cierre del mayor barrio-burdel del sudeste asiático.

Hace un año, las autoridades de Surabaya organizaron una redada en el barrio de Dolly. El cierre del conocido burdel, que concentraba más de 3.000 prostitutas, supuso el desplazamiento interno de muchas infectadas de SIDA y la proliferación de un problema que antes estaba controlado. “La medida se produjo por los recortes en las ayudas y ha propagado el problema a lo largo y ancho de la ciudad. Antes era más fácil dar servicio a los enfermos y ahora no sabemos donde trabajan”, explica Rudhy Wedhasmara, director de ORBIT (Our Rights to Be Independent). Su centenar de trabajadores sociales atiende a muchos de los 20.000 seropositivos y drogadictos de Surabaya, la segunda ciudad más poblada de Indonesia. Rudhy, abogado de minorías desfavorecidas, también responsabiliza al islamismo radical de la discriminación de los colectivos en riesgo de contraer el virus. Grupos religiosos locales han llegado a boicotear lel encuentro Internacional de Lesbianas, Gais, Bisexuales e Intersexuales (ILGA), en el que se pretendía coordinar medidas para combatir la expansión del SIDA.

“Muchos reglamentos locales tienen una clara intención moralista, en vez de la orientación de salud pública que se les suponen. Por ejemplo, el ayuntamiento de Bengkulu [en Sumatra] prohibió la venta de preservativos a parejas que no certificasen su matrimonio”, explica Anindita Gabriella, miembro del Centro de Investigación de VIH/SIDA de la Universidad de Atmajaya de Yakarta. Hace pocos meses, este centro se hizo eco de una investigación publicada en la revista médica The Lancet, en la que científicos se mostraban preocupados por la “criminalización [de los grupos en riesgo] y los métodos punitivos de aplicación de la ley [que] espolean la epidemia del VIH”. Los expertos llamaban “al Gobierno de Indonesia a reducir estrategias sancionadoras que son contraproducentes para controlar la epidemia”. Las críticas del centro de investigación indonesio van más allá y mencionan medidas contradictorias que imposibilitan el acceso a métodos para prevenir contagios. Por un lado, el reglamento relativo al VIH promueve la distribución de condones para reducir su transmisión. Mientras que otros estatutos consideran la existencia de profilácticos como evidencias para el cierre de salones de masaje, bares y demás destinos sexuales.

Los drogadictos enfermos de SIDA también sufren las políticas discriminatorias. “El número de heroinómanos en busca de agujas esterilizadas ha pasado de 1.800 a menos de la mitad en sólo cuatro meses, desde que el gobierno organizase redadas en el centro de Yakarta. Pueden estar escondidos. O quizás se hayan pasado a la metadona. Pero ese cambio debe ser voluntario y no por la presión policial”, explica Sabam Maruli, de 42 años. El coordinador de la organización local Karisma, encargada de asistir a seropositivos en las áreas más conflictivas de Yakarta, también cuenta que muchos enfermos han sido rechazados en centros de salud de la capital.

Zunita Mutalib, de 52 años y médico responsable de los tratamientos con antirretrovirales (ATR) en la clínica del distrito de Senen, en Yakarta, explica el papel del fanatismo: “El gobierno intenta cambiar la situación pero las infecciones aumentan por la presión religiosa. Antes teníamos condones en todas las unidades de este Puskesmas [ambulatorio en el idioma local bahasa], pero las quejas de la comunidad musulmana redujeron su distribución a servicios especiales como el mío”. La unidad de la doctora Zunita ofrece tratamiento diario a 120 pacientes, seropositivos y drogadictos, y ella tiene claras las medidas necesarias para reducir la epidemia: “Los condones y las nuevas jeringuillas previenen la expansión del VIH, aunque la Unidad Nacional de Narcóticos esté en contra de la distribución de agujas esterilizadas. La religión en este país frena nuestros esfuerzos contra el SIDA”, concluye mientras se ajusta el hiyab (velo que cubre cabeza y torso de las mujeres musulmanas en Indonesia).

El limitado acceso a jeringuillas esterilizadas para drogadictos es factor directo en el aumento de las infecciones. Tauguh Hastanto, de 32 años, empezó a inyectarse heroína a los 14 y recibe tratamiento antirretroviral desde que contrajese la enfermedad hace cinco años. “Empecé a compartir agujas cuando estuve en la cárcel. Allí la situación es muy hipócrita porque es fácil conseguir heroína pero los guardias castigan a los presos que piden jeringuillas nuevas. Las autoridades no quieren admitir que existe tráfico dentro de prisión…”, cuenta quien pasó varios periodos entre rejas. Tauguh lleva más 2 años limpio pero desempleado porque muchos jefes obligan a los trabajadores a hacer público su estatus, despidiendo a los seropositivos.

Proteger la privacidad de los enfermos
Consciente de la discriminación que sufren los colectivos en riesgo, la Coalición Indonesia contra el SIDA (IAC) creó una aplicación móvil gratuita para facilitar el acceso a unidades de prevención y tratamiento del SIDA, al tiempo que preserva la identidad de los usuarios. Basta con seleccionar el área en la que el paciente se encuentra para que el servicio informe de las clínicas cercanas en las que se ofrecen test de VIH y asistencia relacionada. La aplicación fue diseñada por el director de la organización, y también seropositivo, Aditya Wardhana en 2013, y ya cuenta con más de 7.000 usuarios e información de 3.000 clínicas con actualizaciones contínuas del Ministerio de Salud en una web. “Indonesia está muy por debajo del resto de países de la región en cuanto a políticas de prevención. Existe un decreto nacional que prohíbe la cobertura sanitaria completa de drogadictos y enfermos de SIDA aunque una ley del Ministerio de Salud estipule lo contrario”, explica Arie Rahadi, consejero de investigación de la coalición. No sólo las leyes del gobierno son contradictorias, sino también sus informaciones. El pasado febrero, la Asociación de Planificación Familiar de Indonesia (PKBI, en sus siglas locales) tuvo que desmentir públicamente al Ministro de Industria, quien dijo que el VIH se contagiaba a través de la ropa.

Desinformación y discriminación condenan a los enfermos de SIDA al ostracismo. “La comunidad musulmana expulsó a mi familia de nuestro barrio cuando conocieron mi estado. Ahora mis padres ni me hablan”, cuenta Akke Sartika, de 33 años. Hace mucho que Akke dejó de compartir jeringuillas y cama con diferentes personas para costearse las dosis. Pero el estigma del VIH le ha perseguido en los cinco últimos empleos de los que fue despedida por su enfermedad. Ahora trabaja para una organización que ayuda a otros seropositivos a salir de la marginación: “Antes no sabía que era ilegal despedir por esos motivos. Pero es mejor trabajar aquí. Entre los míos. Este es nuestro último refugio”.

jueves, 28 de mayo de 2015

#hemeroteca #violencia | Indonesia obliga a sus mujeres policías y militares a pasar una prueba de virginidad

Imagen: Público
Indonesia obliga a sus mujeres policías y militares a pasar una prueba de virginidad
El Gobierno del país asiático, que defiende que es una
práctica que "preserva el futuro del país", también somete a las prometidas de los oficiales al 'test de los dos dedos'.
S. León | Público, 2015-05-28
http://www.publico.es/sociedad/indonesia-obliga-mujeres-policias-y.html

"No sólo es un acto humillante, es una tortura". Habla una doctora de un hospital militar en Yakarta. En 2008 se encargó de dirigir las pruebas físicas con las que se sometió a las mujeres que pretendían entrar en las Fuerzas Armadas. Se negó a volver a hacerlo.

Indonesia obliga a las aspirantes a entrar en el Ejército y en la Policía a pasar por un test de virginidad. Según ha denunciado en varios informes la ONG Human Rights Watch (HRW) se trata de una práctica que también se impone a las novias de los oficiales e, incluso, hasta febrero de este año, a las estudiantes en su último año antes de acceder a la universidad.

En tanto, el presidente del país, Joko Widodo, justifica la medida alegando que se trata de una ley para "preservar el futuro del país". Para las autoridades militares, los exámenes son "cruciales para guardar la dignidad y el honor de la Nación".

HRW ha recogido los testimonios de varias víctimas de esta prueba ─tanto reclutas como prometidas de militares─ y los de algunos médicos que la practicaron en distintos hospitales militares repartidos por todo el país.

"Lo que me sorprendió fue encontrarme con que el doctor que me iba a hacer la prueba era un hombre. Me sentí humillada. El test va en contra de los derechos de todas las mujeres", denuncia una recluta de la academia militar de la ciudad de Bandung, recoge el informe de la ONG.

Según las declaraciones recogidas por HRW, la prueba, conocida como el 'test de los dos dedos', es un examen manual para comprobar si el himen está intacto. Las aspirantes son examinadas masivamente en grandes salas, divididas en consultorios separados por cortinas.

"Los exámenes de virginidad son una forma de violencia de género y una práctica ampliamente desacreditada", denuncia la organización, que recuerda que la propia Organización Mundial de la Salud ha emitido una serie de directrices en las que deja claro que "la prueba de virginidad no es admisible y carece de validez científica".

Todas las ramas del Ejército indonesio han empleado estos exámenes durante décadas, advierte HRW, que destaca que siempre se realizan en las primeras etapas del proceso de selección para poder entrar en las fuerzas de seguridad y que forman parte del examen militar obligatorio. La organización asegura que ninguna mujer que no haya "superado" la prueba ha llegado a ser sancionada, si bien todas coinciden en definirlo de "doloroso, vergonzoso y traumático".

Luego está el caso de los militares que pretenden contraer matrimonio. Para ello, deben solicitar una carta a sus superiores, pero el permiso sólo se emite cuando la prometida ha pasado por un examen médico psicológico y físico que incluye la prueba de virginidad. Las únicas mujeres que se libran son aquellas que cuentan con "contactos importantes" ─hijos de almirantes o generales─ o que sobornan a los médicos militares.

Tras difundirse uno de los informes de HRW, en noviembre de 2014, la Policía indonesia confirmó la existencia de estos test de la vergüenza. "El procedimiento lleva practicándose durante mucho tiempo. Tenemos que comprobar la calidad (de las candidatas) constatando su virginidad", declaró el director del departamento legal de la Policía Nacional.

El cuerpo policial indonesio planea aumentar el número de mujeres a 21.000, por lo que pasarían a representar del 3% al 5% del total. Las futuras agentes deben de tener entre 17 y 22 años y, por supuesto, no pueden estar casadas.

Violación de derechos humanos
HRW exige la abolición inmediata de una medida "cruel, inhumana y degradante". La organización avisa de que estas prácticas, que también se llevan a cabo en Egipto, India o Afganistán, han sido reconocidas como una violación de los derechos humanos por tratados internacionales que Indonesia ha ratificado.

La ONG publicó su último informe sobre el asunto para hacerlo coincidir con el encuentro en Bali del Comité Internacional de Medicina Militar, una organización intergubernamental con sede en Bélgica dedicada a fomentar la "colaboración entre miembros de los Servicios Médicos de las Fuerzas Armadas de todos los Estados".

"Las Fuerzas Armadas de Indonesia deberían reconocer que practicar pruebas de virginidad no contribuye en absoluto a fortalecer la seguridad nacional", defiende Nisha Varia, directora de derechos de la mujer de HRW. "Para revertir esta situación en las fuerzas militares, el presidente Joko Widodo debería abolir inmediatamente este requisito y evitar que sea puesto en práctica en todos los hospitales", concluye la representante de la organización.