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miércoles, 5 de marzo de 2025

#hemeroteca #endolesbofobia | “María del Monte optó por el silencio sobre su vida amorosa y es comprensible”

La cobra de María del Monte a su mujer, Inma Casal //

“María del Monte optó por el silencio sobre su vida amorosa y es comprensible”

Jorge Javier Vázquez | Lecturas, 2025-03-05

https://www.lecturas.com/blogs/jorge-javier-vazquez/maria-monte-opto-por-silencio-sobre-su-vida-amorosa-y-es-comprensible_171276

La reflexión que más me ha interesado sobre el viaje al espacio de Jesús Calleja ha sido la de mi madre: “Jorge, cuando me puse a ver la tele estaba a punto de volar el cohete y me quedé un poco dormida. Al despertarme y ver las imágenes que estaban saliendo pensé: ‘Coño, también hay árboles ahí arriba. ¡Anda! ¡Y autobuses!’ Luego ya me di cuenta de que no, que lo que estaba viendo no era del espacio sino de la Tierra”. Y es que durante la siesta de mi madre a Calleja le dio tiempo de ir y volver. Se han hecho muchas bromas al respecto. Sobre lo de Calleja, no sobre lo de mi madre. Da la impresión de que como ha sido una cosa cortita no tiene mérito. Creo que la gente no ha valorado del todo su aventura porque siempre vemos a Jesús con una sonrisa. Si lo hubiéramos visto sufrir con el temita durante mucho tiempo ahora estaríamos pidiéndole, como mínimo, una rotonda en su León natal.

¿Homofobia o pudor?
La felicidad ajena nos produce escepticismo. Lo que verdaderamente nos lleva a enaltecer al otro es verlo sufrir como el mayor de los desgraciados. Cuando más cruento sea su sufrimiento, más lo adoramos. El cohete de Calleja y la cobra de María del Monte a su novia antes de la entrega de la Medalla de las Artes el día de Andalucía han sido, para mí, las imágenes de la semana. Sobre María escribió Borja Terán un tuit que generó mucho revuelvo: “La LGTBIfobia interiorizada cree que hay que guardar las muestras de afecto para la intimidad. Cuando los heterosexuales no esconden estas emociones con sus parejas. Una cosa es presentar el Orgullo y otra ponerlo en práctica”. Replicó Luz Sánchez Mellado: “A lo mejor es una señora pudorosa a la que no le apetece ser grabada besando a su pareja. No todo es homofobia, Borja. Una es una y sus circunstancias”.

“¿Y yo con quién voy?”, me pregunté. Porque X siempre obliga a tomar partido. Creo que con los dos aunque un poco más con Borja porque incluso con la última frase de Sánchez Mellado se entiende más lo que dice Borja Terán. Efectivamente, como bien recalca Sánchez Mellado, “una es una y sus circunstancias”. Las de María del Monte has sido, durante muchísimos años, el silencio. Desconozco cómo llevó su orientación sexual antes de saltar a la fama pero a partir de que salieran las archiconocidas fotografías con Isabel Pantoja en la playa fue carne de comentarios homófobos a tutiplén. Mucho más ella que Pantoja. Si ahora revisamos con perspectiva cómo tratamos la relación de las folklóricas nos produciría bochorno: comentarios malintencionados, con doble sentido acusador, sonrisas de medio lado con mucha mala leche. Estaría bien hacerlo para ver cuánto hemos avanzado y cómo esa absurda teoría del “ya no se puede hablar de nada” es el amparo del sector más reaccionario y rancio de nuestra sociedad porque implica la negación de la diversidad.

Una carrera condicionada
María del Monte no tenía reparos en hablar de su orientación sexual en privado pero no daba el paso público. Sus razones tendría y hay que comprenderlas. A mí, como a tantos otros, me contaba cosas de su vida que jamás utilicé cuando la entrevistaba. Habló de su lesbianismo cuando ya era una estrella consagrada y la entiendo. Porque treinta años atrás y en un mundo tan tradicional como el suyo era casi impensable. Su carrera habría sido doblemente complicada porque tendría que haber hecho frente a un sinfín de comentarios que poco habrían tenido que ver con lo musical, y ni a María ni a ningún ser humano podemos exigirle comportamientos heroicos.

Bastante tenemos con llegar al final del día mínimamente cuerdos. Así que, como dice Luz Sánchez Mellado, una es una y sus circunstancias. A María del Monte le tocó vivir su juventud en una época en la que no había mujeres que manifestaran que amaban a otras mujeres. Y eso claro que influye en la manera de comportarte públicamente. Recuerdo que cuando yo era más joven me costaba quedar a cenar con un chico que pareciera homosexual –como si a mí no se me notara– por temor a las miradas ajenas. Si quedaba era en una discoteca. Y eso si tenía el valor de quedar el día después de haberme enrollado con él. Una cosa eran unos besos por la noche al amparo de la oscuridad y otra muy distinta seguir con la historia a la luz del día. Porque continuar significaba empezar a darle naturalidad a una relación que dentro de mi cabeza no existía. La sociedad la rechazaba, la condenaba o no la toleraba. No me planteo casarme porque crecí con la idea de que los homosexuales nunca se casaban. Y, por supuesto, tampoco tenían hijos.

Revisar conductas
Así que la paternidad y el matrimonio son dos variables que mi cerebro no ha trabajado mucho. Con toda esta porquería de mochila que llevo a mis espaldas os podéis imaginar que las muestras de cariño en público a una pareja las llevo regular. ¿Tengo por todo lo vivido comportamientos homófobos? Seguramente. Y está bien revisarlos. Y darnos cuenta de ello. E intentar corregirlos. Pero, sobre todo, hay que perderle el miedo a las palabras. Homofobia. Sí. Existe dentro del mundo gay. Claro. Porque hemos crecido con ella. Porque para protegernos y no ser etiquetados como homosexuales hemos ocultado nuestra manera de ser y de actuar

La cobra de María del Monte da para mucho y está bien que teoricemos sobre ello sin crucificar a la artista. De todo el asunto me quedo con algo que me parece importantísimo: la actitud de su novia, Inmaculada Casal. La emoción la empuja a besar a la mujer con la que comparte su vida y lo hace con naturalidad. Y así como hablamos de la cobra de María del Monte, me parece un gran paso que nadie haya cuestionado a Casal. Porque hizo lo que todo el mundo haría en ese momento: alegrarse por su pareja coronando esa alegría con un beso en los labios. Años atrás habríamos quemado en la hoguera a Casal. Hoy, reprochamos a Del Monte que fuera tan sosa. Me parece un avance extraordinario. Eso sí: Inma y María nos deben un beso. Que vayan ensayando para la Feria de Abril.

Y TAMBIÉN...
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María del Monte le hace una monumental cobra a su mujer Inma Casal en Canal Sur: "Ha perdido la cabeza"

La presentadora ha intentado despedirse de María del Monte con un bonito beso, pero la artista se ha apartado rápidamente
Daniel Robles | El Confidencial, 2025-02-28
https://www.elconfidencial.com/television/programas-tv/2025-02-28/maria-del-monte-canal-sur-mujer-cobra-inma-casal_4075687/
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Jorge Javier Vázquez pone orden, tras el revuelo de la cobra de María del Monte: "¿Homofobia o pudor?"

El rostro de Telecinco se ha sumado a las reflexiones que brotaron después de que la cantante rechazase públicamente un beso en la boca de su propia mujer
Á. R. | El Confidencial, 2025-03-05
https://www.elconfidencial.com/television/programas-tv/2025-03-05/jorge-javier-cobra-maria-del-monte-homofobia-pudor_4079378/
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La reflexión de Jorge Javier tras la 'cobra' de María del Monte a su mujer: "La homofobia existe dentro del mundo gay"

El presentador de 'El diario de Jorge' ha hablado sobre una de las polémicas de la semana.
Francisco J. Jurado | El Español, 2025-03-05
https://www.elespanol.com/bluper/20250305/reflexion-jorge-javier-cobra-maria-monte-mujer-homofobia-existe-dentro-mundo-gay/928907117_0.html

sábado, 30 de abril de 2022

#hemeroteca #lesbianismo #mayores | Vivir el amor con otra mujer a los 60: la historia de Lorenza y el aún difícil camino para lesbianas de todo el mundo

El Diario / Lorenza Machín //

Vivir el amor con otra mujer a los 60: la historia de Lorenza y el aún difícil camino para lesbianas de todo el mundo.

La activista canaria ha relatado su historia en el primer Congreso Internacional de Feminismo y Lesbianismo. La psicóloga Paula Alcaide explica que faltan referentes y que existe miedo al rechazo, que depende del entorno y de la educación.
Jennifer Jiménez | El Diario, 2022-04-30
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/vivir-amor-mujer-60-historia-lorenza-dificil-camino-lesbianas-mundo_1_8955124.html 

Lorenza Machín tiene 76 años y desde que cumplió 60 vive una relación con otra mujer. Su vida cambió tras cuatro décadas de matrimonio con un hombre. Tras el divorcio, explica que empezó a volar. “El amor tocó en mi puerta, al borde del ocaso. Su mirada en mí posó cuando mi alma estaba muerta”, dijo esta semana en el primer Congreso Internacional de Feminismo y Lesbianismo celebrado en Tenerife. Relata que su vida ha estado atravesada como la de todas las mujeres por el patriarcado, pero en su retroceder en el tiempo se ha dado cuenta de algo “maravilloso” y es que siempre ha estado rodeada de mujeres, que la han apoyado en los momentos más duros. Su viaje hasta conocer a su actual pareja lo ha resumido en el reciente libro ‘Caminando’, una antología de una vida que es un ejemplo para otras generaciones, por lo que sigue visibilizando su historia. En él recoge además las distintas luchas de las que ha formado parte, como una de las impulsoras de CCOO en Fuerteventura o ligada la defensa por el derecho al trabajo, la paz, la sanidad o la educación. La activista explica a Canarias Ahora que sigue contando su historia para que la gente la joven siga luchando por sus derechos y que ayude a otras personas de su edad a que puedan romper el silencio.

Para la psicóloga especializada en atención a lesbianas y bisexuales, Paula Alcaide, “esto es como una tela de araña que cuando una se visibiliza sirve de referente para otras y, por lo tanto, en todas las disciplinas y ámbitos faltan justamente personas que lo verbalicen”. La experta añade que con estos relatos, las mujeres empiezan a sentirse acompañadas y no se sienten tan fuera de lugar. “Desde la sororidad y colectividad la autoestima mejora muchísimo”, remarca. La discriminación que aún existe en la sociedad es precisamente lo que dificulta el proceso de autoaceptación para muchas mujeres, unos miedos que no dependen tanto de la edad sino del entorno y la educación. No obstante, matiza que “generaciones más mayores tienen más incorporados esos mensajes de que ser lesbiana es algo negativo y genera lo que se llama lesbofobia interiorizada”, generado por el “miedo al rechazo”.

Lorenza Machín ha vivido la mayor parte de su vida en Fuerteventura y recuerda que su educación estuvo marcada por los valores del catolicismo y la falta de información durante su infancia y adolescencia. “¡Cuánto daño ha hecho la Iglesia!”, apunta. Los sueños de salir de casa y esa educación machista y patriarcal hicieron que “soñara con un príncipe azul que me sacara de allí” y así fue como vivió casada 40 años, un matrimonio del que destaca lo que considera su “mayor tesoro”, sus hijos. Después de los 60 le llegó esa recompensa, su compañera de vida con la que espera aprovechar cada segundo de vida. “Sigo disfrutando con los ocasos, las autoras o con un cuadro bonito”, afirma. En el repaso de su vida recuerda como tres señoras mayores de su barrio la ayudaron mucho cuando se quedó embarazada a los 19 años. “Hoy, yo soy la señora mayor que intenta hacer ver que si tenemos unas obligaciones, también tenemos unos derechos y no se le debe negar a las niñas el derecho a vivir en igualdad”, subraya.

“Necesitamos más psicología feminista interseccional”
La psicóloga Paula Alcaide, destaca que además de problemas de “autoaceptación”, es decir, para visibilizar la orientación sexual, se encuentra con mujeres en su consulta que se cuestionan cómo relacionarse. Es decir, que necesitan sentir que forman parte de un grupo, esa sensación de pertenencia y “de alguna manera en un entorno heteronormativo la sensación de pertenencia se ve como dificultada” al no encontrar iguales. Así mismo, se encuentra problemas de pareja en el sentido de cómo se relacionan dos mujeres y qué problemas puede tener también en sus propios procesos de autoaceptación, es decir, “encontramos lo que llamamos disparidad homofóbica” que una las mujeres de la pareja sea más visible, está más fuera del armario y la otra tiene mucha más lesbofobia interiorizada. Por ello, tienen mucho miedo al qué dirán si salen de la mano con su pareja por la calle y procesos de vergüenza, culpa, miedo…

Alcaide subraya que en la consulta se trabaja la psicología afirmativa. Para ello se trabajan los miedos a las pérdidas reales o imaginarias, es decir, “a veces son pérdidas que sí pueden ser reales y se fortalece la autoestima para que afronten esos riesgos o ese momento con la familia o el trabajo y por otro lado se trabajan los mensajes que han incorporado, los mensajes que han interiorizado sobre qué significa ser lesbiana, y cómo pueden vivir su identidad de una manera positiva”, resume. A partir de ahí, la experta señala que se realiza un proceso de entrenamiento en el cual van conquistando espacios “que al principio vives como inseguros y vas conquistando y van notificando su identidad lesbiana. Así, poco a poco van cogiendo esa confianza en sí misma”. Por otro lado, destaca que se puede trabajar también con familias y en prevención del bullying homofóbico.

En cuanto a las relaciones de pareja también recuerda que la sociedad tiende a asumir que todo el mundo es heterosexual y es la “heteronormatividad la que hace que luego muchas mujeres no sepan cómo relacionarse entre ellas o no encuentren referentes de hasta qué punto es normal o no lo que les pasa en lo referente a las parejas”. Para ello, Alcaide ha escrito el libro ‘Cómo superar un bollodrama’, un manual de psicología que habla específicamente de las relaciones afectivas entre mujeres. La experta remarca que existe una doble discriminación por ser mujer y por ser lesbiana y que a ello se le suman otras intersecciones, por ser migrada, por etnia, por discapacidad o por otros ejes y por ello “necesitamos más psicología feminista interseccional”. También apunta que el hecho de ser mujer conlleva doble riesgo de tener depresión y ansiedad y que se trata de un problema estructural.

Lorenza Machín insistió esta semana en que no se devalúe ni arrincone a las mujeres mayores y que se tenga en cuenta el hecho de ser lesbiana si algún día tiene que entrar en una residencia de mayores, donde aboga por que existan protocolos para no ser separada de su pareja y para que se les respete si en un baile se quieren dar un beso, por ejemplo. Unas percepciones que ha compartido en un congreso inaugurado por la directora del Instituto de las Mujeres, Beatriz Gimeno y la directora del Instituto Canario de Igualdad, Kika Fumero, que han recordado que “el amor entre mujeres es un acto revolucionario”. En ellas han contado sus duros testimonios mujeres como Sonia Vivas, expolicía o Mónica Tereza Azeredo, cuya pareja Marielle Franco fue asesinada en Río de Janeiro.

La activista feminista insiste en que aunque se ha avanzado en la conquista de derechos, aún existen otros que hay que lograr. “No hemos conseguido todo y hay que seguir luchando en la calle”, remarca. Recuerda que desde niña le dijeron que las mujeres llevamos una “cruz” que tenemos que soportar toda la vida y que hoy día aún predomina un sistema patriarcal y machista que hace que no se enseñe igual a niños que a niñas. “Nosotras luchamos para que vaya desapareciendo ese sistema y estamos marcadas y encima eres lesbiana el sistema es mucho peor y si, como en mi caso, eres una persona mayor aún peor”, insiste.

viernes, 26 de abril de 2019

#hemeroteca #lesbianismo #visibilidad | Directiva y lesbiana: así rompieron ellas el doble techo de cristal

Imagen: El Mundo / Eva Pérez
Directiva y lesbiana: así rompieron ellas el doble techo de cristal.
Que casi ninguna mujer lesbiana sepa que el 26 de abril es el Día de la visibilidad lésbica es la muestra de que, aunque menos, en España también queda camino por recorrer.
Sara Polo | El Mundo, 2019-04-26
https://www.elmundo.es/nosotras/2019/04/26/5cc18f7b21efa0b50e8b45c8.html

Marta Fernández responde al teléfono aún un poco agitada. Acaba de volver de Ucrania y las cosas no han salido como esperaba. Representaba a España en la Europea Lesbian Conference, que este año se celebraba en Kiev, y ha sufrido el acoso de los grupos de ultraderecha y religiosos. Un acoso violento que ha terminado con un policía en el hospital y con ella preguntándose si tiene derecho a hablar de discriminación laboral con la periodista mientras sobre sus compañeras cae una lluvia de piedras.

"Perdóname lo que te voy a decir, pero ahora veo una tontería los problemas que tenemos aquí", reconoce, aunque desde una visión más sosegada es precisamente aquí donde empieza la onda expansiva que puede impactar en los países en los que ni siquiera la legislación protege a quienes se salen del carril cisgénero heterosexual.

Que casi ninguna mujer lesbiana sepa que el 26 de abril es el Día de la visibilidad lésbica es la muestra de que, aunque menos, en España también queda camino por recorrer. También lo es que dos de las directivas dispuestas a "dar la cara" en este periódico se echaran atrás en el último momento. No es tan fácil, nos dicen quienes sí viven su orientación sexual a rostro descubierto. Ni siquiera en los despachos.

Marta Fernández trabajó durante 10 años en consultoría estratégica en varias multinacionales. Sin embargo, su salida del armario más dura fue con ella misma. "Tenía la homofobia interiorizada porque nunca tuve ningún referente", cuenta, "he vivido en muchos países, he tenido muchos grupos de amigas y jamás ninguna mujer me ha dicho: 'Mira, soy lesbiana'. Yo siempre he seguido las normas, ¿cómo me iban a gustar las mujeres?". La historia de Marta es la de miles de españolas -se calcula que un nada desdeñable 10-15%- que cada día llegan a trabajar con una doble carga en su mochila: ser mujeres y lesbianas.

Beneficios empresariales, también económicos
Se da la paradoja de que en España, que tiene una de las legislaciones más avanzadas en cuanto a derechos LGBTI del mundo, las multinacionales extranjeras cuentan con menos políticas de integración. "Nuestras propias organizaciones trabajaban mucho el tema fuera, pero en España nos sentíamos los únicos LGBTi de la oficina", afirma Fernández. Por eso, en 2014 fundó la red profesional LesWorking, destinada a facilitar la salida del armario de las mujeres en el entorno laboral, ocupen el puesto que ocupen. Del lado corporativo, también es codirectora general de la Red Empresarial por la Diversidad y la Inlcusión LGBTI (REDI).

Las empresas empiezan a darse cuenta de que las políticas de igualdad generan beneficios, también literalmente. Un estudio elaborado por Credit Suisse en 2016 que analizaba 270 compañías con políticas LGBT subrayaba, como dato revelador, que casi el 90% de las empresas que aparecen en la lista Fortune 500 desarrollan este tipo de iniciativas, pero sólo en una el CEO es abiertamente homosexual: Tim Cook, de Apple. ¿Casualidad?

En esta amplia investigación se preguntó, además, a los trabajadores LGBTI estadounidenses por su situación y la respuesta fue abrumadora: El 41% de los empleados y el 72% de los directivos siguen dentro del armario. Y eso no es bueno para cuadrar el balance a fin de mes, puesto que un trabajador que esconde su orientación sexual es un 10% menos productivo. Además, y teniendo en cuenta que más del 70% de las decisiones de compra las toman mujeres, es interesante subrayar que casi un cuarto de los consumidores LGBT cambiaría de marca en un producto habitual hacia otra que promueva políticas 'gay friendly'. Quizá por eso ya hay más de 25 multinacionales en REDI.

Vida personal también en la oficina
Para Fernández, el trabajo es "el cole de los mayores". Un cole en el que ser diferente se puede pagar muy caro. "Tengo muchísimas amigas que no hubieran hecho nunca esta entrevista", reconoce Miren Garay, ‘Global Projects Director’ del Grupo Sodexo, y añade: "En muchos eventos de LesWorking hay un alto porcentaje de compañeras que no quieren salir en las fotos". Ella misma se vio en la tesitura de afrontar una reunión con un cliente que la rechazaba abiertamente: "No trabajo con mujeres y menos, con ella".

Salió del armario con sus compañeros de universidad prácticamente en la graduación y reconoce que la cosa ha avanzado, pero poco: "Ahora muchas chicas vuelven al armario cuando empiezan a trabajar". Hace tres años regresó a España tras un tiempo fuera. Durante la celebración del ‘World Pride’, en Madrid, una conversación con la presidenta de su empresa terminó añadiendo un nuevo cargo en su tarjeta de visita:

- ¿Cuántos empleados tiene Sodexo Iberia?
- 6.000.
- ¿Y a cuántas lesbianas conoces?
- A una, a ti.
- Pues tienes un problema.

Miren Garay es ahora Líder LGBTI en su compañía, algo así como "un apóstol de la importancia de la diversidad y la inclusión" que haga perder el miedo a las compañeras que siguen dentro del armario. "Me molesta mucho la excusa de que eso es personal, que a nadie le interesa mi vida privada", dice, "lo que es antinatural es que mis colegas no sepan nada de mi vida".

Y en ocasiones la ocultación da lugar a la mentira o a intrincadas estrategias. "Muchas veces, cuando te relacionas con compañeros terminas hablando en neutro, hablas de 'mi pareja', y la gente lo nota y no terminas de tener relaciones auténticas", explica Maribel Hernández, directora de ‘Employer Branding, Talent and Development’ y abiertamente lesbiana. "Cuentas pero no cuentas", dice. Ella misma tomó la decisión de salir del armario después de años dándole vueltas.

20 años de retraso respecto a los hombres gay
"Todo el mundo quiere sentirse integrado y aceptado, y cuando tienes algo que te hace sentir diferente y que no es tan visible sientes temor a dar el paso", asegura Hernández, que ha visto a amigas volver al armario una y otra vez con cada cambio de empresa. Asegura la fundadora de LesWorking que las mujeres lesbianas están "como los gays hace 20 años". "En la oficina encuentras hombres homosexuales que lo viven abiertamente, pero una lesbiana genera comentarios, chistes, cotilleos que están socialmente aceptados", afirma, "no hay más que buscar 'lesbiana' en Google: los primeros resultados son siempre de porno para hombres heterosexuales".

Esto supone para ellas un doble techo de cristal: son mujeres y, además, lesbianas. "Son frenos añadidos a nuestro desarrollo profesional", confirma Eva Pérez Nanclares, CEO de S&P Legal, que suma otro reto: la maternidad, ella misma es madre de una niña. Según su experiencia, mientras las mujeres reaccionan con serenidad al saber que una compañera -o una jefa- es lesbiana, los hombres se ponen en guardia: "Nos ven como una amenaza".

"Hay una parte, supongo, que tiene que ver con el hecho de que por tu orientación sexual se sienten excluidos de ese sentimiento iniciático de que entre un hombre y una mujer tiene que haber atracción sexual", explica, "y además en entorno profesional muchos los hombres te clasifican en esos términos. La lesbiana se sale de sus cánones y se produce un desajuste". En cualquier caso, la abogada llama a no generalizar: "Muchos hombres lo viven con naturalidad, pero otros muchos no saben qué hacer contigo".

A ella le costó decidirse, pero un día se encontró en los pasillos de un juzgado hablando con un compañero y soltó, de repente: "Mi mujer". "¿Y sabes qué? Que no pasó nada", recuerda ahora. No quiere decir que ese pánico inicial sea infundado. Sí, salir del armario sigue teniendo consecuencias desagradables en algunas empresas: "Es sutil y es muy difícil de probar, pero existe. Sabes por qué está sucediendo pero no puedes demostrar que suceda por eso", confirma Pérez Nanclares.

1.500 mujeres forman ya una red que crece cada día en Lesworking, unas asumen el papel de referentes y abanderan la normalización de la homosexualidad en el trabajo; otras escuchan, en silencio, y cogen fuerzas para recorrer su propio camino hacia la visibilidad. Todo avanza, lento pero seguro, pero ojo, advierten, es importante no parar. "No hay que dar nada por garantizado", apunta Marta Fernández, "todo lo que avanza puede retroceder". La velocidad no le importa, "más lento es también más sólido". Y subraya: "De pequeñita jugaba al ajedrez".

jueves, 21 de febrero de 2019

#hemeroteca #lesbofobia | Vendrán a por las bolleras

Imagen: 20 Minutos / Ataque al Centre LGTBI de Barcelona
Vendrán a por las bolleras.
Andrea Momoitio | Público, 2019-02-21

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/18401/vendran-a-por-las-bolleras/

Z. me cuenta que, rodeada de gente, se siente insegura. Si vamos a un festival, a un concierto, a un partido de fútbol o a cualquier otro sitio en el que hay mucha gente, Z. se siente insegura. No sufre agorafobia, pero arrastra, como todas, malas experiencias. Es más, lo suyo no es agorafobia. Es estadística. Las posibilidades de que Z. o yo suframos una agresión aumentan exponencialmente si aumenta el número de personas que tenemos a nuestro alrededor. Lo dicen las cifras, no lo digo yo. Yo solo la escucho y me revuelvo. Rabio de coraje y rabio de pena. La inseguridad se comunica muy bien con el miedo, pero ¿a qué podemos temer? Pues a querernos. Bueno. No. No es verdad. No. No exactamente: lo que nos asusta es que, por eso, alguien se moleste y nos joda la noche, el día o, quién sabe, la vida. Lo que nos da miedo es la lesbofobia. No seríamos las primeras ni, desde luego, las últimas lesbianas de este planeta que sufren las consecuencias de un sistema que no está pensado para nosotras, que nos desprecia en sus leyes, en sus representaciones culturales y artísticas, un sistema que nos acoge y expulsa según le interesa.

He sentido muchas veces miedo. Sobre todo, en determinados espacios. Matizo: en espacios masculinizados. Matizo más: he sentido miedo en espacios masculinazos y ese miedo ha aumentado exponencialmente cuando me he atrevido a enfrentarme a él, cuando me he enfrentado a ellos. Porque, en este caso, enfrentarse al miedo es enfrentarse a la violencia, a los violentos, a los agresores, a la lesbofobia, a la mierda que tenemos que tragar todos los días por no querer tener miedo. Por si no fuera lo suficientemente injusto, siempre que me he enfrentado a algún agresor, la violencia se ha convertido también en culpa. Siempre he pensado después de cada uno de los cientos de enfrentamiento que he vivido que podría haber actuado de otra manera. Siempre he pensado que la culpa era mía. Siempre. Ni más ni menos: que la culpa era mía porque soy una bollera de mierda, malhabada, contestona. La culpa siempre es nuestra.

Una noche, en unas fiestas populares, un grupo de tíos nos rodearon a mi novia y a mí para tocarnos y reírse de nosotras; en otra ocasión, en plena celebración del día de la visibilidad lésbica, un tipo agredió a una de chicas que participan en la acción de denuncia; en Barcelona, un grupo de ‘guiris’ nos señaló y ridiculizó por besarnos; nos pidieron discreción al hacer la reserva de un hotel y pedir una cama grande; he sido invisibilizada por novias y amantes, que para no hacer daño a sus familias, amigas o compañeras de trabajo han preferido hacerme daño a mí; he sufrido comentarios lesbófobos de gente cercana y querida; he tenido que defenderme de agresiones físicas con uñas y dientes, con la rabia que solo se sostiene a base de palos, de injusticias. He llorado pérdidas y ausencias, he pensado que ojalá no me hubiera tocado a mí, he pataleado de dolor y me he enfrentado a momentos irrepetibles de mi vida, como el primer amor y la primera ruptura, más sola que la una solo por ser bollera. Porque es más difícil que alguien consuele a una bollera. Una bollera de mierda.

Una de esas bolleras de mierda que, generalmente, se olvida de que lo es e, incluso, a veces se sorprende cuando siente miradas de incredulidad. Una bollera de mierda que, orgullosa y activista, se avergüenza de sentir miedo y se enfrenta a él para que el miedo, después, se convierta en algo peor: en culpa. Una bollera de mierda que rabia de pena cuando escucha Z. decir que se siente insegura, cuando lee las historias de resistencia y dolor de tantas bolleras aquí y allá. Una bollera de mierda que, hasta estos días, vivía la negación más inocente de todas las negaciones que se recuerdan. Sí, la extrema derecha arrasa en Andalucía, pero ¿qué puede significar eso en mi vida? ¿En qué va a traducirse esa violencia sistémica que seguro va a provocar el auge de la extrema derecha? ¿Cuánto van a tardar volver a decir, ahora con orgullo ellos, que somos una panda de bolleras y de maricones de mierda? Según un estudio, en 1983, el 54% de la ciudadanía española decía que la homosexualidad nunca podría estar justificada. Solo el 28% lo repetía en voz alta en 2011. ¿Los cambios sociales son cambios de mentalidad o cambio de discursos? Vox ha irrumpido con fuerza en el Parlamento de Andalucía con 12 escaños. Nadie sabe qué pasará el 28 de abril. En sus 100 medidas urgentes para España defienden a ultranza un modelo de familia y sociedad en el que nosotras no tenemos cabida. Dicen, literalmente, que quieren “suprimir en la sanidad pública las intervenciones quirúrgicas ajenas a la salud” haciendo alusión a las operaciones de reasignación sexual o los tratamientos hormonales. ¿Qué tiene que pasar para que nos demos cuenta de lo que está pasando? ¿Cuándo dejas de ser exagerada para ser prudente? ¿Cuándo dejas de decir lo que piensa por miedo? ¿Cuándo dejas de escribir?

Los cambios legislativos, los avances y los logros que nos ha regalado el movimiento LGTB en el Estado español a todas son tinta. Ni más ni menos: tinta. Están escritos, están sellados, están firmados y avalados, pero mientras todo eso sucedía, en sus sillones, miles de hombres y mujeres despreciables rumiaban que aquello era blasfemia y lamentaban los tiempos en los que podían tirarse piedras a los maricones. Ese tiempo puede volver. Barcelona ya amanecía herida hace unas semanas, ¿cuándo vamos a aparecer heridas alguna de nosotras?

Ya han pasado.

Habrá que detenerles.

Andrea Momoitio. Periodista. Coordinadora de 'Pikara Magazine'

lunes, 22 de enero de 2018

#hemeroteca #endohomofobia | Homofobia interiorizada: personas LGTBI que se rechazan a sí mismas y al colectivo

Imagen: Código Nuevo
Homofobia interiorizada: personas LGTBI que se rechazan a sí mismas y al colectivo.
Alba Losada | Código Nuevo, 2018-01-22
http://www.codigonuevo.com/homofobia-interiorizada-personas-lgtbi-que-se-rechazan-a-si-mismas-y-al-colectivo/

Eres homosexual y no has tenido valor de salir del armario o, incluso, sientes rabia hacia los chicos que tienen pluma, piensas que no es necesario que el colectivo LGTBI tenga más visibilidad o crees que las carrozas del Orgullo Gay te “hacen quedar mal”. Si te sientes identificado con alguno de estos cuatro ejemplos es posible que tengas homofobia o lesbofobia interiorizada. La definición oficial es una actitud hostil y el rechazo hacia otras personas homosexuales, la denigración de la propia homosexualidad como estilo de vida y la falta de voluntad para revelar a los demás la propia homosexualidad, según definieron en 1997 en un estudio cuatro expertos en atención psicológica a personas gais. Y alguno se preguntará ¿cómo puede ser?

Los orígenes del rechazo a la propia sexualidad

Este fenómeno es algo que para la sexóloga Nuria Jorba tiene origen en “las críticas y en la falta de aceptación hacia gais y lesbianas que hemos mamado desde pequeños. Tristemente, aún hay quienes manifiestan rechazo, otros que dicen que se trata de un trastorno y una mayoría que da por supuesto que todos nacemos siendo heterosexuales”. Eso ha metido falsas ideas en la cabeza de muchas personas LGTBI que se están privando de ser felices. “Algunos interiorizan que los homosexuales tienen menos derechos que los heteros, y, con el tiempo, eso se traduce en discriminación”, añade el experto en atención psicológica a personas gais, Gabriel J. Martín.

Cuando lo homofobia la protagoniza alguien LGTBI

Un caso que retrata esta realidad es el de una chica a la que la Jorba hizo terapia. Mientras vivía con su novia en Londres alejada de aquello que su familia tradicional le había inculcado de pequeña, no tenía ningún problema en mostrarse tal y como era para vivir su amor sin tapujos. Pero al regresar aquí todo cambió. Empezó a rechazar las caricias que su pareja intentaba hacerle en público, a alegar que veía ridículo darse besos en la calle y a tachar de “estúpidas” a las chicas lesbianas que vestían de una forma más masculina. “Renegaba todo lo que estuviese relacionado con manifestar socialmente el lesbianismo. Era como si estuviese siempre diciendo: ‘yo no quiero esto’”, detalla Jorba.

Si tampoco ser capaz de condenar la homofobia

Hay personas con un alto nivel de homofobia o lesbofobia interiorizada que, en ocasiones, tampoco son capaces de defenderse ante actitudes homófobas. La chica con la que trabajó Jorba se convirtió en una de ellas cuando sus amigos les preguntaron a ella y a su novia si se habían comprado una polla de plástico tras haber ido a un sex-shop. Un comentario que le sentó fatal porque era el típico estereotipo que se tiene sobre la sexualidad lésbica, pero no se atrevió a decir nada.

Sin embargo, todas estas actitudes denigrantes tanto para ella como con el colectivo al que pertenece le hizo pagar un precio muy alto. La inseguridad y la vergüenza afectaron mucho a su autoestima y también a la relación con su pareja. La comunicación y el sexo dieron un dramático vuelco tras haberle hecho sentirse rechazada y haberle metido en la cabeza, sin querer, que le importaba más la opinión de los demás que ella, que prefería “contentar” al resto antes que hacer feliz a la persona a la que quería, recuerda la sexóloga.

Cómo saber si tienes lesbofobia u homofobia interiorizada

Ya hemos visto que la homofobia interiorizada la padecen aquellos que tienen miedo de salir del armario por el “qué dirán”, los que aborrecen ciertas actitudes de los que sienten como ellos o los que protagonizan ambas actitudes. Según el psicólogo Gabriel J. Martín, una forma de comprobar si te pasa es que: “en el caso de que, por ejemplo, optaras por esconder en el trabajo que tienes una relación con una persona de tu mismo sexo, deberías preguntarte: ‘¿un hetero lo diría?’. La respuesta siempre será sí porque un hetero no va por la vida escondiendo su sexualidad.

¿Qué hacer para acabar con ello?

Si recordamos que estos sentimientos nacen de la falta de aceptación que percibimos desde pequeños hacia homosexuales y lesbianas, sobran los motivos para enfatizar que, como afirma Jorba, la forma de erradicarlos en un futuro es promover aún más referentes LGTBI que no excluyan a los que no cumplen con el tipo de amor que nos metieron en la cabeza cuando no teníamos capacidad de razonar. Como añade la experta, “se trata de cargarse la heteronormatividad. Hace falta mucha más diversidad y acabar con la etiqueta de lo ‘normal’. Porque, ¿qué es normal?”. La respuesta es nada, pero no nos hemos dado de ello hasta hace muy poco.