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domingo, 15 de diciembre de 2019

#hemeroteca #homofobia #franquismo #memoria | Los mitos y realidades de Tefía, la prisión de vagos y maleantes de Fuerteventura durante el franquismo

Imagen: El Diario / Misa en el exterior de la Colonia Afrícola de Tefía
Los mitos y realidades de Tefía, la prisión de vagos y maleantes de Fuerteventura durante el franquismo.
Sobre la Colonia Agricola de Tefía se han creado una serie de ideas erróneas, basadas en interpretaciones equivocadas, datos exagerados y alguna invención que, en aras de la verdad histórica, hay que aclarar.
Víctor M. Ramírez | El Diario, 2019-12-15
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/realidades-Tefia-maleantes-Fuerteventura-franquismo_0_973952604.html

En el año 1953 se crea, con sede en Las Palmas de Gran Canaria, el Juzgado Especial de Vagos y Maleantes del Archipiélago Canario con el objetivo de juzgar y aplicar las medidas de seguridad previstas en la Ley de Vagos y Maleantes a aquellas personas consideradas peligrosas sociales en virtud de la misma. Esta ley, aprobada en el año 1933, tenía como objetivo rehabilitar a personas cuyas conductas tuvieran inclinaciones delictivas. No obstante, la norma se aplicó con frecuencia como instrumento de represión y control social y político, uso este último que el régimen franquista dio a la ley sin complejos hasta su derogación y su sustitución por la Ley de Peligrosidad Social de 1970. En el año 1954, se creó la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, con el fin de aplicar el oportuno tratamiento de vagos y maleantes, según la propia Orden de constitución. La Colonia estuvo ubicada en las instalaciones, en ese momento abandonadas, del antiguo aeropuerto de Fuerteventura, en el pueblo de Tefía, ubicado en el centro de la isla majorera, a 20 kilómetros de Puerto del Rosario.

Sobre la Colonia Agricola de Tefía se han creado una serie de ideas erróneas, basadas en interpretaciones equivocadas, datos exagerados y alguna invención que, en aras de la verdad histórica, hay que aclarar, hecho que me propongo con este artículo.

Si Tefía se ha hecho conocida ha sido gracias a la difusión que de su existencia realizó el escritor Miguel Ángel Sosa y su novela 'Viaje al centro de la Infamia', en la que narra con escalofriante crudeza las experiencias de algunos presos de ese centro. El libro estuvo inspirado por los testimonios de dos homosexuales, Juan Curbelo y Octavio García, que contaron a Sosa la dura experiencia de haber estado recluidos en la colonia en los años 50 por haber sido considerados peligrosos sociales por su disidencia sexual. Aunque Sosa explicó en su momento, de manera clara, muchos de los errores que ahora intentamos disipar, algunos mitos creados en los últimos años alrededor de la Colonia se han ido reproduciendo de diversa manera en textos periodísticos, obras artísticas e incluso en más de una obra académica. Vamos a intentar desenredar algunos de esos mitos.

Tefía ¿un centro para recluir homosexuales?

Uno de los principales errores que se cometen al hablar de la Colonia de Tefía es considerar que el centro se creó para recluir en él exclusivamente a homosexuales. En Tefía fueron internados no solo homosexuales sino también condenados por otras categorías de las previstas en la Ley de Vagos y Maleantes. Esta conclusión es obvia a partir de varias premisas, la primera es la fecha de la aprobación de la Orden que crea la Colonia Agrícola, 30 de enero de 1954, ya que la homosexualidad no era una categoría de peligrosidad social en ese momento, ya que la reforma de la Ley de Vagos para incluirla como tal fue de 15 de julio de ese mismo año y, por tanto, posteriormente a la creación de la Colonia. Asimismo, la Orden de 30 de enero indica expresamente que se instituye una Colonia Agrícola para el tratamiento de Vagos y Maleantes, en Tefía, sin indicar expresamente una categoría específica, mucho menos la de homosexuales en tanto, en esa fecha, ni siquiera existía. Una última prueba que ratifica lo anteriormente dicho es el estudio de los expedientes de vagos y maleantes que hemos analizado y que obran en el Archivo Histórico Provincial Joaquín Blanco de Las Palmas de Gran Canaria. En dichos expedientes encontramos diversas categorías de peligrosos sociales, así como, presos comunes e incluso, según algunos testimonios, presos políticos.

¿Fueron tan duras las condiciones de reclusión como cuentan?

En este punto nos debemos atener a los testimonios de quienes estuvieron presos en la Colonia, Juan Curbelo y Octavio García. La crudeza de sus recuerdos y la vívida memoria que mantenían de su experiencia no nos permite dudar lo más mínimo de su veracidad. Los presos de Tefía estuvieron sometidos a duros trabajos forzados, a un riguroso régimen disciplinario por el que cualquier mínima infracción era objeto de una duras sanciones, entre las que se incluían terribles palizas. Asimismo, la escasa alimentación que se les suministraba les hacía pasar un hambre atroz, hasta el punto de buscar comida en las basuras o, incluso, de prostituirse con algún funcionario a cambio de comida, como cuenta Juan Curbelo. Sin embargo, según expone Octavio Garcia, este duro régimen no se mantuvo durante toda la existencia de la Colonia. Octavio recuerda cómo, tiempo después de finalizar su encierro se encontró con algún otro preso que estuvo en Tefía con posterioridad a él. Así lo exponía:

"Yo cuento lo mío, mi época. Después los chicos cuando nombraron a este director nuevo (...) Don Prudencio, que era buena persona, era humano, Dios lo bendiga (...). Ese señor dicen que abrió el economato, quitó todos los castigos, todos los castigos los quitó. Las comidas, hacían las perolas de comida, el que quería dos platos le daban dos platos, el que quería tres, tres, daba el pan. Lo que era nuestro, de los presos. Ya yo había salido, afortunadamente".

Según Octavio, el cambio del director de la Colonia hizo que la nueva dirección suavizara el régimen disciplinario de manera importante. En todo caso, el tipo de trabajo a los que forzaron a los recluidos, el nivel de maltrato, el hambre y, en general, las duras condiciones del encierro fueron muy específicas del centro majorero y, según los testimonios, no tuvieron tan rígido carácter en el resto de centros de reclusión canarios, sin quitar por ello importancia al hecho de ser condenados simplemente por su homosexualidad.

¿Colonia Agrícola o Campo de Concentración?

En numerosas ocasiones se habla de la Colonia Agrícola como un campo de concentración, a menudo comparándola con los centros de reclusión del nazismo. Si nos atenemos estrictamente al concepto de Campo de Concentración como aquel establecimiento instalación en la que son recluidas personas por pertenecer a un determinado colectivo (grupo étnico, religioso, político, sexual, etc.) y no por haber cometido algún crimen o delito, difícilmente podemos aplicar este concepto a la Colonia Agrícola. En sentido estricto, las colonias agrícolas eran uno de los tipos de instalaciones previstas en la Ley de Vagos y Maleantes de 1933 que, junto con los establecimientos de trabajo y otro tipo de centros, estaban destinadas a la rehabilitación de los peligrosos sociales mediante el aprendizaje de tareas agrícolas, en el primer caso, o de diversos artes y oficios en el segundo, según establecía el Reglamento de la ley. A la confusión también ayuda el hecho de que también desde el régimen franquista fuera usual utilizar la expresión “campo de concentración” al referirse a la instalación de Tefía, tanto en artículos de prensa como en documentos oficiales que constan en los expedientes de vagos y maleantes.

Sin embargo, en la práctica, la colonia de Tefía se convirtió en un auténtico campo de trabajos forzados y la dura experiencia de Octavio García y de Juan Curbelo les llevó a comparar el centro con los campos de concentración nazis. Aquello era un campo de concentración. Ponlo así, contaba Curbelo en una de las entrevistas a la prensa. Asimismo, Octavio confesaba a Miguel Ángel Sosa en sus conversaciones: "He visto hacer de todo, lo más horrendo que te puedas imaginar...: hambre, palos patadas, vejaciones... El mismo trato que recibieron los judios en los campos de concentración... Solo faltaban las cámaras de gas. Solo eso. Sigo sin conseguir quitarme de la cabeza todo aquel horror..."

Sin lugar a dudas, la dureza de las condiciones en que vivieron los presos durante los primeros años de funcionamiento del centro de Fuerteventura soportan de manera clara esa comparación con los campos de concentración del nazismo.

¿Cuántos homosexuales fueron recluidos en Tefía?

En algunos textos se habla de decenas o de cientos de homosexuales los que cumplieron medidas de seguridad en la Colonia Agrícola. Sin embargo, estas cifras son notablemente exageradas. La colonia estuvo abierta entre los años 1953 y 1966. Es difícil de concretar el número exacto de presos que cumplieron medidas de seguridad o condenas en la colonia majorera. Habría que analizar todos y cada uno de los expedientes de vagos y maleantes de ese periodo para determinarlo claramente, cosa que aún no se ha realizado. Por otro lado, las estadísticas de las Memorias de la Dirección General de Prisiones no recogen todos los años el número exacto de reclusos de Tefía, pues en algunas de ellas este dato no aparece.

Pero de las cifras de altas de presos en el centro y de las medias anuales que se recogen en dichas memorias, podemos deducir que, durante los años de funcionamiento, la colonia agrícola acogió entre 300 y 350 presos. Sin embargo, solo 20 de ellos lo fueron por su disidencia sexual, según los expedientes de vagos y maleantes analizados, un número notablemente inferior al resto de reclusos. Obviamente, el número de expedientes abiertos por homosexualidad durante la vigencia de la ley fue superior. Durante la investigación en el Archivo Histórico, se revisaron un total de 1096 expedientes pertenecientes a los legajos comprendidos entre los años 1954 y 1970. De ellos 192 expedientes fueron abiertos en virtud de la presunta homosexualidad del procesado, de los cuales 68 fueron considerados peligrosos sociales por su homosexualidad y condenados a las correspondientes medidas de seguridad y 120 fueron absueltos. En cuatro expedientes no se llegó a la sentencia por diferentes motivos.

Por lo tanto, en Tefía fueron recluidos algo menos del treinta por ciento de los condenados por el juzgado especial del archipiélago canario por su homosexualidad, y un porcentaje mucho menor del total condenado en la colonia agrícola. El resto fue recluido en las prisiones de Tenerife, La Palma y Gran Canaria.

¿Fue la colonia dirigida por un sacerdote?

En sus declaraciones, Octavio García se refiere al director de la colonia como un ex-carmelita descalzo llamado Prudencio de la Casa de Dios, al que atribuye las terribles condiciones durante el tiempo en el que estuvo recluido. Esto ha llevado a considerar que la colonia estuvo dirigida por un sacerdote, hecho del todo incierto. Es posible, si nos atenemos a las declaraciones de Octavio, que efectivamente esta persona fuera un ex-carmelita y, por tanto, en el momento de ejercer las funciones de dirección estuviera fuera del ámbito religioso. Hemos intentado confirmar este dato a través de los archivos de la Orden de los Carmelitas Descalzos en Italia desde donde, mediante correo electrónico, se nos aconsejó que nos pusiéramos en contacto con la Provincia Ibérica, ya que ellos conservan los catálogos con todos los datos de los frailes de la Provincia. Tras remitir sendas solicitudes de información a dicho contacto, a través de la página web y de correo electrónico, nunca recibimos respuesta.

Sin embargo, sí podemos acreditar que Prudencio de la Casa de Dios, antes de incorporarse al cuerpo de funcionarios de prisiones, fue militar de graduación. Así, en el Boletín Oficial del Estado de 24 de junio de 1937 se publica su ascenso a Alférez, destinado en agosto de ese año al Regimiento de Infantería de Toledo. En julio de 1938 es ascendido a Teniente. Tras la guerra civil, en el año 1940, es nombrado con carácter provisional oficial del Cuerpo de Prisiones.

Del análisis de los expedientes de vagos y maleantes podemos deducir que Prudencio de la Casa estuvo destinado en Tefía al menos entre los años 1955 y 1959. En enero de este último año es nombrado administrador de la Central del Puerto de Santa María. Durante su destino en Tefía ocupó los cargos de administrador, entre los años 1955 y 1957 y, a partir de julio de este último año, el de director de la colonia hasta el año 1959. Asimismo, la casualidad hizo que otro Prudencio –Prudencio Lafuente–, fuera director durante los tres primeros años de funcionamiento de dicha instalación - probablemente de febrero de 1954 a julio de 1957–.

Todos estos datos nos vienen a aportar la siguiente información. La primera que Prudencio de la Casa de Dios no era sacerdote cuando realizaba sus funciones en Tefía, sino Oficial de Cuerpo de Prisiones. Y por otro lado, nos pone en duda sobre quién pudo ser el responsable de la dureza del régimen de Tefía durante la reclusión de Octavio García en este centro (entre marzo de 1956 y abril de 1957) y de Juan Curbelo (septiembre de 1955 y mayo de 1958), puesto que durante el encierro del primero, Juan de la Casa fue administrador y sólo durante los últimos diez meses de la reclusión de Curbelo actuó como director.

Nos encontramos aquí, por tanto, con cierta incongruencia entre el relato de los testimonios, específicamente el de Octavio García, que da a entender que durante su reclusión, entre los meses de marzo de 1956 y abril de 1957, la dirección de Tefía estaba en manos de Prudencio de la Casa cuando de los expedientes se infiere que durante ese tiempo el director del centro fue Prudencio Lafuente, y el primero ejercía las funciones de administrador.

Octavio García ofreció su testimonio cuando habían transcurrido más de cincuenta años de los hechos por lo que es posible que hubiera confundido nombres o cargos. De esta manera podemos plantear dos hipótesis, la primera que la personalidad y el poder de Prudencio de la Casa de Dios, aun siendo administrador, fueran lo suficientemente destacables como para imponer tan riguroso sistema en la colonia y marcar tan negativamente el recuerdo de los reclusos. Y la segunda, que quien realmente impuso una disciplina tan severa fuera Prudencio Lafuente, por entonces director, y este régimen fuera suavizado por Prudencio de la Casa al sustituirlo en el año 1957, cuando Octavio ya había sido liberado. El fallecimiento de los testigos hace imposible confirmar alguna de las hipótesis.

¿Condenados sin juicio?

Más allá de su reclusión en Tefía u otra prisión, es habitual, y así lo manifiestan muchas de las personas procesadas, creer que la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes se realizaba sin juicio, es decir, sin la aplicación del procedimiento judicial previsto en la legislación correspondiente. En este sentido hay que anotar que tanto la Ley de 1931, en su Título II, como su Reglamento de desarrollo, regulaban el procedimiento judicial destinado a indagar y hacer constar el estado peligroso de vagos y maleantes, según el artículo 78 de la norma reglamentaria. Durante la tramitación de dicho procedimiento, el encausado tenía legalmente derecho a proponer pruebas en su descargo y a designar Procurador que lo represente y Letrado que lo defienda o pedir al Juez que nombre uno de oficio, según el artículo 13 de la ley.

Del examen de los expedientes del juzgado canario se observa que, efectivamente, los procesos están documentados, incluyendo en ellos tanto las declaraciones que se toman a los inculpados como su firma en las diligencias en las que se les informa de su derecho a designar abogado y procurador. Asimismo se les permitía designar representación procesal y presentar escritos de alegaciones y proponer pruebas documental y testifical en su descargo. Una vez dictada sentencia, era posible interponer el correspondiente recurso ante la Audiencia Provincial. No obstante, el hecho de que no existiera juicio oral, sino que el expediente se tramitara fundamentalmente por escrito, produjo la sensación generalizada de que no se les había realizado juicio alguno.

Por otro lado, encontramos un número notable de procesados que no hicieron uso de tales posibilidades de defensa –elección de abogado o solicitud de uno de oficio, presentación de alegaciones o prueba– y en otros expedientes no se garantizaron plenamente de los derechos procesales. Sin extendernos en exceso, en estos expedientes podemos encontrar que la reforma de la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 se aplicó en los primeros expedientes de manera retroactiva, a personas que fueron detenidas antes de su entrada en vigor, e incluso antes de que la misma ley estuviera vigente. También existen expedientes en los que no se concedió abogado de oficio a algunos procesados que lo solicitaron.

A todo lo anterior debemos añadir los abusos sexuales y malos tratos en las instalaciones policiales y las torturas con los que, en ocasiones, se intentaba extraer información de los procesados durante su estancia en comisaría o la policía armada. La conjunción de estas circunstancias nos ofrece un panorama en el que, a pesar de la tramitación del procedimiento judicial, de estos es fácil deducir en muchos casos la vulneración de los derechos de los inculpados, una situación de notable inseguridad jurídica y la ausencia del respeto a los más elementales derechos humanos.

Más allá de mitos y exageraciones, la realidad de Tefía nos remite a un momento de extrema represión hacia quienes osaban retar al sistema cis-heterosexista del nacional-catolicismo franquista. La Colonia Agrícola de Tefía se ha convertido en un necesario símbolo de esta represión, un espacio que se debe convertir en lugar de encuentro, reflexión y memoria que permita que generaciones futuras conozcan la historia de una comunidad secularmente marginada y cuyas vidas merecen el adecuado reconocimiento.

Víctor M. Ramírez Pérez es activista LGTB e investigador de la memoria histórica de la comunidad del colectivo en Canarias. Acaba de publicar el libro ‘Peligrosas y revolucionarias. Las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición’, editado por Tamaimos.

viernes, 29 de noviembre de 2019

#hemeroteca #homofobia #franquismo #memoria | Los campos de concentración que Franco abrió en los 50 para "reformar" al colectivo homosexual en Canarias

Imagen: Público / Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía en la actualidad
Los campos de concentración que Franco abrió en los 50 para "reformar" al colectivo homosexual en Canarias.
El Auschwitz de Fuerteventura estaba en Tefía. Durante la represión franquista se confinaron en esta colonia agrícola, entre 1955 y 1966, un centenar de presos que sufrieron todo tipo de vejaciones y torturas. Su historia es inédita. Octavio García cuenta el infierno vivido como uno de los últimos supervivientes.
María Serrano Velázquez | Público, 2019-11-29
https://www.publico.es/sociedad/franco-canarias-campos-concentracion-franco-abrio-50-reformar-colectivo-homosexual-canarias.html

En el archivo histórico provincial de Las Palmas queda intacta la sentencia que llevó hasta el “terrorífico” campo de concentración de Tefía (Fuerteventura) a Octavio García Hernández, con tan solo 24 años, el 12 de septiembre de 1955.

Antoni Ruiz, presidente de la asociación Ex-Presos Sociales, recuerda a ‘Público’ sus días en aquel infierno. Lo llamaban Auschwitz por las terribles condiciones de vida que se vivieron en aquel campo de concentración, conocido como colonia penitenciaria y que abrió sus puertas en enero de 1955.

De todas las conversaciones mantenidas con Octavio, Antoni relata cómo hablaba de aquellos días de terror, de incertidumbre, en un campo que no tenía ni muros. “El propio mar hacía de frontera natural para que nunca salieran de allí y así que creyeran que aquel hacinamiento podría durar mucho tiempo”, aclara a Público.

El joven Octavio García, era uno de los supervivientes que se mantenían con vida de aquellos años en el campo de Tefía. Y en su sentencia (aún bajo secreto de sumario) reza “el traslado a la colonia agrícola” por un tiempo indeterminado. El expedientado era acusado de homosexual, lo que caía de lleno en la “causa de peligrosidad 2º de la ley de vagos y maleantes del 4 de agosto de 1933, y que se adicionaba a la establecida por el régimen de Franco del 4 de julio de 1954”.

Ruiz relata cómo por una causa injusta y falsa este joven canario es acusado de pederastia, siendo “obligado a permanecer en un colonia de trabajo forzado”, como Tefía, un tiempo mínimo de un año y un máximo de tres. Entre el centenar de presos que se hacinaba en aquel paraje casi desierto había incluso algunos presos comunes y presos políticos en una etapa ya tardía de la represión.

Un campo de trabajo forzado en medio de un desierto
La Colonia de Tefía sería instalada en unos terrenos de la Legión que habían sido antes aeródromo del Ministerio del Aire durante la guerra civil. Bajo una orden ministerial de 1954, homosexuales y transexuales fueron confinados en los denominados "centros de trabajo" y "colonias agrícolas penitenciarias”. La Colonia Agrícola-Penitenciaria de Tefía, como sería denominada por el régimen, fue establecida sobre terrenos pedregosos e improductivos donde los presos picaban piedra hasta la extenuación, sin descanso y ante la humillación constante por su orientación sexual.

El periodista Fernando Olmeda, autor del libro ‘El látigo y la pluma’ (editorial Oberón) relata a ‘Público’ que la colonia de Tefía surge en un contexto muy concreto con “la modificación de la Ley de Vagos y Maleantes que incrementa la acción represiva (detenciones, encarcelamientos)”. La creación de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía responde a ese endurecimiento.

“Aquella represión desmedida respondía a coordenadas intrínsecas de la alianza nacional católica del régimen de Franco, que identificó al franquismo: arbitrariedad e impunidad, crueldad gratuita, poder omnímodo sobre la vida de terceros, en este caso los homosexuales”, concluye Olmeda.

El investigador Felipe Gómez narra en su libro ‘El derecho a la memoria’ cómo la razón de aquel hacinamiento del colectivo en Tefía era el encarcelamiento para una posterior reforma. “Hay informes que no han salido a la luz de cómo los detenidos eran obligados a trabajar hasta la extenuación, sin ningún interés por su bienestar, por no mencionar su interés en su reforma y los continuos maltratos por parte de los funcionarios de prisiones”.

El infierno de Octavio: 16 meses interno y sin juicio
El Ministerio fiscal pediría para Octavio García, en su expediente número 79 de 1955 del Juzgado Especial de Vagos y Maleantes, que en aquel campo no se pudiera relacionar con nadie. Que tendría que quedar incomunicado. El fiscal pide explícitamente “absoluta separación de los demás”.

García fue llevado sin previo juicio a la colonia canaria. Aquel expediente, al que ha tenido acceso Público, “le prohibía residir en el lugar o territorio que el tribunal designara y la obligación de declarar el domicilio durante un año” tras su salida del campo.

En su testimonio sobre aquellos días recordaba como los vecinos de la isla los miraban como si fueran “casi terroristas”. Octavio declara que eran tratados como “ganado” y no olvida cuando llegaron escoltados por la Guardia Civil a una especie de espigón. “Nos tenían a pleno sol para ponernos en evidencia. Nos echaban un toldo y en un camión nos llevaron tapados para que no viéramos el camino si queríamos escaparnos”.

Cuando llegaron a Tefía había en el campo de trabajo unos 50 presos. “Vino un funcionario que le llamaban la Viga, un tío altísimo de un metro ochenta, que nos decía que éramos maricones y nos iba a quitar esa enfermedad y eso era una cosa nuestra, innata”, recuerda Octavio.

La rutina era de instrucción militar. “Nos levantaban a las seis de la mañana para hacer la cama; pero en aquel paraje no había cama, había petate a ras del suelo. Se escuchaba el viento por la noche con una manta muy fina y unos uniformes grises con los que nos identificaban los guardias”.

Octavio García estuvo afincado 16 meses en Tefía. “Estar allí tanto tiempo te estropea la mente. Aquello solo era cargar piedras y agua. Hombres de 80 kilos que llegaban a pesar treinta kilos y si te equivocabas en la marcha te daban con una fusta que los funcionarios llevaban en la mano”.

Octavio no olvidaría los días que vivió junto a su compañero más joven, Juan Curbelo Oramas, que estuvo durante tres años picando piedra en la colonia, unido a castigos y muchas palizas.

En su libro 'Redada de violetas. La represión de los homosexuales durante el franquismo', el periodista e historiador Arturo Arnalte relata cómo Curbelo llegó a Fuerteventura con la cabeza rapada. “Lo mandaron a la isla”, ya que antes del boom turístico era un paraje para desterrar y alejar a los que no eran adeptos al régimen.

El director del campo, sacerdote castrense de Vitoria
Los que vivieron en aquellas condiciones recuerdan cómo un sacerdote vasco era quien controlaba la organización y el orden de aquella colonia agrícola. Un sacerdote que, detalla Arnalte, “era capaz de esconder las cartas de los familiares y tener durante más tiempo recluido a los condenados” en su internamiento en Tefía por el juzgado de Vagos y Maleantes.

Octavio rememora que no había agua corriente. “Con agua de pozo estancada nos teníamos que duchar solo un día a la semana”. Tampoco olvida cómo iban andando para ir a misa hasta un pueblo muy cercano donde los vecinos no entendían “si eran delincuentes comunes, ni por qué aquellos jóvenes se encontraban hacinados y encerrados en tales condiciones”.

La colonia duró muchos más años de lo previsto. En 1966 se decreta su cierre, aunque siguieron enviando a los homosexuales a la cárcel. Las conocidas galerías de invertidos se ubicaban en cárceles como la de Huelva o la de Badajoz “gracias a la Ley de Vagos y Maleantes que en 1970 fue sustituida por la de Peligrosidad Social”.

Fernando Olmeda señala que las penalidades sufridas por quienes tuvieron la desgracia de pasar por allí “son suficientemente elocuentes”. La dictadura convirtió “al diferente en peligroso. De aquí que, de maleantes, pasaron a ser peligrosos, y de ahí la aprobación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social años después".

Los violetas, como la prensa y los propios guardias los llamaban despectivamente, guardan una historia silenciada de aquella represión que está llegando hoy a la sociedad, a través de otros formatos, incluso de cómic. Las viñetas de 'El Violeta' escrito por Marina Cochet, Jesús Sepúlveda y Antonio Santos (editorial Drakul) refleja la historia de Bruno Llopis, un joven homosexual que es detenido en plena dictadura y encerrado. Antoni Ruiz señala cómo en sus páginas queda latente la historia de Octavio y sus días en Tefía para “no olvidar ese episodio tan oscuro y reciente de nuestra historia”.

En 2004, el Cabildo de Fuerteventura quiso dar un homenaje a aquellos presos que lograron soportar las vejaciones y torturas de Tefía. Se instaló una placa en memoria de quienes fueron recluidos en la colonia. Cuatro años más tarde, el Gobierno de Canarias celebró en aquel espacio, hoy albergue juvenil, el primer acto constitucional el Día Internacional contra la homofobia para no olvidar a aquellos presos, ni tampoco sus historias.