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jueves, 19 de marzo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #iglesia | La Iglesia compostelana pide la intercesión de san Roque frente al coronavirus igual que en el siglo XVI contra la peste

Imagen: La Voz de Galicia / San Roque y la peste de 1517 en Compostela
La Iglesia compostelana pide la intercesión de san Roque frente al coronavirus igual que en el siglo XVI contra la peste.
Realizó un acto litúrgico en la capilla dedicada al santo, patrón de la ciudad.
La Voz de Galicia, 2020-03-19
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2020/03/18/iglesia-compostelana-pide-intercesion-san-roque-frente-coronavirus-igual-siglo-xvi-contra-peste/00031584550119272958454.htm

Hoy igual que en el siglo XVI. La Iglesia católica compostelana ha pedido la intercesión de san Roque contra el coronavirus de la misma forma que en 1517 para frenar la epidemia de peste que dejó miles de muertos. En la mañana de este miércoles, en la capilla dedicada al santo, representantes del Cabildo de la Catedral, de la parroquia de San Miguel dos Agros (a la que pertenece la capilla, en el norte del casco monumental) y de la Cofradía de San Roque realizaron un breve acto litúrgico de súplica al santo, patrón de la ciudad, solicitando su intercesión para frenar la pandemia del coronavirus.

El Cabildo catedralicio recuerda que en 1517, junto a los regidores de la ciudad, invocó la intercesión de san Roque contra la peste, y que desde entonces el Concello y el Cabildo renuevan el voto de la ciudad al santo cada 16 de agosto. «Hoy, como entonces, sentimos especialmente nuestra fragilidad y temor ante la amenaza de la enfermedad que se propaga sigilosa e invisiblemente», explica el Cabildo, que alude a la necesidad de protección de toda la humanidad, y especialmente «el personal sanitario, las fuerzas de seguridad, los integrantes de los servicios esenciales, los trabajadores que se encuentran más expuestos y las autoridades públicas que han de afrontar la gestión de esta pandemia en España».

El Cabildo indica que «elevando su plegaria por cuantos han fallecido, por los que se encuentran postrados en situación más grave en los hospitales, por cuantos están viviendo períodos de cuarentena y por toda la ciudadanía, pues el compromiso es de todos, siguiendo las instrucciones de las autoridades sanitarias, permitirá afrontar este reto con esperanza».

Los portavoces eclesiásticos de Compostela, frente al consumismo, el confort, la satisfacción inmediata de los deseos y la incapacidad para el silencio y la introspección, apelan a otra percepción posible: «En la fragilidad, la inmovilidad e inacción forzosa, cabe interiorizar, crecer, escuchar en el silencio y ampliar el horizonte que, entre cuatro paredes, alcanza dimensiones mayores que las posibles desde lo alto de la montaña».

martes, 10 de diciembre de 2019

#hemeroteca #sodomia #navegacion | Ejecutado por tener sexo gay: la cruel historia del primer muerto en la vuelta al mundo de Elcano

Imagen: El Español
Ejecutado por tener sexo gay: la cruel historia del primer muerto en la vuelta al mundo de Elcano.
El maestre Antón Salamón fue castigado por incurrir en el "pecado nefando". Su 'amante' se suicidaría poco después arrojándose por la borda.
D. B. | El Español, 2019-12-10
https://www.elespanol.com/cultura/historia/20191210/ejecutado-tener-historia-primer-muerto-vuelta-elcano/450955288_0.html

No se sabe con exactitud el número de marinos que se embarcaron hace cinco siglos a las órdenes de Fernando de Magallanes rumbo a las Islas de la Especiería por la ruta del oeste, pero sí los que regresaron a Sevilla, tres años más tarde, capitaneados por Juan Sebastián Elcano y tras culminar la primera circunnavegación al mundo: tan solo 18. Por el camino, desertarían, fallecerían o resultarían prisioneros más de dos centenares de hombres, como el propio almirante portugués, quien halló la muerte en combate contra los indios en Filipinas.

Pero el primero en engrosar la lista de bajas sería el maestre Antón Salamón, natural de Albania y residente en Trapana (Sicilia). Y no lo haría por enfermedad, ahogamiento o hambre, como le sucedió a muchos de los miembros de la armada, sino como castigo por incurrir en el "pecado nefando", por mantener relaciones sexuales con otro hombre, en este caso, con el grumete Antonio Genovés, quien se suicidaría apenas cuatro meses después.

Los detalles entre la relación de ambos marineros, más allá de que realizaban sus labores a bordo de la nao 'Victoria' —la que Elcano capitanearía desde las Molucas hasta Sanlúcar de Barrameda—, son una incógnita. Pero sus destinos se conocen gracias al documento ‘Declaración de fallecidos en el viaje’ que se conserva en el Archivo General de Indias de Sevilla.

En base a la acusación de sodomía, el maestre fue ejecutado al llegar la expedición a la costa de Brasil: "En martes, a veinte días del mes de diciembre de MDXIX, fue sentenciado a muerte Antón Salamon, maestre que fue de la nao ‘Victoria’, por somético, la cual sentencia fue ejecutada este dicho día en el puerto de Santa Lucía". Según se recoge en esa misma descripción, el "viernes, veinte y siete días del dicho mes de abril [de 1520], se echó de la nao ‘Victoria’ a la mar Antonio Genovés y se ahogó (...), según pareció por una pesquisa, por lo que lo acusaría un mozo que era somético [sodomítico]".

La ejecución de Salamón, según revelaría Elcano a los oficiales de la Casa de Contratación tras completar la odisea de viaje, sería el caldo de cultivo de las primeras disputas entre Magallanes y Juan de Cartagena, veedor general de la expedición y supervisor del rey Carlos V: "(...) que esto fue en la costa de Guinea sobre la prisión de un maestre que había prendido allí por sodomería [sodomía] y prendió luego el mismo día Magallanes a Juan de Cartagena por ello y le privó de la capitanía, y quísole echar desterrado en la costa de Brasil".

El clímax de estas tensiones se registraría en Puerto de San Julián (Argentina). Cartagena, junto con los capitanes Gaspar de Quesada y Luis de Mendoza, urdió un plan para sublevarse contra Magallanes y arrebatarle el mando. Sin embargo, el almirante portugués logró apagar el complot y castigar duramente a los instigadores: a Quesada ordenó cortarle la cabeza y descuartizar su cuerpo; y para el veedor real y el fraile Pedro Sánchez Reina dictó su destierro por insubordinación en la Patagonia, sin víveres para sobrevivir.

#hemeroteca #sodomia | La relación homosexual que causó el primer muerto en la ruta de Magallanes

Proceso 'nefando' contra Antón de Fuentes, 1562
La relación homosexual que causó el primer muerto en la ruta de Magallanes.
Pese a estar penado, el llamado en aquellos años "pecado nefando" era tan común en los buques, que jalona procesos judiciales durante siglos.
Jesús A. Cañas | El País, 2019-12-10
https://elpais.com/cultura/2019/12/09/actualidad/1575911601_191130.html

El maestre Antón Salomón pagó con su vida el “pecado contra natura” que cometió durante la vuelta al mundo de Magallanes y Elcano. Un 20 de diciembre de hace justo 500 años, un verdugo le convirtió en el primer muerto oficial del viaje. Apenas cuatro meses después, su amante, el grumete Antonio Ginovés, se arrojó al mar asediado por la culpa y se sumó a la misma lista negra. Su “pecado nefando” en el mar —como era conocido en aquellos años— no fue original ni, mucho menos, el último. Pese a estar penadas, las relaciones homosexuales a bordo de buques fueron tan comunes que jalonaron multitud de procesos judiciales durante siglos.

Juan Fernández, Antonio de Fuentes, Juan Molle o Gaspar Caravallo; la lista de hombres acusados del delito de sodomía en el mar durante los siglos XVI y XVII supera, al menos, los 30 nombres en los legajos que el Archivo General de Indias de Sevilla, depositario de la documentación de la Casa de la Contratación. Sus condenas hablan de la dura vida de los marineros a bordo “donde intimidad, sexualidad y poder iban a confluir en un ambiente promiscuo y, por momentos, sórdido”, tal y como asegura la historiadora Fernanda Molina en su artículo La sodomía a bordo. Sexualidad y poder en la Carrera de Indias.

Poco se sabe de lo que llevó a Salomón y a Ginovés a tan fatales destinos durante la primera circunnavegación al mundo, pero sí de que su caso sirvió para que el capitán general Fernando de Magallanes ajustase cuentas con Juan de Cartagena, veedor de la expedición. Los acusados eran de origen italiano y desempeñaban sus tareas en la nao ‘Victoria’, cuando fueron descubiertos en su pecado, en la travesía que iba de Tenerife a la bahía de Santa Lucía (en Río de Janeiro, Brasil), tras partir de Sanlúcar de Barrameda en septiembre de 1519.

Salomón fue ajusticiado por estrangulamiento el 20 de diciembre de ese año, nada más llegar a América, aunque esa no iba a ser su pena. Cartagena quería castigar a los italianos a unos latigazos, pero Magallanes, competente en administrar la justicia en el mar, le enmienda la plana y castiga al maestre a la máxima pena y perdona al grumete. Eso provocó la queja airada del veedor, que acabó arrestado por insubordinarse al capitán. El proceso quedó narrado por el propio capitán Juan Sebastián Elcano al regreso del viaje y en la relación de fallecidos, donde también se cuenta sucintamente que el 27 de abril de 1520, Ginovés se suicida tras ser acusado de “somético”.

Tan impías eran las relaciones homosexuales en España y ultramar que eran pecados nefandos, que no podían ni nombrarse, juzgados en tribunales civiles y castigados con la muerte. Sin embargo, “pocas veces” los capitanes aplicaban la pena capital en el mar, según asegura Luis Molla, capitán de navío y autor de la obra sobre la circunnavegación ‘La Flota de las Especias’. No es la única excepción del caso. La sodomía de Salomón y Ginovés apenas queda narrada, cuando, en estos delitos, los procedimientos judiciales están cuajados de detalles muy descriptivos.

“En los casos de adulterio o amancebamiento se dice solo que compartían cama y mesa. Aquí el lenguaje es explícito en un mundo de hombres. Jamás me había encontrado con algo así”, explica la historiadora mexicana Úrsula Camba, autora del artículo ‘El pecado nefando en los barcos de la carrera de Indias en el siglo XVI’. “Le llegó a apretar por el ojo del culo y este lo sintió porque quiso tener con él acceso carnal por el sieso”, llega a detallar el proceso criminal contra el lombardero Antón de Fuentes por intentar abusar de un paje de 13 años en 1562, cuando el barco en el que viajaban aún se encontraba en Cádiz.

Los procesos hablan mucho de las formas de vida que se daban en unas naos en las que se replicaban las jerarquías sociales de tierra y en las que 70 hombres malvivían hacinados en 150 metros durante meses. “Era muy duro. El marinero no tenía ocio y cuando tenía tiempo, todo estaba prohibido”, explica Molla. En ese contexto, muchas relaciones de sodomía repiten el patrón de hombres mayores en puestos superiores en la cadena de mando que intentan someter a pajes o grumetes —los escalones más bajos— que coaccionados o convencidos con favores acaban accediendo a tener sexo.

Que se lo digan al lascivo Juan Fernández, contramaestre del navío ‘San Juan Bautista’ que acabó condenado a la tortura de la garrucha en 1566, tras tener sexo con nueve subordinados. Uno de ellos llegó a confesar que yació con él hasta en 30 ocasiones. Los procesos no escatimaban en dibujar dos perfiles en su narración de unos hechos bajo el cristal de una visión patriarcal: el individuo activo que perpetraba el acto y el paciente, que era asociado con el penetrado. “Reflejaba los estereotipos sexuales de género (...). Sodomizar a los congéneres constituía un elemento básico para el reforzamiento de la identidad masculina”, llega a explicar Molina en su estudio.

Los procesos judiciales no son tan detallistas en narrar las relaciones de afecto que podrían existir entre los implicados. “Quiero pensar que en tantos meses de convivencia se tejerían vínculos afectivos amorosos, de sometimiento o de complicidad que difícilmente se habrían dado en tierra”, apunta Camba. Es lo que parece leerse entre líneas en el caso de Gaspar Portugués y Cristóbal Gris, grumete y paje, en 1560 en la capitana ‘Nuestra Señora de Clarines’. Sin diferencias sociales, eran dos jóvenes que “despertaban a su sexualidad”, como narra Molina, “como pacientes y, en otras oportunidades, como agentes”. Pero de poco les sirvió el afecto. Tras acusarse mutuamente, Gris tuvo la suerte de acabar desterrado; Portugués acabó condenado a muerte por garrote y su cadáver fue quemado en el mar.

Gaspar se sumó a una cruel y probablemente incompleta relación de ejecutados solo por mantener relaciones homosexuales a bordo. Los investigadores desconocen si esa lista, que abarca los siglos XVI y XVII, puede ser mayor o por qué en el XVIII no han encontrado referencias a nuevos casos. Lo único claro es que, ya en el XIX, la sodomía desapareció como delito en las reformas del Código Penal español, según explica el catedrático de Filosofía Francisco Vázquez. Ni siquiera eso significó que la homosexualidad en el mar dejase de estar legalmente perseguida, solo mutó a castigos por “escándalo público u otro concepto en la práctica, pero en España aún no se ha estudiado”, remacha el experto.

jueves, 5 de abril de 2018

#libros #mujeres #historia | La catedrática

La catedrática / María López Villarquide.
Barcelona : Espasa, 2018 [04-05].
336 p.
Colección: Espasa Narrativa.
ISBN 9788467050523 / 19,90 €

/ ES / NOV / BIO
/ Historia – Siglo XVI / Literatura / Luisa de Medrano / Mujeres – Historia / Universidades / Testimonios

Esta es la apasionante e ignorada historia de Luisa de Medrano, la primera mujer que fue catedrática, nada menos que en el siglo XVI y en la Universidad de Salamanca, el centro del saber más prestigioso del mundo hispano. Todo en la vida de Luisa fue extraordinario: hija de aristócratas, enseguida llamó la atención de la reina Isabel la Católica, quien la reclamó a su lado para que se educara en la corte con sus hijas Juana y Catalina y quien, a la vista de sus dotes, favoreció que fuera la primera mujer admitida en Salamanca. En estos tiempos en los que tanto se habla de empoderamiento femenino, el ejemplo de la tenaz Luisa Medrano merece el reconocimiento que se le ha negado durante cinco siglos.

María López Villarquide (A Coruña, 1982) es doctora en Documentación y Análisis Cinematográfico y licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Complutense de Madrid. Ha formado parte del equipo de la productora de documentales López-Li Films y el Proyecto PIMIC de investigación sobre Historia Medieval dirigido por el CSIC gracias a la beca postdoctoral Marie Curie ITN (2015).

domingo, 19 de noviembre de 2017

#hemeroteca #transexualidad | Un transexual en la España de Felipe II

Imagen: El País / Eleno de Céspedes, por Ria Brodell, 2011
Un transexual en la España de Felipe II.
El caso de Eleno de Céspedes, famoso en la época, recuerda que la transexualidad existía mucho antes de ser definida por la ciencia.
Antonio Pita | El País, 2017-11-19
https://elpais.com/cultura/2017/10/30/actualidad/1509349581_209358.html

"Céspedes - Elena y Eleno de. Natural de Álama, esclava y después libre, casó con un hombre y tuvo un hijo; después y muerto su marido se vistió de hombre y estuvo en la Guerra de los Moriscos de Granada, se examinó de cirujano y se casó con una muger (sic), fue presa en Ocaña y llevada a la Inquisición, donde se le acusa y condena por desprecio al Matrimonio y tener pacto con el Demonio". Así, con el nombre en letras grandes para mostrar la importancia del caso, resumía el tribunal del Santo Oficio el proceso de fe contra Eleno de Céspedes, una mujer que vivió públicamente como hombre en la España de Felipe II. Su caso, una ‘rara avis’ en el siglo XVI, recuerda este lunes, Día Internacional de la Memoria Transexual, que la transexualidad existía mucho antes de ser definida como tal por la ciencia en el siglo XX.

"Lo que hace especial este caso respecto a los cientos de procesos contra homosexuales que hubo en esa época es que, sin duda alguna, fue una transexual que llevó hasta el extremo su deseo de ser hombre", explica Ignacio Ruiz, catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y coautor de ‘Elena o Eleno de Céspedes’, el último libro sobre el caso, publicado este año por la editorial Dykinson.

Casi todo lo que sabemos del personaje procede de las más de 300 páginas de su proceso inquisitorial. Nació en torno a 1545 en la localidad granadina de Alhama, fruto de una relación extramatrimonial de su padre con una esclava negra que servía en la casa. Se desconoce cuál era entonces su nombre o si tenía (algunos esclavos carecían de él), hasta que con ocho años fue liberada y aprendió su primer oficio, el de tejedora. En la adolescencia se casó con un albañil con el que "hizo vida maridable como tres meses" -según consta en el acta inquisitorial- hasta que, embarazada, abandonó la casa. Nunca más volvería a tener sexo con un hombre. Entregó a su hijo a unas personas que vivían en Sevilla e inició un periplo por numerosas ciudades de España. En Sanlúcar de Barrameda tuvo su primera amante y en Arcos de la Frontera empezó a vestir de hombre. Cambiaba cada poco su residencia en un siglo en el que el grueso de la población vivía y moría donde nació. "Se acostaba con bastantes mujeres y se iba: sabía que los vecinos estaban obligados a denunciarlo a la Inquisición", subraya Ruiz.

Luego se alistó como soldado para acabar con la Rebelión de las Alpujarras, el levantamiento de los moriscos a causa de un edicto que prohibía su forma de vida. Se mudó a Madrid, recién nombrada capital, aprendió el oficio de cirujano (que ejerció en el hospital de la Corte y luego en El Escorial, donde la acusaron de intrusismo), se examinó y logró la licencia. "Es la primera cirujana en la historia de la medicina española, aunque obtuviera fraudulentamente el título" porque estaba entonces reservado a los hombres, apunta Emilio Maganto Pavón, exjefe de la sección de Urología en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid y autor del libro ‘El proceso inquisitorial contra Eleno de Céspedes’, publicado en 2007 por Método Gráfico.

En Yepes se casó con una mujer, María del Caño, después de que un examen genital ordenado por el párroco ante la sospecha de que fuese "lampiño o capón" certificase erróneamente que podría engendrar hijos, fin último del matrimonio canónico. Convivió con su esposa poco más de un año, hasta que un antiguo compañero de armas (que había oído decir en las Alpujarras que era una mujer disfrazada de hombre) lo denunció. La pareja fue apresada y sometida en Ocaña a un juicio que fue seguido de otro inquisitorial en Toledo, solo contra Eleno, y que acabó con una condena de 200 azotes públicos y reclusión durante diez años en un hospital. Su caso había tenido tal resonancia que el director del centro tuvo que pedir que trasladasen al nuevo reo por "el grande estorbo y embarazo" que causaba su presencia, como indica en la carta que envió al Santo Oficio. "Estoy seguro de que, de manera callada y pausada, muchos homosexuales se acercaban a ver ese caso de valentía absoluta", opina Ruiz.

Quedan muchas dudas sobre los genitales de Eleno. Hasta el juicio logró que numerosas personas, entre ellas nada menos que Francisco Díaz, cirujano de Felipe II y autor del primer tratado de urología, le certificasen como varón, lo que le permitió casarse con una mujer. ¿Cómo? Ruiz cree que solo pudo lograrlo implantándose los genitales masculinos de un cadáver para superar las amonestaciones necesarias para contraer matrimonio. Maganto apunta a un "artificio" que resultó creíble para la época. "Se hizo una automutilación gracias a sus conocimientos de cirugía y a la ayuda de una curandera morisca: disimuló los pechos con vendajes compresivos y se obturó la vagina usando elementos cáusticos, hasta el punto de que nadie conseguía encontrarla", precisa. En el proceso de Ocaña se habla de que recurría con su mujer a un "instrumento tieso y liso" . "Debía de ser un consolador llamado baldrés, hecho de madera forrado con cuero blando", señala Maganto. "El lesbianismo era entonces casi invisible y quedaba fuera del radar. Solo se consideraba sodomía si había un falo falso", explica por teléfono desde EE UU Israel Burshatin, doctor por la Universidad de Columbia experto en estudios de género que analizó el caso en el ensayo ‘Queer Iberia’.

¿Cómo se autodefiniría Elena/o de Céspedes si viviera hoy? "Era un varón atrapado en el cuerpo de una mujer. Tiene claros elementos de transexualidad", afirma Maganto. Ruiz también lo tiene claro: "se trata de un transexual", de "un personaje frontera, siempre al filo de la navaja". "Es posible que sea un individuo entre géneros. Ahora estamos en ese respecto más cerca del siglo XVI que del siglo XIX, en el que había una dualidad clara hombre-mujer", apunta Burshatin tras resaltar el contraste entre la "vida fronteriza" de un Eleno de piel oscura y la buscada homogeneidad del "cristiano viejo" en la España postReconquista, en la que el Concilio de Trento, concluido poco antes del juicio, había aumentado además la preocupación sobre el matrimonio.

La prueba más gráfica de esta ambigüedad era su propio nombre. Pasó de Elena a Eleno y en el Ejército se hacía llamar Céspedes, a secas. "Incluso en su firma, el propio rabito de la 'o' estaba hecho de forma que podía parecer una 'a", ejemplifica Ruiz.

La opción de que Eleno fuese hermafrodita, un concepto que ya existía, resulta poco creíble. Parece más bien una estrategia de defensa que improvisó tras dos años en prisión: argumentar que le había salido una especie de pene al dar a la luz, que "por entender que era hombre y no muger" (sic) se casó para "estar en serviçio de Dios" tras años de lecho en lecho y que el pene se le fue cayendo en la cárcel. No convenció al tribunal, que le halló culpable de "menosprecio del matrimonio" y "pacto con el demonio".

El caso fue tan conocido en la época que posiblemente inspirase a Miguel de Cervantes su personaje Cenotia, una suerte de maga nacida en Alhama de Granada y huida de la Inquisición que aparece en ‘Los trabajos de Persiles y Sigismunda’. Lo recuerda desde 2012 una placa en la localidad.

viernes, 8 de septiembre de 2017

#hemeroteca #transexualidad #historia | Elena o Eleno de Céspedes : un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, en la España de Felipe II

Elena o Eleno de Céspedes : un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, en la España de Felipe II / Ignacio Ruiz Rodríguez, Alexander Hernández Delgado.
Madrid : Dykinson, 2017 [09-08].
259 p.
ISBN 9788491482840 / 20 €

/ ES / ENS
/ Derecho / Eleno de Céspedes / Historia – Siglo XVI / Hombres trans / Inquisición / Testimonios / Transgénero / Transexualidad

Este libro de Ignacio Ruiz Rodríguez, Catedrático de Historia del Derecho en la Universidad Rey Juan Carlos, nos proporciona un detallado análisis del proceso civil e inquisitorial al que se vio sometida Elena o Eleno de Céspedes, para su autor, "un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer", en tiempos del reinado de Felipe II. Y si nos preguntamos qué hay detrás de este proceso, vemos que el detonante para que Elena (Eleno) de Céspedes sea juzgada y finalmente condenada a graves penas, no fue otro que su matrimonio, en 1586, con otra mujer. 

El profesor Ignacio Ruiz nos regala, generosamente, una obra concebida para ser el brillante resultado del ejercicio científico, histórico-jurídico y heurístico que ha materializado en el libro. Se trata de una publicación accesible a toda suerte de lectores, y no sólo para especialistas en materia jurídica o en la historia de la época moderna, sencilla, pero a la vez rigurosa. Un texto para ser leído como un ensayo biográfico, para ir avanzando en el conocimiento del personaje y comprendiendo su trayectoria vital, las circunstancias de los procesos en los que se vio inmerso y la grave condena que se le infligió. 

La obra se completa con una bibliografía actualizada que orienta al lector, no faltando el listado de lugares por los que transitó Elena (Eleno) de Céspedes en los estertores de la España imperial del Quinientos.

domingo, 9 de abril de 2017

#hemeroteca #cofradias #homosexualidad | El Cristo de Cáceres que 'salvó' a dos homosexuales

Imagen: Hoy / Santísimo Cristo de los Milagros, Cáceres
El Cristo de Cáceres que 'salvó' a dos homosexuales.
Hoy, Domingo de Ramos, saldrá en procesión junto con dos pasos: El Señor Camino del Calvario y Nuestra Señora de la Misericordia.
Sergio Lorenzo | Hoy, 2017-04-09
http://www.hoy.es/caceres/201704/09/cristo-caceres-salvo-homosexuales-20170409002809-v.html

Hay expuesta en los muros de la enigmática iglesia de Santiago de Cáceres, la copia de una peculiar tarjeta de la que explica su origen el libro de Simón Benito Boxoyo de 1794, 'Noticias históricas de Cáceres y Monumentos de la antigüedad que conserva'.

Boxoyo escribió que en el templo que fue el origen de la Orden de Santiago, hay un crucifijo que acompañaba a los reos que iban a ser ajusticiados en la ciudad, y que el 9 de mayo de 1654, «por grave necesidad de lluvia, se había hecho Rogativa á esta Imagen, sacándola de su nicho, de donde jamás se había sacádo» (respetamos la ortografía de la época), y fue entonces cuando se encontró detrás de la imagen esta tarjeta que dice así:

«En el año 1596, sacaron á ajusticiár á la Peña redonda dos muchachos, por un pecado de que fueron acusados, y se quebraron dos veces los cordeles de los garrótes. Y estando el Santo Christo enarbolado en manos de un Alcalde, á vista de todo el pueblo, se quitaron los clavos, y quedaron sueltos los brazos. Y visto el milagro tan evidente, los Eclesiásticos y Religiosos, le publicaron á voces y pusieron en libertad á los muchachos, y dos Moros que estaban presentes, pidieron el bautismo y se convirtieron á Nuestra Santa Fé Católica». También relata Boxoyo que los testigos falsos que acusaron a los dos jóvenes, «murieron desastrosamente». A partir de entonces este Crucificado pasó a llamarse Santísimo Cristo de los Milagros.

El pecado del que se les acusaba era el de la sodomía, el de practicar el coito anal. Así lo afirma Serafín Martín Nieto, que comenta que curiosamente en el gasto de la Cofradía, por la fecha en la que se dice sucedió el milagro, figura que tuvieron que comprar clavos para este crucifijo.

Publio Hurtado también señalaba que eran dos homosexuales, indicando José Luis Hinojal Santos que se les castigaba «por ser putos». Al hablar de este supuesto milagro en su libro 'Historias y leyendas de la vieja villa de Cáceres', explica que «en aquellos siglos los tribunales civiles castigaban, por considerarla contra naturam, la sodomía, en referencia a la homosexualidad, y a los que realizaban tales prácticas se les llamaba putos».

Quien cuida del Cristo de los Milagros es la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Misericordia, que apunta que un autor, del que no se sabe su nombre, lo hizo en 1583, 13 años antes del supuesto milagro. La Cofradía lo saca en procesión dos veces en la Semana Santa de Cáceres. Han colocado el Crucifijo que antiguamente llevaba un hombre, en unas andas, y lo han convertido en un paso tapizado de flores. Es un paso infantil y cargan con él veinte jóvenes.

Hoy, Domingo de Ramos, saldrá en procesión junto con dos pasos: El Señor Camino del Calvario y Nuestra Señora de la Misericordia. Saldrá a las siete de la tarde de la iglesia de Santiago. La segunda procesión en la que se puede ver es en la famosa de la madrugada del Viernes Santo. El Cristo de los Milagros sale junto a otros ocho pasos, en este caso en el paso no sale solo sino acompañado por las figuras de los dos ladrones. Por cierto, es muy recomendable ver la salida de la imagen del Nazareno, cuando le canta Juan Corrales después de un solo de trompeta que es un toque de silencio.

Cuando en 1596 los dos homosexuales de Cáceres se libraron de la muerte, había una auténtica persecución a quienes practicaban la sodomía. En Sevilla, por ejemplo, se quemó a 71 personas por este motivo entre 1567 y 1616. El alemán Jerónimo Münzer, que vino por España en 1494, dijo que vio a acusados de sodomía colgados por los pies con sus testículos colgados al cuello. Los Reyes Católicos cambiaron el castigo por la hoguera, confiscando los bienes del ajusticiado. Al entonces delito se le llamó pecado abominable o nefando (no se podía nombrar).

En este país se condenó a homosexuales hasta la mitad del siglo XVII, cuando se interrumpieron las ejecuciones públicas.

Hasta hace relativamente poco tiempo, las persecuciones a gais se recrudecieron o no según la época. Su última gran persecución en España fue durante el franquismo, cuando se detuvo a 5.000 homosexuales. En 1944 el Ministerio de Justicia realizó un estudio de la homosexualidad en España en donde se indicaba que este 'delito' estaba muy extendido en provincias como Barcelona, Valencia, Sevilla y Badajoz; mientras que sabían que no existía en siete provincias, entre ellas estaba Cáceres y Cádiz.

Hasta enero de 1979 estuvo vigente la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, en donde a los gais se les imponía penas de cárcel de un mínimo de 4 meses a un máximo de 3 años, sufriendo un año de destierro de su ciudad al salir de prisión. Separaban a los homosexuales detenidos en activos y pasivos. Los pasivos eran enviados a la prisión de Huelva, en donde elaboraban cuerdas y cajas de madera para pescado; mientras que los activos iban a la cárcel de Badajoz, en donde hacían balones de fútbol.

España ha cambiado mucho en poco tiempo. Desde 2005 ya se pueden casar personas del mismo sexo, y para muchos es el país del mundo en donde los homosexuales son mejor aceptados, por un 89% de la población. Ánimo, ya sólo queda un 11 por ciento.

viernes, 25 de marzo de 2016

#hemeroteca #teatro | José Luis Gómez: “Celestina es una rebelde luciferina”

José Luis Gómez: “Celestina es una rebelde luciferina”.
Llega el Día Mundial del Teatro (el 27) y una de las citas más morbosas de la temporada. José Luis Gómez dirige y encarna La Celestina de Rojas en un montaje que se estrena el 6 de abril en el Teatro de La Comedia. El director y académico trasciende la comedia de costumbres y de enredo amoroso para firmar un espectáculo en el que muestra las tensiones sociales de la época -el odio antisemita, la voracidad monetaria, la rebeldía de las clases populares, la brujería- a través de un personaje entre poético y mitológico.
Alberto Ojeda | El Cultural, El Mundo, 2016-03-25
http://www.elcultural.com/revista/escenarios/Jose-Luis-Gomez-Celestina-es-una-rebelde-luciferina/37833

José Luis Gómez (Huelva, 1940) cierra los ojos, guarda unos segundos de silencio y se envuelve en el aura luciferina de Celestina para arrancar la letanía: “Te conjuro, triste Plutón, señor de la profundidad infernal, emperador de la corte dañada, capitán soberbio de los condenados ángeles, señor de los sulfúreos fuegos, gobernador y veedor de los tormentos de las ánimas pecadoras, administrador de todas las cosas negras...”. La atmósfera del salón de su casa, adosada a la Quinta de la Fuente del Berro, se adensa de funestos presagios mientras la alcahueta invoca la intercesión del diablo para que Melibea caiga rendida en los brazos de Calisto. “Este conjuro es una de las obras maestras de nuestra literatura”, sentencia Gómez, ya de regreso a la entrevista dejada en suspenso durante el recitado y que se prolonga durante casi dos horas. “No se entiende el texto de Rojas si no se toma muy en serio la brujería. En su época era una ciencia, no se dudaba del poder de estas mujeres. Solo así se explica el enamoramiento de Celestina por el ángel caído”.

Gómez no deja de enunciar aspectos que, a su juicio, han sido pasados por alto en las representaciones precedentes de este clásico seminal de las letras españolas. Su obsesión es desvelarlos en la puesta en escena a la que lleva dando forma desde hace casi un año. Quiere trascender la comedia de costumbres o el melodrama amoroso, que son los códigos en que ha sido encorsetado. Toda esa investigación concienzuda, el resultado de “interrogar testarudamente” a esta novela dialogada de principios del siglo XVI, aflorará sobre el escenario de La Comedia a partir del próximo 6 de abril, en un montaje coproducido por la Compañía Nacional de Teatro Clásico y el Teatro de la Abadía, que tiene como atractivo añadido que el propio Gómez encarnará a su protagonista. Le acompañarán sobre las tablas Marta Belmonte (Melibea), Diana Bernedo (Lucrecia), Miguel Cubero (Pármeno), Palmira Ferrer (Alisa), Chete Lera (Pleberio), Nerea Moreno (Areúsa), Inma Nieto (Elicia), Raúl Prieto (Calisto) y José Luis Torrijo (Sempronio).

Su versión pretende evidenciar las tensiones sociales bajo las que el leguleyo Rojas, licenciado por la Universidad de Salamanca y descendiente de judíos, alumbró la tragicomedia. “Es prácticamente seguro que vio a su padre morir en la hoguera con 15 años, y si así no fuera, sí que vio correr la misma suerte a parientes y amigos. Fue víctima del absolutismo confesional que implantaron los Reyes Católicos, que pensaban que sólo mediante la unidad religiosa se podía construir un país fuerte, capaz de ostentar una posición hegemónica. Las ciudades para estos conversos eran como cárceles. Vivían bajo la constante amenaza de la delación”. Esa sensación de 'Big Brother' renacentista la subraya Gómez con una escenografía inspirada en ‘Le carceri d'invenzioni’, la serie de grabados en que Piranesi transformó las ruinas romanas en tenebrosos laberintos de galerías, pasadizos, escaleras… Elementos arquitectónicos todos coherentes con el peripatetismo de la trama: los personajes están en constante movimiento, yendo de una casa a otra.

Pregunta.- ¿Cree que el motor de Rojas era el rencor hacia el Santo Oficio y su odio antisemita?
R.- Yo me resisto a utilizar la palabra rencor. No sé tampoco si fue una manera de saldar cuentas. Lo que sí está claro es que es una denuncia de una sociedad tremendamente injusta. La Celestina está escrita a la manera de un gran tratado moral: es un alegato contra los amores disolutos y contra el eclipse de Dios, que se aprecia en las blasfemias que pronuncian constantemente los personajes, un reflejo de lo que se cocía en la calle. Además, en esa época también se aprecia la irrupción devastadora del dinero: el enriquecimiento es la meta fundamental. Comienza una carrera que llega hasta nuestros días. De hecho, la analogía involuntaria con el presente (Rojas no podía saber, claro, cómo sería el futuro) resulta obvia. Es una obra con un potencial de corrosión tremendo, con mucha negrura, pero ya sabemos que donde está la oscuridad está también la luz.

P.- ¿Y qué alumbra esa luz de ‘La Celestina’?
R.- Es un libro que libera un torrente de vida irrefrenable. Ya lo decía Valle-Inclán: que la guerra tenía una vertiente genesíaca. Y es verdad, aunque pueda parecer una barbaridad: para que haya resurrección ha de haber muerte antes.

Desde luego, la Inquisición se aplicó a ello. Abonó el suelo patrio de cadáveres para propiciar una resurrección masiva. Ese celo criminal y ese fanatismo religioso lastraron nuestro avance hacia la modernidad. Perdimos el paso entonces y luego nos costó siglos recuperarlo. “Por eso -afirma- es tan interesante 'La Celestina', porque los errores cometidos en su época llegan, de forma subrepticia, hasta la actualidad. España se amarró al carro de la Contrarreforma y decidió tirar de él ella sola. Lógicamente, acabó extenuada. La derrotaron los países que fueron asumiendo las distintas reformas protestantes. Fueron de muchos ‘colores', sí, unas más rígidas, otras más liberales, pero permitieron afirmar la libertad individual y un ideal de tolerancia, de convivencia entre religiones. Estas reformas fueron la antesala de la Ilustración en el siglo XIX, otro tren que perdimos. Tuvimos ilustrados estupendos pero su mensaje no impregnó el cuerpo social y tampoco inspiró a la clase política. En 1936, un cardenal español dijo: ‘Esta cruzada es la respuesta a la filosofía emanada de la Revolución Francesa'. Es decir, la Ilustración”.

Contra el retrato costumbrista
Gómez insinuará ese hilo conductor que conecta el arranque del Renacimiento en España y el periodo contemporáneo. “No se puede interpretar una obra del pasado sino desde el presente. No tiene sentido que hagamos un retrato costumbrista, no por vanguardismo estéril sino porque la conciencia del presente es imposible desplazarla cuando te asomas a un texto clásico. Ahora vivimos en un mundo en el que estamos tan controlados y espiados como entonces. Y esas asociaciones deben vislumbrarse a través de signos escénicos que no están en el texto pero que emanan de sus entresijos. El reto es que permee también toda esa ojeriza antisemita, el luciferismo y la rebeldía explícita de las clases bajas contra sus amos, algo que no tenía precedentes en nuestra literatura. Nadie había retratado al vulgo con personajes con tanta profundidad psicológica. Es una novedad absoluta”.

Dice Gómez que es ahora el momento en que se siente capaz de conseguirlo: “Hace 20 años no es que estuviera verde pero carecía del peso y el poso que requiere el texto de Rojas. Creo que es la tarea más fascinante en que me he embarcado en mi vida. Y es ahora cuando estoy preparado”. El director onubense se ha encargado (junto a Berta Escobedo) de completar una adaptación estructural muy laboriosa: la prosa la ha troceado para someterla a patrones rítmicos, marcados por octosílabos y endecasílabos. No es una versificación sino simplemente una forma de pautar la dicción, de manera que discurra con naturalidad. “Ha sido un trabajo de chinos pero la lengua cobra más vigor gracias a esta sintaxis trastocada”. Gómez se ha decantado por la literalidad original de Rojas, dejando de lado actualizaciones como las firmadas por Torrente Ballester y otros autores: “Su español del siglo XVI, manejado adecuadamente, es perfectamente inteligible para los oídos del público contemporáneo y además trae un perfume de vida pasada que enriquece al oyente. Actualizado, ese perfume se disipa”.

Ya llevaba tiempo Gómez rumiando poner en escena ‘La Celestina’. En el ciclo de lecturas dramatizadas que organizó con motivo de su ingreso en la RAE, titulado 'Cómicos de la lengua', incluyó las andanzas de la avejentada meretriz. Entonces las leyeron Carmen Machi, en la piel de la alcahueta, e Israel Elejalde y Beatriz Argüello en las de Calisto y Melibea.

En el transcurso de aquellas funciones sumó a su pretensión de dirigirla la de encarnarla. “Son todos actores maravillosos pero me asombró las dificultades que tenían con el texto. En este país tenemos un déficit de alocución escénica, no estamos a la altura de tradiciones como la francesa, la alemana, la inglesa o la rusa. Goethe ya escribía consejos de cómo debían hablar los actores. Aquí, en cambio, las recomendaciones de Jovellanos cayeron en saco roto. Y la generación de directores y actores de la guerra y la posguerra no pudo transmitir su escuela. Se produjo una ruptura por el exilio y la represión”. Así que decidió lanzarse al albero para cargar de expresividad la cadencia verbal de la alcahueta y aportarle sus inflexiones andalusíes (“Porque Celestina viene del sur”).

P.- ¿Y no le genera inseguridad meterse en la psique de una mujer?
R.- Ya lo comenté en mi discurso de ingreso en la Academia: no puedo ser Creonte sobre el escenario porque mi ira privada, la de José Luis Gómez, no me alcanza. Para alzarme a su nivel necesito el lenguaje de Sófocles. Basta saber portarlo para tener casi todo el trabajo hecho. Lo mismo sucede con Celestina y Rojas.

De todas formas, Gómez no tiene la sensación de habitar una mujer: “En realidad, es un ser andrógino y, por tanto, mágico y mítico. No me disfrazo, no hago un calco, lo que intento es levantar una figura poética”. Para ponerle cara también ha sometido a un tercer grado a la novela. Y a partir de ciertos datos ha perfilado su faz: con su “ojo malo”, sus barbas (“entonces había muchas mujeres pilosas por descompensaciones hormonales”), sus greñas encanecidas… Antes de cada función deberá aposentarse durante una hora para que los maquilladores obren la mutación, en la que Picasso y su retrato de la alcahueta también ha sido un referente clave. Un proceso engorroso soportado por Gómez con el estoicismo de un apasionado del teatro. Esa pasión le da la fuerza para encarar todos los frentes escénicos en los que batalla, incluida la dirección desde hace más de dos décadas de La Abadía.

P.- ¿Tiene ánimo y aliento para seguir dirigiéndola en los próximos años?
R.- El otro día alguien con 10 ó 12 años menos que yo me decía que estaba muy contento porque se iba a jubilar y así podría dedicarse por fin a lo que le gustaba. Mi situación es diferente: yo no me quiero jubilar porque ya me dedico a lo que me gusta. Llevo una vida austera. Me paso casi todo el tiempo encerrado aquí, entre la biblioteca y el gimnasio que me he hecho en la caseta del jardín. Quizá en esa caseta esté el secreto de mi energía.

P.- También vienen con mucha energía (y talento) las nuevas generaciones de ‘teatreros'. ¿Cómo ve el panorama?
R .- La oleada de talento es una barbaridad. Por desgracia no está acompañada de un esfuerzo de las instituciones públicas. Willy Brandt, cuando inició la Ostpolitik [la política del Este] a finales de los 60 dijo que la RDA y la RFA eran dos estados de nación, lengua y cultura alemana. Fue el primer paso de la reunificación. Hay un orgullo por su lengua y por su cultura que no hemos conseguido inculcar aquí. El contraste entre las conmemoraciones de Shakespeare y Cervantes es una prueba. No se entiende. A lo largo de 45 años de interlocución con representantes públicos por asuntos de mi profesión, he comprobado su escaso interés por la cultura. Los fastos de Shakespeare y Cervantes me traen al recuerdo una intervención de Azaña en el Congreso. Tras un parlamento de Lerroux que él consideró inapropiado, pidió la palabra y dijo: “Permítame, su señoría, que me sonroje en su lugar”. No dijo más. Yo tampoco.

P.- ¿Le sonroja también la incapacidad de nuestros políticos para formar gobierno?
R.- Vivimos una situación irrazonable. Pienso que una izquierda sensible, pragmática y moderna puede pactar con una derecha que así también lo sea. Se entiende el desinfle de Podemos por su pretensión descarnada de poder. Lamento la debilidad de IU y ver al PP asolado por la corrupción. Ciudadanos está manejando juiciosa y generosamente sus 40 diputados y a la vez defendiendo sus intereses. Y me asombra el intento del PSOE de convertirse en un elemento visible, a pesar de ser tan criticado. Viendo las actitudes de ahora, creo que me equivoqué en las últimas elecciones. Voté movido por un ‘wishful thinking’. De todos modos, veo signos alentadores. Confío en nuestro país antiguo y resistente, que ha sufrido y creado tanto.

DOCUMENTACIÓN
'Celestina', un clásico travestido.
El director José Luis Gómez también protagoniza este clásico y aborda la obra como la tarea más fascinante de su vida.
Jesús Rodríguez Lenin | Metrópoli, El Mundo, 2016-04-06
http://www.metropoli.com/teatro/2016/04/06/5702460e46163f2e198b465e.html

miércoles, 30 de septiembre de 2015

#libros #mujeres #historia | Escritura y vida cotidiana de las mujeres de los siglos XVI y XVII

Escritura y vida cotidiana de las mujeres de los siglos XVI y XVII : (contexto mediterráneo) / Encarnación Medina Arjona y Paz Gómez Moreno (eds.).
Sevilla : Alfar, 2015 [09].
236 p.
Colección: Alfar Universidad, 206. Serie Estudio sobre la Mujer.
ISBN 9788478986279 / 14 €

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El presente volumen reúne una serie de textos, de corte diverso y variado, sobre la vida y obra de las mujeres en los siglos XVI y XVII. Entre ellos, destacan especialmente los dedicados al alumbradismo, movimiento al que esta monografía presta especial atención. A partir del análisis de textos concretos de figuras femeninas y desde distintos enfoques metodológicos, se presenta una visión amplia y variada de la noción de abandono en el amor de Dios como una de las claves más fructíferas para la pluma femenina en España (Santa Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz, Isabel de la Encarnación, María de la Cruz y Gabriela Gertrudis de San José) así como la representación de la mujer tal y como aparece en la literatura de la época (escritoras, alumbradas, religiosas, beatas, cristianas y moriscas en espacios públicos o privados) y los desafíos que mueven sus vidas y escritos (afectos y sensorialidad, éxtasis y corporeidad, virtuosismo y libertad, silencio e imaginación, pobreza y marginación, amor y violencia –María de Zayas–, cocina y demonología, exclusión y persecución).

miércoles, 1 de abril de 2015

#hemeroteca #historia | Teresa de Ávila y las mujeres bobas

Teresa de Ávila y las mujeres bobas
Feminista y rebelde, su obra contrasta con la “santa de la raza” que ensalzaron Franco y los obispos nacionalcatólicos. Quinientos años después, la situación de la mujer en la Iglesia romana apenas ha mejorado. En el Vaticano II, en 1965, solo hubo 21 mujeres, sin voz ni voto y sin poder entrar en la cafetería del concilio. Los carmelitas descalzos aprovechan el centenario para depurar el perfil de su fundadora, “muy emborronado” por el franquismo.
Juan G. Bedoya | El País, 2015-04-01
http://blogs.elpais.com/mujeres/2015/04/teresa-de-%C3%A1vila-y-las-mujeres-bobas-.html

“Basta ser mujer para caérseme las alas”, escribió Teresa Sánchez Cepeda Dávila y Ahumada, mundialmente conocida como Teresa de Ávila y, entre los cristianos, como Santa Teresa de Jesús. Escritora, monja, mística, doctora de la Iglesia Católica, fundadora de las carmelitas descalzas y copatrona de España, nació en una familia judía conversa perteneciente a la nobleza y su vida fue una aventura quijotesca, contra molinos que parecían invencibles, como el desprecio por la mujer y la persecución de los inquisidores al libre pensamiento. Teresa de Ávila quería a sus monjas despiertas y valientes, que miraran a los ojos a obispos, curas y otros personajes vestidos de negro. Además, las quería leídas y viajeras. Una de las cosas que más irritó al inquisidor encargado de vigilar a la reformadora descalza fue que de pequeña Teresa había sido lectora empedernida, “incluso de libros de caballerías”.

Fue mística, pero también mujer de negocios fría, muy hábil para cerrar tratos inmobiliarios para sus conventos. “Tenía un elevado concepto de sí misma; se creía llamada a grandes empresas; rechazaba la mediocridad”, escribe el hispanista Joseph Pérez (“Teresa de Ávila y la España de su tiempo”. Algaba Ediciones. 2007). Era guapa. Con cincuenta años cumplidos, le confesará a un carmelita: “Sabed, padre, que en mi juventud me dirigían tres clases de cumplidos; decían que era inteligente, que era una santa y que era hermosa. En cuanto a hermosa, a la vista está; en cuanto a discreta, nunca me tuve por boba, en cuanto a santa, solo Dios sabe”. No tuvo dudas cuando decidió tomar ella misma el poder, con gran escándalo de sus superiores y mucho temor de los amigos. “El ejercicio de la autoridad tiene mucho que ver con la autoestima”, afirma la socióloga Alicia E. Kaufmann en “Mujer, poder y dinero” (Editorial Lo Que No Existe. 2015. Página 111). Usando un término muy estudiado por Kaufmann, Teresa de Ávila fue una mujer empoderada, segura de sí misma. Por eso triunfó, y de qué manera.

Cuando Teresa de Ahumada (de joven decidió tomar como primer apellido el de su madre) era una adolescente, Baltasar Castiglione se hizo notar en todo el orbe culto con “El Cortesano”, un manual de costumbres publicado en Italia en 1528 y traducido inmediatamente a todas las lenguas europeas, también al español. A Teresa debió llegarle al alma este párrafo, que copiaba pensamientos de Aristóteles, san Pablo de Tarso y santo Tomás de Aquino. “La mujeres son animales imperfectos y, por consiguiente, de menor valor que los hombres. En ellas no caben las virtudes que caben en ellos. Cuando nace una mujer es falta y yerro de natura y contra su intención, como sucede en uno que nace ciego o cojo o con algún otro defecto”.

Los hombres, sobre todo los eclesiásticos, querían a las mujeres bobas, como dice un personaje de Lope de Vega en “La boba para los otros y discreta para sí”: “Más quiero boba a Diana / con aquel simple sentido / que bachillera a Teodora”. “Era una mujer, pero lo era sin duda por un error de la naturaleza”, sostenía mucho más tarde José Zorrilla para alabar el talento de Gertrudis de Avellaneda. A Teresa de Ávila le pasó lo mismo muchas veces. Pero al dicho clásico: “Ni espada rota ni mujer que trota”, ella opuso un sufrido y tenaz recorrido por los campos de Castilla, hasta llegar a Sevilla, a lomos de asnos o andando por caminos imposibles. Lo cuenta con gracia que admiró a Jovellanos en el “Libro de la Vida y en Las Fundaciones”.

Durante siglos, la figura de Teresa de Ávila, culta, libre, fresca y retadora, fue sometida a todo tipo de mixtificaciones, hasta el punto de que le sirvió al alicorto nacionalcatolicismo franquista para proclamarla como “santa de la raza”. “La dictadura franquista hizo a Teresa de Ávila un flaco favor al proclamarla la santa de la raza”, sostiene uno de sus mejores biógrafos, el gran hispanista francés Joseph Pérez. El secuestro de la Teresa auténtica, adelantada a su tiempo, no sólo lo perpetró el dictador Franco haciéndose acompañar toda su vida en el poder de una mano incorrupta de la santa. Aún permanece. El actual ministro de Interior, Jorge Fernández, dijo en la presentación en la última Feria de Turismo (FITUR) del proyecto ‘Huellas de santa Teresa’: “Santa Teresa hablaba de tiempos recios, y estoy seguro de que estará siendo una importante intercesora para España en estos tiempos también recios”, dijo el ministro.

El quinto centenario del nacimiento de Teresa de Ávila, el 28 de marzo de 1515, está sirviendo para espantar tantos tópicos y manipulaciones, con la publicación ya de un centenar de libros de todo tipo (novelas, estudios teológicos, análisis literarios, etc.) que la presentan como lo que fue: gran reformadora eclesiástica y una de las grandes escritoras del Siglo de Oro de la lengua castellana pese a que, amenazada por la Inquisición, no se atrevió a publicar nada en vida. Su prudencia, sin embargo, era también atrevimiento. Cuando enviaba sus escritos y cartas a amigos, protectores y admiradores (la mayoría mujeres, como la Princesa de Éboli), les requería que guardasen bien esos papeles e, incluso, que los destruyesen. Sabía de sobra que lo escrito circulaba por doquier, como demuestra en algunas de sus cartas al poderoso Felipe II. Los inquisidores conocían la protección real y no llegaron a meterla presa. Lo hicieron, en cambio, con gran brutalidad, con el mejor colaborador de la santa, el sufrido san Juan de la Cruz, y más tarde con fray Luís de León, primer editor de las obras de la escritora de Ávila.

“Entre pucheros anda Dios”. “Son tiempos recios”. “La verdad padece, pero no perece”. “No hagan caso de la opinión del gremio sacerdotal, medio letrado. No son tiempos de creer a todos sino a los que viereis van conforme a la vida de Cristo”. Esto último lo escribe en “Camino de perfección”, como consejo para las doce mujeres que inician con ella la reforma-fundación del nuevo Carmelo. Frases de este tipo se hicieron famosas en vida de la mística carmelita, que tenía muy mala opinión sobre los curas de su tiempo. En el “Libro de la Vida” retrata a uno que es avaro, poco formado, amante de vivir sin trabajar, que se exhibe con concubinas.

El Concilio de Trento (1545-1563) intentó poner remedio a ese estado de cosas, muy jaleadas por el anticlericalismo de la época. Teresa de Ávila fue una adelantada y su nombre corrió pronto de boca en boca por toda Europa. Es ensalzada por doquier. Lo hace Cervantes, que le dedica una poesía; también Góngora, Quevedo y Lope de Vega, éste mediante dos obras de teatro y nueve sonetos. La pinta en 1576 (su único retrato en vida) el carmelita Juan De la Miseria (“Dios te perdone, fray Juan, que ya que me pintaste, me has pintado fea y legañosa”, le escribe), y se afanan en la iconografía teresiana Velázquez, Rubens y el gran escultor barroco Bernini, en “Transverberación de Santa Teresa”.

Los inquisidores no aguantan que una mujer, encima monja, esté de boca en boca, con admiración o escándalo. Qué hace una mujer diciendo esas cosas sin control de los prelados. Teresa no hace caso. Mejor aún, Teresa no para. Cuando habla de los “tiempos recios”, hacia 1562, ya tiene 47 años, una edad avanzada para aquel tiempo, e inicia la campaña que culmina con la fundación de 17 conventos. La tarea, quijotesca y peligrosa, va a contarla en libros que son una delicia: frescos, irónicos, documentados, un relato sobre la España de aquel tiempo, con narraciones sobre cómo eran los caminos que recorría y las gentes con las que se relacionaba.

La orden de los Carmelitas Descalzos -800 conventos en 120 países, con 12.000 monjas y 5.000 frailes-, ha programado este quinto centenario de su fundadora para depurar su faceta literaria, reformadora y mística, con el convencimiento de que nunca como ahora habrá mejor oportunidad para “recolocar en escena el verdadero perfil de santa Teresa, muy emborronado durante décadas del siglo pasado”. Añaden los promotores: “Por primera vez en cinco siglos ha llegado el momento de fijar la importancia de una de las figuras más complejas del más temprano Siglo de Oro español”. En la vanguardia del cristianismo romano como fieles al Concilio Vaticano II, los carmelitas descalzos tienen ahora viento a favor desde la llegada al pontificado romano del jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio. El papa Francisco se ha declarado admirador de la santa de Ávila, aunque ha dado el disgusto a los obispos de no venir a España con motivo de esta efemérides.

Otra cosa es que el Vaticano vaya a tomar como guía de sus reformas pendientes (y anunciadas por este papa) algunas de las ideas de la mística española. Sorprende lo poco que ha avanzado la Iglesia romana en estos cinco siglos en el trato que da a la mujer. Ni siquiera el Vaticano II fue un revulsivo pese a los intentos de algunos grandes prelados. Lo cuenta Isabel Gómez-Acebo, teóloga y feminista. Pese a que el feminismo y el papel de la mujer en la Iglesia estaban en la mesa en el momento de la celebración el concilio, “fue muy difícil cambiar las mentalidades”. Para empezar, sólo fueron convocadas diez religiosas y 13 laicas, “sin voz ni, por supuesto, voto”, y solo para la tercera sesión conciliar. Muchos cardenales habían puesto el grito en el cielo por su sola presencia. Gómez-Acebo pone este ejemplo: ante las protestas de muchos obispos, que se negaban a sentarse junto a las mujeres, la organización tuvo que habilitar una cafetería solo para ellas.

Esta otra anécdota la cuenta el historiador Hilari Raguer: “A lo largo de todo el Concilio, ninguna mujer fue nombrada perita o experta. Cosa más escandalosa aún: en las celebraciones de la eucaristía con que comenzaban las congregaciones generales, se distribuía la sagrada comunión a algunos de los presentes, pero tenían que ser varones. En una eucaristía del Concilio, los periodistas católicos habían sido invitados a recibir la comunión de manos del obispo celebrante, pero cuando la periodista Eva Fleischner se puso en la fila los ceremonieros la sacaron con malas maneras del grupo de sus colegas varones”.

Fue el cardenal Leo Josef Suenens, belga, quien convenció a Pablo VI de que debía invitar a mujeres al concilio. Las resistencias fueron terribles, pero el argumento demoledor: “Las mujeres, si no me equivoco, constituyen la mitad de la humanidad”. Le replicaron con una cita de san Pablo, el primer secretario de organización del cristianismo: “Que las mujeres callen en la asamblea” (primera carta a los Corintios 14,34).

Teresa de Ávila, feminista a su manera (lo argumenta Maximiliano Herráiz, uno de sus mejores estudiosos), sobreponiéndose con coraje a los machismos de su tiempo, habría cantado muchas verdades en ese concilio, clausurado hace apenas medio siglo. Quinientos años y todo parecía seguir como en aquel tiempo. Aconsejaba a sus monjas que no se arrugasen (“Nada te turbe, / nada te espante”), y menos ante “esos negros devotos destruidores de las esposas de Cristo”. No tenía buena opinión de sus colegas fundadores, tan poderosos en el Vaticano II, todos hombres, todos empeñados en hacer cuanto antes la romería (¡a Roma, a Roma!). “Siempre nuestros Generales residen en Roma, y jamás ninguno vino a España”, escribe en el “Libro de las Fundaciones”. Ella nunca se prestó a esa romería, que afea a un general: “Es que su señoría, estando allá, no entiende lo que pasa acá”.

jueves, 5 de febrero de 2015

#hemeroteca #historia | Lo nefando de la homosexualidad

Imagen: La Jornada
Lo nefando de la homosexualidad
Revisión crítica de la transgresión sexual prehispánica
Leonardo Bastida Aguilar | La Jornada, 2015-02-05
http://www.jornada.unam.mx/2015/02/05/ls-central.html

"Y acontecía meterse en este baño (temazcal) muchos hombres y mujeres, y allá dentro, con la calor, hombres con mujeres y mujeres con hombres y hombres con hombres, usados ilícitamente. En México había hombres vestidos en hábitos de mujer y éstos eran sométicos y hacían los oficios de mujeres, como tejer e hilar, y algunos señores tenían uno y dos para sus vicios”, narra el Códice Tudela, serie de pictografías mexicas elaboradas entre 1533 y 1554, pocos años después del contacto entre españoles y culturas prehispánicas.

Otro códice del mismo conjunto al que pertenece el Tudela, el Nutall, alude a que al interior de los temazcales “usaban en estos baños otras vellaquerías nefandas, hacían bañarse indios o indias desnudos en cueros y cometían dentro gran fealdad y pecado en este baño”, sin hacer referencia explícita a actos sexuales entre personas del mismo sexo pero dejando abierta la posibilidad de que ocurrieran.

Las crónicas y documentos elaborados por los frailes evangelizadores también advierten la existencia de personas que cometen actos carnales con personas de su mismo sexo. El monje franciscano Fray Bernardino de Sahagún en el Códice Florentino, un documento recopilador del conocimiento de la cultura nahua a partir de los testimonios de hijos de nobles indígenas elaborado medio siglo después del contacto cultural, da fe de prácticas homosexuales “entre los naturales de las Indias”.

De igual manera, soldados como Hernán Cortés o Bernal Díaz del Castillo aluden a la constante ocurrencia del “pecado nefando contra natura” en los diferentes poblados por los que pasaban y en todos los sectores de las sociedades por las que transitaban.

Los dioses ambiguos
A diferencia de la visión cristiana, el panteón mexica presentaba dioses y diosas que tenían aspectos masculinos y femeninos. Centéotl (dios del maíz) o Metetotl y Mayahuel (deidades del maguey) son ejemplo de ello, pues al dios del maíz, para la fiesta Uey Tozoztli, se le representaba con rasgos de mujer y un tocado de hombre.

A la deidad que más se ha relacionado con la homosexualidad es a Tezcatlipoca o “el espejo que humea”, llamado así porque era representado con un espejo en lugar de un pie. Era muy importante en la cosmogonía mexica, pues era todopoderoso y omnipresente. Era el que regalaba bienes, aunque tenía su cara negativa porque los bienes que regalaba también los quitaba y traía dificultades, problemas y enfermedades, además de ser nocturno.

Tal vez por esa razón, sus actitudes caprichosas para sembrar discordias y sus connotaciones negativas, en algunos pasajes del Códice Florentino lo tachan de cuiloni, aunque es la única fuente que lo hace, y por tanto, no hay certeza de que haya sido concebido como tal. Como señala Doris Heyden, al ser concebido como el dios supremo, rector del destino de los hombres, y por ende ser la deidad más importante, motivó a otros frailes a pensar que en el mundo mesoamericano sí era posible el monoteísmo.

Los términos
Algunos autores han identificado una serie de palabras como xochihua, cuiloni o patlachuia como términos que describen a las personas de sabidas conductas homosexuales.

El vocablo xochihua ha sido traducido como “el que es homosexual” o “pervertido”. Literalmente significa “el que porta la flor”. De acuerdo con Sahagún, “el xochihua se vestía como mujer, hablaba como mujer, corrompía, confundía y engañaba a las personas y poseía la flor”. Algunos autores como Peter Siga han interpretado esta última frase como “el que tiene el deseo sexual”.

La palabra cuiloni, según Sahagún, significaba “puto, excremento, corrupción, pervertido, perro de mierda, mierducha, infame, corrupto, vicioso, repugnante, asqueroso, afeminado, el que se hacía pasar por mujer”, e incluso, según otros autores, el “puto que padece”, es decir, el que lleva el papel pasivo en el coito.

Sobre el término patlachuia o patlache, la definición dada por el fraile franciscano es la de “mujer inmunda, mujer con pene, poseedor de un pene erecto, la que está con una mujer, procura mujeres jóvenes, la que se ve como hombre, la que lo hace con otra mujer”. Fray Alonso de Molina, autor del diccionario Vocabulario en lengua castellana y mexicana y mexicana y castellana, dice que significa “la mujer que lo hace con otra mujer”. Este término tiene una connotación curiosa debido a que por su representación en el Código Florentino fue traducido como “hermafrodita”.

Otro vocablo encontrado en el diccionario es el de yollococoxqui (enfermo del corazón), traducido por Molina como “loco desatinado”, aunque la palabra cocoxqui, además de enfermo, también significaba homosexual o afeminado o “el que lo hace a otro”, en clara referencia al ser activo en una relación carnal.

En el mismo vocabulario, Fray Alonso refiere la existencia de la palabra cuilonyotl, que significaba “pecado nefando de hombre con hombre”, y cuilontia, cuya traducción era “comete pecado nefando”.

La existencia de dichos términos es muestra de que el tema de la homosexualidad no era ajeno a las culturas prehispánicas, sin embargo, las traducciones realizadas por religiosos y soldados podrían no reflejar el significado real de dichas palabras e impedían comprender en su totalidad cómo se concebía a la disidencia sexual en las sociedades prehispánicas.

El pecado nefando
La descripción sobre la homosexualidad en el mundo mexica prehispánico tiene diferentes aristas. De acuerdo con el historiador Guilhem Olivier, por un lado, los testimonios recopilados por los frailes muestran reacciones de asco y rechazo hacia las prácticas homoeróticas, así como cierta condena al hecho. Esto es visible en la última parte de la descripción del cuiloni elaborada por Sahagún, en la cual menciona: “Se hace pasar por mujer. Merece ser quemado, merece ser puesto en el fuego”. Al sugerirse una sanción a la conducta, los frailes, asegura Olivier, elogian de alguna manera la moral prehispánica al asegurar en sus relatos que cada vez que se descubre un acto de sodomía, es castigado.

La visión de los soldados es que en los pueblos mesoamericanos hay una permisividad social de la homosexualidad y dichos actos van muy de la mano de las ceremonias rituales donde había antropofagia, como se lo describe Hernán Cortés al rey Carlos I de España en sus cartas: “…aun allende de lo que hemos hecho relación a Vuestras Majestades de los niños y hombres y mujeres que matan y ofrecen en sus sacrificios , hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado”.

En ambos casos, tanto conquistadores como frailes traducen los términos indígenas para nombrar a las personas homosexuales como sodomitas, en franca alusión al pasaje bíblico de Sodoma y Gomorra, cuyo contenido rememora el castigo de Dios hacia los habitantes de la ciudad de Sodoma por haber “conocido” (término con el que se sobreentiende “hacer suyo”) a un par de ángeles varones.

Las palabras “pecado nefando” hacían alusión a la gravedad de la falta desde la perspectiva católica, debido a que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo atentaban contra la naturaleza de las relaciones si se tomaba en cuenta que la pareja humana primigenia había sido la de Adán y Eva.

Redefinición
Si tomamos en cuenta que los frailes y soldados provenientes de los diferentes reinos de lo que hoy en día es España estaban formados en este ambiente de persecución hacia todo aquello ajeno a la moral y costumbres católicas, la visión que se ha construido en torno a la homosexualidad en el mundo mexica prehispánico está basada en esa visión de pecado y condena de las relaciones entre hombres o entre mujeres.

Podría suceder que a partir de nuevas lecturas críticas e interpretaciones de los códices, crónicas y documentos elaborados durante las primeras décadas del siglo XVI, que no tomen en cuenta los prejuicios asentados y, por el contrario, se fundamenten en mayores conocimientos de las sociedades prehispánicas, surgiera una mejor visión sobre el tema, para a partir de allí volver a comenzar la construcción de la historia de las diversidades sexuales en México.