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martes, 29 de abril de 2025

#hemeroteca #homofobia | Virulento ataque homófobo al bailaor Manuel Liñán en redes por bailar en bata de cola y mantón: “Vicioso, enfermo y degenerado”

Manuel Liñán, en una imagen de su espectáculo 'Nómada' //

Virulento ataque homófobo al bailaor Manuel Liñán en redes por bailar en bata de cola y mantón: “Vicioso, enfermo y degenerado”

Un vídeo que recoge un minuto de una actuación del artista el sábado en Madrid se hace viral y acumula decenas de insultos y comentarios vejatorios
Mercedes L. Caballero | El País, 2025-04-29
https://elpais.com/cultura/2025-04-29/virulento-ataque-homofobo-al-bailaor-manuel-linan-en-redes-por-bailar-en-bata-de-cola-y-manton-vicioso-enfermo-y-degenerado.html

“De horror ver a este maromo de esa guisa”. “No jodan, esto es lo último que me quedaba por ver, no se le enreden los hue... en el vestido!”. “¿Esto es en serio o es alguna broma?”. “Prefiero interpretarlo como que fue una reunión de amigos y uno de ellos, el más gracioso con unas copas de más, protagonizó la escena con la bata y el mantón (pobre mantón) prestado de la hermana”. “Vicioso, enfermo, degenerado”. “Para mí, un mamarracho”. Esto son algunos de los 504 comentarios que recibió una publicación de la revista digital Deflamenco.com en la red social Facebook entre la medianoche del pasado sábado, 26 de abril, hasta las 19.00 del domingo, 27, cuando el responsable de la revista, Rafael Manjavacas, decidió borrarla tras la cantidad de insultos y mensajes homófobos que estaba acumulando.

El origen estaba en un vídeo que recogía un minuto aproximadamente de la actuación que el bailaor y coreógrafo Manuel Liñán (Granada, 44 años) ofreció el sábado en los Teatros del Canal de Madrid, dentro del II Festival de la Guitarra. El bailaor, invitado por el guitarrista Manuel Valencia, interpretó unas cantiñas vestido con bata de cola y mantón, una de sus señas de identidad como artista. Ganador del Premio Nacional de Danza en 2017, entre otros muchos galardones, Liñán es reconocido internacionalmente como uno de los creadores más destacados del flamenco contemporáneo.

El vídeo se había hecho viral en Facebook y durante el poco tiempo que estuvo publicado había acumulado 101.000 visualizaciones, según Manjavacas. La revista lo publicó también en sus cuentas en Instagram y TikTok, donde sigue publicado y también ha recibido comentarios homófobos, aunque con menos virulencia que en Facebook. Este lunes por la mañana, la revista ha decidido volver a publicarlo en esta red social y enseguida han empezado a replicarse los insultos.

A lo largo del domingo, Liñán recopiló capturas de los insultos en Facebook y envió algunas de ellas a Manjavacas. “Vi el vídeo publicado y leí los primeros comentarios. Comprobé que una vez más se generaba debate sobre el trabajo que hago, pero dentro de lo normal. Me viene pasando habitualmente y al principio solo le di la importancia justa. Pero seguí leyendo y comprobando que la cosa se ponía muy fea. El vídeo se había hecho viral y, aunque entre los primeros comentarios había algunos que defendían mi trabajo, luego ya eran todos insultos y vejaciones. La situación me desbordó”, explica por teléfono el bailaor. Fue entonces cuando decidió enviar las capturas al director de la revista. “Necesitaba compartir mi asombro y tristeza, Rafael [Manjavacas] es un gran amigo”, comenta.

Al recibir las capturas, Manjavacas tomó la decisión de eliminar la publicación en Facebook. “Me preocupé mucho. No es la primera vez que una publicación de un artista flamenco que abre nuevos caminos en la creación genera debate en nuestras redes sociales, pero rápidamente me di cuenta de que ese vídeo que grabé y subí se había hecho viral y los comentarios se escapaban a nuestro público y seguidores habituales. Eliminé la publicación por cariño y protección hacia Manuel, aunque ahora me arrepiento porque se trata de un reflejo de lo que está pasando. Es increíble. En Instagram y TikTok también pueden leerse comentarios, aunque no con un tono tan elevado como los de Facebook. Afortunadamente, Manuel hizo capturas”, explica Manjavacas.

“Estoy asustado, preocupado”, confiesa Liñán. “¿Y si un día alguna de estas personas que han dejado esos comentarios va al teatro a verme y me espera en la puerta?”.

Liñán viene abriendo nuevos caminos en la danza flamenca, como hacen otros colegas de la creación actual, como Rocío Molina e Israel Galván, desde hace años. Cuenta que es consciente de que la parte más ortodoxa de la profesión cuestiona su trabajo y no empatiza con él. “Pero siempre me he sentido respetado por el público”, apunta. Tan es así que su espectáculo Viva!!, estrenado en 2019, en el que Liñán y seis bailaores más bailan travestidos para cuestionar estereotipos de género, sigue cosechando éxitos, llenos y público en pie por allí por donde pasa.

“Con ese espectáculo, cuando visitamos Nueva York, en 2022, pasó algo parecido. La marca Nike se puso en contacto conmigo para usar una foto donde salíamos los siete bailaores vestidos ‘de mujer’ para una campaña de inclusión que estaban realizando. Los comentarios en la publicación de esa foto también fueron alarmantes. Por eso, en esta ocasión, no he querido dejarlo pasar. Mi deber pasa por denunciarlo para ayudar a que se pueda avanzar”.

Desde 2015, año en el que se estrenó la obra ‘Nómada’ y el bailaor aparece por primera vez con una bata de cola bailando unos caracoles, Liñán viene explorando la identidad de género en el flamenco a través de un sólido discurso que ha ido desarrollando de manera más amplia con obras como ‘Reversible’ (2016), ‘Viva!!’ (2019), el documental ‘Flamenco Queer’, realizado por la revista ‘The New Yorker’, y Muerta de amor (2024), su obra más reciente.

“Este nuevo ataque afecta mucho. Hace que acabes cuestionándote por qué haces lo que haces, cosa que no debería pasar. Sé cuál es mi discurso, quién soy, de dónde viene mi obra. Pero es inevitable. Mi chico también está muy afectado, cómo no lo va a estar. Son delitos de odio, vejaciones, hacia algo que va mucho más allá de que lo que hago en un escenario, que puede gustar o no”, subraya.

Preguntado por si ha denunciado los hechos en la propia red social, Liñán confiesa que aunque esa era su intención, no ha podido hacerlo al haberse borrado la publicación. “Sé que Rafael quiso protegerme al eliminarla. Todo esto es muy grave y a uno le desborda y acaba no sabiendo qué es lo mejor”. Cuenta Liñán que en una ocasión anterior sí pudo denunciar este tipo de comentarios en otra red social. “Fue con la obra Nómada, en YouTube. Ahí bailé por primera vez con bata de cola y también se llenó de insultos. Lo denuncié y la red borró los comentarios”.

“Es inaudito que sigan pasando estas cosas”, añade Manjavacas. “Manuel Liñán baila con mantón y bata de cola cuando quiere, como en su momento Carmen Amaya salió bailando con pantalones y se convirtió en la primera mujer que lo hizo”.

jueves, 30 de noviembre de 2023

#hemeroteca #queer #danza #flamenco | Flamenco punk y género fluido en el Ballet Nacional

El País / Ensayo de 'Afanador' en la sede del Ballet Nacional //

Flamenco punk y género fluido en el Ballet Nacional

La formación estrena en Sevilla un rompedor espectáculo inspirado en la estética del fotógrafo Ruvén Afanador
Mercedes L. Caballero | El País, 2023-11-30 *** [MyNews]
https://elpais.com/cultura/2023-11-30/flamenco-punk-y-genero-fluido-en-el-ballet-nacional-de-espana.html

Posiblemente, el Ballet Nacional de España (BNE) esté a las puertas de lo que será uno de los grandes acontecimientos de la temporada escénica. Pero también de los tres años que lleva dirigiéndolo Rubén Olmo (Sevilla, 43 años) y hasta de los 45 de trayectoria que la agrupación pública estatal está a punto de cumplir: Marcos Morau (Ontiyent, Valencia, 41 años), director de la compañía La Veronal, creador escénico contemporáneo y en principio ajeno al flamenco y a la danza española (pero no a montar obras para grandes colectivos), y el coreógrafo más internacional y solicitado del país, ha ideado para el BNE un espectáculo. Se trata de ‘Afanador’, y con el título de la pieza entra en juego el tercer hombre de esta singular ecuación: el de Ruvén (con “v”) Afanador (Bucaramanga, Colombia, 64 años), reputado fotógrafo internacional afincado en Nueva York, que además de llevar a las portadas más punteras el rostro de estrellas de cine y ‘top models’ desde hace décadas, cayó rendido al flamenco y lo registró en dos libros de factura de lujo y estética absolutamente fascinante de flamenco punk futurista en escenarios desérticos de Andalucía: ‘Mil besos’ (2009) y ‘Ángel gitano. The men of flamenco’ (2014). Dos dispositivos de costumbrismo rupturista en blanco y negro que despliegan sensualidad y dinamitan estereotipos. “Tanto él como yo nos acercamos al flamenco con una admiración y un desconocimiento que nos permite estirar el margen para llegar a deformarlo”, explica Marcos Morau. “Tenemos algo en común y es que no copiamos la vida, sino que la inventamos”.

La entrevista se desarrolla en la sede del Ballet Nacional de España, en Madrid, en vísperas del gran estreno de mañana en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. En una sala, un grupo de bailarines con falda larga negra ensaya a las órdenes de Morau y ante la mirada de Olmo. En un banco, junto a otros miembros de las dos compañías, el BNE y La Veronal (“Me llevo a parte de mi equipo cuando monto para otras agrupaciones”, aclara Morau), descansa la publicación ‘Ángel gitano’, de la que asoman numerosos papelitos amarillos, que seguramente señalan ideas y momentos clave. Morau se desplaza por la sala mientras da indicaciones que los bailarines reciben y devuelven con sus cuerpos y con más preguntas. Del encuentro se desprende diálogo y reciprocidad. También entusiasmo. “La confianza es muy importante”, declara Morau, “no están acostumbrados a esta manera de trabajar basada en la improvisación y en la búsqueda, en dejar las cosas flotando y unirlas en algún momento, y hay una apertura y generosidad muy grandes”.

¿Y cómo está resultando la mezcla de lenguajes? “No se trata de que ellos bailen con el lenguaje de La Veronal, pero sí de que nos alimentemos en dos direcciones. Hemos llegado a un acuerdo: cómo entiendo yo el cuerpo y cómo conocen ellos el cuerpo. Se abren ventanas y noto cómo buscan la disociación, el cambio de foco… Por mi parte, nunca antes había trabajado con unos bailarines con semejante capacidad rítmica, con esa velocidad de pies y una particular manera de escuchar la música y trabajar el compás”, responde el coreógrafo. Afanador cuenta con música original de Juan Cristóbal Saavedra, música en directo (cante, guitarras y percusión) e interpretación de todo el elenco de la compañía, formado por 33 bailarines. Tras su estreno en Sevilla podrá verse en Madrid (febrero de 2024), Pozuelo de Alarcón (abril de 2024) y Valencia (junio de 2024).

Si en ‘Mil besos’ son mujeres, cantaoras y bailaoras de flamenco como Esperanza Fernández, Eva Yerbabuena y Matilde Coral son quienes inmortalizan las imágenes de Ruvén Afanador, en ‘Ángel gitano’ son ellos, Israel Galván y el propio Rubén Olmo, entre otros hombres de la profesión, quienes ocupan las páginas del libro. Más allá del binarismo, que también estará presente en escena, el género fluido empapa buena parte del montaje. Tal y como pasa en el libro habrá faldas, hombres con pezoneras, ropa interior y un juego de transformación y anulación de género. “Para mí, aquella sesión de fotos para el libro fue muy especial. Hacia el final del espectáculo, bailo tres minutos la escena de cómo se preparó la fotografía en la que salgo con el mantón y que responde a la muerte del cisne”, apunta Olmo. “Me mandó la grabación el propio Afanador”, cuenta Morau, “y aunque el espectáculo salta hacia otros lugares a partir de su universo, sí está esa mirada oblicua hacia el flamenco”.

Confiesa el coreógrafo que cuando hizo la primera videollamada para comentarle este proyecto (Afanador en Nueva York, Morau en España), el artista colombiano se mostró ilusionado y muy generoso. “Imagínate que me dijo: ‘Para mí es un honor que la gente más joven se inspire en mi trabajo. Disfrútalo, pásalo bien, estoy contigo y te veo el día del estreno”. Está previsto que Ruvén Afanador vuele a Sevilla para las representaciones en el Maestranza.

Preguntados por la singularidad de que un creador de danza contemporánea estrene en el Ballet Nacional de España en lugar de, por ejemplo, la Compañía Nacional de Danza, que dirige Joaquín de Luz, la otra agrupación pública estatal y tal vez, en principio, más afín a un lenguaje contemporáneo, ambos, Morau y Olmo, lo tienen claro por razones diferentes aunque complementarias. “Forma parte de la línea que mantiene el BNE entre la tradición y la vanguardia, las raíces y la apertura. Es una manera de crecer todos juntos. El Ballet Nacional de España es de todos y, por lo tanto, nos debemos a todos”, explica Olmo. “Yo creo que el Ballet Nacional de España es más moderno y abierto que la Compañía Nacional de Danza en estos momentos. Los bordes de las artes están más diluidos que nunca y es fundamental que nos crucemos y estemos interconectados. Me siento muy honrado de estar aquí”, declara Morau.

Gala y documental
Otra fecha se alza flagrante en el calendario del BNE en diciembre: el de la gala del 45º aniversario de la compañía, los días 21 y 22 de diciembre en el Teatro de la Zarzuela. “Me dieron solo un día pero rescaté otro quitándolo de los que tenemos para ensayar”, apunta Olmo. En escena, cuatro números de obras de repertorio de la compañía y el estreno del documental ‘Todo un pasado por delante’, del cineasta Emilio Belmonte, con música en directo de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. “La película recoge la historia de la compañía, pero sobre todo el momento actual, con entrevistas a algunos de sus directores o viajes”.

La Veronal también tiene una agenda propia que llevará a la compañía por escenarios de medio mundo con actuaciones cerradas para los próximos cinco años. “Soy afortunado”, declara Morau. “Y aunque yo esté dentro de ese circuito de creadores que sí son programados, soy consciente del problema que existe con la danza contemporánea y de quienes la programan, como apuntaba Daniel Abreu” (se refiere Morau a unas declaraciones que el coreógrafo canario dio a este periódico el día 3). “Hay cinco o seis festivales y teatros en Europa que son los que deciden la programación y los demás la repiten. Vivimos en la cultura del plagio en muchos sentidos. Benditos los que somos programados, pero benditos también quienes somos conscientes de lo que pasa y de que no está bien que pase”, explica.

viernes, 12 de agosto de 2022

#hemeroteca #gais #testimonios | Miguel Poveda: “Nunca he ocultado mi manera de amar”

La Razón / Miguel Poveda //

Miguel Poveda: “Nunca he ocultado mi manera de amar”.

Hablamos con el artista de su adorado hijo y de proyectos en ciernes, antes de su actuación del 27 de agosto en Starlite, Marbella.
Amparo de la Gama | La Razón, 2022-08-12
https://www.larazon.es/gente/famosos/20220812/3xo6kbxjyvejblcq43wksi3ezi.html 

Miguel Poveda está como nunca. El maestro del cante, vuelve con un gran cartel y se sube a las tablas de la cantera de Nagüelles. El concierto de Starlite será el próximo día 27 de agosto. El cantante ofrecerá un concierto repleto de sorpresas con canciones inéditas, algunas de ellas realizadas en el confinamiento y ya se lo tiene vendido casi todo. El cantante habla con La Razón y se ríe a carcajadas cuando nos dice: «Y hasta es posible que veáis a Ángel mi niño, entre el público, aunque él es más de los Planetas que del cante jondo de su padre». Su único hijo Ángel, nacido en California hace 7 años, gracias a un vientre de alquiler, «es mi ser de luz. Mi amor por él no tiene límites y estoy muy orgulloso de cómo es, e intento protegerlo lo que puedo. Vivo con el enano en una burbuja de amor y paz».

Miguel Poveda pasa con su hijo el verano en la urbanización El Paraíso de Estepona, donde residen: «Y como su nombre indica estamos en el paraíso, con el niño disfruto un montón. Ya tiene siete años, va al colegio y es el mejor compañero que he encontrado en el camino». El artista expresa devoción por Miguel Ángel. «Es la pureza más absoluta delante de mis ojos. Es muy cariñoso, muy bonito, sabe mi profesión y yo charlo con él como si fuera un adulto. Con él lo he hablado todo: desde cómo vino al mundo, hasta nuestra manera de vivir. El niño tiene un contacto continuo con la madre gestante. El pequeño y yo tenemos un vínculo tan fuerte de amor, que todo se entiende», detalla a este medio.

El visado a la felicidad
Ser flamenco para Miguel Poveda es sentir: «Vivir ese flechazo para todo: la alegría, la pena, el dolor, el amor y que se fusionen en una sola cosa». El cantaor catalán, que tiene en el mercado «Diverso», un disco donde interpreta otros ritmos del mundo, además de flamenco está triunfando. Desde que inició su gira en febrero, en el Teatro Real de Madrid, no ha parado: «Ahora por fin en Starlite Catalana Occidente, que durante estos años por el Covid no he podido estar, pero lo he cogido este año con muchas ganas».

Él cuenta siempre en las entrevistas, que es consciente de que su voz ha sido el pasaporte a la libertad y el visado a su felicidad, porque a través de ella se ha podido edificar interiormente. Con el tiempo, ahora con sus cincuenta años, su ansia por llenar conciertos sigue siendo una prioridad, pero no el único cometido. Sabe que su voz es un don y quiere que esa magia no se rompa y le dure de por vida. Y por eso se cuida. Y mucho.

Cuando le preguntamos si se considera «cantaor o cantante», él dice que es las dos cosas. Lo tiene muy claro, porque ahí está como espejo, ese niño que empezó a cantar a los 15 años en locales de Badalona hasta que a los 20, a la vuelta del servicio militar, ganó el festival de cante de Las Minas de La Unión, y desde entonces hasta ahora, puristas y transgresores del flamenco le adoran. Precisamente, en la gira que le subirá al escenario de Starlite el próximo sábado día 27, realizará un viaje musical que incluye el flamenco clásico y termina con un compromiso social y personal por el cuidado del planeta y la diversidad del amor.

Flamenco y «Diverso», como su nuevo disco no es un juego de palabras. Miguel jamás ocultó su manera de amar. No tuvo que salir del armario, porque como él dice, «nunca estuve dentro». Pero, eran tiempos en los que explicarles a unos padres como los suyos, lo que era la homosexualidad, no era fácil. «Pero él con el corazón se explica todo muy bien y una vez que lo entendieron, vieron que yo seguía siendo él mismo y que no pasaba nada». Miguel ha puesto en su nuevo disco toda la pasión, de la que es capaz de poner un ser humano, a quien le gusta hacer un homenaje a los suyos. Y así ha rescatado canciones que escuchaba de adolescente en la radio de su madre, «canciones que nunca se olvidan».

Miguel es muy activo en las redes sociales y cada poco tiempo, estampa en su muro fotografías del poeta Federico García Lorca que ha sido el «leit motiv» en su vida. Dice que, para él, el poeta granadino, «es un amigo, una pareja, un hermano y conocer su obra y poder cantarla ha sido un viaje espiritual». Miguel Poveda se abre en canal como Lorca, pero le gusta mantener la intimidad de sus amores por «respeto al otro y su entorno» y lo único que comenta es que: «Soy muy enamoradizo, mucho. Pero eso ya lo sabéis», zanja a La Razón con una sonrisa.

domingo, 3 de julio de 2022

#hemeroteca #trans #testimonios | La Petróleo y La Salvaora, dos revolucionarias con peineta

Diario de Cádiz / La Petróleo y La Salvaora //

La Petróleo y La Salvaora, dos revolucionarias con peineta.

En su libro 'La doble transición', el sevillano Raúl Solís Galván dedica un capítulo a las dos artistas gaditanas que recientemente han visto inaugurada una calle con su nombre en su ciudad. El escritor y periodista cede a 'Diario de Cádiz' la publicación de este capítulo íntegro.
Raúl Solís | Diario de Cádiz, 2022-07-03
https://www.diariodecadiz.es/cadiz/Petroleo-Salvaora-revolucionarias-peineta_0_1697832215.html

No hay nadie en Cádiz que no las conozca. La Petróleo (Cádiz, 1944) y La Salvaora (Cádiz, 1951), con artículo determinante delante del nombre, no han conocido en su vida otro estado que la libertad. No hay gaditano o gaditana que no las quiera, que no las admire, que no las respete y que no las sienta como patrimonio de la ciudad que cada año le canta a la libertad en Carnaval.

Son más famosas que la Constitución de La Pepa de 1812, época a la que hay que remontarse para explicar por qué en la ciudad en la que nacieron ambas, con siete años de diferencia, la libertad se respira con la misma intensidad que el salitre que te saluda en la cara nada más pisar el Puente de Carranza, uno de los que da acceso a la capital gaditana, el único hasta 2015, fecha en la que se inauguró el segundo puente que ha conseguido desatascar de tráfico a la entrada de la ciudad. La Petróleo y La Salvaora, nacidas en intramuros, “de Puerta Tierra p’adentro”, son libres porque sí, porque les da la gana, porque no han sabido ser otra cosa, porque sus madres las parieron así. No se entiende a la una sin la otra.

No responden a ningún tratado ideológico, ni son encasillables en ninguna ortodoxia, ni han militado en otra cosa que no sea su propia vida. Ni falta que les hace. Ni siquiera saben que han cambiado el mundo, el suyo y el nuestro. Son dos revolucionarias cotidianas, de diario, dos heroínas de la normalidad que han hecho de su sola existencia una bandera de libertad. Petróleo y Salvaora, uña y carne, se conocieron en el único bar donde recalaban los mariquitas de la bahía de Cádiz durante la tiniebla franquista. Las mujeres transexuales no nacen con 18 años. Ellas eran transexuales desde que nacieron, aunque, sin referentes, no sabían ponerle nombre a lo que les ocurría y pensaban que eran mariquitas.

Petróleo, con 19 años, vio entrar en el mítico Bar Constancia, situado en el barrio Santa María, a Salvaora, una criatura de 13 años con hechuras de marinero pero con andares y mirada de niña ávida de ser comprendida, de encontrar referentes, de socializar en ámbitos donde ser una más sin ser señalada y ponerle un poco de luz a la oscuridad de los años 60 y a su necesidad imperiosa de reivindicarse como mujer.

En el Bar Constancia, refugio de la disidencia sexual gaditana, se enamoraron por primera vez de los soldados, marineros y legionarios que iban a buscar en las luces de neón los placeres mundanos prohibidos por la moral ultracatólica de la dictadura. “Eran muy machos, muy varoniles; no eran homosexuales”, apostilla Salvaora, como en un intento de buscar la normalidad heteronormativa, dejando caer que a ella siempre le han gustado los hombres heterosexuales, como a las mujeres de toda la vida. Petróleo, a la que expulsaron de la escuela a los 10 años porque el maestro la pilló jugando a las casitas, y Salvaora firmaron en aquel bar de luces tenues de Cádiz una hermandad de por vida. Era el año 1963 cuando se hicieron amigas inseparables, hermanas, cómplices, compañeras de tablao, dúo musical, aliadas, confidentes, camaradas de hormonas y militantes de la libertad. La democracia ni se divisaba y España todavía se sacudía sus heridas del golpe de Estado fascista que acabó con la democracia en 1936, pero ellas ya vivían por encima de la libertad de un régimen franquista que castigaba la disidencia con prisión, tortura y exilio. Petróleo y Salvaora hicieron de la irreverencia su ideología, aunque estuviera prohibido.

Salvaora, peluquera de una familia humilde de tres hermanos e hija de una madre soltera que cosía para la calle, creció sin la protección y cariño de su padre, un médico cirujano de renombre que abandonó a su madre al quedar embarazada. En una España profundamente machista y patriarcal, quien vivió señalada fue la madre de Salvaora, por ser madre soltera, y no el padre que desatendió sus responsabilidades de crianza. Petróleo, también hija de una madre soltera, nació en una familia a la que no se le podía llamar ni sencilla, porque era pobre de solemnidad. En una habitación de 30 metros cuadrados, sin baño, creció entre literas la familia de Petróleo: su madre, sus tres hermanos y un tío. La dureza económica no sería impedimento para que las familias de Petróleo y Salvaora aceptaran a sus respectivas hijas. “Éramos muy femeninitas, yo me meneaba que parecía una hamaca”, dice Petróleo, con una sonora carcajada que bien podría ir dedicada a los miopes y estúpidos que la expulsaron de todos los colegios a los que la apuntó su madre y que no supieron ver que aquel “niño mariquita”, como la llamaban, al que condenaron al analfabetismo, no podía comportarse de otra manera que como lo que era, una mujer de los pies a la cabeza. Y desde que nació.

Reinas del Carnaval
Desde aquel sábado de 1963 en el que se encontraron en el único bar de Cádiz donde se reunía la comunidad LGTB, Salvaora y Petróleo han sido inseparables: “Como hermanas”, aseguran Salvaora y sus enormes ojos azules que volvían locos a los hombres en sus años mozos. Aquel sábado en el que se encontraron les cambió la vida y también ellas cambiaron a la misma vida, haciéndola más amable, valiente, atrevida, multicolor y tierna. Por separado no podían, pero juntas hicieron una revolución sin bajas, sin tanques, sin fuerza bruta, sin heridos, sin muertos, sin partes de guerra, sin fosas comunes, sin ejército y sin armas de fuego.

Sólo necesitaron el amor, la ternura, el humor, la desobediencia y las ganas de ser libres para conquistar el derecho a su propia identidad. Antes de que tuviera lugar la efervescencia europea de Mayo del 68 y los disturbios de 1969 por la libertad sexual en el barrio neoyorquino de Stonewall, que inauguraron la lucha moderna por los derechos de las minorías sexuales, Petróleo y Salvaora ya desafiaban la normatividad presentándose a los concursos informales de reina del carnaval que se organizaban en los patios de vecinos del populoso barrio gaditano de La Viña, entre la complicidad de las vecinas que cantaban y el poderío intuitivo de la inteligencia popular andaluza.

Con que sólo un vecino hubiera llamado a la policía franquista, Salvaora y Petróleo podrían haber ido a dar con sus huesos a la cárcel como lo hicieron tantas y tantas mujeres transexuales; pero Cádiz fue, es y será siempre diferente. Jamás un vecino del barrio humilde y pescador de La Viña traicionó la libertad y se fue de la lengua a las autoridades franquistas de que, entre el gentío y la bulla popular de los patios de vecinos, se fomentaba que dos mujeres, oficialmente varones en el registro civil, se presentaran a tan ilustres certámenes que retaban, mediante la alegría, el desacato, la parodia y el bullicio, las estrecheces morales e hipocresía de un régimen que no sabía toda la potencia subversiva que tenían los trajes de volante y lunares, y las peinetas de Petróleo y Salvaora.

No es que ya nadie se chivara de que Salvaora y Petróleo andaban vestidas de mujer en la intimidad de los patios de las casas de vecinos de La Viña, el barrio carnavalero por excelencia que mira al Atlántico a través de la playa de La Caleta, es que fueron elegidas reinas del carnaval en más de una ocasión. Petróleo y Salvaora jamás han recibido un solo insulto de sus familias. Ni en los duros años de la dictadura ni en los años más blandos, si es que el fascismo español tuvo algún año blando. Ni siquiera les ha hecho falta adecuar su documento nacional de identidad al nombre social con el que se las conoce porque, en una sociedad tan comunitaria como la gaditana, no les hace falta ningún documento oficial para hacer saber que son dos mujeres de la misma robustez que la piedra ostionera con la que están construidas las casas humildes y sencillas del barrio, donde aprendieron a ser mujeres y a cantar y bailar de la mano de los gitanos gaditanos. “A nosotras nos enseñaron a bailar y cantar los gitanos de La Viña”, dice ufana Salvaora.

El único episodio negativo que dicen recordar le ocurrió a Petróleo en unos carnavales. Hubo muchos más episodios negativos, seguro, pero ellas han decidido sólo contar lo bueno y teatralizar su vida para sobrevivir. Petróleo iba vestida de mujer por la calle, con su meneo de cintura de hamaca, cuando un guardia civil la detuvo y la llevó a comisaría: “Me dijo que no volviera a vestirme de mujer, pero me dejó salir con la misma ropa con la que entré”, narra con una risa desternillante. “¿Sería carajote el gachón?”, prosigue Petróleo, quien en realidad, al igual que Salvaora, a pesar de su desenfado y sentido del humor, ha sufrido no poder ser ella misma hasta que murió el dictador. “Con el tito Paco vivo sólo nos vestíamos de mujer por la noche, para ir a trabajar a los espectáculos, pero cuando murió el feo ese nos vestíamos de mujer hasta para ir a comprar el pan”, señala Salvaora, quien, con su inseparable Petróleo, iba a las obras del puerto de Cádiz a buscar ladrillos para romperlos y maquillarse con el polvo rojizo que salí al estrellarlos contra el suelo. Y las uñas, como no podían comprarlas postizas, se las ponían con chicles estirados como si fuera plastilina. “Y quedábamos bien guapas, pisha”, dice Petróleo, ‘meá’ de la risa.

Así, pintadas con el rojo de los ladrillos y con las uñas postizas de chicle, se contoneaban delante de los soldados, legionarios y marineros que paraban en el Bar Constancia, donde la luz baja les dejaba ser las mujeres que la dictadura no les permitía ser en la calle. “Yo en el franquismo vivía muy bien”, dice Petróleo delante de su hermana Encarnación, quien la corrige: “¿Cómo ibas a vivir bien si te robaron lo más preciado que tiene el ser humano, la libertad?”, le grita desde la otra punta del salón. Petróleo se queda pensativa, al borde de la tristeza, pero no se entretiene en esa búsqueda en el sufrimiento que le está recordando su hermana, con la que vive en un modesto piso del barrio de La Viña por el que pagan 137 euros de alquiler. Demelza, sobrina de Petróleo, confirma que su tía nunca ha contado lo malo que ha vivido: “Es como si no quisiera recordar para no sufrir”, reconoce.

Embajadoras de Andalucía
La vida de Petróleo y Salvaora cambia radicalmente en el año 1977, en plena Transición, después de muchos años de cantar y bailar en salas de fiestas de provincias por cuatro perras gordas. Ya se han empezado a poner sus primeras hormonas, recetadas por un médico amigo que fue el cómplice de ambas en su camino hacia la conquista de la propia identidad. Viven como mujeres y sus nombres cada vez son más conocidos en los circuitos artísticos. Son respetadas, valoradas y las caderas se les van ensanchando y los pechos creciendo, como resultado de las hormonas que están transformando sus cuerpos en los de las mujeres que siempre quisieron ser, que son. Manuel Portela, representante de artistas gaditanos, una institución en el sector, les propone montar un cuadro flamenco. Nacen así Las Folclóricas Gaditanas, formado exclusivamente por mujeres transexuales y dos guitarristas gitanos. Una revolución de la que se hicieron eco todos los medios de comunicación gaditanos y de las ciudades a las que iban a actuar.

"Llenábamos todas las salas donde íbamos, éramos un escándalo”, afirma orgullosa Salvaora. Por cada noche de actuación ganaban 5.000 pesetas, una auténtica burrada en aquellos años en los que el sueldo mínimo profesional era de 13.200 pesetas. Tal fue el éxito que Salvaora cerró su peluquería, oficio que había estado compaginando hasta el momento con las actuaciones de poca monta que les iban saliendo por las salas de fiesta de la provincia.

Con Las Folclóricas Gaditanas estuvieron en Madrid, País Vasco, Cataluña, Valencia, Extremadura y en todas las provincias andaluzas. A diferencia de otras artistas transexuales, que imitaban y cantaban en playback, Petróleo y Salvaora lo hacían a viva voz con canciones de Lola Flores, Marifé de Triana, Juanita Reina y todas las grandes de la copla andaluza. “Ponlo ahí, ponlo, pon que nosotras cantábamos con esto”, me sugiere Salvaora, llevándose la palma de su mano a la garganta.

Ganan mucho dinero, muchísimo, y son admiradas y aplaudidas allí donde van. Salvaora se administra mejor y se compra algunas propiedades, Petróleo se lo va gastando tal como lo va ganando. “Yo era más loca que la Salvaora”, dice, sin parar de morirse de la risa. Salvaora hoy vive holgada, Petróleo se las ve y se las desea para llegar a fin de mes con la pensión mínima que recibe.

Lejos de arrepentirse, Petróleo se muestra orgullosa de la administración que ha hecho del dinero que ganó: “A mi familia no le faltaba de nada, que habíamos pasado muchas calamidades”, espeta en el salón de casa, entre el ruido de los platos y vasos de la comida que está recogiendo su hermana. En 1978 estamos ya en democracia o, mejor dicho, en los primeros años de la entrada a una democracia en la que la ultraderecha seguía agrediendo a mujeres transexuales por la calle y estas seguían siendo expulsadas de casa y de los colegios por no adaptarse a la normatividad imperante. La democracia había llegado, pero el único trabajo posible para las mujeres transexuales era el espectáculo o la prostitución.

El éxito artístico de Petróleo y Salvaora con el cuadro flamenco Las Folclóricas Gaditanas eleva sus vuelos. En el año 1986 firman un contrato de auténticas estrellas de la copla que las lleva a estar más de dos años en Miami. De cobrar 5.000 pesetas pasan a cobrar 12.000 por cada noche de actuación en Estados Unidos. Lo que ganaba un peón de albañil en un mes, 20.800 pesetas, ellas lo ganaban en dos noches. En una semana, Petróleo y Salvaora ganan más de lo que ingresaba por su salario un directivo de banca en un mes. Actúan todas las noches en una sala de fiestas a la que acude la colonia cubana exiliada de Fidel Castro, que quedan embobados con el arte de las gaditanas. Ambas se enamoran de un cubano, cada una del suyo, con quienes viven el amor de una manera normalizada como no lo habían podido hacer en España. Sin embargo, el amor no las ciega. Salvaora y Petróleo dejan a los novios cuando se acaba el contrato y regresan a Andalucía. El amor por su Cádiz era más fuerte que el amor cubano. La noche más memorable de todas las que pasaron en Miami fue la que acudió a verlas la mismísima Lola Flores, que andaba de gira por Estados Unidos y le habían hablado de dos gaditanas que llenaban día sí y día también la sala de fiestas. La jerezana universal se quedó tan maravillada de Salvaora y Petróleo que se acercó a los camerinos a saludarlas al terminar la función.

Allí nació una amistad que se fortificó al día siguiente en el hotel donde estaba hospedada Lola Flores, con un puchero de dimensiones astronómicas de berza gitana, un potaje típico de Cádiz que revive a los muertos, que cocinó Petróleo y para el que buscaron todos los avíos por los supermercados de Miami. Petróleo pasó toda la noche cocinando el potaje en su casa y lo llevó en un coche al día siguiente al hotel en el que se hospedaba la Faraona. Allí, en la habitación de Lola Flores, se jartaron de berza gitana, cantaron, bailaron y hablaron de Andalucía. Los ardores del potaje les duraron una semana. “Qué ardentías tuve, pisha”, rememora Petróleo.

Peinetas revolucionarias
Mientras el franquismo había usado la cultura popular andaluza para convertirla en la identidad oficial del régimen –consiguiendo con ello que los antifranquistas la odiaran porque la relacionaban directamente con el dictador–, Petróleo y Salvaora la usaron para darle un nuevo significado. Se valieron de la cultura popular andaluza, y de sus símbolos, para luchar a su manera contra el franquismo, resignificando las peinetas, los trajes de gitana, los abanicos y los lunares; de una brutal inteligencia intuitiva que no se ha estudiado lo suficiente en las facultades de Antropología.

Que el franquismo fue derrotado, y que Petróleo y Salvaora han ganado y conquistado la libertad, y el respeto y el cariño de todos los que las conocen, quedó plasmado en un pleno extraordinario convocado por el alcalde de Cádiz, José María González ‘Kichi’, en junio de 2016, para homenajear y dignificar a estas dos mujeres que tanto han luchado para poder ser quienes son. “Fue una de las cosas más bonitas que me han hecho en la vida”, dice Petróleo sobre el acto de justicia poética que toda la ciudad, a través de su alcalde, aplaudió y les dijo que su lucha por la libertad sí había servido, que su valentía había abierto las puertas para las nuevas generaciones, que su ciudad estaba en deuda con ellas y que hoy somos un país más libre gracias a su arrojo y su militancia cotidiana en la causa de la libertad.

La prueba de que las vidas de Salvaora y Petróleo han merecido ser vividas es andar con ellas por las calles de Cádiz, preguntar a sus vecinos y no encontrar a nadie que hable mal de ellas. Nadie es nadie. A sus 73 y 67 años, respectivamente, Petróleo y Salvaora no tienen intención de someterse a un proceso en el que las tratan como enfermas psiquiátricas para modificar sus documentos nacionales de identidad en virtud de la ley registral de 2007, que fue un avance en su momento, pero que hoy patologiza las identidades trans al obligar a estas personas a mostrar un informe psiquiátrico alegando que no están locas para poder modificar su nombre en el registro civil. Quizá la intención de la ley fue buena, pero el resultado es que ha postergado la discriminación contra las personas transexuales porque no las hace dueñas de su destino, sino que es un psicólogo o un psiquiatra quien tutela y les dice si son mujeres o no. Salvaora y Petróleo no necesitan cambiarse el nombre del DNI porque viven en una ciudad de dimensiones humanas, donde son toda una institución. Pocos gaditanos y gaditanas pueden presumir de haber sido carne de letra de carnaval desde el cariño y el respeto. Ellas dos lo han sido muchas veces, siempre como banderas de libertad y valentía.

Si nacieran ahora, ambas aseguran que volverían a recorrer el mismo camino que han andado y a las dos les gustaría nacer en los mismos cuerpos en los que nacieron. O bueno, igual, igual, tampoco: “Yo me operaría, me pondría más exótica”, se explica Petróleo con una ternura que dan ganas de abrazarla y no soltarla. Salvaora y Petróleo son dos mujeres muy sencillas, pero han conseguido abrir las puertas de la libertad para ellas y para todas las generaciones que vengan detrás. Salvaora y Petróleo son dos revolucionarias de la normalidad, de los afectos, del amor, de la libertad, de la camaradería, de la guasa gaditana y de la inteligencia intuitiva de las clases populares andaluzas, que no necesitan libros de instrucciones ni discursos elaborados para conquistar la libertad. Volverían a hacer dos, tres y hasta cuatro transiciones si al final del camino el premio es el reconocimiento social que han conquistado siendo ellas mismas, sin más banderas que su propia existencia.

viernes, 24 de junio de 2022

#hemeroteca #queer #flamenco | Fernando López: “Somos incapaces de vislumbrar un mundo no binario”

El Salto / Fernando López con su 'Historia queer del flamenco' //

“Somos incapaces de vislumbrar un mundo no binario”

El bailaor Fernando López presentó en una de las cunas del flamenco, Jerez de la Frontera, su libro ‘Historia queer del flamenco’, que se editará en los próximos meses en Francia y Estados Unidos. El artista madrileño continúa compaginando arte, investigación y activismo en una prolífica carrera por un mundo más diverso.
Alejandro López Menacho | El Salto, 2022-06-24
https://www.elsaltodiario.com/flamenco/entrevista-fernando-lopez-historia-queer-flamenco-incapaces-vislumbrar-mundo-no-binario

La relación entre el flamenco y, concretamente de la danza, con “lo queer” no es un objeto de estudio usual. El artista Fernando López (Madrid, 1990) ha volcado toda una tesis universitaria en un ensayo editado por la Editorial Egales, sello especializado en temática LGTBIQ, que ya va por la cuarta edición y presentó en el Corral de San Antón, en pleno corazón de Jerez de la Frontera.

‘Historia queer del flamenco’ realiza un recorrido por aquello que se escapa de la norma en el flamenco, desde que apareciera la propia palabra en 1847 en el periódico El Espectador hasta nuestros días. Un ambicioso y extenso estudio sobre el que merecía la pena debatir y profundizar.

P. ¿Cómo ha sido recibido el libro en el seno de la comunidad del flamenco y del baile?
En general ha sido una obra bien recibida, tanto por la prensa como por los aficionados porque, aunque el tema pueda generar debate, está escrito y trabajado con seriedad. El estudio se apoya en un gran número de fuentes y, al final, siempre hay información que puede ser valiosa para todo el mundo: también para los aficionados al flamenco no son especialmente afines a cuestiones relacionadas con la diversidad de género y asuntos parecidos.

P. El flamenco ha sido un compartimento estanco durante muchos años, tratado como un género artístico sobrio, con unos códigos muy masculinizados y heteropatriarcales, como analizas en los primeros capítulos del libro; sin embargo, algo parece estar cambiando. ¿Consideras que esta masculinidad tan latente ha lastrado la libertad creativa del flamenco durante décadas?
Es verdad que el flamenco tiene esa parte conservadora. Lo curioso es que, al menos hasta la Guerra Civil, el flamenco era mucho más abierto de lo que ha llegado hasta nuestros tiempos. No es casualidad que tengamos todavía la imagen del flamenco como una cosa rancia, conservadora y heteropatriarcal, porque así fue su propia evolución en la dictadura franquista.

Pero lo cierto es que el flamenco, especialmente en las grandes ciudades, cafés cantantes y demás, antes de la Guerra Civil, era un género mucho más abierto de lo que ahora parece. Se mezclaba con otras músicas, otros bailes, había transformismo y artistas que cantaban canciones con contenido feminista. Todo aquello desapareció por completo durante la dictadura y el flamenco acabó convirtiéndose en algo muy binario en cuestiones de género y que respondía a los ideales de género y estéticos del Nacionalcatolicismo. El flamenco contemporáneo y el flamenco ‘queer’ son una reacción a ese tipo de flamenco.

P. ¿Cuál es el nexo de unión entre lo ‘queer’, un concepto todavía mutante, y el flamenco?
Hay puntos en común que tienen que ver con la marginalidad. Un espacio común fuera de la norma. El flamenco siempre tuvo ese carácter marginal, aunque luego fue un arte que se institucionalizó y sirvió para exportar la identidad española al extranjero y atraer turistas al país. Pero obviando este lado comercial, ambas comunidades tienen ese punto en común de poder acoger a personas que no tienen un lugar donde guarecerse; son los raritos, los pobres, los marginados, los que no tienen recursos…

P. ¿Crees que sigue habiendo un estigma sobre el hombre que se dedica al baile y la danza en el sentido de que deben bailar de un modo muy viril, potente y rudo?

El flamenco es un arte muy masculino incluso para las mujeres. Para ellas, el hecho de que pudieran tener códigos que socialmente se consideran masculinos no suponía tanto problema porque era algo bien recibido, estéticamente aceptable. Esto no sucedía con los hombres afeminados. Lo afeminado era siempre lo débil, lo inferior y lo rechazable: algo que estéticamente no gustaba. Precisamente por eso los bailaores y los cantaores que se vestían de una forma más afeminada o se movían de otra manera, eran rechazados. De hecho, esto sigue ocurriendo y es uno de los puntos que todavía no hemos superado. Por ejemplo, en el caso de bailaores travestidos o que visten bata de cola que, lo hacen a menudo desde un baile con mucho tecnicismo y virtuosismo, un baile con un acompañamiento musical potente, que hace que su forma de bailar no sea considerada en absoluto afeminada, porque está construido desde una fuerza considerada como muy masculino, y que resulta atractiva para los espectadores. Son hombres vestidos de mujer, que portan accesorios femeninos, pero que bailan de un modo muy fuerte, muy masculino y muy intenso. Por tanto, son bien recibidos a pesar de llevar ropa de mujer. Hay pocos bailaores que hayan bailado de un modo femenino o afeminado (no es lo mismo) y hayan sido bien recibidos por el público, incluso hoy en día.

P. Hablas del baile de personas con diversidad funcional, es un capítulo muy interesante en el que abogas por una inclusión real.
El flamenco ha sido muy especial a la hora de acoger a personas con diversidad funcional o neuro-divergencia a lo largo de su historia. Al ser un arte que se desarrollaba, en parte, en comunidades marginadas, tenía la posibilidad de acoger a todo el mundo, porque no tenía ínfulas de alta cultura o cosas por el estilo. Pero es cierto que han sido casos excepcionales.

Ahora existen varios proyectos como los que nombro en el libro en el que se acogen a todo tipo de personas, cuerpos y bailes. El siguiente paso sería que no tuvieran que formar parte de un proyecto específico de inclusión sostenido por un discurso de apoyo social, sino que fueran artistas que pudieran desarrollar sus carreras en cualquier tipo de compañía y estilo.

P. Dices en el libro, en relación a un espectáculo de Israel Galván en el que se traviste de mujer, que “la comunidad flamenca del baile es una comunidad activamente reflexiva, capaz de plantearse preguntas con jondura”, ¿es positivo para el flamenco la eliminación de estereotipos ligados al género?
No es que sea positivo, es que es urgente, y no para el flamenco sino para la sociedad en general. Somos poco conscientes de cómo esos binarismos atraviesan nuestras vidas en todos los aspectos: la manera de vestirnos, cómo nos movemos, los espacios en los que podemos mear y los que no, los espacios en los que nos cambiamos en los gimnasios, las profesiones que podemos ejercer, las actividades de ocio, el tipo de música, nuestros roles sexuales… Todo pasa por ese filtro binario de género, y, por supuesto, el flamenco como parte de la cultura, también. Creo que aún no somos capaces de vislumbrar un mundo sin esa categorización binaria tan básica y al mismo tiempo tan presente en nuestro día a día.

P. ¿Queda algo de los cafés cantantes de antaño en España? ¿Qué es lo más parecido que tenemos en la actualidad?
Lo más parecido a los cafés cantantes que existe actualmente, y esa es mi apuesta fuerte, es lo que se llama flamenco contemporáneo, no los tablaos. Los tablaos realizan un tipo de espectáculo que se creó y gestó a lo largo de las décadas de los 30, 40, pero especialmente en los 50, espectáculos muy específicos destinados a los turistas que luego se han llevado a los grandes teatros, pero que no conservan el germen de experimentación, de espectáculo y de revista de mezcla que sí están siendo recuperado, de manera actualizada, por el flamenco contemporáneo. Sobre todo el tema de la hibridación, de la experimentación, del tipo de artista, que hoy llamaríamos multidisciplinar y que se veía cada día en los cafés cantantes. El proyecto estético está más presente en el flamenco contemporáneo y las performances que en los actuales tablaos.

P. Hablas de un activismo LGTBIQ-F (f de flamenco) en el libro. ¿En qué momento se encuentra?, ¿se ve amenazado por la deriva política en España?

Creo que la deriva de la ultraderecha en España y en Europa es un efecto de boomerang que se genera cuando se ha vivido un periodo de gran apertura y de conquista de derechos. Forma parte de la propia dinámica de los avances. Supongo, espero y deseo que sea un paréntesis, y que seamos capaces de dar el salto y seguir avanzando. Las perspectivas no son muy halagueñas y quizás hayamos tocado un máximo, un techo donde podemos llegar desde el activismo hasta dentro de un tiempo.

P. ¿Puede ganarse la vida un artista flamenco que rompa los patrones de género o está destinado a la marginalidad?

Hablo desde el privilegio más absoluto porque soy un artista que, paralelamente, tengo una carrera académica. Me puedo permitir dar clases en la universidad y compaginar la investigación con la creación, y esto me ayuda en mi trabajo artístico. Pero lo que veo en la comunidad del arte queer no es alentador: una enorme precariedad como la veo en la danza, y en general en las artes escénicas.

La gente joven que empieza tiene la sensación de una gran frustración, de no tener espacio, de que no se les permite el acceso. Hay pocos espacios y los que existen están ocupados por grandes estrellas que, de alguna manera, lo fagocitan todo y les impiden ir escalando, aunque sea poquito a poco, para poder dedicarse al baile de manera digna. La gente lo acaba haciendo porque la creatividad a menudo es pura necesidad, y sigue creando porque lo necesita y forma parte de su vida, pero muchas veces hay que compaginarlo con otra vida laboral.

viernes, 19 de noviembre de 2021

#hemeroteca #gais #testimonios #documentales | Gitano, gay y canalla: Bambino, el rumbero desgarrado que hechizó al lumpen y a la aristocracia

Público / Miguel Vargas Jiménez, 'Bambino' //

Gitano, gay y canalla: Bambino, el rumbero desgarrado que hechizó al lumpen y a la aristocracia.

El verso suelto del flamenco sevillano es rescatado por Paco Ortiz en el documental 'Algo salvaje. La historia de Bambino'.
Henrique Mariño | Público, 2021-11-19
https://www.publico.es/culturas/flamenco-gitano-gay-canalla-bambino-rumbero-desgarrado-hechizo-lumpen-aristocracia.html 

Bardo de los amores imposibles, Bambino no fue rey ni príncipe de la rumba, que para eso ya estaban Peret y Enrique Castellón, aunque cantó para una corte sinvergüenza de aristócratas y pudientes que se rindieron ante su alma sensible y torturada. Voló alto, pues, en las exclusivas ‘boîtes’ de Madrid y Barcelona, pero también planeó sobre el populacho, seducido por un igual salvaje e indómito que relinchaba entre las cintas de gasolinera.

Miguel Vargas Jiménez (Utrera, 1940 - 1999) tuvo que dejar su tierra por heterodoxo. Su rumba dramática y fatalista no encajaba en los cánones de una de las cunas del flamenco, demasiado angosta para sacudir a placer su chaqueta y bailar como no lo había hecho ningún hombre. Por eso, gitano y gay, a los 21 años se va a Madrid, donde recorre los tablaos El Duende, Los Canasteros y Torres Bermejas, aunque sus actuaciones a altas horas se prolongarían en los casoplones de la ‘beautiful people’.

"Era un excluido. Por su estilo musical, rompedor en la capital de la ortodoxia flamenca, y por su sexualidad, que no podía salir a flote dentro de los márgenes de Utrera", explica Paco Ortiz, director de ‘Algo salvaje. La historia de Bambino’, un documental que recupera su figura y barniza de bronce al artista crepuscular de los ochenta, cuando es víctima del desprecio a un género tachado de franquista por la modernidad y su histrionismo ya no epata como en las décadas precedentes.

Artista de culto, cautivó al lumpen y al señorío, pero no llegó a ser un cantante de masas. Uno de los motivos fue que sus canciones, escritas entre otros por Salvador Távora o Manuel Alejandro, no habían sido concebidas para ser tarareadas por el público. Es más, algunas letras cobraban una nueva vida en la garganta de Bambino gracias a su temperamento feroz, por lo que tampoco era fácilmente imitable por otros intérpretes. Quizás su heredera podría ser María Jiménez, quien se autoproclamó la Bambino con tetas.

"Por una parte, conquista a los ricos y a los poderosos; y por otra, a las clases más bajas. Sin embargo, se deja a la clase media, uno de sus fracasos. Y no llega porque se niega a aparecer en la televisión y en los medios, lo que provoca que se pierda al gran público", razona el director del documental, donde Fidel Moreno, director de la revista ‘Cáñamo’, abunda en las razones que le impidieron trascender más allá de sus fieles.

"Las canciones, para que sean populares, tienen que construir un terreno común con el oyente. Que no sea solo cantada por el intérprete, sino también por el oyente. Y en ese sentido a Bambino no había quien lo siguiera. La personalidad interpretativa de Bambino es tan fuerte que siempre está por encima de su obra. Y eso hace que no puedan viajar como canciones huérfanas, que puedan ser apropiadas por cualquiera. Es el embajador que brilla más que su país", argumenta el periodista.

Porque él no solo cantaba, sino que más bien interpretaba o actuaba. Era un artista teatral. Indomesticable y superlativo, no extraña que Raphael se apropiase de sus formas, incluidos los capotazos con su chaqueta. Sin embargo, el sevillano rehuyó de las cámaras y prefirió ser la fiera de un circo de pueblo que rugía en la capital. "No tuvo más remedio que irse de Utrera, pero bendito problema que nos causó a nosotros, porque gracias a ello pudo desarrollar su arte", comenta Ortiz.

La biografía de Bambino, cuyo nombre remite a una canción de Renato Carosone, se escribe de noche. Canalla y excesivo, la farándula bebe su música, mientras él esnifa la luna. Su arte cuaja entre la bohemia: la rumba, festiva en Peret, en él es drama. Alejado de lo jondo, lleva el bolero, el cuplé, el tango o la ranchera al terreno de la bulería. Y no usurpa las letras ajenas, con música de Alfonso Santisteban, sino que las hace suyas. Así, en carne propia, le canta al desamor, aunque los destinatarios son ellos y ellas.

En ‘Mi amigo’, por ejemplo, una mujer le echa en cara a su amante que se vaya con otra, si bien en su voz ese eufemístico amigo bien podría ser el amante de Bambino. "Hombres, mujeres, yo no hago diferencias, pero lo mío fueron los amores más salvajes", le confesó en una entrevista a Juan Pablo Silvestre, presentador de ‘Mundo Babel’ en Radio 3, quien acaba de ser defenestrado. El comunicador es una de las voces que lo perfilan en el documental: "Él era el cordero de Dios que salva los pecados de la noche".

Bambino es ‘gioia di vivere’ y, al mismo tiempo, dolor, sentimiento y tragedia. Desprendido y manirroto, abundan las anécdotas que lo modelan como una persona altruista. "Vivía muy bien, porque su caché era alto, pero se lo gastó todo en invitar y en hacer feliz a la gente, quizás para compensar el drama de su repertorio", ironiza Paco Ortiz. También fue generoso con los artistas, a los que no dudó en promocionar. Así, introdujo a un jovencísimo Camarón en los tablaos y se lo llevó de gira.

También fue el artífice de la unión entre Camarón y Paco de Lucía, con quien había actuado en Torres Bermejas cuando era anunciado en la prensa como ‘Bambino, el ye-ye gitano’. El guitarrista se quedó prendado del cantaor y este, del rumbero. Años después, cuando el fotógrafo Alberto García Alix viajó a Cádiz para fotografiar a Camarón, le preguntó qué opinaba del intérprete de ‘La pared’: "Un artista de artistas". El gran revolucionario del flamenco abrazaba al maldito, mientras los puristas renegaban de él.

Paco Ortiz desecha el adjetivo, pues entiende que una vida disoluta no es sinónimo de malditismo. Tampoco el "doble tabú" que implicaba ser gitano y gay. Ni siquiera la falta de reconocimiento: Bambino no llegó más alto porque no quiso, ya que no se plegó al tutelaje de las cámaras y los ‘flashes’; más allá de los platós, tampoco buscó los grandes escenarios, limitándose a sus tablaos y salas, pese a que la entrada no era asequible. "Maldito es su final, cuando llegan los ochenta, porque fue una época que lo destruyó", razona el director.

"Para un futbolista, triunfar significa fichar por el Madrid o el Barça. ¿Pero qué pasa si quieres jugar toda la vida en el Valladolid?", se pregunta Ortiz. "Tener éxito se usa con demasiada ligereza, aunque Bambino lo entendió perfectamente en su día, porque hizo su carrera y fue feliz". Sin embargo, tras los laureles en los sesenta y los setenta, comienza su declive, hasta que cae en el ostracismo en los noventa, pese al intento de resurgir en ‘Los Lunes Flamencos’ que organizaba la sala Revólver.

El cantaor Enrique Morente había logrado arrastrar al roquerío hasta allí, pero el utrerano hace aguas en taquilla y solo acude un puñado de incondicionales. "El público de Bambino era la reserva canalla de occidente. Eran los que no se habían enterado de que ese mundo había desaparecido y le seguían en cualquier caso", explica en el documental Silvestre, quien describe su ocaso. "El mundo de Bambino era un mundo en decadencia en los ochenta. Se cerraron las salas de fiesta, se cerraron las ‘boîtes’… Aunque quizás no lo reflexionaba de esa manera, eso es lo que le estaba pasando".

Paradójicamente, siete años antes de aquel concierto, en 1985 había facturado ‘Soy lo prohibido’, su disco mejor producido, gracias a la buena mano de Gonzalo García-Pelayo. Le acompañaban su interpretación, las canciones y la temática, como refleja el corte que da título al álbum, Bambino en estado puro: fiebre, placer, pecado, aventura... "Soy ese beso que se da sin que se pueda comentar. / Soy ese nombre que jamás, fuera de aquí, pronunciarás. / Yo soy lo prohibido".

Sin embargo, aquel chaval que podría haber sido peluquero o futbolista decide regresar a Utrera. "Va dejando de ser Bambino, la estrella fulgurante, para volver a ser Miguel Vargas, un ciudadano anónimo. ¿Te imaginas a Elvis regresando a Memphis para tomarse cocacolas en un bar? En cambio, él se adaptó perfectamente a la vida en el pueblo", asegura Paco Ortiz, quien resume su generosidad y su campechanía en una frase: "Le importaba poco lo mucho, pero también le importaba poco lo poco".

Atrás queda, en palabras del director de ‘Algo salvaje’, la vida desatada de un moderno, un rompedor y un adelantado a su tiempo. "Interpretaba el dramatismo como si lo viviese, porque recordaba sus propias experiencias. Creó un estilo y su repertorio nos ayuda todavía hoy a sobrellevar la soledad y el abandono", añade Ortiz, quien señala que no le dolió despedirse para siempre cuando le detectaron un cáncer de garganta e intuyó que se acercaba su fin.

"Ya había vivido varias vidas de manera intensa, porque una noche suya era el año de un oficinista". No tenía hijos y la muerte de su madre y de su hermano le afectaron profundamente. "Parecía que el destino lo atacaba donde más le dolía, como al personaje de una tragedia griega, aunque ya no tenía nada que lo aferrase a este mundo". Su médico le dijo que podría vivir más años si se operaba, pero a cambio perdería la voz, que no quiso vender ni a dios ni al diablo.

martes, 8 de diciembre de 2020

#hemeroteca #lgtbi #flamenco | La Lola, una peña ‘LGTBIjondo’


La Lola, una peña ‘LGTBIjondo’.

Una peña flamenca de Jerez se convierte “en la primera de España” en representar al colectivo LGTBI en este arte.
De Jesús A. Cañas | El País, 2020-12-08
https://elpais.com/cultura/2020-12-08/la-lola-una-pena-lgtbijondo.html

No se sabe muy bien cómo y cuándo Lola Flores dijo aquello de “¿quién no se ha dado un ‘pipazo’ con una amiga?”. Que la cita parezca apócrifa no ha importado demasiado para que acabe estampada en camisetas o referida como uno de sus grandes momentos de desparpajo. Ni siquiera importa si realmente la pronunció porque resulta creíble para una artista que hizo gala toda su vida de apoyar sin fisuras al colectivo gay. Por eso, cuando en Jerez de la Frontera idearon crear la primera peña flamenca feminista LGTBI de España no podía llamarse de otra forma: La Lola.

“La Lola es un concepto femenino, transgresor y andaluz. Ella es un icono, pero hay más Lolas”, resume Susana Arnáiz del Bosque, vicepresidenta de una entidad que se presentó el pasado mes de septiembre con la venia de una pandemia que retrasó su puesta en marcha. La sede social de la entidad ya es, de por sí, toda una declaración de intenciones. En el escenario de La Guarida del Ángel, un café cantante con vocación flamenca y más de 20 años de trayectoria, convive una gran bola de discoteca, un sofá barroco tapizado de morado, un corpóreo de la Flores con zarzillos rojos y un patio cuajado de sillas de anea.

Con ese bagaje ecléctico, su dueño Mario González, hace tiempo que se había dado cuenta de que “había muchos flamencos que querían un espacio en el que dar visibilidad a este colectivo desde su arte”. Y llegó a esa conclusión tras llevar más de tres años organizando espectáculos drag y de transformismo, manifestaciones artísticas que hace años años encontraron a grandes folclóricas como Flores, Rocío Jurado o Juanita Reina como divas a las que imitar. “Entonces, eran personas travestidas que usaban eso como único medio que les permitía expresar su dualidad”, razona Arnáiz.

Pero que se diesen esas concesiones sobre los escenarios flamencos no significaba que se traspasase la línea de la visibilidad de la vida privada. “En el flamenco, quien era homosexual no lo podía decir. Y el que no lo podía tapar, como Miguel de Molina, se tuvo que ir”, reflexiona el cantaor Fernando Soto, en referencia al exilio que sufrió el artista malagueño desde 1942 por ser homosexual. Carmen Rodríguez, presidenta de La Lola pidió a Soto que ejerciese de padrino de la entidad y él no lo dudó. “Soy artista flamenco, homosexual y gitano. Si hay alguien que tuviese que estar en esa peña era yo. El flamenco no siempre ha tenido el sitio que debe tener y la homosexualidad, tampoco. Estamos haciendo un fuerte para los que vienen atrás”, explica el cantaor con orgullo.

“Jerez es una ciudad que mantiene sus tradiciones impecables, pero es capaz de crear una modernidad que la arropa. Fue la primera ciudad que colgó la bandera LGTBI en su Ayuntamiento y ahora es la primera que crea una peña así en España”, asegura la presidenta de una entidad registrada desde principios de año. Aunque ni eso ha librado a la entidad de críticas que cuestionan la necesidad de su creación o que le cuelgan el apelativo peyorativo de ‘femijondas’. “Me encanta. Es señal de que hacemos falta”, añade Rodríguez.

Diversos artistas e iniciativas culturales en Sevilla, Barcelona o Madrid han surgido en los últimos años con el mismo empeño de La Lola por derribar estereotipos interiorizados en el flamenco. Es el caso del bailarín y coreógrafo Manuel Liñán, premio nacional de Danza 2017 y maestro en el baile más vanguardista a golpe de bata de cola y mantón. O de las mujeres guitarristas, presentes en este arte desde hace años —ahí está el caso de Teresita España, inmortalizada al cante y al toque en cilindros de cera a principios del siglo XX — aunque silenciadas hasta hace poco. “Queremos valorar las aportaciones de las mujeres en el flamenco, centrales en el escenario, pero no en la conceptualización de este”, añade Arnáiz.

En La Lola sueñan con ir a más y ser capaces de celebrar eventos y encuentros de calado, como un festival, programado para octubre de 2021 y en la estela de Flamenco Diverso, un encuentro celebrado en Madrid durante el Orgullo Mundial de 2017. Mientras se organizan materializarlo y con permiso del coronavirus, ya celebran proyecciones de películas y coloquios o actuaciones de flamencos nóveles feministas y LGTBI. En la mente, le rondan más ideas, como una ruta cultural turística que ubique e interprete a las mujeres del flamenco en el callejero de Jerez, una visibilización aún pendiente en las interpretaciones de visitas a la ciudad.

Por el momento, más de 40 socios ya se han hecho de la peña, “la mayoría son heterosexuales”, apunta González ente risas. Pero en La Lola esperan ser muchos más e incluso servir de referente para iniciativas similares que puedan surgir en otras ciudades. Mientras, desde la ciudad donde nació Flores hace casi un siglo, su peña homónima, feminista y LGTBI ya está lista para dar guerra. “Para algo Jerez es el único pueblo en el que ser flamenco es un plus. Es una ciudad en la que los payos quieren ser gitanos”, zanja Mario González.

lunes, 5 de octubre de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco | Manuel Liñán, coreógrafo: "La homofobia existe en el flamenco porque existe en el mundo"

Imagen: El Diario / Manuel Liñán
Manuel Liñán, coreógrafo: "La homofobia existe en el flamenco porque existe en el mundo".
El creador granadino, premio Max del público por '¡Viva!', trasviste a sus bailaores para que el espectador "no vea a hombres ni mujeres en escena, sino a seres humanos".
Alejandro Luque | El Diario, 2020-10-05
https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/teatro/manuel-linan-coreografo-homofobia-existe-flamenco-existe-mundo_1_6268547.html

Manuel Liñán recuerda que el origen de ‘¡Viva!’, su último espectáculo, se remonta a su más temprana infancia, cuando a escondidas se vestía con la falda de su madre, se ponía flores en el pelo y se maquillaba. Hasta que este bailaor y coreógrafo granadino de 40 años decidió convertir el recuerdo en propuesta escénica; aunque no esperaba que fuera a convertirse en una de las sensaciones de la temporada en el ámbito flamenco, o que fuera a conquistar el premio Max del Público.

"Todo nace de un anhelo", explica. "Pretender recuperar algo que se convirtió en privado por miedo a las represalias familiares, sociales o artísticas. Y reivindicar el derecho a elegir cualquier prenda o movimiento que a uno se le antoje, sin necesidad de preguntarse a cada momento si es de hombre o de mujer. Esa es la razón por la que, donde unos ven una propuesta transgresora, yo digo que es regresora: es volver a aquel momento, desde el respeto, la formalidad y la seriedad con que siempre he entendido el travestismos".

Siete bailaores sobre las tablas, con el atuendo y los movimientos que se atribuyen a las bailaoras. Así comenzó el desarrollo de un espectáculo que la compañía acogió desde el primer momento como algo especial. "Algunos de los bailaores habían tenido experiencias similares a la mía, y desde luego todos aceptaron entrar en el juego desde el minuto cero. Nos hemos reído y nos hemos emocionado mucho, tanto en escena como en peluquería, maquillaje... Lo más difícil para mí ha sido mantenerme en el papel de director, cuando en realidad lo que me pedía el cuerpo era hacer travesuras con ellos", sonríe Liñán al recordar los ensayos.

Enmascararse para desnudarse
Estrenado en febrero del año pasado en Madrid, en los Teatros del Canal, '¡Viva!' no es, evidentemente, el primer montaje en que un varón se viste de mujer. En la mente de todos los aficionados están esos personajes femeninos –los lorquianos especialmente– que han sido defendidos por bailaores. Lo singular en el trabajo de Manuel Liñán es que en este caso el elenco no representa a ningún personaje. "Queríamos mostrar a la sociedad que seguimos siendo nosotros, no representamos a nadie más. Hasta cierto punto nos enoja que nos sigan preguntando, ¿tú de qué te vistes, quién eres? Ante eso solo puedo responder una cosa: soy yo mismo. Con el travestismo he llegado al fondo de mi alma", afirma.

En efecto, el creador granadino define la transformación a la que se someten los bailaores como "enmascararse para desnudarse". Además de usar peluca, todos emplean en abundancia maquillaje y complementos, "porque nos encanta, es la manera de recuperar esos momentos tan íntimos", asevera. Pero también hay un reto de fondo: cuestionar lo que las convenciones llaman ropa o baile "de mujer" y "de hombre".

"Queríamos desafiar los roles", prosigue Liñán. "Desde que empecé a bailar, me dejaron claro que había una forma de mujer y otra de hombre. Pero yo nunca he compartido esa distinción. Recuerdo que veía a mujeres que no cumplían esas normas estéticas, y me encantaban. Y siempre me costó mucho encajar esa separación por sexos: mi búsqueda, a lo largo de mi carrera, ha tenido mucho que ver con encontrar un lenguaje que no se encasillara en ninguna de las dos formas. Por supuesto, he tenido que aguantar críticas contra mi baile afeminado, amanerado o poco viril".

La andadura de '¡Viva!' ha sido hasta la fecha más que exitosa, especialmente en el Festival de Jerez, donde fue aclamada por crítica y público. ¿Significa esto que ya nadie se escandaliza por ver a hombres bailando vestidos de mujeres? "Eso nunca falta", responde Liñán. "Hemos seguido viviendo ataques e insultos en redes sociales, nos dicen que lo que hacemos es una falta de respeto... Pero por otro lado ha habido una gran aceptación, no nos esperábamos que fuera tan buena".

"El público no ha visto a hombres ni mujeres, sino a seres humanos bailando", celebra. "Mi madre tenía mucho miedo antes del estreno, ¿cómo vais a hacer eso? Estaba muy nerviosa pero luego lo disfrutó un montón, se ha vuelto fanática del montaje. Y es curioso, cuando le pregunté si le había gustado el vestuario, me confesó que no recordaba qué llevábamos puesto. Es lo que más me gustó".

Llegó la Covid-19
Cuando estalló la crisis de la Covid-19, Liñán y su compañía estaban a punto de viajar a Estados Unidos para realizar una gira que les llevaría hasta México, y el mismísimo New York Times les dedicó un amplio reportaje lleno de piropos. Y aunque la pieza especificaba la homosexualidad del creador, él asegura que el dato no tiene importancia: "Mis trabajos nunca han hablado de con quién me acuesto ni con quién no. De hecho, creo que la homosexualidad debería desligarse del travestismo, porque la orientación sexual no tiene nada que ver con la estética. Conozco a bailaores heteros a los que les habría encantado trabajar aquí. Ojalá algún día el hombre pueda vestirse con cualquier ropa en escena".

Por último, sobre la vieja polémica de si hay homofobia o no en el flamenco, Liñán zanja el asunto con elegancia: "La hay, la hemos vivido. Pero no me gustaría responsabilizar al flamenco. El flamenco no es homófobo, pero hay gente homófoba, individuos, en él. La homofobia existe en el flamenco porque existe en el mundo, y nuestro arte no viva aislado de aquél".

Una de las manifestaciones más sutiles es, según el bailaor, que los elogien como algo cómico. "Qué gracioso, qué aje, estáis sembrados", les decían. "Pero no por travestirnos tenemos que caer en la comicidad. Claro que eso ha sido también desde siempre un refugio para el homosexual. Cuando yo era chico y en una fiesta me vestía de mujer, también me decían que era muy gracioso. Uno iba de Batman, otro de Superman, y yo con una falda de lunares. Pero yo iba en serio", apostilla.

lunes, 24 de agosto de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco #memoria | Transformismo, ‘voyeurismo’ y género fluido: la estrecha relación del flamenco con lo ‘queer’

El País / La Paquera de Jerez, 'la reina de la bulería' //

Transformismo, ‘voyeurismo’ y género fluido: la estrecha relación del flamenco con lo ‘queer’

El bailaor Fernando López publica un libro sobre esta conexión tan fértil como pocas veces explorada. “Mi objetivo era el de reinterpretar algunos aspectos de la historia del flamenco, en relación con las cuestiones de género y de sexualidad, que habían quedado desatendidos”
Abraham Rivera | El País, 2020-08-24
https://elpais.com/elpais/2020/08/21/icon/1598004664_329736.html

El flamenco no es tan rancio y cerrado como nos lo han intentado vender. Esto es algo que podía intuirse a poco que rascáramos en su superficie. Sin embargo, en ocasiones es necesario tener certezas. Pruebas. Y eso es lo que nos ofrece Fernando López. Este madrileño, bailaor, coreógrafo e investigador, además de doctor en Estética, Ciencias y Tecnologías de las Artes por la Universidad París 8, ha escrito uno de los libros más brillantes sobre la periferia del cante y el baile. “Mi interés por las cuestiones de género empieza en el mismo momento en que decido bailar, a los 11 años, siguiendo los pasos de mi hermana mayor y sintiendo que haciéndolo rompía con unos patrones de comportamiento establecidos para los niños de mi edad, que no bailaban porque la danza era para niñas y para mariquitas”, cuenta el autor de 'Historia queer del flamenco: desvíos, transiciones y retornos en el baile flamenco (1808-2018)', un recorrido transversal por figuras, momentos y lugares que en origen quedaron al margen del discurso oficial.

“La danza fue un refugio, pero también un lugar de coerción, ya que la manera de moverse estaba muy fijada en función de su género, tanto para hombres como para mujeres, lo cual hizo de mis años de aprendizaje, y hasta convertirme en bailaor profesional, una experiencia a veces muy insatisfactoria”, continúa para justificar su interés por llevar a cabo una investigación de este calado. “Necesitaba entender de manera precisa qué cosas se nos había permitido hacer a los bailarines a lo largo de la historia y qué cosas, de manera más o menos velada, se nos habían prohibido”.

El libro no tiene miedo a hablar de prostitución masculina en el tablao, transformismo femenino, ‘voyeurismo’ y artistas de genero fluido en el siglo XIX. Temas que han formado parte del adn del género desde su creación pero que habían sido ocultados, olvidados o borrados. “Mi objetivo para el periodo entre 1808 y 1975 era el de releer, reinterpretar e incluso reescribir algunos aspectos de la historia del flamenco, en relación con las cuestiones de género y de sexualidad, que habían quedado desatendidos dentro de la bibliografía clásica”, recuerda López, que comienza trazando una certera genealogía de cómo la danza nace “macho” en contraposición al afrancesamiento de ciertos bailes, y lentamente se va feminizando hasta emprender un viaje sin retorno.

Sara Lezana (que protagonizó en 1963 'Los tarantos') y Paco España //

Una de las partes más acertadas del ensayo, publicado por la editorial Egales, especializada en literatura LGTBIQ+, es aquella que pone de relieve el valor de artistas en principio marginales. Es el caso de Mr. Artur, Paco España, Carmen de Mairena, Ocaña, Enrique El Travesti Cojo, La Otra Pantoja o Las Folclóricas Gaditanas, un cuadro flamenco formado enteramente por transexuales que tuvo un enorme éxito en los setenta y ochenta, llegando a firmar un contrato para actuar en Miami, donde estuvieron dos años. “Este grupo de gente rara incluye feministas, travestis, machorras y afeminados, pero también a gitanos, personas con diversidad funcional e intelectual, guiris y artistas incomprensibles empeñados en hacer las cosas de otra manera”, destaca el autor.

Las historias y anécdotas que López narra se acercan a todo tipo de perfiles y mundos. Del Torremolinos de los sesenta, cuna del movimiento gay y donde el bar Tony’s hizo furor, hasta el Copacabana barcelonés, emblema del travestismo y hogar del bailaor Margarita. La obra concluye con una mirada al incierto presente, tocado por la crisis de 2008, y en el que se describen valiosas iniciativas como ‘Sueños reales para cuerpos posibles’, espectáculo protagonizado por Lola López, bailaora con diversidad funcional, o ‘Flamenco inclusivo’, un proyecto de José Galán en el que se investigan algunos de los referentes tullidos de la historia del género. Sobre si ve con optimismo el futuro del flamenco queer, responde: “No tengo ni esperanza ni falta de ella, aunque sí una cierta curiosidad por ver lo que nos depara a mí y a mis compañeros artistas este nuevo periodo que se abre. En cualquier caso, estoy conforme con haber aportado mi granito de arena, tanto en la universidad como en los escenarios, y el efecto de ello solo el tiempo podrá determinarlo”.

miércoles, 6 de mayo de 2020

#hemeroteca #queer #flamenco #memoria | Los genios resistentes a la norma: 'La historia queer del flamenco'

Imagen: El Diario / Carmen López-Sáez y Enrique Jiménez Mendoza
Los genios resistentes a la norma: 'La historia queer del flamenco'.
Concha Barrigós · EFE | El Diario, 2020-05-06
https://www.eldiario.es/cultura/genios-resistentes-norma-historia-flamenco_0_1024347645.html

Enrique el Cojo (1912-1985) renqueaba desde niño, era "sordo, feo y gordo" y pasó su vida "dentro del armario", pero era un bailaor y maestro genial y carismático, el paradigma de flamenco "queer", asegura Fernando López, autor de un estudio sobre esos artistas "resistentes a la norma" que se publica ahora.

El bailarín, coreógrafo y dramaturgo flamenco, además de filósofo e investigador Fernando López Rodríguez (Madrid, 1990), acaba de editar "Historia queer del flamenco" (Egales), una síntesis de su tesis doctoral, que realizó en la universidad francesa París 8, convencido de que el flamenco es y ha sido siempre "muy moderno, experimental y canalla".

Su trabajo, dice en una entrevista con EFE, es un recorrido por el "arte queer del fracaso jondo", como diría Jack Halberstam, y que tiene que ver con reivindicar "todo lo que se sale de la norma por fallo, incomprensión, error, eso que llaman furretear o folletear... el furreteo está muy mal visto pero salirse de compás puede servir para entender las cosas de otra manera".

Lo ha escrito "con toda la fuerza que supone reapropiarse de las palabras que se han utilizando como insultos tales como 'machorras', 'maricones' o 'tullidos'", explica López, para quien el término "queer" -identidad y sexualidad diferentes de las normativizadas- abarca personajes, lugares y prácticas "que quedan al margen de lo oficial, del código estándar, resistentes a la norma".

En su libro, con epígrafes como "Flamencas transexuales", "El capital erótico de los bailaores" o "El uso estatal y nacionalista del flamenco", recoge casos y estrategias que en disciplinas de la danza distintas del flamenco serían "improbables".

Entre todos sobresale el cacereño Enrique Jiménez Mendoza "Enrique el Cojo", "una figura del siglo XX con todos los rasgos que escapan al cuerpo normativo" al que dedica el capítulo "Hacia una historia 'tullida' del flamenco".

"Cojo, sordo, gordo, feo, que se hizo famoso mayor... Era la contra imagen del bailaor joven, delgado, musculado y hetero, pero tenía una capacidad de transmisión increíble. Lo único que no se aceptaba de él era su homosexualidad, que escondió siempre", describe.

Y es que, apunta, "hay dos cosas fundamentales que al flamenco le cuestan": "la expresión de género no normativa" y "los cuerpos extranjeros", los que por sus rasgos físicos "son claramente guiris" y a ellos dedica el capítulo "Furreteos", con casos como los de la texana La Meri.

Asegura que el flamenco nació "macho": fue una respuesta a la cultura francesa, un arte que negaba todos los códigos de la Ilustración y que se asentaba en "la desmesura y la pasión".

El autor analiza la historia del travestismo en el flamenco, que aparece a partir de 1850, es decir, desde que existe: "Hay un vínculo muy fuerte entre él y la libertad artística y las ganas de reventar las costuras del género".

Entre las "revelaciones" de su libro, López destaca lo común que era la prostitución masculina en los cafés cantantes, lugares muy populares de finales del XIX y principios del XX en las grandes ciudades y donde se empezó a hacer el flamenco de forma más profesional.

Los cafés cantantes sucumbieron porque estaban muy denigrados, incluso hubo en uno un asesinato muy famoso, el del cantaor malagueño Juan Reyes "El Canario de Álora", y además el público estaba deseoso de cosas nuevas, como las "cocottes" que venían de Francia.

El libro se ocupa de las drogas, una sombra de las que se libraron los cafés cantantes pero no los tablaos, en los que también era común el trabajo infantil: "fueron muchos los artistas que empezaban a trabajar con solo 12 años, como Blanca del Rey, Francisca Sadornil "La Tati" o Antonio Zori "El Muñeco", detalla.

El primer tablao, "Zambra", se abrió en Madrid, en 1954, destinado a turistas extranjeros, "una estrategia para vender España como país exótico. Eran restaurantes con menús de lujo y espectáculos de flamenco, a los que seguían fiestas privadas muy bien remuneradas. Luego, los artistas empezaron a trabajar en compañías".

A partir de los 70, los tablaos perdieron calidad pero con la crisis de 2008 fueron el refugio de los artistas que se quedaron sin trabajo en las compañías y ahora es un medio "redignificado y de mucho nivel" que han introducido "una gran estabilidad laboral y la internacionalización del flamenco".

López ha estudiado también el papel de los activistas que han trabajado por dar visibilidad a la causa gitana en general: "los que son LGTB tienen un mayor activismo porque ese mundo es muy 'payocentrado' y sufren doble discriminación, caso de Noelia La Negri, cantaora y percusionista", subraya.