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lunes, 29 de enero de 2024

#hemeroteca #gais #testimonios | Negro, homosexual y “el verdadero rey del rock”: así escribió Little Richard la historia de la música popular

Elton John y Little Richard en 1990 //

Negro, homosexual y “el verdadero rey del rock”: así escribió Little Richard la historia de la música popular
Jaime Lorite | El País, 2024-01-29

https://elpais.com/icon/2024-01-29/negro-homosexual-y-el-verdadero-rey-del-rock-asi-escribio-little-richard-la-historia-de-la-musica-popular.html 

Mick Jagger durmió en el suelo de su habitación, Paul McCartney recibió clases para imitar su característico grito y Elvis Presley le reconoció como “el verdadero rey del rock”. Sin embargo, Little Richard (Macon, Georgia, EE UU, 1932 – Tullahoma, Tennessee, 2020) siempre estuvo lejos de tener la inmensa entidad comercial y popular de sus más célebres alumnos. “Deberíais estar todos peleando por grabarme un disco. Los más grandes han estado conmigo, Jimi Hendrix, James Brown, los Beatles, Mick Jagger… ¿Mick, te acuerdas?”, dijo, en tono de broma pero muy en serio, ante la plana mayor de la industria en 1989, con motivo de la inclusión de Otis Redding en el Salón de la Fama del Rock and Roll.

Su legado lo homenajea ahora la película ‘Little Richard: I Am Everything’, estrenada en cines de España el pasado viernes 26 de enero, un documental que repasa la biografía del cantante, sus decisivas contribuciones musicales y el carácter rompedor de su figura. Que el rock se entendiese como un sinónimo de rebeldía, desde luego, tuvo mucho que ver con que uno de sus arquitectos fuera un hombre negro y notoriamente homosexual que actuaba en el racista y homófobo sur de Estados Unidos en plenos años cincuenta.

“En la historia del rock, durante mucho tiempo, se ha querido dejar fuera a figuras como Little Richard o Esquerita”, dice por videollamada a ICON Lisa Cortés, la directora de ‘Little Richard: I Am Everything’. “A menudo es difícil poder contar las historias de la población negra y ‘queer’, porque suelen contradecir la narrativa oficial. En este caso, sucede con Little Richard y el relato de que Elvis fue el padre del rock”. Un segmento del documental es dedicado a narrar cómo los éxitos de Little Richard eran inmediatamente versionados por artistas blancos como Pat Boone, quien basó su carrera en adaptar canciones de músicos negros, como Tutti Frutti, y restarles toda mordiente para ajustarlas a lo socialmente aceptable en la era de la segregación racial. Y también para llevárselo crudo: Boone amasó una fortuna (solo Elvis Presley vendió más que él en su época), mientras Richard apenas cobraba derechos por las versiones. El ritmo frenético de temas como Long Tall Sally respondía a una estrategia de Little Richard para boicotear a Boone, que no era capaz de cantar a esa velocidad.

Nacido y crecido en una ciudad del sur estadounidense, Macon, que había sido depósito de suministros del ejército confederado en la Guerra de Secesión y donde los linchamientos a las personas negras estaban a la orden del día, Richard Wayne Pennyman, como realmente se llamaba, fue el tercero de 12 hermanos (siete varones y cinco mujeres) y tuvo una dura relación con su padre, debido a su homosexualidad y a su gusto por el maquillaje y las prendas femeninas. La canción con la que alcanzó la fama, ‘Tutti Frutti’, tenía una letra sobre sexo anal, convenientemente reescrita en la versión de estudio después de que el productor Bumps Blackwell le escuchase interpretarla en directo y la identificase al instante como un bombazo. El grito de guerra con el que se inicia (castellanizado, “¡Aumbabuluba balambambú!”), que imita fonéticamente el sonido de una batería, y el aporreo salvaje del piano de Richard se convirtieron en historia de la música. Y la canción generó aún más historia, puesto que estableció el estándar rítmico del rock.

“Lo que hizo a Little Richard un genio fue su don para mezclar en su música aspectos del ‘blues’, del góspel y otros distintos medios de expresión, que se combinaban con su faceta ‘queer’. Que alguien en 1955 fuera capaz de elaborar una receta así de única es algo impresionante”, reflexiona Lisa Cortés. El artista, que encontró en la música de iglesia una escuela y que subió por primera vez a un escenario invitado por la cantante y guitarrista evangélica Sister Rosetta Tharpe (ídolo para él y considerada precursora del rock), dio algunas de sus primeras actuaciones vestido de mujer, con el apodo de Princess LaVonne. En una entrevista de archivo recogida en el documental, Richard sostiene que exageraba la pluma y el amaneramiento para que los hombres blancos no le viesen como una amenaza para sus mujeres y pudiese actuar en sus locales. “Él ciertamente lo creía así. Pero no tiene mucho sentido”, opina la directora. “Esos ambientes eran también muy homófobos y alguna vez le arrestaron porque consideraban su conducta indecente”.

Llámeme reverendo
El sentimiento de culpa de Little Richard con respecto a su sexualidad condicionó en gran medida su vida. En lo más alto del éxito, cuando vendía millones de copias y llenaba recintos por todo el país, el cantante decidió abandonar el rock para estudiar teología, se casó con una mujer y pidió a todo su entorno que se refiriese a él con el nombre de reverendo Richard. En aquella época, publicó discos puramente góspel, como los dos volúmenes de ‘Pray Along With Little Richard’ (Reza con Little Richard, 1960), y se negó a interpretar en directo las canciones por las que era famoso, como ‘Lucille’, K’eep A-Knockin’, ‘Good Golly’, ‘Miss Molly’ o las anteriormente citadas, al estar el rock, explicaba, “alejado de lo divino”.

Su carácter competitivo, sin embargo, le llevó en 1962 a regresar a sus canciones de siempre durante una gira en Europa con Sam Cooke, dados los celos que sentía por el recibimiento enfervorecido del público a su compañero de cartel. A continuación, tuvo lugar su, a posteriori, sonada alianza con los entonces primerizos Beatles, a quienes, agradecido porque le admirasen, aleccionó, aconsejó y apadrinó. Con ellos compartió la temporada musical en Hamburgo que terminó de forjar a la banda británica.

Divorciado de su mujer, Richard volvió a admitir su homosexualidad, aunque, lejos de normalizarla, en múltiples ocasiones dejó claro que sus inclinaciones le parecían impuras. En 1982, en una entrevista en Late Night With David Letterman, renegó otra vez de su orientación y proclamó que “Dios creó a Adán para que estuviera con Eva, no con Esteban”. También reconoció en público su adicción a las drogas, bromeando con que, en ocasiones, se le debería haber llamado Little Cocaine. En el libro 'La extraordinaria vida de Little Richard', de Mark Ribowsky, editado en España el pasado 2023 por Libros Cúpula, otras sombras del personaje son señaladas, como su tóxica relación laboral con Jimi Hendrix, que por un tiempo fue su guitarrista y a quien, de acuerdo con la entonces novia del malogrado músico, Richard hostigó sexualmente. “Me pagaba mal, vivía mal y me quemaba”, resumió Hendrix al final de su colaboración. Según el libro, la estrella era tiránica con los miembros de su banda, a quienes, entre otras directrices, prohibía sonreír en el escenario.

Redescubierto por una nueva generación en la era de la psicodelia y, más tarde, reconvertido en una figura simpática que aparecía con frecuencia en galas, programas de televisión y películas, Richard mantuvo en los ochenta y noventa posturas contradictorias y cambiantes. El cineasta John Waters, que aparece en el documental y asegura que se dejó su distintivo fino bigote en homenaje a Little Richard, le entrevistó en 1987 para ‘Playboy’ y provocó la ira del cantante por tomarse a risa su supuesto renacimiento como heterosexual; no obstante, dada su necesidad de atención, Richard se sintió halagado cuando se publicó el texto. También recorrió emocionado diversas entregas de premios en los años noventa, cuando recibió de golpe todos los homenajes que, como a tantos intérpretes negros, le habían escatimado a lo largo de su trayectoria.

“Hay muchas contradicciones en la figura de Little Richard. Pero es que toda su vida consistió en navegar esa zona gris, a través de la cultura popular y de la transgresión”, explica Lisa Cortés. Ringo Starr, Brian Wilson o Keith Richards le rindieron homenaje públicamente a su muerte en 2020, y la película ‘Elvis’ (2021), de Baz Luhrmann, le representaba y situaba en el lugar que merecía en la historia de Presley, sin esconder la huella del cantante afroamericano sobre su música. Por sus polémicas apariciones finales en medios cristianos ultraconservadores, Waters, por su parte, lamentó que Richard muriera “completamente homófobo, diciendo cosas terribles sobre los gais y las personas trans”. Sobre si el cantante logró hacer las paces consigo mismo, Cortés cree que “solo se puede elucubrar”. “De lo que no cabe duda es de que, en esos últimos días, su relación más importante era con Dios. Él sentía que no tenía a nadie más”, cuenta. Al margen de creencias religiosas, el estreno del documental en cines de todo el mundo prueba que Little Richard, de una forma o de otra, ha logrado trascender con creces.

jueves, 12 de octubre de 2017

#hemeroteca #testimonios | John Waters: "El mal gusto puede ser un arma política hoy día"

Imagen: GranadaHoy / John Waters
John Waters: "El mal gusto puede ser un arma política hoy día".
El cineasta, nombre clave del 'underground', visita Andalucía para inaugurar el festival Cultura Basura y proyectar 'Pink Flamingos'.
Pablo Bujalance | GranadaHoy, 2017-10-12
http://www.granadahoy.com/ocio/John-Waters-gusto-puede-politica_0_1180981967.html

El realizador y escritor John Waters (Baltimore, 1946), referencia clave del cine underground y el arte de querencia trash en todo el mundo, asistió el fin de semana pasado en Málaga a la inauguración de la primera edición de Cultura Basura y presentó el pase de uno de sus títulos emblemáticos, Pink Flamingos (1972). También mantuvo un encuentro con la prensa en el que dio cuenta de su afilado humor y su inquebrantable empeño en seguir haciendo lo que más le gusta.

Sus primeras palabras estuvieron dedicadas a la ‘drag queen’ Divine, su musa insustituible, que protagonizó sus primeras películas y falleció en 1988. "Este sitio es precioso, ¿sabéis si Divine estuvo aquí alguna vez? Le habría encantado", afirmó, antes de recordar que sigue visitando su tumba con frecuencia en un cementerio próximo a su casa en Baltimore, la ciudad en la que ambos compartieron su amistad desde la infancia. Las primeras preguntas entraron a bocajarro en la actualidad del ‘trash’ y en su oportunidad presente; y aunque no hubo en ellas alusiones a Trump, fue el propio John Waters quien las hizo gustosamente: "Como actitud, el mal gusto adquiere un sentido concreto ante un presidente como Donald Trump, capaz de hacer las cosas que ha hecho. ¿Cómo podemos responder a un presidente que actúa lanzando papel higiénico a poblaciones que han quedado inundadas? El mal gusto es una actitud de defensa, pero es ahora cuando, más aún, se convierte en un arma política, que podemos emplear para cambiar las cosas. Justo esto es lo que soñábamos en nuestra juventud". Eso sí, poco después matizó: "Cuando éramos jóvenes, todo esto que hacíamos era ilegal. No podías rodar las películas que rodábamos, ni trabajar con ‘drags’, ni con ‘pin-ups’. Nosotros desafiábamos a quienes nos perseguían justamente haciendo lo que no querían que hiciéramos, pero no nos guiaba una voluntad política. Sencillamente, nos gustaba. Íbamos a la calle, nos poníamos a rodar y luego teníamos que salir corriendo antes de que llegara la Policía. Por rodar aquellas películas te podían detener, desde luego, pero lo que buscábamos era ante todo diversión". Waters recordó de hecho el día en que los miembros del equipo del rodaje de ‘Pink Flamingos’ fueron detenidos y llevados al calabozo en plena faena: "Terminamos pagando la multa porque salía más barato que pagar a los abogados".

Si algo ha hecho John Waters a lo largo de su trayectoria, incluso en los márgenes más propios del éxito comercial que habitó en películas como ‘Los asesinatos de mamá’, es jugar con los límites de la libertad de expresión. Para el director, el derecho a la misma "se respeta hoy mucho más que hace 40 años, por supuesto. Hoy todo es más fácil, puedes decir lo que quieras y vestir como quieras, y además dispones de diversos medios a tu servicio. De ninguna manera quiero decir que esto sea negativo, pero desde mi juventud mi sueño ha sido que pudiéramos expresarnos todos juntos, las ‘drags’, los gais, los amantes del ‘trash’ y los que no lo son, con naturalidad y en igualdad, sin tener que estar recluidos ni apartados. Ahora cada uno puede decir lo que quiera, pero lo hace desde su propio ámbito, para los suyos. Seguimos estando separados, cuando es más lo que nos une". Preguntado por el propósito con el que hace sus películas, el realizador respondió: "Crecí viendo películas raras y ya de niño quería hacer cosas así para mis amigos. Después empecé a ver cine ‘underground’ y a hacer mis propios filmes con el mismo objetivo. Pero seguramente mi mayor propósito con todo esto ha sido el de meterme en líos. Me encanta meterme en líos, porque los líos me hacen sentir vivo". Para ilustrar su argumento, Waters sacó un ejemplar de su último libro, ‘Make Trouble’ (‘Métete en líos’), en cuya promoción anda ocupado y que resume con fidelidad esta filosofía.

La escritura es precisamente la labor a la que Waters dedica más tiempo desde que rodara en 2004 su último largometraje, ‘Los sexoadictos’. Proyectos cinematográficos no le faltan, pero tampoco obstáculos para llevarlos a buen puerto: "La HBO está interesada en una nueva versión de ‘Hairspray’ [largometraje de 1988 que ya tuvo un remake en 2007 protagonizado por John Travolta], pero lo que quiero sacar adelante desde hace años es una película para niños, muy navideña, cuyo título es ‘Fruitcake’. Estoy llamando aún a todas las puertas de Hollywood, porque no puedo rodar algo así de manera independiente, pero es muy difícil. Aquí en España os podéis considerar afortunados, tenéis un Gobierno que destina ayudas a quienes quieren hacer películas, pero en EEUU tenemos un Gobierno que nos impide hacerlas". Preguntado por la "edad mínima" que recomienda a los espectadores para ver sus películas, Waters apuntó que "depende de la película, claro. Yo no recomendaría a ningún niño de 9 años que viese ‘Pink Flamingos’. De hecho, cuando al fin logramos estrenarla, algunos padres fueron a verla con sus hijos y terminaron llamando a la policía. Yo era joven, tenía 26 años y no pensaba en esas cosas, pero aquellos padres debían haberse informado". Preguntado por si cuando rodó ‘Pink Flamingos’ en 1972 soñaba con el éxito que obtuvo después y su emisión en televisión, Waters esbozó su mejor sonrisa para pronunciar un contundente "no".

En los 90, el realizador decidió dar el salto a un cine más ‘accesible’ (aunque sin dejar de rodar en Baltimore) y contó a partir de entonces con intérpretes como Kathleen Turner, Sam Waterston, Edward Furlong, Christina Ricci, Melanie Griffith y Stephen Dorff, pero sin dejar a un lado su particular sello (y sin dejar de reclutar a sus actores ‘de siempre’, como Rickie Lake, cuyo personaje en ‘Hairspray’ es, según sostiene Waters, el más representativo de su filmografía). Del mismo modo, entre los seguidores de Waters se cuentan hoy propios y extraños, jóvenes unos y otros no tanto, adscritos a las más diversas tendencias pero coincidentes a la hora de disfrutar de un genio que se ha negado en redondo, una y otra vez, a plegarse a las órdenes de los biempensantes.

miércoles, 19 de octubre de 2016

#hemeroteca #divine | El niño acosado que se convirtió en la mujer más inmunda del mundo

El niño acosado que se convirtió en la mujer más inmunda del mundo.
Harris Glenn Milstead hoy habría cumplido 71 años. Divine, la fuerza de la naturaleza en la que se transformó, es inmortal.
Eva Güimil | Vanity Fair, 2016-10-19
http://www.revistavanityfair.es/actualidad/cine/articulos/divine-harris-glenn-milstead-john-waters-cosa-de-hembras-pink-flamingos/22980

“A la gente le gusta el sexo. A la gente le gusta reírse de cosas sucias y que les sorprendan y ese es mi trabajo, salir ahí afuera y sorprenderles” y vaya si les sorprendía. Quien así hablaba era Harris Glenn Milstead, un chico tímido y desubicado de Baltimore al que el mundo conoció como Divine. Probablemente la más perturbadora fuerza de la naturaleza que jamás haya pisado un escenario.

Que en el mismo tiempo y lugar, una calle de barrio residencial del Baltimore de finales de los 60, coincidieran dos personalidades tan extremas y complementarias como las de John Waters, el director que patentó la indecencia como género cinematográfico, y Milstead, el niño raro que soñaba con ser una estrella de cine, fue una verdadera conjunción cósmica que ninguno de los dos desaprovechó.

Ambos compartían las mismas obsesiones: el cine, las divas, el ‘camp’, la droga (en cualquiera de sus variopintas formas) y, sobre todo, el entusiasmo. Un entusiasmo que les llevó a grabar en condiciones precarias pequeños cortometrajes protagonizados por Glenn. En el primero, ‘Roman Candles’, surgió por casualidad el nombre con el que Milstead conquistaría el mundo: Divine. Waters lo sugirió y Glenn dio su aprobación, sin prestar excesiva atención, como un mero trámite para seguir haciendo lo que más le gustaba: actuar. Como a lo largo de toda su carrera aceptaría cualquier propuesta de John por depravada o perturbada que pareciese.

Y aunque las pequeñas diversiones domésticas de John y Divine no pretendían ser más que una diversión privada acabaron cruzando el país y epatando a la comunidad más moderna del mundo en los años 60: San Francisco.

El Nocturnal Dream Show, epicentro de la contracultura y tubo de ensayo de la comunidad ‘queer’, vio antes que nadie el potencial que la pareja artística podía desarrollar y cursó una invitación inmediata para conocer a los autores de la primera película que recreaba el asesinato de John Kennedy. Cinco años después del magnicidio que reventó las costuras del país americano, un calvo obeso de Maryland se enfundaba en tela rosa y trepaba por el asiento trasero de lo que pretendía ser un Lincoln del 61, dispuesto a demostrar al mundo que no había ningún icono que no se pudiese desacralizar.

Glenn se subió a un avión rumbo a la costa oeste siendo un actor ‘amateur’ de cintas gamberras y aterrizó en San Francisco convertido en lo que el mundo conocería como Divine. Durante el viaje no sólo se desprendió de todo rastro emocional del muchacho rubicundo al que golpeaban en el colegio, también de la mitad de su cabellera y de sus cejas. Van Smith, el estilista que definió su imagen con prietísimos y coloristas vestidos brillantes, necesitaba más espacio para acumular maquillaje del que ninguna cara humana ofrecía y el cabello estorbaba para trazar esos rasgos a medio camino entre Jane Mansfield y un payaso aterrador.

Cuando el avión aterrizó los fans aullaban su nombre y Divine supo que lo había conseguido, ya era una estrella.

Y podría haberse quedado allí para siempre, pero en 1972 Waters reclamó su presencia en Baltimore para grabar la que sería conocida como la película más repugnante de la historia del cine: 'Pink Flamingos'.

En su afán por convertirse en “la mujer más inmunda del mundo", Babs Johnson desarrolla una espiral de canibalismo, onanismo, violaciones y violencia extrema. ‘Pink Flamingos’ llevaba al espectador a un lugar dónde el espectador no tenía claro que quisiese estar. Y cuando creía que no podía escandalizarse más, Divine se arrodillaba en una acera polvorienta e ingería una hez canina. Así, sin trampa ni cartón. Qué mejor colofón, pensó Waters. Y qué mejor manera de demostrarse a sí mismo que su musa y creación estaría dispuesta a cualquier cosa por él.

El entusiasmo interpretativo de Divine reduce a una mera parodia las transformaciones físicas y los esfuerzos interpretativos de la mayoría de los actores contemporáneos.

La secuencia convirtió a ‘Pink Flamingos’ en la película de la que todo el mundo hablaba y la mantuvo en cartel durante cinco años, pero condenó a Divine a ser durante toda su vida “la mujer que se comió una caca de perro”. Algo que chocaba con sus planes de convertirse en un actor de carácter al margen de las producciones de Waters.

Tras ‘Pink flamingos’ llegó la Dawn Davenport de ‘Cosa de hembras’, su mejor papel y el que le permitió demostrar un dinamismo insólito para un tipo de 140 kilos cuya dieta consistía en marihuana y Donuts. Y también mostró un nuevo registro de Divine, el masculino. En ‘Cosa de hembras’ Divine es Dawn, pero también Earl Peterson, el hombre que la violaba la mañana de Navidad. Y la secuencia en la que interpreta ambos papeles se merece un lugar en un hipotético Hall of Fame de los momentos cinematográficos que no te puedes quitar de la cabeza.

Divine era ya tan inclasificable como imprescindible. Estrella absoluta del trash, deidad de la escena neoyorkina y celebridad codiciada en todos los eventos. Warhol la reclamó en la Factory y en la inauguración de Studio54 se la recibió como a una diva. Elton John, Jagger, Warren Beatty, Diane Keaton…todos acudían a sus shows en Nueva York.

Divine acumulaba películas cada vez más exitosas, shows teatrales, giras por Europa en las que, de la mano del productor musical Bobby Orlando, se adelantaba al techno como en los 60 se había adelantado al punk y entrevistas irreverentes en las que no dudaba en mostrar su aversión por Boy George o Raquel Welch afirmando que odiaba las medias tintas y la cirugía estética. Era un adicto al trabajo que seguía conservando un anhelo adolescente: ser una verdadera estrella de cine.

Y es algo que sintió haber conseguido en 1988 cuando se bajó de una limusina con un smoking impecable y del brazo de su madre vio su nombre en las marquesinas del cine en el se estrenaba ‘Hairspray’, su último gran éxito.

Al pequeño Glenn de Baltimore sólo le faltaba ya uno de sus sueños por cumplir, convertirse en un actor de carácter al margen de la ‘troupe’ de Waters. Y eso también iba a llegar. ‘Matrimonio con hijos’, una de las series de más éxito de la televisión americana de entonces, le había diseñado un personaje a su medida, el tío Otto. Tres días antes de la grabación de su primer capítulo fallecía a causa de una miocardiopatía. Tenía 42 años.

Los productores de la serie enviaron flores y una nota: “Si no querías hacer el show, podrías haberlo dicho antes”. No conocían al pequeño Glenn. Él nunca decía no a un papel.