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miércoles, 20 de septiembre de 2023

#hemeroteca #ablacion | “Un retroceso de 30 años” en Gambia: líderes religiosos y políticos quieren despenalizar la mutilación genital femenina

Niñas de uniforme en Banjul, Gambia //

“Un retroceso de 30 años” en Gambia: líderes religiosos y políticos quieren despenalizar la mutilación genital femenina

La condena a tres mujeres por practicar ablaciones a ocho bebés genera un intenso debate en el país africano, donde la práctica está prohibida desde 2015 pero el 75% de las adolescentes ha sido sometida a esta práctica
José Naranjo | Planeta Futuro, El País, 2023-09-20
https://elpais.com/planeta-futuro/2023-09-20/un-retroceso-de-30-anos-en-gambia-lideres-religiosos-y-politicos-quieren-despenalizar-la-mutilacion-genital-femenina.html

Líderes políticos y religiosos de Gambia han puesto en marcha una intensa campaña para despenalizar la mutilación genital femenina (MGF), prohibida en este país africano desde 2015, pero que se sigue practicando en la clandestinidad. El detonante ha sido la reciente detención y encarcelamiento de tres mujeres tras haber mutilado a ocho niñas de entre cuatro meses y un año de edad en el pueblo de Niani Bakadagi (en el centro del país), lo que supone la primera condena desde que la ley entró en vigor. Los promotores de esta iniciativa son el imam radical Abdoulie Fatty, defensor de la ablación, y el diputado Sulayman Saho, que ha pedido en el Parlamento su despenalización. El debate divide a Gambia, un pequeño país de 2,7 millones de habitantes en el que el 75% de las adolescentes entre 15 y 19 años han sido sometidas a esta práctica, según un informe publicado el año pasado por Unicef.

A finales del pasado mes de agosto, un juez de la región de Central River condenó a tres mujeres, una circuncidadora y dos madres, por practicar la mutilación a ocho bebés. La pena impuesta a cada una de ellas fue el pago de 15.000 dalasis (unos 217 euros) o un año de cárcel. Días más tarde, el imam radical Abdoulie Fatty, conocido entre otras cosas por haber sido el asesor religioso del dictador Yahya Jammeh, por su homofobia y por su defensa de la ablación como parte de la religión musulmana, pagó la multa de las tres mujeres para sacarlas de prisión y animó a los gambianos que continuaran con esta práctica sin esconderse. “Si todos acuerdan hacerlo abiertamente, el Gobierno no puede encarcelar a un pueblo entero y mucho menos a todo un país”, aseguró.

A raíz de estas declaraciones, Isatou Touray, directora de la asociación Gamcotrap que lucha contra la MGF, pidió públicamente la detención del imam Fatty. “Esto es una incitación a la violencia y, por lo tanto, un asunto urgente. Pido al Gobierno, a los ministros de Género y Salud, al presidente del Tribunal Supremo y al inspector general de la Policía que detengan al imam Fatty porque si alguien va en contra de la ley, la ley debe seguir su curso. Esto es inaceptable y hago un llamamiento a las mujeres para que sepan que se trata de sus vidas y del futuro de sus hijos”, dijo Touray.

Estas declaraciones, entendidas como una provocación a los líderes religiosos y al islam, generaron un debate que saltó inmediatamente a las calles del país y llegó incluso al Parlamento. El lunes de la semana pasada, el diputado opositor Sulayman Saho, elegido por el distrito de Central Baddibu, utilizó su turno de palabra en la Asamblea Nacional para pedir la derogación de la ley que prohíbe la mutilación genital femenina, propuesta que fue recibida con gestos de apoyo por parte de un grupo de diputados. Saho se mostró preocupado por las detenciones de “madres y hermanas” y vinculó la mutilación genital femenina al derecho a preservar las costumbres y religiones propias. En este sentido, señaló: “La prohibición infringe esos derechos y ampara la violencia en nuestro país (...) Debemos ponernos manos a la obra para revisar la ley que criminaliza la circuncisión femenina”. Su propuesta es que exista libertad en la toma de decisión sobre la MGF.

Para Adriana Kaplan, responsable de la ONG Wassu Gambia Kafo (que lleva décadas luchando contra la ablación en este país), que en este momento haya líderes en Gambia que planteen una posible despenalización representa “un retroceso de 30 años” con respecto a los derechos conseguidos para las mujeres gambianas. “Muestra que esta lucha no ha terminado, que el camino es largo y que se ha de trabajar desde una perspectiva de respeto y conocimiento”, asegura. A su juicio, el balance de la actual ley es positivo porque crea un marco jurídico dentro del que trabajar. “Es cierto que la ley no funciona, pero es por la dificultad que conlleva su aplicación. La policía o los profesionales sanitarios también forman parte de la comunidad”, considera.

“Cuerpos reducidos a herramientas políticas”

La iniciativa de Gambia para despenalizar la mutilación genital ha tenido una rápida respuesta por parte de las asociaciones que luchan contra esta práctica. La Coalición de la Sociedad Civil y ONG ha recordado al Gobierno que tiene la obligación legal de proteger los derechos y la salud de las mujeres y niñas. “También condenamos en los términos más enérgicos las acciones de los detractores [de la ley] que aprovechan la devoción social y religiosa para promover sus agendas personales en detrimento del bienestar de las mujeres”, aseguraron en un comunicado. “Sus vidas llevan cicatrices indelebles mientras sus cuerpos son reducidos a herramientas políticas. Lamentablemente, miles más en Gambia siguen siendo vulnerables a ser víctimas de esta terrible experiencia”, expresaron las ONG.

En diciembre de 2015, el Parlamento de Gambia aprobó una modificación de la Ley de Género (Women’s Act) de 2010 para incluir dos artículos que tipifican como delito la mutilación genital. De esta manera, se fijaron penas de hasta tres años y una multa de 50.000 dalasis (unos 773 euros) tanto para quien la practique como para quien “la solicite, incite o promueva proporcionando herramientas o mediante cualquier otro medio”, así como la cadena perpetua si dicha ablación conduce a la muerte. Finalmente, se estableció una multa de 10.000 dalasis (unos 154 euros) para quien, teniendo conocimiento de la práctica de la mutilación genital, no lo denuncie.

En los últimos años, las tasas de mutilación genital femenina han descendido considerablemente en niñas y adolescentes de todo el mundo, según distintos estudios. No obstante, unos cuatro millones de jóvenes todavía sufren MGF cada año, según datos de Unicef, y unos 200 millones de niñas y mujeres actualmente vivas han sido sometidas a la mutilación genital. Gambia es uno de los que menos ha avanzado en la erradicación de esta práctica en la última década, según un informe de Unicef.

La mutilación genital femenina se practica sobre todo en el África subsahariana y algunos países árabes, pero también hay casos en Estados de Asia, Europa oriental y América Latina. Instituciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud, Unicef y el Fondo de Población de la ONU (UNFPA, por sus siglas en inglés) han puesto en marcha en los últimos 25 años distintas acciones para erradicar la mutilación genital femenina.

jueves, 29 de marzo de 2018

#hemeroteca #feminismo | Isatou Jeng: “No me he convertido en feminista. Nací feminista”

Imagen: El País / Isatou Jeng
“No me he convertido en feminista. Nací feminista”.
La activista gambiana Isatou Jeng lidera la iniciativa The Girls’ Agenda para acabar con la mutilación genital femenina y los matrimonios juveniles en su país.
Tiziana Trotta | El País, 2018-03-29
https://elpais.com/elpais/2018/03/22/planeta_futuro/1521740019_582570.html

Isatou Jeng no sabría decir cuándo se acercó al feminismo. Está convencida de que, si no hubiera logrado evitar su matrimonio con 15 años, probablemente a esta hora no estaría hablando de los derechos de las mujeres. Más bien, estaría rodeada de hijos a pesar de tener apenas 30 años. “Mi vida es un claro testimonio de discriminación, abusos, explotación y violencia. Pero es justamente todo lo vivido lo que me motiva para llevar adelante mi trabajo”, asegura la activista gambiana. La fundadora de la organización The Girls’ Agenda lucha para acabar con la mutilación genital femenina y las niñas esposas en su país, donde el 75% de las mujeres de entre 15 y 49 ha sido víctima de ablación.

“Feminismo para mí significa iguales oportunidades para chicos y chicas en todos los ámbitos, sin excepciones. Desde que era pequeña y veía cómo tenía que luchar mi madre para sacar adelante a la familia, me dije que un día contribuiría a acabar con la discriminación de la mujer”, explica desde Madrid, donde está de paso tras participar en el VIII Encuentro 'Mujeres que transforman el mundo', celebrado en Segovia entre el 16 y el 25 de marzo. “No me he convertido en feminista. Nací feminista”.

Jeng se quedó huérfana de padre con tan solo tres años. Su madre se vio obligada a volver con su anterior marido. “Él no me aceptaba como su propia hija y para mí fue un verdadero trauma crecer así”, recuerda. “Me trataba como una paria. Nunca me dio nada. Ni siquiera me llamaba por mi nombre”. No obstante, esto no fue tan duro para ella como ver a su madre día tras día levantarse a las cinco de la mañana para ir a vender verduras al mercado, trabajando de sol a sol fuera y dentro de casa. “Mi madre nunca fue a la escuela. Sin embargo, entendía la importancia de la educación y hacía todo lo posible para que sus hijos pudieran estudiar”, dice. “Nunca la trataron de manera digna, pero jamás la he oído quejarse. Crecí con la pasión por contribuir a hacer del mundo un lugar mejor, más justo para las mujeres. Afortunadamente, he acabado haciendo lo que siempre he deseado”.

A los seis meses fue víctima de ablación genital, una práctica formalmente prohibida en su país desde finales de 2015 pero que se resiste a desaparecer. “Más tarde, cuando empecé a entender qué es, cómo se realiza y qué consecuencias tiene, sentí que no era justo que me extirparan algo del cuerpo sin mi consentimiento”. Sin embargo, Jeng sabe que se trata de algo muy arraigado en la tradición y que su madre decidió cortarla al pensar que era lo justo para ella, para que fuera aceptada en la sociedad.

“En Gambia, el sexo y todo lo que rodea a los genitales son temas tabú”, señala. Y, por mucho que intentara hablar de mutilación genital con su madre, no obtenía explicaciones. Esta falta de educación sexual y el limitado acceso a contraceptivos fueron la causa de que se quedara embarazada a los 15 años. Echando la vista atrás, Jeng ya no se arrepiente de nada. “En mi país es muy duro ser una superviviente de embarazo juvenil. Incluso si eres mayor de edad, si no estás casada, eres una vergüenza para toda la familia. Mi embarazo, sin embargo, es uno de los factores que me dio la fuerza para embarcarme en esta lucha”.

“Normalmente, en Gambia, cuando pasa algo así toda la culpa se achaca exclusivamente a la chica. Pero, al contrario, mi madre siempre me apoyó y se opuso a que me casara con el padre del bebé, contrariamente a lo que intentaban imponerme los hombres de la familia”. Una vez más, su madre fue su salvación. A los seis meses, se hizo cargo de su hija para que ella pudiera mudarse con su hermana mayor y volver a la escuela, pese a la desaprobación de vecinos y familiares.

El estigma y la discriminación que acompañaron el regreso de Jeng a las aulas fueron enormes. Ella, por su parte, nunca intentó ocultar su historia delante de los demás, incluso cuando le señalaban con el dedo o le dirigían palabras ofensivas. Su empeño en los estudios le llevó a graduarse unos años después en Ciencias Políticas.

“En Gambia, licenciarse después de haber pasado por un embarazo juvenil es algo muy raro. Fue una época difícil, porque venía de una familia con pocos recursos y los estudios pueden ser muy caros. Cómo lo logramos, fue una sorpresa para todos. Fue increíble, pero en mi vocabulario no existe la palabra abandonar”, recalca.

Jeng sabe que su caso es más único que raro. Por eso decidió diseñar un proyecto piloto para ayudar a las chicas que se encuentran en su misma situación. “Quiero que las madres adolescentes vuelvan a soñar. Les damos formación en feminismo, mutilación genital, matrimonio juvenil y les preparamos para enfrentarse al estigma de la sociedad”, explica. “Comparto mi historia allá donde vaya para que vean que si yo pude, ellas también pueden”.

Casi todas las mujeres involucradas en las actividades de The Girls’ Agenda han sido víctimas de ablación. Los miembros de la organización trabajan mucho en pequeñas comunidades rurales, donde se dirigen a la gente hablando el idioma local. “Al ser algo considerado cultural, no puedes simplemente ir a ver a la gente y decirle que lo que hace está mal. Tienes que ser estratégico: hablar con ellos para que lo entiendan, para que tengan tus mismos conocimientos”, insiste la activista. “En el momento en que les cuentas cómo la mutilación ha afectado tu vida sexual y a tu salud, muchas otras mujeres salen a la luz pública y comparten su testimonio”.

El simple hecho de poder abordar en público un tema tabú como la mutilación genital femenina para Jeng es síntoma de que hay un cambio en marcha. “La gente joven se opone de manera muy firme a la ablación. Si seguimos por este camino, la próxima generación en Gambia podrá estar libre de mutilación. Este es el momento, tenemos que seguir levantando la voz”.

viernes, 5 de febrero de 2016

#hemeroteca #ablacion | Gambia aprueba su primera ley contra la ablación

Imagen: El País
Gambia aprueba su primera ley contra la ablación.
La mutilación genital femenina, que afecta a un 75% de las mujeres y niñas del país, será castigada con penas de cárcel.
Jessica Mouzo Quintáns | Planeta Futuro, El País, 2016-02-05
http://elpais.com/elpais/2016/02/05/planeta_futuro/1454693799_953731.html

Someter a una niña gambiana a una mutilación genital se empezará a castigar en el país africano. Hasta tres años de prisión, multas de 50.000 dalasis —unos 1.130 euros, cuando el salario mínimo es de 45— o cárcel permanente en caso de fallecimiento de la menor son las penas que contempla la primera ley del país contra la mutilación genital femenina (MGF) aprobada el pasado diciembre. Se trata, según los expertos, de "un gran paso adelante" en el país africano, sobre todo, teniendo en cuenta que la práctica afecta al 75% de las mujeres del país y que, hasta hace 12 años, estaba prohibido hacer trabajos de sensibilización sobre el tema.

La evidencia científica y el trabajo de campo que ha hecho la fundación española Wassu-UAB desde 2008 han sido el germen de todo este proceso que culminó con ley contra la ablación. En un país donde la práctica está fuertemente arraigada, vinculada a la tradición y a los lazos familiares, de poco o nada servía el discurso del miedo que lanzaba Occidente para erradicar la MGF. Los investigadores de la fundación Wassu-UAB, auspiciados por la propia vicepresidenta del país, Isatou Njie-Saidy, dieron una vuelta de tuerca al enfoque tradicional con el que se abordaba el asunto y comenzaron un trabajo de investigación sobre el terreno. Su objetivo era demostrar, con la evidencia científica bajo el brazo, que la ablación tiene consecuencias negativas muy graves para la salud.

Ha sido "un trabajo de hormiguitas", recuerda la antropóloga Adriana Kaplan, directora de Wassu-UAB. La investigadora, una de las expertas mundiales en MGF, preparó minuciosamente una metodología específica para penetrar con efectividad en las comunidades más herméticas. A través de un observatorio transnacional con sede en Barcelona y en Gambia, los investigadores aplicaron "la transmisión del conocimiento en cascada". El plan pasaba por realizar estudios clínicos 'in situ' que probasen el daño que provoca la MGF y mostrar los resultados a todos los estratos sociales. Y lo consiguieron. "Queremos preservar también el valor cultural que tiene esta práctica para ellos, pero les ofrecemos una alternativa, un rito de iniciación que no implique la mutilación", sostiene Kaplan.

Fueron muchas reuniones con las autoridades gubernamentales, encuentros con los líderes religiosos y visitas continuadas a los poblados para hablar con las comadronas y las mujeres más ancianas. El primer estudio clínico requería radiografiar el país, ver quién practicaba la mutilación, dónde se hacía y qué tipo de ablación se realizaba. El 66% de las mujeres sufrían una ablación de tipo I —la circuncisión, que implica la eliminación del prepucio clitorídeo pero conservando el clítoris—. El 7% era del tipo III, la más agresiva, que consiste en sellar la abertura vaginal, a veces, con reseción del clítoris incluida. Ante los datos que presentaron los investigadores de la prevalencia de la práctica, el gobierno gambiano dio luz verde para seguir investigando.

"Luego descubrimos que el 42% de los profesionales de la salud apoyaban la MGF y el 47% someterían a sus hijas a esa práctica", explica Kaplan. Los sanitarios tampoco vinculaban las complicaciones que veían en partos u otros problemas de salud con las consecuencias de la mutilación. Pero los investigadores, otra vez con la evidencia en la mano, probaron que las mujeres mutiladas tenían cuatro veces más posibilidades de presentar problemas durante el alumbramiento y de sufrimiento de los fetos.

"Desplegamos un curriculum académico para que los profesionales de la salud que estaban estudiando la carrera en ese momento tuviesen un bloque de estudio sobre la MGF. No podíamos dejar que acabasen la carrera sin reconocer los tipos de MGF y sin saber las consecuencias para la salud de esta práctica", apunta la antropóloga. Desde 2008, el equipo de Wassu-UAB formó a 1.280 profesionales de la salud, a 1.464 estudiantes del área sanitaria, a 1.293 comadronas tradicionales y a 995 líderes comunitarios de todo el país.

Los últimos estudios de la fundación auguran un futuro prometedor para la ley y la erradicación de la práctica. En 2014, sólo el 25% de los profesionales de la salud apoyaban la MGF y, además, se plasmó una mejora en el conocimiento de las consecuencias que tiene la ablación en la salud: un 62% de los profesionales sabían de los riesgos a largo plazo en 2014 —en 2009 sólo eran el 41%—.

Kaplan reconoce que la promulgación de la ley supuso "una sorpresa" para los gambianos. La penetración de la norma será difícil, avisa la investigadora, en algunas etnias pero apuesta por continuar con el trabajo de sensibilización sobre el terreno. La antropóloga advierte de que hay que prestar especial atención a la "medicalización de la práctica" porque, pese a las cifras favorables en otros ámbitos, el porcentaje de profesionales de la salud que realizan la MGF durante su práctica profesional han pasado del 7% en 2009 al 10,5% en 2014.

El gran reto que queda pendiente en Gambia, asegura Kaplan, es que "se reconozca la MGF como un problema de salud pública en el país". Y puestos a pedir, también sería necesaria la creación de un gran sistema de control epidemiológico para monitorizar las tendencias de la ablación en el país.

sábado, 12 de diciembre de 2015

#hemeroteca #machismo | El dictador de Gambia exige a las mujeres quitarse el pantalón y la ropa interior


Imagen: El Diario Vasco / Yahya Jammeh
El dictador de Gambia exige a las mujeres quitarse el pantalón y la ropa interior.
Yahya Jammeh asegura que las mujeres del país "están enfrentándose a la infertilidad y a todo tipo de enfermedades". "Vuestras partes privadas necesitan algo de aire".
El Diario Vasco, 2015-12-12
http://www.diariovasco.com/internacional/africa/201512/12/dictador-gambia-exige-mujeres-20151212151756.html

En Gambia los índices de natalidad han descendido considerablemente. Tanto que genera algún que otro quebradero de cabeza al dictador del país, Yahya Jammeh, el cual ve el problema en la forma de vestir occidental de las mujeres del país. Una situación que va contra la cultura gambiana. Por tanto las ha instado a que se desprendan de los pantalones y su ropa interior: “Vuestras partes íntimas necesitan algo de aire para poder funcionar de forma efectiva”, resalta. 

Y es que para Jammeh, la mujer de Gambia a día de hoy con su vestimenta queda expuesta a la infertilidad y a otro tipo de enfermedades. “¿Cómo vais a poder concebir si vais vestidas con pantalones apretados y ropa interior? Debéis cambiar vuestra vestimenta si queréis tener un bebé”, ensalza. 

El notorio enfado del dictador, según apuntan desde el medio ‘Freedom Newspaper’, puede estar incluso en casa. Y es que su mujer viste con vaqueros apretados con una clara tendencia occidental, algo que parece no sentarle bien al jefe de estado del país gambiano. Por ello lanzó tal curioso mensaje.