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martes, 19 de marzo de 2019

#hemeroteca #mayores #lgtbi | Los mayores LGTB, esos grandes olvidados por la sociedad y por su propio colectivo

Imagen: 65 y más / Federico Armenteros
Los mayores LGTB, esos grandes olvidados por la sociedad y por su propio colectivo.
La Fundación 26 de diciembre vela por los derechos de los mayores LGTB.
Pablo Recio | 65 y más, 2019-03-19
https://www.65ymas.com/sociedad/asociaciones-de-mayores/mayores-lgtb-fundacion-26-diciembre_1535_102.html

La Fundación 26 de diciembre, creada en 2010 con el objetivo de defender los derechos de las personas mayores LGTB, un colectivo que se cifra en torno a las 800.000 personas en toda España, es hoy un referente en la lucha contra el edadismo. La organización debe su nombre a una fecha histórica simbólica para el colectivo: el 26 de diciembre de 1978, cuando se modificó la Ley 16/1970 sobre Peligrosidad y Rehabilitación (anteriormente conocida como la Ley de Vagos y Maleantes) que penalizaba la homosexualidad, así como el consumo de droga, la prostitución, la venta de pornografía o la inmigración ilegal.

Para llegar a buena parte de los mayores que actualmente forman parte de la fundación, abrieron, en 2014, una sede en el barrio madrileño de Lavapiés que sirve como centro de día. En él, se organizan actividades de todo tipo enfocadas al público de más edad como charlas, talleres, cine fórum o grupos de discusión. Para conocer más en profundidad el proyecto y las reivindicaciones de sus integrantes, 65Ymás conversa con su presidente y fundador, Federico Armenteros, un educador social que con 50 años se quedó en el paro y decidió dar un giro a su vida y crear la ONG, que hoy asiste a unas 700 personas.

“Veía que los mayores no estaban en ningún sitio”, comenta el presidente cuando se le pregunta por la razón para crear la fundación. En el pasado, había participado en alguna asociación LGTB como la madrileña COGAM, pero no sentía que se le diese la suficiente visibilidad a las personas mayores. Por ello, en 2008 empezó a planear cómo sería la fundación y, en 2010, decidió dar el paso y la creó.

Desde entonces, no ha parado de crecer el número de mayores que se acercan a su local para participar en sus actividades o, simplemente, para conocer el proyecto. “Funciona por el boca a oreja”, explica. Pero el camino no ha sido fácil. “Nuestro colectivo ha nacido cojo. Los miembros que iban más avanzados entendieron que se podrían recuperar derechos si dejábamos de lado las miserias”, critica. “Muchos mayores se encuentran en un mundo de exclusión y de vulnerabilidad, pero eso no vende”, denuncia.

Para Armenteros, la imagen que se tiene del mundo gay, “que no LGTB”, no responde a la realidad. “Compramos que ese colectivo es joven, divertido, consumidor, guapísimo, atleta...”, explica. Según el presidente de la fundación, la culpa la tienen “los medios y ellos mismos” que han alimentado ese estereotipo. “Nos han educado en el hedonismo”, explica.

En su opinión, los mayores no se encuentran en la misma situación que las personas de menor edad. “Un joven está dentro de la sociedad. Es evidente que hay homofobia, pero no tienen una Ley de Peligrosidad a sus espaldas. Podrán caer mejor en sus familias o en el colegio, pero hay leyes que nos defienden”, apunta. Y añade que, para él, el resultado de esto es que, al final, “sólo se habla de los LGTB en el Orgullo”.

Asimismo, según Armenteros, se ha vendido el mito de que las personas homosexuales son ricos. “Muchos de los que vienen a la fundación no tienen un duro. La realidad del colectivo es igual que la del resto de la población. Hay mayores con dinero y otros con menos. Algunos viven con 400 euros de pensión”, comenta. Y denuncia: “El colectivo no lo quiere ver. Dicen, nosotros apoyamos la fiesta y la visibilidad, pero todo lo que es feo, no”.

Una residencia para personas LGTB
Uno de los caballos de batalla más importantes de la fundación ha sido tratar de conseguir un espacio hecho para ellos en el que poder envejecer. En 2010 lo intentaron con el Cohousing, pero no fue posible por motivos financieros. “Creíamos que los homosexuales éramos ricos. Tienes que poner una inversión de 110.000 euros. Los mayores te decían: ‘No voy a vender mi casa para meterme en algo que vete a saber si sale’”, recuerda.

Unos años después, se enteraron de que la Comunidad de Madrid les podía ceder un edificio para tal fin en el barrio de Villaverde por 30 años, siempre y cuando la restauración y acondicionamiento corriese por cuenta de la fundación. Se presentaron y les cedieron el espacio. Actualmente, trabajan para que el proyecto salga adelante.

“Me sentía como Juana la Loca o Clara Campoamor, porque el colectivo no me ha acompañado en esta reivindicación”, rememora. Para él, lo importante es tener capacidad de elegir. “El Estado tiene residencias pero ni se ha formado al personal ni se han hecho para el colectivo. Además, en ellas están los mayores, que son los más crueles porque hemos vivido juntos y han sido educados en la homofobia. Es como si metemos a las mujeres maltratadas con su maltratador”, explica. Y se pregunta: “¿Por qué tengo que ir con personas con las que no me une nada?”

Repensar el colectivo
“El movimiento ha ofrecido a la sociedad en su conjunto unas libertades que no existían”, apunta por una parte. Pero matiza: “No obstante, la gente está muy cansada. Hay que implicar a todos al igual que hace el movimiento feminista que quiere vincular a toda la sociedad. Ellas han sido nuestras madres”. En las discusiones entre miembros del colectivo suelen sacar a menudo este tema a colación. “Hablando con las mayores, les digo: ‘Vosotras erais una mierda pero nosotros peor aún. Éramos una deshonra, invertidos”, cuenta.

Pero, si una parte del colectivo mayor LGTB ha sufrido discriminación, estos han sido las mujeres y los hombres trans. Según el dirigente de la ONG, los hombres trans no pudieron hacer el tránsito y “si una mujer afirmaba que se sentía hombre, la mandaban al psiquiátrico”. “Tienen una esperanza de vida de 54 años. Muchos han muerto por la drogodependencia, automedicación, siliconas en mal estado y, sobre todo, por la exclusión social”, explica.

Derecho a la compensación
“Las legislaciones son un brindis al sol. No tienen dotación presupuestaria, es como la Ley de Dependencia”, critica el presidente de la fundación. A su parecer, hay cosas que se han conseguido como que les cedan la residencia, pero la iniciativa “no salió del Estado”, sino que fueron ellos los que tuvieron que luchar por ella, cosa que, en su opinión, no le pasa a la Iglesia a la que sí ofrecen directamente estas cesiones.

Aunque el factor edad está integrado en la Ley LGTB de 2016 de la Comunidad de Madrid, Armenteros piensa que hace falta que las instituciones den un paso más y compensen de alguna manera el daño hecho a los mayores que forman parte del colectivo. “No ha habido un reconocimiento público”, apunta. Según él, queda aún mucho por hacer. Prueba de ello, fue que hubo que esperar a los 90 para que “nos quitaran del catálogo de enfermedades”, recuerda.

Por último, el fundador de la organización por los derechos de los mayores LGTB, se muestra pesimista por el poco músculo que tiene el colectivo. “Sólo nos han enseñado a sacarlo en la fiesta del Orgullo”, afirma. Armenteros ve con preocupación el aumento de la extrema derecha. Según constata, mucha gente empieza a decir cosas como: “Teniendo tanto cáncer, ¿tenemos que operar a ésta?”. Además, “están machacando a las clínicas de aborto y nadie hace nada”, denuncia.

Al presidente de la fundación no le parece tan fácil luchar contra un posible regreso de las políticas del pasado. “¿Cuántos homosexuales han votado a Vox? Un montón. ¿Cuántas personas están en los colectivos? Muy pocas, pero pasa lo mismo con las asociaciones de vecinos”, apunta. Y concluye: “El colectivo se tiene que unir al movimiento feminista”, porque, según él, por sí mismo no tiene la fuerza suficiente.

martes, 19 de febrero de 2019

#hemeroteca #parejas #testimonios | El hombre que enamoró (y enemistó) a Karl Lagerfeld e Yves Saint Laurent.

Imagen. El País / Jacques de Bascher
El hombre que enamoró (y enemistó) a Karl Lagerfeld e Yves Saint Laurent.

La vida del diseñador fue turbulenta. Recordamos su relación con Jacques de Bascher. "Para mí era divino, pero otros lo encontraban diabólico", dijo el káiser refiriéndose a su relación.
Leticia García | SModa, El País, 2019-02-19
https://smoda.elpais.com/moda/el-hombre-que-enamoro-y-enemisto-a-yves-saint-laurent-y-karl-lagerfeld/ 

“Se dice que fue mi novio, pero no es cierto. Era la persona más divertida y más distinta a mí que he conocido. Salvaje, ‘chic’ y divertido. Tenía todos los defectos y todas las cualidades. Para mí era divino, pero otros lo encontraban diabólico”. Esta es una de las poquísimas veces que Karl Lagerfeld ha hablado de Jacques de Bascher tras su muerte. Lo hizo en una extensa entrevista concedida a Eugenia de la Torriente en 2009, 30 años después de que De Bascher falleciera a causa del sida. Cuentan que el director creativo de Chanel empezó a ocultarse tras sus ya míticas gafas de sol después de aquello. También fue la época en la que empezó a descuidar su dieta espartana y a enfundarse en trajes de Yohji Yamamoto para ocultar su exceso de peso. Solo tres décadas más tarde se atrevió a hablar, aunque siempre escuetamente, de la persona que más le ha marcado personal y profesionalmente.

Después llegaría el documental Lagerfeld se dibuja en 2013 donde, entre bocetos, el diseñador recuerda su trayectoria y no puede esquivar la importancia que De Bascher tuvo en ella. Lo considera “el francés más elegante que ha conocido en su vida” y recuerda la primera que lo vio, con bermudas tirolesas, vestido de forma tan extravagante como fascinante. Y finalmente la exposición La gloria del agua, la muestra que en verano de 2013 inauguraba Fendi (la otra casa para la que diseña el alemán) y que, además de exhibir las decenas de instantáneas que el diseñador había realizado en Roma, mostraba al público por primera vez un fashion ‘film’ que De Bascher había realizado para la marca en 1977.

Aunque sus excesos, sus estilismos copiados de la aristocracia de fin de siglo y su lengua viperina eran encumbrados en el París de los setenta, la figura de Jacques de Bascher, quizá por expreso deseo de Lagerfeld, fue cayendo poco a poco en el olvido. Hasta la fecha. Porque no solo marcó la vida del siempre esquivo y misterioso Lagerfeld, también mantuvo un autodestructivo romance con Yves Saint Laurent. Y ahora es una pieza clave en los dos ‘biopics’ que acaban de estrenarse sobre el modisto argelino.

Pese a que ambas cintas poseen enfoques muy distintos, el personaje de Jacques de Bascher aparece retratado (con más o menos profundidad) como el causante del descenso a los infiernos de Yves Saint Laurent y el desencadenante de la enemistad entre los que quizá sean los dos creadores de moda más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Hoy muchos, tras ver las películas, se preguntarán de dónde ha salido esta misteriosa e influyente figura.

Probablemente lo último que hubiera querido Jacques de Bascher fuera caer en el olvido. Desde que llegó al centro de París procedente de Neuilly con 22 años, todos sus esfuerzos se centraron en ser el foco de atención, el niño mimado de esa minoría elitista y hedonista que entonces dominaba la moda francesa. Lo consiguió. Pero ni al tándem Saint Laurent-Bergé le interesaba dar publicidad al artífice de una de sus mayores crisis ni a Lagerfeld, que en vida se dejaba retratar orgulloso junto a él, le apetecía recordarle en público tras su muerte.

De hecho, el alemán demandó a Alicia Drake, autora del libro 'The beautiful fall', por narrar hechos supuestamente falsos y pidió la retirada del mismo. El libro relata las vidas de ambos diseñadores de forma novelada y a través de cientos de entrevistas a los testigos de la época. De temperamentos opuestos, amigos en sus inicios y enemigos en el cénit de sus respectivas carreras, Drake entrelaza sus trayectorias e intenta responder a muchas de las sombras que rodean a ambos personajes. Obviamente, De Bascher juega un papel básico en la trama. Y este texto es, a día de hoy, el único perfil detallado que encontramos de este joven dandi.

Porque si hay un concepto que defina a De Bascher es el de dandismo. Entendido, además, en su sentido más estricto. Si de joven se dejó fascinar (y seducir) por un profesor que lo llevaba de viaje a Londres y le hacía visitar los escenarios vitales de Oscar Wilde, con 20 años cambió su gabardina y sus jerseys de pico por pantalones tiroleses, blusas de seda y chaquetas floreadas, comenzó a leer a Huysmans y a Montesquieu, a expresarse con lenguaje rimbombante y anacrónico y se mudó a París dispuesto a ejercer de ‘muso’ y de alma de todas las fiestas. Como cualquier dandi de los siglos XVIII y XIX nunca quiso trabajar, sino vivir consagrado al hedonismo y al culto a la belleza. Procedía de una familia de provincias relacionada con la baja aristocracia pero se inventó un pasado que lo unía a la nobleza más poderosa y se hizo cambiar su segundo apellido, Petit, por Beaumarchais.

Lagerfeld, acostumbrado a ser ‘el alemán’ en un mundo altamente chauvinista, también solía reinventar su pasado. Fue niño prodigio, hijo de aristócratas y vástago de una familia dedicada a las bellas artes. Quizá fuera aquella necesidad de reescribir su historia lo que le unió a De Bascher. Aquel joven representaba, además, todo lo que el diseñador no poseía: apellidos ilustres, una extravagancia estética que era vista como la quintaesencia de la sofisticación y ese estilo de vida excesivo que él, adicto al trabajo, admiraba desde la distancia.

Según cuenta Drake, se conocieron en Le Sept, el club de moda del París de la época, y al día siguiente De Bascher ya viajaba a la casa de verano que Lagerfeld había alquilado en Saint Tropez. Era 1973, y no se separaron durante más de 15 años. En esa década y media Lagerfeld cambió de estilo, de trabajo y de amigos, pero De Bascher siempre estuvo ahí, viendo cómo el diseñador se encaprichaba de Anna Piaggi, de Antonio López o de Pat Cleveland y cómo, con el tiempo, iba alejándose de ellos.

El fastuoso tren de vida de De Bascher corría a cuenta de Lagerfeld. Vivía en un histórico apartamento en Saint Sulpice cuya renta pagaba el diseñador, se paseaba en Rolls Royce por el pequeño pueblo de la Bretaña donde Lagerfeld poseía un castillo y montaba las fiestas más escandalosas y excesivas de París con cargo a su cuenta. Nunca se supo qué les unía, y si al principio se hablaba de ellos como pareja, en sus últimos años de relación se consideraba que su unión era similar a la de un padre y su hijo. Pero no se separaron, aunque Lagerfeld se hiciera cada vez más importante dentro de la industria y De Bascher fuera encadenando escándalos cada vez más sonados.

Probablemente Lagerfeld no se sorprendiera al saber que Yves Saint Laurent y su fiel pandilla de modelos y artistas acudiría a su fiesta de cumpleaños, pese a que ambos grupos apenas se mezclaran en cenas y eventos (y la prensa se encargara de remarcar continuamente su rivalidad). Tampoco debió causarle mucha impresión ver a de Bascher sentado en la primera fila de un desfile de Costura de Saint Laurent. Casi todos sabían que Yves y él mantenían una relación. Lo que pocos intuyeron es que, a diferencia del resto de amantes del argelino, De Bascher iba a obsesionar al modisto durante tres años. Si Yves ya había sufrido varias crisis depresivas y caminaba siempre en la cuerda floja, él le iba a hacer reencontrarse con las drogas, el alcohol y las pastillas.

Saint Laurent se sumergió en la peor de sus crisis personales y Pierre Bergé decidió marcharse de casa. Años después, Bergé no soportaba tenerle cerca. Si se cruzaba con él, le llamaba gigoló, pedía que lo echaran del local y desacreditaba (siempre de forma implícita) la labor de Lagerfeld. Curiosamente, en sus años más oscuros junto a De Bascher, Saint Laurent firmó algunas de sus mejores colecciones: perfeccionó y reformuló su esmoquin, jugó con las transparencias, se adentró de lleno en el Orientalismo y culminó su exploración creativa con una colección dedicada a La Ópera y los Ballets Rusos en 1976, que esbozó prácticamente desde la camilla del hospital.

Pero sin duda la mejor parte del espíritu inspirador de De Bascher se la llevó Lagerfeld: comenzó a vestirse de forma extravagante, a llenar sus entrevistas de frases lapidarias y, correlativamente, a crear frenéticamente colecciones que le hicieron ganarse el liderazgo en Chloé, en Fendi y, finalmente, la dirección creativa de Chanel. Lagerfeld, que siempre ha trabajado de forma espartana, vivía su vida a través de su protegido. Mientras uno organizaba fiestas que parecían salidas de la Belle Époque, se dejaba retratar por David Hockney y, como buen dandi, respondía siempre de forma insolente y aparatosa a cualquier personaje de la élite parisina, el otro traducía dichas vivencias en bocetos, fotografías y vestidos. De Bascher se jactaba de no trabajar, de vivir exclusivamente dedicado al placer y la estética y Lagerfeld se enorgullecía de tener a su lado un personaje que alimentaba sus exigencias creativas. Si hoy la prensa especializada lo apoda ‘el káiser‘ es porque De Bascher, fascinado por el modo en que el diseñador era capaz de imponer las tendencias, comenzó a llamarle de esa forma.

Cuenta Drake en ‘The Beautiful Fall’ que Renaud, uno de los pocos amigos que De Bascher mantenía de su infancia, recibía cada año una postal navideña con su retrato. Cada enero, Lagerfeld bocetaba a su ‘muso’ de una forma distinta. En la Navidad de 1989 recibió uno de los dibujos más bellos. Bajo el retrato, el diseñador escribía la frase “Jacques de Bascher visto por Karl Lagerfeld”. En aquel momento, su salud ya estaba devastada por el sida. Moriría poco tiempo después. La mitad de sus cenizas descansan en su casa familiar y la otra mitad junto a la madre del diseñador. Nunca se supo qué fue lo que mantuvo unidos tanto tiempo a dos personajes tan volátiles y caprichosos, tampoco se sabe con claridad por qué este joven francés de aspecto extravagante fascinó a buena parte de los que escribieron la moda del último siglo XX. Lo que sí puede decirse con bastante rotundidad es que Jacques de Bascher, además de ser el último dandi real de la historia, fue el primer ‘muso’ masculino conocido en la industria.

*Esta noticia se publicó originariamente en 2014 y se actualizó tras la muerte de Karl Lagerfeld el 19 febrero de 2019.

Y TAMBIEN…
El dandi que enamoró a Lagerfeld.

Las cenizas del káiser de la moda reposarán junto a las de su gran amor, Jacques de Bascher.
Luis Miguel Marcos | El Periódico, 2019-02-23
https://www.elperiodico.com/es/gente/20190223/el-dandi-que-enamoro-a-karl-lagerfeld-7315304
Jacques de Bascher, el gran amor (sin sexo) de Karl Lagerfeld.
Beatriz Juez | El Mundo, 2019-02-21

https://www.elmundo.es/loc/celebrities/2019/02/21/5c6da990fdddff288c8b47d5.html
Fiesta, fama y un triángulo amoroso que cambió la historia de la moda: así fueron los locos 70 de Karl Lagerfeld
Begoña Gómez Urzaiz | Vogue, 2019-02-20

https://www.vogue.es/moda/news/articulos/karl-lagerfeld-parejas-relaciones-jacques-de-bascher-anos-70/39122
La escandalosa vida de Jacques de Bascher, el que fuera novio de Karl Lagerfeld.
Una nueva biografía arroja luz sobre el hombre que sedujo a Saint Laurent y a Lagerfeld, entre muchos otros sofisticados hombres parisinos.
Patrick Thévenin | I-D Vice, 2017-06-15
https://i-d.vice.com/es/article/gyqv99/jacques-de-bascher-dandy-de-lombre

jueves, 5 de julio de 2018

#hemeroteca #fiestas | El escándalo de San Fermín agita el moralismo progre

Imagen: El País / Protesta antitaurina de PACMA en Iruñea
El escándalo de San Fermín agita el moralismo progre.
El prohibicionismo y el buenismo reaparecen contra el exceso hedonista de Pamplona.
Rubén Amón | El País, 2018-07-05
https://elpais.com/elpais/2018/07/04/opinion/1530687796_340074.html

El moralismo predominante que aspira a hacernos mejores reprocha a la fiesta pamplonesa de San Fermín sus excesos y su brutalidad, hasta el extremo de pretender constreñirse su idiosincrasia a un ejercicio de pedagogía social y de almíbar homeopático. También la fiesta, despojándola así de su razón de ser, el hedonismo. Y pretendiendo castrarla en su naturaleza hiperbólica. Antes de extremarse la tutela al ciudadano, bien podría convenirse que San Fermín representa un estado de excepción. La evidencia festiva, evasiva y etílica no implica que deba suspenderse el código penal ni que deba condescenderse con el machismo, pero obliga a la suspensión del código moral.

E impresiona cómo intenta aplicarlo la progresía desde una autoridad ética y un poder anestésico que se arroga ella misma por derecho natural. De ahí que haya prosperado la tentación de prohibir las corridas de toros como expresión de la atrocidad. Lo sugirió el propio alcalde, con su bastón de Bildu, no ya cuestionando el punto de atracción universal que representa la ciudad que gobierna, sino pretendiendo evacuar de la fiesta la transubstanciación del vino y de la sangre.

Es la misma hipocresía en que incurren las cadenas de televisión. Todas ellas se recrean en la narración de los encierros porque la marabunta democratiza el heroísmo, lo convierte en asambleario, pero abjuran de cuanto sucede con las reses después. Como si se hubieran evaporado. Y como si el camino que recorren los miuras no consistiera precisamente en trasladarse de los corrales a la plaza para ser lidiados y sacrificados a estoque. Las teles nos enseñan el calentamiento, pero nos ocultan el partido.

Llegará el momento en que el vino se convertirá en agua. Sobrevendrán la misa sin eucaristía y la morcilla vegana. Terminará imponiéndose la simulación de la fiesta, restringiéndose por nuestro bien todos aquellos comportamientos que escapan al placebo del mundo feliz y ordenado.

Y se avecina en cuestión de unas horas la tormenta perfecta en la que aparecen alineados los movimientos animalistas, los antitaurinos, los moralistas, los puritanos y hasta la izquierda protectora e intervencionista a la que gusta mucho legislar —Podemos ha propuesto impedir la entrada a los toros a los menores de 18 años—, renegando de esa España tribal que aparece en la CNN y que se anestesia con la fiesta transformando una ciudad conservadora y hasta mojigata como Pamplona en Iruña y Gomorra o Sodoma.

La pretensión consiste en acabar con San Fermín en cuanto fiesta visceral, descomunal, irracional, etílica, orgiástica, pagana, desquiciada, anacrónica, inmoral, eucarística y pecuniaria —y también familiar, diurna, pacífica—, pero se diría que todas esas razones no son motivos para prohibir la fiesta, sino para conservarla y protegerla.

Y es verdad que aquí, en Pamplona, el capote de San Fermín concede indulgencia. No para el quinto ni el séptimo mandamiento, pero sí, desde luego, para los pecados capitales. Que son siete, como el 7 de julio, y que vendremos a observar, a rajatabla, antes de que el clero laico e integrista convierta los colores rojo y blanco de San Fermín en la alegoría de la prohibición.