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lunes, 19 de febrero de 2024

#hemeroteca #inmemoriam | Fernando Delgado: réquiem de amor por la vida

Fernando Delgado, en octubre de 2023 //

Fernando Delgado: réquiem de amor por la vida

Juan Cruz Ruiz | APM – Asociación de la Prensa de Madrid, 2024-02-19

https://www.apmadrid.es/personas/fernando-delgado-requiem-de-amor-por-la-vida/

La primera vez que vi en mi vida a Fernando Delgado, entonces Fernando González Delgado, luego Fernando G. Delgado y finalmente, con el doble apellido definitivamente adelgazado, Fernando Delgado, él estaba esperando su turno para examinarse de griego en el Instituto de Santa Cruz de Tenerife, donde nos tocaba rendir cuentas a los que íbamos por libre.

Era alto, muy delgado, algo ingenuo. Como sucedió en el resto de su vida, en todas las épocas de su vida, era un solitario que necesitaba amigos alrededor. En Santa Cruz, donde nos veíamos desde que nos conocimos, era el jefe de una enorme cantidad de amistades, amigas y amigos, a los que alentaba o sugería, como un maestro, qué cosas debían hacer en la vida. Su mejor amigo de entonces, y en adelante, hasta ahora mismo, José Luis Toribio, le servía de 'sparring' para su manera de interpretar el arte, pues Toribio era pintor (un gran pintor) y a Fernando, poeta desde adolescente, la plástica le resultaba el terreno de ensayo de su carácter poético.

Salíamos con mucha frecuencia con ese grupo de amigos, nos servíamos del Mercedes enorme que tuvo Toribio en su juventud, e íbamos a todas partes en una ciudad que se acababa en seguida. En un coche más modesto, el primero que se compró Fernando cuando empezó a ganar dinero por su trabajo en Radio Nacional de España, hacíamos excursiones a La Laguna y al sur, donde a veces ellos, todos ellos, es decir, el grupo de amigos que capitaneaba Fernando, trataron de aliviar mi primer mal de amores.

Esos amigos lo han sobrevivido, excepto los mayores, como Domingo Pérez Minik o Pedro González o Pepe Hierro, entre otros muchos, naturalmente, arrasados por la odiosa muerte, mientras cada uno de nosotros envejecía echando de menos aquellos sobresalientes magisterios. Sobrevive, gozosamente, don Emilio Lledó, cuyo fructífero paso por la universidad lagunera ha sido para nosotros como una bendición civil, permanente, inolvidable.

Vivimos cerca de esos maestros, en las islas, en Madrid, como quienes estábamos aprendiendo a salir del territorio sagrado de las madres, pues los tres o cuatro más próximos, Toribio, Alberto Omar (el escritor, el dramaturgo); Julio Pérez, periodista, abogado y político; el propio Fernando, y yo mismo, teníamos metido en la cabeza el viaje que al fin hicieron, antes que ninguno, el pintor y el radiofonista precoz que fue quien nos ha dejado con este desconsuelo.

Fernando era, de todos nosotros, el más aguerrido y el más alegre, excepto quizá en aquel examen de griego al que volveré más tarde. Nos contaba historias que sucedían en la radio, fue pronto empleado fijo en la emisora más importante de entonces, Radio Nacional de España (RNE), y en cuanto halló sitio se desplazó a Madrid, con Toribio, para convertirse sucesivamente en un periodista imprescindible, ante el micrófono o fuera de él.

Lo recuerdo cuando ya era el director de RNE, que por esas casualidades que eran frecuentes en nuestras vidas se desplazaba conmigo a la emisora... Uno de los presentadores de la mañana decidió poner música donde debía haber noticias. Tuvo la mala fortuna de que Fernando estaba escuchando su emisora, de modo que en el mismo instante en que oyó aquel desmán profesional preparó en su cabeza una reprimenda que ensayó conmigo.

Lo vi muchas veces en ese despacho de RNE. Me llamaba la atención cómo había asumido, siendo de natural cachondo y bromista, la seriedad de su empeño. Esa seriedad siempre la mantuvo luego, siempre que era imprescindible. De hecho, ahora que lo recuerdo, y el recuerdo me vuelve en semanas recientes, cuando lo vi por última vez, cuando le costaba hablar y sobre todo reír, siempre estaba Fernando con ese rictus de persona que sabe que aquello que él diga será importante para el minuto siguiente de su vida. Fernando serio como un abrazo de adiós.

En tiempos más pletóricos, y fuera de las obligaciones de sus sucesivos cargos, era el juerguista que no dejaba que la noche le ganara la partida. Y podía seguir hasta el día siguiente desafiando los sucesivos embates de la intemperie. Aparte de los amigos que le seguimos a Madrid, él fue haciéndose una caterva enorme de amigos, diurnos y nocturnos; a veces, como era aun un muchacho, él y Toribio, por ejemplo, me dejaban en los bares de buena nota de la ciudad para que yo no tuviera la tentación de beber como ellos, por ejemplo.

Yo era el jovencito de la pandilla; me trataron siempre como si este chico estuviera en peligro, por mis padecimientos pulmonares; pero también, lo digo ahora, porque al menos ellos dos sentían que el mundo al que me había arriesgado, el periodismo diario, podía acabar con mi inocencia y mi alegría y hacerme cínico o descuidado ante aquello que para ellos era lo más sagrado: la familia, los amigos, el respeto, la vida.

Él fue un gran periodista, y un poeta. Sus maestros, en este último extremo, eran José Hierro, José Manuel Caballero Bonald, Paco Brines, Carlos Bousoño, con tantos, con Vicente Aleixandre, con Luis Feria, con Pedro García Cabrera... Martín Chirino, entre los plásticos, fue un anfitrión y un amigo muy querido, como José Luis Fajardo, entre otros muchos, pues estaba rodeado, siempre lo estuvo, de la alegría de aprender y de amistar. Trabajó siempre con gusto en la escritura, a veces bajaba las escaleras recitando sus versos, como un chiquillo. Decía, mientras descendía escalones en La Gomera: “Hoy te recuerdo abuelo en la memoria/, con su acento cubano todavía...”. Ganó premios de poesía y de novela, no presumió ni de unos ni de otros galardones, pues él sabía que al día siguiente podía ser lunes, como hoy, y ya no quedar tiempo para nada.

Pasó todos los exámenes de la vida; no superó, sin embargo, aquel examen de griego, al que regreso en un minuto, pero sí el examen del amor. Y ahí está como testigo, su compañero, su marido, Pedro García Reyes, que añadió humor y melancolía a una vida plena que sólo se torció al final cuando Fernando dejó de sentir que no le respondía lo que más quiso, aparte de la amistad, el amor y la compañía: la palabra, la mejor herencia que le dejó María, su madre, a la que quiso con la locura asentada de la extraordinaria persona, del hijo feliz, que tuvo.

Ah, el examen de griego. Él llegó con su profesor, que le acompañaba, pero entró solo al tormento. El catedrático le puso un asunto sencillo, que dijera épsilon, esa palabra griega. Fernando se empeñó en acentuarla al final. Insistente como lo sería siempre, en ese examen jamás se bajó de esa convicción: que épsilon llevaba el acento en otro sitio. Yo salí adelante en la prueba, y él siempre me perdonó hasta eso.

domingo, 18 de febrero de 2024

#hemeroteca #inmemoriam | Muere el periodista y escritor Fernando Delgado a los 77 años

Fernando Delgado, en una imagen de 2017 //

Muere el periodista y escritor Fernando Delgado a los 77 años

El autor de ‘La mirada del otro’, que fue director de ‘A vivir’ de la Cadena SER y de RNE, dedicó la primera parte de su trayectoria profesional a los medios y escribió más de una veintena de novelas y libros de poesía
Ferran Bono | El País, 2024-02-18
https://elpais.com/cultura/2024-02-18/muere-el-periodista-y-escritor-fernando-delgado-a-los-77-anos.html

Si hay algo que definía a Fernando Delgado era su generosidad. Siempre estaba dispuesto a echar una mano a un joven poeta en busca de consejo, a un periodista que necesitaba un contacto o a una librera que se estrenaba y necesitaba ayuda para darse a conocer. El periodismo y la literatura llenaron una vida muy intensa y comprometida que discurrió, sobre todo, entre sus queridas Islas Canarias (donde nació, en Santa Cruz de Tenerife), Madrid (donde se instaló en los estertores del franquismo y pronto se consolidó como periodista y escritor), la localidad segoviana de Torrecaballeros y Faura, el pueblo valenciano donde se instaló hace dos décadas y donde murió este domingo a los 77 años.

Murió muy cerca del mar, como quería, en su espaciosa casa de pueblo, rodeada de naranjos y distante unos pocos kilómetros de la playa. La rehabilitó para vivir con su pareja y sus perros, escribir, leer y acoger al numeroso grupo de amigos que no se perdía sus reuniones, cafés, comidas y cenas, muchos de ellos poetas, novelistas, pintores y escultores, también periodistas, políticos, vecinos de la localidad, gente muy dispar. El capital relacional de Fernando Delgado estaba la altura de su elevada estatura y de su apostura de antigua estrella de cine.

Fue un periodista todoterreno, pero su especialidad, no lo podía evitar, era sin duda la cultura. Dirigió el programa 'A vivir' de la Cadena SER entre 1996 y 2005, y antes fue el director de Radio 3 (en 1981), RNE (de 1982 a 1986 y entre 1990 y 1991) y de TeleExpo en 1992. En TVE rompió el molde de los encorsetados telediarios de fin de semana con sus personales recomendaciones culturales y su sonrisa cómplice. Su popularidad se disparó.

Cuando llegó a Madrid, tras baquetearse en los medios canarios, se puso a vivir sin saberlo al lado del poeta Francisco Brines. Fue como una premonición. “La poesía es lo que más me interesa. Me considero un poeta frustrado, no porque sea peor que muchos otros poetas, sino porque creo que uno siempre es un mal poeta”, contó a este periódico en una entrevista. Delgado se convirtió en un amigo muy cercano del Premio Cervantes valenciano al que acompañó hasta el final de su vida en 2021, en la masía Elca de Oliva.

En 1995, Delgado ganó el premio Planeta con 'La mirada del otro', a la vez que presentaba el telediario de TVE del fin de semana, una historia de obsesiones y celos, que tiene por protagonista a una ejecutiva de la alta burguesía madrileña de los años ochenta. En 2005, dejó el periodismo y pasó a dedicarse íntegramente a la literatura. En 2015 recibió el Premio Azorín por 'Sus ojos en mí', entre otros galardones. Los ocho libros de su obra poética recibieron los premios como el Julio Tovar y el Antonio de Viana. Como reconocimiento de su trayectoria en el periodismo recibió un Premio Ondas Nacional de Televisión y una Antena de Oro.

La novela 'El huido que leyó su esquela' (Planeta) está protagonizada por un hombre al que dan por muerto y en ella rememoraba una triste anécdota de su pasado relativa a la ausencia de su padre. Con esta obra completó su llamada trilogía del ahogado, integrada por 'No estabas en el cielo', 'Isla sin mar'. “La literatura te hace buscar y mirar las cosas, también tu propia vida, aunque estés inventando otros mundos, de otra manera”, afirmó en otra entrevista con este diario.

Su última incursión en la narrativa fue 'Todos al infierno' (editorial Planeta), en la que noveló la corrupción vivida desde mediados de los años noventa en Vallina, un trasunto de Valencia. “Se trata de una novela de ficción con pasajes imaginados e inevitables referencias a la realidad. Dicho de otro modo, en ella todo es imaginario y a la vez muy reconocible”, explicaba Delgado en una entrevista en marzo de 2022 en El País. Allí ya se mostró cansado y anunció que no volvería a escribir ficción. El contagioso vitalismo de Fernando se apagaba, aunque sin perder su capacidad de indignación por la eclosión entonces de la “maldita guerra” en Ucrania y por la “putrefacción de la política”.

Siempre se mostró comprometido políticamente con la izquierda, aunque no militó hasta los últimos años. En 2015, aceptó ser diputado autonómico por el PSPV-PSOE entre 2015 y 2019 a propuesta del que sería el presidente valenciano, el socialista Ximo Puig. El periodista se definía como “un cristiano sin iglesia, un socialista de todo la vida pero ahora con partido”. “Siempre he estado muy politizado, ya desde mi juventud, en la que tenía espacios políticos y también religiosos”, rememoraba.

Como diputado supo en seguida granjearse complicidades. A ello contribuía su carácter afable, su curiosidad y su voluntad de llegar a entendimientos Su discurso como diputado de mayor edad en la constitución de las nuevas Cortes Valencianas, que suponían el fin de la mayoría de dos décadas de la derecha, fue muy aplaudido.

En él recordaba a su maestro Emilio Lledó, el pensador que tanto influyó en otro amigo del alma de Delgado, el también periodista y escritor canario Juan Cruz, que este domingo se mostraba desolado. En la tribuna, ante un nuevo público, dijo: “En el principio fue el verbo, en el principio de todo está la palabra. Para pensar, por supuesto, que es algo que la ciudadanía nos requiere a los diputados y una exigencia que todo diputado o diputada debe imponerse. Para hablar, después de haber pensado, que como denuncia mi maestro Emilio Lledó, no parece que sea lo más común en las tribunas públicas españolas, donde con frecuencia se impone la charlatanería. Y para hacer de la palabra, cada uno desde su conciencia y su manera de entender el mundo, no un arma violenta, que a veces puede serlo, sino un útil de concordia y entendimiento”. Palabra de Fernando Delgado.

jueves, 20 de abril de 2023

#hemeroteca #memoria | Una luz en la grisura

Hoyesarte / José Luis Cano y Vicente Aleixandre //

Una luz en la grisura
Luis Pardo | Hoyesarte, 2023-04-20

https://www.hoyesarte.com/literatura/poesia/vicente-aleixandre-una-luz-en-la-grisura-del-franquismo_253873/

Velintonia fue una calle de Madrid que hoy lleva el nombre de su vecino más célebre. Fue además el nombre del chalecito que habitó hasta su muerte Vicente Aleixandre (Sevilla, 26 de abril de 1898 - Madrid, 13 de diciembre de 1984), de cuyo nacimiento se cumplirán 125 años en unos días. Y fue también un símbolo de libertad en una época sin libertad, lugar obligado de peregrinación para un millón de jóvenes poetas que querían conocer al maestro, Premio Nobel de Literatura 1977.

En su ‘Examen de ingenios’, José Manuel Caballero Bonald evoca –de forma poco poética, todo hay que decirlo– su propia excursión a la legendaria vivienda del autor de la Generación del 27 “como estaba mandado, a poco de llegar a Madrid”. “Cumplí entonces –continúa– los trámites y emociones reglamentarios: llamada telefónica para concertar la cita, indicación de si iría solo o acompañado, promesa de puntualidad y discreta duración del encuentro. Custodiaba el jardincillo un perro silente y una mujer me pasó a la sala donde reposaba el poeta. Había allí como un vaho de enseres domésticos en desuso, un cerco venerable alrededor de la figura recostada del poeta. Daba la impresión de que permanecía así no por motivos de salud sino de cansancio, mientras aguardaba metódicamente la consecutiva llegada de jóvenes visitantes. La operación tenía un cierto aire de besamanos, solo que en versión de camarilla poética”.

Leyendo en cambio ‘Mirador de Velintonia’, la memoria personal que ha escrito Fernando Delgado (Santa Cruz de Tenerife, 1947) con sus recuerdos de cuanto vio y vivió en aquella residencia, la impresión resulta muy distinta de lo que pudieron ser esos paseos en romería al santuario que presidía el escritor de ‘La destrucción o el amor’ desde su ‘chaise longue’. La obra de Delgado se centra en los años setenta, cuando el autor tinerfeño era “un recatado y tímido que temía el salto de cualquier liebre de la vida y aspiraba al tiempo a que las liebres me saltaran a la chistera”, deseoso de comerse el mundo y temeroso de ser engullido. Todo a la vez. Aparte de algunas noches de farra madrileña, el libro retrata especialmente todas las sensaciones del exilio, el interior y el exterior, gracias a su contacto directo con muchas figuras señeras de entonces, todos con más o menos relación con Aleixandre, “gran exiliado del interior” y “embajador del exilio”. Una galería de figuras, mayormente poetas pero no solo, cuyas vidas y obras quedaron marcadas por su salida del país o su permanencia en él. Delgado, que aparte de novelista y poeta es periodista, recogió y ahora comparte multitud de testimonios de muchos de ellos. Por eso es inevitable que haya tristeza y dolor en muchas páginas como en otras hay madrugadas de diversión bañadas en alcohol y paradas en el Café Gijón, Oliver o Bocaccio.

Por el libro desfilan casi todos los temperamentos que pueden adornar a un poeta: conocemos con nombres propios al poeta irascible, al generoso, al comprometido, al soberbio, al ingenioso, al borracho, al tímido, incluso al violento capaz de abofetear a un crítico; muchos de ellos –a los que Jaime Gil de Biedma en sus diarios denominó “la tribu de Vicente”– orbitando alrededor de la figura del Nobel; en unos casos de forma presencial, en otros a través de las confidencias que tantos le hacían, entre ellos los “mundanos y picarones Luis Antonio de Villena y Vicente Molina Foix”, y que él tanto disfrutaba sin salir de casa por sus endémicos problemas de salud (“estaba al tanto de nuestras juveniles correrías nocturnas antes de que nosotros mismos se las contáramos”). “Hubiera podido ser un consejero de almas y de hecho lo fue para algunos de nosotros”, dijo de él Luis Cernuda.

Se las apaña Delgado para –en un alarde de concisión– reflexionar con tino sobre la poesía de la segunda mitad del siglo XX, la literatura del exilio, el teatro o la crítica literaria. Habrá en el futuro muchos manuales de literatura que sigan ponderando la obra de Max Aub, Francisco Ayala, Rosa Chacel, José Hierro, Ángel González, Rafael Alberti o Aleixandre pero no tantos como este libro que nos permitan escuchar a sus protagonistas de viva voz comentar su obra y oírles hablar en el caso de los dos últimos –con mucho más que conocimiento de causa– de Federico García Lorca, Miguel Hernández, Gerardo Diego o Cernuda. Velintonia fue para Delgado y para muchos como él en aquellos años previos a la muerte del Generalísimo “un abrigo en la intemperie”. Francisco Umbral, por su parte, dejó escrito en El País que “contra toda la aventura en lo gris que fue el franquismo había una luz, un poeta”. Ese poeta fue, en palabras de Delgado, un “español excepcional llamado Vicente Aleixandre”.

martes, 18 de agosto de 2020

#hemeroteca #homosexualidad #iglesia | Fernando Delgado: “No era un libro que yo quisiera propagar como un libro homosexual”

Fernando Delgado //

Fernando Delgado: “No era un libro que yo quisiera propagar como un libro homosexual”

María Tobajas | Actúa Press, 2020-08-18

https://actuapress.es/fernando-delgado-no-era-un-libro-que-yo-quisiera-propagar-como-un-libro-homosexual/ 

‘Todo lo que necesita ser dicho’ es la última novela de Fernando Delgado en donde realiza un ejercicio de periodismo literario para denunciar sin tapujos la doble moral sexual y de costumbres de la Iglesia católica. Ningún miembro del clero escapa a la fina ironía de la que se vale la brillante prosa del escritor y periodista.

P. ‘Todo lo que necesita ser dicho’ es un libro sobre la doble moral escrito en formato literario...
Sí, se habla en esa forma de periodismo literario y a lo que invito es al motivo de reflexión y a compartirlo con los demás.

P. ¿Por qué decides escribir este libro?
Es un libro que iba escribiendo a lo largo del tiempo. Yo soy una persona homosexual y a los niños en mi tiempo se les quitaba la posibilidad de ser homosexual. Los padres y las madres podían renegar completamente de ellos de un modo incluso violento, lo que no creo que ocurra hoy en día. En aquel momento yo no quería trastornar a mi madre o molestarla y mantuve siempre esa relación con la homosexualidad y con la masculinidad también. Yo quería decirle que era un chico masculino, pero homosexual también, tal y como ocurría con muchos otros. Yo tuve una cierta independencia, en la acción cultural y, también, en la religiosa. Todo este progresismo se fue acometiendo y fue consolidando su propia posición.

Yo no creía en Dios, pero sí en Jesucristo porque me parecía un personaje histórico, trascendental, que había hecho escrituras magnificas y, por lo tanto, era lector aplicado de eso y de esas enseñanzas cristianas.

En la democracia han ido apareciendo personas homosexuales dentro de los partidos políticos que se negaban a aceptar esa ley que llevó a cabo José Luis Rodríguez Zapatero. Todo esto cambió y ahora te encuentras a muchos diputados homosexuales de diferentes partidos.

P. Al principio del libro haces una pequeña reflexión que dice “Yo creo en Dios, pero creo que él no me tiene en cuenta”...
Es una cita atrevida por mi parte. Yo creo en Dios y sí creo que no me tiene en cuenta.

P. ¿Considera que el tema del que se habla en el libro puede resultar incómodo para algunos lectores?
Puede resultar incómodo para algunas personas, para gente de izquierdas o gente que no tiene identificación religiosa. Puede quebrantar a la iglesia, insultarla en algunos casos o meterse con ella, pero en realidad no se identifica con la iglesia. Eso puede ser completamente natural. Por otra parte, hay gente realmente beata y gente católica que considere que hay en el seno de la iglesia una purificación. En este sentido yo escribí muchas cosas de estas mientras escribía novelas y artículos. Alguna vez escribía partes de este libro y lo dejaba ahí como retirado porque no era un libro que yo quisiera propagar como un libro homosexual.

Además, considero que el Papa Francisco es una buena cabeza para la iglesia y podría ser un buen Papa, pero está metido en una iglesia bastante corrupta en buena parte. Él ha querido ser modesto y cuando alguien le ha preguntado por la homosexualidad, él ha dicho que la respeta, pero no que la santifica. Por lo tanto, no ha podido hacer esto cuando tiene a su alrededor los mismos curas que se meten en un cabaret o en sitios terribles. Ahí está eso y eso está de un modo muy devaluado. Aunque entiendo que Francisco tiene una buena cabeza. Pienso en él con simpatía y devoción a sabiendas que él no puede hacer nada por esto. Yo creo que si acaba algo va a pasar en la iglesia. Por ejemplo, la iglesia alemana se ha desbordado. Muchos obispos y sacerdotes se han separado totalmente porque no hay autenticidad. Creo que esto es lo que pasa.

P. El Papa Francisco tiene una actitud mucho más abierta dentro de las posibilidades que hay...
Sí, sí, totalmente, el Papa Francisco tiene una actitud mucho más abierta. Además, yo creo que tiene una posición cerrada a todas estas actitudes pecaminosas. Aquí ya hay mucha gente que está ajena a la iglesia y muchos católicos que ya casi ni comulgan, que creen en Dios o no, pero no se desprenden del catolicismo porque a lo mejor son gente de derechas, gente que van a bodas, bautizos y ceremonias, pero no son gente devota.

P. En el libro también habla de esa ley que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó en 2005 sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, que horrorizó a la iglesia y que fue llevado a los tribunales por parte del Partido Popular...
Sí, el Partido Popular lo llevó, pero fue falsamente porque luego han tenido personas homosexuales y que están casadas ya. En realidad, en el matrimonio lo importante es el sentido del amor y no el sexo de las personas. Hoy la sexualidad es afectuosa y viva y no aquella horrible sexualidad en donde las mujeres eran maltratadas.

P. ¿Qué ha sido lo más complicado a la hora de plasmar estas reflexiones en el libro?
No es que haya sido difícil, seguramente podrían haber sido más difíciles y haber sido un libro más complejo. No he querido volcarme mucho en eso. También, he pensado en el tiempo que nos queda, en el que vamos a estar mejor y esta situación, al final, tampoco es para tanto. Hemos hecho balance de la situación que hemos vivido y, ahora vamos a hacer balance de la situación que podemos vivir. La gente que no está metida en la iglesia, vive su sexualidad de una forma muy normal como puede tener cualquier otro matrimonio.

P. ¿Qué le llevo a dedicar el libro a Pedro Zerolo, Gloria Fuertes y Terenci Moix?
Tengo muchos amigos escritores e intelectuales que están vivos y a ellos no se lo iba a dedicar. Sí a personas que he querido mucho como Gloria Fuertes porque fue para mí una madre-padre cuando yo llegué a Madrid. Terenci era como un hermano, una persona muy abierta, con mucho sentido del humor, muy tolerante y una persona verdaderamente generosa. En el caso de Pedro era como una criatura que formaba parte de una familia a la que yo quería profundamente.

martes, 14 de julio de 2020

#libros #homosexualidad #iglesia | Todo lo que necesita ser dicho: el amor libre y devoto

Todo lo que necesita ser dicho: el amor libre y devoto / Fernando Delgado.

Barcelona: Planeta, 2020 [07-14].
224 p.

/ ES / Libros / ENS / Homofobia / Homosexualidad / Iglesia católica / Moralidad / Sociología

📘 Ed. impresa: ISBN 9788408232056
📝 Cita APA-7: Delgado, Fernando (2020). Todo lo que necesita ser dicho: el amor libre y devoto. Planeta.


La jerarquía que decía predicar el amor y atizaba la guerra, el pastor amanerado en cruzada contra la homosexualidad, los custodios de la castidad entregados al abuso intramuros de la escuela o del monasterio; es decir, la doble moral sexual y de costumbres de la Iglesia católica es el asunto central de estas elegantes y agudas reflexiones de Fernando Delgado. El autor comenta la vida de los últimos papas, del incansable y tosco Juan Pablo, del presumido Benedicto, del esperanzador Francisco. Una obra tan concisa como intensa, justiciera y reflexiva, que Delgado cierra rescatando su registro poético para recordar a tres amigos ausentes: Gloria Fuertes, Terenci Moix y Pedro Zerolo.

lunes, 8 de enero de 2018

#hemeroteca #memoria #vicentealeixandre | Memoria de Velintonia

Imagen: El Mundo / Vicente Aleixandre en el jardín de 'Velintonia'
Memoria de Velintonia.
Ricard Bellveser | El Mundo, 2018-01-08

http://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2018/01/08/5a522633468aeb43748b4592.html

A los 40 años de haber obtenido el Premio Nobel de Literatura y los treinta y tres de su muerte, Vicente Aleixandre (1898-1984) vive una hermosa primavera. En Málaga, a impulso del culto profesor Francisco Morales Lomas, se acaba de celebrar un Congreso sobre su obra y figura, en la que dos valencianos han tenido una presencia muy destacada, el escritor y catedrático valenciano Jaime Siles, a quien se le encargó la conferencia de apertura, y el también profesor y poeta valenciano Sergio Arlandis, que tuvo una memorable participación. A su vez se acaban de publicar varios libros, de entre los que quiero destacar uno de Fernando Delgado lleno de pulso, verdad e interés.

En cuanto a las sesiones de Málaga, es lógica la participación valenciana, inevitable al hablar del Nobel y Académico de la Real de la Lengua. Hace unos años, también en Málaga, se publicaron las 'Cartas a Jaime Siles' escritas por Aleixandre, en edición de Irma Emiliozzi, que desvelaron la confidente amistad que mantuvieron, y Arlandis es un experto en el miembro de la Generación del 27 -aunque sea, junto a Cernuda, el único que no aparece en la famosa foto del homenaje a Góngora, reunión que la semana pasada cumplió 90 años-, siendo, como ha acabado por ser, uno de sus autores más relevantes tanto por su influencia como por el reconocimiento internacional.

El escritor canario Fernando Delgado, Premio Planeta y Premio Azorín, destacado periodista y claro poeta, diputado en las Cortes Valencianas, acaba de publicar un libro de memorias que ha titulado 'Mirador de Velintonia. De un exilio a otros (1970-1982)' (Fundación José Manuel Lara, 2017), en el que reúne recuerdos de esos años, clavando la punta del compás en casa de Vicente Aleixandre, en la calle de Velintonia de Madrid, porque «en Velintonia no vivía Aleixandre, sino generaciones de poetas y amigos».

Ciertamente por allí desfilamos casi todos los poetas jóvenes de entonces, hasta el punto de que hay quien ha puesto en su biografía, no ausente de buen humor, «yo no pasé por Velintonia» para singularizarse. El de Delgado, crónica sincera, es un libro amable, atrevido, periodístico, testimonial, lírico, sincero y con una carga notarial que lo hace especialmente grato, en su evidente complicidad generacional.

No se trata de un ejercicio de memorialismo maquillado de literatura, sino que es literatura, a tramos muy brillante, y foto fija de unos años madrileños, que tenían su eco en otras partes del territorio nacional. El resultado es un retrato de Aleixandre, un autorretrato velazqueño que hace Delgado de sí mismo, ambas cosas lo son muy a su manera, y además un retrato de grupo con premio nobel al fondo.

En el Congreso de Málaga de hace unos días, Siles centró su intervención en señalar las influencias literarias que se dieron en Vicente Aleixandre, una, la suya, en los escritores jóvenes del momento sobre los que su 'Espadas como labios', 'La destrucción o el amor', 'Historia del corazón' o sus experimentos irracionalistas, dejaron huella clara, pero a su vez Aleixandre sorbió los libros que le llevaban los jovencísimos poetas que o bien le visitaban en Velintonia, o escribían sobre su obra y al opinar sobre ella, desvelaban sus estéticas, sus modelos, los nuevos gustos en una España muy atrapada por la poesía social y el recorte de libertades.

Por el libro de Delgado desfilan un buen número de escritores valencianos. Tiene una presencia continuada el poeta de Oliva y miembros de la Real Academia Francisco Brines, los catedráticos y poetas Jaime Siles y Guillermo Carnero a quien reconoce como el poeta más interesante de ‘Los Novísimos’ junto a Pere Gimferrer, ambos, en un principio, de estéticas similares. Se pasean por sus páginas Francisca Aguirre o Vicente Molina Foix, y hablando como aquí se habla de los distintos exilios, vemos pasar, cargados con sus propias anécdotas, al escritor parisino-valenciano-mexicano Max Aub, por supuesto a Juan Gil-Albert o a Tomás Segovia «pero cada uno de nuestros escritores exiliados vivió su destierro de distinta manera y cada uno de ellos lo sufrió de semejante o variado modo» exilio interior y exterior, se entiende, y de ellos Aleixandre fue «la más destacada figura del exilio entre los que se quedaron», incluso otras miradas como p.e. la de Fernando Vizcaíno Casas y muchas noches untadas de alcohol en el Café Gijón, en Oliver, en Bocaccio y otros salones de perdición poética. En fin, amenísimo.

martes, 24 de octubre de 2017

#libros #memoria | Mirador de Velintonia : de un exilio a otros (1970-1982)

Mirador de Velintonia : de un exilio a otros (1970-1982) / Fernando Delgado.
Sevilla : Fundación José Manuel Lara, 2017 [10-24].
240 p.
ISBN 9788415673712 / 20 €

/ ES / ENS
/ Exilio / Exilio intelectual / Exilio interior / Franquismo / Homosexualidad / Memoria histórica / Vicente Aleixandre / Vida intelectual

Construido a partir de sus recuerdos como periodista, el nuevo libro de Fernando Delgado tiene mucho de memoria personal, aunque se centra sobre todo en los otros y en particular en los exiliados de fuera o de dentro –los habitantes del llamado exilio interior y su círculo de amigos– que fueron reintegrados a la vida colectiva a lo largo de la década de los setenta, entre el tardofranquismo y los inicios de la democracia. Con la mirada, dice el autor, de un “cronista de cercanía” que tuvo el privilegio de tratarlos o de conversar con ellos en aquellos años inaugurales, Delgado traza sus retratos y recuenta sus palabras, en un relato articulado en torno a la figura de Vicente Aleixandre que desde su ya mítica residencia de Velintonia tejió una vasta red de afinidades. Emociones, impresiones, gratitudes o desafectos pasan por estas páginas donde comparecen nombres fundamentales de la España peregrina como Francisco Ayala, Max Aub, Rosa Chacel, Rafael Alberti, Manuel Andújar, Juan Marichal, Tomás Segovia o Ramón Gaya, junto a otros como Gil-Albert, Pérez Minik, Cano, Bousoño, Aranguren, Gullón, Nieva o García Baena que reflejan, en sus evocaciones o anhelos de entonces, el nuevo aire de la época.

#hemeroteca #franquismo #memoria | Fernando Delgado escribe sobre el exilio "coordinado" por Vicente Aleixandre

Imagen: El Diario / Fernando Delgado
Fernando Delgado escribe sobre el exilio "coordinado" por Vicente Aleixandre.
EFE | El Diario, 2017-10-24
http://www.eldiario.es/cultura/Fernando-Delgado-coordinado-Vicente-Aleixandre_0_700630699.html

Fernando Delgado "recrea un tiempo irrepetible" en "Mirador de Velintonia", un libro sobre los valores del exilio con testimonios de quienes lo vivieron, articulados en torno a la figura y la casa de Vicente Aleixandre, aunque, ha recalcado en la presentación, esta "no es" una biografía del poeta.

"Mirador de Velintonia. De un exilio a otros (1970-1982)", editado por la Fundación José Manuel Lara, retrata a nombres fundamentales como Francisco Ayala, Max Aub, Rosa Chacel, Rafael Alberti o Juan Marichal, todos ellos reunidos en sus páginas en torno a la casa madrileña de Aleixandre, un lugar de "encuentro" intelectual.

"Yo quería hacer un libro sobre el exilio con gente del exilio, y eso está ahí. Ahora me parece que va a ser inevitable que parezca un libro sobre Vicente Aleixandre y me fastidiaría que alguien pensara que yo he intentado hacer la biografía que no se ha hecho porque no lo he intentado ni lo voy a intentar", ha recalcado el escritor.

Delgado (Santa Cruz de Tenerife, 1947) fue amigo íntimo del ganador del premio nobel de literatura en 1977, alguien que era "muy prudente" con su intimidad -"sobre todo, con su homosexualidad", apunta el escritor- y, por ello, él "jamás haría una biografía de Vicente Aleixandre.

Aunque Aleixandre (1898-1984) es el hilo conductor del relato y su domicilio en la madrileña calle Velintonia el refugio intelectual para los exiliados en el tardofranquismo, no es el protagonista de "Mirador de Velintonia", un lugar que para Delgado, cuando se trasladó a vivir a Madrid, se convirtió en una "obsesión" para él.

Construido a partir de recuerdos y notas de esos años, el nuevo libro de Delgado se centra sobre todo en los otros y en particular en los exilios de fuera y de dentro -los habitantes del llamado exilio interior y su círculo de amigos-, que fueron reintegrados a la vida colectivo durante la década de los 60.

Delgado, que tuvo el privilegio de codearse con aquellos intelectuales, traza sus retratos y recuenta sus palabras, en un relato que concluye con la última entrevista que el periodista le hizo a Aleixandre para el diario El País, el año 1982.

"La historia y la memoria histórica es una fuente fundamental de conocimiento", ha asegurado Delgado, quien también retrata en el libro a figuras como Gil-Albert, Pérez Minik, Cano, Bousoño, Aranguren, Gullón, Nieva o García Baena para reflejar, en sus evocaciones o anhelos de entonces, el nuevo aire de la época.