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viernes, 27 de septiembre de 2019

#hemeroteca #sexualidad | Ni la orientación sexual es para siempre

Imagen: El País
Ni la orientación sexual es para siempre.
Los estudios indican que no es algo estable, que puede ir evolucionando y cambiando a lo largo de la vida, y que el cambio suele suceder en la madurez.
Silvia C. Carpallo | Buena Vida, El País, 2019-09-27
https://elpais.com/elpais/2019/09/24/buenavida/1569326902_514951.html

Imagina que un día tu madre, a sus cincuenta años, se sienta contigo y te cuenta, que tras el divorcio, se ha vuelto a enamorar. Te sientes algo incómoda, pero no pasa nada; es normal, deberías alegrarte por ella. Lo que rompe tus esquemas por completo es lo que dice a continuación: "Se llama Mónica, y creo que te va a caer estupendamente". ¿De una mujer, se ha enamorado de una mujer? No comprendes nada, y la inercia te lleva a plantearte cuestiones como que la atracción por su mismo sexo quizá ya existía y había estado reprimida. Pero la realidad es mucho más sencilla: lo que no sabes es que la orientación sexual varía a lo largo de nuestra vida.

Al menos, es lo que afirma un estudio publicado en la revista ‘The Journal of Sex Research’. En primer lugar, el trabajo concluye que los conceptos de "homosexual, bisexual y heterosexual" no capturan la gama completa de la sexualidad humana y, por otra parte, insiste en que la atracción por uno u otro sexo puede variar con el tiempo. Otras de sus conclusiones es que los hombres son más propensos que las mujeres a ser heterosexuales, mientras que las mujeres muestran una mayor fluidez en la preferencia sexual a lo largo del tiempo. Por último, el artículo apunta que la edad adulta es, de hecho, un momento especialmente dinámico para el desarrollo de la orientación sexual.

Los pros y los contras de las etiquetas
Para entender todo lo que aborda este estudio, lo primero que explica la sexóloga y educadora social Silvia Pérez es que "el ser humano es diverso en todas sus dimensiones, también en su sexualidad y, por lo tanto, en su orientación". Para la experta, el concepto de orientación sexual se define como "la atracción sexual, afectiva y emocional que sentimos hacia otras personas". En este sentido, se entiende por homosexual sentirse atraído por el mismo sexo, heterosexual por el sexo contrario y bisexual, sentirse atraído por ambos. Pero esta idea no debe confundirse con la identidad sexual, que es sentirse hombre o mujer, o, en su caso, no sentirse identificado con un género concreto, o ir fluyendo entre ambos.

Curiosamente, pese a que cada vez aparecen más nombres y definiciones, parece que no bastan para abordar el gran espectro de la sexualidad humana. "Las etiquetas tienen un doble rasero, por un lado, a veces nos sentimos cómodos porque nos definen y nos sacan del cubículo de 'lo raro', haciéndonos pertenecer a un grupo. Pero, por otro, las etiquetas nos encasillan demasiado, y parece que si elegiste una ya no puedes cambiar a otra nunca más", cuando la realidad demuestra que en la vida no todo es blanco o negro.

Un cambio de perspectiva propio de la madurez
Para Pérez, el estudio revela algo que ella ya había percibido en su trabajo. "Efectivamente, en consulta me he encontrado más mujeres que hombres", dice. La experta cree que, más que por una razón biológica, la explicación está en una cuestión social. Pérez opina que muchas mujeres se quejan de que los hombres no las acompañan en ese momento de crecimiento y maduración sexual, y que es entonces cuando "encuentran un nivel más íntimo y satisfactorio en otras mujeres. Se sienten más comprendidas, sexualmente más libres, y sobre todo dueñas de su sexualidad y no al servicio del placer masculino como venía siendo costumbre".

"Los hombres solemos tener un nivel de angustia considerable con los asuntos íntimos, especialmente los que envuelven a variables relacionadas con nuestra mal construida masculinidad", apunta el sexólogo Alberto Álamo. Ante ello, es lógico que les cueste más asumir este tipo de situaciones, al menos tanto como para atreverse a dar el paso, que no suele darse en la juventud.

Si habitualmente se entiende que la adolescencia es un momento de cambios, tiene sentido que en la madurez, tras muchas experiencias vividas y tras una mayor aceptación del yo, también se produzca este giro en torno a la sexualidad. "En consulta hemos visto personas de todas las edades, aunque la tendencia parece encontrarse en aquellas de mediana edad, posiblemente porque, por una cuestión de generación, su educación sexual ha sido restrictiva y escasa", dice Álamo. Así, una vez que se llega a la madurez y se olvidan los prejuicios, uno es más capaz de abrirse a nuevas experiencias, a vivencias que le hubieran parecido del todo improbables anteriormente.

Afrontar esta nueva perspectiva conlleva un proceso
La naturalidad con la que la sociedad acepta la sexualidad de cada uno es cada vez mayor, pero redescubrirse con 50 años precisa un proceso. Según el sexólogo, "lo más efectivo en estos casos es el asesoramiento sexológico, y suelen bastar pocas sesiones". Las ideas que suelen trabajarse, en primer lugar, se basan en "la información libre de mitos, estereotipos y prejuicios acerca de la orientación sexual". Después llega la segunda parte. Una vez que hemos asumido este deseo sexual, en una época madura, lo que nos faltan son recursos respecto a cómo ligar e interactuar con ese otro sexo, con el que empezamos desde cero. De esta forma, Álamo explica que también se ayuda a abordar técnicas de seducción y de comprensión del otro, que en ningún caso es un tema baladí.

Por otra parte, en ocasiones la consulta no tiene tanto que ver con la aceptación de uno mismo sino con la necesidad de que te acepten los demás. En estas situaciones hay que trabajar "otro tipo de factores, como el de vivir en poblaciones pequeñas y sentir miedo del juicio de la gente ante una determinada orientación". De esta forma, y volviendo a una situación como la del primer párrafo de este texto, muchas veces lo que cuesta es que tu propia familia entienda, para empezar, que sigues siendo una persona sexualmente activa, y para terminar, que tus deseos sexuales ya no son del todo los que eran. Por eso hay veces que la consulta no es individual, sino de familia.

Álamo recalca la idea de que "la orientación no se puede elegir, no es voluntaria", por ello insiste en que no se trata de una condición sexual, "porque no condiciona nada". También explica que "es importante respetar los tiempos y formas de cada persona con respecto a la aceptación y la expresión de su orientación sexual del deseo erótico". Por último, cuando cuesta entender este proceso, el experto recuerda el conocido continuo de los sexos elaborado el siglo pasado por biólogo Alfred Kinsey, que no entendía la orientación como dos polos opuestos, sino como una escala entre la homosexualidad y la heterosexualidad, en la que las personas se van moviendo a lo largo de la vida, sin tener que quedarse siempre en un punto concreto. Al fin y al cabo, pensar que siempre nos quedarán nuevas experiencias y sentimientos que nos sorprenderán con el paso de los años es la esencia de la vida.

jueves, 10 de agosto de 2017

#hemeroteca #madurez #testimonios | Kevin Bacon: “No me voy a quejar por ser objeto de deseo cuando ya rondo los 60”

Imagen: El País / Kevin Bacon
Kevin Bacon: “No me voy a quejar por ser objeto de deseo cuando ya rondo los 60”.
El actor se ha convertido en un 'sex symbol' maduro gracias a su nueva serie 'I love Dick' y a The Bacon Brothers, su banda de rock.
Rocío Ayuso | Icon, El País, 2017-08-10
https://elpais.com/elpais/2017/07/15/icon/1500126050_702813.html

Kevin Bacon tiene prisa. A las 12 se marcha y no está dispuesto a conceder ni un minuto más. El día va a ser largo. Sigue de gira con su hermano mayor, Michael. Juntos forman los Bacon Brothers (el mismo día en que tuvo lugar la entrevista actuaron en Nashville, el día anterior lo hicieron en un club de Texas). Un extraño descanso en su nueva carrera como ‘sex symbol’ maduro de la edad de oro de la televisión gracias a la serie 'I love Dick' (amo a Dick, siendo Dick el diminutivo del nombre Richard y también una forma de referirse al miembro viril), disponible en Amazon. En el cine conserva su huella, ya sea entre los superhéroes o en esos títulos más independientes que se pierden en las salas. Su filmografía es tan apabullante que en 2012 unos estudiantes acuñaron el Número Kevin Bacon, para demostrar lo limitado que es el mundo del espectáculo. Basado en la teoría de los seis grados de separación, la mayoría de los actores no necesitan más de seis saltos hasta llegar a él. Más cerca, debajo de donde hacemos la entrevista, le espera su esposa, Kyra Sedgwick. Forman una pareja de tres décadas que es la excepción que confirma la regla en una industria donde el divorcio es la norma. Kevin Bacon tiene prisa pero se toma su tiempo. Lo tiene claro: los 60, a los que se acerca peligrosamente, son los nuevos 30. De cuerpo, de mente y de carrera.

Con ‘I love Dick’, Jill Soloway y Kathryn Hahn le han devuelto por fin su estatus de sex symbol.
No me negarás que hay cosas peores. No me voy a quejar por ser objeto de deseo cuando ya rondo los 60 años.

¿Dónde ha quedado la seriedad del actor? La cantinela de “quiero ser reconocido por mi talento”.
No sé cómo traducir la expresión sin ofender, pero el título ‘I love Dick’ tiene muchas lecturas. Como todo lo que escribe Soloway, es provocativo, hilarante y fantástico. Habla de una persona pero también de sus genitales. Describe a alguien que no solo es sexi, además va de sobrado.

¿Cualidades todas ellas que le describen?
Dick es el tuerto en el país de los ciegos. Alguien que está en un momento en el que se cuestiona su hombría, su fama, su sexualidad, incluso su mortalidad. Y todo me suena, claro que me suena. De hecho te diré que es imposible interpretar a alguien sexi. Eso es algo que viene contigo, que nunca puedes fingir.

Pero llevar una capa ayuda.
Ahí tenemos más suerte que las mujeres. Los hombres nos ponemos un traje y ya está todo hecho. Y menos mal, porque no es lo mío. Soy un tipo de vaqueros y camiseta. Vale que cuando toca ir maqueado a algún sitio me esmero. Pero lo hago no tanto por vanidad como para que no me descuarticen los críticos. Y porque hay que vender el pescado.

¿Tampoco es de los que se cuida?
No hablamos en mi caso de un cuerpo X-Men. Pero lo bueno de interpretar a gente corriente es que tienen cuerpos normales. La sexualidad de ‘I love Dick’ es lánguida pero bella y, sobre todo, con mucha carga erótica. Pero sí, más vale cuidarse de los vapuleos que te da la vida y que no quede nada colgando.

¿Cambia eso las cosas en casa?
Las cosas en casa no pueden ir mejor, pero nunca viene mal cuidarse.

Entonces no es del todo cierto eso de que los 60 son los nuevos 30.
Quizá si combinas inyecciones de esteroides con hormonas del crecimiento y el mejor cirujano de Beverly Hills la situación es otra. Yo me defiendo de la edad con mis genes. Tampoco querría echar marcha atrás. Hace poco encontré unas cintas de vídeo en nuestro apartamento de Nueva York y las transferí a DVD. Escuchando mi voz, porque habitualmente era yo quien rodaba estos vídeos, no daba crédito a mis oídos. ¡Vaya pedazo de gilipollas que estaba hecho! Además no era ni guapo, ni listo, ni divertido. ¡Un milagro que Kyra me haya aguantado todos estos años! Creo que algo he mejorado.

¿Cómo era?
¡Un soplapollas! Con todas las letras. Como el Dick de la serie. No me gustó ni el tono de mi voz ni los chistes que contaba en plan machito. La verdad es que fue un regreso al pasado nada agradable.

Pero algo habrá que recuerde con cariño.
Mis hijos. Travis es músico y Sosie, actriz, y los dos tienen buen ojo. Me ayudan a tener una perspectiva más abierta sobre mi trabajo. Y mi esposa. Ella sí que tiene las ideas claras. No estamos siempre de acuerdo, pero, ¿cómo decirlo?, ella siempre tiene razón.

¿En qué ha mejorado?
¿En sabiduría? No sé. Quizá no. A saber lo que pienso dentro de otros 20 años. Me da miedo la idea de que en algún momento la gente descubra que no merezco nada de lo que tengo. Que soy un fraude que ha conseguido engañarlos a todos. También me da miedo que mi obra no acabe teniendo la repercusión que esperaba.

Eso como artista. ¿Y como hombre?
Volviendo a los 60, cuando uno se acerca a esta edad es cuando empieza a pensar en su virilidad. En la fuerza. Si podré seguir adelante a medida que me vaya haciendo mayor. ¡No hablo solo de hombría, de si he tomado suficientes polvitos de maca para la virilidad! Anda, búscalo para saber de lo que hablo. Más allá de las bromas, hablo de longevidad, de entrar en una nueva fase de mi vida.

¿Cómo lidia con estas angustias?
Meditando. Y pasando el tiempo que puedo con los míos.

Antes hablaba de su hija, Sosie Bacon, también actriz. ¿Le cuenta muchas batallitas de cuando empezó o a ella le huelen a rancio?
No son las mismas experiencias. De hecho, no tienen mucho que ver. No les veo tan interesados en prepararse. Prefieren la televisión al teatro. Y lo de las clases lo dejan para otro. En cuanto a lo positivo, ¡son tantas las oportunidades que tienen de generar su propio contenido! La tecnología ha puesto en sus manos la capacidad de producir guiones, rodarlos, editarlos y hasta distribuirlos. Lo pueden hacer todo desde su propio teléfono. Sosie se junta con sus amigos para generar proyectos sin que el dinero se lo impida. Y por mucho que defienda una preparación clásica, nada enseña más que la experiencia de un rodaje. Algo que ahora puedes tener sin esperar a que te llamen.

¿Se incluye entre los que lo hacen todo con el teléfono?
Tengo mi límite. Me he acostumbrado a disfrutar del entretenimiento en cualquier plataforma. Los tiempos han cambiado. Pero no me hago a ver las cosas en el teléfono. Soy de los que prefiere ir al cine a ver las películas, rodeado de gente y con mi buen cubo de palomitas. Y soy un gran consumidor de cine. Me gusta ver lo que hacen mis compañeros a lo grande.

Sin embargo, sus últimos protagónicos han sido en la tele: ‘Taking chance’, ‘The Following’ y ahora ‘I love Dick’.
Soy el primero al que le gustaría hacer una gran película. Es mi medio. Siempre estoy buscando buenos papeles, grandes o pequeños, fuera de lo común, que me atraigan y me asombren. Pero tampoco hay tantos. Si antes me leía dos o tres guiones a la semana, ahora puede que me lleguen un par de ellos al mes. Y eso, con suerte. Mientras tanto, quiero seguir trabajando. Todavía me quedan muchas historias que contar. Estoy lejos de la jubilación.

Vamos, que el cambio de medio no tiene tanto que ver con la cacareada edad de oro de la televisión como con el hecho de que hay que comer.
En 1979, cuando comenzaba como actor, le dije adiós a la serie ‘The guiding light’ tras un año. Y fue más bien un “ahí te quedas, televisión”. Lo mío iba a ser el cine y el teatro. Me gustaba ver la tele. Series como ‘Mi bella genia’ o ‘Mannix’. Pero los actores y las carreras que admiraba, que quería seguir, en los que me quería convertir, eran gente de cine o teatro, nunca de televisión. Y cuidado con que se te ocurriera cruzar ese umbral, pues seguramente tendrías que volver de rodillas al mundo del cine. Eso si volvías. Por eso cuando me dijeron de probar suerte en televisión no podía ni coger el teléfono. Sin embargo, en una semana tenía los mejores guiones que había leído en años. Así que sigo confiando en que aparezca esa gran película pero, de momento, los buenos escritores se han ido a la televisión. Y donde se van los guionistas, los actores les seguimos.

Y si no, para quitarse las penas, siempre están los Bacon Brothers.
No, aquí no hay penas que valgan. Nunca he visto la interpretación como algo horrible, como una tortura. Soy un enamorado del cine como espectador, actor, director y lo que me eches. Si además me dedico a la música es porque un día te pones a tontear al piano o coges la guitarra y le escribes una canción a tu esposa. Y a ella le gusta y quiere que la escuchen otros. Tú mismo quieres que otros la escuchen. Te encanta ver cómo les afecta, si siguen el ritmo con los pies, si tienen la lagrimilla colgando. Ya te digo. Así empiezan muchos. Se trata de compartir una canción.

¿Qué se le ha perdido para acabar de gira por la América profunda entre rodaje y rodaje?
Si quieres saber quién soy no tienes más que echar un vistazo a las letras de mis canciones. Son mi talón de Aquiles, mi punto débil. Cantando nuestras propias canciones delante del público es el momento en el que me siento más vulnerable. En ocasiones me he sentido desnudo como actor, pero siempre hay un personaje detrás del que esconderse. Pero aquí no hay nada que te proteja del público, solo una sensación de vértigo infinito donde la recompensa es incalculable.