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sábado, 1 de julio de 2023

#hemeroteca #trans #testimonios | Nacha Sánchez, trans de ‘Vestida de azul’, vuelve a la tele con los Javis

Nacha Sánchez //
Nacha Sánchez, trans de ‘Vestida de azul’, vuelve a la tele con los Javis

Alex Ander | El Asombrario, 2023-07-01

https://elasombrario.publico.es/nacha-sanchez-trans-de-vestida-de-azul-vuelve-a-la-tele-con-los-javis/ 

‘Vestida de azul’ (1983), de Antonio Giménez-Rico, ha pasado a la historia como el primer documental español protagonizado por mujeres trans que se estrenaba en salas comerciales. De las seis protagonistas del filme, cuatro de ellas fallecieron en los siguientes años por complicaciones derivadas del sida. Una de las dos supervivientes, Josette, se retiró del espectáculo y en los años 90 regresó a su identidad masculina. La otra, Nacha Sánchez, lleva una vida tranquila en Vigo y acaba de participar en el rodaje de ‘Vestidas de azul’ (Atresplayer), la serie de los Javis que explorará la difícil situación de las mujeres trans en la España de la Transición. Hemos hablado con Nacha (Madrid, 1962): “Estoy dispuesta a aceptar todo lo que me ofrezcan, menos a hacer series sobre guarrerías y putiferios”.

‘Vestida de azul’ (1983) ha pasado a la historia como el primer documental español protagonizado por mujeres trans que se estrenaba en salas comerciales. En un primer momento, su director, Antonio Giménez-Rico, pensaba rodar una película de ficción. Sin embargo, cambió de opinión cuando empezó a documentarse para escribir el guion y comprobó la triste y brutal realidad de las personas trans de la época, quienes, en muchos casos, debido a la escasez de oportunidades laborales, se veían abocadas a la prostitución callejera (o, en el mejor de los casos, el cabaré, donde los empresarios de las salas de fiesta que las contrataban buscaban exhibirlas como fenómenos de feria).

«Esta película la hice con mucho amor», contó luego el cineasta en el libro ‘Vestidas de azul’ (Dos Bigotes). «Es un mundo que nada tiene que ver conmigo, pero no se juzga a nadie. En un principio podría haber tenido morbo, pero luego la ves y no hay morbo alguno. Se presenta una realidad, esos chicos que deciden ser chicas con todas sus complicaciones. Mi acierto fue no hacer una película moral, sino una película documental».

De las seis protagonistas del filme, que se estrenó en el Festival de Cine de San Sebastián y funcionó bastante bien en taquilla, cuatro de ellas fallecieron en los siguientes años por complicaciones derivadas del sida. Una de las dos supervivientes, Josette, que frente a la cámara protagoniza un curioso reencuentro con quien entonces era su ex mujer en la vida real, se retiró del espectáculo y en los años 90 regresó a su identidad masculina. La otra, Nacha Sánchez, lleva una vida tranquila en Vigo y acaba de participar en el rodaje de ‘Vestidas de azul’ (Atresplayer), la serie de los Javis que explorará la difícil situación de las mujeres trans en la España de la Transición. Hemos hablado con Nacha (Madrid, 1962).

¿Tuviste dudas a la hora de aceptar aparecer en la serie de los Javis?

No, ninguna. Sucedió de la mano de Valeria Vegas, con la que participé en la semana del Orgullo en Pontevedra. En un principio, los Javis no me querían, porque me quisieron dar un papel para hacer de puta en el Parque del Oeste en ‘Veneno’ y les dije que no. Cuando empezaron a buscar gente para su nueva serie, Valeria les dijo que yo debía estar en ella. Me llamó un día Javier Ambrossi y me invitó a viajar a Madrid para conocernos. Cuando me presenté allí, las guionistas me hicieron una prueba. A mí no se me da bien la lectura, pero me dijeron que tanto ellas como Valeria me querían en la serie, y que tenía que estudiar el guion, aunque luego no lo siguiera al pie de la letra. A partir de ahí, se portaron muy bien conmigo: me dieron dinero para mis gastos, me pagaron hoteles y me llamaron varias veces. En una de las llamadas, me explicaron que Penélope Guerrero iba a hacer de Nacha en la época de 'Vestida de azul'. La chica exigió conocerme antes de firmar su contrato, así que volví a Madrid para ello. Ahí ya les pregunté si realmente pensaban contratarme o solo me querían para que les diera información de cara a la escritura del guion. Al rato, el principal productor me llamó y me dijo ‘Mira, Nacha, yo no tengo un papel en la serie para ti, pero sí te ofrezco una colaboración especial y un capítulo entero’. Es cierto que yo salgo solo al final, pero realmente aparezco en toda la serie, porque esa chica que hace de mí está representando mi vida.

¿Y cómo ha sido el rodaje?

Al final han sido 15 sesiones, más tres especiales que se han grabado. Me pagaron un dinero bastante considerable y me han tratado divinamente, aunque no me ha gustado mi vestuario en la serie. Decían que, al ser la estrella de la serie, tenía asignado un color concreto. Me tocó el dorado, pero ese es un color que no me gusta para nada.

En su día fuiste amiga de Cristina la Veneno. ¿A ti te pasó como a ella, que durante su etapa como prostituta callejera se ganó el respeto de sus compañeras a base de broncas y alguna que otra hostia?

No, yo nunca me he peleado con nadie. Solamente tuve problemas con la famosa Manola, que me odiaba. El respeto no me lo gané peleando con nadie, sino ayudando a la gente, dando consejos, acogiendo en mi casa a las personas que no tenían dónde vivir… Cristina era muy agresiva. A ella vinieron a agobiarla y atosigarla porque, de la noche a la mañana, se convirtió en una bomba de tía. Encima, ella tenía un carácter muy malo. Se reía de la gente fea y se creía que era la mejor.

A raíz de su muerte, el movimiento asociativo de las personas trans empezó a reivindicar a Cristina, después de haber pasado muchos años rehuyéndola. ¿Entiendes su postura?

Hombre, muy buen ejemplo no daba. Cristina no gusta hoy a todo el mundo. La que gusta es Dana [Daniela Santiago], la actriz que hace de Cristina en ‘Veneno’. Cristina era muy buena persona, pero tenía un carácter terrible. Justo estás hablando con la única persona que nunca tuvo un problema con ella. Los primeros pendientes que tuvo se los regalé yo. Ella no bebía ni se drogaba nada entonces, fue al final de su vida cuando le dio por esas locuras.

Creo que tenías apenas 14 años cuando te escapaste de casa.


¡Tenía 13! Justo ayer lo estaba comentando con mi hermana, que también es una mujer trans y ahora cuida de mi madre, que tiene demencia senil. Mirábamos fotos antiguas y hablábamos de lo diferentes que eran mi padre y mi madre. De niña, me peleaba todos los días con él. Por las noches me escapaba, me iba de petardeo y tenía otra hermana que luego me abría la puerta. Una noche, mi padre me pilló y me pegó una paliza. Después de eso le dije: ‘Bueno, creo que me voy a ir con unos amigos míos de vacaciones’. En realidad, cogí un dinerito que tenía ahorrado y me fui a Barcelona.

¿Con qué apoyos contaste cuando empiezas en Barcelona tu proceso de transición social y modificación corporal?


Al principio fui con unas personas a un hotel y, cuando me vine a dar cuenta, todas ellas desaparecieron de allí sin pagar la cuenta. No tenía dinero, pero sí tenía algo de plata, porque entonces me gustaba mucho, así que tuve que venderla para poder pagar la cuenta del hotel. Después me tiré a la calle para ver qué hacía o qué no hacía. Ahí me encontré con una mariquita de Huelva, Toñi ‘la Pómulos’, que me vio sentada en un banco y me preguntó qué me había pasado. Me dijo que me fuera con ella a su casa, donde vivían cuatro o cinco chicos que por las noches salían a prostituirse por el Boulevard Rosa de Barcelona. Un día me fui con ellos, pero no conseguí ningún cliente vestida de hombre. Pasaron dos o tres días ayudándome y luego, una noche, me picó la curiosidad y me asomé a una calle que había por delante para ver por qué pasaban tantos coches por ahí. Me encontré en la puerta del hotel Calderón con una mujer enorme, vestida con un abrigo de piel, que empezó a hablar conmigo. Me dijo: ‘Lo que tienes que hacer si te sientes más chica que chico es esto, y si quieres venirte por aquí, te echaré una mano’.

Esa misma noche, cuando ya me iba para casa, encontré en un contenedor de basura unos zapatos y un vestido, y los cogí. Al día siguiente les dije a los chicos con los que vivía que iba a salir con ellos, pero que esta vez me iba a poner a trabajar con aquellas chicas, que yo ni sabía que eran travestis o trans. Así fue como empecé en la prostitución, con 13 o 14 años. No podía vivir del aire, y no encontré otro medio. Entonces ganaba dinero y todo era barato. Recuerdo que pagaba 80 o 90 pesetas de pensión más 150 pesetas de comida, pero que igual conseguía hacer 10.000 o 15.000 pesetas trabajando.

¿Tu familia sabía a qué te dedicabas?


Sí. Mi familia lo sabía perfectamente. No lo aceptaban, porque eso no lo acepta nadie, pero tampoco me lo criticaban. Procuraba además hacerlo discretamente y, de hecho, pasé muchos años viviendo fuera. Cuando vivía en Madrid, tenía primos taxistas que le decían a mi padre: ‘Uy, hemos visto a tu hijo vestido de mujer en la calle’, y otras cosas así, por lo que decidí quitarme de en medio. He estado viviendo en Italia, Francia, Suiza, Alemania, Austria... Me lo he recorrido todo.

¿Y dónde dirías que has sido más feliz?

Ay, no sé. Creo que aquí, en Vigo, porque es donde mejor me encuentro. En todos los sitios en los que he vivido ha habido muchas drogas, mucho alcohol y mucho vicio. En esta ciudad, a la que ya vine hace 40 años para trabajar en un espectáculo, la mentalidad de la gente es muy abierta. Los gallegos son los primeros que han viajado por el mundo y lo han visto todo.

¿Qué relación has mantenido tú con el alcohol y las drogas?

¡Yo me he drogado como loca y he bebido como loca! Pero ya hace como cinco o seis años que dejé de hacerlo. Vendí un piso que tenía en Madrid para poder operarme del pecho, porque lo tenía muy duro y resulta que por dentro estaba con necrosis. Si no me lo llego a cambiar entonces, hoy estaría muerta. El médico tuvo que arrancarme la silicona de los huesos y aquello me dejó destrozada. En ese momento decidí que no iba a volver a meterme una raya ni a beberme un whisky. Ahora, cuando bebo, me pongo malísima y me da como asco. Cuando me meto una raya, tengo la sensación de que ese pecho que el médico me arregló como pudo se me va a salir de su sitio.

Además, me he hecho mayor. Ahora soy muy casera, me gusta hacer mi comida, ir a hacer la compra y estar tranquila. Como he conseguido tener una buena pensión, tengo un dinero guardado y además hago muchas cosas, no necesito salir a la calle. Además, salir solo sirve para discutir con las demás ‘maricas’, porque el alcohol y las drogas siguen existiendo y la que no los toma se siente desplazada. Por otro lado, la prostitución callejera murió a raíz de la pandemia. Ya no hay trabajo y, sinceramente, para salir a ganar 20 euros, prefiero administrarme un poco mejor y no hacerlo.

¿Pasaste mucho miedo durante tus comienzos en la calle?

No, porque yo entonces era tan atrevida como lo soy ahora. A mí me echaban de todos los sitios, porque no tenía tetas (me ponía unos calcetines) y no te puedes ni imaginar lo guapas que eran las transexuales que había en esa época en Barcelona. Luego, poco a poco, fui haciendo amistad con una y con otra. No he pasado miedo nunca en la calle, aunque sí me han pasado muchas cosas. Me han robado, me han puesto una pistola en la cabeza, y hasta me han llevado en el coche a un lugar en el que había tres o cuatro hombres más que han hecho conmigo lo que han querido y luego no me han pagado.

¿A qué se debe tu mote ‘la Poderosa’?

Ese mote me lo pusieron estando ya en Madrid, donde empezaron a llegar muchas chicas de las Canarias, que tienen otra forma de hablar. Cuando acabábamos de trabajar, nos íbamos a cenar o a la discoteca. Allí sacaba el dinero de mi cartera y me ponía a frotarlo mientras decía: ‘¡Qué poderío!’, y ahí es cuando las otras empezaron a llamarme ‘la Poderosa’. Luego, además, soy una tía que ha ganado mucho dinero y que ha guardado mucho también. Igual me compraba un bolso bueno y me quedaba luego sin comer. Tuve buenas joyas, buenas pieles y apartamentos divinos. Ahora no, ahora vivo de alquiler, porque cuando me operaron de la uretra tuve dificultades y necesité vender para no tener que pedir nada a nadie.

¿Cómo apareció en tu vida Antonio Giménez-Rico?

Apareció porque, cuando trabajaba como prostituta, hice un reportaje para televisión titulado 'Alma de mujer' que él vio. Me reuní con él y con otro productor, me dijeron lo que estaban preparando y les dije que sí. Luego conocí muy bien a Giménez-Rico, que conmigo fue el hijo de puta más grande del mundo. A nosotras no nos quería, para él éramos un negocio. Nunca me he llevado bien con él. Cuando presentó el libro de Valeria Vegas con ella, dijo que yo pasé de ser un ser humano tranquilito y normal a convertirme en un monstruo de la cirugía estética y de las joyas. Nunca le caí bien, porque soy muy descarada y si hay algo que no me gusta, lo digo.

Por ejemplo, en la serie que acabo de hacer, tuve que pasar 14 horas rodando una de las secuencias. Cuando me enseñaron los zapatos que tenía que llevar puestos, les dije que no rodaba así, porque necesito llevar algo con lo que me sienta cómoda. Querían que saliera al lado de las otras chicas, que miden 1,80, con unos taconcitos bajos, dando el aspecto de señora mayor que trabaja de puta callejera y está ya como acabada. Podré tener 60 años, pero me gusta ponerme zapatos con tacón de 18 centímetros y me muevo divinamente con ellos. Los de vestuario lo consultaron y lo acabaron entendiendo. Al final salgo con unos tacones que me permiten estar a la misma altura que las demás. No hay dinero suficiente para que alguien me diga lo que tengo que hacer.

¿Desconfiaste en algún momento del resultado final del documental ‘Vestida de azul’?

Sí, siempre dudé. El día que la vimos por primera vez, en San Sebastián, lloré y me asusté. Nada más empezar el documental, se nos ve pegándonos con la policía. Mi vida tenía que continuar, y yo debía seguir acudiendo a esos mismos sitios en los que había rodado el documental. Me daban miedo las represalias, que pudieran pasar por mi lado y pegarme un tiro en la cabeza por haber hecho aquello. Recuerdo que un día aparecieron dos coches llenos de gitanos que se bajaron y me preguntaron dónde estaba Tamara. Les dije que no lo sabía, y uno de ellos comentó a otro: ‘Pues córtale los huevos a este maricón’. El documental era tremendo. Tanto, que al cabo de seis meses dejó de poder verse.

‘Veneno’ cosechó un gran éxito a nivel nacional e internacional. ¿Estarías preparada para convertirte en una estrella?

Me siento preparada, pero veo un poco difícil que la serie pueda competir con ‘Veneno’. Aunque la idea de todos los productores con los que he hablado es que tiene que superarla. No sé, podría ser. A fin de cuentas, ‘Veneno’ habla de una sola vida, pero ‘Vestidas de azul’ cuenta muchas historias. Aunque ya estoy algo mayor para estas cosas, estoy dispuesta a aceptar todo lo que me ofrezcan, menos a hacer series sobre guarrerías y putiferios. Si es para hacer cosas de ese tipo, mejor que se olviden de mí.

lunes, 4 de julio de 2022

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Paseo para recién llegados al Orgullo por los rincones de Madrid con historia y cultura LGTB

El Diario / Homenaje a La Veneno en el parque del Oeste //

Paseo para recién llegados al Orgullo por los rincones de Madrid con historia y cultura LGTB.

Desde la placa de La Veneno, pasando por las calles que recorrieron las primeras marchas por los derechos LGTB hasta la primera librería activista, la capital cuenta con espacios transitados por esta cultura y recuerdos de lucha.
Sara Núñez | El Diario, 2022-07-04
https://www.eldiario.es/guia-ocio/paseo-recien-llegados-orgullo-rincones-madrid-historia-cultura-lgtb_1_9111042.html

“¿Esculturas de personas LGTB? ¿Homenajes? No estarían mal que las hiciesen cuando aún siguen vivas”, comentaba una madrileña sobre Cristina La Veneno y su famosa (y torturada) placa que muchos han intentado retirar del Parque del Oeste. Madrid, cuna de historia LGTB, cuenta con algunos espacios para el recuerdo y también carece de numerosos homenajes a sus luchas y su memoria histórica, a pesar de las batallas libradas en sus barrios.

Algunos rincones de la capital albergan señales de aquellas celebridades, artistas y referentes del colectivo. Las Fiestas del Orgullo son un buen momento para visitarlos, solo unos días después de la conmemoración anual de las revueltas en Stonewall y de las primeras marchas a favor de los derechos del colectivo LGTB, lideradas por Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera.

Proponemos una ruta por varios de estos símbolos para adentrarse en la Madrid de Lorca, de la Veneno, de Esmeralda La Francesa, de la primera librería especializada en el colectivo y su cultura. Un paseo que se puede hacer todo el año, porque el colectivo existe todos los días, más allá de sus celebraciones:

Placa de La Veneno

Cristina Ortiz se convirtió en eterna y, como ella decía, “conocía mundiá”, por la visibilización que otorgó al colectivo trans durante años en los que colaboraba en programas televisivos como ‘Cruzando el Mississipi’. Su placa de homenaje, situada en el parque donde, por aquel entonces, muchas de sus compañeras y ella misma solían trabajar por las noches. Mujer trans y referente para muchas personas, fue inmortalizada con un humilde homenaje que ha pasado por diversos tropiezos: cuando no amanecía pintada con insultos y vandalizada, desaparecía directamente, luego la ponían, luego la retiraban...

Ahora sigue allí su placa, con una mampara que la protege, tal y como estuvo inaugurada en 2019 en presencia de su amiga y autora de su biografía, Valeria Vegas. Muchos suelen pasar a visitarla, recordarla y dejar flores, dibujos, velas y dedicatorias.

  • Dónde: P.º de Camoens, Parque del Oeste. Metro: Argüelles


Calle Pelayo a tacones

El barrio de Chueca es, de por sí, un lugar de encuentro para el colectivo. Se podría considerar, citando al hotel Axel de Madrid, una zona “cishetero-friendly”. Paralela a la calle Fuencarral, hay una zona que no pasa desapercibida: la calle Pelayo, el corazón de la carrera de tacones celebrada anualmente por el mes del Orgullo.

Esta carrera la protagonizan aquellas personas que se animen a recorrer Pelayo sobre un calzado en punta de 15 centímetros, conmemorando las revueltas del bar Stonewall de Nueva York.

  • Dónde: C. Pelayo. Metro: Chueca


Explanada de la Cárcel de Carabanchel: un vacío metafórico

La que fue una cárcel donde se encerró a muchas personas LGTB ahora solo queda campo, no hay ni un homenaje. Lo mismo ocurre con Esmeralda La Francesa: hay escasa información de quién fue. Solo se conoce quién dejó de ser, el momento de su muerte a manos del Estado.

Esmeralda la Francesa fue una mujer trans que, harta del acoso sufrido en la cárcel de Carabanchel, se suicidó desde su tercera planta en 1974. Durante el franquismo, la disidencia sexual fue reprimida a través de varias leyes. En 1954 se reformó la Ley de Vagos y Maleantes con el objetivo, entre otros, de perseguir y castigar cualquier práctica homosexual y, seguidamente, a partir de 1970 la Ley de Peligrosidad Social condenaba a cualquiera que fuera considerado peligroso por el régimen: la homosexualidad, venta de pornografía, prostitución, junto al vandalismo, el tráfico de drogas, entre otros.

La homosexualidad se castigaba con penas de cárcel o reclusión en campos de concentración, y ahí destacaban edificios que se convirtieron en la pesadillas de muchos como el campo de Tefía (Fuerteventura) o cárceles con módulos especiales para personas LGTBI: la Modelo de Barcelona, la Modelo de Valencia y la cárcel de Carabanchel. Esta última, cerrada en 1998, tenía una tercera planta de la quinta galería conocida como el Palomar. Esa explanada ahora está vacía, aunque hay vecinos que ya han reclamado la construcción de unas placas solares para utilizar ese vacío que queda sobre el suelo de un Estado que consintió castigos, persecuciones y asesinatos a tantas personas del colectivo.

  • Dónde: la Avenida de los Poblados. Metro: Carabanchel


Plaza de la Memoria Trans

Por la necesidad de visibilizar la lucha de las personas que son víctimas de transfobia en las calles, en los colegios, en sus propias familias y en el Estado, se acordó otorgar a la plaza una denominación más colectiva. Inaugurada el 23 de febrero de 2019, en ella se homenajea de forma genérica a todas las víctimas de la violencia trans.

  • Dónde: Plaza de la Memoria Trans. Metro: Chueca


Librería Berkana

Berkana está especializada en temática LGTBQ y lleva cerca de 30 años de actividad desde su apertura en 1993, aquel tiempo de la Madrid clandestina en la que el colectivo se daba encuentros en sótanos para resguardarse bajo la ala de la Movida.

Fue la primera librería en reunir contenido bajo este paraguas en España y América Latina, siguiendo la línea de la mítica librería Oscar Wilde Bookshop en Nueva York. Sus dos propietarias, Mili Hernández y Mar de Griñó ya sobrevivieron una vez al cierre de este lugar de encuentro de literatura, anécdotas e historias LGTB.

  • Dónde: C/ Hortaleza, 62. Metro: Chueca
  • Horario: 10.30 a 20.30 (domingos de 12.00 a 14.00)
  • Página web


Plaza de Pedro Zerolo


Antiguamente llamada Plaza de Vázquez de Mella, la de Pedro Zerolo adoptó su nuevo nombre en recuerdo al político español más activista en la defensa de los derechos LGTBI y de las personas con VIH, fallecido en 2015. Todos los años se organiza un homenaje en junio, cuando dejan un ramo de flores en la misma plaza.

Zerolo fue uno de los promotores de la ley de matrimonio homosexual y de los responsables de la ley de Identidad de Género, y ahora existe una plaza a su nombre dentro de Chueca. La entrada al aparcamiento subterráneo de la misma plaza cuenta con un gran lazo rojo, que Teresa Sapey diseñó como compromiso por la lucha contra el VIH-S.

  • Dónde: Plaza de Pedro Zerolo. Metro: Chueca


Monumento a Federico García Lorca en Villa de Vallecas

El monumento a Lorca fue realizado en el año 1986, con motivo del 50º aniversario de la muerte del poeta granadino. Lorca no fue un activista como tal ni trabajó visiblemente por los derechos LGTBI+, pero vivió como pudo su sexualidad y tuvo muchas parejas, se relacionó con varios hombres y escribió obras y cartas de contenido ‘queer’, hasta su fusilamiento a los 38 años bajo las represalias de la Guerra Civil española.

Además de su homenaje vallecano, cabe destacar la estatua del autor en la parte baja de la Plaza de Santa Ana y otra localización: la Calle de Alcalá 96, arrinconada entre la calle de Narváez y la Avenida de Felipe II. Este icono y poeta andaluz vivió en la séptima planta de este edificio entre 1933 y 1936. De los años previos que vivió en Madrid, estuvo en la Residencia de Estudiantes, desde donde inició su huida con el estallido de la Guerra Civil. Se dice que fue ahí donde empezó a escribir y leer a sus círculos, los escritos de ‘La casa de Bernarda Alba’, que se representaría en 1954, algo que su autor no pudo llegar a presenciar.

  • Dónde: Monumento a Lorca, P.º Federico García Lorca, 36. Vallecas; Antigua casa de Lorca en calle de Alcalá, 96. Metro: Goya


Cineteca del Matadero

Este centro de creación contemporánea fue inaugurado en 2006 en el antiguo matadero y mercado de ganados de la ciudad. Se trata de un recinto de gran valor patrimonial, de enorme personalidad y referente ciudadano donde hay exposiciones, encuentros, charlas, eventos, proyecciones y ciclos de diversas temáticas, entre las cuales destaca sus apuestas por las personas LGTB.

Dentro de su Cineteca, en concreto, se exponen películas de carácter independiente, por lo general, y es habitual encontrar algún que otro título sobre el colectivo. Sirvan como ejemplo dos de las últimas expuestas: ¡Dolores, guapa!, el documental sobre la presencia de la ciudadanía LGTB en la cultura cofrade de Semana Santa desde Andalucía (en este caso, de Sevilla) y su reocupación en dichos espacios; Transformistas, sobre un grupo innovador de drag queens cubanas y sus respectivas luchas diarias.

  • Dónde: Plaza de Legazpi, 8. Metro: Legazpi
  • Horarios, ciclos y más información en su página web


Calles de las primeras manifestaciones LGTB de Madrid

Casa de Campo, Santo Domingo y el Paseo del Pintor Rosales se convirtieron en escenarios históricos de las primeras marchas españolas, aunque cabe destacar que la primera manifestación del Orgullo tuvo lugar en la Barcelona de 1977.

Corría el año 1978 cuando una manifestación LGTB fue autorizada en Madrid, y desde entonces, salvo en dos fechas puntuales, la capital celebra su Orgullo. La primera salía de la Plaza de Santo Domingo hasta la de Sol, un paseo a tener en cuenta bajo este contexto. En 1979 no fue autorizada, así que solo hubo un mitin en la Casa de Campo que intentaron reventar grupos fascistas. Un año después, la manifestación tuvo lugar en el Paseo del Pintor Rosales y acudieron 600 personas, 600 individuos que caminaron bajo la presión, gritos e insultos que les acompañaron en todo el trayecto. En 1986 se programó un seminario en Chueca que permitió la posterior creación del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM). Ya en 1996, la revista Shangay, medio dedicado al colectivo y situado actualmente en San Lorenzo 17, introdujo en la marcha la primera carroza.

Imagina Más

Más allá de rincones emblemáticos de la ciudad, cabe mencionar sus colectivos, ONG y asociaciones, que luchan por sus derechos y una mayor accesibilidad. En el caso de Imagina Más, busca facilitar el acceso de las personas al sistema sociosanitario público para cubrir sus principales necesidades, promover hábitos saludables beneficiosos para los individuos y su desarrollo personal y celebrar la diversidad dentro del reconocimiento de la dignidad del ser humano y la igualdad de derechos. Llegan a atender anualmente a una media de 2.000 personas de 30 nacionalidades, aportándoles ayuda en el ámbito de la salud sexual, diversidad e igualdad.

  • Dónde: Calle del Rosario, 17. Metro: Puerta de Toledo
  • Horario: de 10.00 a 18.00 (cerrado sábados y domingos)
  • Página web

viernes, 11 de febrero de 2022

#hemeroteca #inmemoriam | Muere de cáncer Isabel Torres, protagonista de la serie 'Veneno', a los 52 años

El Confidencial / Isabel Torres interpretando a La Veneno //

Muere de cáncer Isabel Torres, protagonista de la serie 'Veneno', a los 52 años.

En noviembre ya anunció en sus redes sociales que los médicos le habían dado dos meses de vida tras agravarse el cáncer de pulmón que sufría desde 2020.
Pablo R. Roces | El Mundo, 2022-02-11
https://www.elmundo.es/cultura/2022/02/11/62062d38fc6c83e01e8b4607.html

"He intentado desde pequeñita ser quien quería ser". Nadie podría definir mejor la trayectoria vital de Isabel Torres de lo que ella misma lo hizo en noviembre de 2021. Así han sido los 52 años de vida de la actriz principal de Veneno, que este viernes ha fallecido al no superar un cáncer de pulmón diagnosticado ya en 2018.

Hubo que esperar a 2020 y a la serie de Los Javis para Atresmedia sobre Cristina Ortiz para que el mundo -con la ficción siendo exportada a Estados Unidos- conociera verdaderamente a una mujer cuyo recorrido vital ya era extenso. "Todavía te veo en cada recuerdo, en cada mirada cómplice en el rodaje, en cada baile cuando podíamos, en cada ensayo", ha recordado este viernes Javier Ambrossi.

"Sin darme cuenta he hecho de mi vida una batalla que no sé si terminará pronto o más tarde", reconocía el pasado noviembre en ‘Sálvame Deluxe’. Duró poco, pero mucho ya había quedado. Porque Isabel Torres fue la primera mujer transexual cuyo DNI se adecuó a su género en Canarias con la aprobación del Tribunal Superior de Justicia de Canarias. Fue en 1996 cuando su verdadero nombre se estampó en su documento: Isabel Torres.

Y ahí empezó la verdadera vida de una mujer y activista por los derechos trans que un año después sería portada de Interviú; en 2005 aspiraría a ser la primera mujer trans en convertirse en la reina del Carnaval de Las Palmas, y en 2010 llegaría a presentar en Antena 3 Canarias su propio programa: ‘Nos vamos pa la playa’. "Quienes la llegamos a conocer sabemos el gran ser humano que era: amor, ternura y corazón gigante", ha destacado Carla Antonelli, primera diputada trans en España.

Y en los momentos más duros, cuando el cáncer la obligaba incluso a frenar su vida por los dolores, la asaltó la fama. Su papel de una Veneno madura en la ficción de Los Javis le valió un Premio Ondas como mejor actriz principal junto a sus compañeras Daniela Santiago y Jedet. Las tres caras de Cristina Ortiz. En femenino, que el matiz es importante.

Fue justo unos días antes de la entrega del galardón cuando la actriz y activista relataba a través de sus redes sociales que el cáncer que sufría era terminal y no podría acudir a recogerlo. "En principio, me han dado dos meses de vida, vamos a ver si los supero y, si no, qué vamos a hacer", contaba en un vídeo de Instagram. Finalmente fueron casi tres antes de que este viernes su familia informara de su muerte.

Con el Ondas en su casa, eso sí. En su intervención en Telecinco en noviembre, la última pública de Torres, el secretario general de los Premios, Jaume Serra, entró en directo a través de una pantalla para que el caballo dorado llegara a manos de la actriz. "No sé si me lo van a dejar llevar en el avión, pero yo me lo llevo", aseguraba entre lágrimas. "Yo creo que ha sido una de las maneras más originales de entregar un Premio Ondas", concluía.

Ese era el Premio Ondas para aquellas mujeres trans que estuvieron antes, cuando el debate ni siquiera era público. El de aquellas a las que ‘Veneno’, a través de Isabel Torres convertida en Cristina Ortiz, fue rescatando del olvido. Para el recuerdo aquella conversación de Torres con Lola Ortiz.

-Valeria, ¿Es bonita mi vida?
-Es preciosa
-Pues léemela otra vez.

La suya también se podría leer una y otra vez.

Y TAMBIÉN…
El impactante mensaje de Isabel Torres ('Veneno'): "Me han dado dos meses de vida".

La actriz canaria ha publicado un vídeo en el que se despide de todos sus seguidores tras comunicar que su estado de salud ha empeorado notablemente en los últimos meses.
Xabier Migelez | El Confidencial, 2021-11-15
https://www.elconfidencial.com/television/series-tv/2021-11-15/isabel-torres-actriz-veneno-despedida-cancer-pulmon_3324425/

jueves, 8 de abril de 2021

#hemeroteca #lgtbi #television | ‘Veneno’ gana el premio GLAAD a la Mejor Serie en Español

Los Javis, Jedet, Daniela y Valeria en los GLAAD
‘Veneno’ gana el premio GLAAD a la Mejor Serie en Español.

La asociación estadounidense entrega a la serie de Javier Ambrossi y Javier Calvo uno de los galardones clave del mundo LGTBQ.
Álvaro P. Ruiz de Elvira | El País, 2021-04-08
https://elpais.com/television/2021-04-08/veneno-gana-el-premio-glaad-a-la-mejor-serie-en-espanol.html 

‘Veneno’, la serie sobre el icono transexual de los años noventa Cristina Ortiz, conocida como ‘La Veneno’, ha sido galardonada este jueves como Mejor Serie en Español en los premios GLAAD (siglas en inglés de alianza de gais y lesbianas contra la difamación), creados en 1990 para reconocer a los medios de comunicación que representen de forma ‘equitativa’ e inclusiva a la comunidad LGTBQ . Es la tercera vez que una ficción española se hace con el premio, tras ‘Élite’ en 2019 y ‘Las chicas del cable’ en 2018. ‘Veneno’, que en su estreno en EE UU a finales de 2020 fue un pequeño fenómeno en la plataforma HBO Max, amplía así su palmarés junto al Premio Iris de la crítica y el Ondas de Mejor interpretación femenina al trío de actrices Daniela Santiago, Isabel Torres y Jedet.

La serie creada por Javier Calvo y Javier Ambrossi para Atresmedia, que en España fue primero estrenada en la plataforma de pago Atresplayer Premium y luego en abierto en Antena 3, era candidata en los GLAAD junto a la ficción mexicana ‘Ana’ (Amazon / Comedy Central / Pantaya), la coproducción hispanomexicana ‘Alguien tiene que morir’ (Netflix) y las españolas ‘Élite’ (Netflix, que ya ganó hace dos años compartiendo premio con ‘Mi marido tiene más familia’, de Univisión) y ‘#Luimelia’ (Atresmedia).

”En este año único, de crisis y aislamiento, los nominados a los Premios GLAAD sirvieron para conectar entre sí a los miembros de las comunidades LGTBQ con grandes historias. También pudieron inspirar a innumerables individuos en todo el mundo gracias a proyectos que cuentan historias personales LGBTQ y retratan los temas que nos impactan,” dijo en enero la presidenta y directora ejecutiva de GLAAD, Sarah Kate Ellis, cuando se anunciaron las candidaturas. “GLAAD continúa liderando la lucha por la aceptación LGTBQ y los nominados de este año nos recuerdan que incluso en tiempos de división política y cultural, la visibilidad y representación LGTBQ que es diversa puede iluminar, entretener y crear un cambio duradero”, añadió.

Un 9,1% de los personajes de la televisión estadounidense en 2020 pertenecía a la comunidad lesbiana, gay y transexual, según el estudio anual que elabora la asociación que entrega estos premios. GLAAD se planteó en 2018 exigir a la industria que se alcanzara la cifra del 10%. En 2019 se consiguió, pero el año pasado decreció tras el parón en los rodajes y en los estrenos por la pandemia por el coronavirus. El objetivo de la asociación es que en 2025 la comunidad LGTBIQ esté representada en el 20% de los personajes de las ficciones de 'prime time' y que al menos la mitad de ellos no sean blancos.

lunes, 29 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #referentes | Bratz homenajea a Cristina La Veneno creando una muñeca inspirada en ella

Imagen: FórmulaTV / La Veneno en versión muñeca Bratz

Bratz homenajea a Cristina La Veneno creando una muñeca inspirada en ella.

La famosa línea ha querido rendir tributo a la que definen como un "icono LGTBQ que se recuerda a nivel mundial" gracias a la serie 'Veneno'.
Dani Valero | FórmulaTV, 2021-03-29
https://www.formulatv.com/noticias/bratz-homenajea-cristina-la-veneno-inspirada-107736/ 

La imagen y la memoria de Cristina Ortiz, más conocida como La Veneno, continúa rompiendo moldes y fronteras desde que, en 2020, se estrenase 'Veneno', la serie inspirada en su vida y creada por Javier Ambrossi y Javier Calvo para AtresPlayer Premium. Ahora, es la conocida línea de muñecas Bratz la que rinde homenaje a la fallecida artista.

Logró hacerse con gran cantidad de premios. Logró también convertirse en una de las series más destacadas del año para la prensa internacional y arrancar halagos y aplausos en todo el mundo. El último reconocimiento que han logrado la serie y la figura de Cristina es el tributo que le ha rendido la línea Bratz, creando una muñeca con el estilo propio de la marca, a imagen y semejanza de la vedette.

"¡Todo es brillo y glamour con la estrella española 'La Veneno'! Cristina rompió las reglas de la sociedad en los 90 al ser ella misma sin pedir perdón por ello", reza la publicación en el perfil de Instagram oficial de la marca. "Ahora, es recordada en todo el mundo como un icono LGTBQ e inspiración para muchos por ser una de las primeras mujeres abiertamente trans en la televisión española", finaliza el texto.

Un sincero y necesario homenaje

Pese a la emoción de muchos de los fans de la carrera y la vida de Cristina Ortiz, lo cierto es que, por el momento, el homenaje por parte de Bratz no parece mucho más que eso. Esto quiere decir que la muñeca inspirada en La Veneno no saldrá a la venta. La línea de muñecas ya realizó un homenaje similar el pasado mes de marzo a la cantante y productora (también trans) Sophie, que falleció en un accidente el pasado mes de enero, y a la que también dedicaron una muñeca que, por el momento, solo ha aparecido en una imagen del perfil oficial de la marca.

viernes, 19 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #identidades | Elizabeth Duval: “A las personas trans sólo nos preguntan por nuestra identidad”

Imagen: Presentes / Elizabeth Duval

Elizabeth Duval: “A las personas trans sólo nos preguntan por nuestra identidad”.

La escritora española Elizabeth Duval tiene 20 años y acaba de publicar su tercer libro.
Presentes, 2021-03-19
https://agenciapresentes.org/2021/03/19/elizabeth-duval-a-las-personas-trans-solo-nos-preguntan-por-nuestra-identidad/ 

El periodista Franco Torchia entrevistó a la escritora española Elizabeth Duval para su programa radial “No se puede vivir del amor”, emitido en la Radio Pública de Buenos Aires. Duval tiene 20 años y tres libros publicados, entre poemas, novela y ahora ensayo con “Después de lo trans”, aún no editado en Argentina pero disponible en ebook. Reproducimos parte de la conversación radial.

F: En tu producción escrita, en tu poemario ‘Excepción’, en tu autoficción llamada ‘Reina’ y ahora en este ensayo llamado ‘Después de lo trans’, hay una especie de secuencia, por lo menos desde los títulos, vinculada a lo siguiente: tu tránsito de la excepción al reinado y de allí a este tiempo después, a este después que ¿cómo caracterizarías?

E: Sí que hay una progresión, pero creo que en el caso de ‘Después de lo trans’ lo que marca, aunque no sea en absoluto un ensayo intimista o autobiográfico, es de estar hasta el coño del tema trans. Básicamente porque incluso cuando promocionaba los otros libros, que tenían poco que ver con la cuestión trans, había una especie de morbo mediático. Con lo cual un poco sí que me dije: Voy a dejar este ensayo escrito para casi poder pasar página. Decir: Que me pregunten este 2021, pero ya en 2022 si me vuelven a preguntar sobre lo trans estaré haciendo otras cosas y podré decir “no sabe, no contesta”.

F: Una de las preguntas hacia el comienzo de ‘Después de lo trans’, es: ¿Soy una activista por el mero hecho de existir? Esto se recorre todo tu último trabajo y esto resuena de una manera muy especial en la Argentina en este momento y me atrevería decir en ciertos países de la región. De esa dinámica, en líneas generales, en la Argentina nadie ha logrado salir. Yo quisiera en este sentido citar un ejemplo. Vos leés y citás a Camila Sosa Villada, que ha estado en tantísimas ocasiones en este programa, que es alguien tan importante para este programa y ahora por suerte para la literatura, para la escritura de una buena parte del mundo. Pero quizás sea Camila una especie de ejemplo de esa posibilidad. Luego, no es una posibilidad realmente fortalecida o -voy a permitirme una especie de redundancia- no es una posibilidad muy posible. ¿Por qué?


E: Yo creo que hay mucha gente trans que no puede renunciar, no puede dejar de hacer que se la catalogue constantemente como activista por el mero hecho de existir. Porque básicamente si estás en una sociedad en la cual tu identidad se ve cuestionada, si estás en una posición donde eres una persona trans visible, es muy difícil que deje de ser algo que rompe con los esquemas de la gente el mero hecho que tú existas. Pero es una cosa que cansa mucho y cansa mucho emocionalmente.

Ahora en España estamos asistiendo a los debates por el borrador del anteproyecto de la ley trans, que es una cosa que en Argentina vosotros nos tenéis muy avanzades en ese sentido, ya tenéis parte de ese camino recorrido. Pero aquí en España estamos con eso, y sí que noto que ese debate es una cosa que cansa mucho aquí por el mero hecho de que esa gente trans que no necesariamente tiene una vocación activista se ve obligada a tener que defender algo tan básico, tan fundamental, como su existencia. Pero creo que sí hay algo iluminador en lo de Camila, y es que a ella ahora por el éxito también de Las malas ya no se la toma solamente como referente o activista trans, sino que se valora su literatura como literatura. Eso me parece algo enriquecedor.

Identidades y privilegios


F: En otro momento vos decís en ‘Después de lo trans’, “en cualquier caso soy la anulación de categorías, de formas, de generizar”. Ahora bien, ¿esa anulación es accesible para cualquiera, sentís, o es accesible para aquelles que pueden por ejemplo, hoy, autodenominarse no binaries?

E: Yo esto lo comento luego dentro del ensayo en relación con la posición de Paul B. Preciado. Esta cosa de cómo muchas veces las posiciones aparentemente más transgresoras, como la no binaria, también están posibilitadas por el hecho de vivir en un cierto ambiente cultural, de prácticas artísticas de vanguardia, que ve con mejores ojos esa transgresión. Cuando realmente en aspectos más cotidianos de la vida si intentas conscientemente transgredir de forma constante esa norma -es lo que hablo luego cuando hablo de la violencia correctiva-, te conviertes con frecuencia en un foco mucho más claro de violencia y de castigo, porque aquellos comportamientos que se escapan de esa norma, de esas categorizaciones, se ven reprimidos, se intenta silenciarlos, se ven como algo peligroso. Y creo que es tanto el rehuir de ello, o de intentar anular esas categorías, intentar hacer de lo trans algo menos importante como la asunción de las posiciones aparentemente más radicales, necesitan detrás ciertas estructuras que a veces son estructuras de privilegio. Claramente una persona trans que pueda vivir sin estar siendo recordada por la sociedad constantemente el hecho de serlo, seguramente va a ser una persona trans que no tiene que hacer frente a ciertos problemas de precariedad económica o de clase, o a lo mejor no es una persona trans racializada, a lo mejor se trata de una persona trans que tiene ciertos privilegios estructurales que la permiten asumir esa posición. Así que yo creo que, desde luego, no está al alcance de todo el mundo y que de hecho es una cosa que por ejemplo, en España tenemos que tener en cuenta que no todas las personas trans sufren grados de violencia similares. En otro momento del ensayo hablo de la Veneno, de mujeres trans mayores que por situaciones históricas han tenido que estar muy vinculadas al mundo de la prostitución, de la precariedad, del cabaret, y creo que su sufrimiento no es equiparable al de menores trans que empiezan la transicion a los 12 años, y que pueden vivir vidas más facilmente asimiliables dentro del sistema. Creo que España, por ejemplo, tiene una gran deuda de memoria histórica con esas personas trans más mayores a las que prácticamente el Estado incluso no ha dejado existir.

F: Hay una especie, entonces, de sistema -escrito con s escrito con c-, entre esa imposibilidad de, para las personas trans en general, no poder hacer más que contarse a sí misma, es decir ser -como decís vos en el libro-, los mejores y peores relatores posibles para explicar aquello que les pasa. El hecho de que todo el tiempo la esfera pública condene a las personas trans a contar su pasado, a contar su existenciabilidad, por decirlo con un neologismo, y el hecho de que por el otro lado los activismos siempre estén pataleando con las mismas consignas, ¿establece una especie de laberinto sin salida?

E: Yo creo que en parte sí. Pero seguramente por el hecho de que esas narrativas de lo íntimo, de estar todo el rato explicando o justificando la vida propia, a lo que llevan, igual que llevan algunas estadísticas, es a construir un rol social muy específico para las personas trans que es el rol de víctima. Cuando yo creo que no es tan necesario el rol de la víctima o el rol de aquel que está contando su intimidad para ser reconocido. Creo que podemos ir más allá y asumir que puede haber perfectamente, las queramos más o no, existencias trans casi conservadoras o casi bien asimiladas al sistema. Porque creo que el hecho de hacer como que todas las existencias trans son necesariamente de víctimas o revolucionarias, implica que reconocemos menos aquellas existencias trans de mujeres trans más mayores, hablándolo como diríais vosotros, las travas mayores putas que han tenido que pasarlo mucho peor que las generaciones más jóvenes. Y esa especie tabula rasa lo que hace también es ocultar la violencia o sufrimiento que han sufrido aquellas que han estado en las peores situaciones, y hacer como si todos fuéramos lo mismo. Eso me parece una manera igual, que lo digo en el contexto de la Veneno, de desenfocar las violencias, modificar el foco de esa violencia, que es bastante contraproducente.

“A las personas trans sólo nos han dado arco mediático para hablar de nosotras mismas”

F: Se habla siempre de que les trans deben hablar de les trans. Esto vos lo discutís, y lo discutís largamente en el ensayo -no vamos adelantar todo el contenido de tu libro, claro- pero es una idea que aquí tiene un alcance problemático, y a mi criterio un alcance muy bienvenido. ¿El campo de los interlocutores sobre lo trans debe ser un campo reducido a les trans o no?

E: Diría que no solamente en Argentina tiene un alcance problemático, sino que incluso en España. Y creo que está tan integrada esta idea porque es una consecuencia indirecta o ejerce un poco de causa-consecuencia de esto que comentaba antes, de cómo las personas trans solamente se le dio arco mediático o espacio en la opinión pública para hablar de sí mismas o hablar de aquellos problemas o cosas que les suceden por la diferencia de ser trans. Yo cito estas palabras, en un momento del ensayo, de Pier Paolo Pasolini cuando él crítica la noción de la tolerancia. Dice que nunca existe una tolerancia verdadera, una tolerancia real porque a los ojos de la mayoría -él toma el ejemplo de un hombre negro-, la mayoría es incapaz de olvidarse de la diferencia que les separa, de la existencia minoritaria. Y una consecuencia de eso es que se exige que si las personas trans existen dentro de lo público que todo el rato estén hablando de lo trans. Yo creo que es una tesis que puede ser bastante polémica, que mientras por ejemplo la izquierda esté enroscada en esta posición de decir solamente las personas trans pueden hablar de lo trans, o solamente son interlocutores válidos las personas trans. Mientras estemos en eso se va a seguir exigiendo esta reducción a esa parte propia de la identidad, cuando pueden tocar muchísimos más temas.

Esencialismos y biología

F: Por otro lado vos insistís y mucho en una crítica a los argumentos materialistas de las personas trans o de la transexualidad o del transgénero -por decirlo de una manera bien simple- un materialismo que decís roza mucho con lo religioso. Son sólo les fieles quienes pueden terminar hablando de la experiencia trans, y es en virtud de una especie de esencia entendida como materialidad del cuerpo. Esto, me imagino, resulta todavía hoy en España, y acá también, bastante por lo menos alarmante y provocador.

E: Claro. Y no solamente en relación con la cuestión de lo trans. Recordemos cuando en España se empieza a hacer la defensa de matrimonio para personas homosexuales, muchas veces un argumento al que se apela es esta cuestión del “born this way”, se nace esta manera, es una cosa con la que se nace que se es por un tipo de materialidad biológica, no se puede cambiar y por eso merecemos derechos. Cuando desde las ciencias sociales también -no es una manera en absoluto de quitarle validez a la orientación sexual o a la identidad- hay teorías que dicen por ejemplo: si colocáramos a alguien que en la antigüedad griega consideraríamos como homosexual en la actualidad, no necesariamente sería homosexual ahora mismo y viceversa. Las identidades también están circunscriptas a su momento histórico, a un montón de consideraciones y circunstancias socio culturales que hacen por ejemplo que mujeres trans en la actualidad puedan sentir disforia o incomodidad con tener pelos en las piernas. Pero no es que las mujeres sientan una especie de disconformidad biológica con tener pelos en las piernas, sino que hay toda una sociedad detrás que inculca el mensaje de que tienen que ser impolutas, prístinas. Creo que estos análisis tienen que incorporar la perspectiva histórica, la perspectiva sociocultural y desde luego que puede haber desde la ciencia utilizaciones de lo biológico, pero que la biología en ningún caso es destino.

F: Te dedicás y mucho a la serie Veneno. Como hemos contado en más de una ocasión en este programa la serie no se ha estrenado oficialmente en América Latina aún, pero reviste la particularidad de ser a esta altura una serie muy vista ya, muy consumida por el público que puede llegar a tener. El público que tiene en esta parte del mundo es un público que la serie sin estar estrenada oficialmente ya tuvo, por lo que entendemos de qué tipo de fenómeno estamos hablando, de la serie Veneno sobre la vida de Cristina Ortiz y sobre la vida de Valeria Vegas.

E: Yo creo que lo que ha pasado es que la reacción ha sido bastante positiva. La serie surge y a los pocos meses empieza a debatirse el nuevo borrador que es un avance en los derechos humanos de las personas trans, el borrador de la ley trans, y eso implica una reacción conservadora muy fuerte, muy potente en España, que, claro, la serie por sí misma no es tampoco capaz de reducir. Pero los efectos de la serie, aunque yo me ponga a hacer crítica cultural, a criticarla un poco como artefacto discursivo, yo creo que mayoritariamente son positivos, y que mayoritariamente es un trabajo a alabar.

F: Claro. Para entender efectivamente cuál es esta coyuntura que recién nos mencionabas, Elizabeth, ¿qué implica que todos los discursos sobre lo trans en este momento en España insistan en ese ser que no es hacerse, en ese ser que no es un devenir, en eso del orden de lo identitario en el sentido más restringido posible?

E:. Se induce a una especie de debate que yo creo que puede ser muy tóxico sobre si hay personas que son lo suficientemente trans o no, o quién es verdaderamente trans. Si de repente para ser trans tienes que tener un cierto tipo de cerebro, un cierto tipo de características, tienes que haberlo mostrado desde los 4 años porque sino no eres auténticamente trans. Yo creo que eso es problemático en un momento en que lo que se busca es ampliar los derechos para la mayoría.

Volver al psicoanálisis

F: Hay otro capítulo también que es importante en ‘Después de lo trans’, que es ese capítulo en el que vos te dedicás a describir cuál fue tu intercambio con el filósofo español Paul B. Preciado. En estos días, por esta parte del mundo, se armó una suerte de discusión alrededor de la participación de Paul B. Preciado en una campaña de Gucci. Esto es lo que en América Latina, en esta parte del mundo donde no existe Gucci, no es Europa central ni mucho menos, y si existe, existe en la excepcionalidad total. Esto es lo que impacta. Esto es lo que aquí genera mucho intercambio. ¿Qué te pasa a vos con eso?


E: Jo, fue muy curioso, porque lo de Gucci surgió en plenas revisiones del ensayo y metí como una pequeña coda para mencionarlo. Y eso ha generado muchísimo debate también en Francia, también en España, sobre cómo parte de esa estética queer, subversiva, revolucionaria se ve dentro de una recuperación por parte del lujo o de las empresas hipercapitalistas de la industria de la moda. Había un artículo que me parecía muy fino sobre este tema que publicó una revista en línea francesa que se llama Trou Noir o Agujero Negro y ese artículo respondía a la participación de Preciado en Gucci, haciéndose la pregunta de a qué mundo nos atamos en nuestras luchas, y hablaba también sobre cómo una cuestión fundamental para hacer frente no solamente al cisheteropatriarcado sino también por ejemplo a la dominación capitalista era que esas luchas no se hicieran daño las unas a las otras. O que quizás habría que calcular cuál es el beneficio de que ese mensaje subversivo, revolucionario, de la revolución del deseo, tenga el mismo fin cosmético o estético que el resto de productos, vestimentas, actores guapísimos, ropa de lujo en medio de ese spot publicitario para una marca. Un principio fundamental para articular tanto las luchas LGTBI como la lucha feminista, la antirracista, la lucha contra la dominación capitalista, es reconocerse de igual importancia y sobre todo que esas luchas no se dañen las unas a las otras, que peleen por un mundo compartido en el que nos excluyen.

F: Elizabeth, vos volvés al psicoanálisis y mucho en ‘Después de lo trans’, de hecho uno de los epígrafes del libro es un epígrafe bellísimo de Lacan, citás a Lacan, citás a otro montón de psicoanalistas de todas partes del mundo, muchos incluso norteamericanos. Esto también marca una especie de cambio, porque como vos bien sabés, en buena medida las aproximaciones a las cuestiones vinculadas a lo que entendemos como género en la circulación social de los discursos, en estas últimas décadas han dejado muy de lado a la psicología. ¿Esa es una especie de apuesta también, lo pensaste, es en parte estratégico -como decís que es la identidad trans, identidad trans estratégica-, es en parte estratégico de tu parte, Elizabeth, volver a la psicología?

E: Yo creo que sirve como herramienta explicativa también para sobrepasar esas distinciones tan radicales entre lo biológico, lo natural y lo cultural o lo construido. El psicoanálisis parte también de algunas consideraciones biológicas o naturales para cuestionarlas y de las construcciones. Yo no comparto necesariamente esa idea que le hace Preciado. Me parece que es una herramienta que realmente puede ser muy útil, que no solamente utilizo yo. Sino que por ejemplo Judith Butler en sus ensayos, en sus libros, tiene una influencia lacaniana y post lacaniana muy grande, constantemente referencia a estos conceptos que yo creo que son muy útiles sobre para aquellos temas que tienen que ver con la identidad, con el otro y con la mirada del otro. Fundamentalmente algunas de las recuperaciones que yo hago dentro del ensayo son cuestiones tan francesas como son el psicoanálisis lacaniano y la firmenología.

F: En esa cita de Lacan, Lacan habla de un poema. Y vos a lo largo del ensayo también insistís en la ficción identitaria, algo que a mí me interesa sobremanera, dedicándote a lo de que te dedicás, siendo escritora y ‘Después de lo trans’, y después de ‘Después de lo trans’, entiendo que ese es tu proyecto, seguir adelante con la escritura y con la escritura de ficción o de autoficción. Pero en algún punto eso es lo que también creo que resta absorber, la idea de que toda identidad finalmente es una ficción modificable, borrable, desechable.

E: Sí, desde luego. Y esa cita de Lacan lo encapsula muy bien: Me dicen que soy un poeta, pero no soy un poeta, soy un poema que se escribe. Yo creo que es algo muy importante para tomar cuenta de cómo las identidades son maleables.

jueves, 11 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans | Lola Rodríguez: "No se puede hablar desde una superioridad en derechos de un colectivo que no los tiene"

Imagen: Haper's Bazaar / Lola Rodríguez para Wallapop

Lola Rodríguez: "No se puede hablar desde una superioridad en derechos de un colectivo que no los tiene". 

La actriz canaria disfruta de un despegue maravilloso tras protagonizar Veneno. Ahora se abre un camino infinito de posibilidades para una de las voces del cine español más revolucionarias del momento.
Celia Torres | Haper’s Bazaar, 2021-03-11
https://www.harpersbazaar.com/es/cultura/ocio/a35763582/lola-rodriguez-entrevista-actriz-veneno-serie-trans-cine-series/ 

El nombre de Lola Rodríguez (La Palmas de Gran Canaria, 1998) resuena en todas partes tras interpretar a la escritora Valeria Vegas en ‘Veneno’, la serie de Los Javis. Lo que mucha gente desconoce es que este nombre esconde detrás una historia muy especial entre la actriz y su bisabuela. "Mi madre siempre me ha contado muchas cosas sobre ella. Era una mujer increíblemente fuerte, que dejó el colegio para cuidar sus hermanos pequeños, pero que se formó de forma autodidacta. Una mujer segura y revolucionaria, un referente de fuerza, lucha, entereza y elegancia. Me llamo Lola por ella", relata Rodríguez.

De ella conserva el nombre y un reloj antiguo, que guarda como reliquia. "Es lo único que tengo de ella. Es un reloj súper bonito, que ni funciona pero que me encanta tener. Cuando es un objeto de alguien muy importante en tu vida contiene tanta carga emocional que transmite muchísima fuerza", nos cuenta.

Aunque continúa con sus estudios en psicología, esta canaria de 22 años compagina la carrera con su sueño de llegar lejos en el mundo de la interpretación. Una trayectoria que ha tenido un despegue extraordinario y que le ha convertido en una de las actrices más prometedoras del cine español. Tanto es así, que Wallapop la ha escogido como protagonista de su última campaña con la que se desprende de algunos objetos de su infancia: desde zapatillas de ballet hasta unos pompones.

Hablamos con ella sobre su recorrido, los retos a los que se enfrenta el colectivo trans frente a las cámaras y la importancia de creer en una misma para alcanzar las metas más jugosas.

¿Cuál fue tu primer contacto con el mundo de la interpretación?
Desde pequeña he estado conectada con el mundo del arte, era y es mi método de escape. Al vivir en una isla, en un pueblo pequeño, tenía la necesidad de salir, me sentía un poco enjaulada. El baile llegó primero, y a partir de ahí descubrí la interpretación, la expresión corporal, el uso de la voz.

¿En qué sentido te han ayudado estas disciplinas a nivel personal?
El teatro, el baile y la interpretación eran mis vías de escape. Empecé a formarme como podía, con el grupo de teatro del instituto, del pueblo, de la universidad después. Aunque siempre era algo que intentaba tapar, porque la sociedad te dice que el arte no es la mejor salida ni la más fácil.

¿Cómo llega el proyecto de ‘Veneno’ a tu vida?

Me centré en la carrera y dejé un poco aparcado el mundo del arte hasta que llegó La Veneno. Yo no pensaba que podía dedicarme a esto, es un regalo que me ha dado la vida, además de ayudarme a confiar en mí misma y ver que sí valgo para esto. Para mí ser actriz es tener una fuerza de voluntad y una valentía que me costaba mucho conquistar porque es exponer una parte tuya muy importante al mundo. Pero cuando llegó este proyecto me di cuenta de que siempre había estado ahí, pero no quería mirarlo de frente.

En tu última campaña junto a Wallapop buscas inspirar a otras personas que estén viviendo cambios. ¿Qué cambios han sido los más importantes en tu vida?
Veo el cambio como algo progresivo. El construirme como Lola es el más importante, pero es un cambio que sigo experimentado a día de hoy. Creo que todos debemos cambiar siempre, constantemente para mejor, para evolucionar, crecer, madurar.

¿El hecho de estudiar psicología te ha ayudado en el proceso?
La psicología obviamente me está ayudando mucho, está continuamente en mi vida. El conocerte a ti misma, el darte cuenta de cómo funcionamos o aspectos tan importantes como el cuidado... La psicología es salud, la valoro muchísimo y creo que todos deberían tenerla en cuenta.

¿Qué ha sido lo mejor que te ha dado el sector audiovisual?

La seguridad que me ha dado en dos sentidos. Primero, la seguridad personal porque el personaje de Valeria habla de la vida de un millón de mujeres, pero también habla mucho de la mía. Me veía totalmente reflejada en ella y ha sido algo muy catártico, he sacado a la luz sentimientos que tenía escondidos y ha sido algo precioso, he afrontado miedos y he aceptado todas las etapas de Lola para valorar donde estoy ahora. Y desde el punto de vista profesional, me ha dado la oportunidad de trabajar de lo que me gusta. Disfruto como una niña con esto.

¿Crees que existe una representación real del colectivo trans en el cine y la televisión?

‘Veneno’ es el primer paso, pero no hay que quedarse aquí. Esta serie está cambiando las cosas y ha plantado una semilla que es necesaria históricamente y clave en el cambio de la ley trans. Lo que estamos consiguiendo ahora tiene que ver mucho con la serie, es un movimiento de representación que ha llegado a millones de casas. Cuando se cuentan historias con amor da igual que colectivo sea porque se habla de relaciones humanas y eso llega a la gente.

¿Crees que la ficción es un arma potente en cuestiones sociales?
Sin duda. Por más noticias que haya la gente no empatiza, y a través de una historia eso cambia. Tienen que hablar de nuestro colectivo desde otros ojos y nuestras historias deben ser contadas con dignidad. Ya no solo hablo de la transexualidad, sino de cómo se tiene que tratar a cualquier colectivo minoritario que esté en la sombra. No se puede hablar desde una superioridad en derechos y libertades de un colectivo que no las tiene.

¿Qué artista te gustaría que protagonizara una serie de denuncia o biográfica como Veneno?

Me encantaría que hubiese una ola de conciencia de la comunidad sorda. Tengo un compañero de reparto en la nueva serie en la que estoy trabajando, Carlos Soroa, que es un artista maravilloso y con el que estamos aprendiendo muchísimo. En muchos sectores no hay gente que sepa lengua de signos, es un colectivo que está totalmente marginado. Su historia es increíble, me inspira y creo que se merece muchísimo, debe ser respetado y valorado como actor. Me parece muy fuerte que sea el único que conocemos en España.

¿Qué puedes contarnos de esos nuevos proyectos y rodajes?

Estoy muy contenta. Hice una película en octubre con Fernando Colomo que esperamos estrenar dentro de poco, y ahora estoy rodando una serie para Netflix junto a actrices como Amaia Salamanca o Berta Vázquez. Hemos rodado en Lanzarote y ha sido increíble. Es un sueño grabar y ver el mar, rodar en la playa ha sido como volver a casa.

¿Un sueño por cumplir?
Sueños por cumplir tengo muchísimos, el ser actriz era uno de los más grandes, pero también me llena mucho lo social. Mi papel ideal tiene que ser algo como "La Veneno": papeles que consigan cosas, que cuenten algo importante, que fomenten un cambio. Personajes fuertes y seguros que me inspiren, que me enseñen y que nunca dejen de crecer.

miércoles, 10 de febrero de 2021

#hemeroteca #trans #testimonios | Lola, de 'La Veneno': "La identidad de los menores trans es algo férreo: nadie se levanta un día mujer”


Lola, de 'La Veneno': "La identidad de los menores trans es algo férreo: nadie se levanta un día mujer”.

“Empecé a hormonarme a los trece años, pero la transición empieza antes” / “Nadie es menos mujer por no hormonarse ni operarse” / “Si las personas trans tienen que ir al psicólogo es por la transfobia, no por ser trans”.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2021-02-10
https://www.elespanol.com/mujer/20210210/lola-veneno-identidad-menores-trans-ferreo-levanta/557695501_0.html

Cuando Lola Rodríguez -que interpreta maravillosamente a Valeria Vegas en Veneno, la serie de Los Javis- tenía cuatro o cinco años, recibía como regalos, numerosas veces, muñequitos de guerra que no le interesaban en absoluto. Ella los planteaba en sus juegos como los “novios de su muñeca”: “Acompañaban en mis fantasías románticas a las hadas o a las sirenas”, sonríe a este periódico. “No les daba el uso que la sociedad me decía que tenía que darles. Los muñecos serán lo que cada niño o niña quiera, cada historia se puede contar de manera diferente”.

El fútbol tampoco la entusiasmaba demasiado, pero sí agitar los pompones con sus amigas y bailar como las animadoras. Sus primeras zapatillas de ballet le permitieron ir quitándose los corsés del mundo, expresarse artísticamente, sentirse libre para ser quien le diera la gana. Hoy participa en una campaña de Wallapop para vender algunos de estos objetos sentimentales “que tienen poco valor pero me dieron fuerza, de alguna manera, y me gustaría que se la diera también a otras personas”: “A mí me supusieron un cambio”, sostiene.

Se refiere también al abrigo que le regalaron sus amigos cuando llegó a Madrid o a la biografía de La Veneno. “Esto último es algo casi político, que nos sirve para darnos cuenta de los fallos que aún tenemos como sociedad”.

Además de Cristina, ¿cuáles fueron sus otros referentes en la infancia y adolescencia? “Carla Antonelli, una política maravillosa, pionera de muchísimas leyes que han ayudado a todo el colectivo. Y Valeria Vegas, cómo no. Ambas son mujeres con sus vidas hechas que siguen estando con nosotras a muerte. Son mujeres que tienden puentes”, cuenta. Lola, que tiene 22 años y es estudiante de Psicología en Madrid -además de actriz y activista LGTBQ-, dice que no hay una sola forma de definir el concepto “mujer”.

“Cada uno vive a su manera y se construye como hombre, mujer o como lo que le dé la gana. El género es vivencia y una forma de querer ser retratados en la sociedad. Cada mujer tiene su propia experiencia como mujer, y es enriquecedor que sea así. Ser mujer es un espectro”, sostiene. En su caso, a los cuatro años ya estaba diciendo que era mujer, a pesar de que “no había nada de información sobre transexualidad, y menos en el ámbito infantil”.

No le gusta decir que tuvo “suerte” al ser tan apoyada por sus padres desde el primer momento, porque “esto debería ser un derecho, no una cuestión de fortuna”, pero lo cierto es que su familia siempre le dio todo el espacio que necesitó para desarrollarse. “En mi casa era quien yo quería, y con mis amigas, aunque en algunos lugares, como en el colegio, siguieron poniéndome la etiqueta de ‘chico’... hasta los nueve años estaba en una especie de limbo, pero después decidí conquistar cada espacio de mi vida, no sólo unas partes sí y otras no”, revela.

Hormonarse no es transicionar
Lola empezó a hormonarse a los trece años, pero matiza que “la transición empezó mucho antes”: “No es ‘cuando te empiezas a hormonar, empiezas a estar completa’. Eso es un error. Tampoco hay ninguna operación que te convierta en mujer. Todo es un proceso, y nadie es menos mujer por no tener pecho o no tener vulva, porque no se puede reducir toda una identidad a un físico. Yo empecé a hormonarme a esa edad, pero no fue definitorio para mi proceso. Hormonarse no es en absoluto necesario ni convierte a nadie en mujer”, subraya.

Ahora que hay tanta polémica con la Ley Trans de Irene Montero -especialmente cuando sus críticos hablan de “desprotección al menor” al permitirle hormonarse a partir de los 16 sin consentimiento de sus padres-, Lola aprovecha para decirle a los detractores del borrador del Gobierno que “los menores son la parte del colectivo, precisamente, más olvidada”. “¿Saben ellos que yo a los cuatro años quería hablar del tema y no había un psicólogo que supiese nada sobre esto y que pudiese ayudarme? ¿Saben que tuve que luchar para que un juez me reconociera, porque no me quería ni ver; hasta que llegó una jueza y me escuchó?", inquiere la joven.

"No saben lo que pasé con las salidas con mis amigos o los viajes de intercambio por el hecho de no tener el DNI cambiado. Tenía que darle explicaciones a todo el mundo, incluso a gente que no quería que se enterase, ¡a cada persona que conociese! Y ya me ponían la etiqueta de ‘diferente’. ¿Saben la violencia que supone eso?”, lanza.

Menores trans
Recuerda que “los menores trans tenemos una identidad férrea: nadie se levanta un día mujer, ni diciendo ‘yo soy chica’”: “Es algo bastante fuerte y me duele que haya quien se lo tome a la ligera. A nadie se le enciende un día la bombilla. Los menores trans siempre hemos estado en la sombra. ¿Qué les importa a ellos que cambiemos un trozo de plástico? ¿Cuál es el problema, si supone tantísimo beneficio para un colectivo entero? ¿Es que acaso vamos a robar fondos públicos con eso, es que vamos a tener el número de cuenta del Estado?”, dispara Lola.

Le pesa rememorar cómo había profesores que la llamaban como le daba la gana, “porque sentían que el nombre que salía en la lista les legitimaba”, o cómo se pasó tanto tiempo diciéndoles su nombre verdadero mientras que ellos lo apuntaban con un lápiz. “Es fundamental que los niños no tengan la obligación de ir al psicólogo o al psiquiatra por esto, otra cosa es que elijan hacerlo. Yo de hecho tuve que ir por la transfobia de la sociedad, por acompañamiento, no por el hecho de ser una chica trans. Me parece tan violento que nos traten como si tuviésemos una enfermedad mental...”, resopla.

“Ningún psicólogo me ayudó a reafirmar que soy una mujer: eso yo ya lo sabía”, sentencia. “Hay que crear espacios seguros para los niños, no obligarlos a hormonarse ni a operarse de nada si no quieren”, cuenta. Es más, recuerda cómo de pequeña le dijeron “tú tienes colita, eres chico” y le dolió en el alma.

“Me da mucha rabia, me hiere... de hecho, muchas personas trans acabamos operándonos por supervivencia. Y luego hay feministas que nos critican por fomentar roles de género. ¿Pero no os dais cuenta de que para que nos sintamos aceptadas, para que no nos miren con asco por la calle, para que no nos insulten día a día, muchas veces acabamos operándonos? Para no tener que darle explicaciones a nadie, ni a cada persona con la que nos acostamos, notificarle con tres meses de antelación que somos trans para que nadie se ofenda...”.

La polémica de las competiciones

Para ser un capricho -dice, con ironía-, “vaya capricho, guapa”. Anda que no se sufre ná’ por el camino. “Sudas más que nada”, ríe. En 2015, Lola fue la primera candidata trans menor de edad a Reina del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Le pregunto por esa experiencia y por la crítica recurrente a la competición de mujeres trans en concursos de belleza o en ligas deportivas. “Mi experiencia fue maravillosa. Utilicé esa plataforma para decir que las menores trans también existíamos. Era mi sueño porque los carnavales en mi isla son el espectáculo del año, y, en mi caso, no era un concurso de belleza, porque no te valoran a ti, valoran el vestido del diseñador”.

“Claro que las chicas trans debemos entrar en los deportes y en los concursos de cualquier tipo, porque la transexualidad no es algo definitorio ni es lo único que te caracteriza, tú eres muchas cosas más. Simplemente es una experiencia diferente, igual que una persona con dinero es diferente a una persona sin dinero. Cosas que te forjan en la vida”, relata. “Y, además, los atributos físicos varían mucho también entre las mujeres cis. ¿Qué van a hacer, no dejar jugar a una tía por ser muy alta y muy ancha porque la media es de 1,60? Somos otro tipo de mujeres, le pese a quien le pese, y yo soy Lola, y mi parte trans es sólo el 5% o menos”.

Inclusión trans en el cine
En cuanto al mundo cinematográfico y su creciente -aunque lenta- inclusión trans, sostiene Lola que echa de menos a más chicas trans interpretando a mujeres cis, porque le cansa que las “encasillen todo el rato”. “Me molan mis papeles y mis personajes trans, y si los he cogido era porque me encantaban, pero yo no tengo ninguna problemática a diario con ser trans, por eso sería importante que se reflejasen otras realidades y no tener que ir con la etiqueta todo el rato de ‘hola, soy trans y lo estoy pasando mal por esto’, igual que las mujeres cis no entran en escena diciendo ‘hola, soy mujer cis’”.

No quiere que haya que decir “por norma” que un personaje es trans y menos si “no tiene nada que ver con la trama”. Eso sí, lo que sí le parece lo peor es lo de “contratar a un actor para hacer de chica trans poniéndose una peluca”, porque “la sociedad no tiene información suficiente de lo que es la transexualidad y van a pensar que ser transexual es ser un chico cis con peluca”. “La desinformación puede hacernos mucho daño”, clausura.

jueves, 4 de febrero de 2021

#hemeroteca #trans #justicia | La Fiscalía se opone a reabrir la causa por la muerte de La Veneno


La Fiscalía se opone a reabrir la causa por la muerte de La Veneno.

La familia de la actriz transexual había presentado un recurso para volver a indagar los motivos de su fallecimiento y el ministerio fiscal alega que no hay “ningún indicio nuevo” que lo justifique.
El País, 2021-02-04
https://elpais.com/gente/2021-02-04/la-fiscalia-se-opone-a-reabrir-la-causa-por-la-muerte-de-la-veneno.html 

Trans, estrella mediática, prostituta, cantante, maltratada, modelo, presa, luchadora... La Veneno se convirtió en un icono y en una de las primeras mujeres en visibilizar la realidad del colectivo transexual. Cristina Ortiz, La Veneno, murió a los 52 años el 9 de noviembre de 2016 en el Hospital Universitario de La Paz en Madrid tras llevar unos días en coma. Las hipótesis que se barajaron entonces fueron variadas, pero los hechos comprobados fueron que su novio la encontró en el sofá de su domicilio con un fuerte golpe en la cabeza y varios moratones en el cuerpo, y que perdió la consciencia pocos minutos después de este momento.

La familia de Cristina Ortiz presentó un recurso para volver a indagar en las causas de su muerte en base a un informe pericial que apuntaba a un “origen violento y lesivo-homicida” después de que un forense contratado por ellos analizase unas fotografías que varios parientes habían tomado “sin consentimiento” en el hospital donde fue ingresada en 2016. Sus familiares pretendían “dejar constancia” de los “moratones” con los que llegó al centro sanitario y señalaron incluso a la pareja sentimental de la fallecida como posible autor —o al menos implicado— en su muerte.

La investigación policial siempre ha sostenido que Ortiz sufrió un fuerte golpe en la cabeza tras ingerir alcohol junto a ansiolíticos. Ahora la Fiscalía Provincial de Madrid ha impugnado el recurso presentado por la representación legal de la familia de La Veneno contra el auto que denegaba la apertura de nuevas actuaciones para investigar la causa de su muerte. Una posibilidad que se rechazó porque, según afirma el comunicado de la Fiscalía, “en el último informe aportado por un perito de parte no se desprendía ningún indicio nuevo acerca de la presunta muerte violenta de la actriz que no se hubiera valorado antes”,

La Fiscalía también alega que tanto el informe de la autopsia de Cristina Ortiz como la investigación policial que se realizó “ya descartaron la existencia de un presunto delito de homicidio”. Y se remiten para apoyar su decisión al informe forense donde se recoge que la muerte sucedió “por un fracaso visceral multiórganico con septicemia y hemorragia menigo-encefálica” y que no existía en su cuerpo ninguna lesión de lucha o defensa que pudiera hacer pensar en un escenario violento como causa del fallecimiento.

La Fiscalía también hace hincapié para denegar la reapertura del caso en que la petición se basa en un informe pericial aportado por la acusación particular y que se basa en las mencionadas fotografías tomadas “sin autorización” por la familia en el hospital donde se señala que el cadáver tenía unas lesiones “que no son expuestas por el médico forense en su informe de la autopsia”.

La Audiencia Provincial, según señala el comunicado de la Fiscalía, ya se pronunció en su momento sobre estas imágenes y manifestó que “aparte de ser fotos obtenidas de forma irregular y sin la autorización de los responsables del hospital, la hipótesis de la muerte violenta se basa esencialmente en una reinterpretación de datos ya existentes sobre un suceso acaecido hace más de cuatro años”.

También se señala que una auxiliar de enfermería denunció que los familiares de La Veneno “estuvieron sacando fotos a los aparatos médicos y a la paciente” y que tuvo que avisar a los servicios de seguridad y a la Policía Nacional para que fueran expulsados por “contravenir las normas del hospital”. En definitiva señalan que en el nuevo informe que presentó el perito de parte aparecen “meras conjeturas” sin “soporte probatorio” y que ninguna de ellas tienen categoría para reabrir el procedimiento ni para pensar que la muerte de Ortiz se debió a causas violentas.

La vida de Cristina Ortiz fue una sucesión de obstáculos. Después de huir de su familia y de su pueblo y trabajar de modelo y camarero en Torremolinos, Cristina se instaló en Madrid e inició su transición a comienzos de los noventa. Empezó a hormonarse, pocos meses después, a prostituirse en el Parque del Oeste de la capital y según contó tuvo muchos problemas con los travestis que ya trabajaban en la zona. Terminó por convertirse, según relató ella misma, en “la puta que más ganaba: hasta 100.000 pesetas por llevármelos a casa”. En 1996, a Cristina le hicieron una entrevista en el programa nocturno ‘Esta noche cruzamos el Mississipi’ para un reportaje y fascinó a su presentador, Pepe Navarro, y a España.

“Lo hacía con gracia y un toque muy personal. Se ponía a hablar de su vida cotidiana: el sufrimiento que vivió en su pueblo, los maltratos, el sexo con un cliente o sobre sus amigas”, apunta Vegas. Gracias a La Veneno, España descubrió a personajes como Sandra, la Camellona, La Walkiria, o Paca la Piraña. También los destrozos que hizo Marisol, la falsa cirujana del Raval: “No te ponía silicona sino aceite de aviones. Inyectaba silicona con una jeringa para caballos”, contó entonces.

La Veneno fue de las primeras caras visibles de la realidad de las prostitutas trans, mostrando un mundo que hasta entonces había permanecido oculto, en la sombra. Caló hondo y dejó huella, su popularidad se disparó, aparecía en programas, series y alguna película; grabó dos sencillos (‘Veneno pa’ tu piel’ y ‘El rap de La Veneno’); hizo una gira por España con un show cabaretero. Llegó a trabajar en Latinoamérica, pero volvieron los traspiés. En 2003 entró en prisión, acusada de estafa por quemar su piso e intentar cobrar el seguro. Pasó tres años en una cárcel de hombres. Después de salir de prisión regresó a las teles y en 2016 cumplió uno de sus sueños: publicó su autobiografía con su amiga Valeria Vegas, autoeditada que presentó en octubre de ese año. En noviembre su pareja la encontró golpeada y amoratada en su casa y murió. Tras dos autopsias, la conclusión fue que se había caído en el baño después de haber consumido ansiolíticos. Su cuerpo fue incinerado y parte de sus cenizas se esparcieron en el Parque del Oeste, como ella quería.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

#hemeroteca #trans #testimonios | Lola Rodríguez: “En mi clase de la universidad era ‘la trans’, pero el personaje de ‘Veneno’ me ha ayudado a reconciliarme conmigo misma”


Lola Rodríguez: “En mi clase de la universidad era ‘la trans’, pero el personaje de ‘Veneno’ me ha ayudado a reconciliarme conmigo misma”.

La actriz que da vida a Valeria en la serie sobre la vedette Cristina Ortiz forma parte de una nueva generación de creativos que, a través del amplio espectro del colectivo LGTBQ+, inspiran orgullosos la lucha por una mayor diversidad, representación e igualdad.
Carlos Megía | Icon, El País, 2020-12-16
https://elpais.com/icon/cultura/2020-12-16/lola-rodriguez-en-mi-clase-de-la-universidad-era-la-trans-pero-el-personaje-de-veneno-me-ha-ayudado-a-reconciliarme-conmigo-misma.html

“¡Qué guapa! Valeria, ¿no? Ay, tengo los pelos de punta. ¿Te haces una foto conmigo? De verdad, muy pocas personas en el mundo me han emocionado como tú. Espero que recibas todos los premios del mundo. ¡Trabajo, premios y Hollywood!”. Con un entusiasmo al borde de la lágrima, un transeúnte espontáneo de un barrio del este de Madrid acaba de personificar con su irrupción la importancia de los referentes en la ficción. “Tampoco te creas que estoy acostumbrada a estas cosas”, se excusa ruborizada la aludida, Lola Rodríguez, de 21 años, que en pocos meses ha pasado de ser una estudiante de Erasmus en Lisboa a una de las intérpretes del momento. A la actriz canaria, que da vida a Valeria Vegas, la biógrafa de la vedette trans Cristina Ortiz en la celebrada serie Veneno, le cambió la vida cuando Los Javis le dijeron “eres tú” y ahora ella, con su trabajo, está ayudando a cambiar la de miles de jóvenes.

La transición de Lola comenzó cuando apenas tenía nueve años, y reconoce haber sufrido la discriminación habitual que persigue a las niñas trans en nuestra sociedad. “Siempre he sido ‘la otra’, ‘la rara’... En mi clase de la universidad era ‘la trans’. El personaje me ha empoderado y me ha ayudado a reconciliarme conmigo misma”, sostiene, orgullosa de que el éxito nacional e internacional de Veneno, que ha logrado que iconos como el presentador y veterano transformista Ru Paul compartan su fascinación por la ficción, suponga un paso adelante en pedagogía y visibilidad. “Cristina es un referente de lucha, de fuerza, de carisma, pero sobre todo de cómo no podemos actuar como sociedad. Lo de La Veneno no se puede repetir, tenemos que darnos cuenta de que un niño necesita un entorno seguro por derecho, sin importar si tiene la suerte de tener buenos padres o no”.

Antes de copar portadas, protagonizar editoriales de moda y entregar galardones a grandes estrellas en mediáticas galas de premios, la canaria ya practicaba el activismo formando parte de diversas asociaciones y ofreciendo charlas sobre su experiencia. Dice desechar el papel de abanderada de la lucha trans –”es algo que tenemos que construir entre todas”–, pero abraza la responsabilidad pública que supone haberse convertido en un referente a raíz de su papel en la serie. “Me da un poco de miedo porque tengo 21 años y no quiero ser el foco de atención, pero lo acepto. Voy a luchar porque siempre lo he hecho, no porque sea famosa”. Una batalla que, en el caso del colectivo trans, se da por diferentes frentes, hasta dentro de una corriente del feminismo más radical y transexcluyente –bautizada como Terf por sus siglas en inglés– y que indigna a la actriz por su “falta de sororidad y empatía”. “Es una rueda de poder: como las mujeres siempre hemos estado por debajo de los hombres, ahora ellas quieren un colectivo inferior para sentirse más mujeres. Eso no es feminismo, sino un chiste barato”.

Mientras vislumbra cómo compaginar su recién estrenada faceta de intérprete y el último año de sus estudios de Psicología, Lola Rodríguez sigue labrándose un futuro en la industria. En el momento de nuestra charla, está grabando la nueva comedia de Fernando Colomo Poliamor para principiantes, y, aunque admite que la etiqueta de “actriz trans” la acompañará durante un tiempo, considera que conquistar espacios y mostrar el talento del colectivo es mucho más importante que pelear con una sociedad proclive a catalogar. “Soy trans como también tengo los ojos verdes, no es algo que me defina. Son experiencias que he tenido, soy muchas otras cosas. Pero, al fin y al cabo, lo importante es estar y que esa diferencia no sea un estigma, sino algo que nos enriquezca”, explica la canaria que, en cada una de sus palabras, manifiesta ese “romanticismo empedernido” que guía su futuro. “Soy muy optimista y creo que vamos a ir a mejor. Ya lo estoy viendo ahora. Solo pido que sigamos creando, teniendo espacios... Que sigamos luchando”.