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jueves, 11 de noviembre de 2021

#hemeroteca #lgtbifobia | La mitad de las parejas LGTBI evitan darse la mano en público por miedo

Imagen de Facebook, Tiberiu Capudean, Madrid, 2021-11-13 //

La mitad de las parejas LGTBI evitan darse la mano en público por miedo.

El 30% de las personas LGTBI de España evitan determinados lugares por miedo y la mitad de las que tienen pareja no se dan la mano en público por temor, según un informe que ha presentado este jueves la Mesa del Tercer Sector Social de Cataluña, coincidiendo con un aumento de las agresiones a este colectivo.
M.M. · EFE | Estrella, 2021-11-11
https://www.estrelladigital.es/articulo/sociedad/mitad-parejas-lgtbi-evitan-darse-mano-publico-miedo/20211111154305477918.html 

El informe, elaborado por el Observatorio contra la Homofobia, destaca, entre otras cosas, que las personas LGTBI siguen sufriendo discriminaciones en el acceso a servicios esenciales, especialmente en el sistema sanitario, donde hay profesionales que tratan la diversidad afectiva, sexual y de género como una excepción.

El estudio, titulado "La LGTBIfobia estructural: la discriminación en el acceso a los derechos sociales", expone las injusticias a las que se enfrenta el colectivo en el ámbito de la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, las administraciones y el registro y la justicia.

Según el informe, de las 252 denuncias presentadas en Cataluña durante los 5 años de vigencia de la ley que garantiza los derechos de las personas LGTBI, más del 50% son por homofobia y un 20% por transfobia, y en 2020 se recogieron 189 incidencias, la cifra más alta en los últimos años.

Otro de los datos que destaca el informe es que el 42% de las personas LGTBI asegura haber vivido un episodio de discriminación en el último año.

En una rueda de prensa este jueves, Francina Alsina, presidenta de la Mesa, que agrupa a más de 3.000 entidades sociales catalanas, ha insistido en que la LGTBIfobia es una "problemática social que ha de ser tratada y corregida desde todos los ámbitos en los que se producen las vulneraciones y desde las instituciones y estructuras de la sociedad que permiten que ciertas personas ejerzan la agresión".

El activista LGTBI, abogado y coautor del informe, Sergi Suárez, ha advertido que "vivimos en una situación de emergencia vital que se ha magnificado a causa de la pandemia al invisibilizar muchos casos de agresión y maltrato".

La principal propuesta planteada en el informe es que "las fuerzas parlamentarias creen un cordón sanitario contra la LGTBIfobia en el que se forme a los profesionales", porque "todavía hay casos en los que las mujeres o hombres trans se enfrentan a comentarios machistas, entre otras cosas, por parte de los profesionales", según ha anunciado Suárez.

En el ámbito de la educación, el estudio destaca la problemática del acoso escolar, que hace aumentar el absentismo, la disminución del rendimiento escolar o el abandono prematuro de los estudios, y que ha hecho que el 17% de lo jóvenes que lo han sufrido hayan intentado suicidarse.

En relación a la vivienda, Suárez ha expuesto que las personas LGTBI sufren discriminación a la hora de alquilar un inmueble y ha declarado que "la vivienda es el tercer ámbito con más incidencias, con un 15% de los casos en los que se muestra discriminación, sobre todo hacia las mujeres trans".

En el marco del trabajo, el activista ha destacado las grandes dificultades inserción sociolaboral para las personas trans y ha añadido que el 37% de las personas trans declaran haber sufrido discriminación durante el acceso al trabajo y un 27% afirma padecerlo en el entorno laboral.

"Por miedo, casi un 30% de las personas LGTBi esconden su orientación en el trabajo", ha subrayado Suárez, que ha valorado muy positivamente que el Departamento de Empresa y Trabajo y el de Igualdad y Feminismo de la Generalitat hayan abierto por primera vez una convocatoria específica de ayudas en políticas activas de ocupación para personas trans.

lunes, 5 de noviembre de 2018

#hemeroteca #homoerotismo #feminismo | Homoerotismo intelectual

Imagen: Google Imágenes / Fotograma de 'El club de la lucha'
Homoerotismo intelectual.
Tasia Aránguez Sánchez | Estrella Digital, 2018-11-05
https://www.estrelladigital.es/blog/tasia-aranguez-sanchez/homoerotismo-intelectual/20181105135123357103.html 

La lesbofeminista Marilyn Frye escribió estas célebres palabras: "Decir que un hombre es heterosexual implica solamente afirmar que tiene relaciones sexuales exclusivamente con el sexo opuesto, es decir, con las mujeres. Todo o casi todo lo que es propio del amor, la mayoría de los hombres heterosexuales lo reservan exclusivamente para otros hombres. Las personas que ellos admiran, respetan, adoran, veneran, honran; a quienes ellos imitan, idolatran y con quienes cultivan vínculos más profundos; a quienes están dispuestos a enseñar y con quienes están dispuestos a aprender; aquellos cuyo respeto, admiración, reconocimiento, honra, reverencia y amor desean: son, en su enorme mayoría, otros hombres. (...) De las mujeres ellos quieren devoción, servidumbre y sexo. La cultura heterosexual masculina es homoafectiva. Cultiva el amor por los hombres."

Sobra decir que Frye no pretende criticar la homosexualidad, sino la transformación de las mujeres en instrumentos a la par que se nos excluye de la auténtica posibilidad de ser amadas. El amor (respeto, admiración, reconocimiento) es una prerrogativa masculina. Puede que esta reflexión nos resulte radical o que pensemos que es cosa del pasado, pero si observamos el mundo cultural constataremos que los hombres suelen escuchar la música de otros hombres, leer los libros escritos por otros hombres, ver las películas dirigidas por hombres, reflexionar sobre las teorías planteadas por otros hombres, construir con otros hombres proyectos políticos y que se proponen, con sus amigos, “transformar el mundo”. Se entregan a sus ídolos con el mismo entusiasmo exagerado del amor platónico y con el mismo fervor del deseo reprimido.

Hasta los niños rehúyen de las historias protagonizadas por chicas. Los hombres casi nunca leen los libros que escribimos las mujeres, ignoran los debates que se producen en los medios feministas, desprecian los interrogantes que nos desvelan a las mujeres y permanecen en la completa ignorancia de los dos siglos de teorías y categorías feministas. Las mujeres, en cambio, sí leemos las reflexiones de los hombres (aunque nos acusen de no opinar al respecto), nos empapamos de sus aportaciones culturales y continuamos desempeñando los papeles de “fan” y de discípula intelectual (que confirman su inconfesable presunción de superioridad), pero además, hemos construido una cultura en paralelo.

Desde la cultura se desdeñan las aportaciones del feminismo o se las reduce a una “parcialidad”, una “especialidad”, un asunto “de mujeres”, mientras los hombres se arrogan para ellos el privilegio de la razón universal. Cuando una obra cultural va sobre feminismo la descartan con un rápido gesto inconsciente y ellos mismos se privan de reflexiones que podrían iluminar los temas que les interesan. Justo al contrario de lo que nos acusan, es la cultura masculina la que se mantiene hermética, mientras la cultura feminista es mestiza y bebe de todas las fuentes. Las feministas no exponemos, como creen, quejas sobre asuntos femeninos. Desde nuestras profesiones y ocupaciones hacemos ciencia, arte, filosofía, política, deporte. Hablamos de ecologismo, de la muerte, del capitalismo, del amor, de medicina.

Nuestras reflexiones son de gran interés para enfrentar los temas de moda en los círculos intelectuales de la izquierda masculina: auge de la ultraderecha, populismo frente a republicanismo, renta básica o trabajo garantizado, decrecimiento, batallas culturales frente a lucha de clases, etc. Mientras los hombres de izquierdas reflexionan de forma circunspecta y solemne sobre el cambio civilizatorio, a su lado ha aparecido una gran ola que se está transformando en un tsunami y que amenaza con tambalear las estructuras sociales sobre las que hablan en sus tertulias endogámicas y vanidosas.

El feminismo constituye, en cierto sentido, una cultura autónoma de las mujeres. Usualmente, cuando llegamos al feminismo, apenas sabemos nada de lo que las mujeres han hecho y escrito a lo largo de la historia. Por eso es normal que pasemos un tiempo prolongado tratando de compensar este vacío: leyendo las grandes obras y escuchando a las intelectuales recién descubiertas. Es usual que este hallazgo nos llene de entusiasmo, porque acabamos de descubrir que somos alumnas de párvulos en lo concerniente a aportaciones fascinantes realizadas por la media humanidad de la que formamos parte.

Quien mira desde fuera puede pensar que nos recluimos en nuestros temas y espacios, que somos “una especialidad” que se encuentra al margen de la llamada “cultura universal”. Sin embargo, este hermetismo no es real. El feminismo está en permanente diálogo con la cultura escrita por hombres. Son los guardianes del hermetismo masculino que dominan las instituciones de la cultura quienes se empeñan en ignorar las aportaciones del feminismo y de las mujeres a la cultura. Los hombres intelectuales, desde su capacidad de financiar y organizar los Congresos y eventos, invitan a otros hombres como ponentes y no les importa la ausencia de mujeres en el cartel, o que estas tengan un protagonismo reducido. Las mujeres presenciamos su orgía homoerótica sintiéndonos extraterrestres infiltradas o planetas que se encuentran a años luz de estos brillantes soles.

Si eres mujer y te gusta la cultura, puede que te preguntes: ¿por qué hay pocas mujeres en el grupo de los mejores?, ¿dónde están mis hermanas?, tal vez estés mirando desde lejos los eventos sobre feminismo a rebosar de mujeres, pero te digas: yo no hago feminismo, yo hago Ciencia (o arte, etc.). Acercarse al feminismo supone todo un descubrimiento intelectual. De repente te encuentras esos cerebros brillantes de mujeres que estabas buscando. Pronto descubres que la teoría feminista no es solo (y no sería poco) un conjunto de categorías encaminadas hacia la emancipación de las mujeres, sino también un repositorio de la filosofía y la ciencia que han sido escritas por las mujeres y que la cultura dominante ignora.

Son las dinámicas excluyentes del homoerotismo intelectual masculino las que provocan que las mujeres necesitemos comenzar toda reflexión con una lucha por nuestra emancipación. El hermetismo masculino es asfixiante y aniquila la creatividad de las mujeres. Ya acompañadas y respaldadas por esa comunidad intelectual de mujeres, podemos hacer arte, hablar sobre ciencia, sobre filosofía y sobre todo lo que queramos. Por primera vez sabremos lo que es la reciprocidad intelectual, escuchar y ser escuchadas. A menudo los hombres intelectuales no esconden su desinterés ante todo lo que suena a feminismo y tienen la falsa impresión de que las feministas hablamos siempre de lo mismo y de que no entramos en los “grandes temas”. Mary Wollstonecraft les diría: “todavía con el mismo tema, diréis. Cómo voy a evitarlo si casi toda la lucha de una vida azarosa ha sido provocada por la opresión de mi sexo”.

miércoles, 24 de octubre de 2018

#hemeroteca #feminismo | La cuarta ola del movimiento feminista

Imagen: El País / 8M 2018
La cuarta ola del movimiento feminista.
Tasia Aránguez Sánchez | Estrella Digital, 2018-10-24
https://www.estrelladigital.es/blog/tasia-aranguez-sanchez/cuarta-ola-movimiento-feminista/20181023183446356371.html

El movimiento feminista mundial se encuentra en plena expansión. El ‘me too’ en Estados Unidos, las movilizaciones por el derecho al aborto en Argentina, o las manifestaciones feministas españolas son muestra de la capacidad de movilización del feminismo. Autoras como Pilar Aguilar, Luisa Posada, Rosa Cobo y Alicia Miyares consideran que nos encontramos ante la cuarta ola del movimiento feminista. La primera ola fue la de las sufragistas, la segunda ola construyó las categorías feministas fundamentales (como “patriarcado”, “género” y “acoso sexual”), la tercera desarrolló un proceso de autocrítica. Y en mi opinión fue una autocrítica excesiva que condujo al feminismo al borde de la autodestrucción.

Esta cuarta ola feminista no nace repentinamente, sino que lleva gestándose durante mucho tiempo a una escala global, especialmente a través de las redes sociales. La teoría y la historia del feminismo han estado (y continúan estando) ausentes en los planes de estudio de los institutos y las universidades. Como consecuencia, cada generación de mujeres olvida los saberes construidos por la generación anterior. Nos vemos obligadas a interpretar nuestras experiencias con unas herramientas teóricas, adquiridas en la educación reglada, que no permiten responder a nuestros interrogantes y tenemos que tirar de hilos casi invisibles con los que vamos desenterrando trabajosamente lo que han escrito las grandes maestras del feminismo.

Internet ha permitido subsanar parcialmente ese ocultamiento de las mujeres. Hemos construido una Academia virtual en la que compartimos experiencias vitales y descubrimos que “lo personal es político”, es decir, que lo que nos pasa a nosotras adquiere sentido estudiando las estructuras del patriarcado. Descubrimos a las maestras de la filosofía que interpelan directamente a nuestras vidas. Sentimos rabia cuando nos damos cuenta de que se nos ha ocultado el pensamiento de media humanidad, las teorías que nos permiten tomar conciencia colectiva. Es la conciencia colectiva de las mujeres como clase sexual lo que posibilita la movilización de masas que vimos en la huelga del 8M.

No es nada raro que el acoso sexual, las agresiones sexuales y la prostitución sean chispas que hacen estallar la protesta. La reducción de las mujeres a objetos sexuales es el elemento más característico del sistema patriarcal. La opresión en la sexualidad fue la principal preocupación de la segunda ola del feminismo. Celia Amorós señala que las mujeres no somos vistas como iguales, sino como idénticas, como intercambiables. Como señala Carol Pateman, quedamos excluidas del contrato social precisamente porque somos objeto de un contrato sexual. Las mujeres no somos escuchadas, no somos tomadas en serio porque somos percibidas como cuerpo. Sentimos que no nos valoran como personas o como profesionales: la cosificación del cuerpo, la belleza, la obligación de ser atractivas, se interponen una y otra vez entre las mujeres y el mundo.

La belleza es una trampa de la que no podemos escapar. Si miramos quiénes son las mujeres más célebres del mundo (las más admiradas por las jóvenes), muchas de ellas destacan por su belleza: parece que el mundo es para las bellas. Sin embargo en seguida reparamos en que esto es un engaño: tampoco la belleza nos permite acceder al espacio de los iguales, pues solo proporciona un éxito vicario, subordinado a los hombres. Ellos te dan una porción si pagas un peaje sexual, si les admiras, les amas y sirves. Lo cierto es que hoy el mundo pertenece a los hombres que integran una manada, una gran fratría (en palabras de Amelia Valcárcel) en la que se protegen, se admiran y se favorecen entre ellos, monopolizando el poder material y simbólico. El acoso sexual es una de las manifestaciones más evidentes de este sistema de poder.

Las mujeres nos estamos rebelando contra lo que Sulamith Firestone llamaba “la estafa de la liberación sexual”. Las mujeres no estamos en este mundo para ser juguetes sexuales de nadie, ni para ser la parte desechable de la relación de pareja (la parte sustituible por cualquier otro cuerpo y que está en permanente periodo de prueba). Ya no fingiremos que nos divierten los chistes que nos reducen a sexo, ni admiraremos las obras de la “alta cultura” que muestran violaciones y mujeres bonitas con papeles secundarios. Ya no encumbraremos a los grandes ídolos del machismo cultural.

Reclamamos el derecho a ser vistas como personas, a no ser cosificadas, a tener una sexualidad basada en el deseo mutuo. El caso de la Manada, en España, ha puesto de manifiesto lo interiorizado que está el discurso de la pornografía: el consentimiento sexual se presume incluso en condiciones asimétricas o violentas. Las violaciones de derechos humanos de las mujeres son toleradas al pasar por el tamiz del discurso pornográfico. Es como si las mujeres pudiéramos ser denigradas legítimamente siempre que se haga en la esfera del sexo. Es la vieja idea de que en el amor y en el sexo todo vale. Pero no: lo personal es político, y en la política democrática debe haber reglas.

Otro de los elementos denunciados por esta cuarta ola es el déficit de credibilidad que tenemos las mujeres: ¿cuántas mujeres tienen que hablar para que su palabra valga igual que la de un hombre? Este problema no solo lo vemos en los delitos sexuales, sino que se extiende a los pleitos por la custodia de las hijas e hijos, al ámbito profesional e incluso en las consultas médicas. Si eres mujer tienes muchas más probabilidades de que se considere que tus problemas son psicológicos (aunque realmente tengas una enfermedad física que te causa dolor). No confiar en la palabra de las mujeres puede tener consecuencias mortales, como vemos una y otra vez en casos de violencia machista en los que la sociedad y las instituciones se ponen del lado de los maltratadores.

Considero que tienen razón feministas como Juana Gil cuando afirman que esto no es una ola nueva, sino el reclamo de que se hagan efectivas las conquistas pendientes. En efecto, tras la posmoderna y a veces reaccionaria tercera ola, las feministas volvemos a hablar de “mujeres” y de “nosotras”, hemos vuelto a dar sustrato material al movimiento: hablamos de los problemas que nos afectan en el día a día y recuperamos nociones imprescindibles como “patriarcado” (sin adjetivar). Estamos recuperando una agenda olvidada y a unas teóricas injustamente minusvaloradas. Si el feminismo de los setenta removió de forma profunda los pilares de la sociedad patriarcal, ¿qué podemos esperar de un feminismo organizado, mucho más informado y de dimensión global?

miércoles, 15 de marzo de 2017

#hemeroteca #lgtbifobia | Libertad de expresión y homofobia

Imagen: EITB / El bus tránsfobo en Navarra, 2017-03-21
Libertad de expresión y homofobia.
Ignacio Perelló | Estrella Digital, 2017-03-15

http://www.estrelladigital.es/opinion/ignacio-perello/libertad-expresion-homofobia/20170315211020315657.html

Decía don Miguel de Cervantes, siempre sabio: “Me moriré de viejo y no acabaré de comprender al animal bípedo que llaman hombre, cada individuo es una variedad de su especie”.

Hoy, 15 de marzo, se conmemora el “Día de la Visibilidad Transexual en España” y el próximo 31, el “Día Internacional de la Visibilidad Trans”. Algunas personas pensarán que la campaña de los autobuses desplegada por cierta organización ultracatólica, menospreciando a los transexuales, se ha hecho en el mes de marzo por pura casualidad, pero yo creo que no ha sido así; es decir, pienso que la campaña y sus lemas “Los niños tienen pene / Las niñas tienen vulva”, llevada a cabo precisamente ahora, tiene que ver con un intento de silenciar la diversidad sexual y afectiva de la humanidad, en un mes, digamos, especialmente importante para la visibilidad y la lucha por la despatologización del hecho transexual.

Los impulsores de la campaña se afanan en acudir a elementos biológicos y físicos para avalar sus aseveraciones, orillando el valor de la psicología, de la mente o del espíritu. A mí, particularmente, me resulta chocante ver a la derecha ultracatólica apelar al “cuerpo” como argumento de autoridad en perjuicio del “alma”. Nacer con pene, pero sentirse mujer, no tiene importancia para ellos. Lo relevante es lo físico. Así las cosas, analicemos la situación desde este nuevo punto de vista “materialista” del ultracatolicismo español, o sea, desde la premisa de que lo que manda no es lo mental sino lo corpóreo, lo supuestamente natural. Llegados a este punto, conviene sacar a colación la existencia en la naturaleza humana de la realidad denominada “intersexualidad”.

Pero ¿qué es la intersexualidad? Según la Organización Intersexual Internacional, se trata de una diferencia congénita en las características sexuales físicas de algunas personas. O, dicho de otro modo, la naturaleza crea seres humanos con diferencias físicas en los cromosomas, o de tipo hormonal, pero también en la expresión genética o en las partes reproductivas, como los testículos, el pene, la vulva, el clítoris o los ovarios. La medicina y la ciencia han detectado más de 40 supuestos distintos de intersexualidad en la especie humana. Es decir, que se puede nacer mujer (desde el punto de vista de que sus cromosomas son XX) y con testículos o atributos viriles. En estos casos, el hecho físico-natural produce “mujeres con pene y hombres con vulva”.

Ciertamente, la enorme variedad natural de “situaciones del cuerpo” implica que una persona pueda nacer –y nazca- con una anatomía reproductiva o sexual que no encaje con las definiciones binarias típicas de lo masculino y lo femenino. También hay lo que se llama “composición genética mosaico”, en la que las células de la persona tienen a su vez cromosomas XX (hombre) y cromosomas XY (mujer).

Es decir, que el lema utilizado por los ultraconservadores es falso y contrario a la propia naturaleza humana, no solo por la existencia de la transexualidad, sino por la evidencia, además, de la intersexualidad, que jamás hay que confundir con el hermafroditismo, hecho que solo se produce fuera de la especie humana, en el reino vegetal y en algunos animales, pero que se ha venido confundiendo con la diversidad de identidad de género y, más concretamente, con algunas formas de intersexualidad.

Sentado lo anterior, volvamos a la realidad transexual, donde –sin duda- predomina lo mental y lo psicológico frente a lo meramente genital o físico, y abordemos nuevamente el hecho de que los transfóbicos se agarren a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió la transexualidad como “disforia de género” y, en consecuencia, la consideró una patología, para así degradarla.

En todo caso, quiero subrayar que el Manual Diagnóstico de Enfermedades de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-V), publicado en 2013, ha dejado de considerar la transexualidad como una patología y o como un trastorno mental, destacando que lo que ocurre es que las personas con esta realidad sufren malestar, estrés o desadaptación, precisamente por sentir un género que no se corresponde con el de su cuerpo. Estoy convencido, en consecuencia, de que la OMS cambiará de criterio y despatologizará la transexualidad, como ya hizo con la homosexualidad. A este respecto, no resulta ocioso recordar que fue en 1990 (ayer) cuando la homosexualidad dejó de ser definida por este organismo mundial como una enfermedad psiquiátrica que requería tratamiento.

Resulta sorprendente y ciertamente significativa la falacia conceptual y argumentativa de los colectivos transfóbicos, pues se amparan en la clasificación de la OMS respecto de la transexualidad como una patología, para demonizarla, pero hacen oídos sordos a la propia OMS respecto de la homosexualidad, insistiendo en tratarla como una enfermedad y cometiendo con ello, a mi modo de ver, un enorme crimen contra la naturaleza y la diversidad humana. Así las cosas, me pregunto ¿qué harían los homófobos si se diera tratamiento médico y psicológico a los heterosexuales para que dejaran de serlo?

Deseo recordar que la libertad de expresión es, sin duda, uno de los pilares básicos de la democracia representativa, tal y como se recoge en nuestra Constitución. Sin embrago, el sano ejercicio de este derecho fundamental no convierte la mentira en verdad ni la inmoralidad argumentativa en razón ética. Cuando oigo hablar a los ultraconservadores del interés superior de los menores, no puedo dejar de pensar en los niños y las niñas transexuales e intersexuales (además de homosexuales y bisexuales) que, aunque les pese, nacerán de ellos mismos.

Estoy seguro de que Dios, todopoderoso y benevolente, perdonará sus pecados y sus faltas, lo que no sé es si lo harán sus propios hijos e hijas cuando sean mayores, si nacen diversos y son silenciados y torturados.

Vayan mis penúltimas palabras para los millones de católicos moderados y sensatos, a los que quiero salvar de mis críticas. El Cardenal Osoro ha sabido desmarcarse de un debate falsario y lleno de desprecio hacia las personas y hacia la ciencia. Y es que la Iglesia Católica es muy diversa, como la realidad humana y, felizmente, con el Papa Francisco se ha inaugurado un pontificado que se centra en el amor al prójimo y en la comprensión y el respeto hacia el diferente. No en el odio y en la sinrazón del desprecio a la condición humana.

Termino mi crónica haciendo mías las palabras del inmenso poeta Miguel Hernández, en el 75º aniversario de su muerte: “Tristes guerras si no es amor la empresa. Tristes. Tristes. Tristes armas si no son las palabras. Tristes. Tristes. Tristes hombres si no mueren de amores. Tristes. Tristes.”

domingo, 12 de febrero de 2017

#hemeroteca #homofobia #futbol | La vida de Justin o la homofobia en el fútbol

Imagen: Google Imágenes / Justin Fashnau
La vida de Justin o la homofobia en el fútbol.
Ignacio Perelló | Estrella Digital, 2017-02-12
http://www.estrelladigital.es/opinion/ignacio-perello/vida-justin-homofobia-futbol/20170212173659312824.html

Hoy quiero contarles la triste historia de Justinus Fashanu, Justin, jugador de fútbol británico de padres nigerianos, nacido en Londres el 19 de febrero de 1961, en el modesto barrio de Hackney. Después del divorcio de sus progenitores, Justin ingresó, junto con su hermano John, en un orfanato, siendo adoptado más tarde por una pareja inglesa del condado de Norfolk.

Fashanu fue el primer jugador de futbol profesional que decidió confesar públicamente su homosexualidad, allá en el año 1990, mediante unas declaraciones al diario masivo y sensacionalista The Sun en las que revelaba el secreto a voces de su identidad sexual y en las que afirmaba, para mayor escándalo, haber mantenido relaciones sexuales con varios jugadores de la Primera División inglesa y con un parlamentario adscrito al Partido Conservador.

Su salida del armario, histórica aunque muy reciente, provocó una reacción tan brutal que le costó todo, incluida la vida; pero, con su acción y su palabra, Justin contribuyó decisivamente a la normalización y a la visibilidad del colectivo LGTBI (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales, intersexuales y más), tan discriminado y silenciado todavía hoy en el mundo del deporte y, especialmente, en el ámbito del fútbol profesional.

Antes de avanzar en la trágica vida de este inglés valiente y memorable, deseo recordar las palabras de la escritora y activista estadounidense Audre Lorde, quien dejó dicho que “…cuando hablamos tenemos miedo de que nuestras palabras no sean escuchadas o bienvenidas. Pero cuando estamos en silencio, aún tenemos más miedo. Por eso es mejor hablar”.

El joven Justin inició su carrera profesional en el año 1978, como futbolista del Norwich City. En 1981, después de algunas temporadas de extraordinaria brillantez como jugador, el Nottingham Forest abonó un millón de libras por su fichaje, convirtiéndolo así en el más caro de la historia del fútbol, hasta esa fecha, para un deportista negro.

A Brian Clough, su homófobo entrenador de entonces, no le agradaban nada los insistentes rumores sobre la homosexualidad de Justin, antes incluso de su salida del clóset en 1990, así que lo arrinconó e impulsó su cesión al Southampton. Justin desfiló por el Manchester City, el West Ham, o el Ipswich Town, sin lograr consolidarse en ninguno de ellos.

En 1998, cuando ya estaba prácticamente retirado y residía en los Estados Unidos, Justin fue falazmente acusado de abusos sexuales por un joven de 17 años. Inmediatamente fue detenido por la policía y condenado con escarnio por la prensa. Y ello, sin contrastar la noticia, pero avivando con fuerza los más bajos prejuicios discriminatorios, tanto raciales como sexuales. Los cuerpos de policía pertinentes confirmarían más tarde que la acusación era infundada y falsa y, en consecuencia, la denuncia sería archivada, pero ni la policía ni los medios se molestaron en difundir el resultado final de la investigación.

Su hermano John, también jugador profesional de futbol, rechazó completamente a Justin, diciendo: "No me gusta nada que salga el apellido Fashanu en las portadas de los periódicos, relacionado con un tema de este tipo. Mucha gente pensara que soy yo”. Deprimido, angustiado y solo, Justin se suicidaba ahorcándose en un sórdido y abandonado garaje de Shoreditch, Londres, el 2 de mayo de 1998, inmerso en la aguda depresión que padecía como consecuencia del insoportable acoso al que había sido sometido en los ámbitos deportivo y familiar tras asumir, abiertamente y en plena carrera profesional, su particular orientación sexual.

Antes de morir, Justin dejaba escrita la siguiente nota: "Me he dado cuenta de que ya he sido condenado como culpable. No quiero ser más una vergüenza para mis amigos y familia (...) espero que el Jesús que amo me dé la bienvenida y finalmente encuentre la paz”.

Incorporo a mi crónica de hoy las palabras de la cantante estadounidense, Ariana Grande, que hago mías: “Es indignante para mí ver a personas que odian a alguien debido a su sexualidad. No me gusta la intolerancia. No me gusta el juicio. La mayoría de las personas favoritas en mi vida son homosexuales. Es algo sobre lo que soy súper apasionada, porque cada vez que veo a mis amigos intimidados, o que mi hermano ha sido lastimado por su sexualidad, me convierto en una loca furiosa, porque no puedo soportarlo”.

Y termino mi relato recordando que el próximo día 19 de febrero, fecha del cumpleaños de Justin, se conmemorará el Día Internacional Contra la Homofobia en el Deporte, en recuerdo de su persona y de su valiente y fértil gesto.

Su voz, afirmando sin ambages su homosexualidad, nos acompañará siempre y nos recordará que, al tomar la palabra y hablar de su sexualidad, es decir, al nombrar el tabú y las palabras prohibidas, se apropiaba de ellas y las recuperaba en positivo para sí y para todos los demás, interpelando a la homofobia con su propio discurso, en un acto performativo y político que solo se produce cuando la palabra es hecha pública por boca del “sujeto inferiorizado”. Dicho de otro modo, cuando Justin Fashanu reconoce públicamente su sexualidad y dice “sí, yo soy marica”, deja de ser interpelado por el régimen homofóbico del rumor, el insulto, la burla o calumnia y, al apropiarse de un lenguaje que hasta entonces le era tan hostil, es él ahora quien interpela y nombra, reasignando a las palabras nuevos significados y desvalorizando así el insulto.

Justin, con su confesión, se revelaba contra la sujeción al silencio y convertía el verbo en un acto decisivo de reivindicación y transformación de la percepción de la realidad. Y ello, aunque él mismo, incluso, no lo supiera entonces y, sobre todo, aunque nunca llegara a disfrutar de las consecuencias del cambio de paradigma que, para muchos de nosotros, propició la revelación de su “secreto a voces”. Aún sí, queda un largo camino por recorrer en la lucha contra la homofobia en el mundo del deporte, especialmente en el fútbol. Y les pregunto: ¿Conocen a algún futbolista español de la Primer División que haya declarado públicamente su homosexualidad?

El camino está hecho y marcado por hombres y mujeres valientes, por personas inolvidables como Justinus Fashanu, capaces de sacrificarlo todo por defender su identidad en condiciones sumamente adversas.

Vaya, pues, mi agradecimiento infinito al joven Justin.