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martes, 26 de abril de 2016

#hemeroteca #lesbianismo | La existencia lesbiana: mitos, tabúes y liberaciones

Imagen: Diagonal
La existencia lesbiana: mitos, tabúes y liberaciones.
Soy y estoy lesbiana. No soy más ni menos que nadie. Lesbiana, lesbiana, sí lesbiana. ¿Cómo nos interpela la palabra? ¿Cómo nos resuena? ¿Cómo nos implica? ¿Cómo nos distancia?.
Laura Corcuera | Diagonal, 2016-04-26
https://www.diagonalperiodico.net/movimientos/30164-la-existencia-lesbiana-mitos-tabues-y-liberaciones.html

En la escuela me llamaron muchas veces "marimacho" y, en el mejor de los casos, "chicazo". Yo era una niña que jugaba al fútbol, saltaba ríos y construía cabañas. Recuerdo zanjar este tema para que me dejara de doler. Mi reacción fue radical: pasar olímpicamente del insulto, del juicio y de todas las personas que los emitieran. Sin excepción. Ir a mi bola. Pensaba: "no me entienden, pues ellos se lo pierden". Tenía ocho años cuando escribí en un papel que sólo yo tendría las riendas de mi propia vida.

Esta forma básica de autodefensa frente a la lesbofobia y a la mirada androcéntrica –entre otras formas de dominación y opresión que yo no he encarnado como blanca europea de clase media que soy– se expresó muy temprano. No es mérito sólo mío, sino –sobre todo– del entorno familiar en el que crecí: "Quiérete como eres. Quiéreme como soy". "Qué bonita es la variedad".

En casa me cuidaron y acompañaron una maestra particular a tiempo completo y un catedrático de lingüística. A mi hermano y a mí nos dieron el cariño y conocimientos necesarios para desarrollar una seguridad y amor propios que hoy –junto a la conciencia política de la vulnerabilidad compartida–, conforman los cimientos de mi vida. Qué privilegiada me siento. Sí. Qué privilegiada.

A veces me duele mucho encarnar estos tiempos, se mueven las fibras emocionales que entretejen la autoestima, se mueve la identidad personal, se mueve la corporalidad, se mueven los gustos sexuales, se mueve todo. "Eppure si muove".

Esto no es una anécdota contada al tuntún, es un granito de arena dentro del estereotipado y silenciado terreno de la experiencia lesbiana, y creo que hoy es importante compartirla. Hoy 26 de abril de 2016, día de la visibilidad lesbiana, arranca la Semana Orgullosas y Visibles en la isla de Mallorca. Y yo hoy me siento y me pienso archipiélago.

Quiero compartir dudas y también secretos. Los secretos son la geopolítica de las emociones. Y este texto es sólo un boceto discursivo, un ejercicio escritural. Una imagen en movimiento. Como el gif que circula en las redes sociales de dos mujeres recostadas en el campo que dicen "no somos amigas, nos comemos el coño".

Evelyn Blackwood, entre otras intelectuales e investigadoras feministas, demostró (‘Rompiendo el espejo: la construcción del lesbianismo y el discurso antropológico sobre la homosexualidad’, 1991) cómo el presupuesto de una "naturaleza homosexual" figura en el grueso de las ciencias como parte de una concepción esencialista para la que dicha "naturaleza homosexual" subyace a todas las expresiones culturales de homosexualidad. Y es que lesbiana no se nace, se hace.

Y digámoslo. No somos enfermas ni taradas. Somos interdependientes y autónomas. Somos bellas y somos listas. El androcentrismo y la misoginia son la verdadera enfermedad social y sexual de nuestro mundo.

Amparo Moreno definió la opacidad androcéntrica hace justo treinta años (Cuadernos Inacabados, 1986) como el "conjunto de mecanismos discursivos mediante los que ya no sólo se sitúa el arquetipo viril en el centro del universo mental-discursivo (…) sino que, además, se oculta tal centralidad generalizando como humano cuanto corresponde, exclusivamente, al sistema de valores propio de quien se sitúa en un centro hegemónico de la vida social, a partir del cual proyecta su hegemonía expansiva sobre otras y otros mujeres y hombres".

La construcción social y cultural de la feminidad y de la sexualidad tiene que ver con la articulación de derechos y libertades, con olvidos y ocultamientos deliberadamente orquestados por esta mirada androcéntrica (desvalorizar los mensajes y temas tratados por las mujeres, dificultar las posibilidades de intercambios de información entre mujeres, expropiar los saberes elaborados por las mujeres y los espacios sociales habitados por ellas).

Por eso es importante seguir creando espacios de encuentros entre mujeres y estudiar juntas las culturas que habitamos, desde las herramientas de la antropología feminista, para comprender cómo se construyen los significados y simbólicos del género. Para señalar y erradicar las relaciones de opresión y dominación que se expresan en la lesbofobia y en sus cruces con otras fobias que tienen que ver con la edad, la clase, la raza y las creencias religiosas.

¿Qué están haciendo con sus vidas las mujeres independientes? Unirlas a otras mujeres independientes, hablar, escuchar, exponerse, comerse el coño, transgredir los propios límites, cambiar –en definitiva– el mundo y el espacio que otros reservaron para ellas con el mayor de los sadismos.

Esto nos afecta a todas. Hagámonos cómplices las unas de las otras. Los cuidados, los placeres y los deseos sustentados sobre unas normas sociales que pautan nuestros comportamientos, resignificados, puestos patas arriba, son un terreno que cultiva, al menos, tres horizontes de acción política: el horizonte artístico (el humor, el juego, el erotismo, el pensamiento crítico), el horizonte científico (interdisciplinar, interseccional, queer, no esencialista) y el horizonte movimentista (las luchas de base anticapitalistas, feministas y ecologistas).

El siglo XX fue el siglo de la rapidez, de las tecnologías del género, de las luchas por las libertades y derechos afectivo-sexuales y reproductivos, un grito colectivo por la diversidad y multiplicidad irreductible de las identidades que fue dolorosamente reprimido. Y llegó la expresión del desencanto, el nihilismo, el triunfo del individualismo y del capitalismo.

El reto en el siglo XXI será recoger ese legado, hacer memoria, pensar y sentir a la vez, aniquilar por fin el androcentrismo, expresión primaria del heteropatriarcado, y descolonizarnos en una suerte de fluctuación vital que tendrá un reflejo en nuevas relaciones afectivas, sexuales, políticas y económicas.

Soy y estoy lesbiana. No soy más ni menos que nadie. Lesbiana, lesbiana, sí lesbiana. ¿Cómo nos interpela la palabra? ¿Cómo nos resuena? ¿Cómo nos implica? ¿Cómo nos distancia? Todavía hay muchas resistencias, tabúes y miedos. Hay muchas violencias. Es atroz. Es atroz. Por eso es importante seguir saliendo a la calle, interpelar a nuestras madres y abuelas, a nuestras vecinas, a nuestras amigas, y gritar "Lesbianas, orgullosas y visibles".

Sigamos pues indagando juntas en la autoconciencia, compartiendo experiencias y conocimientos, exponiéndonos y organizando la lucha feminista lesbiana. ¿Entiendes? ¿Entendemos?

* Extracto de la conferencia que inaugura la Semana de VisibiliTat Lésbica de Mallorca en la librería-peluquería Los Oficios Terrestres, y que terminará el próximo 30 de abril con una manifestación por los derechos y las libertades de las lesbianas.

domingo, 28 de junio de 2015

#hemeroteca #28j | 28J: ruinas, cuerpos y orgullo

Imagen: Diagonal
28J: ruinas, cuerpos y orgullo
En medio de la crisis de sentido que vivimos es necesario repolitizar las manifestaciones por la liberación sexoafectiva.
Laura Corcuera · Periodista, escritora y performer | Diagonal Periódico, 2015-06-28
https://www.diagonalperiodico.net/cuerpo/27127-28j-ruinas-cuerpos-y-orgullo.html

¿Qué exigencia tengo de contar la verdad sobre mí misma? ¿Quién me lo pide? ¿Qué esperan? ¿En qué lenguaje será satisfactoria mi respuesta? ¿Cuáles son las consecuencias de decirlo? Mi hablar es un hacer y por tanto un acto político en sí. Antes de “jugárnosla”, antes de implicarnos en procesos y espacios públicos, el punto de partida común puede ser la duda. Las preguntas. La desorientación. La incertidumbre ante nuestros propios límites y fronteras.

El reto puede ser más simple y ambicioso al mismo tiempo: “reencontrarnos con nosotras mismas”, como dice Marina Garcés. “Dar cuenta de sí mismo”, como dice Judith Butler. No pasa nada. A veces es más importante lo que no sabemos que lo que sabemos.

¿Cómo funcionan nuestros afectos, deseos, sexos? ¿Cómo responde nuestro cuerpo en relación con otros cuerpos? ¿Cómo despojarnos de clichés, presuposiciones, corsés e inseguridades? Ninguna persona quiere quedarse sola. Nadie deja su casa o su país por gusto. Nadie quiere sentirse marginada. Nadie quiere ser diferente, y sin embargo todas los somos cuando dinamitamos las jaulas de la normatividad. Todas queremos “integrarnos”, pero no a costa de cualquier cosa y menos de “perder” la identidad.

En estos momentos
En estos momentos una adolescente estará viviendo por primera vez una historia de amor con otra mujer y temerá contárselo a sus padres. En estos momentos, una persona intersex contará su historia en una escuela. En estos momentos, un viejo de Aranjuez estará deseando a un chico bangladeshí que vende cervezas. En estos momentos, tres personas estarán haciendo una familia y querrán criar en tripartito.

En estos momentos una cajera de supermercado pensará en sus pelos y prominente clítoris que le han avergonzado toda la vida y los empezará a vivir como una delicia junto a sus amantes. En estos momentos, una persona trans odiará al endocrino que le ha “tratado” en la unidad de identidad de género y tuiteará su indignación.

En estos momentos, llegarán a la costa española dos marroquíes homosexuales perseguidos en su país, dispuestos a empezar de nuevo. En estos momentos, un joven abandonará su pueblo y se irá a vivir a la capital porque no le dejan mostrar que ama a otros hombres. En estos momentos, el presidente del gobierno español se arrepentirá de haber dado tregua al caso de asilo político de una lesbiana negra. Alguien estará viviendo una experiencia traumática que le hará guardar un secreto durante años y afrontar de forma negativa su hermosa diferencia. En estos momentos, miles de personas se estarán reencontrando con sus cuerpos y gritarán de placer.

De esto van las manifestaciones del 28 de junio. El Día del Orgullo no es una fiesta de jóvenes glamurosos y despolitizados que se ponen hasta las cejas con el patrocinio de multinacionales y empresas mientras una multitud mirona y silenciosa observa los desfiles en la calle o a través de la tele. Esto no es el Orgullo. O no debería serlo.

El Orgullo es la denuncia creativa organizada a diario entre personas que dicen “quiéreme como soy”. El orgullo es que las viejas de los pueblos, y también los astilleros de la costa, se sientan interpeladas en una expresión colectiva de la diversidad sexual, en una celebración política por la multiplicidad e irreductibilidad de los cuerpos. Hay una necesidad de pensarnos con lxs otrxs, de volver a encarnar la teoría y la lucha social. Es una necesidad de confianza en lo común, de sentir que somos interdependientes y que esto de los cuerpos nos afecta a todes.

El 28 de junio no es un baile de monstruos sociales, ni de satánicos, ni de brujas, bohemias radicales, artistas rebeldes, amantes indomables. O sí. Y todas somos esos posibles que desdibujan las líneas de la normatividad.

Se trata de eso. El desnudo y la corporalidad. Exponer la vulnerabilidad y la falibilidad propia de la condición humana, llevar el cuerpo a la primera línea política. Bajar las emociones y las ideas del ático que es la mente al resto del cuerpo.

Salirnos del "marco incomparable" que es el pensamiento dual y resignificar la bandera multicolor en el comienzo de un nuevo ciclo político. Es algo urgente. Pensar por qué vamos a acudir a las fiestas del Orgullo de nuestra ciudad. Y hacer de nuestras vidas una celebración, claro que sí. Transformar las tragedias en historias emocionantes contadas con mucho humor. Y gritar en coro los Principios de Yogyakarta (2007).

Y pensar qué estamos haciendo en nuestros colectivos, barrios y pueblos. Pensar cómo nuestros entornos pueden ser ya comunidades de resistencia a la condición neoliberal, a las violencias y los colonialismos. Iniciativas como los Orgullos Indignados de Madrid o la nueva caseta reguetonera de Barcelona hacen genealogía de los movimientos LGTBIQ en un baile disidente de categorías que se cruza con otros movimientos sociales.

Insisto. Se trata de esto. La denuncia, la protesta, la creatividad indignada y feminista. Crear comunidad desde la experiencia de la diversidad mutante. El reto, conseguir que colectivamente tomemos las riendas, vivamos y expresemos en libertad, sin miedo, nuestras identidades sexoafectivas, en un cotidiano que está cambiando.

¿Qué pueden entonces aportar las manifestaciones del 28 de junio como reflexión política en la actual crisis de valores? ¿Cómo nos sentimos interpeladas? Quedan muchas preguntas y luchas pendientes para un país progresista en materia de derechos sexuales y reproductivos como es el Estado español.

Que el Orgullo sea una demostración colectiva y creativa del descontento social. Que sea un proceso de construcción permanente de comunidad abierta e incluyente, que negocia tensiones, que resuelve conflictos. Que sea un flujo de etnografías sexoafectivas que griten, denuncien y bailen su rechazo a un modelo económico capitalista que atraviesa nuestras identidades, destruyendo libertades y derechos ganados a pulso por quienes nos precedieron. El Orgullo es hoy una deuda con nosotras mismas. Y ésta sí que es legítima.