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jueves, 26 de mayo de 2022

#hemeroteca #transfobia | Impiden a una chica transexual cambiarse en un gimnasio de Castellón

El Mundo / Aura //

Impiden a una chica transexual cambiarse en un gimnasio de Castellón.

Denuncia que el centro la invitó a no acceder al vestuario femenino por la queja de otra usuaria. La ley trans de la Comunidad Valenciana le ampara y Aura alienta al colectivo a denunciar este tipo de acciones.
C.A.D. | El Mundo, 2022-05-26
https://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/castellon/2022/05/26/628fb684fc6c83551d8b4583.html 

Aura, una chica trans, que ha denunciado que le prohibieron entrar al vestuario femenino en el gimnasio al que acude habitualmente en Castellón porque otra usuaria de este centro deportivo se habría quejado de su presencia en esa estancia. Aura denunció esta discriminación en las redes sociales y el gimnasio, que se disculpó casi inmediatamente, aseguró que se había tratado de un malentendido.

Pero, inmediatamente, su comentario en Twitter desde la cuenta @laninadelantro explicando la situación que había vivido comenzó a recoger comentarios de apoyo en esta red social y su caso se hizo viral.

La afectada, en declaraciones a ÀPunt, explicó que la recepcionista del gimnasio fue la encargada de comunicarle que, siguiendo las instrucciones del director del gimnasio, no podía entrar en el vestuario femenino. Según el testimonio de Aura, la trabajadora de este centro deportivo de la capital la instó a cambiarse de ropa en su domicilio, dado que no podría hacerlo en las instalaciones previstas para ese fin en el centro deportivo. «Le repliqué que yo también era una mujer», explicó ante las cámaras de la televisión autonómica.

La afectada explicó que la prohibición de entrar en el vestuario femenino suponía una manera de ocultarla de la sociedad y de hacerla sentir «mucho más incómoda de lo que ya podría estar en el vestuario». Además, considera que comentarios y actitudes como los que vivió en este gimnasio suponen una traba más al proceso de transición que está sufriendo.

Amparo legal
Cabe recordar que la ley trans de la Comunidad Valenciana, en el punto 6 del artículo 38, recoge que se garantizará el acceso a los espacios de las instalaciones deportivas de acuerdo con la identidad de género. Por lo tanto, Aura tiene amparo legal para acceder al vestuario femenino de este gimnasio.

Nada más conocer la denuncia en las redes sociales de la afectada, el gimnasio rectificó su directriz y, además de pedirle disculpas a Aura, le comunicó que podía volver a hacer uso de este espacio cuando quisiera.

La afectada, también a través de las redes sociales, celebró la decisión del centro deportivo de zanjar rápidamente la situación y alentó a cualquier persona que sufra este tipo de discriminación a denunciarla.

sábado, 5 de octubre de 2019

#hemeroteca #cuerpos | Giorgio, el vecino y 'personal trainer' griego de Jaime de Marichalar

Imagen: El Mundo / Giorgi Torelli
Giorgio, el vecino y 'personal trainer' griego de Jaime de Marichalar.
El ex de la Infanta Elena modela su cuerpo con la ayuda de un imponente campeón de fitness que vive en su mismo edificio.
Beatriz Miranda | LOC, El Mundo, 2019-10-05
https://www.elmundo.es/loc/casa-real/2019/10/05/5d972992fdddff0a0a8b4665.html

Jaime de Marichalar (56 años) está en buena forma. De hecho, lleva meses en manos de un campeón de España de ‘fitness’ para mejorar su estado físico, que aún evidencia alguna secuela del ictus que sufrió en 2001.

El entrenador personal del ex marido de la infanta Elena se llama Giorgio Torelli, es griego, tiene 30 años y unos músculos que ni el increíble Hulk. Ganador de una competición en Málaga en 2014, es todo un experto en trabajos de fuerza y resistencia con aspecto de culturista que vive también, curiosamente, en el mismo edificio del que fuera duque de Lugo.

La Otra Crónica se ha puesto en contacto con este atractivo escultor anatómico y ha confirmado que es así, que entrena a Jaime de Marichalar, pero prefiere no dar datos sobre su más ilustre vecino, de cuya evolución ha presumido orgulloso en su cuenta de Instagram.

Giorgio y Jaime entrenan en un gimnasio aledaño a la finca donde ambos viven, en la milla de oro de la capital. El mismo donde el padre de Froilán y Victoria Federica cayó desplomado hace 18 años víctima de una isquemia cerebral que pudo haberle costado la vida.

El también consejero de LVMH, entre otras empresas, hacía bicicleta cuando se encontró indispuesto. Su tratamiento, rehabilitación y recuperación la llevó a cabo en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, casualmente cercana a la actual vivienda de la Infanta Elena, en la zona de Niño Jesús.

Desde que se separó de la hija mayor del Rey, Jaime de Marichalar reside en un precioso tríplex de 735 metros cuadrados con plazas de garaje y trastero exquisitamente decorado que comparte patio con el dúplex que los Marichalar y Borbón arrendaba al ya fallecido decorador Jaime Fierro durante su matrimonio.

Jaime compró la nueva y aún más lujosa casa a título individual en 2005, dos años antes de separarse de la infanta. Pidió una hipoteca de tres millones y cien mil euros a la Caja de Ahorros de Galicia, a pagar en 30 años.

Al parecer es la madre de Giorgio, sostiene el entrenador a este periódico [Marichalar ha declinado hablar con nosotros], quien habita un apartamento del mismo bloque y es Giorgio quien pasa largas temporadas con ella, que por cierto también es entrenadora personal. Él tiene otro piso en la zona de Gran Vía.

En la actualidad, Jaime de Marichalar vive solo, pero sus hijos van con frecuencia a visitarle. Es por esto que Giorgio también ha entrenado a Froilán, incluso dice que alguna vez le ha escoltado en sus salidas nocturnas por petición de Jaime, a pesar de que el adolescente cuenta con escoltas oficiales. Jaime perdió ese servicio, fijado por el ministerio del Interior, en cuanto se divorció de la hija de Don Juan Carlos.

Giorgio, que por su imponente figura alta, fornida y tatuada puede pasar por guardaespaldas, está estudiando para sacarse el carné de portero de discoteca. Su familia poseía gimnasios en propiedad en su Grecia natal, incluso tiene otro hermano que también se dedica al ‘fitness’, pero en Marbella. Hasta el conserje del edificio donde vive Marichalar es amigo del entrenador. De acento extranjero y mismos músculos, nos pone en contacto con Giorgio y habla de él. "Es el mejor en lo suyo", sostiene. "Aunque yo le podría entrenar a él", concluye.

Giorgio Torelli, que también es fotógrafo de moda, cobra unos 40 euros por sesión. Pero también ofrece bonos de entrenamientos al aire libre e ‘indoor’. Por diez sesiones individuales que caducan en un mes pide 400 euros, pero si son dos clientes quienes comparten el bono, sube el importe a 600. "Está en el precio medio del mercado, es lo que se cobra", apunta a LOC otro entrenador personal que trabaja en Madrid y prefiere no dar su nombre.

El griego tiene acuerdos con gimnasios como el Forus de Barceló, el Reebok de Serrano, también el Basic Fit de Núñez de Balboa y el Holiday Gym de Ortega y Gasset. Afirma que estudió Educación Física en su país y también ofrece asesoramiento nutricional a sus clientes.

Su sesiones de training son muy personalizadas y se adapta a las necesidades del cliente: trabajos para adelgazar, para ganar músculo, etcétera. No hay disciplina deportiva que se le escape.

Moverse por el mundo es otra de sus pasiones, ya que en su cuenta de Instagram cuenta que ha trabajado en Miami y en Dubai.

¿Y cómo conoció a Marichalar?"Me conoce mucha gente gracias al campeonato de fitness que gané", dice a LOC antes de colgar el teléfono y disculparse por no dar más información sobre sus clientes. "Lo siento, no puedo hablar más".

domingo, 4 de agosto de 2019

#hemeroteca #masculinidad #cuerpos | El lado oscuro de las comunidades masculinas de 'fitness' en Internet

Imagen: El País
El lado oscuro de las comunidades masculinas de 'fitness' en Internet.
Músculos, anabolizantes y misoginia. Conversaciones en la 'manosfera' que perpetúan un peligroso modelo viril.
Sarah Palanques Tost | Buena Vida, El País, 2019-08-04
https://elpais.com/elpais/2019/07/30/buenavida/1564489938_033485.html

A principios de año, la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) publicó en Twitter las principales conclusiones de una guía en la que se articulan directrices para mejorar la práctica psicológica en el manejo de la virilidad. El documento, basado en 40 años de investigación, saca a relucir que los rasgos de la llamada masculinidad tradicional se han relacionado con agresividad, toma de riesgos sin control y poca capacidad para pedir ayuda. "Hay muchos problemas reales para resolver, nosotros los hombres nos cuidamos a nosotros mismos. Si la APA no quiere hombres, bien por ellos. Soy un PUTO HOMBRE, así que revisa mi inodoro si quieres buscar toxicidad". Ni un minuto se hizo esperar la primera respuesta cargada de masculinidad tradicional. Al poco, las declaraciones de la asociación eran ‘trending topic’, y de las catacumbas de Internet empezaron a salir los miembros de la ‘manosfera’ (del inglés, ‘manosphere’, hombre y esfera: una red informal de foros, blogs y webs construida por y para varones, cuyo discurso se articula en torno a la masculinidad antifeminista).

Una simple búsqueda en Internet (la ONG de derechos civiles Southern Poverty Law Center es uno de los organismos que ha estudiado los sites más populares) destapa una verdad incómoda: gran parte de estos foros albergan a comunidades fanáticas del ejercicio físico, donde las conversaciones sobre virilidad y hombría son el pan de cada día. El profesor de musculación, entrenador personal, dietista y director deportivo de Tubau Gym (Madrid), Daniel Hernández Ibarburu, describe a muchos foreros como personas jóvenes y vulnerables que buscan cualquier recurso para mejorar su aspecto físico. Y es precisamente a causa de ese anhelo por una silueta depurada y musculada, por lo que se ven inmersos en una narrativa paralela peligrosa que promueve una cultura violenta y perpetúa la masculinidad hegemónica y la desigualdad.

Aunque no hay datos demográficos al respecto, un estudio del Pew Research Center (sobre una muestra estadounidense) reveló que los usuarios de foros genéricos son jóvenes de entre 18 y 29 años (23%), seguido por el grupo de entre 30 y 49 (14%). Los foros (y subforos) de ‘fitness’ en español tienen una afluencia de entre 23.000 hasta 200.000 usuarios únicos mensuales, pero en el caso de los de lengua inglesa (a donde acceden personas —sobre todo hombres— del mundo entero), el éxito es arrollador y superan, con creces, el tráfico a ForoCoches (el foro español más visitado del país, con 16 millones).

¿Qué tendrá de particular el culto a la forma física para que se sitúe como una de las conversaciones con más tirada en el universo digital de la masculinidad primitiva? J.L, un competidor semiprofesional de halterofilia que prefiere no revelar su identidad, nos conduce por las profundidades de estas grutas subterráneas. "La cultura ‘gym’ es una locura", dice: "En Internet se habla mucho de los deportes de fuerza. Levantamiento de pesas, ‘powerlifting’ y ‘strongman’ son los tres más serios; pero luego hay una cuarta categoría, que es donde todo se vuelve muy raro, el ‘bodybuilding’, más comúnmente conocida como culturismo, cuya intención es desarrollar musculatura por una razón estética y no tan competitiva". J.L nos manda a un foro de esta temática: "Os pido disculpas por lo que podáis leer...", avanza. Una vez dentro de Forum.Bodybuilding_com, rastreamos el hilo que el deportista nos indica, donde se despliegan multitud de fotos sexuales que pretenden denigrar a la mujer y comentarios irrespetuosos y crueles hacia actrices, junto a recetas de batidos de proteínas o minuciosas formas de contar calorías. Salimos inmediatamente.

La camaradería masculina, un revoltijo de viejos valores
El antropólogo Juan Ignacio Cayola reflexiona desde su especialidad sobre el origen de estos espacios donde pescamos al azar esta otra narración de un internauta: "Después de 7,5 horas y 5 hojas de bisturí, aquí [en su pecho y su brazo, en una foto] una escarificación [una especie de tatuaje que resulta de realizar cortes para que cicatricen] de la muerte con la hoz. No voy a revelar dónde me la hice (...) He tenido fiebre y síntomas de gripe, así que me he tomado antibióticos y el amago de infección ha parado a las 24 horas". Interviene el experto: "El concepto de homosociabilidad pone en evidencia que la amistad masculina tiene como consecuencia la aparición, manifestación y creación de vínculos masculinos. Estos se han desarrollado y potenciado a lo largo de millones de años como necesarios para la protección del grupo, así como para su defensa, y lo que es más importante, para la caza y la guerra (...). Vínculos de solidaridad y definición de espacios propios de camaradería, donde se relega a lo ‘no hombre’ o lo ‘no masculino’, con lenguaje propio, diferenciador y sobre todo exclusivo y excluyente: nuestro lenguaje, lo nuestro".

En ese contexto, valores como la competitividad, el sufrimiento o el esfuerzo, también relacionados con el deporte, pueden llegar a deformarse para dar alas a esa hombría tóxica que salpica los foros masculinos del ‘fitness’. "Además, muchos varones consideran que las cualidades físicas del ‘macho’ tradicional, como la fuerza o la resistencia, les hacen deseables a ojos de los demás, por lo que se esmeran en conseguir una apariencia que facilite que su entorno, hombres y mujeres, infiera de ellos estos atributos. En Psicología conocemos este fenómeno como el efecto halo: a partir de la percepción de un rasgo concreto, tendemos a asignar toda una constelación de cualidades que, creemos, suelen ir siempre acompañados de él", explica Joaquín Mateu-Mollá, psicólogo miembro de la Sociedad Española de Psicología, docente e investigador.

Siguiendo este heurístico cognitivo, añade que "a quien está físicamente fuerte tendemos a considerarlo como alguien defensor y dominante, dos elementos que forman una parte indisoluble del estereotipo clásico del machote. Por este mismo motivo, los hombres que admiran y desean ser el receptáculo de estos atributos observan con admiración a los homólogos que llegaron a forjar un cuerpo musculado y atlético, construyendo a su alrededor toda una mitología sobre sus logros y conquistas".

La imperiosa necesidad de ganar se palpa en la sala. Un 'poleman' es un miembro del foro que intenta escribir el primero en un hilo (aunque no le interese la conversación), solo para remarcar que ha sido el más rápido. "El lenguaje de guerra, que incluye arengas como el 'a por ellos', es un elemento propio de la cultura bélica que, desgraciadamente, ha marcado los hitos históricos del devenir humano. A menudo, se ha considerado que la testosterona, una hormona que depende del eje hipotálamo hipofisario gonadal (especialmente abundante entre los varones, pues los testículos son la glándula que la produce de un modo más notorio), se relaciona con la agresión, pero en realidad participa en un proceso socioafectivo más básico que subyace a ella: la competitividad", esgrime Mateu-Mollá.

Una puerta de entrada para sustancias ilegales y pseudociencias
En los más populares foros de ‘fitness’, se habla sin tapujos de cómo comparar anabolizantes y esteroides para ‘ciclarse’ (vocablo utilizado para señalar el aumento de músculo gracias a ayudas hormonales) con preparados ilegales de contrabando. Según la Organización Mundial de la Salud, la falsificación y venta ilegal de medicamentos es una amenaza creciente, y "en más del 50% de los casos se ha comprobado que los adquiridos a través de sitios web, sin domicilio social declarado, son productos falsificados", advierten desde la organización.

Es más, la Administración de Alimentos y Medicamentos Americana (FDA) considera Internet una de las tres vías de acceso al mercado de anabolizantes (junto con los traficantes y las prescripciones médicas). Cualquier cosa, y a cualquier precio, con tal de conseguir una anatomía rotunda. "El culto al cuerpo, en el caso de los varones, ha llegado también para quedarse. Aunque estos no constituyen el público diana de las campañas de ‘marketing’ que pretenden vender productos cosméticos como cremas o lociones ‘antiaging’, son un segmento de la población cuyo interés por la apariencia personal ha crecido exponencialmente en los últimos años", observa el psicólogo e investigador.

"No entiendo mis niveles de testosterona", suelta un usuario en otra sala virtual especializada en ejercicio físico. Sus compañeros de gruta cuelgan sus analíticas para comparar, y deliberan un diagnóstico diferencial que incluye el uso de suplementos y medicación fácilmente adquiribles de manera poco limpia. ¿Los hilos de nutrición? Como es de esperar, mucho batido de proteína. "La mayoría de preparados proteicos que se recomiendan por la Red no llevan lo que dicen llevar", denuncia al respecto el entrenador personal Daniel Hernández. Un estudio de los laboratorios CANdiLab, de 2018, reveló que 15 de cada 20 productos de proteína en polvo contienen menos cantidad de este macronutriente de la que anuncian (hasta un 20%, en algunos casos). Al no mediar un médico o dietista-nutricionista, la posibilidad de engaño es mucho mayor.

'Influencers' sin escrúpulos y el fantasma de la vigorexia
Los trastornos clásicos de la conducta alimentaria, como la anorexia y la bulimia nerviosas, han sido siempre más prevalentes entre las mujeres que entre los hombres. Pero en los últimos años, a medida que la importancia de lo estético se ha trasladado también a la población masculina, "han empezado a manifestarse en ellos problemas como la vigorexia, una idea sobrevalorada de la importancia de tener un cuerpo musculoso que conlleva ejercitar esfuerzos físicos extenuantes, dietas restrictivas e incluso el consumo de esteroides", lamenta el psicólogo. Son muchos los factores que influyen en los resultados de practicar ‘itness’ extremo, como la genética, el entorno, la alimentación... Y no todos los seguidores de estas tendencias consiguen el objetivo que buscan en su camino hacia la perfección física. "Este sesgo comparativo no solo conduce al resentimiento o a la aparición de ideas punitivas de autodesprecio, sino que también estimula una serie de conductas que son contrarias a la salud y que pueden poner en riesgo incluso la propia vida. Es por todo ello que muchos varones, desesperados y frustrados ante la búsqueda de un ideal inalcanzable, se pliegan a las promesas vacuas que les ofrecen los gurús de la estética masculina", añade el experto.

En esta línea, Hernández, el entrenador personal, denuncia como peligro paralelo el que se genera en las redes sociales como Instagram o YouTube: "Emergen ‘influencers’ que adquieren credibilidad gracias a sus millones de seguidores, aunque no tengan formación alguna. El intrusismo es un problema gravísimo, esta gente recomienda cualquier cosa y les da igual la salud de los otros... Sus ‘followers’ obedecen a todo, se hacen fotos después de meses con anabolizantes y las suben a la Red para promocionar a sus líderes". En ningún caso representan al colectivo culturista, insiste, "en el que somos muchos los profesionales que hacemos las cosas bien, habiéndonos formado con carreras, másteres y doctorados en forma física y deporte. No nos hace nada de gracia que nos etiqueten de ‘ciclados’ o ‘pinchados’".

Precisamente para combatir el estigma, el preparador denuncia otra tendencia alarmante: "Estos falsos especialistas están recomendando insulina (que se consigue en el mismo mercado ilegal que los anabolizantes) para provocar un efecto de llenado en la musculatura. El combo de la insulina con la hormona del crecimiento hace que crezcan las vísceras y el estómago se dilate, y eso aumenta el volumen corporal. Los profesionales del ‘fitness’ tenemos la responsabilidad de alzar la voz y decir a la gente que pare de hacer este tipo de cosas". A su vez, se desvincula —como la mayoría de sus compañeros— de los mensajes de odio de las profundidades de Internet, en las que J.L. reconoce que los usuarios más activos suelen ser adolescentes. Según Mateu-Mollá, muchos sí llegan a ser conscientes de que están cayendo en una trampa: "Pero lo hacen porque cuando tomamos decisiones no siempre lo hacemos con la cabeza, sino también con las emociones. Y en este caso, ni con el cerebro ni con el corazón, sino con los músculos".

Un argot propio
La mayoría de los templos digitales investigados para este reportaje cuentan con una evidente brecha de género. Detectamos muy pocas mujeres (en muchos hilos, ninguna) y un vocabulario agresivo, racista y misógino escondido tras palabros estrambóticos. ‘TDS_PTS’ responde a "todas putas"; ‘zorrastrera’ viene de zorra y rastrera; y ‘tiraflechas’ se emplea para referirse a personas de origen sudamericano. Eso sí, siempre queda espacio para la camaradería: utilizan el término ‘shur’ para referirse a un "hermano forero". ¿Qué pasa si un hombre se desmarca abiertamente de este tipo de comportamientos? Entonces estamos ante un ‘flander’, el usuario que denuncia mensajes hirientes, pero que en este submundo se llega a considerar un ‘troll’ por ser "sensible y ofendidito".

lunes, 10 de junio de 2019

#hemeroteca #gais #homonormatividad | Paco Tomás: «El hombre gay español se ha vuelto muy conservador»

Imagen: La Marea / Paco Tomás
Paco Tomás: «El hombre gay español se ha vuelto muy conservador».
Paco Tomás disecciona en esta entrevista las trampas del modelo de masculinidad que se ha impuesto entre los hombres gais.
Patricia Simón | La Marea, 2019-06-10
https://www.lamarea.com/2019/06/10/el-hombre-gay-espanol-se-ha-vuelto-muy-conservador/

El periodista, escritor y guionista Paco Tomás prodiga la rara cualidad de alumbrar las trampas de los discursos dominantes, e invitarnos a cambiar la perspectiva desde la que los analizamos, con la naturalidad de quien pela una naranja, separa los gajos y los engulle sin mancharse los dedos. Y, como en este caso, lo puede hacer convirtiendo herramientas tan mundanas como las redes sociales y los selfies en vías para el ‘hackeo’ del “relato de los cuerpos deseables en el mundo gay”. A finales de abril publicó un tuit que no sentó demasiado bien a algunos: “Imagino una semana en la que en vez de publicar vuestras siete poses en el gimnasio, publiquéis siete exposiciones, siete libros, siete obras de teatro, siete museos, siete restaurantes, siete conciertos, siete paisajes...”. Hombres gais, pero también políticas como Carla Antonelli, le reprocharon que lo dijese él, que publica en sus redes autorretratos en ropa interior. Respondió con un hilo que da pie a esta entrevista.

P. En su respuesta, explica que si usted se toma fotos en calzoncillos en casa es para ampliar la narrativa de los cuerpos que se consideran deseables en el mundo gay, que ahora está limitada al joven musculado y de ademanes masculinos.
R. Hay una clara diferencia entre posar en casa en calzoncillos y en el gimnasio. Lo primero lo puede hacer cualquier persona y con cualquier físico, edad, condición o discapacidad. Y el subtexto que está lanzando es: “Este soy yo, quiero a mi cuerpo, con sus imperfecciones y aciertos, y tengo un lugar en el relato de la construcción social del deseo”. Mientras que lo que nos está diciendo la foto del gimnasio es: “Este es el único cuerpo válido, la única masculinidad deseable, el único pasaporte hacia el deseo. Si haces el esfuerzo de conseguir estos bíceps, subirás en el estatus de nuestra sociedad”.

P. Un discurso, el de “si no te deseo, es porque no trabajas tu cuerpo lo suficiente”, que está muy imbricado en la narrativa neoliberal de la meritocracia: la promesa de que si te sacrificas, podrás conseguir lo que te propongas.
R. Lo peor del neoliberalismo no son ya sus teorías económicas, sino que nos ha convertido en neoliberales emocionalmente, que es peor que serlo en cuestiones económicas. Nos ha convencido de que lo único que importa es nuestra satisfacción personal y da igual si el otro sufre. Si es así, que espabile. Y en esa construcción del deseo neoliberal, lo que nos encontramos es que el mundo gay ha asumido perfectamente la masculinidad tóxica del bíceps, de la fuerza, del ‘esto se hace por mis cojones, porque soy el tío y tengo la fuerza’. La ha interiorizado porque hace 40 años teníamos negada la felicidad por ley. Éramos considerados delincuentes, pervertidos, corruptores de menores, monstruos a los que encerraban en la cárcel. Cuando suprimieron los actos de homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, teníamos que hacernos visibles en la sociedad para que nos aceptasen. Y en esa estrategia, lo más sencillo era el asimilacionismo: que nos viesen igual a ellos para que no nos tuvieran miedo. En ese afán de parecernos a lo normativo, el sistema ha ganado porque hemos perdido diversidad para acabar reducidos a una imagen: la del hombre gay fuerte, al que no puedes agredir o insultar porque ‘mira qué musculo tengo’. Y, claro, el discurso resultante es cada vez más peligroso: no quiero que tengas rasgos de feminidad, ni que hables en femenino, ni que vayas en una carroza... Para llegar a la conclusión de que el gay respetable es Javier Maroto. Pues si estos 40 años de lucha y movimiento LGTBI para lo que han servido es para que el modelo de hombre homosexual sea Javier Maroto y para poder sacar una bandera LGTBI en Colón con los fascistas, algo hemos hecho mal por el camino.

P. Una plumofobia que también ha inoculado el heteropatriarcado y está calando en la juventud.
R. El único referente de lo que es deseable que se van a encontrar las nuevas generaciones, que pueden dar con un entorno familiar que no les cree ningún conflicto, y con grupos de amigos con los que pasear por Chueca, es el de hombres musculosos con actitudes masculinas. No hay diversidad, solo pequeños guetos en los que nos encontramos los osos, los que tienen más pluma... Por eso, igual que las mujeres –que siguen viviendo el estigma de la imagen heteronormativa– son el principal colectivo en las unidades de trastornos alimenticios, el segundo lo son los adolescentes gays.

P. Ese culto al cuerpo es general a toda la sociedad, y se ve en la proliferación de los gimnasios. Pero usted sostiene que el hombre gay es especialmente sensible al mismo, ¿por qué?
R. Puede que tenga que ver con que los gimnasios, a principios de los años 80, eran un lugar de encuentro, donde ir a ver hombres desnudos y donde ampliar el deseo. Y también está relacionado con ese afán de ser aceptados: no hay mejor manera de hacerlo que convirtiéndote en un dios del Olimpo al que todos admiren. Y no seguir esa senda significa aceptar un coste, quedarte al margen en lo que llamamos el mercado.

P. Empezó a tomarse fotos en ropa interior porque a los 50 se sentía invisible en el mundo gay…
R. Tuve una ruptura sentimental y me di cuenta de que era invisible en el mercado. No soy el físico que se vende en las portadas de las revistas ni en los posters de las fiestas. Y me apunté al gimnasio.

P. Lo dice como si fuera una confesión.
R. (Ríe). Claro, porque soy igual de frágil que todos. Y cuando estaba allí me preguntaba qué estaba haciendo, por qué. Confundimos las decisiones personales con el contexto que nos empuja a ello. Lo dejé y un día subí a las redes una foto en calzoncillos, que causó mucho revuelo porque estamos acostumbrados a que el que muestra su cuerpo es el que está oficialmente bueno. Si no, el mensaje que recibimos es ‘tápate’. Mira no, porque a lo mejor a ti no te gusto, pero hay alguien a quien sí. Porque si no, la construcción del relato del deseo va a estar siempre dominada por los mismos.

P. Lo interesante es que sus fotos se convierten en un espejo, es decir, es más relevante los comentarios que suscitan –y lo que estos dicen de su emisor– que la imagen en sí.
R. Esa es la base y tiene que ver con lo dispuestos que estamos a desaprender. Somos una generación que ha crecido con un lenguaje machista, con una homofobia interiorizada. Y es ahora cuando empezamos a darnos cuenta de que hay que cambiar muchas cosas, y eso significa esfuerzo y trabajo. Para mí hubiese sido mucho más fácil seguir en el gimnasio y convertirme en un tío deseable, pero he elegido el camino más complicado, que es el de hacer pensar a otros por qué lo están haciendo.

P. Está escribiendo un ensayo sobre la evolución del hombre gay en los últimos 40 años. ¿Cuál es su conclusión?
R. Que se han hecho extremadamente conservadores y que anteponen sus intereses y los privilegios que tienen como hombres. El movimiento LGTBI está tan flojo porque ha estado liderado por la G, los tíos, que se han aburguesado, y que no han trabajado su discurso, al contrario de las lesbianas y las trans.

P. Paradójicamente, el feminista se ha disparado, con las mujeres lesbianas y las trans en la cabecera.
R. Ellas siempre estuvieron en el movimiento feminista, mientras que en el LGTBI a las trans no se les hacía caso e, incluso, en un determinado momento, se les rechazó porque se pensaba que daban mala imagen y que obstaculizaban esa asimilación a la sociedad imperante. Y las mujeres lesbianas tuvieron protagonismo hasta que se dieron cuenta de que ahí también los hombres imponían su criterio, por lo que acabaron marchándose al movimiento feminista. Solo empezamos a crear discurso cuando llegó el sida. Cuando dejó de ser mortal y pasó a ser una enfermedad crónica, nos volvimos a relajar. Y entonces surgió la reclamación del matrimonio igualitario, pero era un activismo que reclamaba acceder a los mismos derechos, no era un discurso identitario. Y yo sí creo que la sociedad nos tiene que aceptar con nuestras diferencias, porque nuestras vivencias son distintas, porque la gente de mi generación pasamos una infancia que es determinante a la hora de entender los adultos que somos, porque sigue habiendo acoso escolar por razón de identidad de género y orientación sexual... Por no entrar en cómo entendemos nuestras relaciones afectivas, de pareja. De todo eso no hemos hablado porque en estos cuarenta años había que resolver.

Los desórdenes alimenticios afectan más a los homosexuales que a los heterosexuales

La incidencia de los desórdenes alimenticios es muy superior entre los hombres homosexuales y bisexuales que entre los heterosexuales, según diversos estudios. Uno de los más completos y referenciados es el que publicaron en 2007 los investigadores Matthew B. Feldman y Ilan H. Meyer, del Instituto Nacional de Investigaciones y Desarrollo y de la Universidad de Columbia, respectivamente. La investigación concluyó que mientras que el porcentaje estimado de hombres heterosexuales estadounidenses que habían sufrido bulimia, anorexia o atracones por ansiedad en sus vidas era de un 3%, entre los homosexuales era de al menos un 14%. Y según la Asociación Nacional de Desórdenes Alimenticios, el 42% de los hombres que pide ayuda por este motivo se identifica como gay. Las causas son, según ‘International Journal of Eating Disorders’ (‘El Diario Internacional de los Desórdenes Alimenticios’, en español), de origen socioculturales: la mayor presión social hacia el aspecto físico y la numerosa publicidad dirigida a este colectivo sobre su imagen, lo que provoca un mayor grado de insatisfacción sobre su cuerpo que entre los heterosexuales.

También hay investigadoras, como Laurence Corbeil-Serre, que observan que los trastornos alimenticios pueden estar relacionados con la ansiedad y depresión que muchos jóvenes gais siguen sufriendo por la discriminación. Sin embargo, frente a este consenso, los resultados son contradictorios en cuanto a las mujeres lesbianas y bisexuales. Hay investigaciones que sostienen que este colectivo sufre menos la presión de la imagen heteronormativa y, consecuentemente, hay un menor grado de insatisfacción con la propia imagen, lo que conlleva una menor prevalencia de la anorexia y la bulimia. Y también las hay que no extraen diferencias con respecto a las chicas heterosexuales. Sí subrayan, no obstante, que las que tienen una estética más cercana a lo que se ha considerado femenino, tienen más tendencia a tener baja autoestima con respecto a su cuerpo, y las que se decantan por un estilo más andrógino o masculino, todo lo contrario. Al final, siempre está el heteropatriarcado.

miércoles, 6 de marzo de 2019

#hemeroteca #cuerpos | El secreto de los polvos que circulan por los gimnasios

El País
El secreto de los polvos que circulan por los gimnasios.
Atención: no todas las soluciones exprés del mercado son de igual calidad. Y ninguna obra milagros. Si lo hace, sospecha: incluirá algo ilegal.
Salomé García | El País, 2019-03-06
https://elpais.com/elpais/2019/03/04/buenavida/1551695803_208812.html

La proteína en polvo o en barra se ha convertido en uno de los grandes filones de la industria asociada al deporte. El 56% de los españoles que acuden a un gimnasio reconoce haber consumido alguna vez suplementos ergonutricionales, según el profesor Antonio Sánchez Oliver, de la Universidad de Granada. José Miguel Martínez Sanz, profesor del departamento de Nutrición de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Alicante, afina el dato: el 57,14% reconoce tomar cafeína, aminoácidos y creatina; el 47,61%, simplemente proteínas.

"Buscan, sobre todo, mejorar el rendimiento deportivo, más energía y masa muscular. Muchos los toman, incluso, porque sus oponentes lo hacen, para estar al mismo nivel. Y la principal fuente de información es el entrenador: solo uno de cada tres lo consulta con un dietista-nutricionista", añade.

¿Y qué justifica esa imagen del deportista saliendo del gimnasio sorbiendo un batido de grandes dimensiones? Una ecuación simple: si para crear masa muscular o reparar la que se destruye durante el ejercicio hace falta ingerir proteínas en forma de alimentos, hay dos opciones. La primera es llevarse la tortilla a la francesa al gimnasio y engullirla nada más terminar de entrenar. La segunda, asegurársela con un batido instantáneo. ¿Y por qué tanta prisa? Hay que aprovechar la ventana metabólica, ese precioso período de entre 30 minutos a las dos horas posteriores al entrenamiento en el que el organismo absorbe como agua de mayo los nutrientes para repararse. Un poco de agua, una medida de proteína en polvo, agitar en el shaker (bidón con colador para sortear los grumos) y listo. O así debería ser.

Pero en Biología Humana dos y dos no siempre son cuatro. Que dos individuos entrenen al mismo nivel no significa que se recuperen igual. Incluso con el mismo batido. No todos tenemos la misma facilidad para convertir esas proteínas en músculo. "Cada individuo tiene una capacidad anabólica diferente. Depende de su perfil hormonal (sobre todo, de hormonas sexuales y de crecimiento), de su predisposición genética (existen variantes que nos hacen más proclives a hipertrofiar), de con qué otros alimentos se ingieran (con carbohidratos estimula la respuesta de la insulina, facilitando que los aminoácidos entren en la célula muscular) y de la capacidad intrínseca del músculo para sintetizar sus propias proteínas desde los aminoácidos (que viene regulada por un complejo de mecanismos de acción), entre otros factores", advierte el profesor Helios Pareja-Galeano, investigador de la Universidad Europea de Madrid.

¿Eres mujer o estás en edad de que te traten de usted? Mal asunto. "La síntesis proteica viene también condicionada por el sexo: las féminas, por su perfil hormonal, tienen menos capacidad hipertrófica: o sea, los músculos crecen menos; y la edad, esto es, a más años también disminuye, incluso aparecen alteraciones que llevan a la atrofia muscular, como la sarcopenia o la fragilidad". Como se ve, el cuerpo humano pone sus reglas y la industria se esmera. Pero las cuentas no siempre salen.

En la nevera hay de todo

Existe una tendencia creciente en el mundillo del fitness a exagerar la relación entre el consumo de proteína y los resultados deportivos. De ahí que casi todos tomen más de la necesaria. "La OMS recomienda 0,83 gramos por kilo de masa corporal al día. Se ha demostrado que es una cantidad muy baja incluso en personas sedentarias. Los rangos que suelen recomendar desde las consultas dietéticas para preservar y ganar masa muscular van de 1,7 a 2,5 g/kg de peso corporal", explica José María Puya, investigador, tecnólogo de alimentos, técnico superior en dietética, además de creador del blog Alimentología Cruda. O entre 1 y 2 g/kg de peso corporal, según la Academia Española de Nutrición y Dietética. Puya reconoce que lo habitual es que los deportistas, especialmente los que se dedican al entrenamiento de fuerza, se pasen de rosca: "Llegan incluso a tomar 3 g/kg. Lo hacen porque creen que así van a lograr con más facilidad el objetivo programado. También por no saber cuantificar bien cuánta proteína están tomando". A esto se añade otra pega: "Muchos solo computan la animal (carne, pescado, huevos, leche, suplementos...). Y se olvidan de la de origen vegetal (cereales, legumbres o frutos secos), que, aunque no tenga la misma calidad en términos de aminoácidos esenciales (hay que ingerirlos en la dieta porque el organismo no es capaz de fabricar), también suma".

A este tecnólogo de alimentos le preguntamos si es malo excederse tomando proteínas. "En sujetos sanos, la ciencia no ha podido demostrar efectos perjudiciales, como daño renal o hepático, incluso en cantidades de 4,4 g/kg. Ahora bien, estos estudios se han hecho como máximo a dos años vista. Aunque solo sea por precaución, se deberían evitar las dietas hiperproteicas", aconseja. Además, todo puede resolverse sin necesidad de batidos. "De hecho, si la dieta está correctamente planificada, los suplementos de aminoacídicos no reportan ninguna ventaja significativa", zanja.

En tiendas, la oferta también es cuantiosa

Los gimnasios son caladeros para la venta de estos botes. En especial, el de whey. "Procede de suero de leche. Según el tipo de filtrado y el procesado la proteína será más o menos pura. Cuanto más pura, más cara. Hay tres tipos: concentrado, que lleva entre un 60% y un 70% de proteína y el resto de lactosa, grasa e hidratos de carbono; el aislado, que implica un nuevo filtrado al lactosuero hasta llegar al 90% de proteína; y el hidrolizado, donde puede llegar al 97%", explica Hugo Alberto Teixeira, entrenador y propietario de la tienda Corpus Style Nutrition.

¿Y si se padece una intolerancia a la lactosa? "Según el grado, hay quienes pueden tomar un aislado o hidrolizado sin problemas. En los últimos años se han añadido enzimas digestivas a las fórmulas que mejoran su absorción y reducen las incomodidades, ya que antes algunas producían bastante flatulencia. Y en el caso de los veganos existe la opción de soja, guisante y arroz". El vendedor reconoce que muchos clientes le piden botes para "ponerse grandes en un mes", porque lo han visto en un foro de Internet. "Eso es imposible, al menos con proteína y entrenamiento. Ni siquiera duplicando la dosis. Otra cosa es que se añadan sustancias ilegales. Y yo ni vendo ni aconsejo sobre eso".

Y no todos los suplementos funcionan

El entrenador, el responsable de la tienda y, más recientemente, las redes sociales, influyen en la compra y consumo de estos productos. "Sobre todo, en edades tempranas, entre los 15 y 23 años. Son compras impulsivas: muchas veces no saben qué adquieren ni por qué", destaca Puya. Entonces, ¿no todo lo que se vende en bote para ponerse como un toro funciona? El profesor Helios Pareja-Galeano, de la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad Europea y miembro del Instituto de Investigación del Hospital 12 de Octubre, lo tiene claro: "Muchos de esos productos no hacen nada". Es la conclusión a la que llega a partir de un reciente análisis realizado junto a sus colegas Javier S. Morales, Pedro L. Valenzuela y Alejandro Lucía.

Los resultados se publicaron en un demoledor artículo en ‘European Journal of Nutrition’. Bajo el título ‘Supplements with purported effects on muscle mass and strength’ (Suplementos con supuestos efectos sobre la masa muscular y la fuerza) se analiza cuánto hay de cierto en los efectos de diversos ingredientes habituales. Aprueban con nota (evidencia nivel A) la creatina, la proteína y los ácidos grasos poliinsaturados. No hay pruebas tan concluyentes para los BCAA o la arginina (evidencia nivel B). La glutamina se queda en el nivel C, el de aquellos con pocos indicios que avalen su utilidad hasta la fecha. Finalmente, la ornitina (aminoácido al que se le atribuyen propiedades vasodilatadoras) no encuentra ningún aval y queda condenada al nivel D. "Aunque no tengan utilidad son seguros en las dosis recomendadas. Sin embargo, podrían darse efectos adversos en ingestas prolongadas", advierten los autores.

Precisamente el entorno digital es, en buena medida, el responsable de la fama de los suplementos de colágeno. "No tienen un efecto tan poderoso como se publicita. Algunos estudios reconocen mejoras en el dolor articular después de añadirlo hidrolizado. Pero se han visto idénticos efectos beneficiosos al tomar gelatina común del supermercado y vitamina C, que aumentan el colágeno en los ligamentos", señala el investigador José María Puya.

Y algunos vienen con trampa

Por ley, todos los suplementos que se venden en España deben tener etiquetado en castellano. Pero no si se adquieren a través de Internet. Las lagunas legales no solo afectan al idioma. "Uno que esté prohibido en España, pero aprobado en otro Estado miembro de la Unión Europea, podrá ser comercializado aquí si un fabricante lo justifica", denuncia Puya. No es el único vacío al que se enfrenta el consumidor.

Al comprar un bote de proteínas no siempre contiene tantas como declara el fabricante. "Durante su procesado en polvo, el tratamiento térmico excesivo puede producir cambios en la estructura haciendo a la proteína menos digestiva y reduciendo el valor nutricional del suplemento. Esto suele darse más de lo que el consumidor cree, y es algo aún poco sabido y estudiado. La lisina, aminoácido esencial implicado en esta reacción, se transforma en otros compuestos que no son utilizables de manera biológica", explica el creador del blog Alimentología Cruda.

Ese conjunto de cambios químicos se llama reacción de Maillard, más frecuente en los hidrolizados que en los aislados. Pero la degradación solo depende de lo que suceda en la fábrica. "Almacenarlo en condiciones de temperaturas superiores a los 40°, o con un porcentaje alto de humedad relativa, puede alterar su valor nutricional, así como deteriorar otras propiedades: peor disolución, sabores rancios...".

Mucho más sibilino es el nitrogen 'spiking' o amino 'spiking': es decir, añadir aminoácidos ‘low cost’. "La legislación marca que la proteína que se declara tiene que estar analizada por el procedimiento Kjeldahl, que solo mide el contenido de nitrógeno. Si se introducen fuentes de peor calidad, con mayor contenido en nitrógeno o más baratas, el resultado se puede seguir vendiendo como proteína, aunque no tenga los efectos deseados", avisa Beatriz Robles, consultora de seguridad alimentaria. Por ejemplo, es frecuente añadir taurina, un aminoácido con propiedades antioxidantes, pero sin pruebas firmes sobre su efecto en la recuperación. "El fraude viene cuando el fabricante publicita el producto con unos resultados irreales", afirma Robles.

Las sorpresas dentro del bote no acaban ahí. Martínez Sanz y sus colegas de la Universidad de Alicante denuncian que entre el 12% y el 58% de los suplementos ergonutricionales contienen distintos niveles de sustancias prohibidas por la Agencia Mundial Antidopaje (WADA): epinefrina, prohormonas, clembuterol… "En ocasiones se trata de contaminación cruzada inintencionada; en otras, el fabricante es consciente y omite informar. En cualquier caso, un atleta podría dar positivo en un control antidoping por tomarlos”.

Cuando sucede el efecto contrario…

Marcos Rueda es dietista-nutricionista especializado en deporte, y no ve razón alguna que justifique un atracón de proteínas ni en los boxes de Crossfit, donde el nivel de exigencia es máximo. "Entre estos deportistas predomina el metabolismo glucolítico: la energía fundamental debe ser hidratos de carbono. Bastaría con un consumo de proteína de entre 1,6 g/kg a 2,2 g/kg. Al aumentar la ingesta estamos desplazando otros macronutrientes necesarios sin tener a cambio una mejora en el rendimiento".

¿Y si lo que se busca es perder barriga y, a la vez, ampliar bíceps? Al reducir el aporte de glucógeno, el hígado cambia de combustible. Echa mano de otros sustratos (lactato, aminoácidos o glicerol) en un proceso denominado gluconeogénesis. Traducido: machacarse en el gimnasio con poco glucógeno en la despensa puede tener un efecto contrario y que el cuerpo empiece a destruir masa muscular.

"En periodos de pérdida de grasa se sugiere aumentar ligeramente la ingesta de proteína para evitar que el músculo decaiga durante un déficit energético", continúa. Ojo, hablamos de poco: entre 2,3 y 2,8 g/kg. Porque la última moda en torno al entreno de alta intensidad es una interpretación sui generis de la dieta paleo, que viene a ser ponerse las botas a base de proteína. "Como es el macronutriente más saciante, es probable que se consuman menos calorías. Y este déficit energético, a largo plazo, condicionará la recuperación y las adaptaciones del ejercicio, con lo que al final lo que tenemos es una bajada de rendimiento", deduce.

Comprendiendo la jerga de los botes

Una proteína es un compuesto de aminoácidos (moléculas de nitrógeno, hidrógeno, carbono y oxígeno). Y no todos son iguales ni sirven para lo mismo. Se dividen en esenciales, los que nuestro organismo no puede sintetizar y deben ingerirse, y los no esenciales. José María Puya nos ayuda a descifrar qué hay detrás de cada término, cuándo deben tomarse y en qué cantidad.

1. 'Whey protein'. Proteínas procedentes de la leche alta calidad. Puede tomarse en cualquier momento del día, pero es preferible alrededor del ejercicio practicado. De absorción más rápida que la caseína.

2. Caseína. Fuente de proteínas procedente de la leche de alta calidad. Se divide en caseína micelar (insoluble y digestión lenta) y los caseinatos (más soluble).

3. Leucina. El aminoácido esencial que más activa la síntesis proteica muscular, y aunque hay suplementos específicos solo de este, por lo general quien lo necesita ya toma whey protein y/o caseínas, que contienen dosis altas.

4. BCAAs. Tres aminoácidos esenciales: leucina, valina e isoleucina. Estos dos últimos también activan la mTOR (proteína) para producir la síntesis proteica muscular, pero en menor medida que la leucina. Su uso en deportes de fuerza cada vez tiene menos sentido debido al uso frecuente de whey protein y de una dieta muy proteica. En deportes de resistencia puede tener más cabida para la recuperación debido a que no se utilizan tanto los suplementos proteicos. La cantidad diaria estimada es: leucina, 3 gramos; isoleucina, 1,5 gramos; y valina, 1,95 gramos.

5. Glutamina. El aminoácido más abundante en el organismo, vital para las células inmunitarias. Se considera semiesencial debido a que solo lo es en determinadas situaciones. De hecho, en los hospitales se utiliza mucho en casos de caquexia (fase final de enfermedades que supone desnutrición y deterioro orgánico). En culturismo se toma como anticatabólico para prevenir la pérdida de masa muscular, pero está demostrado que carece de sentido. Dosis: 5 gramos.

6. Creatina. Ácido orgánico nitrogenado que, además de encontrarse en forma de suplemento, se sintetiza en nuestro organismo a través del hígado y los riñones. Es el suplemento que más beneficios ergogénicos (más energía) tiene en la mayoría de prácticas deportivas. Y no ha demostrado poseer perjuicios para la salud en grandes revisiones y metaanálisis que se han realizado, como el de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Se suele tomar en cantidades que van desde los 3 gramos diarios hasta los 10, dependiendo del objetivo y características de la persona.

lunes, 28 de enero de 2019

#hemeroteca #cuerpos | Para ser hombre hay que ir al gimnasio: así es el canon de belleza que nos traen los superhéroes

Imagen: El País
Para ser hombre hay que ir al gimnasio: así es el canon de belleza que nos traen los superhéroes.
Las pantallas de cine son cada vez más un muestrario de cuerpos musculosos que se identifican con la masculinidad, un estándar que puede dañar la autoestima.
Miguel Ángel Bargueño | Buena Vida, El País, 2019-01-28
https://elpais.com/elpais/2019/01/27/buenavida/1548607250_966674.html

Mucho se ha hablado del canon de belleza que imponen a las mujeres las industrias del cine y la moda. De la esclavitud de la talla 36, del 90-60-90, de los vientres planos, los senos perfectos y la ausencia de estrías. En cierto modo, la sociedad se ha rebelado ante ese despropósito, y a modo de réplica han surgido campañas que visibilizan otras fisonomías. Rihanna reivindicó la diversidad empleando modelos de distintas tallas y embarazadas en la presentación de su línea de moda el pasado septiembre, y tanto Alicia Keys como Christina Aguilera se han fotografiado sin maquillaje para celebrar sus imperfecciones. Pero ¿qué pasa con los hombres? Al irresistible atractivo clásico de los actores de Hollywood se une ahora el aluvión de películas de superhéroes, que fijan un estándar de cuerpo masculino musculoso, esculpido en gimnasio. Si estás cachas, eres muy hombre, parecen decir; o puesto al revés: si eres hombre, debes ser musculoso.

Es verdad que la presión social con respecto a la imagen es menor en los hombres que en las mujeres. Se acepta una barriga prominente como una "curva de la felicidad" y una cabeza despoblada como símbolo de virilidad. Pero eso no excluye que determinados hombres puedan sentirse intimidados cuando contemplan esas formas rotundas que se salen de la pantalla. Uno tiende a pensar que el hecho de que dichos personajes existan (encarnados por actores de carne, hueso y músculo) facilita que los demás puedan comparar esos cuerpos con el nuestro. Se entiende que haya hombres que concluyan que, si esos actores fornidos son atractivos a ojos de la mayoría, también esa mayoría les va a encontrar a ellos menos atractivos, cuando no imperfectos o, peor aún, defectuosos.

A menor autoestima, mayor puede ser el problema
No estamos hablando de imágenes que puedan pasar inadvertidas o que generen un culto minoritario. El bombardeo por parte de la industria cinematográfica de películas basadas en personajes de cómic es tal que cuesta librarse de su influencia. Su aceptación es masiva. Entre las diez con mayor recaudación de 2018, hubo cinco de superhéroes: Los Vengadores (la más taquillera del año), Black Panther, Aquaman, Venom y Deadpool 2. Pero la tendencia no se queda en la gran pantalla: los anuncios de perfumes en televisión y determinadas cuentas de Instagram también hacen apología de pectorales hinchados y abdominales marcados.

El primer efecto que puede tener la visión de estas anatomías turbadoras es sobre la autoestima, en especial de quienes ya la tienen algo tocada. "Cuanto menor es la autoestima, mayor es la tendencia a buscar la aprobación social. Cuidarse en exceso por fuera, intentar alcanzar esos cánones, tiene que ver con una mala autoestima o una sensación de inferioridad que se quiere compensar a través del cuerpo", señala Mercedes Bermejo, coordinadora de la sección de Psicología Clínica y de la Salud del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. En 2012, un estudio realizado por una investigadora de la Universidad de Macedonia (Grecia) halló que las imágenes de modelos delgadas menoscaban la autoestima de las mujeres que las ven. Nada impide pensar que ocurra algo parecido con las imágenes de actores musculosos y la autoestima de los hombres.

En términos generales, aceptar la propia apariencia física es importante para nuestra estabilidad emocional. Como indica Mercedes Bermejo, "el aspecto físico tiene que ver con la imagen que uno tiene de sí mismo, y por tanto influye en la autoestima. Pero una cosa es la percepción que uno tiene sobre sí mismo, y otra la percepción que uno cree que la sociedad tiene de uno, y si la sociedad ha establecido unos cánones de belleza, al final esa es la tendencia a la que aspira mucha gente".

No todos los cuerpos pueden alcanzar ideal de Hollywood
En un intento de no quedarse descolgados de esos estándares, algunos hombres se vuelcan en exceso en el cuidado de su físico. En muchos casos, será en vano, puesto que los cuerpazos de cine no están al alcance de todo el mundo. Como advierte el entrenador personal Juan Ruiz López, hay tres somatotipos (tipos de cuerpos) y a algunos les cuesta mucho más ponerse fuertes que a otros. "Los endomorfos son aquellos con tendencia a acumular grasa con facilidad. Los ectomorfos son personas muy delgadas que coman lo que coman no suelen engordar, pero también tienen dificultad para coger masa muscular. Los mesomorfos son los clásicos que en poco tiempo en el gimnasio consiguen resultados", enumera. Y añade algo que quizá nos puede hacer sentir mejor: "Muchos de estos cambios de Hollywood tan impresionantes en tan poco tiempo son debido al uso de esteroides y anabolizantes, de uso legal en Estados Unidos. Aunque debemos resaltar que tienen efectos negativos para la salud".

Igual que tratar de emular a las modelos delgadas puede desembocar en anorexia, dejarse la piel en el intento de parecerse a Thor puede derivar en vigorexia, que en muchos centros tratan como una adicción más; en este caso, al gimnasio. Quienes se ponen en tratamiento suelen llegar empujados por sus familiares, que ven cómo el ejercicio físico ha tomado las riendas de su vida. "Termina siendo una obsesión: cuántos gramos como, qué alimentos no puedo tomar por la noche, cuántas horas necesito ir al gimnasio..., y es adictivo, lo necesitan para sentirse bien. No pueden ir a una comida social porque no comen, no tienen una vida de ocio porque están continuamente en el gimnasio, están midiendo constantemente su cuerpo... Controlando su cuerpo tienen la sensación de que están controlando su vida. Cada vez tenemos más problemas de vigorexia en consulta, que tienen que ver con trastornos de conducta en los que se cuida en exceso la imagen, y es para compensar muchas veces esa baja autoestima", describe Bermejo.

Las pautas para contrarrestar esa frustración pasan por evitar exponerse a las imágenes que la provocan y aprender a valorar lo que uno tiene de bueno. "A pacientes con estos perfiles les digo: ¿por qué te expones a situaciones en las que sabes que después te vas a sentir peor? Uno debe intentar buscar contextos en los que se sienta más seguro, reconocido o validado. Si uno está mirando todo el rato fotos de modelos va a terminar pensando: este tiene lo que yo no tengo. Otra parte tiene que ver con la aceptación: por más que uno se mate en el gimnasio algunos cuerpos no lo van a conseguir, por eso hay que aceptar cómo es uno mismo, sus puntos fuertes y sus puntos débiles y saber convivir con ellos. También hay que quererse uno mismo y amar lo que uno tiene. Cuando el cuidado del cuerpo supone un sobreesfuerzo, ya no se está cuidando, se está maltratando", afirma la psicóloga.

viernes, 2 de diciembre de 2016

#hemeroteca #cuerpos | ¿Quién puede gritar en un gimnasio?

¿Quién grita en un gimnasio?.
Unos bramidos se celebran, y otros se sancionan. El grito no es una reacción natural, sino una marca de autoridad. Manda un mensaje: “Las instalaciones nos pertenecen”.
Esteban Ordóñez Chillarón | Pikara, 2016-12-02
http://www.pikaramagazine.com/2016/12/quien-grita-en-un-gimnasio/

En un gimnasio, hay unos bramidos, unos golpes de pesas y unos gritos que se celebran, y otros que se sancionan. El grito marca estatus en los templos del 'fitness'. No es que directamente aporte una posición superior en la jerarquía de la tribu gimnástica, sino que el estrato que ocupas te da (o no) la venia para vocear y rechinar los dientes. Esas gargantas privilegiadas se detectan enseguida en cualquier gimnasio mixto. Sus movimientos mandan un mensaje: “Las instalaciones nos pertenecen”.

Los gimnasios de Occidente, como las discotecas, repiten patrones, son intercambiables. Al entrar, ya en el vestuario, percibes que viajas de polizón en un reino que no es tuyo. Hay ‘mazaos’ que se secan los genitales al aire, con un pie montado sobre el banco como cazadores que divisan y, a la vez, marcan terreno. Te miran serios. Saludas. Callan.

Sala de máquinas. Una manada envasada al vacío en sus camisetillas orbita por la zona de las mancuernas y el ‘pess’ banca. Se despatarran para levantar pesas, aplican todas las neuronas motoras en ese movimiento, enclavijan los dientes, gritan. Al terminar, se levantan pero no descansan, más bien acechan la nueva serie de levantamientos. Se diría que piensan. Ahuecan las alas, y parecen consultarle algo de suma importancia a sus propios bíceps; o se lo consultan a los brazos de un compañero, porque en el clan de potenciales vigoréxicos disfrutan de palparse unos a otros: es común verlos emocionarse con los deltoides bien esculpidos del compañero, y amasarlos y sobarlos, o por el contrario, es fácil ver cómo les abruma la preocupación ante un amigo que lleva días sin entrenar y se ha quedado desinflado.

También se devoran en el espejo. El espejo inmenso que tienen todos los gimnasios sirve para dos cosas, para vigilar los movimientos y hacerlos bien, y para que los ases de la licra busquen la mejor perspectiva de sus músculos y se barnicen a sí mismos con los ojos. Ese barniz trata de fijar lo que sociólogos como Enrico Mora, de la Universidad Autónoma de Barcelona, llaman la corporalidad de masculinidad hegemónica.

Los gimnasios, con su diseño de rutinas y ejercicios, se encargan de dar apariencia de naturaleza y de verdad biológica a unos cuerpos masculinos y femeninos que, en realidad, constituyen una imposición social.

Eso quiso comprobar el profesor Mora al embarcarse en una etnografía en un gimnasio durante cinco años. El centro se ubica en la zona metropolitana de Barcelona. Le puso un nombre en clave: GymA. Acudía como cualquier otro cliente y lo registraba todo en la cabeza; al salir, lo anotaba en su cuaderno de campo. De ahí salieron artículos como ‘La organización social y de género del grito: ¿Quién puede gritar en un gimnasio?’. “Queríamos estudiar cómo se produce la corporalidad en un espacio que no está regido por imperativos ajenos como ocurre en una fábrica o una escuela: el gimnasio, supuestamente, parece un templo de libertad donde cada uno va porque quiere”, explica a Pikara. Sin embargo, este espacio, añade, representa la paradoja de la modernidad. “Estos lugares, de manera menos explícita, se rigen por imperativos sociales que nos someten”.

El grito no es una reacción natural, sino una marca de autoridad. Mora se percató de esto por culpa de un susto. En principio, la investigación trataba de diseccionar el entorno sexista del ‘fitness’: la segregación de espacio por actividades o las estratificaciones según el género. Un día, mientras hacía sus ejercicios, un rugido le asustó. “Era un grito muy fuerte e invasivo que me hizo interrogarme sobre mi propia masculinidad. Los demás estaban muy tranquilos y a mí me impresionó, y me di cuenta de que yo no gritaba al hacer los ejercicios”. Desde ese momento, se interesó por cómo los sentidos se organizaban socialmente en aquel entorno: la regulación de la mirada en un ambiente de fuerte carga sexual, de los olores o, incluso, del sudor: “El sudor también tiene una función psicosocial”, indica.

Suceden vigilancias automáticas en la sala. Se sueltan burlas, se cuestiona la sexualidad: “Déjate de mariconadas y ponte a sudar, no estás trabajando nada, pareces una niñata”, así hablaban los ‘dueños morales’ del gimnasio, con bromas que, por muy amistosas que sean, esconden un trasfondo controlador.

La cultura del ‘fitness’, de marcado individualismo, lejos de distender las imposiciones sobre cuáles son los cuerpos legítimos femeninos y masculinos, ha apretado más los cánones. En el gimnasio, desde el primer segundo, tratamos de construirnos un cuerpo ‘sexualmente correcto’, y todo conspira para que lo deseemos. Dejando aparte las diferencias biológicas básicas, la forma del cuerpo se moldea de manera muy consciente. El mandato es el siguiente. Los hombres, visiblemente musculados, fibrosos, de apariencia fuerte, aunque la hinchazón del músculo muchas veces tiene más de estética que de fortaleza; las mujeres, esbeltez, delicadeza y fortaleza, eso sí, oculta, disimulada. “Los monitores y monitoras son muy cuidadosos de avisar de qué impacto visual provoca un ejercicio. En las actividades compartidas, avisan a chicos y chicas para que sepan a qué juegan, una posición de mancuerna produce “bíceps de tío” y otra “bíceps de tía”, lo dicen así”, recuerda Mora.

Parafraseando a Machado, también lo natural se inventa.

Las actividades mixtas, donde ellos y ellas realizan los mismos movimientos, sin embargo, no constituyen algo corriente. En GymA, los hombres se integran en ellas siempre que no implique realizar una coreografía. “En el gimnasio, lo coreográfico está investido de feminidad. En la etnografía, hice actividades tipo zumba en las que era el único chico, mi presencia ahí era un cuestionamiento de mi propia masculinidad; son actividades que sólo se practican si quieres reproducir un cuerpo femenino hegemónico”, explica.

El grito ayuda a mapear los espacios del gimnasio, no se distribuye por todas partes por igual, sino que marca los espacios ‘jerárquicamente superiores’ de la sala: las zonas de pesos libres y máquinas más duras destinadas a trabajar el tren superior. El grito “responde a un orden institucional”, por eso no puede emitirlo cualquiera. Además, no vale cualquier tipo de grito. Debe ser un sonido gutural, grave, impulsado desde una tensión muscular muy visible, también implica un afeamiento de mandíbula importante. De no cumplir estos parámetros, pueden despertarse ciertas alarmas. Cuenta el autor del estudio que, en una ocasión, un socio habitual soltó un grito que se agudizó al final, produciendo un gemidito delgado. Enseguida se aproximaron a él a preguntarle qué había ocurrido, con curiosidad, amagando risas. Y aquel se disculpó: “Estoy resfriado”.

En realidad, estos bramidos responderían, según el sentido común, a un esfuerzo desmedido. El esfuerzo, por tanto, sería la medida lógica de calibración. Pero existen normas que lo niegan: sólo tienen derecho al grito los hombres torcaces, o sea, aquellos que exhiben un cuerpo masculino hegemónico, y siempre y cuando levanten una cantidad considerable de peso. En cambio, un chico delgado que trabaje con un peso que, en proporción, le suponga un gran esfuerzo, no podrá gritar sin enfrentarse a la extrañeza, a la burla, al aislamiento. “El grito se convierte en un signo sexista de estatus dentro del gimnasio”.

El poder se ejerce con sutileza en las salas de ‘fitness’. El saludo, por ejemplo, sigue unas dinámicas estratificadas: quién te saluda, quién es digno de saludar… “El relato de que al gimnasio se va a ‘desconectar’ es incompleto, en realidad, desconectas del resto de tu vida (trabajo, familia…) para conectarte a los mandatos de género de forma muy intrusiva y muy exigente”, señala Mora.

Los objetos también se invisten de género y pueden gritar. El golpe de pesas contra el suelo delimita, desde el punto de vista sensorial, el dominio de los hombres hegemónicos.

Ejercicios de tríceps. Mancuernas de 30 kilos. Un socio envenado, al terminar, suelta las pesas a varios centímetros de altura: caen, rebotan en la tarima. Nadie se asusta. Cambiamos de protagonista. Alguien que no sueña con aparecer en un anuncio de colonia, deja caer, en el mismo ejercicio, pesas de siete kilos. Un monitor se acerca a advertirle de que cuide el material y deposite las mancuernas con cuidado. Así lo vio Enrico Mora. Parece que las pesas de siete kilos pueden dañar el suelo más que las de 30.

No es suelo lo que preocupa, sino el privilegio del hombre-colchoneta, sólo sus pesas tienen voz en el gimnasio. La libertad de expresión, en el caso de las mancuernas, es censitaria.

Por supuesto, no existe un grito legítimo para la mujer: “Yo no lo identifiqué, el grito legítimo para la mujer está fuera del gimnasio”, confiesa Mora. La mejor prueba la ofrece la mujer culturista. La presencia de una mujer de este tipo crea el caos y la confusión. Ella ratifica que la naturaleza del cuerpo femenino no es la esbeltez suave y la debilidad, sino que son las rutinas las que diseñan esa apariencia. Según el investigador catalán, al compartir el lugar con una culturista los hombres sienten un atentado contra su identidad. La complexión que, de forma más o menos consciente, ellos perciben como prueba de su superioridad, de pronto, aparece fuera de sitio: “A GymA acudía una culturista, ellos la veían con hostilidad o con ostracismo. Aquel no era un lugar especializado en culturismo y siempre la vi sola, no hablaba con nadie”.

No hay mayor instinto que el de defender la identidad, y más si es una identidad privilegiada. La reacción de ellos era basurizar a la mujer, sacarla de la normalidad (de nuevo, de lo legítimo) a base de cuestionamientos y de burlas. Se hacían corrillos, la vigilaban de soslayo: “Mira ésta, de dónde ha salido, mira, mira, qué hace, adónde va…”. Se reían o, incluso, trataban de desautorizarla, de bajarla de esa situación corporal que ellos, mentalmente, asocian a la cúpula de la jerarquía, a través de la fantasía sexual: “¡Uy, pues ésta en la cama te destroza…!”. En su imaginario, el sexo es un terreno de dominio masculino, y así luchaban por domar algo que se les escapaba, que no atinaban a soportar: la evidencia de que el cuerpo femenino también puede competir en fuerza.

Aquella mujer culturista que no hablaba con nadie en el GymA se ejercitaba con pesos descomunales, pero jamás le asomó un grito a la boca.