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martes, 16 de febrero de 2021

#hemeroteca #lgtbi #politica | Monica Benicio, viuda de Marielle Franco: “En Brasil se asesina desde el poder con total impunidad”

Imagen: El Salto / Monica Benicio

Monica Benicio, viuda de Marielle Franco: “En Brasil se asesina desde el poder con total impunidad”.

Expareja de la activista asesinada Marielle Franco, fue recientemente elegida concejala por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), en Río de Janeiro. La entrevista se realizó pocos días después del atentado contra Carolina Iara, política del colectivo LGTBI y a un mes de cumplirse el tercer aniversario del asesinato de Marielle, que también era concejala en la capital carioca.
Alberto Azcárate | El Salto, 2021-02-16
https://www.elsaltodiario.com/derechos-humanos/entrevista-monica-benicio-concejala-brasilena-viuda-marielle-franco-brasil-asesina-bolsonaro-poder-impunidad 

Marielle Franco y Anderson Gomes, el chófer del vehículo oficial que la transportaba, fueron ejecutados el 14 de marzo de 2018 en Estacio, barrio céntrico de Río de Janeiro, en un “crimen de encargo” que apuntaba directamente a las milicias vinculadas con el presidente Jair Bolsonaro. Marielle contaba con 39 años, era una activista negra, nacida y criada en la favela da Maré, donde gozaba de gran prestigio. En las elecciones municipales de 2016 fue la quinta concejala más votada y en el momento de su asesinato estaba en el ejercicio de su primer mandato. Días antes de su ejecución, la concejala había criticado la violenta acción del 41º Batallón de la Policía Militar sobre los pobladores de Acarí, área de exclusión de la periferia carioca. Marielle se oponía explícita y tenazmente a la intervención militar sobre Río de Janeiro —que finalmente el parlamento aprobó— por considerar que afectaría fundamentalmente a los sectores pobres y marginados de la ciudad.

Gracias a las investigaciones de la policía civil, las sospechas sobre la responsabilidad del crimen no tardaron en posarse sobre el presidente Bolsonaro y su clan familiar, y sembraron indignación en amplios sectores de la sociedad. En la madrugada del 12 de marzo de 2019 eran detenidos dos ex miembros de la Policía Militar (PM), Ronnie Lessa y Élcio Vieira de Queiroz. Según los investigadores, el primero habría sido el autor de los 13 disparos que acabaron la vida de Marielle y de Anderson, y Vieira de Queiroz, el chófer del vehículo desde donde se consumó el atentado. Ambos estaban íntimamente relacionados con Bolsonaro y su familia.

Desde el momento de su ejecución hasta el presente, el poder militar, paramilitar y parapolicial que denunció Marielle Franco no ha hecho más que crecer en Brasil. Y las temidas milicias, oriundas de Río de Janeiro, hoy constituyen un fenómeno estatal, con amplia implantación hasta en los poderes del Estado, como denuncia la entrevistada.

Monica Benicio, la ex pareja de Marielle Franco, nació y se crio en la favela da Maré. Hasta el asesinato de su compañera no había participado activamente en política. Después del atentado, aceptó presentarse a las elecciones de noviembre de 2020 y salió electa concejala por el partido de izquierdas PSOL. Hoy hace explícito su compromiso con las mujeres, con los colectivos LGTBI, con la población negra e indígena y con los excluidos. Y denuncia que el poder judicial brasileño no solo no ha desvelado quiénes fueron los mandantes del asesinato de Marielle, sino que está siendo manipulado para evitar que los principales sospechosos sean juzgados.

P. El domicilio de la concejala Carolina Iara, perteneciente al colectivo trans, fue atacado a tiros el pasado 27 de enero. ¿Qué representa ese acto en la actual coyuntura política brasileña?
R. Es extremadamente dramático, por la violencia ejercida. En Brasil se asesina desde el poder con total impunidad. Estamos en un país donde se ejecutó a una concejala democráticamente electa, episodio que continúa en las sombras. Con esta omisión, el Estado da carta blanca a este grupo que comete asesinatos como forma de acción política. Ese mensaje legitima la violencia que sufrió no solo Carolina Iara, sino también las concejalas Érika Hilton y Samara Sosthenes, del colectivo Quilombo Periférico. Esa violencia se ejerce sobre las mujeres, los colectivos LGTBI, la población negra, indígena y quilombola, y los pobres en general. Y señala ese “no lugar” que se asigna a esos segmentos de población.

El Gobierno de Jair Bolsonaro tiene asumida voluntad de anular esos cuerpos del debate y la política institucional. Marielle y Anderson Gomes [su chófer] fueron asesinados a las 21h en Río de Janeiro, una de las mayores capitales del mundo. Y con una metodología que no dejó la menor duda de que era un crimen político; como para que no se confundiera con una tentativa de robo, ni su cartera ni sus pertenencias fueron tocadas. Eso desborda los límites de un sistema democrático, lo que está en disputa aquí es democracia o barbarie.

El año de 2018 fue emblemático en lo que a ataque a los derechos humanos se refiere. En marzo, Marielle fue masacrada a modo de claro recado político, una ejecución sumaria para avisar que todo lo que esa mujer representaba no podrá ocupar espacio en la política institucional. Al mismo tiempo, convirtieron a Lula en un preso político y en ese mismo año Bolsonaro ganó la presidencia de la república. Y en este ciclo, aunque el prestigio de Bolsonaro haya decaído, por momentos da la impresión de que podría estar más fuerte de lo que a primera vista parece.

P. Enfatizas que esa violencia es para impedir el acceso de esos sectores a la política institucional. ¿No es incluso más que eso? Son voces que protestan y demandan, porque expresan segmentos significativos que padecen una flagrante desigualdad.
R. Ese es justamente el proyecto político. A esa gente no se le está retirando solo el derecho a formar parte del debate institucional, se le está privando del derecho a la vida. Tanto es así que hay una voluntad por detrás del hecho de que el Gobierno haya negado dramatismo a la pandemia porque ¿cuáles son los sectores que más mueren durante la covid-19? Precisamente los cuerpos más fragilizados, los que tienen menos recursos, los más precarizados en los sistemas de saneamiento y de salud. Y también es un crimen no garantizar un ingreso básico para los que no se pueden quedar en casa a cumplir la cuarentena. Y esa negligencia no es casual o accidental, se trata de un proyecto de poder. Bolsonaro no tiene ninguna preocupación por la vida de la población, muy por el contrario, el proyecto que él representa es neoliberal de ultraderecha, fascista. Él no tiene el mínimo compromiso con la vida, solo lo tiene con el beneficio económico de unos pocos, los que siempre detentaron el poder en este país.

P. La violencia política extrema es una constante en Brasil, pero sus instituciones no están integradas solo por bolsonaristas, ¿por qué el tejido institucional no reacciona ante tamaña violencia?
R. Hay un hilo de complicidades entre los poderes. Esto acaba de confirmarse con la elección de Arthur Lira, aliado de Bolsonaro como nuevo presidente de la Cámara Federal. A contramano de eso, la sociedad civil se organiza y lucha oponiéndose a este Gobierno. Pero las instituciones continúan con el clientelismo característico de nuestra vida política. Tienen sus disputas de poder interno, claro, pero son secundarias, lo decisivo es que están todos al servicio de un proyecto neoliberal, pautado en el beneficio económico propio del capitalismo.

P. Las dirigencias evangélicas fueron un soporte fundamental para que Bolsonaro ganase las elecciones y posteriormente tuviese un marco de legitimidad. ¿Ha habido algún cambio en ese cuadro?
R. A pesar del dicho “peor que ahora es imposible”, siempre se puede empeorar. Se ha consolidado una política de complicidades e intercambio de favores, que en aquel momento apenas se prefiguraba y hoy se conoce como “la bancada BBB” (“B” de boi como sinónimo de ganadero, “B” de bala, en alusión a las milicias paramilitares y parapoliciales y “B” de biblia). En Brasil, Estado y religión no están disociados y no porque la sociedad sea ingenua o ignorante, sino porque es inherente al proyecto de poder hegemónico. La variable económica tiene mucho peso en la relación del Gobierno con la bancada evangélica, que trabaja en favor de esos hombres blancos y ricos que deciden en Brasil. Hay áreas con fuerte influencia de religiones de matriz africana que están sufriendo quemadas y siendo invadidas y devastadas por las milicias. ¿Y por qué? Porque los que viven en esos territorios son negros y pobres. Y continúan sufriendo violencia sistemática por parte del Estado y de estas bandas parapoliciales y paramilitares. Está todo articulado, nada es casual.

P. Sectores empresariales y políticos podrían estar repensando la conveniencia de que Bolsonaro continúe en el Gobierno. ¿Qué fiabilidad y, sobre todo, qué consistencia le atribuyes a esos rumores?
R. Estoy segura de que, de fondo, los empresarios no cuestionan la conveniencia de que Bolsonaro continúe en el Gobierno. Les conviene que él esté, ahí a pesar de que, efectivamente, también tienen que asumir perjuicios, ya que Bolsonaro es tan desastroso que hasta para ellos trae aparejadas algunas pérdidas devenidas de la caída del prestigio internacional del propio país. Lo que veo son movimientos destinados garantizar un ambiente donde los privilegios y el beneficio continúen intocables. Creo además que son conniventes con muchas prácticas gubernamentales que ya mencioné.

P. Con su desastrosa política ante la pandemia, Bolsonaro habría violado tantos artículos constitucionales que ya podría ser objeto de un ‘impeachment’. Además, ha habido fuertes manifestaciones callejeras. ¿Por qué el mismo Congreso que no dudó en aprobar las investigaciones sobre la Operación Lava Jato, hoy se niega a tratar siquiera uno de los más de 60 pedidos de ‘impeachment’ que tiene sobre la mesa?
R. Lo de Dilma [Rousseff], sin duda fue un golpe, claramente misógino, no se debió a irregularidades fiscales como se alegó, sino al imperativo de destituir de la presidencia a una mujer de izquierdas. Y visto el desdoblamiento posterior, con la prisión de Lula, se evidenció que había una orquestación entre esos procedimientos y el proceso electoral por venir. Eso es clave para entender lo que se ha construido políticamente en Brasil en este período. Y que ha dejado al descubierto la alianza con el juez Sérgio Moro [responsable del procesamiento de Lula] y a la postre “súper” ministro del Gobierno Bolsonaro.

La Operación Lava Jato apeló a la esperanza del pueblo en la lucha contra la corrupción, pero posteriormente dejó a la luz un entramado de favores y complicidades propios de la política brasileña. Moro filtró a los medios información procesual reservada sobre Lula y Dilma, con el cálculo preciso de que sirviera de combustible para inflamar la política de odio que se instrumentó a partir de ese momento. Ratificaron que la política está instalada en el ámbito de “lo sucio, lo corrupto” y, en un pase de magia, se ofrecieron como los salvadores. No en vano el juez Moro en algún momento fue coronado con el título de “héroe”, mérito que hoy, por los episodios posteriores que dejaron al descubierto esta trama, se ha revelado una falacia.

Nosotros sí sabíamos que había una orquestación brutal, pero el pueblo no. A posteriori, cuando se revelaron [a través del periódico ‘The Intercept’] los diálogos entre el juez y otros factores de poder donde aquel proponía que tenían “hacer un acuerdo con todos” [para hacer posible la destitución], se vio la intencionalidad claramente política de su accionar. Y es claro que Dilma cometió muchos errores, yo no voy a aplaudirla pero tampoco a cuestionarla; ni a ella ni a Lula, no es el objetivo de esta entrevista, pero sí diré que ambos hicieron muchas cosas positivas para las mayorías sociales, se equivocaron mucho pero también acertaron y trajeron cambios favorables y significativos. Y eso hay que reconocerlo. Tenían una política pautada en la inclusión, en el derecho a la vida. Y fueron víctimas de una maniobra que urdió arteramente escándalos políticos.

Brasil es un país en el cual la gente desde la más tierna infancia escucha en su casa que todos los políticos son corruptos y que eso jamás va a tener solución, que la política es un espacio sucio; y hablo desde el lugar de una mujer nacida y criada en la favela. Creo que esto es producto de un recado instalado extremadamente racista y de perfil colonial y que consigue que la mayor parte de la población no se interese por la política. Por ese motivo, esos cuerpos de los que venimos hablando, mujeres, LGTBI, negros, indígenas, no aspiran a disputar espacios de poder. Y nosotros intentamos cuestionar ese mensaje y ese orden, pero la respuesta desde el poder es violenta y apela a la forma más fácil de hacer política: el miedo. La receta está pronta. Eso es el gobierno de Jair Bolsonaro.

P. Traes a la luz un debate que en España ha sido muy intenso en los últimos años, a partir de la llegada de Podemos al Gobierno: si la política solo se dirime en el ámbito institucional, o si hay otras alternativas de transformación que no pasan estrictamente por lo institucional.
R. Jamás concordé con la afirmación de que hacer política es solo hacer política institucional. Nuestro cuerpo es la herramienta más poderosa que tenemos, y es por su intermedio que conseguimos hacer transformaciones de hecho, cuando lo ponemos al servicio de la lucha. Y yo, que sustento una posición feminista, anticapitalista y ecosocialista, lo hago desde mi condición de mujer lesbiana; coloco mi cuerpo en la calle asumiendo ese lugar, que es de vulnerabilidad. Eso es hacer política. Hacemos política de muchas formas y no solo a través de las instituciones. Por el contrario, creo que la mayor potencia de nuestro quehacer político se da en el día a día. Y las transformaciones solo podemos hacerlas a través de la organización, de un rescate del protagonismo de la colectividad, entendiendo que está en juego el derecho a una vida plena para todas las personas. Hoy, la articulación popular y los movimientos sociales en Brasil son los responsables de que este país no sucumba a las políticas del gobierno Bolsonaro y están consiguiendo al menos mitigar la tragedia que se está abatiendo sobre las mayorías...

P. ¿Estás diciendo que, a pesar de los asesinatos, de la brutal represión, los movimientos sociales no se han quedado quietos ni retrocedido?
R. Así es, sin ninguna duda. Los movimientos sociales están saliendo a la calle para exigir el ‘impeachment’, a favor de que los indígenas tengan derecho a habitar las tierras que Bolsonaro intenta sustraerles, los movimientos LGTBI no renuncian a manifestarse y rechazan “volver al armario”. Utilizaré un ejemplo práctico que en lo personal me toca obviamente, que es el asesinato de Marielle. Su ejecución traía un recado político que era que todo aquello que ella representaba diese un paso atrás. Que las mujeres, el movimiento negro, el LGBTI, los favelados, la población pobre, todas esas variables que atravesaban el cuerpo de Marielle, diesen marcha atrás. Pero sucedió precisamente lo contrario: además de que su asesinato suscitó una gigantesca respuesta popular, las mujeres negras salieron a exigir justicia, igual que la población LGTBI y otros colectivos, e hicieron frente a esa política autoritaria. El recado no funcionó, la respuesta vino a contramano de lo que el poder intentó sembrar. Y por eso Marielle hoy es un símbolo de resistencia y lucha, incluso hasta internacional, porque habla de una lucha que atraviesa muchos cuerpos, es un perfil de interseccionalidad, son múltiples identidades que convergen en ella. Los movimientos sociales se movieron con esa lógica y son los únicos que consiguen —de hecho— hacer oposición a este Gobierno y no respondiendo con odio a la política del odio que este insufla, sino con otra política pautada en el derecho a la vida.

P. Candidatos de las milicias acaban de llegar a las instituciones por vía electoral. Además, altos jefes militares lanzan constantes amenazas hacia la sociedad, parecen apostar al poder persuasivo de la memoria de la dictadura militar. ¿Cómo se explica la llegada de aquellos siniestros personajes al poder político y el avance del fascismo, y cómo se puede detener y derrotar esa ofensiva?
R. Las milicias hoy tienen alcance estatal, una amplia implantación institucional y un proyecto propio. Infelizmente, constatamos que son un brazo articulado, económico y político, del Gobierno. Eligen sus candidatos, controlan territorio y están empezando a marcar agenda política. Lo que está sucediendo en Brasil es de extraordinaria gravedad. Y los próximos años pueden ser mucho más dramáticos. Se parecerán a otros que ya conocimos cuando la dictadura militar, pero ahora algo diferentes, la violencia viene con requintes de crueldad y otros simbolismos.

A veces me pregunto ¿será que la mayoría de la población brasileña sabe a qué nos referimos cuando hablamos de fascismo? En 2018 escuchamos a algunos decir “vamos a elegir a un fascista”, dudo de que hubiera una comprensión cabal de la gravedad de ese gesto, porque no vivimos, como sí lo vivió Europa, ese régimen. Y cuando me preguntas cómo se puede parar esto, creo que solo es posible hacerlo organizándonos, articulándonos y entendiendo la envergadura de esa batalla. Y quizá ni se trate tanto de luchar contra el fascismo, sino más bien de defender la democracia, la vida. El dilema al que se enfrenta Brasil hoy es democracia o barbarie. El mes que viene se completan tres años de la ejecución de Marielle. Y seguimos esperando justicia, sin que el Estado haya revelado quiénes fueron los mandantes. Y sin que los acusados de ser los ejecutores hayan sido llevados a juicio. Están articulando para que la justicia se omita de hacerlo y es decisivo que sí sean juzgados.

viernes, 27 de marzo de 2020

#hemeroetca #lgtbi #television | São Paulo ‘queer’ en tiempos de Bolsonaro

Imagen: El País
São Paulo ‘queer’ en tiempos de Bolsonaro.
HBO apuesta con ‘Todxs nosotrxs’ por la primera serie latinoamericana sobre diversidad de género.
David Marcial Pérez | El País, 2020-03-26
https://elpais.com/television/2020-03-26/sao-paulo-queer-en-tiempos-de-bolsonaro.html

En ‘Todxs nosotrxs’, la primera serie latinoamericana centrada en la diversidad de género, hay una representación holgada de la comunidad LGTBI+ en prácticamente cada uno de los escalones de la producción: guionistas, reparto, figurantes. Pero justo en la punta de la lanza, la protagonista de la serie, Clara Gallo, es una actriz ‘cis hetero’ interpretando el papel de Rafa, un adolescente no binario (las personas que no se identifican con el género masculino ni el femenino).

“Durante el casting probamos también con actores no binarios, algunos amateurs y otros profesionales, pero cuando apareció Clara nos dimos cuenta que tenía que ser ella. Sabemos que es un tema delicado y que puede que haya parte de la comunidad que nos critique, pero es ficción, interpretación, y hay cosas que tienen que funcionar”, explica Vera Egito, la codirectora de la serie, una producción brasileña de HBO Latinoamérica que se estrenó este domingo en toda la región, además de EE UU.

La serie, estructurada en su primera temporada en ocho capítulos de 30 minutos, es ante todo una historia de iniciación y un retrato del Sao Paulo 'queer'. Rafa, un adolescente de 18 años, llega a la megaurbe de los rascacielos de una provincia del interior de Brasil: libertad versus claustrofobia. Comparte casa con su un primo Vini y su compañera de piso, Maya. El ramillete de género se despliega casi desde el arranque: “Vini es gay pero no entiende mucho de que se trata eso del género no binario. Rafa se reúne con los tres en el salón de la casa y les explica que no es su prima es su prime, porque no es una chica, es un chique”, apunta el otro codirector, Daniel Ribeiro

Durante el metraje se suceden los ritos iniciáticos. Rafa invita a sus amigos a una fiesta ‘queer’ para que conozcan su mundo. En un teatro con solera paulista, la cámara sigue la entrada de los tres jóvenes a la fiesta. A medida que avanzan, el plano se va cerrando sobre el rostro de Rafa, que se encoge de hombros, da saltitos como si un hormigueo le recorriera todo el cuerpo, sonríe nervioso y abre mucho los ojos sin parar de mirar a su primo.

Al terminar el rodaje, al que tuvo acceso El País, Clara Gallo, una actriz pujante que ya ha protagonizado un par de largometrajes brasileños sobre historias de iniciación posadolescente, contaba que el trabajo más fructífero para preparar su personaje ha sido con el resto del equipo: “las personas no binarias saben explicar muy bien cómo fue su proceso de deconstrucción. Y de algún modo, al ser un tema tan real, me puedo identificar con lo difícil que es luchar contra los dogmas de la sociedad”.

‘Todxs nosotrxs’ fue concebida durante la primera mitad de 2018, antes de la llegada a la presidencia del reaccionario exmilitar Jair Bolsonaro. “Ha cambiado mucho el contexto y ha convertido este trabajo en más relevante. Ha pasado de ser una serie sobre la libertad a ser una serie sobre la resistencia”, explican los directores. Brasil, y más concretamente Sao Paulo, presume de celebrar cada año la fiesta del orgullo gay más multitudinaria del mundo, pero tiene a un presidente explícitamente homófobo. Alguien que para atacar Lula da Silva, le llama homosexual; que afirma que preferiría “que un hijo muriera en un accidente a que apareciera por aquí con un bigotudo” o que ha dicho que Brasil “no puede ser un país de turismo gay”.

Los creadores de la serie elevan en todo caso el foco a la hora de definir su temática: “No somos un producto de nicho, existe un respeto en el tratamiento de la comunidad LGTBI+, pero le puede interesar a todos los que les gusten las comedias dramáticas sobre jóvenes que empiezan a vivir su vida”, explican los creadores, ellos mismos dos jóvenes cineastas que se estrenan en el formato serie con esta cinta. De hecho, ‘Todxs nosotrxs’ es la respuesta a una búsqueda por parte de HBO Latinoamérica, que lleva 15 años produciendo en Brasil, de contenidos destinados al público ‘millenial’.

Como retrato, los guionistas también han tratado de cuidar otros conflictos generacionales propios de una ciudad tan desigual y mestiza como Sao Paulo. Rafa viene de una familia de provincias conservadora y pudiente. “Su siente amargada, sola, incomprendida y coartada por la figura autoritaria de su padre. En Sao Paulo vive como una revelación, una toma de conciencia tanto de género como de clase y raza”, cuentan los directores. La realidad, por ejemplo, de la comunidad trans, su doble discriminación cuando su piel es negra, su casi inevitable salida al mundo de la prostitución por las calles de Sao Paulo, su pobreza y marginación.

martes, 11 de febrero de 2020

#hemeroteca #leather #cine | ‘Mr. Leather’, fetichismo gay como forma de resistencia contra la homofobia de Bolsonaro

Imagen: El País / Los cuatro candidatos y el anterior Mr. Leather Brasil
‘Mr. Leather’, fetichismo gay como forma de resistencia contra la homofobia de Bolsonaro.
Este documental que puede verse en Filmin retrata y desmitifica a la creciente comunidad del cuero y el BDSM en Brasil.
Héctor Llanos Martínez | El País, 2020-02-11
https://elpais.com/cultura/2019/12/17/doc_and_roll/1576582268_856236.html

“Los gais son fruto de las drogas, solo una minoría lo es por defecto de fábrica”, decía Jair Bolsonaro en 2014, antes de ser candidato al poder en Brasil. Como contrapunto, un grupo de hombres gais se disputan cada año el título de Mister Leather, organizado por el club Eagle de São Paulo. Quien luce mejor en cuero y representa con más solidez los valores de su comunidad es quien se lleva el premio. El concurso, más allá de la excentricidad, se ha convertido en un símbolo de resistencia ante la homofobia de su presidente.

Cuando el cineasta Daniel Nolasco recogió con su cámara la trastienda de esta competición en 2018, no esperaba que su documental adquiriera tantos nuevos significados en tan poco tiempo. “En ese momento, había gente como yo que pensábamos que las posibilidades de que él ganara las elecciones eran mínimas”, cuenta a El País sobre la película que hereda el nombre del concurso, presentada en el festival de cine documental de Montreal RIDM y disponible en Filmin.

A medida que Bolsonaro y su ideología de ultraderecha iban ganando apoyos hasta llegar al Gobierno brasileño, “la comunidad fetichista del país ha ido creciendo de forma paralela, para reivindicar su espacio como minoría”, explica Nolasco. “La película es parte de ese despertar”. A lo largo de 85 minutos, el espectador conoce en profundidad a los cuatro aspirantes a la corona de cuero: Dom PC, Kake, Deh Leather y Maoriguy.

Cada uno de ellos, con sus particularidades y matices, se muestra como parte de una gran familia y juntos derriban ideas preconcebidas en torno a sus fetiches. Tan pronto enseñan al espectador sus prendas de ropa más codiciadas como se dejan grabar durante una sesión de asfixia erótica. Sus armas son la naturalidad y el diálogo. En el proceso, recuerdan que sus referentes están próximos al ‘mainstream’ de lo esperado: del cómic homoerótico ‘Tom of Finland’ a la sensualidad del ‘Querelle’ de Jean Genet y Fassbinder.

“En este contexto, una chaqueta de cuero no es solo una chaqueta. Hay una narrativa completa sobre esa pieza, está llena de simbolismo y de un código que va mucho más lejos que la pieza misma”, defiende el director. Los protagonistas de ‘Mr. Leather’ nos descubren su armario al tiempo que relatan cómo salieron de él... por partida doble.

“No creo que decir que te gusta el cuero sea más difícil para ellos que admitir que son homosexuales, pero sí que supone una vivencia muy diferente. La comunidad gay actual defiende la idea de que el modo de vida adecuado es el que emula al de los heterosexuales, así que el cuero y el ‘bondage’ o el sadomasoquismo son grandes desconocidos incluso dentro de la comunidad LGTBI+”, dice Nolasco, que intenta derribar “la caricatura edulcorada que ‘50 sombras de Grey’ ha enviado al mundo sobre este asunto“.

Mientras este colectivo brasileño lucha por su visibilidad, surgen otros retos, como el de adaptar su identidad ante un momento histórico que no tolera el asesinato animal ni el rechazo a lo femenino. “En este tiempo, la comunidad ya ha dado el primer paso, que es el de reconocer la existencia de estos dos problemas y la necesidad de un debate en torno a ellos. Ahora es el momento de dar el segundo, que es el de proponer cambios realmente efectivos e intentar que las cosas cambien para que el viaje continúe”, comenta el cineasta.

¿No es contradictorio que la contracultura ‘leather’ defienda su idea de masculinidad imitando los tradicionales concursos de belleza femeninos? “No tiene que ser necesariamente una contradicción”, defiende Nolasco. “Así como los hombres que son ‘drag queens’ ensalzan una idea concreta de feminidad, los hombres en cuero destacan una idea concreta de masculinidad, que defiende la virilidad. Se reúnen en clubes nocturnos para desfilar y ser admirados y deseados. Esa es su lucha".

miércoles, 8 de enero de 2020

#hemeroteca #homofobia #ideologiadeodio | La ola ultraconservadora de Bolsonaro asalta la cultura en Brasil

Imagen: El Mundo / Cartel de la obra de Porta dos Fundos
La ola ultraconservadora de Bolsonaro asalta la cultura en Brasil.
El ataque a los cómicos que idearon un Jesucristo gay destapa la creciente persecución a las artes por parte del gobierno brasileño.
Joan Royo Gual | El Mundo, 2020-01-08
https://www.elmundo.es/cultura/2020/01/08/5e14bc37fdddff3e7f8b457d.html

El episodio del atentado con cócteles molotov contra los humoristas de Porta dos Fundos por haber creado un Jesucristo gay es sólo la punta del iceberg de una retahíla de gestos contra la cultura y la libertad artística impulsada por la retórica del Gobierno Bolsonaro y seguida con fervor por la cada vez más poderosa masa de votantes evangélicos ultraconservadores.

"Nuestra cultura tiene que estar de acuerdo con la mayoría de la población brasileña, no de acuerdo con la minoría. Punto final", dijo Bolsonaro hace unas semanas al ser cuestionado por los polémicos nombramientos en la secretaría de Cultura. El ministerio de Cultura fue extinto durante el Gobierno de Michel Temer y nunca se recuperó, y ahora la secretaría depende del ministerio de Turismo. Su máximo responsable, Roberto Alvim, llegó al cargo aupado por Bolsonaro tras insultar a Fernanda Montenegro, la gran dama del teatro y el cine brasileño.

A sus 90 años, la actriz apareció en la portada de una revista atada con una cuerda sobre una montaña de libros: "Cuando enciendan las hogueras quiero estar al lado de las brujas", decía para denunciar la persecución a las artes del actual Gobierno. Alvim la llamó "sórdida y mentirosa" y aseguró que la clase teatral está "radicalmente podrida", y que al defender agendas progresistas, los artistas violan una "sagrada herencia judeocristiana".

Desde que accedió al cargo, Alvim ha ido poniendo al frente de las principales instituciones del país a cargos igualmente polémicos: Dante Mantovani, al frente de la Fundación Nacional de las Artes, dijo que "el rock activa las drogas, que activan el sexo libre, que activan la industria del aborto, que activa el satanismo".

El nuevo director de la Biblioteca Nacional, Rafael Nogueira, es un youtuber alumno del autodenominado filósofo Olavo de Carvalho (terraplanista y gurú del Gobierno Bolsonaro) que en sus videos llegó a defender que Caetano Veloso y otros artistas promueven el analfabetismo. Para la Fundación Palmares, que tiene como misión promover la cultura negra, se nombró a Sérgio Camargo, que en el pasado soltó perlas como que la esclavitud fue positiva para los negros y que el movimiento antirracista debería dejar de existir. Tras una enorme polvareda, la Justicia logró frenar su nombramiento.

De entre todos los sectores, el del cine es el que ha sufrido más ataques. En julio, Bolsonaro amenazó con "extinguir" la Agencia Nacional del Cine (Ancine) si no podía acceder al contenido de las películas y ejercer censura previa sobre quién recibía subvenciones, ya que en su opinión, muchos filmes nacionales "atentan contra la familia". Poco después, revocó una convocatoria para financiar series de temática LGTBI. También mandó retirar un anuncio del Banco de Brasil porque aparecían jóvenes con pelos de colores y una estética demasiado moderna.

Odio al cine
Más recientemente, los nuevos responsables de la Ancine mandaron descolgar de los pasillos los carteles de las películas más icónicas del cine brasileño, y se prohibió un pase para funcionarios de la película ‘La vida invisible de Eurídice Gusmão’, de Kairim Aïnouz, ganadora del premio 'Un Certain Regard' en Cannes y preseleccionada por Brasil para los Oscar. Justo en el año del fenómeno ‘Bacurau’ (premio del Jurado e Cannes y casi un millón de espectadores en Brasil), Bolsonaro decía hace poco que en Brasil no se hace buen cine. El esperado biopic del guerrillero comunista Carlos Marighella, dirigido por Wagner Moura, debería haber llegado a los cines en noviembre, pero su estreno fue aplazado sine die por problemas con los trámites que exige la agencia estatal.

En paralelo, se van abriendo espacios para la cultura más alineada con los ideales cristianos. Río de Janeiro, cuyo alcalde, Marcelo Crivella, es un obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios, es la punta de lanza de ese movimiento. Tras años demonizando el Carnaval y poniendo en riesgo la celebración de los desfiles de las escuelas de samba con el recorte de subvenciones, el alcalde colocó este año como una de las principales atracciones de la fiesta de fin de año en Copacabana (a la que se espera que acudan casi tres millones de personas) a Anayle Sullivan, una cantante evangélica desconocida incluso entre el público religioso. Una asociación de ateos logró que la Justicia impidiera el concierto, financiado con dinero público, basándose en que Brasil aún se define como un Estado laico y no puede promover favorecer a ninguna religión en particular. El teatro público Glauce Rocha, en el centro de Río, será gestionado a partir del año que viene por el grupo evangélico Jeová Nissi.

Frente a estas y otras medidas, la clase artística viene realizando tímidos protestas. El más destacada tendrá lugar en São Paulo, que en enero acogerá el Festival Verano sin Censura, con más de 45 conciertos, exposiciones, obras de teatro, etc., que de una manera u otra han sido censuradas durante el primer año de Bolsonaro. "Es una medida para valorar nuestra cultura, una resistencia que lucha por el bien más valioso de nuestra cultura, la libertad de expresión", decía el secretario municipal de cultura, Alexandre Yousseff, que pertenece a un ayuntamiento gobernado por el centro-derecha.

sábado, 2 de noviembre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #crimenesdeodio | 599 días y la misma pregunta: ¿quién ordenó matar a la brasileña Marielle?

Imagen: El País / 'Justiça por Marielle'
599 días y la misma pregunta: ¿quién ordenó matar a la brasileña Marielle?
El asesinato hace 20 meses de la política en Río de Janeiro sigue envuelto en incógnitas e incertidumbres.
Daniel Haidar / Naiara Galarraga Gortázar | El País, 2019-11-02
https://elpais.com/internacional/2019/11/02/actualidad/1572730092_194737.html

La investigación sobre el asesinato hace veinte meses de la concejala brasileña Marielle Franco, convertida en símbolo de la izquierda brasileña, ha salido del letargo esta semana con un electroshock. La noticia de que un portero de la urbanización donde Jair Bolsonaro vivía antes de mudarse a Brasilia mencionó al presidente en relación con el crimen durante un interrogatorio policial ha devuelto el caso a la actualidad. La revelación monopolizó el debate durante unas horas pero al día siguiente la Fiscalía sembró dudas sobre el testimonio. Esta es la dinámica de una investigación que está corrompida, según la anterior fiscal general del Estado. El caso está plagado de lagunas, incluye graves irregularidades como un comisario que intentó incriminar a un concejal con una falsa confesión, y sigue rodeado de un torrente informaciones, a menudo contradictorias o confusas, que siembran nuevas dudas sobre quién encargó el asesinato.

“598 días. Quem mandou matar a Marielle? E por quê?” Ha tuiteado este sábado por la mañana Eliane Brum como viene haciendo a diario. La columnista de este periódico apunta como una letanía a las dos principales incógnitas de un caso en cuyo trasfondo se asoman las llamadas milicias, grupos criminales formados por expolicías que controlan varias zonas de Río de Janeiro. Las sospechas de vínculos de los Bolsonaro con ese mundo vienen de lejos porque el clan ha dedicado buena parte de sus carreras políticas a defender los intereses corporativos de los agentes de las fuerzas de seguridad. Desde hace meses se sabe que Bolsonaro era vecino del supuesto tirador, que tiene una foto con el segundo sospechoso... Franco encarnaba otro universo. Era una negra criada en una favela, madre, bisexual y una estrella emergente en el Partido Socialismo y Libertad.

El canal Globo abrió con la exclusiva el telediario de mayor audiencia de Brasil el martes por la noche. El protagonista era el presidente y la fecha, la del asesinato. Un portero contó a la policía que el 14 de marzo de 2018 el expolicía militar Elcio Queiroz, ahora en prisión, llegó en coche a la urbanización, dijo que iba a la casa 58 (la de Bolsonaro), y un hombre que se presentó como Jair autorizó desde el piso su entrada... pero el sospechoso fue en cambio a la vivienda del supuesto asesino, Ronnie Lessa. La policía cree que poco después salieron a perpetrar el crimen.

Un muy alterado Bolsonaro negó las acusaciones inmediatamente en un vídeo grabado en plena noche en Arabia Saudí, donde estaba de viaje oficial. Está comprobado que el día que la concejala y su chófer fueron asesinados el entonces diputado estaba en Brasilia porque votó en la Cámara. El presidente ha dicho este sábado que se llevó las grabaciones de la portería para evitar que fuesen adulteradas, sin dar más detalles. Solo ha añadido: "La voz no es mía". La fiscalía sembró dudas sobre la información de Globo al revelar que la declaración del portero no coincide con las grabaciones de la garita, que indicarían que fue Lessa autorizó la entrada.

La investigación sigue en secreto, en manos de la policía de Río pese a las graves irregularidades denunciadas por la fiscal general Raquel Dodge en su último día en el cargo, el pasado septiembre. En el documento en el que reclama la federalización del caso, Dodge traza un escenario sombrío de la situación en la ciudad. Sostiene que la policía estatal está contaminada y en el documento hay “varias referencias a la Oficina del Crimen (el grupo criminal sospechoso de asesinar a Franco y a su chófer), a las milicias dispersas por la ciudad, sus asesinatos de pago, participación de la policía o ex policías, en un escenario de impunidad total” que, según ella, “ni siquiera la intervención federal en el estado de Río en 2018 pudo revertir”.

Entre los motivos para acusar de obstrucción a los actuales responsables de las pesquisas, destaca uno emblemático. El comisario cuya investigación apuntó primero a Lessa y a Queiroz propuso a un miliciano encarcelado que confesara que un concejal le había encargado matar a Franco. Ante la negativa, le hizo una contrapropuesta. Si confesaba que el concejal le había sondeado para perpetrar el crimen, el comisario le aseguraba que no iría a juicio por una acusación previa de asesinato.

La anterior fiscal general solicitó en septiembre que Domingos Brazão, un antiguo miembro de la Asamblea legislativa de Río, sea investigado como arquitecto intelectual del asesinato además de acusarlo de obstruir la investigación. Pero esta misma semana la fiscal de Río responsable del caso Marielle declaró que “no hay pruebas concretas” de la participación de Brazão.La última novedad es que este viernes una de las fiscales ha sido apartada de la investigación después de que The Intercept Brasil revelara que era una activa bolsonarista y que posó en una foto con un político local que destruyó una placa en recuerdo de Franco.

Los expolicias Lessa y Queiroz están encarcelados. Cuatro allegados suyos fueron acusados recientemente de deshacerse del arma en un crimen que desde el principio se consideró perpetrado por un profesional y por encargo. Pero como dice la izquierda brasileña, Marielle está presente. Y su asesinato proyecta una enorme sombra sobre la policía, los tribunales y la política brasileña.

viernes, 1 de noviembre de 2019

#hemeroteca #dradqueen #musica | Pabllo Vittar, ‘drag queen’, estrella global del pop y activista contra Bolsonaro

Imagen: El País / Pabllo Vittar
Pabllo Vittar, ‘drag queen’, estrella global del pop y activista contra Bolsonaro.
La cantante brasileña, que atesora 570 millones de descargas en Spotify, habla en una entrevista del disco trilingüe que lanza el viernes y de las amenazas a las personas LGTB.
Joana Oliveira / Naiara Galarraga Gortázar | El País, 2019-11-01
https://elpais.com/cultura/2019/10/30/actualidad/1572447809_319517.html

Cuenta la ‘drag queen’ Pabllo Vittar que el único lugar de todo Brasil donde puede caminar sin que la paren por la calle es camino a casa de su tía en Uberlandia, la ciudad donde creció y en la que todavía vive. La cantante ha protagonizado uno de los mayores fenómenos musicales de Brasil en los últimos tiempos. Su fama en su país se sitúa a la altura de figuras como Neymar o Pelé y la revista ‘Time’ la acaba de escoger como una de los 20 líderes de la próxima generación. Lo mismo da que Phabullo Rodrigues da Silva —su nombre real— luzca peluca de melena larga, tacones de vértigo y vestido sugerente, como durante la entrevista con este periódico en las oficinas de Sony en São Paulo, o que vaya con deportivas y el pelo corto, castaño, y las sienes afeitadas. Ambas identidades conviven con naturalidad en una artista que se declara de género fluido, fue candidata a un Grammy Latino, triunfó en el último desfile del Orgullo de Nueva York, se codea con las estrellas globales de pop y no evita los asuntos políticos en el Brasil de Bolsonaro, aunque lo pague con boicots. Vittar cumple este viernes 25 años. Lo celebrará con una gran fiesta de Halloween en São Paulo y el estreno en todas las plataformas de streaming de su tercer disco, titulado ‘111’, por el 1 de noviembre. Y el domingo debutará en España, en la gala de los MTV European Music Awards, en Sevilla.

Su fenomenal historia de éxito nació en las redes sociales, un universo en el que reina, ahora con el respaldo de la multinacional Sony. Las cifras son tan espectaculares como la presencia de sus 1,87 metros de altura: su música, un cóctel de pop electrónico para las masas muy del gusto actual, acumula 570 millones de descargas en Spotify, 1.100 millones de visualizaciones en YouTube, y nueve millones de seguidores en Instagram.

Boicot económico
Todo ese arsenal de influencia global lo pone Vittar en su lucha por la igualdad de derechos en el país que ostenta desde hace años el récord de personas LGTB asesinadas, 420 el año pasado. “Mi música nunca tuvo letras activistas”, explica, “pero solo por el hecho de ser cantadas por una drag ya las convierte en una declaración política”. Lamenta que el año pasado, mientras millones de brasileños bailaban al son de sus pegadizas canciones, saliera elegido en las urnas Jair Bolsonaro, “un presidente racista y homófobo”. Antes de la primera vuelta de los comicios, decidió romper sus contratos con las empresas patrocinadoras que apoyaron en campaña al ultraderechista y ultraconservador.

Y no se calló. “Nunca resultó fácil, siempre fue horrible, pero no son solo las amenazas a la comunidad LGTB, es el genocidio negro [en referencia a los asesinatos de jóvenes negros], el aumento de feminicidios… Son cosas que no esperaba ver todavía en las noticias en 2019”. Esa actitud le ha costado caro: “Sufro boicots en radios, que han dejado de pinchar mis canciones, empresarios que ya no me llaman. Es muy triste”.

Como tantísimos de sus compatriotas, Vittar nunca conoció a su padre. Este abandonó a su madre cuando tenían ya una hija y estaba embarazada de gemelos: la cantante y su melliza. Pabllo Vittar es una diva que (por ahora) no se comporta como tal. No esquiva las preguntas, las responde entre risas o seria, depende del tema, pero siempre con su marcada voz de timbre femenino. Habla sin pudor. No asoma el temor a aventurarse a hablar sobre temas que van más allá de sus canciones, tan común en muchos artistas consagrados. Más celebrada por su puesta en escena que por su calidad vocal (no comparte el tono expansivo que suele caracterizar a las divas del pop), canta sobre amores y desamores y enarbola un discurso en el que anima a sus fans a no rendirse, a no dejarse intimidar, a convertirse en aquello con lo que sueñan. “Yo también he llorado de tristeza, de rabia”, confiesa.

Halagos de Caetano Veloso
Después de probar el éxito internacional, su nuevo disco supone también el debut de su música en otros idiomas. Canta en inglés y español además de portugués. Y, como siempre, el álbum llega lleno de colaboraciones con otros artistas. Lo mismo se une a un rapero como Emicida en una favela de Río de Janeiro que graba un provocador videoclip en Marruecos con su entonces amiga y ahora adversaria, la estrella del pop Anitta. Su colaboración más reciente ha sido con Charli XCX, cantante británica, a la que la crítica saluda como “una máquina de hacer hits”. Vittar deja claro que aunque ha tocado el cielo del éxito en Brasil (ha recibido hasta los parabienes de la leyenda de la música Caetano Veloso), el camino ha sido arduo: “Si estoy aquí es por mis fans, por mi trabajo, por Dios y por los que me ayudaron”. Un miembro de su equipo la describe como muy creyente. Es católica.

Tanto ella como la española Rosalía han coincidido en que les gustaría colaborar, pero ese deseo no se ha materializado hasta ahora: “Lo que nos falta es la música. Soy muy fan de ella y creo que con su regionalidad y mi regionalidad, tendríamos un choque cultural muy interesante”, dice la cantante brasileña. “Rosalía es mi diva”.

También adora RuPaul’s Drag Race, un concurso ‘reality’ estadounidense en el que se compite por ser la próxima superestrella drag. Desea que un día el programa llegue a Brasil. “Aquí hay ‘drags’ muy talentosas. ¡Fíjate en las chicas brasileñas, RuPaul!”, proclama ella, que tiene su propia comunidad organizada de seguidores, los 'vittar lovers'. Desde los ochenta, São Paulo acoge un concurso de ‘drag queens’.

“Uno de mis grandes sueños de niño era grabar un disco para cantar canciones compuestas por mí y, en cada letra, enviar un mensaje, como hizo Britney [Spears] en Blackout [su álbum de 2007]”, dice. La diva pop estadounidense es uno de sus referentes: mientras se apoya en la mesa para posar para la fotógrafa antes de la entrevista, tararea temas de Spears, aunque se define como una beyhive (como fan de Beyoncé que es).

En un país donde un payaso profesional como Tiririca lleva tres legislaturas de diputado, sorprende menos que otro parlamentario, el antiguo actor porno y exaliado de Bolsonaro, Alexander Frota, propusiera a esta famosa artista como ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos en sustitución de Damares Alves, pastora evangélica. A Vittar le parece mala idea: “Creo que [Frota] se equivoca. Quien debería estar ahí es una mujer competente, con ideas y propuestas coherentes que realmente cambien las vidas de las mujeres. ¿Sabes? Mi lugar es la música, maquillándome y con tacones”.

Se confiesa adicta al trabajo, “sin tiempo para afectividades”. Y le gusta descansar en familia del ritmo frenético: “Hay momentos en los que solo quiero quedarme tirada en el sofá con mi madre, comiendo cuscús con huevo”. Pero también disfruta jugando a videojuegos de realidad virtual. Ahora está entusiasmada con uno de terror en el que te defiendes a tiros de payasos que te persiguen para matarte.

Vittar explica que pasó por la androginia, cuenta que le gustaría echarse un novio más alto que ella y detalla cuándo se travistió la primera vez: “El día que cumplí los 18 años, me vestí de momia, con un top de vendas que copié de la portada de una revista de ‘high fashion’”. Para entonces había aparcado el sueño infantil de ser profesora de inglés o médico. Y ya solo quería ser cantante.

Siete años después, y tras consagrarse en su Brasil natal, se prepara para conquistar el resto del mundo.

jueves, 31 de octubre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #crimenesdeodio | El nombre de Bolsonaro aparece en la investigación sobre el asesinato de la concejala Marielle Franco

Imagen: El País / Jair Bolsonaro
El nombre de Bolsonaro aparece en la investigación sobre el asesinato de la concejala Marielle Franco.
El fiscal general, Augusto Aras, ha archivado el procedimiento abierto después de que un interrogado mencionara al presidente, según reveló el canal Globo.
Flávia Marreiro | El País, 2019-10-31
https://elpais.com/internacional/2019/10/30/actualidad/1572452059_009597.html

El nombre del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, fue mencionado por un interrogado en la investigación sobre el asesinato de la concejala Marielle Franco, muerta a tiros en Río de Janeiro el año pasado. Según informó el canal Globo el martes por la noche, el portero de la urbanización de lujo donde vive Bolsonaro declaró ante la policía que uno de los sospechosos de matar a la política izquierdista, el ex policía militar Elcio Queiroz, pidió subir a casa del entonces diputado horas antes del crimen, el 14 de marzo de 2018. En Brasil es frecuente que el portero pregunte a un inquilino si autoriza la entrada de un visitante. Queiroz solicitó permiso para entrar en la urbanización, el portero llamó a casa de Bolsonaro padre y alguien de la casa, que según el portero se identificó como “señor Jair”, autorizó la entrada, pero el exmilitar no fue a su piso sino al de Ronnie Lessa, el otro detenido por el asesinato y vecino de Bolsonaro.

Según la policía, Queiroz y Lessa, encarcelados por el caso desde que fueron detenidos al cumplirse un año del crimen, salieron minutos después para matar a la concejala. Ese día, el entonces diputado Bolsonaro estaba en Brasilia, donde participó en algunas votaciones.

Sin embargo, una de las fiscales del ‘caso Marielle Franco’, Simone Sibilio, ha dicho este miércoles que el testimonio del portero no coincide con la grabación de los vigilantes que las autoridades tienen en su poder. “Sí, [el portero] mintió. Y esto se demuestra con evidencias técnicas”, aseguró Sibilio, quien luego dijo que el empleado podrá aclararlo en una nueva declaración. La fiscal defendió que no hubo alteración de los audios, pero no aclaró cómo las grabaciones llegaron a los investigadores, si fueron recopiladas por policías directamente en la vivienda y verificadas posteriormente o enviadas por el personal de vigilancia.

Las declaraciones de la Fiscalía fueron celebradas por Bolsonaro. El presidente compartió la noticia en Twitter al lado de una cita bíblica: "¡Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres!". Su hijo, el concejal Carlos Bolsonaro, mostró audios del edificio, que contradecían la versión del portero, sin explicar cómo había tenido acceso al material. Posteriormente, el fiscal general, Augusto Aras, también informó de que el procedimiento abierto con la mención al presidente había sido archivado.

Tras conocerse la exclusiva el martes, el presidente reaccionó de forma casi inmediata y explosiva. Bolsonaro hizo un directo en Facebook, grabado en medio de la noche en Arabia Saudí, donde está de visita oficial, para negar cualquier implicación. Exaltado, pidió disculpas a la audiencia por su estado emocional y llegó a amenazar al grupo mediático con dificultar la renovación de su licencia en 2022 después de acusarle de querer desestabilizar su Gobierno. Según el presidente, “el portero es víctima de una farsa”.

El reportaje de Globo fue emitido en el telediario nocturno más visto de Brasil. Como el caso sigue bajo secreto, Bolsonaro culpa de la filtración al gobernador de Río, Wilson Witzel, un antiguo aliado con el que ahora está enfrentado, y al jefe de la policía en la ciudad.

En Facebook, el presidente se quejó de que las autoridades tampoco han descubierto quién organizó el atentado que él mismo sufrió en septiembre de 2018. La aparición del nombre del presidente en la investigación del asesinato de Marielle Franco, que avanza lentamente y no se ha descubierto quién ordenó el crimen, puede convertirse en una crisis política, e incluso pondrá a prueba la independencia de las instituciones brasileñas —desde los diferentes cuerpos de policía hasta el fiscal general, Augusto Aras, que acaba de ser nombrado por el presidente—.

Otras menciones al clan Bolsonaro
No es la primera vez que la familia presidencial se ve implicada en la maraña de la investigación sobre el asesinato de Marielle Franco y su chófer, Anderson Gomes. Ya se sabía que Lessa, el principal sospechoso encarcelado, vivía en la misma urbanización de lujo que los Bolsonaro. Además, en Facebook había una foto del mandatario junto a Elcio Queiroz. También se le relacionó con la Oficina del Crimen, un sofisticado grupo criminal de exterminio que presta servicios para grupos paramilitares y mafiosos. Uno de los integrantes de esa banda, el ex policía militar Adriano Nóbrega, prófugo desde enero de este año, fue homenajeado por Flávio Bolsonaro, cuando estaba en prisión por homicidio, en 2004, y dos parientes suyas trabajaron en el gabinete del entonces diputado estatal hasta el segundo semestre de 2018.

En septiembre, la entonces fiscal general de la República, Raquel Dodge, pidió al Tribunal Superior de Justicia que la investigación fuera trasladada de Río de Janeiro a organismos federales y que se abriera otro proceso para identificar quiénes habían ordenado el crimen. Dodge denunció formalmente a Domingos Brazão, un consejero destituido del tribunal de cuentas de Río, y exlíder del partido Movimiento Democrático Brasileño (MDB), por intentar obstaculizar la investigación de la policía. La denuncia de Dodge se basó en las conclusiones de la Policía Federal, que indicaban que el consejero era el “principal sospechoso de ser el autor intelectual de los asesinatos” de Marielle Franco y su chófer. Brazão niega las acusaciones.

La mención al presidente Bolsonaro puede atraer aún más la atención internacional por el asesinato de la concejala de Río de Janeiro. El homicidio de un líder político no en un rincón del país, sino en el centro de su segunda mayor ciudad del país —y con el Ejército a cargo de la seguridad en aquel momento— cruzó un límite inédito en la historia reciente de la violencia en Brasil. Aunque el crimen conmovió a políticos de varias ideologías de todo el mundo, el entonces candidato presidencial, Jair Bolsonaro, ni ninguno de sus hijos, realizaran declaraciones de condena.

jueves, 3 de octubre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #crimenesdeodio | Cuatro detenidos por deshacerse del arma que mató a la concejala Marielle en Brasil

Imagen: El País / Homenaje a Marielle Franco
Cuatro detenidos por deshacerse del arma que mató a la concejala Marielle en Brasil.
Entre los arrestados están la esposa y un cuñado del policía retirado acusado de asesinar a la política y a su conductor en 2018.
Naiara Galarraga Gortázar | El País, 2019-10-03
https://elpais.com/internacional/2019/10/03/actualidad/1570123118_964935.html

La investigación del ‘caso Marielle’, el asesinato de una concejala izquierdista de Río de Janeiro acribillada en 2018, avanza a paso de tortuga. Cuatro personas han sido detenidas y acusadas de obstrucción de la justicia este jueves por hacer desaparecer el arma utilizada por los supuestos asesinos de Marielle Franco, una estrella ascendente de la política local, y de su chófer. Es la primera novedad relevante de este caso desde marzo, cuando, a las puertas del primer aniversario, fueron detenidos dos expolicías militares que desde entonces están encarcelados por el crimen. Entre los arrestados ahora destacan la esposa y un cuñado de Ronnie Lessa, el sospechoso de disparar desde un coche en marcha contra las víctimas, que circulaban en otro automóvil. Un crimen que requiere enorme destreza según los expertos.

El arma utilizada en el asesinato no ha sido localizada por la policía en este año y medio. Pero tras los arrestos que se produjeron con el aniversario hallaron un arsenal de armas pesadas en un apartamento alquilado por el principal sospechoso del asesinato. El caso tiene aparentes vínculos con las milicias, los grupos criminales integrados por agentes y exagentes, un nexo que ha salpicado al clan Bolsonaro.

El senador Flavio Bolsonaro, hijo del presidente, tuvo empleadas en su gabinete a la esposa y la hermana de un conocido miliciano. Y, según ha publicado la revista Veja, uno de los detenidos este jueves difundió fotos suyas con diversos políticos incluido Jair Bolsonaro, tomadas cuando era un diputado de a pie.

Del relato de la Fiscalía este jueves se desprende que los acusados no tuvieron prisa por deshacerse del arma del delito. La mayoría de los crímenes en Brasil no se resuelven jamás. El Ministerio Público detalla que los movimientos del grupo para deshacerse de las posibles pruebas incriminatorias comenzaron en cuanto los dos expolicías militares fueron detenidos. Pocas horas después, acudieron a pisos que Lessa tenía alquilados. En uno de ellos, el portero no les dejó entrar. Pero uno de los ahora detenidos salió de otro apartamento cargado con una enorme caja que, según grabaciones mostradas por la policía, entregó a otro de los arrestados en un aparcamiento.

Josinaldo Lucas Freitas, alias ‘Djaca’, un fornido profesor de artes marciales, fue hasta un barrio costero con parte del material, pagó a un pescador 300 reales (casi 70 euros) para que le llevara a alta mar donde arrojó al agua, según la Fiscalía, armas de calibre grueso y piezas para el montaje de armas. Este sospechoso es el que posó con Bolsonaro.

jueves, 12 de septiembre de 2019

#hemeroteca #homofobia | Buenos Aires: Un “besazo” contra la homofobia

Imagen: Página 12 / Besazo contra la homofobia de Jair Bolsonaro y Marcelo Crivella en Brasil
Un “besazo” contra la homofobia.
Protesta frente a la embajada de Brasil.
Página 12, 2019-09-12
https://www.pagina12.com.ar/217947-un-besazo-contra-la-homofobia

Diferentes organizaciones políticas y sociales protagonizaron hoy una protesta contra la homofobia en el Brasil de Jair Bolsonaro. Frente a la embajada del país vecino, en Cerrito 1350, realizaron un “besazo” para manifestar su rechazo al intento de censura de una historieta acerca de una pareja gay.

“Nuestros besos no son delitos”, decían las pancartas, que además tildaban de “dinosaurios” a Bolsonaro y al alcalde de Río de Janeiro, Marcelo Crivella. Hombres y mujeres participaron del “besazo” frente a la sede diplomática ubicada en el barrio de Retiro.

Militantes del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y del Frente de Izquierda, especialmente, promovieron la protesta bajo la consigna "Un besazo LGBTI antiodio".

La convocatoria fue para repudiar la decisión del alcalde Crivella, quien censuró un comic de Marvel en el que se ve a dos hombres besándose. Crivella, que es evangélico, envió fiscales del municipio a la Bienal del Libro que se desarrolla en la ciudad carioca, con el objeto de retirar libros con “contenido impropio”.

La historieta en cuestión muestra a dos superhéroes masculinos besándose. Pese al intento de censura y discriminación de Crivella, el tribunal supremo avaló la publicación de Marvel en la Bienal, en el marco de la exposición “Vengadores: La cruzada de los niños”. La historieta tiene 264 páginas y sus protagonistas masculinos son pareja.

domingo, 23 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | Una marea contra la homofobia en Brasil

Imagen: El País / Beso en la marcha del Orgullo LGTBI de Sao Paulo, Brasil
Una marea contra la homofobia en Brasil.
Cientos de miles de personas toman São Paulo para defender las conquistas LGTB ante la amenaza del presidente Bolsonaro.
Naiara Galarraga Gortázar | El País, 2019-06-23
https://elpais.com/sociedad/2019/06/23/actualidad/1561312625_853317.html

En el Brasil de Bolsonaro ocurren cosas que parte de sus compatriotas creían desterradas. “Hace poco, en el cumpleaños de mi sobrina me llamaron anormal. Fue una amiga de mi cuñada”, explica dolida la emprendedora social Isabel Marçal, 37 años, junto a su esposa, Sofía Quevedo, artista plástica de 34. Enfundadas en banderas arcoíris, este domingo han venido al Orgullo gay de São Paulo tras muchos años de ausencia. “Nunca en 20 años había sufrido tanto prejuicio”, asegura. La creciente hostilidad que sufren en diversos ámbitos, del poder para abajo, ha empujado a la pareja de nuevo a las calles. “No va a ser tan fácil que nos arrebaten nuestros derechos”, advierte Marçal en el primer desfile de la era Bolsonaro.

A primera vista, el desfile de esta 23 edición es el de otros años. Música atronadora, baile, disfraces, mucha purpurina, mares de cerveza, drag queens, parejas sin y con hijos, adolescentes con ganas de ligar, de ver... de dejarse ver en el que se vende como el mayor Orgullo del mundo. Pero los cientos de miles de personas que han tomado varias grandes avenidas de la metrópoli también se han reunido en defensa de las conquistas sociales de los últimos años porque, como explica la cocinera Linda Suzana, de 34 años, Brasil tiene ahora un “presidente homófobo que ha levantado la bandera contra los gais”.

Jair Bolsonaro es un homófobo sin complejos. Orgulloso. Y con él, los prejuicios contra la comunidad LGTB han salido con fuerza del armario. “La gente siente que está más aceptado porque el discurso del presidente los legitima”, explica Renan Almeida mientras reparte pegatinas multicolor. “Volvemos a Stonewall”, afirma, en referencia al bar de Nueva York donde hace 50 años empezó la batalla del movimiento pero también a defender lo más básico.

Bolsonaro llamó homosexual a su predecesor Lula da Silva para insultarle en sede parlamentaria en 2005. Y en 2011 afirmó que preferiría “que un hijo muriera en un accidente a que apareciera por aquí con un bigotudo”. Existen muchos más ejemplos. Incluso recientes porque, ahora como presidente, insiste. Hace solo unos días calificó de “niñita” en un acto oficial a un antiguo diputado abiertamente homosexual. Y en abril declaró en un acto que Brasil “no puede ser un país de turismo gay” para añadir, como si fuera incompatible: “Tenemos familias”.

La familia formada por Wensell, de 6 añitos, y sus dos papás podría ser la idílica postal del Brasil más abierto. Pero Renato Teixeira, 51 años, admite la desilusión que supuso descubrir votantes de Bolsonaro entre parientes de los que siempre creyeron que los aceptaban tal como son. Su marido, el arquitecto Antonio Carlos Rodrigues, de 54 años, explica que el hijo que ambos adoptaron y al que han vestido de Batman para el Orgullo no ha notado la creciente hostilidad porque “vive en una burbuja” de críos con padres varones y “va a un colegio muy caro”.

Las conquistas de los últimos años, las legales y las simbólicas, son evidentes en el conservador Brasil desde que en 2002 la homosexualidad dejó de ser oficialmente una enfermedad. El matrimonio igualitario y la adopción fueron legalizados por el Tribunal Supremo en 2013, el Estado paga la reasignación de sexo… y las telenovelas van reflejando los cambios sociales. Millones de telespectadores vieron hace cuatro años el primer beso gay en ‘Amor a Vida’.

Pero tampoco hay que buscar mucho para encontrar la hostilidad de toda la vida, la primera, la familiar. Bien lo sabe Stefani, enfermera de 27 años, a la que su familia echó de casa después de que el año pasado saliera del armario. “No me aceptan. Mi madre es de la Iglesia (evangélica) y cree que tengo cura”, explica con infinita tristeza. Esta joven ha venido en autobús con una veintena de amigos desde Santa Catarina, una ciudad en la que es mejor no besarse en la calle con alguien del mismo sexo. El grupo entero disfruta con euforia de la ansiada libertad que les brinda São Paulo este par de días lejos de casa. Y cuentan divertidos que los participantes del Orgullo han compartido los hoteles del centro con miles de visitantes atraídos por la Marcha para Jesús, la mayor fiesta de los evangélicos. Ambos eventos coinciden en la ciudad el puente del Corpus Christi.

De todos modos, antes y después de la victoria de Bolsonaro, de las conquistas legales, de la visibilidad en las telenovelas, Brasil mantiene el récord de muertes violentas de personas LGBT. Nada menos que 126 personas han sido asesinadas solo en lo que va de 2019. El alcalde de São Paulo, Bruno Covas, defiende que “el poder público tiene la obligación” no solo de “proteger” la diversidad, sino “también celebrarla”.

Por esto estaba también allí Carlos, 20 años, cajero de supermercado, y máscara antifaz para completar su sexy disfraz de mujer gato. Para exigir que no le maten, además de “salir del gueto a rebelarse y a gritar con alegría” en una reivindicación de los derechos conquistados por quienes le precedieron.

viernes, 14 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia | El Supremo de Brasil tipifica la homofobia como delito

Imagen: El País
El Supremo de Brasil tipifica la homofobia como delito.
El tribunal decide que se castigue de la misma forma que el racismo hasta que el Congreso legisle.
Joana Oliveira / Agencias | El País, 2019-06-14
https://elpais.com/sociedad/2019/06/14/actualidad/1560496365_764572.html

Brasil ha dado un paso importante para la comunidad LGTB después de que el Tribunal Supremo del país decidiera el jueves que los actos de homofobia y transfobia serán considerados delitos y tendrán el mismo trato penal que el racismo -con penas de hasta cinco años de prisión- hasta que el Congreso legisle sobre ese asunto. La decisión, tomada en pleno mes del orgullo mundial LGTB, contó con ocho de los 11 magistrados votando a favor, en una decisión esperada desde que los jueces empezaron a debatir el tema en febrero. La tesis fijada por el Supremo es válida hasta que el Congreso apruebe una ley específica. En un momento en que el conservadurismo hace fuerza para ganar espacio en Brasil en el Legislativo y en el Ejecutivo, la decisión de la Corte refuerza el pulso que se hizo evidente desde la elección del presidente Jair Bolsonaro, que ya se declaró, en el pasado, un "homófobo orgulloso".

Este viernes, Bolsonaro dijo que la decisión del Supremo perjudica a la propia comunidad LGBT y genera un conflicto en la esfera penal. "La decisión del Supremo fue equivocada", afirmó el presidente durante un desayuno con periodistas que cubren el Palacio del Planalto. Bolsonaro argumentó que ahora una persona LGBT puede tener más dificultad en encontrar trabajo, pues el jefe se asustará con la posibilidad de ser falsamente acusado de discriminación si el futuro empleado es despedido un día. El presidente llegó a decir que el Supremo ha creado "una escisión de lucha de clases".

El presidente encuentra eco entre diputados conservadores que ven en los avances de leyes de protección a los homosexuales un sesgo ideológico. Quien también se ha mostrado contrario a la decisión ha sido el diputado estatal Carlos Jordy (PSL-RJ). "Lamentablemente la decisión del Supremo, el activismo judicial llegó a su punto álgido, y ya comenzó la cacería ideológica de la patrulla del activismo LGBT, pronto habrá activistas en iglesias buscando criminalizar la fe cristiana", escribió en Twitter.

"La homofobia es un crimen", dijo la diputada federal María del Rosario (PT-RS) sobre la sentencia del Supremo: "Durante años luchamos para que este día llegara”. Rosario tuvo otra razón para celebrar este jueves. Poco antes de la decisión del Supremo, Bolsonaro publicó en su twitter una petición de disculpas, siguiendo determinación judicial, por las palabras dirigidas a la diputada en 2014, cuando afirmó que María del Rosario "no merecía ser violada" por ser "muy fea" y porque ella "no es” su "tipo". Bolsonaro fue condenado por el Tribunal de Justicia del Distrito Federal en 2015 a pagar una indemnización de 10.000 reales por daños morales a Rosario y a pedir disculpas públicamente. Él recurrió de la decisión en el Tribunal Superior de Justicia, pero no tuvo éxito. Fue luego al Supremo, que confirmó la misma decisión.

Las diferencias con la Corte, por cierto, ya hicieron a Bolsonaro afirmar que era hora de que el Supremo tuviera un ministro evangélico. El presidente podrá proponer un nuevo ministro de la Corte el año que viene cuando el magistrado Celso de Mello se jubila.

Peligro constante
La decisión del Supremo de criminalizar la homofobia se produce tres semanas después de que el Ejecutivo eliminara las responsabilidades relacionadas con la comunidad LGTB del Ministerio de Derechos Humanos y poco después que Bolsonaro dijo que Brasil no debe convertirse en un "paraíso del turismo gay". En un país profundamente religioso, donde tanto la Iglesia católica como los movimientos populares evangélicos son muy críticos con los derechos LGTB, la sentencia del Supremo aclara que permitirá a los practicantes de todas las religiones manifestar su oposición a las relaciones homosexuales, siempre que sea "de acuerdo con sus libros y códigos sagrados " y no se incurra en la discriminación.

Al menos 320 personas LGBT murieron por homofobia en el país en 2018 y 126 asesinatos ya se registraron hasta junio de 2019, de acuerdo con el Grupo Gay de Bahía (GGB), la más antigua asociación brasileña en pro de los derechos de la comunidad. Entre el 2011 y el 2018, el país registró una muerte por homofobia cada 16 horas, de acuerdo con un informe solicitado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que reunió denuncias de asesinatos contabilizados por el Disque 100 (un canal que recibe denuncias de violaciones de derechos humanos), por el GGB y por la asociación internacional Transgender Europe.

Brasil también es el país más peligroso del mundo para ser transgénero, según el proyecto Trans Murder Monitoring, con al menos 167 personas asesinadas en los 12 meses anteriores a septiembre de 2018. Hoy, la expectativa de vida de una persona trans o travesti es de 35 años. Sólo en 2019, el número de asesinatos como consecuencia de la transfobia (odio o aversión a la identidad de género) ya ha llegado a 123, siendo 65 asesinatos de travestis y 53 de mujeres transexuales, según un informe del GGB.

Por eso, la sentencia dictada por el Supremo ha sido muy esperada por los colectivos LGTB, que la consideraron "histórica". "La orientación sexual y la identidad de género son esenciales para los seres humanos, para la autodeterminación de decidir su propia vida y buscar la felicidad", afirmó el juez Gilmar Mendes, durante la votación en el Supremo. El juicio comenzó a pedido del Partido Socialista Brasileño, que denunció la "omisión del Congreso" para legislar durante 30 años sobre un tema vinculado a los derechos humanos. Los diversos proyectos de ley presentados hasta el momento fueron bloqueados por las presiones de los sectores más conservadores de la sociedad. También fue el Supremo que legalizó el matrimonio homoafectivo el 2013.

La magistrada Carmen Lucia Antunes dijo, en un emocionado discurso, que "todos los seres humanos nacen libres e iguales y deben ser tratados con el mismo espíritu de fraternidad", añadiendo que "lo que se busca es dotar de una protección inmediata a aquellos que son discriminados y marginados” por las leyes. "Todo prejuicio es violencia, toda discriminación es violencia, toda discriminación es una forma de sufrimiento, pero algunos de esos prejuicios causan más sufrimiento, porque castigan desde el hogar y por la simple circunstancia de intentar ser lo que se es", dijo.

miércoles, 12 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #testimonios | Jean Wyllys, el exdiputado brasileño LGTB que huyó de Bolsonaro: "La homofobia es el gran consenso en Brasil"

Imagen: El Diario / Jean Wyllys
Jean Wyllys, el exdiputado brasileño LGTB que huyó de Bolsonaro: "La homofobia es el gran consenso en Brasil".
Jean Wyllys fue elegido en 2010 como el primer diputado federal en llevar la causa del orgullo LGTB al Parlamento brasileño donde se convirtió en el principal opositor de Bolsonaro. Cuando el ultraderechista alcanzó la presidencia, aumentaron las amenazas contra su vida, por lo que decidió huir a Europa. "Bolsonaro pasó a la segunda vuelta de las presidenciales y yo estaba seguro de que ganaría; y de que si ganaba, yo no seguiría vivo".
João França | El Diario, 2019-06-12
https://www.eldiario.es/desalambre/Jean-Wyllys-exdiputado-Bolsonaro-Brasil_0_909209272.html

Jean Wyllys (Alagoinhas, Brasil, 1974) es periodista, profesor universitario y teórico de la comunicación, pero no es por eso por lo que se le conoce. Su fama está marcada por dos hitos: en 2005 fue el ganador de Big Brother Brasil, la versión local del reality Gran Hermano, y en 2010 fue elegido como el primer diputado federal en llevar la causa del orgullo LGTB al Parlamento brasileño.

Desde entonces ha desarrollado su lucha por los derechos humanos como diputado del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), hasta que, tras la victoria del ultraderechista Jair Bolsonaro, optó por abandonar el país temiendo por su vida, ya que se habían intensificado las amenazas contra él y su familia. Actualmente se encuentra en Alemania, donde empezará una tesis doctoral sobre las fake news, con mucha atención a todo lo que ha sucedido en Brasil en los últimos años.

Jean Wyllys y Jain Bolsonaro coincidieron en el Congreso durante los últimos años como diputados. Según explicó el diputado de izquierdas en el documental 'Entre Hombres de Bien', mientras hablaba en el Parlamento, Bolsonaro le murmullaba detrás de él: "Marica, marica".

En otra ocasión el actual presidente de Brasil le espetó: "¡Fuera de aquí, maricón!". Jean Wyllys respondió escupiendo.

Cuando el ultra derechista obtuvo la victoria electoral, el parlamentario decidió exiliarse. Su vida, sostiene, corría aún más peligro en un Brasil presidido por Bolsonaro.

P. En 2011 entró en el Congreso brasileño como único diputado abiertamente LGTB.

R. Antes que yo hubo otra persona abiertamente gay en el Parlamento, Clodovil Hernandes, sin embargo, él era homófobo, y no abogaba por la extensión de la plena ciudadanía a la comunidad LGTB, al contrario. Se posicionó contra el matrimonio igualitario o la idea de orgullo LGTB. Era un tipo muy misógino. Yo llegué ahí con una historia completamente distinta de la suya.

P. ¿Cuál era su bagaje?

R. Yo venía del activismo LGTB, y antes de eso mi vida ya había sido politizada por el movimiento pastoral de la iglesia católica, orientado por la teología de la liberación, que fue muy combatida por Juan Pablo II y la derecha católica en América Latina. Esta oposición se debía a que era un movimiento de inspiración marxista, un movimiento de facto cristiano, porque no hay nada más comunista que el cristianismo primitivo. Es en los años 90 cuando empiezo el activismo en el movimiento LGTB, que entonces era llamado movimiento gay, muy en relación con la epidemia del sida.

P. ¿Y por qué dio el paso a la política institucional?

R. Cuando decidí presentarme a las elecciones fue para unir dos aspectos de mi vida que estaban separados. Mi formación académica y mi activismo político, por un lado, estaban disociados de una fama que conseguí a través de la participación en un programa de televisión, Big Brother Brasil.

Me convertí en una celebridad instantánea. El programa fue muy politizado por mi presencia, que generó incontables debates sobre lo que decía o hacía. Yo creía que esa fama pasaría, pero pasados cinco o seis años me seguían parando por la calle, pidiéndome fotos e invitándome a eventos en los que no quería participar. No podía librarme de eso, así que la manera de unir los dos caminos, el de la fama y el del activismo político y la actividad académica, era mi candidatura.

Así que me presenté, me eligieron y me convertí en la primera figura que llega al Parlamento diciéndose abiertamente gay pero con orgullo de serlo, abriendo la agenda de los derechos humanos para que incluya la cuestión LGTB. Pero también lo hice de forma distinta a como el movimiento LGTB conducía el debate.

P. ¿Cómo era esa perspectiva sobre la cuestión LGTB?

R. El movimiento se miraba mucho al ombligo, teniendo como buque insignia la criminalización de la homofobia. No trabajaba de manera interseccional. Todos los gays somos vulnerables a la homofobia, pero es obvio que un gay pobre y negro es triplemente vulnerable, y no puede tratarse cada cosa por separado, así que no podemos tratar la homofobia de manera uniforme.

Por otro lado, yo también quería afirmar que un hombre gay no tiene que tratar sólo las cuestiones LGTB. Eso quizás fue lo que más molestó de mi presencia ahí, porque además de llevar la agenda LGTB, entré para hacer la "gran política", participar en el "gran debate", hablar de economía, abordar las políticas públicas o disputar el presupuesto. Eso fue un hecho inédito y abrió las puertas para que el número de candidaturas LGTB no haya dejado de crecer en Brasil desde mi elección.

P. ¿Cómo vivió la homofobia en ese espacio institucional?

R. Tuve que enfrentar la homofobia social, practicada incluso por personas que son tus aliadas pero no se dan cuenta que están siendo homófobas. Diputadas a las que tengo mucho cariño pero que de repente soltaban algo como "no me gustaría que mi hijo fuera gay", y cuando se daban cuenta añadían: "porque va a sufrir mucho en este mundo".

¿Qué persona no sufre en este mundo? Eso no es una excusa para no querer un hijo gay. Desde este tipo de situaciones hasta los chistes con el objetivo de insultarme, por ejemplo dentro del baño cuando yo entraba.

Por otro lado, había también una homofobia institucional, que me trataba de manera distinta a los demás. Cada día tenía que imponerme para que los trabajadores de la cámara de los diputados me viesen y me respetasen como a un diputado, porque en su cabeza ese no es lugar para un gay. En su cabeza un diputado es un hombre blanco, hetero, rico, normalmente viejo, un oligarca y vinculado a una familia de políticos. A estos los servían como felpudos, pero personas como yo, o compañeros que venían del Movimiento Sin Tierra, no teníamos su respeto.

Finalmente enfrentaba también una homofobia deliberada, de amenazas de muerte, insultos programados, ataques orquestados, todo para silenciarme y coaccionarme para que desistiera.

P. ¿Qué significó la elección de Jair Bolsonaro como presidente?

R. La elección de Bolsonaro corona un cambio político que empieza en 2013. En junio de ese año hubo movimientos políticos iniciados por la izquierda con reivindicaciones muy justas, contra el aumento de los billetes de autobús o por la transparencia sobre los costes de las obras del Mundial de fútbol.

Sin embargo, ya en 2013, esos movimientos empiezan a ser cooptados y parasitados por una fuerza política que estaba silenciada pero presente: las fuerzas derrotadas por el proceso de democratización que tuvo lugar con la constitución de 1988. Tras 24 años de dictadura militar, esas fuerzas no fueron propiamente derrotadas. La ley de Amnistía en Brasil no castigó a ningún torturador ni a ninguno de los asesinos. Siguieron allí, recibiendo pensiones altísimas, y pudieron convertirse en empresarios con ese dinero. Veían su agenda derrotada en las urnas, y a partir de la primera elección de Lula no había perspectiva de que ese grupo volviera democráticamente al poder, porque la agenda que el Partido de los Trabajadores (PT) presentó contemplaba a los pobres, que eran la mayoría de la población. Era una agenda de reparación histórica a las injusticias practicadas contra los negros, que incluía los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres o que abrazaba a la población LGTB.

P. ¿Y qué ocurrió?

R. Esas fuerzas políticas empiezan a parasitar el movimiento de 2013, se organiza, se financia no sabemos cómo, y empieza a producir un discurso usando sobretodo la táctica de la mentira y las ‘fake news’, aprovechando una inhabilidad de parte de la población, sobre todo la población mayor, con las redes sociales e internet.

Esos grupos empiezan a evocar un discurso de extrema derecha que encuentra su portavoz en Jair Bolsonaro, alguien que llevaba más de 20 años en el Congreso Nacional, como una voz solitaria, políticamente incorrecta, diciendo todo eso que empieza a decirse de manera más clara. Con el uso de la mentira y un portavoz como Bolsonaro, que por su naturaleza jocosa gana espacio en televisión, era obvio que la extrema derecha ganaría esa batalla, porque la izquierda, y me parece genial que sea así, no echa mano de esos artificios.

P. Pero más allá del uso de la mentira, parece que la izquierda tiene reparos en ocupar según qué espacio, como por ejemplo un ‘reality show’ como Gran Hermano.

R. La izquierda todavía tiene muchos prejuicios en relación al consumo cultural. Si bien se autoproclama defensora de los derechos de la mayoría de la población, y de hecho los defiende, la mayoría de la población no se identifica con la izquierda. Entiendo que la izquierda sea derrotada muchas veces, porque el suyo es un ejercicio de despertar las conciencias y mostrar las cadenas que atan a las personas, y no es fácil.

Pero además desprecia el consumo cultural de los pobres: las telenovelas, los ‘reality shows’, las divas del pop… Por ejemplo, la izquierda no ha percibido cómo las maricas en Internet aman a las divas. Esto no puede ser despreciado, nos tenemos que apropiar de ese lenguaje y hablar así con esas personas. En nuestro mandato contratamos a una persona especialmente para hacer eso, conectada con ese universo y esa jerga, y conseguimos politizar a muchas maricas de esa manera.

La izquierda no ha leído a Gramsci, porque si lo hubiera leído entendería, a partir del concepto de hegemonía, que tenemos que ocupar todos los espacios, porque todos son campos de batalla. En cambio, la tendencia de la izquierda es decirme que si participo en Big Brother Brasil soy el enemigo o un traidor. No se da cuenta de que estoy ahí ocupando una posición estratégica, ‘hackeando’ un espacio que debe ser ‘hackeado’.

No tenemos que mentir como hace la extrema derecha, pero tenemos que apropiarnos del lenguaje que usan para mentir. No mentiremos pero tenemos que hacer una fábrica de memes, tenemos que poder decir nuestras verdades en forma de meme. Es por eso que quiero dedicarme al estudio de las ‘fake news’, no sólo porque destruyeron parte de mi vida, sino porque necesitamos encontrar los modos de combatirla. Tenemos que restituir la línea entre la verdad y la mentira.

P. Hay consenso en decir que Bolsonaro ganó las elecciones gracias a WhatsApp y a las ‘fake news’, pero parece una explicación simplista.

R. La ascensión de la extrema derecha está muy basada en prejuicios que están en la mayoría de la población. Lo que pasa es que son prejuicios que no se dicen, porque una ola democrática que vino tras 24 años de dictadura militar remarcó que ya no eran políticamente correctos. Justo después de la aprobación de la constitución ciudadana de 1988, el racismo se convirtió en delito.

¿Significa eso que los racistas desaparecieron por la fuerza de la ley? No. Como dice el poeta Carlos Drummond de Andrade, los lirios no nacen de las leyes. Los racistas no lo decían pero seguían ahí. ¿Y los homófobos? Igual, y el racismo no es tan unánime en Brasil; pero la homofobia, sí. La homofobia es ubicua, está en todas las clases sociales, entre letrados, académicos, iletrados, ignorantes… está en todas partes. ,

P. ¿Cómo?

R. En 2011 inventaron el bulo del "kit gay" [que teóricamente quería repartir el ministerio de educación], creando un pánico moral de que la homosexualidad es fruto de un proselitismo que se haría en las escuelas. Entonces hasta las personas enrolladas, de izquierdas, se sintieron aterradas con esa idea de que su hijo no iba a ver el partido del Flamengo el domingo en el Maracanã, sino que podría gustarle el ballet gracias al "kit gay".

Esa mentira inventada en 2011 dio la victoria a Bolsonaro en 2018. Y, por supuesto, para eso no era suficiente el discurso, sino que entra en juego un elemento que nunca debe ser menospreciado: la fuerza económica, que sigue definiendo quién gana y quién no. Antes el dinero se dedicaba a preciosas campañas de televisión, y ahora se está invirtiendo masivamente en las nuevas tecnologías.

Sobre todo porque trazan un perfil tuyo que permite enviar un mensaje muy específico, que te tocará específicamente a ti. Mediante esos bancos de datos se dispararon mensajes hechos a medida para diferentes grupos de personas con fake news.

Se caracterizan por su difusión a través de aplicaciones en las que estás con personas en las que confías o con las que has convivido y tienes un afecto, como tu grupo de la escuela, de la universidad, de la familia o del trabajo. Su transmisión en esos espacios hace que pienses que son ciertas o, aunque sepas que no lo son, prefieres no desmentirlas.

Cuando llegamos al punto de desmentirlas ya era demasiado tarde y empezaron las peleas y rupturas en los grupos de familia. Estabas en un grupo de familia y de repente tu tío ponía cualquier mierda contra los gays, faltándote al respeto. A lo mejor ni pensaba que estabas ahí, o le daba igual porque nunca le habías gustado y ahora no tenía problema en decírtelo.

P. Todo ese discurso cala porque había un conservadurismo en Brasil del que no parece que la gente fuera consciente.

R. Vivimos 350 años de esclavitud que se acabó porque una princesa blanca firmó una ley que liberaba a los esclavos. Punto. Esta ley se aprobó no porque ella fuera benevolente, sino porque Inglaterra presionó a Brasil, porque estaba viviendo una revolución industrial y necesitaba mano de obra y nuevos mercados de consumo.

La élite brasileña nunca quiso renunciar a la esclavitud. Todavía hoy hay personas que viven en condiciones similares a la esclavitud. No se desarrolló ninguna política de inclusión de la población negra en el mercado de trabajo, al contrario. Muchas haciendas importaron mano de obra blanca para sustituir a los esclavos en la agricultura como asalariados, sobre todo inmigrantes italianos. Había un propósito, después de la liberación de los esclavos, de emblanquecer la sociedad. Lo teorizaron y escribieron los intelectuales de la época.

Somos un país católico, de tradición judeocristiana, con una población de evangélicos neopentecostales que viene creciendo de forma abrumadora desde los años 80. Y en los fundamentos de estas religiones abrahámicas están el patriarcado, la subalternización de la mujer y el rechazo a la homosexualidad. Esto está dentro de la gente y lo que puede deconstruirlo son los sistemas educativos y de cultura, que nos llevan a conocer otros mundos y a pensar. Pero nuestro país tiene un déficit inmenso en términos de educación de calidad y de acceso a la cultura.

P. ¿Los gobiernos del PT no revirtió esa situación?

R. La era Lula amplió el acceso a la educación, lo pudo masificar, pero no necesariamente garantizó la calidad de la educación pública. Hay ciudades en Brasil que no tienen ni un solo equipamiento cultural, ni siquiera uno. Un cinema, un teatro, una sala de conciertos… nada. En un país como este, que no ha dado acceso a las personas a estos sistemas de ampliación del imaginario, las iglesias neopentecostales sólo pueden triunfar, porque ofrecen eso.

Ofrecen un espacio de sociabilidad. Las personas quieren convivir, estar juntas. Ofrece música, puedes ir a cantar, y ofrece una caridad directa. Evidentemente, a cambio de todo esto introduce en las personas unos valores horribles, de racismo, homofobia, misoginia…

P. ¿En qué momento los ataques a su persona lo llevan a optar por el exilio?

R. En realidad ya lo venía meditando antes de las elecciones. Estaba viviendo una vida muy mala, restringida, con guardaespaldas, sin poder ir a los lugares que frecuentaba, siendo insultado en los espacios, en una postura constantemente reactiva.

Desde 2016 mi equipo dejó de ser productivo para pasar a ser reactivo. No teníamos tiempo para proponer porque estábamos demasiado ocupados en defendernos. El equipo de comunicación gastaba el 20% del tiempo en difundir nuestro trabajo y el 80% en rebatir ‘fake news’. Con la muerte de Marielle Franco [concejal de su partido asesinada en Rio] esa voluntad de abandonar la política institucional ganó más fuerza dentro de mí, pero aún así hice la campaña, y fue muy difícil.

No quería estar en la calle, tenía crisis de pánico. Hay dos personas en Brasil que son odiadas en esta misma proporción, y quizás también queridas, pero una de esas personas es Lula, que fue presidente de la República dos veces, y la otra soy yo, que soy un simple diputado.

Cuando fui elegido para el nuevo mandato, Bolsonaro pasó a la segunda vuelta de las presidenciales y yo estaba seguro de que ganaría; y de que si ganaba, yo no seguiría vivo. Podría morir de muchas maneras, desde un asesinato ostensivo, como pasó con Marielle -porque cada vez hay más asociación entre organizaciones criminales y el poder constituido-. También podría morir en un asesinato fabricado, un asesinato político convertido en crimen pasional, por ejemplo.

Y, si no, moriría de depresión, porque no iba a aguantar cuatro años viviendo atrapado y amenazado. Pero cuando tomé esa decisión no imaginaba que la erosión del Gobierno sería tan rápida. Pensaba que duraría algo más, que engañaría a más gente durante más tiempo. Por suerte no está funcionando y mucha gente ya se ha dado cuenta del imbécil que es, pero no le causa ningún problema gobernar con la minoría contra la mayoría.

P. Ante cuatro años de Bolsonaro, ¿cómo se puede construir un futuro mejor?

R. No sé hacer futurología, pero la manera de construir un futuro mejor es trabajando, haciendo cada uno su parte en la resistencia y en la restitución del tejido democrático. Los movimientos sociales, los intelectuales, la universidad, los artistas… Los que fuimos desterrados, Débora Diniz, Marcia Tiburi y yo, estamos los tres en activo, actuando desde fuera junto a instituciones internacionales para denunciar las violencias que están sucediendo en Brasil. Incluso hemos conseguido cosas importantes, como que Bolsonaro no fuera a Nueva York, y pronto conseguiremos que no lo inviten a París.

En cada entrevista que doy, en cada denuncia, cuando cuento quién es esta figura, el mundo se asusta y quiere alejarse. Esto es un trabajo político en otro nivel, distinto del trabajo parlamentario. Me fui de Brasil para proteger mi vida, para tener una vida, pero no significa que me fuera para callarme, al contrario.

P. Y, en la política institucional, ¿también hay lugar para la esperanza?

R. Claro que hay esperanza, tiene que haberla, no hay más opción. Fuera de la política está la barbarie, así que lo que tenemos que hacer es política. Tenemos que aprender a hablar entre quienes somos diferentes, a articularnos contra el mal mayor que es el fascismo. Las personas de centroderecha, socialdemócratas, liberales, marxistas, socialistas, comunistas, tenemos que hablar más entre nosotros y defender la democracia contra el fascismo. Ese es el ejercicio que nos queda. Tengo muchas críticas al Congreso Nacional de Brasil y a los Parlamentos en todo el mundo, pero es peor sin ellos, sin el espacio de debate.