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domingo, 18 de mayo de 2025

#hemeroteca #homofobia #franquismo | Lobotomías y torturas para curar la homosexualidad: cuando la psiquiatría estuvo al servicio de Franco

Antonio Vallejo-Nájera y placa del paseo que Madrid dedica ahora a su hijo //

Lobotomías y torturas para curar la homosexualidad: cuando la psiquiatría estuvo al servicio de Franco

La Ley de Vagos y Maleantes abrió la veda para que pudiera internarse a hombres no heterosexuales en prisiones donde eran sometidos a todo tipo de torturas, vejaciones y prácticas médicas cuyos efectos fueron, en muchos casos, irreversibles.
Alejandra Mateo Fano | Público, 2025-05-18
https://www.publico.es/sociedad/lobotomias-torturas-curar-homosexualidad-psiquiatria-estuvo-servicio-franco.html

“La homosexualidad como un escape desesperado de una imaginación enferma, como un intento de comunicarse, eternamente condenado al fracaso, de un ser aterrado y solitario, que no sabe o no puede amar”. Así luce la introducción del libro ‘Los homosexuales vistos por sí mismos y por sus médicos’ (1966), escrito por el doctor Lorenzo Frutos Carabias en pleno tardofranquismo. Un ejemplo paradigmático de la brutal maquinaria de propaganda homófoba que el fascismo puso en marcha durante años con la connivencia de médicos afines al régimen. Durante la dictadura, la sexualidad se encaminará exclusivamente a la reproducción social y a la perpetuación de la familia heteronormativa. De este modo, llegaron a proliferar gran cantidad de obras que aludían reiteradamente al carácter patológico de la homosexualidad. La construcción de una España “depurada” de desviaciones ideológicas, sexuales o identitarias contrarias a la estricta moral católica caminó necesariamente de la mano de la medicina psiquiátrica.

La reforma de la Ley de Vagos y Maleantes en 1954 introduce por primera vez la consideración de las personas homosexuales como sujetos peligrosos. Más adelante, esta legislación se redondearía con la Ley de Peligrosidad Social, con el fin de “modificar estados como los referentes a quienes realicen actos de homosexualidad, la mendicidad habitual, gamberrismo, la migración clandestina y la reincidencia”. El régimen fascista, artífice de un perverso operativo para desterrar toda disidencia que pudiera desafiar la moral preestablecida, sembró la idea de que los homosexuales eran potenciales delincuentes. De esta suerte, pronto se estableció una vinculación directa entre homosexualidad y crimen que sirvió para legitimar cualquier atrocidad contra el colectivo. Una investigación de Soraya Gahete Muñoz, doctora en Historia Contemporánea, señala que jueces como Antonio Sabater consideraban que los varones no heterosexuales “llevaban una intensa vida instintiva y que eran altamente peligrosos, ya que se trata de sujetos perversos sin escrúpulos ni corazón, con manifiesta desviación ética y frialdad y ausencia de sentimientos”.

A través de esta primera ley pudo articularse un efectivo instrumentario legal capaz de acallar las sexualidades no normativas, autorizándose por primera vez el internamiento del colectivo en cárceles, campos de trabajo y centros psiquiátricos: “Art. 6.0, número 2.-A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos mentales o lisiados, se les aplicarán, para que las cumplan todas, sucesivamente, las medidas siguientes: a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en Instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás”.

De Huelva a Fuerteventura: prisiones para “rehabilitar” homosexuales
En Huelva y Badajoz se encontraban los penitenciarios provinciales para homosexuales más conocidos de aquel entonces. Desde 1968 hasta 1978 (año en que se despenaliza la disidencia sexual), mientras la primera se utilizaba para internar a homosexuales considerados “activos”, la segunda estaba destinada a los “pasivos”. Por aquel entonces la transexualidad ni siquiera estaba contemplada, sino que se hablaba de “mujeres vestidas de hombres y viceversa” o personas con conductas impropias de su género que era preciso corregir.

En otras prisiones se crearon módulos específicos para recluir a estos presos, como en la Modelo de Barcelona o la cárcel de Carabanchel. Un relato publicado en el Diario Sur cuenta la experiencia traumática de La Moni, artista e icono LGTBI+ de la época, tras ser internada en la prisión onubense en 1963, con tan solo 17 años. “Fue detenida por ponerse un vestido de mujer en los carnavales. Fueron tres meses privada de libertad, aunque tuvo que quedarse uno más por no pagar la multa de 500 pesetas”. Hay que entender estos centros, no obstante, no como cárceles al uso sino como reformatorios pensados para la reconversión sexual.

Al no haber dinero para financiar centros públicos para lo que el franquismo llamaba “rehabilitación” de personas que hoy llamaríamos ‘queer’, no quedaba más remedio que internarles en penitenciarios convencionales: “Eran una especie de centros de internamiento para reaprender. La idea era que funcionaran como centros como de reaprendizaje, de atención”, cuenta Ramón Martínez, escritor y activista LGTBI+. La privación de libertad estaba regulada por el Tribunal de Calificación y la Iglesia era la encargada de establecer cuánto tiempo debía estar interna la persona. En la mayoría de casos, la estancia duraba entre dos y cuatro años, pero el tiempo podía reducirse si el interno accedía a someterse a ciertas terapias.

En el transcurso de esos tratamientos, todos ellos humillantes, crueles y traumatizantes a largo plazo, llegaron a ponerse en práctica sesiones de electroshock, esterilizaciones forzadas y hasta lobotomías. Estas cirugías consistían en extirpar la parte del cerebro en la que se consideraba que estaba localizada la “desviación sexual”. El psiquiatra franquista Juan José López Ibor, en su famoso ‘Libro de la vida sexual’ (1968), calificaba la homosexualidad como una “perversión sexual” o una “anomalía” consistente en “una situación psicodinámica”.

Otro de estos centros tendentes a aislar y reconvertir a personas del colectivo fue la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, conocida como la cárcel de Tefía, situada en Fuerteventura, a mediados de los años 50 y 60. En realidad, más que un penal con fines psiquiátricos fue un campo de concentración para homosexuales donde los reclusos vivían sometidos a agresiones y vejaciones de todo tipo, inclusive el uso del hambre como método de tortura. De hecho, en su momento recibió el apodo de “el Auschwitz de Fuerteventura” por las terribles condiciones de vida que albergaba. Gahete puntualiza, eso sí, que la imposición de medidas “curativas” dentro de los centros no iban tanto encaminadas al castigo sino a impedir que ciertos comportamientos entendidos como peligrosos pudieran extenderse por su posibilidad de contagio.

Vidas marcadas por el terror
Las brutalidades cometidas tanto en prisiones como en consultas psiquiátricas dejaron un reguero de hombres marcados de por vida por lesiones físicas y traumas psíquicos incurables. Los suicidios se multiplicaron exponencialmente, también los casos en que, tras los electroshocks, acababan desarrollando aversión al sexo. Martínez expresa que “a mucha gente se le perdió la pista después de haber sido internados porque nunca se volvía a saber nada de ellos, esas personas se quedaban tocadas de por vida tras las operaciones”. Es un congreso celebrado en Italia en 1972, López Ibor habla de su “exitosa experiencia” haciendo una lobotomía. “Mi último paciente era un desviado. Después de la intervención quirúrgica en el lóbulo inferior derecho, presenta, es cierto, trastornos en la memoria y la vista, pero se muestra ligeramente atraído por las mujeres”.

Las escasas historias de vida que han logrado transmitirse años después son desgarradoras: Oliver Duarte Herrera, antropólogo, técnico de proyectos en Fundación Triángulo Extremadura, quien actualmente está desarrollando una investigación sobre memoria LGTBI+, pudo entrar en contacto con víctimas de aquel sistema feroz: “Tengo un testimonio de un chico en Barcelona que ahora mismo tiene unos 77 años y que por la culpa que sentía por ser homosexual acudió a uno de estos psiquiatras que estaba muy de moda, sobre todo en las grandes ciudades, y por voluntad propia se sometió a estos tratamientos del electroshock. Era como una especie de descargas acompañadas de material complementario, como vídeos, y en el momento en que te ponían vídeos de personas de tu mismo sexo te daban como una descarga para que tu cuerpo rechazara el deseo homosexual”, señala.

En otros casos, las personas llegaban a las clínicas después de haber sido delatadas por su entorno cercano: lo cuenta Carmen García de Merlo, expresidenta de COGAM y activista trans, quien infiere que “se dio el caso de una señora que fue a confesarle al cura que su hijo era mariquita, y el cura llamó a la Policía, lo detuvieron y se lo llevaron a un centro de internamiento”. Otras veces, añade, había algún vecino o compañero de trabajo que denunciaba. Por eso, expresa Duarte, casi siempre “tenían que ocultar su manera de ser, sus gustos, sus deseos y ser como invisibles ante la sociedad. Sobre todo en los contextos rurales, donde la gente todavía sigue muy presa de esta situación en la actualidad”.

A su juicio, fruto de esas experiencias del pasado, se han heredado en las zonas rurales ciertas formas inconscientes de pensamiento como intentar pasar inadvertido y buscar estrategias de vida que no sean leídas como no heterosexuales. Pero también había una cuestión de clase que marcaba quién era detenido y quién podía salir airoso de una redada policial. La expresidenta de COGAM traslada, en este sentido, que en pleno franquismo “en Madrid había clubs y espacios concretos como la calle Almirante donde se hacían redadas, dado que se sabía que muchos homosexuales quedaban allí. En una de ellas, en el Café Gijón, cogieron a un grupo que estaba ahí charlando, se los llevaron a la comisaría, les hacían la ficha y los identificaban. Hasta que una vez vieron que uno de ellos era juez y fue entonces cuando les soltaron a todos”.

El vacío histórico en torno a la memoria lesbiana
En el caso de las mujeres, la represión actuó de una forma bien distinta al caso de los varones. Prácticamente no hubo internamientos carcelarios de lesbianas o bisexuales a excepción de algunas excepciones por varios motivos, señalan Carmen García de Merlo y Oliver Duarte Herrera. Por un lado, la consideración de las mujeres como “eternas menores” hacía que, en caso de que alguna fuera sorprendida manteniendo relaciones afectivas con otra, fueran enviadas con sus padres o maridos. Cuando eran devueltas a sus familias, estas las internaban en colegios religiosos femeninos para corregirles.

“La homosexualidad femenina siempre ha estado muy silenciada y durante toda la dictadura apenas hubo casos de mujeres denunciadas como peligrosas sociales. Como no figuran prácticamente como internas en psiquiátricos, hay un silencio abrumador y por mucho que investigues no encuentres a nadie, no hay datos”, confiesa Martínez. En este sentido, el volumen de expedientes encontrados en el caso de los hombres contrasta con los escasos referentes a las mujeres lesbianas.

Por otro lado, la homosexualidad en ellas podía disfrazarse fácilmente de amistad en tanto que, por ejemplo, no estaba mal visto que dos o varias mujeres se reuniesen en una casa o durmiesen en la misma habitación, algo que sí despertaba recelos en los hombres. García de Merlo sostiene que “las mujeres que querían tener relación con mujeres o lo hacían a escondidas o vivían juntas como si fueran hermanas o primas; así no se enteraban”.

Eugenesia amparada por eminencias científicas de la época
La estrategia represiva del franquismo contó con la colaboración activa de los denominados “psiquiatras del régimen”, defensores de las teorías eugenésicas que comenzaron a brotar a partir del siglo XIX. En un momento de apogeo de la ciencia psiquiátrica, estos médicos franquistas utilizaron esta disciplina “como arma política para reprimir a todos aquellos que les resultaban incomodos”, destaca una investigación de la Universitat de Lleida. El más recordado fue quizás Antonio Vallejo-Nájera, para quien eran considerados “una vergüenza social y un foco de enfermedades venéreas” en tanto que aquellas conductas sexuales que no fueran destinadas a la reproducción eran entendidas como sodomitas.

Sus posturas eugenésicas basadas en el biologicismo positivista contribuyeron, como apunta el mencionado estudio, a justificar la aniquilación de las disidencias y reeducar a las masas “para que se resignaran a aceptar su lugar en el mundo”. La colección 'Hacer memoria' , editada por la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, contiene una guía didáctica dedicada a quien ha pasado a la historia como ‘el Mengele español’. En ella se explica que, al calor de las teorías darwinistas que defendía, Vallejo-Nájera creyó fundamental “someter científicamente todos aquellos factores sociales que puedan influir, para bien o para mal, en las cualidades tanto físicas como psíquicas de la raza y de las generaciones futuras”. Madrid tenía una calle dedicada en el distrito de Arganzuela, el Paseo del Doctor Vallejo-Nájera (por Antonio Vallejo-Nájera Lobón); pero el Ayuntamiento, en 2017, aprobó un cambio para dedicar la calle a su hijo (Juan Antonio Vallejo-Nájera Botas) para tratar de cumplir con la ley de Memoria.

Otra de las consideradas eminencias psiquiátricas que más contribuyó a reproducir sistemáticamente el discurso patologizante sobre las disidencias sexuales fue Francisco J. de Echalecu y Canino, quien teorizó en España sobre el falso carácter hereditario de la homosexualidad. Llegó incluso a equiparar esta orientación sexual con la psicopatía, siendo uno de los padres de la Ley de Vagos y Maleantes. Durante todo el franquismo se forjó la idea de que la homosexualidad traía consigo inevitablemente actos de pederastia y abusos a niños y adolescentes. Ello subrayaba todavía más, a ojos del régimen, su hipotética peligrosidad. Por este motivo Echalecu basó buena parte de su carrera divulgativa en dar conferencias en las que explicaba cómo “prevenir la seducción de menores” cambiando las orientaciones “de los psicópatas”.

La obra ‘Sodomitas’ (1956) del policía y escritor antisemita Mauricio Carlavilla, conocido por el seudónimo ‘Mauricio Karl’, refleja muy bien este pensamiento. Así comienza el ensayo, uno de los más vendidos durante el fascismo en España: “La manada de fieras sodomitas, por millares, se lanza a través de la espesura de las calles ciudadanas en busca de su presa juvenil. Disfrazada de persona, la fiera sodomítica ojea entre el matorral ambulante de las aceras su pieza preferida, el cándido muchacho, más grato a su ávida pupila cuanto más inocencia lleva retratada en su fisonomía”. Ya en democracia, el psiquiatra neofascista y ultracatólico Enrique Rojas, heredero de estas teorías pseudocientíficas, confesó en una entrevista con Efe que la homosexualidad era consecuencia de un “desorden cronológico” y que su orientación se podía transmitir por “un error cromosómico”.

Este año, su hija y también psiquiatra María Rojas Estapé afirmó durante una conferencia que las relaciones homosexuales no son comparables a las heterosexuales. Actos públicos como el de Rojas Estapé transcurren todavía con total impunidad y no ha sido hasta 2023 que prohibieron por ley de las llamadas terapias de conversión.

jueves, 28 de noviembre de 2019

#hemeroteca #franquismo #ideologiadeodio | El fascismo no es respetable. (Acunando al patriarcado)

Imagen: Nueva Tribuna
El fascismo no es respetable. (Acunando al patriarcado).
Teresa Galeote | Nueva Tribuna, 2019-11-28
https://www.nuevatribuna.es/opinion/teresa-galeote/fascismo-es-respetable-acunando-patriarcado/20191128105400168609.html

En 1947, Antonio Vallejo Nágera es nombrado por las instituciones franquistas profesor de Psiquiatría en la Universidad de Madrid, cargo que desempeñó hasta 1959, siendo el primer catedrático numerario de dicha especialidad en la Universidad española. El psiquiatra dotó de base científica la política franquista al afirmar que el “marxismo” era una enfermedad incurable. Amparándose en tal pensamiento, se justificaron los robos de bebés para apartarlos de tan terrible lacra y educarlos en los cánones que el régimen impuso.

El psiquiatra del régimen franquista afirmaba que la tríada “Dios, Patria y Familia”, principal valor de la raza hispana, se había degenerado y que el pensamiento marxista de la lucha de clase había pervertido a la sociedad. Vallejo Nágera se centraba en la influencia de la cultura obrerista que se estaba implantado, la cual desembocaba en una enfermedad social:

“Las epidemias de San Vito se han visto sustituidas por otras epidemias que causan numerosas víctimas, por haberse traducido en lucha de clases. Han desaparecido de la conciencia colectiva las constelaciones. Dios, patria y familia que tanto influyen en la sensibilidad del pueblo”.

“El fenotipo amojamado, anguloso, sobrio, austero, se transformaba en otro redondeado, ventrudo, sensual, venal y arribista, hoy predominante. Tiene tan estrecha relación la figura corporal con la psicología del individuo que hemos de entristecernos de la pululación de Sanchos y penuria de Quijotes”.

En la revista 'Acción española' del año 1936, el psiquiatra afirmaba lo siguiente: “En las clases bajas populares predominan los deficientes mentales y los incultos más que en otros estratos sociales superiores”.

Enrique González Duro sostuvo que Vallejo Nágera se proponía restaurar la inquisición, porque el psiquiatra sostenía que el español tenía sangre inquisitorial y era preciso recuperarla por el bien de España.

“Corre sangre de inquisidores por nuestras venas y en nuestros genes paternos y maternos están incrustados cromosomas inquisitoriales”.

Consideraba que las ideas que habían invadido el país, durante la República, eran antipatrióticas, extranjeras y corruptoras de los valores hispánicos. Sus ideas fueron bien vistas por el gobierno, ya que en 1938 se encargó al psiquiatra el estudio definitivo que dotaría de carácter científico la represión que se ejercía contra las personas leales a la República. Para dicho estudio, Vallejo Nágera creó el Gabinete de Investigaciones Psicológicas, un organismo que estaba bajo la jerarquía de la dirección de campos de concentración de prisioneros. La institución creada era una copia del Instituto Alemán que difundió las ideas nazis sobre la eugenesia.

Desde el Instituto, el psiquiatra desarrolló una de sus teorías, la cual consideraba a los marxistas y los individuos de los estratos sociales más bajos gentes a erradicar para mejorar la raza hispánica. Según él, ésta debía elevarse a sus momentos más gloriosos. Querían experimentar con hombres y mujeres de las prisiones y campos de concentración para identificar y destruir el mal marxista. El estudio se realizó en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos). En dicho campo existían 3.000 soldados republicanos y más de 600 brigadistas internacionales; el estudio fue recogido en el trabajo, 'Psiquismo del fanatismo marxista'. El doctor Vallejo Nágera y otros como él inyectaban a su pacientes cardiazol, un fármaco que llevaba al borde la muerte, provocaba también el coma hipoglucémico, el choque acetilcolínico, la carbonarcosis, el bombeo espinal, además de realizar lobotomías.

En la Revista Semana Médica Española, 1939. Afirmaba:

“La inferioridad mental de los partidarios de la igualdad social y política o desafectos. La perversidad de los regímenes democráticos favorecedores del resentimiento promociona a los fracasados sociales con políticas públicas, a diferencia de lo que sucede con los regímenes aristocráticos donde sólo triunfan socialmente los mejores".

Para él, el ideario marxista y la igualdad social favorecía a los inferiores mentales, incapaces de ideales espirituales y a quienes solo les satisface las apetencias animales. Y en aras a fomentar a los mejores, todo hombre debía estar dispuesto a procrear la raza:

“Constituye un deber de todo buen ciudadano, consciente de la responsabilidad moral de su destino histórico crear una familia, si tiene capacidad y salud para ello. Es el solterón, por regla general, un mal patriota y un mal ciudadano, o un enfermo. Piensen los solterones seriamente sus deberes para con Dios, la Patria y el Estado y confirmarán el precedente aserto [...] El ciudadano modelo de la Nueva España será casado y prolífico.”. Vallejo Nágera, 'Política racial del nuevo estado', Editorial Española 1938, p. 55

Sobre la mujer
Antonio Vallejo Nágera consideraba que las mujeres eran fundamentales para el estudio que él pretendía y, por ello, en mayo de 1939, sometió a 50 presas republicanas a un experimento racial; eligió a mujeres de la prisión provincial de Málaga, de distintas edades. Sus investigaciones le permitieron degradar la figura de aquellas mujeres republicanas, que tachaba en sus estudios como un "ser degenerado, lleno de ferocidad y de rasgos criminales", tesis que publicaría años más tarde en la Revista Española de Medicina y Cirugía para dejar constancia de la temible influencia del "gen rojo" y la necesidad de extirparlo. No se conoce la identidad de aquellas mujeres que estuvieron expuestas durante un tiempo a tan humillantes pruebas. El psiquiatra redactó un amplio informe de sus víctimas. Aquellas "mujeres marxistas" eran cincuenta: 33 condenadas a muerte, 10 a reclusión perpetua y las 7 restantes tenían penas de entre 10 y 15 años. Hasta les robó el nombre. Ningún archivo pone nombres y apellidos a las presas malagueñas, aunque se conoce cómo el temido psiquiatra las consideraba peligrosas en diferentes niveles de grupos, considerando a las marxistas las más degenerada. Entre las conclusiones, Nágera afirmó que "la mujer roja y la mujer en general tenía rasgos físicos de extraordinaria inferioridad con respecto al hombre".

Esperanza Bosch, autora de 'La psicología de las mujeres republicanas según el Dr. Antonio Vallejo Nágera' declara en su estudio que el psiquiatra estaba convencido de que las mujeres tenían un virus que era necesario extirpar y que ser de izquierdas tenía una inconfundible relación con la perversión humana. Las mujeres republicanas sufrieron una espuria denigración en la posguerra, por parte de la dictadura franquista. Esperanza Bosch afirma: "A estas mujeres les quitaron a sus hijos para destruir sus mentes y anular sus voluntades". Aquellas cincuenta presas fueron el primer material de un estudio sistemático sobre las teorías nazis, que el Franquismo asumió y practicó.

El psiquiatra afirmaba que el psiquismo femenino tiene muchos puntos con el psiquismo infantil y con el instinto del animal, y que ese instinto primario despierta en el sexo femenino la crueldad, ya que ésta tiene una gran carencia de inteligencia. El psiquiatra, además de buscar el llamado “gen rojo”, definía a la mujer como un ser inferior al servicio de la maternidad; escribió numerosas páginas que intentaban demostrar la inferioridad de las mujeres. Entre otras perlas misóginas, afirmó lo siguiente:

"A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella".

Mirta Núñez, profesora y ex-directora de la Cátedra de Memoria Histórica, de la Universidad Complutense de Madrid, asegura que el principal objetivo era vejar a la mujer que había transgredido los límites de la feminidad tradicional durante la República. De algún modo, esta humillación quería provocar que la vergüenza a la que habían sido sometidas delante de sus vecinos les forzara a regresar al hogar y al ámbito familiar, de donde nunca debieron salir. Igualmente, las presas políticas que habían hecho de enlaces en los partidos o habían combatido como milicianas en el bando republicano, fueron severamente castigadas por “adhesión a la rebelión militar”. Pero además, sobre ellas recaía la losa de ser consideradas traidoras de su género. Toda una visión sostenida en las “investigaciones científicas” del psiquiatra y militar Antonio Vallejo-Nágera, que ha pasado a la historia por sus estudios misóginos sobre la mujer republicana. Fue uno de los impulsores de la segregación entre hijos y madres rojas, con el objetivo de evitar que los pequeños “se contagiaran” de su ideología. “De ahí procede todo el problema de los niños robados”, afirma Mirta Núñez.

No hay que olvidar que las órdenes religiosas entraron de lleno en la dictadura para encargarse de la administración y vigilancia de las presas. Las monjas coaccionaban a las encarceladas para que regresaran al seno de la Iglesia y cumplieran con todos los ritos. En 1940, 22 congregaciones se repartían la gestión de las prisiones en España, entre ellas las Hijas de la Caridad, que lo hicieron en Las Cortes de Barcelona. El gobierno y la Iglesia querían “recristianizar” a la sociedad que se había alejado de la moral católica.

El hacinamiento y el tratamiento que recibieron varias de las mujeres que pasaron por allí, bien podía ser calificado como, “almacén de reclusas”. Algunas recuerdan haber dormido junto a otras seis mujeres en celdas acondicionadas para dos personas. La falta de higiene, las malas condiciones sanitarias, el hambre y la expansión de enfermedades se aliaban allí con la angustia de escuchar cada noche los disparos que en el cercano cementerio del Este acababan con la vida de hombres y mujeres a los que Franco considera enemigos.

Las mujeres abarrotaron las cárceles, sobre todo en los primeros años de posguerra. La madrileña cárcel de Las Ventas, creada por Victoria Kent, primera Directora General de Prisiones de la historia de España, con el objetivo de modernizar y dignificar las condiciones de las reclusas, se vio desbordada con 3.500, cuando estaba pensada para 500 reclusas.

Juan Antonio Vallejo Nágera, muere en Madrid, el 25 de febrero de 1960, pero su pensamiento fascista contra las mujeres está aún presente.

domingo, 3 de noviembre de 2019

#hemeroteca #homofobia #franquismo #memoria | Homosexuales en el franquismo perseguidos y condenados por peligrosos

Imagen: El Diario / Manuel Alfonso hacia 1968
Homosexuales en el franquismo perseguidos y condenados por peligrosos.
El catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Jaén, Guillermo Portilla Contreras, acaba de publicar el libro 'Derecho Penal franquista y represión de la homosexualidad como estado peligroso'.
Olivia Alonso | Heraldo, 2019-11-03
https://www.heraldo.es/noticias/nacional/2019/11/03/homosexuales-en-el-franquismo-perseguidos-y-condenados-por-peligrosos-1341877.html

El catolicismo extremo del franquismo salvó de la castración y la esterilización a los homosexuales, cuyo "estado peligroso", sin embargo, fue perseguido y penado con privación de libertad y destierro, de acuerdo a las Leyes de Vagos y Maleantes y Peligrosidad Social aplicadas en base a informes forenses.

Así lo ha relatado el catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Jaén, Guillermo Portilla Contreras, quien acaba de publicar el libro 'Derecho Penal franquista y represión de la homosexualidad como estado peligroso' (Ministerio de Justicia). Un trabajo de más de 500 páginas en el que Portilla explica cómo funcionaba la persecución penal de los homosexuales, estudia la labor de los jueces, el contenido de los expedientes y hasta el concepto mismo de "homosexualismo" que manejaban los tribunales.

- ¿Por qué ahora este libro sobre la represión de la homosexualidad en el franquismo?
- Me interesa mucho el Derecho Penal de autor, el que sancionaba a las personas por lo que eran y no por lo que hicieran, como es el caso de la condición sexual. Además, trabajo en el Derecho Penal y la Memoria Histórica desde 2005 y me dio la impresión de que no se había estudiado la represión de la homosexualidad. Aparte de la parte penal, me interesaba la represión en base a medidas de seguridad.

- ¿Qué leyes ampararon esta represión?
- Primero se utilizó la Ley de Vagos y Maleantes republicana, que en 1954 incorporó el estado peligroso de la homosexualidad. Así, el Derecho Penal actuaba de dos formas: a través del delito que hubieran cometido los homosexuales y a través de la peligrosidad social del homosexual por serlo. Los sancionaban con medidas de seguridad de 1 a 3 años de privación de libertad y cuando los habían cumplido eran desterrados de la ciudad en la que vivían. A su regreso se les aplicaba la libertad vigilada y los delegados de Gobierno, en principio encargados de conseguirles trabajo, se encargaban de comunicar a posibles empleadores que aquella gente eran pederastas, que era terminología que se utilizaba en ese momento. En 1970 esa ley es sustituida por la de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que se prolonga hasta 1995.

- ¿Por qué se sabe tan poco de esta represión penal?
- Nuestra Ley de Patrimonio Histórico no permite sacar los documentos hasta que han transcurrido 50 años desde la firma de los mismos, por lo que hasta hace muy poco no los hemos podido sacar a la luz. Hoy en día, aun no se pueden publicar los expedientes de Peligrosidad.

En el Archivo Histórico de Aragón

- ¿Cuántos homosexuales sufrieron esta represión franquista?
- Es imposible dar una cifra porque no hemos podido trabajar en todos los archivos. Por ejemplo, en Zaragoza, el Archivo Histórico de Aragón todavía no contiene estos expedientes y en Valencia se han destruido una gran parte de los documentos de la Guerra Civil y no se encuentran los referentes a los homosexuales.

- ¿Qué más problemas ha afrontado para la redacción y publicación de este libro?
- El libro ha estado cinco meses en un cajón porque Protección de Datos se negaba a que se publicaran los nombres de jueces y forenses. Por mi parte, he sido muy meticuloso y he borrado los nombres de los homosexuales o los calificativos que les aplicaban policías y guardias civiles, tipo 'Luisa la guapa', para que nadie les pueda reconocer. Por eso, también he quitado las referencias a los lugares en que fueron detenidos.

- ¿Cuál fue el papel de los forenses?
- En la represión penal se sustituyó el pecado -que perseguía la actividad sexual sin reproducción, la masturbación y el bestialismo-, por la enfermedad. La psiquiatría comenzó a perseguir a los homosexuales para curarlos. En ese momento aparecen los forenses, que emitían unos informes, casi todos morfológicos, basados en un análisis superficial del ano. En función de los pliegues definían si era pederasta activo o pasivo. Curiosamente al activo no solían condenarlo porque hacía el papel del hombre en la relación sexual, mientras que al pasivo, que cumplía el de la mujer, sí. Los forenses le ponían muy fácil la condena a los jueces, que, en la mayoría de los casos, repetían los argumentos de los primeros.

- ¿Qué terapias proponían para "curar" la homosexualidad?
- La castración quirúrgica, la química, la lobotomía, el electroshock, o descargas eléctricas. No he podido demostrar que ninguna de esas terapias se llevaran a cabo en los campos de concentración de Miranda de Ebro (Burgos) y Nanclares de Oca (Álava), en las colonias agrícolas en las que eran recluidos (como la de Fuerteventura) o en las cárceles. Pero sí he podido confirmar que en los psiquiátricos, fundamentalmente en el Frenopático de Barcelona, sí se aplicaron. Principalmente pagadas por los padres y con el consentimiento del homosexual para acabar con esa "enfermedad".

- Comenta que hay que agradecer al catolicismo extremo del franquismo el que no se aplicaran en España ni castraciones ni esterilizaciones a los homosexuales.
- Antonio Vallejo Nájera, que era el psiquiatra de Franco, defendía la eugenesia, pero no la física sino la moral, para crear una súper casta española, una nueva raza de los mejores. Pero estaba en contra de la castración y de la esterilización.

Sin embargo, Antonio Sabater Tomás -juez de Vagos y Maleantes de Cataluña y posteriormente también de Peligrosidad Social en esa comunidad- sí defendía la castración química y física, pero no llegó nunca a aplicarse (salvo en las excepciones comentadgenraas, por decisión familiar y consentimiento del afectado).

- ¿Quien denunciaba a los homosexuales?
- El proceso se iniciaba con la denuncia de un tercero (policía o guardia civil entre otros). Durante 5 días el acusado podía proponer pruebas en su descargo y designar procurador y letrado. Posteriormente (el día siguiente por lo general), el juez emitía un auto en el que se daba por recibida la denuncia y en un máximo de tres días se decretaba la prisión preventiva. Tras los informes pertinentes, el fiscal valoraba el "estado peligroso de homosexualidad" y solicitaba las medidas de seguridad que se tenían que aplicar hasta que, finalmente, llegaba la sentencia.

- ¿Han sido recompensados los homosexuales por esta represión?
- Es la gran deuda pendiente. Eran presos comunes y no fueron beneficiados ni por indultos ni por las leyes de amnistía, como sucedió con los políticos.

En una medida adicional a una Ley de Presupuestos se les reconoció una indemnización, que solo reclamaron 116 personas. Supongo que muchos no se enteraron o no la pidieron porque se consideraban indignos y sus familias nunca supieron que habían cumplido esas penas, por lo que habría que iniciar de nuevo una campaña para que se les reconozcan sus derechos.

- Respecto al lesbianismo, solo aparece una condena. ¿Por qué?
- He encontrado solo una sentencia de 1968 de una chica que detienen vestida de hombre en Barcelona. En España no se aceptaba que la mujer pudiera tener relaciones con otras porque se salía de nuestro pensamiento. Pero yo creo que no se la persiguió por el delito de homosexualidad sino que se las condenó por el estado peligroso de prostitución o por el mismo concepto de vagancia o de comisión de delitos. Como los archivos no están catalogados, es muy difícil saber que número de personas fueron condenadas por cada uno de esos delitos peligrosos. 


Sentencias del franquismo: "Homosexual en exceso" o "invertido incorregible".
Estos son algunos de los argumentos con los que los jueces de los años cincuenta y sesenta declaraban "peligrosos" y condenaban a los homosexuales en España.
EFE | Heraldo, 2019-11-03
https://www.heraldo.es/noticias/nacional/2019/11/03/sentencias-del-franquismo-homosexual-en-exceso-o-invertido-incorregible-1341880.html

Ser "homosexual en exceso" o "invertido incorregible", "cometer actos de impudicia contra natura" o "alardear de su aberración en el pueblo". Con estos argumentos los jueces de las décadas de los cincuenta y sesenta declaraban "peligrosos" y condenaban a los homosexuales.

Son sentencias dictadas de acuerdo a la peligrosidad social que establecía la Ley de Vagos y Maleantes y que ha estudiado el catedrático de Derecho Penal Guillermo Portilla Contreras en el libro "Derecho penal franquista y represión de la homosexualidad como estado peligroso" (Ministerio de Justicia), presentado esta semana en Madrid.

A continuación se recogen extractos de algunos de estos expedientes, que explican el funcionamiento de esta represión de la homosexualidad en esos años:

Juzgado para la aplicación de Vagos y Maleantes en Cataluña y Balerares
1956, Informe Policía Municipal: está considerado en su vecindad como persona homosexual en exceso. Petición fiscal: resulta que es sujeto de mala conducta moral, que carece de trabajo honesto conocido... en el piso se celebran reuniones de invertidos... Sentencia: al apreciarse su condición de sujeto homosexual productor de hechos que ofenden a la sana moral de nuestro país... Sanciones: internamiento no inferior a tres meses ni superior a un año, prohibición de residencia en su localidad por dos años y sumisión a vigilancia de los delegados por otros dos.

Juzgados especiales de Vagos y Maleantes en el País Vasco
1956, Informe Jefatura de San Sebastián: se dedica a la explotación de homosexuales en cuyas tendencias de inversión participa. Sentencia: realiza con otros actos de impudicia contra natura, es descarado y cínico confesando su vicio sin el menor recato. Fallo: internamiento en un establecimiento de trabajo por un tiempo no inferior a cuatro meses ni superior a un año, prohibición de residir en San Sebastián durante un año y sumisión un año a la Junta de Libertad Vigilada.

Expedientes del Archivo Especial de Vagos y Maleantes de Madrid
1956, detenido por la Guardia Civil al ser encontrado con otro individuo, realizando actos inmorales, acariciándole la cara y dándose abrazos.

1960, Sentencia: considerado conceptualmente como bujarrón... desde 1956 ha venido manteniendo relaciones homosexuales con otro... llegando a realizar el coito anal varias veces, recibiendo a cambio de estos actos regalo y dinero.

Expedientes de juzgados especiales de Vagos y Maleantes de Sevilla
1959, detenido por la policía con antecedentes desde 1940 que lo acreditan como homosexual, siendo sorprendido cometiendo actos inmorales cuando era Guardia Municipal en un urinario del Parque de Salamanca en unión de otros invertidos.

Expedientes del juzgado de Vagos y Maleantes de Granada
1963, hechos: se rodeó de hombres... a los que realizó desde abril de 1962... actos de sodomía, como han sido masturbarse mutuamente y hacerse coitos orales...  no cabe duda de que en España, necesariamente tiene que producir grave escándalo para las personas normales que los hombres se dediquen a practicar la homosexualidad... y así ocurrió... la generalidad de los vecinos se sintieron abochornados y escandalizados, máxime al haberlas realizado en un centro (Secretario del Círculo de Balmes) merecedor del mayor respeto.

Expedientes del juzgado especial de Vagos y Maleantes de Canarias
1955, Informe forense: dice ser homosexual pederasta (término aplicado a los homosexuales) activo con práctica de hace varios años. Mentalidad psíquica deficiente. Informe Guardia Civil y policía: hacía rozamientos a personas aglomeradas para presenciar el paso del Jefe del Estado siendo sorprendido por funcionario con el que intentó hacer lo propio. Homosexual incorregible.

viernes, 31 de marzo de 2017

#hemeroteca #bebesrobados | Alemania estrena un documental sobre la mafia de los bebés robados en el franquismo

Imagen: El Diario / Fotograma del documental sobre los bebés robados
Alemania estrena un documental sobre la mafia de los bebés robados en el franquismo.
Inga Bremer dirige ‘La herencia de Franco: los bebés robados en España’. Plasma la historia de dos afectadas, su lucha por encontrar a sus familias y por una reparación legal, mientras la Iglesia y los responsables políticos ignoran a las víctimas.
Carmela Negrete | El Diario, 2017-03-31
http://www.eldiario.es/cultura/cine/bebes_robados-Alemania-documental_0_627488140.html

"Es uno de los mayores escándalos de la historia moderna europea: durante la dictadura de Franco incontables bebés de los adversarios políticos fueron adoptados por la fuerza". Así de claro y directo se anuncia el documental producido por Soilfilms en cooperación con la televisión pública de Baviera (Bayerischer Rundfunk) y el canal franco-alemán ARTE.

El viernes 7 de abril se estrena en los cines alemanes, con el título 'La herencia de Franco: los bebés robados en España' ('Francos Erbe - Spaniens geraubte Kinder', en alemán). "Lo que comenzó como una acción de limpieza política se convirtió en un lucrativo negocio", afirma la sinopsis de la película.

La directora alemana Inga Bremer recoge los testimonios de dos afectadas por la mafia robabebés que actuó hasta bien entrados los 90. Bebés que las asociaciones de afectados calculan en más de 300.000, que habrían sido secuestrados, apartados de sus padres al nacer, a quienes aseguraban que había muerto para venderlos a continuación.

"Los maquinadores fueron médicos, monjas, curas, trabajadores sociales y notarios". La descripción del documental ofrece la oportunidad de apreciar cómo se ven desde fuera, desde Alemania en este caso, una serie de violaciones de los derechos humanos más básicos, que en el centro mismo de la sociedad española parecen en ocasiones no tener la importancia debida, casi comparables a otros vestigios de la dictadura sobre los que hay que pasar página sin plantearse mayores preguntas.

La película introduce un tema casi desconocido para la sociedad alemana a través de dos protagonistas que narran su calvario y con las que el espectador puede llegar a sentirse identificado con facilidad.

Clara Alfonsa tuvo una hija con 14 años. Le dijeron que estaba muerta y, 27 años después, se reencuentra con ella. Alicia, por su parte, busca a sus padres biológicos después de descubrir, tras el fallecimiento del que creía su padre, que él y su madre adoptiva habían pagado una buena suma por comprarla. El tercer protagonista es el abogado Enrique Vila Torres, que se ha especializado en filiaciones familiares después de que a los 23 años descubriese que él también era adoptado. Hasta hoy, sigue buscando a sus padres.

"Todos los que trabajaban en el hospital sabían lo que allí pasaba", explica una antigua enfermera de una clínica que relata a cara tapada cómo se llevaban a cabo los robos. Su imagen, sentada a contraluz frente a una ventana, es la que aparece en el cartel y uno de los momentos de mayor tensión del documental.

"Fue muy complicado realizar esa entrevista", explica a El Diario la directora Inga Bremer, sobre esta conversación, el momento en el que la película recuerda más a un documental de investigación sobre un tema que sigue estando de máxima actualidad.

Lo que el documental no cuenta
Habría sido un reto indagar en las historias de algunos de los secuestrados que fueron vendidos en el exterior, ya que el espectador alemán no llega a saber que se dio el caso. "Pero ello habría excedido nuestro proyecto", explica Bremer, "eran demasiadas historias y no habría podido hacerles honor como hubiese querido".

También, en especial para el público de Alemania, habría sido de gran interés contar los comienzos de dicha práctica, que hunde sus raíces en la eugenesia teutona, con el médico franquista Vallejo Nájera como máximo exponente de la idea del "gen rojo" que hay que extirpar.

"Podría haber utilizado mucho material de archivo, de Franco y Hitler, contando todas las implicaciones políticas, pero entonces habría hecho otra película", explica la directora. "Me he querido concentrar en el destino personal de dos mujeres, en mostrar cómo una madre que ha encontrado a su hija y una hija que busca a sus padres biológicos se enfrentan a esa situación, y lo que esa búsqueda provoca en ellas".

En la película no aparece la Iglesia, que, tal como denuncian las asociaciones de víctimas, se niega a abrir archivos necesarios para las investigaciones. Inga Bremer asegura que trató por todos los medios de que declarasen, pero se dio de frente contra un muro. "Noté muy rápido que es un tema que está muy reciente y que es casi tabú en la sociedad". Tampoco se apunta a responsables concretos algunos, ni siquiera se habla del famoso juicio en el que se comenzó a juzgar a la monja Sor María Valbuena, que no llegó a ser juzgada porque falleció antes. Ni se habla del auto del juez Garzón y de cómo éste fue apartado de sus funciones.

"Los alemanes no conocen a casi ningún político español, por eso hemos tratado simplemente de dejarlo abierto, y de mostrar, que de alguna forma, son las mismas personas las que siguen mandando y podrían tener relaciones con la mafia del robo de bebés", explica Bremer cuando le preguntamos por qué no habla con periodistas especializados como por ejemplo María José [Esteso] Poves, que hizo una serie de reportajes de investigación, que luego publicó en un libro y que apuntaba directamente a varios políticos del Partido Popular con relación familiar en la trama.

La película llega ahora a los cines alemanes y podrá verse en televisión después en el canal francoalemán ARTE y a finales de año en la televisión pública alemana BR. Vale la pena pararse a verla porque muestra dos historias concretas de una forma muy delicada. Incluso para el espectador español resultaría interesante el visionado, ya que algunas de las víctimas en España han pasado de plató de televisión en plató y se les ha dado un tratamiento amarillista, pero esta obra devuelve a los afectados una parte de su dignidad robada. 

Y TAMBIÉN…
"La madre biológica entraba por un lado y la adoptiva salía con un bebé por otro".
El robo de niños para darlos en adopción continuó hasta los años ‘80 en el Estado español. Algo que comenzó con una motivación política se convirtió en un negocio movido por curas, monjas y médicos. Algunos de ellos, aún viven.
Diagonal, 2009-10-15
https://www.diagonalperiodico.net/saberes-global/la-madre-biologica-entraba-por-lado-y-la-adoptiva-salia-con-bebe-por-otro.html

martes, 14 de marzo de 2017

#hemeroteca #psiquiatria #franquismo | Karl Marx en el diván: la psiquiatría franquista como arma

Imagen: El País / Ingreso de López Ibor (9i) en la Real Academia de Medicina, 1951
Karl Marx en el diván: la psiquiatría franquista como arma.
La dictadura creó un género de autoridad científica para combatir a los enemigos del régimen.
Javier Arroyo | El País, 2017-03-14
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/03/13/actualidad/1489394797_521817.html

La higiene mental entendida como higiene moral y racial. O en conceptos más actuales, la salud mental como resultado de la rectitud moral y la pureza racial… sean estos dos últimos conceptos lo que fueren. El franquismo comprendió que necesitaba un instrumento revestido de ciencia que sustentara su distinción del mundo entre buenos y malos. O, mejor, entre españoles católicos como Dios manda y antiespañoles rojos, marxistas y ateos. Y ese instrumento fue la psiquiatría. Los historiadores de la ciencia no dudan en considerar la psiquiatría franquista un ‘género’ aparte, un arma infalible para el régimen. El grupo de ‘malos’ era diverso: separatistas vascos y catalanes, milicianas, brigadistas, etc. No obstante, en aras de la simplicidad, una definición única era más útil: ‘marxista’ (seguidor de Karl Marx, de quien este martes se cumplen 134 años de su muerte y 150 años de la publicación de su obra cumbre ‘El Capital’) definía con claridad a quien no era de fiar para el régimen. Bajo esa premisa, en las primeras décadas del franquismo se organizó un sistema psiquiátrico capaz de dar cobertura a esa necesidad.

La revista Dynamis, una publicación científica sobre historia de la medicina y la ciencia editada por la Universidad de Granada, hace en su último número un recorrido por la psicopatología franquista. Ricardo Campos y Ángel González de Pablos han coordinado ‘Psiquiatría en el primer franquismo: saberes y prácticas para un Nuevo Estado’, un trabajo que describe una psiquiatría que creció en paralelo al franquismo y, por tanto, adaptándose a él: ultraortodoxa en hispanidad y catolicismo hasta la década de los 50 y, desde ahí, virando hacia una cierta apertura e internacionalización que, sin perder algunos de sus rasgos originales, la hiciera más exportable.

La construcción del sistema arranca en 1938, aún en la Guerra Civil. Antonio Vallejo Nágera, psiquiatra y militar, jefe de los servicios psiquiátricos del ejército franquista pone en pie su experimento ‘El psiquismo del fanatismo marxista’. Lo cuenta Rafael Huertas, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en un estudio de hace algunos años. El proyecto buscaba encontrar las causas de la maldad en, concretamente, brigadistas internacionales, milicianas presas, “separatistas vascos y marxistas catalanistas”. Finalmente, Vallejo Nágera solo ofreció resultados de brigadistas y milicianas. El resultado fue el esperado: una gran mayoría mostraban “reacciones antisociales” como “antipatriotismo y antimilitarismo”. Con diagnósticos que servían de condena, Vallejo Nágera orientaba ya la psiquiatría de las siguientes décadas.

Ricardo Campos, científico del Instituto de Historia del CSIC, enumera los rasgos principales de la psiquiatría franquista: “Depuración de las personas y de las prácticas psiquiátricas anteriores, patologización del disidente político, oposición a las ideas extranjerizantes y, sobre todo, ultracatolicismo y defensa a ultranza de la hispanidad”. Y junto a Vallejo Nágera, el segundo ‘factotum’ fue Juan José López Ibor. Ángel González de Pablo, profesor de Historia de la Ciencia de la Complutense de Madrid, explica que “López Ibor desarrolló una batería de conceptos muy significativos relacionados con el catolicismo, una especie de psicoterapia religiosa”, concluye González de Pablo.

Sin duda hubo internamientos en manicomios y prisión pero en general, la primera psiquiatría franquista no tuvo realmente un objetivo clínico, de tratamiento, sino que fue una construcción quasi-científica necesaria para un fin político mayor. Ese armazón científico fue, además, parte del ‘éxito’ ya que los psiquiatras y sus teorías estaban dentro del aparato investigador y teórico del momento. Luego, algunas piruetas en el método científico les permitían alcanzar los resultados científicos buscados sin realmente serlo.

Los primeros años del franquismo fueron duros. Después, en la década de los cincuenta llega la necesidad de acercarse al mundo. El modelo psiquiátrico, como el régimen, sabe que debe actualizarse. Además, la idea de marxistas como antiespañoles llegados del infierno ya está firmemente instalada. Los psiquiatras franquistas comienzan a admitir a algunos disidentes y, sin perder ese aroma ultracatólico e hispánico, levantan un poco el pie. Ricardo Campos, especialista en historia de la psiquiatría, recuerda que un congreso que en Barcelona, en 1954, reunió a todos los psiquiatras relevantes del momento adoptó cambios importantes como que el término higiene mental se sustituye por salud mental o que se admite la posibilidad de que el psicoanálisis de Freud tenga algunas virtudes.

En España, definir a alguien como marxista ha tenido una connotación más allá del mero pensamiento ideológico. Hasta hace poco o quizá hasta hoy mismo, ha conllevado aparejado un aire de maldad, de peligrosidad o, cuando menos de sospecha. Ese fue el éxito de la psiquiatría franquista. Ahora sabemos que la realidad está en el subtítulo del libro que el historiador y psiquiatra Enrique González Duro publicó en 2008: ‘Los psiquiatras de Franco. Los rojos no estaban locos’.

Sin pastillas, terapias de choque
Hasta los 50 no aparecen los primeros psicofármacos por lo que las ‘soluciones’ psiquiátricas eran algo expeditivas. Por ejemplo, el ingreso en manicomios, con o sin terapias de choque. Algo, por otra parte, en lo que a psiquiatría española no difería del resto del mundo. Quizá sí en la intensidad con la que se abrazaron esas terapias. No obstante, existen casos su uso represivo, como hacía el muy falangista y muy católico Marco Merenciano, director del manicomio de Valencia. La terapia de choque más usual en los 40 era la inyección de Cardiazol; sin perder la conciencia, el paciente sufría terribles convulsiones. Luego llegaron el schock insulínico, el electroshock y la lobotomización prefrontal. Su objetivo, explica Ángel González de Pablo, de la UCM, “era producir un choque cerebral capaz de reorganizar las conexiones cerebrales teóricamente dañadas”. ¿Fueron eficaces esas terapias? “La eficacia es más que dudosa”, concluye González de Pablo.

jueves, 16 de junio de 2016

#hemeroteca #franquismo #homofobia | Una, grande y libre... de sarasas. Los trapos sucios del franquismo viril

Imagen: El Confidencial
Una, grande y libre... de sarasas. Los trapos sucios del franquismo viril.
Un ensayo revisa la persecución de la homosexualidad en tiempos de Francisco Franco. Entre la represión descerebrada, el ardor guerrero y el delirio clínico.
Carlos Prieto | El Confidencial, 2016-06-16
http://blogs.elconfidencial.com/cultura/animales-de-compania/2016-06-16/franquismo-franco-homosexualidad_1217619/

Popular diatriba de Francisco Franco en 1940 a la que aún no hemos exprimido todo el jugo que lleva dentro: “No queremos la vida fácil y cómoda; queremos la vida dura, la vida difícil, la vida de los pueblos viriles”. ¿No es insuperable esta mezcla de poesía y testosterona del Centinela de Occidente? El concepto clave aquí es “viril”, o el franquismo como régimen para machotes, como explica Víctor Mora en 'Al margen de la naturaleza', ensayo sobre la persecución de la homosexualidad en tiempos del Caudillo que se publica ahora tras ganar el Premio Sagasta.

"España tras la guerra es, finalmente, viril. Esta cita no tendría la relevancia que tiene si fuera anecdótica; sin embargo, la seña de identidad de la España triunfal de posguerra es el machismo orgánico, y ésta es una de las claves fundamentales de la doctrina franquista, transmitida desde los medios de comunicación, y los soportes culturales, pero también comprendida dentro de un proyecto educativo ideológico", escribe Mora.

España, unidad de destino en lo... machote. Un país de sargentos chusqueros. "La preocupación por la virilidad y la exaltación fervorosa de la masculinidad como valor moral y cualidad del espíritu nacional español escondía un peligro potencial. Para que la camaradería masculina, asociada a la exaltación de la fuerza y la violencia, no se pervirtiera y se viera tentada de convertir la inocente homosocialidad en corrupta homosexualidad, convenía encontrar un enemigo: el invertido", añade el ensayista.

Dice el refrán que lo que mal empieza mal acaba; en el caso de las enfermizas relaciones entre franquismo y homosexualidad, no puede ser más cierto. Algo que empezó en 1936 con el nombramiento de Antonio Vallejo-Nájera como jefe de los servicios psiquiátricos del ejército de Franco solo podía acabar como el rosario de la aurora: con la modificación de la Ley de vagos y maleantes (1954) para añadir a "homosexuales, rufianes y proxenetas" y con la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social (1970), que incluía penas de cárcel y/o manicomio para los homosexuales. Y es que, a Antonio Vallejo Nájera, uno de los grandes doctores bizarros del régimen, hay que darle de comer aparte...

A favor del super español
Vallejo-Nájera estaba obsesionado como la eugenesia, filosofía social puesta de moda por los nazis en los años treinta con las horripilantes consecuencias conocidas. "Trataba de conciliar las doctrinas alemanas de la higiene racial con las demandas de la doctrina católica", explica Mora sobre Vallejo-Nájera.

La rama celtibérica de la eugenesia dio lugar a visiones clínicas delirantes. Vallejo-Nájera comenzó la guerra a tope -tratando de demostrar empíricamente la "inferioridad mental de los marxistas- y la acabó absolutamente desaforado, con obras como 'Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la raza' o 'Política racial del nuevo Estado', donde teorizaba sobre los grupos sociales que habría que eliminar de la raza hispana. Por ejemplo, a los homosexuales, a los que Nájera da trato preferente al incluirlos en el subgrupo "degenerados superiores".

El jefe de los servicios psiquiátricos nacionales buscaba "estimular la procreación de superdotados físicos y psíquicos". O la loca búsqueda del super español, que vendría a ser algo así como un sobrio heterosexual, bajito, con bigote y de Valladolid. "Los complejos de rencor, de resentimiento y de inferioridad que pesan sobre la raza fueron sembrados primeramente por los hebreos, luego por los moricos, más tarde por la influencia de enciclopedistas y racionalistas extranjerizados. La raza española no habría degenerado si se hubieran mantenido las esencias espirituales de la Hispanidad [...], la caballerosidad, el culto al honor, la valentía, la sobriedad...", escribe Vallejo-Nájera con su habitual mesura.

Mora analiza en el libro diversos textos sobre la homosexualidad perpetrados por militantes, expertos y autoridades clínicas de la época. Hablamos de esa clase de escritos que el paso del tiempo convierte en joyas del humor involuntario...

Entre los autores revisados por Mora destaca la simpar figura de Mauricio Carlavilla -inspector de la Dirección General durante la dictadura de Primo de Rivera, militante de extrema derecha durante el franquismo y autodenominado "escritor policía"- que en 1956 publicó el ensayo 'Sodomitas'. El libro arrancaba fuerte, con el capítulo 'Sodomía y comunismo', en el que Carlavilla 'demostraba' la pavorosa afinidad entre ambos campos: "Resulta notable que en el primer filósofo del Comunismo, en el autor de 'La República', coincidan Comunismo y Sodomía [...] Había de latir en Platón, como en todo pederasta, ese instinto de aniquilación de la especie humana que lleva en sí la impronta satánica de aniquilar, si no le es posible al Dios Creador, a su imagen y semejanza, la criatura humana". Se lo resumimos por si no lo han entendido bien. Platón: rojo, maricón, pederasta... y mal español.

En efecto, el talento de Carlavilla para detectar maricones y comunistas en la Historia no tenía rival. "¿Fue Federico el Grande un ateo militante y objetivamente revolucionario por ser un sodomita? ¿O fue sodomita por ser ateo? Es todo un dilema...", escribe inquieto el policía y ensayista.

Carlavilla escribió hasta un libelo dedicado a demostrar que, ejem, Añaza era un pederasta. Mora resume su contenido: "Deja claro que la tendencia sodomítica de Azaña es la clave que desata sus ansias de destrucción anarquistas, dentro de una narración absolutamente disparatada, en la que predomina una mezcla de términos sin sentido, como es habitual en su prosa".

Carlavilla, que describe a Azaña como un "tipo eunucoide por constitución, invertido por vocación, incapaz de amar y sólo apto para el odio", asegura que el antiguo Presidente de la República era un "pasivo homosexual" que cayó en una "trágica y febril búsqueda de su libido, de ese algo que por reflejo sabía que le faltaba, sin hallarlo jamás, de ahí la feroz anarquía de su mente". Conclusión: la guerra civil estalló a causa de la locura homicida de homosexuales reprimidos republicanos. Superen eso, amigos.

lunes, 1 de diciembre de 2014

#hemeroteca #mujeres #franquismo | "Ni son bellas ni rebasan el nivel intelectual de cualquier modistilla francesa"

Imagen: Público
"Ni son bellas ni rebasan el nivel intelectual de cualquier modistilla francesa"
Los medios de comunicación del régimen franquista calumniaron y descalificaron a algunas de las mujeres que destacaron en el espacio político de la etapa republicana
Eloína Calvete | Público, 2014-12-01
http://www.publico.es/actualidad/558799/ni-son-bellas-ni-rebasan-el-nivel-intelectual-de-cualquier-modistilla-francesa

"Mujeres: difícilmente encontraréis en un régimen de los llamados de libertad una tutela más preocupada de vuestras auténticas libertades que las que os ofrecen los regímenes fascistas de autoridad y jerarquía". Estas líneas, recogidas en el "ABC de Sevilla" (13/09/1938) en un artículo titulado “La mujer y el fascismo”, resumen la ideología de la prensa escrita de la época franquista; una prensa que el gobierno utilizó para desvirtuar el ideal femenino republicano que defendieron mujeres como Margarita Nelken, Dolores Ibárruri, o Federica Montseny. De distintas ideologías y con más o menos acierto, ellas pretendieron situar a la mujer española en el lugar que la Iglesia y los diferentes sistemas patriarcales le habían negado siempre. Como representantes de un modelo femenino desprestigiado desde todos los ámbitos, sus nombres fueron criticados y despreciados en pro de la moral católica y de la "regeneración de la raza".

Las autoridades golpistas encontraron una base “científica” en la que apoyarse, las teorías eugenésicas desarrolladas en la Inglaterra del siglo XIX por Francis Galton y continuadas en la Alemania nazi. En España, fue el doctor Vallejo Nájera el encargado de establecer la "incapacidad" de hombres y mujeres de izquierda. En el campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos), con prisioneros masculinos de distintas nacionalidades que pertenecían a las Brigadas Internacionales, las “Investigaciones psicológicas en marxistas femeninos delincuentes” se llevaron a cabo en la prisión de mujeres de Málaga. El historiador catalán Ricard Vinyes Ribas, en su trabajo “Construyendo a Caín. Diagnosis y terapia del disidente: las investigaciones psiquiátricas militares de Antonio Vallejo Nájera con presos y presas políticos”, recoge alguna de las conclusiones de dichos textos: "Recuérdese, para comprender la activísima participación del sexo femenino en la revolución marxista, su característica labilidad psíquica, la debilidad del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales (...) cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer (...) entonces despiértase en el sexo femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarles las inhibiciones inteligentes y lógicas..." En este contexto es fácil imaginar el tono que adquirieron las noticias relacionadas con las figuras femeninas arriba reseñadas.

Como dirigente del Partido Comunista español, Dolores Ibárruri Gómez se convirtió en objetivo importante de la prensa franquista. En los periódicos, su figura fue utilizada como símbolo de todo aquello que el régimen quería reprimir en su doctrina femenina. Las palabras recogidas del diario “La Vanguardia Española” (15/10/1960) no dejan lugar a dudas: "Dolores Ibárruri, La Pasionaria, es una de las figuras más tristes y de más envenenada historia, con abundar tanto éstas en el mundo comunista. Su nombre suena en los oídos españoles con acentos particularmente hirientes. Toda su actividad política fue un frenesí vengativo y rencoroso...".

Un trato similar recibió Federica Montseny Mañé, dirigente anarquista y primera mujer en ocupar un cargo ministerial en España. En su caso, el agravio se inició ya con sus padres. De nuevo “ABC de Sevilla” (9/09/1937) se hacía vocero del gobierno: "Me trae a la memoria el recuerdo de Federico Urales y su mujer, Soledad Gustavo... ¡Qué excelente pareja de farsantes para llevar a un concurso o exhibir en una feria!... ¿habrá nacido allí Federica Montseny, la ex ministra de Sanidad del Gobierno de Valencia...? No lo sé, ni sabía tampoco que Soledad Gustavo hubiese nunca dado a luz otros engendros que los de su monstruosa imaginación"

Margarita Nelken Mansberger, nacida en Madrid y de ascendencia judía, fue la figura femenina republicana que, con diferencia, recibió el trato más degradante en los diarios del momento. Su condición de mujer de ideología liberal unida a su origen la convirtieron en víctima propiciatoria de unos medios que no vacilaron en acusarla de los peores delitos. Así fue descrita en “La Vanguardia Española” (01/11/1949): "En la vida pública no hay más que hombres con faldas, cualquiera que sea su sexo. Y Doña Margarita Nelken, diputado, agitador comunista, agente a sueldo de Moscú, es un hombre público. Pocos habrán ejercido en estos últimos tiempos influencia más nefasta. En la galería de monstruos de nuestra historia contemporánea, tiene un puesto señalado por su propio derecho... serpiente con faldas, vagabunda sin patria y sin Dios... que envenenaba e inducía al asesinato a sus secuaces rurales y que hubiera traficado en drogas tóxicas o en carne humana..."

Éstos son sólo tres ejemplos representativos de lo que supuso para las mujeres españolas el triunfo de los golpistas en la Guerra Civil. Durante la 2ª República una serie de reformas sociales dejaron entrever un esperanzador futuro para un país inmerso en un atraso secular. Pero los nuevos gobernantes marcaron un antes y un después de la contienda fratricida y los medios de comunicación se convirtieron en medios de persuasión, en elementos indispensables para un poder que pronto recurrió al castigo y a la humillación de aquellos que defendieron la libertad: los perdedores. Socialistas, anarquistas, republicanos... no importaba la ideología, el nuevo régimen no hizo diferencias. Todos eran uno y hubo una definición para todos: comunistas.

El modelo de mujer diseñado por el franquismo se concretó en una figura femenina cuyas principales labores consistían en ejercer de madre abnegada, esposa sumisa y devota cristiana. Un modelo que los medios se prestaron a divulgar y para ello no dudaron en recurrir a un discurso alejado del periodismo y próximo a la difamación. En “ABC de Sevilla” (20/11/1934) se podía leer: "...Como toda España las conoce, eso nos dispensa de designarlas por sus nombres. Aunque parezcan animadas y aún enardecidas por una noble fiebre idealista, no son más que aventureras de la política (...) es difícil que inspiren el menor interés porque ni son bellas, ni rebasan intelectualmente el nivel de cualquier modistilla francesa (...) Su feminismo empieza y acaba en la ropa. La más ilustre de todas ellas hubiera sido feliz con un marido que no fuese un fantoche y que la hubiese revelado las angustias y los placeres de la maternidad".

Las figuras femeninas que destacaron en el espacio republicano no fueron muy numerosas, pero en un país en el que apenas se había comenzado a hablar de feminismo, su labor se tornó más importante y sus esfuerzos más valiosos. Se necesitarían muchos años para apartar del imaginario colectivo la negativa imagen de aquellas mujeres que se integraron en el espacio político de un país con una larga tradición arcaico-religiosa. Y aún hoy persisten ciertos estereotipos de género que parecen querer cuestionar y/o limitar su plena integración. 

DOCUMENTACIÓN
Construyendo a Caín: diagnosis y terapia del disidente : las investigaciones psiquiátricas militares de Antonio Vallejo Nágera con presas y presos políticos / Ricard Vinyes Ribas
En: Ayer (ISSN 1134-2277), n. 44 (2001), p. 227-252. Ejemplar dedicado a: El sexenio democrático.

Biblioteca UPV/EHU
http://millennium.ehu.es/record=b1652713~S1*spi