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martes, 31 de marzo de 2020

#hemeroteca #trans | Visibilidad trans, asignatura pendiente

Imagen: El Salto / Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson
Visibilidad trans, asignatura pendiente.
Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera, Miryam Amaya, la Veneno, Carmen de Mairena, Carla Antonelli, Martín Berenguer, Uge Sangil... Por mucho que se burlaran de ellas e intentaran quitarles su dignidad, estas mujeres trans y muchas otras siguieron abriendo camino para las que vinimos después.
Marcos Ventura · Coordinadora del grupo trans de FELGTB | El Salto, 2020-03-31
https://www.elsaltodiario.com/opinion/visibilidad-trans-asignatura-pendiente

Las personas somos seres sociales. Ningún ser humano vive en el vacío, vivimos en sociedades más o menos complejas, que determinan nuestras posibilidades de desarrollo individual y colectivo. El feminismo ha sido uno de los desarrollos teóricos que más han servido para la emancipación de las personas discriminadas, y de ellas hemos aprendido mucho. Un ejemplo de ello es que todo aquello que no se nombra, no existe. Esto último es tan cierto, como que muchas personas trans tardan años en entender su identidad, porque se les ha privado de la posibilidad de conocer y entender la diversidad de las identidades humanas, su propia realidad.

Cuando nuestros cuerpos e identidades no encajan con lo que la sociedad espera de nosotras, nos encontramos ante un territorio hostil, donde la violencia —tanto material como simbólica— campa a sus anchas, y nos genera a las personas trans serias consecuencias de salud física y mental. A lo largo de la historia, han sido innumerables las personas trans que han dado un paso adelante y han luchado contra normas sociales, religiosas, políticas, culturales y hasta médicas que nos invisibilizan, patologizan y discriminan por ser diferentes a la normatividad cisexista.

El término referente hace mención a todas aquellas personas con proyección pública en las que nos vemos reflejades, aquellas personas que sentimos que son como nosotres, y de las que pensamos, “si ellas han podido llegar hasta allí, yo también puedo”. Todas las personas tenemos referentes, ya sea familiares o personalidades públicas, que tomamos como ejemplo de conducta, porque nos sentimos afines y porque admiramos a esas personas.

La comunidad trans también merece tener referentes en los que verse reflejada para que las nuevas generaciones de personas trans entiendan que su identidad no es menos válida, que no están solas en el mundo y que pueden aspirar a lo que deseen. Esas personas trans jóvenes que hoy, a causa de la crisis sanitaria que estamos viviendo, están confinadas en sus casas, si han tenido suerte, estarán compartiendo cuarentena con una familia que les quiere, pero si no la han tenido, estarán sufriendo la negación de su identidad y su dignidad humana a manos de quien se supone debe velar por su bienestar. Este artículo pretende ser, tanto un ejercicio de visibilidad y homenaje a esos personajes públicos que son referentes trans por derecho propio, como una muestra de apoyo a esos jóvenes trans, a quienes les decimos algo y claro que todo mejora.

Ese año en el que, desde la Federación Estatal de Lesbianas, Trans y Bisexuales (FELGTB) estamos reivindicando el papel de las mujeres LBT, queremos recordar a nuestras referentes históricas, especialmente, aquellas mujeres trans que tanto consiguieron por el colectivo LGBTI. Ha habido gente trans haciendo historia por y para nosotras, muchas que ya no están: Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera en Stonewall, Miryam Amaya en la manifestación del 77 en Barcelona, o Cristina, la Veneno, y Carmen de Mairena, a la que acabamos de perder. Por mucho que se burlaran de ellas e intentaran quitarles su dignidad, ellas siguieron abriendo camino para las que vinimos después.

Es necesario recordar a quien ha hecho del activismo su forma de vida, y nos ha abierto puertas en política, pero también en la vida asociativa. Carla Antonelli, primera diputada trans; Martín Berenguer, la cabeza pensante detrás de las leyes que nos han dado nuestros derechos; Uge Sangil, primera presidenta trans de FELGTB y tantas otras, que es imposible mencionarlas a todas, Joana Cabrera, Joss Pérez, Guillem Montoro...

A quienes nos visibilizan en los medios de comunicación de masas: actores y actrices como Laverne Cox, Lara Martorell, Abril Zamora, Daniela Vega, Josiah Garcia, Indya Moore. A quienes nos permiten pensarnos mejor desde la academia: Paul B. Preciado, Susan Stryker, Julia Serrano, Jack Halberstam, Miquel Missé y también desde la ficción: Darío Gael Gómez, Alana Portero o Roberta Marrero.

Y a quienes rompen barreras allá donde van: Marina Sáenz, primera catedrática trans de España; Alba Palacios y Omaira Perdomo en el mundo del deporte; Juani Bermejo, investigadora en computación cuántica; artistas de la talla de Alicia Ramos, Elsa Ruiz, Dani Curbelo...

Todas esas personas forman parte de esa comunidad trans visible y pujante que lucha por hacerse un hueco en un mundo desfavorable a ellas. Todas ellas forman parte de nuestra historia como comunidad, y a todas ellas les debemos no solo parte de lo que somos, sino también su parte merecida en este orgullo que sentimos por ser trans y por poder visibilizarlo (y visibilizarlas) en un día como hoy.

martes, 25 de febrero de 2020

#hemeroteca #feminismo #trans | Basta ya de deshumanizarnos

Imagen: Google Imágenes / Susan Stryker
Basta ya de deshumanizarnos.
Las mujeres trans necesitan del feminismo de verdad, el interseccional, el que tiene en cuenta todos los factores de opresión y lucha para que las vidas más precarias sean dignas de ser vividas.
Marcos Ventura | El Diario, 2020-02-25
https://www.eldiario.es/tribunaabierta/Basta-deshumanizarnos_6_999560056.html

Finalmente, Izquierda Unida decidió, por una aplastante mayoría de un 85%, expulsar al Partido Feminista de sus filas, decisión que ha conseguido desatar una guerra en Twitter, red por todas conocida como la más pacífica de las redes sociales.

Quienes defienden la decisión han estallado en júbilo, mientras que quienes la rechazan acusan a IU de machista. La siempre confiable acusación de machismo, tan útil para atacar a cualquiera que señale las deficiencias y errores de las organizaciones feministas.

No lo negaré, yo fui de las que se emocionaron por la decisión. Decir que la defensa de una ley trans es una estrategia del lobby gay para legalizar los vientres de alquiler, explotar sexualmente a mujeres, operar quirúrgicamente a niñes de 8 años, destruir el feminismo y algunos delirios más, tiene sus consecuencias. Entre ellas, un repunte de los discursos de odio contra las realidades trans, especialmente en redes sociales, que han recrudecido el debate público dejando, nuevamente, a las más precarias de entre las precarias en una posición aún peor. Con esta decisión, IU demostró que los actos tienen consecuencias y que la transfobia no sale gratis.

Para tratar de enmascarar lo que no es sino transfobia pura y dura, las terfs han focalizado el objetivo de sus críticas en la teoría queer, nuevo chivo expiatorio, origen de todos los males del mundo, pero incurren en tres falacias. La primera es que parece obvio que no han leído ni un libro de teoría queer en su vida. Se hacen unas afirmaciones sobre lo que dice la teoría queer francamente delirantes. No, la teoría queer no dice que ya no existen hombres y mujeres y que podemos cambiar nuestro género cuando nos apetezca, eso es, o mentira, o una profunda ignorancia.

La teoría queer, simplemente, ofrece una explicación sobre cómo se construyen las subjetividades individuales, a través de la microfísica del poder y la capacidad performativa de los actos comunicativos. Este análisis es, por cierto, muy necesario, dado que cierto feminismo radical decidió que la raíz de la opresión estaba en el patriarcado y que no hacía falta indagar más, que no hacía falta preguntarse cómo se conformaban esas identidades que el patriarcado jerarquizaba. (Parece que a muchas les duele que la raíz estuviese más profunda de lo que pensó el feminismo radical).

La teoría queer es solo una teoría sobre por qué la realidad es la que es, no es una descripción de una realidad inexistente, como lo quieren pintar ciertos sectores conservadores (a izquierda y derecha). La realidad es que las personas trans existimos mucho antes de que se teorizara sobre nosotras.

De hecho, existimos desde siempre, como se puede ver en los restos tan desconcertantes para los arqueólogos de "huesos de hombre enterrados con joyas femeninas", o como se puede ver en los sistemas sexo-género no binarios de sociedades tan distintas como los bugis de Sulawesi, Indonesia (que tienen 5 géneros), los Ciucki siberianos (que admiten 7), los dos-espíritus de muchas tribus nativo americanas, etc.

De hecho, lo que parece es que la clasificación de los seres humanos en hombres y mujeres, de forma exclusiva y con base inapelable en la genitalidad (una genitalidad que, por cierto, las personas intersex demuestran que tampoco es cierto que sea binaria) es un constructo occidental y colonial.

Incluso en las sociedades occidentales, tenemos conocimiento de la existencia de personas trans desde siempre. Susan Stryker, en su libro 'Historia de lo trans', recoge un estremecedor relato sobre una chica trans nacida en el Imperio Austrohúngaro en 1862. La obra relata el calvario que la protagonista pasa durante toda su vida por no poder vivir su identidad: abandona a su familia, tiene que ir escapando de país en país, un hombre intenta violarla y descubre que es trans, etc. Como vemos, todo muy posmoderno. Estábamos poniendo excusas para legalizar los vientres de alquiler desde 1862...

La segunda falacia es que toda la actuación del activismo trans está basada en la teoría queer, que es seguida por una parte del activismo trans, pero ni de lejos por la mayoría. Nuestras reivindicaciones están basadas en nuestra realidad, la que vivimos día a día, y en las necesidades detectadas. No, la reivindicación de que mi identidad, lo que yo sé que soy, solo puedo decirlo yo, y no ningún médico, no es ningún delirio posmoderno, es respeto básico a la dignidad humana y al libre desarrollo de la personalidad con plena seguridad jurídica.

Y la tercera falacia es que queramos acabar con el feminismo, cuando las mujeres trans son, probablemente, las que más necesitan el feminismo. Pero no ese feminismo blanco, cisheterosexual y burgués que caracteriza a muchas. Las mujeres trans necesitan del feminismo de verdad, el interseccional, el que tiene en cuenta todos los factores de opresión y lucha para que las vidas más precarias sean dignas de ser vividas. A las mujeres trans, sobre todo a las más mayores, les va la vida en que el transfeminismo triunfe.

Para finalizar, hay una cosa que quiero dejar muy clara y es que las personas trans somos seres humanos. Esto es necesario recordarlo porque entre ciertos sectores de la extrema derecha y del feminismo radical está de moda reducir nuestras realidades o bien a nuestra genitalidad, o bien a la teoría queer y, por lo tanto, apoyar a las personas trans sería, o bien ir contra la ciencia, o bien defender una ideología posmoderna determinada. Sin embargo, reducir a una persona, sea trans o no, a sus genitales, es cosificar una realidad inmensamente compleja que nunca puede ver reducido el todo a una de sus partes. Y reducirnos a una teoría, la teoría queer, en este caso, es deshumanizarnos de forma brutal. No, señoros y señoronas, no soy una teoría, soy una persona con una experiencia diferente a la de ustedes y que no solo no son capaces de comprender, sino que se han cerrado en banda a intentarlo.

Que desprecien la experiencia vital, la identidad y la propia subjetividad, el núcleo irreductible de la dignidad vital de tanta gente como "la última ideología de moda" es tan deshumanizador que se vuelve intolerable. Y como es intolerable, espero que no solo IU, sino ningún partido político permita que este discurso de odio crezca en sus filas. Nos va, literalmente, la vida en ello.

Marcos Ventura. Coordinadora del grupo trans de la FELGTB

miércoles, 16 de octubre de 2019

#hemeroteca #lenguajeinclusivo #binarismo | Todos, todas y ¿todes?

Imagen: 20 Minutos / Sam Smith
Todos, todas y ¿todes?
Marcos Ventura Armas · Activista de Gamá, Colectivo LGTB de Canarias | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2019-10-16
https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2019/10/16/todos-todas-y-todes/

Estos días ha sido noticia que el prestigioso diccionario Merriam-Webster ha reconocido el uso de ‘they’ como pronombre singular de género neutro en la lengua inglesa. Este cambio ha coincidido con unas declaraciones públicas de Sam Smith, artista visiblemente no binarie, en las que exponía ante el mundo que había decidido que sus pronombres serían they/them.

Estas declaraciones tienen que ver con uno de los aspectos esenciales de las realidades no binarias: la visibilidad. Todes necesitamos que nuestra identidad sea reconocida socialmente. Y en nuestras sociedades occidentales hay dos elementos claves para identificar a una persona que son su aspecto y su lenguaje. La forma en la que nos mostramos ante el mundo y en la que nos comunicamos con el mundo le dice a los demás quienes somos.

El castellano es un idioma con género gramatical muy marcado. Es difícil encontrar una palabra que no tenga un género claramente definido, pero también las hay. Por ejemplo, si yo digo de alguien que es guapo, ¿quién es guapo? La respuesta que pensará todo el mundo es que él es guapo, que es un hombre. Pero, ¿y si digo que alguien es inteligente? Inteligente puede ser tanto él como ella. Si digo de alguien que la vi ayer, sabes que me refiero a ella, pero ¿si digo que le conté lo que me pediste? Le conté puede ser tanto a él como a ella. En castellano, las pocas palabras que no tienen un genero gramatical marcado tienden a acabar en -e.

Desde los activismos llevamos mucho tiempo haciendo política a través de la modificación del lenguaje. Porque sabemos que el lenguaje construye realidad, que el masculino genérico lo que hace es invisibilizar otras realidades y que necesitamos un lenguaje que sea inclusivo. Esta inclusión se intenta hacer de dos maneras: o bien repitiendo la misma palabra en ambos géneros gramaticales (normalmente en una concepción binarista que usa solo el masculino y el femenino) como en “todos y todas”, o bien tratando de generar opciones de expresión que no tengan un género marcado. Son las famosas “tod@s” o “todxs”, que son impronunciables, no sirven para el lenguaje oral e impiden, por ejemplo, que los sistemas de lectura para personas ciegas puedan leer adecuadamente los textos.

Sin embargo, parte del activismo lleva ya años intentando generar nuevas palabras sin género marcado. Es el ejemplo de la terminación en la -e, como ‘todes’. Todes es una palabra que cumple la misma función que tod@s o todxs, pero que es pronunciable y sirve también para el lenguaje oral. Parte de la idea expuesta anteriormente de que la mayoría de las palabras sin género marcado en castellano acaban en -e.

Para muchas personas no binarias, los pronombres acabados en -e (elle) son una vía de escape para no tener que usar pronombres binarios, y deciden usar el neutro. Pero sigue siendo un pronombre neutro, sin marca de género, no un pronombre con marca de género no binaria. ¿Qué sucede cuando decimos “todos, todas y todes”? Que estamos usando simultáneamente dos estrategias de lenguaje inclusivo y, muchas veces sin ser nuestra intención, le quitamos a una de esas estrategias su carácter de inclusividad.

Nadie hace una enumeración en la que junto a varios subconjuntos aparezca el conjunto que los engloba a todos, porque atenta contra las bases del pensamiento lógico. Nadie diría “los extremeños, los madrileños y los españoles me caen bien” o “las manzanas, las peras y las frutas son sanas” ni “bienvenidos damas, caballeros y personas asistentes”, porque si lo haces, lo que transmites es que esas “personas asistentes” son las que no sean ni damas ni caballeros, es decir, el resto, pero personas es el conjunto que las engloba a todas. Igual que nadie escribiría un texto hablando de “todas, todos y tod@s”.

¿Por qué, entonces, decimos “todos, todas y todes”? Mucha gente lo hace porque quiere visibilizar todas las formas de nombrarse. Pero ignora que hacer esa enumeración no es inocua, y que contrapone todes a todos y todas, lo cual hace que todes deje de ser una palabra de género marcado, generando una marca de género no binario. Porque en el fondo, cuando decimos “todos, todas y todes” no estamos diciendo “hombres, mujeres y todas las personas” (por la regla lógica de que las enumeraciones no incluyen a los subconjuntos y al conjunto que los agrupa) sino que estamos diciendo “hombres, mujeres y personas no binarias”.

Y esto es problemático. Porque el activismo no binario tiene que basarse en la libertad personal para elegir nuestra propia configuración de género. No podemos crear una transnormatividad no binaria que marque la forma correcta de ser no binarie porque si lo hacemos acabaremos dejando gente excluida y acabaremos teniendo personas que no sean ni hombres, ni mujeres ni no binarias. No podemos generar una necesidad en todas las personas no binarias de alcanzar cuerpos y expresiones totalmente andróginas, ni podemos establecer elle como pronombre no binario. Yo soy una persona no binaria cuya expresión de género es masculina y cuyo pronombre es ella. Y, sin embargo, acudí hace poco a un congreso en el que en mi acreditación ponía delegade. Porque claro, como soy no binarie, mi pronombre debe ser elle. Y esa es una forma de negar mi autodeterminación del género igual que nombrarme en masculino.

Entiendo y comparto la necesidad feminista de visibilizar el femenino en el lenguaje, pero no puede hacerse a costa de generarle a las palabras acabadas en -e una marca de género no binaria. Mi propuesta es alternar entre el neutro (porque todes es neutro, no es no binarie) y el femenino genérico, ya que así visibilizamos el femenino sin alterar el significado del neutro. Pero tenemos que ser conscientes de que ‘todes’ no es nada más que la versión pronunciable de todxs o tod@s, y que en ‘todes’ estamos incluides tanto hombres, como mujeres, como personas no binarias. Por tanto, no podemos decir todos, todas y todes sin arriesgarnos a generarle a todes una marca de género no binaria y, con ello, generar una normatividad no binaria que es contraria a la lucha que debemos defender.

Así que ya sabes amigue, seas quien seas quien lea esto, todes también te incluye.
Y TAMBIÉN...
“Soy lesbiana, no mujer”: ¿Por qué algunas lesbianas no se consideran mujeres?
Gisele Sousa Dias | Infobae, 2019-10-13

https://www.infobae.com/sociedad/2019/10/13/soy-lesbiana-no-mujer-por-que-algunas-lesbianas-no-se-consideran-mujeres/

domingo, 18 de agosto de 2019

#hemeroteca #feminismo #transfobia | La transfobia no es feminismo

Imagen: El Español / Gustravo, trans en MADO 2017
La transfobia no es feminismo.
Seguiré defendiendo a mis compañeras con uñas y dientes. Porque la transfobia nunca va a ser tolerable, venga de la extrema derecha o del feminismo radical. Hay mujeres trans que no se maquillan, van en vaqueros y con el pelo corto, así como hay hombres trans con el pelo largo y maquillándose. El problema no es que aún vivimos en una sociedad dividida por géneros, donde no es lo mismo ser hombre que mujer, y por lo tanto es necesario que te reconozcan tu identidad propia para poder desarrollar tu vida con el menor sufrimiento posible.
Marcos Ventura - Coordinación del grupo de políticas trans de FELGTB | El Diario, 2019-08-18
https://www.eldiario.es/tribunaabierta/transfobia-feminismo_6_932016808.html

Este último mes hemos tenido un debate público que, sinceramente, esperaba que en España nunca tuviéramos. Es un signo de los tiempos que corren; en estos momentos de auge de las extremas derechas populistas como no lo ha habido desde la Segunda Guerra Mundial, nos vemos obligadas a volver a debatir temas que ya dábamos por zanjados: que la violencia machista tiene un componente estructural que la diferencia de la violencia doméstica, que las personas homosexuales o bisexuales no estamos enfermas, y que la identidad de las personas trans es real y válida independientemente de nuestra genitalidad. Pero lo que hoy me preocupa sobremanera es que este último debate no lo hemos tenido solo con la extrema derecha, sino con un sector del movimiento feminista.

Podría escribir todo un monográfico de críticas sobre lo que se dijo en las Jornadas feministas Rosario Acuña de Gijón, pero no quiero extenderme demasiado. Podría decir que no diferenciar teoría ‘queer’ de activismo transfeminista y usar un manifiesto de un colectivo concreto para vincular esta corriente de pensamiento a la defensa del alquiler de vientres y la defensa del sistema prostitucional transnacional es un totum revolutum que tiene una finalidad clara: vincular el transfeminismo con cuestiones emocionalmente repudiadas por el feminismo radical, para generar ese mismo repudio hacia el transfeminismo, siendo una aplicación de la falacia de composición, según la cual lo que es válido para una parte (un manifiesto de un colectivo concreto) es válido para el todo (el transfeminismo). Y esto no es cierto, pues la FELGTB es una entidad declaradamente transfeminista, pero no tiene una postura a favor ni de la regulación de la prostitución ni de los vientres de alquiler.

Podría decir que las ponentes dejaron bien claro que ni sabían, ni les interesaba saber, de la realidad que viven las personas trans. Porque el problema real de las personas trans no es cómo vestirse, como sugirió una ponente diciendo que no hay que confundir el género con la historia de la moda. Hay mujeres trans que no se maquillan, van en vaqueros y con el pelo corto, así como hay hombres trans con el pelo largo y maquillándose. El problema no es adecuarse más o menos a los estereotipos de expresión de género (estereotipos que, por otra parte, no se cuestionan cuando son perpetuados por mujeres cisexuales), el problema es que aún vivimos en una sociedad dividida por géneros, donde no es lo mismo ser hombre que mujer, y por lo tanto es necesario que te reconozcan tu identidad propia para poder desarrollar tu vida con el menor sufrimiento posible. No comprenden que lo que oprime a las mujeres no es nacer con vulva, sino que se las lea y trate como mujeres. Y esto es tan cierto para mujeres trans como para mujeres cis. Si por tener vulva se les asigna mujeres al nacer, el esencialismo biológico según el cual mujer es quien tiene vulva forma parte del mecanismo de la opresión que sufren las mujeres cis.

Podría decir que acusar al reconocimiento de la autodeterminación del género de acabar con la ley de violencia de género es una forma tremendamente falaz de pretender sembrar el pánico entre las mujeres. Porque la figura del abuso de derecho ya existe. El matrimonio no exige pruebas de amor para llevarlo a cabo, y sin embargo sí se investiga en caso de que se sospeche que un matrimonio de conveniencia pretende violar las leyes de extranjería. No veo a nadie diciendo que aceptar el derecho al matrimonio supone derogar la ley de extranjería.

Podría decir que se llegó a afirmar en las jornadas que había gente que prefería identificarse como trans que como lesbiana. Como si cualquiera se arriesgara a la increíble cantidad de violencia que aún hoy supone ser una persona trans si no lo necesitara para poder vivir. O como si no existiesen hombres trans gais y mujeres trans lesbianas. Peor aún, como si la orientación o la identidad sexual fuesen una elección. Y aquí es donde sí quiero centrarme. Porque quieren hacer ver que ser trans es una elección, que la realidad trans es "la última ideología de moda" y no una vivencia personal absolutamente indisponible e incapaz de ser ignorada sin consecuencias graves para la salud de las personas. Este discurso es peligrosísimo, y deja entrever que no han llegado a revisarse el privilegio cisexual que supone vivir en esta sociedad cuando tu identidad coincide con la identidad que la sociedad te reconoce. Estamos debatiendo como si fuese un mero posicionamiento lo que es la realidad más íntima y relevante de la persona, y estamos cuestionando los esfuerzos de mucha gente, no ya por tener vidas dignas, sino simplemente por sobrevivir. Y eso, se pongan como se pongan, es transfobia.

¿El problema teórico que da pie a debatir la identidad de las personas, según sostienen algunas, es el uso de la palabra género? Pues que se queden con la palabra, pero que nos respeten nuestra identidad sexual. Aunque tristemente, si solo fuese eso, nunca se habría dicho la ya infame expresión "y digo tíos, porque son tíos". Cuando Hazte Oír sacó su bus tránsfobo a pasear por las calles del país, los sectores progresistas reaccionaron de inmediato. Salió en todas las noticias, y La Sexta le dedicó especiales durante más de una semana. Sin embargo, ahora la reacción ha provenido prácticamente en exclusiva de personas muy vinculadas al activismo transfeminista. ¿Cuál es la diferencia entre "Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva, que no te engañen" de Hazte Oír y "Digo tíos, porque son tíos" de Alicia Miyares?

Es exactamente el mismo discurso transfóbico y peligroso para el bienestar de nuestras menores trans, pero pronunciado por personas intocables para la opinión pública. Dejando de lado el hecho de que el feminismo radical abolicionista no parezca tener ningún problema con compartir cada vez más postulados con el fundamentalismo religioso, resulta especialmente preocupante que los medios denuncien el discurso tránsfobo en un caso, pero cuando denunciarlo supone admitir públicamente que grandes referentes del feminismo no sólo se están equivocando, sino que están propagando un discurso de odio, lo ignoren.

No quiero restarle un ápice de valor a las aportaciones que estas mujeres (singularmente Amelia Valcárcel y Alicia Miyares) han hecho al feminismo, pues son referentes por méritos propios. Pero si son admiradas como referentes, y no idolatradas como diosas, es porque podemos hacer juicios críticos sobre sus posicionamientos, y aquí se están equivocando. Espero que más pronto que tarde vean todo el daño que causan con su postura y la rectifiquen, que es de sabias, y ellas sin duda lo son.

Pero mientras tanto, yo seguiré defendiendo a mis compañeras con uñas y dientes. Porque la transfobia nunca va a ser tolerable, venga de la extrema derecha o del feminismo radical. Porque el transfeminismo no es ni más ni menos que garantizar los derechos humanos de las personas trans, y luchar porque todas las personas vivamos en un futuro libres de toda clase de violencia, y por lo tanto es una lucha irrenunciable que debemos pelear cueste lo que cueste.

domingo, 30 de septiembre de 2018

#hemeroteca #lgtbi | ¿Cuál es el siguiente paso tras lo LGTB?

Imagen: Diario Información / Orgullo LGTB en Benidorm
¿Cuál es el siguiente paso tras lo LGTB?
Marcos Ventura Armas · Activista de Gamá, Colectivo LGTB de Canarias | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2018-09-30
https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2018/09/30/cual-es-el-siguiente-paso-tras-lo-lgtb/

En estas líneas quiero exponer una reflexión que, para algunas, puede ser un tema menor, pero para otras es de vital importancia, y para todas las que trabajamos en el activismo LGTB supone una inversión de tiempo en debates que quizás podrían solucionarse con prestarles algo de atención. Hoy me ocupa si LGTB es la denominación correcta para nuestro movimiento.

Comenzaré por cómo hemos llegado aquí. Lo que se autodenominó en origen movimiento de liberación gay (aunque en realidad las personas trans siempre estuvieron presentes) se convirtió en movimiento gay y lésbico al asumir que la discriminación de las mujeres lesbianas era diferente por el machismo, fuera y dentro del movimiento. Y después, en algún momento, acabaron por incluirse y visibilizarse tanto las personas trans, las primeras en tirar las piedras y las que siempre se ofrecían para ir en la cabecera de las manifestaciones, aunque eso significaba poner el cuerpo para recibir los palos, como las personas bisexuales, probablemente más con la boca chica que con auténtica convicción. Y así en España se organizó la lucha como movimiento LGTB.

¿Por qué usar las siglas LGTB? Porque una de las estrategias básicas del movimiento ha sido la visibilización de nuestras realidades. Consiguiendo visibilidad conseguíamos “normalizar” (aunque este fuese un debate que generase fracturas, porque algunas no querían integrarse en la cisheteronorma) para salir de la exclusión. Ser visibles en todos los espacios y ámbitos posibles ha sido una de las estrategias más efectivas. Y esa visibilidad se buscaba también en el nombre. Dado que se asume que cada una de las realidades incluidas en el movimiento tiene su propia entidad, su propia discriminación y su propia necesidad de visibilidad, tenía que vérsenos a todas, a lesbianas, gays, transexuales y bisexuales, LGTB.

El problema llega, a mi juicio, cuando comprendemos que la diversidad sexual y de género es mucho mayor de lo que habíamos imaginado, cuando el mundo ya no se divide en gays y heteros. La lucha de las personas intersexuales, sometidas a cirugías cosméticas nada más nacer para esconder sus realidades a un mundo que no las concibe como posibles, ha calado muy hondo, hasta el punto de que en el Orgullo estatal de este año se podía leer Orgullo LGTBI. La identidad queer, de carácter quizás más político que identitario, pero que reclama la libertad para vivir la sexualidad fuera de las limitantes categorías tradicionales, también se hace un hueco en el que suele ser el acrónimo más largo, LGTBIQ.

Pero la diversidad sexual y de género no se queda ahí. Cualquier persona asexual sabe que una sociedad hipersexualizada como la nuestra las considera enfermas. La realidad trans es muy amplia, y aunque se haya querido incluir en la T a personas transexuales, transgénero y travestis, en realidad son 3 realidades distintas. Las personas no binarias empiezan a autoidentificarse como NB, generando incluso el término enebefobia. Pansexuales, demisexuales, polisexuales… y una gran gama de nuevas identidades también buscan reconocimiento. Por no hablar de maricas y bolleras, que rechazan las identidades gay y lésbica. Ante tanta diversidad, ¿Ignoramos estas nuevas identidades que buscan reconocimiento, o hablamos de movimiento LGTTTBIQANBPDPMB, hasta que aparezca una identidad nueva?

Creo que no se trata de limitar el movimiento a las identidades L, G, T y B e ignorar lo debates identitarios que se están produciendo. Pero tampoco se trata de generar un galimatías incomprensible e imposible de comunicar. Algunas personas, con muy buena intención, han desarrollado LGTB+, donde + hace referencia a todas las demás realidades posibles dentro de la diversidad sexual y de género. A mi juicio esto no es ninguna solución, ya que jerarquiza las identidades en aquellas que merecen ser visibilizadas y aquellas que no merece la pena mencionar, las “otras”. Mi identidad no es “otra” cuyo nombre no merece ser pronunciado. Es tan válida como la identidad gay e igualmente merecedora de visibilidad y reconocimiento.

Creo que la solución pasa por hablar del activismo por la Diversidad Sexual y de Género, o DSG. Incluso si se quiere excluir a los cisheteros (porque considerar que los opresores no forman parte del movimiento) se puede hablar de Disidencia Sexual y de Género. Pienso que si aún no se ha adoptado es por resistencia al cambio tras muchos años de identificarse como LGTB. Pero sinceramente creo que nuestro movimiento, cuya esencia es revolucionaria pues su fin es destruir el cisheteropatriarcado, no puede basarse en la tradición para no asumir cambios racionales, coherentes y necesarios. No podemos basarnos en nuestra historia para mantener un status quo del que muchas se sienten excluidas. Por eso, a partir de ahora me defino como una activista por los derechos de la disidencia sexual y de género, y trabajaré para que el movimiento LGTB alcance también ese punto.

viernes, 27 de julio de 2018

#hemeroteca #identidades | ¿Ser incoherentes nos hace menos válidas? Soy trans aunque parezca un hombre

Imagen: 20 Minutos / Marcos Ventura Armas
¿Ser incoherentes nos hace menos válidas? Soy trans aunque parezca un hombre.
Marcos Ventura Armas · Licenciado en Derecho y activista Gamá, Colectivo LGTB de Canarias | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2018-07-27
https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2018/07/27/ser-incoherentes-nos-hace-menos-validas-soy-trans-aunque-parezca-un-hombre/

La coherencia es uno de esos grandes valores que tenemos en alta estima, pero sobre el que quizás no reflexionamos lo suficiente. Una de esas ideas que no deconstruimos, pero detrás de la cual puede haber más de lo que imaginamos.

La coherencia implica la toma de decisiones tales que estén en conformidad con nuestra forma de pensar o nuestra actuación anterior. Es decir, lo que se juzga al juzgar la coherencia son las decisiones que hemos tomado. Ahora bien, tomar decisiones es un ejercicio de libertad individual. En la concepción del sujeto propia de la modernidad, como sujeto plenamente autónomo que goza de libre albedrío, esto no supone conflicto. Pero en la concepción contemporánea del sujeto como influenciado y hasta determinado por su entorno, por su cultura, por el poder que lo atraviesa y utiliza, sí. Por usar una expresión patria, no soy solo yo, sino yo y mis circunstancias.

Cuando juzgamos a alguien en función de la coherencia que muestra, ¿estamos valorando hasta qué punto ha tenido libertad para decidir? ¿Analizamos cómo le influye el entorno a la hora de actuar? Mucho me temo que solemos obviar que la coherencia es en ocasiones un privilegio de aquellas personas que no tienen que buscar estrategias para evitar la agresión, para sobrevivir.

Vinculada a la concepción del sujeto que tengamos estará la de la identidad. La identidad como algo innato y natural o algo adquirido y construido. La identidad como algo permanente o fluctuante. La identidad como realidad externa que se me impone o como campo de batalla política en el que se juega mi libertad. Gran parte del debate político actual trata de identidad, porque a través de ella los cuerpos pueden ser seleccionados para el privilegio o la opresión.

¿Existe coherencia entre identidad y acción? En principio el sentido común parece dictarnos que sí. Pero deconstruyamos un poco. Las mujeres que se definen como heterosexuales, ¿dejan de serlo si se enrollan con una mujer? ¿Se pierde el carnet de marica por acostarse con una mujer? ¿Alguien en una relación monógama de por vida deja de ser bisexual? Llevado al extremo, ¿qué orientación tienen las personas vírgenes?

Este debate que se ha solucionado sobre la base de definir la orientación por el deseo, no por las prácticas. Es decir, te guste lo que te guste, aunque tus prácticas no concuerden con ese deseo, no perderás tu identidad. Por supuesto, esta teoría no siempre se aplica, y las personas bisexuales sabemos que se escrutan permanentemente nuestras prácticas a ver si estamos diciendo la verdad o nos han de retirar el carnet bi.

En este momento suele surgir la típica pregunta: ¿a quién le importa lo que piensen los demás? La respuesta es que nos importa a todas. Porque la identidad tiene un carácter social y relacional. Y porque todas necesitamos el reconocimiento de nuestras iguales, no solo para nuestra autoestima, sino para nuestra propia actuación en sociedad. Tanto es así, que la negación por parte de otras personas de nuestra identidad se considera, con razón, un importante acto de violencia.

Esa lucha del reconocimiento de la identidad sigue siendo muy importante para las personas transexuales, que organizaciones como la Iglesia Católica ponen en duda. Pero es también tremendamente relevante para las personas trans no binarias, las cuales no solo son desconocidas para la inmensa mayoría de la población, sino que incluso encuentran la negación de su identidad por parte del colectivo LGTB y, sí, en ocasiones incluso de personas transexuales.

¿Y qué tiene todo esto que ver con la coherencia? Pues resulta que al igual que el sentido común dicta que debe haber coherencia entre la orientación y las prácticas sexuales, ese mismo sentido común (capataz de todas las opresiones) dicta que nuestra identidad de género ha de concordar con nuestra expresión. Pero ¿qué sucede entonces con las personas que, teniendo clara nuestra identidad, no tomamos la decisión de transitar en nuestra expresión, porque por los motivos que sean las circunstancias nos lo impiden o no es el momento? ¿Qué sucede con las personas que, teniendo clara su identidad, no quieren modificar ni su cuerpo ni su expresión porque así se sienten cómodas? Pues que sufrirán aún más el cuestionamiento de su identidad, que muchos considerarán inexistente o falsa.

Así es, querida lectora, te he hecho llegar hasta aquí solo para decirte que soy una persona trans no binaria que no quiere cambiar su expresión de género en este momento, porque lidia con demasiadas cosas en su vida y no se ve capaz de afrontar la violencia que supondría. Y mientras la situación siga siendo así, me vestiré y actuaré como me dé la gana, y necesito reafirmarme en que eso no invalida mi identidad.

¡Mi identidad de género no depende de mi expresión!