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martes, 13 de junio de 2017

#hemeroteca #libros #franquismo | Los tecnócratas de Franco: cuando el capitalismo se disfrazó de nacionalcatolicismo

Imagen: El Diario / Lino Camprubí
Los tecnócratas de Franco: cuando el capitalismo se disfrazó de nacionalcatolicismo.
El libro ‘Los ingenieros de Franco’ trata la historia política del franquismo a través de la ciencia y la tecnología en la España nacionalcatólica. La obra del historiador Lino Camprubí descifra la "construcción" de "un país capitalista" desde la autarquía y bajo la sombra del Opus Dei.
Juan Miguel Baquero | El Diario, 2017-06-13
http://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/libros/franquistas-industrializaron-Espana-Reyes-Catolicos_0_644986094.html

¿Qué investigaba y creaba el franquismo? ¿Y para qué? Son preguntas que resuelve el libro ‘Los ingenieros de Franco’ (Crítica) del historiador sevillano Lino Camprubí. Una "historia política" de la dictadura a través de la ciencia y la tecnología. Con una sorpresa: el "discurso nacionalcatólico" como base para construir "un país capitalista" bajo la sombra del Opus Dei.

"Los franquistas industrializaron España vestidos de Reyes Católicos", dibuja el autor. Usaron una tecnocracia vestida de tradición. Franco, como pez en el agua, entre ingenieros y curas, desarrollo e iglesias. Un escenario óptimo para "entender qué suponen 40 años de régimen en la construcción de un Estado", refiere Camprubí.

El objetivo principal de ‘Los ingenieros de Franco’ "no es escribir una historia de la ciencia y la tecnología bajo el franquismo, que también, sino tratar de entender su papel en la construcción del nuevo régimen". El desarrollo "a través de los proyectos de redención" de un país que sale roto de la guerra civil.

El estudio, con el subtítulo ‘Ciencia, catolicismo y guerra fría en el Estado franquista’, busca ofrecer un panorama novedoso "de los años difíciles de la autarquía". Un tiempo en el que la investigación científica y técnica es, no una simple herramienta del poder, sino "un elemento constituyente que dotó de contenido" al régimen de Franco.

La fundación del CSIC por el Opus Dei
‘Los ingenieros de Franco’ "está pensado para provocar esa reacción". La sorpresa, dice, ante el influjo nacionalcatólico en la ciencia y la tecnología de la España franquista. Lino Camprubí ejerce como investigador en el Instituto Max Planck de Berlín (Alemania), una de las instituciones científicas más prestigiosas del mundo.

Y fruto de su investigación, aparece el análisis de la fundación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) con "personas del Opus Dei muy ligadas a su líder", Escrivá de Balaguer. Es una clave: familias, intereses, el esqueleto formal del régimen. Cada capítulo, asegura Lino Camprubí, "transforma la visión" sobre temas y momentos fundamentales del franquismo: de la autarquía a la industrialización, nacionalcatolicismo y totalitarismo, pactos con Estados Unidos, el paso del carbón al petróleo, sindicatos verticales o la soberanía de Gibraltar.

Un apartado concreto recoge la colonización faraónica de la marisma sevillana y el despliegue tecnológico (que también humano) usado en lo que hoy es el mayor arrozal de España. O la descolonización del Sáhara, nunca completada por el interés en los fosfatos de Marruecos ("tiene el 75% de la producción mundial", subraya) y con el "beneplácito de EEUU" como "aliado" marroquí. De ahí la huida española, la Marcha Verde, y la expulsión saharaui.

‘Los ingenieros de Franco’ ha sido publicado en inglés por la Massachusetts Institute of Technology (MIT) y aparece ahora en una edición en castellano. El "resultado final" del libro "es de una gran claridad expositiva sin merma de rigor", resume el historiador Antonio Miguel Bernal, Premio Nacional de Historia, catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Sevilla.

Una obra "accesible a cualquier lector" cuya "tesis principal es cómo un grupo de ingenieros fueron artífices principales de las transformaciones políticas de aquellos años", sostiene Bernal. El volumen abre ahí "una de las grandes interrogantes" que son al tiempo "sorpresas": el manto nacionalcatólico cubriendo ciencia y tecnología. Un "estudio transversal" que se ha topado, como añadido, con el "problema de acceso a los archivos" recurrente en tantos estudios e investigaciones.

domingo, 30 de abril de 2017

#hemeroteca #libros #franquismo | Los ingenieros de Franco

Imagen: Faro de Vigo / Francisco Franco en una inauguración en 1958
Los ingenieros de Franco.
Una firma gallega de hormigón fue la primera en lograr un sello de calidad en 1960 que el dictador pretendía implantar en Europa.
Elena Ocampo | Faro de Vigo, 2017-04-30
http://www.farodevigo.es/sociedad/2017/04/30/ingenieros-franco/1670112.html

"Sin contar la investigación científico-técnica no se puede llegar a entender la configuración del Estado durante el franquismo", asegura el historiador Lino Camprubí. "Mi tesis principal es que determinados grupos de ingenieros y científicos fueron participantes activos en las transformaciones políticas y económicas", asegura el investigador en "Los ingenieros de Franco".

Semillas híbridas de arroz o viguetas de hormigón pretensado, carbón y uranio enriquecido, mapas de corrientes y mareas... Son algunos de los avances científicos que muestran "un retrato del franquismo apegado a las transformaciones materiales, inevitablemente ensambladas a las estructuras sociales e ideológicas", según el historiador Lino Camprubí, investigador en el Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia, en Berlín, que acaba de publicar un libro sobre ciencia, catolicismo y guerra fría en el Estado franquista.

Habla de los pantanos de Franco, de los pactos hispano-norteamericanos y Gibraltar, del Parque de Doñana o del conflicto del Sáhara Occidental, pero también vincula la historia de los avances constructivos con Galicia, a través de la empresa "Viguetas García".

En 1959 el Instituto de la Construcción y del Cemento -hoy Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja-, uno de mejor financiados del CSIC, inició un programa de estandarización de viguetas de hormigón pretensado. Se trataba de una apuesta por la modernización de la construcción y por la industrialización de la economía española.

El programa, Punto Azul, consistía en un sello de calidad que certificaría que las piezas estaban prefabricadas de acuerdo a las normas creadas por Torroja y su equipo. En 1960, la fabrica gallega, ubicada en Ourense de "Viguetas García" fue la primera en recibir este sello. Este paso aparentemente modesto revestía una importancia mayor, dado que la norma se trasladaría a Europa. Torroja era el presidente de la Asociación Internacional de Hormigón Pretensado, así que "Viguetas García" sería la primera piedra de una integración tecnológica europea que precedería a la económica y a la política. El proyecto finalmente fracasó.

"Torroja presentó Punto Azul en 1959, como servicio para certificar los elementos fabricados en serie que habían seguido la norma. En abril de 1960 se aprobaron los estatutos de Punto Azul, la Oficina de la Propiedad Industrial aprobó el logotipo y en mayo se publicitó a los fabricantes de viguetas. Pronto, las viguetas de un fabricante de Ourense quedaron adornadas con el primer sello azul". Pero, pese a todos estos esfuerzos, no sobrevivió el invierno.

Camprubí argumenta en su libro que "el nacionalismo tecnológico se convirtió en una herramienta legitimadora que aglutinó a grupos de intereses muy diversos y permitió a la dictadura sobrevivir a lo largo de los años a pesar de -o, más bien, gracias a- sus contactos crecientes con las democracias occidentales". Es más, el desarrollo técnico fue uno de los pilares de esos contactos internacionales y una fuente de intercambios y alianzas.

"La asociación común entre ciencia y democracia ha llevado a importantes historiadores a dar por supuesto que la situación política del franquismo era incompatible con la ciencia y la tecnología. Pero muchos de los científicos e ingenieros que se quedaron en España y mantuvieron sus puestos se beneficiaron ampliamente de las nuevas oportunidades ofrecidas por la situación excepcional. Algunos pasaron a ocupar los puestos abandonados por profesores e investigadores exiliados o caídos en desgracia. Pero las ventajas iban más allá de las carreras personales", explica.

#hemeroteca #libros #franquismo | Lino Camprubí: "No se puede entender el Opus Dei sin los científicos del CSIC"

Imagen: El Español / Franco y el obispo de Urgell inauguran una central del Noguera Ribagorzana, 1953
"No se puede entender el Opus Dei sin los científicos del CSIC".
Lino Camprubí se adentra en la ciencia y la tecnología durante el franquismo, donde no todo fue lo que parece.
Antonio Villarreal | El Español, 2017-04-30


Durante 40 años del siglo XX, en España no se votó, no se pudieron decir muchas cosas ni hacer muchas cosas. Los escritores tuvieron que decir, como hizo Cernuda, no que estaban hartos de Franco, sino que estar cansado tiene plumas, "plumas que desde luego nunca vuelan, mas balbucean igual que loro". ¿Qué ocurrió con los científicos en todos esos años, se podía hacer ciencia en el franquismo? A esa tesis ha dedicado el investigador Lino Camprubí su libro ‘Los ingenieros de Franco’ (Crítica).

Camprubí recuerda en el libro una discusión de 1969 entre su abuelo, Gustavo Bueno, filósofo ateo fallecido el verano pasado, y el paleontólogo católico Miguel Crusafont. Es un ejemplo de que aquellas cuatro décadas no fueron un páramo de ciencia con ínfulas patrióticas, sino que hubo una cierta tensión y, sobre todo, que los científicos e ingenieros tuvieron un papel fundamental en el desarrollo económico, político e ideológico del franquismo.

Una de las intenciones de su libro es combatir esa leyenda negra de que la investigación en el franquismo fue para todos un "tiempo de silencio", como sugiere la novela de Luis Martín-Santos.


Los motivos son varios pero por ejemplo, uno de los científicos de los que hablo en el libro se llama José Antonio Valverde y era biólogo, estudió en Sevilla casi toda su vida e hizo su labor en Doñana. Las memorias de Valverde, de 2003, son muy interesantes y en algún lugar se refiere a la historiografía de ese periodo, y claro, él reflexiona que decir que no hubo investigación científica en el franquismo colocaba a los que estaban haciendo ciencia en ese periodo en una especie de limbo.

¿Y cree que ha encontrado la respuesta?


En conversaciones encontré que había una insistencia en decir que no podía haber ciencia durante el franquismo y al mismo tiempo estaba la necesidad de reconocer que sí la había. La pregunta que yo me hacía era doble: ¿Por qué se ha dicho que no hay? ¿Qué tipo de investigación había? Y creo que la respuesta es común: se ha dicho que no hay porque la investigación que había hoy en día no se considera científica, porque al hacerla había que entonar un canto a la patria y otro a la Virgen María. No es lo que hoy en día entendemos por ciencia, pero lo interesante es entender cómo podía haber investigación científica en manos de gente de la época, que tenía una ideología nacional-católica más o menos presente.

Pensamos en la construcción de la presa Hoover como parte de la historia de la ingeniería, pero los pantanos extremeños o las hidroeléctricas de Franco en Galicia tienen connotaciones más folclóricas que tecnológicas, ingenieriles o ecológicas. ¿Por qué ocurre esto?

Tiene un poco que ver con la Transición y el modo que hemos tenido las generaciones posteriores de entender el modelo anterior. Cada vez más se tiende a decir que antes de la democracia no había nada y que fue con la Constitución cuando la cosa empezó a tirar. Pero todos los historiadores serios están de acuerdo en que eso no se entiende así.

Por ejemplo, solía hablar con un ecologista de Sevilla que en los años setenta era un activista contra la energía nuclear, y sin embargo, hablando con él en 2010 me decía que la investigación nuclear en España era una mierda pinchada en un palo. Vamos a ver, si estabas en los setenta contra la nuclear, ¿cómo me dices ahora que en el franquismo no había investigación nuclear? En el año 74, España era el mayor cliente de Estados Unidos de energía nuclear y uranio enriquecido.

Creo recordar que la central de Zorita, inaugurada en 1968, sí que estaba construida en gran medida por los EEUU, con un reactor Westinghouse listo para meter el combustible y darle al botón.

Sí y no. Es verdad que la central nos la dieron llave en mano, pero cada contrato con ellos equivalía a muchos otros subcontratos con empresas de tecnología española, se calcula que unas 2000 empresas por central. Es decir, el reactor sí, pero luego había un montonazo de cosas relacionadas con hacer funcionar aquello de verdad y al final, aumentar la autonomía y consolidar el capitalismo en España, que al final era lo que quería Estados Unidos.

Es curioso que la crítica de su conocido fuese hacia la energía nuclear y no hacia la propia dictadura.


Lo que yo creo que ha pasado en parte es que, la izquierda española después de la Transición se hizo capitalista. Ya lo era de antes, pero había grupos que decían "Franco es malo precisamente por industrializarse", desde un punto de vista marxista lo que supuso el franquismo es una acumulación forzosa del capital, la crítica entonces era "mirad, Franco está preparando el país para los capitalistas".

Una parte de su libro se dedica a los vínculos entre José María Escrivá de Balaguer y el nacimiento del CSIC, esos lazos entre investigación y religión.

No niego que hubiera una gran represión del franquismo sobre los científicos, en particular sobre instituciones anteriores como la Junta de Ampliación de Estudios, pero aparte de eso hay que ver lo que se fue haciendo, de lo contrario no se puede entender cómo pudo sobrevivir sin ciencia un estado moderno durante 40 años. Una de las cosas que se hizo fue el CSIC, cuyo objetivo no era sólo la investigación, sino la investigación para la independencia económica de España.

Eso lo dirigió gente como José María Albareda, que era el secretario general, que estaba muy vinculada al Opus Dei. Algún historiador ha dicho que el Opus Dei influenció a la ciencia española en el franquismo, y sí, pero a la vez se puede decir que el CSIC influyó al Opus Dei. ¿Por qué? Porque en 1939 el Opus Dei no era nada, eran los siete amigos de esa fotografía y poco más. Además, los de la foto influyeron mucho en Escrivá de Balaguer y su objetivo, que era como el de Ramiro de Maeztu y otros: hacer un catolicismo compatible con el capitalismo. El vínculo nacionalcatólico y el económico es lo que hace que la investigación científico-técnica reciba una especial atención en algunos sectores estratégicos.

¿Es comparable la situación de la ciencia durante esos años con la de la cultura, es decir, grandes figuras exiliadas y brillando mientras aquí había que agachar la cabeza y apechugar?

Sí, pero es también el reflejo de cómo miramos a las cosas, incluso hoy en día. Entre el 47 y el 49 estuvieron en España Heisenberg y otros científicos nucleares alemanes, y aquí había gente importante como Eduardo Torroja. Eso sí, no ganaron premios Nobel como Severo Ochoa, que aunque ejercía fuera tenía muchos vínculos con España. Lo que digo en el libro es que el papel de la ciencia en España no puede medirse sólo con baremos científicos, número de premios Nobel o publicaciones, sino que es interesante verlo en relación con los problemas reales de aquella época, tanto políticos como de fronteras, soberanía energética, de Gibraltar o del Sáhara.

Su abuelo, Gustavo Bueno, fue uno de esos focos de raciocinio y diálogo en años difíciles para el cientificismo, ¿fue una inspiración para este libro?
Ha sido una fuente de inspiración en muchos sentidos, uno de ellos fue no entender el Estado sólo como política en el sentido de relación entre gobernantes y gobernados, sino como manejo del territorio y manejo de las fronteras. Otro fue el de mirar a la ciencia no sólo como grandes teorías o descubrimientos, sino como prácticas materiales en el laboratorio. Y luego ya en cosas más concretas. Lo de Crusafont fue una de las últimas conversaciones que tuve el verano pasado con él, me contó toda la historia con pelos y señales. Luego recibí de un amigo de Barcelona la carta del archivo de Crusafont, y pude comprobar que todo era tal y como me lo había contado. Gustavo Bueno le recriminaba a Crusafont utilizar la providencia, porque decía que él no usaba ese término como científico sino como católico. La verdad es que, leyéndolo hoy, se expresaban con bastante libertad, más de lo que cabría suponer en esos años. Él decía siempre que el límite de la libertad de expresión era no mencionar a Franco: "Mientras tú no digas que Franco es un inútil, todo lo demás lo puedes decir".

miércoles, 12 de abril de 2017

#hemeroteca #libros #franquismo | La foto de los fundadores del Opus que oculta una lectura inesperada del franquismo

Imagen: El Confidencial / Los fundadores del Opus en Andorra, 1937-12-03
La foto de los fundadores del Opus que oculta una lectura inesperada del franquismo.
El investigador analiza las claves de su ensayo sobre el poder de ingenieros y científicos en el Estado franquista. La larga sombra de la tecnocracia y la obra pública.
Carlos Prieto | El Confidencial, 2017-04-12
http://www.elconfidencial.com/cultura/2017-04-12/los-ingenieros-de-franco_1365365/

3 de diciembre de 1937, iglesia de Andorra la Vella, Escrivá de Balaguer posa con sus colaboradores tras cruzar los Pirineos huyendo del rojerío y de la Guerra Civil. El mito fundacional del Opus Dei hecho fotografía. Si los que estuvieron con Fidel en Sierra Maestra pasaron a la historia de su organización, los que estuvieron con Escrivá en los Pirineos tres cuartos de lo mismo… En la foto que ilustra este artículo vemos a siete jóvenes junto al líder del Opus, entre ellos Miguel Fisac, arquitecto célebre en ciernes, y José María Albareda, futuro creador del Consejo Superior de Investigaciones Cientificas (CSIC), organización cuya retroalimentación económica con el Opus será clave para la expansión del credo de Escrivá: el sueldo de Fisac como arquitecto estrella del CSIC irá a parar a la Obra...

Seis de los siete miembros de este grupo de fundadores del Opus -jóvenes profesionales de clase media (ingenieros, arquitectos, matemáticos, químicos, médicos, profesores)- ocuparán puestos técnicos de relevancia estratégica en los primeros años del Estado franquista. ¿Quién dijo que el franquismo como régimen tecnocrático liderado por miembros del Opus Dei no empezó hasta 1959 con el desarrollismo y el 'milagro' económico sesentero? He aquí uno de los lugares comunes históricos que pone en duda el investigador Lino Camprubí en ‘Los ingenieros de Franco’, ensayo sobre el poder de la ciencia en el franquismo de la autarquía y más allá, de los ingenieros que planificaron la reconstrucción del país a la ‘pantanomanía’ del Caudillo. O cómo el franquismo se empoderó a golpe de obra pública.

Pregunta. ¿Qué papel jugaron las obras públicas en la construcción del relato del primer franquismo?

Respuesta. La cuestión del relato es importante, porque la propaganda franquista resaltaba cualquier avance científico y tecnológico como logro político. Pero en el libro trato de ir más allá: ¿qué papel jugaron los objetos producidos en laboratorios y los propios científicos en la construcción del régimen: su estructura, su funcionamiento, su ideología, sus fronteras, sus recursos y su metabolismo?

La tesis fuerte es que no se puede entender el franquismo sin atender al papel de las ciencias y las tecnologías en la transformación del territorio y las relaciones internacionales. Las ciencias y las tecnologías son constitutivas de nuestro mundo cotidiano, y su historia cambió radicalmente aspectos clave de la vida política y económica del franquismo. Cada capítulo del libro transforma nuestra visión de un tema o momento fundamental del franquismo: autarquía, industrialización, nacionalcatolicismo, totalitarismo, sindicatos verticales, integración europea, pactos con Estados Unidos, carbón y petróleo, energía nuclear, ecologismo, descolonización del Sáhara y soberanía de Gibraltar. No creo que sea presuntuoso decir que los resultados son sorprendentes, ¡porque yo soy el primer sorprendido!

P. Hay quien que describe la política económica del primer franquismo con un término: ingenierismo. ¿Qué es el ingenierismo?

R. Fue un término acuñado con mucho acierto por historiadores de la economía que se dieron cuenta de que en la época de la autarquía los ingenieros tenían más peso que los economistas a la hora de definir la política económica, primando la producción sobre lo que llamaban racionalidad económica (eficiencia y competitividad). Pero estos historiadores eran en su mayoría economistas, y además lo eran en una época en la que tras la caída de la URSS el neoliberalismo se tomaba como paradigma de la “racionalidad económica”. Sin embargo, tras la crisis económica es más difícil engañarse: no hay economía sin política, la economía es siempre economía política y la “racionalidad” depende de factores extraeconómicos como la guerra o los conflictos entre el campo y la ciudad. Ningún Estado se ha industrializado a base de libre mercado, sino expropiando, explotando y acumulando.

Con esto no quiero defender las políticas autarquías ni negar que supusieron un importante desgaste, pero quiero entender el proceso en el contexto político y militar de sus protagonistas, sin tratar de imponerles nuestras ideas contemporáneas de racionalidad. Trato de redefinir el ingenierismo no por lo que no era sino por lo que era. Y descubro que era tan heterogéneo que el término no se puede usar sin apellidos.

P. Términos como “ingenierismo” podrían llevarnos a pensar en un régimen tecnocrático sin ideología. ¿Estaba limpio de ideología el ingenierismo?

R. ¡Ni mucho menos! Igual que no hay una única racionalidad económica, tampoco había una única “racionalidad técnica”. Los ingenieros estaban divididos en cuerpos con formación y aspiraciones diferentes, y defendían proyectos para la transformación de la economía política española que eran incompatibles entre sí. Por ejemplo las luchas entre el Instituto Nacional de Industria y el Ministerio de Agricultura eran políticas en el sentido de que planteaban visiones distintas para el futuro del país.

Pero sí compartían una visión del nacionalcatolicismo que aunaba un autoritarismo y el rechazo del parlamentarismo con la confianza de que la investigación llevaría a la independencia económica de España y por tanto a la independencia política, que permitiría solucionar la “cuestión social” manteniendo a raya a obreros y campesinos. Incluso los llamados tecnócratas de 1957 compartían esta postura decididamente política.

P. Respecto a la fotografía de los fundadores del Opus: su análisis deja tocado un arquetipo histórico sobre el régimen. ¿Qué significado tiene esta foto? ¿Permite volver a relatar el primer franquismo?

R. Esta foto se tomó en Andorra en 1937, después de que el grupo cruzara los Pirineos huyendo de Madrid y para unirse al Bando Nacional por San Sebastián. De pie en el centro está Escrivá de Balaguer, que había fundado la Obra pocos años antes. Sus acompañantes eran prácticamente todo lo que el Opus tenía en aquel momento. Eran pocos, pero eran jóvenes y prometedores científicos y profesionales que pronto alcanzarían posiciones de inmenso poder para rediseñar las estructuras de investigación científica del nuevo régimen: el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Estos jóvenes, y no el Espíritu Santo, inspiraron la nueva edición de 'Camino', y el crecimiento del Opus se financió con los ingresos producidos por la colaboración en la construcción de los edificios del CSIC entre su Secretario General (el químico Jose María Albareda, en la esquina inferior derecha de la foto) y el arquitecto Miguel Fisac (sentado a la izquierda de Albareda). La retroalimentación CSIC-OPUS y otras parecidas dieron como resultado un catolicismo abiertamente capitalista e industrializador y el traspaso del estilo funcionalista de los laboratorios a los edificios de las iglesias nuevas. No es que la ciencia y la tecnología fueran nacional-católicas, es que los científicos y los ingenieros transformaron el nacionalcatolicismo. Este argumento recoge el del historiador Alfonso Botti sobre nacionalcatolicismo e industrialización y le da una nueva dimensión más concreta y específica para este período.

P. “Queda inaugurado este pantano”. He aquí una frase hito folclórico del franquismo. ¿Cuál es su significado político profundo?

R. Uno de los motes de Franco era “Paco el Rana”, porque iba saltando de pantano en pantano para inaugurarlo. En pocas décadas se construyeron más de 350 presas. Pero es evidente que los proyectos no se le ocurrían al Jefe del Estado, detrás había ingenieros, algunos de los cuales se dedicaron a implantar planes que se habían desarrollado en tiempos de Primo de Rivera y que se continuaron durante la Segunda República, y otros que, en cambio, diseñaron nuevos saltos para generar hidroelectricidad. La competencia por el uso del agua era feroz. Los pantanos de Franco son un buen ejemplo de la importancia de los ingenieros de Franco, que no eran los ingenieros que tenía Franco, sino los ingenieros que construyeron a Franco y la imagen que tenemos de él.

P. ¿Cuál era el peso político real de estos ingenieros y científicos?

R. No quiero insinuar que fueran el único grupo determinante, había muchas familias políticas. Lo que llamamos “franquismo” fue en realidad un período muy heterogéneo y cambiante. Pero es impresionante encontrarlos no sólo diseñando políticas industriales, sino ejerciendo de diplomáticos con pactos secretos para comerciar con uranio o llevando el peso de las negociaciones para el futuro de la soberanía del Sáhara en términos de reservas mundiales de fosfatos.

Uno de los capítulos se centra en Gibraltar y su importancia geoestratégica en la era de los submarinos nucleares. ¡Los oceanógrafos españoles colaboraban con la OTAN aunque España no era miembro! De modo muy similar, la presencia de ingenieros en comisiones de estandarización europeas fueron un modo de integración tecnológica que hizo posible la integración política posterior.

En términos generales, ingenieros y científicos fueron parte activa y determinante del régimen franquista y su evolución. Creo que ésta es una tesis que la mayoría de los historiadores de la ciencia y la tecnología en España han asumido y que mi trabajo ha contribuido modestamente a ello, ya que algunas de estas inquietudes quedaron recogidas en mi anterior libro: 'Engineers and the Making of the Francoist Regime' (Cambridge, Mass/The MIT Press, 2014). Mi esperanza es que los historiadores generalistas la tengan en cuenta, porque creo sinceramente que estamos obviando una parte integrante de este periodo.

viernes, 7 de abril de 2017

#hemeroteca #libros #franquismo | Los ingenieros de Franco: un libro describe la relación entre el Opus Dei y el CSIC

Imagen: Vozpópuli / Francisco Franco
Los ingenieros de Franco: un libro describe la relación entre el Opus Dei y el CSIC.
Un libro pretende arrojar luz sobre el papel de la investigación científico-técnica durante el régimen franquista.
Karina Sainz Borgo | Vozpópuli, 2017-04-07
http://www.vozpopuli.com/cultura/ingenieros-Franco-Opus-Dei-CSIC_0_1014799226.html

Durante la inauguración del pantano del Ebro, en 1952, Franco pronunció un discurso en el que aseguraba: "Nos dolía España por su sequedad, por su miseria, por las necesidades de nuestros pueblos y nuestras aldeas, y todo ese dolor de España se redime con estas obras hidráulicas nacionales". El dictador fue más allá y habló del poder de la tecnología sobre el paisaje para hacer a España libre, independiente, autónoma (para ‘dolerla’ mejor, podría pensar cualquiera). Quince años después de aquel discurso, la empresa International Minerals and Chemilchals trataba de persuadir al gobierno español de firmar un contrato para la explotación de los fosfatos del Sáhara Occidental. En plena guerra fría, el campo de los fertilizantes era de primer interés para las grandes potencias. España no podría mantenerse al margen. Y no lo hizo.

¿Qué papel tuvieron los ingenieros y científicos en la construcción del franquismo? ¿Qué relaciones existieron entre investigadores y técnicos con el proyecto ideológico del régimen? ¿Quién ideó los pantanos? ¿Hubo una relación entre el Opus Dei y el CSIC? Un libro pretende arrojar luz sobre el papel de la investigación científico-técnica durante ese período. Se trata de 'Los ingenieros de Franco. Ciencia, catolicismo y guerra fría en el Estado franquista', publicado por Crítica, y escrito por Lino Camprubí, investigador español en el Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia, en Berlín. En las páginas de este libro Camprubí asegura que sin tener en cuenta la investigación científico-técnica no se puede llegar a entender la configuración del Estado durante el franquismo, un proceso esencial para "la España del final del siglo pasado y principios del presente".

La tesis principal de las páginas de este libro es que "determinados grupos de ingenieros y científicos fueron participantes activos en las transformaciones políticas y económicas de aquellos años". El nacionalismo tecnológico se convirtió –afirma el autor- en una herramienta legitimadora que aglutinó a grupos de intereses muy diversos y permitió a la dictadura sobrevivir a lo largo de los años a pesar de (o, más bien, gracias a) sus contactos crecientes con las democracias occidentales. "Es más, el desarrollo técnico fue uno de los pilares de esos contactos internacionales y una fuente de intercambios y alianzas por encima de desavenencias políticas", afirma Camprubí.

Para ilustrar esa relación, Camprubí comenta y documenta proyectos como las semillas híbridas de arroz o las viguetas de hormigón pretensado; del carbón y el uranio enriquecido; el interés de Franco por la creación de una bomba atómica; las relaciones del catolicismo y la investigación; la explotación natural como fuente económica. Todos ellos, elementos que componen “un retrato del franquismo apegado a las transformaciones materiales, inevitablemente ensambladas a las estructuras sociales e ideológicas”. Muchos y muy variados temas ocupan estas páginas: Opus Dei y el nacional-catolicismo; los sindicatos verticales y de los pantanos de Franco; los pactos hispano-norteamericanos y Gibraltar; el Parque de Doñana y el WWF o el conflicto del Sáhara Occidental en ocasión de la explotación que hicieron los americanos de los fosfatos de esa zona.

Según el autor, tanto el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) como el Opus Dei crecieron simultánea e interdependientemente, alimentándose mutuamente a través de una densa red de amistades, contactos, ideas y edificios. "No es que el Opus influenciase al CSIC sino que el CSIC marcó el contenido y desarrollo del Opus. Dicho más rigurosamente para evitar falsas dicotomías: la gestación y desarrollo del CSIC y el Opus Dei puede entenderse como una co-evolución". Esta perspectiva, perseguida a través de la historia arquitectónica de laboratorios, iglesias y poblados de colonización (de Madrid a Badajoz), dice Camprubí, permite indagar en un aspecto del franquismo prácticamente inexplorado: "las conexiones internas de la ideología nacional-católica con la industrialización y la investigación científica", asegura.

El razonamiento del Opus Dei "sobre la promesa de perfección cristiana en la vida profesional y el matrimonio" iba de la mano con las aspiraciones nacionalistas para la reforma de España. La asociación del catolicismo a profesiones liberales y a la transformación de España no fue exclusiva del Opus Dei, plantea el autor, sino que pasó a una concepción mucho más amplia, hasta convertirse en una de las piezas centrales del nacionalcatolicismo. Camprubí aporta en estas páginas los planos de muchos proyectos donde religión e investigación se sujetan. "En estos años se construyeron iglesias en edificios destinados previamente a laboratorios, laboratorios pertenecientes a la Iglesia e iglesias que funcionaban como laboratorios”. Eran, explica el autor, dos caras de una misma moneda. La construcción conjunta de laboratorios e iglesias señalaba la ligazón entre nacionalcatolicismo y tecnología como elementos de modernización y progreso.

El relato extendido sobre el franquismo y los llamados "tecnócratas" del Opus Dei indica que su peso político comienza en 1957. Camprubí niega el dato: asegura que fue mucho antes. Fueron ellos quienes dirigieron la modernización y "el milagro económico" al aplicar las recetas liberales en lo económico, sobre todo al recortar el gasto público y abrir la economía a las instituciones financieras y los mercados internacionales. Un ideal específico que tomó forma en la construcción de los pueblos nuevos, los planos urbanos e incluso el aspecto y ordenamiento público, del que formaron parte, por supuesto, más de 300 pantanos. "En la construcción de este ideal desempeñaron un papel inexcusable ingenieros, científicos y arquitectos que, junto con otras figuras poderosas del régimen, compartían el doble objetivo de preservar la identidad católica española y actualizar su economía política (…). Los ingenieros, científicos y arquitectos del franquismo transformaron no solamente la faz de España, sino los significados mismos de patriotismo y de la religiosidad nacionalcatólica".

martes, 4 de abril de 2017

#libros #franquismo | Los ingenieros de Franco : ciencia, catolicismo y Guerra Fría en el Estado franquista

Los ingenieros de Franco : ciencia, catolicismo y Guerra Fría en el Estado franquista / Lino Camprubí Bueno.
Barcelona : Editorial Crítica, 2017 [04-04]
320 p.
ISBN 9788416771752 / 21,90 €

/ ES / ENS
/ Ciencia / CSIC / Franquismo / Historia – Siglo XX / Iglesia católica / Opus Dei

El objetivo principal de este libro, nos dice el autor, «no es escribir una historia de la ciencia y la tecnología bajo el franquismo (que también), sino tratar de entender su papel en la constitución del nuevo régimen» a través de sus proyectos de redención de la España salida de la guerra civil. De este estudio surge un panorama distinto al habitual de los años difíciles de la autarquía: un panorama en que la investigación científica y técnica aparece, no como una simple herramienta del poder, sino como «un elemento constituyente que dotó de contenido al régimen».