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martes, 10 de octubre de 2017

#hemeroteca #mujeres #urbanismo | Irun pone en marcha el proyecto 'Ciudad de las mujeres' para identificar los escenarios donde se sienten más inseguras


Imagen: El Diario
Irun pone en marcha el proyecto 'Ciudad de las mujeres' para identificar los escenarios donde se sienten más inseguras.
El Ayuntamiento de Irun pondrá en marcha el proyecto 'Ciudad de las mujeres', iniciativa que busca identificar, de la mano de la participación ciudadana, aquellos escenarios de la localidad guipuzcoana en los que las mujeres se puedan sentir más inseguras. La primera fase arranca este mes de octubre con seis reuniones presenciales en varios puntos de la ciudad.
Europa Press | El Diario, 2017-10-10
http://www.eldiario.es/norte/euskadi/Irun-Ciudad-identificar-escenarios-inseguras_0_695731069.html

El delegado de Bienestar Social, Sergio Corchón, acompañado por la técnico de Igualdad, Joana Regueiro, y la arquitecta Zuriñe Bengoa, ha explicado que el Consistorio irundarra, con la ayuda de las asociaciones de mujeres, elaboró en 2011 el primer mapa de puntos negros y un plan de acción para eliminarlos.

"Fue un paso muy importante que queremos retomar este año en línea con otras iniciativas municipales de movilidad o medio ambiente puestas en marcha orientadas a hacer de Irun entre todos una ciudad más amable para las personas, en este caso en concreto pensando en el día a día de las mujeres", ha señalado.

El proyecto se desarrollará entre los meses de octubre y diciembre y contará con la colaboración de Dunak, empresa formada por arquitectas y urbanistas especializadas en la materia. El estudio urbanístico técnico ya ha comenzado, "como paso previo para elaborar un buen análisis urbanístico llamado a dar las claves para enfocar el proceso participativo y el trabajo en general". Se ha procedido a analizar la documentación existente, los planes urbanísticos y a su vez, se harán visitas de campo, entrevistas informales y reuniones con personal técnico municipal.

Proceso de participación
En este proyecto se contará con la colaboración de las asociaciones de vecinos de Irun y de las asociaciones de mujeres y grupos feministas de la ciudad. La participación en el proceso será presencial y online. La primera se llevará a cabo a través de sesiones de trabajo participativas con las mujeres en tres puntos de la ciudad: oeste, centro y este.

Se harán dos sesiones en cada zona, la primera para el análisis y reflexión donde se identificarán los usos y las necesidades actuales junto con las percepciones del entorno. En la segunda ronda se hará un recorrido por la zona para reconocer los puntos problemáticos y sus posibles mejoras.

Los encuentros se han programado durante el mes de octubre. Los días 16 y 24 se llevará a cabo en el local de la Asociación de Vecinos de Artía, los días 18 y 25 en el local de Argoiak y los días 19 y 26 en el local de la Asociación de Vecinos de Ventas. Las sesiones tendrán una duración de dos horas y comenzarán a las 18.00 horas. Para participar online se podrá utilizar el formulario colgado en la web municipal. El plazo para realizar aportaciones en la web finalizará el 31 de octubre.

La devolución de las conclusiones, tanto en la Comisión de Igualdad, como a la ciudadanía se realizará en el mes de diciembre. Está prevista una exposición abierta con las conclusiones y el mapa de los puntos inseguros y un vídeo del proceso participativo. Por otra parte, las propuestas técnicas recogidas en el proyecto se depositarán en las áreas de Urbanismo y Obras de este Ayuntamiento para su toma en consideración en el planeamiento y su ejecución.

sábado, 3 de junio de 2017

#hemeroteca #feminismo #urbanismo | Así deben ser las ciudades según el urbanismo feminista

Imagen: El Diario / Actividad organizada por Punt 6
Así deben ser las ciudades según el urbanismo feminista.
Colectivos de urbanistas reivindican la necesidad de planificar las ciudades priorizando las tareas de cuidado, asociadas a las mujeres, frente a la supremacía de la movilidad lineal, es decir, del trabajo a casa. También apuestan por fomentar las zonas de encuentro y de socialización y desterrar la concepción única de las ciudades como lugares de tránsito. El rol de cuidadoras "las ha hecho conocedoras del salto que hay entre la ciudad construida y la que necesia la vida cotidiana para la realización de todas sus tareas", explica la arquitecta Karmele Rekondo.
Marta Borraz | El Diario, 2017-06-03
http://www.eldiario.es/sociedad/Ciudades-feminista-plural_0_649535851.html

Dejar de priorizar la movilidad lineal (de casa al trabajo) e incluir la movilidad que exigen los cuidados (llevar a los niños al parque, acompañar al abuelo al médico...) en la planificación de las ciudades es uno de los objetivos principales del urbanismo feminista. Una forma de diseñar el espacio que quiere tener en cuenta la experiencia de las mujeres a partir del rol de cuidadoras que históricamente se les ha asignado.

Estos colectivos de urbanistas diagnostican que el modelo de ciudad actual tiende a poner en el centro lo relacionado con lo productivo y remunerado, tradicionalmente vinculado a los masculino, mientras el ámbito de lo reproductivo, del que se encargan mayoritariamente las mujeres, es invisible. ¿Responde la ciudad a las necesidades derivadas de todas las personas que están en ella?

"Las tareas de cuidado no tienen dos únicos puntos de salida y llegada, sino muchos más. En un mismo trayecto llevas a los niños y niñas a la escuela, vas al trabajo, al salir pasas por la panadería a comprar el pan, vuelves a la escuela a recogerlos, vas al centro médico a acompañar a un familiar y a la salida vas un rato al parque para que jueguen", ejemplifica Karmele Rekondo, arquitecta e integrante del colectivo sobre urbanismo inclusivo UrbanIn+.

Este esquema, sin embargo, no se tiene en cuenta a la hora de planificar las ciudades, según denuncia la cooperativa con diez años de esperiencia Col.lectiu Punt6. La integrante y arquitecta Adriana Ciocoletto, asegura que las ciudades "se organizan en zonas alejadas entre sí (residencial, trabajo, centros comerciales, centros sanitarios...) y entendiendo que los desplazamientos que se dan entre ellas se hacen mayoritariamente en vehículo privado. Por ello, unir estos espacios, que responden a las necesidades cotidianas de la vida y el cuidado, se hace complejo".

¿Qué es el urbanismo feminista?
Frente a esta concepción de la ciudad, que obliga a enfrentar grandes desplazamientos diarios, prioriza los coches, fomenta los espacios en desuso o concibe las calles como lugar de tránsito y no de encuentro, se erige el urbanismo feminista, que engloba aportaciones hechas desde varios ámbitos del urbanismo y la arquitectura sobre la proyección de ciudades sostenibles, aptas para la vida cotidiana y centradas en las necesidades de las personas.

Rekondo explica que hay sujetos excluidos del desarrollo urbano. Pone el ejemplo de las mujeres que limpian en turno nocturno las zonas de oficinas a las afueras de las ciudades: "Normalmente no disponen de coche propio, pero el transporte público a la supuesta hora de salida del trabajo reduce su frecuencia. Es frecuente la imagen de una mujer o un grupo de mujeres que se organizan para no ir solas esperando a un autobús que pasa cada hora en una parada totalmente aislada y solitaria".

Pero las ciudades diseñadas por el urbanismo feminista no tratan de pensar solo en las mujeres, sino incorporar una visión interseccional que hable de problemas universales y no se reduzca a "las cosas que les pasan a las mujeres". Por ello, pretenden poner en el centro las necesidades de niños, niñas, personas mayores o personas con diversidad funcional, pero no como sujetos homogéneos, sino teniendo en cuenta otras variables como la edad, la raza o la orientación sexual.

Además, quieren hacer ciudades seguras frente al acoso callejero y romper con la dicotomía entre lo público (trabajo productivo) y lo privado (trabajo reproductivo o de cuidados), asociado tradicionalmente a hombres y mujeres respectivamente, de forma que las ciudades estén dispuestas para la realización de ambas tareas. "La distribución cercana en el territorio de los diferentes usos de la ciudad facilita que todas las personas puedan estar en el ámbito reproductivo", analiza Zaida Muxi, directora de urbanismo de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona).

¿Por qué partir de la experiencia de las mujeres? Porque el rol de cuidadoras asociado a las mujeres, incide Rekondo, "las ha hecho conocedoras del salto que hay entre la ciudad construida y la que necesita la vida cotidiana para la realización de todas sus tareas". Frente a este papel que históricamente se les ha asociado a ellas, las expertas aseguran que poner en el centro del diseño los cuidados y la socialización, fomentaría que todos, incluidos los hombres, participaran de estas tareas.

Por otro lado, el urbanismo feminista piensa la ciudad como un lugar que responda a las necesidades de todos: "Las personas mayores aproximadamente cada 200 metros necesitan sentarse en un banco, pero eso no se percibe", dice Ciocoletto. "El diseño de las ciudades no tiene en cuenta las distinas fases de la vida, que las personas podemos ser dependientes o autónomas, que estos estados pueden cambiar y que esto condiciona a las personas que cuidan", analiza la arquitecta e integrante del colectivo Dunak Taldea, Zuriñe Burgoa.

En su opinión, la puesta en marcha de "espacios con zonas verdes, con sombra, aceras anchas, calles con prioridad peatonal, sin barreras físicas o simbólicas, espacios comunes en los bloques de viviendas o zonas para el encuentro y el descanso" fomenta la construcción de una ciudad "centrada en las necesidades". Se trata de priorizar unas actividades frente a otras: "Puedes peatonalizar una calle que está llena de tiendas para impulsar el consumo o la calle que conecta con la escuela infantil", ejemplifica Ciocoletto.

La participación de la ciudadanía
Otro de los objetivos que pretende el urbanismo feminista es potenciar la colectividad y la pluralidad frente al individualismo, para lo que reivindican espacios seguros en los que poder socializar y realizar reuniones, encuentros, asambleas etc. "La plaza, ese lugar de reunión y convivencia, se ha convertido en un lugar individualizado con sillas individuales, cuando las hay, mirando cada una para un lado", argumenta Rekondo.

"Esas aceras en las que se juntan tres personas y no caben más o esos bancos individuales, ¿cómo van a ser percibidos como espacios amables", se pregunta Burgoa.

Esta falta de espacios para el encuentro es, en su opinión, "un planteamiento simplista que concibe las ciudades únicamente para ir de un sitio a otro y los bloques de vivienda se entienden como espacios privados, pero si tienes que desplazarte de punta a punta de la ciudad para trabajar, dormir y comprar, ¿dónde queda el espacio para la vida?".

En los últimos años el urbanismo feminista ha comenzado a colarse en algunos ayuntamientos, aunque "luego llevarlo a la práctica es más difícil", explica Muxi. La urbanista asegura que estas ideas han entrado con fuerza en los equipos consistoriales. En su ayuntamiento se ha hecho un diagnóstico del espacio con perspectiva de género o, por ejemplo, un proyecto participativo con niños y niñas de una escuela para rehabilitar una plaza en función de sus necesidades.

Más allá de la experiencia institucional, los colectivos feministas reivindican que el diseño de las ciudades incorpore la voz de toda la ciudadanía y se construya a través de procesos participativos para que las personas hablen de sus necesidades. "Hasta hace poco la participación era meramente consultiva. Les preguntaban a las personas si querían una plaza redonda o rectangular, pero en ningún caso se les preguntaba si lo que necesitaban era una plaza nueva o si lo prioritario era hacer accesibles las escaleras por ser un barrio envejecido", concluye Rekondo.

martes, 20 de diciembre de 2016

#hemeroteca #mujeres #memoria | La tienda de ultramarinos de Herminia

Imagen: El Diario / Ilustración de Ana Penyas
La tienda de ultramarinos de Herminia.
Los procesos de recuperación de la memoria histórica, si no tienen perspectiva feminista, sólo sirven para afianzar la lógica patriarcal sobre la que se construye la historia. Recuperar sólo edificios vinculados a los poderes políticos como un ejercicio de memoria colectiva invisibiliza las vidas de las mujeres.
Andrea Momoitio | +Pikara, El Diario, 2016-12-20
http://www.eldiario.es/pikara/tienda-ultramarinos-Herminia_6_592900727.html

Los primeros recuerdos que tengo en mi barrio, en Ortuella, me traen sensación de libertad, verano y las vaquillas de Gran Prix. Apenas tengo recuerdo de los inviernos. Corríamos de arriba a abajo; intentábamos entrar a la mina y, de hecho, lo hacíamos; saltábamos por huertas ajenas; y nos creíamos un poco Pippi Calzaslargas. Bendita niña irreverente. Entre botes y botes de mercromina me recuerdo diciendo que quería ser periodista. Lo cierto es que creo que yo lo que quería era tener una excusa para hablar con gente y estar perfectamente informada de todo lo que pasaba a mi alrededor. En la Universidad intenté profesionalizar mi instinto innato al cotilleo.

De pequeña, en aquellos días de verano, me pasaba por la tienda de Herminia, con algunas preguntas escritas en un papel, y hablaba con ella de cómo había llegado hasta allí. Me decía, con una gran sonrisa en la boca, que no se aburría en aquella pequeña tienda de ultramarinos que, ahora, lleva años en venta.

Pasé también alguna tarde con las hijas de Don Agustín, de las que no recuerdo el nombre. Su padre fue el médico del pueblo y, aún hoy, muchísimos años después de su muerte, su nombre sigue precedido de ese Don. Muchas de las vecinas que entrevisté entonces, sin saber que aquello eran entrevistas, habían nacido en Galicia, en Castilla y León, en Extremadura, en Andalucía. Llegaron a Bizkaia en busca de una vida mejor. No sé si lo lograron. No supe preguntárselo entonces y ya es demasiado tarde para muchas de ellas.

Recuperar la memoria histórica de las mujeres de mi entorno más cercano, la nuestra propia, es el ejercicio que me pide el cuerpo cuando escucho hablar en abstracto de la memoria; y sobre todo, ahora, que una iniciativa del Ayuntamiento de mi pueblo busca la participación ciudadana para lograr la protección de algunos edificios históricos del municipio.

¿Qué lógica determina qué elementos de un pueblo deben ser protegidos y cuáles no? ¿Qué entendemos como público? ¿Qué ha pasado con las mujeres de nuestra familia? ¿Qué violencias sufrieron? ¿Qué hemos aprendido nosotras? ¿Cuántos de sus dolores llevamos ahora en nuestras pieles? ¿Dónde se reunían? ¿Para qué? Es urgente que ampliemos el concepto de patrimonio a todos esos espacios de socialización más informales donde se construye y teje vida, que el concepto se extienda más allá de lo arquitectónico.

Desde DUNAK talea, un colectivo de arquitectas con perspectiva feminista, plantean que el problema reside en la recuperación de edificios públicos bajo "esa neutralidad que esconde la larga historia de invisibilización y opresión que hay detrás". Los edificios que pretenden recuperar en este caso están vinculados al poder y no recogen ni los valores ni las personas que hay detrás de todos ellos. "La memoria tiene distintas dimensiones –continúan– y no se puede, por ejemplo, hablar sólo del edificio de la escuela si no se habla del valor de los cuidados y de las mujeres que históricamente se han dedicado a la enseñanza".

Los grandes informes sobre las minas de la zona, los estudios sobre urbanismo e industrialización, las tesis sobre las luchas de clases que se libraron en esta zona de Bizkaia, el ‘sangre minera, semilla guerrillera’ ni reconocen ni sostienen las vidas de mis vecinas, de las mujeres cuyos nombres no hemos escrito ni en los márgenes de los libros de historia. La memoria es un ejercicio de poder, y éste siempre ha estado en manos masculinas. Vuestra historia no me pertenece, ni pretendo que lo haga, hasta que en ella se reconozca que la tienda de ultramarinos de Herminia es un enclave tan importante para entender nuestro municipio como lo fueron las minas.

Las mujeres necesitamos de genealogía propia para no olvidar las huellas que hay en nuestros cuerpos, esas que no se recogen en ninguna guía turística ni arquitectónica. El otro día pensaba en la historia de mi bisabuela, que vivió en Sevares (Asturias) hasta que se quedó embarazada sin estar casada. Su familia decidió por ella que aquello era imperdonable y le obligaron a casarse con mi bisabuelo, que acababa de quedarse viudo. Mi abuela recuerda cómo decía que prefería llevar a sus hijas al cementerio que ver cómo se casaban con un hombre al que no quisieran. Nadie conoce muchos más detalles sobre su historia: ¿la vendieron?, ¿quién pagó por ella?, ¿cuánto? Se llamaba Esther, como mi madre, y murió muy joven. Aquella vida le provocaba dolor de estómago; el cáncer hizo el resto. Está enterrada en su pueblo. Hace años visité su tumba, robé una rosa de otra lápida, y la puse en la suya. Nada grave teniendo en cuenta todo lo que le quitaron a ella. Esa es mi memoria.