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jueves, 15 de noviembre de 2018

#hemeroteca #sexualidad | Análisis de la revolución sexual de mayo del 68: Sexo es drama… del bueno

Imagen: ABC
Análisis de la revolución sexual de mayo del 68: Sexo es drama… del bueno.
Fabrice Hadjadj y Jean Sèvilla analizan la revolución sexual en un congreso internacional sobre mayo del 68 celebrado en la Universidad Francisco de Vitoria.
Ricardo Benjumea | ABC, 2018-11-15
https://www.abc.es/cultura/abci-analisis-revolucion-sexual-mayo-68-sexo-drama-bueno-201811151337_noticia.html

«Nos guste o no, todos somos hijos del 68. Y como todos los hijos, tenemos el derecho, incluso el deber, de cuestionar el legado recibido, de elegir lo que queremos hacer con él, de decidir con qué nos quedamos y qué rechazamos». Con esta cita del filósofo francés André Glucksmann explicaba María Lacalle el objetivo del congreso internacional 50 años de Mayo del 68. Una época de cambios, un cambio de época, que la Universidad Francisco de Vitoria celebró del 8 al 10 de noviembre en Madrid.

«Es cierto que las barricadas duraron unas semanas, que lo imposible no se hizo realidad y que la imaginación no llegó al poder, pero también es cierto que el mundo ya no fue igual después de aquello», añadió la máxima responsable de la organización de un evento que reunió a diversos expertos internacionales, que se focalizaron en la llamada «revolución sexual» y en sus aspectos más controvertidos.

«Tenemos que hablar de muchas cosas sobre las que hoy parece que se ha impuesto un silencio en cierta manera totalitaria», prosiguió Lacalle. «La sociedad actual seguramente es mejor que la de los años 60», admitió, «pero junto a muchas luces hay algunas sombras en el legado recibido».

Más allá del mayo francés
En realidad, resaltó en la inauguración el periodista e intelectual francés Jean Sèvilla, Mayo del 68 supuso la eclosión de profundos cambios que venían produciéndose desde hacía ya tiempo, con distintas especificidades en cada país de Europa occidental y América del Norte. De una sociedad rural se pasó a otra urbana, pacífica y próspera, con supermercados llenos de productos hasta hace poco inimaginables. Irrumpieron en los hogares el teléfono y la televisión, y la incorporación al trabajo de las mujeres, unido a la llegada de los anticonceptivos, provocó grandes cambios en la vida de las parejas. Por aquellos años –destacó Sèvilla–, salvo personas «en situación marginal» o «intelectuales bohemios», era muy raro el nacimiento de niños fuera del matrimonio, mientras que ahora esa es la situación más generalizada en Francia.

Clave, a su juicio, fue el cuestionamiento de la autoridad en todos los ámbitos, desde la el sacerdote a la del líder político, pasando por el jefe de la propia empresa. «El individuo se convierte en la norma suprema», subrayó. La reivindicación de los derechos individuales se antepone a la búsqueda del interés colectivo. «El hombre se convierte en un ser autónomo capaz de definir por sí mismo cuáles son las normas que quiere o no aceptar». Es la génesis del relativismo.

Uno de los resultados de esas transformaciones ha sido una deconstrucción de la sociedad, una «crisis cultural» que, para llenar el vacío generado, ha propiciado el auge de una nueva derecha populista, autoritaria e hipernacionalista. Ante la pérdida de las raíces culturales y espirituales en Europa, necesarias para afrontar los retos y problemas de cada tiempo, existe el peligro de que «la gente va a buscar respuestas [en esa nueva derecha] si no las ofrecen los católicos», dijo, pidiendo un mayor esfuerzo por involucrar a la juventud católica en la política, al modo de anteriores generaciones de políticos cristianos que «se alimentaban de la oración» y concebían el servicio público como «una noble actividad», al tiempo que, conscientes del «pecado original», rechazaban una concepción mesiánica del poder.

Sèvilla tiene la esperanza de que se produzca una reacción de este tipo. «Lo hemos visto en la contestación en Francia al matrimonio homosexual: se despertaron fuerzas que estaban dormidas», dijo. «Tenemos importantes recursos para la reconstrucción en las familias, en las Iglesias… Las fuerzas están ahí».

De la liberación sexual al #MeToo
Otro intelectual francés, el filósofo Fabrice Hadjadj, clausuró el congreso con una conferencia sobre La restauración de la carne. El autor de La fe de los demonios o Últimas noticias del hombre se presentó como «hijo de padres del 68». «Es mi cultura de origen, pero al mismo tiempo escapé de ella», dijo en alusión a su fulgurante conversión. Coincidió sin embargo con Sèvilla en que Mayo del 68 fue más un síntoma que una causa. «La cultura de la muerte existía antes, también en las buenas familias católicas y burguesas». Igual que las ideologías de género. «Si pensáis que unas pocas lesbianas americanas han logrado cambiar la faz del mundo deberíais venerarlas», bromeó. Esa idea de «una sociedad con un solo género ya existía en la antropología liberal».

Una de las mayores paradojas de mayo del 68 para Hadjadj es que la liberación sexual ha derivado en el hashtag #MeToo, en la denuncia de la violación. «Todas las revoluciones empiezan con el regocijo y terminan con el terror. En todas las revoluciones se empieza con un sentimiento de fusión y derivan hacia el litigio permanente».

Como ejemplo de ese nuevo puritanismo aludió a la redefinición propuesta por el Gobierno de Pedro Sánchez de la violación como cualquier relación sexual sin consentimiento explícito. O a la app LegalFling, que permite concertar citas en las que previamente cada persona accede a según qué prácticas. «Ningún gesto queda imprevisto». «Hemos pasado de la liberación sexual a tener relaciones en presencia del abogado», a «una hipervigilancia con una desconfianza generalizada».

Carne contra cuerpo
Individualismo fue una palabra no pronunciada por el filósofo pero que sobrevoló la mayor parte de su intervención. En 1967 se legalizaba en Francia la píldora anticonceptiva, que permitió «controlar de manera química la sexualidad». Para Hadjadj, aun admitiendo cierta lógica en la reacción frente a Mayo del 68 significó «un esfuerzo por liberarse de la sexualidad, por deshacerse de la naturaleza y hacer de ella un objeto de consumo. Por entrar en una artificialidad total», cuya meta es el «seg-sex, el sexo seguro», algo así como «la cuadratura del círculo, puesto que el sexo es drama. Porque «hay momentos en que perdemos el control». Y ese sexo «nos lleva a entrar en una historia que nos supera». A tener problemas. «A vivir con una mujer, con hijos...», en una familia que nunca será idílica. «Y lo más loco es que la Biblia no deja de hablar de la familia como espacio donde nos podemos gritar unos a otros como nunca vamos a gritar a nadie; nos muestra que hay una violencia intrafamiliar que no existe en la calle». Pero también «se nos revela que la familia es el lugar del perdón». De modo que «se trata, sí, de un drama, pero es un buen drama, el drama de la vida, no un falso drama artificial».

Pretender abolir ese drama es un planteamiento propio de «una lógica de la tecnología: se piensa en que hay un problema y se aplican las soluciones». Algo coherente desde una óptica liberal que concibe el cuerpo como una especie de posesión con la que el individuo puede hacer con él lo que quiera.

Frente al cuerpo entendido en clave individualista, Fabrice Hadjadj reivindicó la carne como «el lugar de encuentro conmigo mismo y con la otra persona». El lugar del placer pero también donde experimentamos «la debilidad, el envejecimiento y la muerte». «En la carne vemos la miseria y el pecado, y por ello podríamos querer ya no ser carne sino cuerpo, incluso un cuerpo ciborg», para liberarnos de nuestras vulnerabilidades. «Podría querer sustraerme de todo ello. ¿Qué me impide hacerlo?», se preguntó. «Es algo que yo calificaría como la confianza en la carne», posible «a partir del misterio de la encarnación y de la resurrección de la carne». Porque si antes se decía que Dios se hizo hombre para que el hombre pueda ser Dios –concluyó–, cada vez vamos a ver más que fue así para que el hombre pueda seguir siendo humano». Para mostrar que «la carne es el lugar de la miseria, del sufrimiento, de la herida…, sí, pero también el lugar de la misericordia, de la donación y del perdón».

jueves, 17 de mayo de 2018

#hemeroteca #mayodel68 #feminismo | Mayo Francés: las mujeres a la calle, pero no al poder

Imagen: TodoNoticias
Mayo Francés: las mujeres a la calle, pero no al poder.
Estuvieron presentes en las barricadas y en los afiches, pero no en la toma de decisiones. Aunque la revuelta parisina no fue el origen del feminismo, lograron avances en la libertad sexual y, pocos años después, llegó la legalización del aborto.
Miriam Lewin | TodoNoticias, 2018-05-17
https://tn.com.ar/sociedad/mayo-del-68-mujeres-en-las-fotos-pero-sin-poder_866987

Muchas veces se ha planteado la pregunta sobre el rol de las mujeres en el Mayo Francés. ¿Fue revuelta realmente la cuna del feminismo? No se trató- de una rebelión en la que estuvieran ausentes las estudiantes primero y las obreras después. Hubo incluso reivindicaciones que las involucraban, como el aborto o la libertad sexual. Sin embargo, la historia indica que recién en 1970 se creó en Francia el Movimiento de Liberación de las Mujeres.

¿Se puede decir que por primera vez fueron verdaderamente escuchadas sus voces en las calles del Barrio Latino?

Hacía menos de seis meses que, en Francia, se podía acceder legalmente a la píldora anticonceptiva. El impulsor de la medida, el político Lucien Neuwirth, que fue calificado como "asesino de niños" , logró -después de explicarle la necesidad de la legalización- que el presidente De Gaulle le diera luz verde y afirmara: "Tiene usted razón. Transmitir vida es importante. Hace falta que sea un acto lúcido".

En 1965, en el país considerado cuna de los derechos humanos todavía se requería la firma del marido para que una mujer abriera una cuenta de banco, dispusiera de bienes propios y ejerciera una actividad profesional.

El feminismo como tal, ya había nacido mucho antes, en el siglo XIX y en la primera mitad del XX. En este sentido la filósofa Diana Maffia es categórica: ‘El Segundo Sexo’, de Simone de Beauvoir es de 1949, y al año siguiente ya estaba traducido en nuestro país. Muchas mujeres lo leyeron y ya había feministas argentinas (además de las primeras, que yo ubicaría a fin del siglo XIX, sobre todo las anarquistas y socialistas). Y esto sucedió mucho antes del Mayo Francés". Maffia dobla la apuesta:"Si vamos a referirnos a los reclamos por una nueva universidad, la reforma Universitaria de 1918 se adelantó medio siglo a las revueltas universitarias de París y de Tlatetolco".

Solo para la foto
¿Por qué tenemos la idea de que la gesta de París que unió a obreros y estudiantes e hizo tambalear el poder de Charles De Gaulle fue protagonizada por mujeres que impusieron sus demandas?

Para Dora Barrancos, socióloga, el Mayo Francés no significó un ariete fundamental con relación al feminismo. "Se impone sin embargo recordar la masiva participación de muchachas en ese ciclo, una exhibición de mediados de los '60 con el notable aumento de la participación de las mujeres en la vida universitaria. Basta volver sobre las fotografías del acontecimiento para observar el fenómeno que probablemente reverberó en el surgimiento de nuevas subjetividades femeninas", señala.

En efecto, el imaginario colectivo se construye a través de las imágenes, de modo que las fotos de las mujeres participando en la misma medida y número que sus compañeros en las manifestaciones, incidieron en la idea de que no se trataba de un movimiento de hombres. Pero lo real es que las chicas, las bellas francesas de minifalda y puño en alto, solo actuaron como portaestandartes de sus camaradas.

Nadie nunca pensó, ni por un momento, que una de ellas pudiera participar en la conducción del proceso. "Eran solo iconografía", dijo uno de los líderes indiscutidos de mayo, Daniel Cohn Bendit. La paridad no existía en realidad. Era únicamente -podría decirse- una construcción artística. Pocas veces tomaron las mujeres los micrófonos en las asambleas o en los medios de comunicación, aunque pusieran el pecho en las barricadas. Eran atrayentes la belleza y la fragilidad supuesta de los cuerpos femeninos como contraste de los uniformes policiales o como contribución a la construcción del mito de que la revuelta parisina era solamente una cuestión poética y no el surgimiento de un sujeto social nuevo.

Uno de los afiches más conocidos muestra una joven lanzando un adoquín, con la leyenda "La belleza está en la calle". La tapa de una publicación sindical sobre el paro general llevaba la inscripción: "Qué bello rostro tiene nuestra huelga", sobre la cara de una chica.

Martine Storti, intelectual francesa recuerda que en las manifestaciones, las mujeres eran las encargadas de pasar los adoquines, repartir panfletos y servir el café. "Me resistí a aprender a escribir a máquina porque significaba condenarme a transcribir las reflexiones de los grandes señores", recuerda. Las demandas de las mujeres estaba prácticamente ausentes, confirma.

Cohn Bendit sostuvo que, a pesar de todo, hubo cuestionamientos por parte de las mujeres al machismo de sus compañeros. A la idea de que la revolución se ocuparía una vez que ganara de los derechos de las mujeres le opusieron poco después la de que serían las mujeres las que liberarían al mundo entero.

En el libro de Gustavo Sierra, ‘El 68’ dos estudiantes de la Sorbona cuentan, asombradas: "Hacía días que la revolución había comenzado y todavía nadie había dicho nada sobre los derechos de las mujeres". En las escaleras de la facultad, pensaron en hacer algo. Entonces, consiguieron papel y empezaron a pegar carteles sobre las paredes con textos sobre las mujeres. La acción logró que se organizaran charlas sobre la temática dentro de la universidad.

La mayoría de las pensadoras francesas coinciden en que el feminismo era en el 68 solamente un río subterráneo, una metáfora geológica acuñada por la historiadora Michelle Zancarini Fournel. "La revuelta generó una toma de conciencia, de cuya onda expansiva surgieron otros cuestionamientos. El yugo machista empezó a resquebrajarse", señala.

Hubo sí, una explosión de la libertad sexual. Fue de hecho, la chispa que inició las protestas en marzo en la universidad de Nanterre. Los estudiantes varones tenía prohibido visitar los edificios dormitorios de las mujeres, aunque ellas si podían entrar a los masculinos, en una asimetría que revelaba el profundo conservadurismo y la moralina reinantes.

Las herederas inmediatas del '68, aprovechando la marea, siguieron activas en los años siguientes.

En agosto de 1970, por ejemplo, llevaron flores a la Tumba del Soldado Desconocido. El mensaje era: "Hay alguien aún más desconocido que el soldado: su mujer". Luego se encadenaron en la cárcel de mujeres con la consigna "todas nosotras somos prisioneras" .

En abril de 1971, vio la luz el "Manifiesto de las 343". Allí, 343 mujeres -entre ellas Simone de Beauvoir, Marguerite Duras y Catherine Deneuve- declararon haber abortado, exponiéndose a penas de cárcel. La respuesta de la ministra Simone Veil, mujer y sobreviviente de Auschwitz llegó en 1974: el aborto fue legalizado.

También llegó el momento del revisionismo más incómodo.

En su libro "La otra herencia del '68", la verdadera cara de la liberación sexual la abolicionista Malka Marcovich sostiene que muchas de las estudiantes que participaron en la insurrección eran forzadas a iniciarse sexualmente sin estar maduras. Asegura que hubo una ola de abortos clandestinos y de violaciones disfrazadas de sexo consentido. "Si eres libre, ¿por qué no te acuestas conmigo?", era el argumento de los varones frente a las dudas de sus compañeras. Según la autora, el deseo femenino no era tenido en cuenta.

La reticencia y desconfianza del Partido Comunista, la heterogeneidad de la suma de los reclamos de los obreros, el romanticismo de los estudiantes y el utopismo de los anarquistas fueron tal vez la clave de que, poco tiempo después, la esperanza de cambio que albergaban algunos se diluyera a pesar de la renuncia de De Gaulle en 1969, después de un referendum que perdió por pocos puntos.

Las banderas del '68 fueron arriadas incluso por los propios líderes rebeldes que se sumaron al juego democrático que antes calificaban de burgués.

Quizá, la triste lápida de las reivindicaciones de tono feminista de esos años haya sido, medio siglo más tarde, la carta que la emblemática Catherine Deneuve firmó con otras intelectuales. Allí, tildaron de puritana a la campaña #Metoo que desenmascaró abusadores sexuales y reivindicó el "derecho de los hombres a la seducción".

miércoles, 16 de mayo de 2018

#libros #mayodel68 | Mayo del 68 : la palabra anónima : el acontecimiento narrado por sus participantes

Mayo del 68 : la palabra anónima : el acontecimiento narrado por los participantes / Nicolas Daum ; traducción de Marisa Pérez Colina.
[Mai 68 raconté par des anonymes. Español].
Madrid : Acuarela & Antonio Machado, 2018 [05-16].
Colección: Acuarela Libros ; 45
ISBN 9788477743484 / 22 €

/ ES / ENS
/ 1968 / Francia / Historia – Siglo XX / Mayo del 68 / Memoria histórica / Movimientos sociales / Paris / Política / Testimonios

Esta obra recoge entrevistas realizadas por Nicolas Daum a antiguos miembros del Comité de Acción –hoy diríamos «asambleas de barrio»– de los distritos III y IV de París, uno de los más duraderos. Daum, miembro él mismo de aquel Comité, localizó entre 1988 y 2007 a veinte de sus miembros originales –obreros, artistas, profesores, ingenieros, de diversas edades– y conversó largamente con ellos sobre su experiencia de Mayo del 68, sobre su vida antes y después del acontecimiento. Son todos participantes anónimos, ni celebridades ni mártires, sino personas profundamente implicadas en aquel momento en la actividad cotidiana y de base del movimiento: asambleas, acciones, iniciativas descentralizadas. Son las voces que han desaparecido casi totalmente de los relatos del 68, eclipsadas por las estrellas, los líderes y los portavoces designados a posteriori por los medios de comunicación y la cultura oficial. El método de este libro constituye, por tanto, un ataque deliberado contra las estrategias de personalización, recuperación y espectacularización que han reducido y estrechado tanto la memoria de Mayo del 68 a un movimiento puramente estudiantil, localizado en el Barrio Latino, que reclamaba simplemente un cambio superficial, en las costumbres, etc. Y al mismo tiempo nos ofrece la mejor descripción que puede encontrarse de lo que se experimentó en el 68 cuando el imaginario de la política de emancipación se infiltró en la vida cotidiana de la gente, permitiendo superar las divisiones alienantes entre vida pública y privada, vida política y ordinaria, actividad social y maneras de vivir. Justo lo que el filósofo Henri Lefebvre llamó «lo cotidiano transformado» y que es aún el desafío verdadero de toda política de transformación.

martes, 15 de mayo de 2018

#hemeroteca #mayodel68 | Las piedras del Mayo francés no alcanzaron España

Imagen: El Diario / Disturbios en Mayo del 68 en Paris
Las piedras del Mayo francés no alcanzaron España.
La revuelta social y cultural de París del 68, hace 50 años, apenas tuvo reflejo en un país sometido a una dictadura y concentrado en la lucha antifranquista.
Miguel Ángel Villena | El Diario, 2018-05-15
https://www.eldiario.es/cultura/historia/piedras-Mayo-frances-alcanzaron-Espana_0_771673109.html

La revolución del Mayo francés, que ahora cumple medio siglo, careció de una banda sonora o de himnos que hayan perdurado. Si acaso una de las canciones más tarareadas en un barrio Latino en pie de guerra fue ‘Ay, Carmela’, una melodía famosa en el bando republicano durante la Guerra Civil. Fue quizás la mayor aportación española a aquella revuelta, protagonizada básicamente por estudiantes, que sacudió el país vecino con un grito de libertad. Pero el efecto dominó brilló por su ausencia al sur de los Pirineos en una sociedad sometida a un franquismo de plomo, atenazada por el miedo y donde todas las rebeliones se concentraban en un único objetivo: derrocar a la dictadura.

"La oposición a una dictadura larga y cruel", sostiene el historiador Julián Casanova en declaraciones a eldiario_es, "situaba a España en una onda completamente distinta a la de Francia". Por eso, "aquí tardaron varios años en aparecer movimientos sociales como el feminismo, el ecologismo o el pacifismo que eclosionaron durante el Mayo francés".

Añade que "conviene recordar que además España seguía siendo un país bastante rural, castigado por la emigración y donde el turismo, con su revolución de costumbres, apenas comenzaba a despegar. En una palabra, hubo una absoluta descompensación de ritmos históricos entre nuestro país y las revueltas que se vivieron en Francia; en Estados Unidos, con la contracultura; o en el bloque soviético con la primavera de Praga".

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y autor de varios libros sobre el siglo XX europeo y español, Casanova reconoce que la única similitud posible se refiere a la irrupción de unas nuevas generaciones más contestatarias, que no habían sufrido ni la Segunda Guerra Mundial ni el conflicto español, y que pedían transformaciones profundas.

En cualquier caso, el historiador señala que el surgimiento de movimientos sociales que cuestionen el sistema requiere siempre de una sociedad civil organizada, una condición que solamente se da en las democracias. "De otro lado", añade, "los intercambios culturales resultaban muy escasos en aquella época, se contaban con los dedos de una mano los intelectuales españoles que estudiaban fuera y el franquismo imponía una implacable censura de prensa".

"Estábamos muy retrasados culturalmente"
El panorama de aquel mitificado y rebelde 1968 en Francia o en Estados Unidos contrastaba aquí con las huelgas cada vez más frecuentes que impulsaba un sindicato recién creado llamado Comisiones Obreras, con la aparición de cantautores que unían música y protesta o con un cine independiente que intentaba criticar a la dictadura en clave críptica.

"Si ni siquiera en Francia entendieron lo que estaba pasando en aquellas semanas de mayo que derivaron por cierto en la victoria del partido del general De Gaulle en las siguientes elecciones, cabe imaginarse que en España nadie se enteró de nada". Quien opina de una manera tan rotunda es el periodista Diego A. Manrique, uno de los mayores expertos españoles en la cultura del último medio siglo.

"Aquí llegaron", explica, "algunos cambios superficiales como las melenas largas o la ropa inconformista y contracultural. Pero resultaban efectos cosméticos porque cabe recordar que era algo marciano hablar en España de ecologismo o de libertad sexual. Estábamos muy retrasados culturalmente y las élites de la oposición española miraban el mundo con el prisma del PCE que, por supuesto, se situaba a años luz del Mayo francés".

Como termómetro de las diferencias entre Francia y España baste citar que el acontecimiento cultural de aquella primavera española de 1968 fue el recital de Raimon en la Universidad Complutense de Madrid donde miles de estudiantes, rodeados por la policía, no gritaron ‘La imaginación al poder’ o ‘Bajo los adoquines está la playa’, sino sencillamente Libertad y amnistía.

Aquel recital del cantante valenciano, que alumbró el famoso disco ‘18 de maig a la vila’ (‘18 de mayo en Madrid’), se hallaba muy lejos de las baladas con un punto de romanticismo rebelde de Georges Moustaki o Leo Ferré. Y más allá de las minorías estudiantiles que coreaban a los cantautores, los gustos musicales patrios se decantaban por grupos de rock más bien pijos como Los Brincos o Los Bravos. Del mismo modo, la mayoría del cine español respondía más a títulos como ‘El turismo es un gran invento’ que al cine político de un Carlos Saura.

Muy crítico con el fenómeno que generaron las revueltas de París, que apenas duraron unas semanas y no lograron desalojar al general De Gaulle del poder, Diego Manrique resume el Mayo francés como una mezcla de una expresión de un deseo de libertad y de la explosión de un izquierdismo fanático y represor. "Un cineasta idolatrado por algunos como Jean Luc Godard", afirma este periodista cultural de larga y premiada trayectoria, "debería haber hecho penitencia por una película como Le chinoise a la vista de las atrocidades que cometió el maoísmo en China". En opinión de Manrique, el fenómeno que dejó verdadera huella fue la contracultura californiana, germen del ecologismo, el feminismo o el pacifismo de las décadas posteriores.

El ensayista Joaquín Estefanía, autor de 'Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía (1968-2018)', en Galaxia Gutenberg, figura junto con el filósofo Gabriel Albiac o el sociólogo Javier Noya, entre los pocos escritores españoles que han publicado libros recientes sobre aquella efeméride francesa.

Desde la perspectiva del medio siglo transcurrido, Estefanía, que fue director de El País a comienzos de los noventa, coincide en que Francia y España vivieron en 1968 situaciones históricas totalmente distintas. "Aquella ola de cambio que llegó a cuajar en la mayor huelga general que ha vivido Francia", apunta, "llegó aquí con varios años de retrasos y no se plasmó hasta la Transición. Aquellas transformaciones culturales apenas se reflejaron, como mucho, en las vanguardias universitarias que podían estar al día de la música o del cine que emergían más allá de nuestras fronteras. Pero nos pillaba muy lejos entonces".

Sin embargo, Joaquín Estefanía está convencido de que la semilla del Mayo francés brotó en nuestro país décadas más tarde en la Transición, en los movimientos antiglobalización de finales del siglo pasado, en la revuelta de los indignados el 15M o en el auge del feminismo, puesto de manifiesto en las manifestaciones del 8 de marzo pasado o en las actuales protestas contra la sentencia de La Manada.

En su libro, Estefanía remarca paralelismos y diferencias entre aquellas semanas de revueltas en Francia y destaca tres aspectos nuevos en los movimientos emergentes de hoy. "Los indignados o las feministas", aclara, "ni tienen una ideología clara, como fue el marxismo en 1968; ni apelan a una clase transformadora, como eran los obreros; ni apunta a modelos como fueron la China de Mao o la Cuba del Ché, que se convirtieron en auténticos iconos en las barricadas de París. El tiempo dirá en qué derivan estos nuevos movimientos sociales".

De todos modos, aquellos que han estudiado a fondo el Mayo francés se muestran de acuerdo en que las protestas en las calles deben aspirar a tomar el poder si aspiran a transformar de verdad la sociedad. Ahora bien, el dilema entre los que piensan que la revolución necesita una vanguardia, algo que ya predicó Lenin hace un siglo, o los partidarios de Rosa Luxemburgo que optaban por un crecimiento cultural e intelectual como garantía de cambio, persiste un siglo después. Quizá nos hallemos ante un nuevo paradigma histórico, pero hasta la fecha todas las revoluciones han sido fenómenos rápidos que han tomado el poder. Algo que no ocurrió en el Mayo francés.


NOTA DE IGLU: La memoria es frágil. Y muy subjetiva. Quienes éramos niñes en aquel Mayo del 68 seguíamos llevando flores, cada semana, a la Virgen, es cierto, e, incluso, hicimos en aquellos mismos días la Primera Comunión, pero nuestras madres ya compraban a plazos 'El libro de la vida sexual' -¡ilustrada!-  firmada por el psiquiatra Juan José López Ibor, eso sí, a medio escondidas en librerías de ilustres ilustrados rojillos de pueblo y su generación ya no se parecía en casi nada a la de nuestres abueles. El 'La, la, la' de Masiel sonaba en la radio. Nuestras primas pasaban de la minifalda a la maxifalda y viceversa. Y el aire que respirábamos en las calles ya no era, ni de lejos, el de la más oscura y cruel postguerra. (Continuará)

#hemeroteca #mayodel68 | Mayo 68, voces y revueltas de la esperanza

Imagen: Google Imágenes / Recital de Raimon en la Facultad de Ciencias Políticas, 1968-05-18
Mayo 68, voces y revueltas de la esperanza.
Manuel Garí / Jaime Pastor | Público, 2018-05-15

http://blogs.publico.es/otrasmiradas/13556/mayo-68-voces-y-revueltas-de-la-esperanza/

Cincuenta años después del mítico mayo ¿es útil repensarlo? Sin duda, pues interpretar el pasado en el presente ayuda a construir el futuro. La memoria es un espacio de lucha política (Kristin Ross), por ello no es casual que De Gaulle planteara en junio de 1968 olvidar de inmediato la “pesadilla” de las recientes jornadas de huelga general y barricadas y, mucho más tarde, de forma obsesiva personajes como Benedicto XVI, Nicolás Sarkozy o la misma Esperanza Aguirre sigan combatiendo contra el fantasma del 68 al que, cínicamente, atribuyen ser fuente de relativismo intelectual y moral.

Realmente lo que preocupa a estos personajes al servicio del orden neoliberal es el carácter de acontecimiento global que expresó el “gran rechazo” -como lo calificó en su momento, entre otros, Marcuse- al orden establecido, poniendo “brutalmente a la lucha de clases en primer plano” en palabras de Daniel Bensaïd uno de los impulsores del Movimiento 22 de marzo en la Universidad de Nanterre. Rechazo al orden global que se había ido instaurando desde finales de la Segunda Guerra Mundial, volviendo a poner en el centro del debate la posibilidad de “cambiar el mundo” y “transformar la vida”.

Fue precisamente el temor al retorno de un imaginario revolucionario el que llevó a las clases dominantes a desplegar una estrategia de “contrarrevolución preventiva”, iniciada con el golpe militar de Pinochet en Chile en septiembre de 1973.

El significado de Mayo 68
Algunos intérpretes intentan reducir Mayo 68 a una revuelta generacional, otros limitan su alcance a una revuelta cultural, algo innegable, pero con ello ocultan su dimensión profundamente política, que llevó a cuestionar los regímenes entonces dominantes tanto en Francia como en Checoslovaquia, México, Italia y otros países. Olvidar la dimensión política es banalizar mayo 68 al abordar el fenómeno de forma ahistórica y, con ello, no pueden explicar que los años sesenta también se expresara el malestar y la distancia que importantes sectores de la izquierda social tenían respecto a las políticas de los partidos socialdemócratas y comunistas que globalmente habían aceptado el statu quo capitalista, lo que originó la aparición de nuevos partidos a la izquierda de la izquierda.

Fue un acontecimiento global que se sustanció nacional e internacionalmente, que, de forma desigual, según países, abrió un campo de posibilidades reales, concretas, no ilimitadas para un cambio de rumbo. Ese es su activo simbólico universal y eso es lo que se quiere combatir desde el poder. Pierre Bourdieu, en referencia a Francia, propuso contemplarlo como producto de la sincronización de una multiplicidad de crisis latentes en diferentes universos sociales. Ello puede explicar tanto su extensión geográfica como social, pues por primera vez se incorporaron a las luchas sectores de trabajadores y colectivos sociales que anteriormente no habían participado. Y desde luego puede también explicar su carácter de fenómeno internacional en un “momento bisagra” entre, los treinta “gloriosos” años de expansión de un capitalismo regido por el keynesianismo y el comienzo de la financiarización de la economía global bajo la férula neoliberal. El mundo estaba mutando.

Aunque el epicentro del seísmo de mayo del 68 fue Francia, conviene destacar que el “momento” 68 y aún mejor decir “los años sesenta” (que se prolongaron a los setenta) fueron el marco de procesos que se realimentaban mutuamente. Baste recordar las rebeliones anticoloniales y anti imperialistas en curso cuya máxima expresión fue la ofensiva del Têt vietnamita; las luchas democráticas antiburocráticas en los países del “socialismo real” que tuvo su punto álgido en la Primavera de Praga; las movilizaciones estudiantiles por la democracia en Madrid, México y Pakistán junto a las ocurridas en las principales universidades del mundo industrializado (Berkeley, Paris, Roma, Berlín, Londres...), o las que se produjeron contra la guerra y el racismo en Estados Unidos, donde el pueblo negro se puso en pie contra la segregación y por los derechos civiles; también el auge de las guerrillas latinoamericanas; y algo muy importante que muchos autores olvidan interesadamente hoy: se dio una profunda removilización de las clases trabajadoras en Argentina, España, Portugal e Italia y, por supuesto, la gesta de la huelga general durante semanas en Francia.

Mayo aquí
Todos estos procesos fueron seguidos, aunque con mucha menor extensión e intensidad, en la sociedad española de aquellos años, especialmente por la nueva generación que fue accediendo a la Universidad y a los centros de trabajo. Las particulares y duras condiciones en las que luchábamos contra la dictadura franquista no facilitaron una explosión de la protesta similar a la que se produjo en países como Francia o Italia.

Con todo, desde 1965 se había desarrollado un movimiento estudiantil capaz de acabar con el sindicato vertical del régimen y de ir poniendo en pie un sindicalismo democrático que contó con el apoyo de la mayoría del estudiantado. Y también estaba naciendo el nuevo sindicalismo en torno a las Comisiones Obreras de base asamblearia. El año 1968 fue precisamente la culminación del ascenso de un ciclo de luchas que quizás ha tenido en el recital de Raimon el 18 de mayo en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid el acto que más ha quedado en la memoria colectiva. El curso 1967-1968 en las universidades del Estado español fue excepcional. El premio Nobel André Lwoff describió gráficamente la realidad: “La institución docente franquista estaba en bancarrota con las aulas cerradas por orden ministerial y ocupadas por la policía, los estudiantes permanentemente movilizados y sus líderes expedientados académicamente o juzgados por el Tribunal de Orden Público”.

Luego se produjo el fin del “aperturismo” y se conoció un aumento de una represión que acabaría proclamando un estado de excepción en enero de 1969 tras el asesinato pocos días antes del estudiante Enrique Ruano, militante del Frente de Liberación Popular, por la policía franquista. En la justificación de esas medidas de excepción el entonces ministro de Franco Manuel Fraga Iribarne no ocultó el temor al efecto contagio declarando que “es mejor prevenir que curar, no vamos a esperar a una jornada de mayo para que luego sea más difícil y más caro el arreglo”.

Podemos afirmar que, pese a la represión, el movimiento estudiantil no se amilanó. El franquismo había perdido la universidad y comenzaba a perder las fábricas, ello dificultaba su legitimación, pero también la recluta de nuevas élites. El 68 marcó el final de un periodo de apertura del régimen y el comienzo de otro: el tardofranquismo senil.

Legados del 68, cenizas y brasas
En el caso de los países industrializados se dieron algunos rasgos comunes en los repertorios y formas de lucha y organización: la “liberación de la palabra” (Michel de Certeau), las prácticas asamblearias, la ocupación de las calles y en muchos casos de los centros de trabajo y estudio, el ensayo de experiencias comunitarias alternativas, la enorme creatividad en muy diferentes ámbitos; la conformación, en suma, de una subjetividad rebelde y antiautoritaria compartida.

Los sesenta no trajeron la revolución, pero sirvieron de catalizador de los nuevos movimientos sociales, fueron la brecha por la que entraron inmediatamente nuevos actores y nuevos argumentos. Si bien no cabe calificar aquel acontecimiento de feminista, “sin el 68 no se hubiera producido el feminismo como fenómeno de masas”, ya que “forzó a una generación de mujeres a arreglar sus cuentas con la política” (Lidia Cirillo), llevando así a todas sus consecuencias la fórmula “lo personal es político”. Lo mismo podría decirse del ecologismo, apoyándose en la crítica del urbanismo capitalista y de la vida cotidiana, de la que Henri Lefebvre fue pionero, así como en la denuncia de la sociedad del espectáculo y de consumo. Y lo mismo puede decirse del nuevo pacifismo que cuajó especialmente en Alemania y que tuvo importantes ecos también en nuestro país.

Como planteó Daniel Bensaïd lo que nos interesa “no son las cenizas de Mayo del 68, sino sus brasas, las reapariciones de los posibles vencidos y rechazados.” Y podemos ver reaparecer, años más tarde, en contextos bien diferentes, pero con motivaciones y en ocasiones, palabras, iguales, a las rechazadas, a los nadie, a las y los indignados del movimiento “antiglobalización” y, más recientemente, tras las derrotas de la Transición en el caso español, pudimos volver a albergar la esperanza con el 15M. En todos esos procesos es posible encontrar las brasas de la subjetividad contestataria y desobediente que irrumpió entonces.

martes, 8 de mayo de 2018

#libros #politica #historia | La libertad, ¿liberal o libertaria?

La libertad, ¿liberal o libertaria? : la Nueva Izquierda y las revueltas del 68 / Raymond Aron ; traducción de Luis González Castro.
Barcelona : Página Indómita, 2018 [05-08].
112 p.
ISBN 9788494816703 / 13,50 €

/ ES / ENS
/ Ideologías / Historia – Siglo XX / Liberalismo / Libertades / Mayo 68 / Movimientos sociales / Política

El texto incluido en este volumen, proveniente de una conferencia pronunciada por el autor en septiembre de 1969, pone de relieve las concomitancias entre la convulsa década de 1960 y el presente. Apenas un año después de los acontecimientos del 68 que hacen que las instituciones se tambaleen, Raymond Aron, una de las voces más críticas con el Mayo francés, aborda aquí con su moderación habitual y una lucidez asombrosa el pasado, el presente y el futuro de la contestación al "establishment".

«Pasemos ya a lo esencial: ¿cuál es el tema de esta conferencia? Ninguno de ustedes dudará de que su título, "La libertad, ¿liberal o libertaria?", me fue sugerido por los acontecimientos de los últimos años, pues la nueva izquierda ha hecho una entrada espectacular en el campo ideológico, y participa en los debates filosófico-ideológicos que se desarrollan de forma permanente en las sociedades modernas. Queda por saber desde qué ángulo me propongo enfocar el debate.

»Hace unos años dediqué un pequeño libro no a 'la' libertad, sino a 'las' libertades, a la dialéctica entre las libertades llamadas formales y las llamadas reales; por un lado, las libertades personales y políticas; por el otro, las libertades sociales o derechos sociales. Una dialéctica, si así se quiere decir, entre el liberalismo tradicional y la crítica socialista, o también, como veremos dentro de un instante, entre la libertad como derecho y la libertad como capacidad efectiva de ejercer un derecho. En ese libro, me había propuesto mostrar que los regímenes democráticos no se caracterizan por 'una' definición de 'la' libertad, sino por un diálogo permanente en el que los interlocutores retienen distintas definiciones de la libertad o las libertades. Dicho diálogo se funde, traducido en instituciones, con la dialéctica de las libertades. Digamos, asimismo, que el diálogo sobre las definiciones de la libertad ilumina las luchas políticas o sociales mediante las que, en circunstancias favorables, florecen 'las' libertades.

»Al mismo tiempo, yo sostenía la tesis, propiamente política y no ya filosófica, de que la síntesis democrático-liberal representa en nuestra época, en Europa, en "las sociedades industrialmente avanzadas" (insisto en este último punto: no abordaré las sociedades que pudorosamente llamamos subdesarrolladas o en vías de desarrollo), la expresión más satisfactoria o menos insatisfactoria del ideal liberal. A mi juicio, esta síntesis democrático-liberal había triunfado intelectualmente sobre las versiones que hoy conocemos de los regímenes bautizados como socialistas. Para ser más preciso, se trata de una victoria por entero intelectual, que, para quienes no se consideran como los confidentes de la Providencia, no implica una victoria histórica. Desde 1956, tras la desestalinización y el reconocimiento del culto a la personalidad, los marxistas de Occidente renuncian a presentar los regímenes europeos de tipo soviético como realizaciones ejemplares de la libertad o como la consumación de las libertades. Sin embargo, no dejan de justificarlos con otros argumentos. La sociedad moderna, como he tratado de mostrar en otro libro, "Les Désillusions du progrès", no se fija como único objetivo la libertad o las libertades. También quiere ser "productivista", "igualitaria". La ambición prometeica y la denuncia de las desigualdades económicas o sociales no excluyen en teoría el respeto a las libertades personales o a la ciudadanía burguesa. Ahora bien, esos objetivos no parecen compatibles en todas las circunstancias. Al término del debate ideológico de la Guerra Fría, a comienzos de los sesenta, las sociedades de tipo occidental, por muy diversas que fuesen, parecían haber alcanzado un compromiso tolerable, o mejor dicho (si osase recurrir a un modo de pensamiento historicista), el compromiso más avanzado. Dicho compromiso había "recuperado" una parte de la crítica socialista; le reconocía cierta legitimidad y se esforzaba por refutarla dándole la razón, o, si se prefiere, le daba la razón llevando a cabo ciertas reformas inspiradas por ella.

»He aquí, pues, la cuestión para la que esta conferencia buscará elementos de respuesta. ¿Constituye la nueva izquierda una nueva etapa de la dialéctica de la libertad?, ¿debe la síntesis democrático-liberal responder a este desafío tal como respondió al desafío de la vieja izquierda, reformándose a sí misma y, por tanto, "recuperando" a los contestatarios o al menos a algunos de ellos?»

sábado, 5 de mayo de 2018

#libros #contracultura #historia | ¡Hazlo! : escenarios de la revolución del 68

¡Hazlo! : escenarios de la revolución del 68 / Jerry Rubin ; traducción de Pablo Álvarez Ellacuría.
Barcelona : Blackie Books, 2018 [05-09].
295 p.
ISBN 9788417059804 / 19 €

/ ES / ENS
/ 1968 / Contracultura / Documentación / Estados Unidos / Historia - Siglo XX / Movimientos sociales / Política / Testimonios

1968 fue un año revuelto. En Praga floreció la primavera, que los tanques soviéticos se encargaron de aplastar. En París, la juventud enfebrecida buscaba la playa bajo los adoquines. En Tlatelolco, los estudiantes morían por la libertad. En Estados Unidos estallaba la «Gran Revolución AmeriKana». Un puñado de yippies, capitaneados por Jerry Rubin y Abbie Hoffman, firma una alianza con los Panteras Negras, se encuentra con el Che Guevara, que los anima a combatir «en el vientre de la bestia», y elige como arma el espectáculo. Postularán a un cerdo como candidato a la presidencia.

Dotados de un genial instinto propagandístico, emprenden una serie de acciones memorables durante la convención del Partido Demócrata de 1968 en Chicago. Asaltan los depósitos de agua para disolver LSD en el suministro y organizan multitudinarias marchas de protesta, que serán reprimidas violentamente y transmitidas por televisión a escala nacional. Detenidos y procesados, los «8 de Chicago» acuden disfrazados al juicio político más importante de la historia de su país y mantienen con el juez diálogos dignos de Marx (Groucho).

Relato en primera persona de aquellos días, manifiesto contracultural, ácida crónica, utilísimo y vigente manual de guerrilla urbana, ‘¡Hazlo!’ incomodó tanto a la derecha como a la izquierda «oficial». No es extraño que permaneciera tanto tiempo inédito en castellano. Blackie Books reedita el primer título de la editorial, una declaración de principios, con ocasión del 50 aniversario de los hechos de 1968.

viernes, 4 de mayo de 2018

#hemeroteca #libros #historia #mayodel68 | 1968: un año no tan festivo

Imagen: El Mundo / 'París, 1968', de Marcelo Brodsky
1968: un año no tan festivo.
Antonio García Maldonado | El Cultural, El Mundo, 2018-05-04
http://www.elcultural.com/revista/letras/1968-un-ano-no-tan-festivo/40986

1968 es recordado con cierto aire entre pop y melancólico. Es un año marcado por las emociones del Mayo francés, y algunos de sus protagonistas siguen en puestos de mando. Es un capítulo biográfico muy connotado para una generación aún poderosa en Europa occidental, lo que también hoy dificulta un análisis más objetivo. ¿Servirá el 50 aniversario del Mayo francés para ofrecer una visión más completa de sus aciertos y de su cara B? Varios libros recién publicados ayudan en ese propósito. 

Un año antes había muerto el Che Guevara, y ya en el 68 caerían Martin Luther King y Robert Kennedy. La Iglesia Católica se ‘aggiornaba’ en Medellín con documentos pastorales que algunos interpretaron como una bendición a la lucha armada, lo que dio origen a una extraña mezcla de mesianismo religioso y político en guerrillas por el subcontinente americano. En Brasil o México las protestas se sucedían. En octubre de ese año tuvo lugar en la capital mexicana uno de los hechos más luctuosos: la muerte de decenas de estudiantes a manos de las fuerzas de seguridad en lo que se conoció como la “matanza de Tlatelolco”.

Este malentendido respecto a este año crucial ha sido bien cartografiado por el periodista Ramón González Férriz en ‘1968. El nacimiento de un mundo nuevo’ (Debate). Su recorrido panorámico por Italia o México, pasando por Japón o Alemania, es una rica aproximación a unos meses cuyos efectos en los discursos y conceptos de nuestros debates políticos todavía están presentes, aun inadvertidamente. El Mayo parisiense ha de ser necesariamente complementado con otras aportaciones ensayísticas para comprender su verdadero significado, a riesgo, si no, de obnubilarnos con un romanticismo político alicorto, narcisista y contraproducente aún presente en nuestra conversación pública. Un dicho que alimentó esta confusión fue uno de los eslóganes del propio Mayo francés: “Las revoluciones son fiestas o no son”.

A esta tarea clarificadora contribuye también el reciente 'Revoluciones. Cuando el pueblo se levanta' (Turner), del periodista Gero von Randow (Hamburgo, 1953). Aunque es un ensayo que trasciende en espacio y tiempo los sucesos de 1968, aborda estos últimos con perspicacia y aporta visión histórica del significado del ser revolucionario. Hay mucho de revoluciones previas en el 68, y mucho del 68 en movimientos y grupos posteriores como los presentes en los así llamados “años de plomo” en Italia con las Brigadas Rojas, en Alemania con la Baader Meinhof, o, más tarde, en las de las Primaveras Árabes. Su libro aporta algo de epistemología y contexto en un debate contaminado de presentismo épico. 1968 tuvo muchas caras, y von Randow nos lo recuerda citando a Kundera, que compara París con la Praga que resiste a los tanques soviéticos en ese mismo año: “El Mayo parisiense, iniciado por los jóvenes, estaba imbuido de un pensamiento revolucionario lírico, mientras que la Primavera de Praga se inspiraba en el escepticismo posrevolucionario de los adultos”.

A esta revolución que Kundera contrapone con la de París ha dedicado Luis Zaragoza ‘Las flores y los tanques. Un regreso a la primavera de Praga’ (Cátedra). Un libro que declara desde el principio su intención al preguntarse: “¿Quién recuerda la Primavera de Praga? ¿Quién conoce siquiera lo que hay tras la locución ‘Primavera de Praga'? Cuando se evoca ‘el 68', la memoria y la divulgación se dejan fascinar por la poesía y la plasticidad del mayo francés”. Y no le falta razón. Su relato es amenísimo, escrito con un extraordinario sentido del ritmo para recrear el vértigo de aquellos días de esperanzas frustradas. Destaca también la capacidad del autor para conjugar el 'dramatis personae' praguense con los retratos a vuelapluma de la situación geopolítica global.

Congruente con su evolución ideológica, el filósofo Gabriel Albiac actualiza un ensayo de 1993 y publica ‘Mayo del 68. Fin de fiesta’ (Confluencias), una particular memoria de aquellas semanas que comenzaron el mismo día que el autor, presente en París, cumplía 18 años. Su tránsito de la simpatía al escepticismo, cuando no a la condena transita por los principales personajes de la época, desde De Gaulle a Marcuse, a los que da voz en un relato coral que tiene en su prosa y la estructura sus puntos fuertes, y en su inflexibilidad y previsibilidad respecto al legado del 68 su talón de Aquiles. “Porque es la muerte lo que el progreso histórico significa. Y el genocidio lo que se enmascara apenas bajo el nombre solemne de revolución”, resume en un trazo grueso que casa mal con un año de extrema complejidad. La exquisita Página Indómita rescata ‘La libertad, ¿liberal o libertaria?’, en la que Raymond Aron muestra las contradicciones de un movimiento que enmascaraba en su apariencia lúdica peligrosos ramalazos antiliberales.

Una de las consignas de los manifestantes de París decía: “Les frontières, on s'en out!” (¡Las fronteras no nos importan!), y mucho de esa verdad se puso de manifiesto en la influencia que el Mayo francés tuvo en una España a la que aún le quedaba más de un lustro para abrazar la democracia. Cátedra publica 'Fronteras de papel. El Mayo del 68 en España', de Patricia Badenes. Su autora ya había dedicado su tesis doctoral a esta influencia en la prensa española, y ahora amplía el foco a otros ámbitos, no sólo políticos, sino también artísticos, universitarios, eclesiásticos y sociales. Se trata de un ensayo menos divulgativo que los anteriores y muy documentado sobre un hecho que sorprendió a una dictadura que en algunos momentos temió un contagio incontrolable a través de unas fronteras que no imaginaba tan porosas. 

En cuanto al significado de este año al otro lado del Atlántico, cuenta el periodista Mark Bowden en ‘Hué. 1968. El punto de inflexión en la guerra del Vietnam’ (Ariel), una extensa crónica divulgativa y magistralmente estructurada, que “los estadounidenses ya no volverían a confiar ciegamente en sus líderes nunca más”. El autor recrea la ofensiva que comenzaría a primera hora de la mañana del 31 de enero, el primer día del Año Nuevo Lunar y del Tet sobre la capital histórica de Vietnam, que sumaba el valor simbólico a la importancia estratégica. Sobre ella avanzaron en un movimiento coordinado y planificado las tropas del Ejército de Vietnam del Norte y el Viet Cong tras una labor de infiltración que un mando de la marina calificó como “un milagro de la logística”. Fueron necesarios veinticuatro días de combates para recuperar la ciudad. La batalla de Hué fue la más sangrienta de la guerra de Vietnam.

El fin de época quedó reflejado en la renuncia del shakesperiano presidente Johnson a la reelección, atormentado por una victoria en la que no creía. También en las caóticas convenciones demócrata y republicana que encumbraron al triste Hubert Humphrey y al tramposo Nixon, eventos retratados con irónico barroquismo por el iconoclasta Norman Mailer. En palabras de Bowden, en los centros de poder americanos “todo el mundo sabía lo que estaba pasando”. Cuenta Bowden que “se habían lanzado más bombas sobre Vietnam del Norte y del Sur a principios de 1968 que sobre Europa en toda la segunda guerra mundial”. Un año con una nutrida cara B y no tan festivo.

#hemeroteca #memoria #feminismo | La revolución desde la segunda fila

La revolución desde la segunda fila.
Mayo del 68 estuvo lejos de ser un movimiento feminista, pero abrió las puertas a una mayor concienciación sobre la igualdad.
Silvia Ayuso | Babelia, El País, 2018-05-04
https://elpais.com/cultura/2018/04/24/babelia/1524567937_545548.html

Muchas mujeres participaron en las protestas de mayo de 1968 en París. Ahí están las fotos que las muestran en los encierros universitarios, manifestaciones, barricadas, en el proceso de creación artística de los legendarios carteles y eslóganes que siguen plagando el imaginario actual. Pero ¿dónde están las líderes? No busquen. No hay. Porque Mayo del 68 no fue un movimiento feminista. Aun así, 50 años después del levantamiento de la juventud francesa, historiadoras del feminismo coinciden en que esas semanas de mayo y junio fueron un preludio, la primavera que sembró una conciencia feminista que en los años siguientes se constituiría con fuerza en todo el país y obtendría victorias decisivas, como el derecho al aborto.

“Mayo del 68 no fue un movimiento feminista. Había muchas mujeres en las calles, en las asambleas, pero no tomaban la palabra porque, si lo hacían, de todos modos, rápidamente eran interrumpidas por algún hombre que consideraba que no habían dicho nada interesante. Por eso, no se verá jamás en las fotos a una mujer líder”, explica la socióloga Christine Delphy.

Sabe de lo que habla. Cofundadora de la revista 'Nouvelles Questions Féministes' junto con Simone de Beauvoir, Delphy participó en junio de 1968 en la única reunión feminista que se celebró durante toda la revuelta estudiantil parisiense, la del grupo Féminin-Masculin-Avenir (FMA). “Era la primera vez que las mujeres pedían una sala en la Sorbona ocupada, cuando había 50 reuniones al día desde hacía un mes y medio. Nos lo dijo la persona que se ocupaba de otorgar esos espacios cuando le solicitamos uno”, recuerda.

“Eso demuestra que el feminismo no era realmente un tema en Mayo del 68, era un movimiento muy sexista. Como en todo movimiento político, ellas estaban allí para cocinar, para acostarse con los hombres y para que funcionara el mimeógrafo [la máquina con la que se imprimían a mano los panfletos estudiantiles]”, resume Delphy. Curiosamente, es la misma imagen que usa, en otra conversación, la historiadora Françoise Picq, autora del libro ‘Libération des femmes, quarante ans de mouvement’, para condensar la situación en esas semanas convulsas: “Había una división sexual del trabajo militante: los hombres al micrófono y las mujeres al mimeógrafo”. A la sombra. En segunda fila.

La Francia de 1968 seguía siendo un país patriarcal. Cuando estalló la revuelta estudiantil, hacía solamente tres años que las mujeres casadas tenían derecho, por ley, a abrir una cuenta en el banco a su nombre o a trabajar sin necesidad de una autorización de su marido (en España habría que esperar aún otra década). Eso sí, hasta 1970 no se suprimiría el concepto de “jefe de familia” del Código Civil. Y si bien desde 1944 las mujeres podían votar y participar en elecciones en las mismas condiciones que un hombre, en Mayo del 68, de los 487 diputados de la Asamblea Nacional, solo 11 eran mujeres, una cifra que caería a 8 tras las elecciones legislativas de junio de ese mismo año.

“En el instituto teníamos prohibido ir en pantalón o maquillarnos, nuestro destino como mujeres era casarnos y basta”, recuerda Catherine, que era una adolescente cuando estalló Mayo del 68 y participó en todas las manifestaciones. “Estábamos en colegios mixtos, pero luego había carreras solo para hombres. La escuela de aviación civil o las de comercio estaban cerradas a las mujeres”, coincide Dominique Doré. Ambas son hoy jubiladas y viven en la Maison des Babayagas, una residencia feminista autogestionada en Montreuil, en las afueras de París, que fue erigida bajo el espíritu de apertura de Mayo del 68, como proclamó una de sus fundadoras al inaugurar la casa, en la que residen una veintena de mujeres desde 2012. Ese espíritu, recuerda Dominique, donde “lo importante era —al contrario de lo que afirmaba Margaret Thatcher, que decía que no hay alternativa— decir que sí, que hay una alternativa posible”. Y que permitió a mujeres como ella o Catherine seguir caminos diferentes a los que la sociedad parecía predestinarlas.

Es eso precisamente lo que, sin hacer de Mayo del 68 un movimiento transgresor para el feminismo, provocó un cambio que acabaría posibilitando la oleada feminista que invadió Francia y Europa en la década siguiente.

En el prólogo del libro ‘Filles de Mai: mémoires des femmes’, que recoge en forma de abecedario —barricadas, aborto, cambios, libertad, familia, feminismo…— los recuerdos de cómo vivieron aquella revolución 25 mujeres anónimas, la militante feminista e historiadora Michelle Perrot define Mayo del 68 como “un comienzo, un preludio”, porque “las cosas importantes comienzan después”.

“Se puede decir que el movimiento feminista que llegó después bebió de la fuente de Mayo del 68”, corrobora ­Picq, integrante del Movimiento de Liberación de las Mujeres (MLF), el grupo feminista no mixto, heredero del FMA, que tomó fuerza a comienzos de los años setenta y que reivindicaba la libre disposición del cuerpo de las mujeres y cuestionaba la sociedad patriarcal imperante.

La píldora, aunque legal desde 1967 en Francia, no se popularizó realmente hasta que en 1974 su coste empezó a ser reembolsado por la Seguridad Social. Un año más tarde, en 1975, Francia legalizaba el aborto con la llamada ‘ley Veil’, de la ministra —conservadora— Simone Veil. “La izquierda, que al principio pensaba que las feministas no eran más que un puñado de pequeñoburguesas, empezó a darse cuenta de que las cosas cambiaban y que podía darse un movimiento de masas a partir del feminismo, de luchas como el derecho al aborto”, analiza Picq, para quien, paradójicamente, el feminismo es “lo más sólido” que quedó del espíritu de Mayo del 68.

jueves, 3 de mayo de 2018

#hemeroteca #mayodel68 | 1968: la verdadera revolución sucedió fuera de París

Imagen: PlayGround
1968: la verdadera revolución sucedió fuera de París.
Alemania, México, Italia y Checoslovaquia: las protestas de 1968 excedieron el mito de la contracultura y supusieron un verdadero desafío para los Estados europeos y americanos.
Eudald Espluga | PlayGround, 2018-05-03
https://www.playgroundmag.net/lit/Asesinatos-golpes-de-estado-y-mucha-violencia-los-otros-mayos-del-68_28973553.html

Cuando hablamos del Mayo del 68 la mirada se nos va hacia Francia, el barrio latino de París y la ocupación Sorbona. Es inevitable. Pero del mismo modo que el "mayo francés" no llegó en mayo, sino en marzo, también es cierto que nunca fue estrictamente francés. Más bien resultó un terremoto global, imposible y contradictorio, con muchos epicentros y réplicas descoordinadas. Las primaveras florecieron a destiempo, y en muchos casos parecieron más bien una larga continuación del invierno.

Quizá lo único claro sea que en 1968 no hubo un solo sujeto revolucionario, como tampoco un único enemigo. Ese año se produjeron asesinatos masivos, intentos de golpes de Estado, huelgas obreras. La violencia sobrepasó en mucho la emocionante confusión que se respiró en las calles de París, y la etiqueta de "contracultura", que tan bien funciona para Estados Unidos, apenas nos sirve para aproximarnos a lo que pasó en otros lados.

Mayo del 68 fue mucho más que protestas libertarias de unos estudiantes pijos y un poco aburridos: la mirada global nos impide resumir ese año como una frivolidad sobredimensionada. Para ver más allá del mito, recuperamos algunos libros clásicos y publicaciones recientes que buscan entender qué pasó ese 1968 en sitios como México, Checoslovaquia, Alemania e Italia.

México: la noche de Tlatelolco
Empecemos por el final. La matanza que se produjo en México fue uno de los episodios más brutales de 1968, y permite entender la imposibilidad de ofrecer una explicación coherente y global de las revueltas. En su origen no hay reivindicación alguna. Como explica Elena Poniatowska en ‘La noche de Tlatelolco’ (Escolar y Mayo ediciones), todo empezó con una bronca estudiantil entre pandillas, que terminó con cargas policiales contra los universitarios. Los hechos se produjeron en julio, y durante todo el verano siguieron manifestaciones antirrepresivas, a las que se sumaron amplios sectores de la población.

Sin embargo, ese mismo octubre iban a celebrarse los Juegos Olímpicos en México, por lo que el presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó una intervención militar para acabar con las protestas. En agosto comenzaron las agresiones, las detenciones y las desapariciones. El ejército intentaba limpiar las calles con la bayoneta en la mano, pero los estudiantes respondían con cócteles molotov. Los enfrentamientos se sucedieron hasta que el día 2 de octubre unas 5.000 personas se concentraron en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco para asistir a un mitin del Consejo Nacional de Huelga, evento que el gobierno mexicano aprovechó para culminar la "estrategia de contrainsurgencia" con la que pretendía poner fin a las revueltas.

Con francotiradores apostados en los edificios y los tanques preparados para tomar la plaza, las fuerzas del Estado dispararon contra hombres, mujeres y niños. Es difícil saber cuántas personas murieron, se calcula que unas 400. El recuento fue imposible porque, para evitar la identificación de las víctimas, los militares robaron los cadáveres y los quemaron. Como explica Antonio Elorza en ‘Utopías del 68: de París y Praga a China y México’ (Pasado y presente), Tlatelolco fue un laboratorio de experimentos represivos a gran escala en el que triunfó la barbarie: los estudiantes regresaron a las clases y el Comité Nacional de Huelga votó su autodisolución. Se suspendieron las protestas y los Juegos pudieron celebrarse sin problemas. 

Praga: primavera antisoviética
El origen simbólico de la "primavera de Praga" también lo encontramos en unos Juegos Olímpicos. En febrero de 1968 se estaban celebrando en Grenoble los Juegos Olímpicos de invierno, y la selección checoslovaca de hockey sobre hielo ganó por 5 a 4 a la Unión Soviética. Era un resultado sorprendente que no hubiera podido darse si el secretario general del partido en Checoslovaquia, Antonin Novotny, hubiese seguido en el poder. Esa pequeña victoria encaraba las esperanzas de una sociedad que quería librarse de la tutela soviética.

Como explica González Férriz en 1968. ‘El nacimiento de un mundo nuevo’ (Debate), Novotny había renunciado unas semanas antes debido a las exigencias de apertura de los checoslovacos: sin querer cambiar el modelo socialista por el capitalista, la juventud exigía una tercera vía, "un socialismo democrático compatible con instituciones libres, respetuoso con las libertades individuales y las metas colectivas". Alexander Dubcek, su sustituto al frente del secretariado, despertó la ilusión: aunque era un ‘appartchick’, pertenecía al ala reformista del partido y estaba dispuesto a dar respuesta al malestar social. Las manifestaciones fueron parapetadas por Dubcek, que creía que podría canalizarlas: estudiantes y obreros se acogieron a discursos poco ortodoxos; los diarios, radios y televisiones retransmitían el malestar; y figuras como Vaclav Havel empezaron a pedir públicamente la legalización de los partidos de la oposición.

A medida que la llamada "primavera de Praga" tomaba forma, la amenaza de una intervención soviética se volvía más evidente. El 17 de mayo, el Ministro de Defensa ruso se desplazó junto a un destacamento militar hasta Checoslovaquia, si bien el viaje se presentó como una "muestra de amistad". Desde el ‘Pravda’, el periódico oficial del partido comunista, se invitaba a los sectores más conservadores a realizar un golpe de Estado. Con el paso de los meses, la presión era cada vez mayor, hasta que el 20 de agosto Checoslovaquia fue invadida por 250.00 soldados y más de 2.000 tanques. Hubo resistencia civil, pero no militar: "los praguenses levantaban barricadas o volcaban autobuses para impedirles el paso. [...] se produjeron muertes checoslovacas desde el primer día de la invasión".

La derrota fue total. Dubcek tuvo que aceptar las medidas impuestas por la Unión Soviética y los miembros del Pacto de Varsovia. Anunció que se limitaría nuevamente el alcance de la democracia y las libertades. En septiembre, la Asamblea Nacional checoslovaca aprobó las medidas que reinstauraban la censura, restringían la libertad de reunión y prohibían la actividad política fuera de los partidos de la oposición.

Alemania occidental: los hijos de Hitler
El rechazo al comunismo soviético no siempre llevó al anticomunismo. 1968 también fue el año del "gran salto adelante", en el que la revolución cultural china haría "florecer cien flores", y la retórica de Mao Zedong cuajó entre la juventud europea. Frente al estalinismo, el ‘Pequeño libro rojo’ parecía ofrecer una verdadera doctrina revolucionaria que recuperaba la esencia del marxismo. Así lo entendieron en la Alemania occidental: Andreas Baader, Gudrun Ensslin y Ulrike Meinhof fundarían la Fracción del Ejército Rojo (RAF), una organización revolucionaria que durante los años 70 perseguía sus objetivos mediante la acción armada.

La formación del RAF consolidaba la radicalización de unas protestas que habían empezado en abril de 1968, tras el intento de asesinato de Rudi Dutschke, uno de los líderes de la Federación Socialista Alemana de Estudiantes. Hasta ese momento, el caso de Alemania no era tan distinto del francés, con la salvedad de un fuerte sentido generacional, que contraponía "los hijos de Hitler" a todo lo que representaban sus padres. Como explica González Ferriz, también la preocupación por la relación entre sexo y política fue muy pronunciada: los miembros de la Kommune 1, una "comuna maoísta que promovía la promiscuidad como una forma de liberación, se fotografiaron desnudos en clara analogía con las imágenes de los campos de concentración, identificando su liberación sexual con la liberación del nazismo".

Sin embargo, después del intento de asesinato de Dutschke se elevaría la tensión en todo el territorio. Alemania Occidental se convirtió en una gran batalla campal: en la semana posterior al atentado, 400 persones resultaron heridas y hubo más de 1.000 detenciones. Desde entonces el movimiento estudiantil se debatió entre rechazar la violencia o abrazar la lucha armada, hasta que el 4 de noviembre se produjo "la batalla de Tegeler Weg", en la que estudiantes y obreros se enfrentaron a las fuerzas del estado lanzándoles adoquines: más de 130 policías resultaron heridos. En un artículo para la revista Konkret, Ulrike Meninhof lo dejaba claro: "la protesta es cuando digo esto y aquello no me gusta. La resistencia cuando me encargo de que esto y aquello que no me gusta no vuelva a suceder".

Italia: "la violencia, la violencia, la violencia"
En Italia, la violencia estuvo presente desde el primer momento. Si bien las manifestaciones estudiantiles contra la reforma educativa habían empezado en 1967, la radicalización de las protestas se produciría tras la batalla de Villa Giulia, el 1 de marzo de 1968, después de que 2.000 policías cargaran brutalmente contra 3.000 manifestantes, dejando cientos de heridos a su paso. El movimiento estudiantil tomaría impulso más tarde, el 12 de abril, tras los disturbios en protesta contra el intento de asesinato de Rudi Dutschke en Alemania.

Los revolucionarios italianos tenían claro que era necesario contestar a la violencia con más violencia. Y, de hecho, "la violencia" fue el himno estudiantil que sintetizó sus aspiraciones revolucionarias. "Hoy he visto en la marcha / tantas caras sonrientes, / la compañera, quince años, / los obreros con los estudiantes. [...] He visto el coche blindado / volcado y ardiendo, / tantos y tantos policías / con la cabeza abierta. / La violencia, la violencia, / la violencia, la revuelta; / quien ha dudado esta vez / luchará con nosotros mañana".

Sin embargo, a pesar de la canción, estudiantes y obreros no fueron siempre de la mano. Como explica Javier Noya en ‘Mayo del 68. Las críticas de la izquierda a las revueltas estudiantiles’ (Catarata), intelectuales como Pier Paolo Pasolini se alejaron del movimiento y se mostraron muy críticos con él: "me he pasado la vida odiando la moral de la vieja burguesía y, por coherencia, debo odiar también a sus hijos. La burguesía levanta barricadas contra sí misma: los 'hijos de papá' se levantan contra sus 'papás'. El objetivo de los estudiantes no es la Revolución, sino la Guerra Civil".

Pasolini acertó: el movimiento estudiantil languideció pronto. Los obreros, en cambio, convocaron una oleada de huelgas a lo largo de 1969, que culminarían finalmente en el llamado "otoño caliente", con la ocupación de grandes complejos industriales. El escritor y activista Nanni Balestrini participó en las revueltas, y en ‘Lo queremos todo’ (Traficantes de sueños) resumió lo que esos años implicaron para los trabajadores: la quiebra del dominio del capital sobre el obrero, "no con la formación de una nueva conciencia de clase, ni con el nacimiento de una nueva ideología, sino directamente sobre la base de exigencias materiales". En cierto modo, el caso italiano desmentía el relato general del mayo del 68. No supuso una transición hacia la izquierda posmaterialista, sino todo lo contrario: un reagrupamiento del marxismo de vieja escuela.

#hemeroteca #mayodel68 #feminismo | Mayo del 68 y feminismo: del amor libre a la ocupación de 'Play Boy'

Imagen: El Español
Mayo del 68 y feminismo: del amor libre a la ocupación de 'Play Boy'.
La década de los 60, con la comercialización de la píldora anticonceptiva y la liberalización de las costumbres, fue una etapa clave en la lucha por la igualdad de género.
Laura Fàbregas | Crónica Global, El Español, 2018-05-03
https://cronicaglobal.elespanol.com/politica/mayo-68-feminismo-amor-libre-ocupacion-play-boy_138371_102.html

“Recordaré toda mi vida a aquellas mujeres que tenían la regla y cuya sangre les resbalaba por las piernas sin que pudieran limpiarse porque les estaba prohibido abandonar su puesto, ni siquiera por un minuto”. Este es el testimonio de la feminista y estudiante rebelde en el 68, Barbara Koster, que en 1970 decidió irse a trabajar en la fábrica de Opel en Rüsselsheimm (Alemania) para formar parte de aquella incipiente rebelión que 50 años más tarde se conoce como la de Mayo del 68.

Fue el exportavoz del Partido Verde Europeo Daniel Cohn-Bendit --conocido en aquella etapa como ‘Dany el rojo’-- quien explica su historia y la de muchos como ellos en ‘La revolución y nosotros, que la quisimos tanto’ (Anagrama, 1987). Un documental hecho libro que revisa la historia de muchos de los que formaron parte de ese fenómeno que no solo sacudió a Francia, sino que se engloba en un crisol de protestas globales.

A diferencia de otras reivindicaciones anteriores, esta revuelta tuvo como principal protagonista a la juventud. Nuevas generaciones nacidas tras la Segunda Guerra Mundial, donde el aumento del nivel de vida y del consumo, junto al desarrollo de los medios de comunicación, la generalización de los sistemas educativos y la incorporación de la mujer al mundo laboral habían transformado los valores de aquellas sociedades.

Dormitorios separados por sexo
El 22 de marzo de 1968 se crea el movimiento del ‘22 de Marzo’ en la facultad de Letras de Nanterre en respuesta a la detención de varios estudiantes que se manifestaban contra la Guerra de Vietnam. Presidía la asamblea Cohn-Bendit.

Pero fue el 3 de mayo de ese año cuando la revuelta se extiende al Barrio Latino de París. A petición del rector de la Universidad de la Sorbona, la policía desaloja la institución donde se desarrolla una asamblea de estudiantes que pedían la libertad de los detenidos y el fin de la separación de mujeres y hombres en la universidad.

Se levantan barricadas por la calles y la revuelta, primero universitaria, deriva en huelgas y en una crisis social general. El 13 de mayo, los sindicatos CGT y CFDT se suman a las manifestaciones con una huelga general bajo el lema “Alto a la represión, libertad, democracia, viva la unión de obreros y estudiantes”. Unas 800.000 personas, según la policía 170.000, ocupan la calles de la capital francesa gritando “diez años ya son suficientes”, en referencia al décimo aniversario del general Charles de Gaulle al poder.

Liberación sexual
La liberalización de las costumbres fue el trasfondo del cambio de valores que se generó en esa época. Especialmente en las relaciones entre sexos. La liberación sexual iba vinculada al nuevo papel que las mujeres reivindicaban en sociedad. Su incorporación al mundo del trabajo puso en cuestión los tradicionales roles asignados a la mujer como madre de familia y esposa, al tiempo que empezaban a cultivar su autonomía e independencia, a reivindicar la capacidad de decidir sobre su propio cuerpo y sexualidad.

El control de la maternidad fue determinante en este sentido. En 1960 se inició en Estados Unidos la comercialización de la píldora anticonceptiva. Empiezan las campañas en favor del divorcio, el derecho al aborto, la igualdad de salarios y la no discriminación por razones de sexo.

Aquí nace el movimiento feminista actual, marcando un cambio cualitativo respecto al discurso, al eco y al apoyo social --mucho más restringido-- de los movimientos sufragistas de principios de siglo.

Fracaso político; éxito social

En primer plano de actualidad aparecieron los denominados movimientos sociales y posmaterialistas como el feminismo, el ecologismo, el pacifismo y el hippismo.

Estos movimientos fracasaron en su vertiente más política --no consiguieron derribar el “orden burgués” y De Gaulle volvió a ganar las elecciones el 23 de junio de 1968-- pero su herencia cultural y sus valores son, a día de hoy, aceptados por la mayoría social. Su principal logro fue terminar con el esquema de familia tradicional y autoritaria. Como explica la misma Koster en la obra de Cohn-Bendit fue, sobre todo, “una rebelión contra los padres” y su moral convencional.

Ocupar 'Play Boy'
Ese movimiento que iba de la mano al de los derechos civiles y de la clase obrera pronto devino autónomo. Y, en palabras de Cohn-Bendit, es el que “ha durado más tiempo”. En sus conversaciones en Nueva York de 1985 con la periodista Susan Brownmiller, autora de ‘La Violación’, y una de las feministas que ocupó el local de la revista ‘Play Boy’ mencionan esta evolución:

Daniel Cohn-Bendit: -Hoy militas en un grupo denominado “Las mujeres contra la pornografía”. ¿No es un tema muy alejado del movimiento feminista de los 60 que reclamaba la libertad sexual?

Susan Brownmilles: -Es la misma lucha. Queremos liberar la sexualidad de los mitos sadomasoquistas que pesan en la imaginación masculina.

D: - ¿Cuál es esa sexualidad sana que reivindicas?

S: - No sé lo que puede ser. Ni para ti, ni para mí, ni para nadie. Sólo sé que debemos interrogarnos sobre este tema, pero sí que puedo decirte lo que es una sexualidad malsana.

D: -¿Qué?

S: -La pornografía.

D:- ¿Quieres prohibir la pornografía?

S:- “¡Está prohibido prohibir!” Lo hemos repetido demasiadas veces. Sólo queremos que la pornografía deje de agredir a las mujeres. En Nueva York, es omnipresente. Se pueden ver películas porno en los cines, en la televisión… Se pueden escuchar mensajes porno llamando a determinados números de teléfono. Tanta facilidad es peligrosa, porque hace creer a los jóvenes que desear a una mujer como muestran esas películas es legítimo.

D: -En ese combate te encuentras codo con codo con la derecha más reaccionaria, con los defensores del orden moral más retrógrado....

S: - Es un falso problema. Los ‘reaganianos’ quieren proteger a sus hijas del espectáculo de la pornografía. Nosotras queremos alejar a los chicos de la tentación de la práctica de la pornografía.

¿Prohibido prohibir?
El experimento político del mayo francés duró poco, pero el 68 marcó una etapa. El lema que se hizo famoso en la revuelta de La Sorbona, ‘¡prohibido prohibir!’, sin embargo, ya no tiene herederos entre los partidos políticos actuales.

A diferencia de ‘Liberté, Egalité, Fraternité’, de la Revolución Francesa, no ha sobrevivido al paso del tiempo. Más bien todo lo contrario.