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domingo, 24 de abril de 2016

#hemeroteca #pr* | ¿Quién teme a las pr*?

Imagen: El Periódico
¿Quién teme a las pr*?
Beatriz Gimeno. Activista feminista y lgtb. Diputada de Podemos. Escritora. | Tribuna Feminista, 2016-04-24

http://tribunafeminista.org/2016/04/quien-teme-a-las-prostitutas/

Este es el título de un artículo publicado recientemente por Josué G. Pérez (http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article101366) en dos medios de comunicación. Después de la lectura de dicho artículo no quedaba claro quien las teme. Lo que queda claro es que el artículo debería llamarse ¿Quién teme a las feministas abolicionistas? Yo diría que a las prostitutas no las teme nadie y, si acaso, las únicas que pueden fundamentadamente tener algún temor en este negocio son ellas mismas, por su propia seguridad y bienestar. A las prostitutas no las temen los clientes, desde luego, que en gran número las usan con despreocupación. Ni las teme la iglesia; aún estamos por escuchar a un alto cargo eclesiástico cargar contra esta institución que la iglesia siempre ha considerado inevitable. Ni las teme la derecha neoliberal, que la ve como el paradigma de la empresa y el emprendimiento. No deben temerlas mucho tampoco los grandes poderes, el poder político, el poder económico, que no sólo no han hecho nunca nada para combatir su existencia, sino que la han convertido en el segundo negocio mundial y, muy a menudo, la han regulado y controlado para lucrarse de ella. No sé quién teme a las prostitutas, la verdad. Lo que veo es el antiguo, y ya muy trillado truco de presentar una institución de orden, una institución permitida, alentada, regulada, fomentada, normalizada, sancionada culturalmente, y apoyada por todos los poderes del mundo, como transgresora y contrahegemónica. Y sí, a pesar de esa permisividad, las mujeres que se dedican a ella sufren un importante estigma social que les dificulta la vida aún más.

¿Por qué estigmatizar algo que se quiere que exista? Por varias razones. No daría este artículo para explicar la funcionalidad del estigma prostitucional en el control patriarcal de la sexualidad de las mujeres; es bien conocida. Además de eso, la transgresión es, en todo lo referente a la sexualidad, valor añadido. Convertida la prostitución en una megaindustria transnacional que busca aumentar constantemente la demanda, la transgresión aparece como un elemento básico para aumentar esa demanda buscada. En fin, por aquí también leemos. A Bataille en este caso. El estigma forma parte, para los puteros, del goce de la prostitución. Si las mujeres en prostitución fueran para los puteros como sus mujeres, sus novias o sus hermanas, entonces…la prostitución posiblemente no existiría. El uso de mujeres devaluadas es parte de lo que la prostitución vende y ofrece, plusvalía de género. Es ahí, en el uso de mujeres que el sistema patriarcal previamente ha devaluado en donde se encuentra la diferencia entre tener sexo con una igual y con una desigual. Así que no, estos hombres que van de putas y que dejan en los foros de puteros, muy abundantes y muy explícitos, su opinión sobre estas mujeres, no parecen temerlas. Simplemente las desprecian, algunos las odian, ninguno las ve como sus iguales. Esta institución sirve, hoy día, para que las masculinidades hegemónicas, muy acosadas ya en otros espacios, tengan aquí un espacio en el que la desigualdad es la norma y no la excepción.

Presentarla como contrahegemónica es importante también para el discurso regulacionista que de esta manera se permite asegurar que el abolicionismo es hegemónico. Lo cierto es que la prostitución puede sufrir vaivenes legales desde que el feminismo puso su vista en ella pero hablamos (y esto no es discutible) de una institución que de puro naturalizada y antigua, se confunde con el paisaje. Hablamos, nada menos, que del privilegio masculino, existente en todas las épocas, en todas las culturas, en todas las clases sociales y en todos los países, para acceder por dinero al cuerpo de las mujeres, lo que evidentemente demuestra que es una institución muy querida por el sistema. Decir que en España el abolicionismo es hegemónico cuando la industria de la prostitución y el proxenetismo son legales, no perseguidos, no combatidos desde prácticamente ninguna instancia y siempre naturalizados y justificados, es mucho decir. El regulacionismo pretende para sí ser contrahegemónico (a pesar de que la realidad lo desmiente) porque su argumento principal, su único argumento, es la libertad individual, siendo que la libertad es siempre libertad contra la ideología dominante.

El discurso abolicionista, en cambio, quiere salirse del discurso de los derechos individuales para (re)politizar la institución; y lo hace dentro de la tradición feminista de politizar las instituciones patriarcales, como ya hemos hecho con el matrimonio, el amor, el trabajo doméstico o la maternidad. Hemos politizado estas instituciones más allá de las situaciones personales de las mujeres que estemos inmersas en ellas; situaciones personales que pueden ir desde la felicidad más absoluta hasta la completa desdicha. Es la institución y sus consecuencias para la igualdad lo que, como feministas, consideramos que, también, es muy importante debatir, y no únicamente la situación individual de las mujeres cuyas vidas están relacionadas con dichas instituciones.

Asimismo, ya está bien de que las únicas mujeres en prostitución a las que damos voz son aquellas que dicen lo que queremos escuchar. Las mujeres en prostitución tienen todo tipo de opiniones respecto a su actividad y muchas de ellas están siendo silenciadas por sus supuestos defensoras. Son legión aquellas mujeres que pueden narrar, desde su propia experiencia, historias terribles que merecerían ser escuchadas. El regulacionismo silencia a estas mujeres y muy a menudo también niega incluso que este dolor exista.

Pero además, hay muchas mujeres que dedicándose a la prostitución y no queriendo abandonar esta actividad, tienen argumentos muy sólidos para defender que su actividad no sea regulada (porque legalizada en España ya está). Sólo hay dos maneras de estar en prostitución: por cuenta propia y por cuenta ajena. Todas las mujeres dedicadas a la prostitución, (de las reales, no de las pretty Woman) con las que me he encontrado me han manifestado siempre que lo que quieren es trabajar por su cuenta.

Las regulaciones tienen siempre que ver con regular la industria, ya que como autónomas las prostitutas tienen los mismos derechos que cualquier otra trabajadora en su misma situación. La falta de derechos de muchas de estas personas, que es muy grande, tiene que ver con otras cuestiones generales como la pobreza, el estatus de irregulares, la vulnerabilidad de género etc. Ninguna regulación del mundo ha arreglado nada de esto porque ninguna regulación del mundo ha combatido la industria ni a los empresarios. Da que pensar que en esta época de desregulación masiva los partidos de derechas y los propios empresarios quieran precisamente regular este comercio en el que la no regulación es, justamente, un freno a la explotación.

Muchas abolicionistas no queremos regular la prostitución como una actividad más porque eso no ayuda a las mujeres en prostitución pero, además, dicha regulación legitima una institución sexista y de desigualdad. La Prostitución no es una actividad cualquiera, sino una institución cuya base es una ideología sexual patriarcal que combatimos y cuyo uso, por parte de los hombres, les ofrece la posibilidad de experimentar la desigualdad sexual que las feministas estamos combatiendo en todos los ámbitos de la vida. ¿Es posible educar en igualdad a los y las jóvenes de un instituto, por ejemplo, sabiendo que al salir de clase ellos tienen la opción/privilegio -cada vez más utilizado- de acudir a pasar la tarde al puticlub del pueblo? ¿Cómo se puede después combatir con una clase esa profunda experiencia de desigualdad de género? ¿Dónde les sitúa esa experiencia a los chicos, y dónde a sus novias, a las chicas? ¿Podemos decirles que están en el mismo lado del mundo?

Tampoco ayuda tratar de descalificar el discurso abolicionista esgrimiendo que algunas de sus defensoras –que se han opuesto a la normalización de la actividad impulsada por Ada Colau- son del PSOE (¡y del PCE!) ocultando sin embargo que las medidas impulsadas por el Ayuntamiento de Barcelona han estado fuertemente apoyadas (e incluso impulsadas, por Ciudadanos) sin que esto quiera necesariamente decir que quienes las apoyan lo hacen por las mismas razones. No ayuda seguir diciendo que las abolicionistas negamos a las mujeres que se dedican a la prostitución su estatus de sujeto. Eso es como decir que quienes politizamos el amor romántico, por ejemplo, negamos a las mujeres la posibilidad de que se enamoren. No. Buscamos salir de un debate en el que sólo parece tener cabida la discusión acerca de los derechos individuales, para repolitizar y cuestionar una institución creada por el patriarcado y que parece serle absolutamente funcional ya que es evidente que no hay interés en combatirla y que, además, no sólo no decrece sino que parece haber encontrado en el neoliberalismo patriarcal su hábitat ideal. Y para acabar, o para seguir…sólo faltaba decir que las abolicionistas reproducimos el binarismo sexual, siendo como es que es la institución prostitucional es la encargada de mantener el estatu quo sexual y de género. El hombre como sujeto sexual y la mujer como objeto de uso; nada nuevo sino viejo como el patriarcado. No cuestionar la prostitución supone aceptar el binarismo sexual que le da origen y justificación; la ideología patriarcal que sostiene que los hombres son seres sexuales, con necesidades sexuales que tienen derecho a satisfacer. Si el deseo sexual de los hombres se convierte en un derecho, (un privilegio masculino) tal como ocurre, eso significa que la sociedad tiene que procurar que exista un contingente inmenso de mujeres dispuestas a satisfacerlo y, a partir de ahí, construir y/o mantener la desigualdad. El no cuestionamiento de la institución prostitucional tiene profundas consecuencias en la construcción de la igualdad/desigualdad de género. No creo que, con buena voluntad, pueda negarse que ese privilegio universal tiene consecuencias en la socialización de niños y niñas; que sitúa a chicos y chicas en diferentes lugares del mundo; que es enseña cosas diferentes del ser hombre y del ser mujer.

En mi opinión no hay soluciones simples a problemas complejos y esta es una institución muy compleja. Es complicado abarcar todas sus ramificaciones, su relación con la pobreza, con la inmigración, con el consumo, las modas, la publicidad, la sexualidad, el patriarcado, el mercado, la globalización, los roles sexuales y sociales, la masculinidad hegemónica, la desigualdad, las relaciones norte-sur…Claro que es difícil hablar de todo eso en un artículo. Lo que no se puede hacer es decir que las abolicionistas son malas y conservadoras y quienes no la cuestionan son muy progresistas, y así todo. Simplezas no, por favor, que de estas ya hemos tenido bastantes.

lunes, 4 de abril de 2016

#hemeroteca #prostitucion | ¿Quién teme a las prostitutas?

Imagen: Guerra en la selva / Putas Indignadas - Fotomovimiento
¿Quién teme a las prostitutas?.
Afortunadamente, y sobre todo en Barcelona, las trabajadoras sexuales se han organizado de diferentes formas no solo para oponerse a estas prácticas sino además para impedir su invisibilidad como violencia
Josué González Pérez | El Diario, 2016-04-04
http://www.eldiario.es/catalunya/opinions/teme-prostitutas_6_501909840.html

Para bien o para mal, no parece sencillo evitar que los llamados “ayuntamientos del cambio” sean situados en el punto de mira día sí y día también. Esta vez, es el ayuntamiento de Barcelona por la valiente decisión de su equipo de gobierno sobre la prostitución callejera. A diferencia del anterior gobierno de CiU, Barcelona en Comú rompe con la estigmatización al reconocer a las trabajadoras sexuales como sujetos políticos con autonomía para decidir responsablemente sobre sus vidas. Así pues, la demanda de los colectivos de prostitutas contra un trato de “segunda” por parte de los poderes públicos comienza a verse satisfecha. Es lógico pensar que no existen razones reales para negar esa correspondencia, pero en determinados sectores sociales subsisten posiciones que encierran a estas mujeres en categorías abstractas que, al final, terminan caricaturizándolas hasta el punto de la deshumanización. Buena parte de esta oposición responde a enfoques feministas conocidos habitualmente como “abolicionistas”. De ahí que algunas juzguemos imperiosa la crítica al núcleo de su discurso, si bien contando con alternativas al mismo.

En estas últimas semanas, la prensa ha disparado las alarmas: Ada Colau quiere regular la prostitución. Y como siempre, el relato mediático dista bastante de las intenciones reales del equipo de Ada Colau, máxime cuando las competencias para esa labor son inexistentes. Por el momento, el ayuntamiento es contrario a la normativa actual que cobija la criminalización de las trabajadoras sexuales, por lo que apuesta por la articulación de un marco de protección para un ejercicio del trabajo sexual en mejores condiciones –de higiene, por ejemplo- al mismo tiempo que procura alternativas socio-laborales dignas para aquellas mujeres que deseen abandonar esta actividad. De alguna manera, con esto se responde a las reclamas de los colectivos de prostitutas que, por otra parte, se han resistido al silencio ante las primeras movilizaciones de sectores abolicionistas próximos a CiU y al PSC, recordándoles su responsabilidad en el empobrecimiento y la precarización de sus vidas. En esta línea, la concejala de Feminismos, LGTBI y Ciclo de la Vida , Laura Pérez, ha lanzado un artículo muy valiente donde traza una sensata línea roja a la vez que marca un hito histórico: “las putas también son mujeres, también se organizan, también tiene voz”. Touché. Con esa declaración, manifiesta un giro radical respecto al tratamiento del gobierno de Xavier Trías y de las instituciones y partidos en general, siempre asumiendo que ellas carecen de facultades para decidir sobre sus vidas. Bien distinto es el discurso político que acompaña la campaña con la que algunas alcaldesas de la zona metropolitana de Barcelona, Cristina Simó –del PCE y Movimiento Democrático de Mujeres- y algunos colectivos feministas cercanos al PSOE pretenden afrentar al ayuntamiento de Barcelona –curiosas compañeras de viaje, sí, toda una amalgama–.

Con seguridad, es posible afirmar que no hay nada nuevo bajo el sol en la argumentación que dirigen hacia el consistorio, si bien sorprende que se agarren descaradamente en todo su discurso a la “posible regulación”, pues ¿de verdad ignoran que eso es imposible desde una administración local? Grosso modo, su posición política digamos que cuenta con tres aspectos cardinales frecuentes en el abolicionismo, a saber: a) la negación de un estatus de sujeto para las prostitutas, generando una evidente discordancia respecto al criterio normativo que mantienen para el resto de mujeres; b) la articulación de un relato sobre la migración femenina donde se anula la agencia de las implicadas, creando “víctimas sin proyecto migratorio”; y c) una concepción de la sexualidad femenina y masculina en términos de antagonismo. Por supuesto que se trata de una evidente resurrección del feminismo cultural, liderado por Andrea Dworkin y Catherine Mackinnon en sus orígenes, que ha entendido la sexualidad como un espacio marcado irremediablemente por el peligro y como un mecanismo categórico para ratificar la subordinación a los hombres. Luego, es verídico que este paradigma ha tenido un impacto en el feminismo español diferente al caso norteamericano, aunque parece que en ambos casos ha contado con posiciones de privilegio en la medida en que circula cómodamente tanto por los medios de comunicación como por diferentes instancias gubernamentales, presentándose, con mayor o menor éxito, como la postura oficial del feminismo.

Por otra parte, algunas pensamos que este sector acostumbra a manifestarse siempre que percibe cierto peligro para su hegemonía. Y eso sucede cuando las putas logran cierta legitimidad y sus voces dejan de ser definidas como “mero ruido”- parafraseando a Ranciére-. Esta vez no ha sido muy diferente pues en las declaraciones enviadas a prensa no existe ni una censura de las políticas impulsadas por el anterior gobierno de CiU y mucho menos alusión alguna a las quejas de las mujeres. En cambio, es celebrable que la concejala Laura Pérez no dude en expresar su condena, subrayando a la vez que su extinción como normativa municipal constituye el núcleo duro de las intenciones del gobierno local. Luego, cabe preguntarse qué ha acaecido en este tiempo para que este sector no haya emprendido una campaña, similar a la actual y con la misma saña, contra la violencia de la ordenanza municipal vigente desde 2006. ¿Acaso los frecuentes atropellos que han sufrido las mujeres por parte de los cuerpos y fuerzas de seguridad no constituyen agresiones con una motivación claramente patriarcal? Afortunadamente, y sobre todo en Barcelona, las trabajadoras sexuales se han organizado de diferentes formas no solo para oponerse a estas prácticas sino además para impedir su invisibilidad como violencia contando, dicho sea de paso, con el apoyo de una parte nada despreciable del feminismo catalán.

La campaña abolicionista que intenta subvertir la intención del gobierno municipal recuerda a lo que Jeffrey Weeks, histórico activista e intelectual gay, acuñó como “pánico moral”. Con este término, nombra una operación política que, sirviéndose de las posibilidades materiales que ofrecen los mass media, construye una amenaza –sexual casi siempre- para la paz social con una presentación estigmatizante de los actores implicados, los cuales terminan sufriendo la intervención de las prácticas punitivas necesarias para generar un imaginario social que trasmita calma a costa, eso sí, de fabricar o incrementar víctimas particulares. Si analizamos ahora el discurso dominante sobre prostitución femenina es posible encontrar a la sexualidad y a las migraciones -dos realidades saturadas per se de elementos farisaicos y fantásticos- articulándose en un relato de época que despierta todas las alarmas. De su exitosa construcción depende la aceptación social de las políticas que, pese a ser presentadas como iniciativas contra el “tráfico y la trata”, criminalizan todo el entorno de la prostitución y los flujos migratorios no ordenados por los estados. ¡Y qué útil resulta simplificar todo con una gramática emocional, con términos como “mafias” o “trata de blancas”, para despolitizar las causas estructurales de la feminización de las migraciones!

Estos discursos impugnan las posiciones que muchas mujeres han ocupado históricamente en las cadenas migratorias a fin de asentar una relación metonímica entre trata, tráfico y prostitución. Es más grave aún si cabe cuando en ciertos discursos feministas no media juicio crítico alguno con ese tratamiento mainstreaming de la trata que, más que perseguir el delito y proteger a las mujeres supervivientes, emprende una cruzada contra la inmigración irregular localizada en diferentes niveles de la industria del sexo, cargando contra aquellas mujeres con mayor autonomía migratoria bajo la rúbrica del delito de trata. La consecuencia más evidente es la implantación de un clima de miedo y desconfianza que hace que muchas personas migrantes, muchas mujeres, no denuncien situaciones de abuso por el temor a ser deportadas a sus países de origen. De aquí resulta imperiosa la necesidad del diseño de otras políticas que garanticen ante todo los derechos de las mujeres envueltas en situaciones de trata y violencias varias, lo que supone una ruptura con el paradigma que impregna la campaña abolicionista con un marcado carácter punitivo y securitario propio del neoliberalismo actual y su correspondiente “racionalidad migratoria”. La adopción de una óptica distinta abriría la puerta a la reflexión en torno a preguntas tales como: ¿por qué no hemos apostado en ningún momento por entrenar a las propias mujeres para la identificación de víctimas de trata? ¿Y podríamos imaginar alguna campaña que interpele a los clientes para que estos denuncien si detectan que existe un delito?

En efecto, hemos tocado la cuestión de la trata porque aparenta ser un punto de consenso entre las diferentes posiciones feministas, aunque no ha sido necesaria una suspensión del juicio ante una metodología claramente errónea. Luego, lo cierto es que este “marco interpretativo” nunca hubiera sido posible sin las experiencias, los “conocimiento situados”, de las trabajadoras sexuales. Es más, este debate no florecería sin la influencia de la lucha política de tantas mujeres que han enfrentado el estigma y alzado su voz en el espacio público, lugar en el que es posible, a juicio del pensamiento de Hannah Arendt, cobrar existencia política bajo la mirada de todos/as. Podría decirse, como se hace desde algunos sectores, que el reconocimiento de derechos para las prostitutas responde a intereses empresariales, poco loables en suma, pero lo cierto es que resulta poco ético negar su construcción como sujeto político que, a fin de cuentas, es lo que motiva la discusión en el plano institucional.

Después de todo, los “ayuntamientos del cambio” mantienen la ilusión con su particular “expansión del campo de lo posible”. A estas alturas de la película, de sobra conocemos que la gestión institucional no es “coser y cantar”, pues la subversión del statu quo para garantizar una vida más digna colectiva está lejos de ser un proceso libre de conflictos, inherentes a todo cambio social. De lo que se deduce que aquellas campañas que utilizan la prostitución como munición en una sucia declaración de guerra contra el consistorio catalán no constituyen una rara avis. Es imprescindible el apremio de una sociedad civil organizada y politizada y de ahí la insistencia en el caso de las prostitutas. Pero no está de más apelar a la responsabilidad colectiva en un momento donde las necesidades y demandas de las mujeres van ocupando la “centralidad” de la política municipalista, máxime si lo contrario puede hacer peligrar un horizonte democrático e igualitario. De igual modo, responsabilidad y templanza en la acción institucional para sortear cualquier obstáculo que pueda impedir algo tan básico en democracia como es el reconocimiento de derechos para todas las mujeres, incluso para aquellas que excitan tantas alarmas en ciertos sectores.

miércoles, 26 de agosto de 2015

#hemeroteca #lgtbifobia | Viejas violencias y nuevas hegemonías

Imagen: 20 Minutos
Viejas violencias y nuevas hegemonías
Josué González Pérez | El Diario, 2015-08-26
http://www.eldiario.es/zonacritica/Viejas-violencias-nuevas-hegemonias_6_424217592.html

Hace un tiempo en este mismo medio publiqué un artículo sobre las agresiones a personas LGTBI (lesbianas, gays, trans, bisexuales e intersexuales). Insistía en algo muy sencillo: la denuncia de la violencia que sufren nuestros vulnerables cuerpos debe ser articulada con una impugnación de los asesinatos de mujeres por violencia de género. Como feminista, me veo en la responsabilidad ética de insistir en ese imperativo cuando nos encontramos con una situación de alarma social por ese incesante número de asesinatos machistas y que parece importarle bien poco a unas élites que no gobiernan precisamente para garantizar el bienestar de las mayorías sociales.

Ahora mismo, no recuerdo ni un solo día en las últimas semanas en el que hayamos obviado la lacra de la violencia machista. Nuestra sociedad sigue en su empeño por mantener una jerarquía entre los géneros, entre hombres y mujeres, como efectos performativos de un orden social concreto. En otras palabras, se trata de papeles sociales, aparentemente “naturales”, que sostienen representaciones para una obra de teatro que funciona como si de una dinámica divina se tratase. Con cada agresión y cada asesinato, se renueva este orden que afianza el terror para más de la mitad de la población, recordando a todas las mujeres que ninguna está a salvo de ser agredida por el mero hecho de ser mujer.

En efecto, afirmo la existencia de importantes conexiones entre la violencia de género y las agresiones a gays, lesbianas, trans, bisexuales e intersex (en adelante LGTBi-fobia). Antes bien, soy consciente de las diferencias entre unas y otras, pues como marica aún no vivo con el miedo a la violencia sexual en la madrugada aunque sí con ser apaleada por un grupo de varones que termina su fiesta demostrando lo “machos que son”. Ambas amenazas son entendidas como una llamada al orden para que todo siga igual, sin resistencias a la subordinación. Conceptualizar el heteropatriarcado como un entramado de relaciones de poder, implica admitir que los mayores índices de violencia sobrevendrán si se suscita una mayor insubordinación. Si la resistencia a la subordinación es menor, la necesidad de la coerción se esfuma. Aquí entra en juego la famosa hegemonía que, cuando es cuestionada, siempre deja paso a la fuerza. Esta última puede expresarse, por ejemplo, con la violación como práctica performativa que inscribe en los cuerpos la sumisión aceptable para el varón, pero igualmente con aquellas agresiones que resultan de la obsesión masculina por protegerse de lo homosexual, ya que en el fondo es bien sabido que no hay nada que también le impida serlo. Luego, ¿qué se supone que ocurre con aquellas personas trans que desestabilizan tanto las normas de género como las sexuales, aunque no sea de forma consciente? ¿El odio hacia las personas trans –la transfobia- podría ser entendido como el efecto de una práctica en la que interviene tanto el sexismo como la homofobia?

La semana pasada, en el barrio madrileño de Tetuán, una mujer trans de 26 años fue brutalmente golpeada cuando se dirigía a un bar sobre las seis de la mañana. Según la prensa, su cuerpo se convirtió en un “campo de guerra”, en un espacio donde se ejerció la más brutal violencia. Lo corporal volvió a constituirse como un territorio apropiado para portar mensajes cifrados para otros hombres. Tras conocer que recibió insultos tales como “puta” y “maricón” no parece descabellado interpretar este cometido como si de una advertencia para el resto de varones se tratase, al señalar el precio a pagar por ocupar esa feminidad tan repudiada -como deseada-.Confirma que la identidad masculina, al decir de Elisabeth Badinter, se hace posible negando lo femenino, lo infantil y, por supuesto, lo marica. ¿No parece innegable la conexión entre la sexualidad y el género, entre la heterosexualidad como norma social hegemónica y las coercitivas normas de género? Las violencias mencionadas no parecen prácticas aisladas y radicalmente autónomas, pese a las particularidades de cada una, máxime cuando la heterosexualidad, como norma sexual que se presenta como “natural”, parece depender del equilibrio de esas posiciones sociales que ocupan hombres y mujeres.

Del mismo modo, la hora del suceso nos sugiere la posibilidad de especular con algunas de las motivaciones de esta agresión, extensible a tantas otras. Si hasta el momento la consigna “la noche y las calles también son nuestras” no ha podido ser archivada por las feministas en el fondo de un cajón, es debido a que el espacio público es uno de los terrenos donde los varones aún demuestran su virilidad de diversas formas. Ya sea agrediendo a un marica que vuelve solo a su casa, ya sea apaleando a una trans mientras dos colegas les contemplan, como ocurrió en el caso que nos ataña según la prensa. Tristemente, esos espectadores suelen ser necesarios para que la virilidad manifestada sea reconocida. Aunque no se haya recalcado en el espacio mediático, huelga decir que siempre se trató de un caso de “violencia de género”.

Una semana más tarde, esta mujer superviviente declaraba sentir miedo de salir a calle ante la posibilidad de toparse con aquellos que pretenden autodesignarse como sus “dueños”. Este hecho refrenda la lógica patriarcal del reparto de esferas, donde el espacio público aparece como terreno de dominio masculino y heterosexual. Sin duda, todo un éxito patriarcal al lograrse el reclutamiento de sí en el espacio privado, allí donde no puede visible, mucho menos a una hora que no habrán razonado demasiado digna para una “señorita”- por especular a través del “no-pensamiento” misógino de los agresores-.

Afortunadamente, estas violencias son contestadas desde la lucha política feminista, como exitosamente ha ocurrido con la violencia legal del proyecto de Gallardón que pretendía negar el derecho de las mujeres a su autonomía corporal. La patologización de los cuerpos trans insiste en la negación de esta misma potestad, siendo igualmente repudiada desde la acción política democrática en los feminismos y colectivos LGTBI. La importancia de estas hazañas reside en su capacidad para desbaratar la nociva tentación de encasillar a las mujeres en una rígida posición de víctimas, incapaces de hacer frente a las múltiples violencias que reproducen un orden social incompatible con los valores democráticos.

De las luchas contra la LGTBI-fobia y la violencia de género puede vislumbrarse una posible lógica de equivalencias –según la política de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe- entre demandas disparejas susceptibles de ser articuladas en torno a esos “puntos nodales” que nos permiten hablar de “hegemonía”. Hablamos de una operación política que aglutina a diferentes demandas en equivalencia en torno identidades viables a partir de su relación de oposición con un tercero que amenaza su existencia, como es el caso de la famosa “casta” y su mafioso modus operandi, o el de una jerarquía eclesiástica cuyo “pensamiento” homófobo y misógino es difícilmente digerido por unas maduras mayorías sociales.

Durante la celebración de la primera Universidad de verano de Podemos, Clara Serra, querida amiga y diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid, en su brillante intervención remarcó el carácter contingente de toda práctica política feminista comprometida con la hegemonía. Desde ahí, parecía simpatizar con una posible articulación entre las luchas contra la violencia de género y aquellas que se alzan contra la violencia hacia personas LGTBI. Compartimos la propuesta, máxime cuando ella misma resalta las equivalencias existentes entre sí y que se cristalizan en relaciones de antagonismo con una “casta” que solo ofrece parches para esta lacra. Esta proposición supone todo un reto para diferentes agentes sociales y de ninguna manera puede ser imaginado exento de conflictos políticamente productivos.

En la disputa por los “los significados”, por la hegemonía, no puede faltar un combate por la apropiación de la universalidad de conceptos políticos que resultan clave para la transformación, como la noción “democracia”. Conocidas feministas como Judith Butler suelen insistir en el potencial de las prácticas de resignificación, recalcando la importancia que posee el pleito por los significados al no obviar lo que se juega en ello: tanto posible resulta reforzar un sentido común que naturalice la violencia como, en un sentido distinto, se le podría tachar como incompatible con los valores democráticos. Parafraseando otra vez a la colega Clara, el feminismo ganador, aquel en el que me incluyo, insiste en la imposibilidad de la democracia si el actual poder político desprecia las vidas de más de la mitad de la población. Lo anterior se corrobora cuando se omite la urgente prevención de la homofobia y el sexismo, se prescinde de la ampliación de derechos o se favorece la dependencia económica de las mujeres. La democracia nunca será tal si cada día hay una menos. Solo aquel sistema político que priorice la financiación de una educación pública sensible con la igualdad y la diversidad frente a la tiranía de una troika, que ahonda en las miserias de las mujeres en particular y de la sociedad en general, podrá ser digno de abanderarse como democrático. Por todo lo dicho, es obvio que tenemos el deber de apostar por una nueva hegemonía para que esa vieja, aunque aggiornada, violencia machista no tenga razón de ser en una democracia cuyo significado estará en conflicto permanente con aquellos que siempre han declinado, por ejemplo, el presupuesto de las normativas contra la violencia, renovando de paso un misógino orden social que, con toda seguridad, no amenaza ni sus vidas ni tampoco sus bolsillos.

lunes, 20 de abril de 2015

#hemeroteca #prostitucion | Con las putas


Con las putas
Josué González Pérez / Barbijaputa | El Diario, 2015-04-20

http://www.eldiario.es/zonacritica/ciudadanos-prostitucion_6_379072091.html
La ignorancia de su misma historia de luchas y logros ha sido una de las principales formas de mantener a las mujeres subordinadas (Gerda Lerner, 'La construcción del patriarcado', 1986).
Puede que los motivos que han llevado a Rivera y Ciudadanos a proponer la regulación de la prostitución no sean los más loables –ni loables a secas–, pero al menos han contribuido a que se reabra un debate vital para muchas mujeres, que siempre se cierra en falso y con alguna que otra demonización extra.

Decimos que los motivos de Ciudadanos no son inocentes porque, como buenos neoliberales, están motivados por lo exclusivamente económico ("con la regulación de la prostitución se podrían recaudar 6.000 millones de euros", decía Albert Rivera) pero se disfraza de empatía ("estas personas parece que no existen, pero sí que están ahí, y tienen su sufrimiento y sus derechos") para humanizar su discurso y conmover a la opinión pública, arañando votos a la vez de dos grandes sectores del electorado: los más preocupados por la economía y los más preocupados por lo social.

No es difícil ver la hipocresía en su argumentario, ya que Ciudadanos no se ha preocupado hasta ahora de sectores oprimidos, más bien se desentiende de ellos: recordemos que ya se ha posicionado claramente en contra de la cobertura sanitaria de los sin papeles, apelando –cómo no– a lo económico. Una regulación desde esta posición tendría el resultado holandés: dura legislación migratoria, correlación de fuerzas favorable para la patronal y muchas mujeres aún excluidas de las garantías que otras ahora obtienen de forma parcial y precaria.

Pero dejemos de lado el motivo mediático que ha reabierto el debate y centrémonos en las reacciones de unos y otros partidos (favorables al feminismo incluidos) que, por unanimidad, han negado la posibilidad de abrir la puerta de la ciudadanía a las mujeres que comercian con servicios sexuales.

De entrada, deberíamos resaltar que no parece muy feminista obviar el hecho de que las putas llevan décadas manifestándose y luchando contra las ordenanzas prohibicionistas y organizándose en colectivos, como Hetaira o Prostitutas indignadas, por todo el mundo, máxime cuando la genealogía feminista es un arma imprescindible para la transformación que nos ocupa.

Luego se pretende plasmar una postura más digna y realista resignificando un debate que hasta ahora no ha sido especialmente democrático ni saludable. Prueba de ello es que el grueso de los “argumentos” utilizados es un amalgama de falacias basadas en la apelación a la misericordia –entre otras– a fin de remover sentimientos: prostituidas, traficadas, comercio de órganos, explotación de niñas, prostituidores, venta del “cuerpo”… Una batería de significantes negativos que hace que cualquiera que les contradiga parezca un monstruo sin sentimientos. Sin embargo, seguiremos intentando defender una posición que tome partido por ellas, que al fin y al cabo son las que tienen más que opinar.

Ante la propuesta de Ciudadanos, el PSOE expuso que lo que ellos defienden "son sueldos dignos y que nadie tenga la obligación de prostituirse" (como si en los años de Gobierno del PSOE hubieran existido dichos sueldos y no la prostitución), reprochándole a Rivera su aprobación para que "se comercie con los cuerpos de las mujeres" y añadiendo que ellos "estarán siempre a favor de la igualdad y de los derechos de las mujeres, especialmente de las más jóvenes".

Es paradójico que el PSOE, partido que redactó la Ley Integral contra la Violencia de Género y que dejó fuera de su definición –y, por lo tanto, de su cobertura– a las prostitutas y que les niega la posibilidad de otorgarles derechos, se agarre ahora al "estamos a favor de la igualdad y de los derechos de las mujeres".

Por otra parte, resulta lamentable que haya sido Ciudadanos el que ocupe un lugar que deberían estar ocupando fuerzas rupturistas, como IU, que han optado por ignorar siempre generando un impasse en su propia cultura política, que siempre intenta dar voz a los de abajo. Por esto último, resulta incomprensible su veto en el caso de las trabajadoras sexuales. Por lo demás, esperamos que, en el caso de Podemos, la ciudadanía a la que apelan no quede obstruida para estas mujeres.

El Partido Popular, en boca de su portavoz, Rafael Hernando, también se mostró contrario, claro. El PP representa perfectamente a la derecha hipócrita que saca tajada de vincular prostitución con violencia de género para sus intereses religiosos, alegando que regular la prostitución supone legitimar la violencia contra las mujeres o, en palabras de Ana Botella, “la prostitución va contra la dignidad del ser humano”. Lo cierto es que, mientras el mensaje dominante incorpora tintes puritanos y eslóganes liberales, la situación de estas mujeres permanece igual: siguen siendo las de abajo, las grandes ignoradas.

La derecha siempre ha utilizado muy bien el discurso contra la violencia sobre las mujeres para, paradójicamente, limitar su autonomía, produciendo mayor violencia aún sobre ellas. Recordemos las palabras de Gallardón sobre el aborto: “Existe una violencia estructural que obliga a las mujeres a abortar”, y sustituyamos “abortar” por “prostituirse”. Su objetivo es negar la capacidad que tenemos las mujeres, las trabajadoras sexuales en este caso, para tomar las riendas de nuestra vida en un marco estructural no elegido, ya de por sí injusto y duro, que siempre será peor si se niega su capacidad de reflexionar y decidir sobre qué hacer ante su propia realidad. Los discursos que quieren que sean vistas como víctimas irrecuperables son perfectos para desempoderar y negar su capacidad de acción política.

Además de estas políticas 'salvacionistas', tenemos las abolicionistas y prohibicionistas que ya se están aplicando en ciudades como Madrid, Barcelona, Málaga o Sevilla, donde se han impulsado todo tipo de atropellos: desde redadas, multas a clientes y a las chicas, restricción de la libre circulación o agresiones por parte de una policía que no es denunciada porque posee los “papeles” que una ecuatoriana o tailandesa 'trans' no posee.

Estas ordenanzas han sido contestadas desde colectivos como los ya mencionados, en alianza con otros colectivos feministas, sindicales, migrantes, LGTBI y con candidaturas de unidad popular, como Barcelona en Comú. Allá donde hay una normativa de este tipo, es muy seguro que se pretenda gentrificar la zona: un invento neoliberal que consigue limpiar el área de aquello que se quiere invisibilizar y desplazarlo de forma silenciosa, 'adecentando' así la zona para que la ocupen sectores de un mayor nivel adquisitivo. Es el caso del barrio del Raval en Barcelona o la trasera de Gran Vía, junto a la plaza de la Luna, en Madrid.

La prostitución no deja de ser un trabajo ejercido en su mayoría por mujeres, muchas de ellas migrantes, que lo valoran como la mejor salida posible, nos guste o no, ante la feminización de la supervivencia. Pero no es un trabajo al uso; si así fuera, no haría falta este alegato, claro. Esta actividad, además de situarse en la tradición patriarcal que minusvalora los trabajos femeninos, conlleva un estigma que prepara a las mujeres para la exclusión y la violencia, que facilita su explotación y que acalla sus voces: relatos que pueden incluso poner en jaque el mito de la independencia masculina, ya que parece obvio que necesitan de sus servicios para tener compañía, comunicación, algún cariño y, en definitiva, los cuidados que sustraen de todas las mujeres, solo que en este caso ellas cobran por ellos. Posiblemente ese sea el gran delito: cobrar por algo que debería ser gratuito y por "amor".

El estigma con el que cargan las prostitutas se crea al compás de la construcción social que se ha hecho de la sexualidad femenina, esa sexualidad con la que las mujeres debemos tener cuidado si no queremos ser acusadas de “puta” y que nos limita. "Puta" es la otra cara de la moneda del "maricón" para los hombres –aquello que no "deben ser"–, una injuria que afecta a todas las mujeres creándose un 'ellas' y un 'nosotras'. Quizás desde aquí habría que pensar que las fracciones de las feministas en torno al trabajo sexual alguna relación pueden tener con esa división 'ellas'-'nosotras'.

Y al estigma anterior se añade la caracterización de las mujeres como “esclavas sexuales”. Ante esta etiqueta, las profesionales del sexo apelan a su libertad, pero remarquemos que no 'libertad' en su sentido estricto: ninguna somos libres, ni siquiera aquella que cree serlo porque trabaja en el McDonald's de la calle Montera y no en las esquinas de la misma calle. Esta estigmatización es muy útil para la misoginia porque produce un efecto espejo invertido: define a las prostitutas como el paradigma del sometimiento patriarcal a diferencia de las que no ejercemos la prostitución, haciéndonos creer que somos ajenas a la estructura de dominación masculina. Esto dificulta la toma de conciencia de que la desigualdad nos afecta a todas las mujeres como mujeres.

UPyD también rechazó considerar la prostitución como trabajo, basándose en conceptos igual de superficiales que el resto. Todos los partidos usaron los conceptos "libertad" e "igualdad" en función de sus intereses, apropiándose de su universalidad. La libertad y la igualdad son un punto de llegada y no de partida, así que deberíamos descartar cualquier apelación a esos valores para justificar la existencia de cualquier trabajo, puesto que la articulación misma de 'trabajo' en nuestras sociedades, además de androcéntrica, resulta antagónica a la libertad misma. Aunque la industria del sexo es muy amplia y las mujeres pueden gozar de muchas condiciones diferentes entre ellas, hay una cosa que se hace común a todas: la necesidad de garantizar sus condiciones materiales de existencia.

Evidentemente, la trata tiene que ver –coincidiendo con el abolicionismo– con un sistema que empobrece a las mayorías sociales, haciendo de las mujeres “las más pobres entre los pobres”, como diría Dolores Juliano. Esa "feminización" de la pobreza limita sus opciones de vida y, sí, es lo que las empuja a vender servicios sexuales pero también a fregar letrinas y/o limpiar miserias ajenas en unas condiciones que no alarman a nadie.

La dominación masculina persigue a las mujeres en todas las facetas de la vida que les coloca en situaciones de poder frente al colectivo femenino. Esta ideología también niega nuestro estatus de seres sexuados, negándonos una sexualidad propia. Reconocer esto último puede alejarnos de las posiciones feministas que entienden que las relaciones heterosexuales son siempre relaciones de subordinación, donde las mujeres únicamente ocupan una posición de objeto.

Aunque no es un ejemplo de ello, sí que estas palabras de Beatriz Gimeno van en dicha línea: “Una relación sexual necesita de dos o más personas y aquí solo hay una parte, el hombre, teniendo sexo, mientras que la mujer está, en el mejor de los casos, esperando a que él acabe y en el peor, sufriendo”. No nos parece que recuperar el tópico de la sexualidad masculina siempre depredadora y la femenina siempre sumisa sea la mejor estrategia feminista, ya que no las reconoce como personas que intervienen en una realidad concreta con unos intereses propios, perdiendo así un principio fundacional del feminismo.

Cuando magnificamos la institución de la prostitución y la convertimos en el paradigma de la subordinación, es interesante sacar a colación a feministas como Simone de Beauvoir, Kollontai o Mary Wollstonecraft, que encontraban analogías entre el matrimonio y la prostitución, como dos caras de la misma moneda dentro del sistema que subordina las mujeres a los hombres: ¿cuánto de libres son las muchísimas mujeres que llevan décadas casadas con hombres a los que no les une ya el amor pero sí deudas, hipotecas e hijos; hombres con los que ya solo tienen en común el nivel de pobreza?

Otras posiciones se basan en la trata para defender su postura abolicionista, pero deberíamos optar por separar la trata de la prostitución porque, aunque permanece en el campo de la industria sexual, nos encontramos con dos realidades diferenciadas que necesitan respuestas específicas, al igual que nunca será igual la actuación política para el matrimonio "voluntario" que para los matrimonios forzosos. La posibilidad de ser objeto de trata representa, como toda violencia sexista, una forma de intimidación que se traduce en la necesidad del patriarcado de colectivizar y explotar a las mujeres como una propiedad de los varones.

Pero aun teniendo esto en cuenta, el discurso de la trata puede ser muy perverso, ya que se está usando para camuflar la actuación de todo un conjunto de prácticas represivas contra las mujeres inmigrantes que ejercen la prostitución: la legislación migratoria (creada para combatir la inmigración ilegal) es uno de los agentes que crea estas mafias de tratas, pero en vez de cambiarse esta legislación para acabar con las mafias se decide perseguir la prostitución. No deja de ser un argumento hipócrita que, además, nos recuerda todas las veces que hemos escuchado a políticos proclamar que las famosas cuchillas o concertinas en Ceuta son un mecanismo para “disuadir a las mafias de la inmigración".

La conclusión es que no deberíamos comulgar con la filosofía del policía en las espaldas de las prostitutas y sí apostar por su autoorganización. Reconocerles derechos desde su posición de trabajadoras no implica abrir paso a la mercantilización de la sexualidad: no estamos proponiendo inventar algo sino actuar sobre lo que ya existe. Nadie debería aprobar la idea imperante de que es mejor que estén sin derechos que con ellos, más aún sabiendo que las políticas abolicionistas no acaban con la prostitución. Si a esto le añadimos, que no reconocer la prostitución como un trabajo con derechos supone enviar un mensaje a la sociedad que maquilla como éticamente aceptable la situación de marginación y explotación que sufren las trabajadoras sexuales (al final, son putas y ellas se lo buscan).

Decía Marx que los seres humanos hacemos nuestra propia historia a partir de unas circunstancias no elegidas, heredadas pero afrontables. La historia no deja de demostrar que cada colectivo oprimido tiene que edificar las condiciones de su propia liberación a través de su autoorganización y su articulación como sujeto político. Y esto ocurre cuando ellas se reafirman como trabajadoras sexuales y no como mujeres “prostituidas”. Se trataría, en este caso, de luchar contra el trabajo desde el puesto de trabajo, a través de prácticas políticas creadas en torno a colectivos sociales; un proyecto alternativo al neoliberalismo y al patriarcado. Solo así se puede abolir no la prostitución en sí, sino las condiciones que consiguen que sea una actividad practicada masivamente.

Al final, qué cosas, las realmente abolicionistas vamos a ser nosotras, las que estamos con las putas.

DOCUMENTACIÓN
Sigamos con el debate de la prostitución
Beatriz Gimeno, 2015-05-13
http://beatrizgimeno.es/2015/05/13/sigamos-con-el-debate-de-la-prostitucion/
Prostitución, aborto y la razón neoliberal
Beatriz Gimeno · Candidata de Podemos a la Asamblea de Madrid | El Diario, 2015-04-16

http://www.eldiario.es/zonacritica/Prostitucion-aborto-razon-neoliberal_6_378022209.html
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Y TAMBIÉN…
Botella: "La prostitución va en contra de la dignidad y espero un futuro para las mujeres"
EP | El Confidencial 2015-04-15

http://www.elconfidencial.com/espana/2015-04-15/botella-la-prostitucion-va-en-contra-de-la-dignidad-y-espero-un-futuro-para-las-mujeres_760251/
Ana Botella y las prostitutas
Javier Cid | El Mundo, 2015-04-13

http://www.elmundo.es/madrid/2015/04/12/552aa275e2704ed02c8b456d.html

sábado, 28 de marzo de 2015

#hemeroteca #activismo | Entrevista a Josué González Pérez, activista LGTBI y de izquierdas

Imagen: Zoozobra
Entrevista a Josué González Pérez, activista LGTBI y de izquierdas
Eduardo Nabal | Zoozobra, 2015-03-28
http://zoozobra.com/entrevista-a-josue-gonzalez-perez-activista-lgtbi-y-de-izquierdas/

El activista feminista y LGTBI, el joven Josué González (@unvirusqueer), nos transmite su visión de la política madrileña y nacional. “Muchas nos hemos visto obligadas a invertir nuestras fuerzas en la construcción de otros espacios, para lograr, en efecto, procesos de convergencia que no se agotan en las elecciones de mayo”

Eres un canario asentado en Madrid. ¿La región ha recortado tu pluma o sabes cómo sortear ese tipo de recortes? ¿Qué te da más quebraderos de cabeza la universidad o tu militancia política y activista? ¿Y más alegrías?

Me gusta eso de “ha recortado tu pluma”. Sí, es la idea de que, en estos momentos, las personas LGTBI (Lesbianas, Gays, Trans, Bisexuales e Intersex) ocupamos posiciones de vulnerabilidad frente a los recortes ejecutados, más que por la “región”, por aquellos que velan por los intereses de los que mandan, de los que ganan sin presentarse a las elecciones. Por aquellos a los que Esperanza Aguirre les parece una tía “cojonuda”. Esa señora ha activado la fuerza de la gente, desde el momento en el que decide encargarse de expoliar todo lo público. Incluida esa universidad que tan disputada se encuentra hoy por miles de estudiantes que se movilizan contra el 3 más 2, que no es sino otra vuelta de tuerca más a la idea que manejan algunos de que la educación universitaria debe ser otro nicho de mercado y con ello destrozar los sueños de todas aquellas que pretendemos continuar nuestros estudios. ¿Alegrías? La más grande: que somos capaces de señalar a los culpables de esta situación. Si así no fuese, sí que tendría, como mínimo, muchos quebraderos de cabeza.

Las que mantenemos luchas también contra el sistema heteropatriarcal y no estamos ahora en ningún partido, nos tememos una experiencia bastante desagradable y ya vivida: que se nos repite que lo nuestro “no es prioritaria” Historias que se repiten, agudizadas por la llamada “crisis”.

Este temor lo hemos tenido todas, pero ya el miedo ha cambiado de bando en un sentido estricto. Ante una crisis de régimen como la actual, donde sus cimientos son puestos en cuestión por un amplio sector de la población, no podemos desaprovechar la oportunidad que nos permita disputar que ese sujeto político de ruptura no se muestre opaco ante las luchas feministas y LGTBI. Eso se podrá elaborar desde la forma “partido”, instrumental por ejemplo, o a través de los movimientos sociales porque, en ningún caso, una parte tiene que solapar a la otra cuando se pueden mantener dinámicas políticas, productivamente conflictivas y tensionadas, entre ambas en aras de una radicalización de la democracia.
El movimiento feminista, o mejor dicho los movimientos feministas, se queda estupefacto ante el gobierno varonil en Grecia. Claro está esto no es extrapolable aquí, sobre todo cuando en las organizaciones que apuestan por la ruptura democrática se empieza a trabajar por fin cuestiones de género y sexualidades, con bastantes mujeres ¿Crees que eso ocurre únicamente gracias a las propias mujeres o gente LGTBI que participan en esos espacios?

Es evidente que sí. La relación entre movimientos feministas y partidos políticos rupturistas siempre ha sido muy parecida a la de un “matrimonio infeliz”. Y quizás es deseable que así siga siendo. Con esto quiero decir que siempre será necesario que los movimientos mantengan una autonomía propia frente a los procesos más institucionales, porque no sería deseable que se suspenda un conflicto político productivo que, a ser posible, no destruya las condiciones políticas para el diálogo y la confluencia, pero igual de indeseable sería un orden donde lo institucional no pinte nada. Esto, por un lado, permite sostener las medidas impulsadas desde la institución, en un terreno complejo, pero, por otro lado, desbloquea la posibilidad de impulsar otras que se encuentren ausentes en las prioridades políticas de los partidos que pretenden representarlos o que se sienten representados en su actividad democrática en el asfalto. Dentro de los partidos como tal, existen grandes resistencias a que lo nuestro no sea relegado a “meras mariconadas” o a “cosas secundarias” pero también es cierto que tenemos a grandes aliadas cuyo trabajo y cuya lucha han agrietado esa falacia desde dentro y redefiniendo la política desde una posición feminista, explícita o no, como es el caso de María Espinosa (CxM), Beatriz Galiana (CxM), Beatriz Gimeno (Podemos), Ada Colau (BcnEnComú), Lara Hernández (IU) o la propia Tania Sánchez, sobre la cual han recaído todo tipo de tópicos machistas, empezando por considerarla una mera “herramienta” de su pareja, como si no tuviera existencia política propia, como si ya no se hubiera construido “esa habitación propia”.
Hablemos un poco de Podemos. Lo han atacado por todas partes de las formas más viles posibles, aunque también ha captado mucho descontento. Pero yo lo que me temo es que no puedan cumplir sus promesas, es decir, coacciones desde fuera como los griegos que se traducen en concesiones.

Cuando en un determinado momento, en la sociedad, existen una serie de demandas insatisfechas, que no son reconocidas por las instituciones, nos encontramos ante las condiciones de posibilidad de emergencia de populismos que pretenden construir un sujeto político, denominado “pueblo”, que puede fijarse contra una mafia que nos expropia e insulta o contra los inmigrantes, las feministas, los sindicatos o las personas LGTBI. En Francia ha sucedido esto último con Marie Le Pen, mientras Podemos, en nuestro país, ha logrado que eso no sea así, que ese hueco no lo dispute una fuerza política de “extrema” derecha. Por eso mismo surgen los ataques ya que lo que esperan los de arriba no es que el pueblo cuente en tanto que sujeto político que pide el respeto que estos no están dispuestos a concederle. Lógicamente no es suficiente, de ahí el affaire por la convergencia. Sobre todo porque, como bien dices, en el marco de la Unión Europea no nos lo van a poner sencillo y el primer síntoma de ello es la demonización que ha sufrido Syriza en los medios de comunicación y que sigue presente aunque desde el gobierno griego se hayan impulsado una serie de medidas que han abierto la brecha de la esperanza. Esto último se refleja en las últimas encuestas donde se sigue manteniendo como primera fuerza política y continúa creciendo.

En mi corta experiencia en un trabajo en una fábrica la homofobia era tan brutal que si hubiera dicho que era gay -y lo hice- no me hubieran creído. ¿Crees que hay sitios a donde los avances no han llegado y tardarán mucho en llegar o depende de cada caso?

Llevábamos una racha donde lo LGTB se pensaba desconectado de otros ámbitos de la sociedad, como es el caso del trabajo, y eso ha sido un error que vamos paulatinamente subsanando. Me parece positiva la actividad política que numerosas organizaciones LGTBI llevan a cabo con los sindicatos o que existan áreas LGTBI en las fuerzas sindicales mismas, como en CCOO-sindicato al que pertenezco-, porque también la aversión contra nosotras juega un importante papel en las relaciones laborales. Últimamente se están denunciando casos de homofobia en importantes empresas como SuperSol o Burguer King o de acoso sexual como en Mercadona y esos sucesos invitan a reconsiderar la forma en la que la homofobia puede ser un instrumento de domesticación dentro de las empresas para aceptar determinadas condiciones laborales bajo el miedo al despido por “maricón”. En este ámbito, en el mundo del trabajo remunerado, no puede darse una lucha eficaz contra el sexismo y la LGTBfobia (fobia a lesbianas, gays, transexuales y bisexuales) si no se derogan las reformas laborales, impulsadas por el PP y el PSOE, que cierran la puerta a la democracia en las empresas.

Parece que el PSOE está más cerca de pactar con el PP que de permitir que gane Podemos. Eso es triste pero parece cada vez más evidente. Pero ¿cómo enfrentar el reto de ser otro país que no sigue los dictados de la Troika?

Sobre todo es triste para muchas personas simpatizantes del PSOE, que se sienten engañadas porque no comulgan con los pactos que este realiza con el PP, tanto de forma visible como de forma más sibilina -como el caso del TTIP o de la reforma del artículo 135 de la Constitución Española-. Son personas inteligentes y muchas de ellas no han dudado en mostrar, desde aquí, su apoyo a Syriza. Eso demuestra que la política tiene un barniz de laicidad ante las siglas y que algunas del PSOE, paradójicamente, han aprehendido antes que otras situadas en círculos de una izquierda más clara y rupturista.

Respecto al reto, que lo es, de recuperar la democracia frente a la Troika, lo que hay que tener claro, antes que cualquier otra cosa, es que la economía de mercado no puede estar por encima de la voluntad general. Partiendo de esa posición, que no es otra que la que asumiría cualquier demócrata, nos situamos en un marco donde la negociación es diferente a la que mantiene Rajoy hasta el momento, si es que se puede llamar “negociación” en vez de “sumisión”. El ejercicio de inversión de las relaciones de poder en Europa que ha sido impulsado ya desde el triunfo de Syriza, debe seguir imitado por los paises del sur, en alianza fraternal, sustituyendo unas políticas que no convencen a nadie por otras que numerosos organismos consideran factibles y necesarias: de sentido común.

Dicho eso, continuamos hablando del Gamonal y del “si se puede”. Pero cuenta un triunfo por veinte derrotas frente al caciquismo neoliberal. Con la Ley Mordaza ya aprobada por el Senado ¿van a conseguir callarnos?

Diría que la llamada “ley mordaza” no es una demanda social. ¿Hemos visto masas enfurecidas de gente solicitando que se multen a quienes ocupan una sucursal bancaria para exigir lo que les ha sido robado? Es evidente que no. Esta ley es una respuesta de las élites a numerosas prácticas políticas, abanderadas sobre todo por el 15M, que han quebrado el violento consenso que alentaba a que todo siguiera igual, que nos invitaba digerir toda una serie de atropellos contra la democracia y contra nuestra dignidad. Sin embargo, la existencia de una compleja red de agentes políticos que han mostrado su oposición a la norma, ya advierte que el silencio no va imperar, que lo que debe ser silenciado son aquellos dictados de una Troika a la que nunca le concedimos el derecho de ejecutar determinadas políticas que nos arruinan una vida que solo se disfruta una vez.

Has dado tus pasos también en el mundo académico. Por mi parte, he visto claros enfrentamientos, o no tan claros, entre gente como Celia Amorós e Itziar Ziga. Parece que hay mucho desencanto y pocas ganas de entendimiento entre lo antiguo y lo nuevo, simplificando. Pero hay un problema generacional real porque lo queer, en estos tiempos, ha dejado de ser solo teoría para convertirse en experiencias nuevas y en ocasiones nada agradables.

Creo que sé a lo que refieres. Es un tema complejo y quizás ahondar en ello convertiría esta entrevista en algo demasiado cerrado, ya que son cuestiones que no son vox populi. A mi juicio, desde un sector del feminismo se mantiene la idea de que existe una jerarquía entre hombres y mujeres y que se conserva a través de prácticas violentas como el feminicidio que nos deja más de sesenta muertas al año en nuestro país. Por otro lado, hay otras voces que, sin negar lo anterior, también cuestionan ese binarismo que nos encasilla, de forma coercitiva, en “hombres” y “mujeres”, siempre heterosexuales, y que eso limita nuestro desarrollo humano. Dicho esto, no necesariamente debe existir un desencuentro entre ambas posturas que cierre cualquier posibilidad de diálogo y traducción, sobre todo cuando seguramente ambas partes aceptan que los principios, de libertad e igualdad, que alientan la emancipación de las mujeres y de todos los seres humanos siguen vigentes porque jamás se han realizado de una forma radical. Digamos, que podría darse una tensión entre ambas partes con un resultado productivo donde podamos aprovechar lo “mejor de cada casa”.

Para Sayak Valencia, escritora mexicana, no solo el capitalismo es gore si no que la izquierda debe abandonar su machismo y su homofobia y una visión tradicionalista del trabajo productivo que invisibiliza por ejemplo a las amas de casa, a las migrantes etc. ¿Qué opinas de la economía feminista en estos tiempos?

No sólo Sayak, a la que conozco poco, sino también muchas otras como Amaia Pérez Orozco, Bibiana Meldialdea, Cristina Carrasco, Yayo Herrero o Justa Montero han puesto su granito de arena para desplazar las fronteras de lo político, situando el trabajo de cuidados, lo que no se ve pero que “mueve el mundo”, en la arena de lo público, exigiendo su reconocimiento y visibilizando su importancia para sostener todo un aparato productivo que desprecia las necesidades de la vida. Los ritmos histéricos de un sistema económico, que no respeta los límites de la naturaleza o que promueve el eslogan de que somos “invulnerables”, sólo son posibles si existe una parte de la población que -de forma gratuita, sin derechos y parece que de forma “natural”-se encarga de ello. Por eso las consignas feministas de “nosotras movemos el mundo” porque nuestra sociedad adjudica a las mujeres el papel de cuidar de todo aquello que es necesario pero que no genera el beneficio inmediato que profesa el neoliberalismo, como el cuidado de las personas mayores. La economía feminista aquí nos invita a pensar la ruptura admitiendo las limitaciones del medio natural pero también aceptando nuestra interdependencia natural, es decir, que todas necesitamos cuidados y que todas somos capaces de ofrecerlos. Esto último implica un desafío en aras de un modelo desarrollo que apueste por el “buen vivir”, en un sentido amplio y controvertido, en lugar del viejo y agotado “modelo del ladrillo” y de la “espe”-culación que tanto ha llenado las colas del INEM de la Comunidad de Madrid y de toda España.

martes, 6 de enero de 2015

#hemeroteca #homofobia | 'Si no fueses maricón serías perfecto'


Imagen: El Mundo
'Si no fueses maricón serías perfecto'
Repuntan las agresiones homófobas en España. Interior sitúa estos ataques como el principal delito de odio. Sólo dos de cada 10 víctimas se atreve a denunciar.
Joaquín Vera | El Mundo, 2015-01-06
http://www.elmundo.es/espana/2015/01/06/54aae990e2704eeb788b458b.html

Las asociaciones LGTB (las siglas que engloban a gais, lesbianas, transexuales y bisexuales) alertan de un "importante repunte" de las agresiones homófobas durante 2014 en España. Los últimos datos oficiales dicen que en 2013 se cometieron 452 delitos de odio -abusos, lesiones, amenazas, agresiones o vejaciones- que tuvieron que ver con la libertad sexual. El Ministerio del Interior sitúa estos ataques como el principal delito de odio en nuestro país.

Jorge, Javier y Fredy son tres víctimas de estas agresiones y han querido compartir su testimonio con El Mundo.

Jorge tiene "pánico" de volver a su puesto de trabajo después de nueve meses de baja por depresión. Estuvo casi un año alejado del restaurante de comida rápida en el que estaba contratado, donde tenía que soportar cómo las encargadas rezaban delante de él "para que no les saliese un hijo maricón como yo".

A las oraciones se sumaba una retahíla de insultos diarios -el bucle de "maricón de mierda" o el "si no fueses maricón, serías perfecto"- ante los que él siempre respondía con lo mismo: el absoluto silencio. "No quería perder mi trabajo, estaba bloqueado y no era capaz de defenderme, no entendía tanto odio por ser gay", explica Jorge, este joven de 30 años de San Lorenzo de El Escorial (Madrid), que se vio incluso obligado un día a dar explicaciones de lo que hacía en sus días libres: "¿Para qué quieres librar? ¿Para irte a follar con tu novio? Vais a acabar con la humanidad". Todo ello después de que, una vez más, el jefe de personal le cambiase la libranza en el último momento.

"Y un día no pude más". Llegó al trabajo y se encontró que en su taquilla alguien había dibujado unos penes acompañados de la frase: "Aquí deja la ropa un maricón".

Poco después, un encargado le tiró directamente un trapo a la cara: "Limpia tú, que eso se os da muy bien".

"En un principio, por miedo a denunciar, aguanté. Tampoco recibía el apoyo de todos mis compañeros, que por miedo a perder sus empleos, callaban", recuerda Jorge, quien cree que usaron su condición sexual para minar su moral y desgastar su ánimo con el fin de provocar su salida voluntaria de la empresa.

El resultado: un informe médico que habla de ansiedad, presión psíquica grave, síncopes de origen emocional, desorientación y tristeza, entre otros males que le llevaron a estar casi un mes sin poderse levantar de la cama: "Me dieron tantas pastillas que no podía ni moverme. Me pesaba todo".

El caso de Jorge, pendiente de resolución judicial, representa el extremo más cruel de ese 60% de personas homosexuales, transexuales o bisexuales que ha vivido algún tipo de discriminación u hostilidad en su trabajo en los dos últimos años, según un reciente estudio realizado por la Esade Business School y la Universidad Ramon Llull.

'Me rompieron el húmero'
Se despidió de sus amigos a la salida de una discoteca del centro de Madrid para irse a casa: "Tenía que trabajar". Le persiguieron tres hombres corpulentos hasta situarse a un palmo de su nuca: "Me llamaron follaculos". Comenzó aterrado a correr, se abalanzaron contra este joven hasta tirarlo al suelo y le amenazaron con "hincharlo a hostias" si no se levantaba a la de tres: "Me rompieron el húmero, me han tenido que operar".

Una secuencia de agresión que esta vez le ha tocado a Javier -nombre ficticio-, un joven de 30 años que prefiere mantenerse en el anonimato "por miedo", pero que, según denuncian varios colectivos y asociaciones LGTB, se repite cada fin de semana en toda la geografía española y está sufriendo un considerable aumento en los últimos meses.

Javier había escuchado sobre "amigos de amigos" que habían sufrido agresiones homófobas en Madrid, pero nunca pensó que le podría suceder a él. "Y menos en Madrid. No creo que sea un lugar homófobo. Me podría haber pasado en otra ciudad, pero extraña por la gran diversidad que hay aquí", confiesa el joven, que se recupera -"aunque es para largo"- de la agresión.

Está asustado, tiene miedo a que le pueda volver a ocurrir, por lo que ha decidido poner kilómetros contra la homofobia de por medio y ha renunciado de momento a la búsqueda de trabajo en Madrid.

Desde Arcópolis, la asociación LGTB de las universidades Politécnica y Complutense de Madrid, su vicesecretario general y responsable del registro de agresiones homófobas, Rubén López, explica que han tenido que reforzar el equipo de voluntarios que se encargan de este tipo de casos en la ciudad "porque todos los fines de semana, sobre todo en el centro", suceden agresiones homófobas.

Y busca alguna explicación: "Ahora empezamos a creernos la visibilidad y la igualdad. Lo asumimos y nos comportamos como cualquier otra persona en los lugares públicos y eso hace que a la gente que no está preparada para verlo le moleste. Y esa gente es la que tiene que cambiar su actitud".

'Os atraparé, maricones'
Un taxi obstaculizando un carril bici del centro de Barcelona fue el detonante de una discusión entre una pareja homosexual y el dueño del vehículo. Un simple "por favor, puede mover el taxi que no podemos pasar" acabó en una respuesta improcedente por parte del taxista: "Putos maricones". Entre las dos frases, hubo insultos homófobos de todo tipo tras percatarse el denunciado de la orientación sexual de la pareja.

Fredy da la cara "para visibilizar un problema cada vez más latente". En su denuncia, también hace notar la impasividad de los agentes de seguridad, a los que se les explicó con detalle lo ocurrido.

Los Mossos d'Esquadra, tal y como se recoge en su versión de lo sucedido, presenciaron sin intervenir cómo el taxista les dijo: "Ya veréis cuando os atrape, maricones".

El próximo día 20 tendrán que enfrentarse al juicio en el que la defensora de la pareja va a solicitar que se aplique la circunstancia agravante penal por discriminación sexual, aunque reconoce que conseguirlo va a ser como "encontrar una perla en el desierto".

La letrada Laia Serra, abogada del Observatorio contra la Homofobia de Cataluña, explica las triquiñuelas que utilizan los acusados en este tipo de juicios: "Es muy recurrente" que la parte denunciada recurra a la estrategia de "hacerse pasar por gay" y alegue ante el juez, sin ningún tipo de reparo, que expresiones como 'maricón de mierda' o 'putos maricones' son habituales en sus lenguajes. Asegura utilizarlas como sinónimo de otros insultos, como "cabrón o hijo de puta", pero en ningún caso -así se justifica- con intención homófoba.

Las agresiones homófobas en España repuntaron en 2014
Joaquín Vera | El Mundo, 2015-01-06

http://www.elmundo.es/espana/2015/01/06/54abcbdde2704e38558b4579.html

Las asociaciones LGTB (las siglas que engloban a gais, lesbianas, transexuales y bisexuales) alertan de un "importante repunte" de las agresiones homófobas durante 2014 en España: palizas contra homosexuales en pleno centro de grandes ciudades o una alcaldesa condenada por amenazar a un matrimonio al grito de "maricones, os doy dos hostias y os parto la cabeza", son sólo algunos ejemplos. Los últimos datos oficiales dicen que en 2013 se cometieron 452 delitos de odio -abusos, lesiones, amenazas, agresiones o vejaciones- que tuvieron que ver con la libertad sexual. El Ministerio del Interior sitúa estos ataques como el principal delito de odio en nuestro país.

Pero estas cifras pintan un mapa que, a ojo de las asociaciones, aparece desdibujado: ningún delito de este tipo fue registrado oficialmente en La Rioja, mientras que 201 sucedieron en Andalucía y tan sólo 12 en Madrid. En realidad, sólo dos de cada 10 víctimas se atreve finalmente a denunciar. "No es cuestión de que los andaluces sean más homófobos que los riojanos, sino una cuestión de miedo a denunciar, porque no hay respaldo a este colectivo", denuncian activistas LGTB.

"El aumento que notamos es muy considerable. Muchas veces sólo se visibilizan aquellos casos más duros, como cuando las víctimas son hospitalizadas o agredidas brutalmente, pero existen muchas formas de agresión, unas más invisibles que otras, que no llegan a esos extremos pero que también son significativas, ya que limitan igualmente nuestra libertad", advierte el activista de ALEAS Josué González.

Ante este panorama, sólo una comunidad autónoma ha decidido dar el paso al frente y abanderar de forma real la lucha contra esta lacra: el Parlament de Cataluña aprobó el pasado mes de octubre la primera ley mundial de carácter integral contra la homofobia con un régimen sancionador como punto clave y con algunos puntos polémicos, como la "discriminación positiva" y la llamada "inversión de la carga de la prueba", que implica que el demandado tendrá que demostrar su inocencia. Una norma que gais, lesbianas, bisexuales y transexuales de toda España piden tomar como ejemplo y precedente para imitar "de manera urgente" en todas las comunidades autónomas.

OPINIÓN
Por una ley estatal contra la homofobia
Eugeni Rodríguez | El Mundo, 2015-01-06

http://www.elmundo.es/espana/2015/01/06/54aaebaae2704ee9788b4591.html
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Y TAMBIÉN…
Uber pide perdón por un conductor que echó del coche a una pareja gay

La empresa ha suspendido al chófer, que expulsó a los clientes en Londres por besarse
El País, 2015-01-06
http://politica.elpais.com/politica/2015/01/06/actualidad/1420554284_943427.html
La región ha sufrido 21 ataques homófobos durante este año
La Delegación del Gobierno anuncia el inicio de una campaña para que las víctimas denuncien
F. Javier Barroso | El País, 2014-12-18
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/12/18/madrid/1418906581_425467.html
Condenada una alcaldesa por gritar 'maricones de mierda, voy a por vosotros' a una pareja
La regidora de San Bartolomé de Béjar (Ávila) debe pagar 900 euros al matrimonio. La pasada Semana Santa la condenada se presentó en su casa con otras diez personas. Los denunciantes dicen haber recibido insultos desde que se instalaron en el pueblo.
Joaquín Vera | El Mundo, 2014-12-04
http://www.elmundo.es/espana/2014/12/04/54808515ca4741e2348b4595.html
La bandera arcoiris ondeó en San Bartolomé de Béjar
Tribuna de Ávila, 2014-05-18

http://www.tribunaavila.com/noticias/la-bandera-arcoiris-ondeo-en-san-bartolome-de-bejar/1400405274

lunes, 22 de diciembre de 2014

#hemeroteca #homofobia | Más que víctimas, digamos que somos supervivientes


Imagen: Dos Manzanas
Más que víctimas, digamos que somos supervivientes
Es imprescindible concienciar a todas las personas LGTB de lo que supone la LGTBIfobia sobre nuestras vidas, como una cuestión repudiable y contestable políticamente, al mismo nivel que debemos hacerlo en el caso de la violencia contra las mujeres como mujeres cuyas cifras son absolutamente pavorosas.
Josué González Pérez · Co-coordinador de ALEAS-IU | El Diario, 2014-12-22
http://www.eldiario.es/zonacritica/victimas-digamos-supervivientes_6_337776246.html

Con la besada en el Burguer King de Princesa (Madrid), el movimiento LGTBI triunfó al situar el asunto de las agresiones en la esfera pública, dada la enorme repercusión que la acción ha tenido en los medios de comunicación, tanto a nivel nacional como internacional. Sin lugar a dudas, se trató de un ejercicio democrático contestatario y de empoderamiento que logró que la violencia que sufrimos no quedase silenciada.

Dos semanas más tarde, un grupo de neonazis agredieron físicamente a dos chicos gays en el Templo de Debod de la capital, siendo también contestada exitosamente por otra convocatoria política, colectiva y democrática. Ambos casos se suman a una larga lista que, hasta el momento, había quedado al margen de lo político. Una vez más, desde los colectivos sociales, desde la ciudadanía, hemos convertido el espacio público en un lugar disputado políticamente cuando hacemos visibles aquellas agresiones que demuestran que aún seguimos ancladas en una sociedad misógina y LGTBIfóbica* a transformar.

Ciertamente, quién escribe estas palabras siente optimismo, a pesar de lo terrible del escenario. No podría ser de otra manera si no obviamos el revuelo que han tenido las diversas acciones políticas, irrumpiendo en diversos espacios de los medios de comunicación, en los partidos políticos, las entidades sociales y en el seno de los poderes públicos. Si en estos días tanto Cristina Cifuentes como el Ministerio del Interior, han anunciado la ejecución de determinadas medidas contra este tipo de delitos contra la democracia, es el efecto de los movimientos sociales y de sus expresiones políticas.

Ahora mismo, las élites políticas reconocen que hemos abierto un conflicto que, hasta el momento, se encontraba hegemonizado a través de prácticas asistenciales —de determinada pospolítica recurriendo a Zizek—, necesarias pero insuficientes, que el Estado debería asumir como parte de las garantías sociales de las personas y que mantenían, en cierta forma, censurado el conflicto: la violencia estructural se convierte en una fuerza antagonista en nuestras vidas, hasta el punto en el que nos puede convertir en muertas en vida o en muertas sensu stricto.

Como la historia nos ha enseñado que no nos libraremos tan fácilmente de aquello que nos atormenta, nosotras seguimos y seguiremos organizadas. Es imprescindible concienciar a todas las personas LGTB de lo que supone la LGTBIfobia sobre nuestras vidas, como una cuestión repudiable y contestable políticamente, al mismo nivel que debemos hacerlo en el caso de la violencia contra las mujeres como mujeres cuyas cifras son absolutamente pavorosas.

El incremento de la cantidad de iniciativas políticas, así como de denuncias, debe revelarnos que nos encontramos ante las condiciones de posibilidad que nos permiten construir una respuesta colectiva contra las agresiones. Solo así, el asunto en lo institucional tendrá más impulso, por lo que agrietar lo dado desde arriba y mantener un nivel de conflictividad social democrático, como con todo conflicto por la justicia, no resultan formulas nada incompatibles.

Catalunya ha marcado un precedente con la aprobación de una ley que vela por nuestra dignidad, pero todas conocemos que se ratificó únicamente gracias un amplio trabajo político de los movimientos sociales del lugar. Andalucía ha hecho lo mismo gracias a la ley trans conquistada por los colectivos trans, incluso a través de huelgas de hambre. Podríamos extenderlo por el conjunto del Estado y a todos los niveles y sabemos que será posible si así nos lo proyectamos. De la misma manera que sabemos que asistimos a una oleada de recortes en derechos y libertades, de pobreza y exclusión, que convierte en imposible la puesta en marcha de políticas sociales que gocen de capacidad real de transformar nuestras vidas.

Lejos de desalentar, descubrimos una oportunidad favorable para construir una democracia donde las demandas feministas y LGTBI estén en el centro de la política y en ningún caso los dictados antidemocráticos de las élites económicas que nos empobrecen ni de aquellos grupos fundamentalistas contrarios a los Derechos Humanos, como la Iglesia Católica. Ni lo conseguido será totalmente real si no lo ejercemos, mediante los medios que tengamos a mano, ni lo ausente será posible si nos conformamos con lo que ya hay, si no seguimos extendiendo "el campo de lo posible".

Existimos y existe un régimen que produce y reproduce injusticias, ergo existe un desencuentro, un conflicto entre quiénes restringen la democracia y quiénes pretendemos radicalizarla para que la igualdad y la libertad sea una realidad. Algunas ya encendimos la mecha desde el momento en el que dejamos de ser víctimas para ser supervivientes con ganas de vivir dignamente.

*Llamamos LGTBIfobia a la violencia sistémica que se ejerce contra gays, lesbianas, trans, intersex, bisexuales y contra todas aquellas personas que no encajan en la norma heterosexual y en los rígidos modelos de hombre/mujer.
AUDIOVISUALES
Besada LGTB frente al Templo de Debod de Madrid en repulsa de agresión homófoba
Dos Manzanas | YouTube, 2014-12-19

http://youtu.be/FvLTXU18nKo