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domingo, 23 de febrero de 2025

#hemeroteca #trans #testimonios | Nacha Sánchez, mujer trans: “No teníamos otra opción de vida que la del espectáculo o la de prostituirnos”

Nacha Sánchez en Berlinale //

Nacha Sánchez, mujer trans: “No teníamos otra opción de vida que la del espectáculo o la de prostituirnos”

Entrevista a Nacha María Sánchez Sánchez, superviviente del elenco de la película 'Vestidas de azul', documental de culto sobre mujeres trans en los años 80, estrenado en la Berlinale
Rosa Die Alcolea | Artículo14, 2025-02-23
https://www.articulo14.es/cultura/nacha-sanchez-mujer-trans-no-teniamos-otra-opcion-de-vida-que-la-del-espectaculo-o-la-de-prostituirnos-20250222.html

Mercury Films recupera y promueve el largometraje documental Vestida de azul, dirigida por Antonio Giménez-Rico que, hasta su incorporación en el catálogo de FlixOlé, permaneció durante décadas “maldita” debido a la limitada distribución que se hizo tras su paso por la gran pantalla. La película se estrenó en 1983 con cierto éxito de público y críticas no muy positivas. A partir de ahí, Vestida de azul fue cayendo en el olvido poco a poco con el paso del tiempo… hasta hoy. La 75ª del Festival de Cine de Berlín, recientemente celebrado, la ha incluido en su sección “Berlinale Classics” y puede verse en el catálogo de FlixOlé.

Para la comunidad LGTBI se convirtió en un film de culto, ya que se trata de una película pionera a la hora de reflejar a las personas transexuales, especialmente por ser la primera que refleja sus problemas diarios con honestidad: el rechazo de la familia, el difícil acceso al mercado laboral, el abuso policial y la prostitución como única vía de supervivencia.

Nacha Sánchez, una de las seis mujeres protagonistas, relata que en aquella época no tenían “otra opción de vida que la del espectáculo o la de prostituirnos”, sobre la Ley Trans, opina que es un “apoyo maravilloso para todas nosotras, que los médicos te puedan recetar hormonas, que nos traten como nos sentimos” y expresa con esperanza que “las universidades ya tienen más capacidad para entender y tratar a las personas trans” y “hay trabajos en los que hoy por hoy, gracias a Dios, ya se nos acepta”.

P. La película retrata a seis mujeres trans en los años 80. Algunas también erais en ese momento travestis y/o transformistas. ¿Puedes explicar los matices de los tres conceptos: mujer transexual, travesti y transformista?

Las personas que salimos en el documental, las seis (también la que ha des-transicionado, que se llama Josette) en aquella época éramos todas travestis, pero Josette era una chica trans también, después, reculó y echó para atrás. La diferencia es que un travesti es un señor que por la noche se traviste con ropa de mujer y de día tiene una vida normal de hombre. Un transformista es simplemente alguien que verdaderamente está dedicada al espectáculo, no tiene nada que ver, puede ser una persona que ni siquiera sea homosexual, no tiene por qué ser un homosexual o un transformista, son artistas. Y las transexuales somos las personas que damos un paso hacia adelante y cambiamos nuestra manera de vivir y ya directamente mañana, tarde y noche, somos mujeres o intentamos o luchamos justo por conseguir tener un aspecto femenino y un aspecto como el de una mujer, puesto que nos hormonamos y nos intervenimos a cirugías y a cosas por el estilo para llegar a nuestros logros.

P. La película se produce en 1983, ocho años después de la muerte de Franco, es un contexto muy complicado para la libertad de expresión en España. Parece que hubo dificultades para la distribución de la película, una vez exhibida en cines. ¿Cómo contactó con vosotras Antonio Giménez-Rico para hacer la película y qué motivación os transmitió sobre el proyecto?

Sí, fue un momento muy duro y muy cruel porque acababa de morir Franco y estábamos en un momento de transición. Antonio Giménez-Rico tenía la idea de no hacer un documental, sino de hacer un largometraje de ficción, pero al ver cómo éramos personalmente nosotras, decidió que era mucho mejor para lo que él quería comunicar, directamente grabarnos sin ningún tipo de guion, espontáneamente que le fuéramos contando nuestras vidas. Y una por una le expusimos cómo vivíamos, de qué vivíamos y qué hacíamos y así fue como resultó ‘Vestida de azul’, en el 1981 la grabamos, luego se dio a conocer en el 82 y en el 83, es cuando llegamos al Festival de Cine de San Sebastián.

P. En el documental se da a entender que las opciones que teníais las mujeres trans en esa época se reducían a trabajar en el mundo del espectáculo o ejercer la prostitución. ¿Crees que ha habido una evolución real en este sentido hasta el momento actual? ¿Tenéis ahora más opciones económicas y sociales? ¿cómo lo has vivido tú?

Verdaderamente, en aquellos tiempos no teníamos opción a nada. Como bien digo en todos los reportajes que hago, quien vale para artista puede también valer para la prostitución, por supuesto, eso depende de las necesidades de cada uno. No teníamos otra opción de vida que la del espectáculo o la de prostituirnos.

Cada una adoptaba una manera de vivir, dependía de su condición. Muchas personas valen para ser artistas y no valen para ser prostitutas, y muchas prostitutas no valen para ser artistas. La profesión de prostituirse es un poquito dura y muy difícil, y sigue estando muy mal mirada por la sociedad, pero no dejo de puntuar que para mí es un trabajo cotidiano, es un trabajo sexual, nada más, no tiene nada que ver ni con el amor, ni con ese tipo de historias normales y cotidianas de un ser humano hacia otro. La prostitución es simplemente un trabajo: lo hemos hecho por necesidad, no se nos daba un trabajo en ningún sitio.

P. ¿Qué opinas de la Ley Trans aprobada en febrero de 2023? Especialmente, ¿cómo valoras que la Ley Trans de 2023 eliminara la obligación de informes médicos para llevar a cabo la operación de cambio de sexo?

Yo creo que un cambio de sexo es algo que debe estar bajo vigilancia médica, por supuesto, para que vean que esa persona que se decide a tener un cambio de sexo, que lo haga correctamente y después no tenga ningún tipo de problemas mentales ni cosas por el estilo. La edad, verdaderamente yo creo que uno debe tener un conocimiento mínimo de lo que quiere hacer, que a las personas tan jóvenes se les vaya instruyendo y se les vaya ayudando con documentos y cosas por el estilo me parece muy bien, y si las familias aceptan el ir hormonándolo o hormonándola, porque ahora, gracias a Dios hay mucha visibilidad también de chicas que ahora son chicos, me alegro, ya era hora que también se visibilizaran, todas juntas somos más fuertes.

Y sobre la Ley Trans, creo que es un apoyo maravilloso para todas nosotras que los médicos te puedan recetar hormonas, que nos traten como nos sentimos; ya no digamos mujeres, porque mujeres se nace, pero al menos que nos traten femeninamente y nos ayuden como debe ser. Y verdaderamente, si pides ayuda ahora mismo, hay ayudas económicas en el país, por ejemplo, a las personas que ya tienen una edad, y las universidades ya tienen más capacidad para entender y tratar a las personas trans y darles la posibilidad de estudiar. También hay trabajos en los que hoy por hoy, gracias a Dios, ya se nos acepta.

sábado, 1 de julio de 2023

#hemeroteca #trans #testimonios | Nacha Sánchez, trans de ‘Vestida de azul’, vuelve a la tele con los Javis

Nacha Sánchez //
Nacha Sánchez, trans de ‘Vestida de azul’, vuelve a la tele con los Javis

Alex Ander | El Asombrario, 2023-07-01

https://elasombrario.publico.es/nacha-sanchez-trans-de-vestida-de-azul-vuelve-a-la-tele-con-los-javis/ 

‘Vestida de azul’ (1983), de Antonio Giménez-Rico, ha pasado a la historia como el primer documental español protagonizado por mujeres trans que se estrenaba en salas comerciales. De las seis protagonistas del filme, cuatro de ellas fallecieron en los siguientes años por complicaciones derivadas del sida. Una de las dos supervivientes, Josette, se retiró del espectáculo y en los años 90 regresó a su identidad masculina. La otra, Nacha Sánchez, lleva una vida tranquila en Vigo y acaba de participar en el rodaje de ‘Vestidas de azul’ (Atresplayer), la serie de los Javis que explorará la difícil situación de las mujeres trans en la España de la Transición. Hemos hablado con Nacha (Madrid, 1962): “Estoy dispuesta a aceptar todo lo que me ofrezcan, menos a hacer series sobre guarrerías y putiferios”.

‘Vestida de azul’ (1983) ha pasado a la historia como el primer documental español protagonizado por mujeres trans que se estrenaba en salas comerciales. En un primer momento, su director, Antonio Giménez-Rico, pensaba rodar una película de ficción. Sin embargo, cambió de opinión cuando empezó a documentarse para escribir el guion y comprobó la triste y brutal realidad de las personas trans de la época, quienes, en muchos casos, debido a la escasez de oportunidades laborales, se veían abocadas a la prostitución callejera (o, en el mejor de los casos, el cabaré, donde los empresarios de las salas de fiesta que las contrataban buscaban exhibirlas como fenómenos de feria).

«Esta película la hice con mucho amor», contó luego el cineasta en el libro ‘Vestidas de azul’ (Dos Bigotes). «Es un mundo que nada tiene que ver conmigo, pero no se juzga a nadie. En un principio podría haber tenido morbo, pero luego la ves y no hay morbo alguno. Se presenta una realidad, esos chicos que deciden ser chicas con todas sus complicaciones. Mi acierto fue no hacer una película moral, sino una película documental».

De las seis protagonistas del filme, que se estrenó en el Festival de Cine de San Sebastián y funcionó bastante bien en taquilla, cuatro de ellas fallecieron en los siguientes años por complicaciones derivadas del sida. Una de las dos supervivientes, Josette, que frente a la cámara protagoniza un curioso reencuentro con quien entonces era su ex mujer en la vida real, se retiró del espectáculo y en los años 90 regresó a su identidad masculina. La otra, Nacha Sánchez, lleva una vida tranquila en Vigo y acaba de participar en el rodaje de ‘Vestidas de azul’ (Atresplayer), la serie de los Javis que explorará la difícil situación de las mujeres trans en la España de la Transición. Hemos hablado con Nacha (Madrid, 1962).

¿Tuviste dudas a la hora de aceptar aparecer en la serie de los Javis?

No, ninguna. Sucedió de la mano de Valeria Vegas, con la que participé en la semana del Orgullo en Pontevedra. En un principio, los Javis no me querían, porque me quisieron dar un papel para hacer de puta en el Parque del Oeste en ‘Veneno’ y les dije que no. Cuando empezaron a buscar gente para su nueva serie, Valeria les dijo que yo debía estar en ella. Me llamó un día Javier Ambrossi y me invitó a viajar a Madrid para conocernos. Cuando me presenté allí, las guionistas me hicieron una prueba. A mí no se me da bien la lectura, pero me dijeron que tanto ellas como Valeria me querían en la serie, y que tenía que estudiar el guion, aunque luego no lo siguiera al pie de la letra. A partir de ahí, se portaron muy bien conmigo: me dieron dinero para mis gastos, me pagaron hoteles y me llamaron varias veces. En una de las llamadas, me explicaron que Penélope Guerrero iba a hacer de Nacha en la época de 'Vestida de azul'. La chica exigió conocerme antes de firmar su contrato, así que volví a Madrid para ello. Ahí ya les pregunté si realmente pensaban contratarme o solo me querían para que les diera información de cara a la escritura del guion. Al rato, el principal productor me llamó y me dijo ‘Mira, Nacha, yo no tengo un papel en la serie para ti, pero sí te ofrezco una colaboración especial y un capítulo entero’. Es cierto que yo salgo solo al final, pero realmente aparezco en toda la serie, porque esa chica que hace de mí está representando mi vida.

¿Y cómo ha sido el rodaje?

Al final han sido 15 sesiones, más tres especiales que se han grabado. Me pagaron un dinero bastante considerable y me han tratado divinamente, aunque no me ha gustado mi vestuario en la serie. Decían que, al ser la estrella de la serie, tenía asignado un color concreto. Me tocó el dorado, pero ese es un color que no me gusta para nada.

En su día fuiste amiga de Cristina la Veneno. ¿A ti te pasó como a ella, que durante su etapa como prostituta callejera se ganó el respeto de sus compañeras a base de broncas y alguna que otra hostia?

No, yo nunca me he peleado con nadie. Solamente tuve problemas con la famosa Manola, que me odiaba. El respeto no me lo gané peleando con nadie, sino ayudando a la gente, dando consejos, acogiendo en mi casa a las personas que no tenían dónde vivir… Cristina era muy agresiva. A ella vinieron a agobiarla y atosigarla porque, de la noche a la mañana, se convirtió en una bomba de tía. Encima, ella tenía un carácter muy malo. Se reía de la gente fea y se creía que era la mejor.

A raíz de su muerte, el movimiento asociativo de las personas trans empezó a reivindicar a Cristina, después de haber pasado muchos años rehuyéndola. ¿Entiendes su postura?

Hombre, muy buen ejemplo no daba. Cristina no gusta hoy a todo el mundo. La que gusta es Dana [Daniela Santiago], la actriz que hace de Cristina en ‘Veneno’. Cristina era muy buena persona, pero tenía un carácter terrible. Justo estás hablando con la única persona que nunca tuvo un problema con ella. Los primeros pendientes que tuvo se los regalé yo. Ella no bebía ni se drogaba nada entonces, fue al final de su vida cuando le dio por esas locuras.

Creo que tenías apenas 14 años cuando te escapaste de casa.


¡Tenía 13! Justo ayer lo estaba comentando con mi hermana, que también es una mujer trans y ahora cuida de mi madre, que tiene demencia senil. Mirábamos fotos antiguas y hablábamos de lo diferentes que eran mi padre y mi madre. De niña, me peleaba todos los días con él. Por las noches me escapaba, me iba de petardeo y tenía otra hermana que luego me abría la puerta. Una noche, mi padre me pilló y me pegó una paliza. Después de eso le dije: ‘Bueno, creo que me voy a ir con unos amigos míos de vacaciones’. En realidad, cogí un dinerito que tenía ahorrado y me fui a Barcelona.

¿Con qué apoyos contaste cuando empiezas en Barcelona tu proceso de transición social y modificación corporal?


Al principio fui con unas personas a un hotel y, cuando me vine a dar cuenta, todas ellas desaparecieron de allí sin pagar la cuenta. No tenía dinero, pero sí tenía algo de plata, porque entonces me gustaba mucho, así que tuve que venderla para poder pagar la cuenta del hotel. Después me tiré a la calle para ver qué hacía o qué no hacía. Ahí me encontré con una mariquita de Huelva, Toñi ‘la Pómulos’, que me vio sentada en un banco y me preguntó qué me había pasado. Me dijo que me fuera con ella a su casa, donde vivían cuatro o cinco chicos que por las noches salían a prostituirse por el Boulevard Rosa de Barcelona. Un día me fui con ellos, pero no conseguí ningún cliente vestida de hombre. Pasaron dos o tres días ayudándome y luego, una noche, me picó la curiosidad y me asomé a una calle que había por delante para ver por qué pasaban tantos coches por ahí. Me encontré en la puerta del hotel Calderón con una mujer enorme, vestida con un abrigo de piel, que empezó a hablar conmigo. Me dijo: ‘Lo que tienes que hacer si te sientes más chica que chico es esto, y si quieres venirte por aquí, te echaré una mano’.

Esa misma noche, cuando ya me iba para casa, encontré en un contenedor de basura unos zapatos y un vestido, y los cogí. Al día siguiente les dije a los chicos con los que vivía que iba a salir con ellos, pero que esta vez me iba a poner a trabajar con aquellas chicas, que yo ni sabía que eran travestis o trans. Así fue como empecé en la prostitución, con 13 o 14 años. No podía vivir del aire, y no encontré otro medio. Entonces ganaba dinero y todo era barato. Recuerdo que pagaba 80 o 90 pesetas de pensión más 150 pesetas de comida, pero que igual conseguía hacer 10.000 o 15.000 pesetas trabajando.

¿Tu familia sabía a qué te dedicabas?


Sí. Mi familia lo sabía perfectamente. No lo aceptaban, porque eso no lo acepta nadie, pero tampoco me lo criticaban. Procuraba además hacerlo discretamente y, de hecho, pasé muchos años viviendo fuera. Cuando vivía en Madrid, tenía primos taxistas que le decían a mi padre: ‘Uy, hemos visto a tu hijo vestido de mujer en la calle’, y otras cosas así, por lo que decidí quitarme de en medio. He estado viviendo en Italia, Francia, Suiza, Alemania, Austria... Me lo he recorrido todo.

¿Y dónde dirías que has sido más feliz?

Ay, no sé. Creo que aquí, en Vigo, porque es donde mejor me encuentro. En todos los sitios en los que he vivido ha habido muchas drogas, mucho alcohol y mucho vicio. En esta ciudad, a la que ya vine hace 40 años para trabajar en un espectáculo, la mentalidad de la gente es muy abierta. Los gallegos son los primeros que han viajado por el mundo y lo han visto todo.

¿Qué relación has mantenido tú con el alcohol y las drogas?

¡Yo me he drogado como loca y he bebido como loca! Pero ya hace como cinco o seis años que dejé de hacerlo. Vendí un piso que tenía en Madrid para poder operarme del pecho, porque lo tenía muy duro y resulta que por dentro estaba con necrosis. Si no me lo llego a cambiar entonces, hoy estaría muerta. El médico tuvo que arrancarme la silicona de los huesos y aquello me dejó destrozada. En ese momento decidí que no iba a volver a meterme una raya ni a beberme un whisky. Ahora, cuando bebo, me pongo malísima y me da como asco. Cuando me meto una raya, tengo la sensación de que ese pecho que el médico me arregló como pudo se me va a salir de su sitio.

Además, me he hecho mayor. Ahora soy muy casera, me gusta hacer mi comida, ir a hacer la compra y estar tranquila. Como he conseguido tener una buena pensión, tengo un dinero guardado y además hago muchas cosas, no necesito salir a la calle. Además, salir solo sirve para discutir con las demás ‘maricas’, porque el alcohol y las drogas siguen existiendo y la que no los toma se siente desplazada. Por otro lado, la prostitución callejera murió a raíz de la pandemia. Ya no hay trabajo y, sinceramente, para salir a ganar 20 euros, prefiero administrarme un poco mejor y no hacerlo.

¿Pasaste mucho miedo durante tus comienzos en la calle?

No, porque yo entonces era tan atrevida como lo soy ahora. A mí me echaban de todos los sitios, porque no tenía tetas (me ponía unos calcetines) y no te puedes ni imaginar lo guapas que eran las transexuales que había en esa época en Barcelona. Luego, poco a poco, fui haciendo amistad con una y con otra. No he pasado miedo nunca en la calle, aunque sí me han pasado muchas cosas. Me han robado, me han puesto una pistola en la cabeza, y hasta me han llevado en el coche a un lugar en el que había tres o cuatro hombres más que han hecho conmigo lo que han querido y luego no me han pagado.

¿A qué se debe tu mote ‘la Poderosa’?

Ese mote me lo pusieron estando ya en Madrid, donde empezaron a llegar muchas chicas de las Canarias, que tienen otra forma de hablar. Cuando acabábamos de trabajar, nos íbamos a cenar o a la discoteca. Allí sacaba el dinero de mi cartera y me ponía a frotarlo mientras decía: ‘¡Qué poderío!’, y ahí es cuando las otras empezaron a llamarme ‘la Poderosa’. Luego, además, soy una tía que ha ganado mucho dinero y que ha guardado mucho también. Igual me compraba un bolso bueno y me quedaba luego sin comer. Tuve buenas joyas, buenas pieles y apartamentos divinos. Ahora no, ahora vivo de alquiler, porque cuando me operaron de la uretra tuve dificultades y necesité vender para no tener que pedir nada a nadie.

¿Cómo apareció en tu vida Antonio Giménez-Rico?

Apareció porque, cuando trabajaba como prostituta, hice un reportaje para televisión titulado 'Alma de mujer' que él vio. Me reuní con él y con otro productor, me dijeron lo que estaban preparando y les dije que sí. Luego conocí muy bien a Giménez-Rico, que conmigo fue el hijo de puta más grande del mundo. A nosotras no nos quería, para él éramos un negocio. Nunca me he llevado bien con él. Cuando presentó el libro de Valeria Vegas con ella, dijo que yo pasé de ser un ser humano tranquilito y normal a convertirme en un monstruo de la cirugía estética y de las joyas. Nunca le caí bien, porque soy muy descarada y si hay algo que no me gusta, lo digo.

Por ejemplo, en la serie que acabo de hacer, tuve que pasar 14 horas rodando una de las secuencias. Cuando me enseñaron los zapatos que tenía que llevar puestos, les dije que no rodaba así, porque necesito llevar algo con lo que me sienta cómoda. Querían que saliera al lado de las otras chicas, que miden 1,80, con unos taconcitos bajos, dando el aspecto de señora mayor que trabaja de puta callejera y está ya como acabada. Podré tener 60 años, pero me gusta ponerme zapatos con tacón de 18 centímetros y me muevo divinamente con ellos. Los de vestuario lo consultaron y lo acabaron entendiendo. Al final salgo con unos tacones que me permiten estar a la misma altura que las demás. No hay dinero suficiente para que alguien me diga lo que tengo que hacer.

¿Desconfiaste en algún momento del resultado final del documental ‘Vestida de azul’?

Sí, siempre dudé. El día que la vimos por primera vez, en San Sebastián, lloré y me asusté. Nada más empezar el documental, se nos ve pegándonos con la policía. Mi vida tenía que continuar, y yo debía seguir acudiendo a esos mismos sitios en los que había rodado el documental. Me daban miedo las represalias, que pudieran pasar por mi lado y pegarme un tiro en la cabeza por haber hecho aquello. Recuerdo que un día aparecieron dos coches llenos de gitanos que se bajaron y me preguntaron dónde estaba Tamara. Les dije que no lo sabía, y uno de ellos comentó a otro: ‘Pues córtale los huevos a este maricón’. El documental era tremendo. Tanto, que al cabo de seis meses dejó de poder verse.

‘Veneno’ cosechó un gran éxito a nivel nacional e internacional. ¿Estarías preparada para convertirte en una estrella?

Me siento preparada, pero veo un poco difícil que la serie pueda competir con ‘Veneno’. Aunque la idea de todos los productores con los que he hablado es que tiene que superarla. No sé, podría ser. A fin de cuentas, ‘Veneno’ habla de una sola vida, pero ‘Vestidas de azul’ cuenta muchas historias. Aunque ya estoy algo mayor para estas cosas, estoy dispuesta a aceptar todo lo que me ofrezcan, menos a hacer series sobre guarrerías y putiferios. Si es para hacer cosas de ese tipo, mejor que se olviden de mí.

viernes, 12 de febrero de 2021

#hemeroteca #inmemoriam | Muere a los 82 años el director de cine Antonio Giménez-Rico, responsable de ‘El disputado voto del señor Cayo’ y ‘Jarrapellejos’


Muere a los 82 años el director de cine Antonio Giménez-Rico, responsable de ‘El disputado voto del señor Cayo’ y ‘Jarrapellejos’.

El director, expresidente de la Academia de Cine, ha fallecido en Madrid a causa de la covid.
Gregorio Belinchón | El País, 2021-02-12
https://elpais.com/cultura/2021-02-12/muere-a-los-82-anos-el-director-de-cine-antonio-gimenez-rico-responsable-de-el-disputado-voto-del-senor-cayo-y-jarrapellejos.html 

El director de cine Antonio Giménez-Rico ha fallecido este viernes en Madrid a los 82 años a causa de la covid, han confirmado fuentes familiares. Giménez-Rico dirigió algunas de las grandes obras de cine rural-social español. En una entrevista hace seis años a El País, comentaba: “Nunca he hecho las películas que quería sino las que podía aunque, eso sí, nunca las que no quería. De los 17 largos que he dirigido casi todos han sido de encargo”. De esta forma adaptó al cine novelas de Miguel Delibes en 'Retrato de familia' (basada en ‘Mi idolatrado hijo Sisi’), ‘Las ratas’ y ‘El disputado voto del señor Cayo’; ‘Jarrapellejos’, de Felipe Trigo, y ‘Primer y último amor’, de Torcuato Luca de Tena, y alguna vez pudo filmar historias originales, escritas con él o junto a otros. Amante del cine, se hizo muy popular por ser uno de los tertulianos habituales del programa de televisión de José Luis Garci ‘¡Qué grande es el cine!’. Además, presidió la Academia de 1988 a 1992. Y sobre todo, en su obra más personal, destaca el documental ‘Vestida de azul’ (1983), la historia de seis mujeres trans en el Madrid de inicios de los ochenta, una rara avis entre las películas de aquellos años, que tendían al chascarrillo más que al testimonio.

Giménez-Rico nació en Burgos en 1938. Apasionado del cine, nunca pensó en dedicarse profesionalmente a él, porque se sentía un chaval de provincias sin contactos. Hasta que un día, licenciado en Derecho, vio ‘Plácido’, de Luis García Berlanga. “Comprendí que se podía hacer un cine cercano que no tenía que ser como el de John Ford, popular sin ser vulgar, divertido sin necesidad de ser chabacano, crítico sin ser solemne. Así que me fui a Madrid a intentar meterme en el cine. Tenía claro que lo que tenía que hacer era aprender el oficio y traté de meterme en un rodaje”, le contaba en 2015 a Diego Galán. Y empezó en 1963 en ‘Se necesita chico’, de Antonio Mercero. Rápidamente subió escalafones y logró dirigir en 1967 ‘El hueso’, una aproximación burlona al mito del El Cid coescrita junto a, entre otros, José María Otero, y en la que aparecían Cassen, José María Caffarel, Charo López o Alfonso del Real. “Tuve muchos problemas con la censura, incluso me prohibieron rodar en los escenarios naturales para que no se reconociera la historia. La película no fue un gran éxito, pero tuvo una carrera comercial normal y pude hacer la siguiente, ‘El cronicón’”. Tampoco le fue bien con la censura, porque en guion los protagonistas eran los Reyes Católicos, que fueron reconvertidos en condes: “El humor les molestaba y así se lo dije a Berlanga cuando me reprochaba no haber seguido ese camino. Yo estaba de acuerdo en que el humor es un instrumento penetrante e incisivo y que la ironía es el mejor bisturí para analizar la sociedad, pero tuve tantos problemas que decidí centrarme en dramas y melodramas”.

Por eso pasó unos años trabajando en televisión, en series como ‘Plinio’, ‘Crónicas de un pueblo’, ‘Cuentos y leyendas...’ hasta que en 1976 arrancó su carrera cinematográfica más seria con ‘Retrato de familia’. Con ‘Jarrapellejos’ (1988) concursó en la Berlinale y ganó el Goya a mejor guion adaptado, una labor que realizó junto a Manuel Gutiérrez Aragón. Justo ese año comenzó su presidencia de la Academia, que encabezó hasta 1992. Y en 1988 también estrenó una historia más personal, ‘Soldadito español’, coescrita con Rafael Azcona: “Con nadie he aprendido tanto. Su obsesión era construir bien la historia, que las películas tengan una sólida estructura y que la acción vaya en progresión. Es lo que me enseñó. Al espectador hay que entretenerlo con habilidad narrativa”.

Otra de sus historias más especiales la creó en 1983 con el documental ‘Vestida de azul’, cuya producción recordaba así el cineasta: “Al terminar el franquismo empezaron a proliferar espectáculos de transexuales que imitaban a Lola Flores, Sara Montiel y otras estrellas. Había un local, Centauros, al que solíamos acudir directores de cine, escritores y demás gente de la cultura. Nos divertíamos, aunque con cierto respeto. No era como ir al zoo. Yo no conocía nada de este mundo y empecé a preguntarme cuál era el motivo, sociológico o psicológico, que llevaba a estos chicos a complicarse la vida queriendo convertirse en mujeres”. Primero se planteó una película al uso, pero entendió que era mejor dar voz a las mujeres trans que protagonizan ‘Vestida de azul’. “Cada una de ellas ejemplifica un arquetipo distinto y me hubiese gustado encontrar, por ejemplo, a una ingeniera de caminos que fuera transexual, pero no fue posible. Lo que tenía claro es que no quería hacer una película morbosa, ni moralizante, simplemente pretendía mostrar una realidad”, contaba Giménez-Rico hace dos años, cuando se publicó el ensayo ‘Vestidas de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la Transición española’, de Valeria Vargas.

En los noventa buscó abrirse a otros géneros, y además de llevar a la pantalla ‘Las ratas’ (1997), de Delibes, dirigió el drama amoroso ‘Tres palabras’ (1993), con Maribel Verdú, Fernando Guillén y Fernando Guillén Cuervo, que mezclaba años cincuenta y boleros, y ‘Hotel Danubio’ (2003), un ‘thriller’ que también discurre en los años cincuenta. En los últimos años también fue profesor en la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid.

sábado, 30 de marzo de 2019

#hemeroteca #transexualidad #memoria | «Vestidas de azul», la realidad de las mujeres trans hace 35 años

El País / Loren en 'Vestida de azul' //
«Vestidas de azul», la realidad de las mujeres trans hace 35 años
La periodista Valeria Vegas y la editorial feminista y LGTBI recuperan la historia de la descatalogada película.
Carmen López | SModa, El País, 2019-03-30
https://smoda.elpais.com/moda/actualidad/vestida-de-azul-la-realidad-de-las-mujeres-trans-hace-35-anos/

Hace 35 años las salas de cine españolas proyectaron un atrevido documental titulado ‘Vestida de azul’. El filme, de Antonio Giménez Rico, exponía la realidad de seis mujeres transexuales en aquella época de la transición, en la que la democracia clamaba una libertad que no llegaba a todos los estratos sociales. Valeria Vegas, periodista y escritora, revisa ahora la cinta con la perspectiva que otorga el tiempo en el libro ‘Vestidas de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la transición española’ (editorial Dos Bigotes, 2019).

El proceso de documentación que la autora llevó a cabo para preparar el libro fue exhaustivo. Además de diseccionar la película y la realidad de sus protagonistas, Vegas hace un recorrido por los derechos y por la representación de las mujeres trans en la cultura española. “Ha sido la tarea más difícil, porque mi misión era averiguar por igual datos judiciales y aspectos cinematográficos. Han sido muchas horas en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional”.

De las seis protagonistas del documental, que llegó hasta el Festival de Cine de San Sebastián, sólo dos continúan con vida: Nacha y Josette. La segunda accedió a hablar con la escritora y contarle cómo recuerda aquella época –la prostitución, el mundo del espectáculo o la Ley de Vagos y Maleantes– y cuál es su situación actual. Vive como hombre y, aunque volvería a aquella época, lo haría con lo que sabe ahora: “Iría a actuar y luego al acabar me desmaquillaría y nadie sabría nada de mi”.

Su caso ilustra bastante bien cómo se utilizaban términos que no definían correctamente la realidad de las personas. ‘Travesti’ se usaba tanto para hablar de mujeres transgénero, como de transexuales o transformistas. Por ejemplo, Josette explica en la entrevista que: “Era travesti, pero no de la forma que lo entendían las demás, sino como parte del transformismo”.

Nacha, por el contrario, no quiso participar: “Contacté con su hermana, para poder llegar hasta ella, pero no obtuve respuesta. Leía mis mensajes y hacía caso omiso. Creo que había cierta vergüenza a recordar aquellos años o reconocer ciertas cosas, como un tabú del que resulta imposible desligarse. Ahora, con la salida del libro, me contactaron, animadas para hablar de ello. No sé si tendrá cabida en una segunda edición”, comenta Vegas.

Estética, sororidad y situación actual
En el volumen se incluyen diversas fotos de las protagonistas. Todas con tacones, pieles y joyas bien visibles. La sororidad no existía (al menos demasiado) entre ellas en aquel momento y sus atuendos ostentosos suplían otras muchas carencias, como expresa Vegas. “Hay que tener en cuenta que algunas de las protagonistas no lograban una estabilidad emocional y el mundo les repetía una y otra vez que eran bichos raros, que no eran dignas de muchas cosas. El mecanismo de defensa ante eso es poder alardear de bienes materiales, de haber alcanzado un estatus y replicar ‘yo seré lo peor, pero llevo ropa más cara que tú”.

Afortunadamente, la transexualidad ha empezado a retratarse mejor en la pantalla gracias a series como ‘Transparent’, de Jill Solloway, en la que el padre de una familia ya pasados los 60 años decide confesarles a sus familiares que se siente mujer. ¿Qué pasaría si el documental de Giménez Rico se estrenase ahora? “Ha envejecido muy bien, porque aun siendo un retrato de una época concreta, sirve para hacerse una idea de cómo vivían, de sus anhelos y tristezas. Hoy en día la reacción hubiese sido todavía más positiva, porque estamos ante una sociedad que, aunque está igual de mal informada, sí tiene una mentalidad más aperturista”.

Las cosas han cambiado para bien desde entonces, pese a que las personas transexuales tienen todavía mucho que reclamar, y su voz se ha hecho muy sonora dentro del movimiento feminista. Para Valeria Vegas: “hay una mayor conciencia porque hay una mayor sororidad, todavía muy reciente, pero que está cogiendo una fuerza maravillosa y necesaria. Lo importante es saber que, vengas de donde vengas, eres mujer. Aunque somos plurales, la lucha es la misma. Si preguntas a los hombres trans te van a reconocer que afortunadamente ellos no viven el mismo grado de discriminación. La mujer trans está doblemente discriminada, a ojos del ignorante ‘eligió ser mujer como una opción perdedora’. Pero, siendo positivas, se ha evolucionado bastante en los últimos años, aunque no hay que relajarse y la lucha continúa”.

domingo, 10 de marzo de 2019

#hemeroteca #transexualidad #memoria | Las otras transiciones de la Transición

Nacha en 'Vestida de azul', de Giménez-Rico, 1983 //

Las otras transiciones de la Transición

Un ensayo indaga en la identidad de la mujer transexual en los años del cambio político a partir del filme ‘Vestida de azul’
Jordi Costa | El País, 2019-03-10
https://elpais.com/cultura/2019/03/08/actualidad/1552042566_429436.html

“Mi vida comenzó a ser una vida moderna, pero muy bonita”, declaraba Josette, mujer transexual que en el Madrid de los ochenta actuaba en salas de fiestas como Centauros, Sacha’s, Gay Club y Minotauro, en un momento del documental 'Vestida de azul' (1983) de Antonio Giménez Rico, perla anómala en el cine de la Transición que, frente a la inercia de los chascarrillos tránsfobos y homófobos que proliferaban en las comedias de la época, marcó la diferencia dando voz a un colectivo silenciado y maltratado. La película de Giménez Rico centra el ensayo 'Vestidas de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la Transición española' (Dos Bigotes), donde la periodista Valeria Vegas no solo se sumerge en la excepcionalidad de esa obra cinematográfica de imponente valor testimonial, sino que la utiliza como punto de partida para rastrear los destinos de las seis mujeres trans que la protagonizaron y, también, analizar el contexto legal, social y cultural que condicionaba las existencias y reivindicaciones del colectivo en esos años.

“Vi por primera vez la película en el año 2006, en una cinta de VHS que había pertenecido a una de sus protagonistas, Tamara, de etnia gitana, y que había heredado una de sus amigas”, recuerda Vegas. “Me pareció muy humana y la película puede incluso resultar divertida si una no sabe lo que viene después: cuatro de ellas fallecieron y tuvieron desenlaces muy tristes, marcados por la enfermedad, la drogodependencia o la exclusión social”. La preparación del libro permitió a la escritora comprobar cómo Wikipedia daba por fallecida a una de las supervivientes, Josette, a quien pudo entrevistar para la ocasión: “Ha vuelto a su género masculino y en su cabeza no ha existido más que el concepto binario. Su figura es una de las más singulares de la película: estuvo casado y Giménez Rico propició un tenso reencuentro entre él/ella y su exesposa que aparece en ‘Vestida de azul’. En los ochenta Josette se consideraba travestí y encajaba en el concepto de transformista, pero, en realidad, hoy sería más bien considerada una persona transgénero o de género fluido: es decir, alguien que se identifica con el otro género, pero no tiene necesidad de manifestarse físicamente en esa identidad. Localicé a uno de sus familiares, creyendo que Josette había muerto, y me quedé en shock cuando me dijo: ‘No, no, mi tía no ha fallecido y ahora ya no es mi tía, es mi tío’. Fue una sorpresa increíble”.

El primer sorprendido de que una película rodada hace 35 años, descatalogada y rara vez emitida por televisión se haya convertido en obra de culto para la comunidad trans es su director, Antonio Giménez Rico: “Al terminar el franquismo empezaron a proliferar espectáculos de transexuales que imitaban a Lola Flores, Sara Montiel y otras estrellas. Había un local, Centauros, al que solíamos acudir directores de cine, escritores y demás gente de la cultura. Nos divertíamos, pero con cierto respeto. No era como ir al zoo. Yo no conocía nada de este mundo y empecé a preguntarme cuál era el motivo, sociológico o psicológico, que llevaba a estos chicos a complicarse la vida queriendo convertirse en mujeres”. En un primer momento, el cineasta pensó en abordar ese universo desde el terreno de la ficción, pero, al empezar a documentarse, se dio cuenta de que lo mejor era dar voz a Loren, Eva, Renée, Nacha, Josette y Tamara, las mujeres trans que, conversando entre ellas en el Palacio de Cristal o mostrando relevantes aspectos de su vida cotidiana, conforman el cuerpo de ‘Vestida de azul’. “Cada una de ellas ejemplifica un arquetipo distinto y me hubiese gustado encontrar, por ejemplo, a una ingeniera de caminos que fuera transexual, pero no fue posible. Lo que tenía claro es que no quería hacer una película morbosa, ni moralizante, simplemente pretendía mostrar una realidad”, subraya el director.

En su libro, que Giménez Rico considera “impecable, serio y riguroso”, Valeria Vegas despeja confusiones terminológicas –“en la película, ellas mismas se consideran simplemente travestis, porque no sabían cómo definirse a sí mismas”-, detalla los grimosos chistes y arquetipos que el colectivo inspiró en la comedia popular española –donde a cada personaje trans se le atribuía un pasado de bombero o camionero, con recurrente mención a su paso por la mili- y, finalmente, a través de los testimonios de la película, aborda un esclarecedor análisis del contexto, hablando tanto de la evolución de las leyes como de la cobertura mediática, con oportunos palos a insensibles artículos de Paco Umbral o García Márquez entreverados de arrogancia patriarcal, sin obviar consideraciones políticas, sociológicas e incluso médicas: “Después de mi documental sobre Manolita Chen, primera transexual española en lograr la adopción de una niña, y de mi biografía de Cristina Ortiz, La Veneno, este libro sobre ‘Vestida de azul’ cierra mi ciclo de reivindicación trans”, apunta Vegas. “Lo que me gustaría abordar ahora son esos personajes españoles insólitos que alcanzaron la fama antes de que la televisión gestionara la celebridad o cuando solo había un canal: figuras como Pinito del Oro, o la Sansona del siglo XX, que también fue médium, grabó un disco en Belter y acabó siendo tertuliana de Canal 9, o el cojo Mantecas, o Carmen Apolo, que fue la vedette de Fuerza Nueva, incondicional de Blas Piñar, al tiempo que actuaba junto a Susana Estrada en el célebre espectáculo del robot, que se estrenó en el Muñoz Seca en 1979”.

Un éxito de taquilla
Presentada el 6 de septiembre de 1983 en la 31ª edición del Festival de San Sebastián, en un momento en que el certamen donostiarra no era competitivo, y programada al mes siguiente en el festival de Chicago, ‘Vestida de azul’ llegó a las pantallas españolas el 26 de enero de 1984 y enfrentó al público con una realidad que solo había nutrido el hambre de morbo de la prensa sensacionalista. Producida por el operador Teo Escamilla, la película atrajo a las salas a 248.081 espectadores, un más que considerable éxito en relación a la modestia del proyecto. "Éramos un equipo de seis personas: Teo, su ayudante, mi ayudante de dirección, el técnico de sonido, el responsable de producción y yo", recuerda Giménez Rico. "Rodamos kilómetros de material, porque era importante que las conversaciones entre las chicas no estuviesen dirigidas". Como toda película de culto, su eco fue creciendo a través del tiempo convirtiéndose en obra de referencia para la comunidad LGTB.

viernes, 8 de marzo de 2019

#hemeroteca #transexualidad #memoria | Las vidas de las mujeres transexuales que se perdieron antes de este 8M

Imagen: Valencia Plaza / Fotograma de 'Vestidas de azul'
Las vidas de las mujeres transexuales que se perdieron antes de este 8M.
'Vestidas de azul: Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la Transición española'. Valeria Vegas analiza cómo la Transición se olvidó de liberar a las minorías y pone en valor las historias humanas que sufrieron la marginalidad.
Álvaro G. Devís | Valencia Plaza, 2019-03-08
https://valenciaplaza.com/las-vidas-de-las-mujeres-transexuales-que-se-perdieron-antes-de-este-8m

Antonio Giménez-Rico quiso hacer una películas sobre mujeres transexuales en 1983, y se encontró con la cruda realidad que mostró en ‘Vestidas de azul’, presentada en el Festival de San Sebastián y que actualmente es más película maldita que de culto. Giménez-Rico se adelantó tanto, con su sensibilidad a la hora de acercarse a las historias humanas que componen el documental, que el cine y la sociedad aún no le ha alcanzado.

La periodista valenciana Valeria Vegas parte del trabajo de Giménez-Rico para analizar el papel que se le dio a las mujeres transexuales en la Transición tanto en el cine como en los medios de comunicación. Su militancia pasa por reivindicar las vidas de las transexuales que tuvieron que pasar por todo aquello que ahora condenamos, y lo hace a través de un exhaustivo análisis titulado ‘Vestidas de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la transición española’, publicado por la editorial Dos Bigotes.

- Antonio Giménez-Rico se arriesga a contar unas historias y de repente se encuentra un realidad que las supera, ¿no?
- Sí, totalmente. Es un documental que se adelantó mucho a su época, en el año 83, cuando había mucho prejuicio y mucha mofa hacia el colectivo transexual en el mundo del cine. Luego eso se convierte en moralina. Y 'Vestidas de azul' no tiene ni una cosa ni la otra. Al final, aunque todas sus protagonistas venían del mundo de la prostitución o del espectáculo, cada una tenía detrás una historia: una luchaba por la integración, otra se resignaba a la exclusión, otra hablaba sin tapujos de la prostitución... Todas tenían mucho que contar aunque fuera de manera velada.

- También es interesante que el propio director, que ya incluyó en un guion anterior el que ha acabado siendo el primer personaje trans del cine español, no compartiera directamente esos conflictos pero sí se quisiera acercar para aprender de ellos.
- Antonio Giménez-Rico no es un director de la rama Eloy de la Iglesia - Almodóvar - Fernando Colomo, que tenían una visión muy moderna y muy de género. En su caso, da la casualidad de que su guion para 'Días de viejo color' pasa la censura y crean ese primer personaje trans del que hablas. Es sorprendente porque muestra una empatía muy interesante sabiendo que su cine no busca ser moderno. Él cuenta que le interesaba mucho contar estas historias porque era muy asiduo a acudir a los shows de transformistas, que era la novedad y todo el mundo del espectáculo acudía a estos.

- A ti te pasa algo similar. Descubres la película cuando te la pone La Veneno en su casa, y de repente te encuentras con una serie de historias que en parte también te explican a ti.
- Esa película sabía que existía, pero no había manera de verla. No está editada en DVD ni en ninguna plataforma online. A pasado de presentarse en el Festival de San Sebastián a ser una película maldita. Yo no la pude ver hasta 2006, cuando La Veneno, que la tenía en VHS, me dijo que era extraordinario. El primer visionado me dejó muy impactada por su realismo. Ya cuando se estrenó emocionó mucho tanto a sus protagonistas como al público en general, ese punto de verdad que tiene hace que no haga falta ser transexual para empatizar con ella.

- ¿Qué ha significado a nivel personal esta investigación a partir de la propia película?
- Me ha llevado muchísimo trabajo este libro, porque llegar a las protagonistas y a sus familiares ha sido una labor de busca y captura. Luego, la película nos plantea ahora cómo se ha tratado en el cine y el periodismo algo tan humano como la transexualidad.

- ¿Y qué has descubierto? ¿Cómo te has sentido?
- Mientras escribía el libro, estaba casi sumida en una depresión al ver lo gris que eran las cosas en esa España. No eres consciente hasta que te pones a investigar y te topas con los artículos tránsfobos y los titulares sensacionalistas. Al final llegué a la conclusión de que la Transición Española fue muy liberadora para las mayorías, pero para las minoría no había ni libertades ni concesiones. Para los cis género heterosexuales, el derecho al divorcio fue un gran avance, pero hasta el año 83 todavía era delito la operación de reafirmación sexual y existía la Ley de Desorden Público que permitía detener a estas mujeres de manera arbitraria.

- Una de las situaciones de la película que muestra como una de las mujeres tiene problemas incluso con su DNI...
- Sí, una de ellas cuenta como llevaba ocho meses sin DNI porque la policía se lo había roto. Y leyendo entre líneas, tenía la intención de silenciar y oprimir la identidad de una persona. De hecho, murió sin un carnet ajustado a su identidad, murió hombre porque no conoció la Ley de Identidad de Género en 2007.

- ¿Tienes las sensación de que, cuando se habla de la transexualidad, se 'deja hacer', que es algo diferente a 'empatizar'?
- Sí, es cierto que ese dejar estar no sirve en términos prácticos. La empatía no puede llegar si ni siquiera entiende la diferencia entre condición sexual (de quién te enamoras) e identidad sexual (quién te sientes). Por eso, en la primera parte del libro, me dedico a hablar de terminología y de cómo han ido evolucionando las leyes... Actualmente sufrimos más por ignorancia que por falta de empatía. Hasta hace poco, para la sociedad, un transexual era un homosexual más radical.

- En los últimos años, con la nueva ola del feminismo, se ha avanzado en la reivindicación de la mujer cis pero se está pasando por alto que la revolución y el cambio tiene que ir mucho más allá, ¿no?
- Totalmente. La mujer transexual está doblemente discriminada, primero como mujer y segundo lo ha elegido, y la sociedad lo traduce como si fuera un castigo voluntario. Hay un modelo de mujer transexual muy parcial que ha legitimado el cine pero la gente ahora no cree que haya pluralidad en nuestra condición.

- Estos personajes de los que hablas están muy ligados a la comedia, que de manera natural estereotipa. En la balanza entre la libertad de expresión y la responsabilidad de lo que refleja el arte, ¿hacía dónde habría que recaer?
- Hasta hace cinco años, los medios masivos no tenían una ética deontológica para las noticias sobre transexualidad, y el cine no hace tanto que ha empezado a construir personajes con cierta profundidad. Esto hacía que la gente empatizase porque se mostraban payasos.

- Ahora estamos en otro momento: ‘Girl’ de Lukas Dhont es un buen ejemplo de ello. Han cambiado los códigos y las sensibilidades.
- También 'Una mujer fantástica' y otras, eso es un avance. Pero hemos llegado a esta situación a cambio de 35 años de silencio y maltrato. No podemos ser pesimistas y pensar que no hemos evolucionado, pero yo quiero contar también las historias de las víctimas, las que no han disfrutado estos cambios. Mi lucha es esta.

- La transexualidad no escapa de los roles de género que se han construido desde la sociedad patriarcal...
- Así es. Las personas transexual no dejan de formar parte de la sociedad imperante. Lo que es femenino y lo que no: hay quien considera que ser rubia es más femenino que ser morena, por poner un ejemplo absurdo y frívolo. Un tacón o la longitud del pelo no determina el grado de feminidad.

- Tu anterior libro fue una biografía de La Veneno, también has hecho un documental sobre la primera madre transexual que consiguió adoptar en España... ¿Vas a seguir este camino de reivindicación personal?
- Con este libro cierro la trilogía y prefiero centrarme en otras cosas. No descarto volver porque es un tema que aún tiene que estudiarse.

- Aunque tú descanses, ¿piensas que hace falta seguir contando historias? ¿Qué asignaturas pendientes tenemos los medios de comunicación?
- El problema es que cuando los medios se centran en una única historia, como el caso reciente de la Miss Universo, como si fuera algo único. Se debería hablar constantemente de deportistas trans, abogadas, farmacéuticas... Las hay, las conozco. Y no por ser farmacéuticas, sino porque estas personas han tenido que llegar a una facultad e integrarse en un trabajo. Hay muchas historias más allá del debate de la belleza. También falta reivindicar este pasado que muestra el libro y el documental ‘Vestida de azul’.

lunes, 25 de febrero de 2019

#libros #transexualidad #memoria | Vestidas de azul : análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la Transición española

Vestidas de azul : análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la Transición española / Valeria Vegas.
Madrid : Dos Bigotes, 2019 [02-25].
296 p.
ISBN 9788494967412 / 19,95 €

/ ES / ENS
/ Antonio Giménez-Rico / Cine / Espectáculos / Exclusión social / Mujeres trans / Prostitución / Represión / Transexualidad / Transfobia / Transición

‘Vestida de azul’ de Antonio Giménez-Rico fue el primer documental español protagonizado por seis mujeres transexuales que se estrenó en salas comerciales. Hoy, 35 años después y con la perspectiva que da el paso del tiempo, la periodista Valeria Vegas analiza cómo los medios y el cine abordaban la transexualidad en una época verdaderamente hostil para un colectivo tan expuesto como minoritario. A través de las circunstancias que rodearon a Eva, Loren, Tamara, Josette, Nacha y Renée, la autora indaga en aspectos como la prostitución, el espectáculo, la exclusión social o las leyes opresoras. Sus vidas son también las de otras muchas mujeres para las que no siempre la democracia fue sinónimo de libertad.

En 2019 se cumplen 35 años del estreno comercial de 'Vestida de azul', documental de Antonio Giménez Rico que trataba desde un punto de vista alejado del sensacionalismo las experiencias vitales de seis transexuales en la España de principios de los ochenta. Presentado en el Festival de Cine de San Sebastián, el filme ha adquirido el estatus de título de culto y es un testimonio imprescindible para entender cómo se vivía la transexualidad en los tiempos de la Transición. En este libro, la periodista Valeria Vegas investiga, a través de entrevistas con las supervivientes, sus familiares y el director del documental, qué sucedió con estas mujeres. Así mismo, traza un completo panorama de cómo ha evolucionado la percepción de la transexualidad en nuestra sociedad en las últimas décadas.

lunes, 19 de septiembre de 1983

#hemeroteca #travestis #cine | Giménez-Rico ofrece en 'Vestida de azul' la superficie de los travestidos

Giménez-Rico ofrece en 'Vestida de azul' la superficie de los travestidos
Ángel Fernández-Santos | El País, 1983-09-19

https://elpais.com/diario/1983/09/19/cultura/432770407_850215.html

Todavía no se han acabado los ecos del oportunista, falso y rebuscado escandalillo de ‘El pico’, de Eloy de la Iglesia, cuando ayer casi se nos vino encima otro, ciertamente no tan oportunista y mucho más comedido, con ‘Vestida de azul’, de Antonio Giménez-Rico.

Si en ‘El pico’ se intentó teñir de rojo un duro asunto de color verde-moneda, en ‘Vestida de azul’ esta relación casi se invierte y el verde de fondo acaba en rosa pálido.

Dijo Giménez-Rico que su película es o quiere ser "distinta", pero no hay tal. De hecho, se trata de un tipo de película ya bien historiada y generalmente con malos resultados, un híbrido de ficción y de documental, mitad psicodrama y mitad reportaje periodístico filmado. En la lejana y desastrosa experiencia francesa del ‘cinema verité’ hay bastantes ejemplos cercanos a este filme supuestamente "distinto", que a la postre resulta tópico de puro sabido. ‘Vestida de azul’ es un reportaje a seis bandas sobre otros tantos travestidos que se ganan la vida actualmente en Madrid con la prostitución y el cabaré. Se trata, por tanto, de la descripción de la epidermis de una epidermis; todo un ejercicio de superficialidad, que de ninguna manera aborda el fondo de este lado extremo de la homosexualidad. Se limita a rozar una de sus orillas.
Seis historias

El filme, como casi todos los que se hacen sin guión previo, adolece de una estructura confusa y cierta forma de plasta. Dijo Giménez-Rico que en su intención estaba, al contar con mucho celuloide negativo rodado, "extraer los momentos que de cuando en cuando surgían vivos y verdaderos" para membrar alrededor de ellos las seis historias entrecruzadas que componen la película. Este método, que sin duda aplicó, es el que mejor enuncia la superficialidad del resultado, pues los momentos elegidos por Giménez-Rico como más "vivos y verdaderos" se limitan a ser los más divertidos y resultones, es decir, aquellos en que los travestidos sueltan sus mejores gracias, que a veces las tienen. Y la pretendida indagación sobre una de las cunetas de la marginación española se quedan en una trivial colección de ‘sketchs’, a veces puros chistes verbales, sobre el tradicional salero del arquetipo del humor del mariquita. Nos reímos, porque tiene gracia, del relato del servicio militar en Tarifa del travestido Lorenzo Arana, pero en nada penetramos en las luces y la oscuridad de la patética existencia de este hombre en su inútil pasión de ser mujer.

Se trata de un asunto muy difícil observado con mirada facilona. ‘Vestida de azul’ es sólo la piel de unas vidas y no su carne y menos su esqueleto.

Salva a la película la mayor o menor fortuna y desgarro de los tipos, pero nunca los trasciende. Todo lo contrario, el filme se queda más cerca de ellos. El mismo travestido que narró su pintoresca aventura en Tarifa desarboló sin proponérselo el filme en la conferencia de prensa que siguió a la proyección: "Me gusta la película, pero me gustaría hacer otra más fuerte". Un tema duro abordado con ostensible blandura. 

Otros filmes
Mientras tanto, a la espera de las películas de José Antonio Zorrilla, José Sacristán, Miguel Hermoso y Alfonso Ungría, otros filmes procedentes de otros países van desfilando sin pena ni gloria, como el húngaro ‘Szerencses Daniel’, de Pal Sandor, que es un ejercicio de higiene mental para uso exclusivo de húngaros, y el norteamericano de similares características ‘I Am the cheese’, dirigido por el viejo productor y nuevo director Robert Jiras.El buen reparto de esta película, en la que vemos las conocidas caras de Robert Wagner, Hope Lange y Don Murray, no le salva de la insignificancia.

Por su parte, la vida mundana del festival transcurre este año con mucha más austeridad que en ediciones anteriores. Como todo el País Vasco, el festival de San Sebastián se aprieta el cinturón, y no se ven por ninguna parte los antiguos derroches inútiles.