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martes, 4 de marzo de 2025

#hemeroteca #heterocuriosidad | Armie Hammer comparte la experiencia sexual que tuvo con un hombre

Armie Hammer comparte la experiencia sexual que tuvo con un hombre
El actor volverá al cine tras el escándalo que le acusaba de prácticas sexuales abusivas y canibalismo
Marina Ortiz Cortés | ABC, 2025-03-04
https://www.abc.es/gente/armie-hammer-comparte-experiencia-sexual-hombre-20250304164227-nt.html

Armie Hammer //
Armie Hammer está intentando volver a su lugar en Hollywood. A través de un pódcast que está grabando en su pequeño apartamento, el actor intenta lavar su imagen sin guardarse ni un solo detalle de su vida pasada. Ya ha respondido a las acusaciones de canibalismo, de su gusto por el BDSM y ahora ha desvelado algo nuevo sobre sus preferencias sexuales.

En el episodio número 119, Armie Hammer habla con la coach de salud Dani Cruz para conversar acerca de las adicciones a las sustancias a las que se ha enfrentado, así como otras disfunciones. Entre ellas, la adicción al sexo que le hizo plantearse en algún momento si quizás tenía interés en probar diferentes experiencias.

«Intenté liarme con un tío una vez», comenta Armie Hammer durante la conversación porque sentía que «las mujeres son lo peor» y que «los hombres gays lo tienen muy fácil». No solo eso, sino que puso de ejemplo una situación, que no queda claro si es una experiencia vivida o una idea de lo que podría pasar. «Estoy en un restaurante y mi móvil se enciende y es Grindr, alguien me está diciendo que está en el mismo sitio y que si quiero una felación en el baño. Y dices 'hey, chicos, vuelvo en cinco minutos'», comparte. Nada que ver con lo que interpretó en la película 'Call me by your name', junto a Timothée Chalamet.

Así que pensó «a lo mejor esto funciona para mí», y tomó la decisión de dar el paso. «Me acuerdo de que conocí a este hombre, francés, era guapo, y pensé que podía funcionar«, recuerda Armie Hammer. Eso sí, no expresa en ningún momento cuándo ocurrió esta historia. «Me acuerdo de que empezamos a liarnos y recuerdos pensar 'ugh, Dios, barbas. Ahora entiendo por qué a las mujeres les gusta cuando te afeitas. Esto es duro, ¿cómo lo hago?'».

«Y recuerdo que le abracé y me di cuenta de que tenía los hombros muy grandes, era muy grande y casi de mi altura, y que era muy raro», añade. «No me hizo sentir nada físicamente, absolutamente nada. Ni siquiera una contracción nerviosa», comenta Armie Hammer con total naturalidad. «Sin embargo, no puso fin a lo que estaba ocurriendo hasta que el hombre quiso tocar su «pene flácido». «No va a pasar, lo siento mucho. Le dije que tenía que parar ahí», finaliza la historia.

Otras confesiones impactantes
Por lo tanto, Armie Hammer confiesa haber probado suerte con los hombres, pero finalmente se dio cuenta de que era heterosexual y no tenía interés en seguir explorando. Hablando sobre las mujeres y su relación con determinadas personas ha admitido en varias ocasiones que no está orgulloso del comportamiento que tenía. En el pódcast de The Louis Theroux Podcast confesaba recientemente que había sido un «cabrón».

«Solía conquistar a alguien, hacerle 'love bombing' (manipular a alguien mostrando un amor desproporcionado) y luego dejarle tirado y pasar página. ¿Es un comportamiento de cabrón? Absolutamente, no hay manera de justificarlo», le comentó al presentador del espacio. Según explicaba, esa clase de acciones, el «usar» a gente, le hacía sentirse mejor.

A principios de febrero, Armie Hammer volvió a causar impacto entre sus seguidores al admitir que había comido el corazón aún caliente de un animal. «No te comes el corazón entero, una de las tradiciones es que le das un mordisco», reveló en su propio pódcast. Además, señaló que era «un rito de entrada a la caza» y que «todo el mundo» que conoce habría hecho algo parecido en su primera vez cazando.

miércoles, 15 de enero de 2020

#hemeroteca #television #heteronorma | La isla de la heteronorma

Imagen: Pikara / Grabación de 'La isla de las tentaciones'
La isla de la heteronorma.
El programa ‘La isla de las tentaciones’ es un catálogo de toda la mierda que nos tragamos en nombre del amor romántico y la heterosexualidad cuando los medios de comunicación son el embudo.
Irantzu Varela | Pikara, 2020-01-15
https://www.pikaramagazine.com/2020/01/la-isla-de-la-heteronorma/

Mónica Naranjo ha devenido en presentadora y está -espero que peleando contra la vergüenza ajena- lidiando con un programa, ‘La isla de las tentaciones’, de esos en los que ponen a un montón de gente que se cree muy lista -porque no lo es- y que se cree muy guapa -porque cree que es lo que importa- en los que la edición de los vídeos permite fingir que estás presenciando historias con el más mínimo interés, cuando estás presenciando el anodino espectáculo de la estupidez humana.

La fórmula es sencilla: cinco parejas “ponen a prueba” su relación, permaneciendo separadas unos días, en una villa caribeña, con un grupo de personas que pretenderán tentarlas. La gracia está en presenciar cómo se tambalea o se consolida la fortaleza de las parejas. O eso parece.

Pero este programa de mierda es un gran cañón de mierda heteruza y reproductora de la peor mierda del “romanticismo” (esa cosa que legitima que querer a alguien significa tener poder sobre esa persona y que causa la mitad de los feminicidios).

Y os cuento por qué.

El programa se basa en una serie de dogmas sacados de la manga de la heteronormatividad, según los cuales todo está bien como está y si no has encontrado a tu media naranja que te trate como a una princesa, cambia de frutero, rarita.

Dogma 1. Lo normal es ser heterosexual
Cinco parejas y las cinco son heterosexuales. Que es casi de agradecer, si lo pienso, porque en estos programas, en las pocas ocasiones en las que aparecen personas que muestren la mínima disidencia sexual suelen ser clichés que cumplen con los estereotipos que asustan a los heteros, pero aspiran al mismo tipo de relaciones que ellos. Maricas y (menos) bolleras emplumadas que dan penica y ternurica porque quieren quererse y casarse, como la gente.

Ni por ampliar audiencias se les ha ocurrido meter a alguna tentadora de heterocuriosas entre ellas o a algún tentador de heteroflexibles entre ellos. No vaya a ser que en directo se nos caiga eso de que a la gente normal le gusta la carne o el pescado (las pollas o los coños, vamos).

Dogma 2. Las personas normales son payas y blancas
Entre las veinte personas “tentadoras” hay varias racializadas -pero no mucho- (más entre ellas que entre ellos, ¡oh, sorpresa!) y migradas, por aquello de ponerle un poco de “salsa” y de «exotismo» a las tentaciones. Pero las personas “normales”, esas que han ido al programa a demostrar que El Amor Todo Lo Puede, son bien blancas, bien payas y bien españolas. Como tiene que ser. Y así queda bien clarito quiénes son las personas decentes, las de casarse y llevar a cenar a casa de tu madre, y quienes vienen “de fuera” a quitarnos lo que es nuestro.

Me encantaría escuchar las quejas de las personas que han creado el ‘casting’, protestando porque no tiene nada que ver con el racismo, que salió así, que el público tiene que sentirse identificado, que no ven colores, ven personas. Bueno, no.

Dogma 3. Los cuerpos normales son delgados y musculosos

Poca gente de la que sale en la tele se parece a las personas que andamos por la calle. Pero es que en este programa, los cuerpos son prácticamente idénticos, sin grasa, sin vello, sin cicatrices, sin diversidades, con las curvas obligatorias y los músculos de enseñar. Eso le quita hasta un poco la gracia, porque resulta difícil explicar diferencias evidentes entre esa cuadrilla de guerreras y guerreros de terracota, que parecen haber salido de una “cadena de montaje”. Como si no hubiera gente gorda, baja, con lorzas, con cicatrices, con brazos lacios, con tripa, sin culo, con pieles lánguidas, con pelos, sin pelo, con prótesis, con chepa. (O con tatuajes bonitos, porque de verdad, qué espantos.) Como si esas personas no se enamoraran, no follaran, no pusieran en peligro la pareja de nadie. Como si nadie quisiera verlo.

Dogma 4. Todas las parejas están en peligro
Vamos, que el amor de tu vida y tu media naranja y mi vida comienza cuando te conocí, pero tu proyecto vital está a unos días en un ‘resort’ hortera con un montón de maromos o maromas de irse al carajo. Todas y todos los participantes están con la mejor persona sobre la faz de la tierra, pero se cagan de miedo de pensar que ese ser maravilloso y celestial pueda pasar unos días tomando el sol y mojitos (porque les van a dar alcohol como si fuera una fiesta en mi casa, ya te lo digo) con gente depilada que va al gimnasio y respira.

La pregunta es ¿pero qué hace esta gente en su vida? ¿No viajan sin su pareja? ¿No salen de juerga por separado? ¿No trabajan? ¿No conocen gente por su cuenta?
La respuesta es no.

Dogma 5. La única alternativa a la monogamia es la traición
No he tenido que consultar a mi bola, ni leer a Deleuze, para entender que, si te vas a un programa en el que vas a conocer a gente por separado y eso te parece una prueba para tu amor, te has planteado que, en algún momento, una de los dos se folle a alguien. Y, a la vez, te parece que eso es lo peor que puede pasar. Entonces, ¿para qué vas? Si crees que existe la posibilidad de que alguna de las dos personas rompa con la exclusividad, ¿de verdad crees que la mejor opción es que lo graben, te lo pongan, y a la vez que tú se entere tu prima la del pueblo, tu vecino, y decenas de miles de personas desconocidas?

¿Has oído hablar del poliamor, de la negociación, de las parejas abiertas, de los pactos construidos entre personas que deciden cumplir sólo lo que han elegido prometer? Pareciera que el programa se ha construido sobre la obligatoriedad de la exclusividad sexual. Pero no es verdad. La gracia está en que quienes no tienen pruebas de que su pareja les ponga los cuernos (o -al menos- no las tienen también sus vecinos) se rían de cómo sufren quienes descubren lo idiotas que fueron cuando se creyeron que su amor -el suyo sí- era eterno.

Dogma 6. Los chicos tienen empresas y las chicas, su belleza
Y las chicas tienen 20 y los chicos 30. Ahora que ya se puede decir que esa chorrada de que las mujeres somos de Venus y no entendemos los mapas y los hombres son de Marte y no escuchan es una horterada, también hay que decir que es una perpetuación -velada pero eficaz- de los estereotipos sobre la masculinidad y la feminidad que están detrás de las desigualdades entre mujeres y hombres y, por tanto, de la violencia machista; lo que mola son los mismos estereotipos, pero con flecos nuevos.

Ellas (me refiero a “las otras”, las señoras que han sido seleccionadas para “tentar” a los incautos enamorados) son el ideal femenino: veinteañeras, modelos, ‘influencers’, presentadoras (de programas inexistentes). Mujeres jóvenes, bellas y complacientes. Con profesiones (a veces inventadas) que garantizan que su belleza es incuestionable. O que no tienen muchas más cualidades, quién sabe. Ellos (me refiero a “los otros”, los señoros que han sido seleccionadas para “tentar” a las incautas enamoradas) son el ideal masculino: treintañeros, empresarios, surferos. Hombres maduros y activos. Chulazos que hacen cosas. ¿Qué más se puede desear?

Por si te quedan dudas, varias de ellas dicen “yo soy una princesa” (y no hay constancia de que, por consanguinidad o como consortes, aspiren a ejercer la jefatura de ningún estado anacrónico) y alguno de ellos dice “soy Thor” (y no hay mazo a la vista).

Dogma 7. Una novia es una propiedad, un novio es un premio
Para ver a un hombre heterosexual comportándose como si la mujer con la que comparte proyecto vital fuera de su propiedad, algunas sólo tienen que abrir un ojo por la mañana. Pero, para las que hemos perdido la costumbre de la cohabitación hetero, o para las que nunca la encontraron, resulta chocante ver cómo chavalotes jóvenes, con su crestita y sus ‘tatoos’, hablan como «cromañones» de “sus” mujeres. Esos seres frágiles e inconscientes de su voluptuosidad, como las orquídeas. A las que ellos tienen que proteger, que no cuidar. Es “su” novia y, como decía Pancho en Verano Azul, cuando se enamoró como un quinceañero (que lo era) de Bea, “que ni el viento la toque”. Pues diría que te has equivocado de programa, chato.

Ellas no. A ellas les ha tocado el premio. Ese tío guapo y fuerte y listo (!), que han tenido la suerte de que las elija, es quien las hace especiales, ‘queribles’, importantes, distintas. Y por eso, uno de ellos, diciéndole a su novia la cosa más romántica que le puede decir un hombre a una mujer (que es, precisamente, la mayor mierda patriarcal que te puede decir un tío), va y le suelta: “No tienes rival”. Que, no os confundáis, amigas, no significa que eres la mejor mujer que hay sobre la faz de la tierra, que eso es una cosa que no te crees ni los primeros días, cuando todo es follar y endorfinas y no tienes ni hambre; sino una expresión misógina y antisororidad como pocas, que viene a decir “tú no eres como las demás”. “Las demás”, o sea “las mujeres”, no molan. Pero tú (y mi madre, ningún machista sin su Edipo), sí.

Dogma 8. Las demás mujeres son tus enemigas, sobre todo las solteras
Porque no hay premio para todas, chicas.

Los chicos majos y buenos y limpios y trabajadores y musculados y tatuados y con los huevos depilados no abundan. Aunque viendo este programa, pareciera que sí. Por eso, que todas lo sabemos, que no hay hombres para todas, la vida es una ‘ginkana’ para encontrar un hombre que te elija para que le chupes los huevos depilados. Y, una vez que lo has encontrado, una batalla como la de Beatrix Kiddo (¿cómo?, ¿que no has visto Kill Bill?) para espantar a todas las lagartas que van a hacer todo lo que puedan para robártelo. Y ser ellas las que le chupan los huevos.

Por eso ya casi todas las “legítimas” (las que pueden demostrar, de momento, que han sido elegidas al menos una vez) han dicho, en referencia a las diez mujeres que han sido seleccionadas para tentar a “sus” electores: “No es su prototipo”. Primero, cayendo en ese error de mierda de confundir “tipo” con “prototipo”, como si tuvieran enfrente a Terminator II. Y, segundo, dando a entender que su propio mayor mérito es responder a las expectativas de su elector, construidas antes de haberlas conocido. Y que su mayor miedo es que aparezca otra que las responda mejor. O que cambie las preguntas.

A ver, ¡par favar!, ¡que una de las parejas se conoció porque ella respondió “correctamente” a un cuestionario de “novia perfecta” que el elector había elaborado!

En resumen, aventuro que este culebrón caribeño, sin personas LGTBI, ni gordas, ni modelos de pareja diversos, ni pelos en el cuerpo, va a acabar con todas esas parejas. Y nos va a ofrecer un espectáculo de normalización del control, de la desconfianza, de la falta de empatía y de los celos. Y, cuando las feministas queramos enseñar nuestros cuerpos diversos, quitarnos o dejarnos los pelos, follar con quien y en los marcos que nos dé la gana, nos preguntarán que qué tiene que ver el feminismo con eso.

Irantzu Varela. Periodista y feminista. Coordinadora de Faktoria Lila, presentadora de Aló Irantzu en Pikara Magazine y creadora de El Tornillo en La Tuerka TV y Público. Lo mejor que le han regalado últimamente es una katana.

lunes, 1 de abril de 2019

#hemeroteca #mujeres #heterocuriosidad | Mejor que con ellos: mujeres heterosexuales cuentan cómo es el sexo con otras mujeres

Imagen: El Confidencial
Mejor que con ellos: mujeres heterosexuales cuentan cómo es el sexo con otras mujeres.
Según los estudios, ellas tienen mayor tendencia a excitarse con las de su propio sexo. Unas cuantas féminas cuentan sus experiencias cruzando esa frontera.
A. Nuño | ACV, El Confidencial, 2019-04-01
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2019-04-01/mujeres-heterosexuales-experiencias-hombres_1906842/

El término "pareja", ya sea porque partimos de una historia que puede denominarse como 'heterocentrista' o por condición biológica, siempre parece englobar a un hombre y una mujer. Sin embargo, en la época actual, las etiquetas son esenciales para visibilizar a según qué colectivos. El término 'heterocurioso' es mucho más que una unión de palabras, como demuestra el estudio financiado por Grazia y Onepoll en el que se entrevistó a más de 2000 mujeres entre 18 y 24 años que confesaron que, a pesar de identificarse como heterosexuales, han tenido en alguna ocasión encuentros sexuales con alguien de su mismo sexo.

Con la reciente confesión de la Spice Girl Mel B, que aseguró haber mantenido relaciones esporádicas con Geri Halliwell, otra componente del grupo, la cuestión vuelve a estar en el candelero (o quizá nunca se fue del todo). Otra investigación, en esta ocasión más antigua, realizada en Estados Unidos con cerca de 34.000 adultos, concluyó que el porcentaje de experiencias de mujeres que habían tenido relaciones con alguien de su mismo sexo se duplicó en el periodo que iba de 1972 a 2016.

¿La explicación? Un tercer estudio publicado en el 'Journal of Personality and Social Psychology' decidió llevar a cabo un sencillo experimento: se mostraron imágenes eróticas. Las mujeres que afirmaban ser heterosexuales en realidad mostraban los mismos signos de excitación física cuando veían videos sensuales de mujeres desnudas como lo hacían cuando veían a hombres. El flujo de sangre a sus genitales aumentó y sus pupilas se dilataron. Se concluyó por tanto que las mujeres tienen una sexualidad más fluida que los hombres.

"Siempre he fantaseado con tener sexo con otra mujer pero nunca lo había llevado a cabo", explica una encuestada de 35 años. "Se me presentó la ocasión con un amigo y una chica que este conocía. Al principio estaba aterrada pero, de repente, todo comenzó a fluir. Los cuerpos de las mujeres son más suaves y fue raro tocar otros pechos. Nuestras lenguas también son más pequeñas. Entiendo perfectamente que las lesbianas disfruten tanto con el sexo, nadie conoce el cuerpo de una mujer como otra".

"Mi caso es un poco diferente", explica L. de 31 años. "Fue con mi mejor amiga. Ninguna de las dos encontraba pareja por aquel entonces y teníamos muchas ganas, por lo que se nos ocurrió probar a la una con la otra para poder mejorar dando besos. Era agradable pero cuando finalmente conocí a mi novio no volví a pensar en tener relaciones con otras mujeres. Eso no quiere decir que me arrepienta ni mucho menos, pero era más una manera de practicar que un interés real, de hecho, siempre una de nosotras adoptaba el papel de hombre".

Otra tercera encuestada, S. de 27 años, cuenta su propia historia: "Fue idea de una amiga que es bisexual y quería que fuéramos a una fiesta solo de mujeres. Recuerdo que estaba muy nerviosa y me llamó la atención lo mayores y experimentadas que parecían todas. En un momento dado, decidí marcharme, porque estaba aterrada, pero no sé cómo me quedé observando a dos chicas que se besaban, de una manera magnética e hipnotizante. Acabé teniendo el mejor sexo oral de mi vida, aún no sé bien cómo, pero es algo que recuerdo cada vez que recurro a una fantasía".

jueves, 15 de noviembre de 2018

#hemeroteca #bisexualidad | No eres ni “heteroflexible” ni “heterocurioso”, eres bisexual

Imagen: 20 Minutos
No eres ni “heteroflexible” ni “heterocurioso”, eres bisexual.
Duquesa Doslabios | El blog de Lillih Blue, 2018-11-15
https://blogs.20minutos.es/el-blog-de-lilih-blue/2018/11/15/heteroflexible-bisexual-debate/

Basta con escribir en Google el término “heteroflexible” para que la red nos regale lo mejor del concepto, artículos del estilo “Es posible que seas heteroflexible y no lo sepas” o “¿Cómo saber si tu novio es heteroflexible?”.

Este último me produjo especial curiosidad ya que lo que comenta es que heteroflexible es aquel hombre heterosexual que, siempre de manera puntual, puede mantener relaciones sexuales o afectivas con otros hombres.

Pero, ¿esto no es eso precisamente lo que engloba la bisexualidad?

Parece ser que “bisexual” era un término con el que los hombres heterosexuales no se sentían a gusto a la hora de definir sus paseos por la otra acera.

Independientemente si te has dado una vuelta rápida o si ha sido una buena caminata, de esas de pararte a mirar los escaparates y comprar algo, cambiar de acera, lo que se dice cambiar, has cambiado.

Es como afirmar que por tomar sushi de vez en cuando no se considera que te guste el pescado, o al menos es lo que vienen a decir las palabras “heteroflexible”, “heterocurioso” o “bromance” que se dedican a dar vueltas sobre especificaciones nimias de si a los practicantes les gusta o no la penetración o si no besan pero sí que la chupan.

Una serie de jaleos innecesarios para categorizar algo tan sencillo como es que te puedas sentir atraído de una manera o de otra tanto por hombres como por mujeres (independientemente de los porcentajes o letras pequeñas que quieran añadirle al respecto).

Que surjan palabras para explicar conceptos que no existen como es el caso de 'hater', una palabra que tarde o temprano tenía que llegar a nuestro vocablo, lo entiendo, pero creo que no es el caso de la heteroflexibilidad.

Porque, en mi opinión, el hecho de tener que recurrir a esta palabra para explicar algo que lleva años existiendo es quizás la connotación negativa que pueda tener (todavía) la bisexualidad.

El estigma de que caigan los célebres “maricón”, “bujarra”, “reinona” o cualquier otro apelativo despectivo es demasiado grande.

Y para escapar, por lo visto, no queda más que la opción de inventar algo nuevo que no dañe la virilidad ni la estima de aquellos que se sienten inseguros con su propia identidad creando un término a estrenar, sin un pasado plagado de términos, que, más que seguramente, el propio heteroflexible (bisexual) incluso ha llegado a usar peyorativamente.

Las marcas sacando maquillaje masculino en envases oscuros o los botes de champú en negro o gris son los ejemplos de que, a estas alturas, de la importancia de la masculinidad. Porque todos sabemos que si un hombre se compra un champú cuyo bote sea de color pastel, se le caen los testículos y ruedan irremediablemente hacia el desagüe de la ducha.

Pero tranquilos, es muy español cambiarle el nombre a las cosas. Solo que por mucho que se llame “agresión sexual” sigue siendo una violación y por mucho que te definas como “heterocurioso” sigues siendo bisexual.

jueves, 16 de marzo de 2017

#hemeroteca #travestismo | Travestidos

Imagen: El País / Gay Pride en Ciudad de Panamá, 2013
Travestidos.
El travestismo también supone una tabla de salvación.
Celia Blanco | Mordiscos y Tacones, El País, 2017-03-16
http://elpais.com/elpais/2017/03/13/mordiscos_y_tacones/1489423143_135283.html

Siempre en el punto de mira. Hombres que se visten de mujeres, en público o en la intimidad y que no siempre son aceptados por el resto.

El primer travesti que recuerdo se llamaba Manolito. Era el marica oficial de mi pueblo, Getafe. Tenía un tipo envidiable sobre unas piernas eternas. Gracias a él descubrí lo que eran los vaqueros ajustados de pitillo; los tenía en todos los colores, incluyendo un rosa fresa de escándalo. Durante toda mi adolescencia envidié su estilo al andar meneando las caderas como Marilyn Monroe, a la que emulaba también con su rubia melena de ondas. Siempre con carmín en los labios y máscara de pestañas. La estrechura de mente del pueblo con aspiraciones a ciudad, no impedía que paseara por la calle Madrid con la cabeza muy alta. Manolito era un hombre disfrazado de mujer, capaz de pasear alzado sobre unas botas con tacón, incluso en aquel pueblo plagado de militares y hortelanos venidos a más después de vender las tierras a las fábricas convirtiendo el pueblo en ciudad dormitorio. Manolito sufrió muchísimo: Él se negó a limpiar sus labios de carmín y el pueblo se negó a aceptar que cambiara de envoltorio.

Este es un caso más en los muchos que pueden darse con el travestismo de por medio.

Alexia del Rey es una de las mujeres más femeninas que me he encontrado en mi vida tuitera. Y digo mujer, porque yo la conocí obviando su masculinidad y desestimando también su relación marital y parental. Me fascinó su delicadeza a la hora de abordar temas de sexualidad no convencional, me gustaron las fotografías que colgaba y me abrió en canal su blog en el que contaba lo difícil que le resultaba alejarse de la masculinidad en la que estaba obligada a vivir por haber nacido con un pene entre las piernas.

Alexia se considera la parte femenina de un ser al que no le queda otra que lucir masculino las 24 horas del día. Y es a eso a lo que se resiste, ni mucho menos a ser hombre. Por eso, cuando se queda a solas, cuando es libre, alarga su melena en unos rizos castaños perfectos y se viste con ropa interior de encaje, bragas de mujer que desea y anhela sobre su piel. Maquilla sus labios, sus ojos y se postra ante el espejo para reconocerse, casi mejor, que cuando no le queda otra que llevar corbata e ir a buscar a los niños al colegio.

Alexia se traviste por gusto. Por gusto y por honestidad con ella misma.

El travestismo es también un primer paso de muchas personas transexuales. Vestir y hacerse visibles en su propio género. Quieren que la sociedad los acepte en su verdadera identidad. Siendo mujer, vistiendo como mujer, maquillándose como mujer por mucho que sus genitales sean los de un hombre. En el caso de los hombres transexuales ocurre exactamente lo mismo. Sonia Bouzas, técnica sociosanitaria en la actualidad, fue carne de asfalto comprada al mejor postor y marica de pluma discotequero antes de poder operarse y tener los genitales que le correspondían. El camino ha sido terrible para gran mayoría de estas mujeres transexuales, sobre todo durante el penoso camino de ser hombres travestidos. La tasa de intento de suicidio de personas transexuales es alarmante: 42% en mujeres transexuales y demoledor en hombres travestidos no conformes con su género: 44%. Apabullante las cifras a la que se llega si hablamos de poblaciones alejadas de la gran ciudad. Por ejemplo, las personas transexuales indias americanas llegan al 56%.

El travestismo no siempre es indicativo de una orientación homosexual, por mucho que en muchos casos la corrobore (como con Manolito el de mi pueblo), ni de una transexualidad (caso de Sonia Bouzas). Hay hombres que eligen travestirse siendo heterosexuales y encantados con el sexo que les fue asignado. Ni son hombres homosexuales ni son mujeres transexuales. Son hombres heterosexuales a los que les gusta vestirse de mujer y no siempre su entorno lo acepta. Muchos querrían compartir con sus parejas este momento, poder usar bragas de encaje, corsés y ligueros con sus amantes, casi como un juego que formara parte de los juegos íntimos. Es un fetiche. Y como tal, la pareja puede disfrutarlo. Esto ya sí que es un trabajo de pico y pala en el que no queda otra que tener confianza, aceptar fetichismos ajenos y tratar de sacarle partido a una sexualidad no convencional que pasa por unos amantes que se disfrazan. O hablamos de lo que queremos en la cama o jamás triunfaremos en ella.

Es más que probable que la ínfima posibilidad de considerar que un travesti pueda ser heterosexual, rompa todos los moldes. Pero la cama de cada uno es territorio privado. Más raro me parece que un heterosexual tenga sexo con otro hombre si no es bisexual, como poco, aunque solamente sea por una cuestión de intercambio de fluidos varios. Últimamente no dejo de encontrarme artículos al respecto. Dicen que es por curiosidad. Para mí es miedo a reconocer bisexualidad o incultura. En una sociedad libre nada ni nadie pueden obligarte a acostarte con quien no quieres. No sigan comportamientos sexuales que nadie les obliga a tener. Y si les apetece acostarse con quien sea, háganlo sin excusarse. Un bisexual no turna sus amantes (ahora hombre, ahora mujer), pero si no le excita, no le gusta, no le atrae una persona de su mismo sexo, es difícil que termine en una cama. ¿O también curiosean con el sexo con animales?

No me pidan que me crea que se follaron a una gallina por curiosidad, por favor. Ténganme un mínimo de respeto.

domingo, 19 de febrero de 2017

#hemeroteca #heterocuriosidad | 'Bud Sex': sexo entre hombres que no son homosexuales sólo por placer

Imagen: El Mundo
'Bud Sex': sexo entre hombres que no son homosexuales sólo por placer.
Los miembros de este colectivo no buscan amistad, ni cariño esporádico, ni entablar conversaciones... sólo saciar el apetito sexual.
Diego Bermejo | F5, El Mundo, 2017-02-19
https://www.elmundo.es/f5/comparte/2017/02/19/58a74881e2704ea2488b45bb.html

¿Se pueden mantener relaciones homosexuales sin ser gay o bisexual? Aunque muchos lo consideren imposible, entendiendo la homosexualidad tal y como es definida por la Real Academia de la Lengua Española (RAE), es decir, como la "inclinación erótica hacia individuos del mismo sexo", hay quien sostiene que ni mucho menos lo es.

Esto es lo que reivindica un colectivo, apoyado por la ciencia. Un estudio elaborado por la Universidad de Oregon (Estados Unidos), ha analizado el comportamiento sexual de un grupo de hombres de raza blanca afincados en algunos de los estados más conservadores del país. Los sujetos estudiados se declaraban abiertamente heterosexuales -en muchos casos casados y con hijos- admitiendo al mismo tiempo mantener aproximaciones sexuales esporádicas con otros varones con el único fin de satisfacer así sus instintos más primarios.

Es tras esta investigación cuando se ha acuñado el término Bud Sex (en español, sexo entre colegas). El doctor Silva, al frente de la publicación, explica que, en estos actos sexuales, "los participantes lo interpretan como una ayuda en secreto a un amigo". Además de en ambientes rurales, el otro entorno donde se suelen dar este tipo de prácticas es en las cárceles.

Lejos de lo que pueda parecer, y a pesar de alternar a lo largo de su vida encuentros heterosexuales rutinarios con sus parejas con el ‘Bud Sex’, aquellos hombres que lo practican no suelen sufrir ninguna crisis de identidad sexual a lo largo de su vida debido a cinco factores que, para ellos, les diferencian claramente de los puramente homosexuales y que se también recogían en el citado estudio:

1º.- Ven el ‘Bud sex’ como un entretenimiento, una diversión o un pasatiempo. Los asistentes a estos encuentros no buscan relación personal alguna con la otra parte, ni cariño esporádico, ni una persona con la que compartir una charla de bar.

2º.- Relacionado con el primero, el segundo punto aboga porque en sus gélidos encuentros no hay más deseo que el de saciar el apetito sexual evitando besos, gestos cariñosos y hasta mirarse a los ojos, alejándose de cualquier posible connotación emocional.

3º.- Aún formando parte de sus vidas, estos acercamientos no se producen con una regularidad meridianamente pautada. No tienen por qué ser diarios, ni semanales, si no cuando vuelve el deseo irrefrenable de volver a practicarlo e independientemente de quién sea la pareja de baile.

4º.- Muchas de estas relaciones se desencadenan justo después de una fuerte discusión con sus parejas o cuando los implicados se encuentran bajo los efectos del alcohol y otras drogas.

5º.- Hace referencia al intercambio económico que se produce en muchos de los ‘Bud Sex meetings’ subrayando la ausencia de cualquier ápice de romanticismo en este tipo de desahogos ocasionales. Es un ‘aquí te pillo, aquí te mato’, sin cruce de palabras ni miradas.

Otra publicación, en este caso realizada por Jane Ward, profesora de la Universidad de California, ahonda en la realidad de este colectivo asegurando que sus miembros, a pesar de mantener sexo con otros hombres, "rechazan fuertemente los comportamientos gais", poniendo el acento en lo prosaico de estos desahogos sexuales, cosificándolos y calificándolos en muchos casos como simples "juegos". En estas quedadas no hay sitio para ‘buddies’ mínimamente afeminados.

Unas tesis que, para muchos, no hacen más que confirmar su obsesión por diferenciar sus juegos sexuales de las relaciones homosexuales tradicionales. Algo que les ha valido el calificativo de homosexuales homófobos por parte de miembros de colectivos como el LGTB, quienes creen encontrar en las arraigadas tradiciones socioculturales de muchos de los ‘budsexers’ la raíz del empecinamiento enfermizo en no asumir su verdadera tendencia sexual. Sin embargo, otros como los ‘queer’ ven en su visibilización otra muestra más de la "ficticia y arquetípica construcción social de las identidades de género, las identidades sexuales y las distintas orientaciones sexuales".

Más psicológica pretende ser la reflexión publicada por la teórica Judith Butler, quien entiende las relaciones sexuales como actos tremendamente complejos en los que, a menudo, se manifiestan sensaciones como la atracción o la repulsión, llegándose a veces a dar el caso de que el asco, el deseo y el miedo se entremezclan en un mismo encuentro carnal, pudiendo ser este el caso de muchos ‘budsexers’.

Amparados por muchas de las tesis surgidas a raíz de la revolución sexual de los 60, que aseguraban que las prácticas sexuales no están ligadas al género ni sujetas a etiquetas, además de estar expuestas a una constante evolución en función de los deseos del ser humano, los practicantes del ‘Bud Sex’ lo tienen claro: tener sexo homosexual y no serlo es posible.

martes, 17 de enero de 2017

#hemeroteca #heterocuriosidad | ‘Bud sex’: hombres con relaciones homosexuales que reivindican ser heteros

Imagen: El País / Fotograma de 'Brokeback mountain'
‘Bud sex’: hombres con relaciones homosexuales que reivindican ser heteros.
Hombres con prácticas hetero y homosexuales rechazan la etiqueta bisexual. ¿Por qué el miedo a ser estigmatizados?.
Rita Abundancia | SModa, El País, 2017-01-17
http://smoda.elpais.com/placeres/bud-sex-mantener-relaciones-homosexuales-reivindicar-hetero/

Hombres heterosexuales con relaciones homosexuales que reivindican su condición de heteros. No se trata de un trabalenguas y si lo piensan detenidamente tampoco es algo nuevo, sino tan antiguo como la humanidad. Presos que, debido a su imposibilidad de estar con mujeres, practican el sexo con compañeros de celda porque ‘son muy machos’, como reflejaba la excelente novela ‘Hombres sin mujer’, del cubano-gallego Carlos Montenegro. Militares y hasta sacerdotes, que no dudan luego en exhibir desde el púlpito su nada escondida homofobia.

Recientemente, este fenómeno ha vuelto a salir a la luz a raíz del trabajo de investigación que ha llevado a cabo un sociólogo de la Universidad de Oregón, Tony Silva, entre un grupo de hombres blancos que viven en un medio rural, todos los componentes del estudio pertenecían a las áreas de Missouri, Illinois, Oregon, Washington o Idaho– lugares conocidos por su ideología conservadora–; que se definen como heterosexuales –muchos están casados y con hijos– y que, sin embargo, tienen sexo con sus compañeros, aunque no se identifiquen para nada con alguno de los protagonistas de ‘Brokeback Mountain’ (2006).

La intención de Silva, como comenta a S Moda, era estudiar el fenómeno y “relacionarlo con los múltiples factores que afectan a la identidad sexual como la cultura, el contexto social, el lugar, el momento histórico y las interpretaciones personales. De hecho, las identidades sexuales, tal como las conocemos hoy en día –heteros, gays, lesbianas, bisexuales, etc.–, no han existido hasta mediados-finales del siglo XIX y la forma de entenderlas no es la misma en todo el mundo. Pero no solo eso, además, y como se ha visto en el estudio, personas con la misma cultura pueden tener prácticas sexuales similares pero interpretarlas de formas distintas, dependiendo del concepto que tengan de su propia sexualidad”.

Para Silva el término ‘Bud sex’ (‘bud’ significa algo así como colega, compañero) se aplicaría a “aquellas relaciones que sus participantes interpretan como ‘ayudar’ a un amigo -en la que está exento el factor romántico-, entre hombres blancos y heterosexuales o, escondidamente, bisexuales. Encuentros secretos y sin asociación ninguna con ideas como feminidad u homosexualidad. A través de una interpretación compleja, los participantes tienen sexo con hombres, algo generalmente no compatible con la heterosexualidad o el tradicional concepto de masculinidad”.

Imagino ya lo que muchos estarán pensando. Ok, hombres bisexuales que no quieren reconocer esta condición, pero la cosa no es tan simple o puede tener diversas interpretaciones. En el 2015, Jane Ward, profesora de Género y Estudios sobre la Sexualidad de la Universidad de California, publicó un libro titulado Not Gay: Sex between straight white men (‘No gay: Sexo entre hombres blancos heterosexuales’) en el que exploraba varias subculturas en las que se da lo que se podría llamar ‘sexo hetero-homosexual’. Y no hablamos solo de militares o presidiarios sino desde ‘hell angels’ hasta vecinos de barrios respetables y conservadores. Ward busca en su libro alguna explicación al fenómeno que no sean las muchas, y de Perogrullo, que se han dado a lo largo de la historia. La más estrambótica y una de las que menciona en su obra es una por parte de un sociólogo de los años 60, que argumentaba que los flirteos homosexuales de muchos maridos se debían a que puesto que la Iglesia Católica prohibía usar condones y muchos matrimonios no querían tener más hijos, él se veía obligado a buscar sexo con otros hombres en los baños públicos. Otra típica argumentación es la de esgrimir que no es sexo en realidad sino ‘juegos’ o que la sexualidad entre hombres es más fácil, práctica y está desprovista de sentimentalismo y, por lo tanto, de problemas.

Según cuenta Jane Ward a S Moda, “los hombres heterosexuales de raza blanca, es decir, los que tienen el poder, tienen mucho que perder si reconocen sus deseos hacia el otro sexo, porque la masculinidad ha estado muy específicamente definida durante mucho tiempo y porque ha sido el único y estrecho camino para ser un hombre de verdad. La atracción hacia otros varones se ha percibido como algo femenino, que resta autenticidad y poder al hombre, aunque esta regla no funciona con las mujeres, que pueden besar o tocar a otras sin ningún estigma y sin que se traspasen las fronteras, más flexibles, de la normatividad sobre lo femenino”. Algo que confirma Silva que subraya que “la razón por la que hay más mujeres abiertas a probar relaciones con el mismo género es por la heteronormatividad, que afecta de forma distinta a los dos sexos; ya que la heterosexualidad en el varón está más firmemente atada a las diferentes formas de masculinidad”.

De hecho, como comenta Ward en su libro, algunos de estos hombres heteros con prácticas homosexuales, muestran incluso un cierto rechazo a los comportamientos gays que, en algunos casos, rayan la homofobia. En su investigación muestra algunos anuncios publicados por miembros de este grupo en la sección de contactos de los periódicos norteamericanos en los que se repiten las expresiones “solo hombres masculinos”, “porno estrictamente hetero” o “sin entrar en prácticas gays”. Ideología que el detective Torrente sentenció en aquella frase ya mítica: “¿Nos hacemos unas pajillas?, ¡pero sin nada de mariconadas, ehhh!”.

Lo que se consideran o no prácticas gays entra dentro de una visión muy flexible y personal del término; ya que, como comenta Tony Silva, “la mayoría de los hombres que entrevisté para mi estudio estaban casados y mantenían sus prácticas homosexuales en secreto; excepto uno que tenía una relación abierta con su pareja. Algunos asociaban el concepto de ‘penetración’ con ideas de feminidad u homosexualidad, pero otros no. Penetrar o ser penetrado podía también marcar una diferencia para algunos pero no para todos y algunos diferenciaban entre la penetración anal u oral; pero ninguno cuestionaba su masculinidad o heterosexualidad en términos de ser penetrado o no. Su interpretación del sexo era la llave para identificarse como hetero y masculino, no sus prácticas”.

¿Con miedo a salirse de las etiquetas establecidas?
Es muy probable que las identidades sexuales, tal como las conocemos hoy día, sean algo en peligro de extinción, como indica la ideología ‘queer’ o el hecho de que los ‘millennials’ no necesiten, tanto como sus padres, etiquetarse o encajar en un apartado de preferencias u orientaciones eróticas; o puedan llevar a cabo prácticas homosexuales sin hacerse demasiadas preguntas. Pero, ¿responde la conducta de estos hombres a esta filosofía? Según comentaba Ward en una entrevista al New York Magazine, “en los últimos quince años ha habido mucho interés y comentarios en EEUU sobre la sexualidad más fluida y la heteroflexibilidad, pero siempre se han centrado en las mujeres o en los hombres de comunidades negras o latinas. Sin embargo, nadie se pregunta nada sobre está nueva manera de entender la masculinidad entre hombres blancos y heteros. O, como mucho, la justifican diciendo que no es sexo en realidad. Uno puede pensar que éstos hombres tal vez pertenezcan a la subcultura ‘queer’, en la que entonces los calificativos de ‘homo’ o ‘hetero’ sobran, pero no creo que sea esa la razón. No quieren entrar en ese mundo, por eso su homosexualidad es utilizada al servicio de la heteronormatividad. Por eso he escrito mi libro, porque creo que es tiempo de analizar estas conductas con más detalle”.

Según Iván Rotella, sexólogo, director de Astursex, centro de atención sexológica en Avilés y miembro de La Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS), “ninguno de nosotros somos 100% heterosexuales u homosexuales, y hay hombres y mujeres que exploran su parcela de atracción hacia el mismo sexo cuando ya son adultos, están casados y tienen una vida diseñada. Entonces puede ser un conflicto, especialmente si descubren que estas nuevas prácticas les gustan más que las anteriores. Pero el deseo es más amplio que los conceptos que han tratado de acotarlo y lo que hay que tender es a romper los encasillamientos y tener relaciones con personas, independientemente del sexo. Eso es a lo que se tenderá en el futuro y yo creo que vivimos una época en la que se está formando un nuevo paradigma, donde los conceptos tradicionales empiezan a entrar en crisis. A nivel práctico, uno puede aceptar lo que siente o le apetece y tratar de llegar a acuerdos, en caso de que se esté inmerso en una relación, o si no es posible cerrar un capítulo en su vida. Puede también negarlo y seguir con su vida normal. En ambos casos habrá conflicto, porque negarse a si mismo lleva también implícito un alto precio a pagar”.

La mayoría de los hombres que entrevistó Silva, experimentaron cambios en sus atracciones sexuales después de décadas de matrimonio. “Algunos reconocen que empezaron a tener sexo con sus amigos cuando éste se volvió complicado o inexistente con sus mujeres”, comenta éste sociólogo, “o cuando empezaron a tener problemas de erección. Necesitamos más estudios sobre la sexualidad masculina, ya que, como vemos, la naturaleza de ésta puede cambiar a lo largo de la vida”.

miércoles, 27 de enero de 2016

#hemeroteca #heterocuriosidad | El mercado de los heteroflexibles... y lo que surja

Imagen: The Guardian
El mercado de los heteroflexibles... y lo que surja.
Aparecen nuevas aplicaciones para relaciones entre hombres que no se definen necesariamente como homosexuales. Examinamos qué es la heteroflexibilidad, una idea cada vez más presente entre aquellos que se niegan a las etiquetas.
Lucía Lijtmaer | El Diario, 2016-01-27
http://www.eldiario.es/cultura/fenomenos/mercado-heteroflexiblesy-surja_0_477702623.html

“Estoy cansado de que me intenten chatear torsos desnudos y egos con patas”, dice Brad. “Nada como un lugar dónde poder construir una buena amistad y si se tercia, algo más”, explica Zach.

Ambos son usuarios de BRO, la nueva app que está trayendo de cabeza a los medios anglosajones, por cómo se presenta: “La app permite que los hombres chateen, se hagan colegas y construyan relaciones sin el miedo de que sus sexualidades se etiqueten, algo que muchos hombres que cuestionan sus sentimientos admiten que les impone y les dificulta para ser ellos mismos.” Esta explicación fue suficiente para generar curiosidad, puesto que no se presentaba como una app gay.

Los medios comenzaron a hacerse eco y se sucedían titulares sobre la app como método para “ayudar al outing” de los hombres dudosos, o para “ que los hombres heterosexuales mojen con otros hombres heterosexuales”. Y así se generó la discusión. ¿Es necesaria una app como esta? ¿Por qué?

BRO no es el primer ejemplo de un servicio tecnológico para los hombres que se definen como heterosexuales pero practican sexo con hombres. Existe el precedente de Whisper, una aplicación destinada al público general en la que la gente puede postear mensajes anónimos -en un formato muy similar al de un meme- y que fue aprovechado por hombres para explicar sus experiencias homosexuales en la red. ¿La particularidad? La gran mayoría recordaban experiencias en la universidad, antes de casarse con mujeres.

¿Es entonces una nueva app indefinida un ejercicio de marketing? Un representante de BRO advertía a Verified Gay que “la principal razón por la que la app no identifica a sus usuarios como homosexuales, bisexuales o 'en fase de exploración' es que no creemos que eso importe. La app no es para conectar a gente que quiera mantener relaciones sexuales, sino para establecer conexiones duraderas, ya sea amistades o relaciones a largo plazo”. Aún así, como no dejaron de reseñar desde BRO, los medios siguieron en sus trece: “Los medios dicen que nuestra app es algo que no es realmente”, explicaban en sus redes sociales, a lo que un usuario respondía: “Está bien vivir en una escala de grises, yo conozco a muchos tíos que no tienen una preferencia específica”.

Lo cierto es que hace tiempo que ronda la polémica en torno a una nuevo discurso con respecto a la definición sexual. Este año, el best seller de la activista queer Jane Ward 'Not Gay: Sex Between Straight White Men' (“sexo entre hombres blancos heterosexuales”) ponía sobre la mesa una práctica más común de lo que se quería creer: que los hombres que se autodefinen como heterosexuales mantienen prácticas homosexuales más a menudo de lo que la gente piensa. Y las cifras acompañan: en un reciente estudio del centro de control de enfermedades estadounidense Centers for Disease Control and Prevention, un 1,9% de los hombres se define como homosexual y un 2% como bisexual, pero 6,2% de los encuestados han mantenido relaciones homosexuales, con lo que 2,3% de este porcentaje es de hombres que se identifican como heterosexuales.

Del down-low a los heteroflexibles
Nacía así una etiqueta contra la etiqueta: los heteroflexibles, que se caracterizan por una actividad homosexual limitada a pesar de una orientación fundamentalmente heterosexual que se considera distinta de la bisexualidad. Una vez más, la definición no venía exenta de polémica. El activista LGTB Zach Stafford argumentaba en The Guardian: “Me parece bien que un hombre tenga relaciones sexuales con otro hombre sin tener que usar una etiqueta. Eso sí, como hombre homosexual que ha sufrido violencia expícita por serlo, comprobar que los hombres que perpetúan esa violencia ejercen los mismos actos sexuales que yo y demuestran lo 'hetero' que son, resulta repugnante y homófobo”.

Stafford argumentaba, además, desde una posición concreta. Como hombre negro, hacía hincapié en la hipocresía que genera el tabú de la homosexualidad en Estados Unidos, también aquejado por incesantes capas de significado en relación a razas y religiones. El término down-low, por ejemplo, de uso común entre la comunidad afroamericana, está asociado a los hombres negros que se definen como heterosexuales pero tienen algún tipo de actividad homosexual -generalmente en secreto o sin conocimiento de aquellos que le rodean-. De la misma manera, la expresión “no homo”, de cierta notoriedad en el hip hop estadounidense, se originó en Harlem para aclarar una orientación heterosexual después de cualquier afirmación que pueda oler a homosexualidad.

La fluidez en las prácticas sexuales viene ahora acompañada de cierta libertad en etiquetas que resultan, para muchos, restrictivas. Las apps como Grindr están llenas de hombres que se consideran heterosexuales, por lo que queda claro que una nueva generación de hombres y mujeres asumen que categorías como gay o hetero no tienen necesariamente mucho que ver con las prácticas sexuales. Son también categorías políticas y conceptuales.

miércoles, 26 de agosto de 2015

#hemeroteca #heterocuriosidad | Por qué hombres ‘hetero’ tienen sexo con otros hombres

Imagen: El País
Por qué hombres ‘hetero’ tienen sexo con otros hombres
No les llame gais, llámelos heterosexuales flexibles. Están tan seguros de su identidad que no les importa de vez en cuando experimentar cosas diferentes
Miguel Ángel Bargueño | El País, 2015-08-26
http://elpais.com/elpais/2015/08/24/buenavida/1440425476_656178.html

Sí, ha leído bien: hombres que tienen sexo con otros hombres y no son homosexuales. Resulta más habitual de lo que algunos puedan pensar. La cosa es bien simple: un hombre heterosexual conoce a otro (en un bar, a través de una red social de contactos, da igual cómo) y deciden darse un revolcón. Es más, lo encuentran satisfactorio. Después, cada uno sigue con su vida perfectamente hetero, sin que el encuentro les haga dudar de su orientación. ¿Qué mueve a algunos varones a estas prácticas? Y, ¿por qué es incorrecto catalogarlos como gais?

En nuestros días, la aceptación de la diversidad sexual es mucho mayor que en el pasado. “A medida que hay una mayor tolerancia todos salimos un poquito de nuestros armarios”, sostiene Joan Vílchez, psicólogo clínico, psicoterapeuta y sexólogo. “Hombres que no acaban de sentirse muy satisfechos pueden tener la ocasión de tener relaciones con otras mujeres, con un hombre o probar ciertas prácticas que en otros tiempos estaban más censuradas”. Para Juan Macías, psicólogo especializado en terapias sexuales y de pareja, “conceptos como heteroflexible o heterocurioso están permitiendo a los hombres explorar su sexualidad sin necesidad de cuestionar su identidad como heterosexuales”. Por otro lado, Internet facilita el contacto, que puede ser virtual o físico.

A los especialistas les parece lo más natural del mundo, parten de la premisa de que una cosa es la orientación sexual de un individuo y otra las prácticas que este lleve a cabo. “La orientación sexual”, explica Macías, “está construida socialmente, son categorías rígidas y excluyentes, con implicaciones que afectan a la identidad individual y social”. Forzosamente, uno debe encajar en alguna de estas tres clasificaciones: heterosexual, homosexual o bisexual. En cambio, “la práctica sexual es más flexible y más libre, es un concepto descriptivo. Se abre un espacio tremendamente sano en el que la exploración del deseo se libera de la identificación con una orientación sexual”,explica Macías.

Es tan natural que viene de lejos. Que un hombre emparejado con una mujer tuviera un amante no era inusual en la antigua Roma. Por no hablar de las que se montaban en las bacanales. Y jóvenes de todas las épocas han recurrido a pasatiempos de difusa carga sexual. “En la adolescencia es bastante común que haya juegos de cierta genitalización: a ver quién mea más lejos, a ver quién la tiene más grande, hay tocamientos…”, indica Joan Vílchez. “No dejan de ser incursiones homosexuales, pero todavía predomina el modelo heterosexual y se realizan desde la transgresión propia de la juventud”, señala el psicólogo.

Un nuevo modelo: SMSM
En 2006, un estudio sobre la discordancia entre comportamiento sexual e identidad sexual realizado por investigadores de la Universidad de Nueva York (EE UU), halló que 131 hombres de los 2.898 analizados admitían tener relaciones con hombres pese a definirse como heterosexuales. En opinión de los expertos, representaban a un 3,5% de la población. Desde hace años, los médicos emplean las siglas HSH para referirse al conjunto de hombres (heteros o gais) que tienen sexo con hombres. Pero, recientemente, ha aflorado otro acrónimo más preciso para definir a este grupo: SMSM (“straight men who have sex with other men”, hombres hetero que tienen sexo con otros hombres). Portales web como Straightguise.com están consagrados a abordar el tema.

El pasado julio se publicó en EE UU el libro “Not gay: sex between white straight men” (“No gay: sexo entre hombres blancos heterosexuales”), en el que la profesora Jane Ward, de la Universidad de California, se hacía este planteamiento: una chica hetero puede besar a otra chica, puede gustarle hacerlo y aun así se la sigue considerando hetero; incluso su novio puede animarla. Pero, ¿pueden los chicos experimentar esa fluidez sexual? ¿O besar a otro chico significa que son gais? La autora cree que estamos ante un nuevo modelo de heterosexualidad que no se define como lo opuesto o la ausencia de homosexualidad. “La educación de los hombres ha sido bastante homofóbica. Se les ha hecho creer que es antinatural tener esos impulsos hacia otros hombres”, explica Joan Vílchez.

Probando, probando
Las motivaciones, como es lógico, son múltiples. El perfil más extendido es el del explorador sexual: aquel a quien le gusta probar cosas nuevas. “Experimentar una relación homo le resulta novedoso, y aunque le gustase no podríamos decir que es homosexual, sino que le gusta esa práctica”, dice el doctor Pedro Villegas, médico de familia y sexólogo. El psicólogo Joan Vílchez comparte esa idea. “Está muy de moda la bisexualidad, y en realidad todos somos bisexuales: si cierras los ojos te costaría identificar quién te está acariciando, si es un hombre o una mujer. No hay un hombre que sea cien por cien homosexual ni cien por cien heterosexual”, sentencia.

Otra de las causas es cierto desencanto con las mujeres, frecuente después de algunas rupturas matrimoniales. Joan Vílchez lo explica: “Cuando una pareja heterosexual está en crisis es habitual que algunos hombres sientan que no se entienden con las mujeres, que son incapaces de llevarse bien con ellas y es como que miran para otro lado. Se produce una especie de regresión, se vuelve a un estadio anterior en el que con los hombres se sentían bien juntos, como en la adolescencia. En muchos casos es una necesidad afectiva que sexual real”.

De hecho, para este especialista, a veces estas relaciones eróticas esconden una necesidad de afecto que el hombre no está acostumbrado a expresar: “En los hombres hay mucha tendencia a genitalizar. Entre la cabeza y los genitales tenemos el corazón, que representa los sentimientos, y las tripas, que simbolizan los comportamientos más viscerales y las emociones más intensas, y es como si los hombres hubiéramos aprendido a hacer un baipás: pasamos de la cabeza directamente a los genitales sin acabar de vivir las emociones. A las mujeres, por tanta represión de su sexualidad y miedo al embarazo, les ocurre lo contrario: les cuesta mucho genitalizar. Para un hombre a veces es más fácil hacer eso que descargar emociones más sutiles o decirle a otro hombre: ‘Es que me siento inseguro, tengo miedo, me siento débil, no sé lo que quiero”.

El impulso narcisista
Entre los hombres heteros que se acuestan con hombres también hay muchos narcisistas. “Es aquel a quien le gusta que se fijen en él. Se da mucho en los gimnasios: le agrada despertar admiración y no le importa que provenga de hombres o mujeres”, apunta Eugenio López, psicólogo y sexólogo. Otros simplemente tienen ganas de ligar y acuden a garitos gais de sexo duro porque piensan que allí les resultará más fácil.

Hay hombres heterosexuales que se enrollan con hombres porque les gusta; otros, porque no les queda más remedio: pensemos en aquellos privados del contacto con mujeres durante largas temporadas (¿eran gais los protagonistas de Brokeback Mountain?) “El ser humano se rige por sus pensamientos”, razona Eugenio López. “Y si cree que está perdiendo su sexualidad por la falta de una mujer, puede reafirmarla con otro hombre. Suelen empezar con un simple roce”.

Si no hay conflicto, no hay problema
Algunos de estos nuevos heterosexuales han podido sentir este tipo de impulsos en el pasado y no se han atrevido a dar el paso. “Luego llegan circunstancias de la vida que se lo ponen ahí en bandeja y deciden vivirlo, pero eso les genera un conflicto porque por una parte les proporciona placer pero por otra amenaza un poco su estatus y su imagen: ‘¿Soy o no soy?’, se preguntan”, comenta Joan Vílchez. También pueden sentirse confundidos aquellos que llegan al SMSM por la carencia de una figura paterna positiva en su infancia: “A veces, para reforzar su masculinidad, se integran en actividades ‘de hombres’ (fútbol, gimnasio) o tienen contactos sexuales con otros hombres, aunque lo que buscan es sobre todo comprensión y cariño”, agrega Vílchez. Los psicólogos están de acuerdo en que su intervención sobra, siempre que estas experiencias no provoquen un conflicto en el sujeto. “Si a él no le está fastidiando, ahí no hay nada que tratar”, concluye Pedro Villegas.

viernes, 31 de julio de 2015

#books #straight | Not Gay : Sex between Straight White Men


Not Gay : Sex between Straight White Men / Jane Ward
Nueva York : NYU Press, 2015 [07]
240 p.
ISBN 9781479825172

/ EN / ENS
/ Estereotipos / Heterocuriosidad / Heterosexualidad / HsH / Identidades / Masculinidad / Sexualidad / SMSM / Sociología

A straight white girl can kiss a girl, like it, and still call herself straight—her boyfriend may even encourage her. But can straight white guys experience the same easy sexual fluidity, or would kissing a guy just mean that they are really gay? “Not Gay” thrusts deep into a world where straight guy-on-guy action is not a myth but a reality: there’s fraternity and military hazing rituals, where new recruits are made to grab each other’s penises and stick fingers up their fellow members’ anuses; online personal ads, where straight men seek other straight men to masturbate with; and, last but not least, the long and clandestine history of straight men frequenting public restrooms for sexual encounters with other men. For Jane Ward, these sexual practices reveal a unique social space where straight white men can—and do—have sex with other straight white men; in fact, she argues, to do so reaffirms rather than challenges their gender and racial identity.

Ward illustrates that sex between straight white men allows them to leverage whiteness and masculinity to authenticate their heterosexuality in the context of sex with men. By understanding their same-sex sexual practice as meaningless, accidental, or even necessary, straight white men can perform homosexual contact in heterosexual ways. These sex acts are not slippages into a queer way of being or expressions of a desired but unarticulated gay identity. Instead, Ward argues, they reveal the fluidity and complexity that characterizes all human sexual desire. In the end, Ward’s analysis offers a new way to think about heterosexuality—not as the opposite or absence of homosexuality, but as its own unique mode of engaging in homosexual sex, a mode characterized by pretense, dis-identification and racial and heterosexual privilege. Daring, insightful, and brimming with wit, “Not Gay” is a fascinating new take on the complexities of heterosexuality in the modern era.

Jane Ward is Associate Professor of Women's Studies at the University of California, Riverside. She is the author of “Respectably Queer” (2008).

DOCUMENTACIÓN
Por qué hombres ‘hetero’ tienen sexo con otros hombres
No les llame gais, llámelos heterosexuales flexibles. Están tan seguros de su identidad que no les importa de vez en cuando experimentar cosas diferentes
Miguel Ángel Bargueño | El País, 2015-08-26
http://elpais.com/elpais/2015/08/24/buenavida/1440425476_656178.html

domingo, 5 de julio de 2015

#hemeroteca #mujeres | ‘Girl crush’ o cómo son las mujeres que gustan a las mujeres

Imagen: El País
‘Girl crush’ o cómo son las mujeres que gustan a las mujeres
Así se conoce el enamoramiento que sufre una mujer por otra sin implicaciones sexuales. ¿Qué tienen las chicas que más gustan a otras chicas?
Begoña Gómez Urzaiz | S Moda, El País, 2015-07-05
http://smoda.elpais.com/articulos/girl-crush-o-el-fenomeno-de-las-mujeres-heterocuriosas/6526

«Tuve mi primer gran girl crush con una amiga del colegio. Supongo que si tienes casi 9 años y vives en un pueblo, donde lo único que puedes hacer los domingos es sentarte en un banco de la plaza, después de misa, a comer pipas hay mucho, mucho tiempo para hablar y contarse la corta vida que una tiene». Como la escritora Carmen García de la Cueva, que edita la web La tribu de Frida dedicada al talento femenino, casi todas las mujeres recuerdan el primer flechazo que sintieron por otra niña y casi podrían explicar su biografía enlazando esos cuelgues románticos, tanto reales –la amiga a la que se quiere impresionar en la adolescencia, la mujer algo mayor que nos impresiona a los 20– como proyectados: con Chloe Sevigny, con Winona Ryder, con Robin Wright…

El término en inglés, girl crush, que se refiere a ese enamoramiento no sexual entre mujeres, está en plena circulación. Desde hace años, funciona el hashtag #WomenCrushWednesday, que hace que los miércoles Tumblr y Twitter se llenen de fotos y perfiles de mujeres inspiradoras. Existe una revista, física y digital, llamada Got a Girl Crush, el fanzine, Girl Crush, que dirigía la escritora Thessaly la Force, y hasta acaba de publicarse un libro de colorear para adultos dedicado al tema, con retratos de Alexa Chung, Jennifer Lawrence y Emma Stone, entre muchas otras.

Un sentimiento polémico
No todo el mundo se siente cómodo con la expresión. En su libro "No soy ese tipo de chica" (Espasa), Lena Dunham, objeto frecuente de este tipo de flechazos, escribe: «Como tengo una hermana lesbiana, encuentro la expresión girl crush ligeramente homofóbica, como si quisiera dejar claro que mi enamoramiento de otra mujer no es sexual sino suave y adorable. O sea, como una chica». Marcie Bianco, periodista estadounidense especializada en temas de género e identidad sexual y activista de la comunidad LGBT, también le tiene tirria al término, que en inglés suele utilizarse para definir los flechazos que se tienen en la infancia. «Esta expresión es muy popular últimamente, pero solo entre las heterosexuales. Jamás he oído a una lesbiana hablar de su girl crush, porque infantiliza sus deseos. Y quizá por eso lo utilizan las heterosexuales, porque connota que es algo inocuo y no real», apunta.

El debate se ha reverdecido desde que se estrenó la tercera temporada de Orange is the New Black y miles de mujeres empezaron a inundar las redes sociales con sus declaraciones de amor por Ruby Rose, la tatuada actriz, modelo y dj australiana que se autodefine como «de género fluido». Existe un meme que circula por ahí con fotos de la intérprete, que da vida al personaje de Stella, y el texto: «Cuando crees que eres heterosexual pero te pone Ruby Rose», algo de lo que se han mofado muchas voces de colectivos homosexuales y transexuales, alertando: «Declarar tu amor por una mujer no te convierte instantáneamente en guay o atrevida».

Territorios ambiguos
Ana Llurba, editora que solo publica a mujeres –muchas de ellas, objeto de flechazos intelectuales– en su microsello Honolulu Books defiende la expresión, que utiliza a menudo. «No comparto que girl crush sea un concepto homófobo. Es más, como soy una inmigrante, heterosexual y pobre, yo misma me siento representada por algunas variantes discursivas de la teoría queer, pero nunca diría que esos discursos son heterófobos o clasistas», dice, a la vez que se declara partidaria «de los territorios ambiguos y fronterizos, tanto en la literatura como en la amistad». Los flechazos que confiesa haber sentido Llurba son bastante representativos de su generación, que se sitúa ahora en mitad de los 30. De adolescente se colgó de Mayim Bialik en Blossom, de Claire Danes en Es mi vida, de Kirsten Dunst en Entrevista con el vampiro, de Winona Ryder en Sirenas y de Juliette Lewis en El cabo del miedo. Disfrutó del flechazo mutuo de Enid y Rebecca (Scarlett Johansson y Thora Birch en Ghost World) y, más recientemente, del filme Frances Ha, una película que también destaca García de la Cueva como buen ejemplo de un girl crush: «Frances (Greta Gerwig) ha encontrado en Sophie (Mickey Sumner) su alma gemela, la persona con la que pasar toda una vida sin cansarse. Pero cuando ésta le dice que se muda de piso, a Frances se le rompe el corazón como si hubiera sido el amor de su vida quien la abandonase. Estoy enamorada de ella, y si me la encontrase ahora mismo por Sevilla, donde vivo, me la llevaría a casa y le leería poemas de Emily Dickinson. ¿Acaso girl crush no es, precisamente, sentir que esa chica contiene parte de la esencia de lo que somos y de lo que queremos ser?».

Bianco lo explica de manera un poco menos poética pero igualmente esclarecedora. «Los crushes entran dentro del territorio de lo que yo llamo el ‘paradigma BuFu’, es decir Be You /Fuck You. Hay una línea muy fina entre querer acostarse con alguien y querer ser esa persona».

A la psicóloga e investigadora Jenna Glover le intrigaba el tema. «Yo había experimentado relaciones muy íntimas y cercanas con otras mujeres, que parecían más intensas que la amistad pero no eran románticas, así que quería saber cómo funcionaban». Por eso y porque, según ella, «históricamente las féminas han sido ignoradas en la investigación psicológica», le dedicó su tesis de doctorado, titulada "La vida interpersonal de las jóvenes adultas: un estudio de la amistad apasionada". Y llegó a la conclusión de que, entre otras cosas, los girl crushes adolescentes son de lo más saludable. «Su primera función es que ofrecen apoyo social y proporcionan un lugar en el que explorar partes de tu identidad. Tienen un efecto similar a las relaciones románticas a la hora de ayudarte a preparar para la edad adulta, pero además, en mi investigación descubrí que las chicas que tienen estas amistades apasionadas gestionan mejor sus relaciones cuando son adultas que las que no las tienen», apunta.

Las cómicas llevan ventaja
Si se echa un vistazo a los hashtags #girlcrush o #womencrushwednesday, aparecen mujeres conocidas de todo tipo. Hay, por ejemplo, un alud de fotos de Julianne Moore, Emma Stone y Christina Hendricks –algo tienen las pelirrojas–. Aunque últimamente, como detectó un artículo en el Washington Post titulado «Amy Schumer y el auge del women crush», son las cómicas quienes encarnan ese ideal de la mejor amiga imaginaria. La citada Schumer, que estrena el 14 de agosto que viene Y de repente tú provoca hiperventilación entre ellas, al igual que lo hacen Anna Kendrick, la protagonista de Dando la nota, que mantiene una cuenta de Twitter tan sardónica como autoflagelante, Mindy Kaling e Ilana Glazer y Abbi Jacobson, las creadoras de la serie Broad City. «¡Son como nosotras! Se susurran entre ellas. Que es como decir que son brillantes. Y hasta parece que comen», señala la autora del artículo. Ampliando al terreno patrio, habría que añadir a la nómina a Leticia Dolera y a Cristina Teva, la presentadora del programa Tentaciones, de Canal Plus, que siempre aparecen en las conversaciones sobre mujeres-que-gustan-a-las-mujeres.

¿Qué tienen en común todas ellas? Según Wendy Williams, que en su web Girl Crush escribe perfiles de las chicas a las que admira, «nos identifican con aquellas que dominan lo que hacen pero a la vez presentan un sentido de vulnerabilidad. La vida es complicada y casi siempre la superamos a duras penas, así que encontramos coraje y fuerza en otras que comparten obstáculos similares». Será por eso que Tina Fey provoca más girl crushes que, pongamos, Angelina Jolie, tan aparentemente perfecta que resulta difícil espejarse en ella o imaginársela en un chat de Whatsapp comentando Juego de Tronos.

Nivel de aceptación
Santiago Mollinedo trabaja en la empresa Personality Media, que se encarga de medir el nivel de aceptación de los personajes públicos. También aconseja a empresas que quieren asociarse con ellos, qué famosas puntúan alto entre las mujeres en valores como la confianza o el atractivo. Según su experiencia, son aquellas «que tienen algo que decir» y de las que se percibe que se han ganado su éxito y no les ha llegado únicamente por su belleza o sus relaciones. Y ahí entran María León y Adriana Ugarte –ambas en alza– pero también Inma Cuesta, Amaia Salamanca y la consabida Paula Echevarría, con sus cientos de miles de seguidoras en las redes. En cambio, hay otras como Cristina Pedroche, que puntúan mucho mejor entre hombres que entre mujeres. Ésta tiene hasta un 20% de suspensos entre el público femenino y está viviendo lo que años antes le ocurría a Elsa Pataky, según Mollinedo. «Se puede decir que solo los hombres les ríen las gracias». En el caso de la actriz, su imagen cambió cuando se convirtió en madre y ahora fluctúa en cada una de las mediciones, que la empresa realiza cada tres meses.

A la hora de hablar de «mujeres que gustan a las mujeres», sin embargo, no conviene caer en lo previsible. No son Keira Knightley ni Sienna Miller, por citar dos actrices de las que siempre se presume que gustan más a ellas que a ellos, quienes venden más revistas femeninas cuando aparecen en portada, sino Rihanna, según el recuento que publica anualmente el Women’s Wear Daily. Su portada en el Vogue estadounidense de marzo de 2014 funcionó bastante mejor comercialmente que la de marzo de 2015, que protagonizaron dos amigas que viven en un eterno girl crush, Taylor Swift y Karlie Kloss.

La última figura en redimirse entre el público femenino no es otra que Kim Kardashian. Se ha ganado al menos a un segmento concreto al ser percibida como una buena hija (por su apoyo a Caytlin Jenner, antaño su padrastro Bruce) y una buena madre, algo que siempre ayuda, según Mollinedo, pero también al exhibir su capacidad de encaje ante las críticas, humildad y sentido del humor. Cuando apareció hace unas semanas en un programa de la radio pública estadounidense, muchos de sus suscriptores, que mantienen esa venerable y hasta cierto punto elitista emisora con sus donaciones, amenazaron con darse de baja. La defensora del oyente le echó un capote: «Fue sorprendente y generosa, teniendo en cuenta cuántas veces se la ha criticado a ella y a su clan en ese mismo programa». Además, «tuvo un par de buenos chistes». Ah, la risa, la verdadera base de cualquier girl crush que se precie.