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lunes, 15 de febrero de 2021

#hemeroteca #generonobinario | Las dos vidas de Arthur Britney, la primera persona reconocida como no binaria que consigue asilo en Reino Unido

Imagen: El Diario / Arthur Britney

Las dos vidas de Arthur Britney, la primera persona reconocida como no binaria que consigue asilo en Reino Unido.

Arthur Britney Joestar huyó de El Salvador por la violencia que allí sufren las personas LGTBI y durante el proceso de solicitud de asilo en Reino Unido descubrió que era una persona no binaria, una realidad que desconocía.
David Noriega | El Diario, 2021-02-15
https://www.eldiario.es/desalambre/vida-arthur-britney-primera-persona-no-binaria-reconocida-refugiada-reino-unido_1_7206621.html

La primera vez que Arthur Britney Joestar se tiñó el pelo de rubio, un grupo de policías le detuvo cerca de la catedral del centro de la ciudad. "Bicho, ¿por qué andás con el pelo así? ¿Sos maricón? ¿Te gustan los hombres?". Tras la agresión verbal, llegó la física. Uno de los agentes le dio un golpe en el pecho, al que se sumaron todos los demás: "Me dejaron allí tirado, llorando y sangrando... y nadie me ayudó".

No fue la primera ni la última de un rosario de vejaciones que hicieron insostenible la vida en su país. Ocurrió en El Salvador, en 2012, cuando Arthur Britney todavía se leía como un chico gay en una sociedad donde la homosexualidad es aún un tabú. Aunque desde 2015 el Código Penal castiga con agravante los delitos de odio, el colectivo LGTBI está lejos de ser protegido de forma real y se enfrenta a la violencia y la discriminación institucional, social, familiar y laboral, según indican diferentes informes de organismos internacionales.

"Es una sociedad extremadamente religiosa, donde creces con la idea de que la homosexualidad es pecado, un crimen horrible ante los ojos de Dios", cuenta Joestar, de 29 años, por videollamada desde Reino Unido. Allí, tras un largo y duro proceso "de evolución y autoexploración" ha terminado reconociéndose como una persona no binaria, una realidad que desconocía antes de llegar a Europa, y se ha convertido en la primera persona no binaria en conseguir el estatus de refugiada por este motivo en Gran Bretaña. El fallo supone el reconocimiento de esta realidad en el sistema legal británico y abre la puerta a otros casos como el suyo.

"Yo siempre me había sentido diferente. Cuando estaba en el kinder –el jardín de infancia– tuve mi primer novio y andábamos agarraditos de la mano y nos dábamos besitos a escondidas, porque ya creíamos que la sociedad nos iba a tachar", recuerda. Al crecer, buscó refugio en la Iglesia para tratar de 'curarse'. "Yo era kiko –uno de los movimientos ultracatólicos más poderosos del mundo, comparados con una secta– y hasta fui a Madrid a las Jornadas Mundiales de la Juventud en 2011. Estaba en un nivel que...", relata con un tono que denota ahora cierta incredulidad por el pasado.

"No fui a terapias de reconversión porque nunca salí del closet dentro de la iglesia, pero participaba y me involucraba cada vez más. ¡Hasta intenté ser cura! Me salí cuando me faltaban seis meses para terminar la carrera, pero la acabé por tener el título. ¡No me había leído tantos libros por gusto!", bromea. "A pesar de todo este intento de lavado de cerebro, lo que pasaba dentro de mí era más fuerte", reconoce.

"Me tiraban basura"

Arthur Britney encontró entonces su refugio en los nuevos amigos que conoció en la Universidad, donde comenzó a estudiar producción multimedia. "Fue mi combustible para hacer esta llama más fuerte. Estábamos en un grupo de teatro, me abrieron el espacio y fue allí donde empecé a experimentar con mi identidad, aunque yo creía que era un chico gay", explica. Tintes, pintauñas, aretes y plumas, que se traducían en agresiones tras las que regresaba a una apariencia más masculina.

"Cambiaba entre personalidades. Por momentos me dejaba ser yo y cuando no aguantaba más la discriminación volvía al negro, porque no sabía lo que me podía pasar". El rostro, sonriente durante casi toda la conversación, se ensombrece al relatar otro ataque: "Vivía en la capital, en una de las zonas más transitadas y pobladas, y sufría mucho acoso por parte de la gente. Me llamaban maricón y me tiraban basura, gomas de mascar y las sobras de la fruta cuando caminaba por la calle. Una día, desde un camión que transportaba arena me arrojaron una bolsa con orines. Fue humillante".

Su contacto con el mundo del activismo LGTBI en El Salvador, donde llegó a participar en la organización de la marcha del Orgullo, hicieron a Arthur Britney ser consciente de la realidad que vive la gente fuera del país y de los crímenes de odio que se producen dentro cada año. Según un informe de la Procuraduría para la defensa de los derechos humanos, las organizaciones en defensa de los derechos de las personas LGBTI en El Salvador han contabilizado entre 1995 y 2016 más de 500 asesinatos por motivo de orientación sexual y de género, sobre todo a partir del año 2009, en el denominado 'Junio sangriento', con el asesinato de tres mujeres trans.

"Era cuestión de tiempo estar en el lugar incorrecto en el momento incorrecto para que me pasara algo", defiende Arthur Britney, que tras una larga reflexión se planteó qué opciones tenía. "Decidí consultar si podía solicitar asilo y vivir como una persona LGTBI libre en otro país. La primera página que apareció era la de una asociación que ayudaba a migrantes y solicitantes de asilo y explicaban todos los pasos", cuenta. Se trataba de la web de UK Lesbian & Gay Inmigration Group (UKGIG), una ONG que ayuda a personas en que solicitan asilo en Reino Unido porque en sus países no pueden vivir su orientación sexual o de género de forma segura.

"En cuanto puse el primer pie en el avión, sentí que perdía una carga. Los primeros días en Londres caminaba con mis cascos por Hyde Park y la gente me decía: 'Te ves la persona más feliz del mundo'", recuerda con ilusión. "Sabía que aquí podía hacer cualquier cosa. Nunca había experimentado antes esa libertad y me gustaría que todo el mundo sintiera que no tiene que ocultarse", continúa. Su camino a partir de aquí tampoco fue fácil. Se abrieron ante Joestar un mundo de posibilidades, mientras la burocracia levantaba infinidad de barreras.

Las primeras noches en Londres las pasó en un centro de acogida, al que se refiere como 'el gallinero'. "Todas las ventanas y corredores tenían mallas de gallina porque había personas que se intentaban tirar de las depresiones. En aquel momento pensaba que yo tenía un buen trabajo en El Salvador, pero lo ves como un trago amargo para vivir en libertad", explica. Después fue a vivir a vivir a Liverpool. "Es una ciudad completamente abierta, que da la bienvenida a los migrantes como no tenés idea. Yo no puedo estar más feliz por el recibimiento que se me dio", continúa.

"Next question": un 'no' detrás de otro
De la mano del grupo 'Many hands one heart' inició un proceso legal que se alargó durante casi tres años. En abril de 2019, tuvo que enfrentarse a una primera entrevista en el Ministerio de Interior, donde expuso su caso como un hombre gay y en la que presentó evidencias sobre la violencia en El Salvador, de las Naciones Unidas y Amnistía Internacional, además de narrar su propia experiencia. "Estas entrevistas suelen durar dos o tres horas. La mía duró ocho", cuenta. "Yo era muy inocente y creía que me iban a ayudar, pero están allí para sacarte del país", afirma. Entre sus sospechas, que le preguntaran insistentemente por su infancia, pero al relatar los abusos policiales y de la población en general la respuesta fuera: "Next question". La respuesta, tres días después, fue que su solicitud estaba denegada. "Ni se lo leyeron", asevera.

Apelaron a corte, donde se resuelven la mayoría de solicitudes de asilo, pero la respuesta también fue negativa. "Yo llevaba un año en el proceso, en el que no tienes permiso para trabajar. Tienes que vivir con la pensión del Gobierno, que entonces era de 37 libras a la semana (algo más de 42 euros). Había un concierto de Britney Spears o de Taylor Swift y ¿de dónde saco el dinero?", bromea, "eso es superficial, pero de repente no tenía ni para un par de calcetines. Era comer o comprar ropa interior". La dureza del proceso llevó a Arthur Britney a terapia y a tomar antidepresivos. "Empecé a tener ideas suicidas. Prefería suicidarme en Reino Unido a volver a El Salvador a que me torturen. Los crímenes allí son indescriptibles en cuanto al nivel de barbarie. Las personas LGTBI son torturadas, te introducen palos y cristales por el ano, te cortan los genitales y te los meten en la boca. Si me das a elegir... no es muy difícil".

En el año 2019, un total de 1.212 personas solicitaron asilo en Reino Unido por razón de su orientación sexual, lo que representa el 3% de todas las solicitudes. De ellas, 464 fueron aprobadas en una primera fase y otras 299 en la fase de apelación. El Salvador, de dónde llegó Arthur Britney en 2017, no es uno de los países con más solicitantes. Según datos del departamento de Interior británico, la mayoría provienen de Pakistán, Nigeria, Malasia, Namibia y Uganda.

Tras la negativa del tribunal, el siguiente paso es apelar al Supremo, que debe decidir si acepta o no el recurso. En ese intervalo Arthur Britney debía presentarse todos los meses en las oficinas de Interior. En una de esas vistas de trámite, dice, tuvo que entrar a una sala aparte donde le indicaron que su caso estaba cerrado y que debía acogerse al programa de retorno voluntario. "Te dicen que si no estás conforme te regresan a tu país y te dan un dinero para que empieces de nuevo, pero yo no había venido por dinero. Yo no quiero morir en El Salvador, no voy a regresar. Pero insistían en que o volvía o me podían detener y enviarme a un lugar que no podían garantizar que fuera el mejor", cuenta. Tras varias horas, consiguió hablar con su abogado y pudo irse. "Varias organizaciones hicieron una queja pública por esta clase de situaciones, porque mi caso no es el único", indica.

Como explica la portavoz de UKLGIG Leni Candan, uno de los principales problemas a los que se enfrentan las personas LGTBI que solicitan asilo en Reino Unido es tener que demostrar su orientación sexual o identidad de género, algo que ocurre en toda Europa. "El ministerio de Interior puede tener ideas muy estereotipadas sobre lo que significa ser LGTBI y esperar que las personas encajen en estos estereotipos". Además, estos solicitantes "pueden ser enviados a centros de detención de inmigrantes sin un límite de tiempo, donde a menudo enfrentan acoso y abuso", indica.

Una respuesta negativa ante el Tribunal Supremo no supone automáticamente un billete de vuelta al país de origen. En Reino Unido todavía se pueden presentar nuevas evidencias para que el caso se reabra. Su visibilidad pública en defensa de los derechos LGTBI, también en Reino Unido, y cartas de apoyo de personas con las que había realizado activismo y voluntariado reforzaron sus avales como solicitante de asilo. También una carta de su terapeuta que dio un vuelco a la solicitud.

"Yo veía chicos gais, mujeres trans, pero no veía a nadie como yo"
"La terapia estaba enfocada a cómo yo iba manejando el proceso de asilo, pero en un momento dado mi terapeuta me preguntó si tenía interés en transicionar, si me sentía mujer. Le dije que no, que me sentía feliz como en el medio", recuerda Joestar. Ese momento abrió una posibilidad ante sí que jamás se había planteo. "Me dijo que quería hablarme acerca de otras alternativas de género, como el género no conforme, las personas no binarias, queer... Empecé a leer y a investigar sobre el tema y vi que entraba dentro de ese grupo de personas, porque tampoco me sentía un hombre. Eso no te lo enseñan en El Salvador. Yo veía grupos de chicos gais, de mujeres trans, pero no veía a nadie como yo. No sentía que encajaba en esos grupos. Cuando salí del ‘closet’ como persona no binaria, todo el mundo me dijo: 'make sense [tiene sentido]'", ríe.

Arthur Britney reconoce que el proceso de aceptación tampoco fue fácil: "La sociedad te dice que lo travesti, los trans, está mal... y ahora yo soy eso. Aceptar que eres lo que la sociedad más ataca no es fácil, pero el bienestar personal está por encima de todo. Identificarme como persona no binaria me ayudó a aceptarme".

Con las nuevas evidencias, Arthur Britney tuvo que enfrentarse a un panel de jueces que decidirían sobre su caso. "Desde el primer momento que los vi, supe que eso no era para bien", explica. Unos días antes de esa vista, el departamento de Interior había publicado en su página web un informe de país sobre El Salvador en el que, entre otras cosas, indicaba que "las personas LGTBI, y particularmente las personas trans, son vulnerables a la discriminación, la violencia y los crímenes de odio por parte de actores estatales y de la sociedad en general". Pero su solicitud volvió a ser denegada.

"¿Alguien te ha preguntado por tus pronombres?"
Aún quedaba una última oportunidad. Arthur Britney volvió a tener que ponerse delante de un juez. En este caso, de la jueza Bruce. "Cuando la vi, dije: esta es", dice Joestar con el tono más feliz de toda la conversación. Tenía razón, porque la primera intervención de Bruce dejó claras sus intenciones: "¿Por qué en los casos anteriores se siguen refiriendo a ti como un chico gay? ¿Por qué utilizan el pronombre 'he' si has dicho que eres una persona no binaria? ¿Alguien te ha preguntado con qué pronombres quieres que se dirijan a ti? Yo te lo pregunto: ¿Qué pronombres quieres que utilicemos?". Arthur Britney pide que se utilice el pronombre 'they/them', que en inglés corresponde al género no binario.

A partir de ahí, según el relato de Joestar, la jueza preguntó por qué se le había denegado el asilo anteriormente si el propio Ministerio del Interior admitía la violencia que sufrían las personas LGTBI en El Salvador. Algo a lo que nadie pudo responder. Cuando la jueza Bruce anunció que tenía el fallo definitivo, comenzó a hablar en el español que había aprendido durante la pandemia. "Me dijo que quería hacerme saber a mí, antes que a cualquier otra persona en la sala y en mi propio idioma, que me daba el derecho a ser libre en este país, a ser quien yo era y a llamarme como me quisiera llamar", recuerda Arthur Britney, que adoptó legalmente su nombre en ese momento.

"Arthur es la traducción de mi nombre anterior al inglés y Britney es porque amo a Britney Spears, siempre está en los buenos y malos momentos. Cuando me sentía mal, ponía su música y ella me levantaba. Además, siempre que ella iba al tribunal –por el caso #freeBritney para desembarazarse de la tutela legal de su padre– yo iba a corte", recuerda. Aunque confiesa que durante todo su proceso de solicitud de asilo, el disco que más le acompañó fue Reputation, de Taylor Swift. De hecho, la portada del disco está presente durante toda la conversación, junto a una bandera LGTBI, un funko de Britney y un anime de Jojo's bizarre adventure. "Todo lo que me representa", bromea. Tanto, que su apellido proviene de esa serie de anime, en la que todos esos personajes, de aspecto andrógino, se apellidan Joestar.

Su cambio de nombre ha sido para elle la puerta a su nueva vida en su nuevo país. "No me identifico con El Salvador, quiero borrar todo rastro de ese país. Mi país es Reino Unido, que me ha abierto las puertas y me ha aceptado. La persona que nombra el pasaporte salvadoreño ya no existe, nunca existió. Mi yo antiguo necesitaba ser enterrado por todo lo que sufrí para estar en paz. No fue un entierro de odio, fue más bien un 'descanse en paz'".

lunes, 8 de febrero de 2021

#hemeroteca #generonobinario | "Me siento bendecide": la primera persona en recibir el estatus de refugiado en Reino Unido por ser no binario

Imagen: Vice / Arthur Britney Joestar

"Me siento bendecide": la primera persona en recibir el estatus de refugiado en Reino Unido por ser no binario.

Luego de enfrentar constantes abusos físicos y verbales, Arthur Britney Joestar huyó de El Salvador en 2017. Ahora vive en Liverpool, donde las chicas le detienen en la calle para decirle que su cabello luce genial.
Ruby Lott-Lavigna | Vice, 2021-02-08
https://www.vice.com/es/article/m7axga/me-siento-bendecide-la-primera-persona-en-recibir-el-estatus-de-refugiado-en-reino-unido-por-ser-no-binario 

Un día, Arthur Britney Joestar caminaba a su casa desde la universidad en San Salvador, capital de El Salvador, cuando fue atacade por la policía debido a su cabello rubio hasta la altura de los hombros. Durante la golpiza, que duró cinco minutos, los oficiales le dijeron a Joestar que le enseñarían “cómo ser un hombre”.

Después de sufrir constantes abusos físicos y verbales, Joestar dejó su país de origen y se marchó a Reino Unido en 2017. El año pasado, tras un fallo histórico que le concedió el derecho a recibir asilo, se convirtió en la primera persona de la nación europea en recibir el estatus de refugiado por ser no binario. En su fallo, los jueces de inmigración dijeron que Joestar sería mucho más “vulnerable a los ataques” si regresara a El Salvador ahora, a la luz de sus altas tasas de crímenes de odio contra las personas LGBTQ.

El año pasado, tres policías recibieron sentencias de 20 años de cárcel por asesinar a una mujer transgénero, en lo que fueron las primeras condenas por asesinato en El Salvador donde la víctima era una persona trans. No solo las personas LGBTQ enfrentan discriminación: el país cuenta con algunas de las leyes de género más represivas del mundo: el aborto es ilegal en todos los casos y las mujeres enfrentan sentencias de asesinato por abortar, incluso si ocurre de manera espontánea.

Joestar vive ahora en Liverpool, donde se dedica al activismo LGBTQ. VICE World News habló con Joestar sobre el difícil proceso de buscar asilo y crecer en El Salvador.

Vice: Hola Arthur. Viviste en El Salvador hasta 2017, cuando te mudaste a Reino Unido. ¿Cómo era tu vida en Centroamérica?

Arthur Britney Joestar: En El Salvador no me identificaba como no binario. Eso ocurrió después de un largo proceso aquí en Reino Unido con un terapeuta. Después de meditarlo mucho, me di cuenta de que soy no binario. Tengo que decirlo: siempre lo llevas dentro de ti. Nunca me sentí totalmente masculino, pero toda mi vida lo oculté.

Cuando estaba en mi país, siempre me sentí como una persona diferente. En Latinoamérica hay mucho machismo. Me teñía el cabello, usaba aretes, a veces usaba gargantillas; pequeños detalles que generalmente son para mujeres. Siempre quise tener el cabello largo pero tenía miedo de lo que me pasaría si cambiaba mi apariencia.

Honestamente, en El Salvador, las personas no binarias no existen [abiertamente]. Incluso en Reino Unido luchamos por tener visibilidad. No podemos expresarnos sin el temor de que nos ataquen.

P. ¿Experimentaste algún tipo de violencia en El Salvador?

R. Sí. El primer incidente sucedió en 2013, cuando solo tenía el cabello rubio a la altura de los hombros. Caminaba por el centro de la ciudad de San Salvador y cinco policías comenzaron a preguntarme por qué tenía el cabello teñido, alegando que no es algo normal en un chico.

Uno de ellos me golpeó el rostro y comenzó a preguntarme: “Entonces, ¿por qué tienes el cabello así?” y yo solo le respondí: “Porque me gusta”. En ese momento me golpeó en el pecho y me dijo que me enseñaría a ser hombre. Los cinco policías empezaron a golpearme juntos durante unos cinco minutos. Me dejaron tirade en la calle, sangrando. Fue horrible porque a nadie le importó. La gente simplemente caminó a mi alrededor, mirándome como si fuera un perro moribundo. Me hizo sentir realmente avergonzade de mí misme.

En aquellos momentos, cuando me decidía a actuar como yo misme por unos días o meses, sufría violencia en las calles. La gente se burlaba de mí y se me quedaba viendo porque parecía un bicho raro. Desde las ventanillas del autobús me arrojaban basura, envolturas de papas fritas, chicles. Una vez estaba caminando hacia mi trabajo y desde un camión un tipo me arrojó una bolsa con orina. Fue horrible. Fue lo más humillante. Cuando regresé a mi casa me duché y sólo pensé: “¿Qué está pasando? No me merezco esto”.

P. ¿Cómo fue el proceso de decidir marcharte a Reino Unido?
R. Me di cuenta de que si quería ser el tipo de persona que quería ser, era cuestión de tiempo antes de que me encontrara en el lugar equivocado a la hora equivocada, y la gente incorrecta me hallara. Los crímenes de odio en El Salvador son horribles: torturan a las personas LGBTQ porque quieren enviar un mensaje. Ese mensaje es que somos pecadores y que nos lo merecemos.

Yo tenía un trabajo razonable en El Salvador. La razón por la que vine aquí no es financiera, sino que tiene que ver con mi identidad. En ese momento, mis sentimientos me llevaron a pensar que necesitaba ser la persona que quería ser, pero otra parte de mí me hacía pensar en lo que me esperaba si me quedaba [en El Salvador]. Así que esa combinación de factores me hizo marcharme en 2017.

P. ¿Qué tan difícil fue cuando en un inicio te negaron el asilo en Reino Unido?
R. Es una de las razones por la que empecé a ir a terapia. El proceso de asilo es terrible aquí en Inglaterra. El proceso no funciona correctamente y es totalmente injusto. Si leen el fallo final, la juez criticó el proceso anterior. Dijo: “¿Cómo es que no usaron todas las pruebas?”.

Incluso el Ministerio del Interior británico hizo un reporte sobre El Salvador que señala que el país centroamericano es uno de los lugares más peligrosos para las personas LGBTQ. Lo ignoraron por completo y lo pasaron por alto.

Todos estos pensamientos negativos me deprimieron, así que comencé a asistir a terapia. Al mismo tiempo, estaba pasando por el proceso de tratar de sanar y comencé a explorar mi identidad de género.

P. Te concedieron el derecho a apelar la decisión y en septiembre ganaste el derecho a quedarte. ¿Cómo se dieron las cosas?
R. Fue lo más valeroso que jamás podría suceder en mi vida. Es como cuando hace mucho calor y sientes ese viento que es como una brisa de verano. Me quedé totalmente sin palabras. No podría estar más feliz con la juez que me tocó. Se ocupó totalmente de mi caso y entendió los detalles, por más minúsculos que fueran, que ayudaron a pintar la imagen completa de lo que ocurría. Ella entendió todos mis miedos, no solo con que me mandaran de vuelta a El Salvador, sino con el proceso de asilo. Vio muchos errores en el proceso.

P. ¿Cómo es la vida ahora que vives en Liverpool? ¿Crees que las actitudes sociales son mejores?
R. No podría estar más agradecide de estar aquí en Liverpool. Es uno de los mejores lugares aquí en Reino Unido. Las personas realmente tienen la mente abierta y cuidan de mí, tratan de levantarme el ánimo cuando me siento mal. Lo comparo todo el tiempo con lo que ocurría en El Salvador, cuando esperaba que la gente me tratara como basura y sentía que algo algo malo iba a sucederme. Pero ahora puedo salir y las chicas me detienen en la calle y me dicen: “¡Dios mío, me encanta tu cabello!”. Estoy feliz de hacer de este lugar mi hogar. En verdad lo siento como un hogar porque puedo salir y sé que la gente solo se acercará para decirme cosas positivas.

No creo en dios, pero me siento bendecide. Ahora puedo enfocar todo mi esfuerzo en luchar por las generaciones futuras.