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lunes, 25 de octubre de 2021

#hemeroteca #lenguaje #censura | La Oficina de Patentes y Marcas no deja registrar'Hideputa' como nombre de un vino dedicado a 'El Quijote'

Noticias de Gipuzkoa / Etiqueta 'Hideputa' de Estrella Cobo //

La Oficina de Patentes y Marcas no deja registrar 'Hideputa' como nombre de un vino dedicado a 'El Quijote'.

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, en Ciudad Real, bautizó así un tinto de crianza con el que agasajar a sus invitados ilustres durante sus 'Almuerzos de don Quijote'.
J.M. Ochoa de Olza | Noticias de Gipuzkoa, 2021-10-25
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/vivir-on/gastronomia/2021/10/25/oficina-patentes-marcas-deja-registrarhideputa/1152111.html 

La Oficina Española de Patentes y Marcas ha denegado el registro de la marca de vino ‘Hideputa’ que la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) había solicitado, por considerarlo "vulgar" y pese a que el término aparece en El Quijote, obra que homenajea y estudia esta novela española.

Los cervantistas han explicado con que este vino, agasajan a los invitados que regularmente reciben en sus ‘Almuerzos de don Quijote’. Este embotellado fue presentado en sociedad el pasado 14 de junio en la bodega Alort. De hecho, la primera personalidad en probarlo ha sido el Nobel de Física de 2019, el suizo Michel Mayor, quien les visitó el pasado 6 de octubre.

Se trata de un tinto de crianza, cabernet, envejecido 12 meses en barrica francesa de tostado medio, que transmite de forma intensa la personalidad de sus variedades cabernet sauvignon y franc moderno, equilibrado, sedoso y brillante.

El por qué de ese nombre
La asociación cultural se ha inspirado en un fragmento del capítulo XIII de ‘El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha’ de Miguel de Cervantes, concretamente en el que Sancho Panza mantiene con el escudero del Caballero del Bosque una conversación sobre el vino que están degustando.

El escudero llama al vino "hideputa" y lo alababa por su calidad, por ser de Ciudad Real y por tener algunos años de ancianidad. Sancho Panza señala: "Confieso que no es deshonra llamar hideputa a nadie cuando cae debajo del entendimiento de alabarle... ".

De hecho, en la propia etiqueta de la botella, un diseño de Estrella Cobo Andrés, se recoge esta frase a modo de diálogo.

Con esta idea y por parecerles un nombre muy cervantino y sobre todo identificativo del "buen mojón" (entendido en vinos, catador) que era Sancho Panza, la asociación cultural inició los trámites de registro.

La burocracia del siglo XXI
Sin embargo, la Oficina Española de Patentes y Marcas ha denegado esta solicitud basándose en que la denominación "es contraria a la ley, al orden público o a las buenas costumbres, toda vez que el distintivo incorpora en su conjunto una calificación denigratoria, que cabe considerar de atentatoria a las buenas costumbres, incluso si está extendida en el lenguaje vulgar".

Los cervantistas han lamentado que lo que ni el Consejo Real ni los estamentos religiosos (Inquisición) impidieron a Cervantes en 1605 que El Quijote viese la luz, "416 años después un estamento oficial español censure y tache de vulgar al mejor escritor que en todos los tiempos ha tenido nuestra lengua".

La asociación cultural coincide con el académico de la Lengua Arturo Pérez-Reverte, en que "no se pueden quitar del diccionario las palabras que han utilizado escritores de la talla de Galdós, Cela o Cervantes, por muy malsonantes que nos puedan parecer hoy, ya que ellos las utilizaron de manera limpia, eficaz y práctica, consiguiendo reflejar el lenguaje de su época".

De otro modo, ha añadido, leer a los clásicos de la literatura sería imposible y por eso la Real Academia de la Lengua es la encargada de definirlas y de preservarlas para los lectores actuales y futuros.

Por ello y a pesar de que esta marca con toda seguridad no será oficialmente registrada, los cervantistas alcazareños piensan seguir utilizándola para "ser coherentes con su obra y para perpetuar la memoria de Miguel de Cervantes".

Y TAMBIÉN…
"Ni la Inquisición": deniegan el registro de una marca de vino llamada 'Hideputa' por considerarla "vulgar".

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, que ha bautizado su vino con este término extraído del Quijote, denuncia la censura: "Lo que no consiguieron en el siglo XVII ni la Inquisición ni el Consejo Real, lo ha hecho en el siglo XXI un estamento oficial español".
Alicia Avilés Pozo | El Diario, 2021-10-25
https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/inquisicion-deniegan-registro-marca-vino-llamada-hideputa-considerarla-vulgar_1_8427541.html

domingo, 19 de abril de 2020

#hemeroteca #identidades #historia | Los judíos conversos usurparon apellidos de nobles para escapar de la Inquisición

Imagen: Público / 'Auto de fe de la Inquisión', de Francisco de Goya
Los judíos conversos usurparon apellidos de nobles para escapar de la Inquisición.
El investigador Enrique Soria destapa una de las estrategias más sibilinas del Siglo de Oro para escapar al "régimen de terror" de la limpieza de sangre y la persecución de la Inquisición española.
A. Moreno | Público, 2020-04-19
https://www.publico.es/sociedad/judios-conversos-inquisicion-judios-conversos-usurparon-apellidos-nobles-escapar-inquisicion.html

Miles de judeoconversos se apropiaron de apellidos de familias nobles entre los siglos XVI y XVII para limpiar su origen manchado y esquivar la implacable política represiva puesta en marcha por la maquinaria inquisitorial y los estatutos de limpieza de sangre. La audaz estrategia de asimilación de la comunidad judeoconversa ha sido estudiada minuciosamente por Enrique Soria, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba y autor de una prolífica obra investigadora sobre los marranos o cristianos nuevos.

Sus conclusiones son sorprendentes. En medio de una sociedad aparentemente inflexible y sometida a asfixiantes leyes de depuración católica, los judeoconversos encontraron resquicios para escabullirse de su estigma primigenio y activar mecanismos de ascenso social. "El uso de los apellidos entonces era muy caótico", subraya Enrique Soria. "Muchos hijos llevaban apellidos de la madre. Otros de la abuela o de un tío. Y era muy normal que los hermanos tuvieran apellidos distintos. Y, en ese caos, es muy fácil que los conversos jueguen para huir de la marca de la infamia".

El investigador cordobés lleva años sumergido en los archivos. Y ha revisado miles de documentos que revelan una de las prácticas más ingeniosas de reinvención del linaje. "Si yo me llamo Córdoba de apellido, como cientos de personas, porque soy descendiente de un judío, pues me pongo Fernández de Córdoba. Y a un genealogista le pago para que me diga que desciendo de un hijo bastardo de la familia. Y lo injerto en el árbol genealógico. O paso de Ramírez a Ramírez de Arellano. O de Toledo a Álvarez de Toledo. Es decir: usurpo apellidos nobiliarios o que suenan a nobiliario".

Los judeoconversos con poder económico daban un paso más en su sibilina estrategia. Sobornaban a los auténticos nobles, muchos de los cuales vivían en el norte y pertenecían a familias en claro declive. Contactaban con ellos y compraban su inclusión en la estirpe a cambio de un documento que certificara su falso origen hidalgo. "Lo que interesaba es tener una carta que después puedas usar. Una prueba. Y, en efecto, se trataba de toda una industria de la falsificación y el blanqueamiento".

Los estatutos de limpieza de sangre se convirtieron durante siglos en un férreo sistema de depuración ideológica sin precedentes ni parangón en Europa. Una sola gota de sangre judía en generaciones ya manchaba de forma irreparable la reputación personal y desencadenaba todo un proceso de ostracismo social. "Esa monstruosidad demencial hacía que con solo un judío entre tus antepasados ya era suficiente. Podías ser el mejor cristiano del mundo y convertirte en un paria social si alguien demostraba que tenías la sangre manchada. Entonces, no podías entrar en las cofradías, ni en la universidad, ni tener cargos importantes". Son innumerables los casos de obispos, canónigos e incluso santos que tenían huellas judías en su árbol genealógico. "Yo he demostrado en un trabajo que hay una gran parte de la Inquisición que tiene sangre judía. Y esta espada de Damocles permanece encima de la población entre 1550 y 1650, que son los años más duros".

Los judíos ocupaban el vértice del escalafón del desprecio, por encima, incluso, de los moriscos. "Era asco absoluto", describe gráficamente Enrique Soria. Pero, ¿cuál es la razón? El investigador cordobés cree que uno los motores del odio social fue prendido por la Iglesia, que los acusaba de haber matado a Cristo. "Aunque Cristo era judío", remarca el catedrático de la UCO. Los prejuicios y las leyendas antisemitas se expandieron como la pólvora. "Los acusaban de envenenar fuentes y matar niños, y se identificaban con el prestamista y el usurero". El hecho diferencial con el morisco, en opinión de Enrique Soria, es que este es rural y marginal, y el judeoconverso se instala en las urbes, se mezcla con las clases medias y accede a puestos de relevancia, desde escribanos a notarios, contadores médicos o farmacéuticos, lo que excita un fuerte sentimiento de envidia.

A diferencia de Europa, donde los judíos son atacados ferozmente pero enclaustrados en guetos, en España están insertos en la trama social. "Se sienten parte del sistema pero son rechazados por el sistema", puntualiza el profesor. Ese hecho inaudito propicia, bajo su perspectiva, el fenómeno del Siglo de Oro, que es la "máxima etapa de la creación humana". Muchos de los autores son de origen converso y sus desventuras personales en el contexto de una sociedad que los hostiga constituyen el magma de dos de los géneros más celebrados de la historia de la literatura española: la picaresca y la mística. "La picaresca es impensable fuera de España. Es un cántico a mostrar las miserias del sistema. Los escritores no son pobres, pero saben que, por su sangre, son basura social. Y cada uno a su manera, hasta Cervantes, está escribiendo desde el dolor", afirma.

Sobre la controversia originada por la escritora Elvira Roca y su libro ‘Imperiofobia y leyenda negra’, Enrique Soria coincide con la autora en que la Inquisición española dictaba sus sentencias en el marco de un proceso con garantías, al contrario de lo que sucedía en el resto de Europa. "Aquí no existe el linchamiento de las sociedades anglosajonas. Pero la cuestión no es cuántos quemaron. De lo que se trata es del régimen de terror que genera la Inquisición y la limpieza de sangre. La Inquisición juzga a los malos cristianos y no admite la libertad de creencias. No solo en España. En toda Europa. Lo distintivo de España es la limpieza de sangre. El miedo a que saliera a la luz tu auténtica ascendencia sí es propiamente hispánico. Y es monstruoso". Enrique Soria cree, por tanto, que Elvira Roca maneja datos veraces en relación a la Inquisición, pero considera que la autora malagueña los utiliza para defender "un discurso reivindicativo de la España imperial".

sábado, 9 de junio de 2018

#hemeroteca #mujeres #historia | Bizkaia pide perdón a las mujeres condenadas por brujería en el siglo XVII

Imagen: Público
Bizkaia pide perdón a las mujeres condenadas por brujería en el siglo XVII.
La presidenta del parlamento foral de Bizkaia, Ana Otadui, y los ayuntamientos de la comarca del Duranguesado han pedido perdón a estas mujeres y sus descendientes y reivindicado, su "legado de inconformismo y su grito de libertad".
EFE | Público, 2018-06-09
http://www.publico.es/sociedad/feminismo-bizkaia-pide-perdon-mujeres-condenadas-brujeria-siglo-xvii.html

La presidenta del parlamento foral de Bizkaia, Ana Otadui, y los ayuntamientos de la comarca del Duranguesado han pedido este sábado perdón a las mujeres que en 1617 fueron condenadas a prisión acusadas de brujería.

Las mujeres fueron condenadas por los representantes de los municipios de la comarca y de las Juntas (el parlamento foral provincial) a penas de prisión más duras que las pedidas por los propios inquisidores desplazados desde Madrid y Logroño.

Otadui ha reivindicado hoy, según una nota de las Juntas de Bizkaia, el "legado de inconformismo y su grito de libertad" de aquellas acusadas de brujería, y ha apostado por "dar pasos hacia una más efectiva y real igualdad entre hombres y mujeres que termine de una vez por todas con la violencia contra las mujeres", además de reafirmar el compromiso de las Juntas Generales de "visibilizar a las mujeres en la historia de nuestra Bizkaia".

La presidenta del parlamento foral y alcaldes y concejales de los ayuntamientos del Duranguesado han suscrito un manifiesto en el que, además de pedir perdón a los descendientes de aquellas mujeres por el daño producido a causa de las decisiones tomadas por las autoridades hace 400 años, se han prometido a que sus instituciones condenarán todas aquellas acciones que vayan en contra de la igualdad de hombres y mujeres y de la libertad de pensamiento, conciencia y creencia.

domingo, 19 de noviembre de 2017

#hemeroteca #transexualidad | Un transexual en la España de Felipe II

Imagen: El País / Eleno de Céspedes, por Ria Brodell, 2011
Un transexual en la España de Felipe II.
El caso de Eleno de Céspedes, famoso en la época, recuerda que la transexualidad existía mucho antes de ser definida por la ciencia.
Antonio Pita | El País, 2017-11-19
https://elpais.com/cultura/2017/10/30/actualidad/1509349581_209358.html

"Céspedes - Elena y Eleno de. Natural de Álama, esclava y después libre, casó con un hombre y tuvo un hijo; después y muerto su marido se vistió de hombre y estuvo en la Guerra de los Moriscos de Granada, se examinó de cirujano y se casó con una muger (sic), fue presa en Ocaña y llevada a la Inquisición, donde se le acusa y condena por desprecio al Matrimonio y tener pacto con el Demonio". Así, con el nombre en letras grandes para mostrar la importancia del caso, resumía el tribunal del Santo Oficio el proceso de fe contra Eleno de Céspedes, una mujer que vivió públicamente como hombre en la España de Felipe II. Su caso, una ‘rara avis’ en el siglo XVI, recuerda este lunes, Día Internacional de la Memoria Transexual, que la transexualidad existía mucho antes de ser definida como tal por la ciencia en el siglo XX.

"Lo que hace especial este caso respecto a los cientos de procesos contra homosexuales que hubo en esa época es que, sin duda alguna, fue una transexual que llevó hasta el extremo su deseo de ser hombre", explica Ignacio Ruiz, catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y coautor de ‘Elena o Eleno de Céspedes’, el último libro sobre el caso, publicado este año por la editorial Dykinson.

Casi todo lo que sabemos del personaje procede de las más de 300 páginas de su proceso inquisitorial. Nació en torno a 1545 en la localidad granadina de Alhama, fruto de una relación extramatrimonial de su padre con una esclava negra que servía en la casa. Se desconoce cuál era entonces su nombre o si tenía (algunos esclavos carecían de él), hasta que con ocho años fue liberada y aprendió su primer oficio, el de tejedora. En la adolescencia se casó con un albañil con el que "hizo vida maridable como tres meses" -según consta en el acta inquisitorial- hasta que, embarazada, abandonó la casa. Nunca más volvería a tener sexo con un hombre. Entregó a su hijo a unas personas que vivían en Sevilla e inició un periplo por numerosas ciudades de España. En Sanlúcar de Barrameda tuvo su primera amante y en Arcos de la Frontera empezó a vestir de hombre. Cambiaba cada poco su residencia en un siglo en el que el grueso de la población vivía y moría donde nació. "Se acostaba con bastantes mujeres y se iba: sabía que los vecinos estaban obligados a denunciarlo a la Inquisición", subraya Ruiz.

Luego se alistó como soldado para acabar con la Rebelión de las Alpujarras, el levantamiento de los moriscos a causa de un edicto que prohibía su forma de vida. Se mudó a Madrid, recién nombrada capital, aprendió el oficio de cirujano (que ejerció en el hospital de la Corte y luego en El Escorial, donde la acusaron de intrusismo), se examinó y logró la licencia. "Es la primera cirujana en la historia de la medicina española, aunque obtuviera fraudulentamente el título" porque estaba entonces reservado a los hombres, apunta Emilio Maganto Pavón, exjefe de la sección de Urología en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid y autor del libro ‘El proceso inquisitorial contra Eleno de Céspedes’, publicado en 2007 por Método Gráfico.

En Yepes se casó con una mujer, María del Caño, después de que un examen genital ordenado por el párroco ante la sospecha de que fuese "lampiño o capón" certificase erróneamente que podría engendrar hijos, fin último del matrimonio canónico. Convivió con su esposa poco más de un año, hasta que un antiguo compañero de armas (que había oído decir en las Alpujarras que era una mujer disfrazada de hombre) lo denunció. La pareja fue apresada y sometida en Ocaña a un juicio que fue seguido de otro inquisitorial en Toledo, solo contra Eleno, y que acabó con una condena de 200 azotes públicos y reclusión durante diez años en un hospital. Su caso había tenido tal resonancia que el director del centro tuvo que pedir que trasladasen al nuevo reo por "el grande estorbo y embarazo" que causaba su presencia, como indica en la carta que envió al Santo Oficio. "Estoy seguro de que, de manera callada y pausada, muchos homosexuales se acercaban a ver ese caso de valentía absoluta", opina Ruiz.

Quedan muchas dudas sobre los genitales de Eleno. Hasta el juicio logró que numerosas personas, entre ellas nada menos que Francisco Díaz, cirujano de Felipe II y autor del primer tratado de urología, le certificasen como varón, lo que le permitió casarse con una mujer. ¿Cómo? Ruiz cree que solo pudo lograrlo implantándose los genitales masculinos de un cadáver para superar las amonestaciones necesarias para contraer matrimonio. Maganto apunta a un "artificio" que resultó creíble para la época. "Se hizo una automutilación gracias a sus conocimientos de cirugía y a la ayuda de una curandera morisca: disimuló los pechos con vendajes compresivos y se obturó la vagina usando elementos cáusticos, hasta el punto de que nadie conseguía encontrarla", precisa. En el proceso de Ocaña se habla de que recurría con su mujer a un "instrumento tieso y liso" . "Debía de ser un consolador llamado baldrés, hecho de madera forrado con cuero blando", señala Maganto. "El lesbianismo era entonces casi invisible y quedaba fuera del radar. Solo se consideraba sodomía si había un falo falso", explica por teléfono desde EE UU Israel Burshatin, doctor por la Universidad de Columbia experto en estudios de género que analizó el caso en el ensayo ‘Queer Iberia’.

¿Cómo se autodefiniría Elena/o de Céspedes si viviera hoy? "Era un varón atrapado en el cuerpo de una mujer. Tiene claros elementos de transexualidad", afirma Maganto. Ruiz también lo tiene claro: "se trata de un transexual", de "un personaje frontera, siempre al filo de la navaja". "Es posible que sea un individuo entre géneros. Ahora estamos en ese respecto más cerca del siglo XVI que del siglo XIX, en el que había una dualidad clara hombre-mujer", apunta Burshatin tras resaltar el contraste entre la "vida fronteriza" de un Eleno de piel oscura y la buscada homogeneidad del "cristiano viejo" en la España postReconquista, en la que el Concilio de Trento, concluido poco antes del juicio, había aumentado además la preocupación sobre el matrimonio.

La prueba más gráfica de esta ambigüedad era su propio nombre. Pasó de Elena a Eleno y en el Ejército se hacía llamar Céspedes, a secas. "Incluso en su firma, el propio rabito de la 'o' estaba hecho de forma que podía parecer una 'a", ejemplifica Ruiz.

La opción de que Eleno fuese hermafrodita, un concepto que ya existía, resulta poco creíble. Parece más bien una estrategia de defensa que improvisó tras dos años en prisión: argumentar que le había salido una especie de pene al dar a la luz, que "por entender que era hombre y no muger" (sic) se casó para "estar en serviçio de Dios" tras años de lecho en lecho y que el pene se le fue cayendo en la cárcel. No convenció al tribunal, que le halló culpable de "menosprecio del matrimonio" y "pacto con el demonio".

El caso fue tan conocido en la época que posiblemente inspirase a Miguel de Cervantes su personaje Cenotia, una suerte de maga nacida en Alhama de Granada y huida de la Inquisición que aparece en ‘Los trabajos de Persiles y Sigismunda’. Lo recuerda desde 2012 una placa en la localidad.

viernes, 8 de septiembre de 2017

#hemeroteca #transexualidad #historia | Elena o Eleno de Céspedes : un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, en la España de Felipe II

Elena o Eleno de Céspedes : un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, en la España de Felipe II / Ignacio Ruiz Rodríguez, Alexander Hernández Delgado.
Madrid : Dykinson, 2017 [09-08].
259 p.
ISBN 9788491482840 / 20 €

/ ES / ENS
/ Derecho / Eleno de Céspedes / Historia – Siglo XVI / Hombres trans / Inquisición / Testimonios / Transgénero / Transexualidad

Este libro de Ignacio Ruiz Rodríguez, Catedrático de Historia del Derecho en la Universidad Rey Juan Carlos, nos proporciona un detallado análisis del proceso civil e inquisitorial al que se vio sometida Elena o Eleno de Céspedes, para su autor, "un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer", en tiempos del reinado de Felipe II. Y si nos preguntamos qué hay detrás de este proceso, vemos que el detonante para que Elena (Eleno) de Céspedes sea juzgada y finalmente condenada a graves penas, no fue otro que su matrimonio, en 1586, con otra mujer. 

El profesor Ignacio Ruiz nos regala, generosamente, una obra concebida para ser el brillante resultado del ejercicio científico, histórico-jurídico y heurístico que ha materializado en el libro. Se trata de una publicación accesible a toda suerte de lectores, y no sólo para especialistas en materia jurídica o en la historia de la época moderna, sencilla, pero a la vez rigurosa. Un texto para ser leído como un ensayo biográfico, para ir avanzando en el conocimiento del personaje y comprendiendo su trayectoria vital, las circunstancias de los procesos en los que se vio inmerso y la grave condena que se le infligió. 

La obra se completa con una bibliografía actualizada que orienta al lector, no faltando el listado de lugares por los que transitó Elena (Eleno) de Céspedes en los estertores de la España imperial del Quinientos.

lunes, 15 de mayo de 2017

#hemeroteca #memoria | Recordad a Margarida Borràs: València homenajea a la primera ejecutada por identidad de género

Imagen: Valencia Plaza / Plaza del Mercado, Valencia
Recordad a Margarida Borràs: València homenajea a la primera ejecutada por identidad de género.
Valencia Plaza, 2017-05-15
http://valenciaplaza.com/el-ayuntamiento-de-valencia-plantea-cambiar-el-nombre-dado-a-51-calles-en-epoca-franquista

El próximo miércoles 17 de mayo, Día Internacional Contra la LGTBIfòbia, la concejalía instalará en la plaza del Mercado de València una placa en homenaje a Margarida Borràs, ajusticiada por su condición de transexual

La concejala de Igualdad y Políticas Inclusivas, Isabel Lozano, ha anunciado que el próximo miércoles 17 de mayo, Día Internacional Contra la LGTBIfòbia, la concejalía instalará en la plaza del Mercado de València una placa en homenaje a Margarida Borràs.

Margarida Borràs es un referente del movimiento transexual por ser el primer caso documentado de tortura y muerte en València por identidad de género, puesto que fue ajusticiada por la Inquisición en el siglo XV por su condición de mujer transexual. Tal y cómo está documentado en un Dietario de la época escrito por Melcior Miralles, el lunes 28 de julio de 1460 en la plaza del Mercado de València, tuvo lugar su ejecución.

“Es realmente necesario, como acto de reparación, colocar una placa en memoria de Margarida Borràs en la plaza del Mercado. Desde nuestra perspectiva actual, que fundamenta nuestra convivencia a partir del respecto a los derechos humanos y a la diversidad, resulta terrible asumir la atrocidad de esos actos de tortura y muerte", aseguró la concejala de Igualdad y Políticas Inclusivas, Isabel Lozano.

La acción del ‘Govern de la Nau’ de instaurar una placa conmemorativa “nos ayuda a tener perspectiva histórica para tomar conciencia de los avances conseguidos y de la necesidad de seguir trabajando para conseguir la igualdad real y erradicar la discriminación por cualquier motivo, incluyendo la orientación sexual y la identidad de género”, ha concluido Lozano.

La placa será instalada a las 19:30 h horas en la plaza del Mercado (frente a la iglesia de los Santos Juanes) y también recordará a todas las víctimas de la homofobia, la transfòbia y la bifòbia. En el marco de la conmemoración de esta fecha, el próximo jueves 18 de mayo, a las 19:00 horas, en el Ateneo Mercantil de València, la concejalía también ha organizado una charla-coloquio sobre la situación de la homosexualidad

jueves, 17 de diciembre de 2015

#hemeroteca #historia | La represión de la homosexualidad en la Castilla Medieval

Imagen: Cadena SER / 'Auto de Fe' de Pedro Berruguete
La represión de la homosexualidad en la Castilla Medieval.
Las relaciones homosexuales fueron condenadas en lo espiritual por la Iglesia, y reprimidas y castigadas por los tribunales castellanos a partir del siglo XIII. Con anterioridad, ni la Iglesia, ni el naciente estado monárquico de Castilla habían condenado las relaciones íntimas entre personas del mismo sexo.
Jesús Ángel Solórzano Telechea | Cadena SER, 2015-12-17
http://cadenaser.com/programa/2015/12/17/ser_historia/1450359776_571138.html

De hecho, era habitual que dos hombres compartieran sus vidas, como lo revelan los “pactos de hermanamiento”, que se asemejaban en todo a los heterosexuales, ya que se celebraban ante la presencia de un cura, de testigos, y de los símbolos cristianos. Es el caso del acuerdo de Pedro Didaz y Munio Vandilaz, que decidieron compartir sus vidas y sus propiedades en el concejo gallego de Rairiz de Veiga en 1061. Esto se explica porque los pecados de lujuria se fijaron en la época de la reforma eclesiástica entre mediados del siglo XI y el XII, cuando los reformadores promovieron un nuevo rigorismo moral, en el que el sexo y el placer estaban inspirados por el mal y, en consecuencia, eran fuente de pecado, en razón de lo cual, toda actividad sexual recaía bajo la jurisdicción de la Iglesia. La primera obra que condenó las relaciones homosexuales fue el ‘Liber Gomorrhianus’ de Pedro Damiano (1049), que un siglo más tarde sancionaría la primera colección canónica de la Iglesia, el ‘Decreto de Graciano’. Sobre la base de esta concepción teológica se fundamentó la práctica jurídica, produciéndose lo que se llama el “tránsito del pecado al delito”, pues como consecuencia de la estrecha relación entre el orden espiritual y el terrenal, la legislación penal asumió la postura de la Iglesia sobre el pecado de sodomía. Hay que decir que la represión de la homosexualidad no fue exclusiva de la Cristiandad, pues también era duramente castigada en al-Andalus, donde imperó la Sharia o ley Islámica en sus ocho siglos de existencia, aunque a veces se ha afirmado falsamente que el Islam, en especial el andalusí, fue tolerante con las relaciones homosexuales.

La primera legislación castellana comenzó en el ámbito urbano por medio de las cartas forales otorgadas a las villas y ciudades. El primer fuero en condenar las relaciones homosexuales fue el de Cuenca (1190), que sirvió como modelo foral de otros lugares, a los que se les concedió conforme avanzaba la reconquista, lo que permitió una gran difusión de sus preceptos penales en el sur peninsular. Este fuero establecía la pena de muerte en la hoguera para aquellos que “se viciaran por el ano”. También la legislación general del reino de Castilla condenó las relaciones homosexuales, como el ‘Fuero Juzgo’ (1241), aunque era algo “menos inclemente” que el derecho foral, pues cambió la pena de muerte por la castración, la confiscaciones de los bienes y la vergüenza pública. Una novedad de este código consistió en la extensión del castigo a todos los estamentos. ‘Las Partidas’ (1265) de Alfonso X supusieron otra vuelta de tuerca de la represión, ya que se advertía de que la sodomía traía la ‘infamia’ y el castigo de Dios no sólo para el pecador, sino a toda la comunidad del lugar donde se cometiera, lo que fijó a los homosexuales como los chivos expiatorios de las desgracias de la población. Hasta el año 1497, no volvemos encontrar la penalización de la sodomía en la documentación legislativa general del reino. Aquel año, los Reyes Católicos, preocupados porque la sodomía no recibía el suficiente castigo en sus reinos, reforzaron el sistema legal con una ‘Pragmática Real’, que insistía aun más en la cólera de Dios, pues se trataba de un pecado que provocaba la destrucción del género humano con guerras y pestes. Así, los legisladores consideraban que las relaciones ‘contra natura’ compartían una doble naturaleza, pues eran un pecado y un delito, una acción abominable que merecía el peor de los castigos. Una de las novedades de la Real Pragmática de 1497 radicó en que no especificaba con exactitud en qué consistía dicho delito, ya que se hablaba de un pecado ‘contra natura’, un crimen cometido contra el orden natural, un delito nefando, pero no se decía en qué consistía, mientras que la legislación foral y real de los siglos anteriores el delito se describía fielmente: «foder por el culo», «yacer un hombre con otro» (fueros de Úbeda, Béjar, Baeza, ‘Las Partidas’). De esta manera, también comenzaron a ser reprimidos los besos, los abrazos, los tocamientos, no sólo de los hombres, sino también de las mujeres, lo que viene a contradecir la opinión sobre la impunidad de las relaciones lésbicas en la Edad Media. Por ejemplo, Diego Jerez Provecho, vecino de Plasencia, fue acusado por el corregidor de haber tentado al mozo Domingo Hernández, a quien le había “metido la mano en la bragueta y le había pedido que le mostrase su miembro” a cambio de convidarle a almorzar. También es el caso de dos vecinas de San Sebastián, Catalina de Belunce y Mache de Oyarzun, que son las primeras lesbianas denunciadas, sometidas a tormento y condenadas en la Corona de Castilla en el año 1503, aunque los jueces de la Chancillería de Valladolid, el alto tribunal de Castilla, las declaró inocentes en vista de la falta de pruebas.

Se puede decir que la ‘Pragmática de los Reyes Católicos’ de 1497 inauguró una nueva época de represión, pero esto no es totalmente cierto, ya que existen algunos casos de sodomía juzgados con anterioridad por los alcaldes de las villas y ciudades, aunque es verdad que son muy escasos. El primer juicio que tenemos documentado en Castilla se produjo en Murcia en 1408, cuando fue apresado Alfonso Fernández Cardador por los alcaldes tras ser acusado de haber cometido «adulterio con un mozo». Sin embargo, hay que decir que, en los reinos de Aragón y Navarra, hay casos documentados desde finales del siglo XIII. En Tudela fue quemado un hombre en 1346 por sodomía.

La sodomía, dada su doble naturaleza de delito y pecado, afectaba a todos los súbditos de la Corona, incluidos los de otras religiones, así como a los extranjeros, pues era, según ley, un delito que manchaba la tierra en la que se cometía y dañaba a todos los que en ella habitaban. Es el caso de Agustín Corso, genovés, maestre de una nao que arribó a San Sebastián, y que fue acusado de haberse acostado con Antoneto, paje de la nao, a lo largo del año de 1514. El genovés se defendió diciendo que no había pasado de besarse y abrazarse, pero finalmente fue condenado a morir en la hoguera.

La acusación de haber cometido relaciones homosexuales se convirtió en un arma política entre los bandos que se disputaban el poder, tanto en el ámbito local, como en el reino, ya que la condena conllevaba la infamia del acusado y su inhabilitación para ejercer cargos públicos. Tal es el caso del rey Enrique IV, que tuvo importantes consecuencias históricas, y nos han llegado numerosos ejemplos en el ámbito local. Por ejemplo, en 1494, Bartolomé de Ávila, hijo de Martín de Ávila, jurado del concejo y vecino de Jerez de la Frontera, fue acusado de haber mantenido relaciones homosexuales por Juan de Robles, corregidor, y Gil de Ávila, alcalde, es decir, los dos cargos más importantes de la ciudad. La defensa la realizó su padre, ya que el acusado era menor de edad, pues tenía dieciocho años, quien alegó que la acusación era falsa y había sido puesta con el propósito de infamar a su familia y quitarles la juraduría.

Así pues, el castigo de las relaciones homosexuales en Castilla, que había comenzado en la segunda mitad del siglo XIII, llegó a su cénit a finales del siglo XV. La represión tuvo por objeto no sólo juzgar y castigar puntualmente con las penas máximas a los homosexuales, como podríamos colegir de una primera lectura de la legislación y los procesos, sino que la caza del sodomita, tanto de hombres como de mujeres, formó parte de la vida cotidiana de los centros urbanos castellanos a finales de la Edad Media, ya que se concibió tanto como un arma política, como una forma de legitimar el poder de los gobernantes en su papel de garantes del bien común.

viernes, 4 de diciembre de 2015

#hemeroteca #historia | El mito de la Inquisición española: menos del 4% acababan en la hoguera

Imagen: ABC / Detalle de 'Expulsión de los judíos de España', Emilio Sala
El mito de la Inquisición española: menos del 4% acababan en la hoguera.
El Santo Oficio fue un aparato represivo que causó un brutal retraso en España, pero su historia está salpicada de mitos en una Europa donde la persecución religiosa fue todavía más cruel. Frente a las 25.000 mujeres ejecutadas por brujas en Alemania, se calculan 300 casos en España.
César Cervera | ABC, 2015-12-04
http://www.abc.es/historia/abci-falsa-leyenda-negra-inquisicion-espanola-solo-18-por-ciento-quemado-hoguera-201512040335_noticia.html

Los inquisidores españoles aparecen representados en películas y novelas como sádicos fanáticos que hicieron de España el territorio más atrasado de Europa y quemaron a una cifra interminable de judíos, brujas, musulmanes y sobre todo protestantes. Se le supone el episodio más terrible y despiadado de la Iglesia Católica. No en vano, el Santo Oficio fue un mecanismo inherente a la Edad Moderna que, a diferencia de la inquisición medieval, respondía directamente a la autoridad real, se empleaba como un órgano de control social y no aceptaba como válidos los testimonios obtenidos por tortura. Y si bien la cifra de muertes que causó la actividad del Santo Oficio en la Península Ibérica fue muy inferior a la que produjeron las guerras de religión, que desangraron Francia, Alemania o Inglaterra durante los siglos XVI y XVII, en el imaginario popular son los españoles los únicos que se ganaron la fama de radicales sanguinarios.

¿Qué tuvo de diferente la Inquisición española en comparación con otros países? ¿Utilizaba métodos más crueles? El historiador francés Marcel Bataillon respondió en su tesis de Erasmo que «la represión española se distinguió menos por su crueldad que por el poder del aparato burocrático, policial y judicial del que dispuso». De esta forma, lo que diferenció la intolerancia religiosa de los territorios de la Corona española, respecto a otros países, es que los Reyes Católicos institucionalizaron esa represión a través del Santo Oficio, que, si bien causó menos derramamiento de sangre, dejó registrada la información detallada de cada ejecución. La propaganda inglesa, francesa y holandesa se encargó de exagerar algo que las «inquisiciones protestantes» realizaban con todavía más violencia y en menos tiempo.

Tomás de Torquemada, el periodo más oscuro
El Santo Oficio fue creado en 1478 para combatir los focos judaizantes que se habían localizado en el arzobispado de Sevilla. En contraste con la inquisición medieval, presente en todos los países de Europa, la Santa Inquisición fue estructurada desde el principio como un tribunal subordinado directamente a la Corona. Originalmente la Inquisición acaparó sus esfuerzos en los núcleos de judaizantes, que hasta entonces habían permanecido inmunes a otras campañas represivas. En 1481, se celebró el primer auto de fe precisamente en Sevilla, donde fueron quemados vivos seis detenidos acusados de judeoconversos. Sin embargo, los resultados no eran los deseados por los Reyes Católicos, que, buscando incrementar el acoso contra los conversos, nombraron a Tomás de Torquemada para el cargo de Inquisidor General de Castilla en 1483.

La incansable actividad de Torquemada llevó a miles de personas al fuego y extendió el clima de terror a todos los niveles de la sociedad y por toda la península. En 1492 ya existían tribunales en ocho ciudades castellanas (Ávila, Córdoba, Jaén, Medina del Campo, Segovia, Sigüenza, Toledo y Valladolid) y comenzaban a asentarse en las poblaciones aragonesas. Establecer la nueva Inquisición en los territorios de la Corona de Aragón, asimismo, resultó mucho más complicado. No fue hasta el nombramiento de Torquemada en 1483 también Inquisidor de Aragón, Valencia y Cataluña cuando la resistencia empezó a quebrarse. Torquemada inauguró el mayor periodo de persecución de judeoconversos, entre 1480 a 1530, y donde más personas fueron condenadas a muerte por el tribunal. De forma exagerada se ha dicho que fueron ejecutadas 10.000 personas durante este periodo –según el historiador eclesiástico Juan Antonio Llorente–, aunque estudios modernos a cargo del hispanista Henry Kamen rebajan la cifra a 2.000 personas hasta 1530 y cargan contra la estimación de Llorente.

Desde la década de 1520, los objetivos del Santo Oficio fueron ampliándose a los pequeños grupos de protestantes, de eramistas y otras desviaciones de la ortodoxia. Aquellos que supusieran una novedad intelectual o científica podían ser objetivo de la Inquisición. A partir de 1551, la Inquisición empezó a publicar su propio Índice de libros prohibidos, mucho más extenso que el aprobado por la Curia Romana. Esta actuación inquisitorial actuó como «cordón sanitario» de ideas heréticas y libró a los reinos españoles de los sangrientos conflictos religiosos que asolaron toda Europa en los siglos XVI y XVII, en tanto, fomentó el retraso y la esclerosis cultural de Castilla.

Los protestantes se inventan la leyenda
Precisamente fue a raíz de la propaganda escrita por un líder protestante, Guillermo de Orange, cuando la Inquisición española adquirió su fama de tribunal monstruoso, pese a que el odio religioso estaba presente en todos los rincones de Europa. No mucho tiempo antes, los principales gobernantes europeos habían celebrado la injusta expulsión y persecución de los judíos en España como un síntoma de modernidad. La Universidad de la Sorbona de París trasmitió a los Reyes Católicos sus felicitaciones. De hecho, la mayoría de los afectados por el edicto eran descendientes de los expulsados siglos antes en Francia e Inglaterra. Pero una cosa era expulsar a judíos o a musulmanes y otra diferente, a ojos de sus contemporáneos, perseguir a cristianos, ya fueran luteranos o calvinistas.

En su «Apologie», Guillermo de Orange siente total indiferencia por los judíos pero critica la Inquisición por acosar a los protestantes españoles. Lo que Orange ignora, o quiere ignorar, es que este grupo fue minoritario. Se ha calculado en 2.700 el número de protestantes perseguidos por la Inquisición española entre 1517 y 1648, de los cuales la mayoría eran franceses, británicos flamencos y alemanes. Una cifra nimia en comparación con lo que estaba ocurriendo en países como Inglaterra o Francia, que vivieron auténticas guerras civiles entre católicos y protestantes durante casi dos siglos. Solo en la noche de San Bartolomé (1572), la orden del rey francés de asesinar a los protestantes congregados en París causó más de 3.000 muertos.

Pero Orange no fue el único en criticar la intolerancia que se vivía en España. Antes que él, John Foxe, un inglés exiliado en Holanda en tiempos de la católica María Tudor, escribió un libro ilustrado sobre la intolerancia a través de la historia, cuya parte dedicada al Santo Oficio estaba repleta de errores y de mentiras. Como muchos otros autores, Foxe cita a víctimas de la Inquisición creyendo que son protestantes pero en realidad eran judíos o mahometanas, los cuales suponían el grueso de los muertos en la hoguera.

La mayoría de castigos eran menores
Fue así la persecución protestante –mínima en España– la que llamó la atención en la Europa anglosajona sobre un tribunal encargado de juzgar un amplio grupo de pecados. Los procesos afectaban a grupos tan distantes como los blasfemos, bígamos, heterodoxos, homosexuales e incluso contrabandistas de moneda. Según los estudios de Jaime Contreras y Gustav Henningsen, entre 1540 y 1700 el Santo Oficio persiguió a 49.000 personas (si se suman las cifra anterior y posterior, Joseph Pérez eleva el número total a 125.000 procesos durante sus 350 años en España) de los cuales el 27% fue procesado por blasfemias y palabras malsonantes; el 24% por mahometismo; el 10% por falsos conversos; el 8% por luteranos; el 8% por brujería y distintas supersticiones; y el resto por otros asuntos como la sodomía, la bigamia, la solicitud de los sacerdotes, etc. Cabe recordar que la mayor parte de estos pecados eran igualmente sancionados como delitos en el resto de Europa a través de tribunales ordinarios.

Entre los reos finalmente condenados, los castigos podían ir desde una multa económica, servir en galeras como remeros durante un tiempo específico, penas de prisión o, en los casos más graves, ser quemados vivos. En lo que se refiere al periodo entre 1540 y 1700, las condenas a muerte se dictaron en un 3,5% de los casos, según los cálculos de Gustav Henningsen. Pero solo al 1,8% de los condenados se les aplicó efectivamente la muerte por hoguera. Los otros fueron quemados en efigie, es decir, a través de un muñeco del tamaño de un ser humano que los representaba. Esto se debía a que habían fallecido antes de terminar el proceso, se habían escapado o directamente nunca habían sido capturados. Como ejemplo de ello, en la mayor ejecución sumarial de la Inquisición, celebrada en 1680, fueron 61 los condenados a morir en la hoguera, de los cuales 34 eran estatuas en representación de los reos.

Otro de los errores más comunes es imaginar los multitudinarios autos de fe, que solían contar con la presencia de los Reyes y las autoridades, como lugares donde se presenciaban auténticas matanzas. En realidad, no se ejecutaba a nadie en estos actos, sino que los condenados a muerte, que comparecían ataviados con el tradicional sambenito (una especie de gran escapulario con forma de poncho), eran entregados formalmente a los tribunales reales encargados de ejecutar la sentencia más tarde y sin la presencia de las autoridades. Los miembros de la Iglesia no podían derramar sangre alguna y se limitaban a «relajarlos» al brazo secular, es decir, entregados a los tribunales reales. En caso de que se arrepintieran y reconocieran su herejía, los condenados a la hoguera eran estrangulados previamente mediante garrote vil.

El número de los que realmente fallecían a consecuencia del fuego era muy escaso. Buscando una cifra global de muertos, el número estaría en torno a los 5.000-10.000 muertos durante los 350 años de existencia del tribunal, si bien Geoffrey Parker se atreve a concretar hasta los 5.000 muertos, lo que supone un 4% de todos los procesos abiertos.

La Inquisición contra los tribunales ordinarios
Durante esos 350 años de historia, la Inquisición española fue un aparato muy efectivo en el control social de los súbditos, pero no fue el único ni el más violento. El hispanista Henry Kamen, que ha dedicado varias obras a desmitificar las ideas extendidas sobre el Santo Oficio, ha demostrado con datos que al «comparar las estadísticas sobre condenas a muerte de los tribunales civiles e inquisitoriales entre los siglos XV y XVIII en Europa: por cada cien penas de muerte dictadas por tribunales ordinarios, la Inquisición emitió una».

Lejos de lo que se pueda suponer, la Inquisición ofrecía unas garantías procesales más amplias (ya de por sí insuficientes) que los tribunales ordinarios y, de hecho, mataba menos. Para empezar, la Inquisición recurría a la tortura en escasas ocasiones, y siempre bajo supervisión de un inquisidor que tenía orden de evitar daños permanentes, a menudo junto a un médico, en contraste con las salvajes torturas aplicadas por la autoridad civil. El desarrollo de la tortura era registrado escrupulosamente por los secretarios, incluyendo los quejidos y exclamaciones proferidas por las víctimas. Además, el Santo Oficio tenía un manual de procedimiento que prohibía muchas formas de tortura usadas en otros sitios de Europa y por los tribunales ordinarios. Salvo raras excepciones, se empleaban uno de estos tres sistemas: «potro» (correas que se iban apretando), «toca» (paño empapado que se introducía en la boca y sobre la nariz para crear una sensación de asfixia) y «garrucha» (colgar al reo de las muñecas con las manos atadas arriba o incluso a la espalda). Las confesiones obtenidas durante el tormento no eran válidas por sí mismas y debían ser ratificadas, fuera de él, en las veinticuatro horas siguientes.

La caza de brujas, una cifra mínima en España
Por otra parte llama la atención la escasa incidencia que tuvo en España la persecución de la brujería, que se vinculaba casi exclusivamente a las mujeres. Se considera tradicionalmente que la brujería era a ojos de los inquisidores españoles un mal menor en el que incurrían mujeres de baja extracción y ningún tipo de influencia social o religiosa. La actuación del tribunal se encaminó durante los siglos XVI y XVII a la reinserción de las acusadas de brujería en el seno de la Iglesia más que a la pena de muerte, aunque también se registraron algunas ejecuciones en la hoguera por esta causa. Como ejemplo de condena benigna, una mujer llamada Isabel García, que en 1629 confesó ante el tribunal de Valladolid habérsele aparecido Satanás, con quien pactó, la recuperación de su amante, fue sólo castigada a abjurar de levi y a cuatro años de destierro. Así y todo, hay que tener presente que en la Corona española los tribunales civiles contaban entre sus funciones habituales la represión de la superstición, con lo cual la mayoría de casos pasaron por sus manos, y el registro es más complicado.

Sea como fuere, las cifras demuestran que la caza de brujas fue un problema ajeno al Mediterráneo. Según cálculos del historiador alemán Wolfgang Behringer, la persecución provocó en toda Europa entre 40.000-60.000 víctimas, donde 500 corresponden a la suma de las ejecutadas en España, Portugal e Italia (exceptuando las regiones alpinas de lengua italiana). En esta cifra, correspondiente a la primera parte de la Edad Moderna, Francia habría ejecutado a 4.000 y Alemania al menos a 25.000.

lunes, 2 de noviembre de 2015

#hemeroteca #historia | Prostitutas, brujas y hogueras en Málaga


Imagen: La Opinión de Málaga
Prostitutas, brujas y hogueras en Málaga.
Cultopía organizó el viernes un paseo por los rincones del Centro Histórico relacionados con la prostitución, el mundo de las brujas, los curanderos y la Inquisición.
Alfonso Vázquez | La Opinión de Málaga, 2015-11-02
http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2015/11/02/prostitutas-brujas-hogueras-malaga/806024.html

La Historia de Málaga está repleta de personajes tan inquietantes como Alonso Yáñez Fajardo, nombrado putero mayor de la ciudad por los Reyes Católicos, a cargo de todas las mancebías.

El paseo, de cerca de dos horas, comienza junto al Museo de Artes Populares, frente al Guadalmedina. Muy cerca de una de las antiguas puertas de entrada a la ciudad, la de Antequera. Trasiego de comerciantes y carros hace no tantos siglos. Los comerciantes, «cansados de un largo día de trabajo», buscarían descanso en las casas de prostitución de los arrabales. Ocurría en tiempos árabes, explica el guía de Cultopía Jorge Jiménez, pero también con el relevo de los Reyes Católicos.

El guía señala en dirección al convento de la Trinidad, antiguo campamento de Isabel la Católica, y lo saca a colación para hablar del fraile trinitario malagueño fray Diego de Velázquez, catedrático de Teología con ansias de medrar, de ascender en la vida. Y como no lo conseguía, «¿a quién me busco?, se dijo, y se buscó al diablo», cuenta el guía. Para disponer bien a tan peligrosa compañía convenció a un fraile del convento «bastante tonto» para que le consiguiera en Granada tres libros prohibidos, de los que extrajo algunas fórmulas para invocar al ángel caído. Una de ellas, que habrían desaconsejado los grandes chef de nuestros días, incluía la cocción de tres sapos para extraerles los huesos y oficiar con ellos una misa.

Al final el pastel se descubrió y los protagonistas recibieron un castigo ejemplar.

El grupo que participa en esta exótica ruta por la Historia políticamente incorrecta de Málaga, cerca de 40 personas, se traslada a la plaza de Camas, junto a la parte posterior del Museo de Artes Populares, antiguo Mesón de la Victoria, que era propiedad de los frailes mínimos. Los religiosos a su vez alquilaban el mesón a mesoneros que alojaban a prostitutas, «que también hacían de camareras», comenta el guía.

Esta idea de que las mancebas trabajaran en mesones partió de Alonso Yáñez Fajardo, a quien los Reyes Católicos dieron el negocio de las mancebías o casas de prostitución del Reino de Granada y podía considerarse putero mayor de Málaga, pues existían puteros menores, a cargo de las casas de las mancebas. Don Alonso cobraba por las boticas o habitaciones de las mujeres públicas, además de la comida, «un día pescado y por lo menos otro carne», destaca el guía, que resalta que la casa de citas más importante de Málaga en el Siglo de Oro fue, precisamente, el Mesón de la Victoria.

Había por entonces tres clases de prostitutas: arrabaleras (las más baratas, trabajaban en los arrabales), las mencionadas mancebas, organizadas en casas y por último las rameras o mujeres enamoradas: «Solían tener un amante adinerado, también podían tener otros y para distinguir sus casas ponían una rama verde sobre la puerta».

Y en esa sociedad estamentaria, en la que la vestimenta clasificaba a la persona, en tiempos ya de Felipe V el guía recuerda cómo las prostitutas debían vestir medios mantos negros y en los bordes del vestido unas puntas de tela parda, «de ahí la expresión irse de picos pardos».

Las mujeres de entonces, resalta Jorge Jiménez, sólo contaban con su honra y si esta se perdía, por ejemplo por un accidente, «dos testigos tenían que testificar que la virginidad se le había roto y que no era ligera de cascos», mientras que si la mujer era violada, podían incluso obligarle a casarse con un violador.

Al pie de la torre de la iglesia de San Juan, el grupo escucha la agitada vida de la familia Yáñez Fajardo.

Al morir don Alonso el cargo de putero mayor lo hereda su hijo Diego pero su madre, doña Leonor, quizá con mala conciencia por el negocio familiar decide abrir justo al lado de la iglesia, en la calle de las Cinco Bolas, una casa de arrepentidas, para sacar a 13 mujeres de la prostitución, algo que no agradará precisamente al hijo, que tratará de acabar con la iniciativa materna.

La vecindad de la iglesia de San Juan da pie para que el guía recuerde una de los métodos de adivinación más populares en esa Málaga bajo los Habsburgo: tirar las habas y leerlas. Una de las participantes del grupo prueba a tirarlas, algo que enlaza con la historia de una mujer llamada Bárdula, del sigo XVII, antigua procesada por brujería, quien encerrada en una casa de recogidas por el maltratador de su marido, durante el encierro aprendió hechizos y trató de influir con la magia en su marido para que la sacara de allí. «Pero quien la sacó fue su suegra», ironiza Jorge Jiménez.

El siguiente punto es la plaza de las Flores, antigua calle de Siete Revueltas –y antes de Doce Revueltas–, otra zona de casas de citas por su proximidad con la Plaza Mayor, escenario de fastos y corridas de toros y por tanto de trasiego de malagueños. Pero la plaza de las Flores es la excusa para escenificar otros ritos adivinatorios fascinantes. Uno de ellos, con un cedazo y tijeras, el segundo, mucho más sencillo, es el «palmo fuera, palmo dentro»: Se mide el antebrazo con la palma de la mano y si los palmos no faltan o sobran sino que caen justos, la respuesta es positiva.

El mimbre y el niño herniado
Otro rito, más próximo ya a la sanación, era la creencia de que si en la Noche de San Juan se reunían tres hombres llamados Juan y tres mujeres con el nombre de María y se pasaban un niño con hernia, además de un mimbre abierto por la mitad, se supone que si este mimbre, atado luego con una cuerda se volvía a unir pasados nueve días el niño estaba curado. La Inquisición de Granada, destaca el guía, llegó a abrir proceso «a más de 60 juanes y marías por este rito».

Son tiempos bravíos e incrédulos en los que la religión verdadera se afianza con la Santa Inquisición. En la plaza del Obispo, mientras el carrillón de la Catedral anuncia las siete de la tarde, el grupo escucha la increíble historia del viajero escocés del XVII William Lithgow, antipapista furibundo y con un salvoconducto para recorrer el globo en busca del reino fabuloso del Preste Juan. En su escala en Málaga Lithgow es detenido y torturado durante 47 días por las autoridades, en la creencia de que es un espía inglés. Al final el caso pasará al Santo Oficio (la Inquisición).

El embajador inglés y el Rey de España acuden finalmente en su auxilio. William es liberado y poco después narrará con pelos y señales su calvario en un libro que supondrá uno de los hitos de la Leyenda Negra y un furibundo ataque contra la Inquisición que, en realidad, no inició el proceso contra el escocés.

En este sentido, Jorge Jiménez apunta que «en cuatro siglos murieron por la Inquisición española 2.000 personas y por la inglesa la misma cifra en siglo y medio».

La siguiente etapa es el antiguo Hospital de Santo Tomás, frente a la iglesia del Sagrario. Es la hora de hablar de prácticas curativas poco ortodoxas, a las que se acogía la mayoría de la población porque el médico costaba un ojo de la cara. Por este motivo surgían personajes tan inquietantes como los saludadores, que podían «recibir donaciones pero no cobrar», cuenta el guía. Y eso que lo que en principio hacían era curar con la propia saliva, «sobre todo en casos de rabia».

Lo más chocante, aparte de que su saliva tuviera presuntas propiedades medicinales, era la autorización que tenían de las autoridades para ejercer este don de la Naturaleza y de hecho contaban con un certificado.

Y con el recuerdo de esta cura tan poco recomendable el grupo pasea hasta la iglesia de Santiago, la más antigua de Málaga y la única que cuenta con un cuadro de las ánimas del Purgatorio, a las que se rezaba para pedir favores «a cambio de aceite» y este aceite era luego repartido por el párroco entre los parroquianos más pobres.

Por último, la calle Císter y el Teatro Romano con más hechizos, mujeres antiguamente amancebadas y salvadas de la prostitución, así como búsquedas de tesoros.

Mar Rubio, la responsable de Cultopía, cuenta que todos los turnos de esta visita cultural para este puente de Todos los Santos están completos. La otra Historia de Málaga sale por fin del olvido. Y con éxito de público.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

#libros #sodomia | Sodomía e Inquisición : el miedo al castigo

Sodomía e Inquisición : el miedo al castigo / Rocío Rodríguez
Ushuaia Ediciones, Conesa (Tarragona) : 2014 [12]
674 p.
ISBN 9788415523871
[Obra basada en la Tesis de la autora, dirigida por Miquel Izard Llorens, Universidad de Barcelona, Departamento de Antropología Cultural e Historia de América y África, lectura 2002-02-08]
/ ES / ENS / Tesis
/ Corona de Aragón / Historia – Siglo XVI / Historia – Siglo XVII / Inquisición / Persecuciones políticas / Sodomía

Este ensayo está basado en la Tesis Doctoral de Antropología Social, del mismo título, de Rocío Rodríguez. La autora estudió 638 de los casos de sodomía, del Archivo Histórico Nacional, que se dieron entre 1550-1700, en los tribunales de la Inquisición —Barcelona, Valencia y Zaragoza—, ya que sólo era en la Corona de Aragón donde el Santo Oficio tenía competencias para castigar el llamado en la época crimen de sodomía, pecado nefando, delito de pecado nefando contra natura o pecado contra natura. A lo largo del trabajo comprobó las diversas y, a veces, chocantes excusas que los reos presentaban ante el tribunal, con el fin de lograr una condena lo más leve posible, pues podían acabar en la hoguera, en las galeras, ser azotados, desterrados o perder sus bienes. Los protagonistas son hombres de diferentes niveles sociales, incluso clérigos, pero donde no aparecen miembros de la nobleza ni altos dignatarios de la Iglesia. Se da una visión de la homosexualidad a través de la historia, las leyes —tanto civiles como eclesiásticas— y los castigos a los que fueron sometidos los acusados, así como las estadísticas del periodo investigado. Rocío Rodríguez es autora de la novela “El sodomita y la Inquisición”, ambientada en la España del siglo XVII y basada en los hechos que se relatan en este ensayo.

ENLACES
Blog | Sodomía e inquisición, en los siglos XVI y XVII, en Corona de Aragón
http://sodomiaeinquisicion.blogspot.com.es/

DOCUMENTACIÓN
Sodomía e Inquisición, el miedo al castigo
L’Armari Obert, 2015-01-09
http://leopoldest.blogspot.com.es/2015/01/sodomia-e-inquision-el-miedo-al-castigo.html

#libros #sodomia | El sodomita y la Inquisición


El sodomita y la Inquisición / Rocío Rodríguez
Ushuaia, Conesa (Tarragona) : 2014 [12]
70 p.
ISBN 9788415523857
/ ES / NOV
/ Historia - Siglo XVII / Inquisición / Literatura / Persecuciones políticas / Sodomía

Un día en que se estaban bañando juntos, a Pedro se le resbalaron los calzones y apareció delante de él completamente desnudo... No pudo resistirse ante tal visión y esa fue la primera vez que se unió a un varón... Ése fue el principio de la historia de Gonzalo, que le llevaría a huir de la casa de sus padres y a vivir difíciles y a veces trágicas situaciones en la Corona de Aragón y en Madrid, siempre bajo la negra amenaza de los terribles castigos que la Inquisición imponía a los sodomitas, hasta intentar una nueva vida en la costa de Marruecos. Los hechos históricos que aparecen en esta novela están extraídos del ensayo de la misma autora “Sodomía e Inquisición: el miedo al castigo”.

ENLACES
Blog | Sodomía e inquisición, en los siglos XVI y XVII, en Corona de Aragón
http://sodomiaeinquisicion.blogspot.com.es/

DOCUMENTACIÓN
Libro recomendado “El sodomita y la inquisición”
L’Armari Obert, 2015-02-08
http://leopoldest.blogspot.com.es/2015/02/libro-recomendado-el-sodomita-y-la.html