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viernes, 12 de agosto de 2022

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia #documentales | Tom Daley presenta su documental contra la homofobia 'Illegal to Be Me'

Bekia / Tom Daley con su marido Dustin Lance Black y su hijo //

Tom Daley presenta su documental contra la homofobia 'Illegal to Be Me'.

El deportista ha viajado durante cuatro años a los países más homófobos de la Mancomunidad de Naciones para retratar la vida de las personas homosexuales que viven en ellos.
A.R. | Bekia, 2022-08-12
https://www.bekia.es/sociedad/noticias/tom-daley-presenta-documental-homofobia-illegal-to-be-me/ 

Tom Daley se ha convertido en toda una figura de la defensa del colectivo LGBTI+. El atleta ha rodado un documental, 'Ilegal to Be Me', cuya traducción al español sería 'Ilegal por ser yo', con el que pretende denunciar la homofobia en los países pertenecientes a la Mancomunidad de Naciones.

El documental nació con la intención de defender que no se celebren Los Juegos de la Commonwealth en aquellos países que posean leyes criminalizando la homosexualidad o promuevan la homofobia. Estos juegos son un evento deportivo, una especie de Juegos Olímpicos a menor escala, en los que únicamente participan los deportistas pertenecientes a los países que forman la Mancomunidad de Naciones.

Durante cuatro años, Daley ha recorrido varios de estos países, "los más homófobos de la Mancomunidad de Naciones", para documentarse a fondo y ver cómo es la vida de los deportistas homosexuales en ellos. Su experiencia le ha llevado a cambiar por completo de opinión. Aunque en un principio defendía que los juegos no se llevasen a esos países, ahora cree que esa medida afectaría sobre todo a las personas homosexuales residentes en aquellos territorios, pues se les culparía directamente como la causa principal de que las competiciones hayan sido retirados de sus países. Durante su viaje, Daley aprovechó para hablar con un cantante pakistaní, lo que fue algo muy revelador para él y le sirvió para cambiar su mentalidad: "Me ha abierto los ojos en muchas cosas diferentes. De donde provienen las leyes, de donde procede la homofobia en primer lugar, es un legado del colonialismo y hablar con él en particular me abrió los ojos".

Para muchos, un tesoro nacional
Según una investigación del gobierno británico, un total de 35 países, de los 54 que forman la Mancomunidad de Naciones, poseen leyes que criminalizan la homosexualidad. Una gran mayoría que, tristemente, se volcaría aún más en contra de las personas homosexuales residentes en sus territorios. Ante las palabras del atleta, miles de personas han mostrado su apoyo a través de las redes sociales, defendiendo a Daley como un tesoro nacional.

El deportista ha entrevistado a varias personas durante su documental, que le han ayudado a ver la situación desde otra perspectiva. "Poder abordarlo con menos opresión y brindar a las personas la oportunidad de aprender y crecer", ha explicado durante una entrevista para presentar su documental. "Tener la postura pro derechos LGTB a la vanguardia del espíritu de los juegos de la Mancomunidad de Naciones y, por ejemplo, limitar a ciertos países para que no puedan alojarlo", ha explicado Daley, explicando las diferentes formas de ayudar a que los países más homófobos consigan abrir su mente y avanzar en cuanto a derechos. El deportista también ha defendido otras medidas como, por ejemplo, animar a los países con leyes homofóbicas a exhibir la bandera del colectivo en eventos deportivos: "Aquí en Reino Unido damos por sentado nuestro privilegio y el hecho de que vemos banderas del arcoíris en algunos lugares, pero para aquellas personas de la Commonwealth donde su existencia es ilegal, eso es una señal de seguridad y un faro de esperanza", ha afirmado el atleta.

jueves, 2 de junio de 2022

#hemeroteca #decolonial | Piden cinco años por arrojar pintura a la estatua de Colón

El Día de Valladolid / Monumento a Colón, de rojo //

Piden cinco años por arrojar pintura a la estatua de Colón.

Pablo F.D., acusado de un delito de daños, rechaza el "proceder inquisitorial" de la Fiscalía y critica unas solicitudes de pena "absolutamente desproporcionadas". Los hechos ocurrieron en 2019.
El Día de Valladolid, 2022-06-02
https://www.eldiadevalladolid.com/Noticia/Z68C51AF3-D891-B2CD-FF21E4F12E18C1F2/202206/Piden-cinco-anos-por-arrojar-pintura-a-la-estatua-de-Colon

El acusado de arrojar pintura al monumento a Cristóbal Colón en la plaza que lleva el nombre del descubridor en Valladolid en 2019, Pablo F.D., ha rechazado el "proceder inquisitorial" y la búsqueda de "venganza" de la Fiscalía, que pide para él penas que suman cinco años y tres meses de prisión, inhabilitación para ejercer como docente o monitor y multa económica por distintos delitos como su acción contra la escultura y un presunto robo en la sede de Democracia Nacional en febrero de 2020, poco antes de ser detenido.

El acusado, que será juzgado en la Audiencia Provincial el próximo lunes, 6 de junio, ha realizado este jueves una declaración ante los medios de comunicación junto al monumento, del que ha constatado que se encuentra "en perfecto estado", por lo que considera "absolutamente desproporcionadas" las peticiones de penas de la Fiscalía, al tiempo que ha celebrado irónicamente el interés "a todas luces selectivo" de las administraciones públicas por la conservación del patrimonio.

Asimismo, ha rechazado que su actuación pueda constituir "un delito de odio contra los sentimientos de los ciudadanos españoles", sino que se trata de una "acción de protesta" contra "la lectura fanática y xenófoba que se hace del pasado colonial" en el país, la cual ha enmarcado en los movimientos desarrollados "en todo el mundo" contra el colonialismo "a través de sus símbolos y personajes más destacados" en paralelo a un debate "sobre la persistencia del racismo estructural en las instituciones y en la sociedad".

En este sentido, ha recordado que "nadie está en la cárcel por ninguna de estas protestas desarrolladas contra los símbolos conmemorativos del hecho colonial a ambos lados del charco", protestas "mucho más contundentes que resultaron habitualmente en la destrucción de estatuas, o en sus sustitución por personajes más acordes al curso de los tiempos".

Pablo F.D, que ha declinado responder preguntas al no encontrarse consigo su abogado, ha lamentado este intento de la Fiscalía de establecer "un castigo ejemplarizante" contra él cuanto otros casos "se saldan con total impunidad" para "corruptos, agresores sexuales, narcotraficantes y delincuentes de todo pelaje", entre los que ha citado al rey Juan Carlos, una prueba, a su juicio, de "la excepcionalidad en que está instalada la Administración de Justicia".

Acusaciones a la policía nacional

También ha cargado el acusado contra la Brigada de Información de la Policía Nacional por haber sido identificado visualmente "en media docena de actos" antes de estos hechos, ocurridos la madrugada del 12 de octubre de 2019, por su presencia en manifestaciones o conciertos "únicamente por orientación ideológica y filiación política".

En este sentido, ha censurado el "hostigamiento y persecución" que, en su opinión, sufren "los ciudadanos de a pie, especialmente los jóvenes, que se organizan políticamente" y ha denunciado la existencia de "ficheros policiales con el historial de activistas, a los que se monitoriza sin haber cometido siquiera un delito".

Por ello, Pablo F.D. ha subrayado que defenderá su inocencia durante el juicio "sin renunciar a la naturaleza revanchista" del procedimiento en el que ha considerado como "el juicio político más importante de los últimos años en Valladolid".

Para protestar contra esta situación, la plataforma por la absolución del joven ha convocado un acto político y 'fiesta antirrepresiva' este viernes, 3 de junio, a partir de las 20.00 horas en el centro social 'La Molinera', que incluirá sesión de SKA y del DJ Paul Kelly, mientras que el lunes se celebrará una concentración a las puertas de la Audiencia a las 9.30, justo a la entrada del juicio.


Y TAMBIÉN…
El acusado de pintar la estatua de Colón el Día de la Hispanidad: “La Fiscalía trata de aplicar venganza”.

Pablo. F.D. se enfrenta a una petición de cinco años y tres meses de prisión por parte de la Fiscalía en un juicio que comenzará el lunes en el Juzgado de Instrucción Nº6 de Valladolid.
El Español, 2022-06-0
https://www.elespanol.com/castilla-y-leon/region/valladolid/20220602/acusado-estatua-colon-dia-hispanidad-fiscalia-venganza/677182414_0.html

sábado, 23 de octubre de 2021

#hemeroteca #esclavitud #memoria | La memoria borrada de la esclavitud en España

El País / Juan de Pareja //
La memoria borrada de la esclavitud en España.

La esclavitud fue una práctica muy habitual en España y sus colonias. Pese a su magnitud, son escasas sus huellas en el imaginario colectivo. Muchos historiadores y creadores llenan ahora con sus trabajos ese vacío.
Guillermo Altares | Babelia, El País, 2021-10-23
https://elpais.com/babelia/2021-10-23/la-memoria-borrada-de-la-esclavitud-en-espana.html 

En el prólogo del ‘Quijote’, Miguel de Cervantes escribe: “Pues al cielo no le plugo / que salieses tan ladino / como el negro Juan Latino” para elogiar el manejo de la lengua de este erudito. Se trata de un esclavo negro que daba lecciones de gramática al nieto del Gran Capitán, que acabó siendo catedrático de Gramática en el siglo XVI. El Museo Metropolitano de Nueva York alberga un retrato pintado por Velázquez en 1650 de Juan de Pareja, un artista que a su vez acabó siendo un pintor importante y del que se conservan dos obras en el Prado. Fue también el esclavo del autor de ‘Las meninas’, aunque finalmente lo liberó. La esclavitud está por todas partes en la cultura española hasta el siglo XIX, como forma parte también de los ritmos del flamenco. Cuba, cuando todavía era España, fue el último territorio de Europa en abolirla. Sin embargo, aunque ocupa un lugar cada vez más prominente en la investigación académica y en las librerías, el recuerdo de la esclavitud no existe en el espacio público español.

En muchos otros países europeos el debate, impulsado por el movimiento Black Lives Matter, ya no está solo en que desaparezcan de las calles las estatuas de grandes esclavistas —como ocurrió en Barcelona con el marqués de Comillas, al que Martín Rodrigo y Alharilla ha dedicado el ensayo ‘Un hombre, mil negocios’ (Crítica)—, sino en visibilizar una historia de sufrimiento y explotación. En Burdeos, desde 2019 una estatua de la esclava Modeste Testas recuerda que fue uno de los principales puertos de Francia para la trata del país. En Nantes se inauguró en 2012 un monumento a la abolición de la esclavitud, presente en muchos rincones de la ciudad, como por ejemplo en las fachadas de las casas nobles que dan al río Loira, en forma de esculturas con la cabeza de negros. Simbolizan de dónde venía la riqueza de las familias propietarias de aquellos edificios. En España, donde puertos como Cádiz o Barcelona fueron centrales en la trata atlántica, esa memoria no existe.

“En el ‘Lazarillo’ está la esclavitud, también en el ‘Quijote’. Cuando te das cuenta la ves por todas partes”, explica Aurelia Martín Casares, catedrática de la Universidad de Málaga experta en este tema y autora, entre otros libros, de’ Juan Latino. Talento y destino. Un afroespañol en tiempos de Carlos V y Felipe II’ (Editorial Universidad de Granada). Martín Casares relata que empezó a trabajar en estos temas hace 20 años y que entonces no estaba presente en casi ningún libro de historia. “La memoria de la esclavitud fue silenciada. Nadie pensaba que la población esclava en el Siglo de Oro era tan importante. Ahora es cuando se empieza a tomar conciencia del racismo, de lo que ha supuesto esa historia en el mundo hispano”, sostiene. Cree que uno de los motivos de ese olvido es que no existe en la Península una población de descendientes negro­afri­canos, a diferencia de EE UU, de las colonias holandesas, danesas o de Cuba. En total, los expertos calculan que cerca de 11 millones de seres humanos fueron secuestrados y llevados como esclavos a América. Centenares de miles más murieron durante la travesía.

“La población esclava no se autorre­produce por nacimientos. En todas las épocas las tasas de natalidad son bajas por sus condiciones de vida”, prosigue esta investigadora. “La esclavitud se reproduce por comercio, solo se mantiene donde llegan barcos negreros. Cuando la trata se paraliza o se abole, desciende drásticamente el número de esclavos. Desaparecen las huellas de estas personas esclavizadas, no se ven, sus descendientes son asimilados. También hay que tener en cuenta que en el Cádiz de la modernidad muchos esclavos proceden del Imperio Turco o del norte de África. Estos se integran sin dejar huellas visibles en la población contemporánea”.

“Francia, Inglaterra o Países Bajos han hecho todo lo posible para visibilizar las tratas y dejar claro que se responsabilizan de lo ocurrido”, señala por su parte Fabia Guillén, profesora en la Universidad de Pau y miembro del Ciresc (Centre International de Recherche sur les Esclavages, EHESS-CNRS), en París. “No fue nada fácil y hubo resistencias, pero en conjunto se admite la participación en las tratas negreras. Un aspecto fundamental que puede haber favorecido tal reconocimiento es el carácter colonial de esas tratas y formas de esclavitud. Tanto Inglaterra como Francia o Países Bajos fomentaban aquellas formas de alienación en sus respectivas colonias, muy lejos de los ojos de la metrópoli. Muy distinto parece ser el caso de España y, asimismo, Portugal e Italia, que no conocieron la ley del suelo libre y fueron partícipes de tratas y esclavización no solo en el mundo colonial, sino en su propio suelo desde la Antigüedad hasta por lo menos 1820 (para España). Puede entenderse el malestar y la dificultad a la hora de tener que mirar en el espejo una imagen poco halagüeña de su propia actuación histórica”.

Pero este olvido oficial no se corresponde en absoluto con lo que ocurre en el mundo de la cultura. Solo en los últimos meses se han publicado, aparte del libro de Martín Rodrigo y Alharilla, ‘La esclavitud en el sur de la península Ibérica’ (Catarata), de Rafael M. Pérez García y Manuel F. Fernández Chaves (coordinadores); ‘Negreros. Españoles en el tráfico y en los capitales esclavistas’ (Catarata), de José Antonio Piqueras; ‘Barco de esclavos. La trata a través del Atlántico’ (Capitán Swing), de Marcus Rediker; o ‘El ritmo perdido. El influjo negro en la canción española’ (Anagrama), reedición de un ensayo de Santiago Auserón sobre la huella de las músicas africanas en los ritmos españoles, como el flamenco.

Ese mismo tema aparece en el documental ‘Gurumbé’, del jerezano Miguel Ángel Rosales, o en el filme 'Cachita, la esclavitud borrada', que Álvaro Begines acaba de estrenar en diferentes plataformas. Uno de sus personajes es el esclavista malagueño Pedro Blanco, que protagoniza la novela histórica 'Mongo Blanco' (2019), de Carlos Bardem, que aparece en el filme, mezcla de documental y recreación ficcionada. El Museo de América, en Madrid, acoge hasta febrero la exposición 'La esclavitud y el legado cultural de África en el Caribe', organizada por el CSIC, una muestra que recorre las distintas culturas, lenguas y pueblos de África y la esclavitud en América, desde el siglo XVI hasta su total abolición en 1886 (Cuba) y 1888 (Brasil).

“Los únicos países que no han hecho nada por la memoria de la esclavitud son Portugal y España”, asegura Martín Rodrigo y Alharilla. “¿Por qué? Una de las hipótesis es que en Francia, Gran Bretaña y Holanda hay una población afrodescendiente importante y se ha empujado desde la sociedad civil. En España, no ha sido una causa tan importante y las asociaciones existentes no han tenido la misma influencia. Si las cuestiones de memoria histórica vinculadas a la Guerra Civil y a la posguerra no se han resuelto aún y generan debate político, esta cuestión tampoco. Y es una anomalía, porque fue el último país europeo en abolir la esclavitud en sus territorios”.

La esclavitud en España empieza en la Antigüedad y se prolonga hasta finales del siglo XIX. La primera expedición esclavista directa entre África y América se produce en 1518 y los primeros cautivos llegan en 1520. El último territorio al que llegan esclavos es la isla de Cuba. Son 350 años, sin tener en cuenta la esclavitud en la Antigüedad y la Edad Media. Sin embargo, como explica Aurelia Martín Casares, en el siglo XIX en la Península la esclavitud era un fenómeno bastante marginal. “En 1817, un tratado firmado por Fernando VII con Gran Bretaña prohíbe el comercio de esclavos, pero respeta la esclavitud existente. En el siglo XIX tan solo pueden ser denominadas como auténticas sociedades esclavistas en el mundo occidental el sur de Estados Unidos, el área caribeña y Brasil (donde un tercio de la población eran esclavos en torno a 1860). Por supuesto en África subsahariana y en el mundo árabe sigue existiendo la esclavitud, incluso hasta bien entrado el siglo XX. En general, en la España del XVIII ya no había demanda. Se convierte en un ‘servicio’ suntuario, de aristócratas y ricos, no se trata ya del patrón generalizado del XVI en que cualquiera podía comprar un esclavo o una esclava. En la España del siglo XIX no hubo un movimiento abolicionista de grandes dimensiones, no creo que su influencia marcara el final de la esclavitud, aunque algo contribuyó. No obstante, sí había una ‘sociedad abolicionista’, revistas abolicionistas... El abolicionismo estuvo ligado al sufragismo y la lucha por el voto de las mujeres”.

El profesor de la Universidad Autónoma y coordinador del Equipo Madrid de Investigaciones Históricas, José Miguel López, autor de ‘La esclavitud a finales del antiguo régimen’ (Alianza), subraya que ese olvido está presente “en las calles y en las instituciones” porque no se ha hecho un trabajo de borrado sistemático de personajes que hicieron su fortuna con la esclavitud. “Vivimos una desmemoria completa: Carlos III tuvo 20.000 esclavos”, prosigue este investigador que ha querido buscar “la historia de gente sin historia”, como el último esclavo censado en Madrid, en 1830, que trabajaba para una cervecería. Aunque la esclavitud acaba en España en 1837, el proyecto de ley nunca llegó a aprobarse y muchos investigadores sospechan que hubo esclavos hasta mucho más tarde, solo que escondidos como criados o traídos ilegalmente. Incluso, López sostiene que esa misma práctica —camuflar esclavos como sirvientes— se mantuvo hasta el siglo XX en el Sáhara Occidental.

Precisamente ese enorme olvido colectivo es lo que llevó a Álvaro Begines a rodar su película, en la que mezcla la recreación de historias relacionadas con la esclavitud y la trata con entrevistas a diferentes expertos. “Estaba leyendo un ensayo y señalaba que en el siglo XVI había muchos esclavos en Sevilla, que Lope de Vega sostenía que la ciudad era como un ajedrez: uno blanco y uno negro. Nunca me había planteado que hubiese tantos, empecé a estudiar y me di cuenta de que existían muchos estudios de historiadores. Es entonces cuando me planteé dirigir un documental que abriese los ojos sobre esa realidad. Muchos potentados se enriquecieron con la esclavitud. También el clero y la nobleza”.

Una de las historias que cuenta ‘Cachita’ es la de Cándida la Negra, una antigua esclava que vivió en El Puerto de Santa María (Cádiz) hasta mediados del siglo XX —falleció en 1951— y que demuestra hasta qué punto la esclavitud alcanza la historia de España más reciente. El historiador Manuel Pacheco la conoció a finales de los cuarenta, cuando ya era una anciana, y le dedicó un artícu­lo de investigación titulado “Una cara de la esclavitud: la apasionante historia de ‘Cándida la negra’”. Joaquín García de Romeu publicó en 2018 una novela sobre ella, ‘La última negra’.

Llegó en un cargamento de mujeres de Cuba, seguramente fletado por Antonio López, marqués de Comillas. Se trataba de hijas huérfanas de esclavas que eran exportadas a la Península “para satisfacer los deseos más oscuros” de sus compradores, explica el filme. El barco naufragó en la costa y ella salvó la vida, fue rescatada por un campesino y luego se emparejó con un gitano con el que no tuvo descendencia. Todo esto ocurre en la segunda parte del siglo XIX, cuando la trata ya era ilegal en la Península. La historia de Cándida la negra refleja la cercanía de la esclavitud, pero también las dificultades a las que se enfrentan los investigadores, porque una parte importante de la trata se hizo de forma clandestina, como ocurría con la llegada de barcos esclavistas a Cuba.

La recuperación de la memoria también puede ofrecer sorpresas desagradables: en febrero de 2018 el Tesoro del Reino Unido publicó, con el escándalo consiguiente, que cuando se abolió la esclavitud en 1833 pagó indemnizaciones a los dueños de esclavos (básicamente compró su libertad a sus dueños). No terminó de pagar a los esclavistas hasta 2015, de tal forma que los descendientes de esclavos estuvieron pagando indemnizaciones con sus impuestos a los que esclavizaron a sus padres, que no recibieron ningún tipo de compensación por sus sufrimientos. La memoria nunca es fácil. Tal vez por eso sea tan importante. Como escribe Santiago Auserón en el capítulo ‘El canto esclavo’ de su ensayo: “La presencia de la negritud y su influjo musical en el Viejo Continente pertenece a una clase especial de sucesos que en la historia de España se han visto abocados a hundirse en el olvido, de suerte que nuestra memoria colectiva está como artificialmente labrada por algunos vacíos significativos”.

jueves, 25 de marzo de 2021

#hemeroteca #patrimonio | El Museo Británico, en jaque por los reclamos de los países que piden que les devuelvan sus reliquias robadas

Imagen: Clarín / Moái en el Museo Británico

El Museo Británico, en jaque por los reclamos de los países que piden que les devuelvan sus reliquias robadas.

Varias naciones exigen la restitución de obras de arte que la Corona se llevó en tiempos coloniales. Un moái de la Isla de Pascua, entre las piezas robadas.
Clarín, 2021-03-25
https://www.clarin.com/internacional/museo-britanico-jaque-reclamos-paises-piden-devuelvan-reliquias-robadas_0_7OdVPhPjr.html 

El Museo Británico de Londres, Reino Unido, es uno de lo más visitados del mundo. Suele recibir hasta seis millones de visitantes al año en una temporada normal. Pero este lugar, que tiene una de las colecciones más fascinantes de objetos de la historia de la humanidad provenientes de todas partes del mundo, fue puesto en jaque debido al origen de estos tesoros.

Es que, según el canal de televisión público alemán, ‘Deutsche Welle’, la institución inglesa contrató a una especialista que estudiará el origen de la colección de sus objetos, ya que muchos de los elementos que allí se exponen pasaron a formar parte del ‘British’ luego de la expoliación en el periodo colonial. Y esto abre una puerta a la esperanza para que se puedan realizar algunas devoluciones en el futuro. Es que varios gobiernos habían comenzado a realizar pedidos formales para la restitución de ciertas piezas históricas.

Isabel MacDonald es la encargada de revisar los ocho millones de piezas acumuladas en el Museo Británico: muchas de ellas están en galerías subterráneas y no todas están a la vista del público.

Mientras que los mármoles del Partenón son reclamados por Grecia, La Piedra de Rosetta forma parte de un litigio con Egipto. Pero también están en juego objetos obtenidos en incursiones militares en África, piezas saqueadas en China, Oceanía y la Isla de Pascua.

Los moáis de la Isla de Pascua
Este archipiélago forma parte de uno de los casos más resonantes, debido a la insistencia por la restitución de un majestuoso moái. El Gobierno de Chile inició gestiones en 2018 para lograr que el tesoro de más de mil años de antiguedad -y 2,4 metros de alto- retorne al lugar de donde fue sacado, en 1868.

El Hoa Hanakananai pesa 4 toneladas y esta esculpido en basalto. Se encuentra en la sala 24 del Museo Británico luego de una de las incursiones de Richard Powell, que llegó a Rapa Nui en el siglo XIX y luego de participar en las ceremonias locales e intercambiar objetos con los lugareños, mandó a sus hombres a revistar el lugar para ver si encontraban algo valioso para llevarse.

De esta manera, la impresionante escultura llegó a Portsmouth, Inglaterra, en la cubierta de la fragata Topaze. Powell se lo regaló a la reina Victoria y ésta decidió pasarlo al Museo Británico.

Si bien el trabajo de la curadora MacDonald no determinará la devolución de los tesoros a sus respectivos lugares, los países reclamantes deberán estar atentos a los resultados de su investigación ya que podría abrir una puerta a futuro para concretar posibles restituciones.

Los otros reclamos
A la demanda chilena se le suma la de Grecia, que exige la devolución de las esculturas del Partenón tomadas por Lord Elgin, embajador británico ante el Imperio Otomano. El diplomático llevó los "Mármoles de Elgin" (como son conocidos en Inglaterra) desde Atenas a Gran Bretaña a principios del 1800. Las piezas de mármol son expuestas desde 1939 en el ‘British’.

Por su parte, el Gobierno de Tayikistán le reclama al Museo Británico el tesoro de Oxus, una colección de 170 piezas de metalurgia trabajadas en oro y plata que datan entre el 550 a.C. y el 330 a.C. Las reliquias llegaron a Londres luego de que un anticuario las comprara en 1897 en Pakistán y las donara al museo.

Armenia y China también tienen su lugar en esta historia: exigen la devolución de la cabeza de bronce de la diosa pagana Anahid (descubierta en 1872 en Sadak, hoy territorio turco) y varias cajas repletas de reliquias budistas, manuscritos y otros tesoros (incluyendo el Sutra del Diamante; el libro más antiguo que existe), respectivamente.

Finalmente, la Piedra Rosetta es una de las piezas estrella de la colección egipcia de dicho museo (y fundamental para descifrar los jeroglíficos). Es reclamada por Egipto desde 2003. Hasta ahora, solo consiguieron que el Reino Unido les envíe una réplica de esta pieza que es exhibida desde 1802 y actualmente se encuentra en la sala 4.

Francia y Holanda, distintos
Mientras que en el Reino Unido la idea de devolver parte de su colección parece aún lejana, Francia tomó otra iniciativa. El Senado galo decidió devolver 27 piezas a Senegal y Benín a fines de 2020 en el marco de un programa que busca restituir dicho acervo a sus países de origen.

Sin embargo, Etiopía todavía le pide a Francia que devuelva más de 3 mil objetos y Chad reclama otros 10 mil. Para tener en cuenta, solamente en el Museo del muelle Branly - Jacques Chirac hay 70 mil objetos africanos.

Así las cosas, Holanda anunció una política parecida. Se trata de la investigación de 450 mil piezas para poder restituirlas a sus lugares de origen (ahora se exhiben en el Museo Nacional de Amsterdam). Entre ellas, una de las más importantes es el diamante de 70 quilates que perteneció al sultán de Banjarmasin.

lunes, 8 de marzo de 2021

#hemeroteca #racismo | Lo que aprendemos los plebeyos sobre racismo viendo el caso de Meghan Markle y la familia real británica

Imagen: El Diario / Meghan Markle

Lo que aprendemos los plebeyos sobre racismo viendo el caso de Meghan Markle y la familia real británica.

Aunque al principio la historia de Harry y Meghan nos pueda parecer lejana, en realidad permite ver las consecuencias de unos problemas profundos y comunes relacionados con el racismo que también vivimos los plebeyos.
Moha Gerehou | El Diario, 2021-03-08
https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aprendemos-plebeyos-racismo-viendo-caso-meghan-markle-familia-real-britanica_129_7286870.html 

"What!" Con los ojos abiertos de par en par, la mandíbula a punto de tocar el suelo y esta frase reaccionaba la presentadora Oprah Winfrey a una respuesta de Meghan Markle. La entrevista, que había levantado grandes expectativas, no defraudó y ocupa titulares por todo el mundo.

Es el último episodio de una historia que en ocasiones ha sido comparada a la de Lady Di, especialmente por el machismo con el que se ha tratado a ambas, pero este caso contiene un elemento que lo coloca en otro nivel: el racismo. Ha sido una constante. Sobre Meghan Markle se ha dicho y escrito de todo: que tiene un "ADN exótico", que salió de Compton (de donde proceden algunos de los raperos negros estadounidenses más importantes) e incluso llegaron a comparar a su hijo con un chimpancé, entre otras muchas lindezas.

De ahí que este caso, que en un primer momento nos puede parecer lejano por ubicarse en los círculos de la realeza británica, lo que muestra son las consecuencias de una serie de problemas profundos y comunes relacionados con la condición racial. Esto es lo que aprendemos los plebeyos sobre racismo viendo el caso de Meghan Markle y la familia real británica.

El valor de una piel
El ya clásico "What!" de Oprah Winfrey llegaba cuando Meghan Markle enumeraba los privilegios de los que posiblemente no disfrutaría su primer hijo, Archie, tales como el título nobiliario. En ese momento hizo una confesión: "En los meses en los que yo estaba embarazada, hubo (...) preocupaciones y conversaciones sobre lo oscura que podría ser su piel cuando naciera".

Para algunos, el color de piel es un indicador social más. A raíz de la boda de Meghan y Harry, Jaime Peñafiel publicó un artículo llevándose las manos a la cabeza porque la reina Isabel II había permitido una boda con una mujer mestiza, lo que en su opinión repercute en que las monarquías “se vulgarizan”.

En España se sigue viendo el color de piel como sinónimo de un estatus, generalmente económico, inferior. Y aunque muchas veces lo es, pocas veces nos preguntamos por qué la condición racial o migratoria determina nuestra situación. Un ejemplo nítido es la representación en las producciones audiovisuales, donde los actores negros casi no se salen de papeles estereotipados como los de manteros, prostitutas o inmigrantes sin apenas conocimientos sobre la vida.

Racismo y clasismo van de la mano
El racismo se puede ver agravado o atenuado por la clase social, pero no lo elimina. Antes de formar parte de la realeza británica, Meghan Markle ya era una actriz de éxito en Hollywood, con su consiguiente nivel económico. Seguramente haya pocas posiciones de poder más importantes en todo el mundo que pertenecer a la familia real británica, pero eso no evitó que el racismo se cruzara por su camino. La opinión pública o los medios de comunicación dispararon una y otra vez con balas raciales para las que el volumen de la cuenta corriente o los títulos nobiliarios apenas sirvieron de escudo.

Bajando este caso a la tierra, nos encontramos cómo la clase y la raza son factores que no se excluyen, sino que se suman. En España tenemos ejemplos como los de las empleadas del hogar, en su mayoría mujeres y migrantes excluidas una y otra vez de los derechos laborales más básicos. En su caso, las dificultades económicas juegan en su contra, lo que por un lado les obliga a aceptar condiciones laborales cercanas a la esclavitud y, por otro, rebajando las capacidades y los conocimientos que traen desde sus países de origen.

Los medios y su responsabilidad en el racismo
En varios momentos de la entrevista, Oprah Winfrey pone el foco sobre el papel de los medios de comunicación. Concretamente, el de los tabloides británicos. Fue uno de los motivos que esgrimieron Harry y Meghan para cambiar su rol en la familia real, y desde luego que hay motivos para ello. De hecho, en uno de los puntos Winfrey repasa la diferencia en el tratamiento mediático entre Meghan Markle y Kate Middleton. Un artículo de Buzzfeed comparaba cómo la misma situación se analizaba de manera distinta si la protagonista era una u otra. Los ejemplos hacen hasta gracia si no fuera por el constante acoso.

Los medios son una de las herramientas más poderosas a la hora de construir nuestra visión del mundo. Por desgracia, puede ser a peor. Hace unos años se creó un proyecto, el ‘Observatori del discurs discriminatori als mitjans de comunicació’, que analizaba cómo el discurso de odio, especialmente racista, se transmitía a través de los medios de comunicación españoles. Trato degradante, deshumanización, uso de la condición racial para criminalizar y otros elementos que resultan en una diferencia mediática.

Los vestigios del colonialismo siguen presentes
La historia de la familia real británica está indisolublemente asociada al colonialismo. En 1884, Francia y Gran Bretaña se repartieron África y desde entonces ocuparon tierras, extrajeron recursos y esclavizaron a una parte importante de la población del continente. Casi un siglo y medio después, los vestigios de aquel momento todavía se pueden palpar. Por poner un par de ejemplos, a día de hoy Isabel II sigue siendo oficialmente la reina de Jamaica, Bahamas o Australia. También su país sigue al frente de la Commonwealth, una institución que reúne a Gran Bretaña con sus antiguas colonias.

Además del imperialismo, las acusaciones de racismo en la familia real británica no son nuevas. En 2004 la princesa María Cristina de Kent, mientras se encontraba en un restaurante, espetó a unos comensales negros que "volvieran a las colonias". Años después acudió a uno de sus primeros encuentros con Meghan Markle con un broche de época colonial y tachado de racista. Felipe de Edimburgo es sospechoso habitual: en un evento con indios británicos dijo a uno de ellos que había venido mucha gente de su familia, a un político británico negro le preguntó de qué lugar exótico del mundo era cuando había nacido en Birmingham y a alguien que llegó de Papúa Nueva Guinea le felicitó por no haber sido engullido por sus habitantes. Las polémicas nunca alcanzaron el nivel de lo que Meghan Markle ha tenido que soportar.

El racismo en el entorno familiar y de las relaciones
El amor puede no entender de colores de piel, pero los ojos juzgan las relaciones con lentes raciales. La reacción a la relación entre Meghan y Harry nos muestra que una unión interracial sigue levantando suspicacias, entre la familia y las amistades, que van desde el cuestionamiento hasta la exotización, el estigma, la fetichización, amén de todos los estereotipos que se dan al margen de este tipo de relaciones. En este reportaje profundicé sobre este tema hablando con tres parejas interraciales.

Haciendo combo con el machismo, siempre se ha presupuesto una intención oculta de Meghan Markle. Hay un momento de la entrevista en la que Oprah y ella se ríen sobre lo ridícula que es esa argumentación. Por desgracia, esta eterna sospecha sigue estando normalizada en nuestra sociedad. Por ejemplo, entre los testimonios del reportaje que publiqué está el de África Ndong, una mujer negra casada con un hombre blanco y que cuenta que a su marido le llegan a decir sobre ella que "seguro que es una puta que ha contratado". A eso se le suma que su hijo Efraín, adoptado y blanco de piel, les hace enfrentarse a comentarios y juicios relacionados con esa condición racial.

domingo, 12 de abril de 2020

#hemeroteca #identidades | Demasiado blanca para los indios, demasiado sucia para los blancos: "Un policía corrupto abusó de mí"

Imagen: Público / Pavandeep Crane
Demasiado blanca para los indios, demasiado sucia para los blancos: "Un policía corrupto abusó de mí".
"Un agente de narcóticos cocainómano abusó de mí cuando era una niña. Fui drogadicta, prostituta, sintecho, mula y alcohólica y ni siquiera recuerdo las veces que intenté suicidarme. Me llamo 'Mujer de fuerte corazón', tengo 38 años y soy lakota de adopción, como Toro Sentado. En las reservas, hay menos bodas que funerales".
Ferran Barber / Ronak Press | Público, 2020-04-12
https://www.publico.es/internacional/blanca-indios-sucia-blancos-policia-corrupto-abuso-mi.html

"¿Sabes? Volví a encontrarme con John Howlett tres veces antes de que muriera y cada una de las veces que lo vi acababa de sufrir dos amputaciones, seis en total. Era un agente de narcóticos adicto a la cocaína y un diabético que destruyó su cuerpo. Fui la primera vez que reconocí la naturaleza de la Ley Natural o del Karma".

Howlett era un policía corrupto, la clase de basura con placa que abusaría de una niña. Le decía a Pavandeep Crane que era solo una sqwah, demasiado blanca para caber entre los indios y demasiado sucia para ser aceptada en el mundo del hombre blanco. Y esas palabras reverberaron dentro de ella durante años.
 
A Vandee la conocimos gracias a la mediación de la madre de un miliciano de Seattle con ancestros nativos americanos que sirvió con españoles en las milicias que combatían al Daesh en la región iraquí de Sinyar. "Tiene una historia", nos dijo.

Y su historia comenzaba en algún lugar de Orlando, en la Florida, y hablaba de naciones indias devastadas por los traumas de la brutal colonización anglosajona de sus tierras y de un nombre elegido diferente al que le puso el Tío Sam —Khasam Swiftbird—, que en la lengua lakota significa "mujer de fuerte corazón".

John Wayne no los mató a todos. Y miles de nativos norteamericanos se han reunido estas semanas para organizar rituales contra la pandemia, mientras el cineasta italoamericano Martin Scorsese trabaja en una nueva película sobre los crímenes cometidos contra los miembros de la nación Osage de Oklahoma durante la década de los veinte. Ya se ha confirmado alguna muerte entre los Osage. Pero la auténtica pandemia de estas tribus, la más enquistada en los bubones de su historia reciente, tiene que ver con el alcohol, la metanfetamina, los suicidios y la raigambre de la miseria.

"Una vez le pregunté a mi abuela, Eleanor Grace Crane, si le hubiera gustado hacer alguna otra cosa en la vida y me dijo que hubiera deseado casarse con un guerrero lakota, en lugar de con mi abuelo, un marine". Vandee no es lakota (sioux) de nacimiento, pero fue adoptada ritualmente por los descendientes de la tribu que derrotaron a Custer. Hace solo una semana falleció a los 102 años Medicina Crow, el último aborigen vivo que escuchó de 'viva voce' un relato de uno de esos pieles rojas que tomaron parte en la batalla de Little Big Horn (1876).

Los lakota son un pueblo de la tribu sioux que originalmente habitaba en las márgenes del río Misuri. El empuje de los europeos los obligó a abandonar sus formas semisedentarias de vida y los forzó a tornarse nómadas y a ocupar de forma sucesiva los territorios situados en los estados de Minnesota, Dakota del Norte y del Sur, Nebraska y Wyoming. El exterminio de los bisontes, el alcohol, las enfermedades y el Séptimo de Caballería hicieron el resto. Sioux era Toro Sentado y sioux era también el jefe indio que derrotó y mató al general Custer y a 210 de sus hombres en la batalla de Little Big Horn. Jamás rindieron su libertad sin plantarle cara al enemigo.

A los lakotas no les perdonaron nunca que derrotaran a Custer. Niños, viejos, mujeres inermes... Todos fueron pasados por las armas. Los concentraron mediante ardides y engaños en lo que hoy es la reserva de Pine Ridge y los fundieron, literalmente, con cuatro cañones Hotchkiss. Quedaron tan desfigurados por las balas que en las viejas fotos sepia de las partidas de enterramiento apenas se distinguirían sus cadáveres, de no ser por las prendas de bisonte con las que todavía se vestían a finales del siglo XIX.

Por parte de madre, Vandee pertenece a la nación Osage, la tribu de los Llanos del Sur, los hijos de las Aguas Medias. Por parte de padre, es una cherokee o tsalagiyehli. "Hay trazas irlandesas en la sangre de mi madre, que tiene el pelo rojo y los ojos verdes, y sospecho que hay algo de vasco en mi padre —David Alan DeBord—, con cuya familia no tuve jamás ninguna conexión porque no me reclamaron nunca", nos contará en una de esas conversaciones, densas como un engrudo de correosa brea, que se prolongarán durante días.

"No sentí que le hubiera perdonado hasta que mi madre falleció, en enero de 2009. Gracias a una búsqueda en Internet descubrí que murió de un ataque al corazón cuando yo tenía 15 años". Nunca se sintió feliz en Orlando. Especialmente, porque creció en una familia alcohólica y disfuncional. Ahora vive con su pareja en el norte de Nuevo México, cerca del antiguo territorio indio de Pecos Pueblo, que hoy es solo ruinas.

"La generación de mi madre, Susan Garnett Timmerman (fallecida en 2013) creció con traumas soterrados, que en su caso comenzaron a expresarse cuando yo tenía 5 años. Entonces, comenzó a beber y a tomar drogas de un modo mucho más ‘heavy’, y a exponerme a situaciones a las que jamás debería haber sido expuesta. Así que, esencialmente, fui vendida cuando tenía 13 años. Mi madre se relacionaba con unos amigos de la familia en quienes me dijeron que debía confiar, y entre ellos, John Howlett, un agente de narcóticos de la Drug Enforcement Agency. A menudo, yo pasaba el tiempo en mi casa completamente hambrienta y buscando a alguien que me cuidara, y él encontró el modo de utilizar mi corazón en mi contra".

Son crímenes igualmente pandémicos contra las mujeres indígenas que a menudo se diluyen en la ciénaga del supremacismo blanco. Vandee Crane logró zafarse del tráfico sexual cuando tenía 15 años, pero encadenó después una serie de malas decisiones y se convirtió en una prostituta adolescente, en alcohólica y drogadicta. Pasó a formar parte del sistema de los correccionales, y devino una sintecho, lo que le arrojó a la espiral de los pensamientos suicidas.

"Fui una suicida crónica durante 13 años de mi vida. Perdí la cuenta de cuántas veces intenté quitarme la vida. Principalmente, me doblegaban la desesperanza, la ausencia de recursos, la falta de comprensión y la sensación de que todo estaba en mi contra y que no había nadie en mi vida que fuera para mí. Finalmente, encontré en mí algo de esperanza cuando una médico no nativa acudió a un juzgado para defenderme e impidió que fuera a prisión durante cinco años, cuando tenía 17. Yo estaba siendo juzgada por varios delitos, algunos graves y otros menores, relacionados con el tráfico de drogas. Fui utilizada a menudo como mula. Y en lugar de ayudarme, la policía me humilló y me criminalizó".

"Mi trauma, definitivamente, tiene su origen en mi condición de nativa. El abuso sexual que mi abuela sufrió en el internado de Saint Louis y que probablemente, también sufrió mi bisabuela materna, se ha ido transmitiendo a través de la familia. Fui intimidada también por la escuela católica Saint Andrew de Orlando, Florida, a la que asistí, que era la misma en la que estudiaron mi madre y mi tío. Era blanco del ridículo debido a mi apariencia y a la apariencia de mi abuela. Por el hecho de que fueran mis abuelos quienes me criaban, y de que careciera de un padre, mi familia no encajaba en el paradigma de la familia nuclear católica o protestante anglosajona blanca".

Vandee no despertó espiritualmente hasta que sufrió unas graves lesiones cerebrales, en 2008, tras un accidente de motocicleta en el que el alcohol y los medicamentos recetados jugaron un papel importante. "Continué bebiendo pese a que había sufrido una lesión cerebral. Mi relación con un maltratador aún se volvió más loca porque ambos sufrimos lesiones traumáticas. Tuve dos lesiones cerebrales más en solo una hora a causa de un episodio de violencia doméstica acaecido después del accidente. También intenté suicidarme tres veces esa noche así que terminé en el hospital de Nuevo México. Esa fue la última vez que bebí, el 23 de noviembre de 2008. Fui invitada a mi primera Ceremonia de Sweat Lodge (un inipi) en enero de 2009". Durante esos días, falleció su abuela Eleanor Grace Crane.

Mujer de Fuerte Corazón logró hallarse a sí misma en las montañas de Nuevo México en un momento en el que no sabía a dónde ir o en quién confiar porque no tenía a nadie. Decidió volver a ese momento anterior a que todo en su vida fuera un desastre. "Busqué dentro de mi memoria aquellas cosas que mi abuela me había dicho acerca de nuestra cultura y sus enseñanzas; me reconcilié con los genes que se me habían legado a través de mi madre. Cuando era niña, me llevaron a nuestros territorios ancestrales, a Pine Ridge, la reserva lakota, y fue mi abuela la que de algún modo me alentó a reconectar con mis raíces y a tener un corazón para la gente".

Nunca se había sentido como en casa en este mundo hasta que regresó a sus tierras ancestrales y a la reserva de Standing Rock. Durante la mayor parte de su vida, esta mujer india había tenido visiones de tipis junto a Wind Rivers y Standing Rock que le ayudaron a conectarse con sus antepasados. Durante aquel tiempo de sanación, acampó a lo largo del río Missouri; en el campamento principal de Oceti Sakowin; en el de los caballos heridos de Caballo Loco; en los campamentos del Protector del Agua, y a lo largo del río Grande.

En 2011, se licenció en Sociología. Y un año después, comenzó un proyecto para apoyar a empresas e individuos, y a defender las culturas que ponen en valor el matriarcado y respetan la Tierra. Ayuda a las mujeres a apoyar a sus familias y a superar los traumas. Ahora acaba de escribir un libro, que son sus memorias.

"Durante los últimos años, he investigado en el sitio web de Ancestry y he podido averiguar que algún antepasado de mi padre perteneciente a alguna tribu desaparecida que luchó del lado de los franceses y fue trasladado como esclavo a Inglaterra, desde donde regresó en barco a los Estados Unidos. Mi abuela materna pasó la Primera Guerra Mundial en Oklahoma, trabajando en fábricas, después de que su padre —mi bisabuelo— muriera como consecuencia de las dolencias internas causadas por el gas mostaza. Siempre pensé que muchos de mis traumas infantiles están relacionados con los abusos que mi abuela sufrió en una ‘Boarding School’ (internado para nativos)".

"Por el lado de mi madre, nadie tuvo contacto con la reserva hasta que nació mi abuela, en 1920, que fue también el año del inicio del reinado del terror en nuestra tribu, los Osage, una historia contada en la novela ‘Los asesinos de la luna florida’ que ahora Martin Scorsese está llevando al cine. Los blancos asesinaron y envenenaron a familias enteras para despojarles de sus derechos de explotación del petróleo, tras el descubrimiento de oro negro en las tierras nativas. Hay una larga historia de conexiones entre las compañías petrolíferas y el asesinato y explotación de mujeres indias".

Tampoco los viejos problemas de Pavandeep con el alcohol son ajenos a los del resto de nativos. Hoy en día, el trago está devastando las naciones indias. "Cuando mezclamos alcohol con nuestras generaciones de traumas es una receta para el desastre. O en el mejor de los casos, nos adormece y desconecta de nuestra propia gente y nuestra propia espiritualidad o, a menudo, crea una depresión devastadora que conduce al suicidio".

Cuando el gobierno de los Estados Unidos comenzó a crear campos de prisioneros de guerra para doblegar a las tribus más irreductibles, las raciones de reservas comenzaron a ser entregadas al jefe de cada familia, que el gobierno americano consideraba siempre un hombre, aunque tradicionalmente la mayoría de sus culturas eran matriarcales. Claro que eso a los anglosajones les parecía tonto e incivilizado. Antes de entregar esas mantas y esas raciones de comida, los soldados obligaban al hombre de la casa a beberse una botella de güisqui en frente de ellos, antes de salir del fuerte.

"El abuso y la humillación que sufrieron los hombres gotearon y envenenaron a nuestros pueblos. Creo que la epidemia de metanfetamina que sufren ahora las reservas es similar a la de crack experimentada en los barrios negros a principios de los años 80. Los Panteras Negras estaban haciendo cosas muy buenas para sus comunidades, como la creación del WIC, un programa que brinda alimentos saludables a las madres embarazadas y lactantes. A medida que las comunidades negras nos unimos para apoyarnos, la droga golpeó de repente las ciudades del centro del país, y a los pocos meses de la introducción del crack en estas comunidades, los Panteras Negras se disolvieron y sus programas fueron asumidos por el gobierno de los Estados Unidos. Creo que fue una operación de la CIA y también creo que la epidemia de metanfetamina y la presencia de cárteles de la droga en las reservas también está relacionada con la CIA y con sus esfuerzos sostenidos para destruir el renacimiento de nuestras culturas y nuestros líderes espirituales".

"La sociedad dominante todavía intenta borrar a los nativos alimentando guerras raciales dentro de los Estados Unidos. El movimiento sigue siendo trabado e intoxicado por infiltrados que seguramente pagó el gobierno de los Estados Unidos para mantenernos divididos como pueblos oprimidos. Los grupos nativos en América del Norte están comenzando a reconocer a nuestros parientes del sur como parientes indígenas, que también fueron víctimas de la colonización. Estamos reconociendo la conexión entre las guerras contra nuestras mujeres en todos los territorios indígenas. Y lo que está en el centro del problema es la destrucción de la matriarca, la destrucción de nuestra Madre Tierra".

La asimilación ha sido también otro de sus principales enemigos. Sus familias se han dividido por la ley de reubicación y muchos impuestos a la tierra. "Siempre tenemos que recordarles a nuestros familiares que fue su propia gente quién mató y mutiló los cuerpos de Caballo Loco y Toro Sentado a cambio de la seguridad que los colonizadores les ofrecieron. Incluso hoy, si hablas con Patrick, este puede contarte que un distrito o incluso una sola familia en un distrito de su tribu recibió un soborno de 50,000 dólares para que un tramo clave de un gasoducto atraviese todo el territorio de la reserva. Cincuenta mil dólares apenas compran un camión nuevo. Este es el mayor problema entre nuestra gente. Dividir y conquistar siempre ha sido un método del colonizador para oprimir a los oprimidos".

"Déjame que te diga algo: en las reservas es más común asistir a funerales que a bodas y graduaciones. Cuando llevas 300 años de genocidio en la sangre y lloras constantemente la pérdida del idioma, la tierra, la cultura e incluso naciones completas de millones de personas es difícil no sentirse deprimido y sin esperanza. Durkheim llamaba 'anomia' al sentimiento que todo ello provoca, la ausencia de valores. Las reservas son mucho peores de lo que puedas imaginar. Las tasas de desempleo son devastadoras. Cuando las personas han sido oprimidas durante el tiempo suficiente, adoptan los valores del opresor y pierden contacto con los suyos. El genocidio fue diseñado para que las personas se destruyeran finalmente a sí mismas, y eso está sucediendo. Los consejos tribales contemporáneos fueron diseñados para proyectar la mentalidad de los grupos dominantes en los Estados Unidos y para trabajar junto al Gobierno de la misma manera corrupta".

martes, 3 de marzo de 2020

#hemeroteca #trans #artivismo | La ‘artivista’ que reivindica a la comunidad LGTB con su cuerpo

Imagen: E País / Va-Bene Elikem Fiatsi

La ‘artivista’ que reivindica a la comunidad LGTB con su cuerpo.
Va-Bene Elikem Fiatsi es una artista de Ghana que lucha por los derechos de las minorías y contra el pasado colonial de su país.
Vanessa Anaya | El País, 2020-03-03
https://elpais.com/elpais/2020/02/25/planeta_futuro/1582634756_168756.html

“Lo que yo espero de la audiencia es que sea cointérprete”, explicaba la ghanesa Va-Bene Elikem Fiatsi una mañana calurosa en el agitado barrio de Kokomlemle, mientras preparaba la puesta en escena en el festival de arte urbano más importante de África, el Chale Wote Street Art Festival de Accra. La interpretación artística siempre ha estado presente en el trabajo de crazinisT artisT, su nombre artístico, aunque sus inicios fueran en el ámbito de la enseñanza y, posteriormente, en la pintura. Con el foco puesto en la experimentación, empezó a trabajar temas de género, estereotipos, prejuicios sexuales y colonización, cuestiones que a partir de entonces prefirió abordar desde la interpretación artística.

Va-Bene habla de vulnerabilidad, pero también de lucha y de empoderamiento. Como mujer y artista transexual, el activismo impregna toda su vida, ya que ella misma se sitúa en contextos hostiles para aquellas personas que se identifican con géneros no binarios (hombre-mujer), como pueden ser las fronteras o los espacios públicos. Una artivista en toda regla: “No hay lugares para la gente trans en las fronteras [entre países] y te puedes imaginar las confusiones. ¿Quién te registra, un hombre o una mujer? Se abre un diálogo muy complicado. Estoy interesada en insertar mi cuerpo en esos espacios y observar las debilidades que hay en cada momento. Es importante para nosotras retar a esas instituciones, pues algo puede cambiar”. Aunque uno de estos experimentos le costó tres días de detención en Cabo Verde: “Me pasa lo mismo en Ghana con mi banco: no puedo hacer ninguna operación porque no saben cómo gestionarlo. Es mi dolor cotidiano”.

La organización Human Rights Watch denuncia que la situación del colectivo transexual es complicada por la violencia física, el abuso psicológico y la exclusión a la que se enfrentan en su vida cotidiana. La propia ley del país —llamada coloquialmente ley anti-gay—, contribuye a asentar esta discriminación sobre la base de la orientación sexual o la identidad de género.

Además de los aspectos legales, hay otros como la religión, particularmente el cristianismo, que tienen una fuerte influencia en el país y en una sociedad conservadora como es la ghanesa. Según ese mismo informe, docenas de personas han sido atacadas por multitudes e, incluso, por sus familiares. Va-Bene ha sufrido esta situación en sus propias carnes: “Parte de mi familia no se relaciona conmigo porque me he convertido en un tabú, en una persona poseída por un espíritu; son muy religiosos y cristianos. De hecho, yo también iba a la iglesia y estaba en un coro góspel; por eso sé lo que piensan de mí. Ellos rezan para que la homosexualidad se cure porque creen que es una enfermedad, un virus. No ha sido fácil, pero la perseverancia y la pasión me han permitido seguir y desarrollar mi actividad”, asegura.

Las redes sociales y los pseudónimos suelen ser el refugio de los activistas, que muchas veces arriesgan sus vidas por la causa: “Algunas de nosotras pensamos que tenemos que hablar tanto como podamos. Hasta que muramos. Por eso me interesa hacer actuaciones artísticas en espacios públicos”. Ella sabe que visibilizar es la clave para que la despenalización de la homosexualidad llegue, tal y como declaraba el presidente de Ghana, Nana Akufo-Addo, en una entrevista en Al Jazeera que levantó ampollas en la oposición y en los sectores más conservadores de la sociedad.

Herencia colonial
Va-Bene habla de género, de estereotipos y de prejuicios, pero la herencia colonial está siempre presente en su obra. “La colonización es mi sangre. Yo no existía cuando Ghana se independizó, ni tampoco antes de la colonización. Nací en la época postcolonial, así que nací en todos los residuos que esta dejó y me los comí para crecer. Me comí la religión, la educación e, incluso, el inglés que estoy hablando. Así que realmente es una parte de mí. El colonialismo recorre mis venas, pero a la vez estoy luchando contra él. Estuve enseñando góspel durante 32 años, así como religión y estudios morales. Luego morí y tomé otra vida. Si he estado en estas estructuras 32 años, ¿cuánto tiempo me llevará desaprenderlas? Trato de hacerlo, pero no es fácil, y a veces me doy cuenta de que hago cosas que reproducen mensajes y prácticas de aquella época. Porque esa soy yo, soy un símbolo del colonialismo”, insiste.

Arte para expresar la vida
“El día a día en Ghana es un espectáculo”, afirma Va-Bene. “Ves cómo vende la gente en el mercado y cómo intentan jugar con los consumidores; te toman de la mano y te dicen: ‘Estás tan guapa, te queda tan bien este vestido’. Para mí esto es espectáculo. Los artistas podemos tomar prestada la inspiración de esas situaciones y crear fuertes interpretaciones artísticas”, desvela.

Pero esta disciplina tiene muchos obstáculos de cara a la proyección internacional de los artistas africanos, porque no hay un producto tangible que ofrecer a las galerías de arte. Solo algunos espacios entienden el valor de este arte efímero y están dispuestos a acogerlo: "Este tipo de actuaciones artísticas no se puede vender. Para mí no ha sido un problema porque nunca lo he querido. Tal y como valoro mi trabajo, pienso que la gente no puede pagar por él. Eso me gusta de lo que hago, que no puedes comprar mi cuerpo. Sí la acción, pero no mi cuerpo".

Va-Bene es optimista: “El diálogo está creciendo y las oportunidades para este tipo de artistas africanos para entrar en la escena global también”. Muestra de ello es la creación de un programa pionero en el continente centrado en este tipo de espectáculo, y que sirve como laboratorio y espacio para que artistas, activistas, investigadores y comisarios desarrollen e interactúen entre sí a través de proyectos de investigación creativa.

sábado, 5 de octubre de 2019

#hemeroteca #historia #identidades | La leyenda negra, la persistencia de los tópicos

Imagen: El País / Cristobal Colón en el Nuevo Mundo, grabado de 1590
La leyenda negra, la persistencia de los tópicos.
Un ensayo de José Varela Ortega constata, sin prejuicios ideológicos, la pervivencia de estereotipos sobre España que hunden sus raíces en la realidad y cuyos orígenes el autor estudia con rigor histórico.
Carlos Martínez Shaw | Babelia, El País, 2019-10-05
https://elpais.com/cultura/2019/10/02/babelia/1570009843_668728.html

En un programa televisivo dedicado al fútbol hay un pequeño espacio titulado ‘90 minutos en 90 segundos’, es decir, un resumen de minuto y medio de todo un partido. Aquí nos encontramos en una situación aún más dramática: 100 líneas para explicar 1.000 páginas que dan cuenta de 500 años de la historia de España e incluso de muchos más si incluimos las amplias referencias no solo a los visigodos, a los musulmanes y a los cristianos de la Edad Media, sino también a la “España celtibérica” o a la Hispania romana. Y además cuando se trata de un texto extremadamente rico, lleno de contenidos sugerentes y discutidos arropados por centenares de referencias bibliográficas.

Para aliviar la dificultad de la tarea, nos encontramos por fortuna con un ensayo histórico (y no con una convulsa construcción ideológica) muy bien documentado a base de una copiosa aportación de datos y opiniones que se usan de modo económico para evitar un desbordamiento de la letra impresa. También podemos identificar un tema central: la demostración de la pervivencia de una serie de estereotipos sobre la historia de España (no sobre su “esencia” porque, como muy acertadamente se afirma, la “verdadera España” no existe) mucho más allá de que algunos de los elementos que constituyen estos tópicos pudieran haber tenido que ver con la realidad en tiempos pasados. Finalmente, por un proceso de reducción para hacer inteligible el desarrollo del argumento, estos estereotipos se pueden resumir en dos: el español militante (y apasionado) y el español indolente (y decadente).

Sin embargo, lo más importante es que los estereotipos no se crean de la nada (el hecho, como es lógico, precede al prejuicio, a la construcción), sino que hunden sus raíces en la realidad y, por tanto, tienen una vida: nacimiento, desarrollo y supervivencia más allá del desvanecimiento o incluso la muerte de la causa que le dio origen. Es decir, los estereotipos hay que tratarlos como hechos históricos, que nacen en un momento dado y cambian de aspecto y desaparecen (o no) a lo largo del tiempo.

En este sentido, nada más oportuno que leer la primera de las cuatro partes en que se divide el libro, el momento de la aparición y consolidación de la imagen del español militante, en el siglo XVI o, si se quiere, durante el Siglo de Oro. Es un momento de excepcional expansión y creatividad que todo el mundo conoce y que se impone a tirios y troyanos: el crecimiento económico, el dinamismo social, el progreso de la organización política, la expansión fuera de las fronteras (favorecida por la herencia de Carlos V), las grandes hazañas ultramarinas (del descubrimiento del Nuevo Mundo a la primera circunnavegación, de la ocupación de América a la exploración del Pacífico) y, sobre todo, la eclosión de la cultura en todos los terrenos, desde el pensamiento económico hasta la floración de las letras, de las artes plásticas, de la música. Una cultura que se expande por toda Europa y concita la admiración de todas las naciones europeas, como resumió el malogrado Carlos Gómez-Centurión: “La hegemonía cultural española era aceptada de hecho por la mayoría: su lengua era conocida por las élites cultas de cada nación, su literatura se consumía ávidamente, y las modas y hábitos culturales que emanaban de la corte de Madrid imponían un seguidismo devoto”.

Ahora bien, este éxito tenía su precio, que no es otro sino la imagen negativa que fueron creando sus enemigos, como bien sintetiza Ricardo García Cárcel: “La leyenda negra no fue más que la expresión de una oposición a un poder que todo el mundo temía”. Y en su espléndido trabajo sobre los Siglos de Oro de España, los grandes hispanistas franceses Bartolomé Bennassar (recientemente desaparecido) y Bernard Vincent pueden concluir: “La leyenda negra insistió mucho en los procesos de la Inquisición y en la suerte reservada a los indios de América. Esta visión era a todas luces injusta si tenemos en cuenta que España fue el único país que debatió y cuestionó el proceso de colonización durante el siglo XVI. Pero era el precio que había que pagar por un dominio implacable”.

Tras hacer suyos implícita o explícitamente estos argumentos, José Varela prosigue su relato por los siglos XVII y XVIII, sin apartarse de su propósito de rastrear los orígenes de los estereotipos, ahora del tópico del español indolente (y decadente), de señalar los supuestos de los que parten y de identificar a los más conspicuos representantes de la propaganda antiespañola, cuando “África empezaba en los Pirineos” o cuando los españoles saltaban ante la requisitoria de Nicolas Masson de Morvilliers en la ‘Encyclopédie méthodique’ (“¿Qué ha hecho España por Europa?”), o cuando se pronunciaban vehementemente contra el abate Guillaume-Thomas Raynal y su difundida ‘Histoire philosophique et politique des établissements dans les deux Indes’, justamente en el momento en que la monarquía hispánica y lo mejor de la intelectualidad española estaban abrazando los postulados de la Ilustración.

La tercera parte del libro, igualmente elocuente y bien fundamentada, se lee posiblemente de un modo más distendido, porque en ella se abordan los tópicos más conocidos de la imagen romántica de España, cuando todo el país tendía a confundirse a los ojos de los extranjeros con Andalucía y cuando se fantaseaba con los guerrilleros, los “toreadores” y los bandoleros, por un lado, o cuando el modelo de la mujer española pasaba a ser la universalmente conocida Carmen, en la visión de Prosper Mérimée retocada por los libretistas de Georges Bizet.

Para terminar, hay que decir que José Varela nos ha regalado un sobresaliente ensayo histórico, que culmina con la afirmación de que la transición desde la siniestra dictadura franquista a la democracia ha tenido como uno de sus benéficos efectos, con un cierto retraso (porque los estereotipos son resistentes: como ya dijera Fernand Braudel, “las mentalidades son prisiones de larga duración”), el de permitir que la imagen tópica de España pierda definitivamente terreno ante la realidad de un país que se integra perfectamente en una Europa a la resolución de cuyos problemas actuales puede y debe contribuir como uno de sus socios preferentes.

martes, 17 de septiembre de 2019

#libros #historia #identidades | España, un relato de grandeza y odio : entre la realidad de la imagen y la de los hechos

España, un relato de grandeza y odio : entre la realidad de la imagen y la de los hechos / José Varela Ortega.
Madrid : Espasa, 2019 [09-17].
1088 p.
Colección: F. Colección.
ISBN 9788467056662

/ ES / ENS
/ Colonización / España / Estereotipos / Historia / Identidades / Ítem / Leyenda negra

José Varela Ortega realiza en esta obra una apasionada defensa de España y de sus múltiples valores. Y lo hace desde varios campos: la filosofía, la literatura, el cine o el arte. Analiza la imagen de nuestro país en el extranjero a lo largo de la historia y explica cómo se fue forjando de forma premeditada nuestra leyenda negra, pero resalta que también hubo una época de admiración hacia nuestro país y que, normalmente, se obvia desde España. Es cierto que la imagen de España ha sido distorsionada por los estereotipos y la mirada del otro, pero también por los propios españoles. Sin embargo, nuestra historia es más rica y respetada de lo que a la mayoría nos han hecho creer, y a ello dedica Varela gran parte de su texto, sin dejar de abordar cuestiones controvertidas como la conquista de América, la polémica obra de Bartolomé de las Casas, la piratería como ataque a las conquistas españolas, el mito de los Tercios de Flandes o la Inquisición. Un minucioso trabajo de veinte años que muestra la admiración que se sintió por nuestro país y, al mismo tiempo, el odio y la envidia que despertamos en el mundo entero. 

José Varela Ortega es presidente de la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón y editor de El Imparcial. Es doctor por la Universidad de Oxford y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense. Ha sido catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela, de la Universidad de Valladolid y de la Universidad Rey Juan Carlos.

jueves, 18 de abril de 2019

#hemeroteca #libros #coloniacion #poblacionindigena | Tres libros del Oeste americano para reflexionar sobre cómo nos contaron la película

Imagen: El Diario / Aby Warburg
Tres libros del Oeste americano para reflexionar sobre cómo nos contaron la película.
La cultura pop y la historia oficial han tendido a relatar la colonización de Norteamérica desde la perspectiva de los vencedores, pero no todos las voces explicaban el mismo ‘Far West’.
Ignasi Franch | El Diario, 2019-04-18
https://www.eldiario.es/cultura/tres_libros/libros-Oeste-americano-contado_6_887221285.html

Muchos crecimos con una imagen reiterada en la televisión de los fines de semana: los indios norteamericanos cayendo de caballos, muriendo sin voz a manos de los soldados o los colonos que protagonizaban tantos westerns clásicos. La representación nunca fue monolítica. Resultaba difícil romper la perspectiva del indígena como Otro, porque a las inercias etnocéntricas se le sumaban las convenciones narrativas de usarlos como antagonistas de los héroes, pero bastantes autores sí les caracterizaron con dignidad... O con una admiración algo pintoresca, como era el caso del Winnetou de las novelas escritas por el alemán Karl May.

Publicaciones como ‘La historia indígena de Estados Unidos’, escrito por la historiadora de ascendencia nativa americana Roxanne Dunbar-Ortiz, sacuden periódicamente la manera que tenemos de ver aquel Oeste que se tildaba de salvaje. Con todo, el debate estaba vivo desde hace décadas. Aunque las voces que se escuchasen fuesen (casi) siempre las de los vencedores, no todas contaban el mismo relato. ‘Los que no perdonan’, ‘Alce Negro Habla’ y ‘Recuerdos del viaje al territorio de los indios pueblo en Norteamérica’ son tres ejemplos de ello.

Desde la perspectiva de los colonos
Publicada originalmente en 1957, ‘Los que no perdonan’ (Valdemar) sirve como ejemplo de una representación clásica del nativo americano como enemigo casi bestializado. Fue la penúltima novela de Alan Le May, la siguiente después de firmar su obra más conocida: ‘Centauros del desierto’. El planteamiento tiene algo de inversión del clásico llevado al cine por John Ford: en lugar de tratar de colonos que quieren recuperar a una niña caída en manos de nativos, son los indios kiowa quienes quieren recuperar a uno de sus vástagos.

Le May, que había escalado trabajosamente de pluma que publicaba en revistas ‘pulp’ a respetado autor de literatura de género y guionista de Hollywood, no pretendió hacer ningún trabajo de perspectiva. Los indios kiowa son adversarios de mentalidad difícilmente comprensible, salvajes capaces de actos terribles solo humanizados a causa de algunos momentos honorables. En paralelo, las rencillas sociales dentro de la sociedad de los colonizadores tienen bastante peso. El estigma de ser considerado "amigo de los indios" evidencia el clima bélico de la colonización.

La narración fluye a pesar de estar plagada de espaciosos momentos de pausa y espera. Le May, bregado como escritor que debía captar rápidamente y mantener con constancia la atención de lectores y editores, conduce con astucia una novela que quizá tiene menos acción de la que cabría esperar y más descripción de la vida de los hombres y (sobre todo) de las mujeres colonizadoras.

El resultado trasciende, por tanto, las normas de la literatura de consumo rápido sin superar, ni pretenderlo, unos marcos mentales que no eran inherentes a la época. Como destaca el editor Alfredo Lara en su introducción al libro, Los que no perdonan fue llevada a la gran pantalla poco después de su publicación. En la correspondiente adaptación fílmica, la historia adquirió connotaciones antiracistas ausentes en la obra original.

La voz de un místico, mediada por un poeta
El año de publicación de un libro no lo explica todo. El uso apologético de la expresión "un hombre de su época" a menudo enmascara las disidencias y divergencias que tienen lugar en cualquier momento histórico. Al fin y al cabo, décadas antes de la publicación de ‘Los que no perdonan’, otro hijo de colonos mostraba un evidente espíritu crítico. En el proceso de preparación de un poema épico sobre el Oeste, John G. Neihardt encontró la complicidad inmediata de un oglala lakota que había sido curandero, había vivido la invasión de la tierra de sus ancestros y quiso contarle su historia. El resultado fue ‘Alce Negro habla’ (Capitán Swing), un peculiar ‘bestseller’ de misticismo, guerra y tristeza.

A pesar de que el libro se presentaba como una traslación pura de las palabras de Alce Negro, la publicación de las conversaciones originales evidenció las intervenciones del escritor. Capitán Swing presenta una edición anotada que señala diversas modificaciones de Neihardt. Si bien algunas son poetizadoras, otras enfatizan los engaños y manipulaciones que supusieron los sucesivos tratados de paz. Estamos ante un ejemplo atípico de relato de la invasión desde la perspectiva de un invadido pero mediado por el invasor y su cultura: Neihardt no endulza las críticas a las acciones de sus antepasados, sino que las endurece y reitera.

Las diferentes introducciones al libro por parte del mismo Neihardt y de estudiosos como Vine Deloria Jr. y Philip J. Deloria explican la ondulante trayectoria editorial del mismo. ‘Alce Negro habla’ se convirtió en un éxito durante los años del ácido, y retornó en los años 80 y su mercantilización de la ‘new age’, porque relata experiencias místicas que conectaron tanto con los interesados por el LSD como con las nuevas espiritualidades. Las visiones del protagonista, además, tenían sentido histórico: proporcionaban una cierta esperanza de pervivencia en momentos de devastación para los sioux.

El libro contiene mucho más que las visiones de Alce Negro y sus explicaciones sobre las creencias de su pueblo. También es un relato de interés antropológico sobre una vida de apego a la naturaleza y los elementos, de cultivo de la resistencia física para llevar a cabo la caza y el combate. Incluye relatos de episodios bélicos, como la primera muerte en combate cometida por Alce Negro a los dieciséis años, y también el conocimiento de los modos de vida occidentales mediante sus viajes con el espectáculo de Buffalo Bill.

Reflexiones sobre los rituales de las tribus originarias
Estimulado por diversos documentos etnográficos, el historiador del arte Aby Warburg realizó varias expediciones de puesta en contacto con tribus nativas americanas durante 1895 y 1896. Gracias a la mediación de misioneros que mantenían una relación perdurable con los indígenas, el alemán pudo ser testigo de danzas rituales para el crecimiento del maíz o la llegada de las lluvias.

El resultado principal fue una conferencia que tuvo lugar más de veinte años después y fue publicada como texto contra la voluntad de su autor: ‘El ritual de la serpiente’. La conferencia bebía de años de destilación intelectual de su experiencia, inmortalizada en unas fragmentarias páginas de recuerdos y reflexiones sobre el viaje. Estos folios han sido recogidos y anotadas meticulosamente por otro historiador del arte, el italiano Maurizio Ghelardi, bajo el título de ‘Recuerdos del viaje al territorio de los indios pueblo en Norteamérica’ (Siruela).

Warburg usó estas vivencias como documentación para sus análisis sobre el arte, que se alejaban del esteticismo y abrazaban la etnografía, la psicología de los pueblos o la comparatística religiosa. Las ceremonias y las ornamentaciones de los indios pueblo le sirvieron para continuar reflexionando sobre las relaciones cruzadas entre la religión, los ritos, la naturaleza y las representaciones figurativas y simbólicas. El historiador profundizaría en ello posteriormente, pero Ghelardi firma una fascinante y compleja introducción que explica cómo el alemán siguió elaborando las ideas plasmadas en sus notas de viaje.

El enfoque intelectualizado de Warburg podría haber supuesto una distancia humana con la comunidad que le enseñó sus ritos. Aún así, como Neihardt, era consciente de las barbaries cometidas por los colonizadores: "Muchos años atrás, habían deportado a los apaches al zoológico humano de las reservas indias situadas en la frontera con Canadá", escribió en sus notas. En ellas, también relata un delicioso cuento mitológico y mágico sobre la migración de una tribu hasta su asentamiento en Walpi (Arizona). Decenas de fotografías tomadas durante los viajes del historiador sirven de apéndice de los textos.

martes, 16 de abril de 2019

#hemeroteca #libros #identidades | Juan Villoro: "No éramos mexicanos puros antes de la llegada de los españoles ni lo volvimos a ser con la independencia"

Imagen: El Diario / Juan Villoro
Juan Villoro: "No éramos mexicanos puros antes de la llegada de los españoles ni lo volvimos a ser con la independencia".
El autor mexicano publica ‘El vértigo horizontal’, un conjunto de crónicas sobre el DF, una capital desmesurada que ha pasado de cuatro millones de habitantes a cerca de 20 en medio siglo. "El metro de Ciudad de México representa un sistema de segregación racial", señala Villoro de un país donde abajo sólo transita gente de piel morena mientras los blancos ostentan arriba el poder. "Me parece demagogia que López Obrador exija disculpas a España por abusos ocurridos hace 500 años. El presidente hace un uso interesado del elemento indígena", afirma el escritor.
Miguel Ángel Villena | El Diario, 2019-04-16
https://www.eldiario.es/cultura/libros/villoro-entrevista_0_888911832.html

Pocos autores latinoamericanos conocen tan bien las dos orillas del Atlántico como el mexicano Juan Villoro. De hecho, puede presumir de mestizaje este prolífico escritor y periodista, hijo de un filósofo catalán y una psicóloga yucateca, residente durante años en Barcelona y en Berlín, profesor en varias temporadas en Estados Unidos y, sobre todo, lúcido cronista de un México tan contradictorio como fascinante.

Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) publica ahora ‘El vértigo horizontal’ (Anagrama), un extenso recopilatorio de lugares, personajes, ceremonias y sobresaltos sobre una capital desmesurada, cuyas estadísticas sitúan su población en una horquilla entre 17 y 21 millones de habitantes, sin determinar a ciencia cierta. Fruto de décadas de observación y escritura sobre la ciudad en la que nació y donde vive (no sabe si "por voluntad de quedarse o por fatalidad"), el último libro de Villoro traza un magistral friso de un país ahora en el centro de una polémica con España y siempre en conflicto con Estados Unidos.

Sin pretenderlo su autor, ‘El vértigo horizontal’ aparece cuando todavía no se han acallado los mutuos reproches entre México y España tras la reciente exigencia de disculpas del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, (AMLO), al rey por los desmanes y barbaridades cometidas durante la conquista y la colonia.

Tras subrayar, una y otra vez, su reivindicación del mestizaje, Juan Villoro define así la postura de AMLO: "En México se está haciendo un uso interesado del elemento indígena porque se utiliza retóricamente el pasado para justificar el presente. A mí puede parecerme correcto que nuestro presidente pida perdón por vulneraciones de los derechos humanos cometidos por gobiernos mexicanos recientes. Pero exigir disculpas por sucesos que ocurrieron hace 500 años, me parece un uso demagógico. Además, no conviene olvidar que los aztecas también fueron opresores de otras naciones y pueblos prehispánicos".

Villoro viene a decir, en una entrevista con eldiario_es, sin negar por supuesto los abusos de los conquistadores, que las autoridades mexicanas de hoy deberían predicar con el ejemplo y destaca el caso del llamado tren maya ("de maya sólo tiene el nombre") que, en su opinión, destruye comunidades indígenas actuales en la península del Yucatán mientras se pide respeto para sus antepasados de hace 500 años.

Formado en el periodismo, una profesión que sigue ejerciendo en medios mexicanos como Reforma y en algunos españoles, y autor de una extensísima y variada obra literaria que incluye novelas, crónicas, teatro, ensayos y libros de viajes, este intelectual alto y espigado, de voz pausada y grave, se ha convertido en uno de los escritores latinoamericanos más sobresalientes de su generación. Con su ciudad y su país como protagonistas fundamentales de toda su literatura, Juan Villoro ha estudiado a fondo la convulsa historia de México y ese bagaje le lleva a no incurrir en tópicos maniqueos. "No éramos mexicanos puros", explica, "antes de la llegada de los españoles ni lo volvimos a ser con la independencia. Entre otras muchas paradojas el movimiento por la independencia fue impulsado por muchos españoles de México y la conquista en buena medida fue acometida por comunidades indígenas que estaban sojuzgadas por los aztecas".

Ciudad de México, ciudad nómada
Muy crítico siempre con las clases dominantes mexicanas, el autor de novelas como ‘Arrecife’ o de ensayos sobre fútbol como ‘Dios es redondo’ se interroga en su último libro sobre la actualidad y escribe párrafos así: "Doscientos años después de la Colonia es más barato comprar en España un paquete turístico a la Riviera Maya que hacerlo en México y una llamada telefónica de Madrid a la Ciudad de México cuesta lo mismo que el IVA de una llamada en sentido inverso. ¿Qué ha pasado?" Para contestar a esa y otras preguntas ha escrito ‘El vértigo horizontal’.

A lo largo de la charla, Villoro recuerda que publicó una crónica sobre el metro de Ciudad de México en marzo de 1994, durante el levantamiento zapatista, para trazar un paralelismo entre los pueblos originarios y la sociedad mexicana contemporánea donde en el suburbano solamente viaja gente de piel morena. Entretanto, los blancos siempre transitan por la superficie y los políticos o los banqueros disfrutan de una situación privilegiada. "El metro", relata Villoro, "como tantas otras metáforas en Ciudad de México, representa un sistema de segregación racial".

No obstante, el escritor nunca ha abandonado su ciudad natal, a pesar de largas estancias en otros países, y define este amor como "neurótico". En cualquier caso, se trata de una urbe con muchos estímulos, muy creativa y rebosante de historias singulares que sirven de constante inspiración para Juan Villoro. Pero no oculta el carácter agobiante de una metrópoli que contaba con cuatro millones de habitantes cuando Carlos Fuentes escribió 'La región más transparente', en 1958, y que en la actualidad alcanza una horquilla, imposible de precisar, de entre 17 y 21 millones de personas. "Sin duda", manifiesta el autor de ‘El vértigo horizontal’, un libro que incluye medio centenar de fotografías, "es un paisaje en constante movimiento, una ciudad que tiene una condición nómada".

A la hora de matizar el título de estas crónicas urbanas, su autor comenta que tendemos a definir el vértigo como algo vertical, pero que inmensidades como La Pampa o la Antártida (o Ciudad de México) avalan que el fenómeno también pueda desplegarse en horizontal. Construida en su evolución como una capital de casas bajas debido al riesgo de terremotos y a la orografía de un terreno que se asienta sobre un antiguo lago, Ciudad de México deriva ahora hacia el modelo vertical de Manhattan.

Así pues, de todos estos prodigiosos cambios, en un estilo entre el periodismo y la literatura, con una suave ironía y un enfoque ácido y tierno al mismo tiempo, da cuenta un Juan Villoro que reconoce que cambia mucho de géneros literarios porque siente curiosidad por muchas cosas. "Podría decir", señala, "que soy muy disperso y, si persevero en esa dispersión, puedo llegar a la versatilidad. Pero, en definitiva, me horroriza el infierno de la repetición. Por ello me gustan los retos diferentes y, si cambio de género literario, tengo la sensación de que no voy a caer en la rutina".

Escritor de un español brillante, variado y lleno de influencias tanto de la calle como de la tradición literaria a ambos lados del Atlántico, Villoro se muestra optimista sobre el futuro de nuestra lengua común que cuenta en México con el mayor número de hispanohablantes: 125 millones de personas. "La lengua en México", concluye, "mantiene su pujanza y su poderío, es un español rico y fuerte, a pesar de que compartimos con Estados Unidos una larguísima frontera, la más cruzada entre un país rico y uno del llamado tercer mundo".