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lunes, 29 de enero de 2024

#hemeroteca #gais #testimonios | Negro, homosexual y “el verdadero rey del rock”: así escribió Little Richard la historia de la música popular

Elton John y Little Richard en 1990 //

Negro, homosexual y “el verdadero rey del rock”: así escribió Little Richard la historia de la música popular
Jaime Lorite | El País, 2024-01-29

https://elpais.com/icon/2024-01-29/negro-homosexual-y-el-verdadero-rey-del-rock-asi-escribio-little-richard-la-historia-de-la-musica-popular.html 

Mick Jagger durmió en el suelo de su habitación, Paul McCartney recibió clases para imitar su característico grito y Elvis Presley le reconoció como “el verdadero rey del rock”. Sin embargo, Little Richard (Macon, Georgia, EE UU, 1932 – Tullahoma, Tennessee, 2020) siempre estuvo lejos de tener la inmensa entidad comercial y popular de sus más célebres alumnos. “Deberíais estar todos peleando por grabarme un disco. Los más grandes han estado conmigo, Jimi Hendrix, James Brown, los Beatles, Mick Jagger… ¿Mick, te acuerdas?”, dijo, en tono de broma pero muy en serio, ante la plana mayor de la industria en 1989, con motivo de la inclusión de Otis Redding en el Salón de la Fama del Rock and Roll.

Su legado lo homenajea ahora la película ‘Little Richard: I Am Everything’, estrenada en cines de España el pasado viernes 26 de enero, un documental que repasa la biografía del cantante, sus decisivas contribuciones musicales y el carácter rompedor de su figura. Que el rock se entendiese como un sinónimo de rebeldía, desde luego, tuvo mucho que ver con que uno de sus arquitectos fuera un hombre negro y notoriamente homosexual que actuaba en el racista y homófobo sur de Estados Unidos en plenos años cincuenta.

“En la historia del rock, durante mucho tiempo, se ha querido dejar fuera a figuras como Little Richard o Esquerita”, dice por videollamada a ICON Lisa Cortés, la directora de ‘Little Richard: I Am Everything’. “A menudo es difícil poder contar las historias de la población negra y ‘queer’, porque suelen contradecir la narrativa oficial. En este caso, sucede con Little Richard y el relato de que Elvis fue el padre del rock”. Un segmento del documental es dedicado a narrar cómo los éxitos de Little Richard eran inmediatamente versionados por artistas blancos como Pat Boone, quien basó su carrera en adaptar canciones de músicos negros, como Tutti Frutti, y restarles toda mordiente para ajustarlas a lo socialmente aceptable en la era de la segregación racial. Y también para llevárselo crudo: Boone amasó una fortuna (solo Elvis Presley vendió más que él en su época), mientras Richard apenas cobraba derechos por las versiones. El ritmo frenético de temas como Long Tall Sally respondía a una estrategia de Little Richard para boicotear a Boone, que no era capaz de cantar a esa velocidad.

Nacido y crecido en una ciudad del sur estadounidense, Macon, que había sido depósito de suministros del ejército confederado en la Guerra de Secesión y donde los linchamientos a las personas negras estaban a la orden del día, Richard Wayne Pennyman, como realmente se llamaba, fue el tercero de 12 hermanos (siete varones y cinco mujeres) y tuvo una dura relación con su padre, debido a su homosexualidad y a su gusto por el maquillaje y las prendas femeninas. La canción con la que alcanzó la fama, ‘Tutti Frutti’, tenía una letra sobre sexo anal, convenientemente reescrita en la versión de estudio después de que el productor Bumps Blackwell le escuchase interpretarla en directo y la identificase al instante como un bombazo. El grito de guerra con el que se inicia (castellanizado, “¡Aumbabuluba balambambú!”), que imita fonéticamente el sonido de una batería, y el aporreo salvaje del piano de Richard se convirtieron en historia de la música. Y la canción generó aún más historia, puesto que estableció el estándar rítmico del rock.

“Lo que hizo a Little Richard un genio fue su don para mezclar en su música aspectos del ‘blues’, del góspel y otros distintos medios de expresión, que se combinaban con su faceta ‘queer’. Que alguien en 1955 fuera capaz de elaborar una receta así de única es algo impresionante”, reflexiona Lisa Cortés. El artista, que encontró en la música de iglesia una escuela y que subió por primera vez a un escenario invitado por la cantante y guitarrista evangélica Sister Rosetta Tharpe (ídolo para él y considerada precursora del rock), dio algunas de sus primeras actuaciones vestido de mujer, con el apodo de Princess LaVonne. En una entrevista de archivo recogida en el documental, Richard sostiene que exageraba la pluma y el amaneramiento para que los hombres blancos no le viesen como una amenaza para sus mujeres y pudiese actuar en sus locales. “Él ciertamente lo creía así. Pero no tiene mucho sentido”, opina la directora. “Esos ambientes eran también muy homófobos y alguna vez le arrestaron porque consideraban su conducta indecente”.

Llámeme reverendo
El sentimiento de culpa de Little Richard con respecto a su sexualidad condicionó en gran medida su vida. En lo más alto del éxito, cuando vendía millones de copias y llenaba recintos por todo el país, el cantante decidió abandonar el rock para estudiar teología, se casó con una mujer y pidió a todo su entorno que se refiriese a él con el nombre de reverendo Richard. En aquella época, publicó discos puramente góspel, como los dos volúmenes de ‘Pray Along With Little Richard’ (Reza con Little Richard, 1960), y se negó a interpretar en directo las canciones por las que era famoso, como ‘Lucille’, K’eep A-Knockin’, ‘Good Golly’, ‘Miss Molly’ o las anteriormente citadas, al estar el rock, explicaba, “alejado de lo divino”.

Su carácter competitivo, sin embargo, le llevó en 1962 a regresar a sus canciones de siempre durante una gira en Europa con Sam Cooke, dados los celos que sentía por el recibimiento enfervorecido del público a su compañero de cartel. A continuación, tuvo lugar su, a posteriori, sonada alianza con los entonces primerizos Beatles, a quienes, agradecido porque le admirasen, aleccionó, aconsejó y apadrinó. Con ellos compartió la temporada musical en Hamburgo que terminó de forjar a la banda británica.

Divorciado de su mujer, Richard volvió a admitir su homosexualidad, aunque, lejos de normalizarla, en múltiples ocasiones dejó claro que sus inclinaciones le parecían impuras. En 1982, en una entrevista en Late Night With David Letterman, renegó otra vez de su orientación y proclamó que “Dios creó a Adán para que estuviera con Eva, no con Esteban”. También reconoció en público su adicción a las drogas, bromeando con que, en ocasiones, se le debería haber llamado Little Cocaine. En el libro 'La extraordinaria vida de Little Richard', de Mark Ribowsky, editado en España el pasado 2023 por Libros Cúpula, otras sombras del personaje son señaladas, como su tóxica relación laboral con Jimi Hendrix, que por un tiempo fue su guitarrista y a quien, de acuerdo con la entonces novia del malogrado músico, Richard hostigó sexualmente. “Me pagaba mal, vivía mal y me quemaba”, resumió Hendrix al final de su colaboración. Según el libro, la estrella era tiránica con los miembros de su banda, a quienes, entre otras directrices, prohibía sonreír en el escenario.

Redescubierto por una nueva generación en la era de la psicodelia y, más tarde, reconvertido en una figura simpática que aparecía con frecuencia en galas, programas de televisión y películas, Richard mantuvo en los ochenta y noventa posturas contradictorias y cambiantes. El cineasta John Waters, que aparece en el documental y asegura que se dejó su distintivo fino bigote en homenaje a Little Richard, le entrevistó en 1987 para ‘Playboy’ y provocó la ira del cantante por tomarse a risa su supuesto renacimiento como heterosexual; no obstante, dada su necesidad de atención, Richard se sintió halagado cuando se publicó el texto. También recorrió emocionado diversas entregas de premios en los años noventa, cuando recibió de golpe todos los homenajes que, como a tantos intérpretes negros, le habían escatimado a lo largo de su trayectoria.

“Hay muchas contradicciones en la figura de Little Richard. Pero es que toda su vida consistió en navegar esa zona gris, a través de la cultura popular y de la transgresión”, explica Lisa Cortés. Ringo Starr, Brian Wilson o Keith Richards le rindieron homenaje públicamente a su muerte en 2020, y la película ‘Elvis’ (2021), de Baz Luhrmann, le representaba y situaba en el lugar que merecía en la historia de Presley, sin esconder la huella del cantante afroamericano sobre su música. Por sus polémicas apariciones finales en medios cristianos ultraconservadores, Waters, por su parte, lamentó que Richard muriera “completamente homófobo, diciendo cosas terribles sobre los gais y las personas trans”. Sobre si el cantante logró hacer las paces consigo mismo, Cortés cree que “solo se puede elucubrar”. “De lo que no cabe duda es de que, en esos últimos días, su relación más importante era con Dios. Él sentía que no tenía a nadie más”, cuenta. Al margen de creencias religiosas, el estreno del documental en cines de todo el mundo prueba que Little Richard, de una forma o de otra, ha logrado trascender con creces.

miércoles, 8 de junio de 2022

#hemeroteca #homofobia | Lil Nas X denuncia el ninguneo de los premios BET por «homofobia»

Jenesaispop / Lil Nas X //

Lil Nas X denuncia el ninguneo de los premios BET por «homofobia».

Jordi Bardají | Jenesaispop, 2022-06-08

https://jenesaispop.com/2022/06/08/435308/lil-nas-x-denuncia-la-homofobia-de-los-bet-tras-obtener-0-nominaciones/ 

Lil Nas X es uno de los artistas afrocamericanos más populares del momento, pero no hay manera de que los premios BET le reconozcan. Ni en 2021 ni en 2022, a los «Black Entertainment Awards» le ha parecido que Montero merezca su aprobación, pese a haber lanzado hits del tamaño ‘Industry Baby‘ con Jack Harlow (curiosamente, el autor de ‘First Class’ sí ha sido nominado, y es blanco) Lil Nas sí recibió una nominación a Artista revelación en los premios BET en 2020 y además ha actuado dos veces en la ceremonia.

El rapero ha llegado tan lejos de atacar a los BET en su nueva canción, ‘Late to da Party’, que está avanzando en TikTok y cuenta con la frase «que jodan a los BET». En la canción, Lil Nas recuerda los múltiples récords que tiene en su haber.

Los BET reconocen anualmente a los mejores músicos, actores o deportistas afroamericanos en Estados Unidos, y Lil Nas X está convencido de que los premios sufren un problema de homofobia interiorizada que le lleva a ningunearle año tras año pese a encontrarse en su mayor momento de popularidad. Montero no entiende por qué los Grammy sí le valoran (tiene dos gramófonos en su haber, y una nominación a Álbum del año) y los premios de la música negra, en cambio, hacen ver que no existe, o lo parece.

En Twitter, el autor de ‘MONTERO‘ ha explicado que sus críticas no tienen tanto que ver con el hecho de recibir nominaciones o premios, sino con que «las personas gays negras tenemos que luchar para que se nos reconozca porque, incluso cuando estamos en la cima, tenemos que fingir que somos invisibles». El artista se pregunta cómo es posible que «me reconozcan los premios más importantes del mundo» mientras «mi propia gente no me concede una sola nominación». Algunas personas han alzado la voz en contra de las declaraciones de Lil Nas para apuntar que él es un artista de pop y no de R&B o de hip-hop, pero los BET no valoran exclusivamente estos dos géneros, y de hecho cuentan con una categoría de pop en la que sí han estado nominados Drake o Doja Cat, entre otros.

De manera clave, Montero puntualiza que lo que a los BET le puede causar rechazo de él no es su música, ni siquiera el hecho que sea gay, sino su expresión de género. Cuando un tuitero le recuerda que Tyler, the Creator y Frank Ocean sí han recibido nominaciones en los premios de la música negra, Lil Nas X plantea: «amo a Frank y Tyler hasta la muerte pero ¿podemos admitir que a los hombres queer se les respeta más cuando hacen cosas menos femeninas? ¿O me lo estoy inventando?» Cuando otra persona le dice que debería dejar de convertir su orientación sexual en «toda su personalidad», Lil Nas responde que los «hombres negros deberían seguir haciendo que ser gay es toda su personalidad mientras sigan siendo encarcelados o asesinados en varios países por ello».

En otro mensaje, el autor de ‘Old Town Road’ cuenta que recientemente acudió con su familia a un club gay por primera vez, y que se sintió «aliviado». «Una cosa es que tu familia sepa que eres gay y otra es que realmente lo reconozcan e intenten desaprender el odio hacia ello», añade. Una historia que se puede extrapolar a lo que está pasando con los BET.

En respuesta a las declaraciones de Lil Nas X, los BET han contestado que «aman» a Lil Nas X y han recordado las veces que ha actuado en la gala, así como su única nominación, y han puntualizado que el rapero no ha recibido nominación alguna porque ninguno de los «500 profesionales que conforman la Academia de los BET» le ha propuesto. Es la Academia, y no el propio programa, el que se encarga de elaborar las nominaciones.

sábado, 23 de octubre de 2021

#hemeroteca #esclavitud #memoria | La memoria borrada de la esclavitud en España

El País / Juan de Pareja //
La memoria borrada de la esclavitud en España.

La esclavitud fue una práctica muy habitual en España y sus colonias. Pese a su magnitud, son escasas sus huellas en el imaginario colectivo. Muchos historiadores y creadores llenan ahora con sus trabajos ese vacío.
Guillermo Altares | Babelia, El País, 2021-10-23
https://elpais.com/babelia/2021-10-23/la-memoria-borrada-de-la-esclavitud-en-espana.html 

En el prólogo del ‘Quijote’, Miguel de Cervantes escribe: “Pues al cielo no le plugo / que salieses tan ladino / como el negro Juan Latino” para elogiar el manejo de la lengua de este erudito. Se trata de un esclavo negro que daba lecciones de gramática al nieto del Gran Capitán, que acabó siendo catedrático de Gramática en el siglo XVI. El Museo Metropolitano de Nueva York alberga un retrato pintado por Velázquez en 1650 de Juan de Pareja, un artista que a su vez acabó siendo un pintor importante y del que se conservan dos obras en el Prado. Fue también el esclavo del autor de ‘Las meninas’, aunque finalmente lo liberó. La esclavitud está por todas partes en la cultura española hasta el siglo XIX, como forma parte también de los ritmos del flamenco. Cuba, cuando todavía era España, fue el último territorio de Europa en abolirla. Sin embargo, aunque ocupa un lugar cada vez más prominente en la investigación académica y en las librerías, el recuerdo de la esclavitud no existe en el espacio público español.

En muchos otros países europeos el debate, impulsado por el movimiento Black Lives Matter, ya no está solo en que desaparezcan de las calles las estatuas de grandes esclavistas —como ocurrió en Barcelona con el marqués de Comillas, al que Martín Rodrigo y Alharilla ha dedicado el ensayo ‘Un hombre, mil negocios’ (Crítica)—, sino en visibilizar una historia de sufrimiento y explotación. En Burdeos, desde 2019 una estatua de la esclava Modeste Testas recuerda que fue uno de los principales puertos de Francia para la trata del país. En Nantes se inauguró en 2012 un monumento a la abolición de la esclavitud, presente en muchos rincones de la ciudad, como por ejemplo en las fachadas de las casas nobles que dan al río Loira, en forma de esculturas con la cabeza de negros. Simbolizan de dónde venía la riqueza de las familias propietarias de aquellos edificios. En España, donde puertos como Cádiz o Barcelona fueron centrales en la trata atlántica, esa memoria no existe.

“En el ‘Lazarillo’ está la esclavitud, también en el ‘Quijote’. Cuando te das cuenta la ves por todas partes”, explica Aurelia Martín Casares, catedrática de la Universidad de Málaga experta en este tema y autora, entre otros libros, de’ Juan Latino. Talento y destino. Un afroespañol en tiempos de Carlos V y Felipe II’ (Editorial Universidad de Granada). Martín Casares relata que empezó a trabajar en estos temas hace 20 años y que entonces no estaba presente en casi ningún libro de historia. “La memoria de la esclavitud fue silenciada. Nadie pensaba que la población esclava en el Siglo de Oro era tan importante. Ahora es cuando se empieza a tomar conciencia del racismo, de lo que ha supuesto esa historia en el mundo hispano”, sostiene. Cree que uno de los motivos de ese olvido es que no existe en la Península una población de descendientes negro­afri­canos, a diferencia de EE UU, de las colonias holandesas, danesas o de Cuba. En total, los expertos calculan que cerca de 11 millones de seres humanos fueron secuestrados y llevados como esclavos a América. Centenares de miles más murieron durante la travesía.

“La población esclava no se autorre­produce por nacimientos. En todas las épocas las tasas de natalidad son bajas por sus condiciones de vida”, prosigue esta investigadora. “La esclavitud se reproduce por comercio, solo se mantiene donde llegan barcos negreros. Cuando la trata se paraliza o se abole, desciende drásticamente el número de esclavos. Desaparecen las huellas de estas personas esclavizadas, no se ven, sus descendientes son asimilados. También hay que tener en cuenta que en el Cádiz de la modernidad muchos esclavos proceden del Imperio Turco o del norte de África. Estos se integran sin dejar huellas visibles en la población contemporánea”.

“Francia, Inglaterra o Países Bajos han hecho todo lo posible para visibilizar las tratas y dejar claro que se responsabilizan de lo ocurrido”, señala por su parte Fabia Guillén, profesora en la Universidad de Pau y miembro del Ciresc (Centre International de Recherche sur les Esclavages, EHESS-CNRS), en París. “No fue nada fácil y hubo resistencias, pero en conjunto se admite la participación en las tratas negreras. Un aspecto fundamental que puede haber favorecido tal reconocimiento es el carácter colonial de esas tratas y formas de esclavitud. Tanto Inglaterra como Francia o Países Bajos fomentaban aquellas formas de alienación en sus respectivas colonias, muy lejos de los ojos de la metrópoli. Muy distinto parece ser el caso de España y, asimismo, Portugal e Italia, que no conocieron la ley del suelo libre y fueron partícipes de tratas y esclavización no solo en el mundo colonial, sino en su propio suelo desde la Antigüedad hasta por lo menos 1820 (para España). Puede entenderse el malestar y la dificultad a la hora de tener que mirar en el espejo una imagen poco halagüeña de su propia actuación histórica”.

Pero este olvido oficial no se corresponde en absoluto con lo que ocurre en el mundo de la cultura. Solo en los últimos meses se han publicado, aparte del libro de Martín Rodrigo y Alharilla, ‘La esclavitud en el sur de la península Ibérica’ (Catarata), de Rafael M. Pérez García y Manuel F. Fernández Chaves (coordinadores); ‘Negreros. Españoles en el tráfico y en los capitales esclavistas’ (Catarata), de José Antonio Piqueras; ‘Barco de esclavos. La trata a través del Atlántico’ (Capitán Swing), de Marcus Rediker; o ‘El ritmo perdido. El influjo negro en la canción española’ (Anagrama), reedición de un ensayo de Santiago Auserón sobre la huella de las músicas africanas en los ritmos españoles, como el flamenco.

Ese mismo tema aparece en el documental ‘Gurumbé’, del jerezano Miguel Ángel Rosales, o en el filme 'Cachita, la esclavitud borrada', que Álvaro Begines acaba de estrenar en diferentes plataformas. Uno de sus personajes es el esclavista malagueño Pedro Blanco, que protagoniza la novela histórica 'Mongo Blanco' (2019), de Carlos Bardem, que aparece en el filme, mezcla de documental y recreación ficcionada. El Museo de América, en Madrid, acoge hasta febrero la exposición 'La esclavitud y el legado cultural de África en el Caribe', organizada por el CSIC, una muestra que recorre las distintas culturas, lenguas y pueblos de África y la esclavitud en América, desde el siglo XVI hasta su total abolición en 1886 (Cuba) y 1888 (Brasil).

“Los únicos países que no han hecho nada por la memoria de la esclavitud son Portugal y España”, asegura Martín Rodrigo y Alharilla. “¿Por qué? Una de las hipótesis es que en Francia, Gran Bretaña y Holanda hay una población afrodescendiente importante y se ha empujado desde la sociedad civil. En España, no ha sido una causa tan importante y las asociaciones existentes no han tenido la misma influencia. Si las cuestiones de memoria histórica vinculadas a la Guerra Civil y a la posguerra no se han resuelto aún y generan debate político, esta cuestión tampoco. Y es una anomalía, porque fue el último país europeo en abolir la esclavitud en sus territorios”.

La esclavitud en España empieza en la Antigüedad y se prolonga hasta finales del siglo XIX. La primera expedición esclavista directa entre África y América se produce en 1518 y los primeros cautivos llegan en 1520. El último territorio al que llegan esclavos es la isla de Cuba. Son 350 años, sin tener en cuenta la esclavitud en la Antigüedad y la Edad Media. Sin embargo, como explica Aurelia Martín Casares, en el siglo XIX en la Península la esclavitud era un fenómeno bastante marginal. “En 1817, un tratado firmado por Fernando VII con Gran Bretaña prohíbe el comercio de esclavos, pero respeta la esclavitud existente. En el siglo XIX tan solo pueden ser denominadas como auténticas sociedades esclavistas en el mundo occidental el sur de Estados Unidos, el área caribeña y Brasil (donde un tercio de la población eran esclavos en torno a 1860). Por supuesto en África subsahariana y en el mundo árabe sigue existiendo la esclavitud, incluso hasta bien entrado el siglo XX. En general, en la España del XVIII ya no había demanda. Se convierte en un ‘servicio’ suntuario, de aristócratas y ricos, no se trata ya del patrón generalizado del XVI en que cualquiera podía comprar un esclavo o una esclava. En la España del siglo XIX no hubo un movimiento abolicionista de grandes dimensiones, no creo que su influencia marcara el final de la esclavitud, aunque algo contribuyó. No obstante, sí había una ‘sociedad abolicionista’, revistas abolicionistas... El abolicionismo estuvo ligado al sufragismo y la lucha por el voto de las mujeres”.

El profesor de la Universidad Autónoma y coordinador del Equipo Madrid de Investigaciones Históricas, José Miguel López, autor de ‘La esclavitud a finales del antiguo régimen’ (Alianza), subraya que ese olvido está presente “en las calles y en las instituciones” porque no se ha hecho un trabajo de borrado sistemático de personajes que hicieron su fortuna con la esclavitud. “Vivimos una desmemoria completa: Carlos III tuvo 20.000 esclavos”, prosigue este investigador que ha querido buscar “la historia de gente sin historia”, como el último esclavo censado en Madrid, en 1830, que trabajaba para una cervecería. Aunque la esclavitud acaba en España en 1837, el proyecto de ley nunca llegó a aprobarse y muchos investigadores sospechan que hubo esclavos hasta mucho más tarde, solo que escondidos como criados o traídos ilegalmente. Incluso, López sostiene que esa misma práctica —camuflar esclavos como sirvientes— se mantuvo hasta el siglo XX en el Sáhara Occidental.

Precisamente ese enorme olvido colectivo es lo que llevó a Álvaro Begines a rodar su película, en la que mezcla la recreación de historias relacionadas con la esclavitud y la trata con entrevistas a diferentes expertos. “Estaba leyendo un ensayo y señalaba que en el siglo XVI había muchos esclavos en Sevilla, que Lope de Vega sostenía que la ciudad era como un ajedrez: uno blanco y uno negro. Nunca me había planteado que hubiese tantos, empecé a estudiar y me di cuenta de que existían muchos estudios de historiadores. Es entonces cuando me planteé dirigir un documental que abriese los ojos sobre esa realidad. Muchos potentados se enriquecieron con la esclavitud. También el clero y la nobleza”.

Una de las historias que cuenta ‘Cachita’ es la de Cándida la Negra, una antigua esclava que vivió en El Puerto de Santa María (Cádiz) hasta mediados del siglo XX —falleció en 1951— y que demuestra hasta qué punto la esclavitud alcanza la historia de España más reciente. El historiador Manuel Pacheco la conoció a finales de los cuarenta, cuando ya era una anciana, y le dedicó un artícu­lo de investigación titulado “Una cara de la esclavitud: la apasionante historia de ‘Cándida la negra’”. Joaquín García de Romeu publicó en 2018 una novela sobre ella, ‘La última negra’.

Llegó en un cargamento de mujeres de Cuba, seguramente fletado por Antonio López, marqués de Comillas. Se trataba de hijas huérfanas de esclavas que eran exportadas a la Península “para satisfacer los deseos más oscuros” de sus compradores, explica el filme. El barco naufragó en la costa y ella salvó la vida, fue rescatada por un campesino y luego se emparejó con un gitano con el que no tuvo descendencia. Todo esto ocurre en la segunda parte del siglo XIX, cuando la trata ya era ilegal en la Península. La historia de Cándida la negra refleja la cercanía de la esclavitud, pero también las dificultades a las que se enfrentan los investigadores, porque una parte importante de la trata se hizo de forma clandestina, como ocurría con la llegada de barcos esclavistas a Cuba.

La recuperación de la memoria también puede ofrecer sorpresas desagradables: en febrero de 2018 el Tesoro del Reino Unido publicó, con el escándalo consiguiente, que cuando se abolió la esclavitud en 1833 pagó indemnizaciones a los dueños de esclavos (básicamente compró su libertad a sus dueños). No terminó de pagar a los esclavistas hasta 2015, de tal forma que los descendientes de esclavos estuvieron pagando indemnizaciones con sus impuestos a los que esclavizaron a sus padres, que no recibieron ningún tipo de compensación por sus sufrimientos. La memoria nunca es fácil. Tal vez por eso sea tan importante. Como escribe Santiago Auserón en el capítulo ‘El canto esclavo’ de su ensayo: “La presencia de la negritud y su influjo musical en el Viejo Continente pertenece a una clase especial de sucesos que en la historia de España se han visto abocados a hundirse en el olvido, de suerte que nuestra memoria colectiva está como artificialmente labrada por algunos vacíos significativos”.

jueves, 1 de abril de 2021

#hemeroteca #memoria | Y antes de todos, estuvo Ida B. Wells

Imagen: la Marea / Ida B. Wells

Y antes de todos, estuvo Ida B. Wells.

Recordamos a la periodista estadounidense, y su lucha antirracista y feminista, en el 90º aniversario de su fallecimiento. En 2020 se le concedió el premio Pulitzer a título póstumo.
Manuel Ligero | La Marea, 2021-04-01
https://www.lamarea.com/2021/04/01/no-conoces-a-ida-b-wells-pues-deberias/ 

Antes de Rosa Parks, antes de Martin Luther King, antes de Malcom X, antes de James Baldwin, antes de todos ellos estuvo Ida B. Wells. Ignorada durante buena parte del siglo XX, solo recientemente se ha empezado a reivindicar la figura de esta mujer adelantada a su tiempo. Muy adelantada. Tanto que nació siendo esclava, unos meses antes de que Abraham Lincoln dictara la orden de emancipación de los esclavos afroamericanos en septiembre de 1862. Que una niña negra, nacida en el Estado sureño de Mississippi y en una época salvaje, lograra alfabetizarse, estudiar, independizarse, trabajar como periodista de investigación y militar como sufragista y defensora de los derechos civiles es una proeza. En realidad, lo sería para cualquier mujer, pero para una mujer negra, en ese contexto histórico, es algo sencillamente increíble.

Ida B. Wells estaba hecha de una pasta especial. A los 16 años, cuando se quedó huérfana (sus padres murieron a la vez y repentinamente por un brote de fiebre amarilla), en un manifiesto ejemplo de remango, decidió cuidar y sacar adelante a sus seis hermanos pequeños. Así que consiguió un empleo de profesora en una escuela de secundaria de Holly Springs. Profesora a los 16 años.

Es muy revelador colocar su vida y sus escritos en una línea temporal y compararlos con otros similares que ocurrieron mucho después. Fue, por ejemplo, una Rosa Parks ‘avant la lettre’. Wells sufrió un episodio parecido a bordo de un tren, cuando un revisor la conminó a abandonar su asiento en el vagón de mujeres y pasarse al vagón de los fumadores, que ya iba lleno de pasajeros. Ida, que estaba muy alejada del perfil del negro obediente, se negó. Ella estaba donde debía estar, en el vagón de mujeres, y de ahí no la iban a mover. La disputa subió de intensidad y otros dos hombres ayudaron al revisor a arrastrar a la brava Ida fuera del tren. Durante este forcejeo, y antes de ser expulsada, logró morder en la mano al revisor. Era indomable.

¿Qué hizo tras este lamentable suceso? Contó el caso en un artículo publicado en un periódico adscrito a una iglesia negra, con lo que ganó bastante popularidad en su comunidad, y denunció oficialmente a la compañía ferroviaria. El juez falló en su favor y consiguió una indemnización de 500 dólares. Era 1884, setenta y un años antes del sonado incidente protagonizado en un autobús por Rosa Parks.

La activista periodista
La fecha del incidente es importante porque ocurrió en una época y un lugar, los Estados del Sur, en el que los negros podían ser linchados impunemente por el simple hecho de ser «descarados» con los blancos o por «no ceder el paso en la acera a una persona blanca si esta se lo exigía». Así lo explicaba Ida B. Wells en su obra The Red Record (1895), un pormenorizado alegato contra el linchamiento cuya lectura produce escalofríos.

La turba podía linchar a un negro por un delito imaginado (el más común era el de la violación de mujeres blancas, había una verdadera obsesión con ese tema) incluso después de ser declarado inocente por un jurado. Para más señas: por un jurado enteramente blanco y en un tribunal presidido, obviamente, por un blanco. Ni siquiera eso los ponía a salvo. Es lo que le ocurrió a Meredith Lewis en Roseland (Luisiana) en 1893. Algunos días después del juicio por asesinato en el que fue absuelto lo sacaron de su casa y lo colgaron.

Wells denuncia en su obra la impunidad y la frecuencia con la que ocurrían estas atrocidades. Lo hace limitándose a relatar los casos ocurridos en los meses inmediatamente anteriores y el recuento es abrumador. Particularmente espeluznante es el caso de Henry Smith, torturado lentamente y quemado en la plaza pública el 1 de febrero de 1893 en Paris (Texas). El suplicio tuvo lugar ante una masa enfervorecida de 10.000 personas que celebraba con vítores «cada grito, cada contorsión» producida por el efecto del hierro candente en los ojos, la garganta y el cuerpo de Smith. Eso fue antes de que lo rociaran con queroseno y le prendieran fuego. Según varios diarios, aún estaba vivo mientras ardía en el patíbulo.

Aquella barbaridad, «más allá de toda descripción», como apunta Wells, fue cubierta por varios periódicos nacionales. Pero había muchos casos que pasaban totalmente inadvertidos. En el año 1893 nuestra reportera contabiliza cinco víctimas mortales sin que se sepa el motivo por el que fueron linchados. De dos de ellos ni siquiera se sabía el nombre. «El linchamiento es tan común en Estados Unidos que el hallazgo del cadáver de un negro, colgado de una rama entre el cielo y la tierra, tiene tan poca importancia que ni las autoridades civiles ni las agencias de prensa consideran que el asunto sea digno de ser investigado», denuncia Wells. En el prefacio de 'The Red Record', el líder abolicionista Frederick Douglass ponderaba así su ejercicio periodístico: «Usted ha tratado los hechos con una fidelidad fría y minuciosa, y ha dejado que esos hechos desnudos y sin contradicciones hablen por sí mismos».

No te puedes fiar de los blancos
Ida B. Wells aprendió pronto, y por experiencia propia, a desconfiar de los blancos. La victoria que consiguió en primera instancia en su caso contra la compañía ferroviaria fue posteriormente revocada por el Tribunal Supremo del Estado de Tennessee. «El sistema judicial de este país está enteramente en manos de la gente blanca», escribió Wells. «A esto hay que añadir el prejuicio inherente contra las personas de color, con lo que se verá claramente que un jurado blanco encontrará inevitablemente culpable a un acusado negro si hay la menor evidencia para justificar tal hallazgo». Las estadísticas, 126 años después de que escribiera estas líneas, parecen darle la razón: en 2020, más del 41% de los presos sentenciados a muerte en Estados Unidos (2.555 personas) eran negros; en cambio, el porcentaje de población negra del país no llega al 13,5%.

Al no encontrar en casa el suficiente apoyo a su causa antilinchamiento, Ida B. Wells hizo un «llamamiento mundial», con similar resultado. Vio con especial tristeza cómo eran recogidas en la prensa inglesa las noticias sobre la violencia contra los negros americanos. El Times de Londres, en un ejercicio supremo de cinismo y frío cálculo capitalista, desaconsejaba estas prácticas, pero no por inhumanas sino en aras de la productividad: «La matanza de negros por turbas sedientas de sangre no es un hecho infrecuente y no conduce al éxito de la industria. (...) El trabajo negro, que significa, en el mejor de los casos, trabajo ineficiente, aún debe confiarse a ellos en gran medida, y este terrorismo espasmódico disminuye aún más su eficiencia».

Afirmaciones como aquella ratificaron a Ida B. Wells en su idea de llevar la resistencia a otro nivel: «El dólar es el dios del hombre blanco, y detener esto será detener los atropellos en muchos municipios», escribió a principios de la década de 1890 en un artículo recogido después en el volumen 'Southern Horrors: Lynch Law in All Its Phases'. Esta convergencia entre la lucha por la igualdad racial y la lucha obrera podía, a su juicio, tener el beneficioso efecto de una «revolución incruenta». Pero había aprendido a no ser ingenua. Sabía que había que ir más allá y por eso empieza a hablar de autodefensa (una noción particularmente perseguida en nuestros días por los críticos del antifascismo).

«Las únicas veces en las que un afroamericano ha sido asaltado y ha podido escapar ha sido cuando tenía un arma a mano y la usó en defensa propia», afirma Ida en uno de sus escritos más revolucionarios. «La lección que esto nos enseña, y que cada afroamericano debería sopesar bien, es si el rifle Winchester debería tener un lugar de honor en cada hogar negro, con el objeto de ser utilizado para conseguir la protección que la ley le niega».

No es un miembro de las Panteras Negras quien así se expresa (el partido de los Panteras Negras no se fundaría hasta 1966), es una joven periodista afroamericana a finales del siglo XIX. «Cuando el hombre blanco, que siempre es el agresor, sea consciente del riesgo que corre de morder el polvo al atacar a una víctima afroamericana, más respeto tendrá por las vidas afroamericanas», añade. El concepto, en esencia, ya está ahí: las vidas negras importan. Black Lives Matter.

En todos los frentes
Evidentemente, todos estos artículos tendrían consecuencias para ella. Durante un viaje a Filadelfia, sus enemigos aprovechan su ausencia para quemar la redacción del periódico en el que trabaja como editora y del que es copropietaria en Memphis, el ‘Free Speech and Headlight’. Ida B. Wells se mantuvo, bajo amenaza, lejos de su antiguo trabajo. De hecho, no volvería a Memphis en los siguientes 30 años.

Se instaló primero en Nueva York, donde sus artículos contra el fenómeno de los linchamientos en los Estados del Sur armaron un ruido considerable, y después en Chicago. Allí protestó por el hecho de que se excluyera a los afroamericanos de la Exposición Universal de 1893. Solo desde el pabellón de Haití pudo poner en circulación un pequeño libro en el que contaba la historia de opresión que habían sufrido los negros americanos en «la tierra de los hombres libres y el hogar de los valientes».

Como pionera que fue en todos los frentes, Ida B. Wells también militó en el movimiento en favor del derecho de la mujer al voto, una reivindicación a la que tenía sus propios matices que aportar. Creía que había que tener en cuenta todas las discriminaciones de las que somos objeto en su conjunto. No es lo mismo ser marginada por mujer que serlo por mujer, por pobre y por negra. A eso, mucho más tarde, se le llamaría interseccionalidad.

En 1913 fundó en Chicago el Alpha Suffrage Club, una asociación de mujeres negras en favor del derecho al voto. Como presidenta del club participó en la primera manifestación sufragista que tuvo lugar en Washington ese mismo año. Lo hizo a pesar de que la mayoría de sus compañeras blancas eran notorias segregacionistas y quisieron mandarla al final, cerrando la marcha, para que las blancas del Sur no se molestaran. Pero a Ida nadie le iba a decir dónde tenía que ponerse, ni en un tren ni en una manifestación. Así era ella.

Ida B. Wells murió en Chicago hace 90 años, el 25 de marzo de 1931. Tuvo que esperar hasta el año pasado para obtener el más alto reconocimiento de la prensa en Estados Unidos. En 2020 se le concedió el premio Pulitzer a título póstumo.

domingo, 28 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #testimonios | Erika Hilton, una activista negra y ‘trans’ en las antípodas de Bolsonaro

Imagen: El País / Caricatura de Erka Hilton
Erika Hilton, una activista negra y ‘trans’ en las antípodas de Bolsonaro.

La mujer más votada en las últimas elecciones de São Paulo recibe amenazas y ataques tránsfobos.
Joana Oliveira | El País, 2021-03-28
https://elpais.com/ideas/2021-03-28/erika-hilton-una-activista-negra-y-trans-en-las-antipodas-de-bolsonaro.html 

Cuando, de niña, a Erika Hilton (Franco da Rocha, Estado de São Paulo, 28 años) le preguntaban qué quería ser de mayor, tenía la respuesta preparada: presidenta de Brasil. Un sueño ya de por sí complicado que se hace casi imposible para personas transgénero, como ella, cuya expectativa de vida en ese país es de 35 años —por la cantidad de asesinatos de estas personas que allí se producen—. Desafiando las estadísticas, se convirtió en la primera concejala ‘trans’ y negra de São Paulo en las municipales de noviembre de 2020, y en la mujer más votada de Brasil en esos comicios, con 50.508 votos— cifra abultada en un país en que se eligen muchos concejales por ciudad—. “Espero que mi cuerpo abra caminos para que otras como yo lleguen a esos espacios de poder”, celebra. El martes, fue nombrada presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Concejales de São Paulo, la mayor ciudad de Brasil.

Su militancia empezó años más tarde, ya reconciliada con su madre y estudiando en la Universidad. En 2015 se enfrentó en los tribunales a una empresa de transporte público que se negaba a permitir el uso de su nombre en su abono. Ganó el pleito, sumó más de 100.000 firmas en una petición por internet y, así, llamó la atención del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), que la invitó a sumarse a sus listas. Poco después, Erika creó un curso de ingreso preuniversitario en la Universidad Federal de São Carlos para personas ‘trans’. Su teoría es firme: hay que ocupar las instituciones. “El pueblo brasileño no es la minoría blanca, rica, cisgénero [que se identifican con el mismo género que les fue asignado al nacer] y heterosexual”.

La presencia de alguien como Erika Hilton en la política brasileña tiene mucho de simbólico. El Gobierno de Jair Bolsonaro está abiertamente en contra de los derechos LGTBI y refleja así una “ola fascista” que se ha extendido por todo Brasil, según Hilton. Los malos ratos que ha pasado en la vida explican por qué no titubeó ante la idea de hacer política en un país en la cola de los ‘rankings’ de participación femenina en ese ámbito y donde parlamentarias como Marielle Franco, también miembro del PSOL, son impunemente asesinadas —todavía no hay responsables identificados por su muerte a tiros en marzo de 2018—. El mismo día en que se conoció la elección de Hilton como concejala empezaron los discursos de odio. Ya había recibido amenazas de muerte en 2018, cuando hacía campaña por la Bancada Activista —una plataforma para que los activistas fueran elegidos, con la que Hilton llegó a ser diputada estatal—: alguien pintó en un muro la frase “Travesti elegida muerta”, y por correo electrónico la amenazaron con cortarle la cabeza y violarla con objetos. Ahora lucha en los tribunales para que las redes sociales identifiquen 50 perfiles responsables de ataques ‘tránsfobos’, racistas y misóginos.

La diputada Sâmia Bonfim, amiga y compañera de partido, alaba la valentía de Hilton: “Siempre ha sido muy contundente en sus opiniones. Es firme y fuerte, y no tiene miedo a decir las cosas como son”. Ambas se conocieron en reuniones por los derechos LGTBI y de las mujeres, antes de que entrara en política. Hilton ha recibido críticas de colegas políticos por centrarse demasiado en temas de género. “Quisiera que la falta de respeto al derecho a la niñez y adolescencia generara la misma indignación en la izquierda que provoca la transfobia, por ejemplo”, afirmó Raquel Marques, también diputada de la Bancada Ativista en São Paulo desde 2018 —Erika dejó el puesto el año pasado para presentarse a las municipales—. Tras esa declaración, Marques fue expulsada.

De trazos delicados, pelo afro y postura de bailarina, Hilton lidia con la presión de una vida pública con ayuda de terapia y tratamientos holísticos. Ha tenido que escuchar de un colega parlamentario que él “sacaría a bofetones a una persona ‘trans’ de un baño femenino”, y en la Asamblea de São Paulo, de mayoría conservadora, cree que tendrá que pasar por situaciones similares. “La elección de personas como yo es una respuesta al avance de la ultraderecha, el fascismo y el conservadurismo en Brasil. Y no me dejaré intimidar”, sostiene. Ya ha demostrado que es buena en la pelea.

lunes, 22 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans | Es negra y asiática. Es trans. Y es la primera portada de la edición de traje de baño de ‘Sports Illustrated’

Imagen: Sin Embargo / Leyna Bloom

Es negra y asiática. Es trans. Y es la primera portada de la edición de traje de baño de ‘Sports Illustrated’
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Leyna Bloom, que es negra y filipina, es apenas la segunda mujer transgénero que aparece en una edición de trajes de baño de ‘Sports Illustrated’. El año pasado, la modelo brasileña Valentina Sampaio se convirtió en la primera.
Sin Embargo, 2021-03-22
https://www.sinembargo.mx/22-03-2021/3954275 

Leyna Bloom se convirtió en la primera mujer transgénero negra y asiática que aparece en una edición de trajes de baño de la famosa revista ‘Sports Illustrated’ que circulará en julio.

La modelo y actriz estadounidense inicialmente fue noticia como la primera mujer trans de color en protagonizar una película que se estrenó en el Festival de Cine de Cannes, “Port Authority”, en 2019. En un comunicado difundido por ‘CNN’, ‘Sports Illustrated’ elogió el “innegable sentido de identidad de Leyna Bloom que brilla en el momento en que camina en el set”.

“Su historia está basada en la resiliencia y no podríamos estar más emocionados de ayudarla a contarla”, continuó el comunicado. “Su presencia como la primera mujer trans de color en aparecer en nuestro tema es el resultado de su dedicación de por vida para forjar su propio camino que la ha llevado a la aceptación, el amor y el cambio. Ella representa el derecho de toda persona a amarse a sí misma y ser quien quiera ser”.

‘Sports Illustrated’ ha marcado una serie de novedades en la historia reciente. En 1997, Tyra Banks se convirtió en la primera mujer negra en tener una portada en solitario en la edición especial de traje de baño. Ashley Graham se convirtió en una de las primeras modelos de portada de talla grande del título en 2016, y en 2019, Banks regresó y se convirtió en la estrella de portada más antigua de la publicación.

Bloom, que es negra y filipina, es apenas la segunda mujer transgénero que aparece en una edición de trajes de baño de ‘Sports Illustrated’. El año pasado, la modelo brasileña Valentina Sampaio se convirtió en la primera. Bloom le dijo a ‘CNN’ que estar en la edición de ‘Sports Illustrated’ “es un sentimiento y un logro increíbles”, pero agregó “que todavía hay mucho trabajo por hacer para lograr una mayor representación”.

El 16 de marzo pasado, el actor Elliot Page se convirtió en la portada de 'Time', revista a la que ofreció una entrevista y en la que habló sobre su proceso como hombre trans. En diciembre pasado, Page compartió en redes sociales su autoreconicimiento como hombre transgénero. El actor de 33 años se dirigió a sus seguidores para compartir la emotiva publicación con la revelación.

“Hola amigos, quiero compartir con ustedes que soy trans, mis pronombres son él/ellos y que mi nombre es Elliot. Me siento afortunado por escribir esto. Por estar aquí. Por haber llegado a este lugar en mi vida”, escribió a través de un comunicado. Este día para la revista cuenta que cerca de los 9 años de edad deseaba ya ser un niño, y cuando se le permitió cortar el cabello su vida cambió, pero debido a que la actuación llegó a su vida eso tuvo que ser olvidado, pues el pelo largo era se convirtió en algo que formaba parte de la imagen de sus personajes.

sábado, 6 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #discapacidad #moda | La modelo transexual y con discapacidad que triunfa en la moda

Imagen: Tododisca / Aaron Philip
La modelo transexual y con discapacidad que triunfa en la moda.

Aaron Philip se ha convertido en la primera modelo negra, trans y con discapacidad en el mundo de la moda.
Manuel Jesús Ruiz Berdejo López | Tododisca, 2021-03-06
https://www.tododisca.com/la-modelo-transexual-y-con-discapacidad-que-triunfa-en-la-moda/ 

Hoy os contamos una historia de superación. La historia que hay detrás de Aaron Philip. Una historia que une moda, discapacidad y superación. Un 15 de marzo de 2001 nació en la isla caribeña de Antigua. Nada más nacer, siendo un bebé, fue diagnosticado con parálisis cerebral. Esta enfermedad afecta a función motora y le obliga a depender de una silla de ruedas para casi todo.

Debido a su enfermedad, cuando solo tenía 3 años, su familia decidió mudarse a Nueva York, concretamente al Bronx. La situación económica de la familia unida a los altos costes de los tratamientos e intervenciones médicas que necesitaba Aaron Philip fueron un gran problema. De hecho, cuando el pequeño tenía 11 años, la familia se quedó sin casa durante un tiempo.

Un año más tarde, Aaron comenzó hablar de como era vivir con parálisis cerebral y en 2016 lo publicó en una memoria llamada ‘This Kid Can Fly: It’s About Ability (No Disability)’, donde recogía todas sus experiencias.

En 2015, teniendo 14 años, Aaron salió del armario como persona de género fluido, identificándose como persona no binaria durante varios años. Para quien no lo conozca, el binarismo significa que no es solo hombre o solo mujer. Tres años después, en 2018, Aaron se declaró como mujer transexual, transgénero en Estados Unidos, al no estar operada de los genitales.

Su amor por la moda
Una de sus pasiones siempre fue el mundo de la moda. Sin embargo, se sentía muy frustrado ante la falta de representación y de aceptar a modelos con discapacidad en la industria de la moda.

«La verdad es que cuando una agencia de modelos me reclute/descubra se va a ACABAR la tontería para todos! y por todos quiero decir EL MUNDO! es la verdadera hora de la inclusividad/diversidad, chavales. Manos a la obra!», aseguraba en su perfil. Su mensaje se hizo viral y un año después, fue contratada por la agencia Elite Model Management New York City.

De esta manera, se convertía en la primera modelo negra, trans y con discapacidad en el mundo de la moda. Desde entonces, su vida ha cambiado y ha llegado a ser modelo de marcas como ‘Sephora’.

miércoles, 8 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #poblacionnegra | El Covid se ceba con los afroamericanos: "Están muriendo desproporcionadamente"

Imagen: El Confidencial / Chicago
El Covid se ceba con los afroamericanos: "Están muriendo desproporcionadamente".
EEUU se enfrenta a una dura realidad: el virus está infectando y matando de manera desproporcionada a los afroamericanos.
A.A. | El Confidencial, 2020-04-08
https://www.elconfidencial.com/mundo/2020-04-08/el-coronavirus-se-ceba-con-los-afroamericanos-en-eeuu_2539775/

En Louisiana, apenas un 32% de la población es afroamericana. Sin embargo, el 70% de las víctimas de coronavirus en ese estado son de raza negra. Números y porcentajes similares se repiten a lo largo y ancho de Estados Unidos, que suma ya 400.000 contagios y casi 13.000 fallecidos con Covid-19. Con una aplastante mayoría de víctimas entre la comunidad negra, el país se enfrenta a una dura realidad: el virus está infectando y matando de manera desproporcionada a los afroamericanos.

Cerca del 60% de los muertos con coronavirus en Washington DC. son afroamericanos, una cifra desproporcionada teniendo en cuenta que solo representan un 46% de la población de la ciudad, mayoritariamente blanca. En Milwaukee, los afroamericanos representan el 70% de las muertes con coronavirus, siendo solo el 26% de la población. En Michigan, con 854 muertes, los afroamericanos son el 33% de los infectados y casi un 40% de los muertos, pese a que solo representan el 14% de la población del estado. Un cuarto de las muertes de todo el estado de Michingan corresponden a Detroit, donde la población negra es del 79%.

En muchos estados de EEUU los datos no vienen desagregados por raza, pero las estimaciones epidemiológicas y demográficas apuntan que en las zonas de mayoría de población negra tienen tres veces más contagios de coronavirus y seis veces más muertes frente a las zonas con mayor proporción de población blanca, según un análisis del diario Washington Post.

Uno de los puntos negros de esta diferencia racial entre las víctimas del coronavirus es Chicago (Ilinois), una de las primeras ciudades en alzar la voz de alarma. El 72% de las víctimas del Covid-19, y la mitad de los infectados, son afroamericanos, pese a que apenas representan un tercio población de la tercera ciudad más grande de EEUU. "Estos nuevos datos ofrecen una visión profundamente preocupante de la propagación del Covid-19", ha afirmado esta semana la alcaldesa Lori Lightfoot, la primera regidora afroamericana en la ciudad. "Son números que te quitan el aliento, de lo más estremecedor que he visto desde que soy alcaldesa".

Los datos disponibles son tan apabullantes que el propio presidente estadounidense Donald Trump ha admitido la gravedad del problema en una rueda de prensa este martes. "¿Por qué es tres o cuatro veces más para la comunidad negra frente al resto de la gente? Estamos haciendo todo en nuestro poder para abordar este desafío, que es un tremendo desafío. Es terrible", ha afirmado el mandatario.

Varios políticos demócratas y activistas afroamericanos han pedido que se publiquen de manera generalizada los datos segregados por raza, ya que en muchos estados no se están proporcionando al público o las propias administraciones locales admiten que no los tienen.

Los posibles motivos
Políticos y expertos han apuntado a diversas causas que puedan explicar por qué el virus está cebándose en las comunidades afroamericanas: la prevalencia desproporcionada de enfermedades como la diabetes, hipertensión y otras condiciones cardiacas o enfermedades pulmonares como el asma entre la población negra de EEUU en comparación con la población blanca, el hacinamiento en las zonas y barrios de mayoría afroamericana, la dificultad de permanecer en aislamiento y trabajar desde casa para las comunidades tradicionalmente con menores ingresos y el racismo institucionalizado e histórico del sistema sanitario contra la población afroamericana en el país. Según reporta el New York Times, los indicadores iniciales muestran que es menos probable que los médicos remitan a los afroamericanos (frente a la población blanca) a hacerse pruebas de diagnóstico del coronavirus cuando visitan una clínica aunque tengan síntomas de Covid-19.

Además, los afroamericanos tienen más probabilidad de no tener un seguro médico y retrasar el ingreso en un hospital, pese a tener síntomas acordes con el coronavirus.

Una vez aplicado el confinamiento en varias ciudades de EEUU, la población afroamericana tiene que seguir trabajando: los estadounidenses negros y otras minorías representan mucho mayor porcentaje frente a la población blanca en la fuerza de trabajo que no se puede permitir trabajar fuera de casa o que viven del sueldo del día a día, lo que los coloca en mayor riesgo de contraer la enfermedad tanto en el trabajo como en los desplazamientos diarios. La concentración en barrios de peores ratios de salubridad ya había sido documentada en estudios anteriores.

"Históricamente, cuando Estados Unidos se resfría, la América negra pilla una neumonía", afirmaba el Comisionado de la ciudad de Albany (capital del estado de Nueva York) la semana pasada. En todo el país, las muertes ya superan las 13.000 y los contagiados rozan los 400.000.

El peor foco sigue siendo el estado de Nueva York, que se enfrenta a su particular Pearl Harbour con crecientes cifras diarias de muertes. Mientras tanto, la pandemia sigue expandiéndose por otros estados y hacia el interior del país. Las morgues de Nueva Orleans se están quedando sin espacio, y los gobernadores pelean por obtener respiradores suficientes. El propio Trump ha advertido: "Las próximas dos semanas serán muy duras".

martes, 14 de enero de 2020

#hemeroteca #poblacionnegra | ¿De verdad Hollywood cree que Antonio Banderas es negro?

Imagen: La Razón / Antonio Banderas
¿De verdad Hollywood cree que Antonio Banderas es negro?
Javier Ors / Marta Moleón | La Razón, 2020-01-14
https://www.larazon.es/cultura/20200115/vdtqwvfi2vah3bl5h5qfrqkyca.html

Nunca estuvo Antonio Banderas tan cerca de una apropiación involuntaria de melanina como en las últimas horas. Si hace unos meses la victoria de Rosalía en los MTV levantaba una polémica oleada por la supuesta ausencia de pedigrí latino –condición al parecer sine qua non para alzarse con el galardón–, ahora es el actor malagueño quien adquiere protagonismo por justamente lo contrario. Si una pecaba de falta de color, otro padece de exceso. «Solo dos actores de color fueron nominados en las categorías principales de interpretación, mientras que las mujeres quedaron ausentes en mejor dirección», escribía uno de los medios más consultados en Hollywood, «Deadline», al hilo de las recientes nominaciones de los Oscar. Parece que los norteamericanos tienen dificultad para ubicar a los españoles. Para ellos no son más que hispanos y todos viven de Ciudad Juárez para abajo. Esto de englobar todo lo que desconocen en un mismo saco es muy propio de potencias coloniales, de gente habituada a mirarse al ombligo y observar con poca atención el que tienen al lado.

Ahora resulta que a Antonio Banderas, que no es precisamente un desconocido, ni siquiera en los USA, le han cambiado el tono de piel y lo han incluido entre los pocos intérpretes nominados «de color» para los próximos Premios Oscar. Para esta peña todo lo que no sea el blanco nuclear del característico «Wasp» (White, anglo-saxon and Protestant) y el redneck de turno, ya saben, esos tipos que admiran a Trump, son amigos de la Asociación del Rifle y que crecen en el campo texano, son negros. Aquí lo han nombrado junto a la actriz Cynthia Erivo, de origen africano. Se ve que confunden el moreno que dejan las playas del Mediterráneo con sus temores o con su propia ignorancia. Vamos, que en vez de mirar con los ojos, lo hacen con los prejuicios, lo que es, a grandes rasgos, muy peligroso. También existe la posibilidad de que no tuvieran ni idea de quién es nuestro actor ni Pedro Almodóvar y ni supieran remotamente de dónde proceden estos muchachos. Y, la verdad, bien pensado, casi es peor, porque denotaría una ignorancia supina –una cosa es que a uno le guste mucho su cultura y otra pasar totalmente de las ajenas–.

En las redes sociales no ha tardado en montarse un bochinche de cuidado, para variar, y, enseguida, han salido unos cuantos indignados a la palestra para subrayar el error y enmendar la plana a los despistados que han confundido a un español con un afroamericano, que se dice pronto y rápido. La publicación que cometió este desliz no tardó demasiado en sacar una rectificación y en subrayar que «Antonio Banderas es de España, blanco y europeo». Está bien que señalen «España» y «europeo», no vaya a ser que algún otro crea que nuestro país pertenece a Oceanía u Oriente Próximo. Norteamérica, que siempre ha vendido la monserga de que son una nación integradora, que su éxito es el resultado de un crisol de culturas y razas, arrastra desde hace bastante cierta confusión alrededor de las razas, que es una idea ya como pasada de moda, como mínimo, y siempre están con gaitas de si uno es caucásico, hispano, latino, afroamericano, japo o de la Antártida. Con lo sencillo que es ver al prójimo como lo que son. Tan solo personas.

lunes, 6 de enero de 2020

#hemeroteca #lenguaje #correccionpolitica | El rey Baltasar no es afroamericano

Imagen: El País / Día de la población afroamericana en Harlem, Nueva York
El rey Baltasar no es afroamericano.
Los seres humanos nos inclinamos cada vez más por cambiar las palabras en vez de arreglar la realidad.
Álex Grijelmo | El País, 2020-01-06
https://elpais.com/elpais/2019/12/04/ideas/1575477565_995170.html

Los niños eligen su rey mago favorito. Y Baltasar gana generalmente a Melchor y Gaspar, sin que importe en absoluto que se trate del rey negro. Porque todavía lo llamamos negro, y no afroamericano.

Rosa Parks, que entonces tenía 42 años, pasó a la historia de la lucha contra el racismo en Estados Unidos y en el mundo cuando se negó a sentarse en el lado del autobús reservado a los negros y ocupó una plaza que correspondía a los blancos. Unos meses antes había hecho lo mismo la adolescente Claudette Colvin, pero la historia no fue generosa con ella sino con Parks.

Corría el año 1955 en Alabama, y desde entonces ha mejorado mucho en todo el territorio estadounidense la situación de los negros, si bien eso no ha mejorado a su vez la situación de la palabra que los nombra.

Tener la piel negra ya no implica allí discriminación legal, aunque existan otras diferencias sociales, pero en el vocablo ‘negro’ persiste para muchas personas influyentes algún matiz peyorativo, hasta el punto de evitarlo.

Quienes consideran que no se debe discriminar a los negros mantienen, sin embargo, la discriminación del vocablo. Por ello han sustituido “negros” por “afroamericanos”. Y esto ha llegado incluso a la prensa de España. De vez en cuando se lee aquí el término “afroamericano” para referirse a un negro, ¡aunque no sea americano!

Esta serie de absurdos lleva a ciertas incoherencias. Se supone que los negros de EE UU proceden de África en última instancia, y de ahí viene el término “afroamericano”; pero también llegan a América blancos nacidos en África, y no se llama afroamericanos a los de esta raza, que, por cierto, también llegó desde allí, hace más de un millón de años. Por si fuera poco, en Europa nacen y viven negros a quienes no se denomina “afroeuropeos”. Pero ¿cómo llamar entonces a un senegalés?: pues o bien le decimos “afroafricano” o no tendrá más remedio que ser un simple negro, mientras que un negro de EE UU es un afroamericano; es decir, supuestamente un negro de mayor categoría en cuanto negro.

A veces, la palabra “negro” se evita mediante una solución eufemística diferente: persona “de color”. Y con ello se incurre en una nueva discriminación, porque de ese modo se considera “de color” solamente a los negros, cuando todos tenemos algún color. Así que los mal llamados “caucásicos” somos personas de color... blanco (si damos por bueno el blanco como color de nuestra piel).

Los seres humanos nos estamos inclinando cada vez más por cambiar las palabras en lugar de arreglar la realidad que transmiten. Lo que logre mostrar un espejo manipulado nos atrae más que aquello que se le pone delante. El lenguaje políticamente correcto consigue así la satisfacción de sus promotores, que de ese modo se sienten progresistas, respetuosos..., mientras a su alrededor continúan los desmanes.

El color de la piel es un accidente como el del pelo o la talla del calzado. Si a una colectividad le diera por considerar inferiores a quienes calzan un 49, y se empezara a llamarlos “zapatones”, no arreglaría el problema denominarlos eufemísticamente “pies grandes”, porque con el simple hecho de resaltar el tamaño del pie se continuaría dando por relevante aquello que no lo es. Si un periódico destaca en un crimen la raza del autor, da lo mismo que diga “negro” que “afroamericano”.

Las razas existen, como las tallas. La lucha contra estas discriminaciones no se basa en negar las peculiaridades ni en cambiarles el nombre, sino en no presentar las diferencias como si fueran causas.

lunes, 19 de agosto de 2019

#hemeroteca #estereotipos #cuerpos | Estas muñecas negras y con vitiligo libran una gran batalla

Imagen: El País
Estas muñecas negras y con vitiligo libran una gran batalla.
Dos peluqueras han creado la colección Sibahle (somos bellos en idioma zulú) en un intento de cambiar las narrativas y que los juguetes africanos dejen de ser modelos ‘blancos’.
Pablo L. Orosa | Planeta Futuro, El País, 2019-08-19
https://elpais.com/elpais/2019/08/06/planeta_futuro/1565085452_902677.html

Aún no había cumplido tres años cuando la hija de Khulile Vilakazi-Ofosu volvió una mañana de la guardería con un deseo: quería que su madre le alisara el pelo y se lo soltara. Quería una melena larga y lisa como la de las mujeres de las revistas y los dibujos animados, como la que lucían las muñecas con las que jugaba. Hasta ese momento, Khulile no había reparado en que los modelos con los que estaba creciendo su hija no se correspondían con su realidad: por mucho que dejara crecer su pelo, nunca iba a tener una melena larga y lisa.

“Entonces nos dimos cuenta de la falta de referentes que tienen nuestros hijos. Actualmente hay algunos actores o cantantes afrodescendientes, pero los niños siguen educándose en un mundo en el que mayoritariamente los referentes son occidentales caucásicos”, subraya Khulile. Thor o Ant-Man no son imagen y semejanza de un crío de Khayelitsha o Kibera. Tampoco la melena rubia de Barbie se parece a la de la hija de Khulile.

Esta no tardó en convencer a su socia Caroline Hlahla de que la peluquería que ambas regentaban tenía que ser también un escenario descolonizado y descolonizante. Enfrentando los cánones occidentales de piel clara y pelo liso, pero sobre todo afianzado un nuevo arquetipo. “Estamos tratando de entender por qué al negro de las Antillas le gusta tanto hablar francés”, reflexionaba Frantz Fanon en ‘Piel negra, máscaras blancas’. “Nosotras nos dimos cuenta de que las muñecas podían tener un impacto grande en la educación de nuestros hijos. Podían cambiar la narrativa”. Su forma de mirar el mundo, responden Khulile y Caroline a la vez, intercambiando palabras de un mismo discurso.

Aunque provienen de entornos socioeconómicos distintos, Khulile se crió en los días de la esperanza que alumbró el mandato de Nelson Mandela para Sudáfrica, mientras que Caroline llegó desde Zimbabue para enfrentarse a un país que ha acabado por mirar con recelo a cualquier migrante por más que compartan color de piel, existía entre ellas una perspectiva colonial compartida y arraigada en la infancia: “Cuando éramos niñas usábamos las cerdas de la escoba para hacer peinados a nuestras muñecas. Era lo más parecido al cabello de las occidentales que teníamos”. Justamente eso era lo que no querían para sus hijas. Y por eso decidieron crear sus propias muñecas.

‘Bontle’, que significa belleza en lengua sotho; ‘Neha’, con rasgos indios; ‘Zuri’, belleza en swahili, que es albina; ‘Nobuhle’, la que representa la belleza en zulú; ‘Ayana’, piel mestiza; y ‘Ndanaka’, soy bella, en lengua shona, la muñeca con vitíligo. Toda la colección, ‘Sibahle’, (somos bellos en idioma zulú), resuena bajo el eco de una misma idea: acercar los distintos ideales de belleza a la realidad africana. “Buscamos crear muñecas en las que los pequeños se puedan reconocer”, subraya Caroline. “Asociar la belleza a ellas mismas, sin tener que buscar referentes externos”, añade su compañera en esta aventura de la deconstrucción. El próximo reto es incorporar un muñeco masculino a la saga.

Antes incluso de que existiese Sibhale, cientos de personas por toda Sudáfrica se unieron bajo el lema #RemovalOfWhiteDolls para exigir a las superficies comerciales del país que retiraran las muñecas de piel blanca, cintura estrecha y melena rubia y lisa de sus estantes. Esas no son las mujeres reales de su parte del mundo.

Nunca hay que perder de vista la importancia del juego. Según la publicación de Unicef, Deporte, Recreación y Juego, estos tres elementos fortalecen el organismo y evitan las enfermedades, preparan a los niños y niñas desde temprana edad para su futuro aprendizaje, reducen los síntomas del estrés y la depresión y además mejoran la autoestima.

La batalla por la dominación cultural

El estreno de 'Black Panther' llenó el pasado año los cines de todo el continente africano. Por primera vez una gran producción internacional alteraba el dominio discursivo que retrata las Áfricas como un conjunto homogéneo de fauna salvaje, hambrunas y batallas tribales. Y eso suscitó el interés de las clases medias locales que a medida que se expanden vertiginosas por el continente —se estima que para 2050 uno de cada cuatro habitantes del mundo será africano— reclaman representaciones alternativas de sí mismas.

Las grandes multinacionales del entretenimiento han sido las últimas en buscar ahí su próximo gran negocio. En 2015, Netflix comenzó a distribuir filmes nigerianos y se hizo con los derechos de taquillazos locales como ‘October 1st' o 'Fifty’. El pasado año, durante el festival de Toronto, anunció a bombo y platillo su primera producción local, 'Lionheart', pero no ha sido hasta este 2019 cuando se ha consolidado la apuesta por las producciones africanas: 'Shadow, The Boy Who Harnessed the Wind' ('El Niño que domó al viento', en español) o el título para niños 'Mama K's Team 4'.

El problema, escribió el comentarista cultural Daniel Okechukwu en un artículo acerca ‘Nigerian Prince’, otra producción hollywodiense ambientada en esta país y estrenada el pasado año, es que la representación del país como “un lugar donde todos pelean por dinero, bien trabajando hasta la extenuación en un empleo sin futuro o uniéndose a la cultura clandestina de la estafa” puede “molestar a un nigeriano que vive en Nigeria”, pero funciona entre su audiencia primaria, la occidental, “confirmando la idea que ya tienen”. Lo mismo que sucede con ‘Black Panther’ y con buena parte de los últimos estrenos de las grandes productoras.

A los jóvenes africanos les enorgullece que Nairobi sea un personaje aclamado en ‘La Casa de Papel’ o de que Disney convirtiese la historia de la joven prodigio del ajedrez ugandés en la aclamada 'La reina de Katwe', pero recelan cuando sus territorios son representados como refugios para yihadistas en ‘Eye in the Sky’ o como escenarios de barbarie en ‘Hotel Ruanda’ o ‘El último rey de Escocia’.

“Nosotras nos centramos en los colectivos más desfavorecidos que habitualmente no están representados para mostrar la diversidad que existe en el continente. Estamos obsesionadas con explicar que África no es un país, sino muchas culturas”, asevera Khulile. Eso supone elaborar un modelo base para su muñeca con nariz plana y mejillas redondas —es el único elemento del juguete que se elabora por el momento fuera del continente— pero llenarlo de identidades: pieles, peinados, ropas y nombres.

Esta apuesta por la diversidad, cultural mas también pragmática (las muñecas tienen trajes y complementos a juego, desarrollados a partir de tejidos y diseños locales), es la clave de éxito de Sibhale, por encima de otras iniciativas similares que ya existen en otros puntos del continente. Incluso la icónica Barbie de Matel está intentando dejar atrás el arquetipo sexista y racista que la perseguía con una colección de muñecas con diferentes tonos de piel, color de pelo y tipos de cuerpo.

Mientras asoma la competencia, a la tienda que Khulile y Caroline regentan en uno de los barrios más pudientes de Johannesburgo siguen llegando pedidos de todo el mundo. De Estados Unidos, España, Rusia e incluso Korea. La gente encarga muñecas y devuelve gestos de gratitud: “Soy yo”, se observa decir a una pequeña con albinismo al abrir su regalo. Caroline conserva orgullosa el vídeo en su teléfono.

“Mucha gente nos dice: ojalá hubiésemos tenido algo así cuando nosotros éramos niños. De hecho”, continúa Khulile, “además de para los críos, lo compran también para ellos”.

Lo que cuenta el cabello

A sus 13 años, Zulaikha Patel había tenido que cambiar ya tres veces de escuela cuando en 2016 se enfrentó a los responsables de la Pretoria High School for Girls porque le recordaron que debían ajustarse a las normas de imagen del centro, esto es, cortar y alisar su esplendorosa melena afro. Decían que su exótica cabellera supondría una distracción para otras alumnas.

La instantánea de la rebelión de Zulaikha se convirtió en el último icono de una lucha que está en el origen mismo del movimiento negro en el mundo y de la lucha anti apartheid en Sudáfrica. Las Panteras Negras o el propio Black Consciousness Movement sudafricano convirtieron la imagen de sus cabelleras en parte de su reivindicación.

La narrativa colonial se habían encargado de transformar el pelo natural de la población negra en sinónimo de lo indeseable. Primero popularizando su imagen salvaje —traducida en el peyorativo ‘fuzzy-wuzzy’ con el que los soldados británicos tildaban a las tropas sudanesas durante la guerra mahdista— y asociándolo después la suciedad al peinado rasta. No obstante, la mayor treta de los colonizadores fue negar la propia esencia de las culturas africanas en el cuidado del cabello: obviando la existencia de tradiciones antiquísimas para tratar y decorar el pelo e imponiendo posteriormente medidas de buena presencia que medían la longitud de las trenzas como si el pelo rizado pudiese medirse igual que el liso.

Pese a las victorias en las guerras de independencia, el imaginario colectivo del mundo sigue controlado por el guión etnocentrista occidental: el pelo afro, los clasificados como cabellos 4a, 4b y 4c, son la representación estándar de las población afrodescendientes, cuando en realidad esta tipología de cabello y sus tratamientos asociados son sólo una más entre los cientos de técnicas y estilos de peinado existentes, al tiempo que rara vez los ideales de belleza universales se asocian con su imagen. Casos como el de la actriz Lupita Nyong’o son una excepción acompañada demasiado a menudo del adjetivo exótico.

Las consecuencias de este dictado de la imagen se observan en cada rincón del continente donde las jóvenes ahorran compulsivamente para ponerse extensiones o comprarse cuanto antes una peluca que les devuelva ante el espejo lo que Netflix e Instagram les dibuja como meta. “Creo que nos han lavado el cerebro. Las jóvenes creen que lo que se espera de ellas es lo que ven en la televisión y en las películas. Yo no tengo nada en contra de que lleven estos pelos artificiales, sólo trato de mostrarles lo bello que puede llegar a ser su propio pelo”, afirma la keniana Michelle Ntalami, quien hace seis años convenció a un grupo de modelos y amigas para que empezaran a mostrar su cabello natural. Logró involucrar a más de 500 personas que aún hoy mantienen viva la iniciativa. “Nuestra pequeña revolución”.

Aunque está a punto de cerrar, frente al escaparate de la peluquería que Caroline y Khulile mantienen en el mismo local que la tienda de muñecas, hay todavía varias jóvenes. Observan, sin atreverse a entrar, lo que se dibuja tras los cristales. En una de las estanterías destacan varios bustos con ideas para peinados. Junto a los sillones, ellas son ejemplo real de que es posible lucir arreglos más allá de trenzas, extensiones y pelucas. “A muchas de estas chicas les faltan referentes”, sentencia Caroline, “Crecen pensando que su pelo no es bonito porque no sale en las revistas ni en las películas, y no saben el potencial que tienen porque a sus madres tampoco les enseñaron cómo tratarlo”.

Pero todo eso ya está cambiando. En parte gracias a unas muñecas.

sábado, 17 de agosto de 2019

#hemeroteca #trans #discapacidad #moda | La fabulosa historia de Aaron Philip, la primera modelo transexual con parálisis cerebral: “No estoy aquí para ser una tendencia”

Imagen: El País / Aaron Philip
La fabulosa historia de Aaron Philip, la primera modelo transexual con parálisis cerebral: “No estoy aquí para ser una tendencia”.
Ha sido imagen de Marc Jacobs, Asos y Sephora. Cuando dijo en Twitter que buscaba agencia de modelos otro mundo se abrió para ella. Aunque su revolución empezó mucho antes...
Raquel Peláez | SModa, El País, 2019-08-17
https://smoda.elpais.com/moda/aaron-philip-modelo-transexual-paralisis-cerebral/

Aaron Philip tiene una ficha profesional, esa en la que en otros tiempos los números 90-60-90 representaban 
la proporción áurea a la que toda mujer debía aspirar, que reza 38-25-68. Esas cifras están tan alejadas del canon establecido para su profesión como todas las otras características físicas de esta modelo transexual negra con parálisis cerebral de 18 años. Sí. Ha leído bien.

Aaron Philip es perfectamente consciente 
de la perplejidad que genera lo que ella llama 
«la intersección de todas sus identidades» y 
si se le pregunta cuál de todas ellas –mujer, transexual, negra, discapacitada– cree que
 genera más escándalo/prejuicios tiene muy claro qué contestar: «Es muy peligroso ser trans en el mundo ahora mismo, y más si eres una persona negra con características femeninas». Pero que sea consciente de las reacciones que genera su peculiaridad no significa que acepte el rechazo: «No entiendo cómo la gente no me entiende, y eso se aplica tanto a mi vida personal como profesional. Quiero vivir la vida de la forma más auténtica posible, sin que me pongan etiquetas, sean condescendientes conmigo o me ‘fetichicen’».

Aaron Philip nació en 2001 en la isla antillana de Antigua y Barbuda con una enfermedad que afecta a la función motora y que a menudo, como es su caso, implica el uso de una silla de ruedas,
 a la que lleva pegada toda su existencia. Esa y
 su irreductible inquietud son las dos grandes constantes de una vida marcada por los límites (que supera una y otra vez) y los cambios (a los que no tiene ningún miedo): ni fue siempre mujer ni siempre quiso ser modelo. Tampoco vivió siempre en el apartamento del barrio neoyorquino del Bronx en el que ahora reside con su progenitor, un camarero de instituto que ha sido su principal valedor en todas las decisiones que ha ido tomando. «Mi hermano pequeño también ha sido un grandísimo apoyo. Es mi mejor amigo», afirma.

Aaron Philip se mudó a los tres años con sus padres desde el Caribe a Estados
 Unidos en busca de asistencia médica para su problema de movilidad. Los primeros años fueron extraordinariamente duros: la familia tuvo que superar dificultades económicas tan graves que incluso se vieron obligados a vivir en un refugio para gente sin hogar. Cuando por fin consiguieron establecerse en una vivienda digna, las dificultades no desaparecieron.

«En el colegio, cuando iba al patio, los niños no jugaban conmigo porque me tenían miedo y les intimidaba mi silla de ruedas. Solía llorar todo el camino de vuelta a casa y por las noches. Era muy duro», rememora Philip, quien en ningún momento pierde su tono risueño y amable. La modelo también recuerda que enfrentarse a todas las barreras físicas que imponía una ciudad como Nueva York podía ser un calvario, aunque, por fortuna, contaba con dos aliados: los ‘gadgets’ y las redes sociales.

La expresión «nativo digital» cobra un sentido muy especial en su caso. Philip habla con S Moda a través de su tableta, un instrumento que en su vida cotidiana le ayuda a comunicarse con el mundo y 
a resolver cientos de trámites. Frente al cinismo de los más desencantados con el mundo digital está la visión de Philip, a quien la red le ha permitido acercarse a la vida que deseaba vivir: «Yo nací y me crié en Internet. Las redes sociales me han enseñado todo lo que sé y me han ofrecido una comunidad y un espacio seguro desde que tenía seis años. Internet me ha enseñado a hacerme
 un lugar en el mundo y a trabajar para expresar las cosas que quiero». Gracias a Internet, Aaron entró en contacto con el universo de la moda: «Me encantaba ver cómo la gente se convertía
 en la representación de la visión artística de
 otra persona. Siempre lo encontré bellísimo y fascinante. Me enamoraba de todas las cosas que veía y a la vez me preguntaba: ¿Dónde están las personas en silla de ruedas como yo?».

Philip siempre ha sido una inconformista. Con 
10 años creó su primer proyecto de comunicación,
 un blog llamado ‘Aaronverse’, en el que, con sentido 
del humor y muchísima inteligencia, narraba los problemas de accesibilidad que se encontraba
 en su vida urbana. En su perfil se definía como «activista, artista y ‘alien’». Aquella bitácora 
personal alcanzó tanta notoriedad que los 
fundadores de la red social en la que estaba alojada, Tumblr, le invitaron a
 dar una charla ante periodistas especializados y
 gurús digitales. «Ensayé todos los días durante 
dos meses para aquel momento. Cuando llegó el 
día de la intervención, los primeros dos minutos 
estaba de los nervios, pero muy pronto me di cuenta
 de que tenía la capacidad de llegar a la gente y
 de comunicarles muchas cosas». La experiencia
 marcó un antes y después. La conferencia completa todavía está colgada en YouTube. Tenía 14 años.
 En ella se ve con claridad que Aaron era entonces 
una persona muy diferente a la que es hoy. Con las mismas pintas de chaval de clase media americana
 con la que se presentó a las conferencias de Tumblr, protagonizó la portada de un libro titulado ‘Este
 chico puede volar’. Era un ensayo sobre su historia de superación escrito a medias con Tonya K. Bolden, autora conocidísima en Estados Unidos por sus títulos infantiles. Pero había dos facetas de Aaron en las que aquel libro no se detenía: su debilidad por el universo de la moda y su ambigüedad sexual. Con respecto a lo primero hubo un momento crucial y epifánico: cuando en 2015 vio aquella polémica portada de la revista ‘Interview’ en la que Kylie Jenner aparecía subida a una silla de ruedas de oro. «Me hizo pensar: ¿Por qué no nos dan la plataforma para que seamos nosotros mismos quienes sexualicemos la discapacidad, como gente con discapacidades que somos? Hagamos de nuestra discapacidad algo ‘sexy’». Con respecto a lo segundo, Philip dice que su infancia fue un viaje larguísimo hasta encontrar su verdadero yo, «aunque siempre supe que yo era otra cosa totalmente diferente de lo que la gente creía que era». Pensó en salir del armario antes del lanzamiento del libro, pero no lo hizo. De nuevo las redes sociales le arroparon, esta vez para atreverse a hacer su transición. Una de las personas que más le ayudó con sus consejos fue la actriz, icono trans y protagonista de ‘Euphoria’, el gran éxito de HBO, Hunter Schafer. «Contactamos en Twitter y al cabo de dos meses nos conocimos en persona». La pasada primavera, Philip acudió al baile de graduación de su instituto vestida con un glorioso vestido de organza diseñado por Marc Jacobs, quien ha sido otro de sus grandes valedores en la industria.

¿Cuántas veces puede nacer una misma 
persona? Aaron Philip nació tres: el día que llegó
 al mundo en Antigua; el día que decidió ser una
 mujer no-binaria; y el día de noviembre de 2017 en 
el que se le ocurrió poner unas fotos en Twitter 
en las que expresaba su deseo de convertirse en modelo. Su mensaje exactamente era este:«Como me reclute una agencia de modelos podéis echaos todos a temblar». El viejo adagio de «ten cuidado con lo que deseas» se hizo realidad: tras trabajar durante unos meses como freelance y con la ayuda de, precisamente, Hunter Schafer, en 2018 fichó por Elite, la misma agencia que en su día descubrió a Naomi Campbell (su gran ídolo, junto a Kate Moss y Mariacarla Boscono), Cindy Crawford, Gisele Bündchen o Lara Stone. Desde entonces ha protagonizado una campaña para Sephora, otra para Asos, una portada para la prestigiosa revista Paper y ha aparecido en el videoclip de Miley Cyrus, Mother’s Daughter. Este año ha debutado en un desfile por primera vez. El público que estaba presente para ver la propuesta de Willie Norris, el diseñador que le dio la oportunidad, la recibió con una vibrante ovación. Llevaba una camiseta colgada en la parte trasera de su silla en la que se podía leer «Queer Capital». «Me temblaban las manos y se me salía el corazón del pecho» fue lo que puso en su Instagram ese día. No era para menos: había conseguido entrar por pleno derecho en el reino del 90-60-90.

De todas las posiciones que Philip podía 
haber querido ocupar en el mundo de la moda (diseñadora, relaciones públicas, compradora) ella intentó llegar a la más inalcanzable: modelo. Fue una decisión consciente. «Las modelos son la representación de la belleza. Son como lienzos. Yo quería demostrarle a todo
 el mundo que mi lienzo es diferente al del resto, pero aun así, tiene el poder de la representación». El de la moda puede ser, también, un mundo enormemente cruel, y con ello cuenta: «Los estándares físicos que se usan con las modelos pueden ser indignantes. Pero a la vez, la moda puede romper fronteras porque es una forma de arte en la que todo el mundo puede
 ser retratado tal y como es», dice. Y aunque cita como referente a Rihanna, a la que admira por haber sido capaz de convertirse en magnate de su propia marca, asegura que las dos personas a las que más admira son las que le han aceptado siempre como es: sus padres.

Aaron Philip empezará a estudiar fotografía en otoño. Lo hará en la Parsons New School of Design, el lugar al que acuden cada año cientos de jóvenes que aspiran a ser alguien en la industria. Ella ya lo es, pero aún le quedan muchos objetivos que cumplir: esta modelo tiene pendiente viajar a las grandes capitales de 
la moda, no descarta hacer unos pinitos en la interpretación 
y sueña con ser independiente algún día. El dinero que le proporciona su trabajo le ha permitido cubrir muchos gastos médicos y cambiar en algunos aspectos su estilo de vida.

Y, ¿no le da miedo que la utilicen?: «No quiero que se me 'fetichice' pero no me importa que se me ‘glamurice’ porque hay un estigma en torno a los cuerpos de las personas discapacitadas. Mis objetivos son grandes y estoy dispuesta a conseguirlos. No estoy aquí para ser una tendencia. He llegado para quedarme».