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jueves, 2 de agosto de 2018

#hemeroteca #matrimonio #memoria | De la homofobia estatal al matrimonio igualitario en Cuba

Imagen: Letras Libres / Mariela Castro y su Cenesex en defensa de los derechos LGTBI
De la homofobia estatal al matrimonio igualitario en Cuba.
En el proyecto de la nueva constitución cubana ha llamado la atención el artículo que abre un camino al reconocimiento del matrimonio homosexual. Tal disposición, sin embargo, podría terminar siendo un espacio de diversidad controlada creado para las relaciones públicas de la postrevolución.
Abel Sierra Madero | Letras Libres, 2018-08-02
https://www.letraslibres.com/espana-mexico/politica/la-homofobia-estatal-al-matrimonio-igualitario-en-cuba

Desde hace algunos años vienen produciéndose en el régimen cubano una serie de mutaciones orientadas a garantizar la continuidad del sistema y a borrar el pasado. A este proceso de gatopardismo político lo llamé “travestismo de Estado”. Se trata de un reajuste en las retóricas revolucionarias de la guerra fría que utiliza de modo instrumental la noción de diversidad, para ofrecer hacia el exterior una imagen de cambio, con apenas unos retoques. El travestismo de Estado es también una política que implementa nuevos modos de gestionar el control político y la (auto) transición que la envejecida élite política cubana está llevando a cabo.

Esta estrategia empezó a ser ensayada hace una década por el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), dirigido por Mariela Castro Espín, la hija del general Raúl Castro. Desde 2007, Mariela acaparó titulares cuando, a ritmo de conga y gozadera, comenzó a desfilar por las calles de La Habana rodeada de homosexuales, asegurando que la diversidad sexual ya formaba parte de la Revolución y “de una manera revolucionaria.”

En 2008, el CENESEX logró que el Ministerio de Salud Pública aprobara una resolución que consentía las operaciones de cambio de sexo para transexuales, lo que regeneró grandes afectos a nivel internacional y también en la isla. Por esa época, la institución propuso un nuevo código de familia y una ley de identidad de género.

El tema había permanecido silenciado por años, hasta hace unos días, cuando la Asamblea Nacional cubana –controlada totalmente por el régimen– aprobó, de modo unánime y apegado al viejo estilo soviético, un nuevo texto constitucional que se preparó en secreto y que hasta el mismo Raúl Castro ayudó a redactar. Dicen que se someterá muy pronto a consulta popular, aunque el general aclaró que la consulta consiste en un debate supervisado por el Partido Comunista.

Política de la cosmética y de la semántica
El proyecto de la “nueva” constitución está entrampado al mismo tiempo en una política de la cosmética y de la semántica. Se dice que la propiedad privada será reconocida y que se renuncia a la construcción del comunismo, aunque el Partido Comunista seguirá rigiendo los destinos de la nación. Se asegura que el socialismo es irreversible, pero tras bambalinas el modelo socialista está siendo suplantado poco a poco por un capitalismo de Estado de corte neoliberal, que concentra el poder en una élite militar y recorta cada vez más los presupuestos estatales en servicios como la salud pública y la educación –terrenos en los que ha descansado la legitimidad del gobierno cubano.[1]

Sin embargo, el apartado que más encandiló a los medios y que generó una explosión en las redes sociales fue el artículo 68, que contempla “la unión voluntaria concertada entre dos personas con aptitud legal para ello”. Ya no queda limitada a un hombre y una mujer, como hasta ahora. Este simple cambio puede abrir un camino al reconocimiento del matrimonio homosexual en Cuba.

El matrimonio igualitario tiene sus entusiastas y sus detractores. En Estados Unidos y Europa, por ejemplo, ha sido criticado por teóricas y activistas ‘queer’ por la desmovilización y la despolitización que ha producido al interior de estas comunidades, que han visto en el matrimonio el fin de una agenda histórica de lucha.[2] Pero esa es otra discusión.

En Cuba, los entusiastas dirán que la aprobación del matrimonio igualitario significa un paso en el reconocimiento de los derechos individuales, diluidos históricamente en la masa impersonal y colectiva. En parte tienen razón. Estoy a favor de todas las leyes que favorezcan a grupos vulnerados ya sea por cuestiones raciales, sexuales, de género o políticas. Sin embargo, no puedo dejar de señalar las lógicas sobre las que está asentado el reconocimiento del matrimonio igualitario en la isla y las consecuencias que podría tener para pensar el futuro y la propia historia de la revolución.

El matrimonio igualitario responde a políticas asimilativas que vienen siendo ensayadas por el Estado para crear identidades políticamente dóciles. De aprobarse finalmente, el matrimonio igualitario crearía un marco de protección circunscrito básicamente a lo patrimonial. Por años hemos visto a muchas personas despojadas de bienes y propiedades de sus parejas, por no haber tenido un amparo legal para heredar. Pero al mismo tiempo, se constituye en un artefacto, en un instrumento encaminado a asimilar y anular una discusión democrática más abarcadora, no circunscrita al campo específico de la sexualidad.

Tal y como están planteadas las cosas, el matrimonio igualitario parece que se convertirá en un espacio más de diversidad controlada creado para las relaciones públicas de la postrevolución. “Con esta propuesta de regulación constitucional, Cuba se sitúa entre los países de vanguardia en el reconocimiento y la garantía de los derechos humanos”, señaló Mariela Castro. De este modo, el matrimonio igualitario se convierte en un instrumento de propaganda sobre los derechos humanos, un área en la que el gobierno ha recibido duras críticas.

Ahora bien ¿puede ser considerado “de vanguardia” en materia de derechos humanos un país en el que se registran cada año altas cifras de detenciones arbitrarias por cuestiones políticas? ¿Un país que considera a los disidentes u opositores como mercenarios al servicio de una potencia extranjera o de traidores a la patria? ¿Un país donde la libertad de expresión, de asociación, entre otras, están prácticamente anuladas?

El vano ayer
Algunos activistas de la comunidad LGBTI en Cuba le han adjudicado este cambio a la presión que han ejercido sobre las instituciones. Sin embargo, esta conjetura no tiene mucho sustento si tomamos en cuenta la fuerte presión que los opositores, la diáspora cubana, el exilio, y organizaciones internacionales han ejercido durante décadas para que el gobierno reconozca otras libertades y otros derechos, sin que los que manejan los hilos del poder hayan movido un solo músculo.

Sin quitarle agencia ni importancia a la labor del activismo, debo decir que el matrimonio igualitario está anclado a ese “travestismo de Estado” del que hablaba al inicio. Esta política, además de ensayar nuevos modos de control político, promueve una transición amnésica, el lavado de la memoria nacional y la reescritura de la Historia. Se trata de reacomodar o de reescribir algunos procesos históricos que conectan a la Revolución con la discriminación y la homofobia.

Durante décadas la homofobia en Cuba fue una política de Estado que legitimó las purgas de homosexuales de las instituciones y el emplazamiento de campos de trabajo forzado, como las infames Unidades de Ayuda a la Producción (UMAP), destinadas a la construcción del “hombre nuevo” comunista. El lavado de memoria y de reescritura de la historia comenzó en agosto de 2010, cuando Fidel Castro dijo a La Jornada que reconocía su responsabilidad histórica en la implementación de aquellos campos de trabajo forzado.

Unos meses después, Mariela Castro, en una entrevista concedida al Instituto Suizo de Cooperación (COSUDE), emprendió una campaña de control de daños en la que llegó a decir que “Fidel ni siquiera estaba al tanto de las UMAP. Vivía concentrado en la supervivencia de la revolución y en los cambios que se estaban haciendo en la política, las leyes en favor de los derechos del pueblo, dentro de complejas y tensas relaciones internacionales.”

Mariela Castro ha tratado de minimizar el alcance y dimensión de las UMAP en la historia de la Revolución Cubana. Prometió, incluso, una investigación sobre este tema; todavía la estamos esperando. Desde entonces, la directora del CENESEX ha dicho en cuanto foro se presenta o en las entrevistas que concede, que las UMAP constituyeron un error aislado y que no fueron en modo alguno campos de trabajo forzado. Mariela no es la única en este empeño, otros comisarios culturales están tratando también de reproducir y exportar esta versión. Si estos discursos logran asentarse, puede que en un futuro no muy lejano, veamos a las UMAP representadas en los manuales escolares y en la esfera pública como simples campamentos de verano.

En Cuba percibo muchos de los elementos que Isaac Rosa señalaba en su novela ‘El vano ayer’ (2004). Rosa llamaba la atención sobre la existencia en España de formas narrativas que tienden a domesticar y anestesiar el pasado, a la vez que ofrecen una imagen plácida de la dictadura franquista. En uno de los pasajes se lee:

Consciente o inconscientemente, muchos novelistas, periodistas y ensayistas (y cineastas, no los olvidemos) han transmitido una imagen deformada del franquismo […] Se construye así una digerible impresión del régimen bananero frente a la realidad de una dictadura que aplicó, con detalle y hasta el último día, técnicas refinadas de tortura, censura, represión mental, manipulación cultural y creación de esquemas psicológicos de los que todavía hoy no nos hemos desprendido por completo.

En la isla, este tipo de representaciones se remontan a los años noventa. No olvidemos ejercicios conciliatorios como la película ‘Fresa y Chocolate’ (1993). “Fidel, con este filme, asumido, y sin nada que decir, cerramos internacionalmente ese horrible momento que algunos llaman Capítulo y que prefiero llamar ‘inciso’, que fue la UMAP”, le escribió al comandante el entonces director del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, Alfredo Guevara.

Por último, con la aprobación del matrimonio igualitario, Cuba daría un paso importante para convertirse en un Estado ‘gay friendly’, lo que puede generar grandes negocios en áreas como el turismo y las operaciones de cambio de sexo. Hasta ahora, el principal mercado de estas cirugías está en Tailandia, pero el escenario podría cambiar porque los médicos cubanos ya realizan esos procedimientos, luego de haber recibido por varios años el ‘know-how’ de especialistas europeos, como parte del programa del CENESEX.

En días recientes, el Grupo Gaviota, una corporación propiedad de los militares cubanos –sí, de los militares– firmó un acuerdo con la cadena europea Muthu Hotels & Resorts para administrar un hotel en Cuba dirigido a la comunidad LGTBI. La compañía hizo el anuncio con bombo y platillo en su cuenta en Twitter.

En el olvido quedarán las redadas policiales y los espacios ‘underground’, los campos de trabajo forzado y la homofobia estatal. Las celebridades del mundo gay podrán casarse en Cuba sin temor a ser arrestados. Ahora más que nunca necesitamos de una política de la memoria que no esté destinada al espacio clínico de la sanación, sino de la justicia y la compensación a las víctimas de esa política nefasta. Es el único modo de lograr que el pasado no sea ese “vano ayer” del que hablaba Isaac Rosa.

[1] Carmelo Mesa-Lago, ‘Cuba en la era de Raúl Castro. Reformas económico-sociales y sus efectos’, Madrid, Editorial Colibrí, 2012.
[2] Lisa Duggan, “The New Homonormativity: The Sexual Politics of Neoliberalism,” en ‘Materializing Democarcy: Toward a Revitalized Cultural Politics’, Russ Castronovo y Dana D. Nelson (eds.), Duke University Press, Durham y Londres, 2002, p. 175-194.

Abel Sierra Madero (Matanzas, Cuba, 1976) es ensayista, investigador, catedrático y crítico. New York University.

martes, 12 de septiembre de 2017

#hemeroteca #testimonios | La discreta raza de los valientes

Imagen: Letras Libres / Librería Lagun en la plaza de la Constitución de Donostia
La discreta raza de los valientes.
María Teresa Castells, que falleció el 10 de septiembre, fue un símbolo de la resistencia contra el franquismo y el terrorismo etarra con su librería Lagun, en San Sebastián.
Rubén Sáez Carrasco | Letras Libres, 2017-09-12
http://www.letraslibres.com/espana-mexico/cultura/la-discreta-raza-los-valientes

Mis primeros recuerdos están asociados a una librería, a aquel primer refugio de infancia que compartía con mi hermana Eva, cuando mis padres, cansados de nuestras exigencias y rabietas, nos dejaban en Lagun al cuidado de Ignacio, Rosa y María Teresa, escondidos en el hermoso espacio de libros infantiles de la Plaza de la Constitución donostiarra, libres para jugar y enredar, descubriendo los infinitos mundos coloreados de palabras, con aquellos desplegables fantásticos que pugnábamos por monopolizar. Lo recuerdo ahora que me llega la noticia de la muerte de una de sus fundadoras, María Teresa Castells, apenas un año después de que lo hiciera su marido, José Ramón Recalde, quien fuera Consejero de Educación, y más tarde de Justicia, en los gobiernos del Lehendakari Ardanza y víctima de un atentado de ETA del que sobrevivió, maltrecho, y que no impidió que siguiera con su pausada labor intelectual, denunciando la sinrazón del terrorismo y los excesos esencialistas de quienes entienden la patria como una propiedad uniforme, totalizadora y sin tacha.

Recuerdo que, al entrar a Lagun, era Ignacio Latierro quien nos saludaba desde la inmensa altura de su silla giratoria, mirando por detrás de sus gafas, escondido en el velo de humo que salía de su eterno cigarro-puro. Fue mi primer encuentro con el mito, pues me parecía que aquel gigante que nos miraba desde su tarima, atrincherado tras montañas de volúmenes, parecía esconder secretos arcanos, la elusiva clave de una vida de aventuras y misterios. Y allí, correteando por el campo de juegos de las estanterías, ordenando libros en la mesa corrida del centro del espacio, acercándose a algún cliente despistado, saludando a todos y siempre sonriendo, estaba María Teresa, aquel duende bajito que nos acompañaba hacia la cueva de los secretos y nos dejaba allí libres, abrumados por los juegos y hazañas que nos aguardaban y que siempre se acababan antes de tiempo, cuando mis padres regresaban a recogernos y siempre protestábamos: “¡Un poco más, mamá! ¡Vamos, papá, déjanos terminar!”.

Las recuerdo a ella y a Rosa observándonos desde la puerta lateral mientras abríamos todos los libros, acudiendo a intervalos regulares, siempre pacientes, para comprobar que todo iba bien, que seguíamos allí, en el mejor lugar del mundo, sin preocuparse jamás del desorden que, inevitablemente, invadía la pequeña habitación tras el paso de los indios. Fue más tarde cuando, un poco paralizado por mi temprana timidez, comencé a adentrarme cauteloso en aquel extraño mundo de mis mayores, volviendo la mirada hacia mi padre e Ignacio mientras cogía y tocaba las tapas de libros incomprensibles que, más tarde, fueron dejándome entrar poco a poco en sus mil mundos inventados. No sabía aún que aquel lugar había albergado reuniones clandestinas durante los últimos años del franquismo, ni el papel corajudo de aquella librería en la resistencia, intelectual y personal, contra el terrorismo de ETA y las presiones de sus simpatizantes, que intentaban monopolizar el espacio de la parte vieja donostiarra y arremetían contra los pocos que se negaban a plegarse a sus amenazas. Si no lo consiguieron, fue por personas como María Teresa e Ignacio, quienes soportaron a menudo amenazas y agresiones a su librería y tuvieron que vivir una década acompañados, como otros muchos, por la sombra protectora de los escoltas.

No olvido los días en que la tinta rojiblanca manchaba los libros detrás de la vitrina hecha añicos por la furia de los pusilánimes, los viles cachorros que, refugiados tras la careta o el pañuelo palestino, se enseñoreaban en su vileza sin entender que aquel refugio también les protegía a ellos: ignorantes todos, cobardes todos. Y veo aún en mi cabeza cómo la gente compraba aquellos libros manchados e inservibles para decir en silencio: “Estamos aquí. No estáis solos”. Porque allí siguieron contra todos María Teresa, Ignacio y Rosa, dedicándose al más hermoso de los oficios, acogiendo a viajeros literarios, organizando presentaciones, hablando de autores, de cine y de libros, siempre de libros. Fue en Lagun donde descubrí que existía una raza discreta y constante, una familia secreta, casi silenciosa, que era en realidad alegre, fuerte y valiente, una estirpe que jamás se dejaría avasallar y que alzaría la voz ante la injuria, el abuso y el terror cotidianos de esa tierra tan rica, también hermosa, donde los más contemplaban impasibles, con guiños de complicidad (¡Algo habrán hecho!), la más absurda e indecente de las causas: la estúpida revolución de los ricos.

Fue allí, con ellos, como me vacuné contra el peor de los males y descubrí que aquel hombre miope, barbudo y gordito que miraba los libros tras sus gafas de colores era en realidad un príncipe que se batía en duelo y luchaba con su pluma contra los piratas. Porque allí vi y escuché por primera vez a Savater, sí, pero también a Pradera y a otros muchos (Juaristi, Recalde, López de la Calle y tantos otros), a aquellos peregrinos que, año tras año, siempre que la vida les llevaba a Donosti, pasaban por Lagun a conversar, fumar, abrazarse y regocijarse. Y allí, muy pronto, decidí que era aquella la raza a la que quería pertenecer toda mi vida. Y por eso, hoy, mañana, siempre, acudiré a Lagun en mi eterno peregrinar. Porque a Lagun, a mis padres, a Ignacio y a Rosa y a María Teresa les debo todo. Porque a ellos les debo todos mis libros.