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sábado, 7 de septiembre de 2019

#hemeroteca #drag #lenguaje | ‘Lo demás es drag’

Imagen: The New York Times / Rupaul, drag

‘Lo demás es drag’.

Cuentan que es el acrónimo de “dress as a girl” (vestirse como chica), que prosperó cuando a las mujeres les prohibían participar en las obras de teatro inglesas. Pero ¿cómo decirlo en español?
Paulina Chavira | The New York Times, 2019-09-07
https://www.nytimes.com/es/2019/09/07/espanol/cultura/drag.html

Esta semana me preguntaron en Twitter si hay una adaptación al español de la palabra “drag”, que usamos para referirnos a aquella persona que crea un personaje y lo interpreta. En inglés —según lo define el Diccionario Merriam Webster— es tanto un sustantivo (el espectáculo en el que una persona usa ropa, maquillaje y peinados que se consideran típicos del género opuesto) como un adjetivo, que sirve para describir la acción de las personas que llevan a cabo esa interpretación. Esta acepción comenzó a usarse en la época de la reina Isabel I de Inglaterra, cuando las mujeres tenían prohibido participar en las obras de teatro y se dice que, por ejemplo, William Shakespeare usaba el acrónimo “drag” (dress as a girl, vestirse como chica) para los actores que debían interpretar los papeles femeninos.

En The New York Times en Español no encontramos una adaptación en nuestra lengua que exprese sin discriminar esta puesta en escena ni a quienes la interpretan; por ello optamos por usar drag así, sin ningún tipo de resalte, porque es la forma que usan quienes hacen drag incluso si no hablan inglés, ya que el significado de esta palabra se ha popularizado.

Si bien “travesti”, como dice la académica Gabriela Cano, “significa disfrutar [de] vestirse con atuendos femeninos, en el caso de los hombres o, con ropa masculina, cuando se trata de mujeres”; las personas que hacen drag consultadas para este artículo consideran que el uso de esta palabra en la mayoría de los casos es despectivo o que no describe con precisión la actividad que realizan pues hacer drag requiere de elementos más histriónicos, satíricos o dramáticos que el espectáculo requiere.

No se recomienda usar “vestida” ni “reinona”, aunque entre algunas personas en México ha comenzado a usarse “draga” (que, por cierto, es el origen escandinavo de la palabra en inglés “drag”). Como dice RuPaul, la reina drag: “Todos nacemos desnudos y el resto es drag”.

[Gracias especiales a Eduardo Escalante —quien interpreta a Bukhara Kan— por compartir su conocimiento y a Enrique Torre Molina por su consejo].

miércoles, 10 de octubre de 2018

#hemeroteca #lenguaje #feminismo | La vida empuja a la lengua: de señora a señoro

Imagen: El País
La vida empuja a la lengua: de señora a señoro.
'Señoro' tiene un sentido despectivo, señala a los varones que tratan de forma condescendiente a las mujeres.
Lola Pons Rodríguez | Verne, El País, 2018-10-10
https://verne.elpais.com/verne/2018/10/05/articulo/1538748293_739942.html

El escritor José Agustín Goytisolo le daba en un poema este aviso a su hija Julia: "Tú no puedes volver atrás, porque la vida ya te empuja". A su manera, las palabras también son empujadas por la vida, obligadas a adaptarse a las realidades y necesidades de un tiempo y un lugar. Hay cambios obvios: no existe una palabra para escáner hasta que éste no se inventa, y dejan de emplearse las voces télex o béstola porque tales herramientas han sido desplazadas por el correo electrónico y por el arado mecánico, respectivamente. Pero hay otros cambios más sutiles; está la palabra que se ha ido haciendo al devenir de los tiempos, a las reclamaciones y modas que han ido apeteciendo a los hablantes.

La palabra "señor" reúne mucho de lo que le exigimos a una lengua cuando queremos adaptarla a nuestras necesidades. Desde sus primeros usos en castellano hasta el actual "señoro" que empieza a difundirse desde redes sociales, "señor" es una muestra de todo lo que somos capaces de hacer los hablantes con el idioma.

Como la mayoría de las voces de nuestra lengua, "señor" es herencia del latín. Viene de senex, que significaba "viejo"; de senex derivaba el comparativo senior-es, o sea, "más viejo(s)".

La estructura de poder vigente en la Antigüedad reforzaba la idea de que los jefes de familia, los mayores de cada casa, eran las cabezas visibles del grupo. Por eso el mayor, el más viejo, pasó a ser también el más respetable; señor va a ser no solo o no forzosamente el más viejo sino el importante, el tratado con deferencia. En ese punto se encontraba la palabra cuando la heredamos en castellano y aquí empezó la cadena de empujones a la que la hemos sometido.

La evolución a 'señoro'

Primer cambio: creamos un femenino. Por llamativo que parezca, en los textos castellanos más antiguos 'señor' valía para hombre y para mujer. En el siglo XIV leemos que un enamorado quiere cumplir "el mandado de aquesta mi señor" (‘Libro de Buen Amor’), sin a y aludiendo, obviamente, a su amada.

No había ningún sexismo lingüístico en este hecho, sino el esquema que traía la palabra desde su origen; como era un comparativo, no conocía la terminación femenina; de hecho hoy seguimos sin tenerla en la mayoría de los comparativos latinos, no decimos mayora o peora (sí "superiora" porque, como señora, se ha convertido en sustantivo). El nuevo femenino, ya general al final de la Edad Media, se hizo añadiendo una marca, la a, a una palabra que acaba en consonante (como en andaluz, andaluza).

Segundo cambio: señor prestigia, pero también insulta. El uso respetuoso era el común; se podía aludir al "señor duque" o hablar de "mi señor". Pero desde el siglo XVII, el empleo de "señor" acompañado de formas insultantes se hizo frecuente: señor gandul, señora ladrona. Las formas "seor" y "so", con sonidos perdidos por el desgaste, vienen de señor y de ahí que digamos "so gandul" o "so lenta" (de hecho, posiblemente zopenco sea un "so penco", por poco trabajador). La contradicción de nuestro Julio Iglesias, que es un truhan y es un señor, resume bien la doble posibilidad del significado de señor... y lo sabes.

Igual que señor tiene su correlato insultante en so, señora lo tiene en... señora, que puede ser palabra sentida como una forma de cargar de años y de olvido a la mujer: el impecable debate en tres partes entre Elvira Lindo y Álex de la Iglesia cuando este aludía despectivamente a las señoras mayores nos da una muestra de ello.

Tercer cambio: le creamos una familia a "señor". Los sufijos del español nos han dado a señoritas y a señoritos, pero también a señoronas, señoritingos y otras especies. Y aquí también se ha pasado del respeto a los empleos más dudosos: el señorito era el hijo del señor y hoy es el inútil que no trabaja y vive de otros; la señorita era la señora no casada, pero hoy la palabra se ha restringido para la seño del cole, y se prefiere no usar señorita porque implica hacer una distinción de estado civil que no se practica en el masculino. Por su parte, señorones y señoronas hay en la lengua desde el siglo XVII y se convirtieron en palabra común del español cuando aparecieron como personajes en las novelas del XIX.

Cuarto cambio: el nuevo masculino "señoro". La anonimia de Internet hace complejo discernir quién empezó este uso, que hoy se localiza en redes sociales y en canales de mucha agilidad comunicativa. "Señoro" tiene un sentido despectivo, señala a los varones que tratan de forma condescendiente a las mujeres o dudan de la legitimidad del movimiento feminista.

Gramaticalmente, a los señoros les han puesto una marca explícita de género masculino, la o. Como señor es una palabra que ya es masculina, se trata de una especie de doble masculino que subraya peyorativamente el machismo de algunas actitudes.

De momento, el uso parece similar a otros juegos humorísticos con el género que se han hecho alguna vez y que no han pasado de ser empleos esporádicos fundados en las posibilidades del idioma. Por ejemplo, la terminación femenina –isa es rara, pero se da en varias palabras del español, como papisa y poetisa. Pues bien, en algunas ocasiones se ha usado en masculino poetiso, como "señoro", con sentido ofensivo. Pablo Neruda hablaba en sus memorias de un poetiso uruguayo que lo perseguía y criticaba, y llamó a Octavio Paz pululante poetiso en su ‘Canto general’. Tal vez a señoro le ocurra como a poetiso y se quede en ocurrencia inspirada que alguien tuvo, o quizá se extienda como le pasó a otras creaciones.

Tendemos a pensar que la lengua es como el tiempo, que cambia por ciclos que no dominamos y que actúa por caprichos fuera de nuestro control. Y se trata de lo contrario: la lengua no existe sino dentro de nosotros, y es lo que es porque queremos, acordamos y aceptamos que sea así. También está en las palabras para Julia: su destino está en los demás, su futuro es su propia vida. El límite para la lengua no está en el diccionario sino en nosotros.

lunes, 2 de abril de 2018

#hemeroteca #lenguaje #sororidad | Palabras de ida y vuelta: 'sororidad'

Imagen: El Diario / Manifestación 8M en Uruguay
Palabras de ida y vuelta: 'sororidad'.
‘Sororidad’ es una de esas propuestas léxicas nacidas al amor del activismo y a la que en los últimos tiempos hemos visto asomar la patita en tertulias, pancartas, titulares y redes sociales. Lo que los puristas le afean a ‘sororidad’ es fundamentalmente su pedigrí lingüístico, claramente anglófilo.
Elena Álvarez Mellado | El Diario, 2018-04-02
https://www.eldiario.es/zonacritica/Palabras-ida-vuelta-sororidad_6_756684354.html

El activismo feminista no deja de darnos alegrías lingüísticas. Aunque no es ni de lejos el meollo de esta lucha, la efervescencia feminista de los últimos tiempos está resultando apasionante desde las gafas de la lengua: préstamos nuevos (‘manspreading’, ‘mansplaining’), metáforas poderosas (‘brecha salarial’, ‘techo de cristal’), pronombres subversivos (‘elle’), neologismos arriesgados (‘portavozas’), experimentación morfológica (‘todas, todos, todes’). La jerga feminista es un safari lingüístico bullente de actividad en el que es imposible decidir dónde mirar porque todo es fascinante. No todas las propuestas que están surgiendo sobrevivirán a largo plazo: es posible que algunas arraiguen en la lengua; otras, sin embargo, se las llevará el viento y quedarán tan solo como un ‘souvenir’ lingüístico de los tiempos que nos tocó vivir, sin que esto signifique que sean menos valiosas o resulten menos interesantes lingüísticamente.

‘Sororidad’ es una de esas propuestas léxicas nacidas al amor del activismo y a la que en los últimos tiempos hemos visto asomar la patita en tertulias, pancartas, titulares y redes sociales y que hace referencia a la relación de solidaridad y apoyo entre mujeres.
  • Cara de cona / 9 mar. 2018 / Sabéis que ha sido lo mejor de las manifestaciones? Las miradas de orgullo entre compañeras, las sonrisas, el apoyo al agarrarnos de la mano para avanzar por la calle. Eso. La sororidad. Ha sido lo más bonito de todo.
  • M. / 11 mar. 2018 / [Vídeo 8-M: histórica Huelga Feminista] SORORIDAD. Pelos de punta.
  • Cristia A / 8 mar. 2018 / Madre mía, tías, hemos conseguido convertir la calle en el baño de tías de un garito. Sororidad a tope.
  • Laura / 9 mar. 2018 / [Imagen “Lo que no tuve para mí, que sea para VOSOTRAS”] Si esto no es sororidad, ¿la sororidad qué es?
Como siempre, los cenizos de la lengua no han tardado en saltar para tachar el término de innecesario y de atentado contra la lengua:
  • Carlos Campillo / 11 mar. 2018 / Los neopalabros como Sororidad o empoderamiento me ponen de los nervios. En su lugar términos como Hermandad, solidaridad o potenciación existen y se pueden utilizar.
  • sr. apatosaurio / 11 mar. 2018 / A quienes les ha dado por usar la palabra "sororidad": ¿sí están al tanto de que existen "fraternidad" y "hermandad", cierto?
  • Afrusfrus / 15 abr. 2017 / No sois capaces de usar bien la lengua ("Sororidad" no existe) y aún habláis de intentar estar unidas.
  • Daniel Ari / 5 mar. 2018 / Sororidad. ¿Qué es esta cursilería? ¿Anglicismo para 'sorority'? ¿Y esto en boca de feminazis anti capitalistas? Me troncho. En nuestra cultura no hay de eso, pero se traduce como "hermandad" y es una pijada elitista de la IVY League estadounidense, ¡besugas!
  • Luis Malosnov / 25 abr. 2016 / La verdad "Sororidad" es un anglicismo horroroso.
Lo que los puristas le afean a ‘sororidad’ es fundamentalmente su pedigrí lingüístico, claramente anglófilo: ‘sororidad’ es la adaptación española del término inglés ‘sorority’, que en origen denominaba a las asociaciones de estudiantes femeninas de las universidades norteamericanas, y de ahí lo adaptamos al castellano para aplicarlo a la relación de hermanamiento feminista entre mujeres.

Vaya por delante que no hay nada que afear en el origen de los préstamos: las palabras saltan de una lengua a otra constantemente y todos los préstamos son lingüísticamente válidos, provengan de donde provengan. Al fin y al cabo, en una época de dominación cultural anglosajona como la nuestra es esperable que el inglés sea nuestro prestamista léxico fundamental, como en otro tiempo lo fueron el francés o el árabe. Pero lo interesante de ‘sororidad’ es que ni siquiera es verdaderamente un anglicismo de pura cepa como claman los tiquismiquis del purismo, sino que se trata en realidad de un latinajo muy viajado.

La palabra ‘sorority’ es la anglificación del término latino ‘sororitas’, con el que se denominaba en la europa medieval a las hermandades de mujeres (en contraposición a la fraternidad, que sería la hermandad entre varones). La injustamente denostada ‘sororidad’ es en realidad la hija viajera de la muy latina ‘soror’ (“hermana”), y por lo tanto prima no tan lejana de viejas conocidas como ‘sor’ (hermana de una congregación religiosa, como en ‘sor Ángela de la Cruz’) o ‘sœur’(“hermana” en francés). ‘Sororidad’ es un bumerán léxico que saltó del latín al inglés para emprender siglos después el viaje de regreso a las lenguas neolatinas. A pesar de su origen castizo, el tiempo y la distancia han hecho tal mella en ‘sororidad’ que son muchos los hablantes que la toman por forastera y la reciben con desconfianza y suspicacia.

El caso de ‘sororidad’ no es ni de lejos el único: son legión las palabras de ida y vuelta que saltaron de un idioma a otro para, siglos después, retornar a las lenguas que las vieron nacer (o a lo que queda de ellas). El símbolo & que hoy vemos a todas horas en nombres de marcas y comercios (y que solemos leer como ‘and’) puede parecernos una modernez americanizante, pero lo cierto es que el ampersand (que es como se llama esta criatura ortotipográfica) es en realidad una representación abreviada de la conjunción latina ‘et’ (“y”) propuesta por el muy sufrido secretario de Cicerón, Marco Tulio Tirón, que se generalizó en la Edad Media. El ubicuo & es todo un homenaje involuntario a la más exquisita tradición textual latina y medieval.

Lejos de la lógica agorera que entiende el vocabulario como un compartimento estanco inmutable y los préstamos como una agresión externa que hay que combatir, las palabras de ida y vuelta son la prueba viviente de que el préstamo léxico es un carril de doble sentido que no entiende de fronteras y en el que la solidaridad interlingüística funciona en ambas direcciones: tras siglos de préstamos recíprocos y saltos interlingüísticos es difícil discernir cuáles de estas palabras son tuyas y cuáles mías porque, sencillamente, son nuestras.

domingo, 4 de marzo de 2018

#hemeroteca #mujeres #visibilidad | Queridas lingüistas

Imagen: El País / María Moliner
Queridas lingüistas.
La realidad está cambiando y ahora es difícil dar una clase de Lingüística sin mencionar a alguna investigadora actual.
Lola Pons Rodríguez | El País, 2018-03-04
https://elpais.com/elpais/2018/02/27/opinion/1519757202_315530.html

Como un río que nace y se agota, una noticia podría cartografiarse desde su génesis hasta su extinción u olvido. Si la actualidad se mirase como un atlas, los mapas mostrarían dos clases de ríos. Está, por un lado, el de las noticias que brotan repentinas, inesperadas: fallecimientos, el accidente desgraciado, lo que alguien dice o hace; y está, por otro lado, el río de las noticias esperadas, las que podemos anticipar: el aniversario de una muerte, la celebración de una efeméride, el Día-de-Algo que se celebra en una fecha específica año tras año. A veces los ríos se entrecruzan, sin que sepamos cuál es el principal y cuál es el afluente; se encuentran, en eso que la hidrología llama bellamente la “confluencia”.

Eso ocurrió este año con el 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, y eso va a ocurrir con el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Ambas celebraciones se encuentran este año con el ambiente mediático emanado de la etiqueta #MeToo y de su consecuencia de mayor alcance, los manifiestos en torno al admirable Time’s Up. Los actos del 11 de febrero nos familiarizaron con encomiables figuras de biólogas, químicas o ingenieras españolas. Sus trayectorias repiten esquemas similares: fatigoso acceso a ámbitos típicamente masculinos, reservas hacia su capacidad y el frenético funambulismo de equilibrar la carrera investigadora y vida familiar en el país con los peores horarios para la conciliación. No son distintos los inconvenientes con que se han enfrentado otras mujeres científicas a las que, tristemente, un año más se dejó prácticamente fuera de ese río de reivindicaciones: arqueólogas, lingüistas, traductólogas, historiadoras... mujeres “de letras” que también hacemos ciencia y que vemos con algo de escepticismo un día en el que ni nosotras ni nuestras antecesoras somos evocadas. Y eso que, en muchos casos, trabajamos en disciplinas a las que las mujeres accedieron antes y con mayor facilidad que en las áreas tenidas como prototípicamente científicas y técnicas.

Apremiar a reconstruir la historia de la mujer en el ámbito de las Humanidades es en sí mismo un objetivo científico, de descripción historiográfica. La investigación sobre la mujer en la historia de la lingüística, por ejemplo, fue tema de un coloquio que se celebró en la Royal Society de Londres en 2016, y a los resultados del coloquio se han sumado otros textos. La Linguistics Society of America ha hecho su propio informe sobre la historia de las mujeres en la institución desde su fundación en 1924. Salen de él datos llamativos y algunos, pese a su aparente nimiedad, muy reveladores: en las revistas científicas norteamericanas de mitad de siglo se citaba en la bibliografía a las investigadoras con su tratamiento (Miss, Mrs), sin que se consignase nada parecido con los varones.

Pero no solo estamos hablando de hacer una historia de la ciencia más inclusiva y amplia, sino de volver a los trabajos y hallazgos de las mujeres que fueron pioneras en un ámbito científico, porque tal vez sus trabajos merecieron más citas y mayor presencia en las aulas universitarias y en la bibliografía. Pensaba estos días en las queridas filólogas españolas de otro tiempo. Hemos recuperado, sí, la memoria de la lexicógrafa y bibliotecaria María Moliner, autora de un diccionario original y sólido. Pero otros nombres muy destacados siguen siendo conocidos solo para los muy iniciados, como el de María Goyri (1873-1954), autora de páginas brillantes de investigación sobre el romancero hispánico. Fue la primera mujer que estudió en la Facultad de Filosofía y Letras, donde una rutina escalofriante la obligaba a acudir al aula acompañada de un conserje que la escoltaba también en los descansos entre clases. Conocemos por alguna crónica de la época su capacidad crítica; reclamó en una tertulia con Emilia Pardo Bazán la necesidad de brindar a la mujer de su tiempo una educación integrada y no limitada. Una figura intelectual de esa altura hoy es conocida meramente por haber sido la mujer de un colosal maestro como Ramón Menéndez Pidal. Y con el nombre de Goyri, vienen al recuerdo el de otras filólogas empequeñecidas por la historia, como la dialectóloga y autora literaria Josefa Canellada, Jimena Menéndez Pidal, Carmina Pleyan i Cerdà o las muchas mujeres que participaron en campañas y colonias de la Institución Libre de Enseñanza. Sus artículos y libros apenas serán citados en los grados y másteres universitarios dedicados a la lengua y la literatura. Poco nos hablaron de ellas en nuestro periodo formativo. El río del 11 de febrero no las reflejó tampoco. Se han reproducido los mismos silencios.

La realidad está cambiando y ahora es difícil dar una clase de Lingüística sin mencionar un proyecto, un corpus, un artículo, una hipótesis debidos a alguna investigadora actual. Me parece tan común citar a ellas como a ellos en mis clases, y nunca he interiorizado (sería horrible) la necesidad de hacer un discurso paritario en los referentes que menciono a los estudiantes. Estos estudiantes son, por cierto, mayoritariamente mujeres, como ha sido habitual en las carreras de Letras desde hace años.

La confluencia de ríos hace más caudalosas las aguas, más profundas y también más revueltas. Del fango se han rescatado tremendos casos de acoso. Pero también se puede hacer emerger mucho de lo valioso que permanece sumergido, como los nombres de estas mujeres científicas. Rescato sus nombres y dedico sus obras a mis alumnas actuales y a las de otros cursos: algunas se habrán convertido en profesoras y habrán tenido que lidiar con el inquietante machismo que se detecta en las aulas de Secundaria. Recuerdo a estas mujeres para que las tengan presentes también mis doctorandas, cuya apuesta por la maternidad implicará conciliar el sentimiento de culpa con la visión de los trenes que se marchan.

Traigo estos nombres para mis compañeras y para mí misma, porque habremos de tener presentes las historias de estas mujeres silenciadas que no tuvieron la invitación para dar una plenaria en un congreso o la oportunidad de hacer una estancia de investigación que nosotras sí disfrutamos. Y las evoco, en fin, para que no se las vuelva a olvidar en los 11 de febrero y los 8 de marzo que vengan.

Bienvenidos sean estos ríos y todos sus afluentes.

Lola Pons Rodríguez es profesora de Historia de la Lengua en la Universidad de Sevilla.

viernes, 17 de noviembre de 2017

#hemeroteca #lenguaje | Todo lo que nos dejó Bélgica (en la lengua)

Imagen: Pictoline / 'La historia de las letras'
Todo lo que nos dejó Bélgica (en la lengua).
Incluidas palabras como petardos, reclutas y víveres.
Lola Pons Rodríguez | Verne, El País, 2017-11-17
https://verne.elpais.com/verne/2017/11/17/articulo/1510916989_473289.html

Aunque Carles Puigdemont esté en Bruselas para deliberadamente alejarse de España y de la cuestión judicial, debe saber que se encuentra en una zona sumamente vinculada a la monarquía hispánica por su homónimo el emperador Carlos I. Y esa vinculación ha resultado en interesantes huellas que vemos en la lengua española actual.

Bruselas, capital de Bélgica desde 1830, y sede hoy de la administración de la Unión Europea, era una de las ciudades que integraban lo que los españoles en los siglos XVI y XVII llamaban genéricamente “Flandes”. Hoy cuando hablamos de Flandes nos referimos a una de las cuatro regiones de Bélgica, integrada por varias provincias (Amberes, Brabante flamenco, Flandes oriental, Flandes occidental y Limburgo) y cuyo idioma oficial es el neerlandés. Es decir, Flandes es una parte de Bélgica como lo son Valonia o los Cantones del Este. Pero para la monarquía hispánica en el XVI, Flandes era una amplísima zona, más de ochenta mil kilómetros cuadrados que estaban bajo su dominio y que se llaman también en los libros de historia “Países Bajos españoles”. Estos incluían a las llamadas “Diecisiete Provincias”, que agrupaban a las actuales Bélgica, Holanda, Luxemburgo, además de a una parte del norte de Francia.

Esta área se empezó a relacionar con España cuando el guapo de Felipe el Hermoso, heredero, entre otros territorios, de Flandes y Borgoña, se casó con Juana I de Castilla, conocida por la Loca. El hijo de ambos, Carlos I, agrupó en sí la doble herencia territorial paterna y materna. Además, el emperador era flamenco, en tanto que había nacido en Gante y fue criado en Flandes. El mandato de Flandes desde España, en manos de sucesivos gobernantes que administraban el país a las órdenes de Carlos I de España, primero, o de su hijo Felipe II después, cambió en 1567 cuando, tras diversas rebeliones, comenzó la Guerra de los Ochenta Años (1568-1648) que enfrentó a españoles y a flamencos de las diecisiete provincias. Curiosamente, la parte más fiel a la corona española fue Bélgica, frente a Holanda, Frisia o Utrecht.

En ese contexto, la llegada de vocabulario desde Flandes al español fue constante. Por Flandes entraron palabras que se han quedado en nuestro idioma, testimonio de que cualquier contacto entre lenguas suele dejar efectos en el léxico. Muchas de esas palabras eran francesas, dado que éste era el idioma usado por las clases dominantes en todos los Países Bajos y era la lengua del área sur de Flandes y de Borgoña. Palabras como furriel (en el famoso cabo furriel que conocen los que hicieron la mili) o ujier (‘portero’) vinieron muy tempranamente de esa zona. Y aún más llegaron al español a fines del XVI: calibre, carabina, convoy, flanco, petardo, recluta, víveres... Entró vocabulario militar, y en él, también la palabra “circunvalación” que nos suena hoy muy moderna pero que se usaba en el léxico bélico para aludir a una línea de trinchera.

Servir en el ejército de Flandes no era un encargo fácil. De hecho, fue comandado por los jefes militares más célebres de las tropas españolas, desde Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, a Alejandro Farnesio. Estaban en campaña militar casi permanentemente, era muy numeroso (se calcula que en algunas etapas pudo alcanzar los ochenta mil hombres) y estaba integrado por gentes de muy diversa procedencia: de las mismas provincias de Flandes, de Borgoña, de Italia, de España... En los famosos “tercios de Flandes”, el contacto interno de idiomas era muy intenso, aunque se observó en ellos una tendencia a que se utilizase el español como lengua vehicular y de intercambio; en general, eran los flamencos los que hablaban español para poderse incorporar a altos cargos políticos y militares al servicio de la monarquía.

Las palabras llegaban a España de la mano de militares o veteranos que desde Flandes o a su vuelta a España escribían sus peripecias y hazañas militares. Libros y correspondencia popularizaban esas palabras nuevas, ante las que algunos se sorprendían y que otros necesitaban explicar cuando las usaban por primera vez. Escribe el cronista Luis Cabrera de Córdoba al principio del siglo XVII al historiar a Felipe II: “Mauricio envió al conde Felipe, su hermano, y al conde Ludovico con la caballería a degollar la escolta y bagajes que llaman convoy”, ayudando a que sus lectores comprendiesen esa palabra que se tenía por nueva.

A su manera y desde Bruselas, Puigdemont trata de poner una pica en Flandes, dicho español que tiene que ver también con esta etapa de Países Bajos hispánicos que se dio entre el XVI y el XVII. Llegar desde España a las filas del ejército de Flandes era bien complejo, pues se evitaba el recorrido por Francia y el paso por el Canal de la Mancha, acechado por piratas y por la armada británica. Había que utilizar el que se llamó “Camino español” o “Camino de los tercios”, que implicaba emprender un viaje por barco desde Valencia o Barcelona hasta el sur de Italia y desde allí recorrer las actuales Italia y Suiza para seguir el curso del Rin y pisar por fin Flandes. Poner allí el arma (la pica, una lanza de asta propia de la infantería) era toda una proeza previa a la propia batalla. “Poner una pica en Flandes” sigue significando hoy en español conseguir un logro difícil.

Más difícil es, en cambio, explicar si “flamenco” (como gentilicio de Flandes, forma de llamar a los habitantes de esta zona) tiene que ver con el “arte flamenco”. Cierto es que Los Morancos sacaron rédito a esa coincidencia entre gentilicio y género musical y pusieron en esta parodia a Puigdemont queriendo entrevistarse con los líderes flamencos... de una peña flamenca. Pero la etimología de la palabra “flamenco” con que se denomina a esta música andaluza es discutida y posiblemente no tenga relación directa con Flandes.

Como vemos, las fronteras administrativas no equivalen a fronteras entre lenguas. El contacto entre personas y, en consecuencia, entre los idiomas que hablan, da lugar a un inevitable contagio de palabras. En lingüística se llaman préstamos lingüísticos, pero en realidad son palabras que no se “devuelven”, son “regalos”: las huellas más duraderas y libres de algo tan triste e ingrato como una guerra.

miércoles, 22 de febrero de 2017

#hemeroteca #mujeres #historia | María Moliner: «Estando solita en casa cogí un lápiz, una cuartilla y empecé a esbozar un diccionario»

Imagen: ABC / María Moliner
María Moliner: «Estando solita en casa cogí un lápiz, una cuartilla y empecé a esbozar un diccionario».
La Biblioteca Nacional homenajeará el próximo 1 de marzo a la creadora del «Diccionario de uso del Español» con motivo de los 50 años de la publicación de la obra.
EFE | ABC, 2017-02-22
http://www.abc.es/cultura/abci-maria-moliner-estando-solita-casa-tarde-cogi-lapiz-cuartilla-y-empece-esbozar-diccionario-201702221114_noticia.html

La Biblioteca Nacional de España (BNE) conmemorará el próximo 1 de marzo el 50 aniversario del «Diccionario de uso del Español», de María Moliner, una obra que inició en 1952 y que fue publicada en dos volúmenes, el primero en 1966 y el segundo en 1967.

La filóloga y lexicógrafa quería crear «un instrumento para guiar en el uso del español tanto a los que lo tienen como idioma propio como a aquellos que lo aprenden» y lo consiguió publicar con el apoyo de Dámaso Alonso, entonces director de la Biblioteca Románica Hispánica de la Editorial Gredos, según recuerda la BNE.

María Moliner (1900-1981) describió en una entrevista cómo había sido el comienzo de esta obra: «Estando yo solita en casa una tarde cogí un lápiz, una cuartilla y empecé a esbozar un diccionario que yo proyectaba breve, unos seis meses de trabajo, y la cosa se ha convertido en quince años».

Con motivo de este aniversario, la obra de María Moliner ha sido reeditada por cuarta vez por la Editorial Gredos en una edición ampliada y renovada. Esta nueva edición recoge las novedades léxicas de los últimos años y añade más de 5.500 entradas, que completan un total de 92.700, con lo que se convierte en uno de los mayores repertorios de la lexicografía monolingüe del español, además de incorporar nuevas voces del español de América latina.

Homenaje
En el acto del próximo 1 de marzo se proyectará un fragmento de la ópera sobre María Moliner y del documental «María Moliner. Tendiendo palabras» que se estrenará en el festival «Ellas Crean». La directora de la Biblioteca Nacional de España, Ana Santos; la académica de la RAE, escritora, Premio Nacional de las Letras 2015 y autora del prólogo de la cuarta edición del diccionario, Carme Riera; la directora editorial de RBA, Luisa Gutiérrez; la realizadora del documental sobre Moliner, Vicky Calavia; y el director de escena Paco Azorín participarán, entre otros, en este acto.

«María Moliner hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana, dos veces más largo que el de la Real Academia de la Lengua, y -a mi juicio- más de dos veces mejor», declaró Gabriel García Márquez sobre el «Diccionario de uso del Español».

Y TAMBIÉN…
María Moliner, la primera bibliotecaria.

Ahora que el teatro de la Zarzuela estrena una ópera sobre la creadora del «Diccionario de uso del español», su vida cobra más vigencia que nunca.
I. Martín Rodrigo | ABC, 2016-04-12
http://www.abc.es/cultura/libros/abci-maria-moliner-primera-bibliotecaria-201604121300_noticia.html

lunes, 25 de abril de 2016

#hemeroteca #feminismo #lenguaje | Golondrinas feministas invaden la RAE

Imagen: #golondrinasalaRAE
Golondrinas feministas invaden la RAE.
La VII incursión #golondrinasalaRAE propone denunciar este 25 de abril en redes sociales los aspectos machistas de la RAE y de su material vinculado, además de sugerir cambios directamente a la institución. "Lo que no se nombra no existe. Nos ponen nombre cuando nacemos, y según nuestro sexo, y cuando crecemos dejamos de nombrar a más de la mitad de la población mundial", explica uno de los impulsores.
Belén Remacha | El Diario, 2016-04-25
http://www.eldiario.es/cultura/feminismo/Golondrinas-RAE-Escrache-machismo-diccionario_0_509199184.html

Las golondrinas llegan en primavera y se van en otoño. "Golondrina", es, además, una de las pocas palabras cuya distinción entre femenino y masculino no es peyorativa hacia el primer caso. Por esos dos motivos, la campaña llevada a cabo por Carlos de la Fé y María Martín que divulga el machismo en la RAE se llama #golondrinasalaRAE y vuelve este 25 de abril.

Hay un tercer motivo con más chanza: “Durante décadas (y hasta la edición 23ª, la última) el DRAE, por cabezonería de sus miembros, ha mantenido un error en la definición del lema ‘alidona’ que ha sido el cachondeo de especialistas en ornitología de medio mundo (lo definía como ‘Concreción lapídea que se suponía encontrarse en el vientre de las golondrinas’ y que solo debían de suponerlo en la RAE porque tal cosa no está ahí)”, explica de la Fé, miembro como Martín de Especialista en Igualdad, organización que impulsa la iniciativa desde 2012.

Se han unido a un equipo de voluntarios y a lo largo de doce meses recopilan material, analizan el diccionario, el CORPE y las actividades de la Real Academia de la Lengua. Dos veces al año, difunden en redes bajo ese hashtag los aspectos machistas que han encontrado y se los hacen llegar a la institución. Lo llaman una “incursión”: “Porque todo empezó con unas declaraciones en prensa que leí viviendo en México en la que acusaban de "bárbara" (por salvaje, no por estupenda) la sugerencia de usar un lenguaje no sexista. Los bárbaros hacían incursiones contra el Imperio Romano ¿no? pues eso”.

Este año, tras las declaraciones de Félix de Azúa sobre Ada Colau, el tema está de especial actualidad. Sobre ellas, de la Fé dice: “han conseguido, de nuevo, retratar a quien las dice y a quien representa. Da la sensación de que para ser elegido entre los “inmortales” (como se autodenominan) hay que ser machista sí o sí, independientemente de si eres hombre o mujer. Este tipo de escupitajos lingüísticos, más que declaraciones, son habituales no solo entre miembros de la RAE sino, desgraciadamente, entre miembros de la cultura en general y de la docencia en particular”.

“Pero es lógico”, continúa. “Desde Especialista en Igualdad y quienes colaboramos con la campaña sabemos que se trata 'simplemente' de educación, y así nos han enseñado a hablar (y a vivir, y a ver el mundo y a pensarlo, porque esa es una cualidad del lenguaje), desde un punto de vista en el que el hombre es la medida de todas las cosas y lo que no sea masculino es 'anormal', o sea, fuera de la norma”.

Y es que otra de las funciones de #golondrinasalaRAE es hacer pedagogía y enseñar en qué es machista nuestro lenguaje. En ese sentido también sugieren consultas del tipo: "¿Por qué no respetan el orden alfabético en los lemas? Se dice niño-a... ¿Por qué no se admite el sentido sociológico de la palabra género? ¿Por qué la composición de la Academia sigue siendo abrumadoramente masculina? Propuestas de próximas académicas (por si no conocen a ninguna mujer y por eso no las eligen...)".

La respuesta de la RAE
¿Durante alguna de las seis incursiones la RAE les ha hecho caso? “En las primeras incursiones dio la “casualidad” de que su página estaba caída después de un rato etiquetándola en las redes”, comenta. “Si miramos ahora las palabras por las que les preguntábamos en las primeras incursiones notamos que algunas definiciones han cambiado a lo largo de estos años”.

Por ejemplo, "en la definición de la anterior edición del DRAE, el verbo 'afeminar' se definía como 'hacer que un hombre pierda la energía atribuida a su condición viril; inclinarse a que en sus modales y acciones o en el adorno se parezca a las mujeres', mientras que en la nueva edición ha cambiado ligeramente para quedar de la siguiente manera: 'Hacer que un hombre adquiera características propias de las mujeres, especialmente en el aspecto o el comportamiento'. Se nota un ligero cambio. En la anterior definición quedaba bastante claro que afeminar' era algo intrínsecamente malo. Y, sin embargo, si vemos otro verbo similar, en los ejemplos nos damos cuenta de que tener algo en común con lo femenino y que se desvíe de la norma, esto es, de lo masculino, sigue estando mal visto. Para la RAE, claro", explican.

“Si hemos tenido algo que ver nos damos por satisfechas, pero, como bien dice la propia RAE con respecto a por qué siguen incluyendo en su diccionario definiciones en desuso, lo que nos gustaría conseguir es que esas expresiones desaparecieran no por una simple cuestión lexicográfica sino porque la sociedad evoluciona para bien. Es nuestra responsabilidad como hablantes mostrar el mundo y cambiarlo mediante una herramienta que (hasta que se demuestre lo contrario) es consustancial al ser humano: el lenguaje”.

El lenguaje es un tema que provoca opiniones de todo tipo. “Tanto a favor como en contra. Están quienes siempre dicen que nos ocupemos de cosas 'más importantes'. Lo paradójico es que nos lo dicen con palabras y no se dan cuenta de que pensamos con palabras (imaginamos con imágenes que traducimos) y de que el lenguaje moldea el mundo y todas las relaciones.” “Si hablamos de feminismo y, por lo tanto, de igualdad, podemos encontrarnos con mucha gente a favor, pero incluso las personas más favorables en ese aspecto, cuando tocas el tema del lenguaje se defienden como gato panza arriba y se siente agredidas. Y es lógico, por el mismo motivo: porque el lenguaje es algo muy íntimo y fundamental en el ser humano”.

Durante el día de hoy #golondrinasalaRAE ya ha llegado a ser Trending Topic. Su timeline se ha copado de avatares especiales para la ocasión (la imagen de la campaña es un dibujo de Fernando Vicente que apareció originalmente en El País y que adaptan con un color distinto durante cada campaña) y de quejas, testimonios, sugerencias y apuntes. […]

¿Una institución obsoleta?
¿En qué debería cambiar la RAE? “Si nos permites una broma, no debería cambiar, debería evolucionar o extinguirse, o que todos sus miembros salieran con el carnet en la boca, las manos en alto y las cabezas dispuestas a darse cuenta de que no tienen ni el derecho, ni el privilegio ni el mandato de nadie para ser baluartes de la lengua”, declara de la Fé.

#golondrinasalaRAE surge como una suerte de 'escrache' a la RAE pero “sobre todo (y eso es algo que las mujeres a lo largo de la Historia saben y siguen sufriendo), porque lo que no se nombra no existe. Todo acto nominativo es un acto fundacional. Nos ponen nombre cuando nacemos, y según nuestro sexo, y cuando crecemos dejamos de nombrar a más de la mitad de la población mundial. No es compresible sino dentro de una sociedad basada en pilares patriarcales”.

lunes, 18 de abril de 2016

#hemeroteca #mujeres #historia | María Moliner, la mujer que revolucionó el diccionario

Imagen: El Diario / María Moliner
María Moliner, la mujer que revolucionó el diccionario.
Estos días se cumplen 50 años de la primera edición del Diccionario de Uso del Español, más conocido como Diccionario María Moliner. Coincidiendo con ese aniversario, en el Teatro de la Zarzuela se ha estrenado una ópera documental que cuenta la historia de la lexicógrafa aragonesa. Estará en cartel los días 19 y 21 de abril.
Belén Remacha | El Diario, 2016-04-18
http://www.eldiario.es/cultura/teatro/Maria-Moliner-mujer-revolucion-palabras_0_506750246.html

Al final de su vida, víctima del Alzheimer, María Moliner tenía momentos de lucidez en los que recordaba los años de la II República. Durante ese periodo trabajó como bibliotecaria y fue miembro de la Delegación de Valencia del Patronato de Misiones Pedagógicas. En esa institución, y obcecada con la idea de que la cultura tenía que acercarse al pueblo, llegó a desarrollar una red de bibliotecas de la que formaron parte cientos de centros.

Fue solo uno de sus logros. No el más célebre; ese honor recae en la elaboración de su ‘Diccionario del Uso del Español’, más conocido como ‘Diccionario María Moliner’, cuya publicación cumple este mes de abril 50 años. Ambos momentos de su vida están recreados en la ópera que se representa estos días en el Teatro de la Zarzuela, centrada en los 15 años que dedicó a escribir el DUE.

Al director Paco Azorín le vino la idea de hacer una obra sobre María Moliner leyendo la biografía escrita por Inmaculada de la Fuente, ‘El exilio interior’. En ella se relata cómo tanto ella como su labor como bibliotecaria fueron derrotadas por la Guerra Civil: “Aunque no le encontraron prácticamente nada que hiciera pensar que era una izquierdista peligrosa, porque no se definía, más bien actuaba, por sus cargos durante la República fue considerada roja o amiga de rojos. Así que fue depurada; no perdió su plaza pero sí 18 puestos de su escalafón. Así que durante la Dictadura queda condenada al ostracismo, ya no puede progresar, como mucho volver a lo que tenía”, explica de la Fuente.

Por eso, aunque la lexicógrafa aragonesa no se exilió como tantos otros (aunque estuvo a punto de coger un barco con su marido, Fernando Ramón Ferrando, catedrático despojado de su cátedra y más posicionado explícitamente en la izquierda), sí tuvo que hacerlo intelectual y emocionalmente. Así que en 1950, a los 50 años, encerrada en casa, se planteó retomar una idea de juventud: la lengua española necesitaba un diccionario más claro y sencillo que el de la Real Academia. Lo escribió y finalmente “ese diccionario le salvó del exilio interior y le otorgó de nuevo reconocimiento”.

La revolución de las palabras
Porque resultó ser una revolución. Se adelantó con él a un trabajo que los académicos estaban realizando con bastante lentitud. “Ella respetaba muchísimo el DRAE y pensaba que era necesario, pero consideraba que en algunos aspectos estaba obsoleto. El DRAE era la norma y ella quería un diccionario de uso, para emplearse, para encontrar las acepciones exactas”, explica de la Fuente.

Redactó un diccionario complementario caracterizado por su organización por familias de palabras e ilustrado con ejemplos. Además, de autor, algo impensable ahora, en un siglo XXI pleno de equipos de filólogos y tecnología. Pero la aparente locura no debió de ser tal, pues recibió, entre otros muchos, los elogios de Gabriel García Márquez, que a su muerte, en 1981, dijo de aquel trabajo que era “el más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana. (...) Viene a ser, en consecuencia, más de dos veces más largo que el de la Real Academia de la Lengua, y, a mi juicio, más de dos veces mejor".

También abrió camino a la Real Academia e incorporó aspectos que luego tomó el DRAE: “Acabó con los círculos viciosos muy típicos del diccionario de entonces, ese buscar una palabra y que en vez de definírtela te mande a su sinónimo; de tonto a bobo, de bobo a idiota, de idiota a imbécil y de imbécil a tonto. También metió la 'CH' dentro de la 'C', y la 'LL' dentro de la 'L'. Y muchas palabras que no estaban incluidas en el DRAE ella las recogió, las definió, y fueron añadidas más tarde”, explica la autora de ‘El exilio interior’. Desde la segunda edición, de 1967, Gredos lo ha ido renovando siguiendo el espíritu inicial de la lexicógrafa.

La Academia le debe mucho pero le devolvió poco. Conocido es el rechazo que le profirió a esta “académica sin sillón”. “A partir de los años 60, los más avanzados de la academia empezaron a defender que se podría levantar el veto a la mujer, que algún día sí podría incorporarse alguna. Aunque no lo veían muy urgente. Ante la buena acogida del DUE, una serie de miembros liderados por Rafael Lapesa sí que la proponen a ella”, cuenta de la Fuente.

Pero el ambiente (corría 1972) no era el propicio para que efectivamente fuera apoyada masivamente. Seguía habiendo muchos partidarios de que no entrara: “Aunque tuviera 72 años ya, parece que no corría prisa. Camilo José Cela, por ejemplo, esgrimió que no compartía su 'ñoño criterio' de no incluir tacos en el diccionario”, comenta la biógrafa como anécdota. Salió un candidato que concitaba un interés más unánime, Emilio Alarcos Llorach, intelectual conocido en círculos minoritarios, lejos de la atención mediática del DUE y de la entrada de la primera mujer en la institución.

“La decisión causó mucha decepción, entre los periodistas, entre las mujeres y en la sociedad”, rememora. Lapesa volvió un año después a sugerirle que lo volviera a intentar, pero a sus 73 años ella ya estaba dedicada a cuidar de su marido enfermo y sus propios achaques comenzaban a ser más frecuentes. Consideró que “había pasado su momento”. Cuatro años más tarde, ya por fin, sí consiguió un sillón Carmen Conde, muy consciente de que el título de primera académica le había correspondido por derecho propio a María Moliner.

Una ópera para María
Toda esta historia se puede conocer en más profundidad el día 19 y 22 de abril en el Teatro de la Zarzuela. Azorín espera que la ópera "contribuya a llenar el vacío de conocimiento sobre esta figura. Si gracias a esto se habla de María Moliner, ya es todo un éxito”. La elección del formato, nada corriente en la cultura española actual, constituyó un reto: “Me gustaría que este estreno propiciase que otros libretistas, compositores y directores se lanzaran al mundo de la ópera, para dar vigor a un género que en unos siglos se estudiará, como se estudia ahora la zarzuela. No es fácil hacer una ópera contemporánea que no tire para atrás, pero hemos demostrado que no es imposible”.

Lleva cinco años trabajando en ella y la coincidencia con el aniversario ha sido casi casualidad, sujeta a la agenda del Teatro y a la propia producción. Se representa únicamente durante unos días de abril, pero espera que esto sea sólo un “primer capítulo” de una historia que hoy en día todavía se puede ver “desde un punto de vista moderno, pedagógico y didáctico”.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

#articulos #lenguaje | La homosexualidad en la Real Academia Española : análisis de su tratamiento en la lexicografía académica

La homosexualidad en la Real Academia Española : análisis de su tratamiento en la lexicografía académica / Francisco de Asís Molina Díaz
En: Ambigua : revista de investigaciones sobre género y estudios culturales, n. 1 (2014), p. 121-132
/ ES / Artículos / Open Access
/ Diccionarios / Iglesia católica / Homofobia / Homosexualidad / Lenguaje / Lexicografía / RAE / Terminología
TEXTO COMPLETO | UPO
http://www.upo.es/revistas/index.php/ambigua/article/view/673
TEXTO COMPLETO | Dialnet
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4919059

El objetivo de este estudio es el análisis del tratamiento de las palabras que la Real Academia Española ha incluido en sus diccionarios para aludir a la homosexualidad. Para ello, se estudian las fechas de aparición y desaparición de las entradas y sus definiciones en los diccionarios académicos desde “Autoridades” hasta la actualidad. Esto nos permite comprobar la existencia de factores ideológicos y moralizantes en los diccionarios que reflejan el pensamiento de la sociedad en la que aparecen. Para ello, se ha elaborado un “corpus” de términos referidos a la homosexualidad y se ha comprobado su existencia en las distintas obras lexicográficas de la Real Academia Española y en sus distintas ediciones, desde el “Diccionario de Autoridades” hasta nuestros días y, a su vez, se ha analizado el tratamiento de estos términos en sus definiciones, incluidos los ejemplos aportados en las mismas. Mediante este procedimiento, se ha comprobado que los diccionarios son obras sensibles a las concepciones que una sociedad tiene acerca de comportamientos sexuales como el que se trata, influidas especialmente por ideologías y pensamientos morales propios del catolicismo. De este modo, apreciamos en gran parte de las obras juicios negativos y despectivos que solo dejan de aparecer o se atenúan en las más recientes ediciones de los diccionarios académicos. Todo ello supone la demostración de que el diccionario no es una obra exenta de ideología, sino que, al contrario, manifiesta la de la sociedad en la que aparece, quizás con la pretensión de servir al usuario de instrumento para conocer no solo la lengua sino también la cultura en la que esta se desarrolla.

Y TAMBIÉN…
El colectivo gay cree que la última edición del Diccionario RAE es la menos homofóbica
EFE | El Diario, 2014-04-24

http://www.eldiario.es/sociedad/colectivo-edicion-Diccionario-RAE-homofobica_0_253025048.html
Nuevo diccionario de la RAE reconoce matrimonio gay
El 2014 sale el volumen que amplía la acepción tradicional. Ahora considera también la “unión de dos personas del mismo sexo”.
Javier García | La Tercera, 2012-06-23
http://diario.latercera.com/2012/06/23/01/contenido/cultura-entretencion/30-112206-9-nuevo-diccionario-de-la-rae-reconoce-matrimonio-gay.shtml
La España de hoy, en el 'Moliner'
La nueva edición del diccionario de uso del español 'fotografía' un país más rico y más mestizo
Lola Galán | El País, 2007-09-09
http://elpais.com/diario/2007/09/09/domingo/1189309956_850215.html