Mostrando entradas con la etiqueta Eusebio Poncela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eusebio Poncela. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de agosto de 2025

#hemeroteca #inmemoriam | Muere a los 79 años el actor Eusebio Poncela, rostro icónico de ‘Arrebato’ y ‘La ley del deseo’

Eduardo Poncela //

Muere a los 79 años el actor Eusebio Poncela, rostro icónico de ‘Arrebato’ y ‘La ley del deseo’

El intérprete, protagonista de ‘Matador’, ‘Werther’, ‘Martín (Hache)’ y ‘Los gozos y las sombras’, y candidato al Goya por ‘Intacto’, ha fallecido en su casa de El Escorial, víctima de un cáncer
Gregorio Belinchón | El País, 2025-08-27
https://elpais.com/cultura/2025-08-27/muere-el-actor-eusebio-poncela-a-los-79-anos.html

El actor Eusebio Poncela ha muerto este miércoles a los 79 años. Fuentes de su entorno han confirmado a El País que sufría de un cáncer desde hace un año y que ha fallecido en su casa de El Escorial. Rostro icónico de una obra maestra y de culto como 'Arrebato' (1979), de Iván Zulueta, su recuerdo estará ligado al cine de Pedro Almodóvar por ‘Matador’ (1986) y ‘La ley del deseo’ (1987). Y con todo, participó en más de un centenar de obras de teatro, series de televisión y otras películas como ‘Martín (Hache)’, ‘Operación Ogro’ o ‘Intacto’.

Poncela nació en el barrio madrileño de Vallecas en 1945. De su padre recordaba que era un buen hombre, “un socialista que luchó en la guerra en el bando perdedor”. Su infancia estuvo marcada por dos constantes: su afán por ser actor y sus habituales expulsiones de colegios (hasta de ocho lo echaron), que con los años él recordaba entre risas.

Donde sí logró entrar, y no le echaron, fue en la Real Escuela Superior de Arte Dramático, donde estudió Interpretación, y a finales de los setenta ya había logrado ser un rostro conocido, gracias a su belleza y fiereza, en el teatro español tras interpretar un ‘Romeo y Julieta’ con María José Goyanes y, sobre todo, un ‘Marat-Sade’ con la compañía de Adolfo Marsillach. Su rostro perfilado, casi anglosajón, similar al del actor británico Terence Stamp, su carácter avasallador y su cuerpo fibroso (amante del ejercicio, durante el confinamiento se escapaba por la sierra madrileña hasta que se cayó y se rompió varias costillas) le añadían capas a su talento interpretativo.

Al cine no llegó hasta la rompedora ‘La semana del asesino’ (1972), de Eloy de la Iglesia, un filme de terror protagonizado por un trabajador de un matadero cárnico (Vicente Parra) que en una discusión mata accidentalmente de una pedrada a un taxista. Poncela daba vida a un vecino de un moderno edificio de apartamentos adyacente a la chabola del protagonista, que descubre sus secretos. “Me parece increíble haber empezado por ahí, ya abriendo brecha y cantando las cuarenta”, contaba Poncela en Icon en 2022. “Eloy era la pera, le guardo mucho cariño, recibió muchos palos. Fue el primero que se enfrentó a la catarata de hostias, porque Iván Zulueta llegó 10 años después y Pedro [Almodóvar] un poco más tarde. La película pudo hacerse porque Vicente Parra, el protagonista, la sacó adelante para poder trabajar. Era un actor carismático y popular, estaba muy dentro del franquismo por su actitud y por sus trabajos, hacía cosas muy edulcoradas. Pero cuando los actores no son auténticos y guardan secretos [Parra era, según algunos compañeros, homosexual], enferman o no hacen bien su oficio. Un actor, para ser bueno, no puede guardar secretos ni llevar falsedades dentro. Entonces este hombre empezó a tener dificultades e hizo ‘La semana del asesino’. ¡Con lo que no contaba era con que Eloy iba a ser tan, tan, tan salvaje!“.

Poncela nunca escondió secretos, ni se calló, ni albergó falsedades. “Lo primordial es que nunca me he tomado este oficio como una carrera. Yo no estaba haciendo una carrera, estaba haciendo una vida. El oficio me gustaba porque me servía para investigar. Y en base a eso hacía las películas, quitando cuando estaba ‘colgado’, que ahí hacía lo que fuera para comprarme lo que necesitaba. Generalmente, he recibido ofertas de los mejores directores de este país. A todos los he seducido. ¡Todos los interesantes han pasado por estas manos!“, aseguraba en esa entrevista tras recibir el premio de honor del festival LesGaiCineMad.

Entre el final de los setenta y los ochenta encadenó trabajo tras trabajo (la muerte de Franco, contaba, le pilló de subidón de LSD en París). En ‘Arrebato’ (1979) encarnó a un cineasta que acaba de montar su última película y cuya adicción a la heroína hace que su percepción sea distorsionada, como en un sueño. La voz y la presencia de Poncela seducen al público, y ahí coincidió con Cecilia Roth, con la que volvería, dos décadas después, a compartir otro gran éxito, ‘Martín (Hache)’, en 1997. En ese cierre de los setenta estaría, por ejemplo, en ‘Operación Ogro’, sobre el asesinato a Carrero Blanco, mano derecha de Franco, e iniciada la siguiente década, en la serie ‘Los gozos y las sombras’, con la que obtuvo una enorme popularidad en la calle, y en el ‘thriller’ ‘El arreglo’.

Así llegó Almodóvar con, primero, ‘Matador’ y posteriormente, y sobre todo, ‘La ley del deseo’, donde el cineasta que encarna le dice al personaje de Antonio Banderas: “Me emociona tu ternura, pero no te recomiendo que te enamores de mí, soy demasiado egoísta y llevo una vida incompatible”. Una sentencia cercanísima a su figura. Sobre su relación con Almodóvar, apuntaba: “No pasa nada, no tengo ningún problema. Lo que ocurre es que, como soy muy bocazas y no apetece callarme, a veces los medios hacen un estereotipo de mí. Pero ya está, no pasa nada, las relaciones en este oficio se diluyen. De pronto son apasionadas, todo es la hostia, y de pronto dejas de verte. Pasa todo el rato, quitando alguna excepción como Adolfo Aristarain, con quien todavía tengo relación. Que eso ocurra es un milagro. Mi relación con Almodóvar fue fabulosa. Nos cagamos de risa y todo fue maravilloso hasta que se terminó”. Aunque confesaba que no había visto ‘Dolor y gloria’, en la que Asier Etxeandia encarnaba a un trasunto suyo: “No me interesa el pasado. Me da pereza, que es la madre de la indiferencia”, aseguraba a El País en septiembre de 2019.

Poncela, en esos ochenta, protagonizó ‘Werther’, de Pilar Miró, la serie ‘Pepe Carvalho’, sobre el personaje creado por Manuel Vázquez Montalbán, o ‘El Dorado’, de Carlos Saura. Y en los noventa siguió a la caza de proyectos distintos: ‘Continental’, ‘El rey pasmado’, ‘El invierno en Lisboa’, ‘El beso del sueño’, ‘El laberinto griego’ y, en 1997, ‘Martín (Hache)’, de Aristarain, con Federico Luppi, Juan Diego Botto y Cecilia Roth, rodada durante el tiempo que vivió en Argentina. “La gente joven”, contaba en 2022, “me recordará por ‘Arrebato’. Ha trascendido. Es más minoritaria, menos conocida, pero estoy viendo que tiene un camino más largo. Si vas a Sudamérica, ‘Martín (Hache)’ es gigantesca allí. Se ponen de rodillas a recordarme lo de: ‘Hay que follarse a las mentes’. Si me pongo a pensar en todas las películas que he hecho que van a seguir viéndose cuando yo no esté, me salen unas cuantas".

El actor nunca dejó de trabajar, aunque recayera en papeles más secundarios, en cine, teatro o televisión. Él solo buscaba retos: “Si no, ¿por qué me dedicaría a esto?”. Encarnó en 2017 en la obra ’Esto no es la casa de Bernarda Alba’ a la Bernarda del título en una versión con actores masculinos, dirigida por Carlota Ferrer, lo que potenciaba las palabras femeninas creadas por García Lorca. “He trabajado mucho en esta vida, y eso que soy perezoso. Muchos artistas se han acercado a mí por ‘Arrebato’ o por ‘La ley del deseo’, por rasgos cercanos a mi personalidad, que creo que enseñé demasiado en ‘Martín (Hache)’”. Por su presencia, tenía facilidad para villanos retorcidos, como el cardenal Cisneros al que dio vida en las series ‘El Ministerio del Tiempo’ y ‘Carlos, rey emperador’, y en la película ‘La corona partida’. Ese físico también le ayudó en el género del fantaterror, como demuestran ‘Tuno negro’, ‘Intacto’ (su única candidatura al Goya) o ‘La herencia Valdemar’, que incluso trasladó al teatro en, por ejemplo, ‘El sirviente’ (2019); y como secundario potente en ‘Remake’, ‘Hermanas’, ‘Vengo con la lluvia’, ‘Sagitario’, ‘Los Borgia’, ‘Águila roja’ o ‘Teresa, el cuerpo de Cristo’. Este 2025 volvió a las series con ‘Matices’.

viernes, 11 de octubre de 2019

#hemeroteca #homosexualidad #testimonios | Eusebio Poncela: “Manda cojones la vida que he tenido, tremebunda”

Eusebio Poncela: “Manda cojones la vida que he tenido, tremebunda”.
Asegura que le han censurado “por maricón, por pobre, por artista, por yonqui”. Pasados los setenta, el actor vive solo y ha vuelto al teatro con ‘El sirviente’.
Almudena Ávalos | Icon, El País, 2019-10-11
https://elpais.com/elpais/2019/10/10/icon/1570717399_310094.html

El País / Eusebio Poncela //
Hay algo en Eusebio Poncela que engancha: una mirada penetrante, una voz esculpida por la experiencia, una energía envolvente y un físico en plena forma. “Voy al gimnasio. Y, en las épocas que he pasado la raya de la marginalidad, que han sido varias, he hecho mucho ejercicio”, explica. Lleva desde 1967 trabajando en teatro, cine y televisión. Ha participado en series de éxito (‘Curro Jiménez’, ‘Águila Roja’, ‘Isabel’ o ‘El accidente’, entre muchas) y ha interpretado grandes papeles en películas de culto como ‘Arrebato’, ‘Martín (Hache)’, ¡La ley del deseo’ o ‘Intacto’. Poncela es historia viva del cine español. Pero, ¿qué edad tiene? “Búscalo en la wiki. No pienso confesarlo porque luego la gente es muy hija de puta”. Wikipedia dice que nació en Madrid y que cumplió 72 años el 15 de septiembre, cuatro días antes de estrenar 'El sirviente', de Robin Maugham, que sigue hasta el 13 de octubre en el Teatro Español de Madrid y después hará gira por España (Úbeda, Sevilla, Valencia, Valladolid...). La dirige Mireia Gabilondo y Poncela comparte escenario con Pablo Rivero.

¿Es cierto que usted salió solo de la heroína?
Lo hice con la ayuda de Argentina. Me fui a la Patagonia, a las montañas de La Rioja argentina y toda aquella naturaleza me despejó. Y también porque Sudamérica era más liviana para mí.

¿En qué sentido?
En que las sustancias de allí me interesaban un carajo (risas).

¿Cuál es el mayor varapalo que se ha llevado?
Ninguno. Todo ha sido por algo y todo ha estado bien.

¿Y qué le han dado?
Me han querido mandar al ostracismo varias veces. Por raro, independiente e individualista. Jode mucho que seas desobediente. Sobre todo a la gente que tiene un egotrip terrorífico y tiene poder para utilizarlo.

¿Ha sentido que alguien poderoso ha ido a por usted?
He sentido que me han dado una patada en el culo en varias ocasiones. Igual un día con muy mala hostia lo cuento todo. Si escribo mis memorias acabo muerto.

Cuénteme una.
No insistiría mucho en ese tema. He sobrevivido a todo eso, me he hecho más fuerte y he mandado a tomar por culo a alguno que me está pidiendo perdón ahora al cabo de los siglos. Y yo ya podía estar muerto, pero me suda la polla entera. Soy muy misántropo, muy individualista y me cago en todo. Quizá sea eso lo que molesta un poquito.

¿Por qué ‘El sirviente’?
¡Y yo qué sé! Había leído el texto e imagino que le vi posibilidades. Pero al retomarlo tuve dudas. Finalmente, venció mi interés porque vi que íbamos a hacerlo bien.

¿Se pone nervioso antes de salir a escena?
Imagino que sí, pero tiro del carro. Cuando debuté con 20 años, vi a Fernando Rey vomitando entre cajas. Yo de eso no he tenido nunca.

¿Tiene contadas las obras que ha interpretado?
¿Te has vuelto loca o qué? Estaría mal de la cabeza. Me importa un huevo. Habría que preguntar cuántas películas buenas he hecho.

¿Y esas puede contarlas con los dedos de las manos?
Sí. Y es un mérito que te cagas. ¡He sido un genio!

¿Cómo lo ha logrado?
Supongo que soy fuerte. Porque manda cojones la vida que he tenido, tremebunda.

¿Por?
He tenido una vida movida. Pero he tenido suerte. No olvidemos que hago mi primera película en 1971, cuando en España se hacía lo que se hacía: el señor Alfredo Landa con el ‘¡Vente a Alemania, Pepe!’ Con mi físico y mi mentalidad no tenía nada que hacer ahí.

¿Y no trabajó en alguna de esas cintas para comer?
No. No he sido nada flexible en eso. He sido un pedazo de cabrón que ha hecho siempre lo que le ha salido de los cojones. No había cabida para mí, no me parecía que fuera mi oficio y no me interesaba hacerlo. Prefería volcarme en otras cosas porque soy un artista integral. Pinto, escribo, hago de todo y me divierto un montón. Pero he hecho mucha mierda, ¿eh? Por dinero o por lo que fuera, pero siempre en un terreno que no iba a perder de antemano. No soy tan gilipollas.

He leído que le tiraron piedras en el estreno de Arrebato (1980). Sería metafórico…
Todo lo es. No vino nadie al Cine Azul a tirarme una piedra de verdad, pero la lluvia de piedras de crítica y público sí existió.

Sin embargo, está considerada como una obra maestra del cine español.
Sí. Iván Zulueta [el director] es el gran nombre del cine de este país y tuve la suerte de hacer las dos únicas películas que rodó. Nos conocimos caminando por la Gran Vía. Eran los setenta y éramos muy guapos.

¿Usted vota?
Nunca. Y he recibido todo tipo de insultos por eso. Me da ‘yuyu’ no haberlo hecho en los últimos tiempos, pero que les den por el culo. Lo mío es la anarquía absoluta donde los extremos se me quedan cortos. La atmósfera que respiramos hoy todos los españoles es de mentiras. Vivimos en un país de charanga, pandereta, peineta y a los toros.

¿Le gustan las corridas de toros?
No, por dios. La primera vez que me escapé de casa, que fueron muchas, fue a los cuatro años cuando a alguien se le ocurrió llevarme a Las Ventas.

¿Y le gustan los niños?
Cuando estoy en el gimnasio, les veo en las piscinas con el monte Abantos de fondo y pienso que son maravillosos.

¿Nunca se ha planteado tener un hijo?
Pobrecito. Hubiera sido un padre horrible. Yo hago las cosas a conciencia. Y si no me lo he planteado es porque siempre he sido un inmaduro. No he sido padre por compasión.

¿Le preocupa el paso del tiempo?
Lo adoro. Las edades están para algo. Yo he estado muy a gusto en todas. La peor fue la adolescencia porque crecía y no sabía lo que me pasaba. Ahora, la adultez es maravillosa si estás sano. Se te descuelga un poco una teta pero, ¿qué esperabas? Es la edad. Yo voy al gimnasio. Y, en las épocas que he pasado la raya de la marginalidad, que han sido varias, he hecho mucho ejercicio. Te tonifica de cintura para abajo.

¿Y de cintura para arriba?
Entreno el cerebro haciendo yoga. Pongo el cuerpo cabeza abajo desde la adolescencia. Puedo estar así hasta siete minutos y a veces me duermo de lo relajado que estoy. Entonces pienso que me voy a dar un hostión en mi casa y, como vivo solo, me van a encontrar muerto por gilipollas.

¿Ha sentido la censura alguna vez?
Desde pequeño. Por maricón, por pobre, por artista, por yonqui. Me han censurado siempre sin parar (risas). Y me lo he pasado por el arco del triunfo que, si te has fijado bien, lo tengo bastante amplio.

¿Y le han detenido en alguna ocasión?
En varias. En Argentina y en España.

¿Por qué?
¿Por qué va a ser? Por llevar drogas. En Argentina, por un carrete de fotos relleno de marihuana que se me había olvidado que llevaba. Me metieron cinco horas en el cuartelito del aeroparque mientras la prensa esperaba fuera para cazarme. La policía es muy corrupta y me robaron todas las cosas de perfumería que llevaba. Les dije que o me ayudaban a esquivar a la prensa o contaba lo chorizos que eran. Al final, me sacaron por la otra punta del aeroparque.

¿Y en España que sucedió?
Aquí me miraban y me decían: “Pero, señor Poncela…” (risas).

¿Está basado en su vida el personaje que interpreta Asier Etxeandia en 'Dolor y gloria', de Pedro Almodóvar?
Ni he visto la película ni tengo interés en hacerlo. Me han dicho que soy yo por activa y por pasiva. Y un poco más y me mete el dedo en el culo. El pasado estuvo bien mientras duró y cada uno es muy dueño de contar su vida y justificarla como le salga de los huevos.

¿Y realmente le da igual?
Me es indiferente. No entro en ese juego. Allá cada uno. Yo ahora estoy aquí sacando el empeine para que ‘El sirviente’ vaya de puta madre.

Hace unos años, hizo una exposición de sus cuadros en Buenos Aires. ¿Desde cuándo pinta?
De toda la vida. Carezco de técnica para tener un oficio y sé que está todo hecho. Lo mío es una pasión espiritual, una levitación, una llamada. El mundo del color es fascinante y se me da muy bien. Pero hice aquella muestra y acabé harto. ¿Para qué quiero hacer exposiciones si no me hace falta el dinero? Le regalo los cuadros a mis amigos.

¿Hay algo que se le dé mal?
(Risas). No pienso decirlo. Yo creo que ya tienes una entrevista completita.

viernes, 26 de febrero de 2016

#hemeroteca #cine | Eusebio Poncela: “En el estreno de ‘Arrebato’ les faltó tirarnos piedras”

Eusebio Poncela: “En el estreno de ‘Arrebato’ les faltó tirarnos piedras”.
Yago García | Canino, 2016-02-26
http://www.caninomag.es/entrevista-eusebio-poncela-en-el-estreno-de-arrebato-les-falto-tirarnos-piedras/

No todos los días se tiene el privilegio de hablar con uno de los grandes insumisos del cine español. En nuestra conversación con Eusebio Poncela, aprovechando el estreno de La corona partida, hemos podido hablar con él de Iván Zulueta, de terrorismo, de Eloy de la Iglesia y de cómo la cultura oficial acabó llevándose por delante a lo mejor de los 80 en España.

“…Bueno, cuando me aburra te doy una patada en la espinilla”.


Así de contundente lo aclara desde el principio. Y nosotros, encantados. Porque la oportunidad de hablar con Eusebio Poncela, aprovechando la presentación para la prensa de ‘La corona partida’, es para nosotros un auténtico lujo. Interpretando de nuevo al cardenal Cisneros (un papel que retoma de las series ‘Isabel’ (2011-2014) y ‘Carlos, rey emperador’ (2015-2016), así como de una intervención muy fugaz en ‘El ministerio del tiempo’), el actor nacido en Vallecas en 1947 vuelve a vestirse de púrpura y a exponer su rostro a los espectadores más jóvenes. Unos espectadores que tal vez desconozcan, pobrecillos, el pedazo de currículum de este señor.

Para empezar, Eusebio Poncela ha protagonizado tres de las mejores películas españolas de la historia: la brutal ‘La semana del asesino’ (Eloy de la Iglesia, 1973), uno de los títulos fundacionales del ‘gore’ de aquí, la excelsa ‘Arrebato’ (Iván Zulueta, 1979) y ‘La ley del deseo’ (1987), obra capital de un Pedro Almodóvar que, por entonces, aún molaba. Y sin desestimar las otras gemas que contiene su carrera (como ‘Intacto’ -2001-, por la que recibió su aún única nominación al Goya, o ‘Diario de invierno’ -1988- del siempre áspero Francisco Regueiro), su personalidad reviste el atractivo de un auténtico insumiso que nunca ha parecido tener un hueco claro en el celuloide nacional. Tal vez, podríamos apuntar, porque su industria no se lo merece. En este encuentro, necesariamente breve, dejamos sin tratar múltiples temas de interés, pero las declaraciones que sí tuvimos tiempo de obtener valen su peso en oro.

Yago García (YG): Viéndote como Cisneros aquí en ‘La corona partida’ y en ‘Isabel’, llama la atención el hecho de que interpretas a un personaje al que se ha presentado durante muchísimos años como un héroe, un arquetipo de la ‘España imperial’. Y, pese a ello, en la serie y la película lo presentáis como un sujeto muy turbio…


Eusebio Poncela (EP): No tenía más remedio: era una época turbia, y él estaba en la lista de los más turbios. Pero también era un hombre muy complejo, con cosas extraordinariamente buenas. Un hombre extraordinario, directamente, para lo bueno y para lo malo. Si en realidad él no quería el poder, no quería nada… sus ambiciones eran más bien espirituales, místicas, ‘zenutrias’, ¿me entiendes?

YG: Y, sin embargo, es curioso: eso que tú dices de alguien complejo, con muchas capas y tal, ves a un político español en el Telediario y te dan ganas de decir muchas cosas, pero eso precisamente, como que no.

EP: Es que se ha caído muy bajo… Muy bajo. [Ríe]

YG: A ‘Isabel’ se la toma como ejemplo de la llegada de una cierta televisión ‘de calidad’ a España. Y tú de eso sabes bastante: estoy pensando en ‘Los gozos y las sombras’ (1982) y en ‘Pepe Carvalho’ (1986), que eran series muy ambiciosas…

EP: Sí, eran ambiciosas. Y se hacían muy bien. Yo las recuerdo como algo más… cómo se dice… “artesanal”. La artesanía, digamos, era más fina: había más tiempo, y rodábamos en 35 milímetros. La diferencia es que, ahora, una serie llama más la atención que una película (y no digamos que una película española), salvo si hablamos de peliculones de estos de mucha acción y tal, pero, cuando nosotros hacíamos aquello, el foco de interés era justo al contrario: el cine iba primero. Así pues, ‘Los gozos y las sombras’ fue de las primeras series que llamaron la atención por divinamente realizadas y hechas… Alguna habría antes, pero hablamos de hace 35 o 37 años, cuando no había un ‘background’ de series con ese tipo de poder visual, literario. A lo mejor había y estoy siendo un injusto tremendo, ¿eh? Porque no soy un espectador tremendo de la televisión.

YG: Dices que se hacían “con menos prisa”. ¿Rodar un capítulo de ‘Isabel’ o, ahora, de ‘Águila Roja’ es una experiencia muy agotadora?

EP: No tiene nada que ver. Entonces se empleaban los ‘tempos’ de un rodaje de cine. Para hacer ‘Los gozos y las sombras’ estuvimos, déjame que piense… siete meses rodándola. Y luego, como la sonoridad resultaba defectuosa, hicimos postproducción de audio. Ahora, una temporada de ‘Isabel’ nos la hemos podido ventilar en cuatro meses. Calcula. A mí me ha costado un poquito de esfuerzo adaptarme a todo esto: rodar con tres cámaras, las prisas…

YG: En ‘Canino’ le tenemos verdadera devoción a muchas de tus películas, y la primera de todas es una que nos flipa: ‘La semana del asesino’. Pero la primera que haces es una película colectiva titulada ‘Pastel de sangre’ (1971).


EP: Efectivamente. En esa película participamos muchos que por entonces estábamos empezando. Como Emilio Martínez Lázaro, que ahora es… Bueno…

YG: Que es Emilio Martínez Lázaro.

EP: Que es Emilio Martínez Lázaro [ríe]. También estaba Jaime Chávarri, gente que entonces empezábamos a hacer películas. Pero antes había rodado ‘Fuenteovejuna’, que no la cuento como película porque en su momento pareció más como algo para TV. Mentalmente estaba en otro rollo. Estaba en los setenta, no sé si me entiendes…

YG: Creo que sí. Hablando de ‘La semana del asesino’, digamos que tenemos pasión por Eloy de la Iglesia…


EP: No me extraña. No me extraña nada.

YG: …Y también, en esa película en concreto, nos encanta cómo transgrede un montón de cosas impensables por entonces: la sangre, el canibalismo, poner como protagonista a Vicente Parra, al que el público había conocido por ‘¿Dónde vas, Alfonso XII?’ Para colmo, De la Iglesia te pone en un papel descaradamente gay, algo que siempre nos preguntaremos cómo pasó la censura. ¿En qué pensaba uno viéndose embarcado en algo así?

EP: Eloy era especial, empecemos por ahí. Y yo, en aquella época, cuando estaba empezando, había tenido que hacer varios loros. Pero loros papúas… Estoy hablando de películas espantosas. No muchas, ¿eh? Pero sí algunas. Eloy era muy especial, y te dabas cuenta de que su mundo, su discurso y su ‘antidiscurso’ eran muy especiales. Tuvimos problemas con la Censura, no te creas, pero en general salió bien. Y la producción era un espanto, ya te puedes imaginar, todo muy precario pero siempre estaba Eloy presente, con ese espíritu tremebundo. Y eso es muy importante: si no tienes un jefe, un timonel que no sepa dónde cojones va la película, mal. Y él tenía ese espíritu, pero de verdad. Como las han tenido otros con los que he ido tropezando: estoy pensando en Gillo Pontecorvo, por ejemplo. O en Iván Zulueta. Fue un rodaje peculiar, por decirlo piadosamente. Y siempre me extrañaré de cómo pudo funcionar aquello, porque a mí Vicente Parra no me seducía en lo más mínimo.

YG: Cuando tu función en la trama era, precisamente, seducirle…


EP: Así se logran las cosas a los veintipocos, cuando las haces de una manera un poco… Porque ahora, visto desde la distancia, me pregunto cómo pude hacerlo creíble: Vicente, pobrecito, me espantaba un poco. Sexualmente, quiero decir.

YG: Vaya. Ya que has mencionado a Pontecorvo, te encontramos interpretando a un etarra para él en ‘Operación Ogro’ (1979), sobre el asesinato de Carrero Blanco. Una película que, sólo unos pocos años más tarde, hubiera sido imposible de realizar…

EP: Es que los milagros de los 70 fueron unos cuantos…

YG: Y no interpretas a cualquier miembro de ETA, sino a un personaje inspirado en José Miguel Beñarán ‘Argala’. ¿Cómo se abordaba entonces una tarea así? ¿Con qué mentalidad?

EP: En mi caso particular, yo es que a los protagonistas reales de ‘Operación Ogro’ los conocía en persona. ¿Qué cómo pudo ser? Pues ya ves, cosas de la vida. Un año antes del rodaje, fue. Y entonces ya conocía el ambiente, los tipos de personas que eran, por dónde se movían, esto, lo otro… Para ese papel, Gillo [Pontecorvo] quería a Michelle Placido, no te lo pierdas, pero tenía muy buen ojo para los repartos, y cuando nos conocimos cambió de opinión. Y es que yo venía… de hacer amistades. Y tenía conocimientos. De primera mano, está claro que no, pero tenía conocimientos.

YG: En esos mismos años de ‘Operación Ogro’, cuando el Caudillo está ya bajo tierra, la generación a la que tú perteneces empieza a tener acceso a más medios de producción, a más libertad y a más atención de los medios. Estás tú, está Zulueta, está una Carmen Maura que viene del teatro independiente… Gente que os habéis tenido que tirar los sesenta y los setenta ateniéndoos a lo posible, digamos. Cuando se amplía el panorama, y podéis empezar a asumir trabajos más personales, ¿cómo os lo tomáis?

EP: Para hacer un poquito de historia, como decía César Santos Fontela, el crítico, “estos grandes muchachos estaban refugiados en la tele”. Hablaba, entre otros, de Carmen y de mí, que nacimos el mismo día del mismo mes, con dos años de diferencia: más generación, imposible. Entonces hacíamos teatro clásico en TV, cosas de Schiller, adaptaciones literarias con Pilar Miró para la serie ‘Los libros’ (1974-1977). La primera parte de los setenta, hasta que se muere ‘mi primo’… era un poco rara. Se hacían películas muy malas: de repente nos veíamos en ‘El asesino está entre los trece’ (1976), que ya ves tú. A partir del 75 empezamos a hacer cosas más interesantes: con Gonzalo Herralde (el hermano de Jorge Herralde, el editor de Anagrama) hicimos ‘La muerte del escorpión’ (1976), que no es que fuese redonda, pero apuntaba maneras. Tanto en el teatro como en el cine había más alcance.

YG: Hace ya varios años, hablando de ‘Arrebato’ con Marta Fernández-Muro, abordamos este mismo tema y ella me resumió la idea que circulaba en el rodaje de esta manera: “¿Qué España es aburrida, que es cutre, que es gris? Pues sí, pero no nos importa”. Me interesa saber cómo veíais aquello personas que habías viajado al extranjero, que conocíais la contracultura…


EP: Que la conocíamos y que la vivíamos, además… Pero nos castigaron bastante. En el estreno de ‘Arrebato’ les faltó tirarnos piedras.

YG: La crítica del ABC fue muy cruel: “Zulueta tiene por el cine un gran, obsesivo amor que no es correspondido”.


EP: Los críticos llegaban a decir poco menos que Iván y yo nos teníamos que ir de España. Yo recuerdo haber acompañado a Cecilia [Roth] saliendo del estreno, en el Cine Azul, y haberme ido con ella Gran Vía arriba. Y haberla visto llorando por el camino.

YG: Llama la atención ver cómo funcionáis por oposición (o por contraste, como tú veas) a toda esa cultura española de signo ‘progre’, tan autosatisfecha de su papel como oposición al Franquismo. Una cultura que, cuando llegan los ochenta, se convierte en la nueva cultura oficial…


EP: Oposición y contraste, las dos cosas. Una oposición y un contraste vivo. Pero en los ochenta muchos caímos en trampas terroríficas, me entiendes, enfermamos… y tenías que luchar contra muchísimas cosas muy graves. Pero hemos sobrevivido, lo cual fue bastante difícil. Iván, por ejemplo, siempre odió no haber llegado a los ochenta: ‘Arrebato’ es del 79, y eso le daba muchísima rabia. Él quería que el estreno inaugurase la nueva década. Y, en cierto sentido, la inauguró, y a lo bestia además. Tal vez fuéramos creativos, y estuviéramos más al mando de la situación, pero nos dieron palos por todas partes, siempre.

YG: Y teníais a otra generación, cerca de diez años más joven, empujando por abajo…


EP: Te queda la satisfacción de haber abierto camino en un país que estaba bastante ‘catetizado’. Y, a pesar de todos los castigos, seguimos, porque es que no podíamos hacer otra cosa: si eres auténtico, lo eres y ya está, no hay que darle más vueltas.

YG: Aparte de ‘Arrebato’, de la que se ha hablado tantísimo, está tu segundo trabajo con Zulueta: ‘Párpados’ (1989). Hablamos de una película que es maravillosa, una delicia, pero que sale como especial televisivo y a la cual apenas se le suele dar importancia. ¿Cómo fue la producción y el rodaje de aquella locura?

EP: Fue maravilloso. Fantástico. Ver a Iván preparándolo todo, porque él hacía los decorados, los dibujos y todo sobre la marcha, era ver lo que es un creador de verdad en acción. Porque aquello sale como parte de una serie para TVE [‘Delirios de amor’ (1986)], de manera que había unos plazos e Iván era más bien anárquico. El montaje tenían que quitárselo de las manos. Además, allí trabajé con Marisa Paredes, mi gemela. El otro día, cuando presentamos los Goya ella y yo, alguien nos dijo “yo siempre pensé que erais uno, pero ahora resulta que sois dos”…

YG: Para preparar la entrevista, revisé el videoclip de ‘Matador’, de Los Fabulosos Cadillacs: ahí fue donde muchos descubrimos tu vínculo con Argentina…


EP: Es que tengo una obrita argentina, no sé si lo sabrás…

YG: A eso iba: ya que tienes vínculos personales y profesionales allí, ¿nunca has pensado en mandar a España a tomar viento e instalarte definitivamente por esa zona?


EP: He mandado a España a tomar viento en varias ocasiones, pero ya sabes cómo es el viento: va p’acá y p’allá. Y, luego, no conviene echar por tierra tu memoria personal. Tu memoria eres tú. Y aunque este país sea una catetez, y además imposible de cambiar (porque, como dicen los andaluces, “lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible”) vuelves y ya… Lo que pasa es que yo he sido siempre aventurero, siempre he sido peculiar en todo.

YG: Para terminar: supongo que conoces la cita de William Blake, aquello de que el camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría…


EP: Y excesos he tenido unos cuantos, porque yo siempre le he dado bastante a la golfería, ¿sabes? Entonces, pues aquí estamos, y estoy más de acuerdo que otro poco con don William Blake…