Mostrando entradas con la etiqueta Claudia Piñeiro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Claudia Piñeiro. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de agosto de 2018

#hemeroteca #aborto #politica | La ley será porque ya es

Ilustración de Eulogia Merle
La ley será porque ya es.
Para muchas mujeres argentinas la despenalización del aborto la decidió la sociedad. Lo hablaron y discutieron las jóvenes durante los últimos meses en sus casas, en el colegio, en asambleas de estudiantes. No habían ganado, no habíamos perdido.
Claudia Piñeiro | El País, 2018-08-12
https://elpais.com/elpais/2018/08/11/opinion/1533986904_180752.html

Durante los días previos a la votación de la ley de aborto en el Senado argentino, los que estábamos a favor de que se sancionara nos despedíamos diciendo: “Que sea ley”. ‘Mails’, mensajes de WhastApp, saludos en la calle o en la oficina terminaban con esa frase. La declamábamos como un mantra que de tanto repetirlo pudiera aliviar. O un abracadabra capaz de producir magia. ‘Que sea ley’. Pero no fue y no hubo magia, al menos dentro del Parlamento. Un total de 38 senadores votaron en contra sin siquiera elaborar una ley alternativa, la rechazaron sin más, como si fueran jueces y no legisladores. En dieciséis horas de debate escuchamos aberraciones de todo tipo. Una senadora confesó no haber leído la ley pero dijo que de todos modos la rechazaría. Un senador nos explicó que la violación intrafamiliar no se produce con violencia. Una y otra vez nos repitieron que rechazando la ley salvarían a los “niños por nacer” que las mujeres hubieran decidido “matar”, pero no nos explicaron cómo. Y finalmente nos tuvimos que ir a nuestras casas sin ninguna alternativa de salud pública para las tantas mujeres que abortan clandestinamente en mi país.

Los que nos quedamos hasta el final del debate llegamos a nuestras casas de madrugada y empapados. Había llovido toda la jornada y los paraguas no fueron de mucha utilidad dado que el viento helado los volteaba. Dicen que “los verdes” fuimos cerca de dos millones frente al Congreso. La mayoría, jóvenes que además de llevar el emblemático pañuelo de ese color se habían pintado la cara con ‘glitter’. Aquí y allá se veían capas de lluvia, bufandas y gorros también verdes. Cantaron día y noche: “Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven, abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer, arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer”. Los varones acompañaron el canto. Muchos y muchas lloraron abrazados luego de la votación.

Me fui a dormir cerca de las cinco de la madrugada enojada, triste y preocupada por el día después. ¿Qué iba a pasar con todas esas mujeres que fueron a reclamar un derecho justo y se lo negaron? ¿Cómo se iba a mitigar la bronca y la angustia de miles y miles de jóvenes, algunas incluso niñas, a las que vi agitar con entusiasmo su pañuelo verde bajo la lluvia? Pensé en mi hija, en mis hijos, en sus novias, en las hijas de mis amigas; la ley era para todos ellos. Mientras llegaba el sueño elaboré argumentos de contención: la conquista de este derecho es un camino que recién empezamos a andar, no daremos ni un paso atrás, la ley saldrá más tarde o más temprano, la batalla cultural ya está ganada. Creo con convicción en esos argumentos, pero intuí que podrían no ser suficientes para calmar los ánimos después de la estafa legislativa de la noche anterior.

Para mi sorpresa, al día siguiente y en pocas horas vi cómo la tristeza y la bronca se transformaban en energía. Apostasía colectiva para renunciar a la Iglesia católica, listados con los nombres de los senadores que votaron en contra de la ley para hacerlos responsables por cada nueva muerte producida en un aborto clandestino, alternativas parlamentarias para que la ley se volviera a tratar cuanto antes, modificación del Código Penal, posibilidad de una consulta popular que dirima la cuestión. Esos fueron algunos de los caminos que se trazaron como inmediata reacción al rechazo de la ley.

A media tarde tenía claro que, lejos de abrumados, los verdes estábamos más activos y de mejor ánimo que quienes se suponía habían triunfado. Pero fue cuando participé en el programa de radio en el que trabajo semanalmente que terminé de entender. Habíamos invitado a un grupo de chicas de entre 14 y 17 años que habían marchado el día anterior reclamando “que sea ley”. Queríamos saber qué pensaban, cómo se sentían ante la evidencia de que el abracadabra no había funcionado. Lo primero que me llamó la atención es que no se centraron en el aborto sino en que: “Esto es una revolución”. Una revolución que incluye el aborto pero también muchos otros derechos. Estaban enojadas con esos senadores que “no entendieron nada”, y se quejaron de “cómo van a decidir sobre nuestra sexualidad y nuestro cuerpo”. Pero que ellos no hubieran votado la ley les preocupaba menos que a nosotros. Simplemente porque para ellas el aborto ya es ley en la Argentina. Lo decidió la sociedad, lo cristalizaron los dos millones de personas frente al Congreso y en cada plaza del país, lo hablaron y discutieron ellas mismas durante los últimos meses en sus casas, en el colegio, en asambleas de estudiantes. No habían ganado, no habíamos perdido.

El mundo cambió, hay un nuevo paradigma, estamos en el siglo de las mujeres. La revolución verde, como toda revolución a lo largo de la historia, no fue percibida por los grupos más conservadores aferrados al ‘statu quo’. Son muchos los que no pudieron ver lo que se gestaba tan cerca de ellos. Desfila frente a sus ojos, les canta desde la calle y su voz entra en el recinto como un murmullo que les molesta pero no logran descifrar. “Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven...”. Tal vez la edad de quienes van a la vanguardia de esta revolución haya engañado a los senadores, su frescura, su aparente fragilidad; no se dan cuenta de que son topadoras, que no piden permiso, que no se amedrentan, saben cuáles son sus derechos y si no se los reconocen los tomarán de todos modos. Para “les chiques” —así quieren que las llamen, en lenguaje inclusivo que abarca todos los géneros— la lucha no se termina con el aborto; seguirán peleando por todos los derechos que impliquen igualdad, autonomía y libertad.

Una revolución es un cambio radical en las instituciones políticas de una sociedad. Irrumpe cuando está decidida a que aquello que vino a cambiar ya no tendrá vuelta atrás. La revolución verde irrumpió con fuerza en estos días, pacífica pero contundente, compuesta por mujeres de distintas edades pero protagonizada por las más jóvenes, aquellas que nacieron bajo un nuevo paradigma. Son nuestras hijas. A nosotros nos enojó y dolió que no se aprobara la ley de interrupción voluntaria del embarazo; a ellas les resultó incomprensible. No entra en sus cabezas que senadores empacados en sus propias creencias puedan negarles el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos, su vida sexual y la posibilidad de ser madres o no. No aceptan que las condenen a la esclavitud de género.

De acá en más será cuestión de ver si quienes nacieron en un viejo paradigma pueden trasladarse a uno nuevo o si la revolución verde les pasará por encima. Mientras tanto, la ley será ley porque ya lo es.

Claudia Piñeiro es escritora. En 2017 publicó ‘Las maldiciones’ (Alfaguara).

jueves, 9 de agosto de 2018

#hemeroteca #aborto #politica | El rechazo del Senado a la legalización del aborto no frena el debate en Argentina

Imagen: El País / Movilización feminista por el aborto legal, seguro y gratuito en Argentina
El rechazo del Senado a la legalización del aborto no frena el debate en Argentina.
Después de que la Cámara Alta rechazase la legalización, el Gobierno anuncia la posible supresión del aborto como delito.
Mar Centenera | El País, 2018-08-09
https://elpais.com/internacional/2018/08/09/argentina/1533844525_030550.html

El debate sobre el aborto sigue vivo en Argentina. El Senado rechazó ayer, por 38 votos a 31, legalizar la interrupción voluntaria del embarazo. El país quedó estancado en 1921, año en que se aprobó la ley vigente que sólo la permite en caso de violación o riesgo para la salud de la madre. Pero ya nada será igual. Las miles de mujeres que exigieron el derecho a decidir sobre sus cuerpos sostendrán la movilización hasta que el aborto legal sea una realidad. El Gobierno estudia eliminarlo como delito.

"Hoy no es una derrota, se lo digo a las chicas que están afuera. Esto es un triunfo monumental porque hemos logrado colocarlo en el debate nacional. Nadie podrá parar a la oleada de la nueva generación. Será ley, habrá ley, contra viento y marea", dijo el senador progresista Pino Solanas durante la maratónica sesión en la Cámara Alta. Fue uno de discursos más aplaudidos desde el lado verde de la plaza, donde los partidarios de la legalización del aborto protagonizaron una de las manifestaciones más multitudinarias de los últimos años. Al otro lado, los celestes tapaban las palabras del senador con cánticos a favor de las dos vidas: la de la madre y la del "bebé por nacer".

Mauricio Macri habilitó por primera vez en casi un siglo el debate parlamentario sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Las dos excepciones al delito del aborto suponían un gran avance hace 97 años, pero hoy son insuficientes. Con el rechazo en el Senado, Macri perdió la oportunidad de pasar a la historia como el presidente que legalizó el aborto en Argentina y saldar así una deuda pendiente con las mujeres. El mandatario adoptó una postura neutral y anticipó que no vetaría la ley, pero Cambiemos, la coalición que encabeza, fue la que más votos aportó en contra de la iniciativa.

La sesión en el Senado se alargó durante más de 16 horas. La victoria en la Cámara de Diputados, pero en especial la multitudinaria movilización que acompañó al 'sí' el pasado 14 de junio, hicieron pensar en un primer momento que la marea verde se impondría también en la Cámara Alta, mucho más conservadora, donde están representados los intereses de las provincias del interior del país. Pero con el paso de las semanas, la presión de la Iglesia católica y los evangélicos ganó terreno hasta decantar la votación.

"Que sea ley"
Fuera del Congreso, se concentraron multitudes a favor y en contra de la ley, que desafiaron la lluvia, un viento que volaba los paraguas y temperaturas que se acercaron a los cero grados durante la noche. La votación se celebró poco antes de las tres de la madrugada. El resultado negativo no fue una sorpresa para nadie. Las decenas de miles de mujeres movilizadas a favor del derecho a decidir enmudecieron sólo durante unos instantes. De inmediato, con los pañuelos verdes en alto, repitieron un grito unánime que no fue escuchado: "Que sea ley". Desde el otro lado de la plaza llegaban aplausos y fuegos artificiales.

Ya de mañana, Macri brindó un mensaje para asegurar que el debate sobre la despenalización del aborto "continuará". También se comprometió a mejorar los programas de educación sexual con el fin de evitar embarazos no deseados. A día de hoy, siete de cada diez gestantes adolescentes aseguran que no planificaron su embarazo." Queremos que esas chicas tengan la posibilidad de elegir y que no sea su vía de desarrollo tener un chico cuando no están en condiciones o no saben lo que significan", dijo Macri desde la sede del Gobierno argentino.

Más tarde, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, anunció que el próximo 21 de agosto el Gobierno presentará ante el Congreso el proyecto de reforma del Código Penal, que ampliará la despenalización del aborto. Según la normativa vigente, las mujeres que no siguen adelante con su embarazo se arriesgan a una condena de hasta cuatro años de cárcel.

La despenalización es vista como un primer paso por el movimiento de mujeres, que reclama que el aborto sea legal y pueda realizarse en los hospitales de forma gratuita y segura. Si dejase de ser delito, las mujeres ya no tendrían miedo de acudir a urgencias en caso de sufrir alguna complicación, pero aún quedarían desprotegidas aquellas embarazadas sin recursos para realizarse un aborto seguro. Las organizaciones feministas se preparan para volver a presentar un proyecto de legalización el año que viene, cuando podrá volverse a tratar en el Congreso.

La escritora Claudia Piñeiro, activa militante a favor del derecho de las mujeres a decidir, consideró que "la batalla cultural está ganada". "Ayer en la Argentina se votaba aborto legal o aborto clandestino. Las mujeres fuimos condenadas a seguir abortando en la clandestinidad y con cualquier recurso: rama de perejil, aguja de tejer, percha o clínica según la clase social a la que pertenezcamos. Otra vez me permito disentir de las palabra del Presidente: no se trata de creencias, se trata de salud pública. No lo entendieron. Ni él ni la mayoría de los senadores", escribió la novelista en una columna en Clarín que se viralizó en las redes sociales.

El Congreso no puede volver a tratar la legalización del aborto hasta 2019, pero la reivindicación seguirá en las calles. Es cuestión de tiempo que las argentinas no sean forzadas a dar a luz, sino que puedan elegir cómo y cuándo ser madres. Hasta ese día, el debate ha logrado que el tema deje de ser un tabú para ser visto como un problema de salud pública. Miles de mujeres han contado cómo abortaron y crecen cada día más las redes que brindan ayuda a las que van a dar ese paso, para que lo hagan en las condiciones más seguras posible.

#hemeroteca #aborto #politica | Aborto: es de ahora hacia adelante

Imagen: Clarín
Aborto: es de ahora hacia adelante.
Claudia Piñeiro · Escritora | Clarín, 2018-08-09
https://www.clarin.com/sociedad/aborto-ahora-adelante_0_Syl_p8FSQ.html

La batalla cultural está ganada y eso no es poco. Es mucho, muchísimo, en un país donde la mayoría de los senadores demostraron pensar con un siglo de atraso. Algunos quisieron tender puentes, fueron los menos. El proyecto de los senadores cordobeses, y hasta el del senador Omar Perotti y el de la senadora Luciana Crexell trataron de acercar posiciones. En cambio la mayoría demostraron ser terminantes y caprichosos, convencidos de que su opinión es la verdad. Los que hace unos días caminaban los pasillos del Palacio aseguran que una rubia senadora amenazaba a los gritos a su jefe de bloque con que “o rechazo total o te parto el bloque”. Eso son. No sólo no están dispuestos a ampliar derechos sino que intentarán ir hacia atrás y revisar los que ya hemos adquirido. Quedó claro en sus discursos. Pero no podrán, nuestra fuerza es mayor y desde ahora no habrá un solo paso atrás sino todo lo contrario: es de aquí hacia delante.

A diferencia de lo que ayer escribió el presidente Mauricio Macri en su Facebook, yo creo que sí importa el resultado de la votación en el Senado. Ayer en la Argentina se votaba aborto legal o aborto clandestino. Y las mujeres fuimos condenadas a seguir abortando en la clandestinidad y con cualquier recurso: rama de perejil, aguja de tejer, percha o clínica privada según la clase social a la que pertenezcamos. Otra vez me permito disentir con las palabras del Presidente: no se trata de creencias, se trata de salud pública. No lo entendieron. Ni él ni la mayoría de los senadores. O lo entendieron y no les importó porque privilegiaron su fe, lo que les ordenó un cura o los supuestos votos que cosecharán en una elección cercana. Demostraron no estar a la altura de los tiempos ni del cargo que ocupan. Demostraron que no les conmueven las mujeres muertas en abortos clandestinos. Son costos que están dispuestos a pagar. Debemos tenerlo presente y recordarlo.

Hoy hay dolor no solo porque después de tanto debate no haya salido la ley que vino con media sanción de Diputados ni ninguna otra ley propuesta por ningún senador dispuesto a acercar posiciones , sino porque tomamos conciencia de a quiénes les dimos el poder para que decidan sobre nuestras vidas. Y eso excede en mucho esta ley en cuestión. Sin embargo, hacia delante tenemos todo para ganar. Nosotros no perdimos, perdieron los que querían mantener el status quo: ya nada será igual. La batalla que dimos todos juntos está ganada, pero hay que seguir dando pasos. La sociedad legalizó el aborto en este debate, lo sacó de debajo de la alfombra. Fuimos adultos y trabajamos mucho más que los senadores, gran parte de ellos nunca estuvieron presentes en las discusiones en comisión y ni siquiera se conectaron desde sus distintos destinos vacacionales. ¿Cómo ganamos la batalla cultural? Primero llamando a las cosas por su nombre: pudimos decir “aborto”, una palabra que no usábamos. Luego, manifestándonos, diciendo si estamos a favor de una ley de aborto legal, seguro y gratuito o no. Pero terminamos de ganar la batalla recién cuando muchas mujeres pudieron decir : “Yo aborté”. En las mesas familiares, en los colegios, en los medios de trasporte, en las oficinas, todos hablamos del aborto, el tema atravesó cualquier grieta. Aparecieron hermanas, primas, madres, tías, amigas que habiéndolo callado tantos años por fin pudieron decirlo. Y nosotros las abrazamos. Aunque griten “rechazo total o parto el bloque”, ningún senador ni ninguna senadora podrá quitarnos esos abrazos.

Lo repito porque es importante que no pase desapercibido: la batalla cultural está ganada. De ahora en más, cuando una mujer se dé cuenta de que está embarazada y no quiera continuar ese embarazo por las razones que ella crea convenientes, ya no abortará sola en la Argentina. Ya no callará y cargará con esa culpa. Ya no sentirá reprobación y vergüenza. Contará con mucha más información acerca de qué hacer y qué no, acerca de qué riesgos no debe correr. El Estado podrá permanecer ausente pero nosotros no; hay grupos de socorristas en todo el país dispuestas a ayudar. También a partir de hoy, toda mujer sabrá a quién contarle y a quién no, porque se han caído muchas caretas, la hipocresía ha quedado al descubierto. Sabemos que hay curas que marchan por las dos vidas mientras “abortaron” a una hija que no quisieron reconocer, sabemos que hay senadores que votaron en contra pero que años atrás su mujer y él decidieron hacer un aborto y lo hicieron, sabemos que hay senadores que creen que la mujer tiene la obligación de ser madre y parir, sabemos que hay senadores que creen que “si abrieron las piernas que se hagan cargo”. Y sabemos que el Poder Ejecutivo habilitó un debate y luego, como si hubiera sido un juego y nosotros niños de jardín de infantes, nos mandó a lavarnos los dientes y a dormir que acá no pasó nada, negando una vez más a las mujeres que hoy, ya sabemos, mueren por abortos clandestinos en la Argentina.

Es de acá hacia adelante.
La ley se volverá a presentar y saldrá. Habrá legalización del aborto en la Argentina. Mientras tanto, abrazaremos a toda mujer que tenga que tramitar un aborto, y los senadores que eligieron la percha al misoprostol cargarán con quienes mueran en un aborto clandestino. Tal vez irán a que su cura amigo los confiese y los perdone. Ojalá puedan dormir tranquilos pensando que esa mujer muerta bien vale todos los embriones que, de todos modos, no salvaron. Yo no podría.