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miércoles, 4 de diciembre de 2019

#libros #urbanismo #feminismo | Urbanismo feminista : por una transformación radical de los espacios de vida

Urbanismo feminista : por una transformación radical de los espacios de vida / Col·lectiu Punt 6.
Barcelona : Virus, 2019 [12-04].
224 p.
ISBN 9788492559992 /14 €

/ ES / ENS
/ Arquitectura / Ciudades / Feminismo / Urbanismo
TEXTO COMPLETO | Virus
https://www.viruseditorial.net/es/libreria/libros/521/urbanismo-feminista

Las ciudades que habitamos evidencian el vínculo estrecho e inseparable entre patriarcado y capital. En pocos lugares como en nuestras casas, nuestras calles y nuestras plazas se palpa tan claramente un modelo urbano diseñado a medida del sujeto masculino y de la explotación económica.

Atravesadas por esta lógica, disciplinas como el urbanismo y la arquitectura han materializado el desplazamiento de las mujeres a las fronteras interiores de lo doméstico y —como con las personas racializadas, ancianas, menores o con capacidades diversas—, su exclusión del espacio público.

Esta lógica opera a través de redes de movilidad y transporte pensadas fundamentalmente para el automóvil y el movimiento de mercancías; una arquitectura que reduce al mínimo el espacio disponible para los cuidados o un planeamiento en manos de cúpulas de especialistas desvinculados de la vida de sus habitantes, son algunos de los rasgos de esa ciudad que expulsa todo aquello que no responda a las lógicas de extracción de valor.

La propuesta que las autoras desarrollan en este libro, recoge una genealogía de décadas de elaboración crítica y experiencias prácticas, cuyo repertorio permite hoy al feminismo ofrecer un contramodelo frente a la ciudad neoliberal. Una ciudad cuidadora que subvierta el actual orden de prioridades, superando la dicotomía privado o público, mediante el diseño de entornos que pongan en el centro las necesidades de una población diversa y compleja, que sean sostenibles en términos sociales y ambientales, y donde las decisiones políticas y estratégicas estén en manos de sus habitantes.

‘Urbanismo feminista’ concretan diferentes aspectos relativos a esa ciudad de los cuidados, desde la clara conciencia de que solamente los procesos impulsados desde abajo, edificarán una realidad urbana radicalmente distinta a la que conocemos.

Col·lectiu Punt 6. Cooperativa de arquitectas, sociólogas y urbanistas de procedencias diversas con más de 10 años de experiencia local, estatal e internacional, Punt 6 es actualmente una de las referencias fundamentales de la crítica y la práctica del urbanismo feminista. Desde su nacimiento en 2004, han impartido talleres, elaborado guías, trabajos de docencia, investigaciones y consultarías urbanas, auditorias de género, y todo un conjunto de proyectos encaminados a llevar a cabo, de manera real, las transformaciones necesarias para unas ciudades sean más inclusivas, donde las protagonistas seamos las propias personas que las habitamos.

viernes, 12 de enero de 2018

#hemeroteca #mujeres #urbanismo | Para qué sirve la perspectiva de género en el diseño de nuestras ciudades

Imagen: El País
Para qué sirve la perspectiva de género en el diseño de nuestras ciudades.
La ley exige estudios como el que se ha elaborado ante el soterramiento de la M-30.
Jaime Rubio Hancock | Verne, El País, 2018-01-12
https://verne.elpais.com/verne/2018/01/12/articulo/1515759150_734346.html

El Ayuntamiento de Madrid ha pagado más de 52.000 euros por un estudio sobre el impacto de género que podría tener el soterramiento de la M-30. Tanto la ley estatal como la de la Comunidad de Madrid exigen estos informes. Aun así, la noticia ha generado polémica, ya que a priori tendemos a pensar que las ciudades son espacios neutros de los que puede disfrutar todo el mundo, independientemente de su género.

“Nunca ha sido así”, afirma Sara Ortiz Escalante, socióloga y urbanista que trabaja en el Col·lectiu Punt 6, una entidad dedicada a fomentar la equidad de género en el uso del espacio urbano. Ortiz recuerda que las ciudades no se crean de un modo racional y objetivo, sino que al planificarse tienden a reproducir el modelo de la sociedad, que en este caso es "patriarcal y capitalista”. Esto puede parecer una idea abstracta, pero en realidad tiene un impacto directo en nuestro día a día. Algunos ejemplos:

- Gran parte de la movilidad se planea teniendo en cuenta, sobre todo, los desplazamientos del domicilio al trabajo en transporte privado, mientras que más mujeres usan el transporte público.

- Las mujeres siguen encargándose mayoritariamente del cuidado de hijos y de familiares dependientes. En consecuencia, hacen más trayectos a lo largo del día, muchos de ellos a pie. Esto acaba traduciéndose en la necesidad de un transporte público que contemple otros desplazamientos aparte de los que llevan al trabajo.

- Hay estudios que analizan el uso de las bicicletas por parte de las mujeres: ellas optan por este medio de transporte cuando la ciudad se muestra lo suficientemente segura; por ejemplo, con la introducción de carriles bici.

Los hombres siguen siendo mayoritariamente quienes diseñan las ciudades y no tienen en cuenta estas necesidades, ya que ni se enfrentan a ellas, ni suelen escuchar a las mujeres que sí lo hacen. Eso sí, como subraya Ortiz, la idea no es perpetuar los roles de género. Es decir, no se trata de hacer que sea más fácil para las mujeres seguir asumiendo mayoritariamente estas tareas: el objetivo es que se valoren y que se compartan. En definitiva, si se tiene en cuenta este punto de vista es para diseñar una ciudad mejor para todos, hombres y mujeres, teniendo en cuenta los diferentes usos y necesidades.

El caso de Madrid
El soterramiento de la M-30 también puede verse favorecido por esta perspectiva de género, como explica la también socióloga y urbanista de Punt 6, Blanca Valdivia Gutiérrez. Ella recuerda que en Madrid siempre se ha priorizado el transporte en vehículo privado y los desplazamientos radiales, desde el centro hacia el exterior. Este diseño facilita ir a trabajar, pero hace que no sea tan fácil la comunicación entre barrios colindantes de la periferia, “como Villaverde y Vallecas o Villaverde y Carabanchel”.

En el caso de la M-30, la perspectiva de género puede aportar, por ejemplo, qué usos se dan al espacio resultante tras el soterramiento. ¿Van a ser lo suficientemente diversos como para que haya gente a todas las horas del día? Esto tiene implicaciones en la percepción de seguridad. Por mucho que el espacio esté iluminado, si queda desierto puede generar inseguridad, lo que todavía sigue siendo "una barrera a la hora de que una mujer pase por esa zona”, explica.

La perspectiva de género también puede tener en cuenta el acceso de personas con diversidad funcional y sus cuidadoras, mayoritariamente mujeres, o la posibilidad de dar prioridad al transporte público en el centro de la ciudad, por ejemplo.

La importancia de la participación
Ortiz y Grupo 6 subrayan también la necesidad de contar con la participación ciudadana a la hora de decidir cómo queremos que sean nuestros barrios. Esto puede romper con la idea de que los expertos son las únicas personas capacitadas para diseñar un entorno urbano. “Los arquitectos y urbanistas tienen la formación adecuada para traducir su conocimiento a planos y proyectos”, explica Ortiz, pero las personas “son expertas en su entorno”, ya que son ellas quienes, en su vida cotidiana, saben cómo se trasladan y qué necesidades y dificultades tienen.

¿A qué se debería dar prioridad? ¿A la movilidad? ¿Al transporte público? ¿A la seguridad? Esto depende de cada ciudad, pero hay que tener en cuenta que cualquier acción en un campo tiene incidencia en otros, al no ser compartimentos estancos. Por ejemplo, Ortiz explica que las acciones para controlar el tráfico en Barcelona y en Madrid tienen que ver con la contaminación y la salud, pero pueden llevar también a quitar espacio al coche, por ejemplo, lo que a su vez se traduce en que haya más trayectos a pie y, por tanto, se cuiden más las aceras o se creen más espacios verdes.

sábado, 3 de junio de 2017

#hemeroteca #feminismo #urbanismo | Así deben ser las ciudades según el urbanismo feminista

Imagen: El Diario / Actividad organizada por Punt 6
Así deben ser las ciudades según el urbanismo feminista.
Colectivos de urbanistas reivindican la necesidad de planificar las ciudades priorizando las tareas de cuidado, asociadas a las mujeres, frente a la supremacía de la movilidad lineal, es decir, del trabajo a casa. También apuestan por fomentar las zonas de encuentro y de socialización y desterrar la concepción única de las ciudades como lugares de tránsito. El rol de cuidadoras "las ha hecho conocedoras del salto que hay entre la ciudad construida y la que necesia la vida cotidiana para la realización de todas sus tareas", explica la arquitecta Karmele Rekondo.
Marta Borraz | El Diario, 2017-06-03
http://www.eldiario.es/sociedad/Ciudades-feminista-plural_0_649535851.html

Dejar de priorizar la movilidad lineal (de casa al trabajo) e incluir la movilidad que exigen los cuidados (llevar a los niños al parque, acompañar al abuelo al médico...) en la planificación de las ciudades es uno de los objetivos principales del urbanismo feminista. Una forma de diseñar el espacio que quiere tener en cuenta la experiencia de las mujeres a partir del rol de cuidadoras que históricamente se les ha asignado.

Estos colectivos de urbanistas diagnostican que el modelo de ciudad actual tiende a poner en el centro lo relacionado con lo productivo y remunerado, tradicionalmente vinculado a los masculino, mientras el ámbito de lo reproductivo, del que se encargan mayoritariamente las mujeres, es invisible. ¿Responde la ciudad a las necesidades derivadas de todas las personas que están en ella?

"Las tareas de cuidado no tienen dos únicos puntos de salida y llegada, sino muchos más. En un mismo trayecto llevas a los niños y niñas a la escuela, vas al trabajo, al salir pasas por la panadería a comprar el pan, vuelves a la escuela a recogerlos, vas al centro médico a acompañar a un familiar y a la salida vas un rato al parque para que jueguen", ejemplifica Karmele Rekondo, arquitecta e integrante del colectivo sobre urbanismo inclusivo UrbanIn+.

Este esquema, sin embargo, no se tiene en cuenta a la hora de planificar las ciudades, según denuncia la cooperativa con diez años de esperiencia Col.lectiu Punt6. La integrante y arquitecta Adriana Ciocoletto, asegura que las ciudades "se organizan en zonas alejadas entre sí (residencial, trabajo, centros comerciales, centros sanitarios...) y entendiendo que los desplazamientos que se dan entre ellas se hacen mayoritariamente en vehículo privado. Por ello, unir estos espacios, que responden a las necesidades cotidianas de la vida y el cuidado, se hace complejo".

¿Qué es el urbanismo feminista?
Frente a esta concepción de la ciudad, que obliga a enfrentar grandes desplazamientos diarios, prioriza los coches, fomenta los espacios en desuso o concibe las calles como lugar de tránsito y no de encuentro, se erige el urbanismo feminista, que engloba aportaciones hechas desde varios ámbitos del urbanismo y la arquitectura sobre la proyección de ciudades sostenibles, aptas para la vida cotidiana y centradas en las necesidades de las personas.

Rekondo explica que hay sujetos excluidos del desarrollo urbano. Pone el ejemplo de las mujeres que limpian en turno nocturno las zonas de oficinas a las afueras de las ciudades: "Normalmente no disponen de coche propio, pero el transporte público a la supuesta hora de salida del trabajo reduce su frecuencia. Es frecuente la imagen de una mujer o un grupo de mujeres que se organizan para no ir solas esperando a un autobús que pasa cada hora en una parada totalmente aislada y solitaria".

Pero las ciudades diseñadas por el urbanismo feminista no tratan de pensar solo en las mujeres, sino incorporar una visión interseccional que hable de problemas universales y no se reduzca a "las cosas que les pasan a las mujeres". Por ello, pretenden poner en el centro las necesidades de niños, niñas, personas mayores o personas con diversidad funcional, pero no como sujetos homogéneos, sino teniendo en cuenta otras variables como la edad, la raza o la orientación sexual.

Además, quieren hacer ciudades seguras frente al acoso callejero y romper con la dicotomía entre lo público (trabajo productivo) y lo privado (trabajo reproductivo o de cuidados), asociado tradicionalmente a hombres y mujeres respectivamente, de forma que las ciudades estén dispuestas para la realización de ambas tareas. "La distribución cercana en el territorio de los diferentes usos de la ciudad facilita que todas las personas puedan estar en el ámbito reproductivo", analiza Zaida Muxi, directora de urbanismo de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona).

¿Por qué partir de la experiencia de las mujeres? Porque el rol de cuidadoras asociado a las mujeres, incide Rekondo, "las ha hecho conocedoras del salto que hay entre la ciudad construida y la que necesita la vida cotidiana para la realización de todas sus tareas". Frente a este papel que históricamente se les ha asociado a ellas, las expertas aseguran que poner en el centro del diseño los cuidados y la socialización, fomentaría que todos, incluidos los hombres, participaran de estas tareas.

Por otro lado, el urbanismo feminista piensa la ciudad como un lugar que responda a las necesidades de todos: "Las personas mayores aproximadamente cada 200 metros necesitan sentarse en un banco, pero eso no se percibe", dice Ciocoletto. "El diseño de las ciudades no tiene en cuenta las distinas fases de la vida, que las personas podemos ser dependientes o autónomas, que estos estados pueden cambiar y que esto condiciona a las personas que cuidan", analiza la arquitecta e integrante del colectivo Dunak Taldea, Zuriñe Burgoa.

En su opinión, la puesta en marcha de "espacios con zonas verdes, con sombra, aceras anchas, calles con prioridad peatonal, sin barreras físicas o simbólicas, espacios comunes en los bloques de viviendas o zonas para el encuentro y el descanso" fomenta la construcción de una ciudad "centrada en las necesidades". Se trata de priorizar unas actividades frente a otras: "Puedes peatonalizar una calle que está llena de tiendas para impulsar el consumo o la calle que conecta con la escuela infantil", ejemplifica Ciocoletto.

La participación de la ciudadanía
Otro de los objetivos que pretende el urbanismo feminista es potenciar la colectividad y la pluralidad frente al individualismo, para lo que reivindican espacios seguros en los que poder socializar y realizar reuniones, encuentros, asambleas etc. "La plaza, ese lugar de reunión y convivencia, se ha convertido en un lugar individualizado con sillas individuales, cuando las hay, mirando cada una para un lado", argumenta Rekondo.

"Esas aceras en las que se juntan tres personas y no caben más o esos bancos individuales, ¿cómo van a ser percibidos como espacios amables", se pregunta Burgoa.

Esta falta de espacios para el encuentro es, en su opinión, "un planteamiento simplista que concibe las ciudades únicamente para ir de un sitio a otro y los bloques de vivienda se entienden como espacios privados, pero si tienes que desplazarte de punta a punta de la ciudad para trabajar, dormir y comprar, ¿dónde queda el espacio para la vida?".

En los últimos años el urbanismo feminista ha comenzado a colarse en algunos ayuntamientos, aunque "luego llevarlo a la práctica es más difícil", explica Muxi. La urbanista asegura que estas ideas han entrado con fuerza en los equipos consistoriales. En su ayuntamiento se ha hecho un diagnóstico del espacio con perspectiva de género o, por ejemplo, un proyecto participativo con niños y niñas de una escuela para rehabilitar una plaza en función de sus necesidades.

Más allá de la experiencia institucional, los colectivos feministas reivindican que el diseño de las ciudades incorpore la voz de toda la ciudadanía y se construya a través de procesos participativos para que las personas hablen de sus necesidades. "Hasta hace poco la participación era meramente consultiva. Les preguntaban a las personas si querían una plaza redonda o rectangular, pero en ningún caso se les preguntaba si lo que necesitaban era una plaza nueva o si lo prioritario era hacer accesibles las escaleras por ser un barrio envejecido", concluye Rekondo.

martes, 4 de abril de 2017

#hemeroteca #mujeres #trabajo | Poco transporte público, inseguridad y acoso: el día a día de las trabajadoras nocturnas

Imagen: La Marea / 'Nocturnas'
Poco transporte público, inseguridad y acoso: el día a día de las trabajadoras nocturnas.
Un informe coordinado por el Col·lectiu Punt 6, una cooperativa de arquitectas, sociólogas y urbanistas, desgrana a través de varias historias las dificultades a las que se enfrentan estas trabajadoras.
Alba Mareca | La Marea, 2017-04-04
http://www.lamarea.com/2017/04/04/trabajo-nocturno-se-vive-forma-diferente-hombre-una-mujer/

Mujeres que eligen trabajar de noche por la mayor compensación económica que eso significa —entre 300 y 500 euros extra—. Mujeres que duermen poco o que sacrifican el sueño para poder compaginar el trabajo remunerado con el trabajo de cuidados y doméstico. Mujeres que terminan sus turnos entre las 4 y las 6 de la mañana, después de haber realizado tareas de esfuerzo durante toda la noche, como la limpieza de hospitales o aeropuertos, y que así disponen de la mañana para hacer gestiones administrativas. Mujeres que, al volver a sus casas, tienen que hacer frente a la escasez de transporte público, a la inseguridad y al acoso sexual.

Esta es la realidad de muchas mujeres que trabajan de noche y es lo que se desprende del informe ‘Nocturnas. Mujeres que trabajan de noche en el Área Metropolitana de Barcelona’ coordinado por el Col·lectiu Punt 6, una cooperativa de arquitectas, sociólogas y urbanistas cuyo trabajo se focaliza en la equidad de género en el uso de los espacios públicos y el equipamiento. En el trabajo también han colaborado entidades como la Fundació Àmbit Prevenció, Ca la Dona, la Secretaría de la Dona de CCOO o Irídia.

A falta de datos oficiales recientes, el Ayuntamiento de Barcelona elaboró un estudio en el año 2002 sobre el mercado laboral nocturno en esta ciudad por el que corroboraba que un tercio de las personas que trabajan de noche eran mujeres, aunque no establecía una relación del trabajo nocturno con las políticas públicas de planificación urbana y movilidad. “Dentro del urbanismo feminista, la noche se ha estudiado sobre todo por temas de percepción de la seguridad y cómo esta afecta a la movilidad, pero nunca mirando específicamente al trabajo nocturno, que es algo bastante invisibilizado dentro del urbanismo. Se habla de zonas de ocio, de cuestiones relacionadas con el consumo, de restaurantes, teatros o actividades lúdicas, pero pocas veces se habla de la otra parte, la que está trabajando y ofreciendo los servicios“, explica Sara Ortiz, coordinadora de este proyecto que cuenta las vivencias de 24 mujeres que trabajan en diferentes zonas y puestos.

Cuando volver a casa a la salida del trabajo se convierte en una odisea
Para Ortiz, “trabajar de noche se vive de forma diferente si eres un hombre o una mujer”. La escasa frecuencia de transporte público en horario nocturno o los múltiples transbordos son algunas de las dificultades de movilidad que desgrana el informe. Además, las mujeres, por ser mujeres, se enfrentan a otras especificidades. “El transporte público por la noche, sobre todo el metro y el tren, en ciertos días de la semana está monopolizado por quienes vuelven a casa de fiesta y las mujeres se enfrentan a todo lo que eso conlleva en muchas ocasiones: el acoso sexual. Por eso, para las mujeres que vuelven a casa después de trabajar este es un ambiente hostil”, señala Ortiz. Además, los trayectos a pie o el tiempo de espera entre las conexiones suponen a menudo momentos de inseguridad.

“A mí, tres noches seguidas un hombre me siguió hasta el trabajo desde la parada. Me asusté un montón. A la tercera noche, que iba cagada de miedo, me bajé en mi parada, empecé a andar más deprisa y se me puso al lado y le dije que qué quería. Me dijo que era una mujer muy linda”. Situaciones de acoso como esta que narra uno de los testimonios incluidos en el informe hacen que las mujeres que trabajan de noche se vean obligadas a recurrir a estrategias como cambiar de ruta para no dejar rastro de sus recorridos cotidianos y que así nadie pueda controlar sus movimientos.

Conocer bien el barrio y el entorno u otras tácticas a nivel personal, como llevar un spray de pimienta o una laca pequeña, son, según el estudio, factores que hacen sentir más seguras a las mujeres que trabajan de noche. Sin embargo, “la percepción de seguridad asociada con la autonomía y la libertad de poder moverse, disfrutar y participar de la ciudad a cualquier hora del día y de la noche se concibe aún como algo difícil de conseguir“, añade el informe.

En este sentido, desde el Col·lectiu Punt 6 insisten en que “las mujeres seguimos siendo socializadas para tener miedo en el espacio público y en la noche” y recuerdan que “mensajes como el ‘no camines sola de noche’ es uno de tantos que recibimos a través de nuestra familia, los medios de comunicación o la educación”. Por eso, y “a pesar de que gran parte de la violencia contra las mujeres tiene lugar en espacios privados y viene de personas conocidas”, la inseguridad es una de las principales sensaciones que relatan las mujeres que trabajan de noche.

Para las que además trabajan en la calle, como las empleadas de la limpieza viaria de Barcelona o las trabajadoras sexuales, la violencia está vinculada “a cómo se concibe el cuerpo de una mujer en el espacio público de noche y al tipo de trabajo, menos valorado socialmente”.

Fruto de todo ello, las mujeres que han participado en el estudio relatan efectos en su vida cotidiana diurna, en sus relaciones sociales y su salud. Sobre lo primero, las mujeres denuncian que los horarios de equipamiento y servicios para hacer trámites administrativos tengan turnos mayoritariamente de mañana o que trabajar de noche reduce su esfera de cuidado propio y de ocio.

“Muchas de las mujeres sentimos una falta de comprensión social por parte de nuestro entorno más próximo de lo que implica trabajar de noche. Por un lado, sentimos que la gente piensa que durmiendo 4 o 5 horas ya hemos descansado, o bien, asocian el hecho de dormir durante el día no al descanso sino al no hacer nada”, detallan en el informe. Junto a esta falta de sueño, los dolores de cabeza, de espalda o la ansiedad y la depresión son consecuencias de las jornadas laborales nocturnas para las mujeres.

Construir ciudades con perspectiva de género
“La visibilidad en las ciudades, temas de iluminación, la altura de la vegetación, el diseño de espacios, los muros, las zonas ciegas, cómo están diseñados los trayectos, qué elementos nos encontramos cuando caminamos, si hay túneles o puentes” son algunos de los aspectos que hay que tener en cuenta en la configuración del espacio público que describe Sara Ortiz.

Con el objetivo de mejorar la movilidad, desde el colectivo de urbanismo feminista instan a los organismos públicos a revisar la frecuencia del transporte público durante la noche, a promover el transporte colectivo a los centros de trabajo, a elaborar auditorías de seguridad urbana con perspectiva de género, a mejorar la iluminación y la movilidad a pie en zonas de trabajo como la Ciudad Sanitaria del Hospital de Bellvitge o a establecer convenios laborales con visión de género, entre otras medidas.