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jueves, 27 de febrero de 2025

#hemeroteca #inmemoriam | Muere Kim Pérez, primera activista trans en presentarse a unas elecciones. a los 83 años

Kim Pérez, en el centro, en un acto en Granada //

Muere Kim Pérez, primera activista trans en presentarse a unas elecciones. a los 83 años

Las asociaciones LGTBIQ+ granadinas han solicitado que los restos de la activista descansen en el panteón de personas ilustres de Granada.
Público, 2025-02-27
https://www.publico.es/politica/muere-kim-perez-primera-activista-trans-presentarse-elecciones-83-anos.html

La activista Kim Pérez, primera transexual que se presentó a unas elecciones e icono en la defensa de los derechos del colectivo, ha fallecido a los 83 años, según han informado diferentes asociaciones LGBTIQ+ de Granada. Pérez deja un "legado que seguirá vivo" en el colectivo, ha indicado en una nota de prensa la asociación Arco Iris.

En la nota de prensa difundida la organización, las asociaciones LGTBIQ+ de Granada y provincia han expresado su más sentido pésame por el fallecimiento de Pérez y han destacado que fue "una de las figuras más destacadas en la lucha por los derechos" de estas personas.

La presidenta de Arco Iris Granada, Sandra Rodríguez Salas, ha declarado que "siempre fue punta de lanza para el movimiento LGTBIQ+ granadino y andaluz" y "una luz guía para" quienes tuvieron "la suerte de conocerla y trabajar juntas". También ha añadido que "su legado seguirá vivo en nuestro activismo, porque Kim seguirá inspirándonos siempre" y que "fue una pionera en muchos aspectos". Pérez abrió camino a activistas como la propia Rodríguez Salas, la primera edil trans del Ayuntamiento granadino.

Trayectoria profesional de la activista
En 2007, Pérez fue nombrada por Izquierda Unida candidata a las elecciones municipales de Granada, en la lista que encabezó Lola Ruiz, hito político que también le reconoció el Ayuntamiento, una década después, con el galardón ‘Mayores del año’.

Muy activa en sus últimos años a través de Internet, la activista ha dado apoyo a numerosas iniciativas y asociaciones por los derechos LGTBIQ+. En 2018 encabezó una iniciativa para la concesión del Nobel de la Paz a las transexuales de América Latina, y leyó desde el balcón del consistorio granadino el pregón en la conmemoración del Orgullo, que se celebra cada año el 28 de junio.

"Jugó un papel crucial en la inclusión de los tratamientos y cirugías para personas trans en el catálogo de prestaciones sanitarias de Andalucía" y "licenciada en Historia y profesora de ética y filosofía, Kim Pérez fue una pionera en la visibilización y defensa de los derechos" de las personas transexuales, prosigue Rodríguez Salas.

El Ayuntamiento de Granada reconoció su trayectoria como activista con la Medalla de Oro al Mérito por su contribución a la consecución de sus derechos, abriéndoles camino en una trayectoria vital dentro y fuera de España.

Fue cofundadora y presidenta de la Asociación de Identidad de Género en Andalucía, también del colectivo Conjuntos Difusos-Autonomía Trans y de la Academia de Identidad de Género, "logrando importantes avances como la inclusión de tratamientos y cirugías de reasignación de sexo en el catálogo de prestaciones sanitarias de Andalucía".

También formó parte activa durante años de la histórica asociación NOS de Granada e inició una huelga de hambre en protesta por el retraso en la aprobación de la Ley Integral Trans+ de Andalucía, han añadido desde Arco Iris.

Panteón de personas ilustres de Granada

El PSOE ha solicitado que los restos mortales de la activista trans Kim Pérez descansen en el panteón de personas ilustres de Granada, señalando el portavoz del grupo socialista en el Ayuntamiento granadino, Paco Cuenca, que el de este jueves es un "día triste" tras su muerte.

La Asociación Trans de Andalucía-Sylvia Rivera también ha apoyado a través de redes sociales la petición de la asociación de Granada Arco Iris para que Pérez descanse en el pabellón de personas ilustres de Granada.

En una nota de prensa Cuenca ha trasladado las condolencias de los socialistas a la familia de Pérez y ha destacado "su incansable lucha por los derechos de las personas LGTBIQ+, convertida en un referente para los granadinos y granadinas por su incansable trabajo".

Ha reclamado por todo ello que sus restos descansen en el panteón de personas ilustres de la ciudad de Granada "como no puede ser de otra forma". "Que su ejemplo sea siempre guía", ha indicado Cuenca en un mensaje en su perfil de la red social X.

martes, 23 de mayo de 2023

#hemeroteca #vih #politica | Carmen Martín, candidata de IU. De estar a punto de morir al Parlamento de Cantabria: "Tengo VIH, soy madre y un milagro"

El Confidencial / Carmen Martín //

Carmen Martín, candidata de IU. De estar a punto de morir al Parlamento de Cantabria: "Tengo VIH, soy madre y un milagro"

Tras 25 años de activismo en favor de los derechos de las personas seropositivas, la segunda en las listas de IU-Podemos puede convertirse en llave de gobierno en Cantabria
Héctor García Barnés | El Confidencial, 2023-05-20
https://www.elconfidencial.com/espana/2023-05-20/carmen-martin-iu-parlamento-cantabria-vih_3631812/

Carmen Martín (51 años) tiene VIH, un hijo de 17 años, una discapacidad reconocida de un 65% y un tatuaje en el brazo: "Creo en los milagros porque yo soy uno. El futuro es hoy y no es tarde. Creo en un mundo mejor para ti y para mí". Es la letra de 'I Believe in Miracles', la canción de los Ramones. En un par de semanas es bastante probable que, además, obtenga un escaño en el Parlamento de Cantabria como representante de Izquierda Unida.

"Para su padre y para mí nuestro hijo fue un milagro, así que me tatué la letra de la canción cuando falleció su padre", explica a ‘El Confidencial’. Ella misma es otro prodigio: hace años, estuvo al borde de la muerte por problemas derivados de su condición. Ser madre le hizo enfrentarse a la incomprensión que suele rodear a las personas seropositivas, cuando se le acusó de querer dar a luz de manera irresponsable, aunque en su caso, el virus no fuese transmisible.

"Mi hijo ha sido un reto desde el momento en que sentí el deseo de ser madre", explica. "Las mujeres con VIH hemos visto en muchos momentos cómo nuestros derechos se han visto vulnerados: en el momento del embarazo, la desinformación en el ámbito sanitario hace que te veas sometida a un juicio por el deseo de querer ser madre, porque la gente desconoce que cuando una persona tiene VIH pero su carga viral es indetectable, el virus es intransmisible".

Martín es una de las veteranas del activismo cántabro como coordinadora de ACCAS (Asociación Ciudadana Cántabra Antisida). También ha sido directora de la Red Cántabra de Lucha contra la Pobreza, forma parte de COCEMFE (la Federación de Personas con Discapacidad) y organizó ‘Los monólogos de la vagina’ en Cantabria. Hoy trabaja a diario con unas 140 personas que no tienen cubiertas sus necesidades básicas, muchas de ellas apartadas por sus familias. "Migrantes, personas que ejercen prostitución, personas con VIH, que han sufrido violencia o privadas de libertad", explica.

Ahora Martín se presenta por primera vez a unas elecciones en las que las encuestas le otorgan la posibilidad de conseguir uno de los dos asientos que podrían ser decisivos en el caso de que el Partido Regionalista de Cantabria y el PSOE aspiren a gobernar juntos. "¿Que si veo posible el pacto?", se pregunta. "Desde luego, siempre que sea para parar a la extrema derecha. Pero no será gratis".

"A mí ha sido el propio activismo y la defensa de las personas que viven con VIH lo que me ha llevado a la política", prosigue. "Me he dado cuenta de que tan solo desde la incidencia política del tercer sector o las entidades sociales no sirve, porque el muro está en la Administración". Martín concurre como segunda de lista en la candidatura conjunta IU-Podemos, tras la número uno, Mónica Rodero, de Podemos Cantabria.

Las lecciones de la vida
Martín recuerda sus primeros años en el activismo, a finales de los años noventa, como un tiempo de dolor y miedo. "Era la época en la que muchas personas fallecían, así que las acompañábamos en sus últimos momentos, a ellos, a sus familias y a su entorno más cercano, eran momentos muy dolorosos", recuerda. Ha sufrido tantas pérdidas que admite que ha tenido que romperse y recomponerse muchas veces. "Siempre parece que se va a acabar el mundo y que no vas a poder seguir adelante, pero se aprende a vivir y te lo quedas como un recuerdo que te da fortaleza".

Una de las personas que perdió fue su pareja, el padre de su hijo. Otra, su mejor amiga, "mi estrella". "Se acaba el mundo, al día siguiente vuelve a salir el sol, pero se acaba el mundo, ¿eh?", añade. Ella misma sufre las secuelas de la tuberculosis que casi acaba con su vida, con comorbilidades como problemas cardiovasculares y aumento de grasa o colesterol, que han hecho que en su última prueba de edad metabólica el diagnóstico haya determinado que su organismo es el de una persona de 65 años.

Todas esas pérdidas le han dado fuerzas para no parar durante el último cuarto de siglo, primero en un grupo de autoayuda y más tarde en talleres de inserción. Estos meses compagina su trabajo de ocho horas diarias al frente de la asociación con la campaña electoral que la tarde de esta entrevista la llevará a Torrelavega. No piensa cambiar y seguirá haciendo política desde lo personal, aunque admite que tenga que modular un poco el mensaje.

A pesar de que no ha querido hacer de su condición parte central de su campaña, a Martín le gusta reivindicarse tras décadas luchando contra el estigma. Aunque la situación de los seropositivos es ahora mejor que hace unos años, esto tiene sus problemas asociados. "Ha habido una especie de desensibilización hacia el VIH, ha desaparecido el miedo y los tratamientos son eficaces, pero tenemos un problema con las personas hasta que son diagnosticadas y llegan a ese tratamiento, porque al final tienen el mismo virus que hace 40 años y pueden morir por causas relacionadas con el sida", explica.

El principal problema al que se encuentran hoy los diagnosticados es el miedo al rechazo por parte de su familia, amigos o sus empleadores. "Los tratamientos han hecho que el VIH ya no sea una sentencia de muerte, por lo que se puede tener incluso una buena calidad de vida, lo que ha provocado que sea más invisible porque ya no tienen esa necesidad reivindicativa", explica. "Ahora es todo el rato recibir golpes y bajar la cabeza".

Algo aún más complicado para las mujeres, más invisibilizadas que los hombres seropositivos. Martín presume de haber gozado del apoyo de su familia cercana, aunque tuvo que llevar a cabo una dolorosa criba de amigos a medida que iba contándoles que era seropositiva. "Excepcionalmente, he tenido mis decepciones, tanto en la familia lejana o dentro de mi entorno social, con algunas personas que me defraudaron en su momento y dejaron de llevar la etiqueta de amigos", explica. "Pero no quería morirme y que mi entorno no supiera qué estaba pasando, lo que me ayudó a hacer una limpia".

Durante un tiempo tuvo que dar "un paso atrás" como persona pública para proteger a su hijo. Le explicó su condición cuando tenía 14 años. "Aunque habíamos hecho actividades con otras personas con VIH y nos habíamos ido de vacaciones con ellos, llegó un momento que tuve que decirle 'mira, tengo VIH'", recuerda. "Sé que fue duro para él, y tuve que explicarle más cosas: cuáles habían sido mis tratamientos y cómo lo había pasado, porque él tenía la necesidad de que se lo contase".

El pasado noviembre se celebró el primer Pride VIH, organizado por CESIDA (Coordinadora Estatal del SIDA), y cuando Carmen se subió al escenario a contar su experiencia, en el público estaba su hijo, aplaudiendo al lado de sus amigos y de otros compañeros de la asociación.

Maneras de vivir (en Cantabria)
Como parlamentaria, Martín se propone "poner encima de la mesa del Parlamento lo que está ocurriendo en Cantabria". En la comunidad hay tan solo 400 viviendas de alquiler social, recuerda, "un parque de vivienda mínimo para toda la población que hay". La subida de precios ha provocado que en Santander haya cada vez más trabajadores pobres. Otro de los problemas que quiere abordar son las estructuras y el transporte, con los constantes problemas de funcionamiento de los trenes: "Los trabajadores van a estar en el Parlamento de Cantabria".

A la política se le anima la voz cuando se pone a hablar de rock, la banda sonora que le ha acompañado de lo largo de toda su vida, desde los ya citados Ramones hasta Rosendo pasando por Eskorbuto o Leño. Sin ellos, tal vez no estaría aquí. "La música ha sido mi vida, lo que me ha dado fuerza cuando no la tenía, lo que me ha acompañado cuando estaba en el hospital", explica. "El rock and roll me daba mucha fuerza".

La aspirante al parlamento cántabro recuerda aquella canción de Barricada que le acompañó en los momentos más oscuros y que recuperó como lema para su asociación: "Una mano que no ayuda es un muro que golpea y más de medio mundo agazapado esquivando a la muerte que nunca llega porque siempre ha estado ahí", recita de memoria. "En esos momentos me decía que a lo mejor si me moría dejaba de sufrir, pero esas frases me daban fuerza", añade.

Martín lleva puesta durante la entrevista una camiseta de los Ramones, como aquellas que compraba hace décadas en una tienda al lado de la plaza de Santa Ana, porque en Cantabria no tenían, y que llevará al mitin de esa misma tarde. Las ha tenido de todas las formas y colores, y no piensa cambiársela para la campaña electoral. Vuelve a insistir. Es madre, activista, feminista, seropositiva y Carmen Ramones.

viernes, 22 de julio de 2022

#hemeroteca #inmemoriam | Na distancia al compañeru Adolfo Saro

Nortes / Adolfo Saro //

Na distancia al compañeru Adolfo Saro.

Adolfo foi un avanzáu al so tiempu y un lluchador tola so vida, incansable por tresformar y alitar una sociedá en crisis constante.
Xabel Llano | Nortes, 2022-07-22
https://www.nortes.me/2022/07/22/na-distancia-al-companeru-adolfo-saro/ 

Al abrir el portátil vi l’últimu cantar reproducíu “Digo que soy libre” de L.E. Aute, pensé nel mio amigu afirmándose na so llibertá y na so llucha constante por facer del mundu en que vivimos un llugar más xustu. El 21 de xunetu de 2022, marchónos una persona fundamental non solu del ámbito de la esquierda alternativa, si non del conxuntu de la sociedá asturiana, l’uvieín y asturianu d’adopción Adolfo Saro Herrero.

Adolfo foi un avanzáu al so tiempu y un lluchador tola so vida, incansable por tresformar y alitar una sociedá en crisis constante. El so papel dinamizador del asociacionismu xuvenil foi fundamental na creación del Conseyu de la Mocedá d’Asturies y de los conseyos de mocedá locales, la so collaboración por potenciar la participación de la mocedá na vida pública constitui un exemplu de cómo articular una sociedá que munchos daben por acabada y que resultó tar bien viva. Frente aquel pensamiento negativu erguíase la sorrisa d’Adolfo y como non la so mente privilexada capaz d’armar dende’l discursu a l’aición en pro siempre d’una sociedá meyor.

Non, nun tuvo que ser fácil la so llucha, pese al relatu oficial los años negros taben entovía presentes, quedaba muncho por avanzar y facer visible lo que taba tapecíu. La escuridá nun diba con Adolfo y por eso y con otres grandes persones creastis XEGA, una organización referente nun solu pal coleutivu LGTBI, sinon pa cualesquier persona que buscara y peleará por facer y articular una sociedá de libres y iguales. Adolfo lluchador polos derechos llingüísticos, siempre’l primer una so defensa y llucha, dialogando y buscando pontes pa un reconocimiento que sigue tardando en llegar, pero más ceo que tarde acabará llegando y col que como colos otros algamaos cola tol lucha vamos defender pa que nun mos lu roben o mercadeen con ello.

Adolfo yera comunista, yera d’Izquierda Xunida, igual esi fechu esplica muncho de lo enantes escrito. Pertenez a una xeneración que supo tomar el relevu, seguir calteniendo viva la llama y teniendo siempre llista la chispa na llucha pola mayoría social.

Va unes selmanes falaba col so amigu Alejandro Álvarez, llevo fuera bien d’años pero caltengo viva l’amistá y cercanía. Como siempres que voi atoparía a Alejandro y Adolfo caleyando pel Uviéu (La Ovetense, Dólar, Traslacerca...), xuntaríemonos y diríemos a tomar un café pa falar y divagar un bon ratu mientres van poniendo los puestos d’El Fontán. Adolfo sigue presente, la so obra, la so llucha tán ehí, agora quédanos siguir calteniéndola y enanchándola.

Amigu, camarada, Adolfo namás atopes a Rober montái una revolución.

miércoles, 24 de junio de 2020

#hemeroteca #diversidad #politica | Crítica de la crítica a la diversidad


Crítica de la crítica a la diversidad.

Bernabé no parece querer llegar a ninguna conclusión política tan fuerte como sus hipótesis, y de hecho su libro concluye limitándose a reconocer la trampa de la diversidad pero sin proporcionar herramientas para combatirla.
Alberto Garzón Espinosa · Coordinador federal de IU | El Diario, 2018-06-24
https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/critica-critica-diversidad_129_2762336.html 

El escritor Daniel Bernabé acaba de publicar 'La trampa de la diversidad', un polémico libro escrito con tanta brillantez como agudeza y que tiene el objetivo de confrontar con cierta visión política y social de la izquierda. El libro no aspira a ser un manual ni tampoco tiene pretensiones académicas, y quizás por ambas razones no siempre es fácil esclarecer cuál es la tesis principal del libro y cómo se combina con sus diferentes argumentaciones. La trampa de la diversidad es, ante todo, una gran queja ante el comportamiento reciente de una parte de la izquierda, que por otra parte nunca es señalada ni definida en términos claros.

El razonamiento del libro podría resumirse del siguiente modo. El neoliberalismo es un proyecto estratégico de las élites que ha utilizado al posmodernismo para desmantelar a la izquierda y para extender su amoralidad y cinismo como valores aceptables. Esto lo habría conseguido a través de dos mecanismos. El primero, usando reivindicaciones justas, como las del feminismo y la defensa de los animales, para blanquear valores culturales tales como el de la competitividad y el individualismo. De esa forma el neoliberalismo extiende la cultura del posmodernismo por todos los ámbitos de la sociedad sin que sea percibido como algo negativo sino, de hecho, todo lo contrario. El segundo, el neoliberalismo es la causa de la gran ficción de la clase media, una identidad aspiracional que fue fortalecida para que sirviera de guardia pretoriana al nuevo orden en detrimento de la clase trabajadora industrial. La consecuencia de todo ello habría sido doble. Por un lado, la política se ha transformado en un producto en sí mismo en la que las organizaciones políticas tratan de dar respuesta a unas identidades débiles y fragmentadas, haciendo que los movimientos críticos contemporáneos sean una herramienta inútil para los problemas cotidianos de la gente. Por otro lado, este proceso evita que hallemos esa identidad que nos lleve a la ideología de la acción política colectiva, esto es, a una identidad común de las víctimas del capitalismo y el neoliberalismo que nos permita conseguir objetivos políticos también comunes. En suma, la trampa de la diversidad es precisamente este proceso por el cual lo que aparentemente es bueno y justo, el reconocimiento de la diversidad, es usado por el neoliberalismo como arma para fortalecer su proyecto social y político.

Como se puede comprobar, Bernabé lanza varias hipótesis fuertes y muy polémicas. A mi juicio, la mayoría de ellas no quedan demostradas en su libro y hay razones fundadas para pensar que son erróneas. Además, pienso que asumir como cierto el argumento del autor conllevaría empujar a la izquierda a posiciones políticas inadecuadas. No obstante, antes de entrar en la crítica en sí, cabe hacer un apunte preliminar.

Bernabé no parece querer llegar a ninguna conclusión política tan fuerte como sus hipótesis, y de hecho su libro concluye limitándose a reconocer la trampa de la diversidad pero sin proporcionar herramientas para combatirla. Creo que es fácil imaginar por qué. Las políticas de la diversidad incluyen aspectos como abolir la tauromaquia o usar un lenguaje no sexista, de modo que negarle cierto grado de importancia sería equivalente a recaer en un discurso ortodoxo y economicista propio de la II Internacional. Y Bernabé trata de que esa no sea la conclusión. A pesar de eso, él mismo reconoce que «la hipótesis (...) de renunciar a las políticas de representación una vez que la diversidad se ha vuelto un producto identitario, podría parecer la respuesta más obvia para concluir este libro» (pp. 231). Por eso durante toda la obra recuerda que no es un libro contra la diversidad y que lo importante para él es encontrar alguna forma de compatibilizar las políticas de diversidad con las reclamaciones estructurales, que aparentemente se refieren a las del conflicto capital-trabajo. No obstante, Bernabé acusa directamente a la izquierda de padecer una sobrerrepresentación de la diversidad (pp. 238), y afirma claramente que las respuestas a la troika son más importantes que las políticas de la diversidad (pp. 234). Podría concluirse, en definitiva, que la aspiración de Bernabé es la de reducir el peso de las políticas de la diversidad en la estrategia de la izquierda. Sin embargo, lo que defenderé en estas líneas es que, efectivamente, la conclusión lógica de sus hipótesis y argumentos es precisamente la de no conceder importancia a las llamadas políticas de la diversidad.

Un problema metodológico

A pesar de que las hipótesis de Bernabé son muy fuertes, no hay claridad en las definiciones ni en los mecanismos causales que deberían fundamentar las explicaciones. Conceptos centrales como posmodernismo, neoliberalismo, clase media o diversidad son definidos de forma ambigua, como si fueran conceptos evidentes por sí mismos. Y nada más lejos de la realidad, pues se tratan de elementos cuya definición es imprescindible para que la explicación sea consistente.

De forma aún más gravosa, el argumento utilizado para combinar esos conceptos es preferentemente funcionalista. Los argumentos funcionalistas son circulares y la mayor parte de las veces teleológicos, y se puede percibir con claridad que eso contamina toda la obra. Como se sabe, el funcionalismo trata de explicar el comportamiento de las partes del sistema de acuerdo a las necesidades del propio sistema. Necesidades, claro está, que han sido preestablecidas de antemano y que tampoco quedan claras. Esto es un error muy habitual en parte de la tradición marxista, aunque fue duramente combatida en los años ochenta por autores tan diversos como los marxistas analíticos (John Elster, Erik Olin Wright...) y los marxistas estructuralistas (Louis Althousser, Nicos Poulantzas, Göran Therborn... ). El problema de este tipo de explicaciones es que no son legítimas, aunque sean de recurso muy fácil. De hecho, algunos las padecemos continuamente en el quehacer cotidiano, especialmente desde las posiciones más izquierdistas. Y es que hay cierto marxismo que es capaz de explicar la irrupción de Podemos, el ascenso de Ciudadanos, la derrota de Pedro Sánchez, la victoria de Pedro Sánchez, etc. todo a partir del mismo recurso: es funcional al sistema. ¿Por qué echaron a Pedro Sánchez? Porque el sistema lo necesitaba. ¿Por qué ganó Pedro Sánchez las primarias y la moción de censura? Porque el sistema lo necesitaba. Este tipo de explicaciones son ilegítimas.

Como decía, Bernabé cae en muchas explicaciones de este tipo, aunque más sutiles. Cabe recordar que no es lo mismo decir «el Estado es utilizado por la burguesía para reforzarse», lo que sería una descripción legítima, que «el Estado existe para reforzar a la burguesía», que sería una explicación funcionalista ilegítima. Y desgraciadamente las hipótesis de Bernabé tratan de explicar fenómenos sociales a través de argumentos funcionalistas que, como veremos, son ilegítimos.

Un ejemplo de este tipo de explicaciones se ve cuando Bernabé asegura que «las mujeres de clase media estadounidense debían fumar para que la industria tabacalera pudiera aprovechar los adelantos tecnológicos» (pp. 15), explicando una acción de un grupo social a partir de las necesidades de un sistema tecnológico-empresarial, o cuando afirma que «la clase media, que fue una ficción pensada para el control social, cumple eficazmente su función» (pp. 99). De forma similar el libro sugiere, como hemos visto, que el posmodernismo es una creación del neoliberalismo para acabar con la izquierda o que el feminismo y las políticas de la diversidad son funcionales al sistema y que por ello se explica, como mínimo, su moda. Especialmente llamativo es, como hemos visto, el papel de la clase media, que parece ser explicada también por la necesidad del sistema. Este modo de argumentar es erróneo y descarta explicaciones alternativas que están mucho mejor fundadas y que para empezar describen el cómo, es decir, el mecanismo por el cual las necesidades del sistema se vinculan con las acciones individuales.

Pero es que en la trampa de la diversidad apenas hay sujetos intencionales que sean definidos. Casi todas las explicaciones operan sin sujetos activos –una característica del argumento funcionalista-. Como ahora veremos con detalle, la clase media es un espacio inerte que fue creado y evoluciona sin capacidad de decisión de sus componentes. También existe la clase trabajadora, mitificada e identificada la mayor parte de las veces con los trabajadores industriales en un grupo homogéneo que tiene a su vez traslación cuasi-perfecta en sindicatos y partidos. Y no existen las clases dominantes: no está claro quiénes son éstas, qué tipo de unidad mantienen entre sí, cómo se ponen de acuerdo y dónde están en cada momento. ¿Cómo crearon la clase media? ¿Cómo se pusieron de acuerdo para utilizar el posmodernismo? ¿Estaban todos los que conforman las clases dominantes de acuerdo en esa estrategia? ¿Qué mecanismos usan para desactivar a la izquierda y cómo lo hacen? El sujeto de acción en esta parte es en todo momento el neoliberalismo y el sistema. Es una característica clara de explicaciones funcionalistas que, insisto, no me parecen válidas.

Como consecuencia de lo anterior, el único recurso que parece que Bernabé usa para dotar de coherencia interna a su argumento es el de la ideología dominante. Toda la obra parece sugerir algún tipo de versión de la tesis de la ideología dominante, según la cual el sistema es el que modela las creencias y pensamientos –no se describe cómo, más allá de vagas referencias al cambiante sentido común- de una parte de la sociedad –tampoco queda claro por qué a una parte y no a toda. Así, según la tesis de Bernabé el sistema es capaz de crear una identidad aspiracional en una parte de la clase trabajadora, lo que la convertiría en esa clase media aspiracional que es una ficción, mientras que no es capaz de llegar a otra parte de la clase trabajadora, que quedaría protegida de dichas influencias. Nada de esto queda claro cómo sucede y por qué.

Probablemente no sea el lugar para profundizar sobre las críticas a estos procedimientos explicativos, pero al menos sí debo hacer notar mi discrepancia con la ausencia de fuentes empíricas que apoyen las hipótesis. Por ejemplo, se asegura que las clases, y la sociedad en su conjunto, ha cambiado su modo de pensar e incluso sus valores, pero las fuentes utilizadas son indirectas y meramente culturales. En efecto, el apoyo de Bernabé es la interpretación de libros y películas, de los que extrae comportamientos generalizables al conjunto. Pero, entre otras dudas, ¿estamos seguros de que esas obras elegidas son reflejo de la sociedad en cada momento? La pregunta no es menor, porque tanto las hipótesis como el conjunto del espíritu del libro nos describe una sociedad que, invadida por el neoliberalismo, ha difundido con éxito valores basados en la competitividad y el individualismo. Y aunque eso suceda en determinadas obras de ficción, que probablemente operan más como casos extremos que como reflejos, en la realidad no parece observarse. En todas las encuestas recientes los españoles sitúan a la familia como la principal prioridad, por encima de los ingresos del hogar o del trabajo (una puntuación de 9,2 sobre 10 en el caso de la encuesta de valores humanos del BBVA de junio de 2013 y de 9,69 en el barómetro del CIS de octubre de 2016). Respecto al trabajo, es mayoritario en España el enfoque de que ha de permitir un equilibrio con la vida, por encima de ganar más sueldo (la citada encuesta de BBVA), y en todas las encuestas la ciudadanía española contesta que prefiere pagar impuestos y tener buen sistema de servicios públicos a pagar menos impuestos y tener peor o ningún sistema de servicios públicos. Todos estos datos se repiten continuamente y parecen desmentir la hipótesis sobre el triunfo del neoliberalismo cultural en nuestra sociedad, que es uno de los ejes del libro de Bernabé. Cabría hacer un examen más pormenorizado, pero este no es el lugar. Me limito a observar lo frágil de las fuentes en las que se apoyan las hipótesis del autor.

Al fin y al cabo, lo más probable es que el trabajador de reparto a domicilio trabaje a destajo y precariamente porque lo necesita para sobrevivir en un mercado ferozmente competitivo (que no es rasgo únicamente de la etapa posmoderna) y que no proteste ni se sindique sobre todo por dificultades estructurales y no tanto porque haya sido contagiado con el virus neoliberal de la competencia desenfrenada. En esto, creo que hay que ser mucho más ortodoxo y clásico de lo que lo es Bernabé, y debemos atender más a la dinámica y lógica del sistema y de sus instituciones concretas (mercados, reglas, etc.) que a los elementos culturales que, antes de servir para cohesionar como presupone toda lógica funcionalista, son contradictorios y abiertos.

Posmodernismo
El posmodernismo es uno de los ejes del libro, pero como hemos dicho es definido de forma vaga. No obstante, desde luego es obvio que aquí es entendido como creación cultural del sistema para acabar con la izquierda. Esto queda claro en los pasajes en los que se refiere a los nuevos filósofos franceses de los años setenta del siglo XX. Según Bernabé, quien en esto sigue a Perry Anderson, esos filósofos (Jean-François Lyotard, Michel Foucault, Jacques Derrida...) fueron lanzados a la fama por la burguesía francesa para evitar que el Partido Comunista Francés pudiera llegar al Gobierno aprovechando la ventaja de que «para hacer frente a los comunistas se debía contar con alguien percibido como afín a lo rebelde, no a lo conservador» (pp. 47).

Esta explicación del surgimiento del posmodernismo, o de su moda y difusión, descarta otras explicaciones alternativas que son mucho más rigurosas. Por ejemplo, que el posmodernismo fue una de las reacciones de la izquierda ante la crisis evidente tanto de los proyectos políticos realizados en su nombre como, sobre todo, del marco teórico historicista propio del marxismo. Es decir, los autores de la nueva izquierda francesa, incluidos bajo la etiqueta de posmodernismo, iniciaron un nuevo tipo de revisionismo de las tesis originales del marxismo. Un revisionismo diferente al de Bernstein o el de Lenin, pero revisionismo al fin y al cabo.

Cabe recordar, como hace también Bernabé, que el posmodernismo es una reacción contra el sentido de historicidad propio de la modernidad, es decir, con la idea teleológica y determinista de que las sociedades progresan de acuerdo a unas leyes inmanentes que garantizan su evolución hasta una meta final que ya estaba contenida en el inicio. Esa, la historicidad, es una característica no sólo del marxismo sino también del liberalismo y, en suma, de cualquier proyecto de modernidad. A partir de ese esquema teleológico, que Marx hereda de Hegel, el marxismo clásico elaboró y desarrolló determinadas trayectorias esperables del sistema económico y de la estructura de clases. Por ejemplo, Marx y después Kautsky y toda la II Internacional, teorizaron la polarización de clases entre la cada vez más rica burguesía y el cada vez más pobre proletariado. De la no realización de esas predicciones surge el primer tipo de revisionismo, el de Bernstein y la socialdemocracia alemana. Pero los autores clásicos también teorizaron que las sociedades socialistas sólo podrían construirse cuando las relaciones de producción capitalistas se hubieran desarrollado al completo, cosa que el revisionismo de Lenin también combatió posteriormente. Y tras el ascenso del fascismo, la extensión de la clase media, la II Guerra Mundial, la estabilización de la economía, el acceso a bienestar material por parte del proletariado, etc. el otro gran tipo de revisionismo que devino fue el de los autores posmodernos.

Efectivamente, según muchos de esos autores posmodernos «se creó una especie de presente continuo, donde se abandonaba el sentido de continuidad y por tanto de aprendizajes históricos o conclusiones para el mañana» (pp. 52), que suponía abandonar por completo los principios básicos de lo que se conoció como materialismo histórico. Todo ello es cierto, y la tendencia a abandonar el estudio de la economía política redujo notablemente la capacidad de estos autores de hacer una crítica rigurosa y sobre todo efectiva al sistema capitalista en su conjunto. Es el salto que ve bien entre el estructuralismo y el posestructuralismo. Pero también es cierto que entre muchas de sus obras pueden encontrarse lúcidos comentarios sobre el papel del lenguaje, de la cultura y de aspectos no economicistas de la sociedad.

En consecuencia, sería inapropiado no ver al posmodernismo como una reacción cultural ante las insuficiencias teóricas y prácticas del proyecto modernista del marxismo. Y es del todo arriesgado, y erróneo, limitarse a verlo como una reacción del sistema ante un hipotético avance definitivo del marxismo y sus instituciones. En primer lugar, porque idealiza el status del marxismo en aquellos años, que distaba de ser perfecto y masivo. En segundo lugar, porque contribuye a inhibir de posibles críticas a ese mismo marxismo al verlas como potenciales ataques de los enemigos de clase, en la peor de las tradiciones del dogmatismo marxista. En definitiva, conviene abandonar la explicación funcionalista por una basada en un análisis concreto de una realidad que distaba mucho de ser ideal.

Clase media

Operando con una metodología similar, Bernabé identifica a la clase media como un producto cultural del neoliberalismo y descarta entenderla como una realidad compleja que tiene causas económicas, sociales y culturales.

En realidad no queda claro en qué momento y por qué surge, para Bernabé, la clase media. En un pasaje se dice que en los años ochenta algunos votantes «anhelaban sentirse diferentes una vez que la perspectiva de transformar el mundo parecía posponerse indefinidamente» (pp. 70), sugiriendo que se trata de otra creación cultural del neoliberalismo para garantizarse la hegemonía política. Según esta interpretación, que se deduce de las páginas del libro, la clase media fue creada para contar «con la aquiescencia de una parte de la población entusiasmada por un nuevo espíritu de individualidad mientras que la izquierda era asediada por la duda posmoderna» (pp. 74). No obstante, Bernabé precisa que esos «nuevos votantes no querían formar parte de ninguna clase social, aunque de hecho lo fueran, ya que ser parte de una clase, una categoría dentro de la producción capitalista, no se elige» (pp. 71). Como se puede comprobar, si la descripción de Bernabé es cierta estaríamos ante un inteligente doble movimiento del neoliberalismo, que conseguía quitar a la izquierda una parte de su base social creando la clase media y al mismo tiempo creaba para el resto un producto de despiste llamado posmodernismo. Es improbable que las cosas sucedieran de ese modo.

La clase media no es una creación de la burguesía ni del neoliberalismo. De nuevo, es distinto decir que la clase media es la base social en la que se apoya el neoliberalismo que decir que la clase media se explica por su apoyo al neoliberalismo. Lo primero es legítimo y lo segundo no. La clase media es el concepto que se ha usado tradicionalmente para poner de relieve las insuficiencias del modelo dicotómico de capitalistas/trabajadores propio de la Economía Política clásica y especialmente del marxismo. Hace referencia, en todo caso, a realidades heterogéneas que no encajaban en ninguno de los dos modelos ideales señalados, y podían incluir desde el artesanado precapitalista o capitalista hasta el directivo de grandes empresas, pasando por el trabajador no manual de una empresa de servicios. En realidad, nunca ha existido en la estructura de clases un sistema dicotómico como el que se usa de forma abstracta en el estudio de la economía política clásica. Marx era consciente de ello, pero él pensaba que la dinámica del capitalismo llevaría a una polarización entre trabajadores y capitalistas, lo que haría que esos estratos intermedios desaparecerían absorbidos por algunos de los dos polos, particularmente hacia el de los trabajadores. Esa predicción no fue correcta, y de ahí devino la primera gran crisis del marxismo a principios del siglo XX. Fue la dinámica del capitalismo la que moldeó la estructura de clases en cada país, haciéndola más heterogénea y compleja de acuerdo a la propia estructuración de la división del trabajo. Más allá de cómo se defina la clase trabajadora, algo en lo que tampoco fue claro Marx, como tampoco Lenin o Gramsci, lo cierto es que la complejidad de la estructura de clases ha llevado a múltiples análisis con nuevas categorías económicas, sociales o culturales dentro del marxismo. Pero en la mayoría de esos estudios de clase desde una perspectiva marxista se considera a los estratos económicos que entran dentro del concepto de clase media como el resultado de la lógica del propio capitalismo y sus relaciones de producción, y en ningún caso se puede simplificar como una creación cultural. Entre otras cosas porque las bases materiales de esos sectores existen y es muy importante entenderla.

No cabe duda de que el sentimiento de pertenencia a la clase media es una construcción cultural que depende, de alguna manera, de las bases materiales de las personas referidas. Así, es más improbable que una familia de bajos ingresos se considere de clase media que una de altos ingresos, pero no es imposible. El hecho de que esto pueda suceder no es porque sea necesario para el sistema sino porque hay una encarnizada batalla cultural y política por la construcción de identidad, que como veremos ahora tampoco es una cuestión solamente de discurso. En 1992 el porcentaje de españoles que se consideraba de clase media era del 47,5%, mientras que en 2007 ese porcentaje era del 63,4%. En el peor momento de la crisis y los recortes, 2013, el porcentaje disminuyó hasta el 48,3% y actualmente es del 57,2%. Se puede suponer que estamos ante una evolución correlacionada con la actividad económica de nuestro país, lo que no parece que sea debido a la necesidad del sistema o el deseo de los gobernantes. Un problema adicional es que Bernabé parece defender que la clase media es una construcción que deviene, lógicamente, junto con el neoliberalismo. A mi juicio, como se ha podido deducir ya, esto no tiene mucho sentido. En 1974 el 55% de la población española se definía como clase media, lo que es un porcentaje similar al actual. Es cierto que es perfectamente posible definirse como clase media y clase trabajadora al mismo tiempo, y es una hipótesis a considerar que el porcentaje de gente que se define como clase trabajadora haya disminuido (desgraciadamente no tenemos datos), pero eso estará vinculado a otros problemas no abordados en el libro de Bernabé.

Idealización del movimiento obrero del siglo XX
En realidad, hay una idealización exagerada del movimiento obrero del siglo XX. Incluso refiriéndose a los años setenta, Bernabé dice que «hablamos de un contexto donde la organización sindical era abrumadora, donde la hegemonía de las ideas de izquierdas era prácticamente total en la sociedad» (pp. 47). En ninguna parte se apoyan con datos esta hipótesis y, de hecho, el resultado electoral de los partidos que eran de izquierdas no parece acreditar tales afirmaciones. Los partidos eurocomunistas tuvieron mejores resultados que los partidos que les sucedieron, por ejemplo, pero lo hicieron al coste de renunciar a muchos de los postulados básicos de la izquierda. Lo mismo se puede decir de los partidos socialdemócratas, convertidos ya de facto en los setenta y ochenta en partidos socioliberales. Pero incluso si nos remontamos a principios del siglo pasado, las propias instituciones del movimiento obrero –partidos y sindicatos fundamentalmente- siempre estuvieron fragmentadas, divididas y enfrentadas como consecuencia de discrepancias esenciales en diagnósticos y estrategias. De hecho, no es fácil identificar en la historia o en el presente cuál es la verdadera “idea de izquierdas” que ha de hegemonizar al resto. Parece todo el relato más bien una racionalización a posteriori.

En otra ocasión, Bernabé habla de que «si a mediados de los setenta existía una ideología realmente transversal a la cuestión de raza, nacionalidad, etnia o religión esa era la del socialismo, que en sus múltiples encarnaciones estaba presente en los Gobiernos o el juego político de todos los continentes habitados» (pp. 51), algo que parece avalar su hipótesis sobre la trampa de la diversidad pero que no es posible contrastar afirmativamente. ¿No será tal vez que eso sólo sucedía en la teoría, y tampoco por completo, y que en la práctica se dejaba fuera de lugar las reclamaciones del feminismo, ecologismo y otras demandas distintas a las del capital-trabajo, motivo por el cual surgieron después críticas desde dentro?

En general, todo el libro aborda el pasado pre-neoliberal de una forma cuasi-nostálgica y mitificada en la que el movimiento obrero parecía estar al borde de hacer la revolución, se autoidentificaba como clase trabajadora y luchaba en consecuencia, pero un montón de obstáculos creados por el neoliberalismo impidieron su realización. El propio Bernabé vincula claramente la derrota de la clase trabajadora a la irrupción de la clase media cuando afirma que «la identidad de clase trabajadora fue barrida por el concepto totalizador de clase media y rellenada por decenas de identidades frágiles, cambiantes, superficiales y sin una conexión real con la vida de los individuos» (pp. 183). Creo que se trata de una explicación poco realista, no fundada y que funciona como frágil sostén de sus hipótesis para explicar la situación actual de la izquierda.

Ultraderecha, discurso y conclusiones

En la misma línea que combina mitificación del movimiento obrero con argumentos funcionalistas, Bernabé da explicación al surgimiento del fascismo. En suma: el fascismo habría surgido en los años veinte y treinta para frenar la revolución roja. Entre otras cosas, dice el autor: «con el auge revolucionario izquierdista y sindical, los fascistas tuvieron que adaptar su mensaje al contenido obrerista, en ese momento el centro del tablero político» (pp. 176). Esto parece contradecir todos los hechos históricos, dado que el fascismo en ningún momento se adapta al mensaje obrerista sino que es mensaje y proyecto obrerista desde el principio. La figura de Mussolini, quien había sido dirigente comunista, ilustra a la perfección que no hizo falta ninguna adaptación. El fascismo es un proyecto en sí mismo, que desde luego fue preferido –y alentado posteriormente- por la burguesía frente al socialismo, pero que se explica por fenómenos distintos a los de la conspiración burguesa. El problema de esta forma de ver las cosas es que, de nuevo, el argumento funcionalista nos impide comprender las raíces y causas reales del fascismo. Tanto del pasado como del presente. Otras explicaciones del fascismo son más verosímiles, además de más materialistas. Ernest Bloch, por ejemplo, consideraba que el marxismo alemán había centrado su atención en el proletariado industrial, excluyendo al campesino de su proyecto y éste, desesperado como lo estaban todos los trabajadores en aquellos años de crisis económica, abrazó el fascismo. Karl Polanyi, en cambio, consideraba que el fascismo era un resultado natural, como también lo era el socialismo, ante la crisis económica que provocaba el desarrollo del libre mercado y que fuera uno u otro proyecto el vencedor dependía de batallas políticas. Pero en ningún caso se reducía el fascismo a un proyecto de reacción ante el socialismo sino ante los efectos negativos del capitalismo. Por eso la ultraderecha crece hoy en el norte de Europa, por razones materiales y culturales vinculadas al desarrollo capitalista, y no porque haya una revolución roja en ciernes.

Y desde luego, el problema no es únicamente de discurso. La sorpresa es mayúscula al comprobar que Bernabé tira de bagaje ortodoxo en múltiples campos (el esquema dicotómico de clases, el determinismo que le lleva a imaginar que la trayectoria normal tras la crisis era el crecimiento de la izquierda, una visión teleológica implícita en todo el libro...) pero que deviene en posmarxismo textualista a la hora de identificar las causas del crecimiento de la ultraderecha.

Así, Bernabé considera que «tras años en los que la izquierda, en vez de buscar qué unía a grupos diferentes y desiguales para encontrar una acción política común, pasó a destacar las diferencias entre esos grupos para intentar seducirlos aisladamente, el discurso de la ultraderecha encontró un asiento que parece respaldarlo» (pp. 186). Y concluye que «mientras que la izquierda no ha sabido articular un discurso que conjugue su defensa del multiculturalismo con estos conflictos (...) la ultraderecha ha sido lo suficientemente hábil para ampliar su base electoral haciendo que el mercado de la diversidad juegue en su favor» (pp. 199). En todo el capítulo dedicado a la ultraderecha actual el problema parece ser de discurso y no de una práctica política material. Y esto es importante, porque lo que está diciendo Bernabé, aunque no se atreve a llegar tan lejos explícitamente, es que hay que dejar de hablar tanto de diversidad y hablar más de clase trabajadora y de sus «problemas cotidianos». Todo esto es central.

En primer lugar, porque al situar el problema en el ámbito discursivo comete los mismos errores que los autores posmodernos a los que lleva criticando todo el libro, y descarta hacer referencia a la construcción de identidad que se hace a través de la praxis. Precisamente es ahí donde está la respuesta necesaria de la izquierda ante los retos actuales, pues es en la construcción de tejido social antifascista/socialista (la creación de ateneos, cooperativas, clubes, bares, bibliotecas, asociaciones de vecinos, etc.) donde residió la fuerza del movimiento obrero del siglo XIX y la vacuna contra el fascismo. Y es en esa práctica material donde no es necesario tener que elegir entre discursos de la diversidad y discursos de clase, puesto que en la práctica es posible combinar ambas expresiones.

En segundo lugar, porque incluso al terminar el libro no queda nada claro a qué se está refiriendo Bernabé con la cuestión de la diversidad. Examinados sus presupuestos metodológicos uno puede concluir, como he hecho yo, que se refiere a todo aquello que no sea el conflicto capital-trabajo y la cuestión material. Pero no queda nada claro qué integra “la diversidad” y qué no lo hace. ¿Por qué iba a ser menos material las políticas para dejar de consumir plástico que un nuevo convenio colectivo que reconozca el teletrabajo? ¿Por qué no se considera “problema cotidiano” el machismo o la homofobia si para millones de personas eso es precisamente el eje central de su contradicción con el sistema? ¿Por qué a una pensionista mujer y lesbiana le debe parecer más importante hablar de clase trabajadora que de feminismo y políticas de diversidad?

El problema es que, como avancé en las primeras líneas, la conclusión lógica de todos estos argumentos, y que se deriva también de las preguntas que acabo de lanzar, es precisamente la que no quiere aceptar Bernabé: que la política de la diversidad no es importante. Aunque no sea su pretensión, el libro de Bernabé es un instrumento útil para negar las políticas de diversidad. Aunque él afirma que se trata de negar sólo la instrumentalización que se hace de esas políticas, lo cierto es que podría decirse lo mismo de la tecnología, las instituciones, el lenguaje y así sucesivamente con todas las herramientas que, siendo buenas, pueden usarse también para el mal. Pero él ha escrito un libro llamado la trampa de la diversidad y no la trampa de la tecnología.

Y, en realidad, este es el motivo por el que tras terminar de leer el libro opté por hacer la crítica. Sabiendo que me dejaba muchas cosas en el tintero, que ya es suficientemente larga la crítica, y movido por el compatible respeto al autor, consideré necesario apuntar algunos comentarios que espero puedan servir para que la izquierda no recorra el camino que se sugiere lógicamente en todo el libro. Me gustaría, por el contrario, que los lectores de este y otros libros, evitaran las argumentaciones funcionalistas y trataran de explicar los mismos fenómenos que nos preocupan a partir de presupuestos metodológicos distintos y más rigurosos. Al fin y al cabo, Bernabé aborda problemas muy reales, muchos de los cuales no he tenido espacio para reseñar (como el del tipo de compromiso militante, la espectacularización de la política, el mercado de consumo en general, etc.) pero que requieren una respuesta adecuada y contundente de la izquierda. Pero, honestamente, creo que el planteamiento de este libro no ayuda a ello.

viernes, 6 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #transfobia | Lidia Falcón: "Las mujeres trans son unos seres extraños"

Imagen: Huffpost / Lidia Falcón
Lidia Falcón: "Las mujeres trans son unos seres extraños".
La dirigente del Partido Feminista habla sobre la polémica expulsión de su formación de Izquierda Unida y del 8 de marzo: "No hemos conseguido nada".
Carlota E. Ramírez | Huffpost, 2020-03-06

https://www.huffingtonpost.es/entry/lidia-falcon-las-mujeres-trans-son-unos-seres-extranos-que-deciden-ser-mujer_es_5e56c9a2c5b68f79fdc436e6

Lidia Falcón (Madrid, 1935) fue una de las primeras mujeres en defender el feminismo en España, especialmente durante la Transición. Víctima de la represión franquista por sus ideas políticas, fundó el Partido Feminista en 1977, integrado en IU desde 2015 y expulsado a finales de febrero de este año tras emitir un comunicado en el que rechazaba proyectos legislativos como la Ley Trans o criticaba la intervención viral de una menor de 8 años en el Parlamento de Extremadura.

Pocos días después de ser expulsada de Izquierda Unida, Falcón asegura que el partido liderado por Alberto Garzón se ha “mutilado” y sigue insistiendo en que las mujeres trans “son seres extraños que pretenden ser protagonistas del feminismo”. Tampoco apoya el 8 de marzo que ha tenido lugar los últimos años: “No hemos conseguido nada y se ha frivolizado con el derecho a huelga”. No es la única feminista que piensa de esta manera y el debate sobre quién es el protagonista del movimiento o la inclusión de las mujeres trans en el mismo está a la orden del día y muy vivo en las redes sociales.

¿Cómo valora la expulsión del Partido Feminista de IU?
Aún no he despertado de esta triste situación. Es inaceptable que por oponernos a la Ley Trans, IU se haya puesto del lado del colectivo trans y haya decidido nuestra expulsión. Y también que lo hayan comunicado una hora después de la asamblea cuando no se ha escrito ni aprobado aún el acta. Por eso vamos a recurrirlo a la Comisión de Garantías. No cumplen las normas estatutarias porque está visto que ahora el colectivo trans y el lobby trans son dominantes en el feminismo.

¿Son las mujeres transgénero mujeres?
Para decidir lo que va a hacer el feminismo primero tiene que definirse. Y la polémica con las mujeres trans lo está emborronando. Para militar en el feminismo, además, no hace falta ser mujer. En el Partido Feminista tenemos muchos hombres. Pero evidentemente son feministas porque, si no, no podrían estar a nuestro lado como camaradas. Además, ¿qué es esto de que ahora las mujeres trans, que son unos seres extraños que deciden ser mujer pero que nacen como varón, pretendan ser protagonistas de este feminismo? Eso es inaceptable desde el momento en el que el movimiento feminista está liderado y protagonizado por las mujeres feministas que hemos luchado tantos años.

¿No cree que una mujer trans sufre una doble opresión? Por ser mujer y por ser trans.
Pero eso es porque ella ha escogido ser leída como mujer, es una opción. ¿Qué pasa con las que no hemos podido elegir, las que hemos hemos nacido mujeres y seguimos siéndolo? La explotación de clase de la mujer nace porque nacemos mujeres y, además, uno nace siendo de un sexo o de otro sin que nadie te lo asigne. No se trata de una elección ¿no? Cuando nace una criatura no hay nadie que elija si es niño o niña. Estos disparates no se pueden aceptar. Se nace mujer o se nace hombre y la construcción patriarcal lleva a las mujeres, destinadas a la reproducción, a que estén sometidas, expoliadas, retenidas y todo lo que sabemos desde hace 300 años.

El movimiento feminista ya tiene su recorrido, ¿vamos a ponernos a discutir ahora quién es mujer u hombre? Esto es absolutamente disparatado. Es un despropósito. Otra cosa es que cualquier ser que se sienta feminista, sea feminista y quiera luchar por el feminismo esté a nuestro lado. Porque yo no miro a nadie lo que lleva entre las piernas.

En este sentido, una mujer que no es trans pero que no es leída por el resto como mujer, ¿también sufre misoginia?
Sí. Las mujeres tienen la apariencia física que tienen y si no, es que se han mutilado, se han transformado o se han hormonado. Porque una puede ser más o menos bella, más alta o más delgada... Pero son mujeres y eso lo sabemos todas. Además, a mí me parece horrorosa esta discusión sobre los cuerpos. Hablamos de una lucha política, social y feminista. Ahí son todas bienvenidas si están dispuestas a participar en la lucha feminista, no si vienen a dividir el feminismo o a robar el protagonismo que no tienen. Ni tampoco si vienen a cambiar los objetivos del feminismo. Porque las leyes trans y LGTBI tienen que protegerles, pero esta ley también pretende que no haya mujeres y hombres, sino “progenitores gestantes y no gestantes”. Un despropósito absoluto. Con eso se consigue eliminar el término “mujer”, el término “hombre”, el término “feminista” y el término “lucha de clases”.

Todo esto es una manera que tiene el patriarcado y el capitalismo de dividir el movimiento feminista. Ha conseguido meterse como una cuña para que discutamos sobre esto y no sobre la cantidad de mujeres asesinadas cada año, las diferencias salariales, la pobreza de las mujeres, las mujeres apaleadas o abusadas... ¿Eso no tiene importancia? Ahora lo que tiene importancia es si vistes de no se qué, si te haces una mastectomía... Es una estrategia desintegradora de una lucha que tiene ya 300 años.

¿No cree que con este discurso las personas trans pueden sentirse atacadas?
¡Yo también me siento discriminada y atacada cuando me dicen que no soy ni mujer, ni madre y que ahora soy una progenitora gestante! Soy yo la que se siente atacada. ¿O es que no hay más víctimas que ellas o que ellos? ¿A quién asesinan cada día? ¿Qué son las asesinadas? ¿Mujeres trans, hombres trans o marcianas? ¿Y las violadas o abusadas sexualmente? ¡Ya está bien! El discurso victimista les sale muy bien porque van llorando por ahí y hasta IU las acoge. ¡Claro que están discriminados! Pero como los discapacitados, los homosexuales, las lesbianas o las madres y abuelas, que cobran un 38% menos de pensión que los hombres.

Usted defiende que las mujeres y los hombres nacemos construidos y que nadie asigna el género. ¿No se acerca mucho a la ideología de Hazte Oír, ’los niños tienen pene, las niñas tienen vulva’?
En el momento en que nos fecundan estamos fabricados. Se mezclan los signos X e Y y sale de pronto un varón o una hembra. Eso es una realidad material ¿ahora vamos a inventar otra cosa? La fantasía humana crea muchas novelas y ciencia ficción y eso no es la realidad.

Pero aquí lo que ha pasado es que no sólo nos parasitan los trans, sino también Vox y las formaciones de derechas. Y aquí quien se atreve a decir la verdad es porque no tiene miedo. Eso somos nosotras. La verdad es la verdad, y es así. Y si alguien lo defiende a mí no me importa que se llame Pepito o Juanito, porque es lo que hay. Y no puedes callarte por miedo a que te confundan con la ultraderecha. Espero que, con mi trayectoria, no tenga que demostrar que tanto yo como toda mi familia es de izquierdas.

Pero en este momento, quien diga cosas elementales como que somos mujeres y hombres y que así nacemos, pues tiene razón naturalmente. Y quien no quiere decirlo es por cobardía o por intereses. Como dice Lenin, “la razón acaba siempre por tener razón”. Y eso pasará. IU se está mutilando.

¿Qué le parecen los últimos 8-M? ¿Y el formato huelga?
No hemos conseguido nada. El derecho a huelga se consiguió en el mundo tras 200 años de luchas de trabajadores. Para conseguirlo y que estuviese en la Constitución hizo falta que miles de activistas y sindicalistas fueran apaleados, encarcelados, maltratados... Porque el derecho a huelga es una de las armas más importantes de las clases trabajadoras contra la patronal. Pero cuando se banaliza y se convierte en una juerga y el 8 de marzo ya no es una memoria conmemorativa de las asesinadas de la fábrica Cotton de Nueva York, no es de recibo. Se convierte en una fiesta en la que vamos a comer, a beber y a cantar y tocar el tambor.

Estoy en contra de que se banalice y se frivolice de esta manera la huelga. Porque es imposible y una tontería que un 8M haya una huelga general ¿Qué huelga van a hacer las amas de casa? ¿no darle de mamar al niño o de comer al abuelo? ¿Saben lo que es una huelga general y que necesitan la firma de los sindicatos? ¡Madre mía!

¡Vamos! En estos momentos en los que el 80% del trabajo es precario y puntual, ¿como se va a convocar una huelga general? ¡Hay que tener un poco de respeto por las luchas de todo el mundo! De las mujeres, de los hombres, de las sindicalistas y de las feministas. Y esto es una frivolización y una fiesta. Y son las jovencitas de hoy, que han vivido una vida distinta a la nuestra y gracias a nuestro sacrificio y ahora el 8M es un juego. Convocamos huelga y luego a bailar, a cenar y a emborracharnos por la noche. Perdona que te chille.

¿Qué le parece este nuevo gobierno que se autodefine como feminista?
Nosotras no quisimos participar en el gobierno porque, si eres una formación de izquierda de verdad y además pequeña, vas a estar sometida al imperio del grande. El abrazo del oso. Además, las personas a las que han puesto en cargos de feminismo están a favor de la prostitución. Si es que además también vuelven a frivolizar con el feminismo. Hemos visto vídeos donde cantan y se sacan una tarta de cumpleaños. Y cuando ves eso piensas... ’Tantas mujeres y hombres luchando que se han dejado la piel, la vida y la libertad por llegar a tener ese minibienestar que tenemos y ahora parece una juerga'.

martes, 3 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #transfobia | La “peligrosa” teoría queer y el asesinato de “las mujeres”

Imagen: El Salto / 'Mulleres gallegas, trans, bi o bolleras'
La “peligrosa” teoría queer y el asesinato de “las mujeres”.
La teoría queer es presentada en ocasiones como una amenaza a la emancipación de las mujeres por cuanto pone en cuestión al sujeto político del feminismo. Sin embargo, evitar la pregunta sobre cómo se construye el “nosotras, las mujeres” promueve la naturalización de las exclusiones en el movimiento.
Sara Ferreiro Lago | El Salto, 2020-03-03
https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/la-peligrosa-teoria-queer-y-el-asesinato-de-las-mujeres

El pasado 22 de febrero el 85% de la militancia de Izquierda Unida (IU) decidió, mediante una votación, expulsar de su organización al Partido Feminista de España (PFE). Este partido había sido liderado desde su fundación por una histórica feminista, que formó parte de la resistencia contra la dictadura franquista y llegó a ser torturada por Billy El Niño. En IU justifican la decisión basándose en que el PFE se ha pronunciado públicamente contra los acuerdos programáticos y ha mantenido posiciones contrarias a las aprobadas en los órganos del partido. En las redes se acusa a PFE y a su líder de transfobia. Mientras tanto, personas que han conocido la trayectoria de Lidia Falcón se preguntan: ¿cómo es posible que hoy la acusen de LGTBfobia si se opuso durante el franquismo a la Ley de Peligrosidad Social y se ha posicionado históricamente del lado de diversas reivindicaciones de lesbianas, gais y bisexuales?

Lo que ha sucedido en este tiempo es que Lidia Falcón ha librado una batalla encarnizada (o quizá debería decir simbólica) contra la denominada teoría queer que constituye, a su juicio, un auténtico peligro. La amenaza que encuentra en esta teoría es, ni más ni menos, que conduce al asesinato de la categoría “mujeres”. A su modo de ver, en un acto de violencia machista conceptual, la teoría queer (con la ayuda del pernicioso transfeminismo), quiere acabar con la existencia de esta categoría fundamental para la lucha feminista.

Ante una amenaza de tal envergadura, Falcón ha considerado necesario sacar la artillería pesada y combatir contra los que promueven esta ideología, promovida por lo que denomina “lobby trans” y “lobby gay”. Con el objetivo de proteger a “las mujeres” de estos supuestos lobbies (que a su juicio traman su extinción) ha llegado a denominar “niño” a Elsa, la niña trans que intervino en el Parlamento extremeño, o “mujeres con barba” a los hombres trans. Para Falcón, el fin justifica los medios y todo vale para conseguir su objetivo, incluso arremeter contra colectivos históricamente discriminados. Pero, ¿realmente la teoría queer y el transfeminismo quieren terminar con “las mujeres”?

El debate entre Benhabib y Butler sobre el sujeto político del feminismo
Esta pregunta, que reaparece hoy con fuerza, tiene sus raíces en debates que cuentan ya con tres décadas de historia. Uno de los enfrentamientos conceptuales más interesantes para repensar esta cuestión es la discusión entre Seyla Benhabib y Judith Butler en un libro publicado en 1995: 'Feminist Contentions'.

Benhabib señala en dicha obra que cualquier teoría feminista que pretenda ser emancipatoria necesita presuponer desde el principio un sujeto, identificado como “mujeres”, y señala lo siguiente: “Quiero preguntar cómo sería incluso pensable, de hecho, el proyecto mismo de la emancipación feminista sin un principio regulativo de acción, autonomía e identidad”. Por ese motivo se posiciona contra la que denomina “tesis fuerte de la muerte del sujeto” que atribuye a Butler.

No obstante, el interés de Butler no es declarar muerto al sujeto político del feminismo, ni acabar con él, sino atender a cómo se construye y a quién deja fuera. A su juicio, puesto que la identidad se basa en la diferenciación, siempre habrá una exclusión que surja de su constitución. Esta exclusión puede ser entendida como contingente o puede ser naturalizada, como sucede en aquellas teorías que postulan un sujeto identitario estable como un principio incuestionable de la acción política. La autora estadounidense asume que siempre que se habla en nombre de “las mujeres” puede haber una falla en la representación, por eso defiende que el debate sobre cómo se configura el sujeto del feminismo quede abierto a la discusión.

Algunas teóricas feministas, como Benhabib, han visto en este intento de reproblematización permanente de la construcción del sujeto de la lucha feminista una conspiración contra las mujeres que apenas ahora empezaban a hablar por sí mismas, tras una época en la que quien decidía qué significa ser mujer eran fundamentalmente los hombres. Cabe señalar, sin embargo, que determinar qué se busca decir con este “hablar por sí mismas” resulta sumamente problemático: ¿quién puede hablar en nombre de las mujeres? ¿Desde qué lugar habla? ¿En qué idioma lo hace?

Butler no cuestiona la necesidad política de hablar como y para las mujeres, y hacer reclamos en su nombre, de acuerdo al modo en el que funciona la política representativa. No obstante, afirmará que esa representación tendrá sentido para el feminismo únicamente cuando el sujeto de la lucha feminista no se dé por sentado en ningún aspecto. Debemos tener en cuenta que la unificación del sujeto feminista bajo un elemento común e incuestionable puede generar facciones dentro del movimiento, sobre todo cuando no se tiene presente la cuestión de la interseccionalidad, es decir, que el género se entrecruza con modalidades raciales, de clase, étnicas, sexuales, etc. A principios de los años ochenta, por ejemplo, el “nosotras” feminista fue justamente atacado por las mujeres negras que afirmaban que el “nosotras” era invariablemente blanco, y que ese “nosotras” que debería solidificar el movimiento era el origen mismo de una dolorosa división.

La exclusión que denunciaron esas mujeres negras, que no eran reconocidas como sujetos del feminismo y sistemáticamente veían cómo las violencias específicas que sufrían no eran atendidas por el movimiento, es equiparable a la que denuncian en nuestros días las mujeres trans a raíz de comunicados del PFE.

Las divisiones entre las mujeres acerca del contenido del término o sus reivindicaciones deberían ser reconocidas puesto que pueden dar pie a nuevas resignificaciones que nos permitan ampliar las posibilidades sobre qué significa ser mujer.

Si tenemos miedo a que al no disponer de un sujeto feminista fuerte, unívoco e incuestionable, el feminismo colapsará, debemos pensar si merece la pena reproducir las mismas premisas que han tratado de asegurar nuestra exclusión históricamente. Si hemos criticado cómo ciertos movimientos políticos no tenían en cuenta a las mujeres, nosotras no deberíamos reproducir ese mismo error en el seno del movimiento político feminista.

El PFE tiene hoy todo el derecho a cuestionar la legitimidad de su expulsión de IU pero tiene que ser consciente de que esa práctica de exclusión no le es ajena. Si nos oponemos a la reducción de la pluralidad de voces en los colectivos políticos, tenemos que hacer una reflexión sobre cómo nuestras prácticas pueden estar reproduciendo aquello que queremos poner en cuestión. 


NOTA DE IGLU: Aunque en el artículo se afirma que fue la militancia de Izquierda Unida la que decidió la expulsión de su organización al Partido Feminista de España, hay que señalar que fue el 85% de los votos de la Asamblea Política y Social de IU la que tomó tal decisión en su reunión del 22 de febrero de 2020. Podemos dudar, incluso, de que Izquierda Unida disponga de militancia, pero si así fuere y se le hubiera permitido votar sobre esta cuestión, también dudamos de que se hubiera tomado esta decisión; y, más aún, si únicamente hubieran votado las mujeres militantas de esa organización -¿serán 'mil y tantas' o no llegarán ni a mil?-. Por decirlo que no quede. Y, por cierto, ¿a nadie le parece que dicha Asamblea debería denominarse de otra forma? ¿Nadie recuerda la persecución franquista de “La Secreta”, aquella Brigada Político-Social?

lunes, 2 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #transfobia | Expulsadas por la izquierda: el caso del Partido Feminista de España

Imagen: Tribuna Feminista
Expulsadas por la izquierda: el caso del Partido Feminista de España.
Raquel Rosario Sánchez | Tribuna Feminista, 2020-03-02
https://tribunafeminista.elplural.com/2020/03/expulsadas-por-la-izquierda-el-caso-del-partido-feminista-de-espana/

El Partido Feminista de España fue fundado en el año 1979, convirtiéndose en entidad legal el 8 de marzo del 1981. Creció de las cenizas de la Organización Feminista Revolucionaria, fundada en el 1977 por la doctora Falcón O’Neill, militante marxista y feminista. Sobreviviente de intimidación, persecución y tortura durante la dictadura de Francisco Franco, Falcón es considerada una eminencia intelectual sobre las luchas de clase y del movimiento de las mujeres.

Al explicar por qué decidieron convertirse en una entidad política, expresan:

“Considerar el feminismo como la opción política para la mujer implica dar una alternativa global a la sociedad, desde todos los aspectos en que se decide el destino político, económico, social y cultural de nuestro país, sin olvidar, como hacen el resto de formaciones políticas, los intereses de la mujer.

El feminismo al presentarse como opción política, convierte la lucha de la mujer en una lucha política, pasando a formar parte de la historia de la lucha de clases y de la historia de las revoluciones. Es, además, un ideario filosófico que plantea una transformación de los seres humanos para construir un mundo basado en la libertad, la igualdad, la solidaridad entre todas las clases sociales, los sexos, las razas, los pueblos”.

Como partido político, se unieron a Izquierda Unida en el año 2015. El 22 de febrero del 2020, la Asamblea Político y Social de dicha coalición progresista votó mayoritariamente por revocar la membresía del Partido Feminista de España, declarando: “Con el 85% de votos a favor, la Asamblea Político y Social aprueba revocar la pertenencia del Partido Feminista de España a Izquierda Unida por reiterados incumplimientos estatutarios y mantener posiciones contrarias a las aprobadas en los órganos de IU”.

Las tensiones entre el Partido Feminista de España y la coalición progresista se vienen cociendo durante años. Las mujeres denunciaban que la izquierda española ignoraba conflictos feministas cruciales, como la prostitución y el alquiler de mujeres con fines gestacionales, favoreciendo iniciativas más de moda, pero menos representativas. En el año 2018, Izquierda Unida eliminó su Área de la Mujer y la remplazó por un Área de Libertad de Expresión Afectivo- Sexual.

En diciembre 2019, el Partido Feminista de España emitió un comunicado en el que expresó preocupaciones respecto a los efectos de una potencial reforma a la ‘Ley de Identidad de Género’ podría acarrear para los derechos de la mujer y de la niñez.

El nuevo gobierno de coalición socialista dice que pretende introducir a su congreso la propuesta de una ley federal que permita la autodeterminación del sexo, antes de verano. En la práctica, este proyecto de ley representa una reforma a la Ley de Identidad de Género del 2007, la cual establece requisitos como un diagnostico medico de disforia de género y un proceso de dos años antes de proceder a cambiar documentos oficiales. El Partido Feminista de España alega que, dentro de Izquierda Unida, comisiones de trabajo habían sido establecidas para acelerar el trayecto del proyecto de ley sin tomar en consideración sus objeciones ni consulta democrática.

La coalición Izquierda Unida demandó que ellas se desdijeran de su comunicado expresando:

“Los discursos de odio, del enfrentamiento contra ‘el otro’ no son propios ni de la izquierda ni del compromiso feminista. Invitamos a la militancia y dirigentes del PFE a resolver cuantas dudas tengan en los espacios habilitados para ello en la organización y manifestar de forma pública e inmediata una rectificación que ponga fin a la persecución a la que someten con su odio a personas de identidades trans y el conjunto de la comunidad LGTBI o nos veremos en el deber de solicitar las acciones internas pertinentes”.

Naturalmente, el Partido Feminista de España se rehusó a retractar su herejía y ahora han sido expulsadas.

Afirman que apelarán la decisión internamente, dado que los procesos formales dentro de la coalición no fueron ejecutados y que la reforma al proyecto de ley nunca fue consensuada con la membresía de la coalición progresista. También han expresado su intención de elevar el tema a los Tribunales, expresando: “No cejaremos en nuestro empeño de que se reconozcan nuestros derechos y nuestra esforzada lucha por el feminismo, la igualdad y la República. Y como siempre hemos dicho, ¡el futuro será feminista o no será!”

A pesar de que reconocemos que éste representa un momento difícil para nuestras compañeras españolas, recibimos con agrado el hecho de que esta coyuntura incremente el debate público sobre esta política pública, la cual implica cambios sociales significativos. Nosotras nos simpatizamos con su determinación de incentivar el debate respetuoso, basado en la evidencia, sobre políticas públicas que afectan a toda la población.

También este mes de febrero, la mayoría de quienes aspiran al liderazgo del Partido Socialista en Inglaterra han jurado que van a expulsar a todas las mujeres que se nieguen a aceptar lineamientos establecidos en el debate sobre sexo e identidad de género. Un evento público en apoyo a las campañas socialistas feministas Woman’s Place UK y LGB Alliance está pautado para el 9 de marzo en Londres, como recordatorio a la izquierda de que la lucha de las mujeres es inexorable de la lucha de clases.

Ante la embestida furiosa de nuestros mal llamados camaradas, y previo a su expulsión, el Partido Feminista de España emitió un comunicado público que rezaba: “Hacemos un llamamiento al movimiento feminista para que repruebe la campaña de insultos, descalificaciones, calumnias y amenazas que se está difundiendo contra nosotras y apoye nuestras acciones en defensa de las mujeres y de la niñez”.

La campaña política feminista Woman’s Place UK se hace hecho eco de este llamado, declarando que afirmamos nuestra solidaridad con nuestras hermanas en el Partido Feminista de España durante un momento crucial en el que se exacerba la presión para que retracten su compromiso con los intereses de las mujeres y niñas en el ámbito político. También expresamos que nos sentimos esperanzadas de afianzar nuestros lazos de cariño, apoyo y solidaridad entre las feministas alrededor del mundo.

En estos momentos, a los camaradas de demasiados partidos políticos parece que se les ha olvidado que, aparte de incrementar el rechazo del electorado y, por ende, sangrar votos, las divisivas políticas de la intimidación y el autoritarismo que se fomentan innecesariamente en el debate sobre sexo e identidad de género no pertenecen a la izquierda: nosotras sí.

Este es nuestro movimiento y tenemos toda la intención del mundo de continuar luchando por la liberación de las mujeres y niñas de toda opresión en base al sexo, a la raza y a la clase. Esperamos con ansias el momento en que la izquierda machista decida envalentonarse y unirse a nosotras.

Raquel Rosario Sánchez. Escritora dominicana. Especialista en Estudios de la Mujer, Género y Sexualidad. Arde por el desmantelamiento del patriarcado en su totalidad, pero muy especialmente, arde con ansias por ver el fin de la violencia contra niñas y mujeres. Todas las violencias.


NOTA DE IGLU: No es cierto que Izquierda Unida reemplazara el Área de la Mujer por un Área de Libertad de Expresión Afectivo-Sexual. Si bien es cierto que en 2018 el Área Federal de la Mujer decidió disolverse, ALEAS se fundó en 1994, siendo la primera organización política que creó internamente un grupo LGTBI.

jueves, 27 de febrero de 2020

#hemeroteca #lgtbi #feminismo | Femilistos

Imagen: Google Imágenes / Protesta feminista por las 11 de Bilbao, Madrid, 1983
Femilistos.
Amancio Delgado Álvarez | El Diario, 2020-02-27
https://www.eldiario.es/opinionsocios/Femilistos_6_1000259987.html

Corría el año 1983. En Bilbao. Las feministas habían convocado una manifestación. Acudieron hombres que en un momento dado lanzaron piedras a los grises, que cargaron contra la manifestación. Como los hombres eran más rápidos, huyeron. Los golpes los recibieron las mujeres, que habían querido impedir la presencia de hombres pero cedieron al final por un aquel de compañerismo.

A partir de aquellos incidentes las mujeres impidieron la asistencia de hombres a sus asambleas. Algunos montaron en cólera, reclamándose marginados.

Desde el movimiento gay pudimos contemplar las razones. Cuando hacíamos asambleas conjuntas con las lesbianas, constatamos efectivamente que la presencia de hombres cohibía la participación de las mujeres, que por alguna razón se sentían coartadas. Así que la decisión que tomaron de no aceptar hombres en sus asambleas la tuvimos que asumir con humildad respetuosa.

Fue por entonces que se puso en boga un término que luego pasó de moda: femilisto. Para designar al hetero progre blanco que en un rasgo de prepotencia típicamente masculino, se sentía imprescindible para liderar el crecimiento de la liberación tanto femenina como global.

Por entonces en el movimiento gay estábamos enfrentados los "serios" (las políticas nos llamaban) y las "locas", con la pluma como elemento de discordia. Según las "políticas", la pluma desacreditaba al movimiento, banalizándolo. Según las "locas", la pluma era la seña de identidad más patente para enfrentar al sistema. Luego el movimiento punk le daría a la pluma un sentido más social, y hoy día resultaría anacrónico que nadie pensase que un aro en la oreja o una camisa rosa desmereciese del respeto que se merece quien lo porte, sea del sexo que sea.

Hoy, cuarenta años después, contemplo con estupor que IU se atreva a marginar al Partido Feminista. Me pilla un poco a desmano y no soy capaz de entender si a la izquierda le parecen muy "plumeras" las mujeres o si a las mujeres les parecen muy "plumeras" las trans. Pero creo que en cualquier caso la izquierda no está sobrada de fuerzas, aunque haya conquistado dignamente el poder, como para permitirse lujos de "quítame allá esas pajas". Sospecho que hay movimientos de fondo de intereses inconfesables, pero no es de recibo que se invoquen a los Estatutos. Los Estatutos de cualquier formación, como las Constituciones, están para servir a los objetivos. Y si se han vuelto inadecuados, se cambian. Porque sino, se nos ve el plumero, la pluma.

miércoles, 26 de febrero de 2020

#hemeroteca #transfobia #politica | ¿En qué consiste la Ley Trans anunciada por Montero que ha provocado que IU expulse al Partido Feminista?

Imagen: 20 Minutos / ATA-Sylvia Rivera
¿En qué consiste la Ley Trans anunciada por Montero que ha provocado que IU expulse al Partido Feminista?
La Ministra anunció en la Comisión de Igualdad la Ley LGTBI, que presentará antes de verano, y la Ley Trans. "¿De qué me sirve tener el DNI cambiado si no tengo acceso al mercado laboral?", cuenta a 20minutos Mar Cambrollé.
Alejandro González Vizuete | 20 Minutos, 2020-02-26
https://www.20minutos.es/noticia/4165975/0/en-que-consite-la-ley-trans-anunciada-por-la-ministra-montero/

La ministra de Igualdad, Irene Montero, declaró este lunes ante la Comisión de Igualdad del Congreso que llevará la ley LGTBI al Consejo de Ministros antes del verano. Con esta ley afirma querer equilibrar las diferencias entre comunidades autónomas en esta materia. También se ha referido a la ley trans, que, entre otros aspectos, ahondará en la despatologización de este colectivo.

El pasado sábado, la Asamblea Política y Social convocada por Izquierda Unida decidió expulsar al Partido Feminista de España (PFE) con el 85% de los votos por su postura contraria a una posible ley trans. IU alega "reiterados incumplimientos estatutarios y mantener posiciones contrarias a las aprobadas en los órganos de IU".

Lidia Falcón, presidenta del PFE, cuenta a 20minutos que la decisión no le parece justa ni equitativa "ni en el fondo ni en la forma". El pasado 4 de diciembre, el PFE publicó "un texto crítico" en contra de las proposiciones de ley LGTB y Trans presentadas por UP en 2017 y 2018 respectivamente. Según Falcón, IU no aprobó el apoyo a esta ley.

Por su parte, fuentes de la dirección federal de Izquierda Unida explican que el área LGTB ALEAS de IU, junto con el grupo de Unidos Podemos -del que también formaban parte entonces-, preparó la proposición de ley de 2018. Por ello, consideran que manifestarse en contra de esa proposición vulnera varios puntos del artículo 32 de los Estatutos del partido.

Desde diciembre se vienen sucediendo los desencuentros entre ambas formaciones. Sin embargo, Falcón dice que su partido no sabía que la Asamblea del sábado acabaría con su expulsión. Denuncia "enormes irregularidades" y anuncia que acudirá a la Comisión de Garantías de IU. "Si no resuelven de una manera justa, iremos a los tribunales".

Falcón explica su posición diciendo que la proposición LGTB "pretende cambiar el lenguaje de todas las leyes para que ya no se hable ni de padre ni de madre". En cuanto a la proposición de ley trans, cree que "lo más grave" es que permitirá a menores "de 4 o de 5 años" cambiar su género. Añade que derivará en la administración de "bloqueadores de hormonas", con los que "el niño no va a crecer".

Respecto a esto, la proposición de 2018 contempla el acceso a los bloqueadores hormonales a partir de la pubertad y el acceso a la reasignación del sexo a partir de los 16 años. En cuanto a la autodeterminación del género, desde el pasado verano el Tribunal Constitucional permite que los menores "trans" con madurez suficiente puedan solicitar el cambio de género en el registro civil.

A nivel autonómico, leyes como la aprobada en 2014 en Andalucía han dado pasos hacia la determinación del género de las personas trans sin necesidad de presentar informes psiquiátricos. Aunque hay muchas comunidades que no cuentan con legislación de este tipo.

"Esta ley reconocerá los derechos conculcados a las personas trans"
A nivel nacional, la Federación Estatal LGTB (FELGTB) redactó en 2017 una proposición de ley contra la discriminación del colectivo LGTB. Al año siguiente, la Federación Plataforma Trans redactó otra proposición más centrada en la protección jurídica de las personas trans y su derecho a la libre determinación de la identidad sexual. Ambas fueron presentadas en el Congreso por UP.

Para Mar Cambrollé, presidenta de la Federación Plataforma Trans, la ley LGTBI es necesaria porque protege "de la discriminación a todo el colectivo en general". Sin embargo, considera necesaria una ley integral específica para las personas trans para "garantizar los derechos que viven el resto de la ciudadanía y que nos son conculcados a las personas trans".

Entre las medidas que solicita esta proposición de ley trans están: despatologizar la autodeterminación del género -separándola del concepto disforia de género-, establecer un modelo de atención a la salud de las personas trans, prohibir la discriminación en el ámbito social y laboral con políticas activas de empleo, implantar medidas de formación y prevención del acoso en los centros educativos y garantizar que las personas trans puedan practicar deporte en igualdad de condiciones.

En 2019, la FELGTB presentó un estudio en el que mostraba que el 42% de las personas trans habían sufrido amenazas o maltrato psicológico en 2018. También indicaba que el 85% de las personas trans estaban en situación de desempleo. Cambrollé además añade otras cifras como el 25% que reconoce haber sufrido abusos sexuales o el 80% de los adolescentes trans que piensan en el suicidio y se autolesionan.

"Desde que se aprueba la democracia, lo único que teníamos es una ley de cambio registral de nombre", indica. "¿De qué me sirve tener el DNI cambiado si el acceso al mercado laboral lo tengo cerrado?¿De qué me sirve el DNI cambiado si para acceder al tratamiento hormonal me sigues tratando como a una enferma mental?".

Cambrollé defiende que esta ley es legítima porque sale del propio sujeto político, el colectivo trans. La redacción de la nueva proposición, realizada en un "proceso participativo y abierto", ha sido aceptada "por unanimidad por todas las asociaciones trans". También anuncia que el nuevo texto ha sido enviado a la mayoría de grupos parlamentarios “porque queremos que esta ley sea una ley de consenso unánime”.

"La discriminación no ha variado de 2017 a 2020"
La presidenta de FELGTB, Uge Sangil, considera alentadoras las palabras de la ministra. “No esperábamos que fuese tan pronto, lo que nos da mucha alegría también para que dé tiempo a tener una ley de igualdad LGTBI cuanto antes”.

También confirma a 20minutos que la Federación está trabajando en una nueva redacción de la proposición. Aunque "no hay mucha variación respecto a la anterior. La discriminación al colectivo LGTBI no ha variado de 2017 a 2020". Explica que en su propuesta de 2017 ya llevaban las reivindicaciones trans, aunque también apoyan que haya una ley específica.

La nueva redacción de la ley LGTBI conserva "aspectos fundamentales" como: que se garantice la reproducción asistida para las mujeres "y para las personas gestantes", la protección de las familias LGTBI y la formación de la Policía en materia LGTBI. También incluye un apartado específico de sanciones administrativas "por delitos de odio o incidentes de odio".