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jueves, 23 de mayo de 2019

#hemeroteca #trans #transfobia | El hombre embarazado que dio a luz a un bebé muerto por un error médico

Imagen: El Español
El hombre embarazado que dio a luz a un bebé muerto por un error médico.
El paciente fue tratado como hombre y no se le dio importancia prioritaria a sus síntomas de embarazo.
Ainhoa Iriberri | El Español, 2019-05-23
https://www.elespanol.com/ciencia/salud/20190523/hombre-embarazado-luz-bebe-muerto-error-medico/400460937_0.html

En ocasiones, las negligencias no se deben al mal hacer de una persona concreta, sino a todo un sistema. Es lo que plantea el caso publicado en la revista ‘The New England Journal of Medicine’, que cuenta la historia de Sam (nombre ficticio), un hombre obeso de 32 años que acudió al servicio de Urgencias de un hospital de Michigan (EEUU) víctima de dolores abdominales importantes.

Allí, le explicó a la enfermera que le atendió que él era un hombre transgénero. Nacido como mujer, llevaba varios años sin menstruar. Durante mucho tiempo se había tratado con testosterona, así como con fármacos para la hipertensión que padecía, pero la pérdida de su seguro privado le había hecho dejar ambos tratamientos.

Aún así, algo debía de pasarle por la cabeza, porque esa misma mañana se había hecho un test de embarazo en casa. El resultado fue positivo pero él sospechó que era un falso positivo, aunque se lo comentó a la enfermera encargada de clasificar su caso -lo que se llama triaje hospitalario-. También le dijo algo fuera de lo habitual que le había ocurrido también esa mañana: se había orinado encima.

La enfermera no fue negligente, ya que actúo tal y como las guías de clasificación recomiendan actuar para un hombre con los síntomas de Sam, quién constaba como varón a todos los efectos. La profesional sanitaria le clasificó como un hombre con dolor abdominal que había dejado de tomar sus fármacos para la hipertensión. Una primera revisión demostró que estaba estable, por lo que se le clasificó como un caso no urgente. Eso sí, al encargar los análisis, la enfermera tuvo en cuenta lo del test de embarazo y se pidió una prueba de la presencia de la hormona gonadotrófica coriónica (HGC o HCG por sus siglas en inglés), indicativa de embarazo.

Pero la evaluación de Sam se tomó su tiempo porque, al fin y al cabo, el informe de triaje era claro: el caso del hombre no corría prisa. Una médica de Urgencias acudió al lado del paciente al cabo de unas horas; allí, analizó los resultados de los análisis y vio que la prueba de la HGC era positiva. Habló con Sam en busca de una historia clínica más detallada y ya entonces consideró que ese dolor abdominal que presentaba el joven podría ser síntoma de complicación de las primeras etapas de un embarazo, pero su idea cambió al examinarle físicamente, ya que notó que su abdomen hinchado no sólo era un signo de obesidad sino de gravidez.

En ese momento, el diagnóstico cambió casi por completo y Sam pasó a ser una emergencia. Su estado indicaba una posible ruptura de la membrana, hipertensión en un embarazo avanzado y la posibilidad de que estuviera a punto de dar a luz, con ruptura de placenta. Fue entonces cuando se le hizo una ultrasonografía, una prueba de diagnóstico por imagen que confirmo las sospechas de la especialista, aportando además otro dato: no estaba claro que el corazón del feto estuviera latiendo.

Fue entonces cuando se llamó a los ginecólogos con urgencia, que vieron como el cuello del útero de Sam estaba dilatado entre cuatro y cinco centímetros. Se vio que era necesario llevar a cabo una cesárea y allí se confirmaron los peores temores de sus médicos: el corazón del bebé no latía, por lo que el hombre dio a luz a un bebé fallecido.

¿Se hubiera podido salvar?
Más allá de la triste historia, los autores del artículo donde se expone el caso -la principal es una ginecóloga queer- se plantean si el tratamiento de las personas transexuales es igual al de los de género binario. Parte de la culpa de este caso podría ser el propio sistema de clasificación que, tal y como describen los autores, "nunca se corresponden a la perfección con el complejo mundo que describen".

"En la evaluación de Sam, la enfermera encargada del triaje no asumió de forma práctica que él no encajaba claramente en un sistema de clasificación binaria que excluye mutuamente la categoría de masculino y femenino", escriben los médicos dirigidos por Daphna Stroumsa.

Aunque sus intenciones fueran buenas, y reconociera la posibilidad de un embarazo -lo que demostró al pedir la prueba del HGC- esto no afectó a su clasificación. O, lo que es lo mismo, si Sam hubiera sido una mujer y hubiera llegado con los mismos síntomas al hospital, se hubiera tenido mucho más en cuenta su posible gestación y probablemente se le hubiera derivado a una evaluación ginecológica urgente.

Está claro que hubo un retraso en la evaluación y que es posible que el triste desenlace se hubiera podido evitar. El cese del latido del corazón estaba producido por un prolapso en el cordón umbilical que, si se hubiera detectado antes, quizás hubiera concluido de otra forma.

El final fue el más amargo para Sam que, pese a no haber buscado ni deseado el embarazo, sufrió una grave depresión después de dar a luz a su bebé fallecido. Además, solicitó que le colocaran un DIU y aunque retomó su tratamiento hipertensivo, no siguió con la testosterona que tomaba años antes. Prefería tener el periodo y asegurarse así de que no volvía a estar embarazado.

miércoles, 2 de mayo de 2018

#hemeroteca #cuerpos #trans | Cuerpo abierto

Kenny Jones, trans
Cuerpo abierto.
La batalla por el descubrimiento o invención de nuevos órganos es eminentemente política.
Paul B. Preciado · Filósofo | Ara, 2018-05-02
https://www.ara.cat/es/opinion/paul-b-preciado-cuerpo-abierto_0_2007399421.html

En los últimos días, la comunidad científica ha anunciado el descubrimiento de un nuevo órgano del cuerpo humano. Lo que han dado en llamar “intersticio” sería un “conglomerado de tejidos llenos de líquido, de la misma dimensión que la piel, que actúa de amortiguador protegiendo los músculos y otros órganos”. El anuncio ha generado una ardiente polémica en el ámbito médico. Mientras que parte de la comunidad científica afirma que es posible descubrir nuevos órganos hasta ahora no detectados por los modos tradicionales de examen o visionado, otra parte de la misma comunidad considera que la anatomía humana ha sido ya explorada de forma exhaustiva y que no hay posibilidad de hablar de “nuevos órganos”. Así por ejemplo, James Williams, director del Laboratorio de Anatomía Humana de la Universidad Rush, ridiculizaba el descubrimiento afirmando que “hoy en día los únicos órganos del cuerpo humano que se pueden descubrir son los que sirven para hacer música”.

Contrariamente a lo afirmado por Williams, el discurso médico-científico no ha dejado de descubrir (¿o habría que decir inventar?) nuevos órganos del cuerpo durante los dos últimos siglos. Ocurrió con el descubrimiento del clítoris en el siglo XVI, con el descubrimiento de las trompas de Falopio en el siglo XVIII, con el óvulo y el espermatozoide en el siglo XIX… la lista sería interminable. Lejos de lo que podríamos imaginar, que nuevos órganos puedan ser descubiertos (o inventados) no es una mala noticia, sino todo lo contrario.

Lo que la polémica actual por el descubrimiento del "intersticio" pone de manifiesto es la lucha entre dos epistemologías del cuerpo. Del mismo modo que Karl Popper elaboró la distinción introducida por Henri Bergson para diferenciar las “sociedades abiertas” de las “cerradas”, podríamos decir que hay dos epistemologías del cuerpo humano según las cuales los cuerpos podrían ser considerados como “cuerpos abiertos” o “cuerpos cerrados”. En las epistemologías del “cuerpo cerrado,” el cuerpo es entendido como una entidad sagrada, determinada por leyes naturales, una anatomía finita, un territorio absolutamente cartografiado, un espacio vallado (y dicho sea de paso, mercantilizado), en el que la ciencia puede intervenir para afinar la representación, pero cuya definición formal y funcional está acotada. Frente a ésta, existe una epistemología del “cuerpo abierto” según la cual el cuerpo está siendo redefinido y modificado constantemente por sus usos sociales y su relación con el lenguaje y la tecnología.

La batalla por el descubrimiento o la invención de nuevos órganos no es una mera cuestión de nomenclatura o de representación. Se trata de una cuestión eminentemente política. Donde hay un órgano es posible indicar una función, un uso, una relación social, y, por tanto, un proceso de agenciamiento y de re-apropiación. La Escuela Universitaria de Medicina de Nueva York que ha anunciado el descubrimiento del “intersticio” ha hablado inmediatamente de nuevas técnicas de diagnóstico y tratamiento. El descubrimiento del “intersticio” abre, por tanto, un nuevo dominio de intervención social, nuevas enfermedades, nuevas curas, nuevos fármacos, nuevas cátedras... Cada órgano es un ámbito de acción política. El carácter político de esta disputa por los órganos se pone de manifiesto de forma estridente en la resistencia del discurso médico-científico a aceptar los genitales transformados por las terapias hormonales y las prótesis sexuales como nuevos órganos de pleno derecho del cuerpo trans.

El dogma anatómico-político de la diferencia sexual que preside la anatomía del “cuerpo cerrado” hace imposible que la medicina reconozca y certifique la existencia de nuevos órganos genitales trans. Hasta ahora, el discurso científico-legal insistía en la posibilidad de transformar la anatomía femenina en masculina o viceversa. Se hablaba de las operaciones de “vaginoplastia” y de “faloplastia” para referirse a la construcción quirúrgica de una vagina o de un pene, pero no existía posibilidad de nombrar o reconocer otros órganos fuera del binarismo genital. El rechazo de un gran número de personas trans a las operaciones de reconstrucción genital hacia el binarismo y la aparición de intervenciones que no tienen como objetivo la construcción de una vagina o de un pene, como por ejemplo la “metoidioplastia” (que corta el ligamento del clítoris para transformarlo en órgano externo), pone de manifiesto la necesidad del reconocimiento de la existencia de nuevos órganos trans.

Mientras tanto, atrapados en la epistemología del cuerpo cerrado, nuestros cuerpos trans existen en un vacío anatómico-político. Habito ese vacío anatómico-político cuando voy, por ejemplo, a la ginecóloga, y espero, con mi nombre y mi cuerpo trans, en una sala llena de mujeres embarazadas. Imagino que las mujeres se preguntan si soy el acompañante de alguna de ellas. El estupor aumenta cuando la doctora me llama por mi nombre masculino. No soy el acompañante de ninguna mujer. Soy un hombre trans en una consulta ginecológica. Pero nada de eso puede ser nombrado ni certificado. ¿Cuándo aceptará la comunidad médico-científica descubrir, nombrar y autorizar nuestros órganos trans?

jueves, 19 de abril de 2018

#hemeroteca #memoria | Nueva York retira la estatua del ginecólogo que experimentó con esclavas negras

Imagen: El País / Dos mujeres se abrazan mientras retiran la estatua de J. Marion Sims
Nueva York retira la estatua del ginecólogo que experimentó con esclavas negras.
Los activistas recuerdan que los logros científicos del doctor Marion Sims en el siglo XIX se basan en pruebas a mujeres afroamericanas, sin anestesia y sin su consentimiento.
Agencias | El País, 2018-04-18
https://elpais.com/internacional/2018/04/18/mundo_global/1524036400_696258.html

La estatua del doctor James Marion Sims ha sido bajada de su pedestal en Central Park en Nueva York. Conocido en Estados Unidos como el padre de la ginecología moderna, durante décadas fueron menos notables las prácticas sobre las que se sustentaron los avances que consiguió. Activistas han denunciado durante años que sus logros se basaron en experimentos con esclavas afroamericanas y por eso reclamaron al ayuntamiento la retirada de la estatua. Meses después de la creación de una comisión para que estudiara el caso, su retirada se hizo efectiva este martes.

La estatua del doctor James Marion Sims ha sido bajada de su pedestal en Central Park en Nueva York. Conocido en Estados Unidos como el padre de la ginecología moderna, durante décadas fueron menos notables las prácticas sobre las que se sustentaron los avances que consiguió. Activistas han denunciado durante años que sus logros se basaron en experimentos con esclavas afroamericanas y por eso reclamaron al ayuntamiento la retirada de la estatua. Meses después de la creación de una comisión para que estudiara el caso, su retirada se hizo efectiva este martes.

Hasta Central Park se acercó un grupo de personas que se abrazaban y celebraban que Sims dejara de tener un puesto entre las figuras ilustres que completan el paisaje del parque. “Es importante reconocer que sus contribuciones realmente ocurrieron a expensas de mujeres que no pudieron dar si consentimiento" dijo Bernadith Russell, una doctora afroamericana del hospital New York-Presbyterian, que acudió a ver cómo los funcionarios retiraban la estatua con una grúa. "Reconozco sus contribuciones, pero es como si Josef Mengele hubiese logrado avances en el campo de la medicina. No pondríamos una estatua suya debido a cómo obtuvo esa información", añadió en declaraciones a AFP, en referencia al médico nazi que realizó crueles ensayos con prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial.

Nacido en Carolina del Sur, Sims estudió medicina y la practicó en una sociedad todavía esclavista en Alabama entre 1835 y 1849. Allí, según consta en sus cuadernos, llevó a cabo operaciones a una decena de esclavas. Posteriormente se desplazó a Nueva York, donde fundó el primer hospital para mujeres en 1855. Fue pionero en la intervención de fístula y también inventó el espéculo y otros instrumentos médicos que se utilizan actualmente. Sin embargo, sus experimentos con esclavas negras, sin anestesia y sin su consentimiento, han planteado cuestiones éticas y rechazo por parte de los activistas de los derechos humanos.

La reflexión sobre la estatua de Sims y otras esculturas de la ciudad de Nueva York surgió después de los enfrentamientos en una protesta de supremacistas blancos en Charlottesville (Virginia), en agosto de 2017, en contra la retirada de una estatua del general confederado Robert Lee, en la que murió una joven antirracista. Estos enfrentamientos abrieron el debate nacional sobre los símbolos de la guerra de Secesión que todavía siguen presentes y han dividido a la población entre los que piden su retirada porque son considerarlos racistas -el sur era favorable a mantener la esclavitud- y quienes opinan que forma parte de la historia del país.

Símbolos polémicos
El alcalde de Nueva York, el demócrata Bill de Blasio, creó una comisión a la que encargó un informe sobre los símbolos en la ciudad que han generado controversia. Los siete miembros votaron a favor de la retirada de la estatua de Sims, a la que habían arrojado pintura roja en señal de protesta en varias ocasiones. La escultura será llevada al cementerio de Gree-Wood en Brooklyn donde está enterrado el doctor.

La comisión neoyorquina finalmente decidió mantener las estatuas de Cristóbal Colón, la del expresidente estadounidense Theodore Roosevelt -montado a caballo y acompañado a pie por un nativo estadounidense a un lado y un afroamericano al otro- y una placa dedicada a Philippe Pétain, un militar francés que luchó en al Primera Guerra Mundial y luego colaboró con los nazis. No obstante, el Ayuntamiento agregará una leyenda explicativa con más contexto histórico.

lunes, 10 de abril de 2017

#hemeroteca #lesbianismo #salud | ¿Qué pasa cuando las lesbianas van al ginecólogo?

Imagen: Vice / Ilustración de Mar Estrama
¿Qué pasa cuando las lesbianas van al ginecólogo?.
Sabina Urraca | Broadly, Vice, 2017-04-10
https://broadly.vice.com/es/article/lesbianas-ginecologo

Para muchas mujeres lesbianas o que tienen relaciones sexuales con otras mujeres, pasar por la consulta ginecológica puede ser un auténtico infierno ya que muchos expertos no consideran que las mujeres pueden contagiarse enfermedades de transmisión sexual, o no saben en qué consisten las relaciones sexuales lésbicas.

Imagino a una ginecóloga o un ginecólogo amable, abierto de mente, que no haga presunción de heterosexualidad, que te pregunte si mantienes relaciones sexuales con hombres, con mujeres o con los dos. Que tenga una ligera idea de lo que hacen dos mujeres en la cama, y que actúe en consecuencia como profesional de la salud. Imagino a ese unicornio azul inclinándose entre mis piernas, haciéndome una citología con su cuerno salomónico, y mi entrepierna soltando purpurina de puro placer médico. Porque precisamente eso es lo que son los ginecólogos comprensivos y con conocimiento de vida sexual más allá de sus horizontes heteronormativos: animales mitológicos, seres milagrosos que han traspasado las fronteras de la medicina peligrosamente machuna para averiguar que ahí afuera hay muchas mujeres que se acuestan con mujeres.

Para escribir este artículo entrevisté a más de 30 mujeres lesbianas o que habían tenido sexo con mujeres en algún momento de su vida y me contaron todo tipo de experiencias ginecológicas que iban de lo escabroso a la comedia más surrealista.

Los primeros chapoteos en este pantano de ignorancia ya se viven en la propia carrera de Medicina. Macarena Navarro, lesbiana y residente de Ginecología en un hospital público de Madrid, recuerda que durante aquellos años de la carrera, la vida sexual lésbica era un fantasma. "En la carrera de Medicina, como en todo, sigue habiendo una visión muy patriarcal", explica Macarena a Broadly. "Todo va dirigido a los hombres, y a los hombres la salud sexual de las lesbianas, así en general, les importa muy poco. No se difunden estudios científicos que muestren la prevalencia de las enfermedades de transmisión sexual entre las lesbianas. Solo lo he leído en un sitio: la última guía sobre patología cervical sí que hacía referencia, por ejemplo, a que la vaginosis bacteriana se da más en mujeres homosexuales, y ese es un dato importante que todos los profesionales de la ginecología deberían saber".

"Supongo que en la carrera de Medicina o Enfermería dan por hecho que ya sabes lo que sucede en una relación sexual heterosexual, así que no van a explicártelo. Pero la mayor parte de la gente no sabe qué cosas hacen dos mujeres en la cama, y eso tampoco te lo explican". La que habla es Sara, enfermera y lesbiana. Sara dice haberse visto varias veces en situaciones incómodas, incluso con compañeros de trabajo. "Una vez pedí que me hicieran pruebas de ETS en el centro en el que trabajo. El médico, que era colega y sabía que era lesbiana, me dijo que no era necesario, porque las lesbianas no contraíamos ETS. Cuando le dije que estaba equivocado, me contestó que le explicase cómo demonios iba a contraer una venérea. Me di cuenta de su nerviosismo, de que no tenía ni idea de que las lesbianas también intercambiamos fluidos, pero que tampoco le interesaba saberlo, y que, al sentirse amenazado e inseguro, actuaba de forma agresiva. Creo que hay gente que, para proteger su propio desconocimiento, prefiere pensar que las lesbianas somos una especie de monjas que vamos por la calle de la mano y nos damos besitos, pero nada más", concluye Sara.

Esta idea de que "las lesbianas no tienen verdadero sexo" planea constantemente en las consultas ginecológicas. Zaida Carmona cuenta que fue a hacerse una revisión y, al llegar la típica pregunta de qué tipo de anticonceptivo usaba, contestó que se acostaba con mujeres y que por eso no utilizaba anticonceptivos. "Pero bueno, ¿alguna relación sexual habrás tenido, no?", le espetó la doctora. "Yo me quedé en shock y un poco paralizada", explica Zaida. "¿De verdad esa señora creía que las relaciones con mujeres no son relaciones sexuales? No reaccioné como me habría gustado, pero después pensé en todas las respuestas que debería haberle dado". La falta de reacción, el miedo a ser irrespetuosas o resultar incómodas ante un médico del que depende tu bienestar es una constante entre las lesbianas que visitan la consulta del ginecólogo.

Isabel Peraza, bisexual que actualmente tiene una pareja mujer, reconoce que "por muchos años que lleves fuera del armario, por muy segura que estés de ti misma, al poner tu salud en manos de un ginecólogo, temes que sus prejuicios y sus ideas personales acerca de la homosexualidad afecten al trato que te va a dar. El decirle al ‘gine’ que tienes relaciones con mujeres es como la última puerta de salida del armario que hay que cruzar", explica Isabel. "Llegas al hospital, te atiende un señor que lleva treinta años apoltronado en su consulta y que, para saber si tienes relaciones sexuales te pregunta si tienes novio, y decirle que te acuestas con mujeres te parece directamente un suicidio. Si ni siquiera contempla que una mujer pueda tener relaciones sexuales fuera de una relación, imaginarte comiéndole el coño a otra mujer ya le puede petar la cabeza. Así que a veces pasas de decir nada", confiesa.

Este tipo de omisiones pueden conducir a un mal tratamiento, a una desatención peligrosa para la salud. Diana López, que solo ha mantenido relaciones sexuales con mujeres a lo largo de su vida, recuerda todas sus visitas al ginecólogo como algo verdaderamente traumático: "La primera vez, con 18 años, fui a un ginecólogo que fue muy amable hasta que le dije que solo tenía relaciones con chicas. A partir de ahí empezó a comportarse muy raro y casi no me hablaba".

Con respecto a las enfermedades de transmisión sexual, el vacío casi da vértigo. Diana recuerda una ocasión en la que acudió a una presentación de un vídeo sobre VPH y las problemáticas de la vacuna. "Una chica de la sala aprovechó para preguntarle a la ginecóloga que estaba dando la charla previa si era muy común la transmisión del VPH entre bolleras, y no le supo contestar. Se omitió la pregunta y se pasó a otro tema", explica Diana.

Si, dadas estas circunstancias, intentamos imaginar la cantidad de mujeres que quedan sin diagnosticar de VPH porque, al decir que son lesbianas, los médicos directamente dan por hecho que es imposible que tengan el virus, la situación se nos plantea realmente escalofriante. Diana tuvo VPH, y recuerda con horror la consulta en la que se lo diagnosticaron. "Mientras me estaban haciendo una citología no paraban de insistirme diciéndome '¿De verdad no has estado con ningún chico?'. No daban crédito. No querían hacerme la prueba de VPH, decían que no tenía sentido, y cuando me la hicieron y dio positivo, fliparon. En su imaginario, los tíos son portadores de la mayoría de ETS y nos las pegan a las tías. No ven más allá". De hecho, muchas lesbianas se quejan de que los médicos no las informan sobre métodos de prevención de ETS en relaciones lésbicas. "Es muy fuerte que, antes de reconocer su propia ignorancia, prefieran poner en peligro tu salud", se queja Diana.

Actualmente, la información con respecto a la protección de ETS en relaciones lésbicas parece ir abriéndose camino. Hace unos meses, la Fundación Triángulo publicó la "Guía de salud sexual para mujeres que tienen sexo con mujeres". La publicación, disponible para descargar online, entra en ese terreno casi inexplorado e informa de las enfermedades de transmisión sexual más comunes entre mujeres, así como de los métodos de prevención. Hay una cosa clara, y es que las lesbianas se protegen menos de las ETS que los heterosexuales o los hombres gais. Por ello, esta guía incide sobre métodos de protección, como los dediles (unos "condones" de dedo que protegen de enfermedades que se pueden transmitir mediante tocamientos con la mano, como la Hepatitis C) y las barreras de látex (cuadraditos de látex para practicar sexo oral o tribadismo). Inciden además en factores que aumentan el riesgo de contraer VIH, como la menstruación, e insisten en poner especial cuidado en la utilización de juguetes sexuales compartidos. Todos estos consejos son un mundo desconocido para muchos de los profesionales de la ginecología, a los que no les vendría nada mal tener esta guía junto a su Vademecum de toda la vida.

A Carla Suárez se le revuelve el estómago al recordar una sus primeras visitas al ginecólogo: "Era un señor muy mayor. Cuando llegó el momento de hablar de las relaciones sexuales, le dije que me acostaba con mujeres. Entonces la consulta terminó bruscamente. Se puso de pie y salió de la sala. Reapareció para hacerme el chequeo, y yo ahí, abierta de piernas en la camilla, con ese señor que ni me miraba ni me hablaba, me llené de terror pensando en si su opinión personal influiría en la forma de auscultarme. Tenía miedo de que me tratase sin cuidado, de que me hiciese daño, porque se le veía claramente contrariado. Una pregunta sobre ETS, dada la situación, era directamente imposible ", concluye.

Marina Vera reconoce que su principal fuente de información sobre ETS que se transmitan entre mujeres y sistemas para evitarlas ha sido su ‘sexshop’ de confianza: "Las dependientas saben mogollón, mucho más que el ginecólogo medio de la Seguridad Social, y te aconsejan de la hostia". También las personas relacionadas con el pornoterrorismo, como Diana Pornoterrorista, se han convertido en fuentes de información para algunas mujeres, como Susana, ginecóloga en una clínica privada, que cuando estaba estudiando tuvo que preguntarle a ella sobre la eyaculación femenina. "Nunca nos habían hablado de esas glándulas, no se estudiaba en la carrera. Me sorprendió que ella, una artista de performance y activista del tema, supiese más que una ginecóloga", explica Susana.

El tema de la fertilidad y los embarazos en el caso de lesbianas también hace sumirse a los ginecólogos en un mar de dudas y confusión, que puede llevarles a meter la pata catastróficamente. Paula Baeza recuerda cuando le diagnosticaron ovarios poliquísticos: "Ahora tengo una ginecóloga encantadora, pero hace unos años, un señor deleznable me diagnosticó ovarios poliquísticos y me explicó que, como consecuencia, probablemente no podría ser madre. Ante mi cara de estupor y después de decirle que mi pareja era mujer, trató de tranquilizarme diciendo 'Pero bueno, en tu caso, lo mismo te da, ¿no?".

Después está el tema del espéculo. Carlota Mejías se ríe al recordar su situación con una ginecóloga. "Le dije que era lesbiana, y entonces me dijo que tendría cuidado y me auscultaría con los dedos o con un espéculo virginal, por si me rompía el himen o me hacía daño. Otra vez esa idea de la lesbiana como una monja asexuada. Que supongo que habrá lesbianas que no practiquen penetración, claro que sí, pero en mi caso no era así. Me eché a reír, le agradecí la delicadeza y le dije que me habían metido cosas más grandes que ese espéculo. Se quedó muy confundida. Se la veía claramente avergonzada de su ignorancia, lo cual me pareció una gran paso, dadas las situaciones horribles que se suelen dar. Al menos se sentía mal por no tener ni idea de que las lesbianas podemos usar dildos, arneses o meternos incluso una mano entera en el coño".

Si atendemos a todos estos testimonios, el problema principal es un imaginario estrecho, amarrado a estereotipos absurdos, y una falta de interés y actualización de conceptos. También un miedo por parte de la paciente a desvelar sus intimidades a un profesional que quizás tenga los mismos prejuicios hacia el lesbianismo que mucha de la gente que se ha ido encontrando en la vida. Pero el mundo cambia, los comportamientos sociales cambian, la sexualidad de las personas es más diversa, y cualquier profesional de la salud que se precie debe mantenerse informado e ir cambiando sus protocolos. Si un señor o una señora que lleva cuarenta años ejerciendo la profesión y sigue aplicando los principios de cuando empezó, o un ginecólogo joven pero ajeno a cualquier sexualidad que no sea la que él mismo practica, se encuentra frente a frente con una lesbiana, el choque, tristemente, está anunciado.

viernes, 23 de octubre de 2015

#hemeroteca #transexualidad | Rosa Almirall: “Necesitamos protocolos ginecológicos para personas trans”

Imagen: Diagonal / Rosa Amirall
Rosa Almirall · Ginecóloga: “Necesitamos protocolos ginecológicos para personas trans”.
Más de 450 personas trans han pasado por la consulta ginecológica del programa pionero Transit. El 24 de octubre se celebra el Día Internacional de Acción por la Despatologización Trans.
Izaskun Sánchez Aroca | Diagonal, 2015-10-23
https://www.diagonalperiodico.net/cuerpo/28118-necesitamos-protocolos-ginecologicos-para-personas-trans.html

La práctica médica dominante, como casi todo en nuestras sociedades, está marcada por el binarismo, por una división entre hombres y mujeres, en la que además el hombre y la heterosexualidad son el patrón y el modelo en torno al cual giran todas las disciplinas.

Superar esta visión implica salirse de la institución más encorsetada y echar un vistazo a una realidad social formada por una amplia diversidad de personas que rara vez encajan en esos patrones establecidos en libros o estudios.

Rosa Almirall es ginecóloga, lleva 38 años ejerciendo su profesión y es directora de área de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva (ASSIR) de Barce­lona, un servicio que forma parte del Institut Català de la Salut de la Generalitat.

Al­mirall es una de esas personas que sabe mirar fuera de las rigideces de la academia, que pone las necesidades de las personas en el centro de su práctica diaria. En 2012 impulsó la creación de Transit, un servicio que se centra en la promoción de la atención ginecológica a las personas trans y por donde ya han pasado más de 450 personas.

"Es el dilema que siempre existe: el de los servicios que consideran la transexualidad una enfermedad mental y servicios que dan la voz a la persona". Almirall apuesta por realizar una labor informativa y de asistencia sin darle más literatura de la necesaria a un servicio "que no es más complicado que cualquier otra cosa que hacemos en nuestro día a día: citologías, mamografías, o hablar de anticoncepción".

¿Cómo empieza Transit?

Surge hace cuatro años, cuando ocurren distintas cosas, como el caso de una persona trans que se presentó en nuestro servicio y no fue bien tratada. En­tonces me pregunté por qué en 38 años de especialidad no había tenido contacto con gente trans, por qué no venían a los servicios de ginecología. Ahí es cuando pensé que sería interesante crear dentro de mi servicio una consulta para la promoción de la salud de las personas trans, pero desde una visión de la ginecología y obstetricia. ¿Por qué esta gente no viene? ¿Por qué no hay prevención?

Pensé que era necesario intentar crear una consulta sin estereotipos, sin prejuicios, donde se hagan citologías, mamografías o se resuelvan dudas sobre sexualidad, reproducción o anticoncepción, pero desde una visión ginecológica y obstétrica.

¿Cómo sales de una práctica ginecológica normalizada y extendida?

Vengo del feminismo y de cuestionar la propia ginecología y los modelos patriarcales dentro de la medicina. Ya trabajaba en esta línea cuando el aborto o los anticonceptivos estaban prohibidos o se practicaban histerectomías que yo viví como agresivas. Defiendo el derecho de la persona a decidir qué hacer con su cuerpo después de haber recibido una información lo más objetiva posible. Me cuesta poco situarme en las personas, se autoetiqueten como se autoetiqueten. Desde muchos posicionamientos diferentes he ido buscando otros espacios donde hacer las cosas de otra manera. Cuando empecé a pensar en Transit no tenía ni idea de lo que era la transexualidad, ni de lo que necesitaban.

Entonces empecé a leer, estudiar e informarme. Mi objetivo ­realmente era hacer lo mismo que hago con las personas 'cis' [aquellas cuya identidad de género y el género que se les asigna al nacer coinciden], pero con las personas trans, y desde un sitio de respeto a sus identidades, cuerpos y variaciones. Contacté con gente trans, sobre todo activistas, para presentar mi idea y ver si podía cuajar. Tuvo muy buena acogida. También fui a la Unidad de Trastornos de Género de Barcelona a presentar este proyecto y les pareció muy complementario, porque había aspectos de atención primaria que no se estaban cubriendo.

¿Cómo imaginas Transit en los próximos años? ¿Qué sería deseable esperar?

Podemos hablar de modelos transitorios y modelos definitivos. Tal y como yo lo visualizo, creo que Transit debería desaparecer como servicio. Me gustaría que se desplegara la atención trans por todo el territorio y todos los servicios, que la sanidad de estas personas fuera integrada en el modelo normalizado de sanidad.

Lo idóneo sería que parte del acompañamiento lo pudiera hacer el personal médico de familia, los endocrinólogos o los ginecólogos de atención primaria. Éste sería el modelo hacia donde ir. Como el desconocimiento es muy grande, probablemente Transit sea necesario un tiempo para ir formando a los profesionales que asuman desde la normalidad la atención a estas personas.

Mucha gente del sector sanitario argumentará que no hay formación ni información.

Esta película ya la he vivido. Es lo mismo que ocurrió con los centros de planificación familiar y con la anticoncepción, cuando estaba prohibida. Entonces ni los ginecólogos ni los médicos de familia estaban formados en anticoncepción, pero al final se crearon macroestructuras, muchas de ellas dependientes de los ayuntamien­tos. Fue­ron los centros de planificación familiar. Al principio parecía muy difícil y muy complejo pero, a medida que los profesionales se fueron formando, estos centros se integraron en la red pública normalizada.

Yo visualizo un poco el mismo camino. No es rápido ni fácil, pero poco a poco se hará. Porque, en este momento, 170 personas del total que hemos atendido desde Transit en los inicios de su transición ya están siendo llevadas por médicos de familia. Y esto es algo muy importante.

¿Qué tipo de programas ­desarrolláis?


Trabajamos mucho en torno a la prevención. Hay que intentar incorporar a los hombres trans a los mismos protocolos que tenemos las mujeres 'cis'. Es decir, si hay útero –una parte importante de hombres trans lo matienen–, se incorpora la vagina a los juegos sexuales y, si tienen más de 25 años, es necesario que esas personas estén en un programa en el que se hagan citologías. Entiendo que para los hombres trans su parte genital o vaginal puede despertar un pudor comprensible, por eso es muy bueno encontrarse con profesionales sensibles. Gracias a esto tenemos un 80% de chicos trans en un programa de cáncer de cuello de útero.

Otro ejemplo son las mujeres trans que tienen mamas y toman hormonas, por qué no usar los mismos criterios de prácticas de mamografía o al menos ­ofrecerlos, aunque haya muchos cuestionamientos sobre las mamografías, y yo misma soy crítica. El programa de cribado de cáncer de mama que hay en Catalunya incluye a las mujeres trans, pero sólo a las que hayan hecho un cambio en su DNI. Algunas no lo han hecho por lo que, aunque sean mujeres trans, no se beneficiarán de estos programas. Con las mujeres trans que se hayan hecho una vaginoplastia, también hacemos un acompañamiento para esta nueva vagina, para que puedan reaprender una nueva sexualidad o el uso de dilatadores para que sea más elástica.

Uno de los grandes temas y más desconocidos es la orientación en cuestiones reproductivas y de anticoncepción. La gente trans puede decidir si quiere o no reproducirse en función de la situación que estén viviendo. Es importante que los chicos trans sepan que si tienen relación con chicos 'cis' o con mujeres trans y están en baja dosis de testosterona, pueden quedarse embarazados si incorporan la vagina en sus juegos. Igual hay que pensar en buscar un método anticonceptivo no hormonal, como el diafragma o los dispositivos intrauterinos.

De vez en cuando te encuentras a algún chico trans que se ha quedado embarazado o que te pide la pastilla del día después. Hay que informar de estas posibilidades. Al igual que antes de iniciar un proceso hormonal tenemos que informar de las técnicas de reproducción asistida de las que se puede beneficiar la persona si en un futuro quiere tener la posibilidad de reproducirse. Algu­nas mujeres trans antes de iniciar el proceso deciden criopreservar semen. Depende de qué tipo de pareja tengan, a lo mejor pueden usar este semen para tener un hijo o hija biológica.

Todos estos temas se tratan en la entrevista que hacemos al inicio. El espectro de atención ginecológica es amplio y no es diferente de lo que se hace con otras personas que no son trans. Básicamente es informar para que decidan.

Parece que volvemos al inicio de la entrevista. Básicamente se trata de que la medicina ponga el foco en las necesidades de las personas.

Exacto. Estoy pensando en el principio de los 80, con los inicios del VIH, cuando, desde la medicina, cuando una mujer daba positivo, se recomendaba muy vivamente la ligadura de trompas. Menuda burrada hicimos. En aquel momento no sabíamos. Yo no soy partidaria de cerrar puertas definitivamente, por eso hago mucha labor en los hombres trans para que no se hagan una histerectomía ni una anexectomía. Es lo mismo que he hecho siempre con las mujeres 'cis', ahora lo hago con los hombres trans.

La decisión siempre es de la persona, pero no quiero que pesen esas amenazas de que con la testosterona los ovarios se secan y se pueden convertir en cancerosos, porque no es algo probado. La información objetiva es que no hay estudios suficientes, porque a la mayoría de hombres trans les han quitado los ovarios. Por eso no se sabe qué puede pasar con un ovario después de muchos años de tratamiento con testosterona.

Es muy distinto decir que no se sabe o que seguro da cáncer. Se trata de que la información sea veraz porque, a veces, desde los púlpitos médicos damos informaciones sesgadas no se sabe muy bien respondiendo a qué intereses. Hay que incorporar a la gente trans con una mirada que normalice.

La transfobia perjudica seriamente tu salud... y la mía
El 24 de octubre se celebra el Día Internacional de Acción por la Despatologización Trans. Cada año, distintos colectivos de Navarra, Barcelona o Madrid, entre otros territorios, organizan actividades que van desde la reflexión, con charlas, talleres o documentales, hasta la ocupación de los espacios públicos a través de una gran manifestación. Algunos de los objetivos de la campaña y del día de acción es la retirada de términos como Trastorno de Identidad de Género o Disforia de Género, presentes en distintas legislaciones y servicios médicos alrededor del mundo, o que exista una cobertura sanitaria pública.

Este año en Madrid han convocado una semana de acciones y una manifestación el día 24 a las 19.00 horas de la plaza de Chueca a Jacinto Benavente. El lema del Octubre Trans de Madrid es "La Transforbia perjudica seriamente tu salud y la mía".

jueves, 14 de mayo de 2015

#hemeroteca #cine #mujeres | El ginecólogo que salva a las mujeres

Imagen: El País
El ginecólogo que salva a las mujeres
Un documental muestra el trabajo del médico y activista congoleño Denis Mukwege, que atiende en su hospital a quienes han sido víctimas de violaciones y torturas.
Vanessa Anaya | Planeta Futuro, El País, 2015-05-14
http://elpais.com/elpais/2015/05/14/planeta_futuro/1431621716_967138.html

El doctor Denis Mukwege, ginecólogo, activista y Premio Sájarov 2014, aceptó la propuesta de que la senegalesa Angèle Diabang hiciese un documental sobre el trabajo que se lleva a cabo en el hospital Panzi fundado por él mismo en 1999 en Bukavu, capital de Kivu Sur, en República Democrática del Congo (RDC). Aceptó complacido, “contento de que fuese una africana quien hiciese una película sobre ese tema”, explica Angèle Diabang, directora del documental “Congo, un médecin pour sauver les femmes” (“Congo, un médico para salvar a las mujeres”), presentado en la duodécima edición del Festival de Cine Africano de Córdoba, que acaba de celebrarse en la ciudad andaluza.

La idea de tratar la cuestión de la violencia sexual que sufren las mujeres en a República Democrática del Congo a través de un documental vino cuando Diabang leyó un artículo del diario francés Le Monde en 2012 que le permitió comprender mejor qué estaba ocurriendo en ese país y qué trabajo estaba llevando a cabo el doctor Mukwege.

La larguísima guerra del Congo que “transforma el cuerpo de las mujeres en un campo de batalla”, según las propias palabras de Mukwege y en el que la violencia sexual es un arma de guerra, es el escenario donde transita esta dura realidad. Una realidad en la que unas 400.000 mujeres son violadas de forma brutal cada año, según "American Journal of Public Health". Ante esta realidad, Diabang decidió que era importante rodar un documental que no profundizase tanto en las causas políticas de esta guerra eterna, sino que estuviese centrado en las mujeres que la están viviendo y en las terribles consecuencias que tiene para ellas. “Hay tanto de lo que hablar que podría haber hecho un largometraje, pero hemos decidido enfocarnos en el tema, no he querido entrar en temas políticos”, explica.

“Congo, un médecin pour sauver les femmes” da la palabra a Mukwege, fundador del hospital de Panzi en 1999, creado con el fin de que las mujeres de la comunidad pudieran tener partos seguros. Tras observar que la mayoría de las pacientes acudían por violación y, en consecuencia, con graves problemas físicos y ginecológicos, decidió abrir un servicio especializado y advertir a las organizaciones internacionales de lo que estaba pasando. El documental cede también la palabra a las mujeres, que hablan de sus durísimas experiencias, de cómo sacan fuerza para superar su realidad, del dolor físico, pero también el emocional por ser rechazadas por sus propias familias, amigos, vecinos, etc. “Las mujeres al ser violadas están deshonradas y por eso las repudian. Es una forma de rechazar el dolor en general, pero a la vez es el momento en el que las mujeres necesitan mas soporte. Por eso es importante sensibilizar a la población congoleña (a los vecinos, amigos, familia, etc) sobre la importancia de apoyarlas. El deshonor es abandonar a la mujer”, afirma Diabang.

Esta realidad hizo también más complicado el rodaje de un documental que gira alrededor de estos desgarradores relatos: “El entorno era difícil, se ha destruido el tejido social y las mujeres han vivido un verdadero drama”, afirma la directora. Y por ello, la relación de confianza con las mujeres se fue construyendo poco a poco: “No encendíamos la cámara nada más llegar, así podíamos hablar tranquilamente con ellas e iban tomando cada vez más confianza con nosotras”, relata.

Hacer un documental sobre esta cuestión sin caer en el sensacionalismo no es fácil. La directora menciona este aspecto como otra de las dificultades artísticas a la hora de enfrentar el proceso de creación del documental: “Hemos querido quedarnos en la distancia de ese sufrimiento. Por ejemplo, cuando alguien lloraba, en lugar de poner el zoom como habitualmente se hace, nosotras nos alejábamos. Yo respeto ese dolor... es ya suficientemente difícil. Más que el drama me interesa retratar su fuerza y cómo ellas participan en la mejora del Congo”.

El documental, ha sido aplaudido por el doctor, por el equipo del hospital y por las propias mujeres: “[A Mukwege] le ha gustado mucho, sobre todo porque tenemos una misma visión de un África fuerte, digna y sin complejos. Además, la encargada de comunicación del hospital también me comentaba que era la primera vez que alguien mostraba las imágenes, incluso a las propias mujeres, que estaban muy emocionadas de ver el documental”, cuenta Diabang.

Quizá esa África fuerte queda visibilizada en el trasfondo del documental, en los logros del hospital y en el espíritu de superación de las mujeres. Desde que se creó, el equipo del hospital ha atendido quirúrgicamente a unas 40.000 pacientes, se ha creado un centro de formación para integrar a aquellas que están en riesgo de exclusión, en el que aprenden a defender sus derechos y a recuperar las ganas de vivir, entre otras muchas cosas. "Lo que me emociona del doctor Mukwege, es que, además de repararlas físicamente, él sabe irradiar a las mujeres, darles un lugar, una cierta autoestima... Es un médico que tiene un verdadero amor por sus pacientes, que no trata con lástima, sino que las escucha y respeta. Si han conseguido sobrevivir a tal trauma y vislumbran un futuro, es que pueden hacerlo todo. Denis Mukwege es un feminista que no duda en poner por delante a las mujeres, especialmente en el organigrama del hospital, donde son más del 65%. Para mí también, la mujer es la esperanza de África”, relata la directora.

La mujer africana, protagonista de la obra de Angèle Diabang
Nacida en Dakar y formada en Senegal, Francia y Alemania, Angèle Diabang es la directora de películas como “Mon beau sourire”, “Sénégalaises et Islam” y “Yandé Codou, la griotte de Senghor”, entre otras. A pesar de que “no es por militancia”, como afirma ella misma, la realidad de la mujer africana está presente en la gran mayoría de sus películas. Su próximo proyecto “Une si longue lettre”, una adaptación de la novela de Mariama Bâ al cine, trata la cuestión de la poligamia desde la mirada femenina.

También es la precursora de Karoninka, la productora creada en 2006, que ha producido 12 películas de países como Mali, Togo, Cabo Verde, Congo y Senegal y goza de un creciente reconocimiento a través de varios festivales y premios. Es una muestra de que “África se mueve” y un reflejo de la situación esperanzadora que está viviendo Senegal en relación al cine y que Diabang defiende: “Diría que la situación en Senegal es prometedora, sobre todo a través del la creación del FOPICA, un fondo de promoción de la industria cinematográfica y audiovisual. Es todo un ejemplo en África y muy alentador”.

*Wiriko es una asociación cultural que tiene como objetivo la difusión de las manifestaciones artísticas y las culturales africanas contemporáneas. Desarrolla actividades de divulgación a través de un magacín on line y de formación mediante un Aula Virtual.

Y TAMBIÉN…
Denis Mukwege repara mujeres rotas
Ángeles Jurado | Planeta Futuro, 2013-10-31

http://blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2013/10/denis-mukwege.html