Mostrando entradas con la etiqueta Intrahistoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Intrahistoria. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de mayo de 2019

#hemeroteca #federicogarcialorca #homosexualidad | Por qué Lorca no debe ser un icono homosexual (ni de la izquierda)

Imagen: El Español / Federico García Lorca
Por qué Lorca no debe ser un icono homosexual (ni de la izquierda).
En 'Lucero', el periodista Aníbal Malvar teje un western 'granaíno' donde baja al poeta del pedestal y se detiene en lo más fundamental: las tonterías.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2019-05-27
https://www.elespanol.com/cultura/libros/20190527/lorca-no-debe-icono-homosexual-izquierda/400960521_0.html

Este es el relato sobre cómo un país puede confabularse para "conceder a un poeta el derecho a morir asesinado". Es una historia sobre lo más fundamental, lo más descriptivo, lo más edificante, en realidad, de la vida: las tonterías. En este caso, las pequeñeces de Federico García Lorca. Cómo paseaba, cómo cantaban los pájaros cuando él vivía, cómo eran sus amigos, qué tal le miraba su padre, cómo fracasó con sus obras de teatro, cómo escuchó de su amigo Buñuel un "¿tú eres maricón?".

‘Lucero’ (Akal) es más que una novela, es un western ‘granaíno’, un rosario de aventuras hilarantes y de anécdotas significativas acerca de lo que significó ser Federico García Lorca. El Lorca humano, no el endiosado. El Lorca gamberro, no el poeta del que se hizo una pieza de museo. El Lorca contradictorio que nunca quiso ser símbolo de nada ni bandera de nadie. Hablamos con el autor del tomo, el periodista y escritor Aníbal Malvar.

P. “La vida de los poetas malditos están sometidas al capricho de quien quiera interpretarlas”, dice en el libro. ¿Cómo interpreta usted la vida de Lorca?

R. Generalmente, cuando tú lees las biografías de la gente y cuando estudias su obra, nos olvidamos de una cosa, que es la vida eral. Es decir, los conocemos a través de entrevistas, de estudios, de cartas... pero no sabemos cómo eran las cosas, cómo caminaban por la calle, cómo hacían el amor o cómo estaban tranquilamente en casa. Siempre se intelectualiza todo demasiado. Yo buscaba la vida real de la España de la época de Lorca. ¿Por qué calles caminaba? Me interesan las cosas divertidas que podían suceder en aquella época. Las cosas interesantes. Todo eso que los pedantes llaman “la intrahistoria”, y, bueno, eso es lo que más o menos intenta reflejar el libro. Hay que romper los clichés del mundo académico.

P. ¿No cree que la vida real, mundana, puede ser decepcionante?

R. Al revés. De hecho creo que sobre Lorca se ha escrito con una orientación muy académica. Creo que en España tenemos cierto complejo de incultos y no nos atrevemos a introducirnos en lo que puede ser la vida real de esas personas que estudiamos. ¡Nos dan casi un epitafio para estudiarles...! De Lorca nos dicen cuándo nace, cuándo muere... nos dicen que hizo obras muy importantes. Pero no nos cuentan sus fracasos teatrales. No nos cuentan el odio que había al maricón en la época en la que él vive. Ni cómo su homosexualidad no la enseña ni la oculta...

P. ¿No era un activista LGTBI, dentro de las posibilidades del momento?

R. No existía el activismo LGTBI en ese momento, es más, casi todo el mundo sentía vergüenza por ser homosexual; los que no, como Lorca, lo sentían como una naturalidad. Lo dice él en su 'Soneto del amor oscuro': “Soy amor, soy naturaleza”. Es como “joder, no puedo ser de otra manera, voy a ser así toda mi vida”. No había en él una vindicación de la homosexualidad. Había cierta aceptación en determinados círculos, sobre todo de mujeres. En el libro hablo de las Sinsombrero. Pero entre los hombres, entre sus amigos... Lorca ocultaba su homosexualidad. Mira Buñuel: hablo mucho de su relación con él en la Residencia de Estudiantes. Pero Buñuel era un homófobo bestial. Se iba al parque del Retiro, a los urinarios, por la noche, a patear homosexuales que estuvieran haciendo el amor.

En cualquier caso, estas cosas desde la novela las miro con enorme distancia, que es como las vemos cuando las vivimos: cuando te cae encima un meteorito tú crees que es una estrella fugaz preciosa. Lorca mantenía ocultas sus querencias sexuales a partir de figuras de mujeres en su poesía. No había un movimiento de vindicación de la homosexualidad. Es curioso porque en él ese sentimiento de pecado no se canjeaba en un “estar apartado”: era una persona tan segura de su talento que todas esas cosas no le afectaban. Él lo vivía con naturalidad, aunque con una discreción tremenda.

P. ¿Crees que a Lorca le habría gustado que hayan tomado tantas veces como símbolo de tantas causas?


R. Si te refieres a la izquierda: bueno, él tenía una relación de amistad con José Antonio Primo de Rivera o con Manuel de Falla, que era tremendamente de derechas y ultrarreligioso. Lorca es una persona de izquierdas, sin duda alguna, pero no es un personaje que se tenga que reivindicar por eso. ¿Era Gómez de la Serna un escritor de derechas por haber sido cercano o complaciente con el régimen? En absoluto. No es tan necesario marcar a los poetas, ni a los artistas en general, por su ideología. ¿Que a Lorca se le ha utilizado ideológicamente? Bueno, pero es que fue asesinado por los fascistas y por varias razones. Por su enorme fama internacional, por ser un símbolo de la España que empezaba a salir de la República, por ser homosexual y porque, como decía uno de sus asesinos, “este ha hecho más daño con la pluma que muchos con la espada”.

P. ¿Qué hay de su familia?

R. Nace en una familia de liberales, pero su padre era contrabandista en la primera guerra mundial. Era un paisaje de alpargateros agradecidos o desagradecidos, de navajas y tiros, de guardias civiles comprados… todo se cuenta ahí. Lorca no nace encima de un pianito con un visillo puesto encima de su cuerpo de bebé. Nace en uno de los sitios más beligerantes políticamente del momento: en la Vega granadina, una zona rica donde la gente pasaba hambre. El padre de Lorca tuvo muchísimos problemas como concejal, fue acusado de todo tipo de desmanes y acabó dejando la política por su hijo. Su hijo, sí, porque le “había salido maricón”. A él le parecía una cosa terrible. El mundo era así, y no como lo pintaba la serie de Bardem, donde aparecían todos con unas chaquetas muy bien puestas, con sus corbatas... no era para nada eso. Era un mundo de gente gamberra.

P. ¿Por qué de esa España ha sobrevivido el guardia civil y no el bolchevista?

R. Bueno, el guardia civil de entonces no ha sobrevivido, salvo en excepciones muy raras. Antes era una autoridad muy cerril, eran casi todos analfabetos. Yo no creo que haya sobrevivido. Y bueno, los bolchevistas de entonces serán ahora los de Podemos, IU o incluso PSOE. ¿Sabes lo que sí ha sobrevivido? Una cosa: el rencor.

P. ¿El rencor guerracivilista?

R. Sí, el rencor a algo que pudo ser y no fue. Es la nostalgia de que este fuera hoy un país más avanzado... sin una dictadura de cuarenta años. Hay cierto rencor en el ambiente. Hay rencor también de la derecha desde que llegó la democracia, por haber perdido un poder enorme. Las oligarquías. Bueno, o no oligarquías, porque mucha gente del pueblo apoya esas cosas.

P. ¿Qué opinión le merece la mirada crítica de cierto sector de la izquierda hacia la Transición? Ya sabe que aunque Pablo Iglesias alce ahora la Constitución, hasta no hace mucho en Podemos se hablaba de “régimen del 78”.

R. Como la Transición la hicimos todos, no le podemos echar la culpa a nadie. Yo estoy a favor de esa idea, de que la Transición fue un lavado de cara del franquismo, pero no culpo a nadie, nos culpo a todos. Yo no estaba exactamente ahí, porque era más joven. Nunca sabré lo que habría hecho. De todos modos, son preguntas impropias de un escritor. Yo no soy un político.

P. Es un escritor de corte político.

R. Bueno, es que todo es política. Pero yo diría que soy un escritor de corte comprensivo. Salvo con las animaladas: nunca voy a justificar el franquismo, ni a Hitler, ni nada de eso. Soy un hombre de izquierdas, pero no tengo esa rabia tremenda.

P. ¿Cómo cree usted que hay que asesinar a un poeta?

R. Es fácil: ponlo en una sociedad irracional, estúpida y llena de prejuicios y deja que camine libremente y no se disfrace de nada. Verás cómo le matan. Yo te mato a los poetas que quieras.

P. ¿Es que aún existen grandes poetas vivos?

R. No están muy vivos los poetas últimamente, eso es verdad. Pero alguno habrá. Quiero contarme entre ellos. Veo que la gente se ha alejado de la literatura porque la literatura se ha alejado de la gente. Los escritores se han querido convertir en una especie de élite, pero ahora que todo es tan libre y globalizado se han dado cuenta de que eso ya no puede ser. Este libro tiene que ver con eso: con la humanidad que hay debajo de nuestra historia y de la de nuestros poetas.

P. ¿Quién está legitimado para citar a Lorca? Hubo polémica cuando Casado citó a Machado.

R. Los políticos no pueden hacer ningún uso de los poetas, son los poetas los que tienen que hacer uso de los políticos. Los políticos no tienen capacidad intelectual para hacerlo. En cualquier caso, los poetas ni se usan ni se desusan, igual sólo se transforman. ¿Tú crees que se puede coger a un poeta y convertirlo en símbolo de algo? No, no, jamás: un poeta es un ser distinto que alberga todas las contradicciones de la sociedad y de los seres humanos, no es una bandera. ¿Qué habría pasado con Lorca si hubiese sobrevivido a la guerra, quién nos dice que no iba a ser franquista? Que no lo iba a ser, esto es una barbaridad, pero... ¿qué sabemos? Yo me he visto sometido a esas etiquetas. Hay gente de Podemos que me considera un tío fascista porque he criticado cosas de su partido, y la gente del PP me considera encarcelable. Tengo varios juicios. A mí no me interesa la política de ninguna época, sino cómo cantaban los pájaros entonces. Esas cosas que no son ecdóticas, que no son fundamentales. Creo que cuento la historia de un país asesinando a un poeta, y eso no es utilización tampoco. Es desechar. Lo más que se puede hacer con un poeta, por malo o demasiado bueno que sea, es desecharlo.

P. ¿Cuál es su anécdota favorita del libro; la más representativa de la figura de Lorca?

R. Hay muchas. Me gusta el momento en el que le censuran, cuando entran en la representación de 'Amor de don Perlimplín', a golpes... le censuran porque la consideran pornográfica. Se prohibieron sus espectáculos teatrales. Era un tío muy gamberro, Lorca. Su grupo de amigos en Granada, El Rinconcillo, eran tíos que hacían lo que hoy se considerarían actos de 'kale borroka': cambiaban las placas de las calles... inventaron un poeta e hicieron creer a toda Granada que el poeta existía. Publicaban sus versos y sus biografías. Algunos historiadores como Caballero o Ian Gibson han hablado de la posibilidad de que José Antonio Primo de Rivera le propusiese a Lorca una colaboración. Convertirse en una especie de soporte cultural de la Falange. Le llegó a decir “con mis amigos azules y tus monos azules podemos hacer muchas cosas para España”. Claro que eso a lo mejor es verdad o es mentira.

P. Hace un año, en mayo de 2018, alguien pintó una esvástica en la frente de una escultura de Lorca en Granada. ¿Cómo lo interpreta?

R. Es una anécdota. Un pirado. Nuestros políticos más fachas citan hoy a Lorca constantemente. Pienso en ese candidato del PP en las andaluzas... o Vox. Lo han citado hasta equivocadamente. El fascismo terrible y sangrante que hubo en otro tiempo ya no existe, o ha cambiado de forma, ahora tiene otras maneras. Yo no metería al tipo que pintó la esvástica en la cárcel. Le buscaría un psicólogo.

P. ¿Y una multita? ¿Algo por lo civil?

R. Que lo limpiara. En serio: dejémonos de odios y de enfrentamientos. Hay una radicalización muy fuerte. En mi casa hay gente de derechas y no pintan ninguna esvástica. Yo no le pintaría una hoz y un martillo a Franco. Sí pediría que se quitase un busto suyo, pero por memoria histórica.

domingo, 27 de enero de 2019

#hemeroteca #lgtbi #museos | Artefactos robados e historia LGBT: una nueva forma de recorrer los museos

Imagen: La Nación / Dan Vo
Artefactos robados e historia LGBT: una nueva forma de recorrer los museos.
Alex Marshall · The New York Times | La Nación, 2019-01-27
https://www.lanacion.com.ar/2214738-artefactos-robados-historia-lgbt-nueva-forma-recorrer

Un sábado por la mañana hace poco, mientras guiaba un recorrido por el Museo Polar de la Universidad de Cambridge, Dan Vo señaló un huevo blanco y pulido de pingüino que fue encontrado en la Antártida a principios del siglo XX. Fue recolectado durante una expedición en la que iba George Murray Levick, autor de un ensayo poco conocido que fue publicado en 1915: ‘The Sexual Habits of the Adélie Penguin’ (‘Las costumbres sexuales de los pingüinos adelia’).

"Observó cosas que le parecían tan escandalosas que cuando escribió sobre ellas en su diario, lo hizo en griego", dijo Vo. En particular, añadió, lo que escandalizó al explorador fue que vio dos pingüinos macho "haciéndolo".

Era el primer recorrido titulado "El espectro entre los binarios: LGBTQ+", ofrecido por Vo en el Museo Polar, que es parte de un movimiento creciente en los museos británicos cuya finalidad es mostrar colecciones desde un nuevo punto de vista y compartir historias que en gran medida nunca se han contado o están ocultas entre los artefactos.

La serie de Cambridge sobre ir más allá de lo binario pretende "explorar el espectro de identidades que existen a través del tiempo, el espacio y la cultura", según describe el sitio web de la universidad: "Desde encuentros entre pingüinos del mismo sexo hasta erotismo en el Viejo Mundo". Durante el año se presentarán actividades y recorridos similares en otras instalaciones de Cambridge, como el Museo de Zoología y el Museo Fitzwilliam, que están cerca de ahí.

Vo, de 35 años, que trabaja en una empresa de medios, se ha convertido en una figura destacada en el mundo de los recorridos museísticos alternativos en el Reino Unido. En 2015, ofreció dar, como voluntario, un recorrido para explorar la identidad sexual y de género a través de las colecciones del Museo de Victoria y Alberto, especializado en diseño y ubicado en Londres; tuvo tanto éxito que ahora Vo es supervisor de un galardonado recorrido mensual.

Después vinieron otros eventos, que incluyeron las ciudades británicas de Birmingham, Mánchester y Brighton. El Museo Británico en Londres tiene planes de ofrecer sus propios recorridos enfocados en el aspecto LGBT a partir de mediados de año.

La Universidad de Cambridge le pidió ayuda a Vo para desarrollar recorridos en sus museos después de ver una publicación suya en Twitter sobre ciertos artefactos que había notado en sus viajes. Vo suele publicar sus hallazgos en Twitter con las etiquetas #QueerVAM, en referencia al Victoria y Alberto, y #QueerMuseum; ha destacado piezas que van desde una estatua de Lucifer con rasgos sexuales no binarios hasta uno de los zapatos de Elizabeth Taylor.

Su recorrido en el Museo Polar incluye detalles sobre figuras talladas en dientes de ballena -una práctica que servía de distracción para los balleneros a fin de que no tuvieran sexo entre ellos, explicó Vo- y artículos de comunidades indígenas que mostraban la fluidez de los roles de género en algunas poblaciones árticas.

"Este tipo de recorridos son importantes para el futuro de los museos", comentó Vo en una entrevista. "Los vuelve relevantes y las personas quieren verse reflejadas en las colecciones", afirmó.

Alistair Brown, responsable de políticas en la Asociación de Museos, una organización para los profesionales que trabajan en museos, galerías y sitios considerados parte del patrimonio del país, coincide con esa opinión. "Cada vez más museos están buscando maneras radicales de revalorizar sus colecciones", dijo en una entrevista telefónica. "Ya sea que inviten nuevas voces críticas y diversas al museo o por lo menos acepten su presencia si las voces llegan sin que las soliciten".

"La tendencia se da tras muchos años de investigación realizada por los museos acerca del origen de los artículos en sus colecciones, así como de las décadas de lucha que han sostenido los grupos minoritarios con el fin de ser escuchados", agregó Brown.

Imagen: La Nación / Alice Procter
Una de las series más destacadas que muestran colecciones museísticas desde una nueva perspectiva es la dirigida por Alice Procter, una historiadora de arte, de 23 años, que estudia la maestría en el University College de Londres. Sus recorridos, llamados "Arte incómodo" y que se realizan sin afiliación a los museos respectivos, se enfocan en cómo el imperialismo y el colonialismo formaron las colecciones de algunas de las instituciones culturales más importantes del Reino Unido, entre ellas el Museo Británico y la National Portrait Gallery (la galería nacional de retratos).

Por ejemplo, Procter habla sobre cómo se obtenían artículos en la época colonial y cómo se utilizaban las pinturas para moldear la identidad nacional del Reino Unido, que se retrataba a sí mismo como una sociedad superior y benevolente. Después de sus recorridos, Procter reparte insignias que dicen: "Exhíbelo como si lo hubieras robado", también vende tarjetas postales dirigidas a la "Querida galería de arte" para que cada quien ponga una palomita y comentario cuando considere que las etiquetas de las obras en muestra incluyan detalles racistas, sexistas o "completamente incomprensibles", entre otras opciones.

"Cada vez más museos están buscando maneras radicales de revalorizar sus colecciones, ya sea que inviten nuevas voces críticas y diversas al museo o por lo menos acepten su presencia si las voces llegan sin que las soliciten".

No todos están contentos con las críticas de Procter. En parte como respuesta a los argumentos que ella postula, el Museo Británico empezó a hacer una serie de conversatorios y recorridos cortos para hablar sobre el proceso de adquisición de los artículos de su colección. En abril de 2018, el tabloide británico The Daily Mail escribió que Procter estaba "usando recorridos con entradas agotadas solamente para etiquetar como 'supremacista blanco' a Lord Nelson", comandante naval considerado héroe británico, "y para tachar a la reina Victoria de 'ladrona'". La historiadora de inmediato empezó a recibir amenazas.

"Siempre habrá respuestas negativas ante trabajos como este", dijo Procter por teléfono. "Pero si la gente responde de esta manera, significa que toqué una fibra sensible, y eso implica que es relevante e importante".

Procter empezó a ofrecer sus recorridos en 2017, en parte inspirada por sus experiencias como estudiante de historia del arte. "Las personas a mi alrededor querían hablar sobre las hermosas pinturas y sus temas, y yo siempre regresaba al aspecto oscuro y desagradable", admitió. "Se sentía como que se estaba omitiendo una conversación sobre la historia colonial de este país". Otros han seguido sus pasos, incluso en Cambridge, donde tres investigadores de doctorado están organizando recorridos de "Historias jamás contadas" en el Museo de Arqueología y Antropología.

Es probable que aumente la demanda de visitas a museos con un punto de vista distinto sobre la historia debido al reciente interés político en la restitución: la devolución de objetos disputados a los países de donde fueron extraídos. En noviembre, un informe encargado por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, hizo un llamado para que se devolvieran a sus países de origen las piezas pertenecientes al patrimonio cultural africano que se encontraban en museos franceses.

Una noche reciente de viernes en el Museo Británico, Procter guió a un grupo que incluía a una pareja de Afganistán que estaba en una cita, tres amigos que celebraban un cumpleaños y un conjunto de académicos. "Esta es una institución fundamentada en la exclusión de personas con base en la clase social, el género y la raza", anunció al principio, antes de hablar sobre algunos de los artículos más famosos de la colección: Hoa Hakananai'a, una estatua que Chile ha pedido de regreso para la isla de Pascua, y los Mármoles de Elgin, tomados de Grecia y objeto de una disputa que ha durado décadas.

Procter también habló sobre las piezas por las que el museo había pagado. "Este es un ejemplo en el que sí tenemos un recibo", dijo Procter, al señalar un tótem elaborado por el pueblo haida en lo que ahora conocemos como Canadá. "Pero hay un contexto muy profundo en torno a eso".

Indicó que el imperialismo británico cambió el estilo de vida del pueblo haida y los dejó tan necesitados de dinero que tuvieron que vender estos artículos. "Hay tanta coerción detrás de esta venta", sentenció.

Además, Procter explicó que se supone que se debe dejar que los tótems se degraden naturalmente. "Esto no debería estar aquí".

La mayoría de la gente en el recorrido asintió con la cabeza.

viernes, 2 de diciembre de 2016

#hemeroteca #libros #feminismo | Carmen G. de la Cueva: "El patriarcado quiere que nos pensemos únicas y solas"

Imagen: Diagonal / Carmen G. de la Cueva
Carmen G. de la Cueva: "El patriarcado quiere que nos pensemos únicas y solas".
'Mamá, quiero ser feminista' (Lumen, 2016) es la primera novela de Carmen G. De la Cueva, un relato autobiográfico que suena a conversación y pretende animar a otras mujeres para que también cuenten. Porque lo han vivido.
Jose Durán Rodríguez | Diagonal, 2016-12-02
https://www.diagonalperiodico.net/culturas/32498-entevista-carmen-g-la-cueva-libro-mama-quiero-ser-feminista.html

La periodista Carmen G. de la Cueva (Alcalá del Río, 1986) ha dado un paso más en el camino que comenzó escuchando a su abuela, leyendo en la biblioteca y compartiendo espacios virtuales con otras escritoras y lectoras. ‘Mamá, quiero ser feminista’ (Lumen, 2016), su primera novela, cuenta sus experiencias desde la escuela o la aceptación de su propio cuerpo, entre otras vivencias comunes a muchas mujeres de varias generaciones.

Directora desde 2014 de La Tribu, un lugar de encuentro en torno a la literatura escrita por mujeres, y fundadora de la editorial La Señora Dalloway, entiende su estreno como novelista como un modo de seguir tejiendo comunidad.

En el libro dices que, sin saberlo, desde pequeña habías buscado la manera de ser feminista, ¿lo has conseguido?

Creo que sí, o estoy en el camino. A veces me sorprendo con pensamientos, contradicciones, con ese patriarcado y esas actitudes machistas golpeando, haciéndome sentir culpable o dudar de mí misma. Es un camino largo.

¿Qué supone para ti hoy ese ser feminista?

He intentado que supusiera una creación de espacios y comunidades, lugares donde las mujeres nos pudiéramos reunir, juntar, contarnos, compartir experiencias y lecturas, hacer genealogía, algo muy necesario. Genealogía literaria, por un lado, pero también familiar: dar valor a las voces y relatos de mi bisabuela, mi abuela o mi madre, que tan importantes son. He intentado ejercer un feminismo cultural.

Esas historias que pasan desapercibidas.

La intrahistoria. Para mí fue muy importante crecer con el relato que me contaban mi abuela y mi tía Carmen sobre mi bisabuelo, el último alcalde republicano de Alcalá del Río, que fue represaliado durante la guerra civil y pasó muchos años en la cárcel sin que la familia supiese dónde estaba.

Siempre me habían contado la historia de él. La bisabuela Asunción se había quedado con los niños pero no había sabido mucho más de ella.

Hace muy poco, mientras escribía el libro, me contaron que hacía estraperlo, no sólo cuidaba de los cinco hijos. Qué importante ha sido para mí conocer que una mujer de mi edad se fuera a comprar y vender productos al puerto de Sevilla, arriesgándose a que la detuvieran cuando volvía. Cuánta falta hace el diálogo intergeneracional para seguir descubriendo esos relatos.

¿Hasta qué punto escribir este libro te ha ayudado en ese camino que mencionabas?


Mucho, porque he roto, o he intentado romper, el pudor a contar ciertas cosas. Narro una experiencia de violación, por ejemplo, que me daba mucha vergüenza contar, aunque no la sufriera yo.

¿Cómo encajas ese crear comunidad que decías con el hecho de escribir un libro, que es un acto individual?

Está escrito muy pegado a la oralidad, lo entiendo como una conversación con una amiga. Me están llegando muchos comentarios de mujeres que se sienten identificadas con las historias. Es muy emocionante porque me escriben chicas de 18 años y mujeres de 60. Hay cosas que se siguen repitiendo, hay generaciones de mujeres que pasan por lo mismo. El libro no es un acto para mí, de ser así no habría contado ciertas cosas.

¿Le llegaste a decir a tu madre que querías ser feminista?

Más tarde le dije "mamá, soy feminista". De hecho, mi madre se ha hecho feminista en estos dos últimos años, desde que creé la Tribu, y eso ha sido muy bonito. Había cosas que no veía, y leyendo se ha dado cuenta de cosas. Casi que ella me ha dicho "hija, quiero ser feminista".

¿Podría ser el libro una guía para otras mujeres?

A mí me gustaría que fuera una hoja de ruta para que las mujeres se sintieran menos solas, que es uno de los problemas de la sociedad y lo que el patriarcado quiere: que nos pensemos únicas y solas, que sintamos que lo que nos pasa sólo nos pasa a nosotras y que por eso debemos ocultarlo y silenciarlo.

El hecho de hablar y de leernos así nos puede hacer muchísimo más poderosas. Me gustaría que, al leerlo, muchas chicas y mujeres se animaran a contar, y que también sirva para seguir leyendo.

¿Te consideras excepción más que norma entre las mujeres?

No me gustaría verme como una excepción y creo que el relato no debería ser el de que somos especiales. Nos convencen de que sólo puede haber una, especial. Y lo que hacemos es competir por ese hueco, en lugar de unirnos.

Creo que este libro encaja en una tradición más anglosajona de relato autobiográfico pero espero abrir el panorama y que muchas chicas y mujeres se atrevan a contar su versión, su historia. Creo que en el libro se percibe que lo que me ha pasado a mí les ha pasado a muchas mujeres.

¿Qué valor le das a la parte gráfica del libro, con las ilustraciones de Malota?


No sería igual sin ella. La relación ha sido muy bonita y gratificante. Hemos ido trabajando juntas: yo escribía un par de capítulos y se los mandaba. Ha sido un trabajo común, sus ilustraciones no son nada complacientes. Me interesan sus retratos de mujeres.

En el libro haces una defensa muy clara de las bibliotecas públicas.

Cuando creces en una casa sin libros o tienes acceso a pocos libros, tu descubrimiento es muy accidentado y aleatorio. En las bibliotecas descubrí un universo, no era consciente de que hubiera tantas autoras a las que podía leer, de las que nunca me habían hablado. Hoy me preguntaba una periodista si llegué a la universidad sin saber lo que era el feminismo. Pues sí. A mí nadie me habló en el instituto de Victoria Kent o Clara Campoamor o la Residencia de Señoritas.

En las bibliotecas es donde está el conocimiento cuando vienes de un entorno en el que no tienes la suerte de contar con unos padres ilustrados. Me encanta el discurso del cuarto propio y dinero propio de Virginia Woolf pero para conseguir eso... Tengo treinta años, soy de una generación precaria, con cuarto propio portátil, ¿dónde puedo encontrar ese espacio? En la biblioteca. Hay que reivindicarlas, por supuesto.

Teniendo en cuenta que, desgraciadamente, nos da por votar a partidos como el PP que no fomentan la educación ni el conocimiento y que nos quieren cada vez más tontos y sumisos... Todas estas lecturas están en la biblioteca, te están esperando.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

#hemeroteca #libros #feminismo | Carmen G. de la Cueva: “El feminismo es un trabajo que empieza muy pronto y que dura toda la vida”

Imagen: La Vanguardia / Carmen G. de la Cueva
Carmen G. de la Cueva: “El feminismo es un trabajo que empieza muy pronto y que dura toda la vida”.
La escritora andaluza publica ‘Mamá, quiero ser feminista’ (Lumen, 2016) un relato vital en primera persona acompañado por los dibujos de la ilustradora Malota.
Carmen López Álvarez | La Vanguardia, 2016-11-30
http://www.lavanguardia.com/de-moda/20161130/412257994796/entrevista-libro-lumen-feminismo-carmen-g-de-la-cueva.html

El título ‘Mamá, quiero ser feminista’ (Lumen, 2016) tiene un significado más sutil de lo que pueda pensar la lectora o el lector al leerlo por primera vez. El uso de la primera persona indica que se tratará de un testimonio personal sobre el camino a la toma de conciencia de la escritora sobre el tema principal. Pero la referencia a su madre es sumamente importante y no sólo una manera de hacer atractivo el documento.

“A mi madre, a mi hermana, a la memoria de las mujeres de mi familia que ya no están: este es el silencio que yo quería romper”. Carmen G. de la Cueva dedica su trabajo a esas familiares que la acompañaron en su formación como persona y como mujer, porque no se nace como tal sino que se llega a serlo, como explicó Simone de Beauvoir en ‘El segundo sexo’.

Carmen G. de la Cueva tardó apenas diez meses en gestar el libro. Conoció a la editora con la que acabó trabajando en febrero, en una de las visitas a Barcelona que hizo con su proyecto ‘La Tribu de Frida’ (ahora renombrado La Tribu). La editorial Lumen lo ha publicado ahora, ilustrado por Mar Hernández, que firma su trabajo como Malota.

La comunicación entre ambas ha sido fluida, algo esencia para plasmar en imágenes un testimonio tan personal como el de la escritora. “Hemos hablado por mail, por Whatsapp, le envié fotografías de mis álbumes familiares para que, de alguna forma, ella se pudiese inspirar. Ha interpretado el texto y ha empatizado con la historia. Siento que si no hubiese estado ella habría salido otro libro diferente, más feo. Me encanta cómo ilustra Mar y su manera de verlo”, explica.

El objetivo de la autora ha sido escribir “un libro feminista desde la experiencia, menos académico”. Para ello cuenta la historia de su vida desde su infancia y primera juventud en un pequeño pueblo de Andalucía pasando por sus estancias en otras ciudades europeas buscando su camino vital. Todo ello ligado a los libros que fue leyendo todo ese tiempo y que la ayudaron a encontrar muchas respuestas a esas preguntas que se hacía sobre si otra realidad sería posible.

La lectora o el lector que se sumerja en las páginas del libro lo hará en la vida de Carmen G. de la Cueva, ya que su trabajo es todo un ejercicio de exposición: “Cuando lo entregué sentí que no lo podía pensar mucho más porque sentí un poco de pudor, claro. Al final ha sido un ejercicio de romper el recato y de contar cosas así. Pero pensé que podría ayudar a empatizar con otras chicas que en algún momento de su vida se podrían haber sentido de una forma parecida”.

Su familia también tiene una presencia importante en el relato de la escritora, obviamente, ya que no deja de ser la historia de su vida hasta el momento ¿Cómo se sintieron al leerlo? “De momento no les ha parecido más, al contrario. Se han emocionado leyendo algunas partes y están contentos. Pensé que mi padre no lo iba a leer, pero mi hermana pequeña me envió hace días una foto de él leyéndolo y dice que le confesó que se había confesado que se había emocionado”.

Las memorias de esos momentos vitales de Carmen G. de Cueva también hacen las veces de relato de iniciación. Al preguntarle si le recomendaría a una mujer que se esté “estrenando” en el feminismo su trabajo como primera lectura, la escritora responde afirmativamente.

“Al final lo que quiero demostrar es que el feminismo es un trabajo que empieza muy pronto y que dura toda la vida y que cuanto más hablemos entre nosotras y más nos contemos más herramientas tendremos para defendernos y llegar a la igualdad”. Y añade que: “Espero que esos relatos y esos momentos particulares en los que pienso como particularmente fuertes ayuden a otras chicas a contar sus propias experiencias y a identificar la violencia”.

jueves, 17 de noviembre de 2016

#libros #feminismo | Mamá, quiero ser feminista

Mamá, quiero ser feminista / Carmen G. de la Cueva ; ilustraciones de Malota.
Barcelona : Lumen, 2016 [11-17].
ISBN 9788426403834 / 17,90 €

/ ES / ENS
/ Crónicas / Feminismo / Intrahistoria / Mujeres / Testimonios

‘Mamá quiero ser feminista’ es un libro ilustrado por Malota en el que su protagonista y autora, Carmen G. de la Cueva, fundadora y directora de la comunidad La Tribu de Frida, cuenta cómo tomó conciencia de la importancia del feminismo y se convirtió en una activa dinamizadora cultural para promoverlo. 

Las jóvenes de hoy se sienten libres, independientes, dueñas de su vida y de su cuerpo, pero ¿por qué, entonces, se habla más que nunca de feminismo y de la necesidad de las mujeres de reafirmar su empoderamiento frente al paternalismo de la sociedad? Quizás no esté todo dicho y Carmen G. de la Cueva pueda mostrar, con su testimonio, cómo muchas chicas aceptan unos mandatos sociales que llevan a la mujer a ocupar un segundo plano. Carmen G. de la Cueva nos habla con desenfado, de sí misma, de su infancia en un pueblo andaluz rodeada de una familia tradicional, de los descubrimientos, tanto vitales como culturales, que empezaron en su adolescencia y que le hicieron tomar conciencia del significado de la palabra feminista, palabra que el siglo XXI ha dotado de nuevas connotaciones. Además, en el libro, la autora rinde homenaje a sus referentes, desde Virginia Woolf a Pippi Calzaslargas o Virginie Despentes, pasando por Simone de Beauvoir o Jane Austen.