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sábado, 15 de enero de 2022

#hemeroteca #homosexualidad #cine | 'Arrebato', la obra de culto de Iván Zulueta, regresa en formato 4K

Naiz / Fotograma de 'Arrebato' //

'Arrebato', la obra de culto de Iván Zulueta, regresa en formato 4K.

La plataforma FlixOlé estrenará online y en exclusiva el próximo 21 de enero una versión inédita de 'Arrebato', la película de culto de Iván Zulueta que ha sido restaurada en formato de imagen y sonido 4K. Eusebio Poncela, Cecilia Roth y Will Moore protagonizaron este filme rupturista y referencial.
Koldo Landaluze | Naiz, 2022-01-15
https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20220115/arrebato-la-obra-de-culto-de-ivan-zulueta-regresa-en-formato-4k 

El próximo 21 de enero, la plataforma FlixOlé estrenará una versión inédita y en formato 4K de 'Arrebato', la segunda y última película que dirigió el director vasco Iván Zulueta.

Iván Zulueta siempre navegó a contracorriente. Nacido en Donostia en 1943, se trasladó a Nueva York a los 20 años para ser seducido por el movimiento pop abanderado por Andy Warhol y Roy Lichtenstein. En la ciudad que nunca duerme también bebió de las fuentes cinematográficas del cine underground y a su regreso al Estado español, durante su etapa en TVE, plasmó parte de esa inquietud adquirida junto a José María Iñigo en el espacio musical ‘El último grito’.

Tras rodar varios cortos y clips musicales, debutó en el 59 en el formato largo con un ‘Un, dos, tres al escondite inglés’. Se trataba de un filme musical fuertemente influenciado por la película que Richard Lester rodó con los Beatles, ‘Qué noche la de aquel día’.

El guión de 'Un, dos, tres al escondite inglés', llevó la firma de Jaime Chávarri y se trataba de un encadenado de actuaciones muy desenfadadas a cargo de cantantes y de grupos como los Pop-Tops, Fórmula V o Los Mitos.

Tras esta primera experiencia, Zulueta se decantó por el rodaje de cortos en super 8 y fruto de ello fue una serie de títulos que, como en el caso de ‘Kin Kon’, ‘Mi ego está en Babia’ y ‘Leo es pardo’, están coinsideradas como obras de culto.

A su faceta detrás de la cámara sumó su talento como ilustrador de carteles cinematográficos, entre los cuales figuran lo que realizó para 'Viridiana' de Luis Buñuel, ‘Mi querida señorita’ de Jaime de Armiñán o ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?’ de Pedro Almodóvar.

Tuvieron que transcurrir diez años para que el director vasco rodase el que sería su segundo y último largometraje, ‘Arrebato’.

El peso y poso de 'Arrebato'
Pocos meses antes de su fallecimiento, ocurrido a finales de 2009, Iván Zulueta compartió sus recuerdos con Zazpika. Entre ellos se colaron las emociones que le embargaron durante la presentación de 'Arrebato' en el Zinemaldia de 1980.

«Para mí fue algo muy especial porque mi padre, Antonio de Zulueta Besson, había sido director del festival entre 1957 y 1960. Creo que la gente respondió muy bien al concepto underground y caustico de ‘Arrebato’. Cuando llegó el turno de su carrera comercial, algo no cuadró. La película tuvo muy buenas críticas, pero comercialmente no funcionó como debía, tal vez la política de exhibición no era la que requería una película como 'Arrebato'», ha señalado Zulueta.

Hipnótica, vanguardista, vampírica... cualquier calificativo de esta índole tasa con las intenciones de una película rupturista en torno a la relación entre un director de películas de bajo presupuesto de terror y un realizador de cortos de super 8, que comparten su adicción por el cine.

Eusebio Poncela, Cecilia Roth y Will Moore encabezaron el reparto de este filme que abordaba la homosexualidad, el suicidio, las drogas y la catarsis emocional de manera abierta.

En palabras de Zulueta «la película tuvo su origen en los cortometrajes que había rodado con anterioridad. Tenía varias historias en mente, y la de ‘Arrebato’ nacía de una simple idea de un tipo que se filmaba así mismo mientras dormía. Una idea muy loca, muy absurda o muy estúpida, pero que me permitió abordar otras cuestiones que me interesaban. Escribí el guion a toda prisa y me hubiera gustado que alguien más hubiese metido mano al guion, para perfilarlo mucho más. No obstante, parece que hicimos algo bueno porque todavía son muchos los jóvenes a los que les ha sorprendido su primer visionado».

Iván Zulueta desapareció de la escena pública. Sus problemas con las drogas propiciaron su aislamiento y optó por la experimentación visual mediante multitud de fotografías con una cámara polaroid. Tras rodar varios episodios en las series ‘Delirios de amor’ y ‘Crónicas del mal’, el director retornó a Donostia donde se enclaustró en su casa familiar.

A pesar de ello y tal y como reconoció, «el esfuerzo y vértigo de 'Arrebato' y mi relación con las drogas, me llevaron a un punto de encierro premeditado. No obstante, tengo muchas ideas y ganas de plasmarlas. Pero eso requiere de demasiado esfuerzo y paciencia».

martes, 16 de marzo de 2021

#hemeroteca #trans #memoria | Patricia Constant: una historia trans en el mundo rural de los 70

Imagen: El Salto / Retrato de Patricia Constant

Patricia Constant: una historia trans en el mundo rural de los 70.

Aunque últimamente hayan ganado visibilidad, las vidas trans y 'queer' siempre han estado ahí, resistiendo desde sus cuerpos y no necesariamente en las grandes ciudades. Poner la mirada, desde el hecho trans, en el mundo rural, nos ayuda a ser conscientes de la variedad de estas luchas.
Josep Artés / Marta Grimaltos | El Salto, 2021-03-16
https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/patricia-constant-historia-trans-rural-70 

Últimamente venimos asistiendo a un debate alrededor del hecho trans, propiciado principalmente por la propuesta de aprobación de la llamada «ley trans», así como por el aumento de las apariciones mediáticas de ilustres representantes del colectivo y la visibilidad que han ganado expresiones propias de la disidencia de género en el espacio público. Una intensificación que ha ido acompañada por una ruidosa reacción de sectores esencialistas, tanto de la izquierda como de la derecha. Estos sectores, simplificando y caricaturizando tanto la teoría ‘queer’ como la lucha trans, acaban asociando el colectivo con un concepto negativo de la posmodernidad que sería, a su vez, indisoluble de la expansión del neoliberalismo.

También se acusa a las personas trans, por un lado, de caricaturizar el género y, por el otro, de perpetuarlo, alegando que este es, obviamente, una construcción social. Las personas trans, a su vez, afirman sentirse obligadas a cumplir con estos cánones de género incluso más de lo que ya se les pide a las personas cis, con tal de sentirse reconocidas según el sexo sentido.

Tal vez, poner la mirada sobre algunas vidas que, desde el hecho trans, se desarrollaron en el mundo rural —en este caso, el mundo rural valenciano— nos ayude a ser conscientes del recorrido, la variedad y la profundidad de unas luchas que vienen de lejos. Aunque últimamente hayan intensificado su presencia y visibilidad, las vidas trans y ‘queer’ siempre han estado ahí, resistiendo desde sus cuerpos, y no siempre en las grandes ciudades.

Este es el punto de vista con el que, desde el ‘Grup d’Intervenció Comunitària de Castelló’ (País Valencià) nos acercamos a la figura de Patricia Constant, ‘la Patri’, considerada en el pueblo la primera mujer trans operada del Estado. Por este lado, e independientemente de si esto es cierto o no, creemos que su vida tuvo una incidencia considerable en las concepciones alrededor del sexo y el género que podía tener un pueblo valenciano de siete mil habitantes a mediados de los setenta.

Transitar durante la Transición
Patricia nació en Castelló (Ribera Alta) el 8 de agosto de 1947. Creció socializándose como niño y, al llegar el temible momento del servicio militar —más temible aún, si cabe, para las vidas LGTBQ—, intentó disimular sus pechos quedando, aun así, exenta. Esto quiere decir que Patricia presentaba rasgos fisiológicos femeninos incluso antes de la reasignación. Todo un desafío, en efecto, para quienes pretenden basar sus argumentos en la biología.

¿Estaríamos entonces ante un caso de intersexualidad? En cualquier caso, el hecho de que fuera socializada como hombre, asociado al hecho de que muchas mujeres trans presentan ya, antes de todo el proceso de transición, atributos —también fisiológicos— del género hacia el que transitan, nos permite seguir hablando de Patri como de una mujer trans. Y, de hecho, esto aproxima su historia, como la de otras muchas personas trans, a la llamada teoría ‘queer’.

Patricia se operó en el año 1976, pero antes ya había actuado como cabaretera en varios locales de París. Aun así, en la entrevista que Leo Giménez le realizó para la edición comarcal del diario ‘Levante’, asegura que «la frivolidad y la teatralidad que suelen acompañar al mundo de la transexualidad (sic) y el travestismo —que no son lo mismo, según se apresura por esclarecer— no tienen nada que ver con ella». El entrevistador la describe como «una mujer de los pies a la cabeza, con profundas convicciones éticas y religiosas, totalmente aceptada por su entorno familiar y ciudadano». Esta valiosa entrevista desprende los esfuerzos de Patricia, al menos de cara a un documento público sobre su persona, por encajar en un modelo aceptable para su entorno. Pero, de hecho, Patricia nunca llegó a desvincularse completamente del mundo del cabaret, las variedades y la noche.

Después de París estuvo tres años entre Barcelona, Bélgica y Holanda, y fue allí donde maduró la idea de operarse y deshacerse de sus atributos masculinos: «la decisión no la tomé hasta que no estuve muy segura; tengo un gran sentido del ridículo y no quería parecer una cosa rara, pero cuando me di cuenta de que en todos los sitios y ambientes se me tomaba como una mujer, me convencí de que había llegado el momento».

La «transexualidad», tal y como era llamada en aquel momento, no alcanzaría la categoría de «afección oficialmente reconocida» hasta 1980, año en el que fue incorporada al DSM-III, paradójicamente, como una reivindicación del colectivo trans para agilizar las demandas de cambio de sexo, en un primer momento, sobre todo, en Estados Unidos.

Ya en el Estado español, durante la transición, las vidas trans seguían siendo un tabú y los tratamientos hormonales circulaban en la clandestinidad. En 2007 se aprobaría la ley según la cual cualquier ciudadano mayor de edad puede cambiar su adscripción relativa al sexo en el registro civil, cuando no se corresponde con su identidad de género. Mientras que en 2012 el trastorno de género desaparecerá del DSM-V, por lo que el reconocimiento de la reasignación de género no tendrá que pasar ya por el diagnóstico y la medicalización. Más allá de estos datos, más recientes, no existe ningún registro sobre cuál fue la primera mujer trans operada, ya sea en el propio Estado español, de forma clandestina, o en el extranjero.

La Acrópolis como heterotopía
Después de la operación, la familia de Patricia le insistirá para que vuelva. La ‘engañan’ contándole que un familiar ha enfermado. Sus familiares próximos cuentan que los padres de Patricia, al ir a recogerla a la estación, llevaban una manta en el coche para cubrirla, pero que finalmente decidieron no usarla. Al verlos, Patricia ríe y llora, sintetizando una paradoja bien presente en todas las vidas LGTBQ.

Ya de vuelta en el pueblo, Patricia se involucrará en oficios alejados del mundo de la noche, como vendedora de plantas en el mercado o maestra de cocina en un programa del Ayuntamiento. En su última etapa, en los años noventa, inaugurará un bar de copas llamado ‘Acrópolis’, que supone un feliz punto de encuentro entre la gente joven del pueblo y el colectivo LGTBQ, tanto de la comarca como de la ciudad. Esta ‘Acrópolis’ evidencia el carácter indisociable y, hasta cierto punto, constitutivo de la relación de muchas mujeres trans con el mundo de la noche. Incluso hoy en día, muchas de ellas se ven asaltadas por preocupaciones alrededor de sus opciones de futuro, de los espacios a los que se las relega, así como de la posibilidad de recurrir a la prostitución como medio de supervivencia.

Con todo, observamos en Patricia una tensión entre la mujer de pueblo, deseosa de normalización, y la antigua cabaretera que no se resiste a seguir indagando en su propia diferencia; entre la relativa reconciliación con su pasado, bajo el prisma de la nueva asignación de género, y el hecho de no acabar de desprenderse nunca del mundo de la noche, de mantenerlo siempre a mano. En efecto, mientras por un lado buscaban la integración en la sociedad, muchas mujeres trans tenían que crear, a la vez, espacios habitables en los márgenes a los que, precisamente, eran relegadas. Espacios donde no imperasen la norma y las conductas morales que, al fin y al cabo, eran la causa de la opresión que sufrían sus cuerpos. El mundo de la noche supuso, en este sentido, el cobijo de muchas vidas al margen.

Patricia tuvo, pues, un pie en cada uno de estos dos mundos, hasta que acabó unificándolos en la ‘Acrópolis’, su gran obra de madurez. De esta manera, Patricia optó por introducir un reducto de nocturnidad en el propio seno del mundo rural. La ‘Acrópolis’ es, por este motivo, un «afuera interior», la inyección en el mundo rural de formas de vida que siempre habían sido ocultadas en los márgenes. Podríamos incluso decir que nos encontramos ante lo que Foucault, en la conferencia “Des espaces autres” (1967), llamaba una «heterotopía», una especie de «contra-lugar» en el que se subvierten las normas y se permite el desarrollo de formas de vida que, lejos de todo esencialismo, exploran nuevas formas de libertad.

Gracias a gestos como el de Patricia, el colectivo LGTBQ puede dejar de observar su pasado con mirada estrábica, es decir: con un ojo puesto en el mundo rural y el otro en el colectivo. Además, esto no impide que su lucha —su cuerpo y su vida, su existencia, al fin y al cabo, entendida como una lucha en sí misma— no haga intersección con la lucha de todas las mujeres. Lejos de la Academia, fueron sus vecinos y sus familiares —¡habitantes del mundo rural de los setenta!— quienes nunca dejaron de considerarla una mujer referente. Y esto, según nuestro parecer, no tiene nada que ver con el concepto sesgado de la posmodernidad que los sectores transexcluyentes suelen presentar.

Este es, en definitiva, el legado que nos transmite Patricia, el guante que nos lanza a todas aquellas personas que no llegamos a conocerla en vida, que no llegamos a entrar nunca en su ‘Acrópolis’, pero que, de una forma u otra, después de tantos años, seguimos habitándola.

Josep Artés. Profesor de Filosofía.
Marta Grimaltos. Licenciada en Filosofía. Promotora de igualdad.

jueves, 27 de febrero de 2020

#hemeroteca #musica #lgtbi #memoria | Cómo ‘I will survive’ ganó hace cuarenta años un premio que nunca más se volvió a entregar

Imagen: El País / Gloria Gaynor en 1978
Cómo ‘I will survive’ ganó hace cuarenta años un premio que nunca más se volvió a entregar.
El clásico de Gloria Gaynor convirtió la música disco en un género masivo, pero también fue uno de los clavos de su ataúd. Un día como hoy de 1980, en la gala de los Grammy, ganó en una categoría que existió por primera y última vez esa noche.
Guillermo Alonso | Icon, El País, 2020-02-27
https://elpais.com/elpais/2020/02/27/icon/1582811086_707871.html

Hay muchas particularidades que podrían destacarse de ‘I will survive’, el clásico disco de Gloria Gaynor (Nueva Jersey, 1949) publicado en 1978. Es una de las pocas canciones del género, por ejemplo, que no tenía coros. Todo, de principio a fin, lo canta Gloria Gaynor, algo inaudito en un tipo de música pensada para el éxtasis de baile en el que se premiaba el coro épico y la textura espesa como subidón final. Es, también, una de las canciones más íntimamente unidas a la comunidad LGTB no solo por su ritmo pegajoso, sino por su letra que habla de superar la adversidad, de comerse el mundo aunque –como dice la letra– “al principio estaba solo, estaba petrificado”.

Por cierto, como nota adicional, ese “solo” conecta de forma directa con el motivo principal por el que la música disco fue asociada irremediablemente con lo gay: en los años sesenta y setenta todavía se prohibía en muchas discotecas de Estados Unidos que parejas del mismo sexo bailasen juntas. La música disco fue la respuesta: no se necesitaba un compañero. Uno podía bailar solo y hacerlo durante toda la noche porque el pinchadiscos mezclaba una canción tras otra y la fiesta no terminaba nunca. Además, frente al rock, en ese momento considerado heterosexual y blanco, la música disco abrazaba minorías: casi todas sus estrellas (Donna Summer, Diana Ross, la propia Gaynor) eran mujeres negras. Mientras el mundo normativo reinaba fuera, homosexuales y afroamericanos eran los reyes paganos de la pista de baile.

Pero la canción es también uno de los pocos himnos gais que cruza cómodamente el umbral hacia el público generalista y heterosexual: si suena ‘I will survive’ todo el mundo se la sabe. Si suena ‘I will survive’, la discoteca se viene abajo, haya en ella gais, lesbianas o heterosexuales de todas las edades. Eso no ocurre con otros clásicos de baile que han sido enormes éxitos, pero que el público generalista recibe de forma más fría: ahí están 'Vogue' de Madonna, ‘Go west’ de Pet Shop Boys o ‘Believe’ de Cher. Sí, un padre de familia se las puede saber, pero no le hablan de forma tan directa y pura como ‘I will survive’. En este sentido, la canción de Gloria Gaynor figura en una pequeñísima lista de himnos LGTB que el público heterosexual también ama, junto a ‘I want to break free’ de Queen. De hecho, en 1996 los Cake se apuntaron un gran éxito con una versión ‘indie rock’. Y la banda holandesa Hermes House Band popularizó en el año 2000 otra versión a medio camino entre el ‘eurodance’ y el ‘ska’ que arrasó en las discotecas y que hacia el final incluía unos “lololo” que se han convertido, casi, en una cómica representación del orgullo hetero.

Pero tal vez la cualidad más sorprendente (y menos conocida) de ‘I will survive’ es una que hoy tiene especial significancia porque cumple 40 años. Un 27 de febrero de 1980 tuvo lugar la edición número 22 de los premios Grammy, y esa noche Gloria Gaynor (y los productores Dino Fekaris y Freddie Perren) recogió un premio que solo ella tiene, porque se entregó por primera y última vez. Era el Grammy a la mejor grabación disco.

¿Cómo fue esto posible? Básicamente, la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación, que otorga estos premios, invirtió demasiado tiempo en pensarse si debía existir una categoría disco, un subgénero que había conquistado a la fauna nocturna gracias a tomar las discotecas y se había hecho masivo gracias al gran éxito de ‘Fiebre del sábado noche’ (1977). Tanto tiempo se tomaron que para cuando se decidieron a entregar un premio en esa categoría, el género ya había pasado de moda. Junto a ‘I will survive’ estaban nominadas aquella noche ‘Don’t stop til you get enough’ de Michael Jackson, ‘Boogie Wonderland’ de Earth, Wind & Fire, ‘Dim All the Lights’ de Dona Summer y ‘Da Ya Think I’m Sexy?’ de Rod Stewart.

La muerte de la música disco entre 1979 y 1980, que tiene tanto de cultural como de reaccionario, racista y homófobo, paró en seco carreras ascendentes y obligó a cerrar algunas discográficas. La Academia no podía mantener una categoría en la que no había canciones para nominar, porque de repente nadie quiso adscribirse a ese género. Muchos que lo habrían practicado siguieron adelante, claro (por ejemplo Blondie, Michael Jackson, Rod Stewart, David Bowie o Earth, Wind & Fire) pero tocando otros estilos o poniendo a los ritmos disco un disfraz que protegiese a sus canciones ante la aristocracia de la moral y los guardianes del buen gusto. En las postrimerías de la música disco uno podía decir que hacía electrónica, ‘synthpop’, ‘dance-rock’ o ‘house’, pero autodefinirse como disco era como quemarse a lo bonzo en la plaza del pueblo.

Gloria Gaynor fue fiel ejemplo de ese camino: tuvo después de ‘I will survive’ un par de éxitos menores, pero ha seguido desde entonces cantando su mayor éxito por todo el mundo, a menudo en España. La letra, además, le viene al pelo (perdió a tres de sus hermanos y vivió un doloroso divorcio). Siempre podrá presumir, frente a otros artistas que coleccionan Grammys, que ella tiene uno que no tiene absolutamente nadie más. Y por si eso no fuera poco, cuarenta años después de ganarlo, el pasado enero, le dieron otro, esta vez a mejor álbum góspel por ‘Testimony’. De todas las rendiciones posibles ante los excesos de los setenta la música disco, la más radical fue encontrar a Dios.

lunes, 1 de julio de 2019

#hemeroteca #homofobia | NYTimes: "El éxodo del Mariel también fue una purga homofóbica"

Imagen: The New York Times / Éxodo cubano
NYTimes: "El éxodo del Mariel también fue una purga homofóbica".
ADN Cuba, 2019-07-01
https://adncuba.com/noticias-de-cuba-derechos-humanos/lgbtiq/nytimes-el-exodo-del-mariel-tambien-fue-una-purga

Casimiro González y Manuel Rodríguez, dos de los 125 mil cubanos que salieron por el Mariel, en 1980, recordaron en entrevista con The New York Times las anécdotas de la represión a los homosexuales en la Cuba de los años 70.

Su testimonio en uno de los recogidos en en Queer Miami: A History of L.G.B.T.Q Communities, una nueva exposición en el Museo HistoryMiami que celebra los cincuenta años de la rebelión de Stonewall. La exposición se podrá visitar hasta el 1 de septiembre.

El curador Julio Capó Jr., profesor asociado de historia en la Universidad de Massachusetts en Amherst, traza la historia (y las batallas) de la comunidad LGBTQ en Miami desde 1980 hasta el presente a través de video de archivo, fotografías y objetos. La muestra aborda también el modo en que los inmigrantes cubanos dieron forma a esa ciudad, a menudo aludida como "la capital del exilio".

“Fidel Castro aseguraba que aquellos que querían irse eran la escoria de la sociedad, los que jamás serían productivos para la Revolución cubana”, recordó Capó. Ese éxodo "fue entre otras cosas una purga homofóbica".

En un video incluido en la exposición, González y Rodríguez cuentan cómo se conocieron en un cine en La Habana cuando tenían veintitantos años. Llegaron a Estados Unidos en 1980 y, después de casi medio siglo juntos, se casaron en 2015.

Preguntados sobre cuál era la actitud del gobierno cubano hacia las personas homosexuales en los años setenta, González afirma: "Para nosotros no era seguro. Los policías hacían redadas en los cines muy seguido. Encendían las luces y reunían a cualquiera cuya apariencia no les gustara y los metían a guaguas y se los llevaban a prisión. También hacían eso en cabarets."

viernes, 7 de diciembre de 2018

#hemeroteca #homofobia #testimonios | Las agonías de Reinaldo Arenas

Imagen: Gatopardo / Reinaldo Arenas
Las agonías de Reinaldo Arenas.
Estos cinco libros forman la obra maestra del escritor cubano que se quitó la vida hace 28 años.
Carlos Reyna | Gatopardo, 2018-12-07
https://gatopardo.com/perfil/reinaldo-arenas-pentagonia/

Cuando Reinaldo Arenas sintió la muerte de cerca, decidió hacer algo al respecto, la parca no tomaría ninguna decisión por él. Sería él quien daría el paso siguiente.

Cuando la policía de Nueva York ingresó a su departamento durante la noche del 7 de diciembre de 1990 —hace 28 años— descubrieron el cuerpo del escritor junto a los restos de un cóctel mortal: un vaso de whiskey a medio tomar y un frasco de tranquilizantes vacío. Encontraron también una carta de despedida donde Arenas culpaba a Fidel Castro de su soledad, del destierro y de la enfermedad que lo orilló al suicidio. La nota firmada por Arenas tenía un posdata: “Para ser publicada”.

El escritor nacido —el 16 de julio de 1943— en la provincia rural de Oriente en Cuba, no debió morir esa tarde; según el propio autor su muerte debió suceder durante el invierno de 1987.

Ese invierno, entre severas y sudorosas fiebres y una inclemente pulmonía, los doctores detectaron en la sangre del autor, la terrible enfermedad que lo enganchó semanas a la cama de un hospital neoyorquino y que lo afligió por el resto de su vida. Reinaldo Arenas tenía sida.

Una vez recuperado de la pulmonía y al interior de su departamento se “arrastró” ante una foto de su amigo, colega y compatriota Virgilio Piñera, a quien le pidió, como si le rezara a la imagen de un santo —según lo escrito por Arenas en el prólogo de su autobiografía ‘Antes que Anochezca’— “tres años más de vida para terminar mi obra, que es mi venganza contra casi todo el género humano”.

Arenas necesitaba tiempo para terminar dos novelas más, de una serie de cinco, que el propio autor llamó “pentagonía” y que subtituló “La historia secreta de Cuba”. Las cinco historias narran cinco agonías con grandes dosis del anecdotario personal del escritor, donde los personajes centrales están cerca de la muerte, porque la muerte es inevitable y porque para Arenas la muerte significaba también una liberación.

La primera novela de esta cadena fue ‘Celestino antes del alba’, la única que Arenas pudo publicar en Cuba. Tras la impresión de esta historia en 1967, Arenas fue considerado transgresor para el régimen revolucionario. Lo que pasó con él durante los años siguientes, es una historia de persecución y censura; de cárceles y campos de concentración, su único delito: ser homosexual y ser escritor.

Arenas logró salir de Cuba en 1980, en el histórico éxodo del Mariel donde cerca de 125 mil isleños hartos del gobierno de Castro, huyeron a Estados Unidos buscando quizá su libertad.

Reinaldo Arenas se instaló primero en Miami, pero la noche del año nuevo de 1980, justo cuando las calles de Nueva York parecen más brillantes, se enamoró de las luces de Times Square y decidió instalarse cerca de ahí. Escribiría en su autobiografía que la ciudad le pareció entonces una enorme fiesta. Una enorme fiesta que duró dos años.

Pasó poco tiempo para que Arenas se desencantara de todo. En un documental estrenado en 2004 y titulado ‘Seres Extravagantes’, el escritor se presenta:

“Mi nombre es Reinaldo Arenas, soy un escritor cubano exiliado. Vivo en Nueva York, donde me dedico a escribir y a sobrevivir. Soy una persona disidente en todos los sentidos, como aquí se dice, porque no soy religioso, soy homosexual y a la vez soy anticastrista, es decir creo que reúno todas las condiciones para que nunca se me publique un libro y para vivir al margen de toda sociedad en cualquier lugar del mundo”.

Tras vivir años de carencias y después de su muerte, quizá porque a las editoriales les fue más rentable imprimir los libros de un escritor recién fallecido, se publicó a lo largo de los años 90 el resto de su obra.

Esta es la pentagonía de Reinaldo Arenas, su obra principal.

‘Celestino antes del alba’ (1967)
Con este novela Reinaldo Arenas comenzó su carrera literaria y gracias a ella ganó un concurso de narrativa organizado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en donde José Lezama Lima era uno de los jueces.

La historia central cuenta la historia de un niño campesino llamado Celestino, cuyos talentos literarios le ocasionan el destierro familiar. Surreal por ratos, la historia de Celestino se desenvuelve en una lucha por sobrevivir al ostracismo familiar, escribiendo sobre la corteza de los árboles, sobre el suelo o en cualquier lugar donde la escritura sea posible.

Reinaldo Arenas se refleja a lo largo de la historia en el personaje de este niño.

‘El palacio de las blanquísimas mofetas’ (1980)
En ‘El palacio de las blanquísimas mofetas’, seguimos a Fortunato un adolescente que intenta escapar de su familia uniéndose —en 1959— a los rebeldes de la Revolución Cubana, algo que intentó Reinaldo, quien durante su adolescencia fue partidario del régimen, hasta que se desilusionó de lo que significó la revolución en su historia personal.

En esta novela Arenas hace una severa crítica social y política de la isla. Reinaldo Arenas intentó escribir esta novela mientras aún seguía en Cuba, pero fue confiscada y destruida y reescrita innumerables veces.

‘Otra vez el mar’ (1982)
Esta historia escrita como una novela y un poema de seis cantos, intenta narrar la vida de una pareja que intenta demostrar su afecto, pero cuyas diferencias son tan grandes y los hacen tan incompatibles, que la relación sufre severos altibajos; por eso esta historia está escrita en dos diferentes lenguajes: la novela es una mujer y el poema es recitado por un hombre.

‘El asalto’ (1988)
Aunque fue escrita antes que ‘El Color del Verano’, ‘El asalto’ es en realidad la cuarta entrega de la pentagonía. Arenas comenzó a escribir esta novela en Cuba y la corrigió en el exilio.

Esta historia pretende llevarnos a una distópica y orwelliana Cuba, donde la homosexualidad y la disidencia son penadas con la muerte. Aquí el protagonista, un agente gubernamental, persigue también a su madre, quizá el origen de su infelicidad, para matarla. Aquí Arenas hace una severa crítica a los regímenes totalitarios, pero sobretodo contra la revolución cubana.

‘El color del verano’ (1989)
En esta novela, escrita en la agonía del autor, Arenas intenta retratar de manera pícara la vida sexual de la Habana, en el trasfondo de un enorme carnaval que celebra los 50 años del gobierno de un dictador de nombre Fifo, muy similar a Castro.

Con tres personajes que tienen mucho de Arenas, la historia avanza mientras aparece una juventud cansada de la represión que emprende una especie de revolución erótica, donde se develan otros problemas de la isla.