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lunes, 2 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #transfobia | Expulsadas por la izquierda: el caso del Partido Feminista de España

Imagen: Tribuna Feminista
Expulsadas por la izquierda: el caso del Partido Feminista de España.
Raquel Rosario Sánchez | Tribuna Feminista, 2020-03-02
https://tribunafeminista.elplural.com/2020/03/expulsadas-por-la-izquierda-el-caso-del-partido-feminista-de-espana/

El Partido Feminista de España fue fundado en el año 1979, convirtiéndose en entidad legal el 8 de marzo del 1981. Creció de las cenizas de la Organización Feminista Revolucionaria, fundada en el 1977 por la doctora Falcón O’Neill, militante marxista y feminista. Sobreviviente de intimidación, persecución y tortura durante la dictadura de Francisco Franco, Falcón es considerada una eminencia intelectual sobre las luchas de clase y del movimiento de las mujeres.

Al explicar por qué decidieron convertirse en una entidad política, expresan:

“Considerar el feminismo como la opción política para la mujer implica dar una alternativa global a la sociedad, desde todos los aspectos en que se decide el destino político, económico, social y cultural de nuestro país, sin olvidar, como hacen el resto de formaciones políticas, los intereses de la mujer.

El feminismo al presentarse como opción política, convierte la lucha de la mujer en una lucha política, pasando a formar parte de la historia de la lucha de clases y de la historia de las revoluciones. Es, además, un ideario filosófico que plantea una transformación de los seres humanos para construir un mundo basado en la libertad, la igualdad, la solidaridad entre todas las clases sociales, los sexos, las razas, los pueblos”.

Como partido político, se unieron a Izquierda Unida en el año 2015. El 22 de febrero del 2020, la Asamblea Político y Social de dicha coalición progresista votó mayoritariamente por revocar la membresía del Partido Feminista de España, declarando: “Con el 85% de votos a favor, la Asamblea Político y Social aprueba revocar la pertenencia del Partido Feminista de España a Izquierda Unida por reiterados incumplimientos estatutarios y mantener posiciones contrarias a las aprobadas en los órganos de IU”.

Las tensiones entre el Partido Feminista de España y la coalición progresista se vienen cociendo durante años. Las mujeres denunciaban que la izquierda española ignoraba conflictos feministas cruciales, como la prostitución y el alquiler de mujeres con fines gestacionales, favoreciendo iniciativas más de moda, pero menos representativas. En el año 2018, Izquierda Unida eliminó su Área de la Mujer y la remplazó por un Área de Libertad de Expresión Afectivo- Sexual.

En diciembre 2019, el Partido Feminista de España emitió un comunicado en el que expresó preocupaciones respecto a los efectos de una potencial reforma a la ‘Ley de Identidad de Género’ podría acarrear para los derechos de la mujer y de la niñez.

El nuevo gobierno de coalición socialista dice que pretende introducir a su congreso la propuesta de una ley federal que permita la autodeterminación del sexo, antes de verano. En la práctica, este proyecto de ley representa una reforma a la Ley de Identidad de Género del 2007, la cual establece requisitos como un diagnostico medico de disforia de género y un proceso de dos años antes de proceder a cambiar documentos oficiales. El Partido Feminista de España alega que, dentro de Izquierda Unida, comisiones de trabajo habían sido establecidas para acelerar el trayecto del proyecto de ley sin tomar en consideración sus objeciones ni consulta democrática.

La coalición Izquierda Unida demandó que ellas se desdijeran de su comunicado expresando:

“Los discursos de odio, del enfrentamiento contra ‘el otro’ no son propios ni de la izquierda ni del compromiso feminista. Invitamos a la militancia y dirigentes del PFE a resolver cuantas dudas tengan en los espacios habilitados para ello en la organización y manifestar de forma pública e inmediata una rectificación que ponga fin a la persecución a la que someten con su odio a personas de identidades trans y el conjunto de la comunidad LGTBI o nos veremos en el deber de solicitar las acciones internas pertinentes”.

Naturalmente, el Partido Feminista de España se rehusó a retractar su herejía y ahora han sido expulsadas.

Afirman que apelarán la decisión internamente, dado que los procesos formales dentro de la coalición no fueron ejecutados y que la reforma al proyecto de ley nunca fue consensuada con la membresía de la coalición progresista. También han expresado su intención de elevar el tema a los Tribunales, expresando: “No cejaremos en nuestro empeño de que se reconozcan nuestros derechos y nuestra esforzada lucha por el feminismo, la igualdad y la República. Y como siempre hemos dicho, ¡el futuro será feminista o no será!”

A pesar de que reconocemos que éste representa un momento difícil para nuestras compañeras españolas, recibimos con agrado el hecho de que esta coyuntura incremente el debate público sobre esta política pública, la cual implica cambios sociales significativos. Nosotras nos simpatizamos con su determinación de incentivar el debate respetuoso, basado en la evidencia, sobre políticas públicas que afectan a toda la población.

También este mes de febrero, la mayoría de quienes aspiran al liderazgo del Partido Socialista en Inglaterra han jurado que van a expulsar a todas las mujeres que se nieguen a aceptar lineamientos establecidos en el debate sobre sexo e identidad de género. Un evento público en apoyo a las campañas socialistas feministas Woman’s Place UK y LGB Alliance está pautado para el 9 de marzo en Londres, como recordatorio a la izquierda de que la lucha de las mujeres es inexorable de la lucha de clases.

Ante la embestida furiosa de nuestros mal llamados camaradas, y previo a su expulsión, el Partido Feminista de España emitió un comunicado público que rezaba: “Hacemos un llamamiento al movimiento feminista para que repruebe la campaña de insultos, descalificaciones, calumnias y amenazas que se está difundiendo contra nosotras y apoye nuestras acciones en defensa de las mujeres y de la niñez”.

La campaña política feminista Woman’s Place UK se hace hecho eco de este llamado, declarando que afirmamos nuestra solidaridad con nuestras hermanas en el Partido Feminista de España durante un momento crucial en el que se exacerba la presión para que retracten su compromiso con los intereses de las mujeres y niñas en el ámbito político. También expresamos que nos sentimos esperanzadas de afianzar nuestros lazos de cariño, apoyo y solidaridad entre las feministas alrededor del mundo.

En estos momentos, a los camaradas de demasiados partidos políticos parece que se les ha olvidado que, aparte de incrementar el rechazo del electorado y, por ende, sangrar votos, las divisivas políticas de la intimidación y el autoritarismo que se fomentan innecesariamente en el debate sobre sexo e identidad de género no pertenecen a la izquierda: nosotras sí.

Este es nuestro movimiento y tenemos toda la intención del mundo de continuar luchando por la liberación de las mujeres y niñas de toda opresión en base al sexo, a la raza y a la clase. Esperamos con ansias el momento en que la izquierda machista decida envalentonarse y unirse a nosotras.

Raquel Rosario Sánchez. Escritora dominicana. Especialista en Estudios de la Mujer, Género y Sexualidad. Arde por el desmantelamiento del patriarcado en su totalidad, pero muy especialmente, arde con ansias por ver el fin de la violencia contra niñas y mujeres. Todas las violencias.


NOTA DE IGLU: No es cierto que Izquierda Unida reemplazara el Área de la Mujer por un Área de Libertad de Expresión Afectivo-Sexual. Si bien es cierto que en 2018 el Área Federal de la Mujer decidió disolverse, ALEAS se fundó en 1994, siendo la primera organización política que creó internamente un grupo LGTBI.

viernes, 28 de febrero de 2020

#hemeroteca #feminismo #transfobia | Palabras y silencios

Imagen: Google Imágenes / Debbie Hayton
Palabras y silencios.
Victoria Sendón de León | Tribuna Feminista, 2020-02-28

https://tribunafeminista.elplural.com/2020/02/palabras-y-silencios/

En el diario El País, de 16 de febrero, ha sido publicado un artículo de Irene Montero que la expone innecesariamente en su calidad de ministra. Lo titula 'Alianza feminista', pero esa alianza brilla por su ausencia al aparecer, pues en casi cada uno de sus párrafos aparece la palabra “diversidad” cuando no las siglas LGTBI. Hoy, que todas sabemos que la palabra diversidad ha sustituido a las de mujeres y feministas, esa proliferación del término la escora claramente a desvelar cuál va a ser la orientación de su política.

El feminismo actual, o de la cuarta ola, ha puesto de manifiesto que aquello del género sirvió también para no hablar de mujeres ni de feminismo y que ya, afortunadamente, va quedando como una reliquia del pasado. Con esta cuarta ola han caído muchos eufemismos, y uno de ellos es el de género.

Ahora nos queda tumbar otro: el de diversidad, una bella palabra en sí que se está utilizando como bandera para potenciar el movimiento LGTBI y, sobre todo, el fenómeno trans. Ni contra el primero ni contra el segundo tiene el feminismo la menor inquina, pero lo que nos negamos muchas es a que sean considerados por sí mismos como parte del feminismo. Ser gay, lesbiana, queer o trans no te hacen feminista per se. Es más, con frecuencia existen intereses encontrados.

Sin embargo, en el feminismo jamás se han hecho distinciones entre heterosexuales y lesbianas, porque el patriarcado nos ha oprimido a todas por una u otra causa y, sobre todo, por ser mujeres. También hemos apoyado aquellos movimientos en el sentido de lo que suponen de libertad para elegir un modo de vida o de orientar la propia sexualidad, pero no somos lo mismo, aunque Podemos cometiera el error de ponerlos bajo la misma rúbrica. Sí, cayó en el error patriarcalista de creer que las mujeres sólo podíamos ser consideradas en función de aspectos sexuales, de ahí lo de “Feminismos y LGTBI”. Sin embargo, una cosa es el sexo y otra la sexualidad. Los confundieron. Y persisten en el error.

En un artículo reciente de una persona que había transitado a mujer, se lamentaba la autora amargamente de que la simpatía y la ternura que despertaba anteriormente una persona trans, el movimiento transactivista lo estaba convirtiendo en rechazo, ya que quieren imponer su lenguaje y sus definiciones, o incluso sus insultos, como los de TERF (feministas tránsfobas) o cisgénero para señalar a esas idiotas que nos identificamos con nuestro propio sexo.

Lo que manifiesta Debbie Hayton en su artículo es que lo único que quiere es vivir tranquila como profesora con su nueva identidad, y que las actuales definiciones hacen más daño que otra cosa, citando a George Orwell cuando afirma que “si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje puede, a su vez, corromper el pensamiento”, lo que en “román paladino” significa que tenemos una empanada mental importante con lo “no binario” y tonterías semejantes, que quieren superar la biología con la performatividad de las palabras, que es lo que siempre ha hecho Judit [sic] Butler. Pocas la leen, porque no la entienden, pero muchas la siguen pues creen que lo queer es algo muy moderno, cuando ya queda también un poco pasado. Si no somos ni hombres ni mujeres ¿qué sentido tiene el feminismo? Lo que pasa es que hay muchas formas de ser mujer y de ser varón. Muchas formas por descubrir sin tener, tal vez, que pasar por la autonegación del sí-mismo.

Una mujer que no está de acuerdo con su género puede ser, simplemente, una feminista, pero no por ello quiere dejar de ser mujer, todo lo contrario, sino construir su personalidad y su vida fuera de los mandatos patriarcales. Dentro de poco, otro día del orgullo va a tener que celebrar el orgullo de ser mujer. Y toda esta confusión lo único que está alentando es el enfrentamiento de las trans con las feministas, así como de las regulacionistas con las abolicionistas de la prostitución. Más aún, el invento reciente de las “racializadas” posiciona a muchas mujeres inmigrantes contra las feministas blancas, de clase media e ilustradas como si fueran enemigas. Entiendo que sus dardos se disparen contra una sociedad racista o contra la Ley de Inmigración, en lo que seremos sus cómplices, pero, extrañamente, lo hacen contra las feministas. Parece como si se quisiera fracturar el feminismo por tres ejes. Se acusa a ciertas feministas de esencialistas porque no meten en el mismo pack a todos los sujetos subversivos. Y lo que pasa es que al carro de este feminismo de masas todos quieren subirse, porque cuando éramos cuatro gatas ni nos miraban los unos ni las otras. De hecho, los y las trans tienen su día propio, el 19 de febrero [sic], pero ahora quieren protagonizar el 8 de marzo como sujeto político del feminismo. Por favor, no empujen.

Debido a todo esto, no entiendo que la señora ministra tome partido tan claramente bajo palabras tan monas como diversidad, aunque me extrañan, más aún, sus silencios. Ni una mención acerca de las mujeres solas con hijos, las viudas con una pensión de miseria, las paradas mayores de cincuenta, que no hay quién las contrate; las estudiantes becarias explotadas por sus propias universidades, las secuestradas por la trata, las inmigrantes rechazadas por el sistema, las trabajadoras que sufren la brecha salarial, las mujeres rurales olvidadas en su soledad, las cuidadoras de todas las desgracias y carencias familiares. Podría seguir. ¿Qué significa para ella poner la vida en el centro? ¿Qué vida? ¿La buena vida o la vida buena? Son conceptos bien distintos.

Victoria Sendón de León. Dra. en Filosofía y escritora feminista.

jueves, 20 de febrero de 2020

#hemeroteca #feminismo #transfobia | Nuevas tácticas de ataque contra el feminismo

Imagen: Tribuna Feminista
Nuevas tácticas de ataque contra el feminismo.
Pilar Aguilar | Tribuna Feminista, 2020-02-20
https://tribunafeminista.elplural.com/2020/02/nuevas-tacticas-de-ataque-contra-el-feminismo/

Mientras pudieron, nos ignoraron…

Su táctica durante años fue la de: “Hagamos como que no existen”.

Pero llegó un momento en el que ya no pudieron seguir haciéndose los longuis.

Entonces emprendieron nuevas maniobras: Los cafres, los machistas primitivos de siempre, los que aún no están en la “modernidad”, redoblaron insultos: “Feminazis” “Mal folladas”, “Feas”, “Machorras”, etc.

Cuando las cabezas menos brutas de las huestes patriarcales se percataron de que esas agresiones groseras y cargadas de odio, a la postre, no nos hacían gran daño, empezaron a elaborar otros planes más sofisticados.

Iniciaron, pues, una serie de maniobras diversificadas, aunque todas con el mismo objetivo: pudrir al feminismo desde dentro, inyectándole todo tipo de bacterias, virus, gérmenes nocivos, etc.

El protozoo tóxico más suave (y no específico contra el feminismo pues sistemáticamente se practica con todos los movimientos sociales) consiste en “comercializarlo” y banalizarlo. O sea, vender slogans sin gran contenido que desvirtúen los realmente subversivos.

En la misma línea, pero yendo más lejos, están quienes se dicen partidarios del feminismo, pero del “bueno”, o sea, “el de antes”. Resumen: no se oponen a que estudiemos ni a que votemos y, si me apuráis –en un rasgo de liberalidad que nunca sabremos agradecer bastante- ni siquiera se encabritan porque “vayamos a los toros con minifalda”. O sea, Bertín Osborne ya no canta lo mismo que Manolo Escobar... Ni Pablo Casado se opone a que su niña le dé pataditas a un balón, siempre que se las dé con un toque femenino y siempre que la nena respete jerarquías y, si el hermanito exige el balón, ella, en vez de tirárselo a la cabeza, se lo entregue inmediatamente, reconociéndolo como legítimo usuario de tal viril juguete...

En esencia, esta maniobra es la que la reacción siempre practica: oponerse a cualquier avance en derechos, pero, cuando ya no pueden seguir resistiéndose porque la sociedad y las leyes les han pasado por encima, entonces claman: “¡Quietos, paraos! (en masculino, por supuesto, aunque nos lo digan a nosotras). Lo que hemos conseguido (porque inmediatamente y con total descaro se apropian de lo conseguido) era justo. Pero, exigir más es un desmelene, una locura, un exceso”.

O sea, aquello que dijo Marx: los reaccionarios admiten que hubo historia, pero aseguran que ya no la hay.

Pero, esta táctica, aunque les da algún resultado, no consigue minar el fondo de nuestra lucha porque nosotras seguimos blandiendo la lista de demandas, esas que van desde “Y mi calle pa cuando” hasta “Ni una menos”.

Han de recurrir, pues, a otros patógenos mucho más peligrosos: adulterar nuestros objetivos, sustituir nuestras demandas por otras.

Estas sibilinas tácticas se diversifican esencialmente en dos variantes:

1. Vendernos como reclamaciones nuestras lo que siempre han sido privilegios masculinos. Es la que emplean con la prostitución. Quieren hacérnosla tragar A) apelando a la libertad de las mujeres para prostituirse. Como si no viésemos el margen de “libertad” que tienen quienes lo hacen... B) alegando que, ante todo, piensan en el bienestar de las prostitutas (se cuidan, por supuesto, muy mucho de explicar las demandas concretas que exigen, claro).

2. Determinar que, en el feminismo, no solo cabemos todas, sino que también caben todos y todes. Es más: que los fines y las urgencias del movimiento ya no consisten en pedir nuestra igualdad en todos los terrenos, ni rechazar la doble jornada, ni protestar contra el ninguneo sistemático al que se nos somete, ni rebelarnos porque el cuidado de los demás recaiga en nosotras ni porque los trabajos feminizados sean subtrabajos basados en la explotación salvaje, ni por la escasez de ayudas y de leyes que nos protejan en aquello que necesitamos ser especialmente atendidas: maternidad, enfermedades ligadas a nuestro sexo, etc. etc. No, de eso nada. Se trata de apelar a nuestro corazón femenino (convenientemente engordado desde que nacemos) para que aceptemos que el bienestar ajeno es lo que importa y, por eso, hemos de acoger en nuestro seno materno a quien lo pida. Así, surgen enfebrecidos clubs de fans de colectivos maltratados (aunque sus demandas poco tengan que ver con las nuestras). Y vemos a chicas indiferentes ante los problemas de sus madres (cuidadoras a diestro y siniestro), de sus amigas (que sufren una presión constante para que complazcan a los chicos en todo lo que ellos reclamen) pero profundamente afectadas por los índices de prostitución de las personas trans (los de las nigerianas prostituidas no tienen glamour).

Estas tácticas son extremadamente peligrosas. Temibles, diría yo. Capaces, por ejemplo, de convertir el conato de estructuras de igualdad que haya en un pueblo en estructuras de “diversidad” con el aplauso entusiasta de chicas que, para mayor inri, se consideran feministas pero que no caen en el pequeño detalle de que el feminismo existe para luchar por las mujeres (lo que no impide, por supuesto, que otros movimientos luchen por lo que tengan a bien luchar y que el feminismo los apoye).

Y, por eso, tenemos que insistir incansablemente en esto: el 8M es el día de los derechos de las mujeres.

jueves, 13 de febrero de 2020

#hemeroteca #feminsimo #misoginia | Borrar el “sexo” y a “las mujeres”: delirio y misoginia

Google Imágenes / Kenny Jones
Borrar el “sexo” y a “las mujeres”: delirio y misoginia.
Alicia Miyares | Tribuna Feminista, 2020-02-13

https://tribunafeminista.elplural.com/2020/02/borrar-el-sexo-y-a-las-mujeres-delirio-y-misoginia/

En los relatos queer el “sexo” no puede ser caracterizado como hecho biológico o “sexo natural”. Y también se debe despojar al “sexo” de significado social. Desde posiciones feministas estamos obligadas a preguntarnos ¿Por qué la clase social, la raza y el “género” tienen significado social y el “sexo” no? Despojar al “sexo” de significado social es lo mismo que afirmar que la estratificación sexual no existe y el feminismo es una invención sin base real alguna. Para que no haya margen de error en lo que quiero transmitir: imaginemos que alguien afirmara que la “clase social” carece de significado social, negaríamos entonces la estratificación y las desigualdades sociales y dejaríamos sin efecto la lucha del movimiento obrero; o supongamos que la “raza” carece de significado social ¿podríamos entonces perseguir el racismo?

El negacionismo sobre el “sexo” evita hacer frente a la verdad incómoda planteada por el feminismo, la pervivencia de la injusticia sexual. La injusticia sexual no se combate ignoran que el “sexo” sea un dato biológico, se combate no otorgando a datos biológicos disposiciones naturales de carácter o función social diferenciada.

La negación del “sexo” comporta la negación de la categoría “mujeres”. La amenaza a la que nos enfrentamos como feministas es que la eliminación de la palabra “sexo” o “mujeres” se está haciendo realidad en leyes, informes o documentos elaborados tanto a nivel de país, como alentados por organismos internacionales como la ONU, por ejemplo. El ejemplo más extremo nos lo brinda Argentina con su propuesta de ley denominada “Asignación sexual compulsiva: eliminación de la categoría sexo en documentos y protección de la diversidad corporal” [1]. En el momento en que escribo, la ley se encuentra en trámite parlamentario. Pero me quiero detener en ella porque, independientemente de cuál sea su destino, no dudo en que sea objeto de imitación en otros países. La secuencia política queer es muy evidente: primero, lograr a nivel nacional de país leyes de “identidad de género” para posteriormente, amparándose en las leyes sobre “identidad de género”, proceder a promulgar leyes de borrado de la categoría sexo. De ahí mi interés en describir esta ley denominada “Asignación sexual compulsiva”

El objetivo de la ley es eliminar la categoría “sexo» de cualquier documento público o privado, ya que la noción de “sexo” es falsa: “la asignación jurídica y registral de un «sexo» es inexacta (falsa), irrelevante jurídicamente, arbitraria, invasiva, discriminatoria, inútil y confusa”. Argumentan los redactores que “la falsa noción de sexo” ha derivado de la supuesta “naturalidad” del sexo, basándose en la biología y en paradigmas médicos/científicos. A su vez, nos hacen saber que el “sexo anatómico” es sólo el producto de una lectura ideológica. Llegados a este punto de lectura de la ley no puedo dejar de preguntar retóricamente, si el sexo es producto de una lectura ideológica ¿podría ser posible una lectura ideológica que nos liberara a las mujeres de parir con dolor, evitar la preeclampsia, menstruar durante largos años de nuestra vida y la endometriosis asociada, no sufrir cáncer de mama o de útero y por relajarnos un poco no tener celulitis? Frente a evidencias biológicas, científicas y médicas, los redactores de la ley basan su argumentación de “la falsa noción de sexo” en una única persona, Judith Butler. La propuesta queer de proliferación paródica de los estereotipos genéricos con fines subversivos va camino de dejar de ser subversiva para transformarse en norma legal. Ya me referí en otros contextos a que Butler, pretendiendo desnaturalizar el sexo, naturaliza el género. Afirmé además que la versión butleriana del género perpetúa la invisibilidad de las mujeres. Y esto se refleja de modo harto elocuente en la propuesta legislativa de eliminar la categoría “sexo” de todo documento público o privado.

Veamos con un poco de detenimiento el proceso de borrado de las mujeres. Dos son los principios rectores que inspiran la propuesta legal:

1. La noción de “sexo” es falsa por lo tanto también es falso el binomio varón/mujer.
2. Cuando un artículo de una ley “haga referencia a alguna falsa noción de sexo y/o género, ésta debe entenderse comprensiva de toda persona sin distinciones”.

Estos dos principios reguladores dan paso a un galimatías jurídico y lingüístico cuando aborda la cuestión de las acciones positivas (“afirmativas” en el texto). Más en el caso de las acciones afirmativas y las mujeres. Se informa en el texto legal que las leyes o normas específicas para las mujeres, como criterios de paridad, dispositivos contra la violencia ejercida sobre las mujeres, edad de jubilación, son tan “excepcionales que no justifican todo el andamiaje jurídico para portar de manera visible pretendidos datos sobre las características sexuales de una persona”. Si partimos de una perspectiva feminista, cabe oponer a esta afirmación que la “excepcionalidad” denota carencia de un país en legislar sobre igualdad. Los redactores de la ley insisten, por el contrario, en que los “pretendidos datos sobre las características sexuales” no justifican el andamiaje jurídico relativo a leyes específicas, ya que niegan de antemano que el sexo sea la causa de la desigualdad e infrarrepresentación de las mujeres. Así, de un plumazo, los redactores de la ley erradican cualquier planteamiento crítico de las relaciones sexo/género, negando el primero y transformando el segundo en categoría constitutiva del yo. Niegan, pues, el feminismo como la teoría crítica de las relaciones sexo/género.

¿Qué deben hacer entonces las mujeres para denunciar la desigualdad estructural?, ¿cómo han de proceder para exigir acciones afirmativas? La respuesta que ofrece esta ley a las mujeres es producto, a partes iguales, del delirio y la misoginia. Intentaré describirlo del mejor modo, aunque no es fácil por la opacidad lingüística utilizada para no nombrar de modo explícito a las mujeres. Se afirma en el texto que cuando un colectivo sienta ser discriminado será suficiente una declaración jurada. En el caso de que ese colectivo se encuadre en aquellos que han sido adscritos “compulsivamente” a “la falsa noción de sexo o género”, se les insta a que “el objeto de la declaración jurada no sea la pertenencia al falso binomio «mujer» sino simplemente declarar la pertenencia a un colectivo históricamente vulnerado por pautas machistas, hetero-patriarcales y hegemónicas”.

Así que como quien no quiere la cosa, el legislador nos propone a las mujeres que primero declaremos falsa la adscripción “mujeres”. Después se nos sugiere, a las “sin nombre” a partir de ahora, que declaremos ser vulnerables por pautas machistas, hetero-patriarcales y hegemónicas. Amén de no quedarme claro qué significa “pautas hegemónicas”, no sé tampoco cómo denunciar el machismo que deriva de la creencia en que un sexo es superior a otro y el sexo como se nos informa es una “falsa noción”. Por otra parte, ¿cree el legislador que el patriarcado sólo se reproduce en la heterosexualidad? Porque el patriarcado es una constante que puede expresarse tanto en personas heterosexuales, como homosexuales, transexuales, transgénero o cualesquiera tipo o práctica sexual que nos queramos representar.

Me imagino que ya habrán tomado nota que la palabra igualdad ni se la nombra, ni se la espera. Somos vulnerables. De hecho, la vulnerabilidad se está proponiendo como alternativa a la idea de igualdad. Y a partir de ahora se nos dice explícitamente que las mujeres luchamos no contra la desigualdad, sino contra la vulnerabilidad mediante declaración jurada. A estas alturas a mí me suena que, con supuestos tintes progresistas, a las mujeres, una vez más, nos están pautando el camino. Estamos siendo puestas bajo tutela. ¿Nos vamos a dejar?

[1] Si disponen de un momento, les recomendaría la lectura del proyecto en su totalidad: https://www.diputados.gob.ar/proyectos/proyecto.jsp?exp=7037-D-2018

#hemeroteca #transfobia #feminismo | Sintiéndolo mucho

Imagen: El Diario / Beatriz Gimeno
Sintiéndolo mucho.
Pilar Aguilar | Tribuna Feminista, 2020-02-13
https://tribunafeminista.elplural.com/2020/02/sintiendolo-mucho/

Leí la entrevista a Beatriz Gimeno publicada el día 6 en eldiario.es y me apena constatar que no comparto algunos de sus planteamientos.

Me apena porque valoro enormemente, tanto el trabajo que hizo en pro de los derechos de gais y lesbianas, como sus posicionamientos abolicionistas.

Pero no puedo por menos que interpelarla (bueno, lo de interpelarla es metafórico porque no sé si me leerá) para disentir de ciertas afirmaciones. Me siento obligada porque sus palabras tienen relevancia, máxime considerando el cargo que ocupa.

El titular destaca: «Que un colectivo vulnerable como el trans exija derechos no pone en peligro los de las mujeres».

Depende de los derechos que exija ¿no? Por supuesto que un colectivo puede poner en peligro los derechos de otras personas. Es de Perogrullo.

No dudo que algunas y algunos trans sean vulnerables. Pero ¿es vulnerable Paul Preciado? ¿las Wachowski? ¿Bibi Andersen? ¿lo es una trans con trabajo estable y dignamente remunerado (yo conozco a un par de profesores de universidad)? ¿más vulnerable que una emigrante, una refugiada, una gitana, una pobre, una obesa, una discapacitada, una que padece alguna enfermedad crónica mal diagnosticada, otra con marido maltratador o con ancianos o imposibilitados a su cargo? ¿más que todas esas mujeres que las mafias de la prostitución explotan salvajemente? ¿más que las que crían solas y con un sueldo miserable a sus hijos?

Aunque no entraré en análisis detallado -no es mi objetivo aquí y ahora- rechazo la generalización de que las personas trans sean un colectivo muy machacado y vulnerable. Depende cuáles.

En cualquier caso, nos oponemos al proyecto de ley presentando en la Cortes porque pedimos que ayudas y prestaciones se destinen a quienes realmente las necesiten (incluidas las personas trans, pero no por serlo).

Y decimos que nos parece totalmente descabellado que baste con una autodeclaración para cambiar de documentalmente de «sexo». ¿Por qué no se puede pedir una evaluación médica y psicológica? ¿Es más humillante que las evaluaciones médicas y psicológicas que constantemente se les requieren a otras muchas personas de los más diversos colectivos por los más diversos motivos?

Beatriz acusa al feminismo de esencialismo, pero creo que –más allá de que las comprendamos- el esencialismo es de quienes consideran esencial para su vida cambiarse de género.

Lejos de pensarlo como esencia, el feminismo señala que el género es una construcción –básica eso sí- del patriarcado que se nos impone a todos los humanos en función de nuestros genitales, con el agravante (muy agravante, sí) de que, para las mujeres, va unido a una sumisión radical (radical de raíz).

No digo que se prohíba a quien lo desee cambiar de género. Digo que eso no debe poner en peligro los derechos de las mujeres. Y digo que el objetivo del feminismo no es conseguir que cada cual elija el género que quiera o pedir que los géneros se multipliquen ad infinitum sino acabar con la construcción genérica. Y, desde luego, si algún movimiento ha luchado radicalmente contra el género, ese es el feminismo porque, cada vez que las mujeres conquistan un derecho, lo están resquebrajando.

Para acabar, me sorprende (incluso me enfada) este comentario de Beatriz: “no entiendo tampoco el objetivo de ponerlo en el centro del debate ahora, cuando estamos en un momento en el que la extrema derecha del mundo realmente sí es un peligro y hasta el punto de que parece que se intentan romper muchos consensos básicos que se habían conseguido y que habían hecho del feminismo en este país la vanguardia”.

No es el feminismo quien ha puesto ahora esta problemática en el centro del debate. Son esos proyectos de ley que, so pretexto de defender al colectivo trans, perjudican a las mujeres. Es ese afán por acaparar, difuminar, adulterar la agenda feminista y sustituirla por otra que no es la nuestra.

¿Casualidad que pase ahora? No, claro que no. El feminismo es actualmente un movimiento muy vivo y potente. Frente a eso se observan dos maniobras:
  1. Querer aprovecharlo, como hacen, por ejemplo, las marcas comerciales, e intentan hacer colectivos que, si no es subiéndose a ese carro, no tendrían visibilidad.
  2. No soy muy de teorías conspiratorias, pero, francamente, resulta muy ingenuo no darse cuenta de que tratan de desviar nuestra atención y la de la sociedad de los problemas que realmente padecemos las mujeres.
No, el feminismo no está en el origen de este” boom” trans. El feminismo ha reaccionado ante él porque tiene que defenderse.

Considero que Beatriz es feminista, sin duda alguna, y no quiero ser agresiva ni desagradable, pero me he tomado la molestia de verificar: la entrevista (incluyendo preguntas y respuestas) tiene 1608 palabras. De ellas, 584, o sea, más de un tercio, están dedicadas al tema trans.

Resulta, pues, que Beatriz dedica dos tercios de la entrevista a evocar los problemas de 24 millones de mujeres y un tercio a los de las personas trans que, según ella misma afirma, son el 0,1% de la población...

No vale alegar que la periodista preguntaba. Beatriz no es una mindungui, puede negociar temas y, si la entrevistadora se empecina, puede señalarle que ella no es la directora del Instituto Trans sino del Instituto de la Mujer.

Pilar Aguilar. Analista de ficción audiovisual y crítica de cine. Licenciada en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Universidad Denis Diderot de París.

martes, 11 de febrero de 2020

#hemeroteca #feminismo #abolicionismo | Parásitos en la revuelta

Imagen: CatalunyaPlural
Parásitos en la revuelta.
Victoria Sendón de León | Tribuna Feminista, 2020-02-11
https://tribunafeminista.elplural.com/2020/02/parasitos-en-la-revuelta/

Por supuesto que aprovecho la actualidad del Óscar a la cinta de Bong Joon-ho para titular este artículo de emergencia, porque el parasitismo se ha instalado en el más potente movimiento social, el feminismo, para implosionarlo desde dentro.

Me refiero a la cadena humana que el día 7 de febrero rodeó el centro de Madrid y que desde el grupo de “disidencia sexual y trabajadoras sexuales” se protagonizó la lectura de un manifiesto que al feminismo le viene muy bien para aclararse. Entre sus muchas perlas, se atreve a lo siguiente: “Nunca la revolución feminista será inclusiva sin la figura desafiante y antipatriarcal que representamos las putas”. Si no nos da la risa floja es que no hemos entendido nada.

Hablar de la prostitución, la mayor lacra del patriarcado, como de desafiante y antipatriarcal es también de Óscar. Y luego, la mayor proclama parasitaria de nuestra historia, “la lucha nunca debe ser sin nosotras porque la revuelta será puteril o no será”. Es como si Odiseo le hubiera dicho al rey de Troya a las puertas del palacio: “Mira, Príamo, que este caballito es el mejor regalo que los aqueos podemos hacerte. Sin él jamás ganarás la guerra”, cuando la invasión era precisamente aquea (griega). En fin, que sólo faltaba firmar el mensaje: el lobby proxeneta. Ahora no sólo pretenden ser chulos con papeles, sino la vanguardia del movimiento feminista. Si esto no es parasitismo, que venga Joon-ho y lo vea.

Sin embargo, el mayor peligro en este momento no es ya el proxenetismo, que lo conocemos, sino la supuesta Comisión Feminista 8M de Madrid, comandada por parte de las “anticapis”, que como buenas trotskistas practican el “entrismo” desde hace muchos años en este país en lo que a feminismo se refiere. Ahora se rasgan las vestiduras lamentándose de lo que ha sucedido, cuando ha sido esa Comisión la que ha establecido los tramos de la famosa rueda bajo nomenclaturas que ni siquiera nombraban a las mujeres ni al feminismo. Todo eran “cuerpos disidentes”, “cuerpos feminizados” y tonterías por el estilo. De aquellos polvos, estos lodos. ¿O es que si plantas nabos esperas que crezcan margaritas?

Creo que lo más sensato sería pedir la dimisión de semejante Comisión, que con estas “amigues” no necesitamos “enemigues”. Y, al mismo tiempo, rearmar al mayoritario movimiento abolicionista, que no tendría que explicitarse dentro del feminismo, que siempre ha luchado por ello, pero que ahora mismo está obligado a resignificarse. Con el concepto de “diversidad” se ha querido hacer un totum revolutum desde un supuesto buenismo que habla de libertades, de orientaciones sexuales y de género, de inclusiones, de movimiento amplio, líquido, tolerante, sororo, anti-racial y no sé cuántos apelativos más para que cuele la verdadera voluntad de fondo: “Hagámonos con el feminismo y controlémoslo desde dentro”.

Por otro lado, se ataca al feminismo abolicionista llamándolo “punitivista”, es decir, afecto a los castigos que queremos imponer a putas, putos y puteros, a sabiendas de que esto no es así. Se trata, en primer lugar, de ofrecer a la gente prostituida otras alternativas de vida digna, Y, en segundo lugar, multar a todo hombre que se crea con el derecho de poder violar a una mujer previo pago, que es la situación actual, así como, sobre todo, a los proxenetas que comercian con lo más íntimo del cuerpo de las mujeres. Trata y prostitución son mayoritariamente lo mismo, ya que la prostitución voluntaria supone un 2%. Se comercia, además, no sólo con el cuerpo de las mujeres, sino con su miseria. Como dijo Virgine Despentes: “Mientras haya miseria, habrá prostitución”. ¿No sería más feminista combatir la miseria de estas mujeres?

En fin, que las mujeres que acudieron con voluntad feminista a la rueda de la revuelta fueron vilmente engañadas. Ya no sabemos qué se apoya y qué se censura. Y lo de feminista está más en cuestión que nunca. Los parásitos transitan por el aire de las ideas y de las palabras. Luego se produce la epidemia viral, por eso más que nunca hay que levantar cordones sanitarios. Y bien que lo siento.

Victoria Sendón de León. Dra. en Filosofía y escritora feminista.

jueves, 23 de enero de 2020

#hemeroteca #feminismo #lgtbifobia | El entrismo en el movimiento feminista

Imagen: Twitter / Postpotorras
El entrismo en el movimiento feminista.
Victoria Sendón de León | Tribuna Feminista, 2020-01-23
https://tribunafeminista.elplural.com/2020/01/el-entrismo-en-el-movimiento-feminista/

Desde mis tiempos universitarios, en los que cayó en mis manos la obra de Engels ‘Del socialismo utópico al socialismo científico’, he tenido la sospecha de que, justo en ese momento de su publicación, se inició un enorme error histórico que ha marcado todo el siglo XX y nos ha privado de orientaciones políticas que hoy serían muy convenientes ante la disyuntiva irresoluble entre un comunismo fracasado y un capitalismo suicida. Exactamente el despreciado “socialismo utópico” por Engels, representado en el socialismo libertario, desapareció del horizonte de las posibles soluciones o correcciones frente a un triunfante capitalismo industrial en virtud del auténtico socialismo científico, poco menos que encarnado en la persona de Karl Marx: “Faltaba el hombre genial que ahora se alza ante la humanidad con la verdad, al fin, descubierta” (Engels). Tanto el mito de la verdad como el de la ciencia, amén del culto a la persona, dieron al traste con otras posibles opciones políticas y económicas como las propuestas por Saint-Simon, Fourier, Owen, Proudhon, Bakunin o Emma Goldman entre otros. Hoy se buscan posibles vías de salida desde “lo común”, que no es el comunismo, sino que guarda un significativo parentesco con aquel utopismo del siglo XIX al que se impidió crecer.

Dicho esto, quiero añadir que aquellos seguidores de Marx siguen empeñados en el triunfo de su idea porque es “la verdad” y, por tanto, merecen ser, por derecho propio, la vanguardia de cualquier movimiento de masas. Los comunistas sin más tienen claro que el sujeto de su posible revolución es la clase obrera o clase trabajadora, que ya no se sabe muy bien quien es con toda una clase media amenazada de precarizarse en cualquier momento. Pero hay otros grupos heterodoxos dentro de la fe marxiana, que propugnan introducirse en los movimientos de masas para, desde ahí, tomar la fuerza necesaria para su revolución, la de la Cuarta Internacional o trotskista. “Fuera de las organizaciones de masas no se creará nada que pueda resistir la fuerza del tiempo”, se repiten en su soliloquio revolucionario. Y a esta estrategia es a la que se ha llamado “entrismo”. Una táctica que impide el desarrollo propio de los diversos movimientos de masas reconduciéndolos en otra dirección.

Pues bien, uno de los movimientos de masas elegidos ha sido el feminismo, sin duda alguna. Al menos en nuestro país. Y a medida que va creciendo y haciéndose fuerte, la praxis del entrismo se va aplicando con más y más afán, con más y más precisión, hasta el punto de que están desapareciendo palabras como mujer y feminismo dentro del Movimiento mismo. Muchos autores han puesto de relieve la relación entre el lenguaje y el poder – Chomsky, Foucault, Bourdieu, John Austin, etc. – y que quien domine el discurso conceptual en un movimiento se llevará el gato al agua. Pues bien, tanto el feminismo ilustrado como el radical están a punto de perder la batalla. Les cuento.

Para el próximo 8 de marzo se ha organizado por parte de la Coordinadora una serie de actividades preliminares. La convocatoria reza así: “Compañeras precarias, diversas, oprimidas, racializadas, disidentes, cuidadoras, pensionistas, estudiantes...” La verdad es que no sé en qué incluirme, yo, que llevo cuarenta años en el feminismo, porque no dice feministas por ningún lado. Pero es que, además, se introducen adjetivos que no son necesariamente propios del feminismo: “diversas” (movimiento LGTBIQ), “disidentes” (TRANS género o sexual), “racializadas” (que supone una lucha postcolonial).

El feminismo no es un cajón de sastre o “desastre” que incluya todas las luchas y sufrimientos humanos con intereses muchas veces encontrados. ¿Por qué un gay o un trans tienen que pertenecer ‘per se’ al movimiento feminista? En muchos casos son de lo más misógino. ¿O por qué las mujeres inmigrantes, a quienes se está instigando contra las europeas blancas y colonialistas (también ‘per se’) se incluyen en el feminismo con un afán de enfrentar a las mujeres mismas? La intención del “entrismo” consiste en desvirtuar el movimiento feminista con otros movimientos reales o inventados para hacerse con una vanguardia que desplace la auténtica.

Continúo con la convocatoria: “El objetivo de esta acción es señalar y denunciar las violencias que sufrimos como cuerpos feminizados, visibilizar las distintas propuestas que el movimiento feminista hacemos para combatir el cisheteropatriarcado y aunar fuerzas con nuestras amigas, vecinas y aliadas para avanzar hacia un 8 de marzo combativo y disidente”. Ojo al parche. ¿Qué demonios son los cuerpos feminizados? Por lo visto es lo que sustituye a “mujeres”, a las cuales se nos pretende arrumbar en el Movimiento, empujadas por toda una serie de sujetos advenedizos y sobrevenidos a quienes les importa un bledo el feminismo y que incluye a los gais con aspecto femenino o feminoide. Y más: ahora resulta que lo que hay que combatir no es el patriarcado en todas sus ramificaciones y dominios, sino el “cisheteropatriarcado” (término muy adecuado para las vecinas convocadas). Todo en esta convocatoria requiere traducción y hasta hermenéutica. Resulta que lo “cis”, que significa más acá, en oposición a trans, fue utilizado por el sexólogo Volkmar Sigush para identificar la identidad de género con el fenotipo sexual, es decir, para definir a hombres y mujeres que identifican su sexo con su género. Pues bien, ahora resulta que el sistema patriarcal se reduce a las normas heterosexuales y a la coincidencia “burguesa” del género con el sexo, a fin de que la batalla contra este sistema quede en manos de los gais y de los trans. Se trata de desactivar a las mujeres feministas en esta lucha que nos es propia y que el “entrismo” quiere reconducir hacia su propia revolución.

Las feministas, entre nosotras, hemos seguido la máxima de hacer valer lo que nos une más que lo que nos separa con vistas a la acción conjunta, pero ha llegado el momento de parar los pies al entrismo y a sus palabros de camuflaje. No olvidemos que cierto lenguaje puede llegar a ser performativo, es decir, que produce lo que enuncia, y el enemigo se esconde detrás del simulacro. Sin duda que la Coordinadora del 8 de marzo es la que va marcando la agenda feminista como antes la Coordinadora Estatal y luego la Asamblea desde los años setenta. Esa Coordinadora decide además que el tema de la abolición de la prostitución no entra en el debate feminista porque eso divide. Ya. ¿Y no divide toda esa panoplia de cis y trans, de racializadas y caucásicas, de cuerpos feminizados y mujeres, de disidentes e integradas? Nunca las feministas nos hemos dividido por la raza, por la clase o por la orientación sexual, pero ahora han aprovechado para pescar en aguas revueltas y hacerse con la batuta de mando aprovechando el aluvión.

Las cosas se están precipitando, por eso ‘si vis pacem, para bellum’. Si queremos recuperar el movimiento feminista pacíficamente, que nos está siendo arrebatado, y con él sus conceptos propios, tendremos que prepararnos para la guerra de la crítica fundamentada, de la contestación y, sobre todo, para la lucha por la recuperación de las palabras que constituyen nuestro acervo y la riqueza que da sentido a nuestras genealogías. El entrismo de otros movimientos nos ha llevado muy lejos, pero es que somos tan buenas, tan comprensivas, tan madres con otros sujetos de opresión, que olvidamos todo el sufrimiento que nos ha costado llegar hasta aquí. No deberíamos traicionar nuestra propia memoria histórica.

Victoria Sendón de León. Dra. en Filosofía y escritora feminista.

martes, 15 de octubre de 2019

#hemeroteca #feminismo #queer | Las falacias de lo queer

Imagen: Tribuna Feminista
Las falacias de lo queer.
Victoria Sendón de León · Dra. en Filosofía y escritora feminista | Tribuna Feminista, 2019-10-15
https://tribunafeminista.elplural.com/2019/10/las-falacias-de-lo-queer/

A propósito de una entrevista a Paul Beatriz Preciado, realizada por Marta Borraz y Ana Requena Aguilar, aparecida en “eldiario.es” del 11 de octubre de 2019, me voy a animar a realizar algunas puntualizaciones que creo convienen en el momento feminista actual.

La autora/autor del libro que se presentaba en La Central de Madrid, ‘Un apartamento en Urano’, es definido por las entrevistadoras, en masculino, como alguien “disidente del sistema sexo-género”. Sin embargo, Beatriz no quiso perder su nombre original, que fue precedido por el de Paul, lo cual me resulta más propio de un prosélito que de un disidente: lo quiere todo, ser varón sin dejar de ser mujer o, más bien, sin dejar de ser ella misma. Se imagina viviendo en un apartamento en Urano, ajeno a las imposiciones sexuales y de género: “No soy hombre, no soy mujer, no soy heterosexual ni bisexual”, afirma, ya que ser cualquiera de estas cosas responde a categorías médicas y jurídicas que no tienen nada que ver con la realidad. Es decir, que no existen categorías universales o generales que nos definan, sino que lo real está siempre referido a seres particulares concretos. O sea, que desde el nominalismo intenta deconstruir la lógica binaria: varón/mujer. Ser varón no es más que un nombre, igual que ser mujer. “El/ella” dice que no es hombre ni mujer, pero su doble nombre está indicando que pretende ser mujer y hombre a la vez. ¡Para qué privarse!

Veamos. Nadie niega que cada ser particular sea único y peculiar, ni tampoco que al nacer algunos bebés no tengan el sexo claramente definido, que siempre se trata de subsanar por vía quirúrgica por la obsesión taxonómica. Pero de ahí a que se niegue la existencia de varones y de mujeres hay un gran trecho, porque si eso de los sexos no existe o tendría que ser indiferente ¿por qué Paul Beatriz se ha tomado tanto trabajo hormonándose para ser o parecer una cosa tan definida como un varón varón? Es una contradicción tan flagrante que no acaba de entenderse. Sería entendible que una mujer que se encuentre mal con su cuerpo esté dispuesta a sacrificarse luchando contra su naturaleza toda la vida con tal de parecer un varón. Vale. Pero decir que no eres ni una cosa ni la otra, es decir, 'queer', y poner tanto empeño en aparecer como un sexo concreto no tiene mucho sentido. Si da igual, quédate como estás ¿no?

Defiende Preciado que la lucha contra el patriarcado pasaría por abolir la asignación de la diferencia sexual en el nacimiento: “ha venido un cuerpo humano al mundo”. Bien. Estupendo. Pero ¿quién ha parido a ese cuerpo humano? ¿Eso tampoco se llama una “madre”? ¿O ser madre es también un genérico que no se corresponde con la realidad? Aunque no se llamara madre, sino Pepita, alguien sostiene toda una gestación de ese “cuerpo humano” ¿no? ¿Terminamos con la diferencia sexual de ser madre o padre? Total, como da igual, pongamos a los llamados hombres/padres a gestar y parir. A ver qué pasa. Podemos terminar con los universales, pero el nominalismo no resuelve nada en estos casos. Sobre todo en los paritorios.

Otra cosa muy distinta sería afirmar que el género no debe estar definido y, es más, que se trata de una categoría de la que podemos prescindir y que cada quien actúe de acuerdo con sus identificaciones, sus imaginarios, sus gustos y sus posibilidades, pero asumiendo con naturalidad que tienes un sexo concreto que significa cosas concretas. Puedes elegir no ser madre, porque la biología no es un destino, pero no puedes elegir no ser mujer. La diferencia sexual existe, mal que le pese a Preciado. Otra cosa es que el sistema patriarcal utilice las diferencias para crear desigualdades. Y contra eso estamos todas.

En el cénit de la entrevista surge la pregunta clave: “¿Cuál es el sujeto del feminismo?”. Y aquí le sale lo más genuino del proyecto trans y gay: “No hay sujeto del feminismo. El sujeto del feminismo es un proyecto de transformación radical de la sociedad en su conjunto (...) Cuando ese sujeto cristaliza y se convierte en la mujer, tenemos un problema”. ¿Sí? ¿Quién tiene el problema? Primero, el sujeto del feminismo no puede ser un proyecto, que sería, en todo caso, un objetivo, no un sujeto. Y segundo, que está claro que antes el feminismo era una cosa de mujeres (trasnochadas, putas, lesbianas, locas) pero ahora que comienza a tener cierto prestigio y, sobre todo, cuando deviene en un movimiento de masas, ¡ah!, entonces ya no es una cosa de mujeres, sino de todo el “totum revolutum” que se quiera apuntar y llevar la batuta. Más aún, Paul Beatriz niega que el feminismo pueda identificarse como un movimiento y como una lucha esencialmente de mujeres. Y entonces sale con el topicazo de que, en todo caso, el feminismo tendría que visibilizar a las mujeres más oprimidas y vulnerables, lo cual desembocaría en la alianza de los sujetos oprimidos en general, más allá de la identidad. Ese sí, ese sí sería el sujeto del feminismo. Más allá de la identidad de mujer, claro, porque si la identidad es la raza, la clase o los pueblos colonizados... entonces sí vale la identidad. Vayapordios.

Continúa entonces con su proclama de posicionarse con el feminismo que luchó contra el sida, con el feminismo negro, el transexual o el de las trabajadoras del sexo de los que, según ella, las feministas blancas, hetero y burguesas nos hemos apoderado y aprovechado, porque “las luchas se hacen desde abajo y luego se recuperan desde arriba”. Pues, digo yo, que Beauvoir, Millet, Firestone, Lonzi, Lerner o Pateman no tenían mucho de estos grupos. Ni negras ni trans ni trabajadoras del sexo, en fin. Y, sin embargo, nos abrieron el camino. Por supuesto que muchos de aquellos grupos más marginales lucharon con gran coraje contra el sistema, pero dudo que esas luchas tuvieran mucho de feministas, a no ser que el sistema se identifique con el patriarcado, pero ese presupuesto no estaba incluido en su episteme, en su concepción social del mundo.

Y se sigue liando hasta el punto de decir que “un hombre gay absolutamente puede ser un sujeto del feminismo. Lo es precisamente por el altísimo índice de feminización...”. Pero ¿en qué quedamos? Las mujeres no somos sujetos del feminismo ¿pero un hombre gay, sí? Precisamente por lo feminizado. ¡Qué mareo, Paul B.! Pero no acaban aquí los despropósitos, sino que propone un par de genialidades a fin de parar la reproducción en el mundo: el sexo anal y el dildo (juguete sexual masturbatorio). El primero para el placer masculino, y el segundo para el placer del dildo supongo. Se terminaría con la reproducción, seguro. Y también con la potencia de las mujeres como reproductoras. Tal vez es de lo que se trata.

No hubiera querido escribir este artículo contra Preciado, pero es que en este momento histórico no se puede hablar así del feminismo y confundir a las más jóvenes, que seguro que estas posiciones les parecen más modernas si no se las destripas y muestras sus contradicciones lógicas. Yo sé que Preciado es un importante filósofo y recomiendo sus libros, pero ojo con su ideología. No se pueden sustituir las ideas por los idearios, y el ideario ‘queer’ puede prestarse a muchas tonterías y desorientaciones. Yo también estoy de acuerdo con la superación del par sexo/género, pero no comulgo con la eliminación de la naturaleza en aras de un sexo performativo ni menos con la eliminación de la diferencia sexual, porque la diferencia siempre es riqueza. Y, sobre todo, es realidad palmaria. Dentro de un milenio ¡quién sabe! Igual Preciado es un visionario, pero, de momento, resulta miserable desactivar el feminismo por esos caminos tan interesados.

martes, 29 de enero de 2019

#hemeroteca #transfobia #politica | La candidata de Podemos que blanqueó a Vox pide cambiar a la portavoz de Igualdad del PSOE y el partido le recuerda su compromiso con el colectivo

Imagen: Tribuna Feminista / El PSOE en el Orgullo LGTBI
La candidata de Podemos que blanqueó a Vox pide cambiar a la portavoz de Igualdad del PSOE y el partido le recuerda su compromiso con el colectivo.
Mar Cambrollé en nombre de la ‘Plataforma Trans’ ha pedido al PSOE la sustitución de la portavoz socialista en la Comisión de Igualdad del Congreso, Ángeles Álvarez, por “frivolizar” con el derecho la libre determinación de la identidad de género. Por su parte, fuentes del grupo socialista le han recordado que el PSOE tiene “un currículum muy amplio” de compromiso con los derechos del colectivo LGTBI y transexual.
Tribuna Feminista, 2019-01-29
https://tribunafeminista.elplural.com/2019/01/la-candidata-de-podemos-que-blanqueo-a-vox-pide-cambiar-a-la-portavoz-de-igualdad-del-psoe-y-el-partido-le-recuerda-su-compromiso-con-el-colectivo/

La Plataforma Trans que dirige Mar Cambrollé, miembro de las candidaturas de Podemos en Andalucía ha enviado este martes un comunicado reclamado al PSOE la sustitución de su portavoz de Igualdad en la Cámara Baja.

Según aseguran, la diputada del PSOE aseveró en una entrevista que no se puede “estar cambiando cada cinco minutos la identidad”.

Dichas declaraciones hechas hace meses, hacían referencia a la necesidad de dar garantías jurídicas a las personas transexuales para que tengan un trato acorde a la identidad de género. Los socialistas consideran necesario que las referencias a la “identidad manifestada” coincida con la identidad jurídica de las personas y eso requiere, la rectificación registral correspondiente.

En este sentido, y para facilitar a las personas trans ‘la rectificación registral’, el Gobierno de Pedro Sanchez cursó una Instrucción del Registro y Notariado publicada en el BOE de 24 de octubre de 2018 en la que se recoge expresamente que en el caso de que un mayor de edad o un menor emancipado solicitara cambio de nombre será suficiente; o bien, declaración en documento público o bien ante el encargado del Registro Civil de que el solicitante se siente del sexo correspondiente al nombre solicitado. Esta instrucción, permite dicho reconocimiento mientras se debate en sede parlamentaria la definitiva modificación de la ley presentada también por el Grupo parlamentario Socialista.

Fuentes del Grupo Parlamentario Socialista han recordado que su Grupo ha promovido la Reforma de la ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas, para permitir la rectificación en lo relativo al sexo y nombre de los menores transexuales y/o trans, lo que mejora la integración de las personas trans.

Por contra, la ley presentada por Podemos en el Congreso no incorpora esas garantías jurídicas y no exige rectificación registrar, lo que generaría conflictos jurídicos múltiples al darse la circunstancia de que una misma persona pudieran tener documentos administrativos diferentes al que constase en le Registro Civil.

Esa pretensión de regular para evitar la inseguridad jurídica es a lo hace referencia la diputada socialista contra la que ha arremetido la candidata de Podemos en Andalucía.

Responde el Grupo Parlamentario Socialista
Desde el grupo parlamentario socialista han respondido a estas acusaciones recordando su labor en la mejora de la situación de este colectivo.

Concretamente, han destacado a Europa Press que durante el periodo vacacional los socialistas impulsaron los trabajos de dicha ley, y han apuntado que en enero ha impulsado reuniones todas las semanas para debatir sobre este asunto en la ponencia.

“El compromiso del PSOE con los derechos LGTBI es demostrable, y por ello es incuestionable”, han recalcado. En esta línea, han expresado su “sorpresa” ante esta reacción de la Plataforma Trans.

Asimismo, han insistido en que precisamente ha sido el PSOE quien “ha padecido” el bloqueo de las leyes promovidas por los socialistas en esta materia por parte de otros grupos, señalando directamente al PP y Ciudadanos. Además, han remarcado que el Gobierno de Pedro Sánchez está trabajando en distintas medidas de “actuación prioritaria” para mejorar la empleabilidad del colectivo, combatir el acoso escolar o “la inaceptable” tasa de suicidios que existe en él.

También ha incidido en que el Ministerio de Justicia instruyó a los registros civiles para que faciliten el cambio de nombre de los menores transexuales, en una instrucción publicada en octubre en el Boletín Oficial del Estado (BOE).

Mar Cambrollé, una candidata de Podemos a la que le parece que Vox no tratará peor a los transexuales
Mar Cambrollé, candidata de Adelante Andalucía en las elecciones autonómicas del pasado 2 de diciembre ya arremetió contra el PSOE en unas declaraciones al diario El Mundo cuando la periodista Silvia Moreno le preguntó “¿El PSOE ha creído más en los derechos más que otro partido?” Cambrollé contestó: “Yo creo que cogieron la calculadora y vieron que si un 14% de la población es gay, como mantienen los sexólogos, ellos dijeron '¿cuántos maricones me salen? ¡Seis millones!'. Y pensaron, “vamos a hacer un guiño, que estos nos inclinan la balanza a nuestro favor”. Pero ha sido pura cosmética.

En la entrevista citada, la candidata de Podemos también llegó a decir que “las personas trans hemos sufrido un ‘apartheid’ político, afectivo y laboral. Una generación entera ha vivido fuera del cariño del hogar, buscándose la vida con los únicos recursos que el sistema nos dejaba: la prostitución o el espectáculo. Ahora con Vox no será peor”.

Colectivos LGTBI como Adriano Antinoo la acusaron de blanquear a Vox y le recordaron que “la agenda pública de Vox se enmarca dentro de la estrategia mundial que las ultraderechas católicas, evangélicas e islámicas de Europa, América, Asia y África están impulsando una involución de los derechos y libertades de las personas homosexuales (gais y lesbianas), bisexuales y trans”.

La asociación LGTBI manifestó entonces que esas declaraciones “solo pueden entenderse en el desesperado esfuerzo para seguir siendo la entidad LGTBI más subvencionada en Andalucía en los últimos diez años”. Esta organización indicó que “con estas declaraciones, Mar Cambrollé queda desautorizada para representar al movimiento LGTBI andaluz en general, y el trans en particular en los próximos años. Y desde Adriano Antinoo exigimos a Podemos, IU-Andalucía, Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza y la desautorización de sus irresponsables palabras”.

miércoles, 25 de julio de 2018

#hemeroteca #lenguajeinclusivo | ¿Todas o todes?

Imagen: El Confidencial / Manuela Carmena y Carmen Montón en MADO 2018
¿Todas o todes?
Tasia Aránguez Sánchez | Tribuna Feminista, 2018-07-25

https://tribunafeminista.elplural.com/2018/07/falta-foto-todas-o-todes/

Las feministas somos conscientes de que el lenguaje sexista forma parte del mismo sistema de poder que produce la brecha laboral: el patriarcado. Ya sabemos que el mundo no puede transformarse solo mediante cambios en el lenguaje, pero también sabemos que la transformación del mundo requiere una transformación del lenguaje.

Cuando las niñas escuchan palabras como “los políticos” o “los científicos” encuentran un obstáculo mental para proyectarse en estas posiciones. Cuando escuchamos las palabras “expertos” o “filósofos”, creamos una imagen mental masculina que contribuye a la perpetuación de la idea de que la sabiduría es algo propio de los hombres. Las mujeres somos la mitad de la humanidad y hemos sido marginadas en el lenguaje. Es decir, si el lenguaje no nos tiene en cuenta es porque la historia no lo hizo. Las lenguas describen el mundo, con sus jerarquías e injusticias. Por primera vez las mujeres escribimos la historia y construimos nuestro lenguaje. No necesitamos pedir permiso. Los hombres, como clase sexual, no pidieron permiso para expoliarnos. Ninguna Academia de señores enfurruñados podrá frenar nuestro acceso a todo lo que nos fue arrebatado.

Los estudios confirman que el uso del masculino genérico genera imágenes masculinas en la mente. Aunque algunas personas pretendan hacernos creer que somos unas tontunas que confundimos el género gramatical con el género sexuado, está totalmente demostrado que el uso del masculino no funciona como un mero genérico en la mente, sino que privilegia la imagen de los hombres. Frente a este problema se han puesto en práctica dos tipos de soluciones lingüísticas: las que visibilizan a las mujeres y las que utilizan términos neutros.

¿Queremos un neutro o queremos ser mencionadas? Por ejemplo, pensemos en una clase en la que hay más alumnas que alumnos, ¿queremos que se hable de este grupo en femenino genérico o que se utilicen términos neutros como “el alumnado”?, ¿las personas lectoras pensarán en las mujeres cuando vean el término “el alumnado” o continuarán generando imágenes masculinas? Considero que en muchas ocasiones es imprescindible que se nos mencione expresamente para que ciertos terrenos se presenten disponibles para nosotras. Las mujeres ocupamos una posición secundaria en casi todas las esferas de la sociedad y estamos muy lejos de alcanzar la paridad.

Por mucho que se ridiculicen los dobletes como “todas y todos”, son fórmulas adecuadas cuando queramos garantizar que las mujeres sean visibles. Por su parte, el femenino genérico permite que los hombres aprendan a ponerse en el lugar de las mujeres cuando tienen que sentirse incluidos en la palabra “nosotras”. Además, el femenino genérico sirve para mostrar contradicciones sociales cuando es utilizado por hombres que tienen demasiado protagonismo y que, con su praxis, mantienen a sus compañeras en un segundo plano. El lenguaje no sexista resulta incoherente cuando se utiliza en contextos sexistas.

Para el conjunto de las personas hablantes, en las ocasiones profesionales y académicas, será una opción sencilla utilizar expresiones neutras como “persona empleada” o “judicatura”. Esta solución no garantiza que las mujeres sean visibles, pero al menos no nos oculta. En el interior del feminismo se está extendiendo el uso de la “e” como fórmula para volver neutras las palabras. Así, se dice: “todes estamos cansades pero contentes” o “elles no vienen”.

A favor del “todes” podríamos argumentar que este uso responde a la intención de crear un auténtico neutro que integre a todas las personas sin designar de forma preferente a un grupo. Sin embargo, este motivo resulta poco explicativo del uso de la expresión en el interior de ambientes feministas. Nosotras no deberíamos tener reparos en utilizar el femenino. Somos una mayoría de mujeres y luchamos contra la exclusión de las mujeres en la historia. No debemos sustituir el “todas” por el “todes”. Es necesario mencionar expresamente a las mujeres siempre que se pretenda hacer un uso feminista del lenguaje.

En realidad el argumento más fuerte a favor del “todes” no es que esta fórmula sea un auténtico neutro, sino que designa a un grupo excluido: las personas no binarias*. Sin embargo, si el término “todes” no es un auténtico término neutro no debería entenderse que las mujeres están incluidas en el mismo. De hecho lo que ocurre es que, como el término “todes” se ha extendido en el interior de feminismo para mencionar a las personas no binarias, la imagen mental que se nos viene a la cabeza al utilizarla son las personas no binarias. Aclaro que no hay ningún problema con que queramos integrar con el lenguaje a todos los colectivos de personas. El problema radica en que se considere, una vez más, que las mujeres estamos incluidas en una fórmula presuntamente genérica que realmente no lo es.

Porque al final podemos encontrarnos con que no se nos menciona en ninguna parte: ni en el lenguaje usual (aún atrapado en el machismo lingüístico), ni en el interior del feminismo. Por el mismo motivo, no es en absoluto feminista decir “personas gestantes” o “personas menstruantes” para integrar a quienes tienen capacidad de gestar pero no se sienten mujeres. De hecho, cuando hablamos de una realidad que afecta casi en exclusiva a las mujeres, es sexista ocultarnos tras expresiones neutras, por mucho que las intenciones sean buenas. Situaciones como el parto o la lactancia siguen siendo fuente de numerosas discriminaciones, y esto es así precisamente porque son “cosas de mujeres” y porque vivimos en un mundo en la que las mujeres somos el segundo sexo.

*El término “todes” no designa a la totalidad de la comunidad LGTBI (a diferencia de lo que suele pensarse), pues lo usual es que las lesbianas o bisexuales se autodenominen “ellas”, los gais o bisexuales “ellos”, las mujeres trans “ellas”, los hombres trans “ellos” y las personas intersexuales frecuentemente se consideran de uno o de otro sexo. A quienes se nombra con términos como “todes” y “elles” es a las personas no binarias: aquellas que no se consideran a sí mismas ni hombres, ni mujeres. El uso de estos términos es defendido por las personas que suscriben la llamada “teoría queer”, que es una propuesta explicativa de las jerarquías sociales que está muy extendida dentro del movimiento LGTBI y también dentro del movimiento feminista (sin que sea necesario haber leído a Butler o Foucault para moverse dentro de sus parámetros).

Tasia Aránguez Sánchez. Resposable de Estudios Jurídicos de la Asociación de Afectadas por la Endometriosis (Adaec) y profesora del Departamento de Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada 


NOTA DE IGLU: Una reflexión interesante para añadir al debate sobre identidades y etiquetas y demás. Seguimos con el ejemplo del masculino genérico 'padres' que invisibiliza claramente a las 'madres' y que olvida a quienes tienen dos padres o dos madres, aunque haya quienes propugnan, desde posturas no binaristas, el uso de 'xadres'. Nos parece que no se suele tener en cuenta la importancia que el contexto tiene en la comunicación y en los diferentes niveles de uso del lenguaje. Sería más apropiado hablar de 'lenguajes', en plural, al igual que sucede con los 'feminismos'. 'Todas' y 'todes' no son, en absoluto, excluyentes y dependerá de ese contexto su uso, según lo que queramos visibilizar y transmitir. La explicación que intenta dar la autora en el asterisco es muy desafortunada: es problemático considerar, sin  más, 'comunidad' y 'movimiento LGTBI' o 'movimiento feminista' sin tener en cuenta su pluralidad y, además, el punto de vista binarista limita la consideración de 'lo usual'. La autopercepción LGTBI dependerá de múltiples factores y no se puede dejar de tener en cuenta que en el 'ambiente gay' es frecuente la utilización del femenino como marcaje identitario y transgresor, muy criticado, por cierto, desde cierto feminismo e, incluso, desde dentro por 'maricas' con posturas plumófobas y homonormativas. Por los mismos motivos de transgresión a la norma, algunas lesbianas utilizan el masculino. la galaxia trans* (y, seguramente, los planetas bisex e intersex) es tan diversa y variada que escapa, casi por definición, a 'lo usual'.

miércoles, 18 de julio de 2018

#hemeroteca #bibliotecas #mujeres | ¿Dónde está el patrimonio documental de las mujeres? Entrevista a Marisa Mediavilla.

Imagen: Tribuna Feminista / Marisa Mediavilla
¿Dónde está el patrimonio documental de las mujeres?
Entrevista a Marisa Mediavilla. La fundadora de la Biblioteca de Mujeres reflexiona sobre el pasado, presente y futuro de un proyecto que atesora la memoria histórica feminista en España
Andrea Abreu López | AmecoPress, Tribuna Feminista, 2018-07-18
https://tribunafeminista.elplural.com/2018/07/donde-esta-el-patrimonio-documental-de-las-mujeres/

Diez años después de la muerte de Franco, Felipe González firmaba el tratado de adhesión de España a la Comunidad Económica Europea. Diez años después de la muerte de Franco, nacía Cristiano Ronaldo y moría una de las biólogas más célebres de la historia, Dian Fossey –conocida por su labor conservacionista de los gorilas de las montañas Virunga (Ruanda)—. Diez años después de la muerte de Franco, en Televisión Española, se emitía por primera vez ’David el Gnomo’. Diez años después de la muerte de Franco, en 1985, entraba en vigor la ley de despenalización del aborto en España y Marisa Mediavilla Herreros —feminista, bibliotecaria y documentalista— fundaba uno de los proyectos de documentación más importantes en la historia del movimiento feminista español: La Biblioteca de Mujeres.

Con un fondo de unos 30.000 volúmenes, compuesto por todo tipo de publicaciones, la Biblioteca de Mujeres tiene una historia llena de idas y venidas —y de mucho trabajo y muchas colaboradoras, entre las que destaca la escritora Lola Robles— en la que siempre ha estado presente Mediavilla. Desde el principio, la Biblioteca forma parte de la Red de Bibliotecas y Centros de Documentación de Mujeres y, desde 2006, donó su fondo bibliográfico al Instituto de la Mujer, que se encarga de gestionarlo a través de su Centro de Documentación.

Hoy, a falta de un espacio propio, la Biblioteca de Mujeres está situada en el Museo del Traje (Madrid). En este momento de cambio político y social, su fundadora reflexiona sobre el pasado, presente y futuro de un proyecto que tiene como fin conservar la cultura y el saber elaborado por las mujeres en general, y especialmente en España; dar visibilidad a las aportaciones de las mujeres a la sociedad; constituir un lugar de encuentro e intercambio de saberes y experiencias; y reunir y conservar los materiales elaborados por los movimientos feministas.

P. Marisa, tú ya eras bibliotecaria antes de crear la Biblioteca de Mujeres, ¿qué fue lo que te hizo darte cuenta de que era necesario un proyecto como este?

R. Yo ya llevaba tiempo buscando libros y encontraba unas cosas que me asombraban, para bien quiero decir. En ese momento, yo formaba parte del grupo de feministas independientes en Barquillo 44 [espacio de referencia en el movimiento feminista madrileño]. Por aquel entonces debatíamos un tema cada año. El problema que teníamos era encontrar la documentación, porque había muy poca y cada vez que la buscábamos, con el paso del tiempo, se perdía. Eran cosas difíciles de localizar, que no estaban en las bibliotecas públicas, como artículos de prensa o cosas así.

Yo también llevaba ya tiempo comprando libros y llegó un momento en que me pareció una pérdida de tiempo tener esos libros para mí sola, porque tampoco me daba tiempo a leerlos. Entonces pensé que estaría muy bien empezar a montar una biblioteca especializada para poder, también, conservar lo que el movimiento feminista iba produciendo. Porque eran cosas que no se guardaban.

Todo eso junto con que me gustaba mi profesión, me hizo pensar que era el momento adecuado y, en ese momento, se me ocurrió. El fondo, mis libros, el principio o el origen, ya estaba. En mi grupo de feministas éramos tan independientes que casi desaparecimos de la agrupación y, con alguna que quedó, empecé a montar la biblioteca. Pocos meses después de empezar, apareció Lola Robles —filóloga y escritora— que continuó conmigo hasta el año 2001.

P. ¿Qué diferencia a una Biblioteca de Mujeres de una biblioteca convencional?

R. En principio, lo que la diferencia es el contenido, nada más. Quiero decir: es una biblioteca especializada en el tema de mujeres. Ese tipo de documentación y de información puede estar en bibliotecas públicas, también. Pero como las bibliotecas públicas no son bibliotecas de conservación, pasado un tiempo, esos fondos desaparecen.

Cuando yo entré a trabajar en las bibliotecas públicas de Madrid, en 1975, había un montón de publicaciones nuevas, tanto de política como de sociales. Todo eso se compraba en las bibliotecas, incluido lo de mujeres. Cuando yo me jubilé, de esas publicaciones no quedaba nada ya. Porque, claro, imagina todo lo que se publica en España en un año y las paredes no se estiran. Si yo tengo que meter en una biblioteca pública 100 o 500 libros cada año, y ya tengo las estanterías cubiertas, hay que hacer lo que se llama expurgo.

P. ¿Qué ha sido lo más complicado de todos estos años de trabajo en la Biblioteca?


R. Lo más complicado ha sido la falta de espacio. O sea, la cantidad de trabajo por falta de espacio. Además, después de empezar, nos tuvimos que constituir como asociación no lucrativa [en 1991] para poder recibir subvenciones y hacer actividades. Uno de los principales problemas ha sido… la falta de dinero. Pero bueno, como eso yo ya lo tenía claro porque no quería depender de ningún organismo público…

Si nos daban ayudas, bien. Pero si no dependía todo de nuestro esfuerzo. De mi esfuerzo, sobre todo, y de las que estábamos trabajando por la Biblioteca, porque por ella han pasado muchísimas colaboradoras.

P. ¿Y por qué querían esa independencia?

R. Yo no la quería. La independencia ya estaba. Yo, en principio, monté la biblioteca por mi cuenta.

[La independencia se da] porque así no hipotecas. Quiero decir, que si yo la monto con una subvención de la que depende la Biblioteca, en el momento en el que hay un cambio político o una crisis como en la que estamos… A lo mejor te dicen que tienes que cambiar la orientación.

Entonces, claro, tienes la ventaja de la independencia pero también tienes la desventaja de la pobreza, de la economía. Pero yo creo que es una ‘ventaja’ en el sentido de que no dependes de nadie a la hora de seguir creando.

Los objetivos han ido cambiando desde el principio, aunque la finalidad es la de una biblioteca. Pero a la hora de comprar fondos, ¿qué libros compras al tener poco dinero? Todo depende de las consultas que te hacen, de por dónde va la sociedad, también.

P. ¿Tienes alguna esperanza de cambio con el nuevo gobierno?

R. La esperanza es lo último que se pierde.

A veces no entiendo por qué las mujeres no reclamamos una biblioteca especializada…

Había una colaboradora —que estuvo yendo muy poco tiempo-— que se quedó asombrada de las cajas que había con libros que han donado. Se quedaba asombrada de la ley del divorcio, que era solo de los 80. Con esto quiero decir que damos por sabidas y establecidas un montón de cosas, como el aborto, por ejemplo. Con Gallardón el abortó saltó atrás pero si no seguro que pensamos —las mujeres, sobre todo— que nos lo ha concedido el espíritu santo que baja en forma de gobierno masculino.

Entonces, todo eso tiene que estar en un sitio para que quien quiera —no solo las mujeres sino también los varones— sepa que hay un sitio donde consultarlo.

P. ¿Crees que a corto o largo plazo van a conseguir un sitio propio de nuevo?

R. Yo espero que sí y tengo mucha confianza ahora con el cambio de gobierno. En fin, yo ya he solicitado una reunión a la nueva directora del Instituto de la Mujer porque yo, desde que doné la Biblioteca, me conozco a todas las directoras.

P. Si tuvieras que destacar algún elemento que hay en la biblioteca que te haya llamado la atención, ¿cuál sería?

R. Son tantos que no sabría… Pero, sobre todo, lo que a mí más me ha llamado la atención fue el descubrimiento de todas las mujeres del primer tercio del siglo XX.

Yo nací en 1945, o sea: en plena ignorancia. Yo me enteré a los 30 y tantos años de que Clara Campoamor había conseguido el voto en 1931. ¿Y quién era esa señora?

Creo que los planes de estudio tampoco han cambiado tanto, porque la gente que sale de la universidad ahora, salvo que hagan algún curso de género o intenten enterarse por su propia cuenta —lo mismo que yo hice cuando me enteré de que hasta 1910 teníamos prohibido entrar en la universidad— no les llega esa información.

Hay libros que tendrían que estar en la educación secundaria como manual de texto y, después, en la universidad. Hay que explicar que a las mujeres se nos prohibía estudiar en la universidad hasta ese año… Después se nos permitió estudiar pero nos dejaban con el título y nos prohibían ejercer. Podías estudiar medicina pero no podías ejercer medicina. Podías estudiar derecho pero no podías ejercer. Tuvo que pasar otro tiempo para que se permitiera el ejercicio de la profesión.

P. ¿Qué consecuencia crees que tiene en la actualidad que hayamos perdido esa memoria histórica?

R. Yo creo que algo muy importante y que tengo tan asumido —yo y la mayoría— es la falta de empoderamiento.

Porque nosotras no somos nadie, no hemos hecho nada, todo nos lo han dado ellos… El voto nos lo regalaron ellos en la República (irónica). Este ‘no ser nadie’ es lo que no nos permite hablar, contar. Y, si lo hacemos, vamos siempre como pidiendo perdón. Sobre todo, yo creo que es la falta de atrevimiento o de empoderamiento —aunque no me gusta esa palabra, pero es una realidad—.

Yo creo que ese desconocimiento lleva consigo lo otro: la asunción de todo lo que nos han impuesto ellos. Es decir, que nuestra función hasta hace poco era casarnos y tener hijos y todavía, en muchos casos, lo sigue siendo. El desconocimiento de nuestra propia historia conlleva cargar con todos esos lastres.

Además, para las Bibliotecas de la Administración General del Estado hay una normativa que recoge como una de las funciones principales la conservación del patrimonio documental. Y, ¿dónde está nuestro patrimonio documental?

P. Para finalizar, ¿qué es lo que te ha hecho más feliz del proyecto de la Biblioteca de Mujeres?

R. Pues… no me había para a pensarlo. Creo que lo que me ha hecho más ‘feliz’ (aunque ’feliz’ es una palabra que…) es el aprendizaje continuo. Que me ha permitido ir descubriendo la vida y la historia de las mujeres.

Lo que más echo de menos en la Biblioteca es la consulta, tenerla abierta. Eso es lo que más me gustaba: el intercambio continuo. Porque venían a buscar algo de lo que tú no tenías ni idea y entonces decías: ‘Bueno, ¿y eso qué es?’. [Con las consultas] ese conocimiento que tú tienes lo traspasas.

Para mí, una de las principales razones de existir que tiene la Biblioteca de Mujeres es la de intercambiar.