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martes, 9 de agosto de 2016

#hemeroteca #iglesia #lgtbifobia | Comunidad de Madrid: Dos obispos atacan la ley regional contra la LGTBIfobia

Imagen: El País / Juan Antonio Reig Pla
Dos obispos atacan la ley regional contra la LGTBIfobia.
El Observatorio Español contra la LGBTfobia ha denunciado el escrito ante la Fiscalía
F. Javier Barroso | El País, 2016-08-09
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/08/08/madrid/1470677656_692689.html

Los obispos de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, y de Getafe, Joaquín María López de Andújar, emitieron ayer un comunicado conjunto contra la Ley de Protección Integral contra la LGTBIfobia, aprobada el pasado 14 de julio en la Asamblea de Madrid. Los religiosos la acusan de ser un ataque contra la libertad religiosa, contra el derecho de los padres a educar a sus hijos en sus propias creencias y atentar contra la libertad de expresión. Los coletivos LGTBI criticaron este escrito y anunciaron que lo llevarán a la Fiscalía.

El comunicado se titula “Tiempo de sanación, no de lamentaciones” y también lo firma el obispo titular de Mentesa (en la zona de Ciudad Real) y auxiliar de Getafe, José Rico Pavés. Los autores afirman que la ley está “en contradicción con la moral natural” y que pretende anular la enseñanza pública de la Biblia y del magisterio de la Iglesia. El escrito recoge que la norma regional ataca “la libertad religiosa y de conciencia” en los artículos 3, 70 y 72. Supone además “un atropello a los idearios que inspiran la libertad de enseñanza” (artículos 29, 31, 32 y 34).

Según los obispos, la ley también provoca “un atentado a la libertad de expresión, a la libertad de cátedra, a la libertad de los científicos y profesionales en la búsqueda de la verdad” y a la libertad de las personas para orientar su vida o para pedir ayuda “en aquello que crean necesitar” (artículos 3, 31, 36, 70 y 72). “Consideramos, por ello, que se trata, en su esencia, de una ley arbitraria que no contempla siquiera la objeción de conciencia”, explica el comunicado. Eso sí, lo hace “con todo el respeto hacia los que han promovido esta ley y sus posibles destinatarios”.

Reig Pla y López de Andújar acusan a los partidos políticos, a los sindicatos, a la mayoría de los medios de comunicación y a muchas grandes empresas de “querer imponer ‘ideológicamente’ un ‘pensamiento único’ que anule la libertad y el coraje de buscar la verdad de la persona humana en su unidad de cuerpo-espíritu y en su diferencia sexual varón-mujer”, según el comunicado. Llegan a acusar a los destinatarios de la ley, el colectivo LGTBI, de sufrir “la confusión sobre su propia identidad”. “Una confusión que, con leyes como esta, se verá aún más agravada”, concluye.

El colectivo LGTBI salió en tromba contra este comunicado. El Observatorio Español contra la LGBTfobia denunció que el escrito de los obispos incita al odio y a la discriminación contra su colectivo. Por ello, presentó el comunicado a la Fiscalía especializada en delitos de odio y están estudiando acudir a la jurisdicción penal a través de una querella. El observatorio mantiene que el escrito vulnera el artículo 510 del Código Penal (delitos de odio).

El presidente del Observatorio, Paco Ramírez, mostró su temor ante un discurso que “vuelve a destilar odio y humillación” contra las lesbianas, gays, bisexuales y transexuales y calificó el escrito de “infame”.

Valores democráticos
El colectivo Arcópoli tachó de “falso” que se pretenda cambiar la orientación sexual de las personas: “Estos mensajes perpetúan una visión estigmatizadora y culpabilizadora de la diversidad sexual, aumentando el tormento de quienes sufren acoso por el mero hecho de ser LGTB”. El coordinador de Arcópoli, Yago Blando, explicó a los obispos que el coletivo LGTB defiende la libertad de educación. Eso sí, defendió que esa libertad debe “basarse en los valores democráticos de la Constitución y no en creencias religiosas particulares”.

Blando recordó que la ley regional se aprobó por unanimidad de todos los grupos políticos (salvo la ausencia de dos diputados del PP: David Pérez y Luis Peral): “Es sorprendente que quienes no representan a nadie ya que no han sido votados, se arroguen la representatividad de todos afirmando que la Asamblea de Madrid intenta imponer una medida que llevaban todos en su programa electoral y que han votado todos los madrileños”.

martes, 29 de marzo de 2016

#hemeroteca #transfobia | La pastoral del odio

Imagen: Diagonal
La pastoral del odio.
Con su pastoral sobre la Ley de Identidad y Expresión de Género, la Iglesia católica vuelve a mostrar que jurídicamente se encuentra en la Edad Media. Presos de un fanatismo muy actual, los eclesiásticos firmantes olvidan hasta el tradicional respeto cristiano a la naturaleza.
Daniel J. García | El Diario, 2016-03-29
http://www.eldiario.es/contrapoder/pastoral_odio_6_499810040.html

El pasado 21 de marzo, los obispos de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, y Getafe, Joaquín María López de Andújar Cánovas del Castillo, junto con el auxiliar de este último, José Rico Pavés, emitieron unas ‘reflexiones pastorales’ tras la aprobación en la Asamblea de Madrid de la Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación. La carta, escrita “con profundo dolor” tras conocer la aprobación de esta ley, califica este hecho de “muy grave e injusto”. Y fundan esta gravedad e injusticia en el derecho natural, aquella doctrina que impuso durante siglos la idea según la cual el derecho creado por el ser humano dependía directamente de la ley de dios. Es por ello que, dicen estos prelados, no puede haber discriminación (de las personas trans e intersexuales) “cuando esa defensa se funda en una comprensión equivocada del ser humano”. De ahí que la única respuesta posible sea el incumplimiento de la ley (“se trata, en esencia, de una ley injusta y, por tanto, a nadie obliga en conciencia”), apelando a una “emergencia cívica de los católicos”.

En primer lugar, los obispos atacan al derecho a la autodeterminación de sexo y género que establece el artículo cuarto. Señalan que se trata de una “expresión ideológica del legislador que choca frontalmente con la antropología cristiana”. Posteriormente, señalan que la diferencia sexual (hombre-mujer) es algo natural procedente de la “teología de la creación”. Para, al final, sentenciar que se trata de una ley que “aboca a un pensamiento totalitario” enmarcado en un “proyecto global planificado, científica y sistemáticamente, contra el orden de la creación y de la redención”.

Quisiera recordarles a los firmantes de esta carta algunos hechos. Durante siglos, por ejemplo, las personas intersexuales fueron condenadas a morir en la hoguera (porque su mera existencia suponía un “delito nefando contra natura”). Hoy en día son mutiladas al nacer, aspecto este que la ley madrileña –por primera vez en España– prohíbe (artículo 15). No obstante, la propia Iglesia católica entendió la intersexualidad como algo natural: pensemos en el término para referirse a dios en el libro del Génesis (Antiguo Testamento): “Elohim”, la mezcla en un mismo cuerpo de lo masculino y lo femenino; o en la doctrina del Papa Inocencio III (Siglo XIII), que entendía a Adán como una persona hermafrodita. Del mismo modo, ya que los obispos utilizan a Cicerón, cabe recordar el magnífico texto 'El banquete', de Platón, donde se narra cómo originalmente existían tres sexos: hombre, mujer y andrógino. Incluso en el plano jurídico, allá por el siglo XVII, el juez valenciano Lorenzo Mateu y Sanz salvó de la hoguera a una persona intersexual: ¿quiénes somos nosotros –se preguntaba este juez–, simples mortales, para contradecir los designios de la naturaleza?

Esta ley no ataca la antropología cristiana. Al contrario, defiende a quienes se encuentran en una posición de especial vulnerabilidad. Los ataques (físicos y verbales) contra las personas transexuales en nuestras ciudades son cada vez más habituales, así como el bullying transfóbico que sufren los menores trans y que, en ocasiones, lleva al suicidio (una forma de “asesinato social”) o las mutilaciones genitales de personas intersexuales en los hospitales de este llamado occidente democrático y defensor de los derechos humanos, pasando por la discriminaciones laborales o sanitarias.

Esta ley se enmarca en un cambio profundo en las estructuras jurídicas de nuestro Estado que estas últimas semanas estamos viviendo. Primero esta ley madrileña tan necesaria para garantizar vidas vivibles, vidas que puedan ser vividas, especialmente por menores de edad (después de Malta, es la segunda ley en el mundo en prohibir las mutilaciones genitales a menores intersex –Chile lo ha hecho por medio de una circular ministerial en diciembre de 2015–). Pero a ello hay que sumar dos resoluciones judiciales sin precedentes: 1) la Magistrada del Registro Civil de Mislata (Valencia), contra la literalidad de la Ley 3/2007 (de rectificación registral de sexo y nombre: requiere de un informe de disforia de género y dos años de tratamiento hormonal) que excluye a los menores trans, ha permitido (¡por primera vez!) que en el DNI de un menor aparezca, por fin, el sexo que siente (y sin necesidad de pasar por el tratamiento hormonal); y 2) el Tribunal Supremo ha elevado al Tribunal Constitucional una cuestión de inconstitucionalidad de la Ley 3/2007 por excluir a los menores transexuales. Son tres hechos que nos marcan el nuevo paradigma sobre el que debe asentarse el derecho: la autodeterminación de sexo y género como piedra angular de los derechos fundamentales.

No deben temer los obispos estos cambios. El único pensamiento totalitario es aquel nacional-católico que durante tantos años padecimos en la muy grave e injusta (esta sí) dictadura que sufrimos y que la Iglesia católica bendijo. Entonces, ¿están ustedes, señores obispos, a favor de la patologización de las personas transexuales, de la violencia que cotidianamente sufren por parte del propio Estado (por acción u omisión), o de las mutilaciones de bebés intersexuales? Señores obispos, la única comprensión equivocada del ser humano es aquella que ampara, oculta y protege a pederastas. Y, aunque parece que las leyes terrenales no les afectan, debo pedirles, por último, que se lean el artículo 510 del Código Penal, no vaya a ser que estén cometiendo un delito. Al resto, sobre todo a lxs niñxs, déjennos vivir en paz.

domingo, 27 de marzo de 2016

#hemeroteca #transfobia | El odio subvencionado

Imagen: El País
El odio subvencionado.
Ruth Toledano | El Diario, 2016-03-27
http://www.eldiario.es/zonacritica/odio-subvencionado_6_499110094.html

Los obispos de Getafe y Alcalá de Henares han hecho público un libelo –que han dado en llamar carta- como respuesta a la aprobación de la Ley de Transexualidad de la Comunidad de Madrid. Una carta panfleto que atenta contra los sentimientos de cualquiera que los tenga; incluidos los católicos a los que dicen dirigirse. Como bien ha recordado Carla Antonelli, diputada y activista transexual, la epístola bomba (que ella llama Pastoral de la Transfobia) no solo “destila odio, destila desprecio social e instiga a la discriminación”, sino que se aleja de la propia doctrina de Cristo. El amor, la compasión, todo eso tan extraño a estos obispos: Juan Antonio Reig Pla, Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo, y José Rico Ravés.

Hay que leer ese papel usado por los obispos para comprender el alcance de su merde. No tiene desperdicio aunque todo en él es desperdicio, valga la paradoja. Empiezan diciendo que reciben la Ley de Transexualidad “con profundo dolor”. Los obispos solo nos producirían risa en su sobreactuación de drama queens si no fuera porque la Ley viene a tratar de proteger, entre otros y otras, a esos niños y a esas adolescentes que tantas veces caen en la depresión y se quitan la vida por no poder ser quiénes son. Dice el trío de los horrores que la Ley es injusta, cuando en realidad viene a reparar, con la Justicia debida, la injusticia sufrida por las personas transexuales.

En un totum revolutum que sonroja, los obispos se remiten a Cicerón, a la razón (que no puede ser otra que la suya), a la dignidad (que ellos mismos violentan) y a la ley natural, de la que excluyen, porque les sale de las glándulas, a las personas transexuales, cuya defensa, concluyen, “se funda en una comprensión equivocada del ser humano”. Desde ahí, se despeñan por un pozo de sinsentidos en cuyo fondo encontramos “la unión substancial cuerpo-espíritu”, el “dualismo antropológico” versus “la antropología adecuada”, el “monismo de carácter materialista”, la “concupiscencia”… Y, en fin, obscenidades: “la procreación como fruto de la colaboración con Dios en el acto conyugal propio del matrimonio”. Merece el asco zambullirse con neopreno en semejante fosa séptica argumental porque da para mucho más de lo que se puede reseñar aquí.

Hay quienes consideran que los obispos deben estar en todo su derecho a decir lo que les venga en gana. Llevan parte de razón: en democracia, cualquier ciudadano debe gozar del derecho a la libertad de expresión, incluso si el ejercicio de esa libertad puede ofender a otros. La línea roja de ese derecho comienza cuando esos ciudadanos utilizan una tribuna subvencionada por el Estado para fomentar el odio y la discriminación hacia un colectivo, máxime si ese colectivo ha sido históricamente maltratado. Es el caso de los ciudadanos obispos contra el colectivo transexual.

Si los tres guardianes de las pestilentes esencias de “la civilización cristiana u occidental” y de la “ecología humana” (aquí habría que meter unas risas enlatadas) fueran tres tipos sin alzacuellos que se hubieran manifestado en la calle con un cartel pinchado en un palo que dijera las cosas que dice su misiva, no habrían pasado de parecernos tres chiflados. Estarían en su derecho de evacuar consignas basura, pero no serían más que tres regaderas. Bastante amaneradas, por cierto. Pero no: los del burka a cara descubierta son tres representantes de una institución que, a pesar de que estamos en un Estado aconfesional, recibe dinero público, con el que, entre otras cosas, escupir una carta así: propia del integrismo religioso que tanto reprochan a los de los otros burka.

Si estos personajes no estuvieran legitimados por el, ese sí injusto, statu quo de un sistema político que ha sido incapaz de revocar el concordato entre el Estado español y la Santa Sede, solo habría que vigilar que sus oscuros propósitos no fueran un peligro para las personas transexuales que cayeran en su sectaria área de influencia, sobre todo las más jóvenes y vulnerables. Puesto que no es así, y el concordato otorga a la iglesia católica unos privilegios que proceden de la fiscalidad común, lo mínimo que debemos exigir es respeto a la ciudadanía y a la ley que emana de su consenso. Una ciudadanía entre la que hay personas transexuales, que, además, están siendo víctimas de un aumento de ataques y agresiones, contra los que los tres de la sotana no han escrito ninguna carta. Más aún: la carta que han publicado es caldo de cultivo para esa violencia porque fomenta el odio. Un odio que es delito. Un odio subvencionado.

¿Dónde esta la carta del trío del alzacuellos contra quienes agreden a esos transexuales y homosexuales que dicen respetar? ¿Dónde está su carta contra los inumerables abusos a menores de sus colegas? ¿Dónde está su carta contra el acuerdo europeo de desproteger a los refugiados que huyen del otro burka? ¿Dónde está su carta contra los desahucios que dejan a las familias a la intemperie? ¿Dónde está su carta contra la pobreza energética que congela a pensionistas? ¿Dónde está su carta contra la situación de los miles y miles de niños españoles en riesgo de exclusión social (uno de cada tres)?

Fariseos.

jueves, 24 de marzo de 2016

#hemeroteca #transfobia | Crucifiquemos transexuales

Imagen: Chueca
Crucifiquemos transexuales.
David Torres | Público, 2016-03-24
http://blogs.publico.es/davidtorres/2016/03/24/crucifiquemos-transexuales/

Como es sabido, el Jesucristo evangélico no paraba de hablar de sexo. El sexo no se le caía de la boca hasta tal punto que las Escrituras en arameo son algo así como la versión cristiana del Kama-Sutra. Lo que pasa es que los traductores de la época eran muy moñas y pusieron “amor” donde la palabra sagrada hablaba de joder, de fornicio, de marcha atrás, de la postura del misionero y de la condena de la homosexualidad, la transexualidad y el pajote. Menos mal que el obispado español siempre anda al quite para revelarnos el auténtico sentido de la espiritualidad cristiana. Cuando no lo hacen con el ejemplo lo hacen con la epístola. Gracias a ellos sabemos que es malo que un hombre ame a otro hombre o una mujer a otra mujer, pero que no es tan grave que un cura se folle a un niño y que además los niños van provocando.

En estos días en que el país anda revuelto por la matanza de unos semejantes y entristecido por la tragedia de unos hermanos necesitados de caridad a los que los caprichos de la política han dejado sin amparo, dos obispones, uno en Getafe y otro en Alcalá, se han volcado en la injusticia que realmente nos preocupa a los madrileños: la ley que busca la plena integración de las personas transexuales. Podían haber hablado de la blasfemia de tomar el nombre de Dios para cometer sacrificios humanos, un tema que podían haber ilustrado no sólo con los recientes atentados de Bruselas sino con toda una ponencia histórica ilustrada con ejemplos sacados del islam, el budismo, el judaísmo, el chamanismo y el cristianismo, más un análisis exhaustivo de las torturas de la Inquisición y las hogueras del Santo Oficio. Podían haber explicado la paradoja de celebrar durante estos días el ajusticiamiento en la cruz de un pobre galileo no muy distinto a los miles y miles de refugiados que pasan hambre y frío a las puertas de Europa. Podían haber señalado la hipocresía que supone salir a adorar a un ídolo de palo mientras se dejan de cumplir los preceptos esenciales del cristianismo: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino.

En cambio, en una interpretación genital de los Evangelios, ambos obispones han decidido crucificar transexuales, instaurar el odio y olvidar la equívoca lección de amar al prójimo como a uno mismo, trazando una línea de demarcación entre los transexuales y las demás personas. El siguiente paso será exigirles que lleven cosido a la ropa un triángulo rosa como en los tiempos del nazismo, un régimen mucho más afín a las enseñanzas del catolicismo que el de Manuela Carmena. Lo han hecho, además, con una prosa de tabernáculo digna de adornar el manual de instrucciones de un copón: “El concepto de libertad presente en esta ley aboca a un pensamiento totalitario: la absolutización de la voluntad que pretende ser la única creadora de la propia persona y la absolutización de la técnica transformada también en un poder prometeico e ideológico”. Por un momento creí que estaba leyendo la crítica de la última de Batman.

DOCUMENTACIÓN
Carta íntegra de los obispos de Getafe y Alcalá de Henares contra la Ley de Transexualidad.

Reflexiones pastorales sobre la 'Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y No Discriminación de la Comunidad Autónoma de Madrid'.
El Mundo, 2016-03-23
http://www.elmundo.es/madrid/2016/03/23/56f28c4e268e3e2a738b466a.html
Polémica por las críticas de tres obispos a la Ley de Transexualidad.
El Observatorio Español contra la Lgbtfobia ha puesto la carta en conocimiento de la Fiscalía de Delitos de Odio.
S.L. | ABC, 2016-03-23
http://www.abc.es/espana/madrid/abci-polemica-criticas-tres-obispos-ley-201603232319_noticia.html