Mostrando entradas con la etiqueta 690628-Stonewall. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 690628-Stonewall. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de abril de 2025

#hemeroteca #lgtbi #memoria | La rebelión del Stonewall de 1969: la noche en que el colectivo LGTBI dijo basta y cambió la historia para siempre

Lo que sucedió en Stonewall fue la primera chispa de una rebelión más grande //

La rebelión del Stonewall de 1969: la noche en que el colectivo LGTBI dijo basta y cambió la historia para siempre

La redada del 28 de junio de 1969 provocó una respuesta inédita de las personas presentes, que se enfrentaron a la policía cansadas de los abusos, marcando el inicio visible de una lucha organizada
Héctor Farrés | El Diario, 2025-04-01
https://www.eldiario.es/spin/rebelion-stonewall-1969-noche-colectivo-lgtbi-dijo-basta-cambio-historia-pm_1_12180593.html

Tener que esconderse para existir. Bailar en la penumbra, mirar con disimulo, besar de reojo. A finales de los años 60, ser gay en Nueva York implicaba vivir a la contra, incluso cuando caía la noche. No era una cuestión de estilo de vida, sino de supervivencia.

Las leyes no protegían, la policía no disimulaba y la ciudad no perdonaba. Sin embargo, en medio de tanta hipocresía, había un local donde todo eso quedaba suspendido durante unas horas.

El ‘Stonewall Inn’ no ofrecía lujos, pero sí refugio. Martin Boyce, que frecuentaba el bar, lo definió así: “El bar era un tugurio, feo, sin agua corriente detrás de la barra... si conocías el bar y tenías una botella de cerveza o una lata, las limpiabas porque podías pillar hepatitis por las bebidas”. A pesar de su precariedad, era uno de los pocos espacios donde personas homosexuales podían bailar sin miedo, algo que en otros locales estaba explícitamente prohibido.

Estaba en el corazón del Greenwich Village, un barrio vibrante que reunía a artistas, estudiantes, ‘drag queens’ y adolescentes que habían sido expulsados de sus casas. Era también un negocio manejado por la mafia, que sacaba tajada de la falta de protección legal hacia el colectivo: cobraban entradas, servían alcohol sin licencia y chantajeaban a clientes con alto poder adquisitivo para no revelar su orientación sexual.

El estallido de una rabia acumulada durante años
La madrugada del 28 de junio de 1969, la redada policial se topó con algo distinto. No era la primera vez que entraban a desalojar, pero esta vez la gente no se dispersó. Según contó Boyce, “por alguna razón que ni siquiera ahora puedo explicar, empezamos a dar pasos hacia él”, refiriéndose a uno de los agentes. “Pestañeó, tragó saliva y se dirigió hacia dentro del bar”, aseguró. Fue el punto de inflexión.

Lo que comenzó con empujones acabó en una confrontación abierta entre la policía y quienes estaban hartos de esconderse. Las ‘drag queens’ lideraron el pulso desde la calle, algunos lanzaron monedas, después ladrillos. Otros, como el activista Marty Robinson, decidieron organizar la respuesta: con tiza, escribió en el suelo ‘Mañana por la noche en Stonewall’ para convocar a más personas.

Durante los días siguientes, la protesta se multiplicó. Cientos se sumaron frente al local, se enfrentaron a los antidisturbios, formaron barricadas, improvisaron coros y coreografías en medio de la tensión. Boyce relató que uno de los momentos más extraños fue cuando, frente a los refuerzos policiales, varias personas se tomaron de los hombros y comenzaron a cantar ‘Somos las chicas del Village’ mientras levantaban las piernas como en un musical. Cuando llegó la carga policial, él mismo recibió un golpe en la espalda que no notó hasta el día siguiente.

El Orgullo como respuesta política al silencio impuesto
Lo que ocurrió no fue un hecho aislado. Venía precedido de años de persecución legal: en casi todo Estados Unidos, las relaciones homosexuales eran ilegales. En Nueva York, bastaba con vestirse con ropa considerada del ‘sexo opuesto’ para ser detenido. Las terapias con descargas eléctricas eran legales hasta 1973. En ese contexto, Stonewall fue solo la chispa que encendió una indignación latente. “Simplemente fue la noche en la que se encendió la mecha”, reconoció Boyce.

Un año más tarde, el 28 de junio de 1970, se organizó en Central Park la primera marcha del Orgullo, ideada por quienes comprendieron que aquella rabia espontánea tenía que canalizarse. Eric Marcus, autor del libro ‘Haciendo historia: La lucha por la equidad de derechos para gays y lesbianas 1945-1990’, lo resumió con claridad: “El Stonewall convirtió un movimiento pequeño y localizado en un gran movimiento nacional que se expandió por todo el mundo”.

La reapertura del local como gesto de memoria activa
Décadas después, el local reabrió. En 2007, Kurt Kelly y Stacy Lentz se hicieron con el espacio con la intención de preservar su significado. “Queríamos recuperar la historia, que fuera tratado y respetado como debía, porque no lo estaba siendo”, explicó Kelly. Desde entonces, el nuevo Stonewall combina espectáculos de ‘drag’, conciertos y cabaré con una vocación activista.

Lentz, muy comprometida con la defensa de los derechos LGTBI, amplió el alcance del local para que representara a las mujeres lesbianas y que ellas se sintieran bienvenidas, corrigiendo el sesgo masculino que arrastraba el bar.

Hoy es un lugar restaurado, con barra de madera, banderas arcoíris y visitas de figuras públicas. Pero lo importante no está en el decorado, sino en la memoria que conserva. El verdadero legado del Stonewall no fue la resistencia puntual, sino la conciencia colectiva que surgió a partir de ella. La idea de que no hacía falta esconderse para vivir.

jueves, 8 de abril de 2021

#hemeroteca #lesbofobia | Absolvieron a Mariana Gómez, detenida por besar a su esposa en el subte

Imagen: Página12 / Mariana Gómez y Rocío Girat

Absolvieron a Mariana Gómez, detenida por besar a su esposa en el subte.

La joven había sido condenada a un año de prisión: Casación revocó el fallo y destacó que fue un hecho de "discriminación" por parte de la Policía porteña.
Adriana Carrasco | Página12, 2021-04-08
https://www.pagina12.com.ar/334289-absolvieron-a-mariana-gomez-detenida-por-besar-a-su-esposa-e 

En un fallo que sienta un precedente en la lucha contra la discriminación por motivos de género y clase social y contra el abuso de autoridad policial, la Sala II de la Cámara Nacional de Casación Penal absolvió hoy a Mariana Gómez de los delitos de resistencia a la autoridad y lesiones leves.

El abogado defensor de Mariana Gómez, Lisandro Teszkiewicz, consideró que se trata de un fallo señero en la jurisprudencia argentina porque el tribunal de Casación reconoce que “Mariana Gómez no cometió resistencia a la autoridad, ya que la autoridad se comportó de manera ilegítima. Mariana no es culpable de ningún delito porque se defendió legítimamente de una discriminación ilegítima”.

La causa penal contra Mariana Gómez comenzó el 2 de octubre de 2017. Aquel día Mariana Gómez y su esposa, Rocío Girat, conversaban y fumaban mientras se despedían en el Centro de Trasbordo de la línea C de subtes, en Plaza Constitución. Rocío Girat lloraba porque estaba próxima a enfrentar en un juicio a su padre, un oficial de la Armada que abusó de ella durante años. Un empleado de Metrovías observó a la pareja lesbiana durante varios minutos. Molesto porque una de las jóvenes lloraba, interpretó por su cuenta que, como una de ellas tenía aspecto algo masculino, “estaba haciendo sufrir” a su novia de apariencia más femenina. El empleado le pidió al policía con el que tenía confianza, Jonatan Rojo, que se ocupara de la lesbiana con aspecto masculino. Llovía y muchas personas fumaban en la estación de transbordo, pero el oficial Rojo solamente increpó a Mariana Gómez, tratándola de “pibe”, para que dejara de fumar. Mariana respondió: “Termino el cigarrillo y me voy”. Y cuando la joven lesbiana intentaba irse, Jonatan Rojo se lo impidió, le tocó un pecho empujándola mientras le decía “pibe, vos no te vas”. El oficial convocó a la policía Karen Villarreal y entre ambos redujeron a Mariana Gómez, ante los pedidos desesperados de Rocío Girat, a quien los policías no quisieron reconocer como esposa de la detenida, y el pedido de auxilio de Mariana Gómez, que clamaba porque el oficial Rojo le apoyaba la rodilla con todo el peso de su cuerpo sobre la espalda y no le permitía respirar.

La magistrada encargada de juzgar en primera instancia a Mariana Gómez, la jueza Marta Yungano (Tribunal Oral en lo Criminal 26), tomó en cuenta únicamente el testimonio del policía Jonatan Rojo, que estaba en concordancia con el testimonio del empleado de Metrovías José María Pérez, y desestimó tanto los testimonios de la mujer policía Karen Villarreal, que no apoyó los dichos de su compañero, como de las personas que presenciaron la detención arbitraria de Mariana Gómez y se presentaron a declarar en favor de la acusada.

Durante el desarrollo de las audiencias pudo advertirse que la jueza Marta Yungano prácticamente tomó al pie de la letra la acusación de la fiscal Diana Goral. La jueza Yungano eligió el 50º aniversario de la revuelta de Stonewall, considerada la fecha inicial del movimiento de liberación lgtb, para difundir los fundamentos de la sentencia que condenaba a Mariana Gómez a un año de prisión por resistencia a la autoridad y lesiones. Acto considerado una afrenta de una integrante del Poder Judicial hacia el movimiento lgtb argentino.

Finalmente, la Sala II de la Cámara de Casación Penal, integrada por los jueces Horacio Dias, Eugenio Sarrabayrouse y Daniel Morín, revocó hoy el fallo de primera instancia.

El abogado defensor de Mariana Gómez, Lisandro Teszkiewicz, consideró que “este fallo de Casación es señero para la jurisprudencia argentina. Hubo un voto unánime en lo que hace al delito de resistencia a la autoridad, en donde los tres jueces reconocen que la jueza de grado (Marta Yungano) hizo una selección arbitraria de la prueba, que descartó los testimonios claros, precisos, verídicos y sin ningún interés, de gente que pasaba por el lugar y que terminó siendo testigo en la causa, para basar su decisión únicamente en el testimonio de un policía. Pero más aún, los tres jueces por unanimidad reconocen que existió un accionar discriminatorio por parte de un oficial de la Policía de la Ciudad y que este accionar discriminatorio fue desplegado en el marco de la ilegitimidad. Y que por lo tanto, Mariana Gómez no fue responsable de resistencia a la autoridad, ya que la autoridad se comportaba de manera ilegítima”.

“Lo que los jueces nos están diciendo es que discriminar por razón de sexo o de género a cualquier persona en la República Argentina es ilegítimo. Y que las autoridades no pueden discriminar a los habitantes. Es un argumento liberador para todas las sexualidades no heteronormadas”, manifestó Teszkiewicz.

Fueron cuatro años de proceso contra Mariana Gómez, que en palabras de su abogado solo se explican porque “es mujer, lesbiana y pobre. Fue la única justificación para que este proceso se llevara adelante”. Ni siquiera la oficial Karen Villarreal promovió acción penal por el delito de lesiones leves contra Mariana Gómez. La fiscal Goral y la jueza Yungano se empecinaron en demostrar una intención de Mariana Gómez de dañar a la oficial que nunca existió.

jueves, 25 de junio de 2020

#libros #lgtbi #activismo | Orgullo : la lucha por la igualdad del movimiento LGTBI+

Orgullo : la lucha por la igualdad del movimiento LGTBI+ / Matthew Todd ; traducción de Mariano Tapas Aparicio.
Madrid : Anaya Multimedia, 2020 [06-25].
192 p.
Serie: Libros Singulares.

/ ES / EN* / Libros / ENS / Activismo / Cultura LGTBI / Derechos / LGTBI / Stonewall / Testimonios
📘 Ed. impresa: ISBN 9788441542174 / 29,95 €
Cita APA-7: Todd, Matthew (2020). Orgullo: la lucha por la igualdad del movimiento LGTBI+. Anaya Multimedia.

[.es] En junio de 1969, la policía hizo una redada en el Stonewall Inn, un bar gay de Nueva York. Nacía entonces el movimiento que luchó por la igualdad de derechos para la comunidad LGTBI. 'Orgullo' cuenta lo que ocurrió aquella noche, y los disturbios que se produjeron en los días y noches siguientes, así como el consiguiente nacimiento del activismo LGTBI y los cincuenta años posteriores en los que tanto gente corriente como activistas dedicaron sus vidas a cambiar la posición que la sociedad tenía con respecto a nuestra comunidad. 'Orgullo' recoge los momentos clave en la lucha por la igualdad de la comunidad LGTBI, desde los triunfos de los primeros activistas a la aprobación de leyes contra la discriminación, recogiendo el gradual aumento de la aceptación de la comunidad LGTBI en mundo como el de la política, el deporte, la cultura o los medios de comunicación. Se han incluido imágenes y documentos poco conocidos referidos a algunos de esos momentos clave del movimiento, además de testimonios personales de figuras fundamentales abordando diferentes aspectos. Desde Maureen Duffy rememorando los inicios del movimiento a Asifa Lahore reflexionando sobre la religión. Jake Shears habla sobre música, Will Young sobre problemas mentales y Paris Lees sobre la imagen pública de los transexuales. 'Orgullo' es una celebración diferente de la cultura LGTBI, pero también un repaso a los desafíos a los que nos enfrentamos como comunidad. Pretende igualmente dejar constancia de que la igualdad de derechos de la que muchos disfrutamos es el resultado de la pasión y la constancia de los que formamos parte de este movimiento social de masas.

viernes, 8 de noviembre de 2019

#hemeroteca #lgtbi #cultura #memoria | Contra la supremacía hetero, un siglo de arte 'queer'

Imagen: El Mundo / 'Golden Shower's', de Ashley Hans Scheirl
Contra la supremacía hetero, un siglo de arte 'queer'.
Rocío R. García-Abadillo | Eme, El Mundo, 2019-11-08
https://www.elmundo.es/eme/2019/11/08/5dc306c8fdddff83ba8b45a3.html

En los años 80, una tal Dorothy traía de cabeza al NCIS (Servicio de Investigación Criminal Naval) de la Marina de EEUU. Investigaban la homosexualidad en Chicago y pensaban que esa misteriosa mujer estaba en el centro de un círculo gay dentro del personal militar, ya que los homosexuales a veces se denominaban a sí mismos como "amigos de Dorothy" (en inglés, abreviado FOD).

El término era un código para la homosexualidad masculina, que fue acuñado en los años 40, y su origen podría ser el filme ‘El mago de Oz’ (1939), donde Judy Garland, que interpretaba a Dorothy, se convirtió en un icono gay. "Amigo de Dorothy" y "Mary" funcionaron como códigos para poder hablar de su vida personal o sexual sin problema -así, no sonaría raro escuchar a un hombre decir "he tenido una cita con Mary"-. Códigos y referencias míticas para camuflarse ante los extraños.

La pintura ‘A friend of Dorothy, 1943’, creada en 1986 por David McDermott y Peter McGough, refleja diversas palabras que servían como insulto (reina, hada, maricón...) sobre un fondo amarillo en el que destaca en rojo la palabra "Mary": el código con el que se llamaban los homosexuales frente a los insultos que se usaban para denominarlos.

Es una de las 250 obras entre pinturas, fotografías, murales y carteles activistas que recoge el libro ‘Art & Queer Culture’. Coincidiendo con el 50 aniversario de los disturbios de Stonewall, la editorial Phaidon ha publicado una edición revisada y actualizada de su histórico estudio sobre la cultura ‘queer’ en los últimos 130 años. Con ensayos de Richard Meyer y Catherine Lord, añade un capítulo titulado ‘Here and Now’, que pone de relieve la nueva visibilidad de los artistas inconformistas en materia de género.

El libro expone solo una obra por artista, sin considerar si es la más importante en su carrera ni si tienen o no una amplia trayectoria artística. Se incluyen figuras conocidas como Francis Bacon, Catherine Opie y Félix González-Torres, pero también artistas menos célebres como Celeste Dupuy Spencer, Lola Flash y Jim Chuchu. Nombres consagrados y ‘underground’; obras exhibidas abiertamente bajo la firma de las bellas artes y otras restringidas o destinadas a audiencias privadas.

Aunque el término ‘queer’ es moderno -entendiendo el término como aquello que reta la heteronormatividad cisgénero-, su significado se extiende mucho más atrás en el tiempo. Desde Oscar Wilde y su ‘Retrato de Dorian Gray’ hasta Susan Sontag y su “Notes on 'Camp'”, pasando por las Molly House del Londres del siglo XVIII o las ‘drag balls’ de Harlem en los años 20, la negativa a las normas sociales y sexuales ha alimentado la creación de arte ‘queer’ de todo el período moderno.

Meyer y Lord se dividen la obra en dos mitades -Meyer se encarga del período entre 1885 y 1980 y Lord de 1980 a nuestros días- por una cuestión práctica: hay tanto arte y cultura ‘queer’ en los últimos 30 años como en el siglo anterior. En ese recorrido, los autores explican los distintos momentos que atraviesa el movimiento gay, en los que se van encuadrando las obras.

La década de los 50 es considerada la más conservadora políticamente y expresamente homófoba del s. XX, con medidas represivas como listas negras o arrestos, que llevaron a una respuesta más organizada por parte de los productores culturales ‘queer’. Esos grupos sentaron las bases de lo que llegaría en los 60-70, una cultura activista con la formación de vínculos entre los movimientos sociales radicales de la época: el pacifismo, el feminismo y el ‘black power’.

El movimiento gay pronto se convirtió en internacional. Los 80 estuvieron marcados por el sida, del que se culpó al colectivo en un primer momento hasta que se fueron conociendo casos entre heterosexuales. La imagen que se transmitía de las personas con sida era de moribundos y demacrados y el reto de los artistas ‘queer’ -muchos de ellos seropositivos o amigos/amantes de quienes lo fueron- fue el de crear representaciones empáticas y positivas. En España hubo silencio hasta los 90, cuando el escultor y artista ‘performance’ Pepe Espaliú, enfermo de sida, plantó una semilla de visibilidad para las personas con sida en nuestro país: con su ‘Carrying Project’, organizó a amigos y conocidos para llevarle en brazos por las calles de Madrid.

Mucho más amable para la comunidad LGTBIQ y, por tanto, para el arte ‘queer’, han sido los 2000, donde se han ido visibilizando las personas transgénero. Pero no olvidemos que esta obra se centra en artistas anglófonos y europeos. En muchas partes del mundo donde la homosexualidad sigue siendo un delito, el arte ‘queer’ quizá siga tirando de códigos tipo "Mary" para expresarse con cierta libertad.

jueves, 22 de agosto de 2019

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Una ruta por los orígenes de la lucha LGTBI

Imagen: Público / Leopol Estapé (c) en una de sus rutas LGTBI por Barcelona
Una ruta por los orígenes de la lucha LGTBI.
Yeray S. Iborra | El Quinze, Público, 2019-08-22
https://temas.publico.es/el-quinze/2019/08/22/una-ruta-por-los-origenes-de-la-lucha-lgtbi/

El Centre LGTBI de Barcelona organiza paseos, proyecciones y una exposición fotográfica para recuperar la memoria del colectivo en la capital catalana. El equipamiento municipal muestra las conexiones entre Barcelona y Stonewall

La escena es homologable a la de cualquier otro paseo turístico: curiosos, con la mandíbula floja, boquiabiertos ante las explicaciones del guía; cámaras disparando sin descanso o, en su defecto, móviles de gama alta que comparten fotos en grupos de WhatsApp. Y botellas de agua destapándose al unísono, para no achicharrarse. En la capital catalana, instalada en el imaginario de medio planeta como una ciudad con muchos puntos de interés, se suceden las rutas turísticas. Pero esta es diferente, al menos en aquello que destaca. El Centre LGTBI de Barcelona organiza este verano varios paseos que no pretenden resaltar las joyas del modernismo, rincones con encanto del casco antiguo o los mercados del centro, sino que quieren recuperar la memoria de las luchas de ese colectivo en la ciudad.

La actividad de este sábado de verano, un paseo que resalta la memoria de la persecución del colectivo LGTBI, se enmarca en el ciclo ‘#BarcelonaStonewall, 50 años de orgullo y liberación’. Se trata de una serie de eventos gratuitos con los que el equipamiento municipal, inaugurado la legislatura pasada durante el Gobierno de Barcelona en Comú, quiere conmemorar el aniversario de la revuelta de Stonewall, el nacimiento del movimiento LGTBI a escala internacional. Las manifestaciones contra la redada policial que tuvo lugar la madrugada del 28 de junio de 1969 en un pub llamado Stonewall Inn, en el barrio neoyorquino de Greenwich Village, se consideran la primera vez que el colectivo LGBTI luchó contra la discriminación social, policial y política. Por eso los disturbios de Stonewall se consideran el primer precedente moderno de movilización de la comunidad.

La efeméride ha llevado al centro a recuperar la memoria de dicho evento, una excusa para cuestionarse también cómo empezó a alzar la voz el colectivo en Barcelona, destacan los organizadores. El eje conductor de #BarcelonaStonewall es una exposición que se completará en las próximas semanas con las citadas rutas y algunas proyecciones de cine.

De Stonewall a Barcelona
La muestra, visitable hasta octubre en el Centre LGTBI de Barcelona, ubicado en la calle Comte Borrell 22, se ha realizado con material fotográfico proveniente del Centro de Documentación de la LGBT de Nueva York, el Archivo Municipal de Barcelona y la colección de la fotógrafa barcelonesa Colita. A través de una treintena de imágenes, la exposición muestra las primeras manifestaciones que se empezaron a organizar en Nueva York un año después de la redada policial en el Stonewall Inn, conocidas como el Christopher Street Liberation Day, así como otras expresiones de activismo y movilización incipientes en torno a la lucha por los derechos LGTBI.

La exposición también incluye imágenes de la histórica manifestación del colectivo LGTBI de Catalunya que tuvo lugar en 1977 en la Rambla de Barcelona. A partir de material histórico conservado en el Centro de Documentación Armand de Fluvià y el Centro de Documentación de Ca la Dona, la muestra contextualiza el ambiente político y social en el que se llevó a cabo esa primera protesta, y establece –según los organizadores– “un paralelismo con el caso neoyorquino para retratar cómo Barcelona y Nueva York han sido históricamente referentes de la lucha por los derechos civiles y plataformas de visibilidad de los colectivos que han hecho de estas metrópolis los escenarios de sus reivindicaciones”.

“A pesar de la situación que se vivió en España en el tardofranquismo, Barcelona era también un referente de libertad. Y lo fue especialmente tras la convocatoria de la primera manifestación del Front d’Alliberament Gay, una marcha a la que se unió toda la diversidad LGTBI, así como el conjunto de organizaciones de izquierdas de aquel momento”, relata João França, periodista y autor del documental ‘El fil rosa’ (2018), que recuerda, además, el impacto que la convocatoria de la capital catalana tuvo incluso en Estados Unidos, como mostró la película 'Milk' (2008). Estrenada en España como ‘Mi nombre es Harvey Milk’, relataba la historia de este político de San Francisco, férreo defensor de los derechos civiles de los homosexuales. En el filme, uno de los protagonistas ensalza la lucha de los gays de Barcelona en los setenta.

Curiosidades calle a calle
La exposición fotográfica 'De Stonewall a Barcelona' no será la única inmersión que el Centre LGTBI realizará en la recuperación de los orígenes de la lucha del colectivo en Barcelona. El ciclo #BarcelonaStonewall también propone varias rutas temáticas coordinadas por el historiador Leopold Estapé. La primera, ‘La memoria de la persecución’, tuvo lugar a finales de julio y, según destaca el guía, fue un “éxito de público”. “Había gente de todas las edades, y no sólo personas del colectivo”, matiza. Para Estapé, experto en historia LGTBI y hacedor habitual de paseos turísticos sobre esta temática, lo más importante es la inclusión: de poco sirve hacer un recorrido si todos los que escuchan ya se saben la historia, defiende. “Estas rutas van dirigidas al conjunto de la población de Barcelona, ​​no sólo al colectivo LGTBI. Intento utilizar referencias literarias y llevarlos a una realidad de hace 40 años, algo que quizá desconocen. Tengo que acercarlos a los relatos”, ahonda Estapé. Citas, anécdotas y referencias pop, todo cabe en la maleta de Estapé para hacer llegar su mensaje a la gente.

“Había mucha gente joven. ¡Y chicas!”, exclama el historiador, y lo aclara: “Una de las grandes dificultades es explicar la vida de las lesbianas. Si por algo se ha hecho fuerte esta ciudad es porque las mujeres querían ser libres. Pero, en cambio, olvidamos a las mujeres lesbianas”. El objetivo pasa, según el experto, por rascar en lo alternativo dentro del propio colectivo, que en este caso es la lucha de las mujeres lesbianas por su reconocimiento.

El paseo, que transcurrió en un ambiente distendido, permitió al historiador –y a las casi cuarenta personas que le acompañaron– atajar los escenarios más notables de la memoria colectiva de la diversidad sexual y de género en la ciudad: las cárceles, los conventos y, también, los burdeles. Estapé aprovechó para -hablar de personajes tan dispares como la Candela –nacida en Sevilla, instalada en Barcelona y a quien le aplicaron la ley de vagos y maleantes por salir a la calle maquillada con colorete y pintalabios en 1960–; Rafael de León –autor de la letra de ‘Ojos verdes’, amigo del cantante homosexual Miguel de Molina y habitual de la noche barcelonesa de los años 30–; Jean Genet –autor de 'Diario de un ladrón', ambientado en el Barrio Chino de los 40 y en el que se empieza a usar el término ‘carolinas’ para referirse a los travestis– o el mismísimo Pablo Picasso –que inmortalizó a ‘Las señoritas de Avignon’, en referencia a un prostíbulo ubicado en la calle Avinyó, y del que se recuerda un intenso romance con un joven de su edad en Horta de Sant Joan–. El guía dedicó especial atención a la glorieta de la transexual Sonia Rescalvo –en el parque de la Ciutadella–, asesinada en un crimen de odio a principios de los años 90 y que trabajó en el Teatre Arnau.

De hecho, Estapé podrá ahondar en la historia de Sonia en el próximo ‘tour’, que tendrá lugar a mediados del mes de septiembre. La ‘Barcelona trans’ –así se llamará la ruta– propondrá un itinerario que saltará por diferentes épocas históricas para reconstruir la aportación que los referentes trans han hecho a lo largo de los años, desde la Barcelona del siglo XVI hasta bien entrado el siglo pasado. Estapé se detendrá, por ejemplo, en el transformismo del Paral·lel, una zona de Barcelona especialmente fructífera para el historiador, que en más de diez años realizando este tipo de visitas ha confeccionado un listado de unos cien puntos de interés. “Este año ha sido con el tema de Stonewall, pero también estaré liado con los 40 años de la despenalización de la homosexualidad: se ha hecho una exposición que ha pasado por varios centros cívicos”, recuerda.

Los recorridos del Centre contemplan una última actividad: la ‘Ruta literaria LGTBI’, que se hará a principios de octubre con 14 referencias literarias y localizaciones relacionadas con textos y experiencias de vida de autores como Federico García Lorca, Anna Maria Moix, Josep Maria de Sagarra o Gabriel J. Martín. Las rutas de Estapé se encuentran en un lugar preferente de lo que se ha venido a llamar ‘paseos críticos’. Pero no es la única propuesta del estilo en la capital catalana: desde 2012, existen las Rutas de la Barcelona Rebelde, cuyos ejes son las mujeres, la memoria histórica o la movilización antifranquista. Son ‘tours’ privados, paseos que buscan entretener, pero también concienciar. Otra forma de aprender mientras se hacen piernas.

lunes, 19 de agosto de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #stonewall | El caso de Stonewall y cómo nació el movimiento del orgullo gay

Imagen: El Mundo / Marty Robinson, activista gay, un mes después de Stonewall, 1969
El caso de Stonewall y cómo nació el movimiento del orgullo gay.
Gonzalo Ugidos | El Mundo, 2019-08-19
https://www.elmundo.es/yodona/lifestyle/2019/08/18/5d514b36fdddff85178b4623.html

Si a alguien le quedan dudas de por qué el Día Internacional del Orgullo se celebra a finales de junio, en la sexta entrega de nuestra saga del verano queda aclarado. En dicho mes, hace ahora medio siglo, una redada policial en un antro nocturno, santuario de homosexuales y otros 'apartados' de la sociedad más tradicional, fue la mecha que encendió el movimiento de reivindicación de derechos de este colectivo, hasta entonces criminalizado.

La madrugada del 28 de junio de 1969 en Nueva York, la oveja plantó cara al lobo. En palabras del poeta gay Allen Ginsberg fue la noche "en que los maricas perdieron su cara de miedo". Los homosexuales se extrañaron de su propio milagro, pero muy poco, porque la rabia había alcanzado masa crítica y desencadenó una catalítica explosiva, como cuando arrimas la lumbre al gas.

El Stonewall Inn, en el 53 de la calle Christopher del Greenwich Village neoyorquino, había abierto sus puertas en 1967 como club gay nocturno dirigido por la mafia. El clan de los Genovese invertía en estos tugurios 'underground' para vender alcohol manipulado, tabaco de contrabando y ese tipo de delicatessen. El garito no tenía salida de emergencia, el alcohol era de juzgado de guardia -bautizado y encima caro-, y de la higiene mejor no hablar: los vasos se enjuagaban en tinas con agua sucia, como para jugar a la ruleta rusa con la hepatitis. Cutre y ruidoso era, sin embargo, muy popular: el santuario de los que eran demasiado jóvenes, demasiado pobres o demasiado amanerados para ir a otra parte. A las reinas del cuero, pipiolos afeminados de espinilla rebelde, osos de pelo en pecho, drags, cachorros trans y demás forajidos sexuales les parecía guay por su tolerancia, por sus espectáculos y porque era uno de los pocos bares de ambiente en donde se podía bailar. Allí se sentían en su salsa, podían ser ellos mismos, respiraban libertad y compartían su calvario. Se escuchaban historias de gais que por culpa de la pluma habían sido despedidos del ejército y habían terminado sus días como chaperos; de lesbianas que habían perdido su trabajo por un arrumaco y habían fingido que todo estaba bien porque no podían ver la manera de cambiarlo: tenían miedo.

A pesar de que los dueños del Stonewall untaban a la policía con generosos sobornos, no eran raras las redadas so pretexto de que el local violaba la ley con demasiado descaro o, simplemente, para que la pasma sacara más tajada. O porque era año electoral, como el de 1969, y el alcalde quería enjabonarse ante la prensa.

Aquella noche, unos doscientos clientes -trans, drags, boys y hasta tipos convencionalmente trajeados- estaban bailando el frug, un tipo de rock en el que apenas se mueven los pies. Se comían con los ojos a los go-go boys o buscaban plan cuando irrumpió la bofia. Se esperaba lo normal en esos casos: algún que otro grito y algún arañazo al arrastrar a las locas fuera del local para ficharlas por vestirse de mujer. Lo previsible era que la mayoría de los clientes se identificara y se esfumara rápidamente. Pero no fue eso lo que pasó aquella calurosa noche de fin de semana.

En su libro 'Stonewall', cuenta David Carter que Seymour Pine, inspector adjunto de la policía de Nueva York, estaba decidido a cerrar el local que, sin serlo, pretendía ser un bottle bar (un club privado que no servía alcohol pero donde los clientes podían llevar sus botellas). El martes 24 de junio, Pine entró y confiscó todas las botellas, pero cuando se fue, el gerente Michael Fader se jactó de que volvería a abrir al día siguiente. Pine se fue picado, en parte porque sabía que era verdad. De hecho, el bar abrió el miércoles y Pine rumió el contragolpe. Volvió en la noche del viernes 28 al sábado 29 con ganas de guerra y un plan meticuloso: obtuvo una orden de registro, colocó agentes de paisano dentro del bar e invitó a presenciar la operación a los funcionarios municipales y federales concernidos.

A la una y veinte de la madrugada, Pine y su escuadrón del vicio llegaron a las puertas dobles del bar. La música se apagó, las luces principales se encendieron y comenzó el baile cuando la pasma se incautó de veintiocho cajas de cerveza y diecinueve botellas de licor. Eran la prueba de cargo de que el Stonewall no era un bottle bar. Ordenaron a los clientes alinearse contra la pared e identificarse, aquellos cuyo sexo no estuviera claro serían llevados a un reservado para verificarlo. Los intersex y las drags se negaron a acompañar a los agentes al reservado. Otros clientes tenían buenos motivos para no identificarse y empezaron a gritar y a maldecir a los asaltantes. Cuando los iban a llevar a comisaría, Marsha P. Johnson, una negra trans, se opuso con poca diplomacia: lanzó una botella al espejo. Marsha celebraba en el local su 25 cumpleaños y, como muchas mujeres trans, actuaba como drag queen. Su gesto marcó un antes y un después porque su botellazo mostraba el camino a la resistencia: algunos clientes se escabulleron, pero la mayoría se quedó para armar alboroto.

Fuera del local se había concentrado una multitud de unos seiscientos aliados y a Pine no le llegaba la camisa al cuello. Corrió el rumor de que en el interior la poli se había liado a golpes y uno de los espectadores gritó: "¡Poder gay!", alguien comenzó a cantar 'We Shall Overcome' [un tema de gospel que con el tiempo se convirtió en canción protesta] y, dispuestos a vencer, el himno se multiplicó en boca de todos. La policía arrestó a algunos, entre ellos al cantante Dave Van Ronk que, aunque no era gay, conocía bien la violencia policial por haber participado en manifestaciones contra la guerra de Vietnam: "Cualquiera que se enfrentara a la bofia me tenía de su lado, por eso me quedé", dijo resumiendo el credo de tantos.

Cuando sacaron a la primeras locas esposadas, Stormé DeLarverie -lesbiana marimacho, drag king, cantante y guardaespaldas- llevó la tensión a su punto de ebullición luchando cuerpo a cuerpo contra los agentes, que la zurraron de lo lindo. Cuando la metían en el furgón, se volvió hacia la multitud y gritó: "¿Por qué no hacéis algo?". Los gais y sus aliados podían hacer algo, por supuesto, a fin de cuentas eran muchos más que los polis. Una andanada de piedras, monedas, botellas de cerveza, latas, cubos de basura y ladrillos cayeron sobre los guardianes de la ley. Se pincharon neumáticos y se arrancaron parquímetros del pavimento, que usaron como arietes. No lograban identificar qué sentimientos estaban experimentando: oscilaban entre el triunfo y el miedo; pero sobre todo estaban a tope de adrenalina.

Con la pistola desenfundada, la policía tuvo que refugiarse en el bar y los insurrectos le pegaron fuego, hubo que llamar a los antidisturbios y a los bomberos. La escena era tan incendiaria, y al tiempo tan mística, que Sylvia Rivera, una drag queen portorriqueña de 17 años, gritó: "¡Es la revolución!". Fue de las más activas en la pelea, dominaba la técnica de tocar los huevos lanzando botellas. La peña del bar estaba compuesta de blancos, negros e hispanos, y aunque había pocas mujeres trans, lesbianas dyke y drags fueron las más decididas, el auténtico catalizador de los disturbios.

A las cuatro de la mañana, el Stonewall estaba en ruinas y las calles tranquilas. Parecía que todo había terminado; pero de eso nada. El espíritu Stonewall se reactivó la noche siguiente, y la siguiente, y la otra. Los que habían salido del armario no querían volver a entrar. No se había visto nada igual desde el Boston Tea Party.

Unos días después se fundó en Nueva York el Frente de Liberación Gay y, muy pronto, en otras ciudades otros grupos ya estaban predicando el "orgullo gay", enfrentándose a la poli y exigiendo que se cambiaran las leyes. De la noche a la mañana, surgieron cabeceras como 'Come Out', en Nueva York, 'Fag Rag' en Boston, 'Gay Sunshine' en San Francisco, todas con el mismo mensaje: la homosexualidad no era una enfermedad, una "perversión" o una forma inferior de sexualidad, era hora de que los gais dejaran de menospreciarse a sí mismos. Había que acabar con la ocultación de las preferencias sexuales, los hombres y mujeres homosexuales que fingían no serlo entorpecían la lucha, perpetuaban las prácticas discriminatorias de contratación y despido, y nutrían el hampa sórdida de bares gais, chantaje sexual y extorsión policial. El 'Manifiesto Gay' de Carl Wittman comparaba a los "maricas vergonzantes" con los Tíos Tom negros, cipayos que tenían la astucia del proscrito y su camuflaje. Wittman captó la idea, había llegado el tiempo de dejar de huir de "polis chantajistas, de familias que nos repudian o nos toleran, de rufianes que nos maltratan".

Antes de la rebelión en el Stonewall, todas las semanas más de un centenar de homosexuales eran detenidos en Nueva York. Travestirse o las demostraciones públicas de afecto podían resultar en graves acusaciones con cárcel o multa. Ser gay era tan ilegal como robar coches o asaltar bancos. Por eso vivían dentro del armario. El miedo los mantenía a raya, les impartía lecciones de moral. Después de Stonewall, el 'Manifiesto Gay' pedía que salieran a la luz del día: "No os escondáis más, salid".

Y lo hicieron. Salieron en tropel. La perpleja Norteamérica normal se encontró de repente conviviendo con una segunda sociedad gay, un mundo social paralelo que había surgido en todas las grandes ciudades y en muchas de las más pequeñas, que abarcaba a millones de hombres y mujeres. Hacia 1980 en Estados Unidos y Canadá se había desarrollado la minoría homosexual más grande, mejor organizada y más poderosa de la historia del mundo. La edición de 'Gayellow Pages' (páginas amarillas gais) de Nueva York-Nueva Jersey contenía 96 páginas de listas y anuncios que ofrecían a los homosexuales todo tipo de servicios. El nuevo mensaje, proclamado tanto desde las páginas de populares manuales matrimoniales, que explicaban los placeres del sexo, como desde los desplegables centrales del Penthouse, Playboy y Playgirl, era que el sexo ni está ni tiene por qué estar al servicio de la reproducción.

Por supuesto, los bares gais no se convirtieron milagrosamente en paraísos utópicos al día siguiente de los disturbios. El control de la mafia y las redadas de la policía continuaron; pero la poli se lo pensaba dos veces antes de pasarse de la raya. El miedo estaba cambiando de bando. Los humillados y sumisos se habían convertido en activistas irascibles del 'gay power'; los desesperados, en partisanos airados del 'gay pride'. Total, que los gais se soltaron el pelo, que es como tituló el antropólogo Marvin Harris un ensayo sobre la liberación homosexual.

Todavía hoy no es fácil saber lo que produjo aquella alquimia; tal vez la inspiraron los negros y sus movimientos de liberación, tal vez el movimiento feminista, seguramente los gais aprendieron de los hippies a dejar de guardar las apariencias. El cuerpo militar tebano llamado Batallón Sagrado debía su fuerza a la unidad homosexual de sus guerreros, ahí tenían los rebeldes del Stonewall un espejo en el que mirarse para enseñarle los dientes a la bofia. Eso sin olvidar que el calor funde el hielo y la redada en el Stonewall tuvo lugar un fin de semana muy caluroso del verano junto a Christopher Park, territorio de adolescentes sin hogar, sin familia, sin trabajo y sin nada que perder incendiando el barrio. También sumó la chiripa de que, como cientos de neoyorquinos, dos periodistas de The Village Voice, un semanal muy influyente, tropezaron con el motín y la redada se dejó oír de costa a costa. En cualquier caso, había algo en lo que los insurgentes podían estar de acuerdo: todo ocurrió rápida y espontáneamente. En 'El mago de Oz', Judy Garland, icono gay, cantaba 'Over the Rainbow', que evocaba un lugar más allá del arco iris donde los sueños se hacían realidad. Acababa de morir; pero su canción fue el himno de la movida.

Me tropiezo con esta frase de Camus: "En las profundidades del invierno, finalmente descubrí que dentro de mí había un verano invencible". Tal vez fue algo parecido a eso lo que, aquella noche sofocante, descubrieron de golpe los maricas del Stonewall. Aupados al pedestal de su victimismo histórico y de su inocencia manifiesta, conquistaron un largo verano.

sábado, 10 de agosto de 2019

#hemeroteca #lgtbi #trans #activismo | De los disturbios a la respetabilidad del museo: así se celebran los 50 años de Stonewall

Imagen: El Diario / 'From Riot to Respectability'
De los disturbios a la respetabilidad del museo: así se celebran los 50 años de Stonewall.
El Museo Homosexual de Berlín se centra en la evolución del movimiento LGBTI con una muestra a cargo de un colectivo de creadores transexuales salidos del colectivo ‘people of color’.
Aldo Mas | El Diario, 2019-08-10
https://www.eldiario.es/cultura/arte/disturbios-respetabilidad-museo-celebran-Stonewall_0_928457726.html

En plena resaca por las festividades del Día del Orgullo Gay -una fiesta que se celebra en Berlín el 27 de julio-, el Museo Homosexual de Berlín abría una exposición que invita a la reflexión sobre qué ha sido y en qué se ha convertido el movimiento gay. Lo hace especialmente en una muestra titulada From Riot to Respectability o "De los disturbios a la respetabilidad", y estará abierta hasta finales del próximo mes de septiembre.

La exhibición sirve para celebrar el reciente 50º aniversario de los conocidos como "Disturbios de Stonewall", que enfrentaron en Nueva York a activistas del movimiento LGBTI con las autoridades a raíz de un altercado en el bar gay Stonewall Inn, en el barrio de Greenwich Village. Se tiene asumido que con esos disturbios surgió el movimiento de lucha por los derechos del colectivo LGBTI.

La muestra berlinesa, que ocupa uno de los grandes espacios del centro de exposiciones de la capital germana, la firma un colectivo de artistas que no suelen tener una voz predominante en el movimiento LGBTI. "El grupo de artistas y comisarios son personas transgénero salidos del colectivo ‘people of color’. Son creadores que no suelen estar muy representados aquí", dice a eldiario_es Daniel Sander, uno de los responsables del Museo Homosexual de Berlín.

"Hasta ahora no habían tenido mucha voz en el museo, pero ahora tienen la oportunidad de alzar esa voz", añade este responsable del centro de exposiciones berlinés, uno de los pocos que hay en el mundo centrado en la temática LGBTI.

Cerca de unos cuarenta creadores han participado en la organización de la muestra. Apenas aparecen nombres propios en la misma. "Para ellos lo que es importante es el colectivo, no los nombres", apunta Sander. De ahí que nada más entrar en la exposición llame la atención que todo un muro del museo se haya convertido en un espacio para un ‘collage’ de gran tamaño. En él se han expresado buena parte de los artistas participantes en la exhibición a través de recortes, pegatinas, posters o parafernalia de protesta.

Esa es una obra aún en formación. "Este collage seguirá haciéndose durante los próximos dos meses, se hará tanto como dure la exposición. Tendrá que crecer y crecer", avanza Sander. En uno de los materiales de mayor tamaño pegados en ese mural se leen cosas como "Queers por una Palestina Libre" y "Terminen con la ocupación israelí".

En otro recorte, con un dibujo en él, un personaje de rasgos afroamericanos exclama: "¿Por qué no haces algo?". Otro de los mensajes es una foto en blanco y negro de una antigua manifestación. Una gran pancarta reza en ella: "Stonewall significa contraatacar y acabar con la opresión".

De precisamente ese espíritu de protesta parece beber directamente el colectivo de artistas que está detrás de ‘From Riot to Respectability’. Pero, según se cuestiona en la exposición, el espíritu de protesta de Stonewall parece haber dado paso a una supuesta "normalización" del movimiento LGBTI.

Vinculadas a esas ideas de "protesta" y "normalización" están los interrogantes de los artistas convocados a participar en la exposición del Museo Homosexual de Berlín. La actual "apropiación" de lo queer en instituciones o empresas también les ha ocupado. Los artistas se hacen preguntas en la muestra como, por ejemplo, "¿Quién busca hacer negocio? Me refiero a esas marcas de ropa que utilizan el arcoíris, o esos ayuntamientos en Alemania que estos días han llevado la bandera arcoíris", explica Sander.

En ‘From Riot to Respectability’ ocupan un papel central retratos de reciente factura hechos en honor a Marsha P. Johnson, mujer transgénero y activista implicada en los disturbios de Stonewall. En el mismo nivel de importancia hay un retrato de otra figura del movimiento LGBTI, la lesbiana Stormé DeLarverie. Su detención por la policía fue la chispa que hizo prender los disturbios de Stonewall. De ahí que se la considere la "Rosa Parks de la comunidad gay".

La muestra berlinesa presenta guiños al espíritu más combativo del movimiento LGBTI. Y, de hecho, se asocia incluso al del movimiento de ‘Black Lives Matter’, que rechaza la violencia hacia las personas negras, en el trabajo del artista Elliot Blue titulado "Black is me!". Se trata de un cortometraje en el que se ve a una mujer de rasgos afroamericanos bailar en una secuencia de movimientos precedida de imágenes captadas por la policía de una manifestación en la que se grita repetidamente "¡Black Lives Matter!": "¡Las vidas negras importan!".

Entender cómo es ser transexual y de color
El de Elliot Blue es uno de los pocos nombres propios que destacan en la exposición, aunque también sobresale el de Manuel Ricardo García, un reputado activista transexual y artista fotográfico. Su montaje ‘The pain of transactivism’ o "El dolor del activismo trans" muestra un retrato de una mujer transexual. La imagen presenta un marco hecho con bocas abiertas como si gritaran.

En una última sección de la exposición, una habitación oscura, a la que hay que entrar con gafas para ver en tres dimensiones, permite estar muy cerca las confesiones hechas a cámara por personas transexuales no blancas. "Sus testimonios explican cómo es ser transexual y de color hoy", comenta Sander, el responsable del Museo Homosexual de Berlín.

El optimismo de esos testimonios mezclado con el pesimismo de otros protagonistas de esas grabaciones terminan generando una sensación de cierta incertidumbre, un sentimiento similar al que despierta el objeto que ha dejado el artista Yori Gagarim en la exposición. Es uno de esos expendedores de bolas con pequeños juguetes que funcionan con monedas.

En la parte de arriba unas letras indican en letras mayúsculas ‘dreams’ -sueños-. En los días de enfrentamientos en Stonewall, muchos de los derechos ya adquiridos por el colectivo LGBTI en las democracias occidentales parecerían eso, sueños.

sábado, 27 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | Cientos de miles de personas celebran el "orgullo" LGTBI en Berlín

Imagen: El Diario / Marcha LGTBI en Berlín
Cientos de miles de personas celebran el "orgullo" LGTBI en Berlín.
EFE | El Diario, 2019-07-27

https://www.eldiario.es/sociedad/Cientos-personas-celebran-LGTBI-Berlin_0_924957751.html

Cientos de miles de personas desfilaron este sábado por Berlín para celebrar el "Christopher Street Day", el día del "orgullo" para el colectivo LGTBI, entre los mensajes reivindicativos y la celebración.

El desfile -colorido, festivo y sin incidentes- atravesó el centro de la capital alemana, disfrutando de un día soleado pero sin las máximas de las jornadas previas, con cerca de un centenar de carrozas de empresas, asociaciones, iglesias y partidos.

El confeti, los bailes y los miles de banderas arcoiris se entreveraron con la política y el recuerdo, cristalizado en el lema de la marcha "Cada levantamiento empieza con tu voz", de los primeros activistas LGTBI de una ciudad conocida por su apertura.

Las llamadas a la tolerancia, el respeto y a seguir avanzando en el camino a favor de la igualdad coparon pancartas, lemas y los discursos que cerraron el desfile.

"Es una cita política. Es importante que mostremos solidaridad", aseguró en declaraciones a la televisión "rbb" el secretario de Estado para Europa, el socialdemócrata Michael Roth, que participó en el desfile y recordó los numerosos países donde se persigue legalmente la homosexualidad.

La caravana arrancó a mediodía de la conocida avenida comercial de Kurfürstendamm y se desplazó lentamente, al ritmo de la música tecno y los eslóganes políticos, hasta alcanzar a media tarde la icónica Puerta de Brandeburgo, en el distrito gubernamental, donde acabó el desfile tras varios discursos.

La fiesta, no obstante, está previsto que se prolongue, al menos hasta la medianoche, en el adyacente Tiergarten, un gran parque en el centro de la capital. Allí están previstas múltiples actuaciones musicales, entre las que destacan la de la ex Spice Girls deportista, Melanie C, y la de DJ Felix Jaehn.

Por primera vez, como curiosidad, la bandera arcoiris se izó en la sede central del partido conservador de la canciller Angela Merkel, la Unión Cristianodemócrata (CDU), como guiño a la marcha, que discurrió frente al edificio.

El responsable de Justicia del gobierno de Berín, Dirk Behrendt, de Los Verdes, aprovechó la marcha para depositar una corona de flores en el memorial a los homosexuales asesinados por el régimen nacionalsocialista, unos 7.000 según distintas estimaciones.

Los organizadores esperaban a entre 500.000 y 700.000 participantes, aunque algunos medios apuntaban a que se podía alcanzar el millón. El dispositivo policial contaba con unos 800 agentes.

El "Christopher Street Day" recuerda las protestas que se produjeron hace medio siglo, en junio de 1969, en Nueva York después de que la policía irrumpiese en un local de gais y lesbianas llamado "Stonewall Inn" en la calle Christopher.

Distintas ciudades alemanas, cada una en un fin de semana distinto entre la primavera y el verano conmemoran con un desfile festivo estos hechos en una iniciativa que durante unos años, como en otros países, se llamó del "orgullo gay".

viernes, 26 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #arte | Arte en defensa propia

Imagen: El Mundo
Arte en defensa propia.
Las Naves acoge la exposición Museari Queer Art aprovechando el 50 aniversario de la revuelta por los sucesos de Stonewall Inn,
Salva Torres | El Mundo, 2019-07-26
https://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2019/07/26/5d3ab44821efa0e82e8b46b8.html

El cineasta Pier Paolo Pasolini, aludido en la exposición Museari Queer Art por Ricard Huerta, se refirió a su obra caracterizándola por un «anhelo de vida» que lindaba con cierto «sentimiento de exclusión». Sentimiento que, según él, no disminuía, sino que aumentaba «el amor a la vida». También habló de la soledad inherente al creador que dedica muchas horas para dar forma a algo que, a su juicio, «es fuerza, abandono, vicio, libertad, para dar estilo al caos». Soledad y exclusión con las que imprimió de intenso canto a la vida sus películas.

La muestra Museari Queer Art que, aprovechando los sucesos de Stonewall Inn ocurridos en 1969, acoge en esta ocasión Las Naves, se hace eco de las palabras de Pasolini para insistir en esa voluntad de resistencia a través del arte. De manera que en su cuarta edición, con 50 exposiciones realizadas desde 2015 en su museo online, reúne un total de 14 proyectos, en los que diversos artistas exhiben sus diferentes formas de representar ese anhelo de vida. Anhelo que suele estar asociado con cierta incomprensión.

El escritor Oscar Wilde se refería a esa incomprensión diciendo que no había ningún artista que viera las cosas como son en realidad, «si lo hiciera, dejaría de ser artista». Museari Queer Art acerca al espectador una serie de propuestas artísticas que hurgan en esa dificultad de entendimiento hacia lo propio y ajeno. Pasolini, de nuevo, trillando ese camino: «Hay que decir que mientras los intolerantes creen que la diferencia de los diferentes carece de explicación y, por lo tanto, sólo merece odio, los tolerantes a menudo se preguntan, más o menos sinceramente, por las razones de esa diferencia».

Desde el propio Ricard Huerta, que además de aludir a Pasolini en sus acrílicos se refiere también a Robert Indiana, Patricia Highsmith o Maria Mercé Marçal, al historietista Nazario Luque, pasando por Natividad Navalón, Eva Máñez, Graham Bell Tornado y Anna Maria Staiano (La Erreria), Sebas Martín o Pepa Arróniz, entre otros, la exposición se adentra en los vericuetos de la diversidad sexual, que es tanto como decir en el intrincado universo de las formas que tenemos de relacionarnos con nuestro propio cuerpo y, desde ahí, con el del otro. Incluso con la naturaleza, de cuyo proceso de colonización se hará cargo La Erreria en una visita guiada y performance P.I.N.Q. que tendrá lugar en Las Naves el 1 de agosto.

Nazario, en su propuesta, «convierte el sexo en tema obsesivo de sus cómics, siendo el primer dibujante que usa la temática gay como fuente de inspiración en su obra», según se hace constar en el catálogo de la exposición que hasta el 31 de agosto permanecerá en Las Naves. Temática gay que, asociada a los colectivos LGTBIQ+, fue precisamente el detonante de lo ocurrido en el bar Stonewall Inn de Nueva York un 28 de junio de hace 50 años, como protesta por la actuación violenta de la policía en una redada contra miembros de esa comunidad que frecuentaba el pub.

Eva Máñez refleja, en las fotografías expuestas en Museari, la intervención de un grupo de transexuales invitados todos los años en la ciudad Cusco en Perú, para que bailen en honor de la Virgen de Copacabana la danza denominada 'Morenada', que se remonta a la época colonial de cuando la trata de esclavos. Sebas Martín, utilizando sus propias palabras, se hace cargo en sus ilustraciones de hombres en diferentes entornos históricos, fantásticos o cotidianos: «Hombres, hombres, siempre hombres saliendo de mi lápiz. Historias de hombres con hombres en la fina barrera que puede separar el erotismo de algunos más explícito».

De la persecución de los homosexuales en el franquismo se ocupan Marina Cochet, Juan Sepúlveda y Antonio Santos, en ilustraciones de la novela gráfica 'El Violeta' (Draku Editorial). Un relato que se adentra en los años 50 y en la ley de peligrosidad social que en España llevó a muchos homosexuales a la clandestinidad, el exilio o la integración previa negación de su orientación sexual. Pepa Arróniz, tomando como punto de partida la representación plástica del cuerpo femenino, cuestiona los roles de la mujer, ampliando su crítica al conjunto de la sociedad «en unos momentos en que se está produciendo una polarización en demasiados ámbitos», señala la artista en el marco de su Proyecto Hyster.

Natividad Navalón, mediante unas obras impresas en papel de algodón, contrasta esta textura algodonosa con la más áspera imagen de diferentes cuerpos femeninos con agujas clavadas, fusiles o pistolas tatuadas. Arte en defensa propia contra esa hostilidad que, viniendo del cuerpo social en su conjunto, se inscribe en la propia mujer. Ángel Pantoja, por su parte, realiza un collage digital de bustos, en los que problematiza el binarismo de género mediante la dislocación que tenemos de la estatuaria clásica.

Museari Queer Art se completa con los trabajos de Ricardo Cotanda, Cacho Falcón, Randomagus, Elia Torrecilla y Del LaGrace Volcano. Todos ellos fieles al espíritu de Museari (Museu de l'Imaginari), cuyo objetivo principal es «la promoción de la educación artística y de la historia como instrumentos fundamentales para la defensa de los derechos humanos, con un especial énfasis en el respeto a la diversidad sexual y los colectivos LGTBIQ+». Como diría Pasolini, la tragedia actualmente es que «ya no hay seres humanos, hay máquinas extrañas que chocan entre ellas».

domingo, 7 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | El Orgullo más reivindicativo de los últimos años

Imagen: El Comercio / Un beso en MADO 2019
El Orgullo más reivindicativo de los últimos años.
Cientos de miles de personas salen a la calle para celebrar la diversidad y advertir a la ultraderecha de que no darán pasos atrás.
Iker Cortés | El Comercio, 2019-07-07
https://www.elcomercio.es/sociedad/manifestacion-orgullo-madrid-lgtbi-20190706094116-ntrc.html

Ni el sofocante calor, en su punto álgido cuando la manifestación daba sus primeros pasos desde Atocha, ni las constantes aglomeraciones y paradas a lo largo del recorrido impidieron que la marcha del Orgullo LGTBI en Madrid brillara ayer en todo su esplendor. Cientos de miles de personas –los organizadores hablan de más de millón y medio, la Delegación del Gobierno en Madrid habla de 400.000– retaron a las altas temperaturas y llenaron de jolgorio las calles de la ciudad.

Hubo banderas arcoiris, música, baile, carrozas –este año hasta 43 completaron el camino a Colón– y mucha, mucha fiesta, como siempre, pero en esta ocasión las reivindicaciones subieron unos cuantos decibelios. La llegada de Vox a las instituciones no ha sentado nada bien a una comunidad que teme perder parte de los derechos adquiridos. Por eso en la segunda pancarta de la manifestación lucía un 'Ni un paso atrás', a modo de advertencia. Y por eso el manifiesto que se leyó acusaba directamente «a la extrema derecha y a sus aliados» de querer devolverlos a un pasado «lleno de discriminación y ostracismo».

Así lo señalaron los activistas históricos Rosa Araujo, Pedro Beguería, Olga Alarcón y Maribel Torregrosa, encargados de leer el texto en la plaza de Colón. Un texto que también reivindicó la lucha de las personas transexuales, que «fueron las que tiraron las primeras piedras ante un sistema corrupto», y que ha reclamó la aprobación una Ley Estatal de Igualdad LGTBI. Una norma que incluye la autodeterminación de género como derecho y que quiere acabar con los «informes de disforia», ya que «la transexualidad no es una enfermedad» ni requiere de tratamiento psicológico ni psiquiátrico.

A pesar de todo, la clase política quedó relegada a un segundo plano. Así, en la primera línea de la marcha fueron activistas históricos como Jordi Petit, Boti García Rodrigo o Carla Antonelli –ella sí, diputada del PSOE en la Asamblea de Madrid– quienes sujetaban una primera pancarta que rendía homenaje a las personas mayores de un movimiento que este año conmemora el 50 aniversario de las revueltas de Stonewall. Bajo el lema 'Mayores sin armarios. ¡Historia, lucha y memoria! Por una Ley LGTBI estatal', la marcha se desarrolló por las céntricas calles de la capital, a paso lento pero festivo y sin incidentes reseñables.

Pero la fiesta se puso algo más seria cuando la comitiva alcanzó Cibeles. Allí, frente al Ayuntamiento de Madrid, que ha vuelto a las manos del PPcon el apoyo de Ciudadanos y Vox, los marchantes escenificaron todo un «muro de contención» contra «la ultraderecha».

Abucheos a Ciudadanos
Varios manifestantes abuchearon e increparon a los miembros de Ciudadanos que se sumaron a la manifestación. Así, ante la portavoz del comité ejecutivo de Ciudadanos, Inés Arrimadas, y a la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, uno de ellos exhibió un cartel en el que se podía leer: «A vosotros sí que se os ve el plumero. Ciudadanos».

La tensión fue en aumento cuando la pancarta de Ciudadanos echó a andar. Gritos de «¡fuera!», «¡hipócritas!» y «Ciudadanos es de Vox» se escuchaban entre la muchedumbre, mientras los responsables de Ciudadanos afirmaban que «el orgullo es de todos».

Precisamente la manifestación llega precedida de polémica debido a los vetos de la organización a PP y Cs. El colectivo LGTB de Madrid, COGAM, afirmó a principios de año que cualquier formación que pactara o negociara con «extrema derecha», en alusión a Vox, sería vetada en la manifestación. Pueden ir a título personal, pero no incluirán carrozas ni irán en pancarta. Sí han contado con carroza partidos como PSOE, Podemos y Más Madrid, que firmaron el manifiesto propuesto por las entidades para la manifestación.

El despliegue de la bandera arcoíris en el Consistorio también generó polémica, pues se colocó en el lado izquierdo de la fachada, ya que la víspera, el 27 de junio, se ubicó una enseña nacional en el centro de la misma. Mientras que oposición y asociaciones lo criticaron y no estuvieron siquiera presentes en el acto, el Gobierno municipal defendió la acción y negó que la bandera LGTBI estuviera orillada.

Recomendaciones de la organización
La organización ha emitido una serie de recomendaciones a los asistentes a la marcha entre las que han destacado el calzado cómodo, usar ropa ligera, seguir las indicaciones de voluntariado y, en el caso de ir con menores, ponerles una pulseras identificativas con nombre y teléfono.

Asimismo, bajo la etiqueta '#OrgulloSostenible' han recomendado utilizar una botella reutilizable, pajitas desechables y no abandonar los residuos por la ciudad, sino depositarlos en el contenedor correspondiente.

Cuatro heridos, uno grave, al caer desde una carroza
Cuatro personas han resultado heridas esta noche, una de ella grave y las otras 3 leves, al caer desde una de las carrozas que participaba en la manifestación del Orgullo 2019 durante su recorrido por el cruce de la Calle Montalbán y El Paseo del Prado de Madrid.

El accidente se ha producido en torno a las 12:55 horas, cuando la valla que rodeaba la carroza ha vencido y las víctimas se han precipitado al suelo.

Como consecuencia de la caída, un hombre de 36 años presentaba fracturas de pelvis y pie izquierdo, y una herida en el mentón que precisaba sutura por lo que ha sido trasladado al Hospital Clínico donde ha quedado ingresado con pronóstico grave.

Otro del los heridos es una mujer de 37 años que presenta un traumatismo craneoencefálico moderado y fue trasladada al Hospital Gregorio Marañón e ingresó con pronóstico leve para observación.

La tercera víctima es otra mujer de 36 años que presenta también un traumatismo craneoencefálico leve y fue trasladada al mismo hospital.

El último herido es un hombre de 39 años que ha sufrido una fractura en el antebrazo y que fue ingresado en el Hospital de la Concepción con pronóstico leve.

viernes, 5 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #activismo | De la clandestinidad a la cabecera del Orgullo: las históricas que abrieron las puertas del armario

Imagen: El Diario / Boti García Rodrígo
De la clandestinidad a la cabecera del Orgullo: las históricas que abrieron las puertas del armario.
Armand de Fluvià, Carla Antonelli y Boti G. Rodrigo son tres de las activistas históricas que llevarán la pancarta de cabecera este sábado en el Orgullo LGTBI. "Nos reuníamos a escondidas en pisos. Vivíamos una doble vida", cuenta Armand sobre la fundación en la clandestinidad del primer colectivo gay en España, en 1970. Con 17 años, Carla huyó de su casa para poder desarrollarse como era, una mujer. "A mí el activismo me ha dado un diccionario para entender la vida que merece ser vivida. En el activismo me reconozco en casa", dice Boti.
Marta Borraz | El Diario, 2019-07-05
https://www.eldiario.es/sociedad/Historicas-cabecera-abrir-camino-arcoiris_0_917258883.html

Cuando Armand de Fluvià fundó el primer colectivo gay de España lo tuvo que hacer en la clandestinidad y bajo pseudónimo. Unos años después, Carla Antonelli huía del pueblo que la vio nacer para poder ser quien era y Boti García Rodrigo vivía con el anhelo del activismo en el que más tarde despuntaría. Armand, Carla y Boti son tres de las activistas históricas que este sábado ocuparán la cabecera de la manifestación del Orgullo LGTBI. Los tres sujetarán la pancarta que pretende homenajear a los mayores y recordar la represión que sufrieron por sentir y ser diferentes a lo que la férrea norma marcaba.

Junto a ellas tres, dos decenas de activistas más relegarán a los partidos políticos, que tradicionalmente han ocupado ese lugar, a la cola de la marcha. El objetivo es recuperar el espíritu reivindicativo de Stonewall, la revuelta neoyorkina que en 1969 inició el Orgullo tal y como lo conocemos. Por aquel entonces, Armand de Fluvià (Barcelona, 1931) miraba con inquietud lo que estaba ocurriendo en Nueva York, donde "había un ambiente diferente" al de la oscura y represiva España franquista. Y un año después, a sus 39, fundó el Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH).

"Nos reuníamos a escondidas en pisos, de los que salíamos de uno en uno para no llamar la atención. Era una época en la que vivíamos una doble vida y siempre con miedo a que nos detuviera la Policía", cuenta mientras recuerda las peripecias que pasaba el grupo para imprimir la revista homosexual ‘Aghois’ y sortear la censura franquista. De mes en mes, cruzaban la frontera para llegar a la región francesa de Perpiñán, desde donde la enviaban a París para su posterior distribución en España. Entonces, el principal objetivo del MELH era la derogación de la Ley de Peligrosidad Social, usada de forma sistemática para perseguir a los LGTBI.

Carla Antonelli (Güímar, 1959), mujer trans y actual diputada del PSOE en la Asamblea de Madrid, fue víctima de esa represión legal de forma cotidiana. Con 17 años, huyó de su casa natal "porque allí era imposible desarrollarme como lo que era" y se fue a vivir a las Palmas de Gran Canaria "con 300 pesetas en el bolsillo". "Allí me di de bruces con la sociedad del momento, con las leyes que nos perseguían. Recuerdo mucho la noche de San Juan de 1977, cuando la Policía me detuvo y me dio una paliza en comisaría. Acabé en un charco de mi propia sangre y le cogí un miedo atroz a la calle. Aquello era durísimo", relata.

Mientras tanto, Fluvià seguía en la militancia activa por la liberación sexual y había impulsado, tras el MELH, la creación de varios de los llamados Frentes de Liberación Homosexual (FAC) en algunas comunidades autónomas. El de Catalunya, aún ilegal, convocó la primera manifestación por los derechos LGTBI de España, que recorrió Las Ramblas de Barcelona en 1977 para pedir la derogación de la leyes franquistas contra la homosexualidad. La marcha acabó con la represión de la Policía, que dispersó a los manifestantes con golpes y balas de goma.

Siempre dice que llegó tarde a todo –"al activismo, a la conciencia política, al feminismo"–, pero Boti G. Rodrigo (Madrid, 1945) lo hizo pisando fuerte. "Yo sufrí las normas del nacionalcatolicismo, pero era una niña tranquila y solitaria que iba a mi bola. ¿Yo me daba cuenta de que era lesbiana? No. De lo que me daba cuenta es de que era rara, y eso me decían mis mayores...", recuerda sobre su infancia. El ambiente universitario sembró en ella una semilla que ya no se fue nunca: la del activismo. "Nunca estuve dentro del armario, pero sí llegó un momento en el que notaba que necesitaba ser activa en mostrar cómo yo era. Veía el Orgullo por televisión y sentía que quería estar allí". Era el principio de los años 90.

Imagen: El Diario / Carla Antonelli
La vida activista
En aquellos años, Carla ya llevaba un tiempo viviendo en Madrid, donde había salido en varios reportajes periodísticos en defensa de los derechos de las personas trans, y militaba en el PSOE. "Nos trataban de enfermos, imagínate... .pero yo aprovechaba para visibilizar. En aquella época no había referentes", explica. En 1997 empezó a coordinar el Área Transexual del Grupo Federal GLTB del partido. Empezaba a despuntar políticamente, pero había pagado un precio por ser quien es. "Salí de mi casa y no pude regresar. Tu familia no te entiende, oyes barbaridades e incluso hermanos que te dejan de hablar hasta el día de hoy".

La mítica libreria Berkana, regentada aún a día de hoy por Mili Hernández en el corazón de Chueca (Madrid), fue el destino al que llegó Boti en busca de aire de libertad "y de otra gente que fuera como yo". "No entré directamente. Pasé varias veces por delante de la puerta hasta que me decidí. Allí estaba Mili, todavía lo recordamos y nos reímos, a la que le dije que creía que era lesbiana. Tú donde tienes que ir, me dijo, es a COGAM". Y allí se plantó. En 1995 se unió al colectivo, fundado en 1985 tras una reunión de la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español en Madrid.

Boti se curtió en COGAM, llegó a ser su presidenta –cargo que repetiría luego en la posterior Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB)– y aprendió "muchas cosas", entre ellas, "que había muchos gais y muy pocas lesbianas". "Había una misoginia bestial. Recuerdo que nosotras teníamos un grupo que nos reuníamos creo que los viernes. Bueno pues uno de estos días llegamos a la sede y nos encontramos con pintadas enormes en el pasillo que rezaban 'fuera lesbianas'. Eran mensajes claramente lesbófobos por parte de miembros del colectivo", rememora.

Imagen: El Diario / Armand de Fluvià
Lo que está por venir
Carla también relata la exclusión de las personas trans del movimiento LGTBI, que siempre ha tenido una deuda pendiente con ellas. "Éramos ninguneadas y detestadas, e incluso se opinaba que dábamos una mala imagen al colectivo. Esto viene desde Nueva York, donde el ‘Power Gay’ absorbió incluso a las lesbianas".

Son muchos los hitos personales y políticos que Armand, Carla y Boti han retenido en la mente. La derogación de la Ley de Peligrosidad Social, la legalización de los colectivos a principios de los 80, la aprobación del matrimonio igualitario en 2005 o la puesta en marcha de la ley de identidad de género dos años más tarde, citan. "Pasamos de la nacional católica España a ser un referente", resume Armand.

Boti nombra además su propia boda, "una mezcla perfecta de la teoría y la práctica, entre el amor y el activismo". "Entonces había muy pocas bodas de mujeres, así que Pedro Zerolo nos dijo: tenéis que casaros. Y eso hicimos". Entonces, el PP había presentado el recurso ante el Tribunal Constitucional contra las bodas entre las parejas del mismo sexo, que en 2012 fueron declaradas constitucionales. "Fue una alegría enorme... Recuerdo celebrándolo en la Puerta del Sol con muchísima emoción", dice Boti. Tres años antes, Carla volvía a pasear por las calles de su pueblo 33 años después para recibir un premio.

Los tres activistas históricos a los que este sábado rendirá homenaje el Orgullo LGTBI saben mucho del pasado, pero no pierden de vista lo que está por venir. "Tenemos que estar ojo avizor y muy atentos ante el auge de la extrema derecha", dice Armand a sus 87 años. "Están trabajando para hacer de este país otra vez el país en blanco y negro del que salimos... Y no lo vamos a permitir", concluye Boti.
  • Un Orgullo, un reto y una lección
  • Un Orgullo
  • Boti: El de 2005. Fue el año del matrimonio igualitario y el primero que acabó en Colón. Fue muy multitudinario.
  • Carla: Recuerdo dos. El de 1980. Hubo altercados con neonazis y ahí sentí mucho la falta de espacio en esta sociedad. Recuerdo también el primero en el que hubo carrozas, en los 90. Ahí sentí lo contrario: que las calles eran nuestras y teníamos permiso para vivir y ser.
  • Armand: El de 1977 en Nueva York. Es el que más recuerdo. Fue una experiencia extraordinaria.
  • Un reto
  • Boti: Es el momento de rearmarnos. Debemos hacer un activismo muy político y una militancia más consciente que nunca.
  • Carla: Yo lo que deseo es que el colectivo LGTBI se unifique más si cabe. Ante la extrema derecha, la unión es la herramienta indispensable para combatir a quienes nos quieren hacer repetir la Historia.
  • Armand: Debemos seguir luchando contra la LGTBIfobia en todos los sitios, sobre todo en los aparatos transmisores de la ideología dominante: los medios de comunicación y la educación.
  • Una lección activista
  • Boti: A mi el activismo me lo ha dado todo. Me ha rellenado. Me ha enseñado cuáles son las verdades por las que tenemos que luchar y me ha dado un diccionario para entender la vida que merece ser vivida. En el activismo me reconozco en casa.
  • Carla: La supervivencia. Porque, sin duda alguna, mirando hacia atrás, con todo, lo bueno y lo malo, concluyo que todo ha merecido la pena. Que lo volvería a repetir una y 10.000 veces.
  • Armand: El activismo me ha enseñado, sobre todo, que si luchas, consigues las cosas. Y si no luchas, te oprimen y te reprimen.