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viernes, 5 de marzo de 2021

#hemeroteca #memoria | Banksy confirma su autoría de un mural en la prisión donde estuvo encerrado Oscar Wilde

Imagen: El País / Obra de Banksy en Reading

Banksy confirma su autoría de un mural en la prisión donde estuvo encerrado Oscar Wilde.

La obra muestra un reo bajando por un muro de la cárcel de Reading hacia una máquina de escribir.
José González Vargas | El País, 2021-03-05
https://elpais.com/cultura/2021-03-05/banksy-confirma-su-autoria-de-un-mural-en-la-prision-donde-estuvo-encerrado-oscar-wilde.html 

El elusivo artista callejero Banksy ha hecho público este jueves un vídeo en el que se le ve realizando su más reciente pintada en el muro de la antigua prisión de Reading, en el sudeste de Inglaterra. La grabación se titula ‘Create Escape’ y muestra el proceso de elaboración del grafiti en mitad de la noche, mientras se intercalan fragmentos del programa estadounidense ‘El placer de pintar’, del divulgador artístico Bob Ross. En ningún momento se revela el rostro del grafitero, uno de los creadores anónimos más famosos de todos los tiempos. “La pintura, para mí, representa la libertad”, se le oye decir a Ross mientras el vídeo presenta la obra culminada.

La imagen muestra a un presidiario bajando de uno de los muros de la cárcel con la ayuda de unas sábanas atadas que acaban en una máquina de escribir. Se sospecha que el prisionero del grafiti pueda ser una alusión a Oscar Wilde, quien cumplió en Reading su condena por actos homosexuales entre 1895 y 1897. La funesta experiencia de su encarcelamiento inspiró a Wilde ‘La balada de la cárcel de Reading’, uno de sus trabajos más celebrados.

El correccional estuvo en funcionamiento de 1844 a 2014 y en la actualidad hay un debate sobre si convertir las instalaciones en un centro cultural o vender el inmueble al sector privado. Una representante del Ayuntamiento de Reading ha explicado en una llamada telefónica con El País que el edificio es propiedad del Ministerio de Justicia del Reino Unido y sobre la entidad recae la toma de decisión sobre su futuro. Una campaña para salvar el edificio ha recibido el apoyo de personalidades como los actores Kenneth Branagh, Stephen Fry y Judi Dench.

El diputado laborista Matt Rodda, representante de la circunscripción de Reading East en el Parlamento británico, ha expresado en un correo electrónico a El País su alegría de que el artista eligiera la prisión de Reading para realizar su más reciente obra. “Espero que con las acciones de Banksy se demuestre el creciente apoyo que existe para que la cárcel sea mantenida para uso comunitario con un claro enfoque en las artes”, declaró el parlamentario.

lunes, 6 de julio de 2020

#libros #gais #testimonios | Sir Oscar Wilde : martirio del caballero del clavel verde

Sir Oscar Wilde : martirio del caballero del clavel verde / Nacho Esteban ; ilustraciones de Carlos Valdivia.
Barcelona [etc.] : Egales, 2020 [07-06].
120 p.
Serie: Colección Libre.

/ ES / Libros / ENS / Biografías / Gais / Homosexualidad / Memoria histórica / Oscar Wilde / Queer / Referentes / Testimonios
📘 Ed. impresa: ISBN 9788417319953 / 20,95 € 

[.es] La historia de Oscar Wilde marca el inicio de una era. 125 años después de los juicios que arruinaron su vida, la editorial Egales recoge en una biografía ilustrada la vida, martirio y legado de una de las fi guras más sobresalientes de la cultura mundial. A caballo entre dos siglos claves para la historia de las identidades sexuales, Wilde se atrevió a denunciar los falsos valores en los que se basaba la sociedad que le tocó padecer. Su persecución judicial y condena a prisión por «conducta obscena» supone uno de los momentos más importantes de la historia LGTB occidental de los últimos siglos y hoy es ya todo un icono del movimiento. Más allá de la caricatura, de la leyenda y el glamour, descubrimos un Oscar Wilde alejado de aquel dandi mordaz cuyas insolencias entretienen. Detrás del personaje se puede encontrar a una persona generosa y sensible, no siempre acertada, pero con la que la historia tendrá una eterna deuda.

Nacho Esteban Fernández. Activista LGTB antirreaccionario y lingüista especializado en análisis del discurso. Ha sido editor durante tres años del medio El Orden Mundial, cotraductor de ‘He venido a reclutaros: textos y discursos de Harvey Milk’ (Egales, 2018) y autor de ‘Sir Oscar Wilde, martirio del caballero del clavel verde’ (Egales, 2020). Es miembro fundador de la Liga Artístico-Cultural Anti-Homofobia (LACAH).

Carlos J. Valdivia Biedma (Priego de Córdoba, 1993) se graduó en Traducción e Interpretación por la Universidad de Córdoba, y cursó un máster de Traducción Literaria por la Universidad Complutense de Madrid. A la vez que realizaba estos estudios, comenzaba a desarrollar una latente faceta artística, bajo el pseudónimo artístico Aplatie, término francés que hace referencia a los fondos lisos de la mayoría de sus obras, de estilo minimalista y neopop. Son temas recurrentes en sus retratos la cultura pop española y extranjera, la religión, lo queer y el lenguaje del cómic.

martes, 16 de junio de 2020

#hemeroteca #homosexualidad #testimonios | Nacho Esteban: “Oscar Wilde fue bastante activista para lo frívolo que a veces nos parece”


Nacho Esteban: “Oscar Wilde fue bastante activista para lo frívolo que a veces nos parece”.

Oscar Wilde fue un tipo valiente que se atrevió a denunciar los falsos valores en los que se basaba la sociedad que le tocó padecer. Conversamos con el autor de su biografía ilustrada.
Álex Ander | The Objective, 2020-06-16
https://theobjective.com/further/nacho-esteban-oscar-wilde 

Además de ser una de las figuras más sobresalientes de la cultura mundial, Oscar Wilde fue un tipo valiente que se atrevió a denunciar los falsos valores en los que se basaba la sociedad que le tocó padecer. Y también definió la forma de entender las identidades sexuales en Occidente, motivo por el cual muchos le consideran hoy día todo un icono del movimiento LGTBI. De todo esto, y muchas otras cuestiones, habla ‘Sir Oscar Wilde. Martirio del caballero del clavel verde’ (Editorial Egales), una biografía escrita por Nacho Esteban e ilustrada por Carlos Valdivia para conmemorar el 125º aniversario de los juicios que arruinaron la vida del escritor irlandés. “Como muchos niños maricas, a mí Wilde me causó mucho impacto”, comenta el autor. “Antes siquiera de definirme como ‘queer’, me llamó la atención su foto en el libro de texto y me fascinó ‘El retrato de Dorian Gray’. Así que he cumplido una especie de compromiso adolescente”.

Según comenta Esteban, su obra —un libro de ciento veinte páginas que aborda la vida, martirio y legado de Wilde y sale a la venta este mes— no es un tomo sesudo, sino algo más bien “cortito, divulgativo e interesante”. Él ni siquiera lo considera un ensayo, aunque dice que “se acerca” bastante a ese concepto. “Me gusta llamarlo ‘biografía ilustrada’, porque al final es la vida de Wilde, desde que nace hasta que muere. Pero las biografías tienden a ser muy largas y banales, y quería evitar ambas cosas”, apostilla.

¿Qué ha sido lo más complicado a la hora de investigar y seleccionar la información de todas las fuentes documentales que ya existen en torno a la vida y obra de alguien como Oscar Wilde?
El mayor problema es que Wilde es más grande que la vida. Causó y sigue causando sensación, y todos han querido escribir sobre él: unos para presumir de que lo conocieron, otros simplemente para ganar dinero o porque les fascina. Así que el problema es la cantidad de información discordante, las contradicciones y las leyendas urbanas. Muchas de sus citas más famosas son falsas, como sabrás.

¿Descubrirá entonces el lector datos suyos que hasta ahora se desconocían, o que al menos no se habían publicado en español?
Totalmente. Hay biografías muy documentadas sobre Wilde (¡una ganó el Pulitzer!), pero hay que ser muy cafetero para leer mil páginas sobre una persona. Mi idea siempre fue hacer algo más bien corto y fácil, sin renunciar a la profundidad y a contar detalles que nunca se hayan contado o desconocidos para el público general.

Se acaban de cumplir 125 años desde la detención y condena a prisión de Wilde por el delito de conducta obscena (‘gross indecency’). ¿Qué ocurrió exactamente?
Oscar tenía un novio muy guapo y algo más joven que él, lord Alfred Douglas. A Alfred le encantaba provocar a su padre (era un poco ‘enfant terrible’) y por eso se mostraba en público con Oscar. El padre, lord Queensberry, empezó a acosar a Wilde: se presentó en su casa con un boxeador para amedrentarlo (y Oscar los echó por su propia mano, porque en realidad era superalto y corpulento), intentó boicotear el estreno de una obra y ahora viene lo decisivo… Queensberry se presentó en un club que frecuentaba Wilde. Como no le encontró allí, le dejó su tarjeta con las palabras: «A Oscar Wilde / quien presume de sodomita» (así escrito). Hoy parece una tontería, pero entonces aquella acusación era escandalosa. Wilde le denunció por difamación, muy seguro de sí mismo, y durante el juicio se fue desinflando debido a las pruebas y a que el abogado de Queensberry era más inteligente de lo que había previsto. De hecho, habían sido compañeros en el colegio.

¿Cómo le marcó a Wilde su paso por la cárcel?
La condena no eran solo dos años de cárcel, la máxima posible por aquel delito, sino trabajos forzados. Estos consistían en deshilachar sogas, lo que acababa destrozando los dedos, y girar una palanca conocida como ‘crank’. Súmale que no podía hablar con presos y que se alimentaba a base de agua, grasa de riñones y bromuro de potasio (para inhibir el impulso sexual), una dieta que hacía estragos. El sistema carcelario británico estaba destinado a anular a los presos física y mentalmente. Wilde estuvo a punto de perder la cabeza y, de hecho, en una ocasión se desmayó y se hizo daño en el oído, lo que años después le conduciría a su muerte.

Escuché que el irlandés no quiso volver a pisar Inglaterra y que vivió sus últimos días enfermo de meningitis, marginado y alojado en un ruinoso hotel parisino...
El mismo día que salió de prisión, para evitar emboscadas de Queensberry, sus amigos lo mandaron a París. No volvió nunca a Reino Unido. Su vida en París es contradictoria: le faltaba dinero porque se lo gastaba todo en bebida y en invitar o hacer regalos a jóvenes, pero tenía dos pensiones y pedía a todo el mundo. Desde fuera es bastante triste, pero en general fue feliz aquellos días. Solamente añoraba tenerlo todo, como lo había tenido cuando era respetado.

En tu libro profundizas en la vida personal del dramaturgo y en cómo encaja su figura en la Historia Queer de Reino Unido. ¿Por qué deberíamos todos considerar a Wilde como uno de los grandes referentes del colectivo LGTBI?
Nos gusta mucho reivindicar a Wilde porque es uno de los grandes literatos mundiales y nos hacen gracia sus citas ‘camp’. Pero lo que muchos no saben es que cómo entendemos la homosexualidad en Occidente tiene mucho que ver con el escándalo Wilde. Es verdad que esquivó cuanto pudo la condena, pero fue muy visible en sus relaciones y nos ha dejado algunos alegatos impresionantes en favor de la despenalización de la homosexualidad. A su modo, fue bastante activista para lo frívolo que a veces nos puede parecer.

Hablas de Wilde como una persona generosa, sensible y ‘desastrosa’. ¿Cómo era realmente en las distancias cortas, o qué imagen tenía de él la gente que lo trató?
Sí, Wilde era tan genial como desastroso a veces. Conseguía atraer a todo el mundo, porque hasta quienes lo odiaban querían escucharlo, pero es también el ejemplo de pasarse de listo. Lo que más se destaca de él era su increíble oratoria, que evidentemente es algo que nunca disfrutaremos; era muy meticuloso y preparaba de antemano muchos chascarrillos. Prácticamente hablaba como escribía. Es de esas personas que no deja indiferente: muchos lo adoraban, muchos otros lo aborrecían por lo que representaba.

¿Crees que 'El retrato de Dorian Gray 'es una obra sobrevalorada?
No más que otros clásicos. Literariamente tiene alguna cosa interesante, pero es verdad que no es un portento. Su potencial está en lo que representó, en lo que se puede leer entre líneas. De todos modos, el argumento me parece muy llamativo y creo que es muy interesante leer la única novela de un poeta y dramaturgo, ya que la narración tiene ese toque poético y los diálogos están a la altura de su teatro.

«Estados Unidos es el único país que ha pasado de la barbarie a la decadencia sin civilización de por medio», dijo en una ocasión. ¿Lo compartes?
A Wilde le gustaban mucho este tipo de citas grandilocuentes, para provocar. Está lanzada al buen tuntún: él era un gran conocedor de Reino Unido e incluso algunos países mediterráneos, pero no creo que tuviera una opinión tan formada de Estados Unidos. Si no le hubieran ofrecido la ocasión de visitarlo, creo que nunca habría ido por su cuenta; no le interesaba. Era un clasicista: Francia, Italia, Grecia, Magreb y deja de contar.

Y también un tipo bastante excéntrico, ¿no es así?
Había mucho de pose. Empieza a vestir raro, dejarse el pelo largo y hablar pomposamente para que se hablase de él. Una vez fue suficientemente famoso, rebajó un poco, aunque evidentemente seguía siendo un personaje; no todo era postureo. Wilde es básicamente la Lady Gaga de la época.

sábado, 30 de noviembre de 2019

#hemeroteca #oscarwilde | La decadencia de Oscar Wilde se convierte en una novela gráfica

Ilsutración de 'La divina comedia de Oscar Wilde'
La decadencia de Oscar Wilde se convierte en una novela gráfica.
El ilustrador Javier de Isusi recrea el doloroso final de la vida del escritor irlandés, de cuya muerte se cumplen hoy 119 años.
Eduardo Bravo | El País, 2019-11-30
https://elpais.com/cultura/2019/11/30/actualidad/1575110306_126427.html

En 2017 el gobierno británico concedió el indulto póstumo a Oscar Wilde. En 1895, el escritor irlandés había sido condenado a dos años de trabajos forzados acusado de sodomía y corrupción de la juventud, cargo este último que lo equiparaba a su admirado Sócrates. “Wilde siempre dijo que era un griego nacido a destiempo. Además, como sucedió con el filósofo, cuando le fueron a detener se negó huir. Su amigo Robert Ross le había preparado un barco para ir a Francia, pero no aceptó. Alguien como Wilde, con un concepto de la vida tan teatral, asumió que su personaje tenía que vivir ese castigo, aunque nunca imaginó hasta qué punto iba a ser duro”, relata Javier de Isusi, ilustrador vizcaíno que acaba de publicar en Astiberri ‘La divina comedia de Oscar Wilde’, un trabajo de más de trescientas páginas al que ha dedicado cinco años entre las tareas de investigación, guion y dibujo. Hoy, 30 de noviembre, se cumplen 119 años de la muerte del genio irlandés.

El origen de 'La divina comedia...' se remonta a la infancia del dibujante cuando, aquejado de paperas, le regalaron un libro de cuentos de Wilde. A partir de entonces el autor de ‘El fantasma de Canterville’ se convirtió en uno de sus autores favoritos. Sin embargo y por mucho que leía, el Isusi adulto era incapaz de reconocer en las obras de teatro, los ensayos o en su única novela, a ese escritor que le había hecho más llevadera aquella convalecencia. “Tuve que esperar a leer ‘De Profundis’ para entender muchas de las cosas de Wilde que siempre me intrigaron. Solo entonces pude cuadrar al autor de los cuentos, con el de las obras de teatro y el de 'El retrato de Dorian Gray'. Al final comprendí que, como cualquier persona, en Wilde caben facetas muy distintas. Desde el escritor moralista de ‘El príncipe feliz’ o ‘El gigante egoísta’, al personaje hedonista, o si preferimos el término con el que fue calificado en su tiempo, inmoral”.

A pesar de toda esa riqueza y variedad de matices, la obra de Wilde es sorprendentemente breve y fue escrita en apenas ocho años. Un corpus literario que en ocasiones ha quedado eclipsado por la intensa y escandalosa vida del autor, especialmente la relativa a esos últimos años que se recrean en ‘La divina comedia...’ y en los que la cárcel, la ruina económica, el oprobio social y el alcoholismo convirtieron al escritor en una sombra de lo que había sido.

“Cuando fue liberado y llegó a París, Oscar Wilde expresó su voluntad de empezar una nueva vida. Ese deseo fue justamente el germen de mi trabajo. Él siempre había dicho que su vida había sido como ‘La Divina Comedia’, que había pasado por el infierno que era la prisión y que en ese momento estaba en el purgatorio. Por eso me planteé si durante su estancia en París experimentó realmente ese cambio personal que le permitiera tocar un poco de paraíso”.

Aunque todo apunta a que esa transformación nunca se produjo, Isusi aprovecha su privilegiada posición de autor para llevar a Wilde hasta ese lugar anhelado, aunque solo sea simbólicamente. De este modo, en una de las escenas más emotivas del libro, el ilustrador sitúa al escritor y su amigo Robert Ross en un coche de caballos que recorre justamente los Campos Elíseos, el nombre que los griegos dieron al cielo.

“Esa escena es real. Wilde y Ross realizaron ese trayecto parando en todos los cafés que encontraban a su paso para beber absenta. Lo único que he inventado es la conversación, aunque muchas de las frases que incluyo en ella son del propio Wilde. En el fondo, todo el libro es así, una mezcla de realidad y ficción o, mejor dicho, de realidad y mentira, porque creo que él habría preferido ese término, ya que lo defendió en su ensayo ‘La decadencia de la mentira’”.

Este juego entre la verdad, la mentira, la ficción y los hechos documentados que propone Isusi se articula a través de brillantes soluciones gráficas y narrativas. Por ejemplo, alucinaciones, pasajes oníricos, el diálogo con el espectro de un jovencísimo e insolente Rimbaud e incluso las entrevistas con diferentes personajes que, como André Gide, Reginald Turner o Lord Alfred Douglas, conocieron al escritor y dan testimonio de ello. “Son entrevistas hechas en la época actual, pero en las que los entrevistados aparecen con el aspecto físico que tenían en el momento en que conocieron a Wilde. Dudé si debía hacerlo así o no, pero me di cuenta de que la novela gráfica permite este tipo de cosas, que eran muy frecuentes en los primeros autores del cómic como Winsor McCay y su Little Nemo y que, poco a poco, hemos ido abandonando. Son recursos que, aunque puedan no tener sentido si se analizan desde un punto de vista racional, funcionan muy bien desde el punto de vista narrativo”.

#hemeroteca #oscarwilde | Arruinado y olvidado: los últimos días de Oscar Wilde

Imagen: El País / Oscar Wilde
Arruinado y olvidado: los últimos días de Oscar Wilde.
Enfermo de meningitis y marginado, el genio irlandés fallecía un día como hoy, 30 de noviembre, de 1900, en un cochambroso hotel de París y bajo el seudónimo de Sebastian Melmoth.
Noelia Fariña | Icon, El País, 2019-11-30
https://elpais.com/elpais/2019/11/30/icon/1575096185_164783.html

Pidió una copa del champán más caro del hotel y, consciente de que no podría pagarlo, le confesó a su doctor: "Estoy muriendo por encima de mis posibilidades". Oscar Wilde (Dublín, 16 de octubre de 1854 - París, 30 de noviembre de 1900) falleció tal día como hoy de hace 119 años, en una ruinosa habitación del hotel parisino D'Alsace. Tenía 46 años.

Otros, ensalzando su condición de esteta, dicen que se rebeló contra el mobiliario de la estancia. "Estas cortinas me están matando" o "este papel pintado y yo estamos luchando a muerte, uno de los dos tendrá que marcharse". Son algunas de las frases que le atribuyen los historiadores en sus últimos días. No se sabe a ciencia cierta si fue verdad. Porque a sus seguidores así les gusta recordarlo: con un ingenio ácido y visceral que ni la ruina, la enfermedad o el ostracismo lograron acallar.

Oscar Wilde fue condenado por amar a quién no debía. Al menos, no en el Reino Unido del siglo XIX. Nació en Dublín, en el seno de una familia intelectual y adinerada —su padre era cirujano y su madre poeta— y se casó con Constance Lloyd (hija del consejero de la reina, Horace Lloyd), con quien tuvo dos hijos: Cyril y Vyvyan. Wilde desarrolló una obra y una personalidad marcada por el hedonismo y la belleza más exaltada. Quizá él mismo fue su mejor creación. Pero en el apogeo de su carrera se enamoró perdidamente de Alfred Douglas, ‘Bosie’, como le llamaba, un poeta de 21 años, tan atractivo como caprichoso, al que había conocido en una fiesta.

El padre de Alfred Douglas era el marqués de Queensberry, un aristócrata pionero en establecer las reglas del boxeo, que intentó por todos los medios separarlos y poner fin al romance. Amenazaba a los dueños de restaurantes con pegarles una paliza si dejaban entrar a la pareja, se presentaba en la casa familiar del escritor para montar escándalos e incluso intentó boicotear el estreno, en febrero de 1895, de ‘La importancia de llamarse Ernesto’ (Wilde tuvo que entrar por la puerta de atrás del teatro St. James, cercado por la policía por la influencia del padre de Douglas). El detonante final sería la famosa nota que dejaría el padre de Douglas para el escritor en un club de los bajos fondos londinenses: "Para Oscar Wilde, que alardea de sodomita".

El dramaturgo, harto de la persecución y motivado por su amante —Douglas tenía una relación compleja con su padre porque no le concedía todos los caprichos que quería—, denunció al marqués por calumnias. El juicio, contra todo pronóstico, giró en su contra. "Al final del siglo XIX, Inglaterra, que tanto se pone como ejemplo de libertad, era un país muy democrático en lo político pero enormemente puritano, cerrado y durísimo en lo moral. Era un sitio verdaderamente terrorífico, tenía las mayores penas para cualquier tipo de diversidad sexual”, explica a Icon el poeta y filólogo Luis Antonio de Villena, autor de la biografía del irlandés, ‘Oscar Wilde’ (Biblioteca Nueva). "Lo extraño es que antes de ir a la cárcel, a Wilde le ofrecen escaparse a Francia —su amigo Frank Harris había alquilado un barco—, porque allí su orientación sexual no era delito", añade De Villena. Sin embargo, Wilde, que había asumido una especie de papel de mártir, no quiso marcharse. "Inglaterra era un país en esos aspectos muy atrasado. De hecho, el código por el que lo condenaron estuvo vigente hasta 1967", dice el escritor.

Wilde transformó los juicios, celebrados a finales de abril y principios de mayo de 1895, en otra de sus maravillosas piezas de teatro, con respuestas, a veces frívolas e ingeniosas, y otras, tan conmovedoras que despertaban los aplausos del estrado. "El padre de Douglas buscó chaperos para que testificaran en contra de Wilde. Algunos sí que habían estado con él, pero muchos otros no. Cuando salió a testificar un chico que no era muy atractivo y el fiscal le preguntó si había estado con él, Wilde le contestó: '¿Con ese? ¡Con lo feo que es! No", explica De Villena. Ese fue uno de los errores que cometió Wilde. Porque al decirlo, estaba dando a entender que con él no había estado porque le parecía feo, pero que si le hubiera parecido guapo no hubiera tenido problema. Estaba tan empeñado en dar respuestas brillantes, que Wilde no se defendió bien.

El escritor ingresó en la prisión de Reading (Inglaterra) durante dos años, condenado a realizar trabajos forzados. "Esos trabajos consistían más que nada en desgastar a la persona, castigar el cuerpo con ejercicios inútiles, darles papillas que provocaban vómitos... cosas espantosas. Wilde salió de la cárcel muy destruido como persona, como individuo, y fue desarrollando enfermedades. Algunos dicen que la causa de su muerte fue una sífilis que había tenido de joven y que, combinado con todas esas condiciones, acabó con él", apunta De Villena. Durante su cautiverio, Wilde escribió ‘De profundis’, una extensa carta de amor destinada a Alfred Douglas. En ese texto, Wilde se muestra arrepentido por su forma de vida anterior y deja entrever que, una vez que ha alcanzado el cielo y bajado a los infiernos, espera conseguir una especie de renacer.

"Todo santo tiene un pasado y todo pecador tiene un futuro", escribió una vez. Él no lo tuvo. En cuanto salió de la cárcel, Wilde se marchó a Francia ("apenas estuvo una hora en Inglaterra, la detestaba, y jamás volvió", apunta su biógrafo) y se cambió de nombre para pasar desapercibido: Sebastian Melmoth. "Aunque no se sabe con exactitud, se cree que Sebastian viene de la imagen de San Sebastián, un mártir joven y guapo que terminó siendo una especie de icono gay. Melmoth en cambio procede de una novela gótica, ‘Melmoth el errabundo’, de Charles Maturin, que le gustaba mucho", explica De Villena. En aquella época, el nombre de Wilde se había convertido casi en un insulto. Su mujer le cambió el apellido a sus hijos (por Holland) e incluso lo borraron de la autoría de ‘La importancia de llamarse Ernesto’, que todavía seguía representándose en el teatro. Wilde jamás volvió a utilizar su verdadero nombre.

Tampoco volvió a escribir. Durante su primer verano en Normandía —antes de fallecer en París, estuvo viviendo en Normandía, Niza o Nápoles, donde se reunió con su amante Alfred Douglas, con quién seguiría viéndose hasta su muerte— consiguió terminar el poema que había empezado en prisión, ‘La balada de la cárcel de Reading’, su última pieza literaria. "Mandó un par de cartas a un periódico inglés para defender el trato de los presos en las cárceles, en donde explicaba que había que tener más compasión con ellos, que era una cuestión de humanidad, etcétera. Y se las publicaron, al igual que la primera edición de ‘La balada de la cárcel de Reading’, con su número de prisionero: C33. Pero fue lo último que escribió", apunta De Villena.

Arruinado, enfermo y alcohólico, Wilde sobrevivía con el poco dinero que pedía prestado a sus amigos y que jamás devolvía. Se convirtió en un paria social, pero al contrario de lo que se cree, no murió solo del todo. "Tenía una serie de amigos, muy poquitos, que se quedaron con él hasta el final. Estaba Maurice Gillver, un chapero del que se hizo amigo y que le hizo la foto en su lecho de muerte; o Frank Harris, que era su amigo incluso antes de ir a la cárcel. Este no era gay y le ayudaba siempre que podía", apunta De Villena.

También Robert Ross, el que había sido su primer amante y luego, como mejor amigo, el albacea de su legado, lo acompañó en su último aliento. Sus últimas horas, a juzgar por una descriptiva carta que saldría a la luz más tarde, no fueron tan fabulosas como los enunciados que alimentan su leyenda. "Hacia las cinco y media de la mañana, un cambio total se operó en él: sus rasgos se alteraron y eso que llaman el estertor de la agonía comenzó. Jamás había oído yo nada semejante, era como el rechinar de un torno, y duró hasta el final. Sus ojos no reaccionaban ya a la luz. Era preciso secar constantemente la sangre y la espuma de los labios...", relataría su amigo, sin omitir ningún detalle. "Lanzó un profundo suspiro, el único que me pareció normal desde mi llegada, sus miembros se estiraron involuntariamente, su respiración se hizo más débil. Murió a las 13:50 horas en punto", añadió Ross. El entierro se celebró el 3 de diciembre de 1900, con una misa en la iglesia de St. Martin des Près. Asistieron 56 personas.

El D'Alsace, donde falleció Wilde, rebautizado como L'Hotel en 1967, es hoy un pequeño hotel de lujo del que cuelga, con orgullo, la factura sin pagar del escritor. Oscar Wilde está enterrado en el mausoleo en el cementerio Père-Lachaise de París que encargó su amigo Robert Ross (las cenizas de este descansan al lado). Condenado por sus orientaciones sexuales, el genio irlandés es hoy una figura reivindicada. Una de sus frases sirve como testamento de su existencia: "La vida es demasiado importante como para tomársela en serio".

viernes, 26 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #arte | Arte en defensa propia

Imagen: El Mundo
Arte en defensa propia.
Las Naves acoge la exposición Museari Queer Art aprovechando el 50 aniversario de la revuelta por los sucesos de Stonewall Inn,
Salva Torres | El Mundo, 2019-07-26
https://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2019/07/26/5d3ab44821efa0e82e8b46b8.html

El cineasta Pier Paolo Pasolini, aludido en la exposición Museari Queer Art por Ricard Huerta, se refirió a su obra caracterizándola por un «anhelo de vida» que lindaba con cierto «sentimiento de exclusión». Sentimiento que, según él, no disminuía, sino que aumentaba «el amor a la vida». También habló de la soledad inherente al creador que dedica muchas horas para dar forma a algo que, a su juicio, «es fuerza, abandono, vicio, libertad, para dar estilo al caos». Soledad y exclusión con las que imprimió de intenso canto a la vida sus películas.

La muestra Museari Queer Art que, aprovechando los sucesos de Stonewall Inn ocurridos en 1969, acoge en esta ocasión Las Naves, se hace eco de las palabras de Pasolini para insistir en esa voluntad de resistencia a través del arte. De manera que en su cuarta edición, con 50 exposiciones realizadas desde 2015 en su museo online, reúne un total de 14 proyectos, en los que diversos artistas exhiben sus diferentes formas de representar ese anhelo de vida. Anhelo que suele estar asociado con cierta incomprensión.

El escritor Oscar Wilde se refería a esa incomprensión diciendo que no había ningún artista que viera las cosas como son en realidad, «si lo hiciera, dejaría de ser artista». Museari Queer Art acerca al espectador una serie de propuestas artísticas que hurgan en esa dificultad de entendimiento hacia lo propio y ajeno. Pasolini, de nuevo, trillando ese camino: «Hay que decir que mientras los intolerantes creen que la diferencia de los diferentes carece de explicación y, por lo tanto, sólo merece odio, los tolerantes a menudo se preguntan, más o menos sinceramente, por las razones de esa diferencia».

Desde el propio Ricard Huerta, que además de aludir a Pasolini en sus acrílicos se refiere también a Robert Indiana, Patricia Highsmith o Maria Mercé Marçal, al historietista Nazario Luque, pasando por Natividad Navalón, Eva Máñez, Graham Bell Tornado y Anna Maria Staiano (La Erreria), Sebas Martín o Pepa Arróniz, entre otros, la exposición se adentra en los vericuetos de la diversidad sexual, que es tanto como decir en el intrincado universo de las formas que tenemos de relacionarnos con nuestro propio cuerpo y, desde ahí, con el del otro. Incluso con la naturaleza, de cuyo proceso de colonización se hará cargo La Erreria en una visita guiada y performance P.I.N.Q. que tendrá lugar en Las Naves el 1 de agosto.

Nazario, en su propuesta, «convierte el sexo en tema obsesivo de sus cómics, siendo el primer dibujante que usa la temática gay como fuente de inspiración en su obra», según se hace constar en el catálogo de la exposición que hasta el 31 de agosto permanecerá en Las Naves. Temática gay que, asociada a los colectivos LGTBIQ+, fue precisamente el detonante de lo ocurrido en el bar Stonewall Inn de Nueva York un 28 de junio de hace 50 años, como protesta por la actuación violenta de la policía en una redada contra miembros de esa comunidad que frecuentaba el pub.

Eva Máñez refleja, en las fotografías expuestas en Museari, la intervención de un grupo de transexuales invitados todos los años en la ciudad Cusco en Perú, para que bailen en honor de la Virgen de Copacabana la danza denominada 'Morenada', que se remonta a la época colonial de cuando la trata de esclavos. Sebas Martín, utilizando sus propias palabras, se hace cargo en sus ilustraciones de hombres en diferentes entornos históricos, fantásticos o cotidianos: «Hombres, hombres, siempre hombres saliendo de mi lápiz. Historias de hombres con hombres en la fina barrera que puede separar el erotismo de algunos más explícito».

De la persecución de los homosexuales en el franquismo se ocupan Marina Cochet, Juan Sepúlveda y Antonio Santos, en ilustraciones de la novela gráfica 'El Violeta' (Draku Editorial). Un relato que se adentra en los años 50 y en la ley de peligrosidad social que en España llevó a muchos homosexuales a la clandestinidad, el exilio o la integración previa negación de su orientación sexual. Pepa Arróniz, tomando como punto de partida la representación plástica del cuerpo femenino, cuestiona los roles de la mujer, ampliando su crítica al conjunto de la sociedad «en unos momentos en que se está produciendo una polarización en demasiados ámbitos», señala la artista en el marco de su Proyecto Hyster.

Natividad Navalón, mediante unas obras impresas en papel de algodón, contrasta esta textura algodonosa con la más áspera imagen de diferentes cuerpos femeninos con agujas clavadas, fusiles o pistolas tatuadas. Arte en defensa propia contra esa hostilidad que, viniendo del cuerpo social en su conjunto, se inscribe en la propia mujer. Ángel Pantoja, por su parte, realiza un collage digital de bustos, en los que problematiza el binarismo de género mediante la dislocación que tenemos de la estatuaria clásica.

Museari Queer Art se completa con los trabajos de Ricardo Cotanda, Cacho Falcón, Randomagus, Elia Torrecilla y Del LaGrace Volcano. Todos ellos fieles al espíritu de Museari (Museu de l'Imaginari), cuyo objetivo principal es «la promoción de la educación artística y de la historia como instrumentos fundamentales para la defensa de los derechos humanos, con un especial énfasis en el respeto a la diversidad sexual y los colectivos LGTBIQ+». Como diría Pasolini, la tragedia actualmente es que «ya no hay seres humanos, hay máquinas extrañas que chocan entre ellas».

viernes, 28 de junio de 2019

#hemeroteca #queer #identidades | Qué es ser ‘queer’

Imagen: El País / Orgullo en Portland, Oregón, 2019-06-16
Qué es ser ‘queer’.
¿Puede este término, que fue un insulto y está históricamente ligado a la subversión, servir como paraguas para todas las identidades LGTBIQ+?
Raquel Seco | El País, 2019-06-28
https://elpais.com/elpais/2019/06/28/ideas/1561722405_001524.html

Un panfleto circuló de mano en mano en la manifestación del Orgullo de Nueva York de 1990. Rezaba: “Cuando muchas lesbianas y homosexuales nos despertamos por la mañana, nos sentimos ‘enfadadxs’ y ‘asqueadxs’, no ‘gay’ [alegre, en uno de los significados de la palabra en inglés]. Así que elegimos llamarnos ‘queer’. Es una forma de recordarnos a nosotros mismos cómo nos percibe el resto del mundo. Es una forma de decirnos que no tenemos por qué ser personas ingeniosas y encantadoras que llevan vidas discretas y marginadas en el mundo heterosexual”. Queer Nation, una organización que luchaba contra la homofobia y la pandemia del VIH, firmaba el manifiesto, que ha pasado a la historia como una de las primeras reivindicaciones de la palabra ‘queer’.

El recorrido de ‘queer’ hasta aquella explosión de orgullo y reivindicación fue largo: en el siglo XVI, en inglés el término significaba raro, peculiar, extraño, y se vinculó al ámbito sexual desde el siglo XIX, principalmente referido a hombres. Uno de los primeros documentos al respecto es una carta del marqués de Queensberry, John Douglas, en 1894, en la que usó 'queer' con tono peyorativo para insultar a los homosexuales tras descubrir que su hijo tenía una relación con Oscar Wilde —el escritor acabó investigado y condenado por “conducta inmoral”, y tuvo que exiliarse a Francia—. Desde entonces se utilizó como insulto homófobo. No fue hasta las últimas décadas del siglo XX cuando el término empezó a ser reivindicado, entre otros, por Queer Nation, y cruzó fronteras más allá del mundo anglosajón. Aquel panfleto de 1990 continuaba: “Cuando se usa con otros gais y lesbianas, [‘queer’] es una forma de proponer que cerremos filas, y que olvidemos (temporalmente) nuestras diferencias individuales porque nos enfrentamos a un enemigo común más insidioso. ‘QUEER’ puede ser una palabra dura, pero también es un arma astuta e irónica que podemos robar del homófobo y usar contra él”.

Desde entonces, la teoría ‘queer’ ha tratado de explicar qué es ‘queer’ (en español, a veces escrito 'kuir' o 'cuir'), quién, cómo, o por qué se usa y a qué se refiere. El debate sigue abierto, porque el término se caracteriza por su fluidez y escapa las etiquetas. La pensadora Eve Kosofsky Sedgwick lo definió en los noventa como “una red abierta de posibilidades, lapsos, solapamientos, ausencias y excesos de significado cuando los elementos que constituyen el género o la sexualidad no son (o no pueden ser) forzados a un significado monolítico”. Refiriéndose solo al aspecto sexual, la antropóloga cultural Gayle Rubin retrató la división entre sociedad ‘respetable’ y ‘los otros’ con un diagrama (el “círculo mágico”, lo llamó) que sitúa en el centro las prácticas aceptadas (heterosexuales, monógamas...) y fuera las homosexuales, las promiscuas, las marginadas... eminentemente ‘queer’.

Pero el término engloba mucho más. Eleri Anona Watson, fundadora del Queer Studies Network (red de estudios ‘queer’) de la Universidad de Oxford, añade al teléfono: “Lo ‘queer’, para mí, no es definible en absoluto. Es un término indomable, radical, cambia con el tiempo y nadie se lo puede apropiar, desde el punto de vista filosófico y práctico. Ahí es precisamente donde reside su poder”.

Así que el viejo insulto ha mutado y se ha propagado sin parar en el último siglo y medio, y hoy su uso es común en el mundo académico y entre jóvenes. Los departamentos de estudios ‘queer’ se multiplican en las universidades y, en los medios, actrices, músicos y otros famosos salen del armario definiéndose no como homosexuales, sino como ‘queer’, y explicando que se sienten más cómodos con una definición fluida de su sexualidad. ¿Podría seguir creciendo el concepto hasta servir como paraguas para todas las identidades no heteronormativas? En un ensayo de la revista 'The Atlantic' el pasado febrero, el periodista Jonathan Rauch defendía que la letra Q (de ‘queer’) engloba “todas” las minorías sexuales, mientras que LGTBIQ+ (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales, intersexuales y ‘queer’) acaba inevitablemente excluyendo a algún colectivo y, además, resulta confusa.

No todos están de acuerdo. Hay voces contrarias a usar ‘queer’ como etiqueta estándar: subrayan que las siglas, aunque no representen literalmente cada una de las identidades de género y orientaciones sexuales, sí lo pretenden, y de ahí que a menudo al final de la secuencia de letras se incluya un “+”.

Además, quienes rechazan acabar con las siglas apuntan que el concepto ‘queer’ está umbilicalmente unido a una subversión política. “Suelo decir que ‘queer’ se refiere a no heterosexuales a quienes les ‘pone’ el anticapitalismo. No lo digo totalmente en serio, pero tampoco totalmente en broma”, comenta Florence Ashley, activista ‘trans’ y académica en la Universidad McGill de Montreal. Lo ‘queer’, subraya Ashley, tiene que ver con el rechazo a las “políticas de lo respetable” enraizadas en el capitalismo neoliberal. “El movimiento gay de masas dice que merecemos ser aceptados porque somos iguales, excepto en que nos acostamos con otro tipo de personas. Pero el movimiento ‘queer’ sostiene que debemos ser aceptadas porque somos humanas y porque tenemos razón: el sistema es injusto”. Ella cree que el uso único de ‘queer’ no ayudaría a diferenciar entre orientación sexual e identidad de género —algo que ya demasiada gente no hace— e invisibiliza todavía más a la comunidad ‘trans’. “Hemos luchado tanto porque esa letra T se uniera a las otras siglas, ¿y ahora vamos a ser ignoradas porque algunos piensen que ­LGTBIQ+ es demasiado largo?”

Efectivamente, lo ‘queer’ es esencialmente radical, coinciden distintos activistas y académicos, y definirse como tal y ser a la vez políticamente conservador, o misógino, o transfóbico... es, simplemente, contradictorio. Lo ‘queer’ “es un movimiento de disidentes de género y sexuales que resisten frente a las normas que impone la sociedad heterosexual dominante, atento a los procesos de normalización y de exclusión internos a la cultura gay: marginalización de las bolleras, de los cuerpos transexuales y transgénero, de los inmigrantes, de los trabajadores y trabajadoras sexuales...”, escribió el filósofo Paul B. Preciado, autor de 'Un apartamento en Urano' (Anagrama).

También hay quien teme que, dejando de usar las siglas LGTBIQ, se borren luchas que deben ser reconocidas. Hay identidades (mujer o bisexual, por ejemplo) que aglutinan a las personas para pelear por sus derechos, señala Begoña Martínez-Pagán, profesora de Literatura Feminista y LGTBIQ+ en la Universidad de Murcia. “Son categorías inventadas, líneas en la arena, pero que sean artificiales no implica que la gente no tenga derecho a reivindicarlas si sienten que les otorga poder. La diferencia está en si alguien te asigna una categoría desde fuera para señalarte como ‘otro’”.

En los países anglófonos una parte de la comunidad gay —aquellos que fueron peyorativamente señalados e insultados como ‘queer’— siente que esta palabra todavía les duele y desconcierta. “Categóricamente gay”, declaraba el titular de un artículo de Slate en el que el periodista Jim Farber, que salió del armario en los setenta, admitía estar perdido en esta era de fluidez. Farber se pregunta: si casi cualquier persona progresista puede encontrar la manera de identificarse como ‘queer’, ¿qué significa la palabra exactamente? “Me suena a algo que borrará la historia homosexual —mi historia— ahogándola en inclusividad para ampliar su alcance”, reflexiona. “Quizá este sea un factor inevitable del progreso. Al fin y al cabo, cualquier movimiento acaba siendo irrelevante si tiene éxito”.

jueves, 30 de mayo de 2019

#libros #comic #oscarwilde | La divina comedia de Oscar Wilde

La divina comedia de Oscar Wilde / Javier de Isusi.
Bilbao : Astiberri, 2019 [05-30].
376 p. : todas il.
Colección: Sillón Orejero.
ISBN 9788417575021 / 29 €

/ ES / Cómic
/ Gais / Novela gráfica / Historia – Siglo XIX / Homofobia / Homosexualidad / Oscar Wilde / Testimonios

Oscar Wilde murió exiliado en París en noviembre de 1900 a la temprana edad de 46 años, tan sólo tres después de salir de prisión, en la ruina moral y económica, fuertemente alcoholizado, incapaz de escribir una línea. El escritor, dramaturgo y poeta irlandés entendía la vida como una obra de arte y según dijo en numerosas ocasiones era en su vida donde había puesto todo su genio, mientras que en su obra sólo su talento. Le gustaba mirarse en el espejo de ‘La Divina comedia’ y comparar sus momentos vitales con los de la obra de Dante. Su vida es el drama perfecto de quien ha alcanzado todo lo que el mundo puede ofrecerle para luego perderlo de golpe.

‘La divina comedia de Oscar Wilde’, de Javier de Isusi, ateniéndose fielmente a lo que se sabe de la existencia del escritor, desborda esos límites para imaginar lo que podría haber pasado por dentro de su alma en esos tres últimos años. Rinde además un prolijo homenaje a toda su obra mediante citas y referencias textuales que transmiten buena parte de las ideas de Wilde, todo ello contado a través de sus encuentros con las personas que más le acompañaron durante ese periodo final.

“Un cómic original, bello y muy bien informado. Creo que Isusi es un gran admirador de Oscar y transmite muy bien su drama y su fascinación. Ha hecho una obra de arte, nada mojigata –al contrario– y un alarde de placer y sabiduría”. – Luis Antonio de Villena

sábado, 4 de mayo de 2019

#hemeroteca #camp #homosexualidad | 'Camp': artificio y extravagancia (de Versalles a las 'drag queens')

Diseño de Marjan Pejoski que lució Björk en 2000
'Camp': artificio y extravagancia (de Versalles a las 'drag queens').
Exposición en el MET de Nueva York.
Núria Marrón | El Periódico, 2019-05-04
https://www.elperiodico.com/es/mas-periodico/20190504/camp-artificio-y-extravagancia-de-versalles-a-las-drag-queens-7436553

La genealogía camp lleva hasta el verbo «'se camper'» –adoptar una postura exagerada– y Andrew Bolton, comisario de la muestra 'Camp: notes on fashion', desovilla con 125 objetos el rastro del artificio y la extravagancia. Y lo hace desde las 'drag queens' y firmas jóvenes como Palomo Spain hasta el Versalles de Luis XIV –de quien recupera, por cierto, unos coquetones zapatos con tacón rojo–, cuando el lujo y la 'performance' se convirtieron en estilo de vida (y dominación). Según se explica en la exposición del Met de Nueva York –abierta desde el próximo jueves hasta septiembre–, paradigmático del 'camp' en la corte versallesca fue precisamente el hermano del rey, Felipe de Orleans. 'Monsieur', como se le conocía, estaba obsesionado con la ropa y las joyas, andaba fascinado con su corte masculina, y hacía acopio de rosarios y medallas para que los encuentros con su segunda esposa, madame Palatine, fueran productivos en descendencia.

Sin embargo, la primera vez que el término 'camp' aparece documentado es en una carta de lord Arthur Clinton a su amante Frederick Park («mis empresas 'campish' no han hallado el éxito que merecen»). Park se vestía de mujer, se hacía llamar Fanny y junto con su compañera de travestismo Stella (Ernest Bolton) acabó en los tribunales acusado de indecencia.

De Wilde a Stonewall
Tras la caída social de Oscar Wilde, que había envuelto al personaje en boato camp, el artificio extravagante pasó a la clandestinidad. Luego, la palabra ganó popularidad a principios del siglo XX en la moda y en los ambientes homosexuales y queer, donde los claveles verdes en el ojal, los zapatos de gamuza marrón y la ropa demasiado ajustada formaban parte de un código secreto para entendidos.

Luego, tras los disturbios de Stonewall, momento fundacional del nervio LGTBI, el 'camp' abrazó oficialmente la moda y la cultura, y empezó a latir bajo un 'continuum' que va de los flamencos de la resucitada Schiaparelli al cuello-cisne de Björk. «La subversión de los valores estéticos del camp se han trivializado, pero esta muestra revelará su profunda influencia tanto en el arte elevado como en la cultura popular», vindica Max Hollein, director del Met.

sábado, 20 de abril de 2019

#hemeroteca #cine #oscarwilde | Rupert Everett, contra la homofobia

Imagen: El Periódico / Fotograma de 'La importancia de llamarse Oscar Wilde'
Rupert Everett, contra la homofobia.
El actor y director británico recrea los últimos años de Oscar Wilde en una película que quiere ilustrar la lucha de quienes siguen siendo perseguidos por su orientación sexual.
Nando Salvà | El Periódico, 2019-04-20
https://www.elperiodico.com/es/mas-periodico/20190420/rupert-everett-dirige-pelicula-oscar-wilde-contra-homofobia-7411521

Mientras yacía moribundo en el Hôtel d’Alsace de París, escribió: «El empapelado de estas paredes y yo mantenemos un combate a muerte. Uno de los dos se va a tener que ir». El 30 de noviembre de 1900 el empapelado ganó el duelo cuando Oscar Wilde murió, a los 46 años, a causa de una meningitis cerebral provocada por complicaciones en una otitis arrastrada durante mucho tiempo –los más morbosos sostienen que el verdadero motivo fue la sífilis–. Dejó dos meses de alquiler sin pagar: «Me estoy muriendo por encima de sus posibilidades», le había confesado al encargado de la casa.

Para el escritor, la capital francesa fueron dos ciudades muy distintas. Entre 1883 y 1894, había pasado periodos prolongados de tiempo en París, disfrutando del éxito literario y gozando de la compañía de colegas como André Gide, Stéphane Mallarmé y Paul Verlaine. A partir de 1898, en cambio, experimentó allí el rechazo general y vivió mendigando unas monedas para emborracharse de coñac y de autocompasión. De esta última época habla 'La importancia de llamarse Oscar Wilde', 'biopic' escrito, dirigido y protagonizado por Rupert Everett. En él, se nos muestra al autor avanzando patéticamente entre humillación y humillación, recibiendo palizas de adolescentes y la indiferencia de antiguos admiradores.

Podría decirse que era casi inevitable que Everett acabara haciendo esta película: a lo largo de su carrera, después de todo, ha interpretado numerosos textos del irlandés –entre ellos, dos adaptaciones cinematográficas, 'Un marido ideal' y 'La importancia de llamarse Ernesto'–, y pasó buena parte del 2012 dándole vida al frente del montaje teatral 'El beso de Judas'. Él, en cualquier caso, ha explicado que el impulso de hacerla no provino de su propio currículo sino, en buena medida, de la voluntad de ilustrar las luchas de tantos seres humanos que hoy siguen siendo perseguidos por su sexualidad en países como Rusia, Uganda e India.

El crimen de ser gay
«El placer es lo único por lo que uno debería vivir», escribió Wilde en 1894, y ese fue un principio fundamental de su filosofía estética pese a que por entonces la homosexualidad era un delito en Gran Bretaña –no se despenalizó hasta 1967–. Durante años él había vivido en secreto su orientación sexual y su amor por Lord Alfred Douglas; y cuando el padre de este, el marqués de Queensberry –un homófobo recalcitrante–, declaró públicamente su condena al comportamiento del escritor, este se sintió obligado a demandarlo por difamación. No solo no ganó el caso, sino que acabó cumpliendo dos años en la cárcel de Reading por los cargos de sodomía e indecencia. Su caída fue instantánea.

Tras su salida de prisión en 1897 se dirigió primero a Dieppe, al norte del país, donde escribió su célebre poema 'La balada de la cárcel de Reading' –«cada hombre mata lo que ama», dice uno de sus versos–; y en 1898 llegó a París, enfermo y arruinado. «Esta pobreza me rompe el corazón: es tan sucia, tan totalmente deprimente, tan desesperada. Reza por mí cuanto puedas», escribió a su editor. Para afrontar su nueva vida, Wilde se rebautizó como Sebastian Melmoth.

Coñac, tabaco y amantes
En esos últimos dos años, su vida fue bastante simple. A las 11 de la mañana desayunaba pan con mantequilla y café, y a las 2 de la tarde se comía una chuleta y dos huevos duros, regado todo con coñac; y lo que le quedaba de cada día y parte de la noche lo pasaba fumando y bebiendo en sus garitos predilectos, y transitando entre amantes. Le mantenían, decimos, aquellos de sus amigos –pocos– que no le habían dado la espalda. Pese a todo, en París fue feliz, porque pudo vivir libremente su sexualidad.

El último destino de Oscar Wilde en la ciudad del Sena fue el cementerio de Père-Lachaise. Su tumba es la más visitada en el cementerio, más incluso que las de Maria Callas y Jim Morrison. Durante los años 90, los visitantes cogieron la costumbre de besar la piedra dejando marca de lápiz de labios, y con el paso del tiempo llegó a estar tan dañada que en el 2011 el gobierno irlandés pagó una limpieza de la tumba y la instalación de una barrera de vidrio a prueba de besos a su alrededor. Actualmente, el cristal se llena de pintalabios a diario.

viernes, 30 de noviembre de 2018

#hemeroteca #arte #lgtbi | ¿Es la iglesia de Oscar Wilde para "pecadores" la más bonita del mundo?

Imagen: El País / Templo de Oscar Wilde, Londres
¿Es la iglesia de Oscar Wilde para "pecadores" la más bonita del mundo?
Los artistas McGough & McDermott han convertido una vieja capilla londinense en un templo que rinde culto a Wilde, que nos dejó un día como hoy hace 118 años, y a otros mártires LGTB.
Diego Parrado | Icon Desing, El País, 2018-11-30
https://elpais.com/elpais/2018/11/30/icon_design/1543572031_382360.html

Oscar Wilde (Westlansd Row, 1854 - París, 1900) decía que la única diferencia entre un santo y un pecador es que el santo tiene un pasado y el pecador un futuro. Su epigrama ha resultado profético, porque desde octubre es posible venerar al autor de ‘El retrato de Dorian Gray’, hacerle votos, e incluso casarse frente a la estatua de madera que, canonizándole, han levantado los artistas McGough & McDermott en el altar de una vieja capilla de Londres, consagrada ahora a Wilde.

La cifra C33 que hay inscrita en el pedestal de la estatua del escritor se corresponde con la de la celda de la cárcel de Reading en la que estuvo encerrado dos años, el mismo tipo iconográfico por el que suele representarse a San Esteban acompañado de las piedras con las que fue lapidado, a San Clemente con el ancla que le sumergió en el mar, o al propio Jesucristo con la cruz. “Igual que Cristo, Oscar Wilde fue arrestado, juzgado y prácticamente ejecutado”, cuenta Peter McGough. “Destruyeron su vida”.

El 30 de noviembre de 1900, al cabo de solo 5 años de su derrota en el juicio que le enfrentó con el padre de su amante –lord Alfred Douglas– y ser condenado por “grave indecencia” a dos años de prisión y trabajos forzados, Oscar Wilde completaba su martirio muriendo de una meningitis en su exilio de París. Su Pasión es precisamente el tema de ‘Las estaciones de la Cárcel de Reading’, una serie de pinturas de ‘McGough & McDermott’ que recorre las paredes del Templo de Oscar Wilde contando distintas escenas de su vida como la subasta de su biblioteca, que tuvo que vender para pagar la multa al padre de Douglas.

Pero Oscar Wilde no es el único mártir venerado en su templo. Alan Turing, Harvey Milk, Jody Dobrowsk o Xulhaz Mannan son otros de los iconos LGTB a los que se puede adorar durante los próximos cinco meses en Studio Voltaire, la galería que ha organizado la primera exposición de McGough & McDermott en Londres. Lo recaudado con las donaciones, bodas, ceremonias de cambio de nombre para personas transexuales y demás actos que se realizan estos días en el templo servirá para financiar un programa de la Fundación Albert Kennedy dedicado a los jóvenes LGBT sin hogar.

“Llevábamos muchos años queriendo fundar una religión”, explica Peter McGough. “Después de leer intensamente sobre las distintas fes, descubrimos que casi todas rechazan o condenan a la familia LGTB. Así que se nos ocurrió que la mejor manera de dar la bienvenida a nuestra comunidad era dedicarle un templo a un mártir que, en su juicio, no negó la atracción que sentía por otros hombres”.

Construirlo les ha llevado 20 años. La estatua de Oscar Wilde y el resto de la hagiografía que compone este particular culto fueron expuestos en Nueva York en 2017, pero el templo de Londres es mucho más completo. Digamos que ha pasado de capilla a santuario. “La dimensión de esta instalación es mucho mayor”, dice Niamh Conneely, director de comunicación de Studio Voltaire. “Además de encargar nuevos trabajos como la finalización de Las Estaciones de la Cárcel de Reading, en nuestra galería se han recuperado pinturas clave de la obra de ‘McGough & McDermott”’. Por ejemplo, ‘A Friend of Dorothy, 1943’, sobre los distintos insultos que han recibido los homosexuales a lo largo de la historia, o ‘Advent Infinite Divine Spirit’, que ofrece un nuevo significado del acrónimo S.I.D.A., uno de los temas capitales de la pareja de artistas.

El propio escenario de la exposición es inmejorable, y no solo porque haya permitido hacer justicia a Oscar Wilde a solo unos metros de Clapham Junction, la estación en la que esperó el tren que le llevó a la cárcel de Reading mientras la gente le insultaba y escupía. “La galería de Studio Voltaire es una antigua capilla victoriana construida en 1896. Formaba parte de la Iglesia Wesleyana de Clapham”, explica Niamh Conneely. “Para crear el ‘Templo de Oscar Wilde’, hemos reemplazado la instalación eléctrica por candelabros, devuelto el nivel del suelo a su altura original recubriéndolo de madera, y forrado las paredes de papel pintado”. El cuidado de los detalles llega hasta el estampado del papel: está decorado con girasoles, la flor que llevó Oscar Wilde durante la gira de conferencias que dio en Estados Unidos para propagar el movimiento Arts & Crafts que ahora ha inspirado la decoración de su templo.

“Cristo predicaba el amor; Oscar Wilde, la belleza”, concluye Peter McGough. Está claro que su ejemplo ha cundido.

martes, 26 de julio de 2016

#hemeroteca #memoria | El arte recupera la celda de Oscar Wilde

Imagen: El País / Plano de la prisión de Reading

El arte recupera la celda de Oscar Wilde.

Ana Iragorri Múnera | El País, 2016-07-26

https://elpais.com/cultura/2016/07/25/actualidad/1469461429_700398.html 

La prisión de Reading, donde fue encerrado en 1895 el escritor Óscar Wilde, abrirá sus puertas al público por primera vez en la historia este septiembre. A la vez, los pasillos de la cárcel se llenarán de obras de creadores como Richard Hamilton o Nan Goldin. No por nada Artangel, la organización británica promotora de la iniciativa, es conocida por sus muestras en lugares inesperados. Así que ‘Inside: Artists and Writers in Reading Prison’ (‘Dentro: artistas y escritores en la prisión de Reading’), organizada junto con la Universidad de Reading, contará con la participación de más de 30 artistas internacionales que rendirán homenaje al autor irlandés.

A través de la escritura, el arte y la lectura, los creadores intentarán responder a la obra de Wilde. Abordarán temas como el dolor de la separación impuesta por el Estado, la redención, el paso del tiempo o el amor, partiendo de experiencias propias o de su imaginación. Habrá obras nuevas de Marlene Dumas, Steve McQueen o Goldin y piezas ya conocidas de artistas como Hamilton, Doris Salcedo o Jean-Michel Pancin.

Además, se podrán visitar las celdas del recinto. Entre ellas, estará la denominada C.3-3, que acogió en su momento al escritor. Es ahí donde Wilde escribió su famosa 'De Profundis', una carta que nunca llegó a las manos de su destinatario, Lord Alfred Douglas, su amante y causa de su encarcelamiento. Cada domingo, hasta que la muestra finalice el 30 de octubre, invitados como Neil Bartlett, Patti Smith o Ben Whishaw se reunirán en la antigua capilla de la prisión donde leerán esa obra.

En la tarde del 11 de septiembre, la cadena de radio ‘BBC Radio 4’ emitirá desde la vieja celda de Wilde una versión reducida de ‘De Profundis’. La acompañará una serie de lecturas de cartas que escribirán artistas como Ai Weiwei, Binyavanga Wainaina y Anne Carson, en respuesta al trabajo del escritor. Durante la exposición, también se podrán observar las fichas de detención de los presos que habitaron el presidio y planos relacionados con el estricto sistema de aislamiento que la filosofía del recinto imponía a cada prisionero.

Diseñada por los arquitectos británicos William Bonython Moffatt y George Gilbert Scott, la prisión de Reading buscaba aislar a los presos y privarlos de cualquier contacto humano. Durante sus dos años de condena, Wilde sufrió los estragos de este método, lo cual reflejó una vez liberado en 'Balada de la cárcel de Reading', su última obra antes de morir en 1900. La estructura cruciforme que abarca el espacio, ahora expositivo, abrió en julio de 1844 y se acabó cerrando el 4 de septiembre de 2013.

Justo ese día, tres años después, arrancará ‘Inside: Artists and Writers in Reading Prison’. Tal como mencionan en su nota de prensa, los directores de Artangel, James Lingwood y Michael Morris, creen que será una oportunidad única para “reflexionar, en un lugar particularmente poderoso, sobre las implicaciones para el individuo cuando se separa de la sociedad por culpa del Estado”.

domingo, 21 de febrero de 2016

#hemeroteca #testimonios | Whitman y Wilde: poesía y sexo en Camden

Imagen: Jot Down / Walt Whitman
Whitman y Wilde: poesía y sexo en Camden.
Carlos Mayoral | Jot Down, 2016-02-21
http://www.jotdown.es/2016/02/whitman-y-wilde-poesia-y-sexo-en-candem/

Un irlandés baja por la escalinata del puerto de Nueva York. No le ha gustado el viaje, aunque sofoca el malestar que se ha instalado en su estómago con una reflexión recurrente: atrás queda la gris Londres, atrás queda la vieja Europa. Sus ojos ya contemplan América como al burdel más allá de la medianoche, con la sensación de ser quien nunca fuiste durante unas horas. Echa la vista atrás. La porción de agua que se despliega ante él es demasiado extensa como para no llevar a cabo su plan. Odia el mar, pero a la vez se siente tranquilo junto a él. Días más tarde, unas líneas aparecen en la gaceta Pall Mall.
Me siento decepcionado con el Sr. Wilde. Firmado: el océano Atlántico.
Él ya es consciente de que, si quiere ganar, no han de importarle las cartas. Alguien importante ha financiado su viaje por el Nuevo Mundo a cambio de ofrecer una serie de conferencias por el país. ¿Cómo no aceptar el trato sin mirar atrás? Es una oportunidad única.

Le esperaba una caminata por medio país charlando sobre pérfidas decoraciones, modas horteras y quién sabe cuántas tendencias más. Pero, claro, a nadie le importaba esto. Como casi siempre, a Oscar se le juzgaba por el continente y no por el contenido.

Los resultados no tardan en llegar. Los locales se abarrotan solo para comprobar si la lengua de oro de la que todos hablan es tan apetecible como se cuenta por ahí. Que los americanos contemplaran con ternura a un tipo capaz de convertir el verbo en algo más que una simple herramienta no es casualidad. Estaba a punto de estallar la ambiciosa expansión del país y las olas de innovación que pudieran llegar del extranjero eran estudiadas al milímetro (especialmente todo lo que oliese a diplomacia).

Así desembarcó Wilde en los Estados Unidos, con una intelectualidad minoritaria a sus pies y con un pueblo todavía ruralizado. No le resultaría difícil a un viejo zorro como él sacarle partido a la novedad. Y digo viejo zorro porque, a pesar de no haber cumplido los treinta aún, su pacto con el diablo no había funcionado y su alma envejecía a marchas forzadas, sin contar con retratos que aliviaran el desgaste al que le condenaba la única relación con la que se sintió a gusto: su relación con el pecado.

El primer alboroto llegó casi con la escalinata bajo sus pies. El fotógrafo que tomó las primeras instantáneas del escritor irlandés en América demandó a un periódico por la reproducción ilícita de las mismas. El tipo ganó el juicio instaurando el copyright fotográfico en Estados Unidos.

Mientras, el New York Times lo había definido como «estético y pálido joven con traje y cabello ondulado» después de su primera conferencia. De alguna manera, aquello recordaba a la promoción que más tarde harían con cierta bailarina española: «No canta, no baila, no se la pierdan». Era como colocar el dedo de Wilde sobre el gatillo.

Y él era de los que disparaban.

Poco tiempo después, deslizó doscientas libras por el bolsillo de Phineas Taylor Barnum, el célebre empresario circense, para que le permitiera ser retratado a lomos de Jumbo, el famoso elefante. La imagen de Wilde sosteniendo un clavel dio la vuelta al país. Se había metido a la prensa en el mismo bolsillo de donde nunca debió salir aquel clavel al que más tarde volveremos.

La fiebre Wilde se expandía como una epidemia. En Boston, todo el auditorio aparece vestido a la manera del pálido joven de traje y cabello ondulados. Pelucas, disfraces, maquillajes… Claro, el irlandés respondió apareciendo embutido en un oscuro traje decimonónico. Para él, todo es un juego. Disfruta con el farol, porque es con una mala jugada entre manos cuando le sobrecoge la sensación de ser él quien maneja la partida.

Pero nadie contaba con su jugada maestra. Aquella que solo él conocía.

Vino de saúco en Camden
A esas alturas, ya había conseguido escapar de los círculos intelectuales americanos (esos que se habían arrodillado frente a Wilde párrafos atrás) un viejo de luenga barba y rostro afable, un tipo extraño que rara vez se adaptaba a la tendencia marcada. Walt Whitman había abandonado la escuela siendo un crío y cometía faltas gramaticales que un angloparlante de seda como Wilde nunca hubiera permitido. O, mejor dicho, errores gramaticales que no hubiera permitido si el que los comete no pasa, todavía hoy, por ser uno de los mayores innovadores poéticos de la historia.

A pesar de su escasa formación académica, a menudo se le podía ver caminando sobre la nieve hasta llegar a la biblioteca central de la ciudad. Allí devoraba algunos de los apellidos más ilustres de la literatura universal. También acudía a la ópera y al teatro. Era, por decirlo rápido, un animal cultural, una bestia que producía sabiduría sin necesidad de haberla recibido antes.

Esa bestia también se cruzaba a menudo por las sábanas de su cama en Camden. La bisexualidad que se desprende de su abundante correspondencia y, por supuesto, de su sugerente poesía, estalla a través del deseo por el hombre joven, de rasgos, si se me permite la expresión, aniñados. Es su conquista favorita. De nuevo camina por Nueva York, esta vez alquilando habitaciones de hotel: ahora para él y su sobrino, ahora para él y su hijo adoptivo.
Todas cuentan solo con una cama.
Recuerdo cómo una vez estábamos acostados una transparente
……………..mañana de estío igual a esta,
cómo pusiste tu cabeza sobre mis caderas y delicadamente
……………..la volviste hacia mí,
y apartaste la camisa de mi pecho, y hundiste tu lengua
……………..hasta mi corazón desnudo.
Precisamente, lo que más atraía al joven Oscar Wilde de aquel barbudo sexagenario era el erotismo que desprendía su poesía, la capacidad de sugerir tanto con tan pocos recursos. Él sabe que no puede dejar de conocer a Whitman como más tarde lo supieron Lorca o Ginsberg.

La diferencia es que Wilde había llegado a tiempo.

Por eso, quiso detener su gira una noche, solo una noche, para poder contemplar los ojos que tantas veces había imaginado bajo el frío dublinés. Aspiraba el aroma americano a través de los versos de Whitman y de Emerson. «Hay algo muy griego y sensato en la poesía de Whitman; es muy universal, muy comprensible», había contestado Wilde a un periódico de Filadelfia. «Espero poder conocerlo pronto».

Solo quedaba esperar. Wilde se había mostrado como a Whitman más le gustaban los hombres: sugerente. Lo que el europeo no sabía es que el vino de saúco que tanto amaba su adorado poeta ya estaba preparado.

Alguien golpea la puerta de la habitación de hotel que Wilde ocupa en uno de los barrios más céntricos de Filadelfia. El mensajero trae consigo una carta. Oscar observa la letra afilada del remitente:
Walt Whitman estará disponible desde las dos hasta las tres y media de esta tarde y estará complacido de ver al señor Wilde.
No podía creerlo. Como solía aparentar en su poesía, se presentaba a sí mismo mediante la lejanía de la tercera persona. Ausente. Añorado. Sabía muy bien con quién estaba tratando.

Wilde ya no era el desconocido poeta que había llegado a Estados Unidos poco antes. Unas cuantas palabras acompañadas del gesto oportuno le habían puesto en el mapa («No debería necesitar ninguna introducción más que un buenos días», había vaticinado Russell Lowell). Pero con Walt no sería lo mismo.

¿Qué pensaría la bohemia de Londres si supiera que un joven Oscar Wilde estaba a punto de cumplir el sueño que todo poeta europeo guardaba consigo?

Esa noche se afeitó sin dejar rastro alguno de su escasa barba. Quería, por todos los medios, exhibir su rostro más aniñado.

El beso de Walt Whitman
A Wilde no le gustaba utilizar los nudillos para llamar a la puerta. La hilera de adosados en aquel terruño junto al río, la niebla perenne en Nueva Jersey. Él era la estética, acarició el clavel para no olvidarlo. Al otro lado de la puerta lo esperaba un hombre vetusto pero sorprendentemente atlético. «Vengo a usted como un poeta que llega al poeta que siempre conoció», confiesa el irlandés. Whitman, entretenido con el halago, colocó su espada sobre la nuca del recién llegado: «Te llamaré Oscar».

Sorprendentemente, no hablaron de poesía. Al menos, no de poesía desde un punto de vista formal. Walt, el hombre que había inventado el 'marketing' en la literatura al colocar una foto suya en la primera edición de 'Hojas de hierba' (¿la portada más famosa de la historia?), quiso llevar la conversación a ese terreno, a la literatura como producto. Y ahí encontró un filón en Wilde, que había conseguido colocarse en la estantería de América gracias a una serie de movimientos que poco tenían que ver con el gusto poético.

La botella de vino de saúco ya había sido descorchada («hubiera bebido si al menos fuera vinagre», mintió el irlandés ya en Europa), por lo que, pronto, las conversaciones se desviaron hacia el amor entre hombres, la calumnia del amor heterosexual, el gusto por Narciso. A la reunión había acudido un tercer hombre, el editor John Marshall Stoddart, amigo de ambos. Este contemplaba la conversación desde el ojo del huracán, sabiendo que pronto estallaría la tormenta y que no estaba a tiempo de salvarse.

El encuentro estuvo plagado de contacto. Contacto entre una generación que moría a través del verso libre y otra que nacía alrededor del esteticismo. Contacto entre dos culturas, la norteamericana y la británica, que tendían a no comprenderse. Contacto, incluso, físico, pues tan pronto Wilde acariciaba la rodilla de Whitman como Whitman abrazaba el joven torso de Wilde.

Stoddart decidió que aquel preámbulo había llegado demasiado lejos:

—Voy a dar un paseo. Os dejo solos durante una hora.

—Pueden ser dos o incluso tres —apuntaló Whitman.

El editor encaró la puerta de salida, no sin antes comprobar lo que por el rumor de pasos ya sospechaba: los dos amigos subían por la escalera en busca del tercer piso.

Días después, Whitman criticó abiertamente las portadas que los periódicos neoyorquinos le habían dedicado a Oscar Wilde. Este movimiento dejó encarrilada la creación de aquello sobre lo que habían charlado en Camden: un producto literario. Por su parte, Wilde definió mejor que nadie el viaje, el encuentro y la posterior reacción:
Todavía tengo el beso de Walt Whitman en mis labios.
Por supuesto, el viaje de Wilde por Estados Unidos aún no había terminado. Según Roy Morris Jr., recorrió quince mil millas y más de ciento cuarenta ciudades. Dejó frases para la historia. Definiciones para la historia. California le pareció «Italia sin arte». Chicago, una «monstruosidad amurallada con cajas de pimienta». Del propio pueblo, dijo: «Estados Unidos es el único país que ha pasado de la barbarie a la decadencia sin civilización de por medio».

Abandonó el país entre reconocimientos. Alguien dijo de él que «es el inglés más famoso en Estados Unidos después de la reina Victoria». Después de un año de gira, el puerto gris de Liverpool le recibía nuevamente.

Liquidó sus botas desgastadas. Se afeitó su larga melena y se colocó una camisa negra, intentando imitar al mismísimo Lord Byron. El otro Oscar Wilde había muerto. Eso sí, el nuevo Wilde le había robado algo a aquel joven irlandés que se había quedado para siempre en América.

Era un beso con sabor a saúco.

Y TAMBIÉN…
El viaje de Oscar Wilde a Estados Unidos.
Anthony Paletta | Opera Mundi, 2013-01-27

http://www.operamundi-magazine.com/2013/01/el-viaje-de-oscar-wilde-a-estados-unidos.html