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martes, 22 de abril de 2025

#hemeroteca #trans #vih | Solo el 55% de las personas trans con el VIH reciben terapia antirretroviral y la adherencia al tratamiento sigue siendo baja

El acceso a tratamientos hormonales de afirmación de género reduce en un 37% el riesgo de adquirir el VIH en personas trans
Solo el 55% de las personas trans con el VIH reciben terapia antirretroviral y la adherencia al tratamiento sigue siendo baja
Miguel Vázquez | gTt-VIH, 2025-04-22
https://www.gtt-vih.org/publicaciones/la-noticia-del-dia/22-04-25/

El tratamiento hormonal reduce riesgo de adquirir VIH
Un editorial reciente en ‘The Lancet HIV’ subraya la resiliencia de las personas trans frente a la discriminación y las barreras estructurales, destacando su contribución a la sociedad pese a los numerosos desafíos que enfrentan.

Resiliencia frente a la discriminación
A pesar de ser una de las poblaciones más afectadas por el VIH, las personas trans siguen encontrando obstáculos significativos para acceder a servicios de salud, incluidos los relacionados con la prevención y el tratamiento del VIH.

Según ONUSIDA, las mujeres trans tienen un riesgo 20 veces mayor de adquirir el VIH en comparación con la población general. Sin embargo, solo el 55% de las personas trans con VIH reciben terapia antirretroviral, y la adherencia al tratamiento sigue siendo baja.

En este sentido, un informe reciente destacaba la urgencia de abordar en EE UU las disparidades en atención médica y servicios de apoyo comunitario dirigidos a personas trans y no binarias como consecuencia de su extrema vulnerabilidad frente al VIH (véase La Noticia del Día 25/02/2025)

Terapia hormonal de afirmación de género y prevención del VIH
El estudio LEGACY, publicado también en ‘The Lancet HIV’, examinó la relación entre el acceso a la terapia hormonal de afirmación de género y los resultados clínicos relacionados con el VIH.

La investigación, liderada por Sari Reisner, analizó datos de 8.109 personas trans que recibieron atención en dos centros de salud de EE.UU. (Fenway Health, Boston, y Callen-Lorde Community Health Center, Nueva York) entre 2013 y 2019.

El estudio reveló que el acceso a tratamientos hormonales:

  • Reduce en un 37% el riesgo de adquirir el VIH.
  • Disminuye en un 44% el riesgo de no lograr la supresión viral en personas trans que ya viven con el VIH.

Además, Reisner propuso el marco conceptual de “Vulnerabilidades y Resiliencias Situadas”, que subraya la necesidad de enfoques integrales que combinen la reducción del estigma, la promoción de la equidad sanitaria y la defensa de los derechos humanos.

Mejora de los indicadores clínicos

Entre 2013 y 2019, el porcentaje de personas trans que recibía terapia hormonal aumentó de 85,5% a 89,4%. Paralelamente:

  • La seropositividad al VIH bajó del 9,1% al 6,9%.
  • La proporción de personas con carga viral no suprimida disminuyó del 22,4% al 15,7%.

Estos resultados evidencian cómo los tratamientos hormonales de afirmación de género no solo mejoran la calidad de vida, sino también los resultados clínicos relacionados con el VIH.

Amenazas políticas y barreras en el acceso a la salud

El acceso a tratamientos de afirmación de género enfrenta nuevas amenazas. En EE.UU., recientes políticas impulsadas por la administración del presidente Donald Trump han intentado eliminar protecciones básicas para las personas trans, incluyendo:

  • Eliminación de referencias a personas trans en sitios oficiales.
  • Restricciones a su movilidad.
  • Cancelación de investigaciones sobre cuidados de salud trans.

El editorial de ‘The Lancet HIV’ advierte que negar el acceso a terapias de afirmación de género agrava las desigualdades en salud y tiene consecuencias graves para las personas trans que viven con el VIH.

En el Reino Unido también se han reportado negativas injustificadas de médicos generales a prescribir tratamientos hormonales, incrementando así las barreras para esta población.

Un compromiso urgente con la equidad
Garantizar el acceso a tratamientos de afirmación de género y a servicios de prevención y tratamiento del VIH es fundamental para proteger los derechos y la salud de las personas trans.

Su resiliencia frente a la adversidad es un recordatorio de la necesidad urgente de abordar las desigualdades estructurales con empatía, compromiso y una firme defensa de los derechos humanos.

martes, 16 de abril de 2024

#hemeroteca #vih #terminologia | ¿Se debería dejar de utilizar el término “sida”?

Una imagen publicitaria del grupo Stop //

¿Se debería dejar de utilizar el término “sida”?

Miguel Vázquez | gTt-VIH, 2024-04-16

https://www.gtt-vih.org/publicaciones/la-noticia-del-dia/16-04-24/

Según algunos expertos, este acrónimo resulta redundante y está cargado de estigma, por lo que proponen sustituirlo por el término “enfermedad avanzada por VIH”

El acrónimo “sida” ha perdido su utilidad y debería sustituirse por un término más descriptivo en consonancia con los desafíos contemporáneos en relación con el VIH, según afirma un grupo de expertos en un artículo de opinión publicado en ‘The Lancet HIV’. Para muchas personas, el término “sida” se asocia a personas sin opciones de tratamiento disponibles y una esperanza de vida corta. Para los autores, esto puede influir en las decisiones terapéuticas tanto de las propias personas con el VIH como del personal sanitario que las tratan, propiciando que se tomen medidas de control de infecciones sobredimensionadas. En cuanto al uso del término combinado “VIH/sida”, consideran que implica una equivalencia errónea y puede generar confusión en la población general.

El acrónimo sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) fue acuñado en 1982 por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE UU (CDC, en sus siglas en inglés) para referirse a una enfermedad de origen desconocido que debilitaba la inmunidad celular de las personas. El término se concibió originalmente como una definición de caso con fines de vigilancia epidemiológica. Las decisiones de tratamiento se basaban en si los pacientes cumplían o no el criterio de caso de sida.

Sin embargo, los autores del artículo en ‘The Lancet HIV’ consideran que este término dejó de ser necesario una vez se descubrió que el VIH era el origen de dicha afección. Consideran que seguir utilizándolo hoy en día puede resultar engañoso, e incluso perjudicial. Sin la etiqueta “sida”, el personal médico puede centrarse en aspectos más relevantes del cuidado, como si la persona toma tratamiento y durante cuánto tiempo lo ha hecho o si ha realizado algún cambio terapéutico, entre otros factores que ayudarán a establecer una pauta de atención adecuada para la persona.

Para los autores, su uso fomenta el estigma no solo del personal sanitario, sino de la propia persona con el VIH, el autoestigma, que puede impedir que las personas accedan a la atención sanitaria y al resto de servicios. Por otro lado, la vinculación entre “sida” y los mal llamados “grupos de riesgo”, como, por ejemplo, los hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (GBHSH) o las personas usuarias de drogas –que se forjó durante los primeros años de la epidemia– induce a error en cuanto a qué personas se consideran en situación de riesgo, lo que puede retrasar el diagnóstico y fomenta la discriminación y la estigmatización de los grupos de población más afectados.

En la actualidad, varias asociaciones profesionales desaconsejan el uso del término “sida”, algunas de las cuales, irónicamente, tienen la palabra como parte de su nombre. No obstante, algunas organizaciones y entidades públicas ya han empezado a eliminar esta sigla de sus nombres como, por ejemplo, la organización comunitaria española STOP SIDA que recientemente decidió sumarse a esta tendencia y pasó a llamarse simplemente STOP tras un proceso de reflexión y consenso entre las personas socias, el voluntariado, el equipo técnico y la junta directiva.

No obstante, existen otros expertos en el ámbito que, aunque reconocen que “sida” es un término anacrónico, consideran que hacer hincapié en este cambio de terminología es un asunto menor, en vista de los problemas más acuciantes a los que se enfrenta la comunidad del VIH. En este sentido, consideran que en un momento en que la financiación mundial frente al VIH se encuentra en una situación muy precaria, el que se use el término “sida” o “VIH” no supone ninguna diferencia a la hora de intentar paliar ese peligro.

También afirman que el estigma y la persecución y, en algunos casos, la criminalización de las personas con el VIH o el sida no van a desaparecer simplemente por un cambio de nombre. Por este motivo, consideran que lo prioritario es centrarse en los determinantes sociales de la salud, ya que eso es lo que va a hacer cambiar la situación de las personas con el VIH, más que el cambio de términos.

Greg Millett –de la histórica Fundación Americana para la Investigación sobre el Sida (amfAR, por sus siglas en ingles), que lleva trabajando en la respuesta frente al VIH desde 1985– hace una equiparación con los debates que hubo en EE UU en los años 90 sobre el uso del término “afroamericano” frente a “negro”. Para este activista, está claro que el hecho de usar la terminología de “afroamericano” no ha servido para solucionar problemas graves de este colectivo, como la pobreza, el racismo estructural, entre otras desigualdades.

En esta misma línea, otros expertos consideran que los autores del artículo malinterpretan el impacto del término “sida” sobre el estigma. Así, “sida” se referiría más bien al carácter mortal de la propia infección sin un tratamiento adecuado y al modo de transmisión. Según este punto de vista, se trata de un término que se utiliza de forma generalizada desde hace 40 años y está reconocido en todo el mundo. Por tanto, eliminar “sida” de la terminología puede aumentar la confusión, contribuyendo a que la gente piense que la epidemia ha terminado.

Es decir, admiten que mantener el término puede resultar dañino, tal como afirman los autores, pero eliminarlo podría empeorar otro tipo de daños ya existente, ya que no puede descartarse la posibilidad de que se reduzca la importancia del problema, sin que ello tenga un impacto significativo sobre el estigma.

Los autores del artículo también consideran que eliminar el término sida no va a erradicar el estigma. Sin embargo, consideran que este término ha superado su utilidad y que se debería hacer una transición hacia un lenguaje más descriptivo que se ajuste a los retos contemporáneos del VIH.
  • Fuente: Medscape Medical News/Elaboración propia (gTt-VIH)
  • Referencia: Núñez I, Piñeirúa-Menéndez A, Valdés-Ferrer SI, et al. Retiring the term AIDS for more descriptive language. The Lancet HIV March, 2024. DOI: https://doi.org/10.1016/S2352-3018(23)00331-4

jueves, 20 de abril de 2023

#hemeroteca #vih #saludmental | Un estudio danés revela que las personas con el VIH tendrían un mayor riesgo de suicidio y depresión

La salud mental de las seropositivas necesita mayor atención //

Un estudio danés revela que las personas con el VIH tendrían un mayor riesgo de suicidio y depresión

La atención a las personas con el VIH debería poner más énfasis en los problemas de salud mental y no centrarse sólo en la salud física
Jordi Piqué | gTt-VIH, 2023-04-20
http://gtt-vih.org/actualizate/la_noticia_del_dia/20-04-23 

Las personas con el VIH presentaron un riesgo tres veces mayor de suicidio que la población general y un riesgo de depresión, dos veces mayor. Sin embargo, la depresión fue mucho más frecuente (alrededor de una de cada 25 personas con el VIH) que el suicidio (una de cada 140 personas con el VIH). Estos son los principales hallazgos de un estudio danés cuyos resultados se presentaron la semana pasada en el 33 Congreso Europeo sobre Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas (ECCMID 2023), que se está celebrando de forma híbrida online y en la ciudad de Copenhague (Dinamarca) del 15 al 18 de abril.

Los estudios anteriores sobre el suicidio en personas con el VIH han arrojado una amplia gama de estimaciones, no todas ellas fiables. Por ejemplo, algunos estudios se han centrado en subgrupos concretos de personas con el VIH o no han podido realizar una comparación directa con personas sin el VIH (véase La Noticia del Día 01/12/22).

En Dinamarca, los investigadores tienen acceso a los historiales médicos anonimizados de casi todas las personas del país, lo que permite efectuar comparaciones entre las que tienen VIH y las que no. No obstante, estos registros no incluyen información sobre otros factores que pueden ser relevantes, como la clase social, el empleo, la sexualidad y el consumo de sustancias.

Con el objetivo de ofrecer más evidencia sobre depresión y suicidio en personas con el VIH, un equipo de investigadores de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) realizó un estudio de seguimiento de cohortes emparejadas basado en la población a nivel nacional, que incluyó a 5.943 personas diagnosticadas de VIH entre 1995 y 2021. En consonancia con la epidemiología del VIH en Dinamarca, tres cuartas partes eran hombres. Cada persona con el VIH fue emparejada con diez personas de la misma edad y sexo que no habían sido diagnosticadas de VIH.

En los dos primeros años tras el diagnóstico, las personas con el VIH tenían más del triple de riesgo de depresión, aunque este riesgo se redujo al doble en los años siguientes. Al cabo de diez años, el 3,9% de las personas con el VIH y el 1,8% de las personas sin el virus habían recibido tratamiento hospitalario por depresión al menos una vez. A lo largo de los 20 años de seguimiento se observaron diferencias tanto en la incidencia de la depresión como en la prescripción de medicamentos antidepresivos.

El riesgo de suicidio fue especialmente elevado en los dos primeros años tras el diagnóstico, con una tasa más de diez veces superior a la de las personas de la población general. Una vez pasado este periodo especialmente vulnerable, las personas con el VIH seguían teniendo un riesgo de suicidio más de tres veces superior que la población general (cociente de riesgo 3,6; intervalo de confianza del 95%: 2,3-5,6). Aunque estas cifras pueden dar la impresión de que el suicidio es muy frecuente, el número absoluto de suicidios era bajo: al cabo de diez años, el 0,7% de las personas con el VIH se habían suicidado, frente al 0,2% de las personas sin el VIH. El aumento del riesgo continuó durante los 20 años de seguimiento.

Para intentar tener en cuenta, en alguna medida, los factores ambientales y genéticos que podrían influir en estos riesgos, los investigadores también recopilaron datos sobre los hermanos y/o hermanas. Se observaron tasas más elevadas de suicidio y depresión en las personas con el VIH que entre sus hermanos y hermanas, mientras que las tasas eran similares entre los hermanos y hermanas de las personas con el VIH y los hermanos y hermanas del grupo de comparación. Esto sugiere que los factores familiares no son tan importantes.

La importancia de los problemas de salud mental en las personas con el VIH ha hecho que la integración de los servicios de salud mental y el apoyo psicosocial con los servicios relacionados con el VIH constituya una de las acciones prioritarias clave incluidas en la Estrategia Mundial sobre el Sida 2021-2026: “Acabar con las desigualdades y acabar con el sida” y en la Declaración Política de las Naciones Unidas sobre el VIH y el Sida de 2021: “Acabar con las desigualdades y estar en condiciones de poner fin al sida para 2030” (véase La Noticia del Día 03/05/22). Es preciso contar con un enfoque holístico en los servicios del VIH, centrados en la persona, para garantizar que se aborden las necesidades de las personas que presenten problemas mentales, neurológicos o de consumo de sustancias dentro de los programas de atención, tratamiento y prevención del VIH.

Como conclusión, los investigadores señalan que los resultados del estudio ponen claramente de manifiesto las graves implicaciones que tiene para la salud mental el diagnóstico del VIH y la importancia de que los médicos estén atentos a los síntomas de depresión en esta población de alto riesgo. La atención a las personas con VIH, que tradicionalmente se ha centrado en su salud física, debería hacer más hincapié en su salud mental.
  • Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt-VIH).
  • Referencia: Vollmond CV et al. Risk of depression in people living with HIV, a nationwide population-based matched cohort study. European Congress of Clinical Microbiology and Infectious Diseases (ECCMID), Copenhagen, abstract MAK0806, April 2023.

martes, 19 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #vih | Dos nuevos estudios apuntan a que el VIH no aumenta la probabilidad de mayor mortalidad o morbilidad por la COVID-19

Imagen: Google Imágenes
Dos nuevos estudios apuntan a que el VIH no aumenta la probabilidad de mayor mortalidad o morbilidad por la COVID-19.
Sin embargo, en uno de ellos se ha hallado cierta tendencia no significativa hacia peores resultados en algunos pacientes con el VIH, por lo que será necesario realizar estudios de mayor tamaño para confirmar o descartar dicha tendencia.
Francesc Martínez | gTt VIH, 2020-05-19
http://gtt-vih.org/actualizate/la_noticia_del_dia/19-05-20

Dos estudios, llevados a cabo, respectivamente, en EE UU y Alemania han concluido que la infección por el VIH no aumentaría la probabilidad de una peor evolución de la COVID-19 (acrónimo en inglés de enfermedad por coronavirus 2019). Sin embargo, el estudio estadounidense sí ha hallado cierta tendencia –sin significación estadística– a que el VIH pudiese actuar como factor de riesgo de una peor evolución en algunos pacientes, por lo que sus investigadores hacen un llamamiento a la realización de estudios de mayor tamaño que permitan esclarecer si dichas tendencias observadas tienen un fundamento o se deben únicamente a la casualidad. Cabe destacar que las evidencias disponibles hasta la fecha (véase La Noticia del Día 29/04/2020) van en la línea de los hallazgos significativos de estos dos estudios, es decir, que el VIH no condicionaría la evolución de la COVID-19.

El primero de los estudios, realizado en Nueva York (EE UU), pretendió llenar un vacío que los estudios publicados hasta la fecha no habían logrado: comparar un grupo de personas sin el VIH con un grupo de participantes con el VIH. Aun así, por la coyuntura del momento no pudieron decantarse por una mejor aproximación que un estudio caso-control (que, por definición, son de peor calidad científica que los estudios de cohortes o los ensayos clínicos). Los participantes fueron incluidos tras su ingreso en cuatro hospitales neoyorquinos entre el 2 de marzo y el 23 de abril.

Cada persona con el VIH fue comparada con dos sin el VIH, que fueron seleccionadas para que tuvieran características similares en relación con los siguientes factores: fecha de ingreso, edad, índice de masa corporal, sexo, historial de tabaquismo, historial de diversas afecciones (enfermedad renal, hipertensión, asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica e insuficiencia cardíaca). Finalmente un total de 21 personas con el VIH y 42 sin el VIH participaron en el estudio.

Tras el emparejado de casos y controles no se observaron diferencias significativas entre los dos grupos comparados ni en términos de edad (promedios de 60 y 61,5 años en personas con o sin el VIH, respectivamente), sexo (90,5% de hombres en ambos grupos), etnia o historial médico. Sí que se observaron diferencias en el tabaquismo activo (9,5% y 14,5% de las personas con o sin el VIH, respectivamente, eran fumadoras activas).

Entre las personas con el VIH de las cuales se disponía de datos sobre el recuento de CD4, la mediana era de 298 células/mm3. El 88% de las personas con el VIH tenían carga viral indetectable y el 100% se encontraban en tratamiento antirretroviral al ingresar en el hospital.

Respecto a los controles, las personas con el VIH presentaron un recuento de linfocitos totales y unos niveles de proteína C reactiva (CRP, en sus siglas en inglés, un marcador de inflamación) significativamente más elevados (p= 0,043 y p= 0,020; respectivamente). Los dos grupos presentaron niveles similares de leucocitos, hemoglobina, neutrófilos, ferritina, dímero D, troponina, creatina fosfoquinasa, procalcitonina o creatinina.

El porcentaje de personas con el VIH con un resultado anómalo en la radiografía de tórax en el momento del ingreso fue claramente más elevado (90,5% y 64,3% de personas con el VIH y controles, respectivamente).

Las personas con el VIH presentaron una mayor tendencia (sin llegar a alcanzar valores significativos) a precisar del ingreso en la unidad de cuidados intensivos, a necesitar ventilación mecánica (23,8% y 11,9%; respectivamente) o a fallecer o ser derivado a cuidados paliativos (28,6% y 23,8%; respectivamente).

También se observó una mayor tendencia no significativa entre personas con el VIH a presentar picos más altos de lactato deshidrogenasa, ferritina, procalcitonina, dímero D y CRP. Este último punto es importante porque tener un pico de CRP más alto se relacionó con un mayor riesgo de fallecer. El recuento de CD4 no se relacionó significativamente con la mortalidad.

Tres personas con el VIH y una sin el VIH presentaron (además de la COVID-19) neumonía bacteriana. Las cuatro finalmente fallecieron.

El segundo de los estudios, llevado a cabo en Alemania, analizó los resultados de una serie de 33 casos de COVID-19 entre personas con el VIH. Los casos fueron analizados de forma retrospectiva e incluyeron diversos parámetros tales como edad, sexo, síntomas, resultados clínicos relacionados con la COVID-19 y parámetros clínicos relacionados con el VIH.

Tres de los 32 participantes de los que se contaba con todos los datos requeridos fallecieron (lo que supuso una mortalidad del 9%). El 91% restante se recuperaron y el 76% del total de los participantes fueron finalmente clasificados como de sintomatología leve. Todos los participantes se encontraban en tratamiento antirretroviral.

Los resultados de los dos estudios apuntan a que la infección por el VIH no aumenta la probabilidad de mayor mortalidad o morbilidad por la COVID-19 en personas con el VIH.

No obstante, el estudio estadounidense apunta una serie de tendencias no significativas que deberán ser verificadas en estudios de mayor tamaño capaces de esclarecer si lo que en este estudio se apunta como tendencia se convierte en un hallazgo estadísticamente significativo. Cabe destacar que las personas con el VIH del estudio estadounidense tenían una mediana del recuento de CD4 algo baja en el momento del ingreso, por lo que los resultados del estudio serían probablemente poco extrapolables a los de otros países –como los de la Europa occidental– donde las personas con el VIH suelen tener mayores niveles de CD4 y, por tanto, su grado de inmunosupresión es menor.

Fuente: NATAP / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencias: Karmen-Tuohy S, Carlucci PM, Zacharioudakis IM, Zervou FN, Rebick G, Klein E, Reich J, Jones S, Rahimian J. Outcomes among HIV-positive patients hospitalized with COVID-19. medRxiv. https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.05.07.20094797v1 (This preprint report has not been peer-reviewed.).
Härter G, Spinner CD, Roider J, et al. COVID-19 in people living with human immunodeficiency virus: a case series of 33 patients [published online ahead of print, 2020 May 11]. Infection. 2020;1?6. doi:10.1007/s15010-020-01438-z.

lunes, 20 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #personasseropositivas | Se publica una primera serie de casos de personas con el VIH y la COVID-19 atendidas en el Hospital Clínic de Barcelona

Imagen: Google Imágenes / Hospital Clínic de Barcelona
Se publica una primera serie de casos de personas con el VIH y la COVID-19 atendidas en el Hospital Clínic de Barcelona.
Los resultados proporcionan cierta evidencia de que la infección por el VIH no aumentaría el riesgo de progresión grave de la COVID-19, aunque cabe tener precaución al interpretar los datos, pues la serie es de solo cinco casos.
Francesc Martínez | gTt-VIH, 2020-04-20
http://gtt-vih.org/actualizate/la_noticia_del_dia/20-04-20

Un equipo de investigadores del Hospital Clínic de Barcelona (Cataluña, España) ha publicado en ‘The Lancet HIV’ una primera serie de casos de personas con el VIH infectadas por SARS-CoV-2 que requirieron hospitalización por COVID-19 (acrónimo en inglés de enfermedad por coronavirus 2019). La pequeña serie de 5 casos –todos ellos finalmente resueltos de forma satisfactoria – parece apuntar a que el VIH no supondría un factor de riesgo adicional respecto a la COVID-19, algo que la Asociación Británica del VIH (BHIVA, en sus siglas en inglés) –un organismo que representa a los profesionales sanitarios que trabajan en Reino Unido en el ámbito del VIH– ya había hecho público semanas atrás (véase La Noticia del Día 09/03/2020) y que recientemente fue manifestado también por parte de la Sociedad Clínica Europea del Sida (EACS, en sus siglas en inglés).

La presente serie de casos fue identificada en un grupo de los primeros 543 casos con COVID-19 admitidos en el Hospital Clínic de Barcelona hasta el día 9 de marzo. De ellos, un total de 5 (el 0,92%) tenían el VIH y fueron los seleccionados para el presente análisis.

Tres de las cinco personas eran hombres y las otras dos eran mujeres trans. Todas ellas tenían menos de 50 años y la menor tenía 29 años. Solo dos de ellas presentaban patologías de base además de la infección por el VIH (en un caso hipotiroidismo y en el otro asma).

En una de las personas la infección por el VIH fue diagnosticada tras la admisión al hospital, pues desconocía su estado serológico. Su recuento de CD4 era de solo 13 células/mm3. De forma llamativa, no fue la que tuvo que ser hospitalizada más días –aunque fue la segunda que precisó más días de hospitalización y cabe destacar que era una de las tres personas sin otra patología de base que la infección por el VIH–. Los otros cuatro casos se encontraban en tratamiento antirretroviral, tenían carga viral indetectable y sus niveles de CD4 eran superiores a 400 células/mm 3.

Las cinco personas fueron admitidas al hospital con tos y fiebre. En tres casos presentaban disnea (dificultad para respirar). Dos de los cinco casos –la persona que tenía hipotiroidismo (de 49 años) y la que previamente no tenía la infección por el VIH diagnosticada (de 31 años) – fueron clasificados como graves y las dos personas fueron ingresadas directamente en la unidad de cuidados intensivos (UCI). Estas dos personas presentaban neumonía vírica. La recién diagnosticada de infección por el VIH también presentaba neumonía por ‘Pneumocystis jirovecii’ (una enfermedad definitoria de sida que podría explicar por qué su caso evolucionó de forma más grave).

La persona con hipotiroidismo precisó de ventilación mecánica invasiva y seguía hospitalizada a los 21 días de su ingreso. La persona con diagnóstico reciente de infección por el VIH precisó de ventilación mecánica no invasiva y obtuvo la curación y fue dada de alta a los 12 días del ingreso. Las otras tres personas no precisaron de ventilación mecánica y pudieron regresar a su domicilio entre 1 y 4 días después del ingreso . Aunque las tres finalmente se curaron, dos de ellas siguieron un programa de atención domiciliaria supervisado durante 10 y 13 días, respectivamente.

En el caso de las 538 personas sin el VIH con COVID-19 del mismo hospital, el 12% precisaron de ingreso en la UCI y el 38% de atención ambulatoria supervisada.

En cuanto a los tratamientos antirretrovirales tomados por los pacientes de COVID-19 con el VIH, los médicos decidieron modificar la terapia antirretroviral en tres casos y comenzar el tratamiento en el recién diagnosticado para que incluyera darunavir/cobicistat (Rezolsta®) o lopinavir/ritonavir (especialidad farmacéutica genérica [EFG], Kaletra®), pues en aquel momento se pensaba que serían antirretrovirales con cierta eficacia frente al COVID-19, algo que fue descartado con posterioridad tanto en el caso de lopinavir/ritonavir (véase La Noticia del Día 23/03/2020) como en el de darunavir/cobicistat (en este caso a través de una nota de prensa de la compañía farmacéutica propietaria del fármaco). El quinto participante ya estaba tomando darunavir/cobicistat como su terapia antirretroviral de base, por lo que no fue modificada.

Cuatro de los cinco pacientes con el VIH recibieron hidroxicloroquina y tres de ellos recibieron el antibiótico azitromicina. La persona con ‘Pneumocystis jirovecii’ recibió otros antibióticos adicionales.

Para controlar la hiperreactividad del sistema inmunitario –principal responsable del agravamiento de la infección por el SARS-CoV-2– en dos pacientes se utilizaron corticoides y en un tercero, el más grave, se utilizó tocilizumab (un anticuerpo que inhibe el receptor de la interleuquina 6 [IL-6]) e interferón β-1b (que, al contrario que el interferón α utilizado años atrás en la hepatitis C, que potenciaba el sistema inmunitario, presenta una actividad inmunomoduladora) .

En cuanto a las posibles vías de adquisición, una persona había cenado con alguien diagnosticado de COVID-19, una era trabajadora sanitaria, otra trabajaba en un gimnasio y dos realizaban trabajo sexual (una de ellas había realizado una sesión de ‘chemsex’ –uso intencionado de drogas en contextos sexuales– seis días antes de su ingreso).

Los datos aportados por la siguiente serie de casos parecen apuntar a que la infección por el VIH no es un factor de riesgo adicional de progresión grave de la COVID-19. En todo caso, los investigadores destacan que ninguno de los 5 participantes pasaba de los 50 años, por lo que no cabía esperar una mala evolución.

Será necesario, pues, analizar datos de personas con el VIH de mayor edad y con comorbilidades para establecer de forma más consistente si el VIH puede excluirse definitivamente como factor de riesgo.

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencias: Blanco JL et al. COVID-19 in patients with HIV: clinical case series. Lancet HIV, online publication 15 April 2020. https://doi.org/10.1016/S2352-3018(20)30111-9.

viernes, 29 de noviembre de 2019

#hemeroteca #vih | La incidencia del VIH en España desciende, aunque no en hombres gais extranjeros

Imagen: Economía Digital / Presentación de la campaña de CESIDA y Gilead para la detección precoz del VIH
La incidencia del VIH en España desciende, aunque no en hombres gais extranjeros.
Los casos de diagnóstico tardío se mantienen estables y los de sida mantienen su tendencia descendente.
Francesc Martínez | gTt-VIH, 2019-11-29
http://gtt-vih.org/actualizate/la_noticia_del_dia/29-11-19

La Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación, en colaboración con los sistemas autonómicos de vigilancia epidemiológica y el Centro Nacional de Epidemiología han publicado el informe “Vigilancia Epidemiológica del VIH y sida en España 2018: Sistema de Información sobre Nuevos Diagnósticos de VIH y Registro Nacional de Casos de Sida”. Un año más, se observa una tendencia estable y ligeramente descendente en los nuevos diagnósticos, un descenso de los casos de sida y el mantenimiento de un grupo poblacional altamente vulnerable: los hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (GBHSH); especialmente aquellos de origen extranjero (principalmente latinoamericanos).

Entre los principales objetivos del informe se encontraban cuantificar los nuevos diagnósticos de infección por el VIH y sida, determinar las características epidemiológicas de los nuevos casos y contribuir a la vigilancia internacional de la epidemia de la infección por el VIH.

En 2018 se notificaron un total de 3.244 nuevos diagnósticos del VIH en España. Tras ajustar los resultados por retraso de notificación, ello se correspondería a una tasa de 8,65 casos por cada 100.000 habitantes, siguiendo la tendencia ligeramente descendiente observada en los últimos años. El 85,3% de los diagnosticados eran hombres y la mediana de su edad era de 36 años.

La principal vía de transmisión fue la sexual en GBHSH (56,4% de los casos), seguida por la heterosexual (26,7%) y el uso de drogas inyectables (3,2%). El 37,2% de los diagnósticos tuvieron lugar en personas de origen extranjero y el 47,6% de los diagnósticos fueron tardíos (con un recuento de CD4 inferior a 350 células/mm3).

En los últimos 10 años se establece una tendencia global descendente en los nuevos diagnósticos, aunque con diferencias por causa de la vía de transmisión y/o el hecho de ser de origen extranjero. Así, entre GBHSH, el grupo mayoritario de personas con nuevo diagnóstico, se observa que a partir del año 2015 solo descienden los nuevos diagnósticos en españoles, mientras que la tendencia en extranjeros es ascendente a partir de dicho año.

En cuanto a los diagnósticos tardíos, han ido descendiendo durante la última década, aunque tras 2016 se han estabilizado, sin diferencias en función de la vía de transmisión.

El porcentaje de casos con diagnóstico tardío desciende levemente entre 2009 y 2016, manteniéndose estable después. No se observan cambios según modo de transmisión.

En lo que respecta a los casos de sida, en 2015 se notificaron 415 casos (en el registro quedaron excluidos los casos de Comunidad Valenciana y Cataluña por motivos técnicos). Ello conllevaría una tasa ajustada de 1,4 casos por cada 100.000 habitantes. El 82,9% eran hombres y la mediana de la edad era de 43 años. El 34,5% de los casos se produjeron en hombres y mujeres heterosexuales; el 37,1% en GBHSH y el 11,6% en usuarios de drogas intravenosas.

Desde el inicio de la epidemia se llevan registrados en España 88.135 casos de sida. El porcentaje de los casos de sida que representan las personas extranjeras ha ido aumentando con el tiempo hasta llegar a representar el 31,8% de los casos en 2018.

En la última década, la enfermedad definitoria de sida más frecuente ha sido la neumonía por Pneumocystis jirovecii (28,8%), seguida por la tuberculosis (20,1%) y la candidiasis esofágica (12,7%).

Los autores del estudio concluyen que las tasas de nuevos diagnósticos se mantienen similares a las de otros países de la región europea de la OMS, aunque algo por encima de la media de la Unión Europea. La vía sexual sigue siendo la principal vía de transmisión en los nuevos diagnósticos.

Más de la mitad de los nuevos diagnósticos se dan en GBHSH, de los que el 40% son extranjeros, principalmente latinoamericanos. Ello nos muestra el impacto diferencial de la epidemia por orientación sexual y el papel vulnerabilizador que conlleva el hecho de ser inmigrante, que también se observa claramente en los diagnósticos de sida, donde un tercio de los casos se dan en personas de origen extranjero.

Las políticas de apartheid sanitario emprendidas tras la publicación del nefasto Real Decreto-ley 16/2012 en muchas comunidades autónomas españolas durante la crisis económica –revertidas ya en algunas, como Cataluña, pero aún muy vivo en otras- han colaborado, sin duda, en que se haya llegado a un papel tan relevante del origen extranjero como factor de riesgo de adquirir el VIH. De hecho, en el único grupo de GBHSH en el que la incidencia ha aumentado desde el año 2015 ha sido en el de hombres de origen extranjero.

En el plano positivo, se constata que, aunque los casos de diagnóstico tardío aún representan un porcentaje demasiado alto, los casos de sida siguen disminuyendo en la línea de lo observado desde finales de la década de 1990, tras la llegada de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA).
  • Fuente: Elaboración propia.
  • Referencia: Unidad de Vigilancia de VIH y Comportamientos de Riesgo. Vigilancia Epidemiológica del VIH y sida en España 2018: Sistema de Información sobre Nuevos Diagnósticos de VIH y Registro Nacional de Casos de Sida. Plan Nacional sobre el Sida - D.G. de Salud Pública, Calidad e Innovación / Centro Nacional de Epidemiología - ISCIII. Madrid; Nov 2019.

jueves, 14 de marzo de 2019

#hemeroteca #vih #hsh | CROI 2019: Fuerte descenso en la tasa de nuevos diagnósticos del VIH entre la población de hombres HSH de Reino Unido

Imagen: Google Imágenes / London Pride
CROI 2019: Fuerte descenso en la tasa de nuevos diagnósticos del VIH entre la población de hombres HSH de Reino Unido.
Esta disminución –que puede atribuirse a los esfuerzos de diagnóstico e inicio temprano del tratamiento del VIH, junto con el reciente uso de la PrEP–, ha venido acompañada de un notable aumento de las infecciones de transmisión sexual bacterianas en esa población.
Marta Villar | gTt-VIH, 2019-03-14
http://gtt-vih.org/actualizate/la_noticia_del_dia/14-03-19

La incidencia de nuevas infecciones por el VIH entre la población de hombres gais, bisexuales y otros hombres que tiene sexo con hombres (HSH) atendidos en las clínicas de salud sexual británicas se ha reducido en un 55% en apenas dos años. No obstante, se ha detectado un aumento de las infecciones de transmisión sexual (ITS) bacterianas entre estos hombres que acuden a dichos centros de salud. Estos datos, recogidos por el sistema de vigilancia de VIH y otras ITS de Reino Unido, fueron presentados durante la 26 Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas (CROI 2019), que se celebró la pasada semana en Seattle (EE UU).

A finales del año 2016, las principales clínicas de salud sexual de Londres (Reino Unido) anunciaron de manera informal un descenso significativo en el número de nuevos diagnósticos de infección por el VIH en dicha población a lo largo de ese mismo año (véase La Noticia del Día 13-01-2017). Sin embargo, los modelos matemáticos sugieren que la incidencia de nuevos casos de VIH comenzó a disminuir en 2012.

La disminución de nuevos diagnósticos de VIH en dicha población se ha atribuido a la prevención combinada que incluye la recomendación clínica del inicio inmediato del tratamiento para todas las personas diagnosticadas de VIH, la profilaxis preexposición frente al VIH (PrEP) o la recomendación clínica de ofrecer de forma rutinaria el tratamiento antirretroviral antes de 48 horas tras el diagnóstico del VIH (véase La Noticia del Día 09-11-2017).

El estudio empleó datos del sistema de vigilancia epidemiológica de VIH e ITS de Inglaterra para determinar la incidencia del VIH en tres periodos: 2012-2013, posteriormente en el 2014-2015 y, de nuevo, en el 2016-2017. En el primer año, la incidencia fue del 1,9% (lo que significa que dos de cada 100 hombres adquirieron el VIH a lo largo del año), porcentaje que se mantuvo estable (un 1,8%) en el segundo periodo. Sin embargo, únicamente dos años después, la tasa de incidencia fue de apenas el 0,8%, lo que supuso un descenso del 55% en los dos últimos años.

Se observó un patrón similar entre los hombres gais, bisexuales y otros HSH que, en el último año, habían tenido una ITS bacteriana y un resultado negativo en una prueba del VIH, que constituye un grupo en situación de mayor riesgo de infección por el virus. En este grupo de hombres, la incidencia pasó del 3,7% al 3,4% y, finalmente al 1,6%, lo que supone un descenso del 53% en los dos últimos años.

El descenso en la tasa de diagnósticos del VIH coincide con un periodo en el que un número creciente de hombres accedió a la PrEP , al tiempo que se mantuvieron los esfuerzos por mejorar las tasas de diagnóstico e inicio temprano del tratamiento del VIH.

No obstante, también hay que señalar que, en este periodo, los diagnósticos de ITS bacterianas han ido en aumento. Entre 2012 y 2017, se produjo un incremento del 90% en los diagnósticos de gonorrea, un aumento del 80% en los casos de clamidia y un incremento del 160% en los diagnósticos de sífilis . En 2017, el 12,1% de los hombres gais, bisexuales y otros HSH que acudían a las clínicas de salud sexual tenían gonorrea (un tercio tenía una infección rectal), el 9% clamidia (la mitad tenía una infección rectal) y el 2,7% sífilis.

Según los miembros de la agencia de Salud Pública de Inglaterra, este registro servirá para establecer una línea base para monitorizar las nuevas infecciones a medida que el país implementa la PrEP. También subrayan que, a medida que la situación evolucione, será necesario examinar detenidamente la contribución de la PrEP a la disminución en la incidencia del VIH y al aumento de los diagnósticos de ITS.

Fuente: Aidsmap/Elaboración propia.
Referencia: Ogaz D et al. Preparing for PrEP in England: prevalence and incidence of HIV and bacterial STIs. Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections, Seattle, abstract 48, 2019.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

#hemeroteca #vih | El estigma relacionado con el VIH afecta de forma negativa a la función cognitiva en los hombres con el VIH

Imagen: Europa Press / Adhesión del Parlamento de Navarra al Día Mundial contra el Sida
El estigma relacionado con el VIH afecta de forma negativa a la función cognitiva en los hombres con el VIH.
Aunque los mecanismos que subyacen no están claros se cree que podría haber una relación directa entre los impactos psicosociales y biológicos del VIH a nivel cerebral
Marta Villar | gTt-VIH, 2018-12-05
http://gtt-vih.org/actualizate/la_noticia_del_dia/05-12-18

De acuerdo con los resultados de un nuevo estudio, el estigma relacionado con el VIH tiene efectos directos sobre la función cognitiva y los niveles de ansiedad en los hombres que con el VIH que se hacen mayores. Este efecto provocaría una disminución en la participación de las actividades sociales y un deterioro en el funcionamiento de la vida diaria. Los resultados de este estudio se publicaron recientemente en la revista ‘Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes’.

A pesar de los grandes avances que se han producido en la investigación y tratamiento de la infección por el VIH, el estigma relacionado con el VIH sigue siendo una realidad para muchas personas afectadas. En estudios anteriores se ha observado que el estigma tiene un impacto sobre la salud mental, sin embargo, se desconoce si también podría afectar a la cognición y, a su vez, a la función.

Con el fin de responder a estas cuestiones, un equipo de investigadores del instituto y hospital neurológico de Montreal (Canadá), de la Universidad de McGill y del hospital de esta universidad diseñó un estudio.

Para ello contaron con 512 hombres mayores con el VIH de origen caucásico. Parte de los participantes fueron inscritos en diferentes centros de salud de Canadá y la otra parte, pertenecían a una cohorte de pacientes con el VIH que estudia el deterioro neurocognitivo en esta población de pacientes.

Todos los participantes autocompletaron un informe que evaluaba la experiencia de estigma relacionado con el VIH. Asimismo, también realizaron pruebas cognitivas y cumplimentaron cuestionarios de salud mental.

Con el objetivo de estimar las relaciones entre las diferentes variables se construyó un modelo de ecuación estructural integral que incluía factores personales, ambientales, biológicos, medidas de salud mental y cognitiva, así como limitaciones en la actividad y restricciones de participación. Tras el análisis de los datos, se observó que el estigma relacionado con el VIH contribuyó a peores resultados en las pruebas cognitivas y a una peor salud mental. También se halló una relación directa, aunque más débil, entre el estigma y la depresión. A través de sus efectos sobre la cognición, se encontró que el estigma reduce la participación en actividades sociales y deteriora la función en la vida diaria.

Los mecanismos a través de los cuales el estigma afecta la cognición no están claros, pero las hipótesis establecen que pueden variar desde el impacto del estrés crónico en el cerebro hasta los efectos psicológicos tales como la internalización de prejuicios y creencias negativas.

Los resultados del presente estudio ponen de manifiesto que el estigma relacionado con el VIH es una amenaza para la salud cognitiva y mental teniendo un impacto negativo sobre las funciones cotidianas de los hombres que se hacen mayores con el VIH. Según los mismos autores “el entorno psicológico y social en el que vive la persona desempeña un papel importante”. Por tanto, este estudio subraya la necesidad crear intervenciones que reduzcan el estigma social. 

  • Fuente: McGill/ Elaboración propia (gTt-VIH)
  • Referencia: Austin Lam, Nancy E. Mayo, Susan Scott, Marie-Josée Brouillette, Lesley K. Fellows. HIV-Related Stigma Affects Cognition in Older Men Living with HIV. JAIDS Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes, 2018; 1.

martes, 29 de mayo de 2018

#hemeroteca #vih #mayores | La soledad, un problema creciente entre las personas con el VIH que se hacen mayores

Imagen: Infosalus
La soledad, un problema creciente entre las personas con el VIH que se hacen mayores.
Un nuevo estudio estadounidense recomienda implementar intervenciones en el seguimiento clínico de los pacientes que reduzcan el impacto negativo de la soledad en la calidad de vida.
Marta Villar | gTt-VIH · Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH, 2018-05-29
http://gtt-vih.org/actualizate/la_noticia_del_dia/29-05-18

Las personas con el VIH mayores de 50 años presentan elevadas tasas de soledad. Además, las personas que se sienten solas son más propensas a presentar síntomas depresivos, a ser fumadoras y consumir alcohol, a tener menor nivel de ingresos económicos, así como una peor calidad de vida relacionada con la salud. Estos son los principales resultados de un estudio publicado recientemente en AIDS and Behavior.

Actualmente, gracias al tratamiento antirretroviral, la esperanza de vida de las personas con el VIH se aproxima bastante a la de la población general. Este hecho ha desencadenado que nos encontremos con la primera generación de personas que envejecen con el VIH. Si bien la ciencia está caracterizando poco a poco los problemas desde un punto de vista clínico a los que hacen frente los pacientes de mayor edad, todavía son muchos los interrogantes sobre los retos psicosociales que tienen que afrontar. Por ejemplo, en un estudio realizado en Reino Unido se halló que la atención sanitaria y sociosanitaria no está preparada para cubrir las necesidades de este grupo cada vez mayor de personas (véase La Noticia del Día 20-01-2017). Otros estudios han encontrado que la experiencia de soledad se relaciona con un peor estado de salud.

En esta ocasión, con el fin de conocer mejor el estado de salud y bienestar de las personas que se hacen mayores con el VIH, un equipo de investigadores de San Francisco (EE UU) llevó a cabo un estudio en el que contaron con 356 personas con el VIH que, en general, tenían entre 55 y 60 años. El 85% de ellos eran hombres, el 57% eran de etnia blanca y alrededor del 70% de los inscritos eran gais, lesbianas o bisexuales.

A través de cuestionarios validados evaluaron la calidad de vida relacionada con la salud, el apoyo social y la capacidad para llevar a cabo las actividades de la vida diaria. Además, también analizaron los resultados de las pruebas de laboratorio.

Los resultados del análisis muestran que un 58% de los participantes manifestó algún grado de soledad distribuido de la siguiente manera: un 24% comunicó soledad leve; 22%, moderada; y un 12%, severa. Además, las personas que experimentaron algún grado de soledad eran más propensas a presentar síntomas depresivos, ser fumadoras, consumir alcohol, tener menor nivel de ingresos económicos, así como una peor calidad de vida relacionada con la salud.

Cuando los investigadores evaluaron la capacidad de los participantes para realizar las actividades de la vida diaria como bañarse, asearse, vestirse o alimentarse hallaron que las personas que tenían problemas a la hora de realizar estas actividades y que se sentían solas tendían a padecer síntomas depresivos y otros problemas de salud –como daño renal y hepático–, y a tener un menor nivel de ingresos.

Los resultados del presente estudio ponen de manifiesto una elevada tasa de soledad entre las personas con el VIH de edad avanzada. Otros estudios realizados en personas con el VIH, reportaron tasas de soledad de entre el 30% y 46%. Según los mismos autores, esta diferencia se debería a que el presente estudio se enfocó únicamente en personas mayores de 50 años.

De acuerdo con los autores, este estudio transversal proporciona las bases para futuros estudios que deberían incluir participantes con una mayor variedad de características como la procedencia geográfica (rural, urbana), incluir mayor número de mujeres entre otros, para entender mejor el fenómeno de la soledad en una amplia gama de adultos que viven con el VIH.

Los investigadores de este estudio consideran que una atención integral, que incorpore la evaluación de la salud mental y las valoraciones psicosociales al seguimiento clínico rutinario, será necesaria para poder mejorar los resultados en salud de las personas con el VIH que se hacen mayores.
  • Fuente: Catie.ca / Elaboración propia
  • Referencia: Meredith Greene M, Hessol NA, Perissinotto G, et al. Loneliness in Older Adults Living with HIV. AIDS Behav (2018) 22: 1475. https://doi.org/10.1007/s10461-017-1985-1.

jueves, 5 de abril de 2018

#hemeroteca #vih | Las relaciones entre hombres de edades diferentes serían las más vinculadas a la transmisión del VIH

Imagen: Google Imágenes / Fotograma de 'Gerontophilia' de Bruce LaBruce
CROI 2018: Las relaciones entre hombres de edades diferentes serían las más vinculadas a la transmisión del VIH.
Los hombres gais más jóvenes y los de edades más avanzadas serían los que más podrían beneficiarse de herramientas preventivas tales como la PrEP.
Francesc Martínez | gTt-VIH, 2018-04-05
http://gtt-vih.org/actualizate/la_noticia_del_dia/05-04-18

Un estudio europeo presentado en la 25 Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas (CROI 2018), celebrada el mes pasado en Boston (EE UU), ha concluido que la edad sería un factor que condicionaría la probabilidad de infectarse por el VIH o de transmitirlo en hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (HSH). Los hombres gais jóvenes tendrían una mayor probabilidad de infectarse tras mantener relaciones con hombres de mayor edad, mientras que los mayores de 40 años seronegativos adquirirían el VIH con mayor probabilidad de hombres más jóvenes que ellos.

Diversos estudios han apuntado a la importancia de las diferencias de edad en la cadena de transmisión del VIH en distintas áreas geográficas (véase La Noticia del Día 08/09/2016). Existe la lógica intuitiva de que, como el riesgo de adquirir el VIH aumenta con la edad, para los más jóvenes el riesgo de adquirir el VIH será más elevado si realizan prácticas sexuales sin protección con personas de mayor edad que si las realizan con personas de edades más cercanas a la suya. Sin embargo, la complejidad de las relaciones humanas hace que este tipo de razonamientos no siempre se cumplan.

El estudio BEEHIVE (conectando la evolución con la epidemiología del VIH en Europa, en sus siglas en inglés) es una investigación genética de la que forman parte 7 cohortes de personas con el VIH de seis países europeos. Su objetivo principal es investigar las diferencias en términos de virulencia entre diferentes cepas del VIH. Sin embargo, el estudio lleva acumuladas suficientes muestras como para establecer posibles cadenas de transmisión dentro de las cohortes e incluso la dirección (es decir, entre las personas con virus relacionados –entre las que se estima se ha producido la transmisión del virus–, permite saber cuál de las dos lo adquirió en primer lugar).

Un total de 2.811 muestras de VIH fueron analizadas y se establecieron parejas de transmisión, en las cuales las dos poblaciones de VIH compartían, al menos, el 66% de unas secuencias del VIH seleccionadas por los investigadores y en las que, como mínimo, el 50% de dichas secuencias sugerían una dirección de transmisión. Las muestras provenían de Bélgica, Francia, Alemania, Holanda, Suiza y del Reino Unido.

Finalmente, en 167 de las muestras se establecieron parejas de transmisión y en 148 de ellas había disponibles datos relativos a la edad. De ellas, 111 eran de parejas de sexo masculino en las que la transmisión sexual era la vía más probable de infección. En 106 de dichas 111 muestras se pudo establecer la dirección de la transmisión del virus.

La media de la edad en el momento de la infección era de 35,6 años entre las muestras “fuente” (las que habían transmitido el virus) y de 36,9 años en las muestras “receptoras” (las que se habían infectado). Este hecho ya condicionaba la lógica antes comentada de que las personas jóvenes se infectan de aquellas de mayor edad, pero los investigadores decidieron profundizar en el análisis.

En el 57% de los casos quien se infectó era mayor que la pareja de la cual adquirió el VIH, con una diferencia promedio de 2,16 años. Sin embargo, esta situación no se daba en hombres menores de 30 años que se habían infectado, que en promedio eran 9 años más jóvenes que aquellos de los que habían adquirido el virus.

Se observó un incremento constante en la probabilidad de que la persona “fuente” fuera la más joven a medida que se incrementaba la edad de las personas. Así, por cada año que se incrementaba en la persona “receptora”, la edad de su “fuente” solo se incrementaba en 0,28 años.

Cuando el “receptor” era menor de 25 años, su “fuente” era –en promedio– 10 años mayor; si el receptor tenía 25-29 años su “fuente” era ocho años mayor y si el “receptor” tenía 30-34 años, la diferencia promedio de edad con su “fuente” era ya de solo 5 años.

En el segmento de edad 35-39 años, la diferencia entre “fuente” y “receptor” era, en promedio, cero y a partir de esa edad la edad del “receptor” era –en promedio– mayor que la de su “fuente” (de dos años en el segmento 40-44 años y de 11 años en “receptores” mayores de 45 años). Cabe destacar que algunos de los participantes se habían infectado con edades cercanas a los 70 años.

A partir de estos datos se estableció que el 92% de los menores de 25 años adquirían el VIH de hombres más mayores que ellos y que entre quienes tenían entre 25 y 29 años dicho porcentaje ya descendía hasta el 51%.

El 52% de los hombres de entre 40 y 44 años adquirían el VIH de hombres más jóvenes que ellos y en mayores de 45 años dicho porcentaje era del 71%.

El cambio de tendencia entre adquirir el VIH de hombres más mayores a adquirirlo de hombres más jóvenes se estableció en los 38,4 años.

Los investigadores señalaron que el hecho de que los jóvenes adquieran el VIH de hombres más mayores que ellos era esperable (hay más hombres mayores que ellos con el VIH que hombres con el VIH de su edad o menores). Respecto a por qué los hombres mayores se infectan de los más jóvenes, concluyen que ello se debe a que los hombres gais con el VIH de mayor edad tienen una mayor probabilidad de estar diagnosticados, en tratamiento efectivo y, por lo tanto, de no poder transmitir el VIH.

Los resultados del presente estudio deberían tener implicaciones en las políticas de prevención: mientras en aquellos hombres de alrededor de los 30 años las medidas preventivas más eficientes serían el diagnóstico precoz y el tratamiento, en aquellos más jóvenes o de edades más avanzadas la profilaxis preexposición (PrEP) podría jugar un papel importante.

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia
Referencia: Hall MD et al. Age transmissions in European HIV transmission pairs uncovered with viral sequence data. Conference on Retroviruses and Opportunistic Infections (CROI 2018), Boston, abstract 960, 2018.

martes, 18 de abril de 2017

#hemeroteca #vih | La mortalidad por suicidio en hombres con el VIH duplicaría la de la población general

Imagen: El Periódico
La mortalidad por suicidio en hombres con el VIH duplicaría la de la población general.
Dicho efecto sería especialmente destacado durante el primer año tras el diagnóstico y no se observaría en mujeres con el VIH.
Francesc Martínez | gTt-VIH · Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH, 2017-04-18
http://gtt-vih.org/actualizate/la_noticia_del_dia/18-04-17

Según un estudio presentado en la conferencia de la Asociación Británica del VIH (BHIVA, en sus siglas en inglés), celebrada recientemente en Liverpool (Reino Unido), los hombres con el VIH presentarían elevadas tasas de suicidio, mientras que entre las mujeres, dichas tasas no diferirían significativamente de las de la población general. La investigación analizó datos de casi 90.000 personas con infección por el VIH de Gales e Inglaterra. El riesgo de suicidio sería máximo durante el primer año tras el diagnóstico

Las altas tasas de depresión y ansiedad asociadas al diagnóstico del VIH, así como los pensamientos suicidas detectados en algunas cohortes de personas con el VIH, han generado preocupación con relación al impacto del suicidio entre las causas de muerte de este grupo poblacional.

El presente estudio contó con la participación de 88.994 personas con el VIH diagnosticadas en Inglaterra o Gales entre 1997 y 2012. Dichos datos fueron cruzados con los del registro estatal de fallecimientos.

A finales de 2012, el 6% de los integrantes de la cohorte había fallecido. Este dato supondría una tasa de mortalidad de 118 fallecimientos por cada 10.000 persona-años. Dicha tasa sextuplica la de la población general. Se calcula que los principales causantes de esta mayor mortalidad fueron retrasos en el diagnóstico y una mala vinculación al sistema sanitario y al tratamiento.

La causa principal de fallecimiento fueron las enfermedades definitorias de sida (58%), casi en todos los casos en personas con diagnóstico muy tardío. Más de la mitad de las personas que fallecieron por sida nunca habían acudido al médico especialista en VIH o nunca habían tomado tratamiento antirretroviral.

Otras causas de muerte fueron cánceres no definitorios de sida (8% de los casos); enfermedades cardiovasculares o infartos (8%); infecciones (8%), enfermedad hepática (5%), consecuencias del uso de drogas (3%) y suicidio (2%).

Al analizar detalladamente las 96 muertes por suicidio se observó que 91 de ellas se dieron en hombres (con un impacto similar entre hombres gays, bisexuales u otros hombres que practican sexo con hombres [HSH]). Las tasas fueron más elevadas en usuarios de drogas intravenosas que en cualquiera de los otros grupos.

Las tasas de suicidio en mujeres fueron similares a las observadas en la población general.

Al comparar las tasas de suicidio de los hombres con el VIH de la cohorte con las de la población general de edad similar, la mortalidad entre los hombres conel VIH fue 2,2 veces la observada en la población general masculina de edad similar (tasa de mortalidad estandarizada [TMe]: 2,2).

El 40% de los suicidios tuvo lugar durante el primer año tras el diagnóstico. Durante este período, la tasa de suicidio de los hombres con el VIH del estudio quintuplicó a la de la población general (TMe: 5,3).

No se observó un descenso de las tasas de suicidio durante el amplio período evaluado. Los suicidios se dieron tanto en personas bien vinculadas al sistema sanitario como en aquellas con menor contacto con este. Los niveles de adherencia al tratamiento antirretroviral tampoco condicionaron las tasas de suicidio.

Aunque los investigadores no hallaron factores sociales o individuales que expliquen los hallazgos, las particularmente altas tasas de suicidio durante el primer año tras el diagnóstico sugieren que el estigma, las dificultades para asumir el diagnóstico y la falta de apoyo psicológico y psiquiátrico podrían condicionar que el riesgo de suicidio asociado al diagnóstico del VIH siga siendo tan elevado. Es, por ello, imprescindible que los servicios ya existentes en estos ámbitos se mantengan y que –en la medida de lo posible– aumenten para poder dar cobertura a la necesidad expresada por los datos del presente estudio. El hecho de que el impacto tenga una componente tan elevada de género también debería ser analizado en profundidad y, a poder ser, verificado por subsiguientes investigaciones.

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt_VIH).
Referencias: Croxford S et al. Suicide among people diagnosed with HIV in England and Wales compared to the general population. British HIV Association conference, abstract O16, Liverpool, April 2017.
Croxford S et al. Mortality and causes of death in people diagnosed with HIV in the era of highly active antiretroviral therapy compared with the general population: an analysis of a national observational cohort. Lancet Public Health 2: e35–e46, 2017. (Full text freely available).