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martes, 21 de junio de 2022

#hemeroteca #queer #musica | David Bowie: Ziggy Stardust, el disco que inventó el amor moderno

Página12 / David Bowie en la gira de 'Ziggy Stardust' //

David Bowie: Ziggy Stardust, el disco que inventó el amor moderno.

Cumple 50 años el álbum con el que Bowie, como Rimbaud, “fue otro”. Producido por un ingeniero de sonido de Los Beatles, visibilizó la cultura queer en una Inglaterra conservadora.
Nicolás Pichersky | Página12, 2022-06-21
https://www.pagina12.com.ar/430173-david-bowie-ziggy-stardust-el-disco-que-invento-el-amor-mode 

Nada es casual. 'Ziggy Stardust & the spiders from Mars' de David Bowie y piedra angular del rock comienza con “Five years” (5 años). La letra de la canción, narra una distopía: sólo falta un lustro para el fin de la tierra y la humanidad.

Un comienzo oscuro para uno de los discos más esperanzadores, luminosos y vanguardistas de la historia. Un álbum de los 70, como un cuerpo: desnudo y maquillado a la vez (no hay oxímoron). ‘Glam’, fantasía sexual y ciencia ficción se juntaron para derretir con su pistola de rayos laser roquera los nudos de la heteronormatividad en Inglaterra. Ese disco hoy cumple 50 años.

5 años de Rimbaud y de Bowie
Apenas 5 años transcurrieron entre que Arthur Rimbaud, poeta francés, escribió las subversivas 'Cartas del vidente' en 1871 y abandonó para siempre la escritura. En ese texto liminar de la poesía moderna escribió “yo soy otro”. Y también diagnosticó que la escritura debía “alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos", la meta de toda creación. En apenas un lustro de fulgor creativo y despedida, Rimbaud vivió un romance con Paul Verlaine, cruzó los Alpes a pie, se enlistó como mercenario del ejército, desertó en la Isla de Java y escribió 'Una temporada en el infierno' e 'Iluminaciones'. Tenía 23 años.

También apenas 5 años transcurrieron entre el álbum debut de Bowie (una gema del brit-folk: ‘David Bowie’, de 1967) y su implosión como estrella mundial en el rock. En ese periodo compuso “Space oddity”, su primer clásico (que el astronauta canadiense grabó en la Estación Espacial Internacional, en 2013), sacó un álbum en que se lo veía andrógino y con un vestido pre-rafaelita, ‘The man who sold the world’ (que signaría muchos años al Kurt Cobain que usaba vestidos en sus shows) y aún, otro álbum extraordinario, ‘Hunky Dory’ que incluye canciones como "Changes", "Oh! You Pretty Things" y "Life on Mars?". En 1972 publicó 'Ziggy Stardust' y declaraba a la prensa inglesa: “Soy gay y siempre lo he sido”. Tenía 25 años.

Ser otro: David Bowie y lxs queers del planeta tierra
Acaso la idea ‘rimbaudiana’ de ser otro para ser más uno mismo siempre estuviera en el ADN de David Bowie. "I could make a transformation as a rock & roll star” canta Bowie en “Star”. 'Trans 'n roll', y de eso se trata el disco, como una autobiografía musicalizada en tiempo real. Pero Bowie se contaba como otro. Un alien hermoso, bisexual y alienígena: 'Ziggy Stardust'.

Y la identificación fue total: los músicos del álbum y el espectáculo teatralizado eran los “Spiders from Mars”. Bowie ya no era ni siquiera David Jones (de nacimiento), era Ziggy (inspirado en su admirado Iggy Pop, con quien tejería una amistad y colaboración fundamental en el rock junto también a Lou Reed).

El disco fue producido por el mismo Bowie y por Ken Scott, que entre otros había sido ingeniero de sonido de los Beatles, Pink Floyd y la Mahavishnu Orchestra. Scott encontró el equilibrio perfecto para las composiciones de Bowie.

Entre su voz —“nunca trabajé con un músico que cantara con ese nivel de perfección, casi todas las canciones fueron primeras tomas”, narra en el documental de la BBC 'David Bowie and the Story of Ziggy Stardust' narrada por Jarvis Cocker— y la guitarra angular y sexuada de Mick Ronson. Éste era un dotadísimo músico que podía unir la dulzura glam de Bowie con la fiereza hard-rock de Led Zeppelin o Black Sabbath.

Ziggy Stardust: para escuchar a máximo volumen y con el cuerpo
El resultado no fue un disco glam. Fue otra cosa. Para Bowie, según confiesa en el libro ‘Bowie por Bowie’, el glam (“padre” del revoltoso punk inglés) debía ser más que, como diría Soda Stereo, cuero, piel y metal; carmín y charol. Para el hombre de la pupila dilatada, el espíritu del glam era “la suma de la obra ‘Cabaret’ con la película ‘Metropolis’”.

Así, Bowie/Ziggy crearon un disco conceptual en que la estrella mesiánica, rockera y sexualmente desprejuiciada terminaba, según las letras del disco, despedazada por los músicos y por el público. Una alegoría que también tomaría Pink Floyd, con ‘The Wall’, pero 7 años después. La estrella que venía de un cuerpo celestial desconocido, invitaba a escuchar el disco desarreglando los sentidos y la sexualidad normada. Es que Ziggy Stardust debe escucharse “a máximo volumen” como reza la contratapa del disco original ("To be played at maximum volume"). O sea, con el cuerpo.

Desde el comienzo, con la percusión y el piano in crescendo de la percusión de “5 Years”, Ziggy palpita. Está vivo, acaba de nacer. Como ese bebé del tamaño de un planeta que observa a la tierra en ‘2001: odisea en el espacio’. Es una batería que marca el ritmo como un latido. Un mundo como una internet pretérita: “teléfonos, óperas, melodías favoritas / niños, juguetes, planchas eléctricas y televisores / mi cerebro duele como un almacén de cosas / y ya sin espacio de sobra / tuve que meter tantas cosas”. Es a las claras, el mundo de un autor único.

Y continúa: “Y toda la gente gorda, flaca / toda la gente alta, petisa / Y toda los ‘nadies’ / Y todos los alguien” canta Bowie. Para terminar, lírico, confesional y humano, demasiado humano: “Nunca pensé que necesitaría tanta gente’’, con ese toque de swing (“so many people”) como si percibiéramos, sin verla (el desarreglo de los sentidos de Rimbaud) la sonrisa amarga de nuestro Pierrot espacial.

Luego, con “Soul love”, el cuerpo de quien lo escuche no podrá evitar moverse al son del ritmo ídem y del solo de Ronson doblado por el saxo de Bowie. “Moonage daydream” es un puro glam-rock a piano (otra vez el genio de Ronson) donde la ambigüedad llega con la primera estrofa. El cuerpo se desdobla: “Soy un lagarto, soy mamá y papá que vienen a buscarte”. Bowie se mete en el cuerpo de otro en “It Ain’t Easy” porque es la única canción que no es de su autoría en todo el disco.

El lado B comienza ya no como Ziggy, sino como "Lady Stardust", una balada brillante para que el cuerpo felino de Bowie descanse. Y nos canta, autorreferencial: “La gente miraba el maquillaje en su cara / se reía de su largo pelo negro, de su gracia animal” y emergen chicos de ‘blue jeans’ y ‘femme fatales’ para ver a esta criatura bella que es Lady Stardust.

Y nada ya podrá detener el cuerpo con las imparables “Star”, “Hang on to yourself” y la canción que da título al disco. Hay pocos comienzos como esta canción en la historia de la música. El gemido de “Je T'aime,... Moi Non Plus” de Serge Gainsbourg, el terrorífico “Right! now ha, ha”, preámbulo de “Aanarchy in the Uk” de los Sex Pistols. Bowie gime, guita e implora al mismo tiempo: “Oh!… oh yeaaaaaa!” y es lo más furioso del disco y allí la mejor frase de rock que Freud jamás escribió: “Hacer el amor con su ego”. Todo finaliza con una metáfora de mitología de crecimiento, madurez y transición: “cuando los niños mataron al hombre, tuve que disolver la banda”

Ziggy: esa estrella era mi lujo
Haciendo historia, Ziggy / Bowie, la estrella rockera, luminosa y ambigua, fue el catalizador de la reprimida sexualidad británica. Bowie como un ‘Zeitgeist’ Stardust de una Inglaterra de buenas costumbres, victoriana y (aún) de posguerra. El disco se lanzó en 1972 y, nuevamente, apenas habían pasado cinco años desde que en 1967 en Gran Bretaña la homosexualidad había dejado de ser prohibida por la ley y despenalizada mediante la ley de delitos sexuales (‘Sexual affences act’). Léase: se podía ser gay, trans, queer, pero sólo en privado. ‘What a surprise!’

Y Bowie (¿o Ziggy?) mostró en público, en el mismo país que prohibió durante años la película ‘La naranja mecánica’, a un personaje o persona que era gay (“siempre lo fui” había dicho) que era hombre y que era mujer. O poco menos que un extraterrestre. Durante la promoción del disco Bowie se presentó en el programa que ningún adolescente se perdía, ‘Top of the Pops’, e interpretó “Starman”. Basta ver a Bowie, vampiro diurno coloreado de todos los colores primarios, coquetear con Mick Ronson. Lo mira, le pasa la mano por el hombro, se sonríen. ¿Pueden dos hombres heterosexuales hacer eso? ¿Hacen eso los amigos?

'Podemos ser héroes' cantaría Bowie unos años más tarde, pero en ese momento de la TV inglesa fue un semidiós (un semi-alien) con un mensaje para un millón de chicos y chicas. Bowie sonríe, señala y (nos) mira a cámara. Para peor (¡para mejor!) en un recital en el que Bowie se agachó para tocar la guitarra de Ronson con su boca, una fotografía lo captó en el justo ángulo en el que parece que el cantante le hiciera una felación al guitarrista. Es una de las imágenes más perfecta del rock. Lo que se dice un guitar héroe.

El legado y el lenguaje de Ziggy Stardust
Cada generación, cada país, cada cultura (que es un mundo) descubre y se descubre en y con canciones. Patti Smith narra en sus memorias que nunca escuchó a nadie decir una frase tan real como Bob Dylan al comienzo de su canción “Positively 4th street”: “Hay que tener cara para decir que sos mi amigo / cuando yo estaba hundido te quedaste ahí, sonriendo”.

Muchos argentinos supieron gracias a una canción sutilmente transgresora y de aroma a secreto como “Algo contigo”, que un amigo podía ser, justamente, mucho más que un amigo. Inglaterra (y luego el mundo) halló en ese avatar llamado Ziggy, alter-ego de Bowie, que toda máscara podía quitarse incluso usando maquillaje. No hacía falta pintarse un rayo en la frente o teñirse el pelo de furioso naranja mermelada.

Bowie, antes de ser el protagonista de ‘Laberinto’, condujo (sin ser ‘Hamelin’ ni bajar línea), a través del caos y la confusión de la vida cotidiana. Viajó de la contracultura de sus comienzos hacia la subversión estética y sexual. Más que "camaelónico", fue queer antes de queer. Fue muchas cosas y todas difíciles de clasificar. Y lo que no es simple de ordenar, causa un terror. Como una cosa de otro mundo.

Hoy el 20% de los millenials se autoperciben queer. Es una lucha simbólica y política. Y adolescentes de Buenos Aires, Londres o Tucumán lucen igual a Ziggy Stardust: uñas de negro y el pelo naranja mermelada. O lila, o verde manzana con zapatillas y bolsos con logos de ‘Hello Kitty’.

Bowie pudo ser otro. Para ser más sí mismo. Y con Ziggy inventó, además de una música contra las prohibiciones de turno, una gramática nueva. Que terminó convirtiéndose en materia. Se hizo alienígena para conquistar, con amor moderno, el terreno de lo simbólico en las relaciones en este mismo planeta tierra. Para toda la gente, alta o baja, en la calle o en las aulas. Una acción (política) a todo color.

Hay que celebrar entonces los 50 de ‘Ziggy Stardust’. En todo el mundo, sí; pero aún más aquí. Porque aunque su apellido se pronuncie y se exprese correctamente como “ba-güi”, termina al fin con la vocal “-e”. La mejor manera de expresar a toda la gente.

martes, 24 de agosto de 2021

#hemeroteca #bisexualidad | Cómo fue la relación amorosa entre David Bowie y Mick Jagger: celos, sexo y una canción legendaria

Clarín / David Bowie y Mick Jagger //

Cómo fue la relación amorosa entre David Bowie y Mick Jagger: celos, sexo y una canción legendaria.

Hay quienes aseguran que ambos cantantes vivieron un intenso romance en la década del 70.
Juan Lagares | Clarín, 2020-09-20 / Actualización: 2021-08-24
https://www.clarin.com/internacional/relacion-amorosa-david-bowie-mick-jagger-celos-sexo-cancion-legendaria_0_SEYaEW1Zs.html

La relación entre David Bowie y Mick Jagger fue muy especial y estrecha. Ambos artistas sentían admiración mutua. Pero no se trataba únicamente de una buena amistad, sino que fueron más allá y compartieron todo: la música, drogas, mujeres y el sexo.

¿Y cuál es el problema? A esta altura del partido, sonrojarse o escandalizarse por una relación homosexual parece una estupidez. Pero no se trata de apuntar con el dedo o poner en el banquillo a dos músicos que son leyenda por su obra y no por lo que hayan hecho en la intimidad de una habitación. Pero, vamos: que es curioso no quedan dudas. ¿No hubiese sido genial que declararan su amor o que se mostraran como pareja? ¿Qué alcance hubiera tenido?

El personaje central de esta historia es Angela, la ex esposa de Bowie, que tras divorciarse del cantante con quien había estado casada durante una década reveló que un día encontró a su ex marido con el frontman de The Rolling Stones durmiendo juntos, desnudos, en su cama.

Dos potencias se saludan
Bowie y Jagger se conocieron en 1973 en la época en que el Duque Blanco triunfaba con su personaje de Ziggy, en pleno auge del glam rock que corría los límites de lo establecido y sobre todo de la sexualidad.

Jagger invitó a Bowie y su pareja Angela a un concierto y luego al hotel a beber varias botellas de champagne. En esa época, Jagger "era todavía tímido sobre sus preferencias sexuales, pero Bowie no ocultaba que él y su esposa eran bisexuales y compartían novios", según la biografía "Mick: The Wild Life and Mad Genius of Jagger", escrita por Christopher Andersen, biógrafo de otras figuras como Madonna y Michael Jackson.

A partir de ese momento, Jagger y Bowie se volvieron inseparables. Se los veía juntos en el Sports Arena de San Diego, California, para la pelea entre Muhammad Ali y Ken Norton; también en la discoteca Tramp, de Londres; o en un recital de Diana Ross. También en restaurantes, bares y en el lobby de un hotel de lujo. Y según el libro de Anderson, fue Bowie el que introdujo a Jagger en el cine gay.

Según la biografía no autorizada titulada "Bowie: The Biography", de Wendy Leigh, Mick Jagger era uno de los invitados frecuentes a las fiestas sexuales que Bowie y su esposa organizaban en su mansión.

"Angie y David organizaban las orgías más increíbles en Oakley Street. Jagger solía asistir y participaba activamente. John (Bindon, actor y guardaespaldas) me dijo que David estuvo observando como Mick tenía sexo con Angie", ventiló la ex modelo Vivki Hodge, según declaraciones que recoge el diario El Mundo, de España.

Cuando Angie los pescó in fraganti

Angela Barnett conoció a Bowie en 1969, cuando tenía 19 años y trabajaba como modelo, actriz y cantante en Estados Unidos. Se casaron en 1970, en Inglaterra, y al año siguiente tuvieron a Duncan Zowie Haywood Jones.

Bowie compuso "The Prettiest Star", "Cracked actor", "Golden Years" inspirado en su flamante esposa. Recorrieron el mundo, salieron de gira por Estados Unidos, Japón y Europa. Pero después de más de una década de pareja y ocho años de matrimonio, David y Angela se divorciaron. Fue en febrero de 1980 cuando llegaron a un acuerdo legal en el que el cantante tuvo que compensar con 300.000 libras esterlinas a su ex.

Diez años después, en 1990, cuando prescribió el "bozal legal" que ella tenía tras firmar el divorcio, Angela se paseó por varios programas de Estados Unidos en los que ventiló algunos de los secretos más oscuros de su ex marido.

En el programa de Joan Rivers y junto a Howard Stern, estrella de la radio em Nueva York, Angela admitió que Bowie era "bisexual" y soltó la bomba: "Lo encontró en la cama con hombres varias veces. Pero la mejor fue cuando lo encontré en la cama con Mick Jagger".

La frase enseguida causó revuelo. Y rápidamente llegó a oídos de Jagger que calificó a la declaración de Angela como una "tonterías". Por su parte, el abogado de Bowie redactó una carta con un mensaje concreto: "Cualquier insinuación de que hubiera una aventura homosexual entre Mick Jagger y David Bowie es pura invención".

Además, Paul Trynka, autor de la biografía "David Bowie. Starman", también dio su punto de vista: "Resulta ridículo para todo aquel que los haya visto juntos. Ambos eran cautelosos e incluso veinte años después, seguirán siendo demasiado conscientes de su posición con respecto al otro. La idea de que uno de ellos se abriese completamente al otro era inconcebible, menos aún ser 'el pasivo'".

A la semana siguiente, Angela volvió a la televisión a aclarar su versión, o en realidad, a dar más detalles. Fue en el programa de Geraldo Rivera donde explicó: "No pillé a ninguno en el acto, lo único que encontré fueron dos personas durmiendo en mi cama, resultó que estaban desnudos y resultó que eran Mick Jagger y David Bowie, pero no es para tanto. Eso no significa que fuera algún tipo de aventura". Y agregó que tal vez se habían "desmayado" por estar "muy borrachos". Y el conductor ironizó: "Justo estaban desnudos en la cama". Y Angela sonrió.

En 1993, Angela publicó su autobiografía "Backstage passes: Life on the wild side with David Bowie", en la que volvió a dar su versión. "Hay dos formas de ver el incidente. Una de ellas, como una situación normal en Londres: unos amigos íntimos vuelven a casa borrachos o colocados después de una noche de fiesta, consiguen quitarse la ropa, se echan en la cama y se quedan inconscientes. Por la mañana llega la esposa con una bebida para despertarles, empieza la resaca y la vida vuelve a la normalidad. Por otra parte, creo que la suposición es correcta, o por decirlo de otra manera, cuando entré en aquella habitación y encontré a Mick y David juntos, estaba completamente segura de que habían estado montándoselo. En realidad era tan obvio que nunca llegué a considerar la posibilidad de que no hubieran estado montándoselo".

Dos años más tarde, Bowie declaró: "Hace unos 15 o 16 años acabé cansado de esquivar preguntas sobre lo que hacía con mi pene a principios de los 70. Mi sugerencia a la gente con intereses lascivos es que echen un vistazo a las 30 o 40 biografías que existen sobre mí y que elijan el rumor que quieran". Un caballero.

¿Y la canción 'Angie'?
Lo primero que se especuló tras las declaraciones de Angela era que la legendaria canción de The Rolling Stones estaba inspirada en la esposa de Bowie. E incluso se dijo que Jagger y Bowie la habían escrito en la cama. Nada de eso.

Keith Richards es el principal artífice de la canción. El guitarrista contó en sus memorias cómo se le ocurrió el tema mientras estaba tratando su adicción a las drogas: “Yo estaba en la clínica y Anita (Pallenberg), un poco más abajo, en la misma calle, trayendo al mundo a nuestra hija Angela. Una vez que pasó el trauma habitual de los primeros días, agarré una guitarra que tenía y escribí ‘Angie’ sentado en la cama en una tarde, porque por fin podía mover los dedos otra vez y ponerlos donde se suponía que iban, y ya no sentía que me tenía que cagar en la cama o subirme por las paredes ni estaba frenético. Así que empecé a cantar ‘Angie, Angie’. No era sobre nadie en particular, no era más que un nombre, podía haber sido ‘ooooh, Diana’, de hecho no sabía que Angela se iba a llamar Angela cuando compuse ‘Angie’. Entonces no se sabía el sexo del bebé hasta que nacía; lo que es más, Anita le puso Dandelion… Solo le cayó Ángela de segundo porque nació en un hospital católico donde insistieron en que se añadiera también un nombre ‘como es debido’. En cuanto creció un poco, la propia Angela dijo: ‘No me volváis a llamar Dandy en la vida’”.

lunes, 19 de julio de 2021

#hemeroteca #androginia #glam | Transmúsica: así se adelantaron Lou Reed y David Bowie a una tendencia de la que todo el mundo habla

Imagne: La Razón / David Bowie //
Transmúsica: así se adelantaron Lou Reed y David Bowie a una tendencia de la que todo el mundo habla.

Los dos artistas se adelantaron con sus canciones y con la actitud adquirida en los escenarios y que los convirtió en pioneros del movimiento “trans”.
Sabino Méndez | La Razón, 2021-07-19
https://www.larazon.es/cultura/20210720/4ucxx44ub5cqne34ooryr4xzmi.html 

Durante su primera gira por el medio oeste de la América profunda, unos todavía jóvenes Rolling Stones protagonizaron una curiosa anécdota. Al día siguiente de una actuación en un pequeño estadio de provincias estaban bañándose en la piscina de su motel cuando ésta fue invadida por agentes de la policía local. ¿Había llegado acaso hasta sus oídos la escandalosa fama de consumidores de estupefacientes que arrastraba la banda? ¿Venían a protegerlos de un posible secuestro o ataque de fans? Ni lo uno ni lo otro. Sencillamente, habían recibido una llamada de un lugareño denunciando que un montón de chicas estaban bañándose sin sujetador en la piscina.

Contrariamente, no había ninguna mujer en los alrededores. Las supuestas chicas eran los Stones, que habían provocado un espejismo en el escandalizado testigo local porque nunca había visto en aquel pueblo a hombres con el pelo largo. Cierto es que, en el Romanticismo y el siglo XIX, el hirsutismo había sido moneda común entre los varones, pero hacía ya muchas décadas que los hombres no llevaban el cabello largo. Desde principios de los años sesenta, una buena manera de discutir los esquemas culturales del momento, aceptados por todo el mundo, fue practicar esos pequeños gestos: dejarte crecer el pelo más de lo que era normal entonces, escoger adrede vestimentas connotadas como lumpen y practicar los comportamientos que el rígido canon social consideraba incorrectos.

La irrupción del andrógino
Ese crecimiento de la longitud capilar provocó enseguida varios divertidos resultados involuntarios: en primer lugar, la dificultad entre muchas personas para distinguir fácilmente chicos de chicas a primera vista; en segundo, la constatación de que, en virtud de sus particularidades fisiológicas individuales, había muchachos a quienes estéticamente les sentaba muy bien los rasgos supuestamente femeninos y viceversa. La figura del andrógino empezó a ponerse entonces de moda y, durante unos años, los muchachos con una imagen de más éxito eran lánguidos y delgados –escasamente musculados– y las estrellas populares femeninas eran mujeres agresivas que reivindicaban el poderío de su apetito sexual con bailes agresivos y músicas vociferantes. Es el Glam-Rock del año 1973.

Cuando hoy se habla de la valentía de la cruzada transgénero para encontrar su lugar en el mundo, uno no puede evitar pensar que, efectivamente, se necesita un acopio de decisión para ir contra los lugares comunes y las ideas aceptadas de tu propio tiempo. Pero si eso ya se hace difícil hoy en día, imagínense lo que podía ser hace cincuenta años, cuando ni los gobiernos ni las leyes te apoyaban como lo hacen ahora para emprender ese viaje o travesía.

Eso fue lo que sucedió exactamente en el rock de 1973. Como al rock ya se le suponía de entrada la obligación de ser extravagante, fue el refugio perfecto para que un montón de artistas inquietos (unos más rudimentarios, otros menos) ensayaran sus experimentos de transgénero. ¿Puede haber algo más «trans» que el álbum «Transformer» de Lou Reed aparecido por aquellas fechas? La jugada habilísima de los «glam-rockers» fue que en álbumes como ese aparecieron canciones inolvidables, de gran calidad compositiva, que superaron varias generaciones y trasladaron su mensaje más allá. El productor del disco citado se llamaba David Bowie y también posaba con vestimentas andróginas nunca vistas, consiguiendo que no se supiera muy bien si era chico o chica.

Durante los siguientes años, nombres como los de Marc Bolan, Gary Glitter, Suzy Quatro, The Runaways, Joan Jett, Lita Ford y la sueca Ann-Margret usaron, para dar a conocer su rock, el impacto visual que provocaba en las convenciones de entonces la ambigüedad de su presentación andrógina. Fueron tan impactantes en su momento que incluso durante décadas posteriores aparecieron grupos como los también suecos Hanoi Rocks que mantenían viva la llama de ese estilo. Podría decirse que los glam-rock de ayer fueron los transgénero de hoy. Y como el fenómeno de la apropiación cultural es común hoy en día, aquellos que sobrevivieron entre los rockeros glamourosos se alegran del cambio de costumbres, pero miran con desconfianza a los políticos que se apuntan ahora masivamente al carro. No pueden olvidar que les prometieron legalizar la marihuana y, cuando llegaron al poder, solo legalizaron la mentira.

lunes, 11 de mayo de 2020

#hemeroteca #inmemoriam | Little Richard, «el marica rico» que revolucionó el rock y terminó condenando la homosexualidad

Imagen: ABC / Little Richard
Little Richard, «el marica rico» que revolucionó el rock y terminó condenando la homosexualidad.
El título de «padrino del glam» le va como anillo al dedo al cantante y pianista, cuya vida estuvo repleta de anécdotas que reflejan la transgresión que su personaje trajo a la música popular.
Nacho Serrano | ABC, 2020-05-11
https://www.abc.es/cultura/musica/abci-little-richard-marica-rico-revoluciono-concepto-estrella-rock-y-termino-condenando-homosexualidad-202005111333_noticia.html

Cuando Little Richard decía que era el «King and Queen of Rock'n'roll» (rey y reina del rock'n'roll) no sólo estaba jugando al despiste con su sexualidad. También estaba haciendo un guiño a las mujeres del género, que ayudaron igual que los hombres a construirlo. De hecho, fue Sister Rosetta Tharpe quien le dio a Richard su primera gran oportunidad, contratándolo como telonero en 1947, cuando sólo era un muchacho que interpretaba gospel con un estilo especial.

En cualquier caso, no hay duda de que Little Richard fue, además de uno de los mejores intérpretes de la historia (Hendrix, que formó parte de su banda cuando daba sus primeros pasos, dijo que quería hacer con la guitarra lo que él hacía con la voz) una de las personalidades más volcánicas y esperpénticas del rock de primera (o segunda, según se valore) hornada, lo que le ha valido el título de «padrino del glam» y un memorable historial de anécdotas que reflejan la transgresión que su personaje trajo a la música popular.

Richard siempre jugó con los límites de lo políticamente correcto. Su mayor éxito, «Tutti Frutti», no hablaba de macedonias sino de su relación a dos bandas con sendas novias, Daisy y Sue. La letra original, no obstante, nunca se publicó: su sello la vio demasiado atrevida y cambió el estribillo «Tutti Frutti, good, booty / If it don't fit, don't force it / You can grease it, make it easy» («Tutti Frutti, buen culito / Si no entra, no lo fuerces / puedes engrasarlo, para facilitarlo») por «Tutti frutti, aw rooty (que en la jerga callejera de la época significaba algo así como «¡qué bien!), a-wop-bop-a-loon-bop-a-boom-bam-boom».

Su imagen llamó la atención muchísimo en la época: un negro maquillado, con las cejas depiladas y un pelo cuidadosamente peinado al milímetro era demasiado coqueto para lo acostumbrado por entonces, lo que provocó que surgieran rumores sobre su homosexualidad. Y él mismo acabó reconociéndolo tácitamente: «Podéis llamarme 'marica', adelante. Pero aseguraos de que me llamáis 'marica rico'», dijo en una de sus entrevistas más memorables en la década de los ochenta. Muchos años después afirmaría: «Todos somos masculinos y femeninos a al vez. El sexo es para mí como un bufé. Si algo me tira, voy por ello. ¿Que cuál es mi sexualidad? ¡Soy pansexual!». Ese juego de androginia y sus camaleónicas vestimentas lo convirtieron, efectivamente, en la primera gran referencia del futuro glam-rock.

Cuando empezó a hacerse famoso, Richard dijo que su look estaba pensado «para que los hombres blancos en el público no pensaran que iba a por sus chicas blancas. Eso me hacía las cosas más fáciles», pero el caso es que dio infinidad de bandazos en la auto-aceptación de su por entonces exótica identidad sexual (a la que probablemente se refería el concepto «Tutti Frutti» en realidad) y eso acabó trayéndole problemas. Algunos promotores blancos lo vetaron, y en 1957, él mismo se fustigaba tanto por sus inclinaciones que acabó perdiendo la chaveta: durante un vuelo en avión en una gira australiana, una «epifanía» le ordenó abandonar el mundo de lujuria del rock'n'roll. Al aterrizar, se quitó los cuatro anillos de diamantes que llevaba y los tiró a un río. Ingresó en una universidad cristiana en Alabama para estudiar teología y recorrió Estados Unidos de arriba a abajo durante tres años como ministro pentecostal. Sin embargo, su instinto animal para el rock'roll lo devolvió a los escenarios y en 1962 fue detenido durante una gira, acusado de espiar a unos hombres en los urinarios de una estación de autobuses de Long Beach (California).

Ese mismo año conoció a unos fans muy especiales durante una gira por Europa, los Beatles, pero tras un breve encuentro dijo que pensaba que no triunfarían: «Quizá sí lo consiga Paul, si se lo monta por su cuenta».

A mediados de los sesenta cayó en una fuerte adicción al alcohol y la marihuana, y el descenso de su popularidad hizo que acabara pasando toda una década malviviendo y lidiando con todo tipo de tragedias personales. En 1977, la muerte de su hermano le abrió los ojos y volvió a dejar el rock y las drogas, y no volvió al candelero hasta 1984.

«Dios me ha dado la victoria. Ya no soy gay, pero lo he sido durante toda mi vida. Además creo que fui uno de los primeros en salir. Pero el Señor me ha hecho saber que hizo a Adán con Eva, no con Steve», dijo a su regreso. Su aparición en algunas series y películas le devolvió la fama perdida, e incluso se convirtió en el oficiante de bodas de celebridades como Tom Petty, Steve Van Zandt, Cyndi Lauper o la pareja que en su momento formaban Bruce Willis y Demi Moore, quien recordó al artista el día de su muerte con un mensaje en Twitter: «Hoy recordamos a Little Richard... Bruce y yo tuvimos la suerte y el honor de que fuera él quien oficiara nuestra boda en 1987: muchas gracias por todos aquellos recuerdos. Descansa en paz».

Los años noventa y el nuevo siglo fueron benévolos con Little Richard, que pudo mantener un ritmo de giras equilibrado para su nombre y su salud. Pero su personaje daría una última vuelta de tuerca. A pesar de ser recordado como un adalid de la libertad sexual y abuelo del glam, en su última entrevista, realizada en 2017, condenó la homosexualidad y la transexualidad: «Son sentimientos antinaturales que van contra los designios de Dios».

viernes, 15 de junio de 2018

#hemeroteca #inmemoriam | Muere Santos Blanco, de Locomía, a los 46 años

Imagen: El País / Santos Blanco (d) en una de las formaciones de Locomía
Muere Santos Blanco, de Locomía, a los 46 años.
El componente de la banda, célebre por usar grandes abanicos y hombreras, falleció de forma natural.
El País, 2018-06-15
https://elpais.com/cultura/2018/06/15/actualidad/1529049876_034513.html

Santos Blanco, miembro de la primera formación de Locomía, ha muerto a los 46 años, según ha informado Tarré Management, la empresa que representa actualmente a la banda. El grupo de electro pop, que comenzó en la discoteca KU de Ibiza en los años ochenta, es muy recordado por sus bailes con grandes abanicos y una estética en la que predominaban las hombreras gigantes. Jordi Tarré, representante del grupo, ha explicado a El País en conversación telefónica que, según el testimonio de la familia, murió de forma natural. "No se despertó. No sabemos más", ha añadido. Según su relato, la noticia les llegó ayer por la tarde y tanto los primeros integrantes del grupo, entre los que se encuentra Xavier Font, como los actuales, se encuentran conmocionados por su fallecimiento.

El grupo se dio a conocer a finales de los ochenta en Latinoamérica. Entre 1989 y 1991 alcanzaron un gran reconocimiento con temas como ‘Loco Vox’; ‘Rumba, samba, mambo’; ‘Loco Mía’, o ‘Niña’, y sus correspondientes puestas en escena.

"Hoy toca despedirnos de un ser único que dejó una huella imborrable", ha asegurado la banda a través de su página oficial de Facebook. "Santos llegó a Locomía en un momento álgido y de gran éxito del grupo. Su aparición fue clave para brillar como nadie en ese inolvidable festival de Viña del Mar, en 1992. Su rostro angelical y su cuerpo apasionado por la danza le hicieron inolvidable en este concepto", añaden en su homenaje.

Tarré asegura que las informaciones de su fallecimiento les llegaron a través de una fan de Uruguay que seguía en contacto con Santos Blanco, que actualmente residía en Gijón y ya no estaba vinculado con el mundo de la música. "No quisimos hacerlo público hasta que lo tuvimos confirmado porque nos parecía que era mentira", ha añadido. Después de ponerse en contacto con la familia, el grupo ha confirmado el fallecimiento que, según sus informaciones, se produjo este miércoles.

Locomía se creó en 1984. En 2011 se volvieron a reencontrar, aunque con nuevos integrantes. El grupo se formó como un grupo de diseñadores de moda que después derivaron en un grupo musical. Sus primeros componentes fueron Xavier Font, Luis Font, Gard Passchier y Manuel Arjona, según informa su página web oficial. El primer disco se lanzó en 1989 y ya no estaban en el grupo Passchier ni Font, que fueron sustituidos por Carlos Armas y Juan Antonio Fuentes. Santos Blanco sustituyó a Juan Antonio Fuentes en el festival de Viña del Mar de 1992.


Locomía: abanicos y hombreras XXL.
Entre temazos y su estilismo de toreros glam el grupo se consolidó en las pistas de baile de España.
Pablo León | Tentaciones, El País, 2018-06-15
https://elpais.com/elpais/2018/06/15/tentaciones/1529056146_759152.html

Si te digo Locomía, qué te sugiere: abanicos, hortera, hombreras, sintetizador, Ibiza, disco, fusión marciana, homosexualidad… A mediados de los ochenta, cinco estudiantes de moda decidieron formar un grupo musical que dejó una profunda huella en España y en Latinoamérica. Locomía (o Loco Mía) nació con la intención de ofrecer un controvertido discurso estético heredero de la Movida, pero acabó produciendo hitos musicales como ‘Locomía’, ‘Rumba Samba Mambo’ o ‘Gorbachov’ (con una letra que decía “Gorbachov es perestroika. Gorvachov es ideal”).

Su sonido mezclaba electropop con (mucho) sintetizador, aunque también practicaban los ritmos latinos. Una mezcla ecléctica que acabó conquistando al público. En ese proceso, su estilismo fue clave: todo el mundo hablaba de sus hombreras hiperbólicas (los componentes de la banda reconocían que cuando las vestían no podían pasar las puertas de frente y tenían que hacerlo de lado) y de sus icónicos abanicos XXL, que manejaban con brío, y que todo el mundo imitaba cuando sonaba alguno de sus temas. Además, incorporaban maquillaje, colores muy vivos y toques andróginos.

Los componentes originales de la banda fueron Xavier Font, Luis Font, Gard Passchier y Manuel Arjona. Debutaron con espectáculos en la discoteca KU de Ibiza. Después, en 1989, lanzaron su primer disco ‘Locomia’, y Gard y Luis fueron sustituidos por Carlos Armas y Juan Antonio Fuentes. “A David Bowie le gustó tanto el concepto que nos invitó a abrir sus conciertos en la gira que hizo en España en 1990”, recordaba Arjona en varias entrevistas.

Entre temazos y su estilismo de toreros glam, el grupo se consolidó en las pistas de baile de España, contagiándose a Europa (sobre todo a Inglaterra, Alemania y Francia vía Ibiza) y triunfando en Latinoamérica. "Tenían un vestuario muy loco, pero me gustaba su manera de fusionar moda con música. Sus canciones eran muy movidas y se les asociaba con el movimiento LGTBI, de alguna manera ayudaron a normalizar la homosexualidad", opina Isabel Sánchez, de 59 años y que con veintipocos vivió la explosión de la banda. Ese éxito no impidió que sus componentes siguieran cambiando: Xavier Font fue sustituido por Francesc Picas y más adelante, en 1991, Juan Antonio Fuentes dejó el grupo para ser sustituido por Santos Blanco, que acaba de fallecer. Con estos integrantes actuaron en 1992 en el Festival de Viña del Mar de Chile. Triunfaron.

En su segundo disco, ‘Locovox’ (1991) su sonido y su estética se alejaron de la transgresión y el eclecticismo (se pasaron al traje y probaron con temas más comerciales) lo que les hizo perder valor simbólico. Siguieron vendiendo discos, pero en el camino habían perdido su extravagante chispa. En 1992 lanzaron ‘Party Time’, influenciado por el techno noventero y su último trabajo. Aguantaron unos años más y, tras varias trifulcas internas, a finales de los noventa se disolvieron. Pero en 2011, renovados, volvieron a la carga con nuevos componentes y los temas de siempre. Fue un ejercicio de nostalgia que les llevó a realizar varias actuaciones (el año pasado se marcaron una gira homenaje a sus más de tres décadas de historia).

Y TAMBIÉN…
Muere Santos Blanco, de la mítica banda Locomía, a los 46 años.

El bailarín y actor perteneció a la primera etapa del grupo ochentero de Electro Pop recordado, entre otras cosas, por sus grandes abanicos y canciones pegadizas.
El Diario, 2018-06-15
https://www.eldiario.es/cultura/musica/Muere-Santos-Blanco-integrante-Locomia_0_782521884.html

jueves, 10 de mayo de 2018

#hemeroteca #musica #glam | El pop como herramienta para explicar el mundo

Imagen: El País / Simon Reynolds
El pop como herramienta para explicar el mundo.
El influyente periodista Simon Reynolds teoriza sobre el glam en su último libro.
Xavi Sancho | El País, 2018-05-10
https://elpais.com/cultura/2018/05/10/actualidad/1525975505_690852.html

Simon Reynolds (Londres, 1963) es tal vez el periodista musical más influyente de las últimas décadas. Suyas son obras de referencia para entender lo que pasó y lo que está pasando como ‘Retromanía’ (sobre la fiebre del ‘revival’ que dominó parte de los noventa y la primera década de este siglo), ‘Energy flash’ (en torno a la electrónica y sus adyacentes), ‘Rip it up and start again’ (biblia del ‘postpunk’, la música que vino a cambiar las reglas) o ‘Como un golpe de rayo’ (su último trabajo, un tratado sobre el glam, desde David Bowie hasta las estrella contemporánea Nicki Minaj). Ayer participó en la edición madrileña del festival Primera Persona que tuvo lugar en La Casa Encendida, hoy estará en Málaga en la IV edición de ‘Málaga 451: La Noche de los Libros’ y mañana terminará su gira en el CCCB barcelonés como una de las más rutilantes estrellas de este 'Primera Persona' que, desde hace tres años, se desdobla en dos sedes. “No exagere tanto sobre mi influencia [en la teoría de la música pop] porque ahora mismo estoy enganchado a un tema de '21 Pilots' que me ha pegado mi hija y me siento como una especie de señor mayor ‘emo’”,confiesa al respecto de la música de este dúo estadounidense de rock algo pomposo que, a pesar de haberse disuelto en 2011, sigue ganando adeptos, entre ellos los vástagos de grandes críticos de rock.

“Jamás he sido de esos tipos que tratan de crear versiones minúsculas de sí mismos a través de sus hijos, pero sí es cierto que les ponía [al compositor contemporáneo Karlheinz] Stockhausen y ‘post punk’ cuando eran muy pequeños, pero no veo que haya calado”, bromea.

Sus lectores saben que en pocas disciplinas periodísticas el lector puede hacerse una idea tan clara de la personalidad del escriba como en el periodismo musical. Por eso tiene tanto sentido que Reynolds participe en un evento llamado Primera Persona. “Y eso que evito hablar mucho de mí. Odio escribir la palabra yo”, aclara.

El inglés empezó a trabajar en este negocio a mediados de los años ochenta, la que es, a su entender, la peor época de la historia de la música. Estuvo en la revista ‘Melody Maker’ cuando el pop aún se entendía como un ejercicio de arriesgada progresión, no un bálsamo regresivo. “Pero también estuve en revistas de estas que ponen a los Beatles en portada dos veces al año. No tengo nada en contra de este periodismo historicista, siempre y cuando se arme desde la investigación y no desde la mera revisión”, aclara aún dolido porque cuando dejó de trabajar en esos medios estos empezaron a poner a bandas que le gustaban, como ‘The Jam’ o ‘PIL’, en portada.

Eso, entrar en el pasado por la puerta lateral, es exactamente lo que intentó evitar en ‘Como un rayo’, el libro sobre glam escrito por este señor alto con pinta de oficinista o profesor de una universidad que paga a 90 días. “Pero yo fui glam, yo fui andrógino, lo juro”, interrumpe. “Tenía una amiga lesbiana que me pintaba los ojos, aunque me hacía unos estropicios notables. Ahora supongo que soy lo que se diría un tipo masculino”.

Más allá del interés que pueda despertar su visión sobre Marc Bolan o The Tubes, la actualidad de su último libro, publicado, como la mayor parte de los suyos, por la editorial argentina Caja Negra, reside en la conexión que hay entre la sexualidad de aquella época y el pop no binario que explica la actual. “Tienes razón, lo pensé, pero no quise ahondar mucho en eso porque me dio cierto miedo. Es obvio, a pesar de que no quisiera explicitarlo, que uno de los mayores cambios que han sucedido en la música es el pasar de que todo sea sexual a que todo tenga que ver con el género, que es algo mucho más interesante”.

Pasión por lo nuevo
Pese a ser el teórico que popularizó la etiqueta ‘retromania’, que describe la obsesión del pop con el pasado, sigue teniendo hambre de cosas nuevas y energías para tratar de entenderlas. Fan del rap y de la electrónica actuales, con todo, ha visto demasiadas escenas pasar como para dar géneros por finiquitados. “Recuerdo que a finales de los noventa, el DJ Paul Oakenfold dijo que todo serían mesas de mezclas y sintetizadores, que el rock era pasado. Al cabo de muy poco aparecieron The Strokes y se cargaron su teoría”, narra como ejemplo algo que pocos han entendido: los periodistas musicales estamos para explicar, no para adivinar.

lunes, 14 de agosto de 2017

#hemeroteca #musica #glam | El ‘Glam rock’, la andrógina revolución adolescente que revitalizó la industria

Imagen: El País / David Bowie
El ‘Glam rock’, la andrógina revolución adolescente que revitalizó la industria.
Un movimiento tan importante en su momento como minusvalorado después que Simon Reynolds reivindica en su libro ‘Como un golpe de rayo'.
Iñigo López Palacios | Icon, El País, 2017-08-14
https://elpais.com/elpais/2017/07/31/icon/1501519143_797629.html

Tiene 53 años y, después de vivir 25 en América, acaba de conseguir la nacionalidad estadounidense, pero Simon Reynolds mantiene intacto el acento británico. Desde los ochenta, su nombre fue escalando puestos entre los críticos de rock más respetados hasta que en 2011 se consagró con ‘Retromanía’, un magistral ensayo sobre la obsesión del pop con su pasado que se ha convertido en obra de referencia. Cinco años después llegaría ‘Shock & awe’, una monumental historia de 700 páginas del ‘glam rock’ que acaba de ser publicada en castellano por Caja Negra con el título ‘Como un golpe de rayo’. “He sido fan del ‘glam’ desde niño y aunque había escrito sobre Roxy Music o Bowie nunca lo había hecho de T Rex, Sweet o Mott The Hoople. Me interesaba porque era un reto. La mayoría de las cosas sobre las que he investigado, el post punk o la música rave, salieron del ‘underground’. El glam es pop comercial y ambicionaba el éxito. En los primeros setenta no había nadie más grande que Marc Bolan o Slade”, explica.

El ‘glam’ que describe Reynolds es una música que devuelve la energía juvenil al rock después de que el desplome del jipismo hubiera convertido la escena en algo muy masculino y plomizo. Aquellos tipos andróginos, con mechas, subidos en zapatos de plataforma, recubiertos de boas de plumas y lentejuelas, sirvieron de puente entre los sesenta y el punk y revitalizaron el negocio. En 1970, cuenta, bastaban 100.000 copias para estar entre los cinco discos más vendidos de Reino Unido. En 1971 hacía falta pasar del medio millón. “Fue una revolución adolescente, muchos fans tenían entre 12 y 15 años y les fascinaba la ambigüedad de sus ídolos”.

Marcaba el camino David Bowie, cuya trayectoria vertebra el libro. Su largo camino a la cima, su contradictoria relación con la fama, su contribución a convertir en estrellas a Iggy Pop o Lou Reed, en sí mismos artistas ‘glam’, le convierten en la figura clave. “Su muerte me pilló terminando el libro. Yo había pedido una entrevista, pero me contestaron que llevaba 12 años sin dar ninguna. En realidad no me interesaba hablar con él ahora, ni la visión actual, ya convertido en un tesoro nacional. Me interesaba cuando era un chico de suburbio de clase media buscando su identidad. Entrevisté a algunos artistas como Alice Cooper, pero tienden a repetir las mismas historias y olvidar otras. Algunos, como Sparks, niegan su vinculación con el ‘glam’. En las entrevistas de aquel momento había mejor material. Historias nunca contadas o una frescura que falta en la actualidad”. Son momentos espléndidos. Como ese en el que un joven Bowie llama a Mick Jagger “Mamá gallina” y se explaya a gusto. “No es un gallo de pelea. En todo caso una ‘madame’ de burdel”.

sábado, 1 de abril de 2017

#libros #musica #glam | Como un golpe de rayo : el glam y su legado, de los setenta al siglo XXI

Como un golpe de rayo : el glam y su legado, de los setenta al siglo XXI / Simon Reynolds ; traducción de Hugo Salas.
Buenos Aires : Caja Negra, 2017 [04-01].
704 p.
Colección: Synesthesia.
ISBN 9789871622542 / 31 €

/ ES / ENS
/ Androginia / Artificio / Cultura popular / David Bowie / Glam / Historia – Siglo XX / Historia – Siglo XX/ Música / Sexualidad / Sociología

Al igual que en su influyente libro sobre postpunk, en ‘Como un golpe de rayo’ Simon Reynolds hace algo más que recorrer de manera exhaustiva la historia de un género. Al abordar el glam en tanto celebración del artificio y culto a la imagen, revela de qué manera supuso una ruptura con los valores propios de rock hippie de fines de los años sesenta –la autenticidad y el compromiso político– y un primer ensayo del tipo de sensibilidad que más tarde llegaría a ser conocida como posmoderna. Estrellas como David Bowie (cuya trayectoria funciona como columna vertebral del libro), Lou Reed, Alice Cooper, Roxy Music, New York Dolls y T. Rex dejaron en evidencia con su despliegue teatral, su maquillaje andrógino y su vestuario alienígena, que el pop antes que un reflejo de la realidad es una vía de escape a través de la fantasía y el fanatismo. 

‘Como un golpe de rayo’ trata acerca del poder de la ficción y de cómo la ingeniería de la excitación, la planificación de la controversia y la manipulación se volvieron parte esencial de la maquinaria del espectáculo. Al mismo tiempo, recupera estas experiencias del pasado en tanto laboratorios de experimentación estilística y sexual, trazando un linaje que hunde sus raíces en el arte del siglo XIX, el camp y el warholismo, y que se proyecta en la obra de figuras como Prince, Madonna, Marilyn Manson, Lady Gaga y Beyoncé.

martes, 25 de octubre de 2016

#hemeroteca #inmemoriam | Muere Pete Burns, el cantante de Dead or Alive

Imagen: El País / Pete Burns
Muere Pete Burns, el cantante de Dead or Alive.
El músico británico falleció a los 57 años por un paro cardiorrespiratorio.
El País, 2016-10-25
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/24/actualidad/1477345186_840425.html

El cantante y compositor británico Pete Burns, líder del grupo Dead or Alive, ha muerto a los 57 años de un paro cardiorrespiratorio, ha informado su familia el lunes. Burns alcanzó el éxito a mediados de la década de 1980 con la canción ‘You Spin Me Round’ (‘Like a Record’) y por su característica imagen andrógina dentro de la escenas glam, electro y dance.

"Era un verdadero visionario, una alma talentosa y todos los que lo queríamos y apreciábamos vamos a echarle de menos", publicó en Twitter Steve Coy, su representante. La familia del cantante no reveló más circunstancias del deceso, como el lugar donde murió. El músico había ido transformando su aspecto. Se sometió a varias operaciones quirúrgicas para destacar gradualmente sus facciones hasta lograr una imagen extravagantemente femenina.

Dead or Alive se fundó en 1980 en Liverpool. Fueron conocidos también por otras canciones como ‘Youthquake’ o ‘Lover Come Back to Me’. La agrupación nunca se separó formalmente, pero sufrió varios cambios en su formación hasta que lanzó su último disco, ‘Fragile’, en 2000.

viernes, 15 de enero de 2016

#hemeroteca #davidbowie | David Bowie: polvo de estrellas

David Bowie: polvo de estrellas.
La prensa lo recuerda como el “gran mito del glam rock”, pero su frenética capacidad de reinvención aportó una fascinante expedición sonora y un mensaje: que la diferencia es hermosa e infinitamente más seductora que la uniformidad y el gregarismo.
Carlos Bouza | Pikara Magazine, 2016-01-15
http://www.pikaramagazine.com/2016/01/david-bowie-polvo-de-estrellas/

“Tienes a tu madre confundida / No sabe si eres un chico o una chica / Oh, cariño, tu pelo está perfecto, salgamos esta noche (…) Nos gusta bailar y tenemos un aspecto divino” (‘Rebel Rebel’, 1974)

En las horas posteriores al fallecimiento de David Bowie, sus fans apenas acertamos a expresar nuestra incredulidad manoseando clichés: si es cierto que Bowie era un extraterrestre, también suponíamos que la muerte era algo que no iba con él. Al fin y al cabo, según intuimos, ese es un trámite que afecta únicamente a quienes habitamos la Tierra. Una vez que se ha caído el velo, ahora lo vemos todo más claro: el gran mensaje que David Robert Jones (Londres, 1947 – Nueva York, 2016) dejó en su paso por el mundo es que podemos llegar a ser todo aquello que deseamos. Que la diferencia es hermosa, e infinitamente más seductora que la uniformidad y el gregarismo.

En sus más de cincuenta años de carrera, Bowie trabajó incansablemente alrededor de la gran promesa que el rock’n’roll promovía desde sus orígenes: la idea de que una existencia refractaria a los convencionalismos era posible. O al menos, la idea de que una canción pop, o la contemplación de la portada de un disco, podía expulsar a los chicos y chicas de sus existencias convencionales, aunque fuese durante unos pocos minutos. Él, por supuesto, lo hizo de una forma única, con una visión artística intransferible. Animado por una reinvención frenética y constante, nunca perdió ni un átomo de su personalidad por el camino.

Buena parte de todo lo que amamos de Bowie estaba ya cifrado en el tema ‘Space Oddity’ (1969), una angustiosa fantasía galáctica encajada en un álbum todavía renqueante. Por entonces, Bowie era un veinteañero de las afueras de Londres cuyas primeras composiciones, a medio camino entre la tradición del music hall y la crónica suburbial, no habían logrado despuntar. Procedente del entorno mod, flirteó con el movimiento hippie y poco después se sacó de la manga aquel single: una canción que describía los apuros de un astronauta a la deriva, pero donde estaba planteando en realidad los temas esenciales que recorrerían parte de su obra futura: alienación, confusión, soledad y dudas.

Los optimistas años sesenta se marchitaban sin remedio, y el artista estaba tomando ya la temperatura anímica de la generación siguiente. A partir de entonces su radar pareció volverse infalible, lo que le permitía ir casi siempre varios pasos por delante de sus contemporáneos.

En los últimos días, los informativos tienden a reducir el reinado de Bowie a “gran mito del glam rock”, aunque en este caso el músico de Brixton llegó cuando la puerta estaba ya entornada. La escena fundacional del movimiento que supuso la liberación final del sexo en el seno de la música pop tiene como protagonista a Marc Bolan, otro joven londinense que, a comienzos de 1971, se convirtió en la primera estrella del género al irrumpir con una imagen rompedora: boas de plumas, blusas de raso y una lluvia de purpurina en la cara. Con su banda, T.Rex, Bolan también definió la música: riffs de rock’n’roll primitivo, boogie, pop burbujeante e hipidos de éxtasis. Sin embargo, la mayor parte de los otros grupos no resultaban tan excitantes: muchos eran simples machos de extrarradio descubriendo el maquillaje, jugando a la ambigüedad sexual, pero elementales en lo artístico. Casi todos menos David Bowie, que en pocos meses pasó de competir con Bolan en terreno glam a convertirse en un insaciable devorador cultural, sintetizado todas sus influencias con gran maestría y manteniéndose en vanguardia durante un buen puñado de años.

Era más rápido que su propia sombra. La portada de su disco ‘The Man Who Sold The World’ (1970) le retrata convertido en una modelo prerrafaelita. Un año más tarde, en la de ‘Hunky Dory’, luce como una radiante versión masculina de Marlene Dietrich. Pero nada hacía presagiar su encarnación más célebre: en 1972, cientos de miles de adolescentes asistieron a su mutación pública en Ziggy Stardust, un rockero alienígena de piel irisada y cabellos de fuego que aterrizaba en nuestro planeta para difundir un mensaje de libertad y pansexualidad. Bowie contó su historia en un álbum fundamental de nuestro tiempo, ‘The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” (1972), e incidió en la veta de la ambigüedad total en su fantástica continuación, ‘Aladdin Sane’ (1973), donde fijó para siempre la imagen icónica del rostro atravesado por un rayo tricolor. Las categorías se habían hecho añicos: de repente los prefijos hetero, homo, bi o trans ya no significaban nada. Con su puesta en escena, sus letras, las portadas de sus discos, Bowie estaba tendiendo una mano a aquellos fans que se resistían a explorar su propia identidad, a ampliar sus confines.

Su combustible era el cortocircuito, el esquinazo sistemático. Consciente de la hipocresía y el conservadurismo que imperaban en el negocio, podía activar la maquinaria promocional de ‘Hunky Dory’ declarándose homosexual, a sabiendas de que era un secreto a voces su instalación en una vida familiar aparentemente convencional, mujer e hijo incluidos. Cuando el público se había acostumbrado a su entidad marciana, él ya estaba en otro lugar: convertido en lo que parecía un personaje de ‘El Gran Gatsby’, en la época de su álbum ‘Young Americans’ (1975); o en un vampiro transparente, como en los años berlineses, estimulados por la cocaína, de su disco ‘Low’ (1976). Cada transformación venía acompañada de una fascinante expedición sonora: pop barroco, hard rock, funk y soul blancos, electrónica gélida, pop bailable para el gran público, aleaciones de rock y drum’n’bass. O rock denso interpretado por músicos de jazz: es el caso de ‘Blackstar’ (2016), el muy calculado testamento que publicó el pasado ocho de febrero, tres días antes de convertirse en polvo de estrellas.

Habían pasado pocos minutos desde que la noticia se hizo pública, y las redes sociales hervían con mensajes de personas mostrándole algún tipo de gratitud. En mi muro de Facebook leí ese día una declaración de amor que resaltaba entre todas las demás. La escribía mi amiga Hailey desde Oakland:

“Ídolo. Icono. Héroe. Ni siquiera estas palabras son suficientes para describir el increíble efecto que Bowie produjo en mí y en innumerables personas. Para muchos de nosotros, descubrir la existencia de esta leyenda nos dio el valor necesario para ser nosotros mismos, con todas nuestras rarezas y nuestra belleza. En el instituto, David Bowie me salvó la vida; en la universidad escribí trabajos sobre él; me disfracé de él en Halloween cuando tenía treinta años y, mientras tanto, continuó siendo una fuente constante de inspiración creativa con su música, su poesía, su estilismo capilar o incluso a través del esmoquin de satén blanco que llevé en mi graduación. Mientras lloramos su muerte, no debemos olvidarnos de seguir adelante con las lecciones que nos enseñó: que puedes ondear tu bandera por todo lo alto y que el mundo y que el mundo te amará por ello; que te puedes reinventar una y otra vez y continuar cambiando las vidas de los demás; y que la belleza que puedes aportar a este mundo no tiene límite. Descansa en paz, hombre que vino de las estrellas”.

lunes, 11 de enero de 2016

#hemeroteca #inmemoriam | David Bowie, una odisea musical

Imagen: El País / David Bowie
David Bowie, una odisea musical.
El músico británico sucumbe al cáncer a los 69 años.
Diego A. Manrique | El País, 2016-01-11
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/01/11/actualidad/1452515141_394905.html

Como siempre, nos ha dejado con la boca abierta. David Bowie murió el domingo, tras lo que su familia describe como “18 meses de lucha contra el cáncer”. Aunque siempre corrieron rumores sobre enfermedades, sus colaboradores hablaban de un músico en perfecta forma, laborioso e inquieto.

Coincidiendo con su cumpleaños número 69, el viernes había publicado un disco valiente, 'Blackstar', grabado con gente del jazz. Había sido precedido por dos vídeos inquietantes que ahora nos suenan a mensaje en clave, a adiós anticipado.

Desaparece un personaje único. Al tratarse de un músico en perpetuo estado de renovación estética, es su modelo de cambio constante el que vemos repetido en figuras como Madonna, Prince, Lady Gaga. Que también aprendieron sobre su magistral control de la imagen y su astucia financiera.

Su trayectoria atraviesa como un relámpago los sesenta años de música pop. Nacido en una casa modesta del barrio londinense de Brixton, en 1947, David Robert Jones quedó deslumbrado por Little Richard y otras fieras del rock'n'roll. Su madre tuvo la feliz idea de comprarle un saxo; se lanzó al circuito del directo, primero como instrumentista y luego como cantante.

Los Kon-Rads, los King Bees, los Manish Boys, The Lower Third y Buzz fueron su aprendizaje. En 1966, al saber que otro Davy Jones triunfaba (con The Monkees), se cambió de apellido. Al año siguiente, editaba su primer LP como solista, pop orquestal al estilo de Anthony Newley.

Sabía manejar los medios. Apareció en la prensa por liderar una protesta contra la antipatía de los peluqueros por las melenas masculinas. Atrajo a la prensa a su boda, con la vaga promesa de que sería una ceremonia hippy; en verdad, se casó por lo civil y lo único llamativo fue su abrigo afgano, entonces prenda de rigor en el ‘underground’ británico. Para entonces, ya había logrado su primer éxito, ‘Space oddity’, una fantasía espacial que coincidió —no por casualidad— con la llegada del hombre a la luna.

Materializar tendencias
Supo convertir lo que parecía un acierto coyuntural en licencia para grabar discos de escritura ambiciosa y hermosas melodías, como ‘The man who sold the world’ o ‘Hunky dory’. En 1972, demostró una habilidad que le acompañaría durante 15 años: sabía materializar tendencias emergentes, que presentaba embellecidas e intelectualizadas.

Con Ziggy Stardust se colocó a la cabeza del ‘glam rock’. Lucía hermoso, presumía de bisexualidad y fantaseaba sobre una estrella del rock en tiempos apocalípticos. El impacto fue arrollador. Además, gozaba del toque del Rey Midas: produjo ‘Transformer’, el álbum de Lou Reed que contenía las que serían sus canciones más universales, ‘Walk on the wild side’ y ‘Perfect day’; también cedió ‘All the Young dudes’, himno para la nueva generación, al grupo Mott the Hoople.

Otro terremoto: en 1973 anunció que se retiraba; luego explicaría que se refería al personaje Ziggy Stardust. Pero siguió facturando contundentes discos de rock con melodías pegajosas. Incluso realizó ‘Pin-ups’, un homenaje a sus raíces sesenteras, inaugurando esa retromanía que ahora nos asfixia.

La siguiente reencarnación llegaría en 1975 con ‘Young americans’, grabado parcialmente en Filadelfia: era soul refinado, que incluía un temazo funky hecho a medias con John Lennon, ‘Fame’. Para entonces, ya residía en Estados Unidos donde impresionaba al público con la teatralidad de sus espectáculos (como aperitivo, era capaz de proyectar ‘Un perro andaluz’, de Buñuel).

También se perdió entre nubes de cocaína; a esos excesos debemos atribuir sus divagaciones sobre el fascismo y la necesidad de un dictador para enderezar la decadencia del Reino Unido. Pero no se llega tan arriba sin tener instintos de supervivencia. En 1976, se refugió en Berlín, junto a otro protegido, Iggy Pop. Allí se grabarían las primeras entregas de un ascético tríptico —‘Low’, ‘Heroes’, ‘Lodger’— que reflejaba su atracción por la electrónica germana.

Para hacerse una idea de su plasticidad: a la vez, cantaba en televisión ‘El tamborilero’ con Bing Crosby y recitaba en la versión de ‘Pedro y el lobo’, de Prokofiev, que grabó el director Eugene Ormandy. Ya había probado el cine, con ‘El hombre que cayó a la tierra’ (1975) o ‘El ansia’ (1982). Se atrevió a protagonizar ‘El hombre elefante’ en Broadway ¡y sin prótesis o maquillajes exagerados!

Rey del pop y decadencia
A principios de los ochenta, con el mundo a sus pies, apostó con fabricar pop para el gran público. Lo logró con el soberbio ‘Let’s dance’ (1983). A partir de ese momento, no hay otra forma de decirlo, perdió el sentido de la orientación. Sus posteriores discos, ‘Tonight’ (1984) y ‘Never let me down’ (1987), vendieron toneladas pero le llegaron a avergonzar.

En un fallido gesto de humildad, se enroló como un músico más en un grupo de rock duro llamado Tin Machine. No funcionó, aunque sacaron temas muy aprovechables. Y lo mismo se puede afirmar de su producción durante los años noventa. Firmó trabajos que, con frecuencia, resultaban más apetecibles sobre el papel que en la realidad. Y sí, cada uno reivindicamos algún disco tardío que salvamos de la quema pero lo cierto es, que en vez de liderar, parecía que David iba corriendo detrás de las modas. Lo afirma alguien que le seguía fielmente pero no podía dejar de advertir que, allá por 1999, hablaba con más entusiasmo del arte contemporáneo que de la música.

De alguna manera, el incidente cardiaco que le jubiló en 2004 fue una bendición. Evitó verlo convertido en una parodia de sí mismo, un patriarca oficiando entre sus infinitos admiradores. El anonimato neoyorquino le devolvió mística y, poco a poco, el gusto por crear. ‘The next day’, que llegó de sopetón en 2013, fue una gratísima sorpresa. Y el reciente ‘Blackstar’ nos hizo interrogarnos de nuevo sobre sus intenciones. Ignorábamos que se trataba de una despedida.

DOCUMENTACIÓN
David Bowie, el artista que filmó su muerte.
Juan Ángel Juristo | Cuarto Poder, 2016-01-11

http://www.cuartopoder.es/detrasdelsol/david-bowie-el-artista-que-filmo-su-muerte/7374
Fallece David Bowie, genial artista y “heterosexual en el armario”.
Flick | Dos Manzanas, 2016-01-11
http://www.dosmanzanas.com/2016/01/fallece-david-bowie-genial-artista-y-heterosexual-en-el-armario.html
David Bowie's influence on queer culture.
How the Starman flipped the script on gender and sexuality in pop culture.
Phil Villeneuve | Daily Xtra, 2016-01-11
http://www.dailyxtra.com/arts-and-entertainment/david-bowies-influence-queer-culture-183075

martes, 15 de septiembre de 2015

#hemeroteca #libros | La importancia de llamarse David Bowie

Imagen: El País
La importancia de llamarse David Bowie.
La editorial Taschen edita un libro sobre la figura del artista británico fermentada a través del objetivo de Mick Rock, quien pasó un año pegado a él.
Tentaciones, El País, 2015-09-15
http://elpais.com/elpais/2015/09/15/tentaciones/1442306350_577523.html

La androginia, la teatralidad y la reinvención son tres de las características que han acompañado a David Bowie (Brixton, 1947) desde su primer disco homónimo en 1967. Cinco años más tarde de su debut discográfico, en 1972, Bowie sorprendió al mundo con “The rise and fall of Ziggy Stardust and the spiders from mars”. Un LP en el que la creación del personaje de Ziggy Stardust se erigía como uno de los tótems del glam rock, la bisexualidad o la androginia y pasaba a formar parte destacada de la masiva cultura pop. Para dar testimonio gráfico de la relevancia que estaba adquiriendo el alter ego de David Bowie el fotógrafo Mick Rock (Londres, 1948) consiguió adentrarse en el círculo privado del artista entre 1972 y 1973. Fruto de esa relación quedan las instantáneas que la editorial Taschen ha decidido sacar a la luz en “The rise of David Bowie”. Un libro con portada holográfica de 310 páginas –y tirada de 1772 ejemplares firmados por Bowie y Rock– en el que los retratos sobre el escenario se mezclan con instantáneas en el camerino, imágenes promocionales, portadas de discos, capturas de vídeos y momentos íntimos.

La huella de Ziggy Stardust
Han pasado ya 43 años desde que David Bowie se inventó a Ziggy Stardust. Este personaje parecía la excusa perfecta para crear un vodevil en el que se intercalasen la ambigüedad de género, orientación sexual y hacer que la línea que separa la realidad de la fantasía se estrechase tanto que algunas veces llegara a desaparecer. Su corte de pelo asimétrico y la tonalidad caoba con el que lo lucía, su maquillaje teatratral, sus complementos folklóricos y su vestimenta tragicómica hicieron de Stardust un personaje tan memorable que los trajes de esta época, y los del resto de su carrera, fueron expuestos en 2013 en museo londinense de Victoria & Albert bajo el título “David Bowie, Crossing the border”. Ha sido inspiración de portadas de revistas de moda como fue el caso de Vogue París y Vogue Reino Unido en las cuales Kate Moss interpretaba a Ziggy Stardust. Ha conseguido que su imagen sirva para customizar muñecos Lego, dibujos animados (como hizo la revista Rolling Stone con Homer Simpson) o ser el leitmotiv de las piezas de Bansky. En España, Elena Anaya se metió en la piel de Stardust para la pieza promocional de la pasada edición de la edición número 19 de la Muestra Internacional de Cine Gay y Lésbico de Barcelona.

También inspiró el maquillaje de Cherrie Curie, cantante del grupo The Runaways que interpreta Dakota Fanning en el biopic basado en el grupo de rock.

El fotógrafo de la lisergia y el rock & roll
Mick Rock, de 67 años, se hizo conocido en los años 70 por ser quien inmortalizó a estrellas de la música como Queen, Syd barret, Lou Reed, Debbie Harry, Iggy Pop o Tim Curry en “The Rocky Horror Picture Show”. Su destreza para ganarse la confianza de David Bowie le dio la oportunidad de documentar un año de excesos, hermandad, esplendor y creatividad que cambiaban de localización si lo que acontecía era una actuación, un ensayo, un momento de tranquilidad o una sesión de fotos a propósito de la promoción del disco. A las fotos ya publicadas hay que añadirle la salida a la luz de material inédito; que quizá, como factor sorpresa, Taschen no ha querido desvelar. A los 1772 ejemplares hay que sumarles otras 100 unidades, divididas en categorías A y B, cuya particularidad es una lámina firmada por el propio fotógrafo.

Además de ser el protagonista de un libro David Bowie es noticia por haberse convertido en uno de los compositores, junto a Cyndi Lauper y The Flaming Lips, del musical de Bob Esponja que se estrenará el próximo año.

El último disco de Bowie, “The next day”, se publicó en 2013 y supuso el regreso discográfico del artista británico tras una década de silencio.

DOCUMENTACIÓN
El ascenso de David Bowie
Hoyesarte, 2015-09-28

http://www.hoyesarte.com/literatura/arte/el-ascenso-de-david-bowie_214293/

lunes, 9 de mayo de 2011

#hemeroteca #musica | El MAD neoyorquino explora el talento interpretativo de David Bowie

Imagen: El Mundo
El MAD neoyorquino explora el talento interpretativo de David Bowie.
Gracias a la invención del personaje Stardust revolucionó la escena del rock. No habrían existido los tours de Madonna, si antes no hubiera existido Bowie.
EFE | El Mundo, 2011-05-09
http://www.elmundo.es/america/2011/05/09/estados_unidos/1304964700.html

El muchas veces olvidado talento interpretativo del músico británico David Bowie, quien gracias a la invención del personaje Ziggy Stardust revolucionó la escena del rock de los años 70, centra a partir de este lunes una retrospectiva en el Museo de las Artes y el Diseño (MAD) de Nueva York.

"David Bowie, Artista" reúne decenas de videoclips, películas, conciertos y entrevistas con el camaleónico artista que tratan de poner al descubierto la diversidad de su trabajo más allá de su música, caracterizada siempre por la calidad de unas actuaciones que beben del cabaret, del teatro de vanguardia o de su formación como mimo con el británico Lindsay Kemp.

"Muchas veces nos enfocamos tan sólo en el ámbito por el que un artista es famoso, pero la metodología y el trabajo de Bowie nacen de una formación realmente diversa, que está basada en el cambio continuo, en la experimentación, en la necesidad de hacer algo innovador", explicó el director del programa de esta retrospectiva, Jake Yuzna.

El mejor ejemplo de esa necesidad innovadora es sin duda su "alter ego" Ziggy Stardust, esa andrógina criatura de otro mundo que catapultó al éxito a David Bowie en 1972, cuando sacó a la venta su álbum "The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars".

Con un brillante pelo rojo, zapatos de plataforma, trajes galácticos y varias capas de maquillaje, Bowie se transformó entonces en Ziggy Startust y con él nació el llamado "glam rock", caracterizado por una ambigüedad sexual y un tono futurista que rompieron con el ambiente intelectual hippy dominante de la década de los 60.

Ese nuevo yo de Bowie (1947), que le convirtió irremediablemente en el "rey del glam", se puede apreciar en su estado más "electrizante" en el vídeo de 90 minutos que realizó el documentalista estadounidense D.A. Pennebaker de un concierto de la banda la noche del 3 de julio de 1973.

El vídeo de aquel concierto, el último en el que Bowie se transformaría para su público en Ziggy Stardust y en el que tocó temas legendarios como "Suffragette City" o "Oh! You Pretty Things", y por supuesto, "Ziggy Stardust", ha sido el elegido para dar comienzo hoy a la retrospectiva, cuyas proyecciones tendrán lugar en la sede del MAD, en Manhattan.

Con interpretaciones como aquella, el británico "cambió totalmente la concepción del espectáculo del rock", según el responsable de la retrospectiva.

Que además asegura que "no habrían existido hoy en día los inmensos y famosos tours de Madonna o de Lady Gaga, si antes no hubiera existido alguien como Bowie, el primero en llevar al escenario una fusión de música, cultura y actuación, todo en un gran espectáculo".

Poco después de su último concierto como Ziggy Stardust, la obsesión de Bowie por el más allá y por los ovnis -llegó a decir que le perseguían seres extraños- le llevaron a realizar uno de sus papeles más icónicos en el cine, el del extraterrestre humanoide Thomas Jerome Newton en "The Man Who Fell To Earth" (1976).

Precisamente para homenajear esa interpretación, el MAD también ha impulsado la reedición especial de esa película en 35 milímetros para que sea proyectada en el Film Forum de Nueva York desde el 24 de junio hasta el 7 julio, en paralelo al resto de la programación de la retrospectiva.

Tras sus actuaciones como Ziggy Stardust y el alienígena de "The Man Who Fell To Earth", Bowie comenzó una prolífica carrera cinematográfica que le llevaría a trabajar con grandes figuras del séptimo arte como Martin Scorsese, para quien se convirtió en Poncio Pilatos en "La última tentación de Cristo" (1988).

Dos años antes de colaborar con el aclamado director neoyorquino, Bowie se sumergió en la filmación de "Dentro del laberinto" (producida por George Lucas y dirigida por Jim Henson), para la cual no solamente se convirtió en el perverso Goblin King sino que también creó su banda sonora.

La retrospectiva, en la que también podrán verse "El ansia" (1983), "Feliz Navidad Mr. Lawrence" (1983) o "Encadenadamente tuya" (1991), mostrará además la interpretación de Bowie como el padre del Pop Art, Andy Warhol, en la película "Basquiat" (1996), más de dos décadas después de haber escrito la canción "Andy Warhol", de su álbum "Hunky Dory" (1971).

Ésta no es la primera vez en la que Nueva York rinde un homenaje al talento interpretativo del británico, ya que en 2008 el líder de la banda neoyorquina Sonic Youth, Thurston Moore, realizó una selección de los quince mejores videoclips de Bowie como parte de una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo (MoMA).

Y TAMBIÉN...
El empeño de transformar a Bowie en libro infantil.
Un artista lucha por ilustrar el clásico 'Space oddity'.
Manuel Cuéllar | El País, 2011-09-03
http://elpais.com/diario/2011/09/03/tendencias/1315000801_850215.html