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martes, 1 de octubre de 2019

#hemeroteca #bibliotecas #mujeres #feminismo | En busca de una biblioteca propia para las mujeres

Imagen: El Asombrario / Marisa Mediavilla
En busca de una biblioteca propia para las mujeres.
Sol Alonso | El Asombrario, 2019-10-01

https://elasombrario.com/busca-biblioteca-propia-mujeres/

Si conseguir un cuarto propio fue tarea intrincada para la escritora feminista Virginia Woolf en 1929, casi cien años después, poco ha mejorado el panorama ante la legítima y admirable pretensión de Marisa Mediavilla, poseedora de un tesoro que, por más que se empeña, no consigue compartir del todo. La ecuación que define el trabajo de Marisa Mediavilla en busca de un lugar adecuado para la Biblioteca de Mujeres está tardando más de la cuenta en resolverse. ¿Por qué costará tanto encontrar un lugar para albergar de manera ordenada y a disposición del público los más de 30.000 títulos que lleva compilando primorosamente desde 1985?

Lectora, bibliotecaria, documentalista y feminista de alma y oficio, Marisa Mediavilla es una activista de las librerías. “Cualquiera de esos perfiles que has citado me definen. Si no fuese lectora, no me habría enterado de la existencia del feminismo. Si no fuese feminista, no hubiera echado en falta la información sobre mujeres, y si no fuese bibliotecaria, nunca habría podido reunir una colección especializada, organizarla y conservarla para su consulta y difusión”, explica.

¿Qué libros manejó de niña? “La verdad es que no lo recuerdo. De pequeña no recuerdo libros en casa y en el colegio de monjas, donde estuve interna los seis años del bachiller, tampoco nos animaban a leer salvo los libros de texto. Supongo que empezaría a leer más cuando fui a la Universidad, y sí tengo un recuerdo muy especial de Jane Eyre, de Charlotte Brontë, que me regalaron a mis 16 o 17 años”.

Cuando decidió activar la creación de La Biblioteca de Mujeres, llevaba muchos años rastreando títulos que pudieran ayudar a escribir la historia del feminismo en España; desde las plumas más liberadoras hasta las barreras impuestas por la hostil misoginia. “Es el modo de saber contra qué luchamos”, explica Mediavilla. La idea maduró entre las filas de Movimiento Feminista. Las mujeres ya nos cuestionábamos muchos comportamientos sociales, pero nos faltaba información. Como bibliotecaria, se me ocurrió que podía ser interesante atesorar tantos libros de y sobre mujeres que otras bibliotecas no guardaban”.

Publicaciones del siglo XVIII, muchas del XIX y otras tantas de primer y segundo tercio del XX, algunas descatalogadas, han llegado a sus manos visitando librerías de viejo y ferias del libro antiguo. “Rastro y Cuesta de Claudio Moyano, en Madrid, y el extraordinario Mercat de Sant Antoni en Barcelona. Ya, ya sé que hoy día se venden muchos libros por internet, pero los tesoros solo se encuentran paseando por las librerías”, explica Marisa Mediavilla. Antropología, arte, política, salud, ciencia, derecho, deporte, usos y costumbres, historia, multitud de manuales para moldear a la mujer, en los que perfección y sumisión se dan como sinónimos, y mucho amor romántico, ¿cuál si no?

Sabemos de su admiración por Clara Campoamor, Carmen de Burgos o Concepción Arenal, pero hay más nombres. “Toda la pléyade de mujeres del primer tercio del siglo XX. Científicas, pedagogas, escritoras y tantas maestras de pueblo”, recuerda Mediavilla. “¡Cómo se le iluminaba la cara a mi madre hablando de su maestra doña Cristina, supongo que depurada en el franquismo”.

Le pedimos que diseñe la estancia perfecta para su soñada Biblioteca de Mujeres: “Un espacio para guardar y conservar no solo los 30.000 actuales sino los 300.000 o 3.000.000 que tendría que llegar a tener con el paso del tiempo. Un lugar donde compartir experiencias y conocimiento, organizando conferencias, presentaciones de libros, talleres, exposiciones permanentes y otras que ayuden a difundir su contenido. En La Biblioteca de Mujeres deberíamos facilitar a investigadoras e investigadores la información específica en lugar del genérico masculino. Sería fantástico poder colaborar con universidades, centros de enseñanza y organismos de igualdad, como intercambiar eventos con otros centros de documentación y bibliotecas especializadas”. Contando para todo ello con un presupuesto propio que facilitara sus fines y objetivos como tiene cualquier biblioteca especializada. “Con trabajadoras”, añade Mediavilla, “que sean bibliotecarias-documentalistas y feministas. La importancia de una biblioteca se debe tanto a su colección como al conocimiento de la misma, lo que es imposible si no son trabajadoras especializadas y fijas. El hecho de ser mujer no es algo aleatorio, pues a la vez que realizamos la búsqueda de la información solicitada, nos enriquecemos con dicho conocimiento, no solo como trabajadoras sino como mujeres al conocer la existencia de mujeres de otras culturas y pensamientos diferentes, no reflejadas en la historia que nos han contado”.

El periplo de Marisa y sus tesoros arranca en las sedes madrileñas de las calles Barquillo a Villaamil allá por 1977, hasta que en 2005 las apreturas forzaron otra mudanza y llegó el momento de donar la colección al Instituto de la Mujer para evitar que se esfumara el proyecto. “Aceptaron en noviembre de 2006, y en 2012 los fondos se trasladaron al Museo del Traje, donde están ahora mismo 20.000 títulos, por suerte bien conservados”.

«Nuestras herramientas son las mismas que tenían las mujeres en la época de Virginia Woolf. Para salvar la Biblioteca de Mujeres, han de ser las jóvenes quienes la asuman como suya. El feminismo no es un pedigrí que alguien te tenga que dar. En el momento en el que tienes conciencia crítica de nuestra situación, ya eres feminista», concluye Marisa Mediavilla.

«Démosle una habitación propia y quinientas libras al año, dejémosle decir lo que quiera y omitir la mitad de lo que ahora pone en su libro y, el día menos pensado, escribirá un libro mejor«. (Virginia Wolf)

En 2016, el Gremio de Libreros de Madrid concedió a Marisa Mediavilla el Premio Leyenda 2016 por “su apasionada e incansable búsqueda del legado literario de las mujeres”. En esa labor ha conseguido reunir una biblioteca de más de 30.000 volúmenes compuesta por estudios y ensayos feministas, femeninos y misóginos (tanto de autoras como de autores), “que ahora duermen en los sótanos del Museo del Traje”.

miércoles, 31 de octubre de 2018

#hemeroteca #bibliotecas #mujeres | Carmena indemniza con 1,4 millones a Ambasz y destinará el edificio que ocupa la Ingobernable a la Biblioteca de Mujeres

Imagen: El Diario / Interior de La Ingobernable
Carmena indemniza con 1,4 millones a Ambasz y destinará el edificio que ocupa la Ingobernable a la Biblioteca de Mujeres.
El Ayuntamiento de Madrid recupera así el espacio del edificio situado en la Calle Gobernador que Ana Botella cedió por 25 años a la Fundación Ambasz. El Gobierno municipal ha anunciado que el edificio se destinará a la Biblioteca de Mujeres Marisa Mediavilla con 30.000 volúmenes. El centro social autogestionado critica que el Ayuntamiento pague y le emplaza a una reunión con los colectivos sociales en el edificio este martes.
Fátima Caballero | El Diario, 2018-10-31
https://www.eldiario.es/madrid/Carmena-indemniza-Ambasz-biblioteca-Ingobernable_0_830817206.html

La Junta de Gobierno de Madrid, presidida por la alcaldesa Manuela Carmena, ha aprobado este miércoles una indemnización a la Fundación Ambasz de 1,4 millones de euros. Una cantidad con la que el Ayuntamiento compensa la extinción de mutuo acuerdo de la concesión del edificio situado en Prado, 30, que cedió la exalcaldesa Ana Botella a Ambasz. El edificio está ocupado actualmente, desde hace año y medio, por el centro social autogestionado La Ingobernable.

El edificio situado en la calle Gobernador número 39, esquina con el Paseo del Prado, fue cedido por el Gobierno de Ana Botella a la Fundación Ambasz en marzo de 2013. La fundación privada y Botella acordaron una cesión por 75 años y una inversión por parte de los primeros de 10 millones de euros para la construcción de un museo de arte y arquitectura. Cuatro años después, antes de que llegara la Ingobernable, no había habido ningún avance en este espacio cultural que debía ser impulsado por el arquitecto argentino Emilio Ambasz.

La portavoz del Gobierno municipal, Rita Maestre, en rueda de prensa, ha especificado que el espacio se destinará a la Biblioteca de Mujeres. Este martes el Ayuntamiento anunciaba que rescatará el archivo de Marisa Mediavilla, con 30.000 volúmenes, que se encuentran actualmente en cajas en el Museo del Traje. El espacio tendrá otros usos, ha señalado la portavoz.

"En Centro faltan espacios y dotaciones para el tejido social, salas de estudio para estudiantes", ha explicado Rita Maestre. El Ayuntamiento trabaja en un plan de usos para el espacio en el que conjugar las necesidades del distrito. Maestre ha señalado que se hará de forma participativa para hacer de este punto de la ciudad "un emblema cultural de la ciudad".

El edificio de calle Gobernador es La Ingobernable desde hace año y medio, cuando un grupo de personas ocuparon el edificio que se encontraba en desuso pese a que la fundación tenía los derechos de explotación desde 2013. "Desde entonces miles de personas y cientos de colectivos y actividades se desarrollan en un lugar ya vivo", defienden desde el centro social autogestionado.

Desde la Ingobernable critican que el Gobierno de Manuela Carmena haya indemnizado con 1,4 millones de euros a Ambasz: "El Ayuntamiento no debería pagar ni un euro de dinero público en romper una cesión corrupta e interesada durante la época del PP de Botella al arquitecto y amigo de la familia Aznar, Ambasz, por 75 años".

Desde el centro social defiende la ocupación y recuerda que desde el Consistorio no se hizo nada por recuperar el edificio hasta que no saltó a los medios por la ocupación. "Nos preguntamos qué habría pasado si este edificio no hubiese sido recuperado por la ciudadanía organizada ya que no estaba en ninguna agenda política ni se había hablado en ningún Pleno", aseguran.

Asímismo hacen una llamada para el diálogo ya que, después de 18 meses de trabajo, quieren acordar en el Gobierno municipal su continuidad en el espacio. "Hemos intentando repetidamente tener un espacio de diálogo con el Ayuntamiento de Madrid, y volvemos a recordarles que el próximo martes 6 de noviembre solicitamos por la vía formal a una reunión junto a Ecologistas en Acción, la Comisión 8M y la Asamblea Feminista de Madrid para dialogar sobre el espacio", reclaman.

Este jueves 1 de noviembre vencen los 15 días desde que se tramitó la petición formal de La Ingobernable para una reunión con el Ayuntamiento. El centro social no ha obtenido respuesta por el momento.

Y TAMBIÉN…
El edificio de Madrid okupado por ‘La Ingobernable’ alojará la Biblioteca de Mujeres Marisa Mediavilla.
Gacetín Madrid, 2018-10-31

https://gacetinmadrid.com/2018/10/31/el-edificio-de-madrid-okupado-por-la-ingobernable-alojara-la-biblioteca-de-mujeres-marisa-mediavilla/

martes, 30 de octubre de 2018

#hemeroteca #bibliotecas #mujeres | El Ayuntamiento gestionará la Biblioteca de Mujeres Marisa Mediavilla

Imagen: Diario de Madrid / Soledad Murillo y Manuela Carmena
El Ayuntamiento gestionará la Biblioteca de Mujeres Marisa Mediavilla.
La alcaldesa ultima con el Instituto de la Mujer un convenio sobre el fondo documental de 30.000 volúmenes.
Diario de Madrid, 2018-10-30
https://diario.madrid.es/blog/notas-de-prensa/el-ayuntamiento-gestionara-la-biblioteca-de-mujeres-marisa-mediavilla/

El Ayuntamiento de Madrid gestionará la Biblioteca de Mujeres Marisa Mediavilla Herreros, compuesta por unos 30.000 volúmenes, que serán de acceso público, en un espacio céntrico que se habilitará próximamente. La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha ultimado hoy los detalles de un convenio que fija las condiciones en que el Ayuntamiento obtendrá la cesión de esta biblioteca. Lo ha hecho durante una reunión con la secretaria de Estado de Igualdad, Soledad Murillo, y la directora del Instituto de la Mujer, Silvia Buabent, con quienes se ha reunido en el palacio de Cibeles.

En 2006, la Asociación Biblioteca de Mujeres, y en su nombre Marisa Mediavilla, que se había encargado durante más de dos décadas de impulsar y gestionar este fondo bibliográfico, lo donó de forma incondicional al Instituto de la Mujer. La biblioteca consta de estudios y ensayos feministas, biografías, folletos, revistas, carteles, tebeos y otros materiales, entre los que hay obras de los siglos XVIII, XIX y XX, la mayoría descatalogadas.

El Ayuntamiento y el Instituto de la Mujer crearán una comisión mixta de seguimiento del convenio, que, entre otras funciones deberá conocer las propuestas de incrementos de fondos documentales. El convenio tendrá una duración inicial de cuatro años, aunque podrá ser prorrogado automáticamente, salvo que una de las partes renuncie a hacerlo.

#hemeroteca #bibliotecas #mujeres | Madrid dará un espacio propio a la Biblioteca de Mujeres que luchaba desde hace 30 años por un hogar

Imagen: El Mundo / Marisa Mediavilla
Madrid dará un espacio propio a la Biblioteca de Mujeres que luchaba desde hace 30 años por un hogar.
El Ayuntamiento de Madrid gestionará la Biblioteca de Mujeres Marisa Mediavilla: ofrecerá 30.000 volúmenes de acceso público en un espacio céntrico de la ciudad que se habilitará próximamente. Mediavilla llevaba décadas recopilando títulos de escritoras que hoy componen una extensa colección de estudios y ensayos feministas, biografías y obras, muchas de ellas descatalogadas.
El Diario, 2018-10-30
https://www.eldiario.es/cultura/libros/Ayuntamiento-Madrid-gestionara-Biblioteca-Mujeres_0_830467956.html

El Ayuntamiento de Madrid gestionará la Biblioteca de Mujeres en un espacio céntrico que se habilitará próximamente, según ha informado el Consistorio en un comunicado.

Allí se guardarán los 30.000 volúmenes de acceso público que Marisa Mediavilla ha ido recopilando durante tres décadas. Un fondo que comprende, actualmente, estudios y ensayos feministas, biografías, folletos, revistas, carteles, tebeos y otros materiales, entre los que hay obras de los siglos XVIII, XIX y XX, la mayoría descatalogadas.

El consistorio ha ultimado los detalles de un convenio que fija las condiciones en que obtendrá la cesión de esta biblioteca. Lo ha hecho durante una reunión que han mantenido la alcaldesa Manuela Carmena, la secretaria de Estado de Igualdad, Soledad Murillo, y la directora del Instituto de la Mujer, Silvia Buabent.

Además, el Ayuntamiento y el Instituto de la Mujer crearán una comisión mixta de seguimiento del convenio que estudiará las propuestas de incrementos de fondos documentales. El convenio tendrá una duración inicial de cuatro años, aunque podrá ser prorrogado automáticamente, ofreciendo una salida a un fondo bibliotecario que llevaba décadas sin tener una ubicación concreta.

Treinta años de una biblioteca sin hogar
Creada en los años 80, la Biblioteca de Mujeres ha cambiado constantemente de sede, siendo reubicado su extenso fondo en diversas ocasiones, sin amparo directo por parte del consistorio.

Marisa Mediavilla llevaba mucho tiempo coleccionando libros de mujeres cuando, en los ochenta, empezó a dejarlos en un local de la calle Barquillo alquilado por el Instituto de la Mujer. En esta pequeña sede se reunían varios grupos y organizaciones feministas para realizar talleres y charlas, aunque ella no pertenecía a ninguna plataforma en particular.

Al menos hasta que en 1991, la Biblioteca de Mujeres se constituyó como asociación sin ánimo de lucro y pasó a ser competencia del Estado. "Así accedimos a pequeñas subvenciones del Instituto de la Mujer. Las destinábamos a comprar libros y realizar actividades de difusión de la historia y la literatura de las mujeres mediante conferencias y talleres", explicaba a este diario Mediavilla en mayo del pasado año, cuando la bibliotecaria realizó una performance en plena Feria del Libro para llamar la atención sobre su situación.

A finales de los noventa, la Biblioteca se situó en el Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid, en el distrito de Tetuán. Sin embargo, en 2005 el Consejo se trasladó a otro espacio en el que no cabían los libros "así que nos dijeron que debíamos desalojar el local", decía Mediavilla, denunciando que con esta institución habían firmado una permanencia de diez años incumplida.

Después de aquello, Marisa se vio obligada a donar su colección al Instituto de la Mujer para evitar su desaparición. Desde 2012, los 30.000 volúmenes se encontraban en el sótano del Museo del Traje de Madrid, donde los libros se podían consultar pidiendo una solicitud previa al Instituto de la Mujer.

miércoles, 18 de julio de 2018

#hemeroteca #bibliotecas #mujeres | ¿Dónde está el patrimonio documental de las mujeres? Entrevista a Marisa Mediavilla.

Imagen: Tribuna Feminista / Marisa Mediavilla
¿Dónde está el patrimonio documental de las mujeres?
Entrevista a Marisa Mediavilla. La fundadora de la Biblioteca de Mujeres reflexiona sobre el pasado, presente y futuro de un proyecto que atesora la memoria histórica feminista en España
Andrea Abreu López | AmecoPress, Tribuna Feminista, 2018-07-18
https://tribunafeminista.elplural.com/2018/07/donde-esta-el-patrimonio-documental-de-las-mujeres/

Diez años después de la muerte de Franco, Felipe González firmaba el tratado de adhesión de España a la Comunidad Económica Europea. Diez años después de la muerte de Franco, nacía Cristiano Ronaldo y moría una de las biólogas más célebres de la historia, Dian Fossey –conocida por su labor conservacionista de los gorilas de las montañas Virunga (Ruanda)—. Diez años después de la muerte de Franco, en Televisión Española, se emitía por primera vez ’David el Gnomo’. Diez años después de la muerte de Franco, en 1985, entraba en vigor la ley de despenalización del aborto en España y Marisa Mediavilla Herreros —feminista, bibliotecaria y documentalista— fundaba uno de los proyectos de documentación más importantes en la historia del movimiento feminista español: La Biblioteca de Mujeres.

Con un fondo de unos 30.000 volúmenes, compuesto por todo tipo de publicaciones, la Biblioteca de Mujeres tiene una historia llena de idas y venidas —y de mucho trabajo y muchas colaboradoras, entre las que destaca la escritora Lola Robles— en la que siempre ha estado presente Mediavilla. Desde el principio, la Biblioteca forma parte de la Red de Bibliotecas y Centros de Documentación de Mujeres y, desde 2006, donó su fondo bibliográfico al Instituto de la Mujer, que se encarga de gestionarlo a través de su Centro de Documentación.

Hoy, a falta de un espacio propio, la Biblioteca de Mujeres está situada en el Museo del Traje (Madrid). En este momento de cambio político y social, su fundadora reflexiona sobre el pasado, presente y futuro de un proyecto que tiene como fin conservar la cultura y el saber elaborado por las mujeres en general, y especialmente en España; dar visibilidad a las aportaciones de las mujeres a la sociedad; constituir un lugar de encuentro e intercambio de saberes y experiencias; y reunir y conservar los materiales elaborados por los movimientos feministas.

P. Marisa, tú ya eras bibliotecaria antes de crear la Biblioteca de Mujeres, ¿qué fue lo que te hizo darte cuenta de que era necesario un proyecto como este?

R. Yo ya llevaba tiempo buscando libros y encontraba unas cosas que me asombraban, para bien quiero decir. En ese momento, yo formaba parte del grupo de feministas independientes en Barquillo 44 [espacio de referencia en el movimiento feminista madrileño]. Por aquel entonces debatíamos un tema cada año. El problema que teníamos era encontrar la documentación, porque había muy poca y cada vez que la buscábamos, con el paso del tiempo, se perdía. Eran cosas difíciles de localizar, que no estaban en las bibliotecas públicas, como artículos de prensa o cosas así.

Yo también llevaba ya tiempo comprando libros y llegó un momento en que me pareció una pérdida de tiempo tener esos libros para mí sola, porque tampoco me daba tiempo a leerlos. Entonces pensé que estaría muy bien empezar a montar una biblioteca especializada para poder, también, conservar lo que el movimiento feminista iba produciendo. Porque eran cosas que no se guardaban.

Todo eso junto con que me gustaba mi profesión, me hizo pensar que era el momento adecuado y, en ese momento, se me ocurrió. El fondo, mis libros, el principio o el origen, ya estaba. En mi grupo de feministas éramos tan independientes que casi desaparecimos de la agrupación y, con alguna que quedó, empecé a montar la biblioteca. Pocos meses después de empezar, apareció Lola Robles —filóloga y escritora— que continuó conmigo hasta el año 2001.

P. ¿Qué diferencia a una Biblioteca de Mujeres de una biblioteca convencional?

R. En principio, lo que la diferencia es el contenido, nada más. Quiero decir: es una biblioteca especializada en el tema de mujeres. Ese tipo de documentación y de información puede estar en bibliotecas públicas, también. Pero como las bibliotecas públicas no son bibliotecas de conservación, pasado un tiempo, esos fondos desaparecen.

Cuando yo entré a trabajar en las bibliotecas públicas de Madrid, en 1975, había un montón de publicaciones nuevas, tanto de política como de sociales. Todo eso se compraba en las bibliotecas, incluido lo de mujeres. Cuando yo me jubilé, de esas publicaciones no quedaba nada ya. Porque, claro, imagina todo lo que se publica en España en un año y las paredes no se estiran. Si yo tengo que meter en una biblioteca pública 100 o 500 libros cada año, y ya tengo las estanterías cubiertas, hay que hacer lo que se llama expurgo.

P. ¿Qué ha sido lo más complicado de todos estos años de trabajo en la Biblioteca?


R. Lo más complicado ha sido la falta de espacio. O sea, la cantidad de trabajo por falta de espacio. Además, después de empezar, nos tuvimos que constituir como asociación no lucrativa [en 1991] para poder recibir subvenciones y hacer actividades. Uno de los principales problemas ha sido… la falta de dinero. Pero bueno, como eso yo ya lo tenía claro porque no quería depender de ningún organismo público…

Si nos daban ayudas, bien. Pero si no dependía todo de nuestro esfuerzo. De mi esfuerzo, sobre todo, y de las que estábamos trabajando por la Biblioteca, porque por ella han pasado muchísimas colaboradoras.

P. ¿Y por qué querían esa independencia?

R. Yo no la quería. La independencia ya estaba. Yo, en principio, monté la biblioteca por mi cuenta.

[La independencia se da] porque así no hipotecas. Quiero decir, que si yo la monto con una subvención de la que depende la Biblioteca, en el momento en el que hay un cambio político o una crisis como en la que estamos… A lo mejor te dicen que tienes que cambiar la orientación.

Entonces, claro, tienes la ventaja de la independencia pero también tienes la desventaja de la pobreza, de la economía. Pero yo creo que es una ‘ventaja’ en el sentido de que no dependes de nadie a la hora de seguir creando.

Los objetivos han ido cambiando desde el principio, aunque la finalidad es la de una biblioteca. Pero a la hora de comprar fondos, ¿qué libros compras al tener poco dinero? Todo depende de las consultas que te hacen, de por dónde va la sociedad, también.

P. ¿Tienes alguna esperanza de cambio con el nuevo gobierno?

R. La esperanza es lo último que se pierde.

A veces no entiendo por qué las mujeres no reclamamos una biblioteca especializada…

Había una colaboradora —que estuvo yendo muy poco tiempo-— que se quedó asombrada de las cajas que había con libros que han donado. Se quedaba asombrada de la ley del divorcio, que era solo de los 80. Con esto quiero decir que damos por sabidas y establecidas un montón de cosas, como el aborto, por ejemplo. Con Gallardón el abortó saltó atrás pero si no seguro que pensamos —las mujeres, sobre todo— que nos lo ha concedido el espíritu santo que baja en forma de gobierno masculino.

Entonces, todo eso tiene que estar en un sitio para que quien quiera —no solo las mujeres sino también los varones— sepa que hay un sitio donde consultarlo.

P. ¿Crees que a corto o largo plazo van a conseguir un sitio propio de nuevo?

R. Yo espero que sí y tengo mucha confianza ahora con el cambio de gobierno. En fin, yo ya he solicitado una reunión a la nueva directora del Instituto de la Mujer porque yo, desde que doné la Biblioteca, me conozco a todas las directoras.

P. Si tuvieras que destacar algún elemento que hay en la biblioteca que te haya llamado la atención, ¿cuál sería?

R. Son tantos que no sabría… Pero, sobre todo, lo que a mí más me ha llamado la atención fue el descubrimiento de todas las mujeres del primer tercio del siglo XX.

Yo nací en 1945, o sea: en plena ignorancia. Yo me enteré a los 30 y tantos años de que Clara Campoamor había conseguido el voto en 1931. ¿Y quién era esa señora?

Creo que los planes de estudio tampoco han cambiado tanto, porque la gente que sale de la universidad ahora, salvo que hagan algún curso de género o intenten enterarse por su propia cuenta —lo mismo que yo hice cuando me enteré de que hasta 1910 teníamos prohibido entrar en la universidad— no les llega esa información.

Hay libros que tendrían que estar en la educación secundaria como manual de texto y, después, en la universidad. Hay que explicar que a las mujeres se nos prohibía estudiar en la universidad hasta ese año… Después se nos permitió estudiar pero nos dejaban con el título y nos prohibían ejercer. Podías estudiar medicina pero no podías ejercer medicina. Podías estudiar derecho pero no podías ejercer. Tuvo que pasar otro tiempo para que se permitiera el ejercicio de la profesión.

P. ¿Qué consecuencia crees que tiene en la actualidad que hayamos perdido esa memoria histórica?

R. Yo creo que algo muy importante y que tengo tan asumido —yo y la mayoría— es la falta de empoderamiento.

Porque nosotras no somos nadie, no hemos hecho nada, todo nos lo han dado ellos… El voto nos lo regalaron ellos en la República (irónica). Este ‘no ser nadie’ es lo que no nos permite hablar, contar. Y, si lo hacemos, vamos siempre como pidiendo perdón. Sobre todo, yo creo que es la falta de atrevimiento o de empoderamiento —aunque no me gusta esa palabra, pero es una realidad—.

Yo creo que ese desconocimiento lleva consigo lo otro: la asunción de todo lo que nos han impuesto ellos. Es decir, que nuestra función hasta hace poco era casarnos y tener hijos y todavía, en muchos casos, lo sigue siendo. El desconocimiento de nuestra propia historia conlleva cargar con todos esos lastres.

Además, para las Bibliotecas de la Administración General del Estado hay una normativa que recoge como una de las funciones principales la conservación del patrimonio documental. Y, ¿dónde está nuestro patrimonio documental?

P. Para finalizar, ¿qué es lo que te ha hecho más feliz del proyecto de la Biblioteca de Mujeres?

R. Pues… no me había para a pensarlo. Creo que lo que me ha hecho más ‘feliz’ (aunque ’feliz’ es una palabra que…) es el aprendizaje continuo. Que me ha permitido ir descubriendo la vida y la historia de las mujeres.

Lo que más echo de menos en la Biblioteca es la consulta, tenerla abierta. Eso es lo que más me gustaba: el intercambio continuo. Porque venían a buscar algo de lo que tú no tenías ni idea y entonces decías: ‘Bueno, ¿y eso qué es?’. [Con las consultas] ese conocimiento que tú tienes lo traspasas.

Para mí, una de las principales razones de existir que tiene la Biblioteca de Mujeres es la de intercambiar.

domingo, 25 de febrero de 2018

#hemeroteca #mujeres #bibliotecas | Biblioteca de Mujeres de Madrid. La cruzada personal de Marisa Mediavilla

Imagen: El Español / Marisa Mediavilla
Biblioteca de Mujeres de Madrid. La cruzada personal de Marisa Mediavilla.
Marisa Mediavilla, fundadora de la Biblioteca de Mujeres de Madrid, lleva años esperando encontrar un lugar donde poder depositar documentos históricos.
Yolanda Cardo | Crónica Global, El Español, 2018-02-25
https://cronicaglobal.elespanol.com/creacion/biblioteca-mujeres-madrid-sin-espacio_122132_102.html

“Solamente puedes ir peleándote con la realidad del momento”. Esta frase de Marisa Mediavilla, refleja la lucha de esta incansable mujer por conseguir no solo una ubicación permanente para la Biblioteca de Mujeres, sino también el reconocimiento de un proyecto indispensable para nuestra sociedad.

Marisa es la fundadora de la Biblioteca de Mujeres de Madrid, una iniciativa que persigue recuperar, proteger y difundir el extenso legado de y sobre mujeres que, en gran medida, han sido olvidadas y borradas de la historia.

Con aproximadamente 30.000 documentos, sus fondos lo forman ensayos y estudios feministas, comics, carteles, libros de literatura, biografías, calendarios, sellos, revistas, tebeos femeninos, etc., muchos de estos documentos los atesora Marisa en su casa, como por ejemplo los únicos ejemplares de la revista feminista 'Redención' (Valencia 1915), una de las primeras publicaciones españolas de este tipo.

La suya es una historia de perseverancia que dura ya más de 30 años y que arranca en 1985 en la calle Barquillo 44 en Madrid, lugar en donde se reunían varias asociaciones de mujeres feministas y que fue el primer emplazamiento para los títulos que ella atesoraba desde hacía años. Ese punto de encuentro acabó siendo la “primera sede” de la biblioteca y allí Marisa y Lola Robles (escritora y filóloga vinculada al proyecto hasta el 2001) junto a otras muchas valiosísimas y desinteresadas colaboradoras, trabajaron juntas en la realización de este maravilloso proyecto. Ferias de libros antiguos, librerías, El Rastro, donaciones de escritoras y mujeres anónimas nutrían los fondos que, con el paso del tiempo, dejaron pequeño el espacio que les acogía. Y es aquí cuando comienza el largo peregrinaje en busca de una ubicación definitiva.

Primero en el Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid en la calle Villaamil 12 hasta 2007, después, y tras aceptar el Instituto de la Mujer la donación del legado, trasladan los fondos a un depósito, ya que en la sede del instituto no hay suficiente espacio para albergarlos. Finalmente, y ante la insistencia de Marisa preocupada porque los fondos fueran destruidos, el Ministerio de Cultura les ofrece conservarlos en el Museo del Traje y es allí en donde se encuentran actualmente a la espera de un hogar definitivo.

Marisa habla con pasión de su trabajo, del proyecto que lleva años defendiendo y de feminismo. Sabe que aún queda mucho por hacer: “Nosotras en la medida que somos conscientes de nuestra condición tenemos que ir quitándonos todo aquello que hemos aprendido para comenzar otro aprendizaje y eso es muy duro”. Piensa también que no somos conscientes del poder que tenemos como colectivo: “Si el 8 de marzo hiciéramos todas huelga real, detendríamos el mundo y se podría empezar algo nuevo”. Siente especial admiración hacia Clara Campoamor y Carmen de Burgos, de esta última guarda una 1ª edición de 'La mujer moderna y sus derechos' (1927). Hablamos también del movimiento #MeToo del que cree que es positivo en gran medida pero también que “hay que estar muy atentas porque al final el lenguaje es absorbido por el sistema, se lo apropia y siempre le va a sacar provecho y a generar negocio”. Marisa dice no sentirse decepcionada sino desencantada por el desinterés que demuestran nuestras instituciones por la Biblioteca de Mujeres, pero no le sorprende de una sociedad especialmente insensible por la cultura en general.

Breve historia de otras bibliotecas de mujeres
La necesidad de tener una biblioteca propia de mujeres viene de lejos, de hecho la primera en Europa se fundó en Barcelona en el año 1909 gracias a Francesca Bonnemaison, un proyecto avanzado a su tiempo que se vio truncado por la Guerra Civil y que posteriormente fue recuperado en 2003 gracias al esfuerzo de colectivos feministas. Actualmente el Centro de Cultura de Mujeres Francesca Bonnemaison está integrado en la Red de Bibliotecas Públicas de la Diputación de Barcelona.

En Madrid, también se crearon la Biblioteca de la Residencia de Señoritas en 1915 y el Lyceum Club en 1926, un punto de encuentro de mujeres de todos los ámbitos y de distintas sensibilidades políticas entre las que se encontraban figuras tan relevantes como olvidadas por la historia: María de Maeztu, Zenobia Camprubí, María Teresa León, Clara Campoamor, Margarita Xirgu, Isabel Oyarzábal, Ernestina Champourcín, Victoria Kent y muchas más que quisieron que España evolucionase y superase el tiempo que les tocó vivir.

The Fawcett Library en Londres (1926), Bibliothèque Marguerite Durand en París (1931) o el Centre and Archives for the Women’s Movement en Amsterdan (1935) son algunos de los ejemplos de proyectos similares en Europa financiados todos por el estado.

A día de hoy los fondos de la biblioteca siguen alojados en el Museo del Traje sin que la incansable insistencia de Marisa a las autoridades de turno haya dado su fruto. La de todas estas mujeres a las que les debemos mucho, incluso sin saberlo, no es una historia liviana. Mientras el tiempo sigue rápido su curso, estos valiosos fondos aguardan apilados en cajas y estanterías esperando a ser recatados del olvido.

viernes, 18 de agosto de 2017

#hemeroteca #bibliotecas #mujeres | Joyas feministas poco conocidas

Joyas feministas poco conocidas.
La Biblioteca de Mujeres, en el Museo del Traje, tiene 30.000 volúmenes.
Carlos Dávalos | El País, 2017-08-18
https://elpais.com/ccaa/2017/08/17/madrid/1502989624_093143.html

Si ha habido una revolución exitosa durante el siglo XX es aquella que han liderado las mujeres. Las luchas feministas -que aún siguen batallando día a día para hacer que la sociedad sea más igualitaria- no hubieran sido posibles sin pioneras españolas como Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, o Clara Campoamor. Su lucidez, visión y análisis de las sociedades patriarcales en las que vivieron fueron fundamentales para los posteriores movimientos feministas que continúan hasta nuestros días. A pesar de la visibilidad y el protagonismo que el feminismo ha ganado en los últimos años, muy poco se sabe de la existencia de la Biblioteca de Mujeres que, en la actualidad, cuenta con cerca de 30.000 títulos en su haber, entre los que se encuentran estudios y ensayos feministas, femeninos y misóginos, biografías, obras literarias, así como folletos, carteles, tebeos, pegatinas, o sellos, todos ellos de una enorme valía cultural, política y social.

La principal responsable de esta biblioteca es la feminista Marisa Mediavilla, bibliotecaria y documentalista que a mediados de los años ochenta decidió montar un espacio que acogiera el material con el que los movimientos feministas habían venido evolucionando a lo largo de la historia. "La idea primordial era hacer una biblioteca sobre mujeres y para mujeres, una biblioteca especializada con obras de ensayo y obras literarias", comenta Lola Robles, escritora que acompañó a Marisa Mediavilla en esta aventura durante 16 años. "Marisa empezó en el año 1985 o 1986 en la calle Barquillo que, por entonces, era la sede del Movimiento Feminista de Madrid. Yo llegué pocos meses después. En 1989 decidimos fundar una asociación y, desde entonces, fuimos recolectando libros. Luego, con alguna pequeña subvención del Estado comprábamos más libros y organizábamos charlas, ciclos y actividades culturales", dice Robles. "En ese entonces venían muchas extranjeras, como estadounidenses, que venían a buscar novelas, o libros que no encontraban en otros sitios". En 1997, ante el incremento del número de títulos, Marisa y Lola tuvieron que mudarse a la calle Villaalmil, sede del Consejo de la Comunidad de Madrid, con quien se había firmado un convenio de 10 años. Pero en 2005 se les obligó a abandonar el lugar.

En la actualidad la Biblioteca de Mujeres cuenta con alrededor de 30 mil títulos. El creciente número de volúmenes que se fue acumulando hizo que en el 2006 Marisa Mediavilla cediera el fondo bibliográfico de la Asociación Biblioteca de Mujeres al Instituto de la Mujer. Sin embargo, la biblioteca, ahora mismo, a falta de un lugar propio, se encuentra en el Museo del Traje, que pertenece al Ministerio de Educación, Cultura y Deportes. Si bien es cierto que el Instituto de la Mujer pone a disposición los miles de títulos a través de su Centro de Documentación, donde es posible acceder y consultar los libros y documentos que ostenta la biblioteca, no son muchas las investigadoras que hacen uso de ellos. "Desde el 2012 hasta la fecha se han acercado a consultar la biblioteca 15 investigadores", dice María Prego de Lis, bibliotecaria del Museo del Traje y encargada de acercar los libros de la Biblioteca de la Mujer a los usuarios. "Se han consultado un total de 120 volúmenes".

"El problema es que para consultar los libros lo que uno tiene que hacer es entrar al Centro de Documentación, copiar la asignatura y pedir la solicitud online al Instituto de la Mujer y esperar dos, o tres días para consultarlo en la Biblioteca del Traje. No puede uno ir y pedir un libro directamente", dice Lola Robles. "Ese sitio no es el ideal para la biblioteca, lo ideal sería que tuviera su espacio propio, con personal exclusivo para esos títulos y que, claro, se pudieran actualizar constantemente los fondos. Sería importante que los estudiantes universitarios, por ejemplo, supieran que pueden consultarlos", opina Robles.

lunes, 17 de julio de 2017

#hemeroteca #bibliotecas #mujeres | La Biblioteca de Mujeres busca una nueva sede

Imagen: Cadena SER / Marisa Mediavilla
La Biblioteca de Mujeres busca una nueva sede.
La creadora de este espacio, Marisa Mediavilla, habla de la actualidad de la colección.
Cadena SER, 2017-07-17
http://cadenaser.com/programa/2017/07/17/hoy_por_hoy/1500281726_490539.html

Marisa Mediavilla, galardonada en 2016 con el Premio Leyenda 2016 por la Biblioteca de Mujeres, dice que “lo peor que traen consigo las dictaduras no es la prohibición, sino la ignorancia”. Ella creó este espacio en 1985. Desde entonces, la colección ha ido de un lado a otro sin saber qué le deparará el futuro.

En la actualidad, la Biblioteca de Mujeres está en el Museo del Traje, pero la situación de la colección de 30.000 ejemplares (21.000 catalogados y 9.000 sin catalogar) "están en muy buenas condiciones", explicaba Marisa Mediavilla a Macarena Berlín en ‘Hoy por hoy’.

Mediavilla aclara que el proyecto que tiene (o tenía) de la biblioteca no es solamente una colección de libros, "sino que es un espacio para realizar una serie de actividades y de encuentros", declaración que coincide con la de la ministra de Igualdad, Dolors Montserrat, cuando Sofía Castañón, diputada de Podemos, le preguntó en la Sesión de Control del Congreso del pasado 11 de julio qué iba a suceder con la Biblioteca de Mujeres: "Un centro de estudio y reflexión sobre el papel de la mujer en la sociedad", respondía Montserrat para referirse a una hipotética nueva sede de la Biblioteca de Mujeres.

Marisa Mediavilla, finalmente, pide "un espacio con un personal especializado, a poder ser feminista y con conocimiento de la situación de la mujer". Todo ello mientras queda a la espera de una nueva sede en la que guardar con más espacio los libros de la Biblioteca de Mujeres.

lunes, 12 de junio de 2017

#hemeroteca #mujeres #bibliotecas | Se busca sede para biblioteca de mujeres

Imagen: El Mundo / Marisa Mediavilla
Se busca sede para biblioteca de mujeres.
Desde 1985, la bibliotecaria Marisa Mediavilla pelea para que su proyecto, integrado por más de 30.000 volúmenes, tenga un espacio propio en Madrid.
Victoria Gallardo | El Mundo, 2017-06-12
http://www.elmundo.es/madrid/2017/06/11/5931f42e468aeb177a8b45c0.html

"Démosle una habitación propia y quinientas libras al año, dejémosle decir lo que quiera y omitir la mitad de lo que ahora pone en su libro y, el día menos pensado, escribirá un libro mejor".

Para Marisa Mediavilla, la independencia que Virginia Woolf reclamaba para las escritoras en ‘Una habitación propia’, hace casi un siglo, no puede tener más vigencia. Esta bibliotecaria y documentalista asegura que ya no mide las fechas en años. "Para mí, todo fue ayer", dice. En 1985, tras más de tres décadas clasificando documentos con "unos descriptores totalmente sexistas", tomó la decisión de poner en marcha la Biblioteca de Mujeres, un proyecto que hoy cuenta con más de 30.000 volúmenes entre estudios, ensayos, biografías, obras de creación artística y literaria, revistas, calendarios, carteles, folletos y tebeos que ha ido recopilando y catalogando y que permanecen a la espera de una sede física que las cobije.

"Todas las bibliotecas de mujeres que existen en el mundo se han organizado por los mismos motivos, desde Francia hasta Australia: la dificultad a la hora de encontrar información, el afán de saber de ellas, la conservación de la memoria histórica y, en definitiva, la necesidad de que un día se cree otra historia que no sea tan androcéntrica", explica. "Lo peor que traen consigo las dictaduras no es la prohibición, sino la ignorancia. Yo no sabía que todas estas mujeres existían. Si ignoras que han existido, no se te ocurre indagar sobre ellas".

Clara Campoamor, Carmen de Burgos o Concepción Arenal son sólo algunos de los nombres que Mediavilla evoca mientras que, con una mano, sostiene un ejemplar de la Ley del Divorcio de 1932 y, con la otra, un soliloquio fechado en 1891 sobre el rechazo que sufrió Emilia Pardo Bazán cuando se le negó la entrada en la RAE y que lleva por nombre el escueto pero ilustrativo título de ‘¿Académicas?’. Es por eso por lo que su fundadora hace especial hincapié en que esta es "una biblioteca especializada en mujeres, no feminista", ya que también abarca textos misóginos. "Este tipo de documentos tienen que estar igualmente. Es la manera de saber contra qué combatimos. Las mujeres siempre luchamos a la defensiva, por eso tenemos que saber quién ha dicho qué y en qué contexto".

En su particular lucha, las idas y venidas por distintas direcciones en busca de una sede definitiva han sido una constante a lo largo de estas tres décadas. De la calle Barquillo pasaron a la de Villaamil, allá por 1997. Más tarde, en 2005, la falta de espacio les obligó a buscar un nuevo emplazamiento. "Al final, tuve que solicitar la donación al Instituto de la Mujer para que la biblioteca no desapareciera. Aceptaron en noviembre de 2006", recuerda. En 2012, finalmente, los fondos fueron trasladados al Museo del Traje, donde hoy descansan más de 20.000 volúmenes perfectamente conservados.

Agrupados en casi una veintena de temáticas que van desde la antropología y el arte hasta la política o la salud, pasando por la ciencia, el derecho o el deporte, la diversidad de títulos despierta en Mediavilla la siguiente reflexión: "Lo que hemos avanzado en un siglo". "No hay que perder de vista que, hasta 1910, no se nos permitió ir a la universidad, que Concepción Arenal iba a clase vestida de varón y que nuestro derecho al voto le costó a Clara Campoamor su carrera política. Nosotras hemos estado denostadas en todos los ámbitos, pero descubrir a estas mujeres tan valientes y luchadoras, desde escritoras hasta científicas, fue y sigue siendo increíble".

"Las herramientas que hoy tenemos las mujeres para luchar son las mismas que había en la época de Virginia Woolf", prosigue. Por eso, "para que la biblioteca pueda salvarse, son ahora las mujeres jóvenes quienes tienen que asumirla como suya. Es un patrimonio al que todas tenemos derecho. El feminismo no es un pedigrí que alguien te tenga que dar. En el momento en el que tienes conciencia crítica de nuestra situación, ya eres feminista".

domingo, 4 de junio de 2017

#hemeroteca #bibliotecas #feminismo | Biblioteca de Mujeres, en busca de un espacio propio

Imagen: ABC / María Prego de Lis muestra el fondo de la Biblioteca de Mujeres
Biblioteca de Mujeres, en busca de un espacio propio.
Sus más de 30.000 volúmenes están custodiados en el Museo del Traje, aunque pertenecen al Instituto de la Mujer.
Inés Martín Rodrigo | ABC, 2017-06-04
http://www.abc.es/cultura/libros/abci-biblioteca-mujeres-busca-espacio-propio-201706040230_noticia.html

Corría el año 1985. Un grupo de mujeres había establecido su «cuartel general» en un pequeño local ubicado en el número 44 de la madrileña calle del Barquillo. Allí se reunían, dialogaban y empezaban a desempolvar del imaginario colectivo un término que llevaba años en el ostracismo: feminismo. Al frente de todas ellas estaba Marisa Mediavilla. Fue ella la que, en vista de las escasas referencias bibliográficas con las que el grupo contaba para poder ubicarse y establecer su lugar en la aún incipiente democracia, empezó a recopilar libros, revistas, carteles... Así nació la Biblioteca de Mujeres, un fondo especializado que actualmente cuenta con más de 30.000 volúmenes –entre ensayos y obras de creación artística, catálogos, publicaciones, folletos, tebeos, materiales gráficos y audiovisuales– y que, por diversas circunstancias, hoy está en el Museo del Traje (Ministerio de Cultura), aunque es propiedad del Instituto de la Mujer (Ministerio de Sanidad).

Origen
Pero, ¿qué ha sucedido en los últimos treinta y dos años para que la Biblioteca haya acabado custodiada en un organismo al que no pertenece? Para responder a esta cuestión es necesario hacer memoria, y acudir a Marisa Mediavilla. «En el local de Barquillo nos reuníamos bastantes grupos feministas. En casa tenía una colección y pensé que era el momento oportuno para empezar la biblioteca más grande y utópica por mi soñada», recuerda, en conversación telefónica con ABC. La finalidad estaba clara: reunir el patrimonio de las mujeres y ponerlo a disposición de todo aquel interesado en el mismo.

El primer criterio era la teoría feminista, que «era lo que no había», y después la creación literaria, que «era más fácil de conseguir». Mediavilla y sus compañeras empezaron a recorrer librerías, nuevas y de viejo, el Rastro, bibliotecas... En Barquillo fueron ocupando «todas las paredes donde podíamos colocar armarios», hasta que se quedaron sin sitio. Por aquel entonces, se acababa de crear el Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid, que fue presentado, precisamente, en el local de Barquillo. «Les planteamos el problema de espacio, firmamos un convenio con ellos por diez años y a finales de 1997 nos trasladamos a la calle Villaamil (número 20)».

En 2005, el Consejo de la Mujer cambió de ubicación. En la nueva sede ya no cabía la Biblioteca de Mujeres y la Comunidad de Madrid pidió a Mediavilla que dejara «libre el espacio». «Les pedí un tiempo. Hablé con distintas instituciones, pero nadie tenía espacio, personal, ni dinero». Temerosa de que la Biblioteca terminara desapareciendo, Mediavilla optó por donarla al Instituto de la Mujer. «No me quedó más remedio. En noviembre de 2006 dijeron que aceptaban y la Biblioteca se recogió en marzo de 2007». José Luis San Lázaro, bibliotecario del Instituto, comenzó los trabajos de catalogación de los fondos, que fueron depositados en un almacén de la empresa MDA Archivos. «Mi interés de siempre era que la Biblioteca tuviese un espacio propio, distinto del fondo de catalogación del Instituto. Me reuní con Bibiana Aído (entonces ministra de Igualdad) dos o tres veces y, tras muchas peleas, un día me ofrecieron el Museo del Traje. Les dije que no era el sitio adecuado, pero al menos allí se puede consultar gracias a las bibliotecarias», reflexiona Mediavilla.

Así fue como, gracias al convenio firmado, en diciembre de 2010, por el Misterio de Cultura, el de Sanidad y el Instituto de la Mujer, los fondos se instalaron en el Museo del Traje. Allí, como explica Lucía Cerón, directora del Instituto de la Mujer, la Biblioteca de Mujeres cuenta con «un área propia, donde hay una parte que está exhibida en mobiliario y otra que, por cuestiones de espacio, se aloja en el almacén». Un hecho que comprueba este diario en el propio museo, en compañía de la jefa de sección de su biblioteca, María Prego de Lis. Una primera parte, compuesta por unos 25.000 volúmenes ya catalogados, está dispuesta en cinco compactos en el depósito de la biblioteca del museo. Y la parte restante, aún pendiente de catalogar e integrada por los volúmenes que Mediavilla siguió recopilando tras la donación, está ubicada, en cajas, en los almacenes del museo.

«Las cajas, tal cual vinieron, se instalaron aquí. Están en el mismo nivel de conservación que nuestros propios fondos, en condiciones idóneas de humedad y temperatura, en un entorno estable», asegura Prego de Lis, en referencia a la colección alojada en el almacén. «Lo único que hacemos es servir en sala esos fondos. Facilitamos esa consulta a cualquier persona que quiera. Lo hacemos encantadas, pero por voluntad propia», aclara la bibliotecaria, aludiendo a la paradoja de que el Museo del Traje no tiene la titularidad de esos fondos. Y aunque la Biblioteca de Mujeres «está en proceso de acogida» en esa institución, Prego de Lis aclara que «funcionalmente está al 100%» y su consulta puede realizarse, indistintamente, poniéndose en contacto, a través de la Web, con el Instituto de la Mujer o con el propio museo.

Ubicación
Aclarado, por tanto, su estado de conservación, otro punto del debate, bien distinto, es la idoneidad de su ubicación. Si bien la bibliotecaria del Museo del Traje asegura que la Biblioteca de Mujeres «encaja de forma transversal» en la institución, Marisa Mediavilla reivindica «un local propio, con personal especializado... De verdad que no es nada difícil, no es más que voluntad política». A lo que Lucía Cerón responde: «El Instituto de la Mujer se hace cargo de la Biblioteca de Mujeres porque considera muy relevante la conservación y difusión de sus obras. Desde que asume esta responsabilidad, se han invertido más de 180.000 euros en sus traslados, custodia y catalogación. Me he reunido con Marisa Mediavilla para tratar el asunto, y estamos directamente en contacto. Tenemos todo el interés en encontrar un lugar propio, adecuado y definitivo y así se lo he hecho saber a ella. Estamos haciendo ya las gestiones necesarias para encontrar la solución más satisfactoria, aunque los procedimientos administrativos no se resuelven de la noche a la mañana, más aún cuando necesitamos un lugar físico espacioso».

Veremos, por tanto, si es cuestión de tiempo que la Biblioteca de Mujeres encuentre, por fin, un cuarto propio.

Marisa Mediavilla, la fundadora
El año pasado, la bibliotecaria, documentalista y feminista Marisa Mediavilla recibió el premio Leyenda del Gremio de Libreros de Madrid en reconocimiento a «su apasionada e incansable búsqueda del legado literario de las mujeres». Creadora, en 1985, de la Biblioteca de Mujeres, esta «activista de las librerías» lleva más de media vida rescatando y almacenando libros que cartografían la historia del feminismo en España. Gracias a ella, los 30.000 fondos que hoy duermen en el Museo del Traje han sobrevivido al olvido.

Bibliotecas de mujeres: más de un siglo de Historia que empezó en España
La primera biblioteca de mujeres de Europa se fundó en Barcelona, en 1909. Lo hizo Francisca Bonnemaison, una pedagoga empeñada en crear un espacio público donde las mujeres sin recursos pudieran formarse. La Biblioteca Popular para la Mujer, ubicada en el barrio de San Pedro de la Ciudad Condal, tomó el nombre de su fundadora al término de la dictadura y hoy sigue funcionando, a pleno rendimiento, como Centro de Cultura de Mujeres. Poco después de que Bonnemaison pusiera en marcha su biblioteca, empezaron a surgir, en el resto de Europa, iniciativas similares, respaldadas por los incipientes movimientos en defensa de los derechos de las mujeres, con el sufragio como telón de fondo: The Fawcett Library, en Londres (1926); la Bibliothéque Marguerite Durand, en París (1931), y el Atria, Institute on gender equality and women’s history, en Ámsterdam (1935), que actualmente es la mayor biblioteca para mujeres del mundo. Al otro lado del charco, Massachussets (EE.UU.) acoge, desde 1943, la Schlesinger Library on the History of Women in America.

viernes, 26 de mayo de 2017

#hemeroteca #mujeres #bibliotecas | La Biblioteca de Mujeres de Madrid: libros apilados en un sótano buscan cuarto propio

Imagen: La Marea / Marisa Mediavilla
La Biblioteca de Mujeres de Madrid: libros apilados en un sótano buscan cuarto propio.
Marisa Mediavilla fundó en 1985 la Biblioteca de Mujeres de Madrid, un proyecto de memoria histórica y genealogía feminista que desde hace años busca un espacio que albergue los más de 25.000 libros y documentos de los que dispone.
Alba Mareca | La Marea, 2017-05-26
http://www.lamarea.com/2017/05/26/la-biblioteca-de-mujeres-de-madrid-libros-apilados-en-un-sotano-buscan-cuarto-propio/

Recursos económicos y un cuarto propio. Lo que Virginia Woolf reivindicaba en una de sus conferencias sobre mujeres y literatura en la Universidad de Cambridge —recogida en su libro 'Una habitación propia' de 1929— es la base de lo que reclama, en 2017, Marisa Mediavilla. Si bien Woolf se refería a aquello que consideraba imprescindible para la autonomía de las mujeres a nivel individual, Mediavilla pone énfasis en lo colectivo: “la historia y la memoria de las mujeres”. Su objetivo es conseguir un espacio que sirva de casa a los más de 25.000 libros y otros documentos con los que, durante casi 40 años, ha construido la Biblioteca de Mujeres de Madrid. De materializarse, cualquier persona podría consultar este fondo, que recoge obras escritas por mujeres desde principios del siglo XX hasta la actualidad y que incluye textos importantes para la genealogía feminista a los que, por el momento, se puede acceder a través del Instituto de la Mujer. Gran parte del material se encuentra en un sótano del Museo del Traje, después de 30 años de vaivenes.

La historia de la Biblioteca de Mujeres de Madrid se cruza con la propia experiencia vital de Mediavilla: no conforme con aquello que se le imponía socialmente por ser mujer, en los años 70 comenzó a leer a autoras como Emilia Pardo Bazán o Concepción Arenal, referentes con los que empezó a modelar su manera de ser y estar en el mundo. Su profesión, bibliotecaria, le llevó a querer sacar de casa aquellos libros reveladores. A agruparlos, catalogarlos y que otras mujeres pudieran leerlos. En 1985, a la par que formaba parte del colectivo de Feministas Independientes, Mediavilla instaló la biblioteca en la sede del Movimiento Feminista de Madrid, entonces en la calle Barquillo. “Allí se generaban muchos debates y vimos la necesidad de localizar la escasa información que había. Yo pensé que era absurdo tener los libros en mi casa para mí sola”, explica. Durante los años siguientes, se mantuvo gracias al trabajo voluntario de muchas mujeres, entre las que Mediavilla destaca a Lola Robles, “que visitó Barquillo y le encantó el proyecto”, y la colección fue aumentando. Su fundadora encontraba “auténticas perlas” en las librerías de viejo y en el Rastro hasta que la sede de la calle Barquillo se quedó pequeña.

Tras mudarse y pasar diez años en el espacio del Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid —que ya no existe—, se han ido sucediendo las negociaciones con el Instituto de la Mujer para que la biblioteca tenga su propio espacio. Crear un tesauro y agrupar todo el catálogo en línea han sido dos pasos importantes. Sin embargo, contar con recursos económicos y trabajadoras que además de bibliotecarias sean feministas es la lucha en la que Mediavilla lleva inmersa en los últimos años. Su idea es crear una biblioteca de conservación que a la vez esté instalada en la red pública y ofrezca la posibilidad de préstamo, además del servicio de consulta.

Para hablar sobre este proyecto de memoria histórica, se celebra este sábado un encuentro a las 12 horas en la caseta 94 de la Feria del Libro de Madrid, ubicada en el Retiro. En la mesa redonda ‘Una genealogía propia. La importancia de las bibliotecas de mujeres’, moderada por la escritora Carmen G. de la Cueva, participarán Marisa Mediavilla, Ana Rossetti, Cristina Oñoro, Silvia Herreros de Tejada y María Folguera, que después realizarán un recital poético.

“¿Cómo es posible que se nos prohibiera la asistencia a la universidad hasta 1910 y en tan breve periodo de tiempo haya tantas escritoras, científicas, psicólogas…?”, se pregunta Mediavilla. Tantas veces invisibilizadas, otras menospreciadas —como evidenció la cineasta Tània Balló con su proyecto transmedia ‘Las Sinsombrero’—, ahora Carmen de Burgos, Margarita Nelken o Clara Campoamor, entre otras muchas, buscan su biblioteca propia.

jueves, 13 de abril de 2017

#hemeroteca #feminismo #politica | Escritoras en el Barrio de las Letras y otras propuestas feministas en los presupuestos participativos de Madrid

Imagen: El Diario / Calle Huertas, eje del Barrio de las Letras, Madrid
Escritoras en el Barrio de las Letras y otras propuestas feministas en los presupuestos participativos de Madrid.
La educación de los más jóvenes, cursos de autodefensa para las mujeres o acompañamiento en la crianza son otras iniciativas encaminadas a la igualdad. La bibliotecaria y documentalista María Mediavila donó una biblioteca de más de 30.000 volúmenes compuesta por estudios y ensayos feministas, femeninos y misóginos que duerme en cajas en el Museo del Traje. El Ayuntamiento evalúa, del 26 de marzo al 14 de mayo, las propuestas ciudadanas con más apoyos tras una primera fase de consulta ciudadana.
Fátima Caballero | El Diario, 2016-04-13
http://www.eldiario.es/madrid/Escritoras-propuestas-feministas-presupuestos-participativos_0_627838189.html

La memoria de Madrid excluye a las mujeres. La recién estrenada delegada de Políticas de Género y Diversidad, Celia Mayer, calificó de "barbaridad histórica" la discriminación que han sufrido las mujeres en el callejero de Madrid y en las placas conmemorativas de la ciudad. Mayer hizo estas declaraciones en febrero durante la presentación de una iniciativa por la que el Ayuntamiento de Madrid iba a dedicar placas a las mujeres de la Generación del 27, cuando todavía estaba al frente de Cultura.

La concejala lo ilustró con datos. De las más de 9.000 calles que tiene la capital solo el 21% son de mujeres. De las actuales 369 placas conmemorativas colocadas en la capital, solo 37 recuerdan a mujeres, frente a las 280 que homenajean a hombres; un 10% frente al 75%. Pero hay más lugares de la ciudad donde la desigualdad de género está presente. Ciudadanos anónimos y sin cargo tratan de paliarlo ahora a través de los presupuestos participativos.

Al menos así lo cree Alejandro NB que ha pedido mujeres escritoras en el Barrio de las Letras. "Las calles del Barrio de las Letras de Madrid están plagadas de citas literarias que corresponden exclusivamente a escritores masculinos, olvidando una vez más e invisibilizando el papel de las mujeres y sus contribuciones a la literatura española", denuncia este vecino en su propuesta.

Laura Nuño, del Observatorio para la Igualdad de la Universidad Juan Carlos I de Madrid, redunda en la misma idea: "Mientras no se visibilice a las mujeres escritoras, artistas y científicas se lanza el mensaje de que la creación es solo de hombres". Para Nuño, es necesario que se reconozca el trabajo de las mujeres como una manera de desterrar la idea de la mujer "destinada al ámbito doméstico, incapacitada para la creación".

Que se olvide a las mujeres, que se las invisibilice, produce otros trastornos. Un ejemplo es que la literatura escrita por mujeres se lee casi en su totalidad por mujeres. Lo explicaba hace unas semanas la escritora y periodista Lucía Lijmaer en un artículo en eldiario_es. Lijtmaer hacía referencia al último libro de Siri Hustvedt, 'La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres', que recoge que "el 80% de lo escrito por mujeres es leído por mujeres", mientras que lo escrito por hombres se lee al 50% por hombres y mujeres.

También la articulista y escritora feminista Barbijaputa lo recogía esta misma semana en un texto publicado en este medio, 'La regla y las milongas,' en el que explica el androcentrismo: "Todo gira en torno a ellos". Barbijaputa cita el libro “La mujer en 'el origen del hombre'” (2004) de la antropóloga María Ángeles Querol en el que explica "cómo ella misma empezó a darse cuenta de dicho androcentrismo en la forma en que estaba narrada la Historia".

Precisamente es eso lo que busca la propuesta de un ciudadano anónimo en los presupuestos participativos: acabar con esa invisibilización de las mujeres. Aunque la escritora Ana Rossetti, que también está a favor de reconocer a escritoras y artistas, considera que la propuesta del Barrio de las Letras no está bien formulada: "Los escritores del Barrio de las Letras están ahí porque allí vivieron y allí hicieron cosas", defiende. Lo que propone Rossetti es crear un mismo espacio en un lugar que simbolice el trabajo de las creadoras. Para la escritora ese lugar es el Barrio Maravillas, en Malasaña, "para recordarlas en los sitios en los que estuvieron y crearon".

"Evidentemente estoy a favor de reconocer a las escritoras y artistas en las calles de Madrid, pero en esta ciudad, además, hay un lugar perfecto para ello". Para Rossetti el Barrio Maravillas debería llenarse de citas de Gertrudis Gómez Avellaneda, Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán, Carmen de Burgos o Rosa Chacel.

El Ayuntamiento de Madrid evalúa, del 26 de marzo al 14 de mayo, las propuestas ciudadanas para las que se destinarán 100 millones de euros el próximo año -70 millones para los distritos y 30 para toda la ciudad-. Previamente, ha habido un periodo de apoyo ciudadano a las iniciativas y las más respaldadas se analizan por el Consistorio para determinar si son de su competencia y el presupuesto necesario para ponerlas en marcha. Pasada esta fase, las que hayan podido ser evaluadas y cumplan los requisitos de viabilidad, serán sometidas a votación ciudadana en junio.

'Escritoras en el Barrio de las Letras' no es el único proyecto feminista que hay entre las más de 2.000 propuestas registradas. Encontramos otras propuestas que incorporan conceptos como la educación, la crianza o la defensa personal.

La biblioteca de mujeres de Madrid
Dotar de un espacio en la ciudad que albergue la biblioteca de mujeres donada por la bibliotecaria y documentalista Marisa Mediavilla. Mediavilla recibió en 2016 el premio Leyenda que concede el Gremio de libreros de Madrid por su "su apasionada e incansable búsqueda del legado literario de las mujeres". La documentalista reunió desde 1985 una biblioteca de más de 30.000 volúmenes compuesta por estudios y ensayos feministas, femeninos y misóginos escrito tanto por mujeres como por hombres. Esta colección duerme actualmente en un almacén del Museo del Traje.

"Solicito que se dote de un espacio y medios para albergar el magnífico fondo de más de 30.000 ejemplares de literatura y documentos sobre mujeres recopilados por Marisa Mediavilla, que actualmente están metidos en cajas en las dependencias de la Dirección General de Sanidad en el Museo del Traje sin poder acceder a ellos los ciudadanos, solo los investigadores", reza la propuesta registrada por Belén Galán.

Para Ana Rossetti es una "vergüenza" que una ciudad como Madrid haya dejado en los sótanos esta biblioteca. Laura Nuño, del Observatorio para la Igualdad de la Universidad Juan Carlos I de Madrid pide "respeto" a Marisa Mediavila que donó la colección para los ciudadanos y a su trabajo de documentación. "Hacen falta ese tipo de espacios", reivindica Nuño al igual que otros sectores feministas. "Si aceptas la donación no es para que quede escondida".

Otras propuestas: Educación y crianza
La educación de los más jóvenes, cursos de autodefensa para las mujeres o asesoramiento en la crianza y la conciliación son otras iniciativas encaminadas a la igualdad que reivindican los presupuestos participativos de este año.

"Vivimos en una sociedad desigual entre hombres y mujeres, desigualdad que se transmite de forma deliberada a veces y otras sutil e inconscientemente por lo que es preciso crear espacios de reflexión para favorecer los cambios en sentido igualitario desde la más temprana infancia", reflexiona una de las propuestas planteadas durante el G1000.

"Proponemos facilitar, promover y apoyar mediante experto/as la creación de grupos de igualdad en escuelas infantiles, colegios e institutos para que los y las interesadas puedan reflexionar sobre esta problemática, hacer propuestas y desarrollar su propio protagonismo", añade la iniciativa.

Para Nuño esta es una de las asignaturas pendientes de la Ley de Violencia de Género de 2004. La politóloga e investigadora del Observatorio para la Igualdad de la URJC se pregunta dónde están las mujeres en los contenidos educativos. "Si los currículos siguen invisibilizando a las mujeres en la historia el mensaje que se lanza es que quienes tienen que liderar son ellos".

Otra de las propuestas que se han incluido tiene que ver con la crianza y la conciliación. "El espacio de los cuidados es uno de los ámbitos en los que se genera desigualdad", destaca Laura Nuño, "y las nuevas generaciones tienen que acabar con estos roles que general tanta desigualdad". Demandan estos espacios en Puente de Vallecas, Centro y Tetuán.

Autodefensa personal e incidencia de las violencias
Tanto en el distrito de Usera como en Retiro y Hortaleza varios ciudadanos han reivindicado cursos de autodefensa personal "dado el alto nivel de casos de agresiones machistas, de todo tipo, que se están registrando, y como medida de empoderamiento y refuerzo de la seguridad y autoestima de la mujer".

Para Laura Nuño el mensaje que puede lanzarse con esta propuesta es "peligroso". "No me parece mal porque son voluntarios pero hay que tener cuidado", reflexiona, aunque incide en que la sociedad juega un papel y estos cursos se encaminan a plantear que es "una cosa individual de ellas".

Finalmente, el Villa de Vallecas se plantea llevar a cabo "un estudio para detectar la incidencia real de las violencias machistas (violencia de género, violencia sexual...)" en el distrito. "Se comenzaría con una marcha exploratoria para detectar los puntos más vulnerables dentro del distrito y se continuaría con un estudio sobre la incidencia y prevalencia de los distintos tipos de violencias sobre las mujeres".

Son las aportaciones ciudadanas a presupuestos que tradicionalmente han estado en manos de políticos. La solución sobre las iniciativas que serán incorporadas a las políticas de la ciudad, en junio. Las aprobadas serán realidad en 2018.

lunes, 10 de abril de 2017

#hemeroteca #mujeres #documentacion | Bibliotecas de mujeres, santuarios contra machos

Imagen: Lyceum Club Femenino / Marisa Mediavilla
Bibliotecas de mujeres, santuarios contra machos.
Las bibliotecas de mujeres han trabajado para enriquecer y apoyar las luchas femeninas contra la desigualdad y la misoginia.
Gabriela Castro | Cromos, El Espectador, 2017-04-10
http://cromos.elespectador.com/vida-social/bibliotecas-de-mujeres-santuarios-contra-machos-24952

Las bibliotecas son espacios de reflexión, de conocimiento, de encuentro. Para los lectores, son santuarios. Lugares para conectarse con las ideas de otros, para encontrar razones y motivación, para buscar respuestas, inspiración, fe. Por eso el surgimiento de las bibliotecas de mujeres fue clave y necesario. Ellas necesitaban conocimiento y argumentos para defenderse contra una sociedad en la que lo masculino era ley. “Si lo hombres no hubieran manifestado, como aún lo hacen, que somos el sexo débil, que somos inferiores, que nuestro único papel está en la casa con los hijos y el hogar, no pelearíamos por nuestros derechos”, le explicó al diario El País Marisa Mediavilla, feminista, bibliotecaria y documentalista española que hace 32 años creó la Biblioteca de Mujeres de Madrid, que no solo guarda libros para empoderar, sino textos misóginos que denigran lo femenino y que son necesarios para conocer el origen de la discriminación y el señalamiento.

Junto con la de Madrid, otras cuatro bibliotecas de mujeres se destacan en el mundo. Están en Italia, Francia, Reino Unido y Holanda, y todas fueron creadas por mujeres con el objetivo de impulsar el movimiento feminista y ser una fuente de conocimiento para aquellas que querían levantar la voz frente al machismo y no contaban con las herramientas para hacerlo.

Desde la raíz
La idea de Marisa Mediavilla empezó a gestarse en las filas del Movimiento Feminista de Madrid en 1985. “Conocí, con casi 30 años, a las pioneras del feminismo de la primera mitad del siglo XX. Nosotras empezábamos a cuestionarnos determinados comportamientos sociales”, contó Mediavilla al periódico Diagonal. En ese entonces, no era fácil encontrar información que respondiera a todas sus preguntas. Sabían que algo estaba mal, pero no tenían de dónde agarrarse para enfrentarse al sistema. Como bibliotecaria, entonces, Mediavilla tuvo la idea de crear un espacio para guardar lo que otras bibliotecas desechaban y armar así la memoria histórica de las mujeres en España. Esos libros que muchos otros preferían ignorar, para ellas eran joyas que les permitían entender que no estaban solas y que tenían algo por qué trabajar. A esos tesoros rechazados se sumaron los documentos que generaba el movimiento feminista. Se construyó una colección sólida y rica.

Al poco tiempo se unió Lola Robles Moreno, también española, feminista, filóloga y escritora. En algún momento la biblioteca quedó repleta. Mediavilla también compró libros por su cuenta. Había textos de escritoras españolas como María Laffitte, Emilia Pardo Bazán, Carmen Bravo-Villasante, Lidia Falcón, entre otras obras del siglo XVIII, XIX y XX, muchas de las cuales son imposibles de conseguir hoy.

Con las uñas
“La mujer no ha podido ser nunca ella misma, su ser ha sido deformado por milenios de predominio varonil; pero hoy, en proceso de adaptación a su nueva vida, representa para el porvenir una fuerza desconocida que empieza a entrar en juego por primera vez en la vida". Estas palabras en la solapa de La secreta guerra de los sexos, de María Laffitte, hablaban del movimiento que surgía desde 1948. Eran voces poderosas que influían en muchas jóvenes que empezaban a despertar. Por eso el trabajo de Mediavilla y Robles fue tan valioso, reunieron textos que permitían que el mundo abriera los ojos y pensara que las cosas podían ser diferentes.

La biblioteca era una asociación no lucrativa, así que ellas recibían donaciones para comprar libros y realizar talleres y conferencias a través de las cuales difundían el pensamiento feminista. Querían trascender su función pedagógica y contribuir de manera pragmática a la visibilización y la eliminación del machismo en la sociedad. En la actualidad tienen más de 30.000 ejemplares entre los que se encuentran estudios y ensayos feministas, femeninos y misóginos, biografías, ponencias, revistas, carteles, folletos, sellos y cómics, entre otros. “Aquí se conserva nuestra memoria: la historia de las mujeres”, le contó Robles a El País.

En 2006, la biblioteca fue donada al Instituto de la Mujer y desde enero de 2012 la mayoría de textos se encuentra en el Museo del Traje (los demás están guardados en depósitos a los que pueden acceder los interesados). Mediavilla y Robles fueron desalojadas y tuvieron que recurrir a esta opción para que el trabajo de tantos años no fuera en vano y para seguir apoyando las luchas femeninas, que aún tienen un largo camino por recorrer. A pesar de haber perdido su espacio, todavía guardan la esperanza de conseguir un lugar propio. Siguen reuniendo libros y prefieren que estén allí, en sus manos y preservados como tesoros, que olvidados en rincones oscuros en bibliotecas a las que ideológicamente no pertenecen.